martes, 20 de enero de 2026

Víctor Andresco: “Cuando las heridas permanecen abiertas, se acaban pudriendo”

 Texto: David Valiente  Foto: Daniel Mordzinski

La madrileña Glorieta de Embajadores y Lavapiés no son solo barrios. Representan también un cruce de culturas, un mundo rico en historias y leyendas importadas de otros continentes, pero ya tan propias como los teatrillos y las novelitas costumbristas de Manuel Bretón de los Herreros. Crujen las baldosas al pisar el suelo y un murmullo impulsado por el viento se cuela por las ventanas y las puertas semiabiertas. Los negocios levantan la verja al compás marcado por tambores imaginarios que los foráneos del barrio son incapaces de escuchar.

Por suerte, hemos quedado con alguien que sí puede ayudarnos a comprender esas melodías. Antes de escribir, traducir y dirigir el Instituto Cervantes de Moscú, Milán, Dublín, Atenas y, actualmente, Tokio, Víctor Andresco (Madrid, 1966) creció recorriendo las vibrantes y estrechas calles que comunican la plaza de Lavapiés y la Glorieta de Embajadores. En el Café Barbieri, espacio de agradables recuerdos, hablamos sobre esa juventud pasada, sus padres, sus experiencias en el antiguo espacio soviético, pilares argumentales de su última novela,   Soviépica (Reino de Cordelia).

Antes que escritor, Andresco es también un cruce de culturas y un hombre marcado por un barrio que le ayudó a construir ese muro de contención emocional que mantiene a las personas erguidas frente a las exigencias del hoy y del mañana. Sus palabras no son mera literatura abstracta ni siquiera el refugio de corazones fugitivos. Soviépica se presenta como una consecuencia natural de haber acumulado multitud de experiencias propias y ajenas que, unidas y maceradas por su estilo irónico, funciona como una topografía moral y política atravesada por el amor.

El amor que Fabián siente por Aitana recorre toda la novela como un alma en pena, sin descanso hasta el último párrafo. Ese sentimiento se detiene en las marquesinas del barrio o en los pisos comunales de época de Jruschov, lugares donde el recuerdo parece tomar aliento. Si un amor termina, por qué no también una época. A Fabián le quedan los recuerdos y la nostalgia que golpea sin guantes un cuerpo que vio caer desde dentro a uno de los contendientes de la Guerra Fría. Solo existe una respuesta posible a la crisis existencial que llama a la puerta de la emoción pasada unas décadas: hacer caso a los instintos, correr detrás de esas sombras que un día tuvieron carne, mirarlas a la cara y comprender que el tiempo no crea vencedores ni vencidos.

Su vida está profundamente ligada a la cultura: además de crear, divulgar y traducir, también se encarga de su gestión en uno de los buques insignia del poder blando de nuestro país, el Instituto Cervantes. ¿De dónde surge ese interés por las expresiones culturales y, en particular, por todo lo relacionado con las letras eslavas?

Digamos que responde a un afortunado accidente familiar. En la novela cuento que el padre de Fabián es un ruso llegado a España a principios del siglo XX, después de que sus abuelos huyeran del país a causa de la Revolución de 1905. Esta es también la historia de mi propio progenitor, una persona francamente interesante. Él no nació en Rusia y nunca pudo visitarla. Primero se lo impidió el franquismo, pues fue represaliado junto a mi abuelo; más tarde una enfermedad terminal acabó con ese sueño. Así que pasó toda su vida en la Glorieta de Embajadores, añorando un país que solo conoció a través de las remembranzas de sus padres y de la lengua que nos dejó en herencia, con tanta viveza, a mí y a mi hermana.

Además de ambientar la novela en los últimos compases de la URSS, una buena parte de la acción transcurre en la Glorieta de Embajadores. 

Nací en este barrio y tengo una querencia especial por sus calles, sus bares, sus comercios, lugares en los que empecé a descubrir el significado de la vida real. Con Soviépica he intentado retratar también ese Madrid que aún me resulta simpático y que poco o nada se parece al actual. Ese Madrid ya no existe y dudo mucho que, a corto o medio plazo, podamos volver a disfrutar de aquel ambiente que recrearon maestros de la literatura como Pío Baroja o Arturo Barea en sus novelas. La capital se ha convertido en un lugar a menudo rancio y casposo, como si solo interesara cierta gusanera millonaria que ha colonizado ese cogollito del barrio de Salamanca que tan bien retrató Manuel Longares en Romanticismo. Me fascinan los rincones de esta ciudad y, siempre que tengo ocasión de presentarme como escritor, lo hago con la muletilla madrileño. Sin embargo, siento que este sitio ya no me representa como antes. Tengo la sensación de que está desapareciendo y quería conservar, de alguna manera, la memoria del lugar donde me crié: una ciudad de gente común que se levanta todos los días y afronta su destino como buenamente le permite su situación.

En el desarrollo de una persona resulta apremiante la formación intelectual y política. Fabián toma contacto con grupos de izquierda en esos años de primeras transformaciones. ¿Víctor Andresco también vivió ese mundo político-cultural tan interesante?

En la Glorieta de Embajadores, a apenas cincuenta metros de mi casa, presencié la primera manifestación política de mi vida, el 1º de mayo de 1979. Ese mismo año, el 13 de diciembre, los obreros y los estudiantes salieron a la calle y la manifestación se saldó con el asesinato de dos estudiantes, José Luis Montañés y Emilio Martínez, por disparos de la Policía. La gente del barrio colocó una placa conmemorativa en la Ronda de Valencia número ocho, el lugar donde murieron los dos jóvenes. Dos años después arrancaron esa placa. También a unos pasos de mi casa solía colocarse el fundador del Partido Comunista Obrero Español, el gallego Enrique Líster, vestido con su pantalón de tergal, bien atildado, junto a una mesita desde la que vendía llaveros con la cara de Lenin y libros de política, entre otras cosas. En la novela cuento algo que me sucedió a las puertas de mi primera juventud: empujado por el azar, participé en una fiesta por la Unidad de los Comunistas en el Palacio de los Deportes, hoy conocido con el horrendo nombre de Movistar Arena. Desde ese momento, me he involucrado todo lo posible en asuntos políticos, siempre del lado de la izquierda, por supuesto.

En la universidad estudió letras eslavas. Gracias a la magnífica herencia que le dejó su padre, casi resulta natural que se decantara por esos estudios. 

Cursaba el tercer año de Filología Francesa en la Universidad Complutense cuando se abrió la licenciatura de Lenguas Eslavas. Como hablaba ruso con fluidez, pensé que me resultaría más fácil y lógico terminar mis estudios, así que me cambié de especialidad. Pertenezco a la primera promoción de licenciados en Filología Eslava de la Complutense. De mis compañeros, solo unos pocos hablábamos ruso al empezar los estudios.

¡Qué feliz ventaja!

Al igual que le ocurre al protagonista de mi novela, he experimentado la extraña sensación de ser el único que realiza una actividad distinta a la de quienes me rodeaban. Siempre he sido “el ruso de Embajadores”, tanto en casa como en la escuela. El sentirme diferente incentivó mi deseo de conocer el país más grande del mundo, y ese conocimiento, junto con el dominio del idioma, me permitió viajar por su extenso territorio. En la década de los ochenta, trabajé como guía turístico para personas que estaban dispuestas a pagar un dineral por conocer Rusia. Los astros se alinearon: por aquel entonces, en España había muy pocas personas bilingües en español y ruso, y aún menos con la edad y la resistencia necesaria para acompañar a grupos de cuarenta turistas en aquellas condiciones, solo relativamente confortables.

Si le parece, hablemos un poco de su historia en el bloque soviético. ¿Qué impresión tuvo cuando llegó por primera vez a la República Socialista Federativa Soviética de Rusia?

Mi primer encuentro con la tierra de mis antepasados se produjo cuando tenía dieciséis primaveras, el mismo año que mi padre murió a causa de su enfermedad. En la aduana, un soldado que aparentaba mi edad me pidió el pasaporte. Mientras lo revisaba, yo no podía dejar de pensar en lo mucho que se parecía a mí. Me fascinó descubrir la cantidad de personas que por su parecido podrían pasar por mis hermanos o primos. Sin embargo, los rusos no me observaban con la misma familiaridad, sobre todo cuando abría la boca y hablaba el ruso aristocrático que me había enseñado mi padre, común en la década de los veinte, pero no tan extendido sesenta años después. Por tanto, me consideraban un pedante que había leído todos los libros de los abuelos, con un léxico presoviético que muy pocos frecuentaban.

Llama la atención que el mundo universitario soviético fuera tan cosmopolita.

En sus aulas estudiaban alumnos de todas partes del mundo. De la Unión Soviética no solo salieron líderes políticos e ingenieros de renombre, sino también músicos y deportistas de élite. Era un sitio fascinante, en el que se conocía a personas muy particulares. La formación que ofrecía la URSS era una herramienta brillante para entrar en el mercado laboral de América Latina o África: hay egresados de estas universidades que ocultan su alma mater, aunque gracias a ella ocupan puestos de cierto mando en sus países de origen. La Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos fue un semillero de talentos que abonó los intereses intelectuales de muchos jóvenes. Más tarde, esos mismos jóvenes no tuvieron la oportunidad de devolverle el “favor” al sistema. Por lo general, ellos sienten una profunda nostalgia por esos años; algunos incluso llegaron a asumir una deuda moral con Rusia, a la que siguen queriendo.

Se suele decir que la caída de la URSS sorprendió a los especialistas occidentales completamente desprevenidos. ¿Desde dentro se percibía esa sensación de agotamiento?

A ratos las condiciones de vida eran agónicas, pero los ciudadanos no fueron conscientes ni, mucho menos, deseaban la desaparición de la URSS. Millones de personas perdieron su referente ético. Los rusos reprocharon a sus líderes el abandono y la traición —algunos fervorosos comunistas, al menos en apariencia, se pasaron al bando rival—, pues literalmente se había dado la vida por la causa socialista y, de pronto, se vieron pagando un alquiler o una hipoteca por una propiedad que antes disfrutaban de forma gratuita. En el diccionario se introdujeron nuevas palabras, como ‘crédito’ o ‘hipoteca’, que antes no estaban en el vocabulario de ningún ciudadano perteneciente a un sistema comunista decente. Tal vez las élites dispusieran de suficiente información para predecir la caída del sistema. Desde luego, la mayoría de nosotros nunca lo imaginamos.

Entonces, ¿esos últimos años de vida de la URSS no fueron como Occidente describió? 

Pese a la insidiosa y abrumadora propaganda vertida, debo reconocer que en muchos aspectos la Unión Soviética era caótica. El desabastecimiento fue tremendo y la ciudadanía estaba enojada. Ibas a los mercados y apenas había alimentos. En el mercado de Kíev los limones, por ejemplo, se vendían partidos por la mitad porque la mayoría de bolsillos no podía permitirse comprarlos enteros. Rusia quedó hecha unos zorros, azotada por la corrupción, la desorganización, el sabotaje y el desabastecimiento. Se pasó muy mal. La llegada del capitalismo acrecentó esa situación pesimista, pues productos de primera necesidad como el gas o el agua dejaron de ser gratuitos y se convirtieron en una carga económica más para las familias. Un país de ciento cincuenta millones de personas pasó a tener ciento cuarenta millones de pobres. El empobrecimiento de la población fue atroz y sucedieron cosas que rompen el corazón —algunas las cuento en el libro—. Veía a gente muy mayor por las calles vendiendo sus pertenencias para conseguir dinero con el que adquirir sus medicamentos. Yo he visto a héroes de guerra vender sus medallas porque no tenían ni un rublo en la cartera. Mientras las condiciones de vida de la mayoría se depauperaban, unos cuantos listillos aprovecharon la coyuntura y se apropiaron de las empresas e industrias que estaban bajo el control estatal. Por lo que contemplé en aquellos años creo que el gobierno postsoviético fue abusivo. Además, a nivel ético, me parece más legítimo un régimen que busca alcanzar una sociedad más igualitaria y un mundo más justo. Con esto, no estoy diciendo que lo consiguieran.

Muchos analistas sostienen que Vladímir Putin fue el resultado de ese caos. 

No pretendo elogiar a Putin —hay muchos componentes de su política e ideología que no comparto en absoluto—, pero sus décadas en el poder han evitado que Rusia se convierta en un campo de minas. Occidente debería pasarle una pensión vitalicia porque, probablemente, el día que abandone la presidencia el país podría sucumbir a la anarquía. Creo que es un error fatal por parte de las élites occidentales su intento de hostigar a una potencia que, pese a sus problemas evidentes, sigue teniendo un enorme poder y riquezas ilimitadas. Algunos gobiernos occidentales buscan precisamente eso: hacerse con las riquezas del país y creen que eliminando a Putin de la ecuación se van a aproximar más a su objetivo. Sin embargo, esas materias primas y combustibles fósiles ya cuentan con dueños que no van a permitir que nadie venga de fuera a arrebatárselos. Hoy los magnates y las industrias conviven en paz, pero en el momento en que un estadounidense o un alemán se atreva a poner un pie en suelo ruso con la intención de arrancarles esas riquezas, se abrirá un nuevo conflicto del cual saldremos peor parados los de siempre: los ciudadanos de a pie.

¿Qué futuro cree le depara a Europa y a Rusia?

Estoy terminando de tomar unas notas que me gustaría convertir en un libro titulado Limosna y perdón: precisamente lo que Europa terminará pidiendo a Rusia cuando la locura de la guerra llegue a su final. El Viejo Continente quedará empobrecido y habrá fracasado políticamente en la creación de un marco de seguridad que incluya a Rusia y China. Europa se ha convertido en el palanganero de una banda de piratas con residencia en Washington. Basta con analizar el discurso de Kaja Kallas para comprobar qué intereses defiende, desde luego nada favorables para nosotros. La vicepresidenta de la Comisión Europea formó parte de los pioneros comunistas en Estonia y en alguna que otra foto aparece ataviada con el pañuelo rojo y, al fondo, se distingue la hoz y el martillo. Prometió acabar con el capitalismo y al paso que va acabará cumpliendo su palabra…

¿Se acuerda que estaba haciendo cuando se produjo el derrumbe de la URSS?

El 19 de agosto de 1991 me encontraba en Kiev con un grupo de treinta personas que tenía que llevar a Polonia en tren. Pasé toda la noche en vela porque no sabíamos que estaba pasando: no había ni internet ni redes sociales para informarnos y en la televisión y la radio solo emitían música. Todo mi conocimiento sobre la situación se reducía a meros rumores. Entonces pensé: ¿qué haría, en una situación así, un joven Pável Korchaguin [protagonista de Así se templó el acero] cuando la información con la que cuenta es escasa y la Agencia Estatal de Turismo, Intourist, no respondía?

¿Y qué hizo?

Me dirigí a la estación con mis turistas y nos subimos al tren según lo previsto. Durante el trayecto les informé de lo que creía que estaba sucediendo. Hasta donde alcanzaba mi información, les pude explicar que se especulaba con una tentativa de golpe de Estado contra Gorbachov. Yo imaginaba que, en una situación así, lo primero que harían unos golpistas sería sacar al ejército y limitar el movimiento de personas. Pero en la frontera nadie nos detuvo y llegamos sin mayor complicación a Cracovia. Por supuesto, la incertidumbre desató mis nervios y se respiraba cierto desasosiego entre mi grupo de turistas. Lo que menos se esperaban era que les tocaría vivir un golpe de Estado.

¿Cómo estaba la situación en Cracovia?

Llegamos a la ciudad polaca sin mayor problema. Cuando pisé el andén pensé: menudo golpe de Estado de chichinabo; ningún militar nos ha encañonado ni gritado mientras nos registraban ni nos han robaban nuestras cosas. Extraño golpe… Sin embargo, el fiasco no se limitó a esta anécdota estival. Hoy sabemos que 1991 solo fue el comienzo de una operación de agresivo desmontaje del sistema, cuya máxima expresión de violencia aconteció dos años después con el asalto a la Casa Blanca rusa. Allí, aunque nunca se ofreció una cifra exacta, se produjeron centenares de muertos y una represión social a gran escala. Creo que fue a partir de 1993 cuando los rusos se dieron cuenta de que el sistema se había ido al garete y con él todas las prebendas que ofrecía. Ya nadie les iba a proporcionar una casa gratuita, ni educación universal, ni piscina pública, ni algo tan fundamental en un país tan frío como el gas para calentar los hogares. Sucedió aquello que la periodista Olga Merino, quien documentó el final de la URSS, llamó ‘capitalismo de casino’: el más bruto, inteligente y rápido se queda con lo que tiene más a mano, desde un pozo petrolífero hasta un bloque de apartamentos, sacando beneficio de ello.

Aseguran que los rusos son muy nostálgicos. Quizá esa pequeña dosis genética hace que Fabián recuerde esos años en la URSS con tanto cariño. Sin embargo, sus compañeros de andanzas soviéticas tratan de evitar por todos los medios que los relacionen con el comunismo y su estancia en la Rusia de finales del siglo XX. Fuera de la literatura, también se da esta tendencia y no precisamente en pocas personas. ¿Por qué cree que se produce ese rechazó? 

He querido contactar con antiguos compañeros y es cierto que algunos de ellos -aunque no la mayoría- han rechazado un reencuentro que les pudiera recordar su pasado izquierdista. Creo que esos casos se explican por el miedo que tienen a traicionar su presente, o lo que es lo mismo, el sistema en el que se encuentran integrados. Hoy todavía hay quienes viven en una suerte de fantasía llamada clase media, sin duda un equívoco interesado del franquismo, que hace que hayan perdido su conciencia obrera. Gente que piensa que ha prosperado por poseer un coche de alta gama o una hipoteca pagada. Por desgracia, cada vez menos trabajadores se autodefinen como clase obrera. Entiendo que haya personas conservadoras, pero no aguanto a los reaccionarios que tan bien quedan retratados en el sarcástico meme: “triste es amar sin ser amado / pero más triste es votar a la derecha siendo del proletariado”. Supongo que siempre habrá personas que abandonan sus ideales para alcanzar lo que consideran un puesto más elevado en su trabajo; se olvidan de que un día tuvieron conciencia de clase y creyeron en la posibilidad de construir un mundo más justo.

¿Usted también es nostálgico?

Si le soy sincero, no repetiría ni siquiera los momentos más maravillosos de mi vida…

…Perdone que le interrumpa: entonces, ¿se arrepiente de su pasado?

De lo único que me arrepiento es de haber practicado demasiado el “insistencialismo”. Tuve una novia maravillosa que a veces me llamaba ‘intensito’, un eufemismo que empleaba para decir que era un pelma. Reconozco que en algunas ocasiones, llevado por el entusiasmo, he sido así. Ahora intento contenerme; ventajas de la edad, supongo. Y también procuro evitar que las presentaciones de los actos no se conviertan en mítines políticos. Cuando procede, se hace, pero en muchas situaciones un discurso panfletario no encaja con el evento. Por lo demás, no creo que deba arrepentirme de nada grave: no he cometido ningún crimen inconfesable y sigo pensando que un mundo más justo es necesario… e inevitable.

Tal vez me equivoque con las conclusiones que he sacado de la lectura, pero Soviépica también trata sobre la importancia de reconciliarse con el pasado. 

Cuando las heridas permanecen abiertas y sin cicatrizar, se acaban pudriendo. Las personas deberían aclarar consigo mismas las cuitas del pasado. En ciertas ocasiones nos responsabilizamos de cosas que escapaban a nuestro control porque, independientemente de la ideología, la culpa judeocristiana está muy incrustada en la cabeza de los europeos. A veces, el sentimiento de culpa corroe el alma de las personas que poseen los mejores corazones.

Y esto también sucede con el amor…

Efectivamente. Los amores también pueden permanecer en la cabeza y acaban generando fantasmas…

¿Le ha pasado?

Sí, tengo una colección de fantasmas en mi cabeza. Creo que es importante tratar de borrar la imagen fosilizada e idealizada de una persona. Los seres humanos cambiamos y no permanecemos igual que hace treinta años. En 2024, coincidí con unos amigos de mi edad a los que no veía desde los ochenta y la reacción de algunos fue como si estuviéramos viendo momias en un museo. Estuvo bien en general pero hubo casos de auténtica sorpresa, incapaces de creer que fuéramos los mismos de hacía cuarenta años.

Usted y Fabián son españoles, pero en su ADN y su formación intelectual tienen ese arraigo eslavo. ¿Cómo lo ha gestionado?

Durante mi infancia me sentí marcado. En el barrio me recordaban que era el ruso del lugar. Mi padre solo nos hablaba en la lengua de Bulgákov o de Chéjov, porque era muy consciente de que nos estaba dejando en herencia una gran herramienta para el futuro, aunque muchas personas de mi entorno no lo vieran así. Soviépica comienza con la madre de Fabián aprendiendo ruso. Mi padre también enseñó ruso a mi madre, y ella tenía mucho mérito: no solo por haber aguantado los años más duros del franquismo, sino también por mantenerse firme en el aprendizaje de esa lengua. Nunca llegó a hablar ruso fluidamente, pero lo comprendía todo.

La lengua rusa ha legado grandes escritores a la literatura universal. 

El ruso se sustenta en un aparato cultural muy potente. Sus novelas se caracterizan por un notable preciosismo, invitan con frecuencia al llanto y revisten la atmósfera de un aire sentimental no siempre fácil de alcanzar para escritores de otras regiones. El arte procedente de Rusia tiende hacia lo romántico, y quiero pensar que en mi novela me he aproximado también a ese regusto sentimental y no tanto a lo político.

Juraría que los escritores rusos han sido inigualables a la hora de transmitir en palabras el significado del alma humana. 

Se especula con la existencia del alma rusa, pero creo que hay mucho mito construido en torno a esta cuestión. Posiblemente no exista. Aun así, no dejo de reconocer el esfuerzo que han realizado -rusos y no rusos- a lo largo de la historia con el fin de codificarnos en el lenguaje artístico el significado de un concepto tan profundo y complejo. De hecho, creo que la idea de alma rusa ha sido también empleada por ellos como una herramienta intelectual para teorizar sobre esa pasión que han demostrado por la cultura y que no es tan evidente en otras naciones. Se les ha inculcado que ese esfuerzo merece la pena. Por eso, en Rusia se producen continuamente nuevas creaciones literarias; podría decirse que crecen como champiñones en otoño. Además, los creadores rusos suelen caracterizarse por su interdisciplinariedad: no solo se hiperespecializan en un único estilo o arte sino que cultivan varios campos al mismo tiempo, lo que les ha permitido resistir mejor la dureza del clima y a los rigores de la economía y la política del país. En definitiva, el pueblo ruso es consciente de su singularidad y de formar parte de un sistema cultural que define con precisión su identidad.

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lunes, 19 de enero de 2026

"He trabajado como un orfebre"

Entrevista a Amaury Pérez Vidal, Premio Nacional de Música 2025

Por Yeilén Delgado Calvo 

«Pienso que hay que salvar la espiritualidad del cubano. Los años duros, difíciles, que nos ha tocado vivir, quizá la ocultan, pero no la hacen desaparecer. Ahí está. Solo hace falta tocar y automáticamente la gente se enciende. Es como los cocuyos, ¿no? ese animalito tan maravilloso. 

«En todos los ámbitos tenemos que salvar la cubanía, el espíritu martiano de cada uno de nosotros. Somos herederos de Martí directamente. Todos tenemos sangre martiana en este país.

«Creo que la espiritualidad y la fe son grandes aliadas y yo no las he perdido nunca, ni en los peores momentos de mi vida. Me han salvado como ser humano».

Lo asegura Amaury Pérez Vidal (La Habana, 1953), casi al final del diálogo: amablemente, abrió a

Granma las puertas del hogar que comparte hace más de 40 años con su esposa Petí, para conversar acerca del Premio Nacional de Música que se le otorgara recientemente.

Esa fue solo la excusa, no obstante, para intentar desentrañar la historia y las motivaciones de un artista versátil, que no le ha temido a la polémica, y que ha defendido la libertad de ser y crear; el trovador, el novelista, el poeta, el entrevistador… y también el hijo de sus padres, el hijo de Consuelito, una condición que lo enorgullece sobremanera, aunque alguna vez alguien quisiera minimizarlo así.

«Ellos no me ayudaron. Mi mamá no lo hizo y yo no lo entendí en un principio, pensaba que con su fuerza y prestigio me podía haber dado una manito. Y después lo comprendí totalmente. Tuve tiempo en la vida para decirles, “gracias, mamá, por no tirarme el cabo. Gracias, papá”. ¡Sabe Dios qué camino hubiera tomado si ellos hubieran estado empujándome! Creo que no sería ni la mitad de lo que soy, si algo fuera.

«Mi mamá murió en 2004, ya hacía años que estaba retirada, y aun así la gente siente un gran cariño por ella. Fue una mujer muy humilde, nacida en el Cerro, de madre española semianalfabeta y padre carpintero. Empezó a trabajar muy temprano.

«El ambiente que generaban en la casa, tanto ella como mi padre, que era productor de televisión, director de espectáculos, fue el que yo respiré desde mis inicios. No eran faranduleros; pertenecían a la farándula cubana, claro, pero la casa no estaba siempre llena de actores, actrices, músicos; solo en días señalados. A Fontanar, que era donde nosotros vivíamos, solo iba mucho Benny Moré, que era muy amigo de mi papá.

«Creo que me formé con los libros y la música. En mi casa siempre hubo música. Mi papá tocaba muy bien las percusiones y escuchaba mucho jazz; cuando le daba la oportunidad a mi mamá, entonces ella ponía música clásica, porque había estudiado piano y tocaba muy bien.

«Yo era miope, disléxico, de una timidez asombrosa. El hombre expansivo que soy hoy dista mucho de aquel Amaury callado, que estaba todo el tiempo leyendo. Y lo que quería era ser médico, no artista, porque me decía, “no voy a competir nunca en la vida con estos ‘monstruos’”, que eran mis padres.

«Pero cuando me enteré de que la carrera de Medicina no se acaba nunca, decidí dedicarme a otra cosa. En 1969 empecé a hacer canciones, que no les cantaba».

–¿Y cómo llega a la poesía?

–De adolescente, hice amistad con una muchacha de la secundaria, Isabel Fernández, y a su casa iban muchos poetas, que me llevaron a la Uneac, donde conocí a Nicolás Guillén, Reynaldo González, Antón Arrufat, Miguel Barnet. Eso se sumó a los libros, leía a Góngora, a Valle Inclán, todos los poetas del Siglo de Oro español…

UN AMOR QUE DURA HASTA HOY

–Hablemos de la Nueva Trova. ¿Hubo algún momento en el que Amaury quiso ser solo trovador?

–Al principio no tenía muy claro eso. Quizá fue la figura de Silvio, tan magnética. Lo vi por televisión un día, ya yo tocaba guitarra más o menos; y me dije, «¡Oh, hay un Beatle en Cuba!».

Sin embargo, su relación con los que serían fundadores del Movimiento se estableció en el Icaic, adonde Amaury entró a trabajar como utilero a los 17 años. Por aquel entonces grabaría sus dos primeras canciones, Cuando miro tus ojos, con texto de Fayad Jamís, y

La guitarra, con letra de Otto Fernández: «Yo no hacía letras mías, no me atrevía».

De sus nuevos compañeros comenzaría a recibir influencias, ya no era solo la de su familia; estaban Silvio, Pablo, Noel, Sara. Ella todavía es su mejor amiga, pese a los años que han pasado tras su muerte: «El amor que nos teníamos, que nos tenemos, es muy grande.

«No pude ir al encuentro fundacional, porque debía trabajar; pero sí a la primera gira del Grupo de Experimentación Sonora, cargando bafles y poniendo micrófonos, que era lo que hacía en esa época. Les cantaba habitualmente mis canciones, a veces recibía su aprobación y a veces me decían: “eso no está tan bueno”. Me acogieron con mucho cariño».

El vínculo directo con el Movimiento duró unos ocho años; después, el camino artístico de Amaury fue hacia búsquedas diferentes: «Al provenir de una familia vinculada con otro mundo, me llamaban la atención las luces, el escenario, los trajes. Cada vez que tenía un concierto subía la parada; llegué a vestirme de rosado y satén. Me puse un arete. Tenía el pelo larguísimo».

Aquella manera de concebir el espectáculo y la presencia en escena no solo sería sorpresiva para sus compañeros, sino que pondría sobre el tapete una nueva forma de entender al artista revolucionario. La prensa –recuerda Amaury– fue especialmente dura en sus juicios.

«Empecé a trabajar musicalmente fuera de la guitarra, y a hacer discos que bordeaban la música neobarroca, neoclásica; después el jazz, el rock jazz. Eso estaba totalmente fuera de los patrones adonde supuestamente nos dirigíamos.

«Pero yo he seguido siendo un trovador y he seguido teniendo con ellos relaciones fraternales, y en algunos casos profundas. Hubo una ruptura estética, pero no amistosa. Nos seguimos queriendo hasta hoy».

 DE LA CURIOSIDAD Y LA BELLEZA

Dentro de la producción de Amaury, las musicalizaciones han sido esenciales: «Me gusta mucho musicalizar. Si uno tiene cierta habilidad, que puede ser natural o adquirida, descubre la música que está en el poema».

Con igual pasión ha incursionado en la escritura, que comenzó como un juego: de los cuentos para amenizar encuentros con sus amigos, nació un libro, luego dos novelas publicadas y una en proceso. A su cuaderno de sonetos se suman, asimismo, las crónicas publicadas, primero en Cubadebate, y luego en su página de Facebook.

El programa Con 2 que se quieran es otra muestra de su necesidad de cambiar: «Es mi libertad, si hiciera siempre lo mismo, a lo mejor tendría más éxito, pero me aburriría.

«En el programa no estaba la academia, sino la curiosidad. Manejaba mucho la contrapregunta, porque no tenía cuestionario. O sea, contaba con un nivel de información de la persona, e iba pensando en la primera pregunta. Nunca nadie supo, en 250 entrevistas, lo que yo le iba a preguntar, y por eso yo agradecía tanto la presencia de los invitados».

Amaury asegura ser muy curioso, «quiero saberlo todo, todavía con esta edad»; e, igualmente declara su apuesta por el trabajo diario: «Todo lo he disfrutado mucho, pero lo he hecho con mucho rigor, siempre trabajando como un orfebre».

En su rutina, signada por ver el amanecer cada día desde la pequeña terraza que llama «su oficina», escuchar muchísima música, de todas partes; leer «como un demente», escribir, orar, y recibir algunos amigos, la noticia del Premio Nacional de Música entró como un buen vendaval.

«No lo estaba esperando. No quiero parecer demasiado humilde tampoco, pero no sé si todavía lo merecía en realidad. Los miembros del jurado sé que me quieren, pero son personas que no se permitirían regalarme un premio.

«Y ese premio que te dan tus colegas es grandísimo. Revivieron a un Amaury que ya estaba francamente en retiro, disfrutando casi de un anonimato que no tuve desde que nací».

El autor de temas antológicos como Acuérdate de abril, Encuentros, No lo van a impedir y Amor difícil es un hombre para el que la belleza resulta una de esas esencias que deben preservarse: «La solidaridad entre cubanos es algo que hay que defender; pero –como decía Silvio en el Longina, y como digo yo también, y otros muchos– desde la belleza».

Justo antes de cerrar la conversación, Amaury apunta que sigue trabajando. «Mientras pueda. Voy a hacer una gira durante todo el año por Cuba, primero por las cabeceras de provincia y después por algunos municipios.

«Es precioso sentirse respetado por tus colegas en tu propio país, y es maravilloso poder cantar aquí y que la gente vaya, te aplauda y te recuerde, cuando llevo tantos años sin hacerlo. El Festival Longina, Villa Clara, y el Premio Nacional de la Música me devolvieron ese deseo tremendo de volver a los escenarios nacionales».

https://www.granma.cu/cultura/2026-01-18/he-trabajado-como-un-orfebre-18-01-2026-20-01-57

Fortunas de megarricos crecieron 200% más rápido en 2025: Oxfam*

 Por Dora Villanueva

En 2025, la riqueza de los grandes millonarios del mundo creció tres veces más rápido que en los últimos cinco años, con peligrosas consecuencias para las democracias, advirtió Oxfam. 

El caso del presidente Donald Trump en Estados Unidos es el ejemplo más claro de cómo el poder económico ha tomado el control político para impulsar agendas regresivas que benefician a un puñado de magnates. “El auge de las oligarquías impacta negativamente en todas las sociedades del mundo”, alertó la organización.

Oxfam expuso que desde que Trump ganó la elección para un segundo mandato, la riqueza conjunta de aquellos que poseen miles de millones de dólares creció más de 16 por ciento, y alcanzó un máximo histórico de 18.3 billones de dólares en el último año. Esto se debe en buena parte a la contribución de Estados Unidos a esta lista de acumuladores, arropados por una administración que “redujo impuestos a los superricos, bloqueó avances en cooperación fiscal internacional, revirtió esfuerzos contra el poder de los monopolios y empujó el valor de las acciones ligadas a la inteligencia artificial”, detalló la organización.

Con casi la mitad de la población mundial en pobreza (menos de 8.3 dólares al día) y una cuarta parte con hambre moderada o grave, el problema ya no se limita al poder de mercado de los magnates y sus empresas ni en la creciente desigualdad, sino en la toma del poder político que legitima agendas regresivas para la mayoría de la población, es decir, “en la compra de la democracia”, señala el informe global “Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios”.

De acuerdo con Oxfam, los 12 magnates más acaudalados del mundo concentran más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir, más que 4 mil millones de personas. La acumulación se ha acelerado a tal grado que, con lo que creció el patrimonio de los magnates en el último año, se podrían distribuir 250 dólares a todas las personas del planeta y aún así ellos tendrían 500 mil millones de dólares extras.

Más allá de la desigualdad, las oligarquías ahora promueven de manera más abierta políticas regresivas a escala global. Además, según cálculos de Oxfam, un potentado tiene 4 mil veces más probabilidades de ocupar un cargo político que cualquier otra persona.

En la elección de 2024 en Estados Unidos, uno de cada seis dólares gastados por todos los candidatos, partidos y comités en ese país procedía de donaciones de 100 familias multimillonarias. “Las personas más ricas del mundo han construido su poder político principalmente de tres formas: comprando apoyo, invirtiendo en legitimar el poder de las élites y garantizándose un acceso directo a las instituciones”.

En América Latina y el Caribe el derrotero es el mismo: mientras la región se enfila a otra década perdida en términos de reducción de la pobreza, como ha advertido la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, los millonarios de la región avizoran una “década dorada”, expone Oxfam. En el último año, la riqueza conjunta de los magnates latinoamericanos creció 39 por ciento, 16 veces más rápido que el 2.4 por ciento que avanzó la economía de la región.

En América Latina y el Caribe “se ha consolidado una élite cuya prosperidad avanza al margen y a costa del resto de la sociedad”, destacó Oxfam. Actualmente hay 109 latinoamericanos con grandes fortunas, 14 más que a finales de 2024. Ellos concentran una riqueza conjunta de 622 millones de dólares, casi lo equivalente al producto interno bruto conjunto de Chile y Perú, que ocupan el quinto y sexto lugares como las economías más grandes de la región.

“Este desequilibrio perpetúa élites que compran influencia política y reproducen la desigualdad por generaciones, condicionando decisiones públicas y limitando los recursos en beneficio de las mayorías”, subrayó Gloria García-Parra, directora regional de Oxfam.

La forma en que se ha comportado la acumulación en América Latina y el Caribe rompe con toda la narrativa de la meritocracia. En la región, 53.8 por ciento de los milmillonarios lo son porque heredaron parcial o totalmente su riqueza; en cambio, al trabajador no le alcanzaría toda la vida para nivelar la balanza.

En este siglo, la riqueza sumada de los megarricos ha aumentado en promedio 54 millones de dólares por día. En contraste, el salario mínimo promedio de un empleado en la región es de 4 mil 815 dólares al año.

Puesto de otra manera, un trabajador necesitaría 102 años para ganar lo que un milmillonario obtiene en un día.

La organización no gubernamental también destacó que la riqueza de los magnates de la región proviene “de sectores altamente concentrados, con enormes barreras de entrada y poder de mercado suficiente para influir en precios, regulaciones y decisiones públicas”. Sólo 65 por ciento provienen del sector financiero y servicios de inversión, de medios y telecomunicaciones y de energía y recursos naturales.

“La economía de los superricos (latinoamericanos) está profundamente ligada a sectores desregulados o capturados, donde el poder económico se convierte en poder político, alimentando un ciclo de concentración que sostiene y reproduce la desigualdad”, apunta la organización.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/19/economia/fortunas-de-megarricos-crecieron-200-mas-rapido-en-2025-oxfam

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Oxfam es una confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales, que realizan labores humanitarias en 90 países. Su lema es "trabajar con otros para combatir la pobreza y el sufrimiento". https://es.wikipedia.org/wiki/Oxfam

sábado, 17 de enero de 2026

Los valores de Cuba*

 Respuesta a un viejo compañero

Por Jorge Fuentes

Como recordarás ya estuvimos esperando, aquel octubre glorioso de 1962, que nos cayeran encima las bombas atómicas. Me encontraba en Baracoa dirigiendo a los estudiantes recogedores de café y me incorporé al Secretariado de guerra de la UJC, donde estábamos Colomé, secretario general de la organización, yo y alguien más. Empezaron a llegar jóvenes de la ciudades, porque Fidel quería que estuvieran en las montañas, para que alguno sobreviviera, pero los que dirigíamos aquello, jóvenes de la UES que me acompañaban, no teníamos comida ni recursos y los camiones seguían llegando con más muchachos. No cambiaría ningún momento de mi vida por un segundo de aquel momento. La gente estaba serena, como debemos estar ahora y el tiempo pasó, hasta el punto que hoy somos unos viejos y vivimos para hacer el cuento. Claro, había URSS en aquella época y Fidel tenía 36 años. 

Trump jamás sabrá que se ha convertido en uno de los mayores factores de unidad de Cuba y de América Latina, algo muy peligroso para ellos en tiempos de disolución de la unipolaridad. Hay que estar atentos por una posible agresión militar, pero también atender a la nueva situación geopolítica y a fisuras posibles en la política agresiva de los Estados Unidos, que nos permitan el ejercicio de una diplomacia revolucionaria e inteligente.  

Somos los enemigos más experimentados del imperialismo yanqui en este hemisferio. La respuesta a los peligros de los factores externos, debe ser la solución de los factores internos y crear no sólo un socialismo cubano que tenga en cuenta que vivimos en occidente y en su cultura, también un socialismo que no puedan lastrar ni con prejuicios anticomunistas ni con la exageración mediática de nuestros propios errores y defectos, resultados en su mayoría de la acción de la burocracia y la incapacidad para crear nuevos modelos que sustituyan lo imposible por lo posible. 

Que el Partido vuelva a ser la representación del pueblo y no una extensión del gobierno. El Partido de la clase obrera y sus sindicatos, fieles a sus intereses estratégicos y tácticos. El Partido de los humildes y para los humildes, de los pobres, llamados ahora vulnerables. De los estudiantes y los intelectuales. De los negros, como llegó a ser en tiempos anteriores al triunfo de la revolución y posterior al auge de las luchas obreras y comunistas. De las mujeres, del  Movimiento LGBT, de los discriminados por cualquier razón, de los jubilados y ancianos, de los sin casa, los sin trabajo y los que no logran satisfacer las necesidades familiares del mes, que es casi todo el pueblo.También de los emprendedores, pequeños y medianos propietarios que deben impulsar, desde su posición, la economía socialista. El Partido garante, con seriedad y firmeza, de cada artículo de la Constitución. El Partido que entiende que la República es de todos los ciudadanos, donde abundan las personas trabajadoras y decentes, y no sólo de los marxistas y revolucionarios a quienes tampoco nadie debe negarles su papel de apoyo a la vanguardia política. Ello obliga a que defendamos (el Partido), la libertad de pensamiento y expresión y a quienes ejercen ese derecho en apego a la Constitución y la ley. 

El presente, en los tiempos cubanos, muchas veces se parece al pasado. Esa marcha que hoy he visto emocionado, viene de enterrar, nuevamente, a nuestros compañeros. Llevamos cientos de años muriendo y viviendo en la consecución de un empeño y en la defensa de una causa. La de la libertad y la soberanía, las dos fuertes columnas de la unidad, legado de nuestros padres y abuelos. 

Sumémonos todos, cubanos de todas partes, a la audacia que significa un socialismo de democracia amplia, de diálogo intenso, no que tolere, sino que acepte la existencia del otro. Ofrecer, en la unidad a la que nos convoca la muerte de nuestros compañeros, unidad  en la diversidad, un corpus fraterno que convierta en algo físico, los extraordinarios valores espirituales de Cuba.
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* Enviado por el autor

jueves, 15 de enero de 2026

Cuba honra a sus héroes

La ciencia y su impronta en la actualidad

Por Giraldo Alayón García / Fundación Ariguanabo

La ciencia, entendida como el conjunto sistemático de conocimientos obtenidos mediante la observación, la experimentación y el razonamiento, constituye uno de los pilares fundamentales de la civilización moderna. Su impronta en la actualidad es tan profunda que resulta imposible concebir la vida contemporánea sin los avances, las aplicaciones y las reflexiones que de ella se derivan. Desde la medicina y la tecnología digital hasta la política, la economía y la cultura, la ciencia se ha convertido en un motor de transformación que redefine constantemente los límites de lo posible. Este escrito busca explorar, en un recorrido amplio y detallado, cómo la ciencia ha moldeado nuestro presente, cuáles son sus principales aportes, los desafíos que enfrenta y las perspectivas que abre hacia el futuro.

El tránsito desde la Edad Media hacia la modernidad estuvo marcado por la emergencia de un método científico que permitió cuestionar dogmas y abrir paso a una visión racional del universo. La revolución científica de los siglos XVI y XVII, con figuras como Copérnico, Galileo, Kepler y Newton, sentó las bases de un paradigma que aún hoy guía la investigación y el conocimiento. La idea de que el mundo podía ser comprendido mediante leyes universales y verificables transformó radicalmente la relación del ser humano con la naturaleza y con sí mismo.

La ciencia se convirtió en el lenguaje universal de la modernidad. A diferencia de las ideologías o religiones, que dependen de contextos culturales específicos, la ciencia se basa en principios replicables y verificables. Un experimento realizado en un laboratorio de Tokio puede ser reproducido en Berlín o en La Habana, y los resultados serán comparables. Esta universalidad ha permitido que la ciencia sea un puente entre culturas y naciones, un terreno común en el que la humanidad puede dialogar y cooperar.

El impacto de la ciencia en la vida cotidiana es incuestionable. La electricidad, los antibióticos, los satélites y los microprocesadores son ejemplos de cómo descubrimientos científicos se traducen en tecnologías que transforman radicalmente la vida diaria. La posibilidad de comunicarnos en tiempo real con cualquier parte del planeta, de viajar en pocas horas a miles de kilómetros de distancia o de acceder a información ilimitada desde un dispositivo portátil son logros que, aunque hoy parecen naturales, son fruto de siglos de investigación científica.

Uno de los ámbitos donde la ciencia ha dejado una huella más visible es la salud. Los avances médicos han reducido la mortalidad y mejorado la calidad de vida de millones de personas. Las vacunas, los antibióticos, las terapias génicas y las técnicas de diagnóstico por imagen son hitos que han cambiado la historia de la humanidad. Enfermedades que en el pasado eran sinónimo de muerte segura hoy pueden ser prevenidas, tratadas o incluso erradicadas.

La pandemia de COVID-19 mostró tanto la vulnerabilidad global como la capacidad de la ciencia para generar soluciones rápidas. En menos de un año, se desarrollaron vacunas basadas en tecnologías innovadoras como el ARN mensajero, lo que permitió contener la propagación del virus y salvar millones de vidas. Este episodio evidenció la importancia de la inversión en investigación científica y la necesidad de sistemas de salud robustos y coordinados a nivel internacional.

Sin embargo, los avances científicos en salud también plantean dilemas éticos. La edición genética mediante técnicas como CRISPR abre la posibilidad de corregir enfermedades hereditarias, pero también genera debates sobre la manipulación de la vida y los límites de la intervención humana. La clonación, la inteligencia artificial aplicada a la salud y la creación de órganos artificiales son campos que, aunque prometedores, requieren una reflexión profunda sobre sus implicaciones sociales y morales.

La ciencia de la computación y las telecomunicaciones ha creado un mundo interconectado. Internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han transformado la manera en que nos comunicamos, trabajamos y nos relacionamos. La información fluye a una velocidad sin precedentes, y el acceso a conocimientos antes reservados a élites académicas se ha democratizado.

La inteligencia artificial es una de las expresiones más visibles de la ciencia aplicada en la actualidad. Desde asistentes virtuales hasta algoritmos de predicción médica, la IA está presente en múltiples aspectos de la vida cotidiana. Su capacidad para procesar grandes volúmenes de datos y aprender de ellos redefine la investigación científica y la toma de decisiones políticas y económicas. La IA no solo es una herramienta, sino también un campo de estudio que plantea preguntas sobre la naturaleza de la inteligencia y la relación entre humanos y máquinas.

El Big Data, entendido como la capacidad de procesar grandes volúmenes de información, ha revolucionado la investigación científica. En áreas como la astronomía, la biología y la economía, el análisis de datos masivos permite descubrir patrones y tendencias que antes eran invisibles. Esta nueva forma de conocimiento, basada en la estadística y la computación, complementa y amplía los métodos tradicionales de la ciencia.

La ciencia ha demostrado con evidencia sólida el impacto humano en el calentamiento global. El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, y la investigación científica ha sido clave para comprender sus causas y consecuencias. Los modelos climáticos, basados en datos de temperatura, emisiones y patrones atmosféricos, han permitido prever escenarios futuros y diseñar estrategias de mitigación.

La búsqueda de energías renovables es otro campo donde la ciencia desempeña un papel crucial. La investigación en energía solar, eólica y nuclear de fusión busca alternativas sostenibles que reduzcan la dependencia de los combustibles fósiles. Estos avances no solo tienen implicaciones ambientales, sino también económicas y geopolíticas, al redefinir las fuentes de poder y riqueza en el mundo.

La biología y la ecología permiten diseñar estrategias para preservar especies y ecosistemas. La conservación de la biodiversidad es esencial para mantener el equilibrio del planeta, y la ciencia ofrece herramientas para monitorear, proteger y restaurar hábitats naturales. La genética, por ejemplo, se utiliza para estudiar poblaciones en peligro y diseñar programas de reproducción que eviten la extinción.

La ciencia no es un fenómeno aislado, sino que está profundamente entrelazada con la sociedad. En el ámbito político, las políticas públicas basadas en evidencia fortalecen la gobernanza y la toma de decisiones. La economía del conocimiento, impulsada por la innovación científica, es motor de competitividad y desarrollo. Los países que invierten en ciencia y tecnología suelen tener mayores niveles de bienestar y crecimiento.

La ciencia también tiene un impacto cultural. La divulgación científica y la educación fomentan una ciudadanía crítica y consciente. Programas de televisión, libros de divulgación y plataformas digitales acercan la ciencia a públicos amplios, rompiendo barreras de acceso y comprensión. La cultura científica es esencial para enfrentar los desafíos contemporáneos, desde la desinformación hasta la toma de decisiones responsables.

A pesar de sus logros, la ciencia enfrenta desafíos significativos. El auge de noticias falsas y teorías conspirativas amenaza la confianza en la ciencia. La desinformación, amplificada por las redes sociales, puede socavar campañas de vacunación, políticas ambientales y avances tecnológicos. Combatir este fenómeno requiere no solo más investigación, sino también estrategias de comunicación efectivas y accesibles.

El acceso desigual a los beneficios científicos es otro problema. No todos los países ni comunidades tienen el mismo acceso a tecnologías médicas, educativas o digitales. Esta brecha científica y tecnológica perpetúa desigualdades sociales y económicas. La ciencia, para ser verdaderamente transformadora, debe ser inclusiva y equitativa.

La ética y la responsabilidad son aspectos centrales de la ciencia contemporánea. El progreso científico debe equilibrarse con la justicia social y el respeto al medio ambiente. La investigación en inteligencia artificial, biotecnología y exploración espacial plantea preguntas sobre los límites de la intervención humana y la necesidad de marcos regulatorios globales.

El futuro de la ciencia abre horizontes fascinantes. La exploración espacial, con proyectos para colonizar Marte y establecer bases en la Luna, representa un nuevo capítulo en la historia humana. La biotecnología y la nanotecnología prometen revolucionar la medicina y la industria, creando materiales y tratamientos que hoy parecen ciencia ficción.

La ciencia también invita a reflexionar sobre la filosofía y el sentido de la existencia. Más allá de los avances técnicos, la ciencia plantea preguntas sobre la naturaleza del universo, la vida y la conciencia. La relación entre ciencia y filosofía es esencial para construir valores y orientar el uso responsable del conocimiento.

La ciencia no es solo un conjunto de conocimientos, sino una forma de mirar el mundo y de transformarlo. Su impronta en la actualidad es profunda y multifacética: nos da herramientas para enfrentar problemas globales, nos conecta en un planeta interdependiente y nos invita a reflexionar sobre los límites de nuestra propia humanidad. El reto es garantizar que este poder se use con responsabilidad, equidad y visión de futuro. La ciencia, en definitiva, es el espejo en el que la humanidad se reconoce y el camino por el que avanza hacia lo desconocido.

miércoles, 14 de enero de 2026

Cuba ante EEUU: lecciones y antilecciones de la intervención en Venezuela

 Por Rafael Hernández

Examinar de manera ecuánime la situación geopolítica creada a partir de la intervención de EEUU en Venezuela y sus implicaciones para Cuba requiere empezar por dar un paso atrás. 

De entrada, recordemos el dicho de que “no hay política exterior como la política interna”.

Fue la distorsión de lo que pasaba aquí el primer reto al que se tuvo que enfrentar el liderazgo cubano. El que generó las primeras embajadas de altos dirigentes a los Estados Unidos, América Latina, África, Asia, donde se empezó a tejer una política exterior de alcance mundial, y una red de alianzas plural y autónoma, con el Sur emergente, y con diversos actores del Norte. Fue la aplicación del programa de reformas, a partir de la agraria; y el rescate de la soberanía nacional, la justicia social y el desarrollo, los ingredientes fundamentales del consenso y la movilización para avanzar aquella política revolucionaria interna/exterior. Fueron esos ingredientes los que permitieron crear rápidamente un sistema de defensa y seguridad nacional, ante una contrarrevolución respaldada por EEUU, que produjo una guerra civil en todo el país y una invasión. Fue la perpetuación de ese conflicto por parte de EEUU y la continuidad de su guerra no declarada lo que impidió que la derrota interna de esa contrarrevolución en 1961-1963 pudiera conducir más adelante a una reconciliación. Y fueron sus intereses geopolíticos los que prevalecieron, por encima de Cuba, los cubanos y sus intereses nacionales, para seguir alimentando a esa contrarrevolución exiliada y refuncionalizándola en su juego político doméstico. 

Naturalmente, del lado de acá, ese estado de guerra provocó que el factor EEUU permaneciera en el cuadro político doméstico. De manera que el grado de tensión de nuestras relaciones bilaterales ha operado como vaso comunicante con la situación interna. Casi siempre para mal, como es natural.

Antes de discutir en qué medida nuestra política interna/externa puede responder a los desafíos actuales de la crisis venezolana y el intervencionismo de EEUU, quiero volver sobre algunos puntos que contradicen “las narrativas” relacionadas con el lugar de Cuba y los cubanos en este complejo contexto geopolítico. 

No es la primera vez que asesores militares y de seguridad cubanos colaboran con gobiernos establecidos en América Latina y el Caribe. Lo hicieron con Salvador Allende en Chile (1970-73), con el Frente Sandinista en Nicaragua (1979-1990), con Maurice Bishop en Granada (1979-83). Por supuesto, su peso específico fue muy inferior a la colaboración civil, con esos y otros gobiernos, como también ha sido el caso en Venezuela. 

Su rol en la seguridad o asesoría en aquellos países y gobiernos no involucró tropas destinadas a participar en operaciones militares. Ese rol en los terrenos de la salud, la educación, el deporte sí lo tuvieron con miles de médicos y personal de salud, maestros, instructores deportivos y de arte. 

Por otra parte, tanto en el caso de los trabajadores civiles en Granada como en el del reducido grupo de militares que cumplían tareas de seguridad personal en Venezuela, se vieron envueltos en una intervención de EEUU que desbordaba con mucho su misión, número y los medios de que disponían. La lección de los 24 caídos en Granada, así como los 32 en Venezuela, es que pudieron haber desistido de enfrentar a una fuerza tantas veces superior; y que su resistencia no fue solo su compromiso, o su fidelidad a la causa, ni tiene nada que ver con fanatismo ideológico o vocación suicida; sino parte de una cultura política patriótica, activa en cualquier lugar donde estuvieran atrincherados. También allá estaban defendiendo la patria. 

Por si a alguien le parece una consigna, subrayo que este es un dato de inteligencia militar relevante para un escenario de agresión contra Cuba. Fue la antilección que aprendieron los oficiales de la CIA que planearon Playa Girón, así como el gobierno de JFK, a quienes los exiliados cubanos recién llegados les aseguraba que los milicianos y el Ejército cubanos no iban a pelear. 

Claro que no estamos en los años de la Crisis de octubre, o de las misiones internacionalistas en Angola, o de la alianza económica y el suministro militar con la URSS, sino en el mundo posGuerra fría, donde nos quedamos “a solas con el imperialismo”, Kiva Maidanik dixit.  

Cuando ese cambio geopolítico ocurrió, no hubo diálogo con Cuba, sino que EEUU aprobó la Ley Torricelli, dirigida a “apretar el embargo de EEUU contra Cuba y promover el cambio democrático en las isla”. Así que los carros en Little Havana se llenaron de calcomanías que proclamaban “Next Christmas in Havana” y un best-seller titulado La hora final de Castro (“esta vez sí”) apareció como la guía de ese derrumbe. Aunque nadie lo tomaría en cuenta en aquel momento, entre sus lectores estaba un joven que estudiaba la licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de la Florida, nombrado Marco Rubio. Desde entonces, han pasado casi 35 años. 

Una de las lecciones derivadas de la Operación Absolute Resolve es que a pesar de su planificación milimétrica y uso de una fuerza desproporcionada (para el objetivo de secuestrar a un jefe de Estado), un puñado de militares cubanos fueron capaces de darles batalla durante dos horas. La historia oficial sobre la eficiencia impecable de la operación habría sido insostenible, si apenas alguna de las infiltraciones en el sistema de defensa venezolano hubiera fallado, o si los cubanos hubieran recibido refuerzos.

Otra lección, o más bien antilección, es que hacer deducciones del caso venezolano para Cuba resulta riesgoso, por decir lo menos. Especialmente si se pasan por alto las grandes diferencias entre ambas, en términos históricos, económicos, sociales, culturales, de sistemas políticos. Y de fuerzas armadas. Suponer que los EEUU no lo saben subestima su nivel de información sobre la Cuba real.  

Según la CIA (Cuba Military 2024, CIA World Factbook), “las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) son un pilar central del régimen cubano y se consideran el guardián de la revolución. Las FAR se centran en gran medida en proteger la integridad territorial y el Estado, y perciben a Estados Unidos como su principal amenaza. El ejército, que una vez superó los 200 mil efectivos, ahora se estima que cuenta con unos 40 mil soldados y es una fuerza basada en el servicio militar obligatorio, equipada con armas y equipos de la era soviética”.

La CIA sabe eso y mucho más. Según Globalmilitary.net (Cuba Military Forces & Defense Capabilities ) “el Ejército cubano cuenta con alrededor de 50 mil efectivos activos y una robusta reserva y fuerza paramilitar que supera el millón, lo que facilita la movilización rápida para la defensa del territorio nacional”.

En términos estratégicos, según esta misma fuente, se mantiene “una doctrina defensiva que enfatiza la protección territorial a través de una estrategia de ‘guerra del pueblo’ basada en la movilización masiva… y una postura militar orientada a la disuasión dentro de limitaciones geopolíticas.” “Estos esfuerzos posicionan a Cuba en mantener una defensa creíble dentro de límites fiscales y tecnológicos.”

“La modernización militar de Cuba se caracteriza por un esfuerzo enfocado en actualizar equipos de la era soviética, especialmente los sistemas de defensa aérea, mediante colaboración con Bielorrusia y Rusia. Aunque limitadas en alcance debido a factores económicos y geopolíticos, estas iniciativas mejoran las capacidades defensivas de Cuba”.

En resumen, según las plataformas dedicadas a temas militares y de seguridad a nivel global, Cuba mantiene niveles de defensa eficaces y apropiados para sus necesidades, limitados a fines disuasivos y de resiliencia defensiva. La observación de que esto ocurre “dentro de restricciones geopolíticas” no es superflua. Ninguna de estas plataformas — MilitarySphere.com, Globalmilitary.net, Armyrecognition.com, Globalfirepower—registra nada parecido a bases militares extranjeras en la isla. A pesar de la especulación en torno a instalaciones chinas o rusas, de las que algunos “medios serios” se han hecho eco, ni siquiera Trump o Rubio han recurrido a este argumento en sus referencias a Cuba.     

Otra diferencia de fondo con respecto a Venezuela en materia de seguridad es la relación de cooperación con los EEUU, particularmente, en áreas prioritarias como el control migratorio y la intercepción del narcotráfico en el Caribe y aguas aledañas. 

Esta cooperación ha incluido diversos tópicos, sobre los que se avanzó no solo con las administraciones demócratas, sino con la republicana entre 2017 y 2020. Entre 2015 y 2024, se acordaron ocho grupos de trabajo bilaterales, para enfrentar de manera conjunta el terrorismo, el tráfico ilícito de migrantes y el fraude migratorio, el lavado de dinero y otros delitos financieros, la asistencia judicial en materia penal, seguridad de comercio y protección de las personas, la trata de personas, la ciberseguridad y los ciberdelitos (“Antecedentes y valoraciones necesarias sobre la cooperación bilateral oficial entre Cuba y los Estados Unidos, en materia de Aplicación y Cumplimiento de la Ley”, 17 de diciembre, 2025, ponencia Centro de Investigaciones de Política Internacional)

Construir un expediente sobre el liderazgo cubano y Cuba como el que EEUU armó para preparar la agresión a Venezuela contradice todo esto. Algunos lectores me dirán que Trump es capaz de urdir “una narrativa” que ignore esos intereses y esa cooperación, como lo ha hecho al paralizarla a lo largo de 2025. Seguro que sí. Pero ni él, ni el mismo Rubio, han encontrado sentido en extender a Cuba la lógica de la fuerza militar contra Venezuela. A pesar de las lecturas sensacionalistas que sus referencias a Cuba han suscitado en algunos medios, el argumento “Cuba se va a caer sola” ha prevalecido; pues lo que le queda a EEUU es “destruir el lugar”, opción que no lograría lo que se supone es el objetivo: “llevar la democracia y la libertad al pueblo cubano”. Sino apenas “castigar al régimen”, con pocos resultados prácticos en sus propósitos políticos. Porque una cosa es “la narrativa”, y otra la puesta en escena.

Aquí llegamos a otra diferencia fundamental entre Venezuela y Cuba que muchos pasan por alto, y que podríamos definir como la economía política de la intervención. 

¿Cuál era el objetivo real de la Operación Absolute Resolve?

La actual fase de la intervención ha hecho aún más ostensible que su meta era asegurarse ese petróleo cercano y que su constituency son las corporaciones petroleras. To run Venezuela es la manifestación más descarnada y actual del imperialismo, según lo describieron sus estudiosos y doctrinarios a principios del siglo XX. 

Según esa caracterización, EEUU no necesita ocupar Venezuela, ni establecer siquiera enclaves militares en su territorio, o apropiarse de los yacimientos de petróleo y otros minerales más estratégicos todavía. Como diría el almirante Alfred T. Mahan en sus textos clásicos de geopolítica, lo que necesita EEUU es administrar esos territorios como sus new possessions. Y si los actuales gobernantes se plegaran a ese nuevo orden, habría conseguido su objetivo a un costo mínimo.

Probablemente a corporate man como Trump, orgulloso de sus habilidades para resolver conflictos aplicando su peculiar versión de la realpolitik, estaría dispuesto a “cuadrar la caja” con una dirigencia cubana que estuviera dispuesta a ceder a sus intereses. 

Si consideráramos momentáneamente la hipótesis de extender a Cuba las políticas inventadas hacia Venezuela, encontraríamos algunos resultados interesantes, y muy contradictorios con ciertas nociones aceptadas sobre el sentido que persiguen. Aunque sabemos que se trata de un escenario muy improbable, vale la pena examinarlo, por lo que nos revela acerca de la congruencia y naturaleza de esas políticas. 

Lo primero que salta a la vista en el esquema de Rubio para Venezuela, estabilización-recuperación-transición, es que la cuestión de “la democracia y la libertad” resulta relegada. En efecto, esa fórmula coloca por delante el aseguramiento del orden público y el funcionamiento de las instituciones existentes, en oposición a la turbulencia que generaría un intento de cambio político “democratizador” abrupto. 

Una vez asegurada esa estabilidad, vendría la recuperación económica. Como se sabe, dada la naturaleza estructural de muchos problemas, y su articulación interna/externa, esa recuperación en Cuba no podría ser resuelta en unos meses, y en algunos aspectos, según la mayoría de los expertos, requeriría años. Lo más obvio es que las necesidades de capital externo resultarían imprescindibles en varios sectores. Pero invertir en una economía cuyos déficits empiezan por la infraestructura (energía, agua, carreteras y vías férreas, etc.), sector que no garantizaría ganancias a corto plazo, no se resuelve con una varita mágica. Hasta aquí bastaría para percatarse de que la cuestión de la recuperación es más compleja de lo que parece.

Entonces vendría “la transición”, que sería la transformación del modelo político. Aunque es posible imaginarla, ahora mismo no queda claro cómo y hasta qué punto se transformaría el vigente. Y mucho menos quiénes serían los protagonistas de ese cambio.

Si ese esquema de Rubio animara realmente la política hacia Cuba, más bien deberían proponerse facilitar una política de reformas como la que el actual gobierno cubano está obligado a implementar para encaminar la recuperación. 

En lugar de asediarlo y amenazarlo, debería replicar la política que tuvo George H. Bush hacia China en 1978, al restablecer relaciones; y la que promovieron el senador republicano John McCain y el demócrata John Kerry para restablecerlas con Vietnam (1995). Reformas que no respondieron a amenazas ni dictados externos, sino salieron de los cambios en los propios partidos comunistas. 

Aprendiendo de esas lecciones, podrían también percatarse de que las diásporas china y vietnamita no tuvieron un papel protagónico en generar las reformas, aunque sí se beneficiaron ampliamente de la Reforma y apertura y el Doimoi. No solo en los espacios abiertos para su regreso y participación activas en la economía, sino en la educación, la cultura, la ciencia, y en general, en la reintegración a sus sociedades de origen, en lugar de seguir oponiéndoseles, apoyando las políticas recalcitrantes y aislacionistas de sus exilios históricos. 

Gracias al mantenimiento de esas relaciones, y al diálogo continuado de EEUU con esos dos gobiernos al más alto nivel, sus empresas, universidades, instituciones culturales, y muchas agencias de gobierno, como las de protección del medio ambiente, lucha contra el crimen organizado, el narco, etc. pudieron coordinar y avanzar en beneficio de sus intereses.  

Para que esas reformas caminaran, se necesitó un Estado fuerte capaz de refundar un sector público moderno, que impulsara y controlara el desarrollo, garantizara el bienestar y los servicios sociales básicos, y redujera drásticamente la pobreza. Sin ese Estado fuerte no es posible garantizar la estabilidad ni alcanzar la meta volante de la recuperación, en camino a una modernización integral de todo el sistema.

Las oportunidades para influir en esos cambios internos/externos pasan entonces más por la conversación que por los ultimátums, por la cooperación que por las amenazas. Estas solo pueden suscitar reacciones en defensa de la soberanía y la independencia nacional, de las que los cubanos somos extremadamente celosos; incrementar el legado de desconfianza acumulado con EEUU; y en última instancia, perjudicar el clima de libertad y debate necesarios para avanzar en los cambios. Ese ha sido el efecto típico de la mentalidad de fortaleza sitiada, lo cual no debería ser un misterio para EEUU ni para nadie que conozca a Cuba.    

Para concluir, llegamos al tema inicial de estas notas. ¿Cuál sería el sentido de la política interna ante esta situación geopolítica?

Mirando atrás, durante el corto verano de Obama, lo más complicado no fue el impacto de su discurso sobre la sociedad civil, el efecto de su semblante “buena gente” sobre unos cubanos acostumbrados a la prepotencia imperial clásica, o la lentitud de nuestros aparatos ideológicos para actualizarse al nuevo contexto. Lo más delicado fue la vinculación entre el progreso en las relaciones bilaterales y la dinámica de las reformas en curso. 

Muchos problemas que integran la agenda pendiente de las reformas cubanas se ubican en áreas tangentes con la agenda estadounidense hacia Cuba. Entre estos se encuentran, por ejemplo, la ampliación del sector privado y las facilidades otorgadas para su desarrollo; la expresión de la opinión pública y la autonomía real de los medios; el acceso y eficiencia de Internet; el lugar de los emigrados y su estatuto ciudadano; la legislación pendiente sobre asociaciones, derecho a protestas públicas, reuniones, culto religioso; etc. Esta agenda estadounidense las recarga políticamente de manera negativa.

Por esa razón de más, una política interna coherente, no reactiva ni coyunturalista, exigiría avanzar en cambios internos y externos que refuercen su autonomía y la desvinculen de la dinámica de las relaciones bilaterales. Es decir, impedir que el significado y la razón de ser de esos cambios se contamine a los ojos de la opinión pública, y por el contrario, se refuerce el consenso necesario para implementarlas, disminuido por los años de crisis y políticas ineficaces. El manejo comunicativo sobre la naturaleza de esos cambios internos, su alcance e implicaciones políticas resultaría clave también para contribuir a una lectura apropiada de nuestra politica exterior, incluida la que tenemos hacia Estados Unidos.

¿Qué hacer, tomando en cuenta la circunstancia creada por la intervención en Venezuela y la perspectiva de 2026? ¿Cuáles deben ser las políticas prioritarias, coherentes con una estrategia para salir de la crisis y que se hagan cargo de la complejidad del momento? ¿Para avanzar, enfrentando los retos, y reforzando el consenso, sin dejarse arrastrar por el síndrome de fortaleza sitiada?

Les pasé estas preguntas a un grupo de investigadores de la economía y la política cubanas, de distintas edades y trayectorias, residentes aquí y activos en algunas de nuestras instituciones. Termino estas notas con un sumario de sus respuestas, que les pedí fueran telegráficas.

1. ⁠Reforma y reestructuración del sector empresarial general, fundamentalmente estatal. Redimensionarlo, ampliando las facultades de esas empresas; e introducir mecanismos de mercado en su funcionamiento para superar el inmovilismo burocrático. 

2. Una política de saneamiento y transparencia financiera y bancaria (incluyendo una nueva política tributaria); y una política monetaria proactiva, que garantice una tasa de cambio única (económicamente fundamentada) flotante para toda la economía. 

3- Consolidar, ampliar, profundizar, dinamizar las relaciones comerciales con Rusia y China. Activar una diplomacia económica y política con otros países para asegurar líneas de abastecimiento de combustibles (México, Rusia, Irán, Argelia, Angola).

4- Estimular las exportaciones por todas las vías posibles. Lograr nuevos acuerdos en otras regiones (África y eventualmente Asia), especialmente para exportar servicios médicos.

5- Generar iniciativas para resolver los impagos de la deuda externa, incluyendo activos, emisión de bonos, etc., con el objeto de abrir créditos internacionales y fomentar mayor inversión extranjera. Apertura más decidida al capital extranjero y más facilidades para concretar los negocios; incluyendo a los cubanos residentes en el exterior, para quienes debería crearse una vía expedita (fast track).

6. Promover la producción de alimentos, incluyendo caña de azúcar.

7. Sustituir la planificación económica centralizada de asignación de recursos materiales y financieros heredada de la URSS. Establecer el mercado como regulador de la economía estatal y no estatal. Mantener la planificación estatal centralizada para determinar el desarrollo estratégico de la economía y para evitar las desviaciones del mercado que afecten a la población, sobre todo a los más vulnerables.

8. Convertir la mayoría de las empresas estatales en empresas públicas por acciones, que puedan ser adquiridas por los trabajadores y otras personas naturales y jurídicas nacionales y extranjeras. La gestión de estas empresas debe ser decidida por sus propios trabajadores, encargados de postular y elegir a los principales dirigentes empresariales.

9. Aplicar las distintas modalidades de la democracia directa, donde los ciudadanos tomen decisiones en los asuntos públicos de obligatorio cumplimiento. En las elecciones generales 2028, que las Comisiones de Candidatura postulen dos candidatos por cada escaño del parlamento, e igual procedimiento en las próximas elecciones del PCC y de las organizaciones de masas y sociales.

Como algunos de ellos me advierten, nada de esto tiene un carácter técnico-económico separado de procesos políticos que deben fluir y negociarse paralelamente; y que construir consenso abajo y arriba es clave para entender los riesgos que deben asumirse, lo que se debe ceder o sacrificar. 

Solo agregaría que, si bien las reformas tienen que diseñarse y aplicarse desde el Estado, las nuestras implican la renovación de un pacto social, que solo puede alcanzarse de frente a la sociedad. Ahorrarse esa confrontación, por consideraciones o conveniencias de cualquier índole, carecería de sentido como política socialista. 

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