viernes, 2 de enero de 2026

De Julio Carranza

 Querido Silvio y amigos:

Que excelente historia la que ha contado Silvio con esa anécdota. Es curioso, yo que también conocí y tuve una gran amistad con Alfredo, pienso ahora en lo que esa anécdota significa conociendo su personalidad, creo que como cuenta Silvio sí tenía esas cosas y consideraciones sobre la vida, sobre la edad, sobre las relaciones, sobre la maldad de mucha gente, hasta sobre la marcha de la historia y también sobre el cine, por cierto, pero siempre encontraba una razón, o varias, para seguir adelante contra el viento y la marea, con nuevas energías, siempre fundando, eso hasta su último día. 

Una mañana, ya en los años finales de su vida me dijo, estoy convencido de que lo que debo hacer en el tiempo que me queda es hablarle a los jóvenes y así lo hizo, organizó un ciclo de conferencias por universidades de toda Cuba, algunas de esas están transcritas, fue un aporte extraordinario a la formación de esa generación, sin poder comprobar aún, por supuesto, el impacto final que tuvo en el conocimiento y la conducta de esos jóvenes, pero con el importante y lúcido apoyo de Alfredo Guevara contaron. Fue un esfuerzo extraordinario el que hizo porque ya la salud no lo acompañaba.

Eso demuestra, como dice Silvio, que aún contra esas dimensiones más problemáticas de su pensamiento, como la que le expresó en aquella llamada telefónica, siempre escogió la lucha, el avance, la vida.

Ahora Alfredo cumpliría 100 años!, con su muerte se apagó una luz entre las personalidades que han conducido la revolución, lo mismo ha pasado con otras también muy relevantes y uno se pregunta, dónde están las luces que volverán ahora a iluminar desde esa tarea tan compleja y vital para está nación. Cierro este comentario con una frase de Alfredo que no deberíamos olvidar nunca “Revolución es lucidez”.

Gracias Silvio
Feliz año 
Abrazo a todos

Julio Carranza

2 comentarios:

silvio dijo...

De Fidel Vascós:

Silvio, gracias por esta increíble anécdota que la creo porque lo dices tú. Un abrazo.
Fidel Vascos

silvio dijo...

Julio y Vascós, yo tuve una amistad privilegiada con Alfredo. No sé por qué me concedió tanta confianza. Debe haber sido porque me caló. Yo tenía 21 o 22 cuando nos conocimos. Fue Haydeé Santamaría y Santiago Álvarez quienes le hablaron de mi, cuando se fue a hacer un programa de trova en Casa de las Américas y el director para la televisión dijo que podían estar todos menos yo. Eso sucedió en un ensayo y para no ser un estorbo desaparecí, me metí en el cine Finlay, donde daban 3 películas por 15 centavos. Cuando salí, como a las 10 de la noche, mi madre me dijo que media Habana me había llamado.

Alfredo visitaba el apartamentico en San Leopoldo donde vivíamos; sabía que yo llevaba años durmiendo en el suelo, ayudando como podía a mi madre, que se había vuelto a casar con un hombre muy bueno pero pobre y que había tenido otra hija. Vivíamos muy estrechos, tanto que la señora de al lado nos cambió nuestro apartamento de un cuarto por el de ella, que tenía dos.

Alfredo siempre creyó en los jóvenes. Sobre todo en la valentía de la juventud, en aquello de no tener nada que perder. Sabía que con los años podía aparecer cierta tendencia al acomodamiento y desconfiaba de eso. En su propia vida juvenil revolucionaria tuvo problemas por abrazar la audacia. Algunos viejos no se lo perdonaron nunca.

Cierto que hasta el final de sus días se dedicó a hablar y discutir con los jóvenes. Los títulos de sus libros lo dicen claro: “Revolución es lucidez” y “Dialogar, dialogar”. Hay que leerlos –y aprender de ellos–.