jueves, 5 de febrero de 2026

La lucha contra el cáncer delata la cara genocida del bloqueo

Wennys Díaz Ballaga

A pesar de las severas limitaciones que impone el cerco económico impuesto por el Gobierno de EE. UU., Cuba mantiene y desarrolla su Programa Integral para el Control del Cáncer, reafirmando una apuesta constante por la vida y la salud de su pueblo.

En el Día Mundial de la Lucha contra esta enfermedad, el doctor Luis Martínez Rodríguez, director del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, expuso que «constituye la segunda causa de muerte en nuestro país, pero, además, algo que también es muy importante: es la primera causa de años potencialmente de vida perdidos».

Apuntó que, en Cuba, se diagnostican más de 50 000 casos nuevos anualmente; sin embargo, muchos pueden ser prevenibles cambiando estilos de vida. 

Por su parte, el doctor Carlos Alberto Martínez Blanco, jefe de la Sección para el Control del Cáncer del Ministerio de Salud Pública, explicó que Cuba cuenta con un programa integral estructurado en los tres niveles del Sistema de Salud, desde la atención primaria hasta los institutos especializados.

Señaló que los resultados en el control de la enfermedad «se han visto afectados en los últimos años por las limitaciones y restricciones del bloqueo», y detalló obstáculos concretos: desde la adquisición de vacunas preventivas, hasta el mantenimiento de tecnologías esenciales, la adquisición de piezas de repuesto, medicamentos oncoespecíficos y tecnologías quirúrgicas avanzadas.

Pese a estas adversidades, el país mantiene su estrategia basada en la prevención, promoción de salud y el desarrollo de una red nacional que organiza los servicios de oncología clínica, radioterapia y oncopediatría, reafirmando su voluntad de garantizar el derecho a la salud.

https://www.granma.cu/cuba/2026-02-04/la-lucha-contra-el-cancer-delata-la-cara-genocida-del-bloqueo-04-02-2026-23-02-30

miércoles, 4 de febrero de 2026

Cuba y EE.UU.: Memo sobre diálogo, entendimiento y negociación

Rafael Hernández

Me gusta recordar a cada rato que sobre béisbol, ciclones y relaciones con EE.UU. todos los cubanos somos expertos. 

Las maneras en que se ejercen las tres “experticias”, sin embargo, suelen diferenciarse notablemente. Como evidencia prima facie véase cuántas opiniones polarizadas y debates a muerte circulan en las redes sobre béisbol y ciclones, en comparación con todo lo que se afirma, se propone, se predice y se maldice sobre las relaciones entre nuestros dos países. 

Habiéndome dedicado a investigarlas una parte de mi vida más larga de la cuenta, y habiéndome equivocado muchas veces, no deja de fascinarme el modo en que son discutidas, especialmente por su asertividad y subjetividad frecuentes.

En efecto, pocos temas suscitan tantas frustraciones, expectativas y “soluciones definitivas” como este. Incluso entre quienes repiten que el bloqueo no es la causa de todos nuestros problemas, muchos se comportan como si las “relaciones normales” pudieran resolverlos casi todos. De manera que la isla se convierta en esa especie de tierra prometida imaginada, próspera, sostenible y democrática, de donde nadie se quiera ir, parece depender de nuestras relaciones con ellos. 

Y aunque sus políticas se encargan de recordarnos una y otra vez la naturaleza imperialista que sigue gobernándolas, soñamos con un futuro en que podamos vivir nuestra cercanía como buena vecindad y legado cultural compartido, en vez de en condición geopolítica adversa y predominante. 

Esa subjetivación de las relaciones también suele proyectar las frustraciones y desavenencias de muchos con el Gobierno cubano, en sí mismas muy explicables, para atribuirle a este la causa del impasse, los retrocesos o agravamientos que experimentan. 

Como si se tratara de un padecimiento vuelto crónico por ineptitud para tratarlo, en vez de una configuración de poderes asimétricos, cuyos ciclos de polarización y de aproximación han estado determinados por la gran potencia, según puede comprobarse mediante una simple inspección de la historia. 

En los últimos tiempos, he intentado explorar el cuadro de estas relaciones recurriendo al triángulo clásico EE.UU.-Latinoamérica+Caribe-Cuba, buscando en él explicaciones sobre lo que está pasando o podría pasar en su dinámica, como alternativa al arrastre subjetivista. 

El triángulo clave: EEUU-Cuba-América Latina

Bajo el efecto estremecedor de la crisis venezolana, y la nube de discursos y moralejas atropelladas que la acompañaron, intenté examinar las diferencias de fondo entre el escenario venezolano y el nuestro, y apreciar los límites a una escalada militar contra Cuba, sin subestimar los peligros y costos reales que planteaba la agresividad acrecentada de EE.UU. 

Quisiera ir ahora un poco más atrás, y volver a revisar la última fase de acercamiento que tuvimos. No solo por la permanencia de los intereses mutuos que la propiciaron, sino también porque, particularmente del lado de Cuba, algunos de los actores que participaron en aquel entendimiento siguen vivos. 

Y, sobre todo, para aprender de las diferencias marcadas entre ambas circunstancias. Lo que, en política, hay que tener muy en cuenta, pues no todo depende de la buena o mala voluntad de las partes, aunque el voluntarismo sea un rasgo de nuestra cultura politica —la de tirios y también la de troyanos—. No siempre, más bien casi nunca, “querer es poder”.       

Hace apenas 12 años, el Gobierno cubano y el estadounidense negociaron y acordaron nada menos que la normalización de relaciones diplomáticas. Llegaron a ese punto gracias a un largo y complicado diálogo sobre intercambio de presos, que fue posible porque había un tiempo limitado para lograrlo del lado de allá. 

En efecto, si Alan Gross hubiera muerto de un infarto en una cárcel cubana, la Administración Obama habría tenido que pagar un costo político muy alto. Así que la urgencia de alcanzar un acuerdo en un plazo determinado gravitaba por encima de la asimetría de poderes e intereses entre ambos lados. 

Supongo que no necesito demostrar que la iniciativa de este acercamiento estuvo del lado de EE.UU.; ya que la actitud receptiva de Cuba para negociar, y su disposición para “hablar de cualquier tema” estaba ahí desde que Raúl Castro ocupara la presidencia (2008). Aunque Obama había enunciado el cambio en la política hacia Cuba desde su campaña electoral (2008), y se lo había prometido luego a los países de la región (2009), no había tenido lugar antes, salvo algunas rectificaciones de menor cuantía. 

A fines de 2014, sin embargo, esa iniciativa tenía a su favor que podía producirse a un costo relativamente bajo. Entre los factores favorecedores estaba que empezarían a transcurrir los últimos dos años del mandato presidencial; que la mayoría de la opinión pública de EE.UU. estaba a favor de un entendimiento; y que un mayor número de cubanos emigrados le habían dado su apoyo a una agenda distensiva que facilitara viajes y remesas. 

En el plano internacional, todos los gobiernos de América Latina y el Caribe, y tambien los aliados europeos, independientemente de sus posiciones ideológicas, pensaban lo mismo. 

El único factor en contra era el lobby de los recalcitrantes cubanoamericanos del sur de la Florida. Pero no era la primera vez que el gobierno de EE.UU. le pasaba por arriba a ese lobby, cuando se trataba de un asunto que le importara realmente. 

Aun con este cuadro favorable, fue necesaria la mediación del papa Francisco para destrabar y facilitar el diálogo que condujo al intercambio de prisioneros. Ese diálogo y el acuerdo en que desembocó, sirvió de trampolín para algo que no se esperaba: la restauración de las relaciones diplomáticas llamada “normalización”. ¿Por qué?

Obama nunca prometió que iba a normalizar relaciones. Hubiera suscitado oposición en el Congreso, en sectores de la propia burocracia, además de todos los operadores y accionistas de la industria del anticastrismo, especialmente en el sur de la Florida. 

Podemos admitir que tenía esa intención secreta; pero sabemos que las intenciones secretas o lo que les hubiera gustado hacer no desemboca siempre en acciones convenientes para los políticos. 

El hecho cierto es que, más allá de esas inclinaciones y conveniencias, podía estimarse con certeza que la liberación y canje de prisioneros, una vez fuera un fait accompli, iba a despertar esa misma reacción y a generar un costo político fijo previsible. 

Para ponerlo en términos de la teoría marginalista de costos y beneficios: ¿en qué medida la normalización, o sea, la elevación al rango de embajada a las secciones de intereses en La Habana y Washington, existentes desde 1977, iba a generar un costo marginal superlativo? Y resultó mínimo.

Además de contar con el respaldo de todos los actores y corrientes favorables mencionados arriba, incluida la mayoría silenciosa de la emigración, la administración Obama podía entonces darse el lujo de invertir su capital político residual en un pequeño negocio como era el tema de Cuba, hacerlo florecer en los próximos 25 meses, y convertirlo en un tópico importante de su legado. 

Para alcanzarlo, contaba con la colaboración del Gobierno de Cuba, que no exigía el levantamiento del embargo como condición previa para declarar la normalización. Hablando de concesiones, ninguna de las que hicieron posible el acercamiento y progreso de las relaciones en 2015-2016 puede compararse con esa.

Está de más decir que el interés económico no era la fuerza que impulsaba esta política del lado de EE.UU. Pero no eran despreciables los intereses de seguridad nacional que ambos lados compartían. Basta revisar los 23 acuerdos alcanzados antes de que Obama dejara la Casa Blanca para confirmarlo.

¿Qué pasó del lado de Cuba, y qué costos hubo que pagar? Como podía suponerse, la inmensa mayoría de los cubanos apoyaron la normalización de manera estentórea. Muchos la celebraron como un triunfo de la soberanía nacional. Anticiparon que, aun sin levantarse el bloqueo, era un paso en ese camino, y empezaron a aprovechar los beneficios directos de la distensión: el aumento de las visitas de estadounidenses y cubanoamericanos, la mayor flexibilidad en el otorgamiento de visas, los vuelos comerciales entre diversas ciudades de EE.UU. y las provincias cubanas, el auge de las licencias para intercambios culturales y académicos, etc. Diversos grupos de cubanos aprovecharon esos avances, además de todo lo que se logró en materia de cooperación entre los dos gobiernos.

El principal costo, en mi opinión, estuvo precisamente en el vínculo que se creó, subjetivamente, entre el avance del programa de reformas, aprobado tres años antes, y el proceso de la normalización en las relaciones bilaterales. 

Sin duda, la expectativa de mejores relaciones se convirtió en un factor objetivo, que catapultó las relaciones exteriores de Cuba, y las multiplicó más allá de los EE.UU. Durante los dos años de la normalización, visitaron la isla más dignatarios y representantes gubernamentales de alto nivel, procedentes de todo el mundo, que nunca antes —según mis cuentas, un promedio de dos cada semana—. 

Si esas expectativas no se cumplieron no fue precisamente por falta de pragmatismo en la política cubana, el predominio de un estilo conservador que paralizara los cambios en curso, cerrara el espacio y legitimidad del sector privado, o respondiera a la mentalidad de fortaleza sitiada. Sino por el cambio en la política de EE.UU., especialmente desde el verano de 2017, cuando “los ataques sónicos” paralizaron literalmente el cumplimiento de los acuerdos migratorios, eje principal del entendimiento y la cooperación entre los dos lados desde 1995.

Seguir asociando las reformas y su implementación con el manejo “pragmático” de las relaciones con EE.UU. no solo ignora las causas del deterioro de las relaciones, sino que confunde los términos de nuestros problemas. 

Continuar apoyando al sector privado y cooperativo; garantizar la expresión de la opinión pública y la autonomía real de los medios; el lugar de los emigrados y su estatuto ciudadano; seguir produciendo la legislación que otorga poder a los municipios, reconoce asociaciones, derechos humanos, etc. que prevé la Constitución, ¿deberían viabilizarse para convertirse en una agenda negociable con los EE.UU.? 

Defender reformas en el ámbito de la política interna como imprescindibles para fomentar el desarrollo socioeconómico, hacer sostenibles los servicios sociales, elevar y repartir el bienestar, la participación y el control ciudadanos, así como fortalecer la autonomía en las relaciones exteriores, facilitar alianzas y diversificar la dependencia, le da un significado a las reformas que forma parte de la proyección internacional de Cuba. Pero de ahí a crear una matriz que les dé sentido como baza de la negociación internacional hay un largo trecho. 

No hay que olvidar que el sentido de las reformas en una política socialista es interactuar con el consenso, fomentarlo y legitimarse en él. De otra manera, se limita a un ejercicio tecnocrático o de simple adaptación al orden internacional y sus estructuras.   

Adjudicarle a la relación con EE.UU. el papel clave en la solución de nuestros problemas también asume como premisa que Cuba se está derrumbando y tendría que agarrarse a un clavo ardiendo. Percepción que coincide con la de quienes mandan hoy en EE.UU.  

Si ese fue el sentido común que ha conducido a otros, más ricos y menos dependientes que nosotros, a negociar “un acomodo” con la superpotencia, estamos teniendo delante los resultados de ese pragmatismo.  

Me he demorado, quizás más de la cuenta, en repasar experiencias anteriores de nuestras políticas hacia EE.UU., encaminadas al diálogo, el entendimiento y la negociación; así como retomando ideas sobre su alcance y límites, para poder apreciar las principales diferencias con la situación actual. 

¿Cuál es la actual postura de EE.UU. en términos de diálogo, entendimiento y negociación? ¿De cuáles “EE.UU.” estamos hablando?

¿Estamos en un ciclo de su política caracterizado por una búsqueda de acercamiento con América Latina y el Caribe, como ocurrió en época de Carter u Obama? ¿O la visión predominante es la de “America para los americanos”, consistente en algo más que reconocerles su “esfera de influencia”?  

¿Estamos en el auge de una distensión, a nivel global? ¿O más bien en el retorno a una política de Pax Americana, que no hace distinción siquiera entre sus aliados y los que no lo son? ¿Se trata de reconocer la primacía de EE.UU. en la alianza occidental? ¿O más bien su supremacía absoluta y unilateral? 

¿Existe algún espacio para el multilateralismo en esa política neoimperialista? 

Si no estamos en un momento de diálogo hemisférico ni de coordinaciones multilaterales, sino de refuerzo del unilateralismo, ¿cuáles son las condiciones para esperar una salida negociada entre Cuba y los EE.UU.? 

Ninguna de estas preguntas se dirige a rechazar el diálogo, y mucho menos la búsqueda del entendimiento y la disposición a negociar.  Parte fundamental de hacerlo con realismo y sentido práctico, de asumir a conciencia nuestras debilidades, y de no dejarnos arrastrar por las voces de la guerra, consiste en no olvidar ni por un momento con quién estamos negociando. 

Termino recordando una experiencia histórica que ni los europeos ni los estadounidenses han olvidado, y que resulta recurrente en los estudios internacionales. Es la que describe el término appeasement, en español, apaciguamiento, definida en ese contexto como “una política definida por la realización de concesiones políticas, económicas y/o territoriales a una potencia agresora con el fin supuesto de evitar un mayor conflicto.​”

Invocando el pragmatismo de mantener la paz y hacer concesiones para evitar males mayores, los gobiernos británico y francés firmaron con Hitler el pacto de Munich, por el cual aceptaban la anexión de una parte de Checoeslovaquia a Alemania. En lugar de apaciguarlo, el pacto refirmó el sentido de impunidad del régimen nazi, y le impulsó a apropiarse de toda Checoslovaquia y luego invadir Polonia. Así empezó la II Guerra Mundial.

Recordar esta lección sobre los peligros de ceder a las pretensiones de una gran potencia sería útil no solo para Cuba, sino para el resto de América Latina y el Caribe.

https://oncubanews.com/opinion/columnas/con-todas-sus-letras/cuba-y-ee-uu-memo-sobre-dialogo-entendimiento-y-negociacion/

martes, 3 de febrero de 2026

Cuba y la honda de David

 Por Fernando Buen Abad Domínguez

David frente a Goliat no es sólo una metáfora bíblica reciclada por la retórica política, sino una estructura profunda del sentido, una gramática histórica que organiza la lucha entre fuerzas asimétricas cuando la ética decide no rendirse ante la aritmética del poder. En el caso cubano, esa dialéctica ha sido elevada a virtud colectiva, a pedagogía de la resistencia, a una semiótica del hacer donde la debilidad material no se vive como carencia, sino como ocasión creadora. 

Cuba no ha sobrevivido al imperio por milagro ni por obstinación romántica, sino por una inteligencia política y revolucionaria que supo revertir muchos estragos del bloqueo y convirtió la desventaja en método, la escasez en lenguaje y la agresión permanente en conciencia organizada. Allí donde el imperialismo –con su maquinaria financiera, militar, mediática y simbólica– pretende imponer el relato de la inevitabilidad, la experiencia revolucionaria cubana opone la narración de lo posible, no como fantasía, sino como praxis social sostenida durante décadas de asedio. 

Una virtud cubana no es la negación del conflicto, sino su metabolización humanista, hacer de la necesidad una ética, del cerco una escuela y de la amenaza un espejo donde el pueblo revolucionario aprende a reconocerse como sujeto histórico. Trump no fue una anomalía, sino una hipérbole, una caricatura brutal del imperialismo que siempre ha operado con la misma lógica de intimidación, castigo y escarmiento ejemplar, sólo que esta vez sin maquillaje diplomático. 

Frente a esa obscenidad del poder, Cuba respondió como siempre con más organización, más cultura política, más densidad simbólica. La asimetría no se reduce, se resignifica. El bloqueo no sólo busca hambre material, sino hambre de sentido, y allí la Revolución responde con una semántica de la dignidad que convierte cada acto de resistencia en un signo mayor. No se trata de idealizar la dificultad, sino de comprender cómo una comunidad política decide no dejarse definir por el lenguaje del enemigo. 

En la dialéctica de las virtudes cubanas, la lucha diaria es una dialéctica de la conciencia: saber que el adversario es un canalla más fuerte y aun así no aceptar su hegemonía. David no vence a Goliat por fuerza física, sino por inteligencia estratégica y por una lectura correcta del terreno simbólico; Cuba no enfrenta al imperio copiando sus métodos, sino desmontando su lógica, revelando sus contradicciones, exponiendo su violencia estructural ante los ojos del mundo. 

Cada médico enviado donde nadie quiere ir, cada vacuna desarrollada en condiciones adversas, cada escuela sostenida contra el desfinanciamiento impuesto, es una piedra lanzada no contra un cuerpo, sino contra un discurso. El humanismo revolucionario no es una consigna, sino una práctica que reorganiza prioridades: salvar vidas antes que salvar ganancias, educar antes que endeudar, compartir antes que acumular. 

Eso es lo intolerable para el imperialismo: no la existencia de un pequeño país rebelde, sino la demostración empírica de que otro orden de valores no sólo es deseable, sino funcional. Trump, con su retórica de muro, castigo y supremacía, encarnó la fase más cínica de un sistema que no tolera la diferencia cuando ésta se vuelve ejemplo. Por eso la agresión contra Cuba es también una agresión contra la idea misma de soberanía popular, contra la posibilidad de que los pueblos decidan sin pedir permiso. La respuesta cubana no ha sido el odio, sino la persistencia; no la claudicación, sino la memoria activa; no la imitación del verdugo, sino la profundización de su propio proyecto. 

En términos semióticos, la Revolución ha logrado algo excepcional, que es producir sentido desde la periferia, disputar el significado de palabras como democracia, libertad y derechos humanos desde una experiencia concreta y no desde un abstracto de mercado. Esa es la verdadera amenaza para el imperio: que el lenguaje deje de pertenecerle. Convertir la asimetría en fortaleza humanista implica asumir que no todo poder es cuantificable, que existe una potencia de lo colectivo que no entra en las estadísticas del Pentágono ni en los balances de Wall Street. Cuba ha hecho de su fragilidad un arma ética, de su vulnerabilidad una pedagogía política y de su resistencia una forma de amor social organizado. 

David no se convierte en Goliat al vencerlo; lo derrota sin dejar de ser David. Ahí reside la lección más profunda: no ganar pareciéndose al enemigo, sino triunfar sin traicionar la propia humanidad. En un mundo saturado de cinismo, esa coherencia es subversiva. Por eso el imperialismo insiste, amenaza, sanciona y miente; porque frente a la fuerza bruta sólo teme una cosa: la persistencia de un ejemplo que demuestra que incluso bajo asedio es posible vivir de otro modo, pensar de otro modo y luchar sin renunciar a la dignidad. 

El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba no es una simple política exterior ni una “disputa bilateral”, sino una forma sistemática de violencia estructural que cumple con los rasgos de un crimen de lesa humanidad, en tanto ataca de manera deliberada, prolongada y consciente a una población civil con el objetivo explícito de provocar sufrimiento, desabastecimiento y desesperación social. 

No castiga a un gobierno, sino a un pueblo entero, restringiendo el acceso a medicamentos, alimentos, tecnología, financiamiento y relaciones normales con el resto del mundo, incluso en contextos de emergencia sanitaria y desastres naturales. Su lógica no es jurídica, sino punitiva; no es diplomática, sino ejemplarizante: busca escarmentar para que nadie la imite. Desde una perspectiva ética y semiótica, el bloqueo intenta naturalizar el dolor como herramienta política y convertir la crueldad en norma, violando principios elementales del derecho internacional y de la convivencia humana. Que se mantenga pese a condenas reiteradas de la comunidad internacional revela no sólo la impunidad del poder imperial, sino su bancarrota moral. Frente a ello, la resistencia cubana adquiere una dimensión aún más profunda; no sólo sobrevive a un cerco material, sino que denuncia con su sola existencia la obscenidad de un sistema que castiga la dignidad y criminaliza la soberanía. El bloqueo es un crimen de lesa humanidad. 

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/03/opinion/cuba-y-la-honda-de-david

http://fbuenabad.blogspot.com/

lunes, 2 de febrero de 2026

Cuba y las mentiras de Trump

 Editorial de La Jornada / Lunes 2 de febrero de 2026

El jueves pasado la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo una conversación telefónica con su homólogo estadunidense, Donald Trump, quien poco después calificó de “muy positiva” la charla, elogió a la mandataria mexicana como “una líder maravillosa e inteligente” y coincidió con ella sobre los temas abordados: asuntos fronterizos y comerciales y lucha contra el narcotráfico. Sheinbaum informó que no hablaron sobre Cuba ni acerca de la determinación de México de mantener la ayuda humanitaria a la isla.

Por la tarde de ese mismo día, Trump emitió una declaración de “emergencia nacional” por la presunta “amenaza inusual y extraordinaria” que supuestamente Cuba representaría para Estados Unidos, y acusó al gobierno de La Habana de apoyar a “numerosos países hostiles, grupos terroristas trasnacionales y actores malignos adversos” a la superpotencia, todo ello para justificar la adopción de aranceles de represalia contra las naciones que envíen petróleo a la isla.

El sábado por la noche, el magnate fue más allá, al afirmar que durante la llamada del jueves pidió a la presidenta de México que suspendiera los envíos de crudo a Cuba, solicitud a la que ella habría accedido.

Ayer, durante una gira de trabajo por Sonora, la presidenta Sheinbaum desmintió en forma inequívoca tal aseveración: “no se ha tocado el tema (de los envíos de petróleo al país caribeño) en ninguna de las conversaciones”. Asimismo, informó que la ayuda a la isla proseguirá, con remesas de alimentos y de otros enseres por conducto de la Secretaría de Marina “en lo que resolvemos de manera diplomática todo lo que tenga que ver con el envío de petróleo por razones humanitarias”.

Es claro, pues, que en el afán de justificar la agudización del bloqueo criminal que Washington mantiene contra Cuba desde hace más de 60 años, el gobernante estadunidense ha mentido para tratar de envolver a la jefa del Estado mexicano en un juego de desmentidos. Pero no debe perderse de vista que esta falsedad forma parte de una mentira mucho mayor: que Estados Unidos se encuentra bajo una “amenaza cubana” no sólo imaginaria, sino simétricamente contraria a la realidad: a lo largo de 12 administraciones presidenciales, ha sido Washington el que ha agredido en forma sistemática al gobierno de la isla, no sólo mediante agresiones militares directas y el bloqueo comercial, sino también con el apoyo activo a grupos terroristas y facciones desestabilizadoras.

Desde principios de los años 60 del siglo pasado, el asunto de Cuba ha sido una clara discordancia entre México y Estados Unidos, pero nunca, hasta ahora, ha implicado un conflicto en las relaciones bilaterales. En ese tema la Casa Blanca está tan aislada en la arena internacional –en contraste con nuestro país, que ha actuado en armonía con la abrumadora mayoría de la comunidad internacional– que ha debido poner entre paréntesis ese capítulo para no contaminar los vínculos con su vecino del sur.

Ahora, en lo que parece ser una nueva “huida hacia adelante”, tal vez aconsejada por su secretario de Estado, el anticubano Marco Rubio, con esta nueva ola de hostilidad contra la isla, parece que Trump busca desviar la atención de su agobiante situación interna, que va desde la creciente resistencia a sus políticas fascistoides contra las comunidades migrantes y sus detractores en general, hasta el caudal de revelaciones de los documentos de Jeffrey Epstein, que si bien no han desembocado en acusaciones formales contra el habitante de la Casa Blanca, constituyen un severo golpe político y de imagen para él y para otros altos exponentes de la minoría política y empresarial que ejerce el poder en Estados Unidos.

Mal haría el magnate neoyorquino en seguir azuzando un conflicto innecesario y absurdo contra nuestro país en relación con Cuba, ya sea que lo haga para distraer a la cada vez más adversa opinión pública estadunidense, por un designio de llevar al extremo la reforzada ideología imperialista que siempre ha imperado en Washington, por mero dislate o por una combinación de esos factores. Porque más allá del sadismo trumpista contra el pueblo cubano, las mentiras y las estrategias mañosas de los últimos días pretenden vulnerar la soberanía de México, y ésa no está sujeta a negociación.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/02/editorial/cuba-y-las-mentiras-de-trump

sábado, 31 de enero de 2026

A quien pueda interesar*

 Por Israel  Rojas

No lucharé ni daré mi sangre por un presidente, ni por un secretario general de ningún partido político. No lucharé por un venerable anciano, ni por su hijo o nieto, ni por su familia. No he luchado por un ser humano en particular. No.

Yo luché, lucho y lucharé hasta el último aliento por Cuba soberana. Lucharé contra el fascismo y el imperialismo. Para evitar que desaparezca el sueño de Martí y de Fidel: el de una nación donde la ley primera sea el culto a la dignidad plena del hombre, y para que el futuro del país esté en manos de hombres y mujeres de ciencia. Para seguir echando mi suerte con los pobres de la tierra, hasta que desaparezca toda inequidad. Lucharé para que el tráfico de drogas no sea el destino de nuestro territorio. Lucharé por mis hijos, por mis sobrinos y por los hijos de mis hijos. Lucharé porque “Longina”, “Yolanda” y “Marilú”, “Créeme” y “Ojalá”, no sean obras de un período perdido en la utopía de unos románticos, sino la obra viva de un arte vivo. Lucharé por lo que soy y por lo que no llegué a ser, pero quise.

Y cuando la sombra del desaliento intente filtrarse, cuando el peso de la lucha amenace con doblegar las espaldas, recordaré que en cada palma hay un susurro de independencia, que en cada ola que golpea la costa retumba el juramento de Baraguá. Y espero que no aparezca la pantomima cobarde de "negociar" para parecer "inteligentes y modernos". Para esos "sabios" todo mi desprecio de antemano.

Cuba lleva en la sangre el fuego sagrado de los que soñaron una nación de pie. No hay fuerza opresora que pueda con la roca moral de un pueblo decidido a prevalecer o morir en el intento. Seguiremos en pie, hasta que la victoria final corone nuestros esfuerzos.

Como escribió el Apóstol: “Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

¡Que viva Cuba libre!

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* De su fb

viernes, 30 de enero de 2026

Somos "amenaza"


 

Condenamos en los términos más firmes la nueva escalada de #EEUU contra #Cuba.

Ahora se propone imponer un bloqueo total a los suministros de combustible a nuestro país. Para justificarlo, se apoya en una larga lista de mentiras que pretenden presentar a Cuba como una amenaza que no es. Cada día hay nuevas evidencias de que la única amenaza a la paz, la seguridad y la estabilidad de la región, y la única influencia maligna es la que ejerce el gobierno de EEUU contra las naciones y los pueblos de Nuestra América, a los que intenta someter a su dictado, despojar de sus recursos, mutilar su soberanía y privar de su independencia. EEUU recurre también al chantaje y la coerción, para tratar de que otros países se sumen a su universalmente condenada política de bloqueo contra Cuba, a los que, de negarse, amenaza con la imposición de arbitrarios y abusivos aranceles, en violación de todas las normas del libre comercio. Denunciamos ante el mundo este brutal acto de agresión contra Cuba y su pueblo, al que durante más de 65 años se ha sometido al más prolongado y cruel bloqueo económico jamás aplicado contra toda una nación y al que ahora se promete someter a condiciones de vida extremas.

Bruno Rodríguez Parrilla
Canciller de la República de Cuba

jueves, 29 de enero de 2026

Trump califica a Cuba de amenaza “extraordinaria” y declara emergencia nacional

 El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este jueves una emergencia nacional al considerar que Cuba representa una amenaza “inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadunidense; horas después de afirmar, durante la premiere de Melania, que la isla es “una nación en decadencia”.

Horas después de firmar la orden ejecutiva, Trump afirmó durante la premiere de su esposa Melania que Cuba es “una nación en decadencia” y expresó un tono que combinó descalificación política con una aparente preocupación por el futuro del país caribeño. “Me siento mal por Cuba. Pienso que Cuba no podrá sobrevivir”, declaró el mandatario, de acuerdo con versiones difundidas por la prensa.

En la orden ejecutiva, Trump sostuvo que “la situación con respecto a Cuba constituye una amenaza inusual y extraordinaria, que proviene total o sustancialmente de fuera de Estados Unidos”, y que por ello amerita la declaración de emergencia nacional. El documento acusa al gobierno cubano de adoptar “medidas extraordinarias que perjudican y amenazan a Estados Unidos”.

La orden ejecutiva establece un nuevo sistema arancelario que faculta a Estados Unidos a imponer gravámenes adicionales a las importaciones de cualquier país que proporcione, directa o indirectamente, petróleo a Cuba. El documento autoriza al Secretario de Estado y al Secretario de Comercio a adoptar todas las acciones necesarias, incluida la emisión de reglas y orientaciones, para implementar el esquema arancelario y las medidas relacionadas.

Asimismo, prevé que el Presidente podrá modificar o ajustar la orden si Cuba o los países afectados adoptan medidas significativas para atender la amenaza señalada o alinearse con los objetivos de seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos.

El texto señala que La Habana mantiene supuestamente alineamientos y brinda apoyo a “numerosos países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos adversos a Estados Unidos”, entre los que menciona a la Federación Rusa, la República Popular China, Irán, Hamas y Hezbollah. Según la Casa Blanca, Cuba alberga a “peligrosos adversarios” de Washington y les permite establecer capacidades militares y de inteligencia que, afirma, amenazan directamente la seguridad estadunidense.

Entre los señalamientos, la orden ejecutiva destaca que  en Cuba opera “la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia en el extranjero”, supuestamente orientada a obtener información sensible de seguridad nacional de Estados Unidos.

También acusa al gobierno cubano de profundizar su cooperación en inteligencia y defensa con China, así como de dar la bienvenida a grupos como Hamas y Hezbollah, a los que atribuye la intención de construir redes económicas, culturales y de seguridad en la región para desestabilizar el hemisferio occidental.

La declaración de emergencia nacional abre la puerta a nuevas medidas de presión económica y diplomática contra Cuba y se inscribe en una narrativa de confrontación que revive los ejes más duros de la política estadunidense hacia la isla, en un contexto internacional marcado por disputas geopolíticas y tensiones crecientes entre Washington y sus adversarios estratégicos.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/29/mundo/trump-declara-a-cuba-como-amenaza-y-la-senala-como-una-nacion-en-decadencia

Trump firma orden ejecutiva para imponer aranceles a países que provean petroleo a Cuba

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó hoy una orden ejecutiva para autorizar la imposición de aranceles adicionales a productos importados desde países que suministren petróleo a Cuba, de forma directa o indirecta, al considerar que "las políticas, prácticas y acciones" del gobierno cubano representan una amenaza para la seguridad nacional de su país.

La medida se fundamenta en la acusación de que el Gobierno de Cuba mantiene alianzas con actores hostiles a Estados Unidos, apoya actividades consideradas terroristas y comete violaciones sistemáticas de derechos humanos, lo que, según la orden, justifica el uso de herramientas comerciales para proteger la seguridad nacional y la política exterior estadunidense.

La orden delega en los secretarios de Comercio y de Estado la identificación de los países que provean petróleo a Cuba, la determinación del alcance de los aranceles y el monitoreo continuo de la situación, dejando abierta la posibilidad de modificar las medidas en caso de represalias o cambios en el comportamiento del gobierno cubano.

Por otra parte, la orden establece también que si algún país toma represalias sobre estos aranceles, el gobierno estadunidense se reserva el derecho a actuar contra estos para hacer cumplir la orden ejecutiva. A su vez, establece que si Cuba “se alinea suficientemente con los Estados Unidos en asuntos de seguridad nacional y política exterior” se podrá modificar dicha orden.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/29/mundo/trump-firma-orden-ejecutiva-para-imponer-aranceles-a-paises-que-vendan-petroleo-a-cuba

Siempre pienso: Lo pude hacer mejor

Por Estrella Díaz

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Al filo de sus vitales y muy lúcidos setenta y seis años, Roberto Fabelo (Guáimaro, 1950) nos regala Médula, una exposición que puede disfrutarse en la sede del habanero Museo Nacional de Bellas Artes hasta mediados del verano del presente 2026. 

Conversar con Fabelo siempre, pero ¡siempre!, es un goce y un aprendizaje: horas antes de su cumpleaños —el 28 de enero— dialogamos con este dibujante, pintor, escultor, grabador e ilustrador que sorprende por las muchas ideas que logra condensar en cada una de sus propuestas y, según me confirmó, Médula es la exposición más grande que ha realizado hasta el momento. El diálogo que hoy ofrecernos a nuestros lectores —y que fue organizado y “agendado” por su musa, la imprescindible Súyu—, comenzó así.

“Primero quiero agradecer tu voluntad de ‘cazarme y atraparme’ después de tantos años de conocernos y de haber intercambiado muchas veces en conversaciones, siempre, muy interesantes.

“En este momento, quizás, esté cerrando un ciclo considerando que —a veces sin querer— hacemos ciclos de realizaciones y también lo que la vida propicia. Estoy al borde de los setenta y seis años. Soy un septuagenario y me mantengo trabajando y viviendo como si no lo fuera”.

Martí diría que estás viviendo “los años altos”. Siempre he querido preguntarte, ¿cuánto queda del niño de raíces campesinas que fuiste?

“Una vez dije que ojalá ningún niño se perdiera en el adulto que algún día iba a ser. Lo dije pensando en mi propia experiencia, vivencia, porque desde niño venía con esas ganas de dibujar, de crear, de entretenerme, de jugar, disfrutar y hacer algo con mis manos, con mi corazón, con mi mente.

“Desde niño sentí los deseos y la necesidad de dibujar por todos lados: paredes, pizarras, papeles, cartones… y sigo con ese espíritu —no digo que infantil—, pero sí del niño que traigo desde mis comienzos hasta hoy. Algo queda en mí que me sigue permitiendo jugar, explorar, dudar, temer, que son realidades propias de la visión de un niño que se asoma curioso al mundo nuevo, a diferentes desafíos, a incógnitas.

“Creo que eso ha caracterizado un poco la naturaleza de mi propio trabajo y es inherente de mi propia vida. El jugar con elementos de la naturaleza, crear mis propios juguetes y hacer trazos por todos lados fue el principio.

Ese espíritu continúa y sigo siendo un ‘grafomaníaco’, porque en el dibujo se origina todo y es donde está el cimiento de mi trabajo, mi mirada viendo el dibujo como instrumento de apropiación, de representación y de indagación”.

Hace unos años me dijiste que te considerabas un “atrapador de imágenes”, ¿sigue siendo así?

“El permanecer siempre dibujando me lleva, constantemente, a buscar y atrapar imágenes, porque no siempre uno tiene ideas; no siempre esas imágenes que ves las puedes apresar. No obstante, el ejercicio mismo del dibujo sí me ha llevado a capturar esas imágenes, a incorporarlas, a hacerlas parte de mi imaginario y, en consecuencia, desarrollar propósitos más ambiciosos que van más allá del maravilloso juego. He llegado hasta este punto de mi vida en que —¡salvando a ese niño!— he podido mantener una dinámica de búsquedas y la he fijado, la he soldado a mi alma, a mi espíritu. Eso me acompañará siempre”.

¿Cuál es el recuerdo más lejano que tienes del Fabelo niño con el hacer de las manos?

“Recuerdo muy claramente cuando cogía la cera de los panales de miel —después de tomarme la miel— y la masticaba, y con esa misma cera hacía pequeños animalillos del entorno: alacranes, arañitas, lagartijas. Trataba de imitarlos tal cual. Ahí lo que había era un juego, una mera curiosidad y un divertimiento. Esos alacranes, lagartijas y arañas se los llevaba a mi abuela para asustarla. Ese era el propósito. Quizás ahí está la génesis de mi interés por las formas y aquello constituía un simple juego en el intento de representar aquello que me gustaba. Ese fue, tal vez, el big bang de mi propio proceso como formación y gestación de una visión acerca de la vida y, posteriormente, del arte cuando entré en un camino más complejo de pensamiento, de análisis y de concientización de que aquello tenía que ver con el arte”.   

Siempre he querido hacerte esta pregunta para despejar una curiosidad. Alguien me comentó que estando en la Academia cogías las tizas blancas de escribir en la pizarra y las tallabas, ¿es eso cierto?, ¿sería la génesis de un escultor en pañales? 

“Es cierto. Con esas mismas tizas yo dibujaba en los pizarrones de la escuela y con trozos de cuchillas de afeitar —que eran de una laminita fina y filosa— trataba de hacer pequeñas esculturas.

“Las tizas son confeccionadas a partir del yeso, que es un material con el que puedes trabajar con facilidad. Después lo continué haciendo con trozos que dejaban los escultores en su modelado, luego del vaciado. Todo eso se lo regalaba a los amigos. Recuerdo que a Servando Cabrera le regalé alguna de esas piececitas que tenían un carácter erótico porque, precisamente, la obra de Servando tenía ese carácter.

“Esto no lo he dicho antes: en ese momento trataba de hacer pequeños cuerpos, parejas desnudas. En algunas de las visitas que hice a Servando se lo obsequiaba y el me daba libros y me alentaba a que estudiara. Tuve el privilegio de ver su obra junto a un montón de colegas que fueron muy asiduos a sus enseñanzas desde que eran sus alumnos cuando él era profesor de la Escuela Nacional de Arte (ENA). Lamentablemente no llegué a ser alumno suyo. Esos pedacitos de tizas cedían, en efecto, ante la cuchilla. No era más que un niño jugando”.

¿Sería esa la semilla del escultor en que te convertiste posteriormente?   

“Siempre digo y aclaro: no soy escultor de oficio. Quizás soy escultor por afinidad con diversos materiales. Estudié lo básico de la escultura, pero respeto muchísimo la obra de otros escultores que sí tienen una verdadera formación en esa especialidad. Como nos dieron una preparación básica en la Escuela de Arte, me familiaricé con los materiales y, además, estaba constantemente viendo ejemplos de realización de esculturas. Al final, la escultura se diversifica en su medio para realizarla y sin uno querer —e incluso sin darse mucha cuenta—, te conviertes en escultor porque manejas    los volúmenes, objetos y materiales, pero repito, no me considero un escultor: hago mi escultura y a partir de ella me atrevo a hacer planteamientos que pueden considerarse escultóricos”.

Naciste en Guáimaro, un sitio de la geografía cubana marcado por la historia. Viniste al mundo un 28 de enero, fecha del natalicio del Héroe Nacional cubano, José Martí. Eres un artista que ya se considera “universal”, con una obra reconocida en Cuba y también fuera de fronteras, ¿cuánto de esa Cuba raigal que llevas en tu ADN se refleja en tu obra?

“Universal, universal es Wifredo Lam; pero considero que donde quiera que haya un artista cubano, donde quiera que esté —ya sea en Cuba, en España, en el Congo o en China— hay algo de Cuba debido a su identidad, sus raíces, sus orígenes, y siempre estará tocado por algo muy particular, telúrico: salitre, monte, barrio, que pueden caracterizarlo.

“En mi hay de todo eso también. El haber nacido en Guáimaro, efectivamente, pesa. Nací en las afueras de Guáimaro, en el monte, y la conciencia de que era un lugar singular en la historia de Cuba la tuve después. Obviamente, ahí está el componente contextual, histórico, de cualquier persona sea artista o no.

“Considero que las infancias son múltiples y sí creo que en mi primera infancia hay mucho de ese entorno rural que tiene que ver con los paisajes, los animales. Recuerdo que en la madrugada acompañaba a un tío que ordeñaba vacas y me montaba en ancas sobre un caballo y ese olor a la mañana, a leche fresca, al primer trino de los pájaros… esas son impresiones primeras.

“Cuando nos mudamos para el poblado veía a algunos veteranos de las guerras de independencia —¡ya viejitos!— que se paseaban con sus medallitas colgadas al pecho y sus añejas guayaberas, y todo el mundo los saludaba con gran respeto. Son mezclas de experiencias que se acumulan. Mi familia era muy humilde y mi padre lo mismo cortaba caña, que era carbonero o lo que apareciera, pero era una familia muy decente, muy camagüeyana, muy respetuosa unos de otros, ¡muy bonita! Y, sobre todo, unos padres cariñosos. Todos esos componentes de lo íntimo y del entorno gestaron en mí y formaron una manera de percibir el mundo y a los seres humanos, y me explica —a mí mismo— algunos rasgos de mi propia naturaleza. De niño era muy aventurero y me gustaba perderme por los montes, bañarme en los ríos, montarme en caballos ajenos. Así fue una parte de mi infancia”.

Una infancia feliz

“Creo que casi todos los niños, salvo los que desgraciadamente estén en un lugar donde haya guerra, son ajenos a los dramas, e incluso en medio de la pobreza se divierten y, obvio, tiene que ver con la ingenuidad, con la inocencia, con la pureza”.

Hoy en el Museo Nacional de Bellas Artes se expone Medula. Quiero que me confirmes, que me aclares, ¿es esta la exposición más grande que has realizado hasta el momento?

“Puedo decir que sí, que es la exposición más abarcadora que he hecho hasta el momento. Es una muestra que se mueve en diversos lenguajes y maneras de abordar la imagen y los temas que he trabajado. Esta es la quinta exposición que he realizado en el Museo Nacional de Bellas Artes y, por cosas de la vida, he tenido la suerte de haber hecho Fragmentos vitales en 1988, Un poco de mí en 2003, Mundos en el 2005, Sobrevivientes en 2009, hasta llegar a Médula. Esta exposición es la más grande”.

No obstante, estás de manera permanente en el Museo: aquí está Sobrevivientes y en las salas permanentes parte de tu obra en papel kraft

“Exacto. Estar en el Museo atesorado de esa forma, para mí, verdaderamente, es un honor. Me siento muy honrado porque no siempre se puede estar en un museo. Es una forma de reconocimiento que se hace a la labor de un artista. Es un privilegio estar junto a otros grandes colegas históricos y contemporáneos”.

Sobrevivientes está, también, de manera permanente en el Museo.

Sobrevivientes —o las cucarachas, como la gente les llaman— ha generado todo tipo de interpretación y de especulaciones. Uno puede intentar tratar de hacer una descripción, pero es insensato revelar una clave: las claves de una pieza, pueden ser mil claves, un millón de claves, porque cada espectador elabora o relabora una obra según su visión. Esa es una de las cualidades que tiene el arte. Imponer un título es una pista que hay que seguir, pero no es algo totalmente definitorio”.

Hablando de títulos, ¿por qué la Médula en Fabelo?, ¿qué tiene esta exposición de medular?

“La palabra médula o el concepto ‘médula’ está asociado a lo medular de mi trabajo. Lo medular como esencia, como sustancia que está en el origen de todo y contiene todo y hace vivir. Si no hay médula, nada es posible.

“El título de esta exposición me venía por ahí porque decidí exponer lo más medular de mi trabajo que va desde el dibujo que tradicionalmente he hecho sobre papeles hasta manipulación de objetos encontrados: calderos llenos de historia con su pátina de carbón, de fuego, de grasa, que han sido intervenidos por mí y colocados en forma de torres como es el título de esa instalación.

En Médula están incluidas ese tipo de piezas hasta la instalación de los huesos colgando que son, quizás, los que más se aproximan al sentido o a la clara idea de lo que es la médula. En esa instalación está el manejo del volumen, del espacio y la aplicación del dibujo que en mí es medular, sustancial, vital.

“Me pareció que ese término abarcaba y expresaba el propósito de demostrar esa diversidad y variedad que te lleva a pensar que Fabelo es el mismo, pero variado. Me pregunto, ¿cómo mutas sin perder tu condición? El desafío o el imán que me subyuga tiene diversas atracciones. Por lo tanto, materiales diversos, elementos conceptuales diversos, descripciones, puros juegos. Creo que soy diverso y variado”.

Es claro que el dibujo tiene en Médula un gran peso: está sobre papel, está sobre huesos, está sobre calderos, es decir, en los más diversos soportes; pero hay una instalación en la que hay que hacer un paréntesis. Me refiero a “Liderazgo”, ¿por qué estos rinocerontes?

“El rinoceronte es un animal que tiene una imagen que ha sido muy atractiva para muchísimos artistas. Es un animal verdaderamente bello en el que se mezcla fuerza y, a la vez, fragilidad ante los hombres. El símbolo de fuerza y fragilidad puede ser una dualidad que —para el planteamiento de esta instalación—, me sirve para mostrar la necesidad de la contradicción.

“Unos van en un sentido y solo hay uno que va en otro. Si uno logra colocarlo en esta época entenderá que hay una crisis de los liderazgos y que hay grandes, enormes, desafíos en ese sentido que están caracterizando y están signando esta época. No me he propuesto dar una explicación acerca de esta instalación, de definirla, de enmarcarla, porque creo que es necesario que el espectador tenga la posibilidad de elaborar sus propias ideas y su visión y quisiera respetar eso.

“He escuchado todo tipo de comentarios y de opiniones y estoy muy satisfecho, porque eso es lo más importante: que cada quien interprete la obra. Tenemos muy cerca en el tiempo y en el espacio las contradicciones propias del liderazgo: el líder y su soledad; también, el líder y su objetivo. Dejo eso ahí para que cada uno pueda sacar sus conclusiones.

“Igualmente, ‘Liderazgo’ es una celebración de la naturaleza misma y de la belleza de este animal, y advertencias que uno también quiere hacer sobre la responsabilidad del hombre para con los ecosistemas, la naturaleza y su entorno. Por lo tanto, el registro de interpretaciones puede ser desde lo natural, biológico, social, político… puede haber innumerables aristas de interpretación a la hora de tener una apreciación o una percepción de esta instalación”.

Me haces recordar Mundos, exposición personal en la que incluiste varias esferas y una de ellas estaba recubierta con casquillos de balas y hoy, desgraciadamente, vivimos en un momento en el que las guerras son un escenario real. El hambre, la necesidad de alimentarse, es una realidad que se vive hoy en el mundo y Cuba no está exenta de ello, ¿cuánto de esas inquietudes siguen estando en el centro de tu quehacer?, ¿es lo que te rodea, lo que te nutre?, ¿qué es lo que te mueve para hacerte ese tipo de planteamientos desde el arte con muchos significantes?

“Es el tiempo que he vivido y el que estoy viviendo. Estas preocupaciones han salido no porque haya existido una concientización del problema. Es que percibiendo, teniendo experiencias, y recibiendo informaciones confluyen en uno todos esos procesos y salen en la obra. 

“En las torres, por ejemplo, el uso de viejos y tiznados calderos están cargados de mil historias y hablan de la precariedad en la que hemos vivido los cubanos y de la precariedad que se vive en muchas partes del mundo.

Es natural que si eso sucede, me sienta como una especie de realista porque miro, estoy atento a la realidad y el hecho de vivirla facilita que aparezcan estas piezas que están llenas de una extraña poesía que se relaciona con las vivencias de la gente. ¿Cuántas personas habrán comido de esos calderos que colecto?, ¿cuánta historia personal de todo tipo habrá detrás de todo eso? Esa pátina oscura que no es más que la mezcla de la grasa y el fuego y de las historias humanas que hay en esos calderos, están imantadas.

Esos calderos se han convertido para mí en símbolos, en expresiones de mi propia realidad. Por lo tanto, respeto mucho esa realidad, respeto la existencia de estos objetos relacionados con esas vidas, con esas dinámicas. Es por eso que los he amontonado.

Quizás antes les pasaba por el lado y no me detenía, pero sí recuerdo que en los campamentos, viendo esos calderos en las escuelas al campo, en las becas, en los rincones de viejas cocinas, empecé a apreciarlos de otra forma. Comencé a hacer sobre su superficie incisiones, dibujos, olvidándome de que ya de por sí tenían —en su aspecto original— una poesía y que eran intocables. Ese vicio de dibujar en todas partes me llevó a rayar y dibujar sobre esos calderos”.

Hace más de veinte años me afirmaste: “no se puede perder la curiosidad ni la inquietud”. Al filo de tus setenta y seis fructíferos eneros, ¿qué te queda?

(Risas) “Sigo sintiendo una inmensa necesidad de dar respuestas a esas ganas que tenía cuando niño, y aún no la he podido colmar plenamente.

“Siempre pienso: lo pude hacer mejor, me parece que a todo le falta más trabajo. De modo que me queda mucho por hacer para simplemente decir que esto es un tránsito y que el fin, el destino, es vivir y haber tenido la dicha de expresarme a través de lo que desde niño me gustaba. Me he atrevido a hacer cosas que me indican que puedo seguir atreviéndome.

“Doy gracias porque siempre me acompaña Súyu, mi musa; que a veces me advierte, pero siempre, ¡siempre!, me impulsa a hacerlo y es la que, igualmente, me pone en alerta. Y eso lo agradezco mucho. Más agradecido a la vida no puedo ser de lo que he podido realizar. Ahora, cerrando este ciclo con Médulaen el Museo Nacional es algo que me hace sentir profundamente satisfecho y muy conmovido por la respuesta del público”.

¿Es una exposición hecha para los cubanos?

“Sí y no. Médula está pensada para todo el mundo; pero los cubanos somos gente que, en estos momentos críticos, difíciles, de carencias y dificultades de todo tipo, necesitamos del arte.

El día de la inauguración de Médula hubo más de uno que la calificó de 'conmovedora', y creo que eso encierra un sentir. Médula está hecha para los cubanos y para todos. Esta exposición se la debía al Museo y a su director, Jorge Fernández, con quien desde hace años me comprometí a que me curara una exposición. Jorge, junto con la joven especialista Laura Arañó —del equipo de curadores del Museo—, hicieron una selección extraordinaria. Quiero subrayar que todo el equipo del Museo de Bellas Artes de La Habana hizo una labor espectacular: montadores, restauradores, ¡todos!, se pusieron en función de Médula y estoy muy, pero muy agradecido. Igual, a ese público que visita la exposición y que viene desde lejísimo pasando mucho trabajo con el transporte: esos son los que más me interesan. De corazón lo digo”.

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