... por la que Estados Unidos está invadiendo Venezuela se remonta a un acuerdo que Henry Kissinger hizo con Arabia saudita en 1974
martes, 6 de enero de 2026
La verdadera razón...
lunes, 5 de enero de 2026
Tres en uno
“Ver en calma un crimen es cometerlo”, dijo José Martí. Por eso mi indignado dibujo-protesta. Porque este bárbaro ataque a Venezuela, y el secuestro de su presidente, es de nuevo la decisión de un presidente que reencarna el fascismo, la ley del más fuerte, el imperio de la mentira, y la prepotencia descarada de situarse por encima de la comunidad internacional, de las Naciones Unidas, y de todo lo alcanzado por la Humanidad en materia de justicia y derechos humanos.
No olvidar, entre muchas otras, las invasiones yanquis a Vietnam, Panamá, Granada, Iraq, siempre con el falso pretexto de ataque enemigo, drogas, cuidar a sus ciudadanos o eliminar las armas de exterminio masivo. En esta ocasión la paranoia va más allá al declarar Trump que gobernará Venezuela hasta que haya una “transición segura”. “Segura” es sin revolución chavista, por supuesto, y con petróleo asegurado. El colmo de la filosofía del despojo.
El mundo no puede permitir que continúe triunfando esa filosofía, que es la filosofía del fascismo, porque nos va la dignidad humana, la paz y vida misma. Hay que fortalecer por todos los medios el espíritu y la unidad de la solidaridad internacional, y volver a gritar ¡NO PASARÁN!
domingo, 4 de enero de 2026
De Andrés Manuel López Obrador a Donald Trump
Estoy retirado de la política, pero mis convicciones libertarias me impiden callar ante el prepotente atentado a la soberanía del pueblo de Venezuela y el secuestro de su presidente. Ni Bolívar ni Lincoln aceptarían que el gobierno de Estados Unidos actuara como una tiranía mundial.
Presidente Trump: no caiga en la autocomplacencia ni escuche el canto de las sirenas. Mande al carajo a los halcones; usted tiene capacidad para actuar con juicio práctico. No olvide que la efímera victoria de hoy puede ser la contundente derrota del mañana. La política no es imposición. Recuerde que “el respeto al derecho ajeno es la paz”, como nos enseñó Benito Juárez en el siglo XIX. Soy mexicano con mucho orgullo, pero también latinoamericano. Apoyo incondicionalmente a mi presidenta Claudia Sheinbaum. Por ahora no le mando un abrazo. AMLOsábado, 3 de enero de 2026
viernes, 2 de enero de 2026
Y en eso llegó 2026
Por Rosa Miriam Elizalde
Nicolás Maduro sigue en Miraflores y en Cuba celebran hoy el aniversario 67 de la Revolución. El 1º de enero de 2026 amanece con esta verdad incómoda para la maquinaria de opinión que lleva meses vaticinando la caída inminente de ambos gobiernos, mientras las cañoneras de Trump merodean el Caribe.
No hay manera honesta de negar las crisis que atraviesan ambos países –son visibles y socialmente dolorosas–, pero de lo que se trata es de entender por qué el relato de la “caída inevitable” vuelve una y otra vez y, una y otra vez, falla. Lo que se desplomó en 2025 no fue el poder en Caracas ni la institucionalidad en La Habana.
Lo que se desplomó fue un tipo de lectura, cómoda para ciertas élites, que reduce la política a una ecuación mecánica de presión y derrumbe, confunde deseo con pronóstico y, sobre todo, presenta a América Latina como un tablero donde Washington mueve piezas y los pueblos del sur se limitan a caer por inercia.
“Maduro no llegará a Navidad”, vociferó el congresista de origen cubano Carlos Giménez, cuando Trump declaró su “paz mediante la fuerza”. Los correligionarios de Giménez en Miami dijeron lo mismo, pero con el añadido del “final castrocomunista”. Ese determinismo, repetido hasta el cansancio por los políticos de la Florida capitaneados por el secretario de Estado, Marco Rubio, ha servido para normalizar el castigo colectivo y convertir el sufrimiento social en herramienta de “ingeniería política”.
En 2025 hubo titulares y columnas que trataron el colapso como un hecho en camino, casi inevitable: bastaba “un empujón más”, “un cierre definitivo”, “una última vuelta de tuerca”. En Venezuela, medios opositores llegaron a narrar la caída como si estuviera ocurriendo en tiempo real. La Nobel de la Paz y entusiasta de una invasión de Estados Unidos, María Corina Machado, prometió a Trump privatizaciones masivas de los campos petroleros de su país y vía libre para las empresas estadunidenses.
En el caso cubano, think tanks y comentaristas insistieron en que la combinación de crisis energética, inflación y malestar social abría una ventana de “cambio de régimen” en 2025. En la escena política estadunidense –y especialmente en el ecosistema mediático radicado en Florida– la escalada del discurso de mano dura, con referencias explícitas al “cambio de régimen” como destino deseable, se presentó como antesala de una victoria total contra el comunismo: primero Caracas, luego La Habana; todo por arrastre, como si las sociedades fueran fichas de dominó.
Pero la realidad es terca. Hay estructuras, intereses, memorias y capacidades estatales que no se evaporan al primer golpe. Cuando el castigo se convierte en norma, las sociedades aprenden –a veces con creatividad, a veces con dolor– a sobrevivir dentro de la anomalía. Los pueblos no son una nota al pie en el cálculo geopolítico: son sujetos políticos con capacidad de interpretar lo que ocurre, de organizar saberes colectivos y de acumular experiencias; cuentan con redes de apoyo, formas de cohesión y una inteligencia práctica forjada por la memoria y en la dura realidad cotidiana.
En Cuba, los apagones, el deterioro del poder adquisitivo, el desabastecimiento, la migración y las carencias de todo tipo fueron leídos como umbral automático de derrumbe. Se repitió la idea de que la crisis económica “sólo puede terminar” en caída política. Pero la historia cubana –con todas sus contradicciones– también es la historia de un Estado que ya sobrevivió a shocks extremos, incluido el Periodo Especial, mediante una combinación de reorganización económica parcial, liderazgo institucional y redes comunitarias y familiares que amortiguan la catástrofe. Eso no hace a la crisis menos real. Sólo explica por qué la crisis no se traduce mecánicamente en colapso.
Tanto venezolanos como cubanos identifican en Washington el factor principal de la asfixia económica que padecen y esa conciencia, lejos de desatar una rebelión contra sus gobiernos, tiende a activar reflejos de dignidad nacional. Si lo que buscaba el poder estadunidense era convertir el hambre, los apagones y la incertidumbre en palanca de insurrección, el propósito ha fracasado. Han conseguido sociedades dispuestas a resistir, no a sublevarse.
Tal vez convenga cambiar la pregunta para variar la política. No es “cuándo se caen”, como si la caída fuese un espectáculo. Es “cuánta vida se está dispuesto a destruir para intentar tumbarlos”. Esa es la pregunta ética que los profetas del colapso evitan, porque los obliga a mirar el costo humano de su receta y para cualquiera con memoria en América Latina –con golpes, bloqueos, invasiones, tutelajes– esa interrogante debería ser una línea roja: ninguna “democracia” impuesta con cañoneras vale el precio de castigar a millones de inocentes.
Y en eso llegó 2026.
De Julio Carranza
Querido Silvio y amigos:
jueves, 1 de enero de 2026
Nota del FB de X Alfonso
Nací en 1972, en Luyanó, en Mangos 208, un barrio humilde. Mi bisabuela era hija de esclavos. Con más de medio siglo a cuestas no me vengan con cuentos ni con campañitas oficiales de discursos vacíos como el final de su nota, que reproduzco tal cual: “La Revolución y sus instituciones están y estarán siempre al servicio del pueblo y no permitirán que hechos como este queden impunes. Su profundo compromiso con la igualdad y la justicia social es inconmovible.” Dejemos la frase ahí, que volveré a ella más adelante.
El 26 de diciembre, Kevin y dos amigas fueron a Fábrica. En la puerta nuestro personal de seguridad no los dejó pasar, mencionando el derecho de admisión sin dar explicación alguna. Para estos muchachos fue frustrante, y lo entiendo perfectamente porque lo he vivido en carne propia. Días después, el 30 de diciembre, Kevin publica el incidente, y Yuliet lo comparte en apoyo. Me llega la información y automáticamente llamo al responsable para pedir una explicación. Me detalla lo ocurrido, obtengo el contacto de Kevin y lo localizo. Lo primero que hice fue disculparme. Luego le expliqué: lo confundieron con una persona que ha estado cartereando al público asistente a FAC, y por precaución no lo dejaron entrar. Fatal la equivocación, fatal todo, todo mal, porque el muchacho pagó por una serie de eventos que hace años hemos vivido en fac y lo lamentamos profundamente. Él entendió el malentendido y me habló le encanta la FAC cosa que le agradecí, y nuevamente me disculpé.
Aclaro algo importante: el derecho de admisión en FAC se utiliza única y exclusivamente para evitar el acceso a personas con incidencias delictivas en el propio espacio, ya sea por robos, asedios, faltas de respeto al público o al personal, o cuando llegan en evidente estado de embriaguez o drogados, poniendo en riesgo la seguridad del resto. Muchas veces estas personas se quedan fuera causando molestias al público, ofreciendo drogas o sexo. Lo hemos reportado repetidamente a las instituciones, que nunca han tomado cartas en el asunto, y nos toca lidiar con ello como si fuera “normal”. De la puerta hacia afuera no tenemos potestad para enfrentar un fenómeno que no hemos creado.
Ahora, la nota oficial difundida en todos sus medios dice: “Hemos conocido hace unas horas de la absurda utilización del derecho de admisión para impedir a un joven cubano y sus acompañantes el acceso a la institución Fábrica de Arte Cubano.” Para la memoria corta: la “absurda utilización del derecho de admisión” es lo que muchos vivimos durante años a la edad de Kevin. Nos negaban la entrada a hoteles por ser cubanos, a círculos sociales de playa, a tiendas para extranjeros, a espacios donde solo se entraba siendo familiar de un militar. La lista es larga. Y no hay que ir tan lejos: hoy, 1 de enero de 2026, la realidad nos niega el acceso a lo necesario para sobrevivir porque se vende en una moneda que no ganamos, una decisión tomada por las mismas instituciones que ahora repiten: “Su profundo compromiso con la igualdad y la justicia social es inconmovible.”
La campaña oficial intenta desacreditar a FAC acusándonos de “racistas”. Es surrealista. No voy a entrar en ese juego porque solo mencionarlo le da importancia. Y a Kevin se lo dije desde el inicio: esto no va de racismo, mi hermano.
Somos una espina en el zapato del Ministerio de Cultura desde julio de 2018. Cada semana es lidiar con absurdos, censuras y falta de diálogo, muchos artistas saben de lo que estoy hablando. No ha sido fácil ni lo será. Tienen el poder para cerrar físicamente este local, pero no podrán apagar lo que es este proyecto ni las voces de quienes estamos involucrados. En resumen: entre el malentendido, la campaña oficial falsa de discriminación, los comentarios fascistas de perfiles sin foto, los que no saben qué es FAC ni han puesto un pie aquí pero gritan “¡Cierren FAC!”, los buscadores de likes, los que publican titulares sin investigar, el mal periodismo, los censores del arte, los verdaderos racistas, los que niegan la libertad de expresión… todos ellos han mostrado una vez más lo rota que está nuestra sociedad y el daño que le han hecho. Y a los que se atrevieron a hablar mal de mis padres, les deseo lo peor.
No obstante y positivamente, a todos los fabricantes de arte, artistas, seguidores inseparables y trabajadores de FAC, les deseo un año nuevo lleno de esperanza y luz. La necesitamos.
X Alfonso
1 de enero de 2026
miércoles, 31 de diciembre de 2025
Un 31 de diciembre como hoy
Un 31 de diciembre como hoy, hace 55 años, a eso de las 10 de la noche, bajé de mi segundo piso en 23 esquina a 24 y fui hasta la bodega de la esquina, por supuesto cerrada ya. Al lado del viejo sillón de Tato, el limpiabotas, estaba el teléfono público que yo usaba. Saqué un papelito que llevaba en el bolsillo de la camisa, lo revisé, inserté cinco centavos en la ranura del teléfono y marqué el número. Después de algunos timbres salió la persona que yo llamaba, contestando en monosílabos, evidentemente muy contrariada.
–¿Qué te pasa?, si se puede saber –le pregunté.
–Nada –contestó–. Que la vida es una mierda.
–Y eso ¿por qué?... Una gente como tú, que ha hecho tantas cosas que valen la pena ¿por qué dices eso?
–Porque cuando yo era joven juré que si llegaba a los 40 me iba a quitar la vida, ya que la vida después de los 40 es una mierda. Y hoy estoy cumpliendo 45. Tremendo chasco.
Yo no sabía qué decirle. Era una persona con una existencia extraordinaria, con logros más que evidentes, útiles para todo el país, incluso para el mundo. No podía entender, pero de pronto me acordé del viejo Tomás Mendoza, un espiritista que yo visitaba en la adolescencia, que era todavía más radical, porque decía que la vida era una mierda después de los 30. ¿Sería algo que se decía, que se pensaba antes de que yo naciera?
El caso es que traté de convencerle, de decirle que no sólo yo sino mucha gente le quería por todo lo que había hecho, y que a mí y a toda esa gente sus 45 años no nos parecían de mierda sino de pura nutrición.
No sé si conseguí espantarle el pájaro siniestro. Luego de un rato regresé a mi segundo piso y estuve cavilando sobre aquello hasta el amanecer. Hoy puedo afirmar que aquel amigo siguió viviendo y haciendo cosas buenas para este pueblo y para otros.
Se llamaba –se llama– Alfredo Guevara y justo hoy cumple un siglo de nacido.
martes, 30 de diciembre de 2025
Conceden el Premio Nacional de Música 2025 a Amaury Pérez Vidal
El cantautor, compositor y productor cubano Amaury Pérez Vidal fue distinguido este lunes con el Premio Nacional de Música 2025, uno de los reconocimientos más importantes que se otorgan a la creación musical en Cuba, según informó el Instituto Cubano de la Música (ICM).
Nacido en La Habana el 26 de diciembre de 1953, Amaury Pérez es hijo de Amaury Pérez García y Consuelo Vidal, figuras emblemáticas de la cultura cubana. A lo largo de su extensa trayectoria ha desarrollado una obra multifacética como cantautor, guitarrista, poeta, conductor de radio y televisión, productor discográfico, guionista y director de espectáculos, consolidándose como uno de los compositores más relevantes de la segunda mitad del siglo XX en la isla.Miembro fundador del Movimiento de la Nueva Trova, su creación musical ha transitado por diversas sonoridades, con canciones que dialogan con el jazz, el pop y el rock, y una línea más reciente centrada en la canción romántica. Parte de su obra incluye la musicalización de poemas de autores cubanos como José Martí y Nicolás Guillén, así como de poetas internacionales entre los que figuran Miguel Hernández y Antonio Machado.
Desde temprana edad mostró inclinación por el arte. En 1963 compuso el himno de su escuela primaria, Augusto César Sandino, y comenzó su trabajo como actor en programas infantiles de la Televisión Cubana. Su formación musical fue inicialmente autodidacta: aprendió a tocar la guitarra y escribió sus primeras canciones antes de integrarse, en la década de 1970, al entorno creativo de la Nueva Trova, tras conocer a figuras como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sara González y Noel Nicola.
En reconocimiento a su trayectoria artística, Amaury Pérez recibió anteriormente la Orden Félix Varela, una de las más altas distinciones culturales otorgadas en Cuba.
El otorgamiento del Premio Nacional de Música 2025 tuvo lugar en la mañana de este lunes, con la presencia de Indira Fajardo, presidenta del Instituto Cubano de la Música, miembros de su Consejo de Dirección y representantes de la prensa.
El jurado estuvo presidido por Digna Guerra, Premio Nacional de Música 2006, e integrado por José María Vitier, Premio Nacional de Música 2021; la musicóloga Martha Bonet; la compositora, productora y directora coral Beatriz Corona; y el músico César López.
domingo, 28 de diciembre de 2025
Centenario de un poeta escandaloso: El alma rusa de Serguéi Esenin
Por Jorge Bustamante García
Cuando era estudiante de geología en los años setenta, en Rusia hubo muchos momentos, para mí, relacionados con Serguéi Esenin. A otros estudiantes de distintos lares quizás les ocurrió lo mismo. Creo haber escuchado su nombre en los primeros meses de mi estadía moscovita. Su apellido me gustó desde el principio por lo breve, fácil y sonoro. Debí descubrir su poesía con el tiempo, pues tenía un amigo caleño estudiante de física, Gustavo Z, que amaba sus poemas. Cada vez que tenía alguna decepción con alguna chica, me buscaba y los dos nos íbamos a un rincón de la residencia estudiantil a leer los poemas del cantor de las estepas: “Arce mío deshojado”, “Tú no me amas, ni me extrañas”, “Carta a una mujer”, “La vida es un engaño, que adorna a veces con alegrías la mentira”… Hoy ese amigo, extrañamente, sigue vibrando en ese espíritu eseniano, al igual que yo.
Todavía tengo fresca la imagen de una fría noche de invierno moscovita: me encuentro en mi cuarto, bebo té caliente y leo los cuentos de El reloj de arena de Borges, y allá... en la calle, en alguna parte, entre la nieve y la brisa, escucho un murmullo, un coro de hombres y mujeres cantando una canción de Esenin: “No lloro, ni imploro, ni me quejo/ todo pasa, como del manzano blanco, el humo...” En otra ocasión, un 31 de diciembre, con mi amiga Olga YIiná nos apresurábamos para llegar a tiempo al apartamento de nuestro amigo Gioaquino d’Feo para celebrar el Año Nuevo. No tuvimos suerte. La medianoche nos agarró a la salida de la última estación del Metro esperando un taxi en una calle solitaria y semioscura donde, tiritando de frío, como dos huérfanos, no nos quedó más remedio que abrazarnos y felicitarnos mutuamente. Muy lejos alguien cantaba, tal vez un borracho tan solitario como nosotros, una canción con letra de Esenin: “No dejes nunca a tus ojos,/ mirar con tristes miradas…”
Con el paso de los años, ya fuese en Rusia, en Colombia o en México, algo siempre inexplicable me atraía a sus poemas, a su figura de poeta siempre joven, inacabado, indómito, que había extraviado sus miradas en la bruma. Lo imaginaba como un perpetuo viajero adolescente, alguien que va de paso y que con sus ojos infantiles desentraña el mundo preguntándose, incauto, abierto, ingenuo, por la fugacidad de las cosas y las criaturas de la vida. Y así, a la intemperie, como una vela prendida en una estepa en pleno invierno, vio a los abedules como huesos peregrinos, desnudos, y no alcanzó nunca una mirada serena. No quiso reservarse para una vida tranquila, anduvo pocos caminos y cometió muchas faltas, bebió trago y fue feliz porque besó a las mujeres, prefirió arder al viento que pudrirse después en las ramas. Sus ojos delataban lejanas ausencias y ansias de conocerlo todo. Evgueni Evtushenko, el poeta rebelde de los años sesenta, escribió que la poesía de Esenin “no parece haber sido escrita con una pluma, sino con la propia naturaleza rusa”. Era, tal vez, el más ruso de los poetas rusos.
Este 2025 se cumplen 130 años de su nacimiento y cien de su muerte. Serguéi Esenin (1895-1925) es uno de los poetas más populares de Rusia junto con Pushkin, Anna Ajmátova, Alexandr Blok, Maiakovski y Volodia Vysotski, que murió en 1980 a los cuarenta y dos años. Esenin se llamó a sí mismo “el último poeta del campo”. Empezó a escribir en la adolescencia en su aldea de Konstantinovo, a orillas del río Oká, 200 km al sureste de Moscú, donde leyó a Pushkin, Lérmontov, Nekrásov, y le gustaba escuchar a su madre cantar canciones populares. Llegó a Moscú en 1912, donde trabajó como corrector en una tipográfica: “se la pasaba leyendo en el tiempo libre, gastaba generosamente en libros y revistas, sin pensar siquiera si le alcanzaba el dinero para vivir” –recuerda su primera esposa Anna Izriadnova, con quien se conoció en esa tipográfica. En marzo de 1915 visitó Petrogado cargando más de sesenta poemas que presentó al gurú literario de la época, Alexandr Blok, quien valoró altamente la poesía desconocida de este “poeta campesino de talento nato” exaltándola por su “frescura, limpidez, sonoridad y gran riqueza verbal”. Blok le abrió la puerta, le presentó escritores y editores, y muy pronto ese jovencito, rubio y de ojos azules, se haría un poeta reconocido y famoso. El resto de su vida, diez años, fue tumultuoso, viajero, apasionado, pendenciero, lleno de amor y desamor entre el alcohol y la escritura.
Dueño de un don extraordinario, la fuerza de su poesía radicaba en su naturalidad, su aparente sencillez y una sinceridad sometida a toda prueba. Su poesía surge ahí, donde nadie puede explicarla. Esenin podía hablar de rosas que susurran como robles y lo podía decir con una llaneza pasmosa que nadie podía dilucidar. Aunque su obra está colmada de campos y abedules, álamos, llanuras y hojas de arce, acompañantes taciturnos en su peregrinaje por el mundo, su verdadero combustible creativo era la despedida, los adioses: “Ahora nos vamos poco a poco/ A un mundo de ventura y sosiego./ Tal vez deba preparar mi equipaje/ Para tener un aire pasajero.”
Un alma viva y palpitante
Esenin publicó varias colecciones de poemas: Relicario, Confesión de un granuja (ambos de 1921), Poemas del escandaloso (1923), Moscú de taberna (1924). Escribió alrededor de 450 poemas, cuarenta y cuatro de ellos extensos (“Pugachev”, “Anna Sniegina”, “El país de los canallas“ -‒una pieza dramática en verso‒-, “Hombre Negro”, etcétera). Su poesía entusiasmaba, conmovía. Cien años después sigue teniendo el mismo efecto. Existen innumerables canciones con sus versos, debidas a cantantes famosos, grupos de pop y hasta raperos recientes. Sus poemas vueltos canciones se escuchan en la radio, en las redes sociales, en Tik Tok, en las calles, en conciertos. Ha sido llevado al cine muchas veces desde la época soviética y en los últimos lustros han aparecido incontables documentales sobre su vida, se reedita su obra, se escriben monografías y voluminosas biografías críticas, como la del reconocido y prolífico novelista Zajar Prilepin (1975), una indagación exhaustiva de cerca de quinientas páginas, con conclusiones inesperadas, publicada en 2021, todavía no traducida al castellano.
En su libro, Prilepin parte del supuesto de que a Esenin lo aman los lectores, probablemente, como a ningún otro poeta en el mundo, aman tanto sus versos, como los imanta su propia figura. Pero si miramos su vida y su obra con más atención, surgen preguntas duras, extrañas y paradójicas: ¿era o no un poeta soviético? ¿Un poeta para cierto tipo de público y chicas melancólicas o un innovador que aún influye en la poesía de nuestro tiempo? ¿A quiénes consideraba sus rivales y por qué? ¿Quiénes eran realmente sus amigos? ¿Cuál era su relación con los lideres bolcheviques? ¿Cuántos hijos tuvo y cuántas esposas? ¿Bebía o era un invento de los envidiosos? Y si bebía, ¿quién lo embriagaba? ¿Por qué se iniciaron procesos penales en su contra? ¿Era un alborotador, un granuja, como él mismo escribía sobre sí, o una víctima de las circunstancias? Y, finalmente, ¿su muerte fue suicidio o asesinato? El libro ofrece respuestas no sólo a todas las preguntas mencionadas, sino también a muchas otras. Zajar Prilepin relata de manera detallada, día tras día, la vida de Serguéi Esenin, sacando conclusiones insospechadas y haciendo que el lector sienta intensa empatía.
| Isadora Duncan y Esenin |
De carácter bronco y tímido a la vez, en su corta vida de poeta activo (1915-1925) tuvo relaciones casi siempre conflictivas y difíciles con sus colegas, que con el paso del tiempo conformarían lo que se llamó el Siglo o Edad de Plata de la poesía rusa. Iván Bunin, Premio Nobel 1933, que se sentía el único justo entre pecadores, odiaba a Bábel, Blok, Pilniak, Maiakovski, por considerarlos cercanos a la revolución. Y a Esenin no le perdonaba su destino póstumo, el hecho de que, ante sus propios ojos, el poeta de Confesión de un granuja se inscribiera en el panteón inmortal, simplemente lo enfurecía. Con Boris Pasternak, quien sería Premio Nobel 1958, sus encuentros siempre terminaban en arrebatos: “A veces, entre lágrimas, nos jurábamos lealtad mutua; otras veces, comenzábamos peleas hasta sangrar, y nos separaban a la fuerza personas ajenas”, recordaba Pasternak. Una vez se pelearon en la redacción de una revista ante los ojos de todos. Sin embargo Pasternak, con inmensa generosidad, escribió alguna vez: “desde la época de Koltsov (1809-1842), la tierra rusa no había producido nada más auténtico, natural y propio que Serguéi Esenin… fue un alma viva y palpitante de artista”. Con Maiakovski solían injuriarse en público. “Aprendiz juerguista y sonoro”, dijo de él una vez Maiakovski. Esenin, citando los versos de propaganda de Maiakovski en los que figuran los campesinos Tit y Vlas, le comentó una vez a Ehrenburg: “Tit y Vlas... ¿Qué entiende él de esto? Y aunque comprendiera ¿hay poesía en
ello?... Maiakovski es poeta para algo, mientras yo soy poeta por algo.”
Anna Ajmátova, por su parte, lo miraba por encima del hombro. En una conversación con Pável Luknitski, que él registró en su diario, la poeta le dijo en febrero de 1925: “Al principio, cuando Esenin era imaginista , 1 no se le podía descifrar, porque era innovador. Y luego se notó que era un mal poeta. A veces iletrado. No entiendo por qué lo inflaron tanto. A veces tiene algo de ímpetu, pero es insulso… ¡Antes era un chico lindo, y ahora su rostro es vulgaridad!” Se habían conocido diez años antes en casa de Ajmátova, en la Navidad de 1915. El muy joven Esenin regresó de ese encuentro un tanto decepcionado de la poeta que había leído con cierto interés. Hacia Osip Mandelstam sentía una amistad superficial, no se llevaban mal. El problema comenzó cuando Mandelstam lanzó críticas hacia el imaginismo y al propio Esenin: “No tiene nada que decir. ¿Sobre qué escribe? ‘¡Yo soy poeta!’ Se para frente al espejo y se admira: ‘Yo soy poeta’. Y quiere que todos nosotros admiremos que él es poeta.” La reacción de Esenin no se hizo esperar. Iván Gruzínov recuerda un episodio acontecido en 1920: “En la puerta abierta de la sala de dirección de la Unión de Poetas estaban Esenin y Osip Mandelstam. Esenin, erizado, de pie, girado parcialmente hacia Mandelstam le dice: ¡Usted es un mal poeta! ¡Maneja mal la forma! ¡Tiene rimas verbales! Mandelstam protestaba. Se inflaba. Rojo de indignación y enojo.”
El alma pura y el hombre negro
Uno de los temas principales de la poesía de Esenin es el desamor. Sus poemas están salpicados de referencias al amor huidizo, a la falta de correspondencia en los afectos. Se intuye una leve ironía al constatar con lucidez las peripecias de los sentimientos y el poeta no puede escapar a la aspereza de sus conclusiones: “No llames a este amor destino,/ siendo frívola unión de arrebato./ Si al acaso me encontré contigo,/ tranquilo sonreiré al separarnos.” El desamor como algo intrínseco en la relación de los amantes, algo tan palpable y real como el propio amor, que existe y persiste y nunca se resuelve en el corazón humano: “El amor murió hace tiempo/ en tu corazón y el mío,/ por eso, no nos importe/ jugar a este amor barato.” Con parecida sonoridad tocó los diversos paisajes de la vida, no parecía entender nada sin la música de sus versos y se dedicó a volcar toda su existencia en canto, a transformar su experiencia en expresión. Lo único que quiso y supo hacer en la vida fue escribir poemas. Amó y añoró, bebió sin término, se entregó a la nostalgia de sus campos y todo lo puso ahí, en sus versos decantados.“Soy despreocupado, nada necesito,/ sólo oír canciones y hacerles yo coro.” El poeta Serguéi Gorodetski, amigo suyo en Petrogrado, señaló en alguna ocasión: “Esenin dedicó toda su vida a la escritura de poemas. Para él no había otra finalidad en la vida que sus versos. Pero su creación tempestuosa no encontró su Belinski.”2
Dentro de su obra un poema capital es Hombre negro. Es uno de sus textos más enigmáticos y ambiguos. En él se percibe un estado de desesperación y horror ante la realidad incomprensible, una sensación dramática de frustración de cualesquiera tentativas de penetrar en el misterio de la existencia. La idea del poema nació en un viaje con su mujer, la bailarina y coreógrafa Isadora Duncan, por Europa y Estados Unidos. Una lectura por parte de Esenin de “Mozart y Salieri” de Pushkin fue, quizá, la mecha que detonó la primera versión terminada en el otoño de 1923. La última versión la trabajó entre octubre-noviembre de 1925, en estado febril, en días y noches de escritura frenética: “Casi no dormía. Cuando acabó me lo leyó de inmediato. Era terrible. Parecía que se le rompería el corazón”, recuerda su última esposa Sofía Tolstaia, nieta del inmenso autor de Guerra y paz. El poeta no sabía de dónde le venía el dolor de la existencia, cada día parecía vivir a la intemperie: “No sé de dónde viene este dolor/ O será el viento que silba/ sobre el campo vacío y desierto,/ o es el alcohol que espesa la cordura/ como el otoño la arboleda.”
Los recursos artísticos empleados en Hombre negro desarrollan la idea de dualidad entre el personaje y su doble, el hombre negro, el otro detrás del poeta. Es el tema del alma atribulada, de la personalidad escindida en dos, algo recurrente en la literatura rusa. El tema de la dualidad se expresa en el nivel mismo de la composición. Ante nosotros hay dos figuras, dos presencias –un alma pura y un hombre negro–, y el fluir del monólogo del héroe lírico en diálogo con el doble es una expresión poética del subconsciente. La correlación del habla monologada y dialogal se revela en la estructura rítmica y de entonación, y al final del poema la metáfora del espejo roto se lee como la alegoría de una vida arruinada. Se expresa ahí la melancolía penetrante por la juventud que se va, y la toma de conciencia de la propia insignificancia y la sensación de trivialidad de la vida misma. En un ensayo sobre Hombre negro, Alina Dadaieva, ensayista y estudiosa literaria residente en México, refiere que si Jacques Lacan hubiese conocido el poema de Esenin le habría confirmado su idea de que “el artista siempre rebasa al psicoanalista”.
“El destino póstumo de Esenin es de una extrañeza mágica –escribía a mediados del siglo pasado el cronista y poeta Gueorgui Ivanov en su libro Serguéi Esenin en sus versos y en la vida–. Pereció ya hace un cuarto de siglo, pero todo lo vinculado a él pareciera continuar viviendo, como si estuviera desconectado de la ley general de la muerte, el apaciguamiento, el olvido. Viven no sólo sus versos, sino todo lo 'eseniano', si es posible expresarse así. Todo lo que a él le inquietaba, le atormentaba o le alegraba, todo lo que lo tocaba de alguna manera, continúa respirando con la vida palpitante del día de hoy.” Estas palabras, parece, no pierden su vigencia en la Rusia actual. Formular una respuesta a la pregunta que continúa agitando a los compatriotas de Esenin un siglo después de su muerte, es imposible en pocas palabras. Pero aun así me atrevo a expresar la siguiente: Esenin es singularmente próximo a nuestra época brumosa, ya que su poesía es un espejo de las zozobras rusas actuales.
En los versos de Esenin se reflejan tanto la transparencia de la naturaleza, como la inestabilidad trágica, la amargura de la caída, el dolor del desgarro y la profundidad de la desesperación, todo lo que a lo largo de un siglo le ha sido propio. No por casualidad uno de los artículos críticos más profundos sobre la obra del poeta, perteneciente a su contemporánea, la escritora Zinaida Gippius, se llama: “Destino de lo Eseniano”. Tal vez, el secreto de la popularidad póstuma de Esenin radique en que detrás de él hay millones de destinos parecidos, semejantes, quizás no en lo relacionado a su biografía personal, sino a la experiencia interior y de vida expresada a través de su poesía: “Así fue y será la vida/ un constante desconcierto./ Ramas roídas de abedul/ en el jardín se desparraman”, escribió en un poema de 1923.
Esenin murió joven. El 28 de diciembre de 1925, cuando apenas contaba treinta años de edad, decidió quitarse la vida en un pequeño hotel de Leningrado. Es la versión más difundida y aceptada, una leyenda trágica y romántica a la vez, de la que muchos de sus lectores no se quieren desprender porque es algo que tiene que ver con la sustancia más genuina de su propia poesía. Amarró una soga al techo y la puso en su cuello. Hay quienes afirman que se cortó las venas y escribió con sangre su último poema. Luego se ahorcó. Eran versos de partida y despedida; como me escribió el poeta colombiano Robinson Quintero Ossa, “todo es adioses en Esenin”. “Hasta pronto, amigo mío, hasta pronto/ Querido mío, en mi pecho yo te llevo”, un poema de despedida de un amigo, de una amiga; se despedía del ser humano en general, no de alguien en particular; de todos aquellos (mujeres y hombres) que habían sido sus compañeros en el viaje de la vida, que habían padecido y gozado como él, con los ojos abiertos. Vino al mundo para arder al viento y disfrutarlo y padecerlo todo mientras durara.
La obra de este magnífico muchacho, a veces bellaco, a ratos tierno y solidario, a intervalos pendenciero, amado por las muchachas y repudiado por algunos de sus colegas que envidiaban los límpidos dones de su palabra, encarna siempre una profunda verdad de estar en el mundo. El poeta se fue temprano. No importa que sea a los treinta o a los cien años, siempre es temprano para los poetas. Siempre tendrían algo que agregar. Pero lo que escribieron es nuestro patrimonio, es lo que nos pertenece, con todos sus territorios de sueño, esperanza y olvido. Como lo expresó en un cuarteto de Hombre negro: “¡Ah cuánto quiero a los poetas!/ Son gente tan divertida./ En ellos siempre encuentro/ una historia conocida al corazón.” ●
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Notas:
1 Del Imaginismo, corriente poética a la que Esenin perteneció por un breve tiempo. El principal medio expresivo de los imaginistas era la metáfora, la alegoría.
2. Vissarion Belinski (1811-1848) considerado el crítico literario más importante del siglo XIX en Rusia. Fue el primero en apreciar la importancia de las obras de Gógol, Pushkin, Nekrásov, el primer Dostoievski y muchos otros.
https://www.jornada.com.mx/ndjsimg/images/jornada/jornadapdf/pdf/831825c8-65d2-4c42-af86-f6d2325bbdde/831825c8-65d2-4c42-af86-f6d2325bbdde_e58c210c-2102-4765-a188-9d2e962d1af7_pdf.pdf
sábado, 27 de diciembre de 2025
El mercado cambiario, los nuevos incentivos a la inversión extranjera y el Programa de Gobierno para la economía. El todo y las partes
Por Julio Carranza
Nadie podría negar que la economía cubana ha tenido importantes cambios durante los últimos 10 años. Hoy está caracterizada por una mayor diversidad en sus formas de propiedad y de gestión, tiene mayores niveles de descentralización, más apertura a la inversión extranjera, mayores espacios de mercado, etc. Sin embargo, los problemas más profundos que causan la actual crisis, más allá del duro e innegable impacto de la política de agresión, están aún lejos de haberse transformado en la medida y con la integralidad posible y necesaria.
Recientemente se ha establecido un nuevo intento de mercado monetario, con el propósito de poner bajo control y regulación del Banco Central las transacciones de monedas en el territorio nacional. Algunos de sus objetivos son desplazar la dinámica de los mercados paralelos, actuar sobre la inflación y captar una mayor cantidad de las divisas que por diferentes vías entran al país y que hasta el momento circulan básicamente por circuitos paralelos a una tasa de cambio reportada desde el exterior.
Esta última decisión ha dado lugar a la coexistencia de varias tasas de cambio oficiales, y al establecimiento de espacios de concurrencia diferenciados para los distintos actores económicos, incluyendo a los ciudadanos como individuos.
En realidad, lo nuevo respecto a la situación anterior es la incorporación de una tercera tasa oficial, su carácter flotante y la determinación de los actores que concurren a ella. El diferencial entre las actuales tasas oficiales es enorme: 24, 120 y 410 (esta última se supone bajo flotación permanente, respondiendo al movimiento de la oferta y la demanda y la regulación del Banco Central).
Su funcionamiento como lugar de transacciones tanto de venta como de compra de divisas está sin demostrarse en la práctica; esto último es fundamental porque, mientras así no suceda, los espacios a un mercado paralelo que paga mejor la divisa no se habrán cerrado.
En nuestra opinión, la gradualidad en el avance de estos procesos, hasta su necesaria convergencia en una tasa única económicamente fundamentada, es una necesidad, porque de lo contrario se generarían impactos muy fuertes y abruptos sobre amplios sectores de una población fatigada que recibiría aún mayores golpes inflacionarios.
Sin embargo, esa gradualidad no debe ser sinónimo ni de lentitud y mucho menos de parálisis, debería ser parte de una ruta clara y transparente en el manejo articulado de la política económica del país, incluida la política tributaria, la política social, etc.
Efectivamente, esta diversidad de tasas de cambio permite sostener un subsidio a las empresas del Estado y evita mayores impactos inflacionarios; una devaluación fuerte y abrupta del tipo de cambio empresarial volvería, como sucedió con el ordenamiento, a un nuevo incremento y mayor subida de los precios relativos.
Sin embargo, a pesar o quizás también como consecuencia, la gran mayoría de las empresas estatales continúan entre la irrentabilidad o niveles muy bajos de rentabilidad, lo cual, entre otras cosas, impide su mayor aporte a los ingresos y presupuestos del gobierno central y acentúa el actual déficit de oferta de bienes y servicios y con esto profundiza la recesión.
Esta alternativa para sostener los subsidios temporales y puntuales que requiere el sector empresarial a través de la aplicación de tasas de cambios diferenciadas, con un cambio sobrevaluado para estas, no es la única forma de hacerlo, tampoco necesariamente la más conveniente. Es algo que se debería discutir con mayor profundidad, pero los serios problemas del sector empresarial van más allá de los subsidios de que son objeto a través de la política cambiaria o de cualquier otra forma que se pudiera establecer.
El problema de la baja productividad y eficiencia de las empresas no es la consecuencia de un único factor económico; es el funcionamiento general del sistema empresarial el que es obsoleto y debe ser objeto de cambios profundos, incluidos los efectos de la actual planificación burocrática, la insuficiencia de los mercados, la real y efectiva autonomía empresarial, etc.
El establecimiento de un mercado monetario bajo control y respaldo del Estado es un factor necesario de la reforma económica que debe ser. Así lo han (hemos) venido reclamando una buena parte de los economistas más destacados del país. Sin embargo, esto no es efectivo de cualquier forma.
Las evidencias han demostrado hasta la saciedad cómo medidas fundamentales quedan anuladas o tienen efectos contrarios a sus objetivos preestablecidos cuando se violan factores como la integralidad de las transformaciones y la secuencia que estas deben llevar. Como hemos señalado, el ejemplo más notorio de estos errores, aunque no el único, ha sido el “ordenamiento” monetario largamente estudiado por el equipo de Gobierno al que se le asignó esa tarea y su implementación de golpe a principios del año 2021. Sus negativos resultados han estado y están presentes hasta hoy.
La diversidad de tasas de cambio ha sido empleada en diferentes países en condiciones que se han requerido, pero, dadas las distorsiones que esto crea, es imprescindible una gran capacidad por parte del Estado para conducir y controlar la complejidad de este proceso y un explícito plan de salida hacia una tasa única.
Otra medida importante y positiva, según fue declarado muy recientemente por el Gobierno en la última Feria de La Habana, ha sido el establecimiento de mayores incentivos y espacios a la inversión extranjera.
Un mayor flujo de recursos es vital para la recuperación de la economía. Sin embargo, están presentes y casi petrificados otros factores en el funcionamiento general de la economía interna que con frecuencia anulan los posibles efectos de los mayores incentivos a la inversión foránea. Claro que la falta de capacidad de pago del país es uno de ellos, pero no es el único ni el único importante.
En el caso de Cuba, medidas relevantes como las aquí tratadas —el establecimiento de un mercado monetario bajo control y respaldo del banco central y los mayores incentivos a la inversión extranjera— difícilmente tengan el impacto positivo y prolongado que se pretende si no están conectadas con un programa integral de reestructuración del modelo económico y también de la estrategia de desarrollo del país. Al día de hoy nada de eso está claro.
Sin el avance de estas transformaciones internas, tampoco sería posible aprovechar los nuevos espacios que se abren a nivel internacional como resultado de la clara emergencia de un mundo multipolar.
Las recientes medidas que aquí hemos comentado derivan del también recién presentado y discutido programa de gobierno para “corregir distorsiones y reimpulsar la economía”. Sin embargo, como hemos expresado y argumentado en otros textos, este está aún lejos de ser el programa necesario para la conducción certera y sistemática de las profundas transformaciones que con urgencia requiere la economía nacional.
Nada de esto está reñido con la necesidad de atender las prioridades, como es, por ejemplo, la gran crisis energética que sufre el país y que se ha acentuado notablemente. Es obvio que sin energía casi nada funciona y la economía no puede crecer. Hay también otras prioridades a las cuales nos hemos referido en otros textos, pero esto no puede ser un argumento para perder lo que debe ser la perspectiva estratégica de la transformación, sin eso no habrá nada perdurable ni salida posible de le crisis. A pesar de la gravedad de la situación, no se debe mantener una mentalidad de simple supervivencia.
No hay dudas de que la economía cubana está en condiciones muy recias, sometida a una política de agresión que se plantea abiertamente derrotar al actual gobierno y cambiar el sistema político al cual dio lugar un proceso revolucionario que se acerca a cumplir siete décadas de difícil existencia.
Pero su posible recuperación no depende únicamente del cese de esa política de hostilidad, cuya dinámica está fuera del alcance del Gobierno cubano. Depende también y en gran medida, como hemos argumentado en extenso en diferentes textos y espacios, de la rápida, bien diseñada, profunda e integral reestructuración de la economía nacional.
El tiempo apremia y aprieta. La economía continúa en caída libre. La contracción en este año 2025 que termina lleva el producto a un nivel muy por debajo del alcanzado hace ya 6 años. ¿Hay soluciones fáciles? Obviamente no, pero la inercia, la insistencia en una ruta claramente agotada, las medidas parciales e inconexas no deben ser una opción; las partes deben integrar de manera articulada y coherente el todo. Es la economía y es la política y es también la economía política. Sin esa perspectiva integral no hay avance posible.
jueves, 25 de diciembre de 2025
Muestra el MoMA la retrospectiva más amplia en EU de Wifredo Lam
Por Merry MacMasters
Existe una “paradoja” en torno a la figura del pintor surrealista cubano Wifredo Lam (1902-1982): aunque su nombre es “bien conocido”, al mismo tiempo “no se le conoce”, afirma su hijo Eskil Lam con motivo de la exposición When I don’t sleep, I dream (Cuando no duermo, sueño), organizada por el Museo de Arte Moderno (MoMA) en Nueva York.
Anunciada como la retrospectiva “más amplia dedicada al artista en Estados Unidos” y “la primera en mostrar su trayectoria completa”, comprende más de 130 obras entre pinturas, dibujos colaborativos, libros ilustrados, grabados, cerámicas y material de archivo, desde los años 20 hasta los 70. La jungla (1943), cuadro emblemático de Lam, forma parte del acervo del recinto.
“Es difícil describir a mi padre a alguien que no lo conoce”, puntualiza el responsable del legado de su progenitor en un documental del MoMA. “La historia del arte necesita cajones para clasificar a las personas, como artista latinoamericano o cubano. Para mí esa fue una de las razones por las que no se le ubica tanto como su obra en sí”.
La retrospectiva gira en torno a la idea de cómo Lam, un artista nacido en Cuba, que pasó la mayor parte de su vida en España, Francia e Italia, “llegó a encarnar la figura del artista trasnacional en el siglo XX”. De ascendencia china y africana, en cierto momento declaró que su arte era un “acto de descolonización”, en la medida que su afinidad por la poesía y las colaboraciones le permitieron trastocar y sobreponerse a las estructuras coloniales a las que se enfrentó en el arte y en la vida. Consciente de que “corría el riesgo de no ser entendido”, para Lam “una verdadera pintura tiene el poder de echar a andar la imaginación, aunque tome tiempo”.
El Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, en La Habana, fue tomado en cuenta en los preparativos de la exposición. “Uno de nuestros especialistas, José Manuel Noceda, experto en Lam, participó en las primeras jornadas de preparación de la muestra”, indica Lisset Alonso Compte, subdirectora artística del Centro.
Nacido en Sagua La Grande, a los 21 años Lam obtuvo una beca para continuar sus estudios en España para formarse como retratista. Inmerso en un ambiente de intelectuales de Europa y América Latina, Lam empezó a interesarse en el modernismo. “Eran tiempos difíciles”, acota Eskil Lam. El estallido de la guerra civil española removió su conciencia política. “Mi padre tenía fuertes sentimientos respecto a pelear en contra de un régimen opresivo: el fascismo. Era la primera vez que había experimentado la guerra y se unió a la batalla. Allí es donde conoció a un amigo de Pablo Picasso, quien lo animó a irse a París, para lo que le dio una carta de introducción”.
El artista cubista lo tomó bajo su tutela y le ayudó a encontrar su primera galería. “Picasso me presentó con André Breton. Luego, encontré que había tocado algo muy importante y me uní al movimiento surrealista”, señala Lam en el documental del MoMA. El estallido de la Segunda Guerra Mundial provocó una nueva diáspora. Justo antes de la llegada de las tropas alemanas a París, Lam pidió a un fotógrafo que fuera a su estudio y retratara toda su producción, luego la enrolló y se la llevó a Picasso para que la resguardara hasta después del conflicto bélico, “cosa que hizo”.
Lam logró llegar a Marsella. Allí encontró a una multitud de personas que intentaban salvarse, pero al mismo tiempo dibujaban como una manera de superar sus problemas mediante la creación. Ese espíritu y esta práctica permanecieron con Lam a lo largo de su carrera. Éste, además, era un momento relevante en lo estilístico, en la medida que sus dibujos cambiaron de forma radical para producir una hibridación de figuras mitad animal y mitad humano.
De vuelta a la isla
En esta nueva diáspora el artista no tuvo la suerte de ser admitido en Estados Unidos ni en México. Su país natal, en cambio, le dio la bienvenida tras una ausencia de casi 20 años. Instalado en La Habana, Lam reflexionó sobre su propia tradición y cultura, y cómo podría mezclarlas con la idea del modernismo. Su proyecto inmediato fue pintar La jungla.
“Esta pintura fue inspirada por la naturaleza; sin embargo, las sombras son casi mitad animal y mitad vegetal. Del lado izquierdo está una mujer terrible con tijeras. La utilicé para sugerir que la naturaleza producirá una mutación del deterioro pragmático y mecánico que no concordaban con mi país en ese momento”, señaló Lam.
La calidad de la luz y la intensidad de los colores de Cuba le impresionaron. La jungla parece iluminarse por dentro. Aunque parezca un lienzo, está realizado sobre papel kraft. La situación financiera de Lam no era buena, tampoco su acceso a los materiales. Para trabajar, Lam tuvo que adelgazar la pintura de óleo, aunque el papel estaba tan mojado que escurría sobre la superficie, algo que se observa en diferentes áreas del cuadro.
Lam pintaba de manera “intensa y concentrada” por medio de “explosiones de actividad”. En el día recibía visitas y por la noche se dedicaba a un estudio ininterrumpido.
En Cuba, Lam reinventó su práctica y creó un nuevo imaginario de símbolos visuales que constituye un paso adelante respecto a sus influencias e intereses en prácticas espirituales afrocaribeñas. Una imagen recurrente es la de un pájaro, en un principio un murciélago; no obstante, se convirtió en “símbolo de mis cosas. El pájaro que me ha animado, que soy yo mismo, que corre detrás de algo que intento encontrar”.
Wifredo Lam:When I don’t sleep, I dream se exhibe hasta el 11 de abril de 2026, en el Museo de Arte Moderno en Nueva York.