sábado, 17 de enero de 2026

Los valores de Cuba*

 Respuesta a un viejo compañero

Por Jorge Fuentes

Como recordarás ya estuvimos esperando, aquel octubre glorioso de 1962, que nos cayeran encima las bombas atómicas. Me encontraba en Baracoa dirigiendo a los estudiantes recogedores de café y me incorporé al Secretariado de guerra de la UJC, donde estábamos Colomé, secretario general de la organización, yo y alguien más. Empezaron a llegar jóvenes de la ciudades, porque Fidel quería que estuvieran en las montañas, para que alguno sobreviviera, pero los que dirigíamos aquello, jóvenes de la UES que me acompañaban, no teníamos comida ni recursos y los camiones seguían llegando con más muchachos. No cambiaría ningún momento de mi vida por un segundo de aquel momento. La gente estaba serena, como debemos estar ahora y el tiempo pasó, hasta el punto que hoy somos unos viejos y vivimos para hacer el cuento. Claro, había URSS en aquella época y Fidel tenía 36 años. 

Trump jamás sabrá que se ha convertido en uno de los mayores factores de unidad de Cuba y de América Latina, algo muy peligroso para ellos en tiempos de disolución de la unipolaridad. Hay que estar atentos por una posible agresión militar, pero también atender a la nueva situación geopolítica y a fisuras posibles en la política agresiva de los Estados Unidos, que nos permitan el ejercicio de una diplomacia revolucionaria e inteligente.  

Somos los enemigos más experimentados del imperialismo yanqui en este hemisferio. La respuesta a los peligros de los factores externos, debe ser la solución de los factores internos y crear no sólo un socialismo cubano que tenga en cuenta que vivimos en occidente y en su cultura, también un socialismo que no puedan lastrar ni con prejuicios anticomunistas ni con la exageración mediática de nuestros propios errores y defectos, resultados en su mayoría de la acción de la burocracia y la incapacidad para crear nuevos modelos que sustituyan lo imposible por lo posible. 

Que el Partido vuelva a ser la representación del pueblo y no una extensión del gobierno. El Partido de la clase obrera y sus sindicatos, fieles a sus intereses estratégicos y tácticos. El Partido de los humildes y para los humildes, de los pobres, llamados ahora vulnerables. De los estudiantes y los intelectuales. De los negros, como llegó a ser en tiempos anteriores al triunfo de la revolución y posterior al auge de las luchas obreras y comunistas. De las mujeres, del  Movimiento LGBT, de los discriminados por cualquier razón, de los jubilados y ancianos, de los sin casa, los sin trabajo y los que no logran satisfacer las necesidades familiares del mes, que es casi todo el pueblo.También de los emprendedores, pequeños y medianos propietarios que deben impulsar, desde su posición, la economía socialista. El Partido garante, con seriedad y firmeza, de cada artículo de la Constitución. El Partido que entiende que la República es de todos los ciudadanos, donde abundan las personas trabajadoras y decentes, y no sólo de los marxistas y revolucionarios a quienes tampoco nadie debe negarles su papel de apoyo a la vanguardia política. Ello obliga a que defendamos (el Partido), la libertad de pensamiento y expresión y a quienes ejercen ese derecho en apego a la Constitución y la ley. 

El presente, en los tiempos cubanos, muchas veces se parece al pasado. Esa marcha que hoy he visto emocionado, viene de enterrar, nuevamente, a nuestros compañeros. Llevamos cientos de años muriendo y viviendo en la consecución de un empeño y en la defensa de una causa. La de la libertad y la soberanía, las dos fuertes columnas de la unidad, legado de nuestros padres y abuelos. 

Sumémonos todos, cubanos de todas partes, a la audacia que significa un socialismo de democracia amplia, de diálogo intenso, no que tolere, sino que acepte la existencia del otro. Ofrecer, en la unidad a la que nos convoca la muerte de nuestros compañeros, unidad  en la diversidad, un corpus fraterno que convierta en algo físico, los extraordinarios valores espirituales de Cuba.
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* Enviado por el autor

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