viernes, 5 de junio de 2026

“Vidas y haciendas”. 1912, Marco Rubio y la gramática de la intervención estadounidense

Por Julio Cesar Guanche

El 20 de mayo de 2026, mientras el secretario de Estado Marco Rubio pronunciaba, en ocasión del aniversario de la República cubana, un discurso sobre libertad, corrupción y el sufrimiento del pueblo de Cuba, una firma estadunidense vinculada a un exfuncionario de Trump negociaba su entrada en los yacimientos de níquel y cobalto de Moa, en el oriente cubano.
Las dos noticias se leen juntas porque se explican mutuamente: la gramática de la intervención sobre Cuba habla de protección mientras hace negocios, denuncia elites mientras defiende las propias, y se anuncia —y se desmiente— en la misma frase. Es un proceso con historia.
En 1898 las tropas estadunidenses desembarcaron por la playa de Daiquirí, en Santiago de Cuba, al sureste de la isla —entre ellos, soldados afroamericanos que creían en la libertad de Cuba. Tres años después, en 1901, un sindicato encabezado por el presidente de la United Fruit Company, Andrew W. Preston, compró 1.900.000 acres —cerca de 769.000 hectáreas— en la bahía de Nipe, a un costo total de $400.000: poco más de medio dólar por hectárea.[1]
La compra de tierras agrícolas a precio de ocupación derivó en dominio azucarero e industrial sobre toda la franja oriental de la isla. A la par, las compañías mineras consolidaron su control sobre el hierro, el cobre y el manganeso de Oriente. La palabra imperialismo no la inventó un manual: se usaba desde ese mismo año, porque describía algo que ocurría ante la vista de todos.
En 1912, también por Daiquirí, volvieron a desembarcar, ante una rebelión que amenazaba con incendiar la zona. El gobierno de José Miguel Gómez —nacido de una segunda ocupación estadunidense que había rediseñado el sistema político cubano para evitar “convulsiones”— ordenó la masacre de Estado más grande de la historia nacional: entre tres y seis mil muertos, sobre todo en los montes de Oriente, casi todos negros, casi todos del Partido Independiente de Color (PIC), mientras el ejército rendía informe diario al Departamento de Estado sobre los progresos de la represión.
Lo que vino después siguió la misma lógica: en 1933 Antonio Guiteras advirtió que el “fantasma de la intervención” era invocado por todo aquel que pretendiera impedir cualquier cambio a favor del pueblo cubano; en 1940 la Constitución prohibió los pactos que menoscabaran la soberanía nacional; en 1961 y 1962, en Girón y en octubre, frente a una potencia sin proporción, un número masivo de cubanos y cubanas permaneció de pie.
Ese rechazo —a la realidad de la intervención, a su amenaza, a la mera percepción de su amenaza— ha sido el núcleo más hondo del nacionalismo cubano. No fue, no es, una mera lealtad al gobierno de turno.
El nacionalismo ha sido la ideología más poderosa y más duradera de la historia cubana. Se ha cruzado por bastante tiempo con otras —el republicanismo, el capitalismo social, el socialismo—, pero ha estado siempre ahí, marcando con su peso cualquier otra versión ideológica. La noticia de su muerte hoy, ante la catastrófica situación cubana, acaso sea, como diría Mark Twain, una “noticia muy apresurada”.

La amenaza de 1912

En el verano de 1912 Cuba llevaba diez años de República y conocía bien la realidad de ser vigilada. La Enmienda Platt —incrustada en su propia Constitución— había convertido el derecho de intervenir en cláusula permanente: Washington podía desembarcar para “la conservación de la independencia cubana” y “la protección de la vida, la propiedad y la libertad individual”.[2]
Justo el 20 de mayo de 1912 —la fecha no fue casual— se alzó en armas, en Oriente, el PIC: el primer partido mayoritario de negros de la historia de Cuba. Se había alzado contra la Enmienda Morúa, que prohibía los partidos formados por ciudadanos de una “sola raza”, y contra la exclusión sociorracial de la República.
Sus dirigentes le habían dicho al presidente Gómez, por escrito, que la ley Morúa era inconstitucional, porque en Cuba no podían existir “otras clases de ciudadanos que pudieran no ser cubanos”.[3] Pedían su derogación y exigían inclusión. El Estado respondió con una etiqueta —“guerra de razas”— y con una campaña militar dirigida en persona por el jefe del Ejército, el general José de Jesús Monteagudo.
A los cinco días del alzamiento, Washington entró en escena. El ministro de Estados Unidos en Cuba, Arthur Beaupré, comunicó al canciller Manuel Sanguily que su gobierno enviaría un cañonero a la bahía de Nipe y concentraría una fuerza naval en Cayo Hueso; y que, “en caso de que el Gobierno cubano no pueda o deje de proteger las vidas y haciendas de los ciudadanos americanos”, desembarcaría tropas en Cuba. Su nota terminaba con esta frase: “Mi Gobierno añade explícitamente que esto no debe considerarse como intervención”.[4]
“Vidas y haciendas”. Esas dos palabras eran la fórmula al completo. No hacía falta invocar la Enmienda Platt ni mover un ejército: bastaba con declarar en peligro la propiedad de un ciudadano norteamericano para que la flota tuviera permiso de acercarse. La amenaza de intervención no era, en rigor, un desembarco. Era una gramática.
Sanguily redactó, y Gómez firmó, un cablegrama al presidente Taft en el que rechazaban la injerencia, y se explicaban: en apenas dos días el gobierno había enviado más de tres mil soldados a Oriente y contaba con fuerzas suficientes para aplastar el movimiento sin ayuda exterior. No fue suficiente. Taft respondió que los navíos concentrados en Cayo Hueso eran “precautorios” y no entrañaban propósitos “intervencionistas”. No obstante, desembarcaron.
El Ejército cubano hizo entonces tres cosas a la vez: custodió propiedades extranjeras con sus propios soldados —cuarenta y siete guardias en Firmeza, dieciocho en Siboney, quince en Ocaña, según se quejaba la Juragua Iron Company, que encontraba escaso ese número—[5]; se retiró de cada propiedad que las fuerzas estadunidenses ocupaban, levantando acta de que la dejaba intacta; y se negó a ceder el mando de campaña.
Era una coreografía de soberanía: cada acta cubana de protección de propiedad extranjera era, a la vez, una rendición y una protesta. El cronista Rafael Conte, muy lejos de ser partidario del PIC, lo anotó: aquello ocurría en un país “sólo independiente y soberano á medias”, cuyos tutores no guardan “esos miramientos que sólo se guardan entre sí los estados que mutuamente se temen y respetan”.[6]
Mientras el Ejército cubano levantaba esas actas, aplastaba a los alzados del PIC. Las dos operaciones no eran independientes. Para alejar al tutor, el gobierno necesitaba demostrar dos cosas: que sabía cuidar la hacienda del extranjero y que sabía exterminar a sus propios ciudadanos contestatarios.
La soberanía cubana se defendía hacia afuera y se negaba hacia adentro, precisamente para poder defenderla afuera, por los detentadores de la sociedad dominante cubana, y conservar así su poder nacional.

Una fórmula compartida: 1912 y 2026

La elección de Daiquirí no fue un azar geográfico ni en 1898 ni en 1912. La Spanish-American Iron Company tenía instaladas allí sus facilidades de embarque: muelles, vías férreas desde las minas hasta el mar, depósitos de mineral con destino a Baltimore y Filadelfia. La playa de Daiquirí era, antes que un escenario de guerra, un puerto de exportación.
Lo que Monteagudo —y su jefe de estado mayor, José Francisco Martí Zayas Bazán, conocido como el “Ismaelillo”, hijo del Apóstol de Cuba— custodiaba en los montes de Oriente no era la propiedad de unos inversores muy ansiosos ante la “rebelión negra”: era la columna vertebral de la industria pesada estadunidense.
Sus empresas mineras tenían control exclusivo del hierro de Oriente más de una década antes de que comenzara la guerra de 1895, cuando Cuba era aún española. Esas compañías habían despachado casi cinco millones de toneladas de mineral hacia los Estados Unidos. Entre 1892 y 1922, Cuba fue el principal proveedor extranjero de hierro de ese país —en algunos años aportando más del ochenta por ciento de todo el hierro que importaba—.[7]
La Juragua Iron Company, la Spanish-American, la Ponupo Manganese —los mismos nombres que aparecen en los telegramas de Monteagudo pidiendo guardias, solicitando que se reemplazaran empleados negros por blancos, negociando con el cónsul alemán el depósito de rifles— eran subsidiarias de Pennsylvania Steel y Bethlehem Steel: las empresas que fabricaban los rieles y el acero estructural del imperio industrial norteamericano. Era uno de los primeros capítulos del capitalismo monopolista estadunidense en América Latina, el laboratorio donde se ensayó la forma de relación político-económica definitoria del siglo XX.
El mineral del oriente cubano contenía proporciones de níquel y cromo que lo hacían excepcionalmente apto para la producción de acero de alta resistencia. Eran las mismas formaciones geológicas —lateritas ricas en níquel, cobalto y cromo— que hoy, bajo el nombre de “minerales críticos”, aparecen en la lista oficial del Servicio Geológico de los Estados Unidos como materiales estratégicos indispensables para la industria energética, la fabricación de baterías y los sistemas de defensa.
El Pentágono ha destinado cerca de mil millones de dólares a constituir reservas de cobalto y materiales afines. En 2025 se convirtió en el mayor accionista individual del único productor integrado de tierras raras en territorio estadunidense, para asegurar suministro doméstico para sistemas militares (aviones F-35, drones, submarinos) y tecnologías energéticas. El cobalto y el níquel de Moa son considerados una de las pocas fuentes de esos minerales en el hemisferio occidental no controladas por China ni dependientes de la República Democrática del Congo.
El 20 de mayo de 2026 —114 años después del alzamiento del PIC— Gillon Capital, firma tejana de Ray Washburne, experto financiero del primer gobierno de Trump y ex presidente de la Overseas Private Investment Corporation, firmaba un acuerdo preliminar para adquirir el 55 por ciento de Sherritt International, la minera canadiense que opera en Moa desde los años noventa, en la misma zona donde la Spanish-American Iron Company extraía hierro cuando Monteagudo custodiaba sus instalaciones con soldados cubanos y exterminaba negros del PIC.
El Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro confirmaron que “no se oponen” a estas negociaciones. La operación se presenta, en el lenguaje de los comunicados financieros, como una “oportunidad de preservación de valor”. En su lenguaje más antiguo, es una fórmula repetida.
1912 dejó no solo el aviso del desembarco. Fue el reconocimiento de lo que la amenaza hace incluso cuando no llega a cumplirse: trabaja por dentro, empuja a los gobiernos a probar su soberanía por los medios más intratables, y cobra su precio sobre los cuerpos más vulnerables.
En 1912, ese precio lo pagaron casi íntegramente los cubanos negros del PIC. Recordarlo no es erudición de historiador. Es la única forma de que la frase que se anuncia y se desmiente —“esto no debe considerarse como intervención”— no vuelva a escribirse, esta vez, sobre Cuba.
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[1]Philip S. Foner, The Spanish-Cuban-American War and the Birth of American Imperialism, 1895–1902, vol. II: 1898–1902, New York, Monthly Review Press, 1972, p. 478.
[2]Luis Machado y Ortega, La enmienda Platt: estudio de su alcance e interpretación y doctrina sobre su aplicación, La Habana, Imprenta “El Siglo XX”, 1922, p. 88 y ss.
[3]Exposición del Partido Independiente de Color al presidente José Miguel Gómez, acerca de la enmienda al artículo 17 de la Ley Electoral, [s/f]. Archivo Nacional de Cuba (ANC), Fondo Secretaría de la Presidencia, caja 95, signatura 54.
[4]Citado en: Rolando Rodríguez García, La conspiración de los iguales: la protesta de los Independientes de Color en 1912, La Habana, Imagen Contemporánea, 2010, p. 206. Ver también Diario de la Marina, El movimiento racista, 15 de junio de 1912.
[5]Las cifras de guardias por instalación provienen de la correspondencia entre la Juragua Iron Company, y otras compañías, de un lado, y las autoridades militares cubanas, del otro. Junio–julio de 1912. ANC, Fondo Ejército. Independientes de Color.
[6]Rafael Conte y José M. Capmany, Guerra de razas (negros contra blancos en Cuba), La Habana, Imprenta Militar de Antonio Pérez, 1912, p. 32. Disponible en: Project Gutenberg, EBook #37747. Julio César Guanche es autor del estudio crítico introductorio de la edición de 2022 (ISBN 9789493156166).
[7]Ver Pérez, L. (1982). “Iron mining and socio-demographic change in Eastern Cuba, 1884–1940”. Journal of Latin American Studies, 14(2), 381–405. Cambridge University Press. https://www.jstor.org/stable/156462; y Fe Iglesias, (1975). “La explotación del hierro en el sur de Oriente y la Spanish-American Iron Company”. Santiago, 17(marzo), 59–106.

jueves, 4 de junio de 2026

¿De qué socialismo estamos hablando?

 Por Fidel Vascos González

Teniendo en cuenta la visión marxista y leninista de la construcción de la sociedad comunista por etapas, considero que los clásicos veían muy cerca el comunismo y el período de transición sería muy corto, lo que se puede ilustrar con las siguientes citas. 

En el Manifiesto Comunista redactado por Carlos Marx y Federico Engels en 1848 se lee: “Los comunistas fijan su principal atención en Alemania, por que Alemania se halla en vísperas de una revolución burguesa… y, por lo tanto, la revolución burguesa alemana no podrá ser sino el preludio inmediato de una revolución proletaria.” (1) 

El 6 de marzo de 1919, el mismo día en que se clausuró el I Congreso de la Internacional Comunista, V. I. Lenin escribió en el periódico PRAVDA: “La fundación de la III Internacional, de la Internacional Comunista, significa que hemos llegado a los umbrales de la República Internacional de los Soviets, a los umbrales de la victoria del comunismo en el mundo entero.” (2) 

Por su parte, la Constitución soviética de 1936 aprobada en tiempos de Stalin confirmó que el país ya había entrado en el socialismo como primera etapa de la sociedad comunista, por lo que el período de transición en la URSS se había extendido por 19 años. Más tarde, en el XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) realizado en octubre de 1961, se aprobó el Tercer Programa del Partido en el cual se aseguró que en 1980 en la URSS se habría construido, en lo fundamental, la sociedad comunista. 

Todas estas predicciones resultaron falsas. 

En particular, en 1980 no se había construido el comunismo en la URSS sino que, al contrario, solo once años después, en 1991, ese gran Estado multinacional se había desintegrado y las 15 Repúblicas que lo formaban habían regresado al capitalismo. En este aspecto, la historia de la URSS poco o nada positivo puede enseñarnos de cómo se construye el socialismo y cuáles son las características de ese régimen social.

La realidad es que en la sociedad contemporánea el período de transición  se prolonga en el tiempo y previsiblemente  se extenderá por decenas o cientos de años. Los cubanos lo venimos experimentando durante 65 años, desde el 16 de abril de 1961 cuando se proclamó oficialmente el carácter socialista de la Revolución Cubana.  

En la construcción del socialismo hay que tener muy en cuenta que  el marxismo y el leninismo componen una doctrina esencialmente eurocentrista, que no puede aplicarse literalmente en los países de la periferia como Cuba para lo cual necesita de importantes modificaciones. La primera es basarse en las características nacionales del país en cuestión, la idiosincrasia de su pueblo y la historia de su cultura económica, política y social. Al respecto quiero referirme al aforismo de don José de la Luz y Caballero cuando enunció: “Todas las escuelas y ninguna escuela, he ahí la escuela” (3), que refleja la esencia del método electivo de la tradición filosófica cubana de elegir lo mejor de todos los pensadores sin adherirse de manera absoluta a ninguno. 

En el proceso de construcción socialista también incide la situación internacional del momento, muy especialmente en el caso de Cuba, que resiste más de 60 años un bloqueo económico, comercial y financiero implantado por el gobierno de los Estados Unidos, recrudecido ahora con un cerco energético.

Para salir decididamente de la situación actual del país y avanzar en nuestro período de transición al socialismo, propongo que el Partido acometa una Reforma general integral en el terreno económico,  político y social mediante la cual se logre: abandonar el sistema de planificación centralizada de asignación de recursos heredado de la URSS y el CAME; establecer el mercado como principal regulador de la gestión empresarial de manera que el Estado sea el regulador de la economía en su conjunto mediante un plan central utilizando principalmente en su aplicación las leyes y categorías objetivas de las relaciones monetario-mercantiles y sin pretender administrar a las empresas, tanto estatales como no estatales; practicar la plena libertad de expresión y manifestación de las personas naturales y jurídicas incluyendo los medios masivos de comunicación; extender las modalidades de la democracia directa donde los ciudadanos decidan con carácter vinculante los asuntos principales de su interés, incluyendo la democracia directa electoral en todos los cargos electivos del Estado y las organizaciones sociales como ya se aplica con éxito en la postulación y elección de los delegados municipales del Poder Popular; y establecer un proceso que facilite la revocación de cargos electivos en las instituciones. Comprendo que esta Reforma general e integral necesita tiempo para diseñarla y realizarla pero creo que ha llegado el momento de anunciarla y dar los primeros pasos para lograrla.

En fin, el socialismo del que estoy hablando es un modelo cubano sui generis de "Socialismo Democrático de Mercado" que tenga en cuenta el marxismo y el leninismo originales, así como, principalmente, las características nacionales de Cuba, su historia económica, política, social y cultural, subrayando  el pensamiento y la acción del nacionalismo revolucionario cuyos excelsos representantes son José Martí y Fidel Castro; con los objetivos principales de elevar el nivel de vida material y espiritual del pueblo; la independencia nacional; la justicia social; la plena libertad individual y colectiva económica, política y social; una amplia aplicación de las modalidades de la democracia directa incluyendo elecciones libres sin multipartidismo, con un solo partido político único y sin comisiones de candidatura que postulen centralmente los candidatos en boleta cerrada; mantener estrechos vínculos fraternales con  la comunidad cubana residente en el exterior; la lucha por la paz; la solidaridad internacional antiimperialista; y la protección del medio ambiente. 

Este socialismo que concibo en el futuro para mi país se aleja tanto del socialismo de Estado altamente centralizado aplicado en la URSS como del capitalismo neoliberal.

Notas

(1) C. Marx y F. Engels; Obras Escogidas en tres tomos; Tomo I; Editorial Progreso; Moscú, 1973, página 140.

(2) V.I. Lenin; Obras en 12 tomos; tomo 9; página 98; Editorial Progreso; Moscú; 1973, en castellano, página 100.

(3) http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2010-06-04/todas-las-escuelas-y-ninguna-escuela-he-ahi-la-escuela/armandohart/ 

La Habana, 31 de mayo de 2026 

miércoles, 3 de junio de 2026

Es en medio de la tormenta cuando la vista y el pensamiento deben estar más alertas

Julio Carranza

Las noticias se precipitan y el cerco contra Cuba se aprieta fuertemente. A la larga sucesión de hechos se suman ahora la retirada de Meliá (impacta a más de 15 hoteles) y el cese del funcionamiento de tarjetas de crédito y débito Visa y Mastercard en Cuba. Ambas cosas son hechos derivados de la presión enorme de la política norteamericana. Según lo declarado desde allá, para mediados de junio ya estarían activadas las llamadas sanciones secundarias a las empresas que mantengan relaciones con Cuba. Era de esperar, de prever y seguramente habrá más.

El tiempo que va pasando hace más evidente dos cosas: la primera, que la política genocida que se ejerce contra Cuba no tiene límites; la segunda, que no se hizo suficientemente lo que se tenía que haber hecho y lo que se tenía que haber integralmente transformado desde hace mucho tiempo. Es una cuestión sobre la cual hemos insistido sistemáticamente con argumentos y evidencias. Obvio que nunca nadie tiene la verdad absoluta, pero lo que sí era una certeza es que el asunto debió haberse discutido de manera más participativa y más profunda.

Ahora la situación es la que es y se debe enfrentar con audacia y responsabilidad. Claro que bajo cualquier circunstancia lo primero es la defensa de la soberanía nacional. Lo mismo en un escenario de agresión máxima como de negociación razonable.

También se precipitan muchos tratando de colocarse en esta coyuntura crítica. A nivel de la economía aparecen “propuestas”, varias de ellas provenientes de instituciones con sede en EEUU, con sus integrantes de siempre y algunos “fellow travelers” que se le suman, tratando de ganar una fuerza que saben que solos no tendrían. No hay nada que ya no hayan dicho en lo que se presenta desde esos grupos desde EEUU, por más que todas las consideraciones deben ser parte del debate.

Vale la pena recordar que, de lo que se debe hacer para cambiar un modelo económico que es obsoleto, hace años muchos economistas en Cuba venimos hablando y debatiendo y escribiendo y actualizando con fundamento.

Cualquier cambio, entendemos, debe preservar la soberanía nacional, la justicia social y establecer un horizonte estratégico para el desarrollo económico y democrático, pero nunca debería nacer de una intervención extranjera, sea esta más o menos violenta. 

De hecho, nuestro libro de 1996, editado en Cuba y en varios países, trata en extenso sobre esto precisamente. Y debido a que siempre hubo concepciones diferentes, incluye además un capítulo que evalúa críticamente lo que allí llamamos “otras propuestas desde el exterior”, no muy distintas en esencia a las que desde aquel mismo lugar se presentan ahora. Esto se reitera en otros textos sobre el tema que hemos publicado a través de toda estos años hasta hoy.

Seguramente, se podrán encontrar muchas coincidencias en el diagnóstico de la situación, porque la realidad es una sola y cualquier análisis lucido y fundamentado encontrará importantes lugares comunes. Sin embargo, en cuál debe ser el sentido y el contenido de la transformación, o sea, en la terapéutica, seguramente hay muchas diferencias. No todos tenemos el mismo horizonte acerca de cuál debe ser el futuro de la nación. En el fondo hay una lucha política e histórica.

Creo que muchas de esas consideraciones que con frecuencia aparecen ahora, miran la solución más en el pasado, en la restauración, aunque lo nieguen con una retórica vacía, cuando creemos que la vista debe estar en el futuro, en el progreso. 

Es obvio, que hay muchos colocándose para ser “contemplados” en una “transición” que creen, suponen, que llegará con las bayonetas o la “negociación” con los EEUU. Da igual. Muchos que de manera vergonzante tratan de buscar nuevos liderazgos y perdones por su vieja militancia política, la que no en pocos casos fue doctrinaria y extremista. El giro radical es la lógica natural de los conversos. La historia está llena de eso.

Negociación con dignidad y limites claros, sí; entrega del país, no, bajo ninguna circunstancia. Una negociación aceptable para el país sería el escenario más deseable y es posible encontrar acuerdos. De hecho hay algunos pronunciamientos desde EEUU que apuntan en ese sentido. Sobre eso hay que continuar trabajando sin dogmas, aunque no es fácil que se logre frente a tanta irracionalidad y agresividad extrema.

Es obvio que aún para la reforma necesaria y para salir de la crisis energética se necesita, además de ideas claras, financiamiento y compensaciones externas. Es preciso trabajar por encontrarlas y la negociación es el mejor escenario para eso, pero no a cualquier precio.

Por ejemplo, mirando los contenidos de la Ley Helms Burton, el espinoso tema de las nacionalizaciones se puede negociar. Es un tema complejo cuando se va a los detalles, pero se puede negociar. Lo otro de la Helms Burton es una tensión con otros países; ahí basta poner las evidencias de la extraterritorialidad sobre la mesa.

La participación de inversiones norteamericanas en diferentes e importantes sectores de la economía se puede negociar, etc. Los límites de lo no negociable son: el sistema político (mismo que debe ser también objeto de transformaciones, pero no un objeto de negociación), el control de los recursos principales del país, el carácter socialista del nuevo y necesario modelo económico, las políticas de justicia social, el control de la banca, la política exterior y de defensa, etc.

Aquí no hay soluciones fáciles, hay mucho por cuestionar, muchos errores por superar y en la isla hay mucho conocimiento, capacidad de propuesta y compromiso con un futuro justo, sin dogmas, pero también sin tutelage ni renuncia a la autodeterminación. Las propuestas con un horizonte claro; fundamentación  técnica y sentido político a la vista están. 

Es absolutamente cierto que las numerosas propuestas y análisis que desde el interior de Cuba y provenientes de personas calificadas y comprometidas se han presentado no se han tenido en consideración; sistemáticamente se les ha condenado al margen. Eso francamente creo que ha sido un error, ha sido una actitud que se ha reiterado hasta hoy. Probablemente la deriva actual de la crisis haga más evidente el tiempo y los aportes que se han despreciado; sin embargo, la voluntad de contribuir de muchos está intacta y con más razón ahora, a pesar de los palos que ha dado la vida.

Es preciso retomar la iniciativa, aprobar e implementar medidas necesarias con sentido estratégico, “mover el tablero” para responder a la agresión. No es poco lo que se puede hacer a pesar de las circunstancias. La situación es sin dudas muy difícil y el tiempo muy, muy tenso, pero habría que avanzar contra el viento y la marea.

3 de Junio de 2026

Felicidades, Raúl


 

martes, 2 de junio de 2026

Declaración del gobierno revolucionario

 El gobierno de los Estados Unidos ha vuelto a actuar con premeditada intención en el afán por construir pretextos para desacreditar a la Revolución cubana, su liderazgo histórico, los dirigentes y, con ello, confundir tanto a nuestro pueblo como a la opinión pública internacional. 

Todo responde a una hoja de ruta diseñada por ideólogos de la ultraderecha cubanoamericana, que se jactan de ser creativos e impredecibles. Su estrategia se centra en el uso de herramientas que incrementen de manera extrema e inusitada la política de máxima presión. 

A ese plan obedecen las más recientes sanciones contra Cuba dadas a conocer el pasado primero de mayo. La Orden Ejecutiva 14404 identifica como blanco al Grupo de Administración Empresarial (GAE), esta vez, en articulación con las denominadas sanciones secundarias dirigidas a todo actor extranjero que realice operaciones de cualquier tipo con este Grupo, haciendo énfasis en las presiones contra las instituciones financieras.

Se trata de la escalada más intensa, desproporcionada y peligrosa en la historia reciente de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. 

El fin deliberado es aislar al país de manera diplomática, comercial, financiera y energética; imposibilitar la sostenibilidad de la nación; condicionar el diálogo y evaluar variantes de agresión militar. Necesitan construir y consolidar una narrativa de descrédito reputacional contra todas las instituciones que constituyen el sostén de nuestro proyecto social. 

El GAE nació en pleno Período Especial para enfrentar la guerra económica, con una visión creativa, propia, autóctona y genuinamente cubana. Su objetivo siempre ha sido agrupar empresas con capacidades en la generación de divisas y recursos que el Estado requiere para mantener y desarrollar las conquistas sociales y contribuir al fomento de sectores y ramas de la vida nacional. 

Son incontables los servicios prestados a la Patria por el Grupo de Administración Empresarial. Los aportes materiales y financieros de esta organización se pueden constatar en disímiles ejemplos: en la construcción de más de 10 mil viviendas en diversas provincias del país, en la creación de un Campamento de pioneros y planes vacacionales para la infancia, en la manera en que se sostuvo la economía cubana durante los años de la pandemia de COVID-19. 

Los frutos de esta actividad empresarial han sido destinados también a inversiones en la termoeléctrica Lidio Ramón Pérez (Felton) de Holguín, al diseño y consolidación de grandes obras hidráulicas, entre ellas los trasvases Este-Oeste y Norte-Sur para el beneficio de millones de cubanas y cubanos. Ahí están las inversiones y reparaciones hechas a policlínicos, casas del médico de la familia y a escuelas. Actividades todas que han sido informadas sistemáticamente a la dirección del Partido, el Estado y el Gobierno y, en todos los casos, objeto del máximo control y fiscalización de las autoridades y mecanismos competentes. 

El GAE no es una estructura opaca, ni paralela al Estado cubano; ha sido, por el contrario, una respuesta articulada de probada eficiencia frente al cerco económico que históricamente ha tratado de asfixiar a la Revolución cubana. 

Tal como expresó el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en el 8vo Congreso del Partido, resulta rigurosamente histórico el perfeccionamiento empresarial desarrollado en primer lugar al interior de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, experiencia que luego sirvió al país y cuyos notables resultados tributan a la economía nacional.

Miles de hombres y mujeres, durante estos últimos 30 años, han sido guardianes discretos de los recursos del país y merecen el reconocimiento. Aunque su obra no haya sido contada lo suficiente, habla por sí sola y lo hace por encima de la calumnia de Estado urdida desde Washington.  

Hoy, cuando la voluntad del pueblo cubano se expresa en un proceso de cambios, contenidos en el Programa Económico y Social del Gobierno, esta organización es parte activa de las transformaciones del sistema empresarial del país. 

El GAE no es obra del secretismo, ni de élites y mucho menos la vía de enriquecimiento de unos pocos. Es, por el contrario, uno de los tantos ejemplos que a lo largo de nuestro camino nos ha permitido resistir la agresión permanente del gobierno de Estados Unidos. Su historia se construyó, al decir del Líder de la Revolución Cubana, General de Ejército Raúl Castro Ruz: «sin el menor ánimo de protagonismo, como se hacen las cosas serias».  

La Habana, 2 de junio de 2026

«Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz»

https://www.granma.cu/cuba/2026-06-02/cuba-el-gae-y-estados-unidos-anatomia-de-una-calumnia-de-estado-02-06-2026-00-06-49

domingo, 31 de mayo de 2026

A la raíz

José Martí Pérez

Los pueblos, como los hombres, no se curan del mal que les roe el hueso con menjurjes de última hora, ni con parches que les muden el color de la piel. A la sangre hay que ir, para que se cure la llaga. No hay que estar al remedio de un instante, que pasa con él, y deja viva y más sedienta la enfermedad. O se mete la mano en lo verdadero, y se le quema al hueso el mal, o es la cura impotente, que apenas remienda el dolor de un día, y luego deja suelta la desesperación. No ha de irse mirando como vengan a las consecuencias del problema, y fiar la vida, como un eunuco, al vaivén del azar: hombre es el que le sale al frente al problema, y no deja que otros le ganen el suelo en que ha de vivir y la libertad de que ha de aprovechar. Hombre es quien estudia las raíces de las cosas. Lo otro es rebaño, que se pasa la vida pastando ricamente y balándoles a las novias, y a la hora del viento sale perdido por la polvareda, con el sombrero de alas pulidas al cogote y los puños galanes a los tobillos, y mueren revueltos en la tempestad. Lo otro es como el hospicio de la vida, que van perennemente por el mundo con chichonera y andadores. Se busca el origen del mal: y se va derecho a él, con la fuerza del hombre capaz de morir por el hombre. Los egoístas no saben de esa luz, ni reconocen en los demás el fuego que falta en ellos, ni en la virtud ajena sienten más que ira, porque descubre su timidez y avergüenza su comodidad. Los egoístas, frente a su vaso de vino y panal, se burlan, como de gente loca o de poco más o menos, como de atrevidos que les vienen a revolver el vaso, de los que, en aquel instante tal vez, se juran a la redención de su alma ruin, al pie de un héroe que muere, a pocos pasos del panal y el vino, de las heridas que recibió por defender la patria. Esto es así: unos mueren, mueren en suprema agonía, por dar vergüenza al olvidadizo y casa propia a esos mendigos más o menos dorados, y otros, mirándose el oro, se ríen de los que mueren por ellos. ¡Es cosa, si no fuera por la piedad, de ensartarlos en un asador, y llevarlos, abanicándose el rostro indiferente, a ver morir, de rodillas, al héroe de oro puro e imperecedero, que expira, resplandeciente de honra, por dar casa segura y mejilla limpia a los que se mofan de él, a los que compadrean y parten el licor y la mesa, con sus matadores, a los que se esconden la mano en el bolsillo, cuando pasa el hambre de su patria, y riegan de ella, entre zetas y jotas, el oro del placer! Hay que ir adelante, para bien de los egoístas, a la luz del muerto. Hay que conquistar suelo propio y seguro.

De nuestras esperanzas, de nuestros métodos, de nuestros compromisos, de nuestros propósitos, de eso, como del plan de las batallas, se habla después de haberlas dado. De la penuria de las casas, del trastorno en que pone a mucho hogar nuestro la crisis del Norte, de eso se habla, en decoro fraternal, de mano a mano. De lo que ha de hablarse es de la necesidad de reemplazar con la vida propia en la patria libre esta existencia que dentro y fuera de Cuba llevamos los cubanos, y que, afuera a lo menos, sólo a pujo de virtud extrema y poco fácil puede irse salvando de la dureza y avaricia que de una generación a otra, en la soledad del país extraño, mudan un pueblo de mártires sublimes en una perdigonada de ganapanes indiferentes. De lo que se ha de hablar es de la ineficacia e inestabilidad del esfuerzo por la vida en la tierra extranjera, y de la urgencia de tener país nuestro antes de que el hábito de la existencia meramente material en pueblos ajenos, prive al carácter criollo de las dotes de desinterés y hermandad con el hombre que hacen firme y amable la vida.

Si a la isla se mira, el dejarla ir, bajo el gobierno que la acaba, entre quiebras y suicidios, entre robos y cohechos, entre gabelas y solicitudes, entre saludos y temblores, podrá parecer empleo propio de la vida, y cómodo espectáculo, a quien no sienta afligido su corazón por cuanto afee o envilezca a los que nacieron en el suelo donde abrió los ojos a los deberes y luz de la humanidad. Cuanto reduce al hombre, reduce a quien sea hombre. Y llega a los calcañales la amargura, y es náusea el universo, cuando vemos podrido en vida a un compatriota nuestro, cuando vemos, hombre por hombre, en peligro de podredumbre a nuestra patria. ¡Aunque no ha de haber temor, que las entrañas de nuestra tierra saben de esto más de lo que se puede decir, y no es privilegio de los cubanos expatriados, sino poder de los cubanos todos, e ímpetu más vehemente que el de sus enemigos, este rubor de la sangre sana del país por todos los que en él se olvidan y se humillan! Es la tierra en quiebra la que se levanta; la tierra en que las ciudades se van cayendo una tras otra, como las hileras de barajas. Es la ofensa reprimida, y el bochorno ambiente, de que ya la tierra se ahoga. Faltaba el cauce al decoro impaciente del país; faltaba el empuje; faltaba la bandera; faltaba la fe necesaria en la previsión y fin conocido de la revolución: eso faltaba, y nosotros lo dimos. Ahora, vamos a paso de gloria a la república. ¡Y a lo que estorbe, se le ase del cuello, como a un gato culpable, y se le pone a un lado!

Y si vemos afuera, y en lo de afuera a este Norte a donde por fantasmagoría e imprudencia vinimos a vivir, y por el engaño de tomar a los pueblos por sus palabras, y a las realidades de una nación por lo que cuentan de ella sus sermones de domingo y sus libros de lectura; si vemos nuestra vida en este país erizado y ansioso, que al choque primero de sus intereses, como que no tiene más liga que ellos, enseña sin vergüenza sus grietas profundas, —triste país donde no se calman u olvidan, en el tesoro de los dolores comunes y en el abrazo de las largas raíces, las luchas descarnadas de los apetitos satisfechos con los que se quieren satisfacer, o de los intereses que ponen el privilegio de su localidad por sobre el equilibrio de la nación a cuya sombra nacieron, y el bien de una suma mayor de hombres; si nos vemos, después de un cuarto de siglo de fatiga, estéril o inadecuada al fruto escaso de ella, no veremos de una parte más que los hogares donde la virtud doméstica lucha penosa, entre los hijos sin patria, contra la sordidez y animalidad ambientes, contra el mayor de todos los peligros para el hombre, que es el empleo total de la vida en el culto ciego y exclusivo de sí mismo; y de otra parte se ve cuán insegura, como nación fundada sobre lo que el humano tiene de más débil, es la tierra, para los miopes sólo deslumbrante, donde tras de tres siglos de democracia se puede, de un vaivén de la ley, caer en pedir que el gobierno tome ya a hombros la vida de las muchedumbres pobres; donde la suma de egoísmos alocados por el gozo del triunfo o el pavor de la miseria, crea, en vez de pueblo de trenza firme, un amasijo de entes sin sostén, que dividen, y huyen, en cuanto no los aprieta la comunidad del beneficio; donde se han trasladado, sin la entrañable comunión del suelo que los suaviza, todos los problemas de odio del viejo continente humano. ¿Y a esta agitada jauría, de ricos contra pobres, de cristianos contra judíos, de blancos contra negros, de campesinos contra comerciantes, de occidentales y sudistas contra los del Este, de hombres voraces y destituidos contra todo lo que se niegue a su hambre, y a su sed, a este horno de iras, a estas fauces afiladas, a este cráter que ya humea, vendremos ya a traer, virgen y llena de frutos, la tierra de nuestro corazón? Ni nuestro carácter ni nuestra vida están seguros en la tierra extranjera. El hogar se afea o deshace: y la tierra debajo de los pies se vuelve fuego, o humo. ¡Allá, en el bullicio y tropiezos del acomodo, nacerá por un fin un pueblo de mucha tierra nueva, donde la cultura previa y vigilante no permita el imperio de la injusticia; donde el clima amigo tiene deleite y remedio para el hombre, siempre allí generoso, en los instantes mismos en que más padece de la ambición y plétora de la ciudad; donde nos aguarda, en vez de la tibieza que afuera nos paralice y desfigure, la santa ansiedad y útil empleo del hombre interesado en el bien humano!

Cada cubano que cae, cae sobre nuestro corazón. La tierra propia es lo que nos hace falta. Con ella ¿qué hambre y qué sed? Con el gusto de hacerla buena y mejor, ¿qué pena que no se atenúe y cure? Porque no la tenemos, padecemos. Lo que nos espanta es que no la tenemos. Si la tuviésemos, ¿nos espantaríamos así? ¿Quién, en la tierra propia, despertará con esta tristeza, con este miedo, con la zozobra de limosnero con que despertamos aquí? A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. Ni hombre, quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres.

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Patria, Nueva York, 26 de agosto de 1893. Reproducido en Obras completas. Volumen II. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963. 377-80

sábado, 30 de mayo de 2026

“Hay que abrir Cuba a los negocios”

 Redacción OnCuba

El empresario estadounidense y aspirante republicano al Congreso por Rhode Island, Vic Mellor, sostuvo en La Habana un encuentro con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente Raúl Castro, para discutir oportunidades económicas y posibles espacios de cooperación empresarial entre Cuba y Estados Unidos.

Mellor, de 57 años, aseguró que conversó durante varias horas con Rodríguez Castro la noche del jueves, como parte de una visita a la isla concluida este viernes y enfocada en contactos con actores empresariales, humanitarios e institucionales cubanos, reporta AFP.

“Es tiempo de cambio”


Durante el intercambio, el empresario afirmó haber encontrado coincidencias con la visión del nieto de Raúl Castro sobre una eventual apertura económica. “Me reuní con Raúl (Guillermo Rodríguez Castro), y su visión de abrir Cuba a los negocios coincide con la mía (…) Es tiempo de cambio, y Raúl también lo cree. Estamos viviendo tiempos históricos”, declaró Mellor a la agencia de noticias.


“Estoy aquí por negocios, no soy diplomático. Como Cuba quiera manejar su política internacional es asunto suyo. Pero sí le digo que por lo que conversamos, la visión de Raúl [Guillermo] para el futuro es muy prometedora, y creo que la gente va a ser receptiva, especialmente el pueblo cubano, y creo que el pueblo estadounidense también va a ser receptivo a ella”, añadió.


Rodríguez Castro, coronel del Ministerio del Interior y conocido por liderar el equipo de seguridad personal de su abuelo, ha sido mencionado en medios estadounidenses como una figura con influencia en contactos informales y conversaciones relacionadas con la relación bilateral, aunque no ocupa cargos públicos dentro del Gobierno cubano.


El empresario sostuvo además que su interlocutor “está en comunicación con el gobierno de Estados Unidos” y comprende que una mayor cooperación económica con empresas estadounidenses sería importante para el desarrollo de la isla. Mellor aseguró dirigir alrededor de una decena de negocios vinculados a sectores como salud, medios y servicios.


El encuentro ocurre en uno de los peores momentos para los vínculos entre Washington y La Habana. Desde enero, ambas partes atraviesan una nueva escalada de tensiones, marcada por sanciones estadounidenses adicionales, restricciones energéticas y la imputación presentada en Miami contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.


La visita de Mellor ya había sido anunciada días atrás como parte de una agenda enfocada en preparar a Rhode Island para una eventual expansión de relaciones económicas con Cuba.


El empresario explicó entonces que buscaba construir vínculos con empresarios, instituciones religiosas y actores humanitarios cubanos para posicionar a su estado ante posibles escenarios futuros de apertura comercial.


Según había adelantado previamente, la delegación también realizó entregas de suministros médicos y materiales educativos, además de sostener encuentros en hospitales, iglesias y otras instituciones cubanas. Mellor defendió la iniciativa como un ejercicio de “preparación estratégica” para aprovechar oportunidades económicas si en algún momento ambos países avanzan hacia relaciones comerciales normalizadas.


Aunque no ocupa actualmente un cargo federal, la reunión adquiere relevancia política por producirse entre un aspirante republicano al Congreso y una figura asociada al círculo más cercano de la dirigencia histórica cubana.


Ocurre en un momento en que el discurso oficial en Washington se ha endurecido notablemente hacia la isla, llegando a instalar en los medios la posibilidad de una invasión militar, lo que La Habana ha advertido como un escenario que “provocaría un baño de sangre” en el que morirían miles de cubanos y estadounidenses.


Este viernes, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis L. Donovan, se reunió con altos oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias(FAR) de Cuba en el perímetro de la Base Naval de Guantánamo, territorio ocupado por Washington desde 1903.


El encuentro, confirmado por el propio Comando Sur y por fuentes diplomáticas, y difundido por agencias internacionales de noticias, incluyó al general de cuerpo de ejército Roberto Legrá Sotolongo, primer viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y jefe adjunto del Estado Mayor General.


Esta reunión siguió a una visita a La Habana a inicios de mayo del director de la CIA, John Ratcliffe, quien compartió información y enfoques con su contraparte cubana, entre ellos el ministro del Interior, el general de cuerpo de ejército Lázaro Alberto Álvarez Casas. 


https://oncubanews.com/cuba-ee-uu/hay-que-abrir-cuba-a-los-negocios-candidato-republicano-al-congreso-de-eeuu-se-reune-con-nieto-de-raul-castro-en-la-habana/

 

viernes, 29 de mayo de 2026

Se reúne general cubano con jefe del Comando Sur de EEUU


NOTA DEL MINFAR

Por acuerdo de ambas partes se produjo el 29 de mayo de 2026 una reunión entre el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, General Francis L. Donovan, y el Viceministro Primero Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, General de Cuerpo de Ejército Roberto Legrá Sotolongo.

Ambas delegaciones valoraron de positivo el encuentro donde se abordaron temas vinculados con la seguridad en torno al perímetro divisorio del enclave militar y estuvieron de acuerdo en mantener comunicación entre ambos mandos militares.

https://www.granma.cu/cuba/2026-05-29/informacion-del-minfar

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Reuters: General de EU se reúne con mandos militares cubanos en Guantánamo

Washington. El general de Estados Unidos ⁠de más alto rango al mando de las fuerzas ⁠en América Latina se reunió este viernes con mandos militares cubanos en el perímetro de la base naval de Guantánamo, en Cuba, informó un funcionario estadunidense a Reuters.

Francis Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, discutió brevemente asuntos de seguridad operativa con la delegación cubana, que incluía al general cubano ⁠Roberto Legra Sotolongo, ​primer viceministro del jefe del Estado ⁠Mayor General, señaló el funcionario, que habló bajo condición de anonimato.

La reunión de Donovan en la isla caribeña es la primera que ‌se ‌recuerda en los últimos tiempos de un jefe del Comando Sur y se da en un contexto de preocupación en ​Cuba por un posible ataque militar del Pentágono.

Además, sigue ​a una visita ​poco habitual a principios de mayo del ‌director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana.

El presidente Donald Trump ha mencionado a menudo a Cuba entre los objetivos de política exterior de su segundo mandato y ha insinuado que se convertirá en su prioridad una vez que termine la guerra con Irán.

El jefe de la Casa Blanca ‌cuenta con un fuerte apoyo de los cubanoestadunidenses de línea dura ⁠de Florida, que llevan décadas presionando para que Estados Unidos impulse un cambio de régimen, y su ⁠gobierno ha ido aumentando progresivamente la presión sobre la isla.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/05/29/mundo/general-de-eu-se-reune-con-mandos-militares-cubanos-en-guantanamo

jueves, 28 de mayo de 2026

Ejercicios para no perder de vista a quiénes tenemos delante

 Rafael Hernández

Admitir que el Secretario de Estado de EE.UU. es cubano, lo mismo que sevillano o piamontés (según él mismo declaró en la reciente Conferencia de Seguridad Europea), equivaldría a darle vela para participar en cuestiones de política cubana —lo mismo que española o italiana. 

¿Y cuál podría ser el argumento para aceptarlo o negarlo? Digamos que si le reconociéramos a él, por sus ancestros, “ser tan cubano como las palmas”, ese mismo derecho asistiría al presidente Trump, según sus antepasados, para que lo eligieran diputado al Bundestag por Baviera o al Parlamento escocés. O, digamos, a Michael Corleone, para fundar en Sicilia un movimiento que preserve el legado de su padre, y le dé su nombre a un Instituto de Moral y Cívica y a una Escuela de Negocios, donde se enseñen las artes de tener éxito en otros países. 

Pero la verdad es que ni Trump tiene otra afinidad con Baviera o con Escocia que haber bebido cerveza bávara o scotch toda su vida; ni la gente siciliana se tomaría en serio a un italoamericano que viniera a darles lecciones de patriotismo o a enseñarles cómo hacer las cosas; ni los de Matanzas tienen por qué extenderle una carta de cubanía a un político americano que no se ha parado nunca bajo una palma cubana, y no sabe cómo un desmochador la sube con la misma habilidad de muchas generaciones, para tumbar las pencas con que cobijar un rancho o el palmiche para alimentar los puercos. Cuya carne, por cierto, sabe muy diferente a la de los puercos de allá, como suelen repetir en Miami los cubanos nacidos aquí. 

Porque este secretario de Estado solo ha visto a esos guajiros cubanos en fotografías. 

Lo desopilante, si no fuera patético, es que este nativo de Miami, que nunca ha residido en ningún otro país del mundo ni de América Latina y el Caribe, que no sea como visitante, se dirige a esos guajiros cubanos como si fuera uno de nosotros, y hubiera compartido sus vidas, angustias y alegrías. Como si hubiera puesto sus zapatos en la casa de alguno de ellos, y los hubiera visto cocinar harina de maíz, ñame, chayotes, quimbombó, según recetas centenarias, en un fogón de carbón o leña; trabajar la tierra, tomar ron peleón sin hielo ni jugos, encender tabacos torcidos por ellos mismos, matar un puerco o un pollo con sus manos, ponerse una hoja de salvia para el dolor de cabeza, recoger manzanilla o cilantro silvestres del patio o huevos de donde anidan las gallinas en el monte, hablar de sus problemas entre ellos, hacerse cuentos, reírse a carcajadas o quedarse muy serios mirándolo. 

En vez de un encuentro cercano, un diálogo, una escucha atenta a esos habitantes rurales o urbanos de Cuba, al Secretario de Estado de EE.UU. se le ocurre lo mismo que a tantos otros dirigentes de ese país por siglos: explicarles a los cubanos cómo deberían gobernarse y tenderles una zanahoria envuelta en papel celofán como si esa fuera su mano amiga.

Marco Rubio invita a construir una “nueva Cuba” propuesta por Trump

No sé si cuando el secretario de Estado era chiquito llegó a recibir alguna vez una clase de Historia de Cuba. Posiblemente no, porque no asistió a escuelas de la élite cubanoamericana, como el Colegio de Belén o las de Coral Gables, sino a una high school pública del sur de la ciudad, donde, en el mejor caso, lo que aprendió de Cuba debe haber sido American history, o sea, parte de la historia del Norte. 

Hijo de emigrados, que no habían sido siquitrillados (expropiados) como los Díaz-Balart o la familia de Carlos Giménez, sino que se habían ido antes, así que no eran ni exiliados políticos, sino unos trabajadores manuales de toda la vida; le tocaba a él ser un estudiante aplicado. 

Pero en aquel enclave cubano donde él creció en los años 70 y 80, el anticastrismo había dejado de encontrar su sentido último en derrocar la Revolución y se había instalado como código de barras de la maquinaria política local. Para lograrlo, había adoptado al Partido Republicano como su gallardete, sobre todo con el surgimiento de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), por encima de las viejas organizaciones del exilio histórico. 

En efecto, cuando Jorge Mas Canosa y Raúl Masvidal, exinvasores de Girón devenidos prósperos empresarios, crearon la FNCA (con la ayuda desinteresadade Ronald Reagan), habían empezado a hacer política a la americana; es decir, por y para los intereses políticos y económicos de un grupo oligárquico dentro del sistema. El año en que aquel grupo de millonarios salió a la palestra, el actual secretario de Estado cumplía 10 años.    

Sin un capital familiar ni pedigree político, la vía rápida para triunfar en el Miami de la FNCA era la misma que en aquella Cuba republicana, donde el juego ya estaba repartido: la política como acumulación originaria. El actual secretario de Estado se propuso construirse como un self-made man en ese juego.  

Como es obvio, para ir subiendo desde abajo en la política local de Florida no hay que dominar la historia de Cuba, sino más bien hay que disponerse a hacer acto de fe con la ideología dominante, a aprender a administrar una cara juvenil (por él votan incluso la mayoría de los descendientes de cubanos que se oponen al bloqueo y apoyan la normalización), y sobre todo a recorrer el camino de “transacciones” que llevan hasta un escaño del Senado de los EE.UU., antesala del gobierno federal. 

En todo eso, el secretario de Estado se parece más a los políticos del Norte de que hablaba Martí (sin mucha paciencia, por cierto), en “Vindicación de Cuba” o “La verdad sobre los EE.UU.” , que a un cubano de la isla o incluso a muchos descendientes de cubanos que he tenido en mis clases de historia. 

Hasta aquí he intentado, hasta cierto punto, “sociologizar” la actitud y la índole política de este Secretario de Estado, procurando despejar de paso algunos elementos que él parece invocar en su apelación al pueblo de Cuba, como es esa especie de identidad impuesta en sus cromosomas de origen, o esa otra asociada al generoso papel de los americanos en nuestra independencia y republicanidad.  

Por muy flagrantes que estas argucias puedan resultar en una simple inspección, hemos presenciado, sin embargo, cómo hay cubanos extáticos ante las destrezas comunicativas del Secretario de Estado (“¡qué bien habla el español!”), que parecen seducidos por ese juego de manos verbal. Algunos pueden estarlo; otros seguramente quieren. Como decía un viejo profesor mío, prefiero “correr un velo de pudor” sobre esas posturas, que parecen multiplicarse en tiempos difíciles como estos. 

Un último detalle.

Supongo que su dominio de la política de EE.UU. y su incuestionable luz natural deben haber llevado al secretario de Estado a aprenderse bien la historia de los EE.UU. y sus presidentes. Siento curiosidad por saber lo que él piensa de los militares a cargo de tareas políticas, o del peso de lo militar en la economía de su país. 

George Washington, Ulysses Grant y Dwight Eisenhower, fueron generales de ejército; Andrew Jackson, William Harrison, Zachary Taylor, James Garfield, William Taft, fueron mayores generales; Franklin Pierce, Chester Arthur, Andrew Johnson, Rutherford Hayes y Benjamin Harrison fueron generales de brigada; James Madison, James Monroe, James Polk y Teddy Roosevelt fueron coroneles. No voy a contar a los presidentes que, antes de ser elegidos, participaron en guerras y alcanzaron grados militares, por ejemplo, la II Guerra Mundial, como John Kennedy, Lyndon Johnson, Richard Nixon, William MacKinley, Gerald Ford, Jimmy Carter.

¿Es concebible la economía de los EE.UU., sus peripecias nacionales e internacionales, sin tomar en cuenta el lugar central que ocupa la industria de las armas y la cuestión de la guerra? 

En el aparato del Estado norteamericano, no hay agencia con el tamaño y el peso del Departamento de Defensa, ahora llamado de Guerra, digamos, el Pentágono. Se estima que absorbe a más de un millón y medio de personas. Sin contar a los militares propiamente dichos. 

Finalmente, lo único comparable al poder económico y político de las corporaciones petroleras, responsables de no pocos conflictos regionales e internacionales, es la industria de las armas. O, como la llamó un general presidente, “el complejo militar-industrial”. No son “un sector”, sino un nudo de fuerza, uno de los ejes de la estructura económica de EE.UU. y de su proyección global. Que se vincula estrechamente y a gran escala con aspectos estratégicos y líneas maestras del desarrollo económico como la innovación y las tecnologías de punta. 

Soñar con que una legislación o un “equilibrio de poderes” puede ponerles riendas a las compañías petroleras o a los fabricantes de armas, a los conglomerados de intereses y capitales donde se asientan, y frenar su capacidad para desencadenar guerras, trabar políticas que las restrinjan o las fiscalicen, sujetarlas a acuerdos y organismos internacionales es solo eso, un sueño.

Después de esta mínima referencia al peso de las armas y el aparato de defensa, supongo que es casi anecdótico añadir que uno de los principales grupos de presión que apoyan a “nuestro” Secretario de Estado es la Asociación del Rifle. Digamos que todo cuadra.

¿Con quiénes se puede sentir más cercano el pueblo cubano aquí y ahora, para entenderse, pedirles cuentas, reclamarles por lo mal hecho, demandarles transparencia, defender sus derechos, controlar a través de los órganos representativos y las organizaciones políticas, confiarles el día a día de nuestra seguridad, y defender conjuntamente el interés nacional y la soberanía? ¿Con las fuerzas armadas cubanas y sus instituciones o con los gobernantes de los EE.UU. y sus agencias?

Es una pregunta para no perder de vista a quiénes tenemos delante, naturalmente.

https://oncubanews.com/opinion/columnas/con-todas-sus-letras/ejercicios-para-no-perder-de-vista-a-quienes-tenemos-delante/