lunes, 29 de junio de 2026

Opiniones de dos economistas a partir de las 176 medidas

Reforma de la Economía. Hay que defenderla de la burocracia y de los neoestalinistas, que ya empiezan a sacar las uñas pintadas de ideologia falsa

 

Joaquin Benavides Rodríguez

 

Me leí dos veces las 176 Trasformaciones Económicas y Sociales agrupadas en los 23 ejes temáticos. Algun lector pudiera decir que en algunos aspectos, la redacción esta muy detallosa, pero si es para que todos lo entendamos bien y no para que algun burócrata limite su significado, se justifica el detalle. 

 

Puedo afirmar, sin que me quede nada por dentro, que lo que expresa este documento es lo que requiere la economía cubana en este momento historico. Introducción del mercado regulado por una planificación no burocrática, que todos los actores de la economia operen en condiciones de igualdad y que no quede un solo cubano o cubana desamparado. El Modelo Socialista cubano no puede dejar a nadie desamparado, sujeto a las reglas del mercado. El socialismo sin mercado fracasa, y sin solidaridad deja de ser socialismo.

 

Ya esta pintada la paloma. Ahora habrá que hacer que coma y que comience a volar.

 

Con todo respeto para la dirección del Partido, la tarea más inmediata le corresponde. Evaluacion a fondo de los cuadros de direccion del Primer Nivel del Gobierno que tendrán la responsabilidad de organizar y secuenciar los pasos para que comience a la mayor brevedad. Debe incluir la figura del Primer Ministro. Es la figura estatal en quien recaerá la responsabilidad de introducir ordenadamente y aplicar la Reforma con sus 178 Transformaciones económicas y sociales. No me corresponde evaluar sus posibilidades para conducir un cambio tan trascendente. Le corresponde al Partido y tengo confianza en que lo sabra hacer con inteligencia y justicia. Tambien se debería evaluar las condiciones de todo tipo, de los que se propongan a la Asamblea Nacional para ocupar las nuevas responsabilidades al frente de los Organismos Centrales del Estado. Adquirirá, en mi opinión, la maxima importancia evaluar a cada uno de los que deban ser propuestos para presidir los Gobiernos municipales en las nuevas condiciones. Cada uno de ellos será un elemento imprescindible para que la Reforma triunfe. Estarán sometidos a la vigilancia crítica de la población. Y no solo en los aspectos técnico/económicos de la Reforma. Si la basura continua acumulandose en las calles y nadie la recoge, aunque sea con carretillas o con carretones y mulos, la poblacion llegará a la conclusion correcta de que la Reforma no esta funcionando bien. Y la actuacion sobre el funcionario inepto, que no sea capaz de comprender las opiniones negativas de la población, debería ser indicativo de que la Reforma ha significado un cambio. 

 

Será muy importante que la población perciba enseguida que este no es un Plan de medidas más, como las decenas que se han aprobado en estos ultimos años y que no han pasado de su explicación por los ministros correspondientes en la Mesa Redonda, presidida por Randy Alonso, sin que nunca haya convocado a los mismos ministros para que explicaran por qué sus planes de medidas no funcionaron. Ahora no podría ocurrir igual. El Presidente ha asegurado, y yo creo en su palabra, de que va a haber control y exigencia de responsabilidades. Debería todo comenzar ya. No esperar que la Burocracia indique que ya se puede y que mientras tanto los inspectores en todo el País sigan poniendo multas, extorsionando y “cobrando el barato”.

 

Para los jovenes de hoy, y tambien para los no tan jovenes pero que nacieron después del triunfo de la Revolución, cuando ya se habia realizado la Reforma Agraria y se habian realizado las grandes nacionalizaciones, la Reforma Económica y la introduccion del Mercado regulado por la Planificacion, podrá significar, con toda seguridad, la Revolución de la cual podrán sentirse orgullosos en el futuro y contarles a sus hijos, como cambió al País, lo hizo invulnerable economicamente, y creó las condiciones para un verdadero Socialismo, con innovación, sin explotación del hombre por el hombre, pero también sin pobreza ni necesidades insuperables para el Desarrollo. Podran construir un Verdadero Socialismo, utilizando las posibilidades que brinda el mercado, que tambien puede ser socialista.

28/06/26


Mírese a tiempo la mayor tormenta que se avecina y asegúrese el rumbo

Julio Carranza

En la actual reforma económica que, aunque tardía y aún difusa es sin dudas necesaria, como lo hemos argumentado por años, hay una cantidad importante de riesgos y amenazas diversas que deberían ser analizadas y enfrentadas inmediatamente, sin ambigüedades ni explicaciones superfluas; de lo contrario se podría acelerar el rumbo del país a un destino no deseado y probablemente terrible. Estamos frente a una tormenta enorme y muy peligrosa.

No pretendo ahora ir al detalle de todos esos riesgos y amenazas, eso lo haremos en otro próximo texto en preparación, pero sí pretendo referir aquí de manera más general pero clara y rápida este recio desafío. Por supuesto, vale aclararlo, que estoy lejos de hablar como quien se cree poseer toda la verdad; muy lejos de eso, solo pretendo, como siempre, aportar desde la honestidad y el estudio.

En primer lugar, es importante tener en cuenta que la actual situación en Cuba tiene de un lado urgencias impostergables que deben enfrentarse con un plan de emergencia preciso, claramente identificable y discutido activamente con la población, con los dirigentes en las calles, pase lo que pase.

Las condiciones actuales de vida están al límite y eso se debe asumir con claridad y valentía política. Ya sabemos que la pretensión de la agresión externa es esa precisamente y en cierta medida lo van logrando; no se puede ser ciego ante esa realidad: agotar a una población fatigada que se mueve entre agresiones externas y errores e insuficiencias internas de todo tipo que se han dejado correr por mucho tiempo. 

Esto condiciona hasta la manera de pensar de mucha gente que no encuentra respuesta a sus principales angustias. No basta explicar aún con claridad sus causas, sino encontrar soluciones efectivas y creíbles, contra el viento y la marea; no hay otras opciones. Acaso no estamos viendo cómo avanza la ultra derecha en muchos casos fascista en todas partes; desde EEUU y América Latina hasta en muchos países de Europa, la gente votando a favor de sus victimarios, literalmente, por la influencia y la intervención imperial, sí, pero también por los tremendos errores de la izquierda, entre ellos la corrupción. En Cuba podría no ser diferente. Ante ese peligro estamos. Hasta corrientes anexionistas se han revivido. La miseria suele ser muy mala consejera cuando un pueblo reclama su bienestar. Allá lo saben bien, aquí deberíamos saberlo también.

Apagones extensos, de muchas horas que, además de hacer insoportable el verano y no dejar dormir como se debe, impiden conservar los pocos alimentos que se consiguen. Relacionado con lo anterior, los serios problemas en la distribución de agua, con sus inevitables impactos en la higiene doméstica y personal; una creciente acumulación de desechos sólidos, extrema en Ciudad de La Habana, y aguas albañales que, además de afectar seriamente las condiciones del entorno, son una amenaza latente para el estallido de epidemias y otras enfermedades. La falta de medicamentos esenciales y servicios hospitalarios, la desaparición de la vialidad pública, los ingresos que no alcanzan, los bancos que no funcionan, la indisciplina social y la aparición cada vez más preocupante de manifestaciones delictivas, algunas de ellas violentas, el cierre o afectación de actividades educacionales, la economía estancada y otras. El empobrecimiento de una parte amplia de la población, mucha de ella en la tercera edad y en un contexto de incremento de la desigualdades, ese tipo de evidencia se puede apreciar con sólo caminar la ciudad a cualquier hora del día.

Esta situación exige un tratamiento específico, concreto, urgente y efectivo. Para ello hacen falta, entre otros factores, recursos externos. De ahí que el problema de la deuda externa también debe asumirse como una prioridad en ese plan, para destrabar en alguna medida el flujo de créditos e inversiones desde donde se pueda. Pagar con activos es la alternativa más factible y se debe mover rápido con los cuidados del caso, obviamente.

Estás de arriba son las prioridades, las urgencias indispensables que requieren lucidez, conducción política certera e inmediata, más aún en un contexto de mayores desigualdades sociales que van haciendo su labor de zapa. Además de que no faltan los que han renunciado a toda alternativa de soberanía y manipulan a la opinión pública para conducirla a lo que han considerado ellos la salida más conveniente: esto es una política dócil y de fractura frente a las presiones actuales de EEUU.

Es preciso entender que el ciudadano común no está en las grandes parábolas o en la comprensión total de las causas profundas y ocultas de la situación que los afecta. Además de estar bajo el impacto de todo lo que circula en las redes, el ciudadano común está en la demanda concreta de ver una solución a sus problemas y es muy lógico que así sea. De manera coloquial alguien dijo: “Amor con hambre no dura”. Y así es; hay que comprenderlo como una realidad. Un pueblo hambreado y fatigado podría ser conducido a cualquier parte por los oportunistas que suelen aparecer en encrucijadas como esta. Así están jugando desde allá y hay los que le hacen el juego desde acá. No hay que perder de vista que la correlación de fuerzas los favorece y que el país no tiene las alianzas internacionales suficientes a las cuales apelar: se está solo frente a un destino incierto.

Ahora bien, además de esas urgencias, está la necesidad de transformar de manera profunda e integral un sistema económico que hace años está obsoleto, no funciona. Esa es otra dimensión del problema que, aunque claramente conectada con la anterior, precisa un abordaje diferenciado en diseño y tiempo. Confundir los dos planos sería un error de consecuencias muy negativas. En las 176 medidas propuestas esas distinciones y secuencias no quedan claras.

La posibilidad de volver a cometer un error de secuencia o de identificación difusa de prioridades está a la vista y podría ser definitivo. De otra parte está la diversidad de actores; por un lado los que ya mencioné arriba, que con un discurso a veces aparentemente coherente y fundamentado y otras veces burdo y agresivo alimentan en la práctica, quiéranlo o no, las pretensiones de dominación sobre este país. Y por otro lado otros, muchos dentro del país, que pretenden sacar ventaja de la actual reforma y enriquecer de manera espuria a personas o grupos, como ya vimos que sucedió en Europa del Este. No se trata de tener prejuicios con el sector privado y cooperativo, actores imprescindibles de la economía junto al sector público; se trata de definir reglas claras, estables, con todas las garantías legales  necesarias aseguradas, y construir mercados transparentes y regulados que impidan los privilegios y las influencias perversas. 

Acumulación e inversiones en base a la eficiencia y la competitividad, sí; justicia social y trabajadores empoderados para defender sus legítimos derechos, también. Es necesario reconstruir la credibilidad en todos los sectores sociales, muy afectada en los últimos años.

Hay que crecer, sin dudas, y crear todas las condiciones para ello, sin dogmas ni parálisis, con certezas y garantías. Pero a la vez que se crece se reparte, no con igualitarismo, obviamente, pero si con justicia social. No se puede confundir la economía con la repostería, donde para comerse el pastel primero hay que hacerlo. En economía se puede crecer y repartir a la vez. Pero de que hay que crecer, hay que crecer; y de que habrá desigualdades, las habrá. Pero que no nazcan del privilegio sino del mérito, del trabajo y la capacidad de cada cual. Lo que no debe faltar es la justicia social y las oportunidades para todos, además de la asistencia específica al que justificadamente la necesite. Ese no es un concepto abstracto, es muy concreto.

De ese tamaño es el desafío y no basta el anuncio de una más que necesaria reforma económica para solucionarlo a tiempo: es preciso ir más allá. Tomemos todos conciencia de esto y pongamos a toda Cuba primero.

28 de junio 2026

Un puente sobre el río revuelto

 Humberto Fuentes Rodríguez

Resulta imposible no sentir un nudo en el estómago cuando las palabras de la Asamblea Nacional chocan con el eco deformado que rebota en Matanzas en nuestras reuniones municipales y provinciales. 

Las nuevas medidas de apertura económica aterrizaron en Matanzas con la claridad de un parteaguas histórico, pero, a solo días de su publicación, el verdadero termómetro no está en el hemiciclo habanero, sino en las reuniones de trabajo donde algunos funcionarios desnudan, sin querer, una mentalidad que amenaza con sabotear semejante nicho de oportunidades.

Si uno se sienta en silencio en cualquier reunión de estos días, la escucha es un ejercicio revelador. Abundan las intervenciones encendidas que, en lugar de respirar el espíritu de complementariedad que exige el momento, sueltan frases como “las mipymes nos están cogiendo la delantera y eso no puede suceder”, cuyo tono no es de admiración por el dinamismo ajeno, sino de alerta roja, como si el éxito del privado fuera una afrenta al deber estatal. 

Es la confesión de que el reloj interno de muchos cuadros sigue marcando la hora de la competencia, no la de la alianza.Esa sensación se agrava cuando otro directivo, con el ceño fruncido, remata: “tenemos que ponernos las pilas antes de que el sector privado nos pase por arriba”. 

La metáfora del atropello revela un inconsciente colectivo anclado en la desconfianza, lo cual duele, y mucho, porque Matanzas posee talento y voluntad para entender el desarrollo como un ecosistema, no como un ring de boxeo.

Lo curioso es que en esos mismos salones existen, contadas pero firmes excepciones luminosas. Algunos funcionarios, con una lucidez que merece aplauso, han alzado su voz para recordar que las medidas exigen abrir la mente a la generación de alianzas concretas con el sector privado, eliminar trabas innecesarias y ver en el empresariado cubano a un socio natural para resolver dificultades territoriales.

El problema de fondo no es ideológico. Sucede que durante décadas se construyó un andamiaje administrativo donde el funcionario se percibía a sí mismo como guardián de lo público frente a lo privado. Hoy el país pide justo lo contrario: un Estado facilitador que articule, que convoque, que comparta proyectos. Pero pedirle a quien fue formado para controlar que ahora se siente a diseñar junto al “controlado” requiere un deshielo cultural que debe partir desde la base.

La consecuencia más palpable y dolorosa de esta miopía es la ausencia sistemática del empresariado en los espacios de decisión local. Pese a contadas y positivas excepciones, las reuniones donde se esboza el futuro económico de la provincia transcurren sin que una sola mipyme, un proyecto de desarrollo local o un cooperativista estén sentados a la mesa. 

Así, las propuestas que podrían oxigenar barrios, reactivar cadenas de valor o retener talento joven se pierden en el limbo, no por inviables, sino porque no llegan a ser escuchadas a ese nivel.

Hay que decirlo con toda claridad: los actores económicos no estatales no vienen a pasarle por arriba a nadie. Su crecimiento no es un marcador deportivo que reste puntos al sector estatal. En la lógica sensata del desarrollo, una pequeña empresa que florece arrastra consigo a proveedores, estimula la banca, demanda servicios, dignifica el espacio público y quita presión a un presupuesto estatal exangüe. Quien se empeña en verlo como una amenaza es porque sigue atrapado en un paradigma de suma cero que la realidad ya se encargará de desmontar.

26 de junio de 2026 / Periódico Girón, Matanzas

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El llamado urgente de este periodista es a un sinceramiento colectivo. No alcanza con que un par de directivos provinciales y municipales intenten tender puentes, si el resto de la estructura sigue operando con desconfianza. 

Hace falta que en cada espacio se institucionalice la presencia de los empresarios privados, que sus voces no sean decorativas sino vinculantes, y que las reuniones dejen de parecer discusiones y recelos entre dos bandos que, en la vida real, reman en el mismo barco.

Termino con una imagen que ojalá cale hondo: imaginemos los puentes de Matanzas, cuya fortaleza no está en un solo lado de la ribera, sino en el abrazo de las dos orillas. Si seguimos empeñados en ver al sector privado como la otra orilla que amenaza con “pasarnos por arriba”, nunca cruzaremos el puente. 

Escuchemos a los empresarios privados matanceros y convirtamos la Atenas de Cuba en el laboratorio de alianzas que el país tanto necesita. El tiempo de las trincheras se acabó; o construimos puentes, o nos ahogaremos en el mismo río revuelto. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)

https://giron.cu/2026/06/26/en-matanzas-1-puente-sobre-el-rio-revuelto/

domingo, 28 de junio de 2026

Humberto Pérez. Adiós a un hermano

Julio Carranza

Acabo de recibir la muy triste noticia del fallecimiento de Humberto Pérez, gran economista, una personalidad muy influyente, gran revolucionario y para mí un hermano a quien agradezco mucho. Interminables fueron los diálogos que compartimos, los trabajos sobre la economía del país que revisamos juntos, los consejos y la información que recibí de él. Hace muy poco tuve que hacer una intervención sobre el 50 aniversario de la constitución del 76 y el me ayudó mucho, aún cuando ya estaba bastante delicado de salud. Cuándo escribimos el libro del 95, se leyó todo con muchísimo rigor y nos hizo sugerencias muy valiosas.

Hace apenas unos cinco años escribimos juntos (5 economistas), una renovada propuesta de reforma económica y se la hicimos llegar al gobierno. Nunca recibimos respuesta, ni oportunidad de discutirla.

Bajo Humberto estuvo la dirección de la economía de Cuba durante más de una década (75 al 86); fue el periodo de mayor orden, estabilidad y crecimiento, más allá de algunos errores que se puedan señalar y que él mismo analizó muchas veces en su justa medida.

A Humberto se le debe en gran parte la reorganización que se realizó en el país en los años posteriores a la zafra de los Diez Millones; contribuyó notablemente al texto del Informe al Primer Congreso del Partido en 1975 y a la Constitución de 1976, a la nueva división político administrativa, al diseño y construcción de los órganos del poder popular y, por supuesto, al nuevo sistema de dirección y planificación de la economía que condujo desde su posición de Ministro Presidente de la Junta Central de Planificación, JUCEPLAN.

La lucha revolucionaria de Humberto comenzó desde su tierra natal, Cabaiguán; allí se incorporó al movimiento 26 de julio y después del triunfo de la revolución tuvo un papel importante en el nuevo gobierno revolucionario establecido en la provincia de Las Villas.

Se formó como economista y llegó a ser de los más importantes del país, con contribuciones enormes; escribió un libro de texto que seguramente todo estudiante de economía recuerda. 

Estuvo involucrados en diferentes polémicas desde finales de los 60s hasta el final de su vida. Siempre las condujo con grandeza, lucidez  y honestidad, aún en la época en que era miembro del Buró Político.

Tuve la oportunidad de propiciar varios encuentros muy fecundos y llenos de enseñanzas entre él y los que en otra época lejana ya polemizaron con él --unos sabios también, hermanos mayores míos y que creo en aquella época llevaban gran parte de la razón, juntos revisamos aquellos tiempos--. Humberto lo hizo con una modestia y una sabiduría enormes, además con afecto de compañeros y amigos, también con simpatía; aportó sus puntos de vista de antes y de ahora y mucha información útil, no pública. Fueron horas de un diálogo extraordinario del cual yo, más joven, aprendí muchísimo, cosas que no están en los libros, pero sí en la historia. Algún día escribiré más sobre eso.

Creo que no se le ha dado aún el reconocimiento que merece; cosa de la cual era consciente pero aceptaba con sabiduría y grandeza. Hace poco una periodista le negó una entrevista porque decía no tener tiempo ni saber bien quién era el!. Sorprendente, porque el que no sepa quién era Humberto Pérez no puede saber mucho de lo que ha sido la historia de la revolución cubana durante estos 67 años. Él solo quería dejar su testimonio, porque sabía que era importante y sabía que el tiempo se le acababa.

El Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, donde laboro actualmente, le hizo el último homenaje más que merecido. Esto fue en diciembre de 2025. Debajo una foto de cuando se lo entregamos en su casa porque su salud ya no le permitía llegar a la ceremonia. Lo recibió con mucho orgullo y agradecimiento; lo colgó sobre su cama, la misma donde hoy falleció.

Además, Humberto fue un excelente padre; eso me consta porque lo vi muchas veces con Humbertico, con Gladita y con su hijo menor, Camilito. Gladita lo cuido hasta el último aliento. 

También fue un amigo fiel y solidario. Nunca traicionó sus ideas ni su historia. ¡Eso hoy vale mucho!

Todos sus amigos estamos hoy bajo el tremendo impacto de esta noticia. Cuba pierde a uno de sus hijos más prominentes.

Deja una amplia obra escrita y un ejemplo de vida que habrá de apreciarse más con el tiempo.

Gloria y memoria para Humberto Pérez González!

27 de junio 2026

sábado, 27 de junio de 2026

Humberto Pérez 🇨🇺

Estimado Silvio:
Triste noticia: falleció Humberto Pérez
Un abrazo
Julio Carranza

S: Se ha perdido un muy valioso compañero
Murió Humberto Pérez. EPD
Oscar Carreño

Muy triste. Lamentable e irreparable pérdida. Vayan mis condolencias a familiares, amigos y colegas.
Carlos Alzugaray

Una inconmensurable pérdida para nuestro país y el sector económico.  Mis condolencias a sus hijos y familia.
Humberto Herrera Carles

Me sumo a las condolencias por la muerte de Humberto, un compañero que dejó su huella en el estudio de la economía política en Cuba y en el análisis de la construcción del Socialismo hasta sus últimos días.
Nuestro pésame a familiares y amigos
José Luis Rodríguez

Queridos compañeros y amigos:
Muy triste noticia. Se nos va un extraordinario compañero y amigo, inteligente y revolucionario, economista, marxista y leninista.
Las futuras generaciones de economístas podrán juzgar con objetividad su invaluable contribución en la década de los años 70 a la muy peligrosa crisis institucional y política que el País tuvo que enfrentar y él fue el arquitecto de las soluciones. Aunque solo sea por eso, la Revolución cubana tendrá que recordarlo, por su enorme contribución a la instituciónalización del País, que incluye la del Partido. La historia sabrá juzgar sus innegables aportes.
Mis condolencias a sus hijos y nieto.
Joaquín Benavides

¿Se acabó el socialismo en Cuba?

 Michel E. Torres Corona

La rauda aprobación en Cuba de 176 medidas que transforman radicalmente el modelo económico del país ha sido recibida con beneplácito por muchos que hace años abogaban por una reforma (a veces así, en abstracto) pero también ha causado en otros polémica, incomprensión, estupor y —¿cómo negarlo?— decepción. 

El iter de aprobación, de insólita celeridad, transcurrió de la siguiente forma: el viernes 12 de junio amanecimos con una comparecencia inesperada ante la prensa nacional del presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, donde anunciaba medidas, cambios, que todos (tirios y troyanos por igual) intuimos serían de mayor liberalización pero nadie —salvo los muy involucrados en el proceso— imaginaría su extensión y profundidad; menos de una semana después se reunía el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), el miércoles 17 de junio, y se le daba el espaldarazo político-partidista a las “transformaciones”, se televisaban algunas alocuciones de miembros del Comité Central (incluido un discurso de Díaz-Canel, también Primer Secretario del PCC) pero no se publicaría textualmente ninguna medida.

El último golpe de legitimidad formal sería una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), el máximo órgano del Estado según la Constitución vigente en tanto representa al pueblo en su conjunto. Manuel Marrero, primer ministro y jefe del gobierno cubano, leyó y explicó a los diputados congregados, una tras otra, las 176 medidas, con participación de buena parte por videoconferencia y la transmisión en vivo por la televisión, la radio y las redes digitales. 

Y en una tarde de trabajo —con la lectura y muestra, previa al debate, de una carta de apoyo a las medidas, firmada por el General de Ejército Raúl Castro— se votó a favor (y por unanimidad) del “giro copernicano” de la política económica de Cuba. 

El discurso oficial ha sido el de afirmar que estas medidas no se toman por presión de Estados Unidos (o a causa del cerco asfixiante que ha recrudecido la administración del emperador de turno, Mr. Donald Trump) sino que son fruto de una decisión a la que teníamos que llegar de cualquier manera. Se citó —a modo de consigna, sin la debida contextualización o el necesario análisis crítico— la frase de Fidel: “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”; y también se esgrimió al Martí que dijera: “En lo común de la naturaleza humana se necesita ser próspero para ser bueno”.

También se ha desempolvado al Lenin de la NEP, quien condujera un proceso reformista, de apertura al mercado, en la Rusia bolchevique. 

La frase literal de Martí es la siguiente: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.” Personas más sabias que yo ya se han referido a la descontextualización de ese fragmento del ideario martiano.

Marlene Vázquez, por ejemplo, habla de un “(…) reduccionismo pragmático que poco o nada tiene que ver con el altruismo martiano”. Y agrega: “A Martí no le interesaba ser próspero en primera instancia. Entendía que el ser humano tenía necesidades materiales que debía satisfacer, como es natural, pero sus fines y objetivos no eran los de un hombre común, estaba por encima de lo material y de su austeridad y honradez han dado fe muchos de sus contemporáneos”.

Luis Toledo Sande, por su parte, aclara que Martí: “(…) no confundía estrechamente prosperidad con riqueza material. (…) Pudo haberse hecho millonario, y echó de veras su suerte con los pobres de la tierra: fue uno de ellos, y así vivió, incluso —porque fue ejemplo de honradez— cuando manejaba los fondos recaudados para organizar la guerra con que emancipar a su patria.”

En cuanto a la frase de Fidel, hace muchos años Iroel Sánchez nos alertó que se citaba “(…) para abogar por la generalización del «libre mercado», la retirada del Estado de la mayor parte de la economía y la eliminación de cualquier regulación a la concentración de la propiedad”.

Iroel nos llamaba a situar el “momento histórico” en que se dijo tal expresión: Fidel expuso su Concepto de Revolución el 1ro de mayo del año 2000, en los inicios de lo que él mismo denominó “Batalla de ideas”, un proceso que, en palabras de Fernando Martínez Heredia, constituyó una “ofensiva” que “pretendió frenar desigualdades y reforzar al socialismo”.

Ni es prudente utilizar a Martí para apuntalar una retórica pragmática, ni es atinado escudarse en Fidel para maquillar de victoria un retroceso, máxime cuando él fue el primer crítico de los “repliegues tácticos” que, como Lenin, tienen que asumir los revolucionarios para la supervivencia del proceso histórico que defienden como causa vital. 

Ahí están los discursos de ambos líderes y su honesta confesión de que las medidas eran “males necesarios” ante determinadas coyunturas, tanto la NEP como la reforma de los 90 en Cuba. No obstante, Lenin revisaría una y otra vez la aplicación de esa reforma, llegando a atacar duramente a los nuevos ricos, los nepmen; y Fidel comenzaría el siglo XXI diciendo que solo nosotros podríamos destruir la Revolución, el socialismo.

En el famoso discurso del Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, Fidel también diría: “Soñó el imperio que en Cuba se establecieran muchas más paladares, pues puede ser que no quede ninguna; o qué creen, ¿que nos hemos vuelto neoliberales? Ninguno de nosotros se ha vuelto neoliberal; pero les vamos a demostrar irrefutablemente las crisis de sus teorías, como les hemos demostrado el fracaso de su bloqueo, de sus agresiones, de sus desestabilizaciones”.

Entre las 176 medidas destacan algunas que, por su contenido, difícilmente puedan fortalecer la transición socialista en Cuba. Hablamos, por ejemplo, de la banca privada, una puerta abierta a que los capitalistas instrumentalicen su poder en Cuba con una de sus más eficaces herramientas. ¿Es que elegimos olvidar al Lenin del imperialismo como fusión del capital industrial y bancario? O ese derecho de superficie que se puede extender hasta los ¡99 años!, lo cual implicaría, de facto, entregar una parte de la tierra cubana más allá de la vida de toda una generación. 

¿Dónde han servido los bancos privados al bienestar popular o al desarrollo de una nación? ¿Puede el Banco Central de Cuba controlar y regular el nacimiento y desarrollo de ese peculiar sector? ¿Qué barreras jurídicas podrán implementarse para impedir que el capital financiero internacional dicte el pulso de la Isla o para que la tierra de este país no se enajene del todo?

La medida que se anunció referida a la conversión de todas las empresas estatales socialistas en sociedades por acciones también resulta preocupante. ¿Quién decidirá qué acciones se venden? ¿Qué empresas, en definitiva, continuarán siendo públicas? Porque no estamos hablando de una abstracción: si el Estado no es dueño del tejido empresarial que, por letra de la Constitución, es el principal sujeto de la economía cubana… ¿no estamos aceptando al “Estado mínimo” al que tanto adversamos durante décadas? ¿Qué poder real tendrá el Estado sobre los destinos de la nación?

Hay decisiones que, ciertamente, había que tomar. La descentralización y la erosión del burocratismo eran imprescindibles, pero… ¿estamos borrando el poder de la burocracia centralizada en favor de una socialización de las potestades políticas, en favor de la acción comunitaria? ¿O simplemente estamos entregando estructuras reales del poder sobre la vida de la sociedad cubana a aquellos que más recursos financieros tengan? 

Estas interrogantes y dudas no son resultado de la suspicacia mezquina que pudiésemos atribuirle en épocas anteriores a los enemigos de la Revolución. En un país donde se discutió en cada barrio y centro laboral el proyecto de Constitución de 2019, donde se sometió a consulta y a referendo el Código de las Familias, estas 176 medidas se han aprobado sin debate popular y sin posibilidad de que los ciudadanos (ni siquiera los militantes del Partido) pudieran señalar inconveniencias o recomendar cambios. 

Se habla de la variante tiempo y de la urgencia de esta época pero es cuando menos ingenuo pensar que será legítimo un proceso de transformación en Cuba que no cuente con el pueblo… y para eso sí se podría citar en extenso, en primer lugar, a Fidel. 

La racionalidad crítica y revolucionaria, verdaderamente democrática, ha colisionado con el logos tecnocrático: unos pocos “especialistas” han decidido qué es mejor para el pueblo sin contar con él. Falsas premisas que antes eran patrimonio exclusivo de la contrarrevolución, como la tesis cretina del “bloqueo interno”, hoy se validan públicamente con la retórica que convierte la preocupación por la desigualdad y la injusticia en valladares para el progreso. Sí, el bloqueo estadounidense existe, pero ha sido decisión del sistema político cubano no reformarse para avanzar: eso se ha dicho por representantes del gobierno y del Estado. Eso se ha aplaudido.

Y es precisamente el bloqueo una variable que, con motivo de la triunfante reforma, pareciera soslayarse. ¿El gobierno estadounidense liberará de su persecución financiera a los bancos privados que negocien con Cuba o se domicilien en ella? ¿Lo ha hecho antes? En una situación de crisis internacional —como señala la economista uruguaya Gabriela Cultelli—, ¿serán eficaces las medidas para dar facilidades y mayor flexibilidad a todo tipo de inversión extranjera? ¿Valdrá la pena todo lo sacrificado en la práctica?

No hablamos aquí de un problema de fundamentalismo contra el mercado, lo cual es un lugar común en el discurso reformista. Nadie niega que, en un mundo donde priman las relaciones monetario-mercantiles, es imposible que Cuba se convierta en un “oasis comunista”.

El mercado existe y es una poderosa fuerza dentro y fuera del ámbito social y nacional, pero es una fuerza que la Revolución —alargando la paráfrasis a Fidel— debe desafiar; el mercado, como afirmara un teórico que difícilmente pueda considerarse estalinista, llamado León Trotsky, debe ser “disciplinado”.

De la letra de las medidas aprobadas pudiera colegirse que esa voluntad de ejercicio del poder existe pero la historia de los últimos quince años ha sido la de un Estado que ha contemplado impotente la depauperación paulatina de sus propias instituciones y de su capacidad de incidir sobre la economía, con el impacto en el bienestar popular que eso conlleva (y ha conllevado). 

El socialismo no es un modo de producción, es un estadio histórico de transición, una etapa en la que todavía no ha muerto el antiguo régimen capitalista (hoy bien lejos del cementerio, por cierto) pero tampoco acaba de nacer un modo de producción o una formación económico-social cuya naturaleza sea radicalmente distinta; implica la voluntad de dejar atrás el capitalismo y avanzar hacia un horizonte donde desaparezcan la explotación del hombre por el hombre, el fetichismo del dinero, las autoridades políticas y toda forma de jerarquía que no proceda del consenso social. En una palabra: comunismo. No se construye el socialismo: transitamos por él hacia su negación. 

En ese devenir, son lógicos los retrocesos, los errores, las incoherencias. Pero ni se puede vender como avance un retroceso, ni disfrazar de fatalidad un error; ni se puede enarbolar como bandera la incoherencia y ponderar como victoria lo que ayer se consideraba derrota. Y sí, los comunistas hemos sufrido una derrota en Cuba: han ganado los reformistas este asalto, han infiltrado el espacio físico del Estado y, lo que es mucho peor, la mente de los que en él ejercen su autoridad como representantes del pueblo o como funcionarios. 

Pero eso también es consustancial al socialismo, siempre que sepamos llamar a las cosas por su nombre y siempre que el Partido, esa vanguardia ideológica que no se limita a sus máximos dirigentes, sepa conducirnos más allá de las concesiones que, como sociedad, hemos hecho.

En reciente entrevista con el periodista Roberto Cavada, Miguel Díaz-Canel expresó que el país asumía cambios pero siempre en aras de preservar el socialismo, o lo que comúnmente se entiende por Revolución, dígase sus conquistas. Habló de la salud y la educación como “cosas sagradas”, que permanecerían “universales y gratuitas”; así como de seguir apoyando el acceso masivo a la cultura y el deporte. Afirmó que la reducción del aparato estatal redundaría en la disminución del gasto público y en la posibilidad de financiar otras prioridades. 

Díaz-Canel se refirió también a la creación de un solo sistema empresarial, un ecosistema donde todos los actores económicos actúen en “similares condiciones”, como indica la Constitución. Y repitió algo sobre lo que se ha hecho hincapié en la esfera pública cubana, tanto por autoridades gubernamentales como por entusiastas “civiles” de la reforma: la riqueza que se cree se redistribuirá. 

El espíritu que traslucen estas declaraciones no levanta sospechas. Al contrario, tranquiliza y reconforta. Pero la experiencia histórica, la práctica como criterio de la verdad, orbitan alrededor y alebrestan a aquellos que nos debatimos entre la disciplina militante y la rebeldía.

¿Puede el Estado cubano romper con la tendencia de los últimos años y proteger a los “vulnerables” en medio de la espiral inflacionaria que no frenará y en todo caso pudiera acelerar incluso la implementación de la reforma? ¿Puede el gobierno revertir los enormes índices de evasión fiscal que se han producido en los últimos años para que esa “riqueza de pocos” pueda socializarse? ¿Puede operar en Cuba el milagro, a contrapelo de la realidad internacional, de que los nuevos ricos no busquen (y logren) corromper a los funcionarios que deben fiscalizarlos? ¿No buscarán, ahora que se logró la reforma económica, una reforma política que los beneficie todavía más?

De cualquier manera, el camino que ha comenzado en este caluroso verano parece irreversible. El consenso político, incluso a niveles populares, no respaldaría una “contrarreforma”.

No obstante, estas transformaciones no aliviarán a corto plazo las difíciles condiciones en las que hoy sobrevive la mayoría del pueblo cubano, con prolongadísimos apagones y escasez de alimentos, y eso implica que la Revolución y el socialismo enfrentan un peligro mayor que la reforma misma: un estallido social que justifique una intervención militar estadounidense. El peligro de invasión, aun con una mejora que comience a operar a mediano o largo plazo, no disminuye.

Esa triste tranquilidad nos acompaña, por otra parte: no ha habido “pacto de élites”, no ha habido traición. La respuesta del gobierno imperialista ha sido tildar de “señales de humo” a las 176 medidas y continuar aprobando sanciones contra empresas e individuos que asocian con la “dictadura”. Ellos (los Rubio y los Trump) tampoco se conforman con reformas económicas, quieren cambios políticos; quieren humillar a sus adversarios, demostrar sin lugar a dudas su supremacía, nuestro vasallaje.

En tanto no lo logren, seguirá el bloqueo y seguirá latente la amenaza de agresión militar y, por curiosa dialéctica de la política, seguirá vivo el “fantasma del comunismo” en Cuba, la posibilidad del socialismo, la posibilidad de un modelo alternativo distinto a “lo normal”, a lo que “todo el mundo hace”. Por eso, y a pesar de las muy difíciles circunstancias, esta historia no ha terminado.

¿Se acabó el socialismo en Cuba? Pues no. Quedan muchos comunistas, en la institucionalidad o en sus márgenes, dispuestos a superar esta desafiante coyuntura en la que nos enfrentamos, de conjunto, a la agresividad de nuestros enemigos y a ese “sentido común”, según Gramsci, que niega utopías y sueños de justicia.

Y si en definitiva el rumbo está y estará signado por las 176 polémicas medidas, lo desandaremos con el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón —como también dijera el teórico italiano— para ir ganando espacios de discusión, para hacer de la descentralización un proceso de participación y control popular, para limitar los flagelos del auge liberal, para hacer del ejercicio del poder un hecho democrático que refuerce la soberanía del pueblo y la justicia social por la que tanto hemos sacrificado, a lo largo de décadas, varias generaciones.

El socialismo es conflicto y disputa de sentidos. Lo ha sido siempre y en especial para nosotros desde el triunfo revolucionario. ¿Quién puede negar que hoy está más vivo que nunca? Fácil no será… pero será.

https://www.almaplus.tv/articulos/45629/-se-acab%C3%B3-el-socialismo-en-cuba

jueves, 25 de junio de 2026

Víctimas por sismos en Venezuela suben a 235 muertos, 4 mil 500 heridos y 157 personas desaparecidas

 Afp y Ángel González

Caracas. Los dos terremotos del este miércoles dejaron un panorama desolador y pusieron a prueba no solo las capacidades del Estado para responder ante emergencias de gran magnitud, sino también la energía colectiva que se precipita ante la contingencia para luchar por la vida frente a la realidad más extrema. Más de 250 edificaciones colapsaron total o parcialmente, según el reporte oficial, y al menos un centenar de ellas se ubican en el poblado costero de La Guaira, a las puertas de la capital venezolana.

La última actualización oficial de víctimas reportó 235 fallecidos y 4 mil 300 heridos, según informe del ministro de Salud, Carlos Alvarado. Por su parte, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, indicó horas antes que 157 personas están desaparecidas y más de 200 atrapadas bajo escombros. Hay también 2 mil 927 familias damnificadas. Ocho hospitales sufrieron daños, “algunos han debido ser evacuados”, dijo.

El ministro del Interior, Diosdado Cabello, señaló desde La Guaira que solo en esa entidad hay más de 100 edificios colapsados y 70 mil familias afectadas. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, recorrió las zonas críticas, tanto en La Guaira como en Caracas.

Una realidad avasallante

Al recorrer los puntos de mayor gravedad en Caracas, los sectores San Bernardino y Los Palos Grandes, imágenes de residencias enteras colapsadas, donde solo se ve parte de lo que fueran los pisos superiores sobre montañas de escombros, se mezclan con gritos de auxilio y el sonido de las máquinas dispuestas a remover toneladas de concreto. Pero también observamos el movimiento enérgico de hombres y mujeres que desde minutos después del terremoto se han sumado a la procura de sobrevivientes.

Al estado de La Guaira no se pudo acceder. La autopista que conecta la entidad costera con la capital fue cerrada excepto para vehículos vinculados a labores de rescate y transporte de suministros. El panorama de una zona que normalmente goza de un ambiente relajado por ser uno de los principales puntos turísticos del país, luce absolutamente desolador, según registro de ciudadanos y reporteros en el lugar. Conjuntos residenciales, edificios de apartamentos vacacionales, hoteles, reducidos a terrenos de polvo y concreto.

Voluntarios en primera línea

El tamaño de la tragedia supera el alcance de los cuerpos oficiales de seguridad y gestión de emergencias. Pero en ningún caso están solos. Contingentes de civiles espontáneos se han abocado en un esfuerzo titánico por remover con sus manos, cubetas, martillos y herramientas caseras, las pesadas piezas de concreto que los separan de los sobrevivientes. También grupos de obreros de la construcción han llegado a estos lugares armados con sus herramientas y su voluntad para apoyar en el único objetivo que todos comparten: salvar vidas.

“Salvar vidas, salvar vidas, en eso estamos”, dijo José Chacón, obrero de unos 40 años que estaba concentrado en la remoción de escombros en lo que fuera el edificio Rita, en la avenida Los Próceres de San Bernardino.

David Urdaneta, 27 años, vecino de la zona, contó cómo ayudó a un grupo de obreros que con una sierra, palancas de hierro y la fuerza de sus brazos lograron cortar y levantar parte de un muro colapsado para rescatar a una mujer que se encontraba tapiada. “El edificio donde vivo no se cayó, solo tuvo grietas menores; yo sobreviví y por eso estoy aquí ayudando como pueda”, comentó.

Saqueos en La Guaira

La situación en la ciudad de La Guaira reflejaba este jueves no solo las devastadoras consecuencias del doblete sísmico ocurrido 24 horas antes y la voluntad de muchas personas para ayudar, sino también el otro lado de una realidad extrema. Se reportaron saqueos a comercios y viviendas colapsadas. Asaltaron no solo tiendas de alimentos, sino también almacenes de electrodomésticos. Estas situaciones están siendo abordadas por la Policía Nacional y cuerpos de élite como la Dirección de Inteligencia Militar (DGCIM), según reporte de funcionarios en la zona.

A la espera de la ayuda internacional

Delcy Rodríguez dijo la tarde de este jueves que esperaban la llegada de la ayuda internacional, que 24 horas después de los terremotos no había llegado. Dijo que los primeros en llegar serían los equipos de rescate enviados por República Dominicana. En la mañana habló por teléfono con el secretario de Estado, Marco Rubio, con quien coordinó el despliegue de unidades de rescate estadunidenses.

Estados Unidos señaló que enviará un equipo de respuesta ante desastres, así como buques y aviones militares. Además, la Casa Blanca anunció 150 millones de dólares en ayuda a través de agencias y organizaciones asociadas.

Petróleo a salvo

Las actividades petroleras no se vieron afectadas. Tras una breve pausa a raíz de los terremotos, el Complejo Petroquímico Hugo Chávez, ubicado en Morón, estado Carabobo, reinició el jueves temprano sus operaciones. La empresa Chevron informó, según Bloomberg, la continuidad de su actividad en el país, sin novedades. En el otro extremo del territorio, el Complejo Petroquímico de José, en el oriental estado Anzoátegui, mantuvo su operatividad sin contratiempos.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/06/25/mundo/victimas-en-venezuela-suben-a-164-muertos-y-971-por-el-doble-sismo

Asamblea

Podría parecer (y de hecho, lo es) que no son estos momentos para ningún tipo de divertimento. Estamos abocados a una posible agresión armada por parte del imperio más agresivo y más despiadado del mundo contemporáneo, por si no bastaran ni el bloqueo económico que ya cumple más de sesenta y cinco años, ni el recrudecimiento de este en los últimos meses, ni tampoco fuera suficiente el cerco energético al que estamos sometidos desde fechas más recientes. Francamente, la política de asfixiarnos es brutal, sin precedentes, y padecemos día a noche sus gravísimas consecuencias. No obstante, quizás debido a nuestro empecinado modo de sobrevivir, o tal vez como mecanismo de defensa mental, o quién sabe si porque encontramos en el arte de reír una forma de resistencia, lo cierto es que no dejamos de burlarnos, ni de chotear, ni de señalar aquello que nos permita de una vez ejercer nuestro derecho a la crítica, y, a la vez, sobrevivir en medio de inimaginables carencias.

En estos días, me llama muchísimo la atención un humorista chileno llamado Lucho, discapacitado físico motor por secuelas de parálisis cerebral, cuyos espectáculos se transmiten por Facebook y otras plataformas digitales. Lejos de burlarse, Lucho asume su discapacidad con humor, y el público que asiste a sus presentaciones está en su mayoría compuesto por personas con capacidades diferentes, y todos exponen sus dificultades cotidianas con admirable estoicismo y, más que nada, con humor. Se trata de un mecanismo de supervivencia, sin dudas. Al compartir públicamente cuáles dificultades afrontan cada día, todo el conglomerado asistente aplaude, reconociendo la valentía del discapacitado que acaba de exponer su limitación, y así se estimula el intercambio de problemas, aliviándose al no saberse solos, ni desamparados en la soledad de sus limitaciones físicas. La dinámica de estos espectáculos consiste en que cada participante solicita el uso del micrófono, se identifica, dice qué tipo de discapacidad padece, y los mecanismos que le permiten sobrevivir

Algo así podríamos hacer en una hipotética y actual asamblea de cubanos. No todos tenemos los mismos problemas, pero todos merecemos el aplauso colectivo que se escucha en los espectáculos del chileno Lucho. Con este ejercicio puramente imaginario, aprovecho para exponer mi molestia ante unas afirmaciones de una periodista oficial que leí recientemente, y cito “… mucha gente dice sandeces en las redes en lugar de reconocer el esfuerzo de los trabajadores de la UNE.”

Imaginemos un teatro copado por coterráneos de todas las provincias del país. Alguien como Lucho podría dirigir las preguntas cuyas respuestas despierten admiración, tal como sucede en la comedia de marras. Por ejemplo, María E sería en este imaginario caso la conductora del programa. Luego del cálido recibimiento que recibe en el escenario, empezaría por preguntar quién necesita exponer la dificultad que afronta en este instante.

Fefa diría: “Me llamo Fefa. No tengo gas para cocinar y no encuentro carbón. Ya consumí o, mejor dicho, ya el fuego consumió las ventanas y puertas de mi casa” “¡Un aplauso para Fefa!”, pediría Maria E, “y una pregunta, si me permite, ¿usted tiene electricidad por el día?” “Solo de madrugada, y a esa hora, como comprenderán todos, no tengo hambre para comer un plato de congrí”. El público reiría, aunque inmediatamente Brígida Sepúlveda pediría la palabra. María E indicaría que le pasaran el micrófono. “Díganos, díganos su nombre y cuéntenos su problema”.

“Sepúlveda, Brígida, y antes de decir que desde hace tres meses no llega agua potable a mi casa, la luz solo me dura cuarenta minutos y tampoco tengo gas, me gustaría que Fefa explicara cómo obtiene los frijoles de su hipotético arroz moro”.

Otra carcajada cómplice invadiría el imaginario teatro, y sin esperar el micrófono, la aludida Fefa ripostaría: “Yo no hablé de frijoles colorados, los del arroz moro, sino de negros, de congrí. Que son más económicos y que tampoco puedo comprar con mi jubilación, porque…”.

“¡Un momento!” —diría Maria E—. “Este show no es para una catarsis general sino para temas actuales, por favor, centrémonos en el presente. ¿Próxima exposición?”

“!Yo, yo necesito hablar!”, diría Cándida. “Soy la de candidez habitual. Mi problema es que he descubierto que los compañeros del canal de Telegram que informan o deberían informar los horarios de afectaciones del fluido eléctrico, padecen de discalculia, y eso me angustia muchísimo. Son todos discalcúlicos, pobrecitos”.

Un murmullo recorrería el salón, y a María E no le quedaría otra opción que poner orden. “¿Qué significa discalculia? Y perdón por mi ignorancia. ¡Podría usted, Cándida la de la habitual candidez, ilustrarnos, por favor?”

“Que no saben. No pueden o no quieren calcular bien. Y si, por ejemplo, mi bloque lleva apagado 16 horas, ellos, los discalcúlicos, dicen que llevamos afectados (porque así dicen, afectados) 8 horas. Yo me pregunto ¿las otras horas me las estoy imaginando, o estoy apagada porque quiero?”.

Aplauso atronador recibiría Cándida. A continuación, Víctor pediría la palabra, masticando su inevitable dosis de granos de maní. “Compañeras y compañeros. Me nombro Víctor. Creo que estamos perdiendo el rumbo. Si no profundizamos en las causas que nos han traído hasta esta crítica situación, no seremos capaces de aquilatar la gravedad de lo que sucede, porque…”.

Todo el público lo interrumpiría con un reclamo común, que sería: “Todos sabemos las causas, compañero del maní inevitable. Las sabemos. Sucede que conocer la o las causas, no disminuye la o las consecuencias”.

Nuevo aplauso atronador. A continuación, María E expondría una vez más las medidas coercitivas, peligrosas, injustas y asfixiantes que nos han causado las incontables discapacidades que padecemos, para que nadie tuviera la menor duda, aunque es justo reconocer que dichas aclaraciones serían repetitivas, pero siempre algún despistado existe, para qué negarlo.

Luego, Hilda solicitaría intervenir, en el sentido de hablar, no intervenir, sino hablar, claro está. Y diría: “Me llamo Hilda y soy científica. Quiero contar que en mi edificio se incendió el reloj contador de la electricidad de un vecino, en un rarísimo momento de llegada de la luz. Como es lógico, el edificio entero quedó en la oscuridad que tenía minutos antes del ya citado incendio, o sea, de la explosión. De inmediato, alguien recordó que los discalcúlicos, como dice la compañera Cándida, la de candidez habitual, esos mismos, siempre ofrecen un número telefónico, el 1888 para cualquier eventualidad, y todos los y las miembros del edificio, llamamos al citado teléfono”.

“¿Y?” —preguntará María E—. “¿Acudieron raudos y veloces a extinguir el incendio?”

“De eso nada, monada. Es que nadie respondió nunca, jamás, más nunquita. Y eso es alarmante, compañeras y compañeros”.

“!Qué horror!” —diría todo el público—. “Y entonces qué hicieron ustedes, los y las miembros del edificio?”

“Imagínense, echamos tierra, echamos aire, echamos agua, echamos de todo menos fuego al contador con fuego. Una vez apagado el incendio, volvimos a llamar al 1888 para que reconectaran la electricidad”.

“¿Y?” —repetiría María E—. “¿Esta vez sí obtuvieron respuesta?”

“Nunquita, jamás responder” —lloriquearía Hilda—. “Empatamos el horario de un apagón con el siguiente. Fue como una contra, un extra, de contra que ya llevábamos 16 horas sin electricidad, aunque Telegram dijera que eran nueve. Y eso no es todo. Al no tener conocimientos de electricidad, tampoco sabíamos cómo arreglar los cables chamuscados. Fueron horas de profunda angustia, créanme”.

El público se abalanzaría a abrazar a Hilda, dándole palmadas de aliento. En un momento, Víctor querría saber el final de esa historia, cómo terminaba aquella desdicha, e Hilda, sonrojada, púdica, casi con vergüenza, diría lo siguiente:

“Mejor no se enteran. No puedo contarles, de verdad, al menos no con detalles. Baste saber que gracias a un señor retirado de la empresa eléctrica, quien a cambio de ciertos favores corporales ofrecidos por una vecina, accedió a componer el cablerío chamuscado, pudimos retomar el ciclo de nuestro bloque. Bloque, por cierto, muy castigado”

“¿Ustedes son del bloque 4?” —preguntaría Víctor llevándose las manos ya sin maní a la cabeza—. “El peor, sin dudas. Yo soy del 4 también”.

“No, el más malo es el 2” —diría Fefa—. “Sin dudas el 2 es al que más apagan”. “Quizás —agregaría Sepúlveda—, quizás y solo quizás, pero yo pertenezco al bloque 1, y es ahí donde los discalcúlicos se lucen, se confunden más con el 1 que con el 6, por solo citar un ejemplo”.

“¡Falso, falso, exijo que se reconozca que el bloque 5 desde ayer…!”, diría alguien del público…

María E, al sentir, percatarse y comprobar que la situación se le iba de las manos, propondría la única solución posible ante el desmadre que se avecinaba: “Por favor, cordura, llamo a la sensatez de nuestras atribuladas existencias, debido a todo lo que sabemos, y propongo un aplauso colectivo, un aplauso gigantesco, un aplauso descomunal, cuyas palmadas lleguen a la ONU, a la OEA, al Parlamento europeo, al Vaticano, y clamemos juntos DÉJENNOS VIVIR!”

Así culminaría la asamblea. Porque hablando en plata, no se trata de competir a ver quién acierta o no, quién se queja más o atina menos, sino a un sencillo reclamo: Permítannos subsistir. Déjennos un sitio en el infierno. Y basta.

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