viernes, 19 de junio de 2026

Clausura de la Tercera Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su X Legislatura, en el Palacio de Convenciones, el 18 de junio de 2026

Discurso del presidente Díaz-Canel:

Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana;
Queridas diputadas y diputados;
Compañero Lazo, Presidente de la Asamblea Nacional;
Compatriotas:

Las ideas que voy a expresar, como conclusiones de esta Sesión Extraordinaria de nuestro Parlamento, van fundamentalmente dirigidas al heroico pueblo cubano, del cual venimos y al cual todos los presentes tenemos el deber y el honor de representar.

Cuba, nuestra amada Cuba, vive las horas más difíciles de este siglo y tenemos la histórica responsabilidad de salvarla.

El concepto de Revolución que el Comandante en Jefe nos legó, en sus propias palabras, sigue increpándonos veintiséis años después: Es tiempo de cambiar todo lo que tiene que ser cambiado.

No se trata solo de romper el cerco de quienes se empeñan en asfixiarnos y lo confiesan sin ningún escrúpulo, al mismo tiempo que nos culpan cínicamente de la crisis que ese propio cerco provoca.

Se trata de enfrentar las consecuencias del descomunal caos generado a nivel mundial por absurdas guerras de conquista, el quiebre del multilateralismo y las leyes internacionales y el manejo fraudulento y arbitrario del sistema financiero internacional como arma política.

Con plena conciencia del momento que vivimos y con el respeto que merece cada cubana y cada cubano que está dando su extra en estos tiempos complejos, no podemos pensar y actuar como en tiempos normales, porque no son tiempos normales.

Tampoco podemos creer que haciendo lo mismo y de la misma manera podremos superar este difícil momento.
Cuba resiste heroica y creativamente un castigo bárbaro, inmerecido, insoportable, al que ahora se añade la amenaza de agresión militar y siempre la mentira, todo dentro de un conjunto que opera como arma estratégica contra la resistencia colectiva.

La dura realidad que nos impone este castigo colectivo en la economía, la sociedad y la familia cubana se deriva de una persecución financiera real, diaria, que obstaculiza y encarece al máximo cada gota de combustible, cada medicamento, cada producto alimenticio, cada pieza y cada tecnología que el país necesita.

Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido, del Gobierno revolucionario y de este Parlamento nacido del pueblo, por el pueblo y para el pueblo es cambiar todo lo que haya que cambiar para salir adelante.

Hoy estamos reunidos en Sesión extraordinaria por razones de fuerza mayor. La realidad nos impone cambios urgentes necesarios, pero ninguno será implementado sin contar con la aprobación de esta magna representación del pueblo de Cuba: la digna Asamblea Nacional del Poder Popular, con sus obreros, sus campesinos, sus científicos, sus intelectuales, artistas, deportistas y estudiantes, sencillamente como pueblo y con nuestro color cubano.

Hace unos días declaré a la prensa que discutiríamos estos cambios en el Comité Central de nuestro Partido y en la Asamblea Nacional, y algunos dejaron comentarios en las redes sobre el riesgo de que diluyéramos la urgencia que la situación demanda en nuevos procesos de consulta y discusión.

El modo expedito en que las propuestas se discutieron y aprobaron en apenas dos días, en ambas instancias, debe haber disipado esas legítimas dudas.

En primer lugar porque no hemos partido de cero. Todo lo aprobado hoy llegó aquí con el respaldo de sucesivos análisis, debates, acuerdos, lineamientos, conceptualizaciones, congresos del Partido y programas de Gobierno. Lo que hacemos es saldar una deuda con nuestras propias decisiones anteriores, pendientes de ejecutarse y algunas nuevas que, como hemos visto, para nada contradicen la letra y el espíritu de la Constitución.

Ya en la clausura del XI Pleno quedó claro que la posposición del Congreso no significaba retardar cambios, modificaciones y movimientos necesarios, en tanto forma parte de las facultades de los plenos del Comité Central cuando se trate de acuerdos adoptados por los congresos del Partido y también de este Parlamento cuando se trate de acuerdos que tienen que ver con la nación.

En sintonía con ello y como nos recordaba el compañero José Luis Toledo, secretario de la Asamblea Nacional y uno de los diputados con mayor experiencia en la actividad legislativa del país, por sus largos años al frente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos, el General de Ejército y líder de la Revolución Cubana, Raúl Castro Ruz, fue celoso guardián y guía del intenso proceso que dio lugar a la Constitución aprobada en 2019, orientando de forma constante que nuestra Ley de Leyes fuera suficientemente flexible para facilitar las seguras modificaciones que demandaría con el tiempo.

Hoy se ha verificado la trascendencia de esa orientación con visión de futuro.

En el Pleno Extraordinario que antecedió a esta sesión de la Asamblea Nacional, se coincidió en reconocer que si bien el pueblo conoce las causas objetivas de las dificultades que vivimos, siempre necesitará y demandará, con derecho de soberano, respuestas concretas, decisiones oportunas y resultados que empiecen a brindar alivio a esa crudeza de la vida cotidiana, signada por los largos apagones que provoca el bloqueo energético y de los que se derivan otras muchas dificultades y carencias.

Nadie mínimamente informado desconoce el plan de asfixia que se diseñó para Cuba y que se viene aplicando con regularidad y saña por los enemigos históricos de la Revolución para que el país estalle por dentro. Es algo que no puede dejar de decirse cada vez que se mencionen los apagones, porque detrás de la siempre insuficiente generación que se logra, sin que entre un barco de combustible al país, está el descomunal esfuerzo, el heroico aporte de los cuadros y trabajadores del sector electroenergético.

Volviendo al motivo de esta reunión extraordinaria, evitaré reiterar lo que dijimos ayer en el Pleno del Comité Central, que ha sido bastante difundido por los medios y las redes en las últimas horas, y donde desarrollamos más exhaustivamente un grupo de criterios sobre cada uno de los aspectos que contemplan las transformaciones.

Ahora me limitaré a insistir en algunos objetivos centrales de las medidas aprobadas, porque necesitamos que todos y cada uno de nosotros los hagamos nuestros, que como pueblo los hagamos nuestros, porque son transformaciones para rectificar, pero siempre en defensa del socialismo, para sostener y ampliar la justicia social conquistada, para crear riqueza económica y distribuir con equidad.

Primero, los que no pueden esperar:

Se implementarán acciones para evitar que se acrecienten las desigualdades, con la aplicación de políticas sociales que favorezcan la equidad y apoyen a los que presentan situaciones de vulnerabilidad, con una distribución justa de los tributos para desarrollar programas sociales.

La alimentación del pueblo cubano será tratada como un asunto de seguridad nacional, y tendremos que acabar con las tierras ociosas en Cuba.

Cada pedazo de tierra que hoy está cubierto de marabú, cuando debería estar produciendo alimentos, tendrá que tener una respuesta clara: o se pone a producir, o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo.
Recuperar la capacidad energética:

Hay medidas concretas para recuperar capacidad energética, reducir dependencia externa y acelerar soluciones descentralizadas, acelerando la incorporación de la energía solar y otras fuentes renovables de energía a la economía nacional. Para lograrlo, facilitaremos la entrada directa de empresas extranjeras que suministren paneles, baterías, inversores, soluciones asociadas, reduciendo intermediarios que encarecen los costos para la población y para el país.

Ya se eliminaron aranceles a la importación de tecnologías solares, sistemas de almacenamiento y equipos destinados al ahorro energético. Ahora avanzaremos también en la eliminación de impuestos sobre su venta y sobre los servicios vinculados a su instalación y mantenimiento. Además, crearemos mecanismos de crédito y financiamiento para que estas soluciones no sean accesibles solo a unos pocos, sino que puedan llegar progresivamente a los hogares, las mipymes, las escuelas, los consultorios médicos, los hogares de ancianos y otros servicios esenciales.

Ordenar mejor el acceso al combustible:

Hemos autorizado la comercialización de combustibles por formas de gestión no estatal, bajo regulación y control del Estado, y con márgenes de utilidad razonables y transparentes. Ya existen experiencias iniciales con puntos de venta de gas licuado y combustibles y pagos mediante plataformas digitales, que evaluaremos y ampliaremos allí donde muestren eficiencia, transparencia y beneficio para la población.

El objetivo no es retirar al Estado de un sector estratégico, sino sumar capacidades, ordenar la distribución y mejorar el acceso. Y quiero decirlo con claridad: esta decisión responde a una necesidad concreta del momento que vive el país, pero quienes inviertan, trabajen con seriedad y cumplan las reglas, tendrán seguridad y estabilidad. Cuando el país recupere mayores capacidades, respetaremos las inversiones realizadas y los proyectos que hayan demostrado utilidad para Cuba y para su pueblo.

Subsidiar personas, no productos:

Vamos a concentrar cada peso que tenemos en quien de verdad lo necesita. A los probadamente vulnerables, protección directa en su bolsillo, sin intermediarios.

Modernizar el sistema bancario y financiero:

Necesitamos bancos más ágiles, más digitales, más cercanos a la gente y más útiles a quienes producen, exportan, importan, invierten o emprenden, abriendo espacio, bajo regulación estricta, a instituciones financieras estatales, privadas y extranjeras.

El objetivo es que cobrar una pensión, recibir una remesa del exterior, pagar un servicio, pedir un crédito, financiar una cosecha, comprar un equipo o mover dinero para producir no sea una carrera de obstáculos.
Autonomía a la empresa estatal:

Para que la empresa estatal socialista siga siendo el pilar fundamental de nuestra economía debe contar con capacidad real para gestionar, innovar y responder por los resultados. Más autonomía real para las empresas exige una gestión más profesional de los activos del Estado, que estará a cargo del Instituto Nacional de Activos Empresariales, encargado de representar al dueño de los medios de producción, evaluar resultados, exigir eficiencia y separar mejor la función empresarial de la función regulatoria de los ministerios.

Inversión extranjera directa en el sector privado cubano:

Todo ciudadano cubano residente en Cuba o en el exterior que esté interesado en invertir, donar, aportar tecnología, abrir un mercado o levantar un proyecto en el país contará con un marco claro, estable y respetuoso, al igual que los inversionistas extranjeros.

Repito lo que dije en el Pleno: al que quiera construir con Cuba, sin pretender imponerle nada a Cuba, le decimos esta noche con el corazón en la mano: aquí tienes tu casa y aquí tienes la puerta abierta (Aplausos), porque a esta patria, en esta hora, no le sobra ningún cubano, ¡nos hacen falta todos! (Aplausos.)

Garantizar proyectos de vida dentro de Cuba:

No podemos normalizar la alta emigración de jóvenes. El futuro de Cuba depende de que seamos capaces de crear las oportunidades que hoy buscan los jóvenes fuera de su patria. Toda actividad lícita que aporte al país, pague impuestos, genere empleo y ayude a resolver problemas de la población debe tener un espacio legal para desarrollarse en nuestro país.

Protección a las mujeres:

Con eso estoy dando respuesta al planteamiento de la Secretaria General de la Federación ayer en el Pleno.

En un día como hoy, que recordamos con particular emoción y nostalgia a la querida Vilma, una mujer que fue combatiente clandestina y guerrillera, ingeniera innovadora, fundadora de espacios y políticas para la promoción y defensa de los derechos de las mujeres en Cuba y en el resto del mundo, a pedido de la compañera Teresa, secretaria de la Federación de Mujeres Cubanas, y de otras mujeres que han llamado nuestra atención sobre la necesidad de proteger e impulsar sus avances, en nombre del Partido y el Gobierno les confirmo el compromiso de atender de manera especial que no haya jamás retroceso en las políticas de avance de las mujeres cubanas al poner en marcha las nuevas medidas económicas y sociales (Aplausos). En realidad, con ellas, con su emblemática resiliencia, con su creatividad y su sensibilidad contamos de manera muy especial.

Tras los debates de ayer y hoy, las exposiciones de los dirigentes y líderes locales y todo lo que hemos visto y tocado con las manos en nuestros recorridos por el país o en intercambios con expertos de diversos saberes, me acompaña la más profunda convicción de que sí podremos remontar estos momentos difíciles, estas horas plagadas de amenazas y dificultades.

Todo lo que necesitamos es confianza en nosotros mismos, cooperación, alianzas, creatividad, sensibilidad, solidaridad y control, mucho control, y todo eso es unidad.

Despojarnos de prejuicios y preconceptos, innovar, encadenar, producir y crear.

Es cierto que nos falta de todo; pero nos sobra talento, orgullo, valentía, audacia y cubanía (Aplausos).
A esas fuerzas innegables del ser nacional apostó el Comandante en Jefe en años tan difíciles como estos, y hasta nosotros mismos nos sorprendemos hoy del lugar que ha llegado a ocupar a nivel global el nombre de Cuba y de miles de cubanos, dispersos por el mundo, que se formaron en nuestras aulas, centros científicos y escuelas de arte y deportes, entre otras.

Somos una nación que ha hecho de la necesidad una oportunidad, y que más de una vez convirtió reveses en victorias. Hoy no podemos ser menos, solo tenemos una opción: ¡Vencer!
Compatriotas:

He mencionado solo algunos de los muchos problemas que debemos y podemos resolver en el más breve plazo. La presentación del primer ministro, Marrero, los análisis en comisiones y los debates en plenario, unidos a las aportadoras intervenciones que tuvieron lugar en el Pleno del Comité Central, y toda la difusión de las orientaciones allí emitidas, en mi opinión han sido suficientes para dejar claro el propósito de las medidas que ustedes han aprobado hoy, en un proceso expedito, no exento de análisis.

En las dos reuniones se ha debatido con argumentos sólidos la necesidad de las mismas, pero también la importancia mayor: que se implementen y se designen responsables y plazos para su cumplimiento.

La carta del General de Ejército al Pleno lo dejó dicho muy claramente al advertir que tan o más importante que la aprobación del documento será la implementación adecuada y oportuna, con prioridades bien definidas y la participación consciente del pueblo. Eso exige actuar con los pies y los oídos pegados a la tierra, tomando muy en cuenta las opiniones y preocupaciones de la población.

Compañeras y compañeros:

Una patria que quiere cambiar, también tiene que aprender a escucharse mejor. Cuba hierve de inconformidades y críticas, la mayoría justas y honestas. Nos toca escucharlas con respeto y responderlas como se le responde a un compatriota: con argumentos, con soluciones y, en cuanto sea posible, con hechos.
Pero sería ingenuo, por decir lo mínimo, no distinguir la crítica justa, del improperio destinado a minar la unidad y el compromiso.

Contra Cuba se libra una guerra económica y a la vez mediática y psicológica, estimulada y financiada desde el exterior, que pretende convertir el auténtico dolor del pueblo en un arma contra sí mismo.

Detrás de muchas campañas de odio y descrédito contra el Gobierno cubano, a veces hay solo otro ciudadano molesto con la situación; pero las tendencias y los expertos han confirmado, con serios estudios de medios y audiencias, que corre mucho dinero en laboratorios concebidos como armas y que existe una estrategia diseñada con pasmosa crueldad para llevarnos a la desesperación.

Una cosa es criticar a Cuba para mejorarla; otra muy distinta es trabajar para destruirla por un puñado de dólares, eso se llama mercenarismo. Una cosa es pensar diferente; otra es promover el odio, el caos, la entrega y la anexión de la nación.

Puestos cada día frente a la acción de los odiadores en redes, de los servidores entusiastas del imperio que mienten, manipulan, demonizan, insultan sin la más mínima ética, sin verificación de fuentes ni datos, resulta muy fácil distinguirlos de quienes honestamente disienten de los modos y los tiempos en que actuamos.
El desafío de esta nueva etapa es hacer mejor las dos cosas a la vez: defender la soberanía, sin apagarle la voz a nadie; combatir la injerencia, sin confundir al que tiene opiniones diferentes con un traidor.

Cuba necesita más debate, no menos; más participación, no menos; más rendición de cuentas, no menos.
Y regreso a la breve, pero muy importante misiva que envió ayer al Pleno del Comité Central nuestro General de Ejército, donde expresó: “Estoy convencido de que del análisis colectivo, e incluso de las discrepancias, siempre salen las mejores ideas”. Eso dijo, a la vez que convocó a construir el necesario consenso en un momento trascendental, porque: “es lo que más conviene hoy a la Revolución”.

A nadie en esta tierra se le persigue por pensar distinto, pero esta nación tampoco permitirá que, con la bandera prestada de una libertad diseñada desde fuera, se use a nuestros propios hijos como carne de cañón contra la independencia de su patria.

Un mensaje al mundo:

Finalmente y desde esta misma tribuna, con el respeto y la firmeza que distinguen desde siempre la tradición digna de la diplomacia cubana, quiero dirigirme a la comunidad internacional, incluyendo al Gobierno de los Estados Unidos:

Cuba diseña y propone soberanamente los cambios que urge aplicar para remontar la crisis impuesta por la agresividad externa y las insuficiencias internas, sin más permiso que el de su pueblo.

La crítica y la autocrítica honesta no son una novedad para el Gobierno cubano, son inseparables de la práctica revolucionaria desde siempre. No estamos experimentando, estamos aplicando un principio del concepto de Revolución que nos legó Fidel: “emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos”.

En el empeño de corregir errores e insuficiencias, a la par que enfrentamos el cerco externo, hemos acordado emprender la siempre delicada misión de abrir aún más la economía con priroridad para los cubanos residentes o no en el país. Esas decisiones no están relacionadas con negociaciones. Cuba sigue dispuesta a dialogar con respeto sobre todos los temas posibles con el Gobierno de los Estados Unidos y esa disposición no solo está expresada, está históricamente probada.

Los actuales cambios y el curso del diálogo con el vecino del Norte solo se relacionan en la hostilidad que quieren imponerle a la relación los enemigos de cualquier acercamiento entre los dos países, esos que viven diseminando amenazas de ataques inminentes, que “filtran” falsedades, persiguen negociaciones y apuestan a la opción perversa de la asfixia para que Cuba estalle.

Cuba denuncia esas prácticas infames que le venden al mundo la idea del Estado fallido, mientras se aprieta el cuello de un pueblo heroico. Así no funcionan las relaciones entre naciones soberanas e independientes, condición que reivindicaremos siempre.

No es honrado afirmar que se quiere ayudar al pueblo cubano y, al mismo tiempo, perseguir cada operación bancaria, encarecer mil veces cada importación, bloquear la compra o el arribo de combustibles, de alimentos y de medicinas, y castigar al que quiera invertir o comerciar con el país.

No se puede hablar de libertad mientras se empuja, a propósito, a un pueblo entero hacia la desesperación por falta de recursos que hoy resultan vitales para la existencia.

Al Gobierno de los Estados Unidos le decimos, sin odio, pero sin miedo: si de verdad quieren ayudar al pueblo cubano, ¡déjennos vivir! Dejen a Cuba comerciar; dejen a Cuba comprar sus medicinas; dejen a Cuba importar su combustible; dejen a Cuba recibir inversiones, créditos, financiamientos, relacionarse normalmente con sus emigrados y con el mundo. ¡Dejen a Cuba mostrarle al planeta qué es capaz de hacer este pueblo cuando no hay obstáculos a sus esfuerzos por levantarse! Eso sí sería algo realmente novedoso y enaltecedor por parte del adversario.

Cuba no va a pedir permiso para existir ni entregará su soberanía. Cuba sí está lista hoy mismo, ahora mismo, para una relación civilizada y respetuosa que beneficie a ambos pueblos. La puerta siempre estará abierta para quienes estén dispuestos a cruzarla con el mismo respeto con que la abrimos.

Queridos compatriotas:

No somos ingenuos. Conocemos a nuestro país. Sabemos de las trabas, la corrupción, la lentitud y la desvergüenza. Y ustedes tienen todo el derecho a saber, a preguntar y a exigir.

Por eso hacemos un compromiso, y quiero que lo recuerden siempre que evalúen a este Gobierno: cada medida que aprobamos hoy tendrá responsables, plazos e indicadores.

Reitero un mensaje central del Pleno del Partido: vamos a informar lo que avance, lo que se incumpla y lo que haya que corregir. Habrá cosas que, para protegerlas de quienes quieren sabotearlas, tengamos que cuidar con discreción, como nos enseñó Martí; pero la discreción nunca será un permiso para no informar al pueblo.

Como parte de esta nueva etapa continuaremos la reestructuración del aparato del Gobierno, del Estado, del Partido y del sistema empresarial. Vamos a unir estructuras o a integrar estructuras donde sea necesario; revisar funciones duplicadas, reducir pasos innecesarios, optimizar permanentemente la manera en que se dirige y se sirve al país.

Pero también debemos decir algo justo: nuestros cuadros y funcionarios merecen un reconocimiento. Sin ellos no hay Gobierno que funcione, la mayoría de ellos son compañeras y compañeros seleccionados por sus capacidades, que trabajan más de dos jornadas por día, bajo enormes presiones y con grandes responsabilidades, y los vemos noche por noche combatiendo junto al pueblo las artimañas del enemigo.

No estamos en momentos de pedir confianza ciega; les pido una confianza vigilante: Confíen, pero exíjannos. Acompáñennos, pero fiscalícennos. Participen, y no se dejen usar nunca por los que quieren convertir el dolor de Cuba en un arma contra su pueblo.

El llamado: Compatriotas, la hora es difícil. No voy a suavizar la realidad ni a presentarles un camino sencillo, porque el pueblo merece siempre la verdad, por dura que sea. Pero Cuba no está condenada.

Tenemos tierra y sol; médicos y maestros; científicos y campesinos; intelectuales y deportistas de calibre; empresarios capaces; trabajadores que no se rinden; mujeres bravas, jóvenes con un talento que asombra al mundo; una emigración que quiere aportar, y un pueblo que ha resistido mucho y que, por encima de todo, merece vivir mejor.

A este pueblo no lo vamos a convocar solamente a resistir; lo convocamos a crear, a producir, a decidir, a transformar, a fiscalizar, a prosperar.

¡Cuba cambia para levantarse! ¡Cuba cambia para vivir mejor! ¡Cuba cambia para seguir siendo libre!

La historia nos enseñó a resistir. Este tiempo nos exige transformar. Y vamos a transformar: con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como nos enseñó Fidel, como nos orientó Raúl.

¡Viva Cuba Libre!
¡Viva el heroico pueblo cubano!
¡Viva la soberanía de la nación cubana!
¡Socialismo o Muerte!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!

jueves, 18 de junio de 2026

Discurso del presidente Díaz-Canel ayer, 17 de junio de 2026

 Compañeras y compañeros miembros del Comité Central del Partido;

Invitadas e invitados;
Compatriotas:

Este Pleno extraordinario sesiona en días decisivos para Cuba. Herederos orgullosos del legado del Comandante en Jefe, los revolucionarios cubanos hoy enfrentamos desafíos de una enorme magnitud que exigen unidad, firmeza ideológica, coraje, audacia y resistencia creativa.
 
Contamos con la guía de nuestro líder, integrante destacado de la vanguardia de la Generación del Centenario y celoso guardián de la continuidad de la Revolución socialista que él contribuyó decisivamente a levantar desde sus cimientos hasta nuestros días, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Héroe de la República de Cuba, quien nos ha enseñado todos los días el sagrado valor de la unidad.

El contexto es extraordinariamente complejo y desafiante por la incesante agresividad del recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos y por el criminal propósito de las acciones hostiles de la actual administración: en primer lugar, la incorporación de Cuba a la infame y espuria lista de países que supuestamente patrocinan el terrorismo, y otras acusaciones, igualmente falsas, que buscan desacreditar la autoridad y la gestión del Gobierno, a la vez que privan al país de cualquier fuente de ingreso en divisas. 

Un bloqueo más recrudecido aún con las Órdenes Ejecutivas del 29 de enero y el 1ro. de mayo, que respaldan el genocida cerco energético e internacionalizan con sanciones secundarias el bloqueo, la persecución financiera, energética y de inversiones a extremos de máxima presión.

Paralelamente, se intensifica la subversión político-ideológica mediante la intoxicación mediática en las redes sociales para dañar la credibilidad de la Revolución, entre cubanos y extranjeros, estimulando la desorientación social en un escenario nacional e internacional impactado por transformaciones profundas en la estructura socioeconómica y la geopolítica mundial, como consecuencia de los ilimitados poderes de una política imperial hegemónica, que pretende hacer trizas el multilateralismo, alimenta las corrientes neofascistas y agudiza las tensiones globales, amenazando constantemente la paz y la seguridad internacionales e intentando quebrar la indispensable unidad de las fuerzas de izquierda.

El genocidio silencioso que se ha emprendido contra Cuba provoca daños inconmensurables y terribles limitaciones en nuestra vida cotidiana como pueblo, mientras sus ejecutores mienten descaradamente al mundo negando el cerco energético y afirmando que prohibimos la entrada de donaciones millonarias, que anuncian mucho y de las que apenas han entregado algo de lo prometido.

Cuba resiste heroica y creativamente, pero sufre hace demasiado tiempo un castigo bárbaro, inmerecido, insoportable, al que ahora se añade la amenaza de agresión militar como nueva arma contra la resistencia colectiva.

Cuba enfrenta un bloqueo cruel y una persecución financiera real, diaria, que encarece cada gota de combustible, cada medicamento, cada alimento, cada pieza y cada tecnología que el país necesita.

La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios. Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido Comunista y del Gobierno revolucionario no es explicar mejor la crisis, sino cambiar lo que haya que cambiar para salir de ella.

Se requiere una agenda económica profunda y ágil, ejecutable en corto plazo, que combine estabilización macroeconómica, incentivos para estimular y promover una apertura productiva, seguridad jurídica, atracción de inversión, uso intensivo de tecnología y una protección social focalizada y efectiva.

Recordemos que en la clausura del XI Pleno planteamos que la posposición del Congreso no limitaba la posibilidad de efectuar los cambios, modificaciones y movimientos que fueran necesarios, teniendo en cuenta las facultades de las estructuras del Partido y el Gobierno, como, por ejemplo, los Plenos del Comité Central cuando se trate de acuerdos adoptados por los congresos del Partido.

Para eso se ha trabajado intensamente, a partir del aportador informe y debate del Congreso de la ANEC, la consulta popular sobre el Programa Económico y Social para el 2026, los criterios de economistas y expertos, los debates y aportes formulados por la Comisión Económica del Comité Central del Partido, los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados y actualizados en el Sexto, Séptimo y Octavo Congresos del Partido, los planteamientos del XI Pleno del Comité Central y la labor desplegada por las comisiones que han estado preparando los documentos para el pospuesto IX Congreso del Partido, por las razones conocidas, en cuanto a la actualización de la Conceptualización del Modelo Económico y Social, los Lineamientos y el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030.

Se ha realizado, además, un estudio de las experiencias de la construcción socialista en otros países como China y Vietnam, y también se ha acudido a la inteligencia artificial para profundizar en la búsqueda de referencias y evaluar las propuestas en relación con nuestras leyes y normativas vigentes.

Se trata de enfrentar el enorme reto de continuar avanzando en el proceso de construcción socialista, de defensa de la Revolución y sus conquistas y de perfeccionamiento de nuestra sociedad, en las condiciones de un país sometido al más cruel, genocida y prolongado bloqueo económico, financiero, energético y comercial, ejercido por la potencia más poderosa del mundo. Y para superar eso el legado que tenemos es el de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

¡Nadie en la historia de la humanidad ha tenido como desafío el socialismo en las condiciones que lo tiene que hacer este país, esta nación y este pueblo actualmente! Ese desafío, sin dudas, lo vamos a superar con unidad, con valentía, participación popular y plena convicción en nuestra capacidad para alcanzar la victoria.

Las transformaciones que estamos presentando son para avanzar en la defensa del socialismo, para apoyar y ampliar la justicia social, para crear riqueza económica y distribuirla con equidad. Si no hay riqueza no hay nada que distribuir, estaríamos hablando de una justicia social en abstracto. La justicia social como la ha concebido la Revolución, con su vocación humanista, ayudando a los que están más desfavorecidos, generalmente, con programas y proyectos asistencialistas y gratuitos, no les cuesta a las personas, pero le cuesta al Estado, y para hacerlo, para profundizarlo, para sostenerlo, para mantenerlo el Estado necesita riqueza, y la riqueza la tenemos que producir nosotros, y si no hay riqueza no hay justicia social, y todo lo demás es un cuento, ¡todo lo demás es un cuento! O producimos en estas condiciones, creamos riquezas y entonces distribuimos con justicia social, con equidad, no con igualitarismo. ¡Ese es el desafío!

Necesitamos desatar las fuerzas productivas, que haya más producción en vez de más restricción, porque está probado que el control sin oferta solo desplaza operaciones al mercado informal.

Es necesaria la igualdad e integración de los actores económicos en función del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 y de las estrategias de desarrollo territorial y local por parte de la empresa estatal, las mipymes, las cooperativas, los productores agropecuarios, los inversionistas extranjeros y cubanos, los residentes o no residentes: todos deben actuar y aportar bajo reglas claras al desarrollo socioeconómico del país.

Debemos exportar y producir para captar e ingresar divisas y hacer un uso productivo de ellas. Cada divisa que entre debe tener caminos para financiar producción, importaciones, inversión, salarios e infraestructura.

Debe garantizarse la seguridad jurídica: contratos, usufructos, arrendamientos, concesiones, derechos de superficie y licencias, con estabilidad temporal y protección contra cambios arbitrarios. Si no hay seguridad jurídica nadie invierte, nadie se arriesga.

Debemos impulsar la digitalización con trazabilidad: facturación electrónica, pagos digitales, registros públicos y datos interoperables como base para reducir evasión y corrupción.

Se debe priorizar la protección social: sustituir subsidios generalizados ineficientes por apoyos directos a personas vulnerables. Siempre atentos a que cada acción no incremente desigualdades sociales; al contrario, que se vayan atenuando hasta desaparecer.

Actuar con una apertura selectiva e inteligente: atraer tecnología, financiamiento, mercados y conocimiento externo, protegiendo sectores estratégicos mediante regulación, no mediante inmovilismo.

Se hace necesario la gradualidad y la experimentación: reformar por fases y por pilotos verificables, conservando la conducción estatal y corrigiendo el rumbo con evidencia para lidiar y minimizar los posibles costos económicos y sociales. 

Imprescindibles son también la unidad política para garantizar consistencia y credibilidad de las medidas, la comunicación clara y precisa de las decisiones que se aplicarán, para ganar apoyo a las transformaciones, así como la adopción de mecanismos compensatorios para mitigar impactos económicos y sociales.

Hay que trabajar con agilidad, con coherencia y calidad, y sobre todo con control. Que lo aprobado se implemente bien.

En este escenario resulta necesario avanzar en al menos cinco frentes simultáneos:

La estabilización macroeconómica y recuperación de los ingresos externos.
La transformación del Modelo Económico y Social.
El estímulo y recuperación del sector productivo agrícola.
El fortalecimiento de la contabilidad y la gestión de los costos.
La previsión y mitigación de los costos sociales asociados a las transformaciones necesarias del Modelo Económico y Social.

Y estos cinco aspectos están muy bien desarrollados en el informe que presentó la ANEC en su último congreso.

El Comandante en Jefe nos enseñó que en tiempos de crisis no podíamos renunciar ni al desarrollo ni al pensamiento, que no hay obstáculo insalvable y que siempre hay una oportunidad para crecer. Y en ese camino el General de Ejército nos demostró que sí se puede, sí se pudo y siempre se podrá.

El pueblo conoce las causas de muchas de las dificultades que vivimos, pero también necesita respuestas concretas, decisiones oportunas y resultados que se sientan en la vida cotidiana.

Hay trabas que no vienen de afuera ni de bloqueo. Hay lentitud, burocracia, normas que frenan al que quiere producir y decisiones que hemos postergado. Lo que depende de nosotros tenemos que cambiarlo nosotros, y tenemos que cambiarlo ahora.

A la resistencia le debemos la patria, pero hoy la resistencia por sí sola no basta. Este tiempo nos exige transformar, producir más, destrabar más, escuchar más, decidir mejor y rendir cuentas.

Lo que nos proponemos poner en marcha es una agenda económica y social de emergencia, con medidas que forman parte de nuestro Programa de Gobierno y de políticas aprobadas por el Partido, junto a decisiones que no pueden seguir esperando. Algunas no tendrán consenso absoluto, pero son impostergables. Y todas tendrán un responsable con nombre y apellidos, un plazo definido, un indicador para medir su cumplimiento y una rendición de cuentas pública ante el país. 

Lo que funcione, se ampliará. Lo que no funcione, se corregirá sin demora. Quien tenga una responsabilidad tendrá que rendir cuentas por ella, y cuando alguien no pueda cumplir lo que este momento exige, deberá abrir paso, con responsabilidad, a quien pueda hacerlo mejor.

Vamos a enfrentar este proceso como el desafío de las generaciones que hoy compartimos la defensa de la Patria, la Revolución y el Socialismo.

Acerca del Sistema de Dirección de la Economía, quiero destacar que lo más importante es que la planificación central, si adoptamos estas transformaciones, no tendría la función de administrar la economía, sino de crear un ambiente institucional y normativo adecuado para que las empresas y los trabajadores estén estimulados en producir bienes y prestar servicios de calidad y con eficiencia, así como introducir en su gestión innovaciones con estos fines.

Y definitivamente tenemos que lograr que el Plan se construya desde abajo con la participación de los trabajadores.

Continuaremos la reestructuración del aparato de Gobierno, del Estado, del Partido y de las instituciones. Vamos a integrar estructuras donde sea necesario, revisar funciones duplicadas, reducir pasos innecesarios y optimizar permanentemente la manera en que se dirige y se sirve al país. Que sean estructuras más dinámicas, más proactivas y menos burocráticas.

Una de las tareas más importantes y urgentes está en potenciar el desarrollo del país desde la base, desde los municipios.

Es inaplazable desatar la gestión en los municipios y que acaben de tener y aplicar todas las facultades posibles para que se desarrollen. 

Ningún cambio económico será suficiente si la empresa estatal socialista, que seguirá siendo el pilar fundamental de la economía, no cuenta con verdadera capacidad para gestionar, innovar y responder por sus resultados. 

Reformar la gestión de la empresa estatal sobre la base de autonomía real, evaluación económico-financiera, separación de funciones estatales y empresariales, y aplicación del principio “cumple o explica” para evitar que la norma se convierta en freno cuando exista una solución más beneficiosa y demostrable, es necesario.

Para eso avanzaremos en dos direcciones: más autonomía real para las empresas y una gestión más profesional de los activos del Estado, a través del Instituto Nacional de Activos Empresariales, encargado de representar al dueño de los medios de producción, evaluar resultados, exigir eficiencia y separar mejor la función empresarial de la función regulatoria de los ministerios.

Autonomía no significa ausencia de control, implica un marco de responsabilidad; significa poder decidir a tiempo, asociarse mejor, invertir mejor, pagar mejor y rendir cuentas por los resultados ante el pueblo y ante el Estado.

Se necesita fortalecer a la empresa estatal, no sustituirla por mecanismos administrativos que la inmovilicen. Para ello debe completarse la separación entre funciones estatales y empresariales, evaluar el desempeño con herramientas económico-financieras y otorgar autonomía real para gestionar recursos materiales, financieros y humanos, con control posterior, transparencia y rendición de cuentas.
No hay soberanía con el plato vacío. El alimento del pueblo cubano será tratado como lo que es: un asunto de seguridad nacional.

Y se tendrán que acabar las tierras ociosas en Cuba. Cada pedazo de tierra que hoy está cubierto de marabú, cuando debería estar produciendo alimentos, tendrá que tener una respuesta clara: o se pone a producir o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo.

Vamos a ampliar la entrega de tierras en usufructo a quienes estén dispuestos y en condiciones de producir: productores, cooperativas, mipymes y formas asociativas, sin renunciar jamás a la soberanía nacional ni retroceder hacia el país dependiente que dejamos atrás con la Revolución. 

Vamos a reconocerles al que trabaja la tierra el derecho a invertir en lo que necesita para hacerla producir, y al que se comprometa con resultados de verdad, que pueda importar directamente la semilla, el fertilizante, la pieza, el equipo. Pero debe quedar claro un principio: esa tierra seguirá siendo del pueblo; y si no produce, si no sirve al país, si no cumple su función social, tendrá que pasar a manos de quien sí pueda ponerla a producir.

Al campesino cubano no se le puede seguir pidiendo más comida con menos herramientas y con precios por debajo de sus costos, tiene que tener mecanismos que funcionen de acceso directo a las divisas, como puede ser vender a exportadores, como es el caso del Turismo, o al mercado cambiario.

Tenemos que hacer que la tierra sea una oportunidad y no una carga, que quien siembre vea el fruto de su esfuerzo, que quien produzca pueda vivir mejor, y que quien invierta en el campo encuentre seguridad, respaldo y futuro.

Cuba necesita de sus campesinos, de su trabajo y de su confianza. Cuando el campo cubano sea un camino de prosperidad para quienes lo trabajan, el país será más fuerte, más justo y más soberano.

En cuanto al comercio exterior, las exportaciones, la logística, las cadenas de valor, debemos autorizar importación y exportación directa para empresas estatales y no estatales, productivas, exportadoras o que sustituyan importaciones, manteniendo requisitos técnicos y fiscales, pero eliminando la intermediación obligatoria.

En cuanto a la renegociación de la deuda, debemos conducir un proceso de canje de deuda por activos, enfocado fundamentalmente en la permuta de activos nacionales por deudas, sin enajenar en perpetuidad la propiedad de los mismos. Con este mecanismo se puede lograr financiamiento y otros beneficios sin perder el derecho de propiedad sobre los activos.

Hay que usar también otros mecanismos que se pueden explorar como deudas contra naturaleza o deudas contra desarrollo social, emisión de bonos por el Objetivo de Desarrollo Sostenible y otros.

Vamos a revisar integralmente la lista de actividades prohibidas al sector privado con un principio claro: sustituir, siempre que sea posible, la prohibición por una regulación responsable. El país necesita abrir caminos legales, con reglas claras y controles adecuados a estas actividades. 

También vamos a flexibilizar el alcance del objeto social de las mipymes y demás actores económicos, y aliviar de manera significativa la carga burocrática que hoy enfrentan muchos emprendedores; y, además, debemos agilizar la creación de asociaciones económicas entre las formas de gestión estatal y las no estatales.

La inversión extranjera también se encuentra prisionera en un enrejado de trabas que obstaculizan su necesario incremento. No solo debemos decirle al inversor foráneo dónde debe invertir, sino que también él tenga la iniciativa de invertir en la rama económica de su interés, así como escoger directamente a sus trabajadores sin intermediarios estatales siempre. 

Debemos autorizar la inversión extranjera directa en el sector privado nacional, incluyendo mipymes, con reglas claras de propiedad, repatriación, reinversión y solución de controversias.

Debemos facilitar modelos de inversión con diferentes modalidades y con todos los actores por parte de cubanos que viven en Cuba. Y al cubano residente en el exterior que quiera invertir, donar, importar tecnología, abrir un mercado, levantar un proyecto en su tierra, vamos a ofrecerle un marco claro, estable y respetuoso, sin que lo miren con sospecha por querer ayudar a los suyos o contribuir al desarrollo de la tierra que los vio nacer. Al que quiera construir con Cuba, sin pretender imponerle nada, le decimos con el corazón en la mano: aquí tienes tu casa y aquí tienes la puerta abierta, porque a esta patria, en esta hora, no le sobra ningún buen cubano. 

El apagón no es solamente un problema de megawatts o de déficit de generación. El apagón es el niño que no pudo estudiar para la prueba, la comida que se echó a perder en un refrigerador, el anciano que pasa la noche en vela sin descanso y con calor. Es el hospital que trabaja al límite, el consultorio que no puede conservar un medicamento, el trabajador que pierde su jornada laboral, y el establecimiento que tiene que cerrar. Por eso la energía no es un tema técnico, es un tema humano, económico y nacional.
 
Vamos a acelerar la incorporación de la energía solar a la economía nacional como hemos venido haciendo. Para lograrlo, facilitaremos la entrada directa de empresas extranjeras que suministren paneles, baterías, inversores y soluciones asociadas, reduciendo intermediarios que encarecen los costos para la población y para el país. 

Ya se eliminaron aranceles a la importación de tecnologías solares, sistemas de almacenamiento y equipos destinados al ahorro energético. Ahora avanzaremos también en la eliminación de impuestos sobre su venta y sobre los servicios vinculados a su instalación y mantenimiento.

Además, crearemos mecanismos de crédito y financiamiento para que estas soluciones no sean accesibles solo a unos pocos, sino que puedan llegar progresivamente a los hogares, las mipymes, los consultorios médicos, los centros educacionales, los hogares de ancianos y otros servicios esenciales para la población. Y en esto, nuestras empresas y nuestros técnicos cubanos, estatales y privados van a estar en el centro, instalando, manteniendo, reparando, integrando y creando empleo. Las empresas cubanas pueden especializarse en instalación, integración, operación y soporte de estas tecnologías. 

Impulsaremos el transporte eléctrico vinculado a fuentes renovables. Todo vehículo eléctrico destinado al transporte público, privado o de carga ligera que demuestre que opera total o mayoritariamente con energía solar, podrá acogerse a estímulos especiales, exención de aranceles, eliminación de impuestos sobre su venta y facilidades para importar cargadores, baterías, piezas y soluciones asociadas. 

Promoveremos, además, la instalación de solineras en todo el país con inversión extranjera, privada, cooperativa y estatal priorizando rutas urbanas, polos turísticos, zonas productivas y servicios esenciales. Junto a ello estableceremos una vía expedita para otorgar licencias de transportista, taxi eléctrico o servicios de movilidad asociados, bajo reglas claras, control técnico, seguridad vial y precios transparentes. 

La primera prioridad, antes de cualquier otra, son las personas que no pueden esperar a que la economía mejore, porque hay dolores que no entienden de plazos. La justicia social verdadera no se sostiene sobre precios artificiales que después terminan convirtiéndose en escasez, colas, bajos salarios y mercado ilegal. 

La justicia social se construye sobre bases reales, ingresos con poder de compra, protección directa para quienes más lo necesitan y una economía nacional capaz de producir más. No hay atajos, estas no son ideas nuevas, son decisiones que el país discutió y aprobó hace años. El error no estuvo en plantearlas, sino en haberlas postergado, y esa etapa de aplazamiento tiene que terminar. 

La canasta básica será garantizada a jubilados, a familias con niños enfermos crónicos, a vulnerables. Se desarrollarán programas focalizados para la transformación social en los barrios más pobres. Hay que darle al sector empresarial estatal y privado mayor protagonismo e incentivos para involucrarse en la solución de problemas locales priorizados, tales como los comedores sociales, saneamiento, centros de niños sin amparo familiar, entre otros. Tendrán nuevas tareas concretas, con estas decisiones: llevarle el pago al jubilado hasta cerca de su casa para que no tenga que hacer una cola de horas bajo el sol; apadrinar los comedores sociales, los hogares de ancianos, las casas de abuelos y los centros de niños; crear cupos solidarios y precios de costo para quien de verdad lo necesita; digitalizarlo todo para que se sepa quién aporta, quién recibe y qué resultado da.
 
Durante años, funcionamos bajo una lógica de salarios contenidos, precios regulados y un Estado que subsidiaba una parte enorme de la vida económica del país. Esa fórmula tuvo su razón, su contexto, sus resultados y su momento; pero ella no responde a la compleja realidad que vivimos. Los precios que enfrenta una familia se han separado demasiado de lo que ingresa un trabajador o un jubilado, y no podemos seguir actuando como si esa brecha no existiera.
 
También vamos a abrir nuevas vías para el acceso seguro a medicamentos.
 
En cuanto a la política fiscal, tributaria, monetaria y de saneamiento financiero, plantear que el objetivo principal para reducir el déficit fiscal está en el aumento de la producción, que es la base de los tributos, y el decrecimiento de los gastos innecesarios del Presupuesto. Por eso también vamos a corregir una política que no dio los resultados esperados.

Los topes de precios, en la práctica, no lograron contener la inflación. Muchas veces provocaron desaparición de productos, desvíos hacia la ilegalidad, mayores precios, menos recaudación de impuestos y una carrera imposible entre precios reales y decisiones administrativas que siempre llegaban tarde o que se mantuvieron inamovibles en desconocimiento de la realidad económica cambiante, limitando a todos aquellos que desean desarrollar su actividad económica en el marco de la legalidad y de forma transparente. Por eso, no vamos a seguir topando precios de manera general, como explicó el Primer Ministro. Hay que corregir distorsiones del sistema tributario que hoy encarecen los encadenamientos productivos y terminan trasladándose al precio final. 

Avanzaremos hacia un impuesto al valor agregado (IVA) acreditable y soportado progresivamente por facturación electrónica, para evitar la imposición fiscal en cascada. Pero estas decisiones solo pueden aplicarse junto con una protección social más directa, más efectiva, con el tránsito de subsidiar productos a subsidiar personas, y con el esfuerzo por recuperar el poder adquisitivo de salarios y pensiones. No se trata de dejar a nadie solo frente al mercado, se trata de proteger mejor, producir más, regular con inteligencia y ordenar con realismo. 

Necesitamos un sistema financiero que acompañe a la economía, sea funcional para los diferentes actores económicos, que reduzca colas, facilite pagos, transparente las operaciones y convierta el ahorro, el crédito y la inversión en herramientas concretas de desarrollo. 

Modernizar de manera profunda el sistema bancario y financiero del país. Para eso Cuba necesita bancos más ágiles, más digitales, más cercanos a la gente y más útiles para quienes producen, exportan, importan, invierten o emprenden.
 
Vamos a abrir espacios, bajo regulación estricta, a instituciones financieras, privadas y extranjeras; nuevos mecanismos de crédito, financiamiento productivo, desarrollo de mercados financieros y servicios de pago, donde puedan participar actores estatales, cooperativos y privados. El objetivo es que cobrar una pensión, recibir una remesa del exterior, pagar un servicio, pedir un crédito, financiar una cosecha, comprar un equipo o mover dinero para producir no sea una carrera de obstáculos.

Permitir cuentas en el exterior, pagos en divisas entre empresas y operaciones internacionales auditables para actores que importan, exportan o prestan servicios globales.

No se trata de debilitar el papel del Estado, sino de ampliar y modernizar las capacidades del país para financiar la producción, apoyar a quienes generan bienes y servicios, ordenar los flujos de dinero y brindar un mejor servicio a nuestro pueblo.

Convertiremos la transformación digital, el software y la inteligencia artificial en herramientas transversales para desarrollar la agricultura, el sector energético, la salud, la educación, el comercio exterior, la banca, el comercio digital, la logística, el turismo y la fiscalización.

Las propuestas específicas de software, inteligencia artificial, economía del conocimiento y economía digital deben presentarse como infraestructura transversal para elevar la productividad nacional. No se trata solo de exportar software, sino de digitalizar pagos, impuestos, comercio exterior, agricultura, salud, energía, logística, gobierno y estadísticas.

En cuanto al turismo y los negocios inmobiliarios hay que aplicar nuevas modalidades de negocio, con participación de todos los actores económicos. Desarrollar un mercado inmobiliario productivo regulado que comprenda: arrendamiento de locales estatales ociosos, renta de edificios, locales, naves, almacenes, oficinas, instalaciones turísticas, talleres y espacios industriales, concesiones, derecho de uso sobre inmuebles y licitaciones transparentes a actores estatales, privados, cooperativos o mixtos.

Hemos hablado de la importación de combustible y de todo lo que se ha abierto al sector privado, pero ahora se trata de lograrlo con márgenes de utilidad razonables, transparentes y no abusivos.

En cuanto a la importación de vehículos, eliminar todas las trabas en la importación, dar la prioridad a la importación de vehículos eléctricos y, por supuesto, desarrollar las solineras.

Sé que preocupa y con razón la dolarización parcial de la economía, la inflación y la ausencia de muchos productos en moneda nacional. No vamos a ignorar ese problema. Los modelos de negocio que estamos autorizando en divisas tienen que tributar de manera directa y verificable a un incremento de los ingresos en divisas que permita el sostenimiento de ofertas en moneda nacional.

Hay que tener más exigencia sobre el uso de las plataformas digitales de pago. Hay que ampliar aprobaciones de comercio mayorista y minorista, eliminando intermediarios y, definitivamente, hay que aplicar la facturación electrónica.

Hay que eliminar trabas salariales que impiden retener talento y fuerza de trabajo altamente calificada en sectores productivos, exportadores, tecnológicos, energéticos y agroindustriales, y permitir la remuneración variable en CUP y divisas vinculada a resultados verificables en exportaciones, en ahorro de importaciones, en incremento de la productividad, la innovación, la disponibilidad energética o en ventas externas.

En cuanto al gobierno digital, los datos públicos y el control inteligente, hay que implementar la factura electrónica obligatoria y progresiva para medianos y grandes contribuyentes; avanzar luego en las mipymes y los trabajadores por cuenta propia, con herramientas sencillas y adaptadas a conectividad real.

Modernizar el Sistema Estadístico Nacional y la ONEI mediante captura digital de datos desde empresas e entidades, publicación por aplicaciones de servicios públicos de inteligencia artificial y protección de datos sensibles.

Hay que usar la inteligencia artificial para simplificar trámites, procesar documentos escaneados, detectar errores, validar expedientes, autenticar documentos y reducir cargas administrativas.

Hay que mejorar la calidad de los servicios a la población, diseñando nuevos abordajes a cada tema.

Y hay que enfrentar con seriedad un problema que afecta cada día la vida de millones de cubanos: la recogida de desechos sólidos. Pondremos en marcha proyectos a nivel local para mejorar la recogida, tratamiento y disposición de los residuos sólidos, en los cuales, responsablemente, quienes más carga imponen al sistema también deben contribuir más a sostenerlo.

Pero esta solución no será solo estatal, incorporará inversión extranjera al sector no estatal, al sistema empresarial, a las comunidades y a iniciativas creativas que ayuden a devolver limpieza, orden y salud a nuestras ciudades y comunidades.

Compañeras y compañeros:

Cuba no necesita más dilaciones, necesita soluciones. No se trata de crear más oficinas ni de multiplicar reuniones, sino de lograr resultados concretos.

Gobernar es resolver, destrabar, acompañar y hacer que las decisiones se conviertan en mejoras reales; porque crear en Cuba, invertir en Cuba, trabajar en Cuba y quedarse en Cuba también depende de que el país sea capaz de abrir caminos, ordenar con inteligencia y apoyar a quienes quieran aportar.

Junto a las oportunidades económicas vamos a impulsar también espacios concretos para que los jóvenes puedan actuar desde sus comunidades.

La Red Juvenil Comunitaria debe ser una vía para que un joven encuentre dónde formarse, dónde emplearse, dónde servir a su comunidad y dónde convertir una idea en un proyecto real. Esta red debe articular iniciativas útiles en los barrios: recuperación de espacios públicos, apoyo a personas vulnerables, actividades culturales y deportivas, formación en oficios y tecnologías, comunicación comunitaria, proyectos productivos, empleo local y acompañamiento a jóvenes en situación de riesgo.
 
No se trata de crear una estructura más ni de convocar a los jóvenes solo para recibir orientaciones; se trata de darles capacidades, herramientas, conocimientos, responsabilidades y espacios reales para transformar el lugar donde viven; porque quedarse en Cuba también tiene que significar tener un sitio donde ser útil, crecer, aprender, liderar y construir futuro desde la cuadra, la escuela, el centro de trabajo y el municipio.

Conocemos nuestro país, sabemos dónde está la traba, dónde se esconde la corrupción, dónde sobra la lentitud y dónde falta la vergüenza y la dignidad.

Cada medida que anunciamos tendrá responsables, plazos e indicadores. Vamos a informar lo que avance, lo que se incumpla y lo que haya que corregir.

Habrá cosas que, para protegerlas de quienes quieren sabotearlas, tendremos que tratarlas con discreción. Ya nos enseñó Martí que hay cosas que para lograrse han de andar ocultas; pero la discreción nunca será un permiso para ocultarle algo al pueblo.

Como pueblo no nos vamos a convocar solamente a resistir; nos vamos a convocar a crear, a producir, a decidir, a fiscalizar, a prosperar y a transformar, porque esto que empezamos hoy no lo hace un Gobierno, esto lo hacemos todos o no lo hacemos: con el campesino que vuelva a sembrar, con la mipyme que se atreve, con el técnico que instala el primer panel, con la maestra, con el médico, con el joven que decide quedarse y apostar por su tierra, con el cubano residente en el exterior que tiende la mano, contigo, conmigo, con todos.

No vamos a negar los problemas, no vamos a defender la burocracia, no vamos a cerrarle la puerta al talento, no vamos a abandonar a los vulnerables y no vamos a permitir jamás que el sufrimiento de este pueblo causado por el perverso bloqueo imperialista se use contra la soberanía de la patria (Aplausos).

¡Nada será imposible si asumimos el desafío como oportunidad y la historia como inspiración!

Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, Martí, Mella, Villena, Guiteras, Che, Camilo, Almeida, Fidel y Raúl, todos nuestros héroes, enfrentaron momentos tan o más difíciles, para su época, que estos que enfrenta hoy la nueva generación revolucionaria, y todos emergieron de esos desafíos con honor y gloria, aun aquellos caídos en combate sin llegar a ver la victoria, porque nos legaron lecciones de coraje que perduran hasta nuestros días, como se verificó el 3 de enero de este año cuando 32 combatientes cubanos cayeron enfrentando a tropas élites muy superiores en número y en medios.

Ninguna revolución la ha tenido fácil, y la nuestra ha tenido la osadía de sobrevivir a seis décadas de bloqueo, leyes genocidas, guerra híbrida y una escalera de medidas coercitivas unilaterales que ninguna otra nación soportó ni soportaría por tanto tiempo.

En el Centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro y en el 95 cumpleaños del General de Ejército Raúl Castro Ruz, el mejor homenaje que podemos rendir a la admirable obra de nuestros dos jefes históricos es defenderla y preservar su esencia de justicia social, en medio del vendaval de guerras de rapiña, amenazas de invasión y procesos de neocolonización que, como el gigante de las siete leguas, van por el cielo engullendo mundos en estos tiempos.

Estamos convocados todos y juntos venceremos.

¡Viva Cuba Libre! 
¡Viva el heroico pueblo cubano!
¡Viva la soberanía de la nación cubana! 
¡Socialismo o Muerte!
¡Patria o Muerte! 
¡Venceremos!

Vecindarios y peripecias de una transición

¿Quiénes hemos sido y cómo pensábamos? ¿Y hoy?

Rafael Hernández

Tengo una vecina con la que solía conversar en las reuniones del CDR. Era la encargada de los círculos políticos. No sé si porque era profesora de Filosofía; el caso es que, mientras los cederistas iban llegando, ella me dedicaba algunos temas peculiares de conversación. 

A veces, los conflictos entre Stalin y (el revisionista) Trotski en la Revolución Rusa; otras, las tendencias pequeño-burguesas y el PCC en la Constitución del 40. Me maravillaba cómo podía pasar, sin prisa, pero sin pausa, de estas disquisiciones teóricas e históricas a dirigir el círculo con el guion del “organismo superior”. 

Entre sus temas de cabecera estaba el de las concesiones al capitalismo. Me decía que, en la URSS, los soviets de obreros, soldados y campesinos no habían apoyado la mezcla de capitalismo y socialismo de los primeros años (llamada la NEP), sino “los jefes pequeño-burgueses”, los Trotski y compañía. Y me abría los ojos para hacerme entender.

A mí sus esquemas no me cogían de sorpresa. Porque en aquella época, cuando se hablaba de nuestra revolución del 30 (se decía “del 33”), socialistas eran los del Partido Comunista, y los demás —Guiteras, Barceló, Pablo de la Torriente, Leonardo Fernández Sánchez— eran “demócratas revolucionarios”, calificativo condescendiente que se adjudicaba al propio José Martí.

El cariz de las conversaciones con mi vecina en los tardíos 70 cambió mucho una década después. Ya ella no era la que orientaba los círculos del CDR; pero, sobre todo, sus leitmotivs ya no incluían “el problema fundamental de la filosofía”, las leyes del materialismo dialéctico y “las armas melladas del capitalismo”. 

De hecho, había dejado de estigmatizar a algunas de aquellas figuras históricas que antes llamaba pequeño-burguesas, en la misma medida en que el discurso oficial soviético revisaba sus ideas sobre el socialismo. 

Digamos que sus opiniones se identificaban con la perestroika en puntos y comas. Andaba para arriba y para abajo con el último número de Tiempos Nuevos y Sputnik, que exaltaban la buena vecindad entre la URSS de Gorbachov y los Estados Unidos de Ronald Reagan; y que denunciaban (como en un segundo “deshielo”) los desmanes del estalinismo y la cerrazón de sus políticas de comunicación y hacia el arte y la literatura (“el gusto de los funcionarios”, Che dixit). De paso, no solo se alejaba del marxismo-leninismo de los manuales y los dogmas, sino del marxismo y del leninismo a secas.   

Ahora bien, cuando mi vecina brincaba de la historia del PCUS a la cubana, y a razonar sobre la revolución socialista aquí, seguía usando la nomenclatura puesta en circulación por el discurso doctrinal de la época de Stalin. 

Es decir, seguía concibiéndola como revolución proletaria, cuyos protagonistas supuestamente eran los obreros industriales y el resto del pueblo era una especie de acompañamiento; seguía hablando de revolución “agraria-antimperialista”, transformada en “socialista” por obra y gracia de un discurso de Fidel el 16 de abril de 1961; seguía identificando el origen de clase de los dirigentes con su representación social y su ideología; y seguía entendiendo el socialismo cubano como un vástago del tronco soviético. 

Aquellas tesis se emparentaban con las de un camarada soviético cuyo libro sobre la Revolución cubana, publicado por Editorial Progreso, había circulado mucho en Cuba, y con quien algunos tuvimos la suerte de compartir eventos (y Stolichnaya subrepticia) en el impensado Moscú de la perestroika y la ley seca de los tardíos 80. 

El caso es que, a pesar de los nuevos aires y la cierta herejía que distinguían el nuevo clima de la política soviética, las interpretaciones sobre las revoluciones en América Latina se mantenían fieles a lo que Jorge Luis Acanda ha llamado la vulgata marxista.

Nuestras interpretaciones sobre la radicalidad original de la revolución cubana eran un punto de polémica camaraderil en aquellos eventos. Una radicalidad manifiesta en la forma en que se había tomado el poder, cómo y cuándo se había empezado a transformar el aparato del Estado, y dónde radicaba realmente el poder político desde el primer momento. 

Digamos que, en lugar de un partido comunista o una vanguardia marxista al frente de las masas proletarias, había un Ejército Rebelde, donde, casi a raíz de la debacle de la dictadura, se habían fundido los brazos armados de las organizaciones (M-26, DR-13 de marzo, Partido Socialista e incluso el Segundo Frente del Escambray). 

Y si bien hubo algunas figuras “representantes de la burguesía” en el Consejo de Ministros de 1959, al margen de él existía un organismo llamado el INRA que, además de administrar la reforma agraria, era desde 1959 un supercomité coordinador de las políticas del proceso revolucionario, activadas también desde entonces.  

Por si estas referencias históricas suenan como cosas académicas y del pasado, les comento que marcaban distancias entre Cuba y las democracias populares de Europa del Este, también aplicables a una lectura de aquel presente y sus alternativas.

Regresando a la petite histoire de mi vecina y su proceso de transición particular, ella citaba constantemente los panfletos de la glasnost y la perestroika como sus fuentes de inspiración. De manera que extendía los espejuelos soviéticos a lo que estaba pasando en Cuba, y aplicaba sus lecciones a la agenda y los debates críticos de la Rectificación. 

Como pueden recordar quienes lo vivieron, aquel fue el momento de mayor apertura y amplitud democrática para plantear y discutir ideas hasta entonces, en toda la historia posterior a 1959. Y no era así por los vientos llegados del este de Europa y la URSS o en las páginas de los semanarios de la glasnost, sino porque la discusión pública de los problemas de la política económica había destapado la caja de Pandora, de manera que muchos temas hasta entonces ignorados u olvidados fueron saliendo a la luz.

Como ha apuntado la socióloga Mayra Espina, y reflejaban los debates de esos años, ya se preanunciaban problemas que harían eclosión en los años 90. 

Entre ellos, digamos, la persistencia de prejuicios contra la religión, el color de la piel, el género; la educación política dogmática; la sobreextensión del Estado en todos los sectores de la economía y la vida social; la hipertrofia del sector administrativo en contraste con la disponibilidad de obreros y técnicos; la declinación de la movilidad social ascendente; el rol de los medios como simples vehículos de propaganda y contrapropaganda; la falta de estímulo a la producción agrícola; el despoblamiento de las zonas montañosas; la pérdida de capacidad y credibilidad de los órganos del poder popular; la persistencia de mecanismos de censura en la expresión artística; las restricciones al debate de ideas. Etcétera. Algunos de estos problemas emergían de investigaciones en las propias instituciones académicas.

Aunque el discurso de mi vecina, inspirado en Moscú, podía causar recelo en algunos, difícilmente podía escandalizar a alguien en medio de aquel año 1989, cuando la mayoría de los cubanos presenciaban los juicios conocidos como la Causa 1 y la Causa 2, y menos aún cuando, en noviembre de ese año, los alemanes le entraron a mandarriazos al Muro de Berlín. 

Para cualquier duda sobre el espacio abierto a la crítica y al debate, y al tono heterodoxo predominante, incluso en las reuniones del Partido, basta leerse el Llamamiento al IV Congreso del PCC, uno de esos documentos discutidos de arriba abajo y de un extremo al otro de la sociedad cubana. 

Así que resulta difícil darse cuenta de cuándo ella (mi vecina) empezó a distanciarse progresivamente no solo de sus sucesivas creencias, sino de cualquier ideología de izquierda, en un entorno que había cambiado y seguía cambiando. 

En medio de las desgracias del Período Especial, seguramente pasó inadvertido para cualquiera en el barrio y, en todo caso, dejó de tener importancia. 

La transición de esta vecina es solo una entre las diversas trayectorias seguidas por quienes se han ido adaptando a los nuevos tiempos.  

Otros vecinos más jóvenes también experimentaron sus propias transiciones. Ellos no partieron del dogma estalinista o del efecto anagnórisis de la perestroika, sino de eventos y circunstancias posteriores. 

Sobre todo del sismo del Muro de Berlín y del Período Especial, cuando nuestro paisaje material y espiritual se sumergió en lo que por aquellos mismos años Edgar Morin bautizaría como policrisis. Y que fue una versión corregida y aumentada de aquellos problemas debatidos durante la Rectificación, y que incluyó derrumbe del nivel de vida, desorientación, desencanto, aislamiento, alternativas personales  y que para algunos tuvo en la búsqueda de nuevos horizontes una vía de tanteo, recolocación, exploración y a menudo climas, culturas e ideologías alternativos. 

Como no tengo espacio ni tiempo aquí para abordarlos, prometo volver sobre ellos y dedicarles el examen y la atención que merecen. 

Esos cambios, el de la vecina mayor, el de los más jóvenes, no tendrían nada de particular si se tratara solo de personas que se han arrepentido de lo que creían, naturalmente. Pero no es así.

Caracterizarlos en su metamorfosis intenta entenderlos de manera ecuánime, como sujetos sociales con quienes convivimos, y que representan un fenómeno cultural e ideológico que nos atañe como sociedad.

Entender sus rutas, su contexto y su evolución nos puede ayudar a comprenderlos. Aunque ya ellos no nos comprendan a nosotros, o hayan optado por negarnos. 

A saber quiénes son. O sea, quiénes somos.

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