sábado, 31 de enero de 2026

A quien pueda interesar*

 Por Israel  Rojas

No lucharé ni daré mi sangre por un presidente, ni por un secretario general de ningún partido político. No lucharé por un venerable anciano, ni por su hijo o nieto, ni por su familia. No he luchado por un ser humano en particular. No.

Yo luché, lucho y lucharé hasta el último aliento por Cuba soberana. Lucharé contra el fascismo y el imperialismo. Para evitar que desaparezca el sueño de Martí y de Fidel: el de una nación donde la ley primera sea el culto a la dignidad plena del hombre, y para que el futuro del país esté en manos de hombres y mujeres de ciencia. Para seguir echando mi suerte con los pobres de la tierra, hasta que desaparezca toda inequidad. Lucharé para que el tráfico de drogas no sea el destino de nuestro territorio. Lucharé por mis hijos, por mis sobrinos y por los hijos de mis hijos. Lucharé porque “Longina”, “Yolanda” y “Marilú”, “Créeme” y “Ojalá”, no sean obras de un período perdido en la utopía de unos románticos, sino la obra viva de un arte vivo. Lucharé por lo que soy y por lo que no llegué a ser, pero quise.

Y cuando la sombra del desaliento intente filtrarse, cuando el peso de la lucha amenace con doblegar las espaldas, recordaré que en cada palma hay un susurro de independencia, que en cada ola que golpea la costa retumba el juramento de Baraguá. Y espero que no aparezca la pantomima cobarde de "negociar" para parecer "inteligentes y modernos". Para esos "sabios" todo mi desprecio de antemano.

Cuba lleva en la sangre el fuego sagrado de los que soñaron una nación de pie. No hay fuerza opresora que pueda con la roca moral de un pueblo decidido a prevalecer o morir en el intento. Seguiremos en pie, hasta que la victoria final corone nuestros esfuerzos.

Como escribió el Apóstol: “Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

¡Que viva Cuba libre!

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* De su fb

viernes, 30 de enero de 2026

Somos "amenaza"


 

Condenamos en los términos más firmes la nueva escalada de #EEUU contra #Cuba.

Ahora se propone imponer un bloqueo total a los suministros de combustible a nuestro país. Para justificarlo, se apoya en una larga lista de mentiras que pretenden presentar a Cuba como una amenaza que no es. Cada día hay nuevas evidencias de que la única amenaza a la paz, la seguridad y la estabilidad de la región, y la única influencia maligna es la que ejerce el gobierno de EEUU contra las naciones y los pueblos de Nuestra América, a los que intenta someter a su dictado, despojar de sus recursos, mutilar su soberanía y privar de su independencia. EEUU recurre también al chantaje y la coerción, para tratar de que otros países se sumen a su universalmente condenada política de bloqueo contra Cuba, a los que, de negarse, amenaza con la imposición de arbitrarios y abusivos aranceles, en violación de todas las normas del libre comercio. Denunciamos ante el mundo este brutal acto de agresión contra Cuba y su pueblo, al que durante más de 65 años se ha sometido al más prolongado y cruel bloqueo económico jamás aplicado contra toda una nación y al que ahora se promete someter a condiciones de vida extremas.

Bruno Rodríguez Parrilla
Canciller de la República de Cuba

jueves, 29 de enero de 2026

Trump califica a Cuba de amenaza “extraordinaria” y declara emergencia nacional

 El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este jueves una emergencia nacional al considerar que Cuba representa una amenaza “inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadunidense; horas después de afirmar, durante la premiere de Melania, que la isla es “una nación en decadencia”.

Horas después de firmar la orden ejecutiva, Trump afirmó durante la premiere de su esposa Melania que Cuba es “una nación en decadencia” y expresó un tono que combinó descalificación política con una aparente preocupación por el futuro del país caribeño. “Me siento mal por Cuba. Pienso que Cuba no podrá sobrevivir”, declaró el mandatario, de acuerdo con versiones difundidas por la prensa.

En la orden ejecutiva, Trump sostuvo que “la situación con respecto a Cuba constituye una amenaza inusual y extraordinaria, que proviene total o sustancialmente de fuera de Estados Unidos”, y que por ello amerita la declaración de emergencia nacional. El documento acusa al gobierno cubano de adoptar “medidas extraordinarias que perjudican y amenazan a Estados Unidos”.

La orden ejecutiva establece un nuevo sistema arancelario que faculta a Estados Unidos a imponer gravámenes adicionales a las importaciones de cualquier país que proporcione, directa o indirectamente, petróleo a Cuba. El documento autoriza al Secretario de Estado y al Secretario de Comercio a adoptar todas las acciones necesarias, incluida la emisión de reglas y orientaciones, para implementar el esquema arancelario y las medidas relacionadas.

Asimismo, prevé que el Presidente podrá modificar o ajustar la orden si Cuba o los países afectados adoptan medidas significativas para atender la amenaza señalada o alinearse con los objetivos de seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos.

El texto señala que La Habana mantiene supuestamente alineamientos y brinda apoyo a “numerosos países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos adversos a Estados Unidos”, entre los que menciona a la Federación Rusa, la República Popular China, Irán, Hamas y Hezbollah. Según la Casa Blanca, Cuba alberga a “peligrosos adversarios” de Washington y les permite establecer capacidades militares y de inteligencia que, afirma, amenazan directamente la seguridad estadunidense.

Entre los señalamientos, la orden ejecutiva destaca que  en Cuba opera “la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia en el extranjero”, supuestamente orientada a obtener información sensible de seguridad nacional de Estados Unidos.

También acusa al gobierno cubano de profundizar su cooperación en inteligencia y defensa con China, así como de dar la bienvenida a grupos como Hamas y Hezbollah, a los que atribuye la intención de construir redes económicas, culturales y de seguridad en la región para desestabilizar el hemisferio occidental.

La declaración de emergencia nacional abre la puerta a nuevas medidas de presión económica y diplomática contra Cuba y se inscribe en una narrativa de confrontación que revive los ejes más duros de la política estadunidense hacia la isla, en un contexto internacional marcado por disputas geopolíticas y tensiones crecientes entre Washington y sus adversarios estratégicos.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/29/mundo/trump-declara-a-cuba-como-amenaza-y-la-senala-como-una-nacion-en-decadencia

Trump firma orden ejecutiva para imponer aranceles a países que provean petroleo a Cuba

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó hoy una orden ejecutiva para autorizar la imposición de aranceles adicionales a productos importados desde países que suministren petróleo a Cuba, de forma directa o indirecta, al considerar que "las políticas, prácticas y acciones" del gobierno cubano representan una amenaza para la seguridad nacional de su país.

La medida se fundamenta en la acusación de que el Gobierno de Cuba mantiene alianzas con actores hostiles a Estados Unidos, apoya actividades consideradas terroristas y comete violaciones sistemáticas de derechos humanos, lo que, según la orden, justifica el uso de herramientas comerciales para proteger la seguridad nacional y la política exterior estadunidense.

La orden delega en los secretarios de Comercio y de Estado la identificación de los países que provean petróleo a Cuba, la determinación del alcance de los aranceles y el monitoreo continuo de la situación, dejando abierta la posibilidad de modificar las medidas en caso de represalias o cambios en el comportamiento del gobierno cubano.

Por otra parte, la orden establece también que si algún país toma represalias sobre estos aranceles, el gobierno estadunidense se reserva el derecho a actuar contra estos para hacer cumplir la orden ejecutiva. A su vez, establece que si Cuba “se alinea suficientemente con los Estados Unidos en asuntos de seguridad nacional y política exterior” se podrá modificar dicha orden.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/29/mundo/trump-firma-orden-ejecutiva-para-imponer-aranceles-a-paises-que-vendan-petroleo-a-cuba

Siempre pienso: Lo pude hacer mejor

Por Estrella Díaz

Foto de la autora














Al filo de sus vitales y muy lúcidos setenta y seis años, Roberto Fabelo (Guáimaro, 1950) nos regala Médula, una exposición que puede disfrutarse en la sede del habanero Museo Nacional de Bellas Artes hasta mediados del verano del presente 2026. 

Conversar con Fabelo siempre, pero ¡siempre!, es un goce y un aprendizaje: horas antes de su cumpleaños —el 28 de enero— dialogamos con este dibujante, pintor, escultor, grabador e ilustrador que sorprende por las muchas ideas que logra condensar en cada una de sus propuestas y, según me confirmó, Médula es la exposición más grande que ha realizado hasta el momento. El diálogo que hoy ofrecernos a nuestros lectores —y que fue organizado y “agendado” por su musa, la imprescindible Súyu—, comenzó así.

“Primero quiero agradecer tu voluntad de ‘cazarme y atraparme’ después de tantos años de conocernos y de haber intercambiado muchas veces en conversaciones, siempre, muy interesantes.

“En este momento, quizás, esté cerrando un ciclo considerando que —a veces sin querer— hacemos ciclos de realizaciones y también lo que la vida propicia. Estoy al borde de los setenta y seis años. Soy un septuagenario y me mantengo trabajando y viviendo como si no lo fuera”.

Martí diría que estás viviendo “los años altos”. Siempre he querido preguntarte, ¿cuánto queda del niño de raíces campesinas que fuiste?

“Una vez dije que ojalá ningún niño se perdiera en el adulto que algún día iba a ser. Lo dije pensando en mi propia experiencia, vivencia, porque desde niño venía con esas ganas de dibujar, de crear, de entretenerme, de jugar, disfrutar y hacer algo con mis manos, con mi corazón, con mi mente.

“Desde niño sentí los deseos y la necesidad de dibujar por todos lados: paredes, pizarras, papeles, cartones… y sigo con ese espíritu —no digo que infantil—, pero sí del niño que traigo desde mis comienzos hasta hoy. Algo queda en mí que me sigue permitiendo jugar, explorar, dudar, temer, que son realidades propias de la visión de un niño que se asoma curioso al mundo nuevo, a diferentes desafíos, a incógnitas.

“Creo que eso ha caracterizado un poco la naturaleza de mi propio trabajo y es inherente de mi propia vida. El jugar con elementos de la naturaleza, crear mis propios juguetes y hacer trazos por todos lados fue el principio.

Ese espíritu continúa y sigo siendo un ‘grafomaníaco’, porque en el dibujo se origina todo y es donde está el cimiento de mi trabajo, mi mirada viendo el dibujo como instrumento de apropiación, de representación y de indagación”.

Hace unos años me dijiste que te considerabas un “atrapador de imágenes”, ¿sigue siendo así?

“El permanecer siempre dibujando me lleva, constantemente, a buscar y atrapar imágenes, porque no siempre uno tiene ideas; no siempre esas imágenes que ves las puedes apresar. No obstante, el ejercicio mismo del dibujo sí me ha llevado a capturar esas imágenes, a incorporarlas, a hacerlas parte de mi imaginario y, en consecuencia, desarrollar propósitos más ambiciosos que van más allá del maravilloso juego. He llegado hasta este punto de mi vida en que —¡salvando a ese niño!— he podido mantener una dinámica de búsquedas y la he fijado, la he soldado a mi alma, a mi espíritu. Eso me acompañará siempre”.

¿Cuál es el recuerdo más lejano que tienes del Fabelo niño con el hacer de las manos?

“Recuerdo muy claramente cuando cogía la cera de los panales de miel —después de tomarme la miel— y la masticaba, y con esa misma cera hacía pequeños animalillos del entorno: alacranes, arañitas, lagartijas. Trataba de imitarlos tal cual. Ahí lo que había era un juego, una mera curiosidad y un divertimiento. Esos alacranes, lagartijas y arañas se los llevaba a mi abuela para asustarla. Ese era el propósito. Quizás ahí está la génesis de mi interés por las formas y aquello constituía un simple juego en el intento de representar aquello que me gustaba. Ese fue, tal vez, el big bang de mi propio proceso como formación y gestación de una visión acerca de la vida y, posteriormente, del arte cuando entré en un camino más complejo de pensamiento, de análisis y de concientización de que aquello tenía que ver con el arte”.   

Siempre he querido hacerte esta pregunta para despejar una curiosidad. Alguien me comentó que estando en la Academia cogías las tizas blancas de escribir en la pizarra y las tallabas, ¿es eso cierto?, ¿sería la génesis de un escultor en pañales? 

“Es cierto. Con esas mismas tizas yo dibujaba en los pizarrones de la escuela y con trozos de cuchillas de afeitar —que eran de una laminita fina y filosa— trataba de hacer pequeñas esculturas.

“Las tizas son confeccionadas a partir del yeso, que es un material con el que puedes trabajar con facilidad. Después lo continué haciendo con trozos que dejaban los escultores en su modelado, luego del vaciado. Todo eso se lo regalaba a los amigos. Recuerdo que a Servando Cabrera le regalé alguna de esas piececitas que tenían un carácter erótico porque, precisamente, la obra de Servando tenía ese carácter.

“Esto no lo he dicho antes: en ese momento trataba de hacer pequeños cuerpos, parejas desnudas. En algunas de las visitas que hice a Servando se lo obsequiaba y el me daba libros y me alentaba a que estudiara. Tuve el privilegio de ver su obra junto a un montón de colegas que fueron muy asiduos a sus enseñanzas desde que eran sus alumnos cuando él era profesor de la Escuela Nacional de Arte (ENA). Lamentablemente no llegué a ser alumno suyo. Esos pedacitos de tizas cedían, en efecto, ante la cuchilla. No era más que un niño jugando”.

¿Sería esa la semilla del escultor en que te convertiste posteriormente?   

“Siempre digo y aclaro: no soy escultor de oficio. Quizás soy escultor por afinidad con diversos materiales. Estudié lo básico de la escultura, pero respeto muchísimo la obra de otros escultores que sí tienen una verdadera formación en esa especialidad. Como nos dieron una preparación básica en la Escuela de Arte, me familiaricé con los materiales y, además, estaba constantemente viendo ejemplos de realización de esculturas. Al final, la escultura se diversifica en su medio para realizarla y sin uno querer —e incluso sin darse mucha cuenta—, te conviertes en escultor porque manejas    los volúmenes, objetos y materiales, pero repito, no me considero un escultor: hago mi escultura y a partir de ella me atrevo a hacer planteamientos que pueden considerarse escultóricos”.

Naciste en Guáimaro, un sitio de la geografía cubana marcado por la historia. Viniste al mundo un 28 de enero, fecha del natalicio del Héroe Nacional cubano, José Martí. Eres un artista que ya se considera “universal”, con una obra reconocida en Cuba y también fuera de fronteras, ¿cuánto de esa Cuba raigal que llevas en tu ADN se refleja en tu obra?

“Universal, universal es Wifredo Lam; pero considero que donde quiera que haya un artista cubano, donde quiera que esté —ya sea en Cuba, en España, en el Congo o en China— hay algo de Cuba debido a su identidad, sus raíces, sus orígenes, y siempre estará tocado por algo muy particular, telúrico: salitre, monte, barrio, que pueden caracterizarlo.

“En mi hay de todo eso también. El haber nacido en Guáimaro, efectivamente, pesa. Nací en las afueras de Guáimaro, en el monte, y la conciencia de que era un lugar singular en la historia de Cuba la tuve después. Obviamente, ahí está el componente contextual, histórico, de cualquier persona sea artista o no.

“Considero que las infancias son múltiples y sí creo que en mi primera infancia hay mucho de ese entorno rural que tiene que ver con los paisajes, los animales. Recuerdo que en la madrugada acompañaba a un tío que ordeñaba vacas y me montaba en ancas sobre un caballo y ese olor a la mañana, a leche fresca, al primer trino de los pájaros… esas son impresiones primeras.

“Cuando nos mudamos para el poblado veía a algunos veteranos de las guerras de independencia —¡ya viejitos!— que se paseaban con sus medallitas colgadas al pecho y sus añejas guayaberas, y todo el mundo los saludaba con gran respeto. Son mezclas de experiencias que se acumulan. Mi familia era muy humilde y mi padre lo mismo cortaba caña, que era carbonero o lo que apareciera, pero era una familia muy decente, muy camagüeyana, muy respetuosa unos de otros, ¡muy bonita! Y, sobre todo, unos padres cariñosos. Todos esos componentes de lo íntimo y del entorno gestaron en mí y formaron una manera de percibir el mundo y a los seres humanos, y me explica —a mí mismo— algunos rasgos de mi propia naturaleza. De niño era muy aventurero y me gustaba perderme por los montes, bañarme en los ríos, montarme en caballos ajenos. Así fue una parte de mi infancia”.

Una infancia feliz

“Creo que casi todos los niños, salvo los que desgraciadamente estén en un lugar donde haya guerra, son ajenos a los dramas, e incluso en medio de la pobreza se divierten y, obvio, tiene que ver con la ingenuidad, con la inocencia, con la pureza”.

Hoy en el Museo Nacional de Bellas Artes se expone Medula. Quiero que me confirmes, que me aclares, ¿es esta la exposición más grande que has realizado hasta el momento?

“Puedo decir que sí, que es la exposición más abarcadora que he hecho hasta el momento. Es una muestra que se mueve en diversos lenguajes y maneras de abordar la imagen y los temas que he trabajado. Esta es la quinta exposición que he realizado en el Museo Nacional de Bellas Artes y, por cosas de la vida, he tenido la suerte de haber hecho Fragmentos vitales en 1988, Un poco de mí en 2003, Mundos en el 2005, Sobrevivientes en 2009, hasta llegar a Médula. Esta exposición es la más grande”.

No obstante, estás de manera permanente en el Museo: aquí está Sobrevivientes y en las salas permanentes parte de tu obra en papel kraft

“Exacto. Estar en el Museo atesorado de esa forma, para mí, verdaderamente, es un honor. Me siento muy honrado porque no siempre se puede estar en un museo. Es una forma de reconocimiento que se hace a la labor de un artista. Es un privilegio estar junto a otros grandes colegas históricos y contemporáneos”.

Sobrevivientes está, también, de manera permanente en el Museo.

Sobrevivientes —o las cucarachas, como la gente les llaman— ha generado todo tipo de interpretación y de especulaciones. Uno puede intentar tratar de hacer una descripción, pero es insensato revelar una clave: las claves de una pieza, pueden ser mil claves, un millón de claves, porque cada espectador elabora o relabora una obra según su visión. Esa es una de las cualidades que tiene el arte. Imponer un título es una pista que hay que seguir, pero no es algo totalmente definitorio”.

Hablando de títulos, ¿por qué la Médula en Fabelo?, ¿qué tiene esta exposición de medular?

“La palabra médula o el concepto ‘médula’ está asociado a lo medular de mi trabajo. Lo medular como esencia, como sustancia que está en el origen de todo y contiene todo y hace vivir. Si no hay médula, nada es posible.

“El título de esta exposición me venía por ahí porque decidí exponer lo más medular de mi trabajo que va desde el dibujo que tradicionalmente he hecho sobre papeles hasta manipulación de objetos encontrados: calderos llenos de historia con su pátina de carbón, de fuego, de grasa, que han sido intervenidos por mí y colocados en forma de torres como es el título de esa instalación.

En Médula están incluidas ese tipo de piezas hasta la instalación de los huesos colgando que son, quizás, los que más se aproximan al sentido o a la clara idea de lo que es la médula. En esa instalación está el manejo del volumen, del espacio y la aplicación del dibujo que en mí es medular, sustancial, vital.

“Me pareció que ese término abarcaba y expresaba el propósito de demostrar esa diversidad y variedad que te lleva a pensar que Fabelo es el mismo, pero variado. Me pregunto, ¿cómo mutas sin perder tu condición? El desafío o el imán que me subyuga tiene diversas atracciones. Por lo tanto, materiales diversos, elementos conceptuales diversos, descripciones, puros juegos. Creo que soy diverso y variado”.

Es claro que el dibujo tiene en Médula un gran peso: está sobre papel, está sobre huesos, está sobre calderos, es decir, en los más diversos soportes; pero hay una instalación en la que hay que hacer un paréntesis. Me refiero a “Liderazgo”, ¿por qué estos rinocerontes?

“El rinoceronte es un animal que tiene una imagen que ha sido muy atractiva para muchísimos artistas. Es un animal verdaderamente bello en el que se mezcla fuerza y, a la vez, fragilidad ante los hombres. El símbolo de fuerza y fragilidad puede ser una dualidad que —para el planteamiento de esta instalación—, me sirve para mostrar la necesidad de la contradicción.

“Unos van en un sentido y solo hay uno que va en otro. Si uno logra colocarlo en esta época entenderá que hay una crisis de los liderazgos y que hay grandes, enormes, desafíos en ese sentido que están caracterizando y están signando esta época. No me he propuesto dar una explicación acerca de esta instalación, de definirla, de enmarcarla, porque creo que es necesario que el espectador tenga la posibilidad de elaborar sus propias ideas y su visión y quisiera respetar eso.

“He escuchado todo tipo de comentarios y de opiniones y estoy muy satisfecho, porque eso es lo más importante: que cada quien interprete la obra. Tenemos muy cerca en el tiempo y en el espacio las contradicciones propias del liderazgo: el líder y su soledad; también, el líder y su objetivo. Dejo eso ahí para que cada uno pueda sacar sus conclusiones.

“Igualmente, ‘Liderazgo’ es una celebración de la naturaleza misma y de la belleza de este animal, y advertencias que uno también quiere hacer sobre la responsabilidad del hombre para con los ecosistemas, la naturaleza y su entorno. Por lo tanto, el registro de interpretaciones puede ser desde lo natural, biológico, social, político… puede haber innumerables aristas de interpretación a la hora de tener una apreciación o una percepción de esta instalación”.

Me haces recordar Mundos, exposición personal en la que incluiste varias esferas y una de ellas estaba recubierta con casquillos de balas y hoy, desgraciadamente, vivimos en un momento en el que las guerras son un escenario real. El hambre, la necesidad de alimentarse, es una realidad que se vive hoy en el mundo y Cuba no está exenta de ello, ¿cuánto de esas inquietudes siguen estando en el centro de tu quehacer?, ¿es lo que te rodea, lo que te nutre?, ¿qué es lo que te mueve para hacerte ese tipo de planteamientos desde el arte con muchos significantes?

“Es el tiempo que he vivido y el que estoy viviendo. Estas preocupaciones han salido no porque haya existido una concientización del problema. Es que percibiendo, teniendo experiencias, y recibiendo informaciones confluyen en uno todos esos procesos y salen en la obra. 

“En las torres, por ejemplo, el uso de viejos y tiznados calderos están cargados de mil historias y hablan de la precariedad en la que hemos vivido los cubanos y de la precariedad que se vive en muchas partes del mundo.

Es natural que si eso sucede, me sienta como una especie de realista porque miro, estoy atento a la realidad y el hecho de vivirla facilita que aparezcan estas piezas que están llenas de una extraña poesía que se relaciona con las vivencias de la gente. ¿Cuántas personas habrán comido de esos calderos que colecto?, ¿cuánta historia personal de todo tipo habrá detrás de todo eso? Esa pátina oscura que no es más que la mezcla de la grasa y el fuego y de las historias humanas que hay en esos calderos, están imantadas.

Esos calderos se han convertido para mí en símbolos, en expresiones de mi propia realidad. Por lo tanto, respeto mucho esa realidad, respeto la existencia de estos objetos relacionados con esas vidas, con esas dinámicas. Es por eso que los he amontonado.

Quizás antes les pasaba por el lado y no me detenía, pero sí recuerdo que en los campamentos, viendo esos calderos en las escuelas al campo, en las becas, en los rincones de viejas cocinas, empecé a apreciarlos de otra forma. Comencé a hacer sobre su superficie incisiones, dibujos, olvidándome de que ya de por sí tenían —en su aspecto original— una poesía y que eran intocables. Ese vicio de dibujar en todas partes me llevó a rayar y dibujar sobre esos calderos”.

Hace más de veinte años me afirmaste: “no se puede perder la curiosidad ni la inquietud”. Al filo de tus setenta y seis fructíferos eneros, ¿qué te queda?

(Risas) “Sigo sintiendo una inmensa necesidad de dar respuestas a esas ganas que tenía cuando niño, y aún no la he podido colmar plenamente.

“Siempre pienso: lo pude hacer mejor, me parece que a todo le falta más trabajo. De modo que me queda mucho por hacer para simplemente decir que esto es un tránsito y que el fin, el destino, es vivir y haber tenido la dicha de expresarme a través de lo que desde niño me gustaba. Me he atrevido a hacer cosas que me indican que puedo seguir atreviéndome.

“Doy gracias porque siempre me acompaña Súyu, mi musa; que a veces me advierte, pero siempre, ¡siempre!, me impulsa a hacerlo y es la que, igualmente, me pone en alerta. Y eso lo agradezco mucho. Más agradecido a la vida no puedo ser de lo que he podido realizar. Ahora, cerrando este ciclo con Médulaen el Museo Nacional es algo que me hace sentir profundamente satisfecho y muy conmovido por la respuesta del público”.

¿Es una exposición hecha para los cubanos?

“Sí y no. Médula está pensada para todo el mundo; pero los cubanos somos gente que, en estos momentos críticos, difíciles, de carencias y dificultades de todo tipo, necesitamos del arte.

El día de la inauguración de Médula hubo más de uno que la calificó de 'conmovedora', y creo que eso encierra un sentir. Médula está hecha para los cubanos y para todos. Esta exposición se la debía al Museo y a su director, Jorge Fernández, con quien desde hace años me comprometí a que me curara una exposición. Jorge, junto con la joven especialista Laura Arañó —del equipo de curadores del Museo—, hicieron una selección extraordinaria. Quiero subrayar que todo el equipo del Museo de Bellas Artes de La Habana hizo una labor espectacular: montadores, restauradores, ¡todos!, se pusieron en función de Médula y estoy muy, pero muy agradecido. Igual, a ese público que visita la exposición y que viene desde lejísimo pasando mucho trabajo con el transporte: esos son los que más me interesan. De corazón lo digo”.

https://www.lajiribilla.cu/siempre-pienso-lo-pude-hacer-mejor/

miércoles, 28 de enero de 2026

Maestros Ambulantes

Por José Martí Pérez
"¿Pero cómo establecería usted ese sistema de maestros ambulantes de que en libro alguno de educación hemos visto menciones, y usted aconseja en uno de los números de La América, del año pasado que tengo a la vista?" —Esto se sirve preguntarnos un entusiasta caballero de Santo Domingo.

Le diremos en breve que la cosa importa, y no la forma en que se haga.

Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria.

Es necesario mantener a los hombres en el conocimiento de la tierra y en el de la perdurabilidad y trascendencia de la vida.

Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la Libertad, como viven en el goce del aire y de la luz.

Está condenado a morir un pueblo en que no se desenvuelven por igual la afición a la riqueza y el conocimiento de la dulcedumbre, necesidad y placeres de la vida.

Los hombres necesitan conocer la composición, fecundación, transformaciones y aplicaciones de los elementos materiales de cuyo laboreo les viene la saludable arrogancia del que trabaja directamente en la naturaleza, el vigor del cuerpo que resulta del contacto con las fuerzas de la tierra, y la fortuna honesta y segura que produce su cultivo.

Los hombres necesitan quien les mueva a menudo la compasión en el pecho, y las lágrimas en los ojos, y les haga el supremo bien de sentirse generosos: que por maravillosa compensación de la naturaleza, aquel que se da, crece; y el que se repliega en sí, y vive de pequeños goces, y teme partirlos con los demás, y sólo piensa avariciosamente en beneficiar sus apetitos, se va trocando de hombre en soledad, y lleva en el pecho todas las canas del invierno, y llega a ser por dentro, y a parecer por fuera, —insecto.

Los hombres crecen, crecen físicamente, de una manera visible crecen, cuando aprenden algo, cuando entran a poseer algo, y cuando han hecho algún bien.

Sólo los necios hablan de desdichas, o los egoístas. La felicidad existe sobre la tierra; y se la conquista con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la generosidad. El que la busque en otra parte, no la hallará: que después de haber gustado todas las copas de la vida, sólo en ésas se encuentra sabor. —Es leyenda de tierras de Hispanoamérica que en el fondo de las tazas antiguas estaba pintado un Cristo, por lo que cuando apuran una, dicen: "¡Hasta verte, Cristo mío!" ¡Pues en el fondo de aquellas copas se abre un ciclo sereno, fragante, interminable, rebosante de ternura!

Ser bueno es el único modo de ser dichoso.

Ser culto es el único modo de ser libre.

Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.

Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza. La naturaleza no tiene celos, como los hombres. No tiene odios, ni miedo como los hombres. No cierra el paso a nadie, porque no teme de nadie. Los hombres siempre necesitarán de los productos de la naturaleza. Y como en cada región sólo se dan determinados productos, siempre se mantendrá su cambio activo, que asegura a todos los pueblos la comodidad y la riqueza.

No hay, pues, que emprender ahora cruzada para reconquistar el Santo Sepulcro. Jesús no murió en Palestina, sino que está vivo en cada hombre. La mayor parte de los hombres ha pasado dormida sobre la tierra. Comieron y bebieron; pero no supieron de sí. La cruzada se ha de emprender ahora para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles, con el conocimiento de la ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo.

He ahí, pues, lo que han de llevar los maestros por los campos. No sólo explicaciones agrícolas e instrumentos mecánicos; sino la ternura, que hace tanta falta y tanto bien a los hombres.

El campesino no puede dejar su trabajo para ir a sendas millas a ver figuras geométricas incomprensibles, y aprender los cabos y los ríos de las penínsulas del Africa, y proveerse de vacíos términos didácticos. Los hijos de los campesinos no pueden apartarse leguas enteras días tras días de la estancia paterna para ir a aprender declinaciones latinas y divisiones abreviadas. Y los campesinos, sin embargo, son la mejor masa nacional, y la más sana y jugosa, porque recibe de cerca y de lleno los efluvios y la amable correspondencia de la tierra, en cuyo trato viven. Las ciudades son la mente de las naciones; pero su corazón, donde se agolpa, y de donde se reparte la sangre, está en los campos. Los hombres son todavía máquinas de comer, y relicarios de preocupaciones. Es necesario hacer de cada hombre una antorcha.

¡Pues nada menos proponemos que la religión nueva y los sacerdotes nuevos! ¡Nada menos vamos pintando que las misiones con que comenzará a esparcir pronto su religión la época nueva! El mundo está de cambio; y las púrpuras y las casullas, necesarias en los tiempos místicos del hombre, están tendidas en el lecho de la agonía. La religión no ha desaparecido, sino que se ha transformado. Por encima del desconsuelo en que sume a los observadores el estudio de los detalles y evolvimiento despacioso de la historia humana, se ve que los hombres crecen, y que ya tienen andada la mitad de la escala de Jacob: ¡qué hermosas poesías tiene la Biblia! Si acurrucado en una cumbre se echan los ojos de repente por sobre la marcha humana, se verá que jamás se amaron tanto los pueblos como se aman ahora, y que a pesar del doloroso desbarajuste y abominable egoísmo en que la ausencia momentánea de creencias finales y fe en la verdad de lo Eterno trae a los habitantes de esta época transitoria, jamás preocupó como hoy a los seres humanos la benevolencia y el ímpetu de expansión que ahora abrasa a todos los hombres. Se han puesto en pie, como amigos que sabían uno de otro, y deseaban conocerse; y marchan todos mutuamente a un dichoso encuentro.

Andamos sobre las olas, y rebotamos y rodamos con ellas; por lo que no vemos, ni aturdidos del golpe nos detenemos a examinar, las fuerzas que las mueven. Pero cuando se serene este mar, puede asegurarse que las estrellas quedarán más cerca de la tierra. ¡El hombre envainará al fin en el sol su espada de batalla!

Eso que va dicho es lo que pondríamos como alma de los maestros ambulantes. ¡Qué júbilo el de los campesinos, cuando viesen llegar, de tiempo en tiempo, al hombre bueno que les enseña lo que no saben, y con las efusiones de un trato expansivo les deja en el espíritu la quietud y elevación que quedan siempre de ver a un hombre amante y sano! En vez de crías y cosechas se hablaría de vez en cuando, hasta que al fin se estuviese hablando siempre, de lo que el maestro enseñó, de la máquina curiosa que trajo, del modo sencillo de cultivar la planta que ellos con tanto trabajo venían explotando, de lo grande y bueno que es el maestro, y de cuándo vendrá, que ya les corre prisa, para preguntarle lo que con ese agrandamiento incesante de la mente puesta a pensar, ¡les ha ido ocurriendo desde que empezaron a saber algo! ¡Con qué alegría no irían todos a guarecerse dejando palas y azadones, a la tienda de campaña, llena de curiosidades, del maestro!

Cursos dilatados, claro es que no se podrían hacer; pero sí, bien estudiadas por los propagadores, podrían esparcirse e impregnarse las ideas gérmenes. Podría abrirse el apetito del saber. Se daría el ímpetu.

Y ésta sería una invasión dulce, hecha de acuerdo con lo que tiene de bajo e interesado el alma humana; porque como el maestro les enseñaría con modo suave cosas prácticas y provechosas, se les iría por gusto propio sin esfuerzo infiltrando una ciencia que comienza por halagar y servir su interés; —que quien intente mejorar al hombre no ha de prescindir de sus malas pasiones, sino contarlas como factor importantísimo, y ver de no obrar contra ellas, sino con ellas.

No enviaríamos pedagogos por los campos, sino conversadores. Dómines no enviaríamos, sino gente instruida que fuera respondiendo a las dudas que los ignorantes les presentasen o las preguntas que tuviesen preparadas para cuando vinieran, y observando dónde se cometían errores de cultivo o se desconocían riquezas explotables, para que revelasen éstas y demostraran aquéllos, con el remedio al pie de la demostración.

En suma, se necesita abrir una campaña de ternura y de ciencia, y crear para ella un cuerpo, que no existe, de maestros misioneros.

La escuela ambulante es la única que puede remediar la ignorancia campesina.

Y en campos como en ciudades, urge sustituir al conocimiento indirecto y estéril de los libros, el conocimiento directo y fecundo de la naturaleza.

¡Urge abrir escuelas normales de maestros prácticos, para regarlos luego por valles, montes y rincones, como cuentan los indios del Amazonas que para crear a los hombres y a las mujeres, regó por toda la tierra las semillas de la palma moriche el Padre Amalivaca!

Se pierde el tiempo en la enseñanza elemental literaria, y se crean pueblos de aspiradores perniciosos y vacíos. El sol no es más necesario que el establecimiento de la enseñanza elemental científica.

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La América, Nueva York, mayo de 1884. Reproducido en Obras completas. Volumen VIII. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963. 288-92. [Versión digital preparada por Marina Herbst.]

https://www.ensayistas.org/antologia/XIXA/marti/marti3.htm

martes, 27 de enero de 2026

La luna con gatillo

 Es preciso que nos entendamos.

Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.
 
El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.
 
El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.
 
Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.
 
Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.
 
Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.
 
¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?
 
He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.
 
El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.
 
Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!
 
Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.
 
Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
—Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.
 
No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.
 
Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.
 
Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.
 
Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.
 
No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!
 
No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.
 
Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.

                                 Raúl González Tuñón (1905-1974)