domingo, 19 de abril de 2026

Condenan comunicadores de 25 países agresión de EU a Cuba

 Luis Hernández Navarro

La Habana. Manolo de los Santos imparte la conferencia magistral con la que termina el quinto Coloquio Patria. Arma el rompecabezas, con sencillez y humildad, de la estrategia de comunicación de Fidel Castro. Lo escuchan, atentos, entre otros, el presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, la que fue bautizada como madre de Patria, Rosa Miriam Elizalde, altos dirigentes del Partido Comunista Cubano (PCC) y funcionarios del gobierno cubano. 

En distintos momentos de su charla, De los Santos recalcó la ironía de estar hablando frente a la dirección de la Revolución cubana. Nacido en República Dominicana, a los 5 años de edad se trasladó al sur del barrio de Bronx, en Nueva York. Es director ejecutivo y portavoz de The People´s Forum y un organizador nato. Visita regularmente Cuba, donde es querido y respetado. Ha trabajado con Pastores por la Paz.

Durante varios años vivió en la isla y fue un puente con los jóvenes estadunidenses que estudian medicina en la Escuela Latinoaméricana de Medicina (ELAN).

A juzgar por el cálido abrazo que le propinó Díaz-Canel al terminar su conferencia, existe entre ambos una estrecha relación, que va más allá de lo personal. El primer secretario del partido comunista ha expresado en múltiples ocasiones, recordando al comandante Fidel Castro, el gran respeto que Cuba tiene por el pueblo estadunidense.

De manera que, coronar un evento tan relevante como Patria, al que el liderazgo de la nación caribeña dedicó tanto tiempo, con una conferencia magistral de un estadunidense sobre el líder histórico de la Revolución cubana, no es una casualidad, sino un mensaje lleno de significado. La Antilla quiere tener relaciones estrechas y cordiales con Estados Unidos, y De los Santos es uno de sus puentes nodales.

Más allá de su charla, La Jornada entrevistó a Manolo, para conocer su opinión sobre el momento actual que se vive en la relación binacional

–Manolo, ¿cómo se ve a Cuba en Estados Unidos?

–Creo que el pueblo estadunidense, en su mayoría, no tiene una opinión formada sobre Cuba. El entendimiento que tiene sobre este país se está formando realmente ahora, a partir de las declaraciones de Donald Trump. Y la gente, no por simpatía con la ideología cubana o de la lucha contra el bloqueo, sino simplemente porque rechaza en general las políticas de Trump, también rechaza las amenazas de guerra que hace el presidente.

–Sin embargo, pareciera que hay mayor beligerancia de un sector de la comunidad cubana de Florida. ¿Es así?

–Yo creo que es una beligerancia diminuta, cuando uno toma en cuenta la escala que tiene una comunidad cubana americana dentro de Estados Unidos. Esas voces beligerantes son una minoría dentro de la comunidad cubana americana.

–¿El acercamiento que hubo en la época de Obama está presente como referencia en la memoria histórica estadunidense?

–Creo que el pueblo estadunidense tiende a tener una memoria bastante corta. Parece que el proceso de normalización con Obama fue hace un siglo y no hace 10 años. Hay que rescatar esa historia, pero actualmente, no figura en el radar político de muchos estadunidenses.

–¿Ves algún peligro de que, a partir de lo sucedido con Washington en Irán, se intensifique la agresión hacia Cuba?

–Ese es el desafío que tiene el imperio estadunidense. Ninguna derrota, ni la de Vietnam, ni la de Irán ahora, son lo suficientes como para calmar la necesidad constante del imperio por subordinar al planeta. Creo que no solamente Cuba está en la lista. Hay una serie de escenarios mundiales en los que vemos un nivel de peligro inmenso, porque Estados Unidos va a querer de nuevo implantarse.

Proyecto Patria, fiesta de la belleza y la modernidad

El proyecto Patria cuenta ya con una hermosa sede en La Habana. Apenas el pasado viernes se inauguró, con la presencia del presidente Díaz Canel y del canciller Bruno Rodríguez. Durante tres días, los más altos dirigentes del Partido y el Estado cubanos estuvieron presentes en los trabajos del Coloquio.

Una señal inequívoca de la importancia que le dan a este proyecto sobre la comunicación digital.

En mucho, el despliegue de la iniciativa es resultado del tesón y el trabajo de la doctora Rosa Miriam Elizalde, entre otras cosas más, colaboradora de La Jornada.

Según ella, “el sueño, la inspiración de Patria, se la debemos al presidente. El primer Patria neonato surgió con el apoyo extraordinario de la cancillería, en particular del ministro Bruno Rodríguez. Un día, llegó el presidente y nos dijo: hay que hacer Patria todos los años. Tiene que mantenerse. Tenemos que crecer esto. Tiene que tener una casa. Y ahora, tenemos una casa que es la casa de todos”.

“El bellísimo nombre de Patria se lo debemos al periódico fundado por Martí. Hemos armado este proyecto desde la Trinidad Martiana. ¿Cuál era la Trinidad Martiana? La verdad, la justicia y la belleza.

“Patria –explica Rosa Miriam– tiene que ser una fiesta de pensamientos, una fiesta de la belleza, porque en la belleza está la emoción de nuestros pueblos. Tiene que ser una fiesta de la modernidad, como lo fue Martí en su tiempo. La izquierda no tiene por qué casarse con los feos, con los desaliñados.

Festival cultural de grandes ligas

El evento, dedicado al centenario de Fidel Castro, concluyó con un festival cultural, de grandes ligas. El gran poeta y etnólogo Miguel Barnet, de 86 años de edad, declamó su poema Patria: “No puedo esperar más/digo y vuelvo a repetir ahora/que cada día que pasa/quiero más a este viento debajo de las hojas”.

El Corona Ensamble interpretó obras como El guayaboso, de Guido, López o Poema el Mar del mismo Barnet, con música de Beatriz Corona. El cuarteto de Cuerdas del alma tocó Acrílicos en el espacio. Y, en un descuido, aparecieron las canciones Silvio Rodríguez, trovador de un país entero.

El número de asistentes al encuentro, en tiempos difíciles como los que corren, fue notable: 154 invitados internacionales y más de 3 mil participantes nacionales.

Sus resolutivos estuvieron atravesados por el momento que vive esa nación caribeña. “En el 65 aniversario de Invasión por Playa Girón –dicen–, reafirmamos el carácter profundamente político, histórico y estratégico de este encuentro que rinde homenaje a la primera gran derrota del imperialismo en América y a la vigencia de las ideas emancipadoras de la Revolución cubana”.

Después de tres días de análisis y debates, concluyeron que “la comunicación digital se ha consolidado como uno de los principales terrenos de disputa política, cultural, tecnológica y geopolítica del mundo contemporáneo, donde se dirimen no solo narrativas, sino también relaciones de poder, modelos de sociedad y proyectos civilizatorios”.

Denunciaron la creciente concentración del poder informativo y tecnológico en un reducido número de corporaciones trasnacionales que controlan infraestructuras críticas, flujos de datos, sistemas publicitarios, servicios en la nube, cadenas de valor de los semiconductores, plataformas digitales, algoritmos de recomendación y, de manera creciente, el desarrollo y despliegue de la inteligencia artificial.

El quinto Coloquio Internacional Patria condenó, también, la política de agresión de Estados Unidos contra Cuba, expresada en el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero, así como en la imposición de un cerco energético destinado a asfixiar el desarrollo del país y afectar directamente la vida cotidiana de su pueblo.

Y concluyó: “Frente a esta política de presión, reafirmamos la legitimidad del pueblo cubano para defender su proyecto social. Exigimos el levantamiento inmediato de todas las medidas coercitivas unilaterales.

“Llamamos a la comunidad internacional a rechazar cualquier forma de guerra económica que utilice la energía y la comunicación como instrumentos de castigo colectivo”.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/19/mundo/condenan-comunicadores-de-25-paises-agresion-de-eu-a-cuba

sábado, 18 de abril de 2026

México, Brasil y España abogan por respetar la soberanía de Cuba y más ayuda humanitaria a la isla

Armando G. Tejeda 

Barcelona. Tras el llamado de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, de condenar cualquier tipo de intervención militar en Cuba, finalmente los gobiernos de México, Brasil y España decidieron emitir un comunicado conjunto, en el que muestran su sintonía y de que van de la mano en esta crisis. Los tres países abogan por respetar el derecho internacional, aumentar la ayuda humanitaria y respetar la soberanía de la Isla. 

El comunicado señala: “Expresamos nuestra enorme preocupación por la grave crisis humanitaria que atraviesa el pueblo de Cuba y emplazamos a que se adopten las medidas necesarias para aliviar esta situación y se eviten acciones que agravan las condiciones de vida de la población o contrarias al Derecho Internacional. Nos comprometemos a incrementar de manera coordinada nuestra respuesta humanitaria dirigida a aliviar el sufrimiento del pueblo cubano”.

Además reiteran “la necesidad de respetar en todo momento el Derecho Internacional y los principios de integridad territorial, igualdad soberana y arreglo pacífico de las controversias, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”.

Por último, los tres países reafirman su compromiso “irrenunciable con los derechos humanos, los valores democráticos y el multilateralismo, y en ese sentido hacemos un llamamiento a un diálogo sincero, respetuoso y acorde al Derecho Internacional y a los principios de la Carta de Naciones Unidas. Su objetivo debe ser encontrar una solución duradera a la actual situación y garantizar que sea el propio pueblo cubano quien decida su futuro en plena libertad”.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/18/mundo/mexico-brasil-y-espana-abogan-por-el-respeto-y-la-ayuda-humanitaria-para-cuba

Días de Girón

 Jorge Fuentes

El 13 de abril de 1961, un incendio de grandes proporciones destruyó totalmente El Encanto, la tienda por departamentos más grande del país, situada en Galiano y San Rafael. El gordo Rubén Placeres y yo tuvimos que hacer un rodeo para llegar. Los carros de bomberos, pipas de agua, perseguidoras y ambulancias, cerraban todas las calles aledañas, pero no sé de qué manera, sin darnos cuenta, nos vimos los dos, que andábamos como muchos vestidos de milicianos (porque las cosas se veían venir muy malas), aferrados a una manguera que nos dieron los bomberos. Estábamos casi frente al Ten Cent, hoy la tienda Trasval. Desde allí vimos cuando llegó Osvaldo Dorticós, presidente de la república y pronto a un miliciano que se acercaba corriendo -"dice el presidente que no se arriesguen más que ya no tiene salvación". Todos estábamos enardecidos, los pedazos de pared caían, las vigas de metal se doblaban, el calor era insoportable y el presidente con las manos en alto gritando que lo dejáramos todo y salieramos de ahí. 

Dos días después, bombardearon varios aeropuertos de La Habana y Santiago de Cuba. La noche del día 15, un grupo de compañeros nos reunimos en la escalinata del Instituto de La Habana y salimos hacia la Universidad donde se estaba velando a los muertos de la agresión sucedida en el día. Ya la Asociación de Jóvenes Rebeldes, a la que todos pertenecíamos, había ganado en organización y estaban allí algunos miembros de los seccionales  creados. Recuerdo a Pedro Pablo Limas, de Marte y Arsenal, Antolín, Villena, Diego, Moisés, Cabrera, Angelito, Binerfa y mucha gente del Instituto como Belkis Castillo, Marcela, Sarah Montoto, Paquita, Eulalia, Gladys, Filo, Prendes, Betty, Marcelino, Evelio Vilariño, Vinograd, Calviac, Montano, Maseda. Michel Vásquez, Benito Varela, los Nasser y tantos otros. En la Universidad, luego de hacer guardia de honor en el Aula magna, nos sentamos en la escalinata y pasamos la noche imaginando qué iba a suceder en lo adelante. Faltaba el gordo Placeres, mi hermano y compañero de todas las batallas, porque desde el día anterior se había integrado a un batallón de milicias, con el que ya habia participado en la movilización del 60. Lo mismo sucedía con mis compañeros de la Secundaria Básica José Martí: Vergara, Arditti, Roig y Manolín, todos miembros del ejecutivo de la Asociación de Estudiantes que presidí, de la AJR y de nuestra milicia, convertidos en aquellos niños héroes que vencieron a los mercenarios, después de pasar unos meses en la Escuela de Artillería. Todavía no habíamos terminado el noveno grado, pero organizamos uno de los mejores batallones estudiantiles de la ciudad, inspirado en el batallón del Instituto de La Habana que tenía 500 miembros, en el que yo comencé y con el que compartíamos las prácticas en el polígono de La Cabaña.

En la mañana del día 16, algunos de los que estábamos sentados la noche anterior en la escalinata, imaginando lo que iba a pasar, teníamos que cumplir la misión de organizar y acompañar una caravana de guaguas que debía conducir a Varadero, los primeros alfabetizadores, brigadistas Conrado Benítez. A partir de ese momento, la famosa playa iba a ser el lugar donde se les entrenara en los métodos pedagógicos a utilizar (resumidos en dos cartillas), se les dieran los uniformes y un farol muy luminoso, como la definitiva misión que debian cumplir, y que al final se quedaría en las casas de los campesinos.  Entramos al polígono de Ciudad Libertad muy temprano, sin dormir y fuimos hablando con los choferes. El ambiente era de luto y de mucha emoción todavía. Los estudiantes venían con sus mochilas, acompañados por sus padres. Entre los que debíamos cumplir con aquello estaban: Arturo Pollo, Jorge Pollo, Reynaldo Calviac, Antolín y otros que se me olvidan. Serían las 9 o 10 de la mañana, cuando ya íbamos a comenzar a montar a los estudiantes en las guaguas. De pronto apareció un avión y la respuesta antiaérea fue inmediata y con todo. El ruido  era ensordecedor y no se distinguía en modo alguno, si era el avión o nuestra respuesta. Todos corríamos, pero nadie sabía para dónde. Muchos se refugiaron debajo de las guaguas. Así estuvimos por un tiempo, no sé que tiempo. Hasta que sentí una voz que venia del portal de lo que fue la casa de Batista, al lado del polígono. Ya los tiros de las antiaéreas amainaban, pero todos estábamos clavados a la tierra. Entonces fue la voz de una mujer la que nos devolvió el valor. Era nuestra compañera Eloísa Miranda, presidenta del Instituto de Guanabacoa y ahora de la AJR. Se había subido en un buró que estaba allí por no sé qué razón y nos llamaba a la lucha. Ella nos calmó los nervios a todos. A su propuesta se cantó el himno, recuperamos a los choferes y comenzamos a montar a los muchachos. Todos querían ir, pero muchos padres se negaban. Los jovenes se impusieron, montaron en las guaguas y salió la caravana.Durante todo el camino estuvimos pensando en que apareciera un avión, pero llegamos sin contratiempo. 
Las casas donde iban a estar los estudiantes estaban preparadas. En el horizonte se veían los barcos yanquis. Con el grupo de la AJR  al que me he referido, fuimos a la jefatura del campamento y allí nos encontramos con Mario Diaz que era el jefe de la campaña de alfabetización, Hugo Moreno, López Muiño y otros dirigentes del Ministerio de Educación. Tenían nuestra misma preocupación: los barcos enemigos estaban claramente a la vista y no había tropas nuestras cuidando la playa. Les dijimos que íbamos a solucionar ese problema que ya nos tenía angustiados y decidimos irnos a las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas), con un carro que ellos nos prestaron. En Matanzas nos recibieron Severo Aguirre que era el delegado de  la Dirección Nacional y Calderío a quien se conocía por El Abuelo, Secretario General de la provincia, hermano de Blás Roca. Después de informarles de la indefensión de los brigadistas y la cantidad que habíamos traído, nos dijeron que regresáramos tranquilos y que rápidamente iría un batallón de milicias para la playa. Al regresar, en la carretera que va a Varadero, empezamos a ver los camiones de milicianos que iban hacia el combate. Nos saludaban levantando las armas y gritando Patria o Muerte. Ahí tuvimos la gran discusión con Jorge Pollo, porque quería parar los camiones y montarse en uno de ellos y en medio de esa discusión, que duró todo el tiempo del viaje, apareció el batallón que nos habían prometido Severo y El abuelo. No había terminado de caer la tarde cuando entró un carro con Miguelito Rodríguez, Eduardo Castañeda y Bernardo Callejas, todos de la Comisión Nacional Estudiantil de la AJR. Lo primero que les preguntamos fue: si en el entierro de los milicianos, Fidel había dicho que la revolución era socialista, porque algunos en Matanzas lo estaban comentando. Nos dijeron que si. En la despedida de duelo lo había dicho. La noticia fue un abrazo. Nos apretamos todos en un abrazo, porque aunque había entre nosotros gente de diferentes  procedencias  y de ninguna, todos éramos socialistas y estábamos en espera de ese momento. El batallón de milicianos, comenzó a abrir tricheras y nidos de ametralladora. Dejamos allí a varios de nuestro grupo, entre ellos a Jorge que, al ver al batallón y tanto armamento, se quedó de buena gana. Ahora los barcos se veían más cerca, pero había con qué dispararles en el caso de intentar un desembarco.

Arturo Pollo, Reynaldo Calviac y yo, regresamos con los compañeros de la Dirección Nacional. En el camino, Miguelito nos fue explicando que no se sabía por los lugares que iban a atacar y que la misión encargada por la revolución a la AJR,  era la de neutralizar al enemigo interno junto al MININT y que íbamos a buscar unas armas a Carlos III, donde estaban las oficinas de la Dirección Nacional. Nos repartimos varias armas entre los que integramos aquella patrulla. Recuerdo que en discusión con Callejas y con la intervención favorable de Miguelito, me tocó una ametralladora Thompson con 4 cargadores. Nuestro amigo Pedro Cancio del Seccional Vedado, nos llevó un auto Oldsmobile que habían ocupado en un registro junto con un arsenal de armas. Nuestra patrulla quedó constituida por Eduardo Castañeda, Reynaldo Calviac, Bernardo Callejas, Arturo Pollo y yo, con Miguelito Rodríguez de jefe. El ambiente en la calle era de combate, por todos lados pasaban camiones con milicianos y miembros del ejercito, en todas partes se tomaban posiciones, incuidas las azoteas donde se emplazaban ametralladoras de grueso calibre. Había euforia y cuando pasaban camiones con combatientes se aplaudía y se gritaban consignas. "Patria o muerte", "Viva Cuba" y "Viva la revolución socialista" fueron las consignas del pueblo en ese momento, siempre seguidas por una palabrota de las nuestras.

Entre nuestras tareas estuvo coordinar la salida de las Brigadas pilotos de la alfabetización que, en pequeña escala, ya estaban en el campo como experimento y fueron sorprendidas por la guerra. Se puso como punto de llegada de los brigadistas, el Instituto del Vedado donde teníamos compañeros movilizados. En una de las ocasiones que allí estuvimos vi llegar a dos grandes amigos procedentes de esas brigadas: Normita Moreno y Antonio Conte. Andábamos por la zona de Gúines el día 19, cuando nos enteramos que los mercenarios habían sido vencidos. Una mezcla de alegría y frustración, porque queríamos combatir. Tenía 15 años y ni la menor idea de todo lo que faltaba. Miguelito dio permiso para que fuéramos a bañarnos a la casa, porque desde el día 15 no nos bañábamos. Estando allí llegó Humberto González, un amigo movilizado en un grupo antiaéreo que ocupaba la azotea del Focsa y a quien también le habían dado pase. Se enamoró de mi ametralladora Thompson, me dejó su fusil FAL con todos los cargadores y ese fue el fusil, del cual conservo todavía un cargador, con el que terminé los días de Girón.

viernes, 17 de abril de 2026

El mundo, "devastado por un puñado de tiranos", afirma León XIV

 Reuters, Afp y The Independent:

Bamenda. El papa León XIV criticó ayer duramente a los líderes que gastan miles de millones de dólares en guerras y denunció que el mundo está “siendo devastado por un puñado de tiranos”, en el contexto de su visita a Camerún y días después de que el presidente estadunidense, Donald Trump, arremetió contra él en redes sociales.

Robert Francis Prevost, el primer Papa en la historia nacido en Estados Unidos, también condenó a los líderes que utilizan el lenguaje religioso para justificar las guerras e instó a un “cambio de rumbo decisivo”, en una reunión celebrada en la mayor ciudad de las regiones anglófonas de Camerún, donde un conflicto que se remonta a casi una década ha dejado miles de muertos.

Tras llegar ante la catedral de Bamenda en un papamóvil con cristales blindados y bajo escolta militar, León XIV bendijo a la multitud fervorosa, entre cánticos, banderas de Camerún y del Vaticano y pancartas con su imagen.

“Ay de aquellos que manipulan la religión y el propio nombre de Dios para su propio beneficio militar, económico y político”, dijo León XIV, a quien el vicepresidente estadunidense, JD Vance, criticó y lo instó a “ser prudente” en temas de teología.

“El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos, pero se mantiene unido gracias a una multitud de hermanos y hermanas”, recalcó el pontífice.

Trump aseguró ayer: “me apasiona el Evangelio, pero también sé que no se puede permitir que cierto país, un país muy mezquino, tenga un arma nuclear. Si la tuvieran la usarían”.

Añadió que León XIV “es libre de decir lo que quiera”; sin embargo, advirtió que es muy importante que el líder de la Iglesia católica “entienda que Irán nunca podría tener un arma nuclear”.

Ayer en la Casa Blanca un reportero preguntó a Trump si se reuniría con el Papa para limar asperezas, a lo que Trump respondió: “No creo que sea necesario”.

En ese contexto, la administración Trump canceló un contrato federal de 11 millones de dólares con la organización benéfica Catholic Charities, que ha proporcionado vivienda y asistencia a niños migrantes durante 60 años.

El arzobispo Thomas Wenski expresó su desconcierto ante el recorte de fondos, que, según él, podría provocar el cierre de la organización benéfica en un plazo de tres meses, mientras la administración estadunidense alegó una disminución en el número de niños bajo el cuidado de la arquidiócesis.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/17/mundo/el-mundo-devastado-por-un-punado-de-tiranos-leon-xiv


jueves, 16 de abril de 2026

Con Choco

6 de agosto de 2024

 

Dan a conocer nuevo decreto sobre comercialización agropecuaria y forestal. Comentario de HHC

El Consejo de Ministros aprobó el Decreto 143/2025 sobre la comercialización de productos agropecuarios y forestales, acompañado por la Resolución 16/2026 del Ministerio de la Agricultura, normativa que actualiza el marco regulatorio y deroga disposiciones anteriores.

La medida, publicada en la Gaceta Oficial de la República de Cuba este último jueves 9, establece un sistema más flexible de distribución alimentaria, con participación de productores estatales y no estatales, bajo planificación estratégica del Estado.

Entre los objetivos principales figuran la diversificación de destinos comerciales, incentivos económicos directos, creación de comités de compras públicas mediante licitaciones, incorporación de valor agregado y actualización de precios conforme a costos y mercado.

El Decreto reconoce como sujetos de la comercialización a micros, pequeñas y medianas empresas estatales, privadas y mixtas, cooperativas agropecuarias y no agropecuarias, trabajadores por cuenta propia y poseedores legítimos de tierras.

Una novedad es que los productores podrán vender libremente sus excedentes tras cumplir las entregas contratadas, sin necesidad de autorización de traslado, siempre que acrediten el cumplimiento mediante certificación de la entidad vinculada.

Se institucionalizan comités de contratación a nivel provincial y municipal, presididos por gobernadores e intendentes, con participación de productores, empresas, MIPYMES, trabajadores por cuenta propia y representantes de banca y finanzas.

El sistema de precios se organiza en tres categorías: centralizados, concertados y por acuerdo, con diferenciación para productos orgánicos certificados y aquellos con garantía agroecológica.

Para el consumo social se crean comités de compras públicas en escuelas, hospitales y otras entidades, que operarán mediante licitaciones abiertas o cerradas, con evaluación anual de proveedores por calidad, oportunidad y precio.

La normativa incorpora mecanismos de digitalización y control como el Sistema de Información de la Producción Agropecuaria (SIPA), la bancarización obligatoria y la facturación electrónica mediante el sistema Versat Sarasola.

Se tipifican infracciones con multas de 60 a 200 cuotas, aplicables a personas naturales y jurídicas, con posibilidad de reducción si se repara el daño o incremento en caso de reincidencia.

El Decreto regula además el arrendamiento de bienes muebles e inmuebles entre entidades, exige licencias sanitarias y ambientales, y promueve el desarrollo de minindustrias y microindustrias con financiamiento local e inversión extranjera.

El reglamento sobre comercialización agropecuaria y forestal establece normas para ordenar las transacciones en el sector, fijar contratos con participación de cooperativas y mipymes, institucionalizar las compras públicas y garantizar el control sobre excedentes productivos, además de introducir mecanismos de actualización de precios y digitalización de operaciones.

La entrada en vigor se fijó para 30 días hábiles posteriores a su publicación en la Gaceta Oficial, derogando el Decreto 35/2021, el Decreto 71/2022 y la Resolución 137/2021.

Según especialistas, la normativa representa una apertura controlada del comercio agropecuario, al reducir la burocracia en la venta de excedentes, incentivar la inversión en valor agregado y formalizar la participación del sector no estatal en la distribución alimentaria.

Comentario de Humberto Herrera Carlés

Elementos Positivos

1. Fin del monopolio estatal sobre comercialización

El Decreto elimina el monopolio que ejercía la empresa estatal Acopio durante 40 años. Ahora se reconoce como sujetos de comercialización a MIPYMES estatales, privadas y mixtas, cooperativas agropecuarias y no agropecuarias, trabajadores por cuenta propia y poseedores legítimos de tierras.

2. Venta libre de excedentes sin autorización de traslado

Los productores podrán vender libremente sus excedentes una vez cumplidas las entregas contratadas, sin necesidad de solicitar autorización de traslado. Esto elimina un trámite burocrático muy criticado anteriormente.

3. Institucionalización de compras públicas mediante licitaciones

Se crean comités de compras públicas en escuelas, hospitales y entidades de consumo social, que operarán con licitaciones abiertas o cerradas y evaluación anual de proveedores por calidad, oportunidad y precio. Esto introduce mecanismos de competencia en el suministro estatal.

4. Ampliación de canales de venta

La norma habilita mercados mayoristas, ventas ambulantes, abastecimiento al turismo, a la industria y a las ventas en fronteras en divisas. Esto diversifica los destinos comerciales para los productores.

5. Incentivo al valor agregado

Se promueve el desarrollo de minindustrias y microindustrias con financiamiento local e inversión extranjera, fomentando la transformación de materias primas en lugar de su mera exportación.

6. Digitalización y bancarización obligatoria

Se incorpora el Sistema de Información de la Producción Agropecuaria (SIPA), la bancarización obligatoria y la facturación electrónica, lo que aumenta la transparencia y el control fiscal.

7. Mantenimiento de productos estratégicos bajo control estatal

Quedan excluidos de la libre comercialización sectores como tabaco, carbón, miel, cacao y café. La categoría "otros" permite ampliar esta lista en el futuro.

Conclusión General

El Decreto 143/2025 y la Resolución 16/2026 representan un avance real pero limitado en la comercialización agropecuaria cubana. 

La normativa se inscribe en una lógica de apertura controlada donde el Estado mantiene la capacidad de definir prioridades, supervisar precios y controlar la distribución

Desde mi punto de vista esto tendrá efecto positivo pero limitado en el bienestar de la población, sino se parte  de crear condiciones para incrementar la producción de alimentos  primero.

 ¿ Ya se eliminaron todas las trabas para producir alimentos? ¿ O volvemos a la ilusión de que creando condiciones a la esfera de la circulación ( que hace falta) por si misma , estimulará la producción?.  

Nos hace falta repasar a Marx, la esfera productiva es la determinante, es decir " la producción es "el punto de partida" y "el factor determinante" en relación con la circulación (distribución, intercambio, consumo), y alerto de evitar caer en la economía vulgar. Hay que liberar las fuerzas productivas en la producción de alimentos.

miércoles, 15 de abril de 2026

Aunque aparezca una mayor. Silvio y Chico, crónica ampliada del reencuentro

 Kaloian Santos Cabrera 

Saudade. No hay traducción exacta para esa palabra portuguesa. Se le interpreta como “nostalgia”, “añoranza”, “ausencia”, pero ninguna de ellas termina de contenerla. Saudade es otra cosa: quizá, una forma de presencia de lo que falta. Y eso es, precisamente, lo que durante décadas ha sentido Chico Buarque (Río de Janeiro, 1944) por Cuba, su gente, sus músicas, algunas amistades que resistieron el tiempo.

Siempre lo dijo, aunque no siempre de la misma manera. A veces en entrevistas; otras, en canciones. “Casualmente”, incluida en Caravanas (2017), es un bolero melancólico, cantado casi en susurro, como si la voz no quisiera romper el recuerdo. 

La letra —una ficción que muchos leen como confesión por la verdad emocional que desprende— reconstruye un instante en La Habana: un encuentro fugaz, una mujer, una canción en un bar. Y, sobre todo, la certeza de que ese momento, perfecto por efímero, no puede repetirse. “Hasta el mar de La Habana es lo mismo, pero / no es igual”, canta al final, en un guiño directo a “Pequeña serenata diurna”, de Silvio Rodríguez.

Ese intertexto no es ornamental. Es una marca de pertenencia. La canción de Silvio, publicada en Días y flores (1974), fue grabada luego por Chico y apareció en su disco Chico Buarque (1978), el mismo que contiene himnos como “Cálice” y “Apesar de você”. 

Meses antes, mientras ese álbum empezaba a tomar forma, Chico llegó por primera vez a Cuba en 1978. No iba como cantante, sino como jurado del Premio Literario de Casa de las Américas, por su faceta de dramaturgo y novelista. Allí conoció a Silvio Rodríguez, a Pablo Milanés, a Noel Nicola y a otros integrantes de la Nueva Trova y del Grupo de Experimentación Sonora (GES) del Icaic. Lo que comenzó en el terreno del arte derivó rápidamente en amistad.

Hijo del historiador Sérgio Buarque de Hollanda y de la pianista Maria Amélia Cesário Alvim, Chico irrumpió en la escena musical de los años 60 con un tipo de canción popular sofisticada, urbana, de una densidad poética poco frecuente. 

Luego se convirtió en una de las voces más lúcidas de la resistencia cultural a la dictadura militar brasileña. Varias de sus obras fueron censuradas; su nombre, vigilado. En 1969, tras haber sido detenido el año anterior, se exilió en Italia y se instaló en Roma —ciudad donde había vivido en su infancia—. Allí siguió escribiendo y componiendo, mientras la distancia y el desarraigo empezaban a filtrarse en su obra. 

Cuando regresó a Brasil, en 1970, no se replegó: convirtió esa presión en canciones que burlaban la censura con inteligencia e ironía. “Apesar de você” se volvió himno. “Construção”, una cima. Desde entonces, su obra quedó marcada por una combinación infrecuente: rigor formal, sensibilidad política y una capacidad extraordinaria para construir escenas y personajes.

Tras aquella primera visita a Cuba, Chico no pasó inadvertido. Brasil seguía bajo dictadura y no mantenía relaciones diplomáticas con el gobierno cubano. Apenas aterrizó de regreso en Río de Janeiro, fue detenido por la Policía Federal y trasladado a una dependencia del Departamento de Ordem Política e Social, uno de los engranajes centrales del aparato represivo. 

Lo interrogaron, lo amenazaron, lo hostigaron durante horas. No sirvió de escarmiento. Al año siguiente, en 1979, volvió a Cuba, y esta vez no lo hizo solo, sino acompañado por otros nombres mayores de la música brasileña. También esa fue una forma de insistencia: cultural, política, afectiva.

Regresaría varias veces durante los años ochenta y hasta 1992. Entre los grandes artistas brasileños, fue uno de los que más frecuentó la isla. Cantó en el teatro Karl Marx junto al GES, participó en ediciones del Festival de la Canción de Varadero e hizo de puente para acercar a otros artistas. Después, por los vericuetos de la vida, pasarían treinta y cuatro años antes de que volviera a pisar Cuba. Pero la saudade no prescribe.

Hace unas semanas, la idea del regreso empezó a golpear a su puerta. Ya no quiso postergarla. La chispa fue externa. En marzo, Donald Trump describió Cuba como una “nación fallida” y afirmó con prepotencia que podría hacer “lo que quisiera” con ella. Lo dijo mientras endurecía las presiones económicas y agravaba la asfixia energética que, desde comienzos de año, ha puesto a la población contra la pared.

Por esos mismos días, Chico volvió a escuchar “Sueño con serpientes”, de Silvio, en la versión antológica que Mercedes Sosa y Milton Nascimento grabaron en 1980. Estaba con Carol, su compañera, que contaría en La Habana que, después de oírla, Chico quedó largo rato en silencio. No era un silencio vacío. Ya estaba pensando en grabarla junto a Silvio.

La canción, escrita cuando el cubano apenas superaba los 20 años, nació —como tantas cosas decisivas— de un sueño. El trovador ha contado que por entonces dormía con una guitarra y un grabador al lado de la cama: se despertó sobresaltado y, de un tirón, escribió letra y melodía. 

Atravesada por una atmósfera onírica y una cadencia que mezcla el son cubano con resonancias árabes, “Sueño con serpientes” es una metáfora sobre la resistencia, la esperanza y la capacidad de enfrentar adversidades crecientes sin ceder en lo esencial.

Chico evaluó primero una grabación a distancia. También pensó en invitar a Silvio a Brasil. Pero la saudade inclinó la balanza.

—Voy yo a Cuba. ¿Quieres ir a Cuba, Carol?

Ella lloró de emoción. Después, Chico me lo contaría con humor:

—Hay veces que me han gritado en la calle, despectivamente: “Chico, vete para Cuba”, por mi forma de pensar… Así que les hice caso.

Sus hijas creyeron que con los días cambiaría de idea, sobre todo por razones de salud. A sus 81 años, había sido intervenido quirúrgicamente en junio de 2025 por una hidrocefalia de presión normal. Antes había atravesado una cirugía de columna, en 2021, y una artroscopia de rodilla, en 2023. A fines de diciembre, además, sufrió una fisura de costillas que lo obligó a guardar reposo. Y aunque no se ha retirado de los escenarios —todavía aparece como invitado en conciertos de colegas—, hace tiempo que no ofrece recitales propios ni emprende giras.

Pero la decisión estaba tomada.

—Me llamó y ya lo tenía todo decidido. Ese es Chico: de acción. Es su manera. Un gesto para nuestro pueblo en un momento muy complejo —cuenta Silvio.

En la madrugada del 7 de abril, Francisco Buarque de Hollanda tomó un vuelo desde Río de Janeiro rumbo a La Habana. Lo acompañaban su esposa, la abogada y académica brasileña Caroline Proner, y el fotógrafo Francisco Proner, que registraría el viaje para un documental sobre este reencuentro entre dos figuras centrales de la música latinoamericana.

Un abrazo que no había terminado

El avión tocó pista en La Habana en uno de los momentos más duros que se recuerdan en la isla en décadas: crisis económica, apagones, desgaste acumulado, un país entero tensionado por la incertidumbre. El propio Buarque lo resumió en sus redes sociales: viajaba “en medio de las sanciones más duras contra la isla y el agravamiento de la crisis económica y energética”, y lo hacía “en solidaridad con la gente del país”.

No había cálculo capaz de anticipar lo que vendría después. Ni mis notas apresuradas ni las fotografías de esos días llegan a contener la intensidad de lo que ocurrió.

A la salida del avión, apenas cruzado el umbral, estaba Silvio Rodríguez esperándolo. El abrazo fue inmediato. No habían perdido el contacto en todos estos años, pero la última vez que se habían visto cara a cara —en el estadio de Ferro, en Buenos Aires, en 1997, durante un multitudinario concierto en homenaje al Che Guevara— quedaba demasiado lejos.

El video de ese recital circula en Internet. Es una escena emotiva: Chico canta “Pequeña serenata diurna” y, en la segunda estrofa, para sorpresa de las miles de personas presentes, entra Silvio a acompañarlo. Los aplausos de la multitud hacen ola. Al final, se funden en un abrazo tan apretado como el que acaban de darse ahora, décadas después.

No había pasado un minuto y ya conversaban como si el tiempo no hubiera transcurrido. Como si los treinta y cuatro años de ausencia hubieran sido apenas un paréntesis. En la escena —íntima, casi doméstica— flotaba algo profundo: la complicidad de dos hombres que no solo comparten canciones, sino una historia sentimental y política del continente.

Además de la puesta al día —la familia, los amigos comunes, el presente de Cuba—, había un rasgo que se volvería visible y constante con el correr de los días: la risa mutua. Se ríen mucho estos dos. Se entienden riéndose.

En el ajetreo del aeropuerto —entre cintas de equipaje, anuncios superpuestos y trámites fronterizos— lo primero que emerge no es el cansancio, sino la música. Hablan de la canción que van a grabar: los tonos, el clima, el arreglo, el formato (Niurka González en la flauta, Jorge Reyes en el contrabajo, Malva Rodríguez al piano, Oliver Valdés en la batería, con arreglos de Jorge Aragón).

—¿Ya grabamos hoy? —pregunta Chico, con una ansiedad que desarma cualquier protocolo.

—Hoy ensayamos nosotros —responde Silvio—. Tú descansa… y mañana arrancamos.

—¿Estás cansado? —insiste el autor de “Ojalá”, consciente del viaje largo.

—No tanto —dice Chico, conmovido por estar en Cuba, por el reencuentro. 

—Me ves bien, ¿no? Estoy flaco… con barriga.

—Barrigiña —bromea Silvio en portuñol.

Chico se ríe y, como si ese comentario fuera una puerta, se va atrás en el tiempo.

—La primera vez que vine, en 1978, como jurado de Casa de las Américas… Fuimos a sesionar a Santa Clara. Esos días tenía que leer, leer, leer… y comer, comer, comer. Cuando volví a La Habana, Silvio me miró y me dijo que era un flaco… con barriga.

—Te lo decía por un problema de identidad —remata Silvio—. Yo estaba igual por entonces.

Se ríen. La escena se distiende.

—Ayer jugó fútbol —acota Carol.

—Sigo jugando fútbol, pero ahora me dejan ganar —se lamenta Chico, y la risa vuelve a estallar.

El fútbol —una pasión que, ha confesado, a veces compite con la música—. Es hincha de Fluminense y fundador de su propio equipo, el Politheama. Tiene incluso una cancha en las afueras de Río llamada Vinicius de Moraes, en homenaje a uno de los pilares de la bossa nova.

Los recuerdos empiezan a agolparse, sin orden.

Chico vuelve a 1978, a otra escena: cuando estaba por grabar “Pequeña serenata diurna”. Tenía una duda con un verso. En aquella época, llamar por teléfono era casi una proeza.

—¿Te acuerdas, Silvio? Yo te gritaba desde el otro lado: “¡Silvio, no entiendo cuando dice ‘como cuadre a un hombre perfecto’!”… y Silvio apenas me escuchaba.

—Claro —le responden ahora, todavía riéndose—, es una expresión muy nuestra.

—Ese “como le cuadra”… ¿sería como “como le conviene”? —pregunta Chico.

—Sí… también podría ser “como le gusta”.

La memoria compartida sigue tirando de ellos. Intentan precisar la última vez de Silvio en Brasil.

—Hace más de treinta años —dice el cubano—. Yo estaba en Buenos Aires y viajamos a Río de Janeiro para participar en aquel programa de televisión que hacías junto a Caetano Veloso.

—Fuiste con una banda grande… —apunta.

—Claro, Afrocuba —completa Silvio. 

En efecto, en ese ir y venir de recuerdos, aparece inevitablemente el paso de Silvio por Brasil en 1986, cuando participó junto a Afrocuba en el último programa de Chico & Caetano, el emblemático ciclo de la Rede Globo. 

Emitido mensualmente entre abril y diciembre de ese año —nueve episodios en total, grabados en el Teatro Fênix de Río de Janeiro—, el programa combinaba actuaciones musicales con conversaciones informales, sostenido por la complicidad entre sus anfitriones. 

Aquella emisión final quedó marcada por una interpretación desbordante de “Sueño con serpientes”, en un arreglo poderoso, casi desmesurado, que todavía resuena en la memoria de quienes lo vivieron. 

El ciclo, que reunió a figuras como Tom Jobim, Milton Nascimento, Gal Costa, Gilberto Gil, Astor Piazzolla, Mercedes Sosa y Pablo Milanés, entre otros, se convirtió en un hito cultural: una plataforma de apertura latinoamericana y, al mismo tiempo, un espacio de celebración y resistencia tras el fin de la dictadura militar en Brasil.

—Pablito… —dice Chico, con una ternura que baja el volumen de todo al referirse a Pablo Milanés. El nombre queda suspendido un instante. Será, quizá, el nombre más repetido en los días que siguen. Su presencia sobrevuela inevitable. 

La relación de Chico con Cuba es tan raigal que no podía faltarle una buena cubanada. Es famoso el episodio en el Teatro América, cuando el presentador, con la mejor de las intenciones, anunció: “Estimado público, recibamos con un fuerte aplauso a Chico… ‘Walter’… de Italia… no, perdón, ¡de Holanda!”. El desliz fue antológico, pero lo mejor no fue el tropiezo geográfico, sino la convicción con que lo corrigió: como si el problema fuera, simplemente, haber errado el país y no el nombre. 

Y no fue la única. El mismo Chico me cuenta que en su segundo viaje a Cuba, en 1979, llegó acompañado por una constelación de artistas —Zezé Motta, Simone, Djavan, Gonzaguinha y Marieta Severo—, y en el aeropuerto los recibió un funcionario con un cartel impecable… salvo por un detalle: donde debía decir Djavan, alguien había escrito “Jazz Band”. Lo que esperaban no era a un cantautor, sino a una orquesta entera. Durante unos segundos, la escena quedó flotando entre la lógica burocrática y el absurdo perfecto: un solo músico frente a un error coral. En Cuba, incluso las confusiones parecen tener swing.

Las maletas finalmente aparecen. La conversación se corta a medias, como si fuera a continuar enseguida. Están listos para salir. Chico y Carol llevan varias maletas. Las suyas son pequeñas, discretas. En otras más grandes cargan medicamentos para donar. Un gesto mínimo, dicen. Pero no improvisado: a finales de febrero participaron, junto al Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra, en el envío de un primer cargamento de 1,7 toneladas de medicamentos a hospitales de Santiago de Cuba.

La canción toma cuerpo

Antes de que Chico llegase a los Estudios Ojalá, ya medio mundo sabía que estaba en La Habana y que va a grabar con Silvio.

Una fotografía de ambos en el Malecón —tomada casi como una prueba silenciosa de la llegada del carioca a la isla— irrumpe en la web y salta rápidamente a los medios. En cuestión de minutos, la noticia se vuelve viral. La imagen de los dos íconos juntos activa un deseo colectivo: que el reencuentro no quede limitado a la intimidad de una grabación o de una visita, sino que se proyecte a los escenarios. Sobre todo, se repite un reclamo: ver a Silvio en Brasil.

Los estudios son, además de un espacio de trabajo, terreno de conspiración creativa. Durante dos jornadas, con Chico, Silvio, músicos y técnicos, el lugar se vuelve laboratorio: allí las canciones no se fabrican, se elaboran; se piensan, se discuten, se tensan y se afinan hasta encontrar su forma.

Allí, apretados en un sofá de la cabina de control, repasaron la letra como si no estuvieran entrando a una grabación histórica, sino a una conversación largamente demorada. Silvio, guitarra en mano. Chico, atento a cada acorde. 

“Sueño con serpientes” no es un territorio ajeno. Es uno de los clásicos del vasto repertorio de Silvio Rodríguez y ha tenido múltiples versiones a lo largo del tiempo: desde la de Mercedes Sosa, con arreglos de Charly García; pasando por interpretaciones en vivo a dúo con Luis Eduardo Aute; hasta lecturas más recientes, como la de León Gieco junto a la murga uruguaya Agarrate Catalina, o la de la banda española de indie-pop Bruna. 

Incluso ha sido traducida a otros idiomas, como el alemán. Forma parte, además, del repertorio habitual de Silvio. Pero esta vez exige otra arquitectura. No se trata de repetirla, sino de abrirle espacio a una nueva voz sin que la canción pierda identidad. Ahí comienza el trabajo fino: encontrar la tonalidad, el pulso, la respiración.

Cada decisión responde a una lógica narrativa: quién entra primero, dónde respira la frase, cómo se tensa el sentido. La estructura se define con nitidez: cada uno canta una estrofa. Abre Chico, sigue Silvio y, en la tercera, las voces se intercalan en pares de versos. No será un dúo. Será un diálogo.

Equipos listos. Micrófonos en espera. Músicos orbitando una idea todavía en formación. Entonces sí: contrabajo, piano y batería entran juntos a grabar. La base se arma con precisión y sobriedad. Niurka González, en el máster, encuentra un sitio en el sofá; flauta en mano, prueba climas, bordea el aire con su sonido. Más tarde llegará su turno para grabar. También el de Silvio para poner la guitarra.

Había que ver los ojos de Chico: esos verdes tornasolados, cargados de una emoción serena. Miraba lo que ocurría como quien disfruta y reconoce algo esencial. Cruzaba miradas con Silvio y ambos sonreían. Sin subrayados. Sin teatralidad.

En pocas tomas, la base queda. Toca escuchar. Todos apretados, como si también eso formara parte del arreglo.

La segunda jornada queda reservada para las voces. Antes de grabar, Silvio y Chico repasan la letra una y otra vez. En el estudio, la ingeniera de sonido Olimpia Calderón —habituada a los códigos de trabajo de Silvio— admite que, aun con experiencia, la presencia de Chico despierta en ella un nerviosismo inevitable. Le pregunta cómo prefiere grabar, si por fragmentos o en tomas completas. Chico responde que hará varias y luego elegirán. Y agrega, casi en voz baja, que se considera “un diletante de la música”.

Desde el fondo, Silvio replica. —¡Yo también!

El cruce no es una pose. Es ética. La modestia como motor creativo. La conciencia de que incluso los más grandes siguen aprendiendo. Para Olimpia, ese instante desarma la tensión: detrás del rigor, hay humanidad.

El trabajo con la palabra es minucioso. Chico quiere que cada sílaba en español suene clara. Empieza: “Sueño con serpientes, con serpientes de mar,/ con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo./ Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan/ lo que puedan arrebatarle al amor”.

Avanza despacio. Pero hay una palabra que se traba: arrebatarle.

La repite. La paladea. La prueba.

En el portugués carioca, la “rr” nace en la garganta; en el español, vibra contra los dientes. Olimpia lo advierte y corrige con precisión: “La lengua hacia adelante, que vibre”. Chico escucha, ajusta y vuelve a intentar.

La palabra aparece. Limpia. Exacta.

Frente al micrófono —un condensador de diafragma grande, apenas por encima de la boca—, bajo una luz tenue, Silvio y Chico entran en estado. Con auriculares, y sin haberlo acordado, ambos dejan levemente la oreja derecha casi libre del audífono, como si necesitaran oír también el aire. Solo entonces advierten que es un hábito que comparten.

Chico se acerca con economía de gestos. Precisión pura. Décadas de oficio. Escucha la referencia musical. Asiente. Silvio le señala el momento exacto para entrar. Cuando canta, lo hace como si la canción naciera ahí mismo.

La primera toma es un tanteo.

—Vamos de nuevo —dice Silvio.

No hay correcciones bruscas. Apenas ajustes: una pausa que se estira, una palabra que cae más atrás, una respiración que gana espacio. No hay click track. Prefieren el pulso humano, levemente inestable, vivo.

Se entienden con miradas, un ejercicio natural. Hay errores, pausas, reinicios. La risa irrumpe y los detiene. En plena toma, en la tercera estrofa que canta Chico —“Ésta al fin me engulle, y mientras por su esófago / paseo, voy pensando en qué vendrá”—, el brasilero se tienta entre risas a preguntarle:

—¿Cómo se te ocurrió usar la palabra esófago?

Silvio intenta responder, pero la carcajada lo desarma. No puede. Y, en ese instante, toda solemnidad se desvanece.

Escuchan las tomas en silencio. Chico inclina la cabeza para afinar el oído; Silvio sigue la voz como si la dibujara en el aire.

—Probemos una más —dice Chico. No lo convence cómo ha quedado su voz.

Vuelve a la cabina. Esta vez graba de pie. De pronto, se corta la corriente. Estamos en Cuba. Silencio. Un segundo suspendido. Arranca la planta. Todo vuelve.

No podía ser más preciso: una canción como esta, grabada en una isla sitiada, interrumpida por un apagón.

Silvio mira a través del cristal. Chico, graba otra vez su parte. Hace un solo pase. Se quita los auriculares. Se miran. Apenas una sonrisa. Ha quedado.

La ciudad, a la intemperie

Chico, Carol y Francisco salen a caminar por La Habana. Son apenas cinco días de estancia en la capital cubana, y hay una necesidad impostergable: tocar, aunque sea por fragmentos, la realidad de la calle. 

Chico no deja de ser carioca ni ahí. Hace calor. Sale con chancletas, bermudas y un pullover gris, con la palabra fútbol en varios idiomas. Va liviano, sin blindajes. Camina, mira, se detiene, conversa con la gente que lo intercepta sin saber quién es.

En una esquina, un hombre en muletas le pide dinero y le cuenta su historia. Chico lo escucha, le apoya una mano en el hombro, sostiene la mirada y, antes de despedirse, le deja unos billetes. No hace falta andar demasiado para percibir el espesor de la vida cotidiana en Cuba: la dificultad asoma en cada esquina, en cada diálogo breve, en cada gesto mínimo que deja ver lo que cuesta sostener el día.

Otro día atraviesa La Habana Vieja junto a Silvio, Niurka, Malva y Frank. Cruzan la plaza de la Catedral, casi desierta. Se detienen ante una tarja dedicada a Haydée Santamaría, fundadora de Casa de las Américas y una de las personas más entrañables en la memoria de Silvio. Chico reconoce el apellido y recuerda que la conoció en aquel primer viaje, cuando fue jurado del Premio Casa.

A Silvio, que juega de local, lo saluda la gente al pasar. Unos músicos callejeros le piden una foto, y el trovador accede con naturalidad. Chico, en cambio, que juega de visitante, camina a sus anchas: casi anónimo, como no puede hacerlo en Brasil, donde cada paso suele interrumpirse entre pedidos de fotos y abrazos.

Aparece entonces, inevitable, en una sobremesa, el episodio del fusil cuando hace unas semanas Silvio escribió en su blog, a propósito de unas declaraciones amenazantes de Trump hacia Cuba: “Exijo mi AKM si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio”. Lo que comenzó como un gesto genuino de civismo, de defensa soberana, se extendió en una entrega simbólica del arma por parte de las Fuerzas Armadas.

—Me dieron un papelito con mi nombre, el número de serie del fusil asignado y la unidad militar a la que debería acudir a buscarlo en caso de una agresión —cuenta.

Carol recuerda que, al leer la noticia, Chico ironizó:

—Yo también quiero el mío… 

Y ahí Chico, rápido de reflejos y acorde a la ocasión, suelta: “para matar serpientes”.

Los temas saltan. Silvio le dice a Chico que Niurka es admiradora de sus novelas. A ella se le iluminan los ojos y menciona dos de sus favoritas: Leche derramada y Budapest.

Sobre el Chico escritor asoma una anécdota que completa el cuadro. A comienzos de los 90, Silvio le envió “Quién fuera”. Entre los nombres que aparecen en la canción, Chico era el único con quien mantenía un intercambio epistolar. La respuesta llegó con humor: le señaló que había acertado al ubicarlo entre cantores muertos, ya que llevaba años sin grabar y estaba entregado a la escritura de una novela. 

El comentario dejó en Silvio una incomodidad persistente: la sensación de haber rozado, sin querer, los fantasmas de una sequía creativa. Esa inquietud se disipó meses después, cuando supo del éxito del libro.

La historia quedó registrada en los textos que acompañan el disco titulado Silvio.

Volver a Casa

La idea fue de Silvio. De un día para el otro se armó el encuentro.

El 10 de abril, en la sala Manuel Galich de la Casa de las Américas, Chico Buarque regresó a un espacio que no le resulta ajeno. Llegó con esa mezcla de discreción y proximidad que lo define. Y antes de cualquier palabra, antes de cualquier discurso, hizo lo esencial: saludar uno por uno a los presentes.

La reunión —conducida por la musicóloga María Elena Vinueza— congregó a músicos y amigos en un ambiente atravesado por la memoria. Estaban, entre otros, José María Vitier, Silvia Rodríguez, Frank Fernández, Carlos Alfonso, Ele Valdés y Augusto Blanca.

Muchos de los asistentes no eran solo admiradores de su obra. Habían estado allí décadas atrás, en aquellas primeras visitas y conciertos de Chico que hoy forman parte de la memoria viva de la institución. Músicos, amigos, cómplices de una época en la que la canción latinoamericana también se pensaba como un modo de pertenecer.

En ese clima, familiar e improvisado, la memoria empezó a circular sin esfuerzo.

Frank Delgado le regaló a Chico una fotografía de los años ochenta. En la imagen, un joven Buarque aparece rodeado por trovadores de la llamada Generación de los topos, también conocida como la segunda generación de la Nueva Trova cubana. 

La sorpresa fue genuina: era una foto que no conocía. Desde los archivos de Casa de las Américas hicieron lo suyo y le entregaron copias de imágenes de su primera visita, en 1978, cuando participó como jurado del Premio Casa.

Las intervenciones fueron acumulando recuerdos: conciertos, estancias, anécdotas. Pero también agradecimiento. Por la obra, sí, aunque no solo por la obra. También por algo menos visible y más persistente: una ética.

En ese contexto, Chico habló con emoción contenida.

—Estoy feliz. Son momentos muy emocionantes para mí. Gracias a todos por venir.

Luego se detuvo en la selva del recuerdo.

—Esa memoria, para mí, es particularmente fuerte. Está muy presente todavía, muy viva en mi cabeza.

Y entonces apareció la palabra que atraviesa toda esta historia: 

—Hay una palabra, saudade, que no tiene traducción exacta. Yo tengo saudade. Saudade de toda la gente que conocí aquí.

Una de las intervenciones más hondas fue la del compositor y pianista, Premio Nacional de Música, José María Vitier: 

“Todos los recuerdos que tengo asociados a la música de Chico, a lo largo de casi cincuenta años, son profundamente íntimos. Su obra ha acompañado también nuestra historia personal como pareja, con Silvia. Llevamos 53 años juntos, y esas canciones han estado ahí, atravesando ese tiempo”, señaló.

Vitier fue más allá de la memoria afectiva y se detuvo en el valor artístico de esa obra. “Como músico, me interesa subrayar la manera en que Chico integra música y poesía. En sus canciones hay una confluencia natural entre ambas dimensiones, un diálogo orgánico que resulta esencial para la canción latinoamericana y que, en el caso cubano, conecta directamente con la tradición de la trova”.

Esa fusión —explicó— no es un recurso, sino una forma de habitar la creación: “Es la sensación de que la música y la poesía viven en el mismo espacio, en una misma morada. Para nosotros, eso es fundamental”.

También destacó su dimensión emocional. 

“Hay mucha música brasileña alegre, luminosa, extraordinaria. Pero en Chico también hay una fuerte presencia de la saudade, de la nostalgia, incluso de la tristeza. Y, sin embargo, esas canciones transforman esa emoción en una energía positiva”. Decía mi madre que ‘La belleza nunca es triste'”.

En un aparte, Vitier me profundizó en ese vínculo:

“Mi primer concierto con el grupo que fundé en los años ochenta incluía un tema suyo, ‘La novia de la ciudad’, con un arreglo mío. Y Silvia, con los años, volvió sobre esa misma imagen en su obra visual. Es decir, la música de Chico no solo nos acompañó: se volvió materia de nuestra propia creación”.

Luego regresó a una idea central: “Mientras más complejas y oscuras son las circunstancias que vivimos, más valor adquiere esa música. Muchas de esas canciones fueron creadas en contextos difíciles y, aun así, lograron convertir esa carga en belleza y esperanza”.

Y entonces apareció la dimensión más íntima del encuentro:

“Nos parece que lo conocemos de siempre. Y, sin embargo, nunca lo había visto personalmente. Cuando lo tuve delante, sentí que estaba saludando a alguien de mi familia. Fue muy emocionante”.

Chico, asere

El último día de la visita, Silvio llevó a Chico, Carol y Francisco a San Antonio de los Baños. Quiso mostrarles su patria chica: el pueblo donde creció, el río donde aprendió a nadar, el paisaje íntimo que lo formó, ese lugar al que se vuelve no solo con los pies, sino con la memoria. 

Después volvieron a la ciudad cuando la tarde caía sobre el Malecón. Esa luz dorada —que en otras geografías parecería irrepetible— aquí se vuelve costumbre y, aun así, milagro.

Chico cruzó la avenida con Carol y Francisco como quien entra en una escena conocida y nueva al mismo tiempo. En Río, a pocos minutos de su casa, el Arpoador le regala atardeceres de una intensidad parecida. Pero esto era otra cosa. Aquí no había venido a ver caer el sol, sino a rozar ese pulso invisible que hace de La Habana algo más que una ciudad.

Fue a caminar. A respirar sal. A mezclarse.

El Malecón no es solo una franja de concreto frente al mar. Es un territorio humano. Y en ese territorio viven —y resisten— como en la canción “Mambembe” de Chico, esos artistas sin escenario fijo, sin recursos, con lo justo y a veces ni eso, pero con la música como único capital.

Y entonces ocurre.

Tres músicos callejeros se le acercan sin reconocerlo. Guitarra y maraca en mano, lo leen como a uno más de los pocos turistas que todavía se dejan ver. Pero alguien, desde atrás, suelta el dato: —Ese es Chico Buarque.

Y el aire cambia.

Uno de ellos lo nombra completo, como se nombran las cosas importantes: Chico Buarque de Hollanda.

Otro le suelta: “Oh, qué será”, como si bastara esa línea para condensar toda una historia. Aquella canción —popularizada en la película Doña Flor y sus dos maridos— que, detrás de su aparente ligereza, cargaba la tensión de los años más duros de la dictadura brasileña: censura, persecución, desapariciones. Ironía fina para decir lo indecible. Música como refugio y como denuncia.

La emoción no pide permiso.

Lo rodean, cantan, se entusiasman. No es un homenaje preparado: es una serenata diurna, improvisada, de esas que solo pueden darse en una ciudad donde la música no necesita escenario. Cantan a Silvio con su “Pequeña serenata diurna”. Ese himno del que ya se habló antes, pero que ahí, en la voz de tres trovadores errantes, de tres mambembes, sonaba más urgente, más verdadera.

Casi al final, el guitarrista se adelantó a terminar el acorde, rompió la distancia y le dijo: 

—Coño, mi hermano, déjame abrazarte.

Y lo abrazaron los tres. Un abrazo sin cálculo, sin ceremonia.

Entonces llegó la frase perfecta: —¡De pinga, asere!

Habrá quien la escuche y la reduzca a una vulgaridad. Pero ahí, en ese contexto, es otra cosa. Es lo que el escritor argentino Roberto Fontanarrosa defendió en 2004, ante la solemnidad del III Congreso Internacional de la Lengua Española: que no existen “malas palabras”, y que hay términos irreemplazables porque guardan una fuerza expresiva, una música y una verdad que ningún eufemismo alcanza.

Y cuando ese mismo músico, todavía agitado, le dijo “Oye, Chico, Cuba te quiere”, no hablaba en nombre de ninguna institución. No había un ministerio detrás, ni protocolo. Hablaba desde la intemperie. Desde la supervivencia. Desde ese país real que no cabe en los discursos, pero sostiene la vida con una mezcla feroz de belleza y esperanza.

Ahí está la clave.

El reconocimiento no vino desde arriba, sino desde abajo. Desde el que toca por unas monedas, desde el que inventa para vivir, desde el que no tiene otra cosa que su guitarra y, aun así, ofrece una canción.

Ese pueblo no recibió a Chico como figura internacional ni como leyenda. Lo recibió como hermano.

El sol ya había terminado de caer cuando se separaron. La luz dorada se volvió sombra. El apagón cotidiano se impuso. El Malecón siguió siendo el Malecón. Los mambembes volvieron a su sitio. Chico, Carol y Francisco siguieron caminando.

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