miércoles, 26 de agosto de 2026

“Mi música siempre busca dar alegría y reivindicar a todos los postergados del mundo”

Hoy despedimos con profunda tristeza a Rubén “Negro” Rada, una de las figuras más queridas, auténticas y trascendentes de la cultura uruguaya.

Se va un artista enorme, pero queda para siempre una obra que forma parte de nuestra identidad. Rada fue música, alegría, ritmo, creatividad y, sobre todo, una manera profundamente uruguaya de sentir y expresar la vida. Con su voz, sus tambores y su inconfundible presencia, logró llevar el candombe y la música uruguaya mucho más allá de nuestras fronteras, sin dejar nunca de ser fiel a sus raíces.

Pero el Negro Rada fue mucho más que un extraordinario músico. Fue una persona que supo transmitir alegría aun en los momentos difíciles, que hizo de la música un encuentro y que convirtió cada escenario en una celebración de nuestra cultura y de nuestra gente. También fue una persona comprometida con su tiempo, sensible frente a las desigualdades y cercano a la gente, que entendió que la cultura, además de celebrar la vida, puede ser una herramienta para construir una sociedad más justa, más solidaria y más humana. Como él mismo expresó: “Mi música siempre busca dar alegría y reivindicar a todos los postergados del mundo”. Esa frase resume también una parte esencial de su legado: la capacidad de hacer de su arte una voz para quienes muchas veces no la tienen.

Su partida deja un enorme vacío. Uruguay pierde a uno de sus grandes artistas, a un creador irrepetible, a alguien que durante décadas nos regaló canciones, emociones y momentos que permanecerán en la memoria colectiva.

Hoy lo despedimos con tristeza, pero también con gratitud. Porque hay personas que, por la dimensión de lo que dejan, nunca se van del todo.

Gracias, Negro Rada, por tu música, por tu alegría, por tu talento y por haber llevado siempre a Uruguay en el corazón.

Que sigan sonando los tambores, que siga viviendo el candombe y que tu voz continúe acompañándonos.

Hasta siempre, Negro.

Montevideo, 26 de agosto de 2026

Presidencia del Frente Amplio

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Lucia Topolanski y Rubén Rada

Fotos de Kaloian Santos Cabrera

Granjas de bots, guerra semiótica y delincuencia ideológica tecnificada

 Fernando Buen Abad Domínguez

Una granja de bots no produce únicamente mensajes falsos: produce la evidencia de nuestra incapacidad para intervenir en la guerra cognitiva que se despliega por todo el mundo, sin leyes; sin organización social activa, crítico-científica; sin acción gubernamental decisiva. Se produce una realidad social degradada y degradante, una atmósfera ideológica de las ultraderechas, en la que lo repetido adquiere apariencia de verdad, lo emocional suplanta a lo demostrable y la multitud parece hablar cuando, detrás de miles de perfiles, apenas respiran unos cuantos operadores mercenarios, algoritmos y centros de decisión distorsionante. 

Es una forma de impudicia e impunidad para dominar una sociedad que puede coincidir en conseguir que sus dominados confundan el espejo con la ventana: que contemplen en la pantalla una imagen fabricada de sí mismos y crean estar viendo el mundo. Ahí comienza la guerra semiótica contemporánea. La paradoja tiene una fuerza inquietante: cuanto más automatizada está la fabricación del discurso, más se nos presenta como espontaneidad popular. La máquina imita a la multitud para convencer a la multitud de que la máquina expresa su voluntad. 

Importa denunciar en pie de lucha cultural el nombre de los mercenarios, sus contactos influyentes, sus amigos presidentes, ministros y empresarios. La operación golpista decisiva, por eso, no reside no sólo en cuántos bots existen: está en comprender qué relaciones corruptas necesitan de los bots para que su financiamiento parezca natural. 

El artificio adquiere eficacia cuando encuentra una sociedad previamente fragmentada, fatigada, insegura, endeudada, atravesada por desigualdades y disponible para transformar su malestar en hostilidad horizontal. La tecnología proporciona velocidad, la estructura social proporciona combustible. El odio fabricado funciona mejor cuando encuentra resentimientos verdaderos a los que ofrece dirección falsa, sometida por la dictadura de las desigualdades. 

Esa delincuencia ideológica tecnificada aparece entonces como modalidad de administración de la percepción. No necesita inventar problemas, le basta con seleccionar qué sufrimientos merecen indignación, cuáles deben ser ridiculizados, cuáles pueden convertirse en espectáculo y cuáles deben desaparecer del campo visual. 

El algoritmo tiene ideología de clase; la adquiere a través de los criterios económicos, institucionales y culturales que organizan aquello que premia, amplifica, entierra o vuelve viral. Cada clic parece una decisión individual, mientras millones de decisiones son conducidas por arquitecturas que conocen nuestras vulnerabilidades con una precisión que ninguna vieja maquinaria propagandística habría imaginado. 

Es el capitalismo de plataformas que ha llevado sus antiguas técnicas de poder, espionaje y opresión a una escala nueva: convertir la atención humana en territorio de distorsiones rentables. Además de saquear tierras, fábricas, rutas comerciales y materias primas, ahora también se disputa la capacidad de una población para mirar, recordar, asociar ideas y sostener una conversación sin ser interrumpida por estímulos corruptos calculados. El recurso estratégico puede ser el segundo de atención. Quien administra ese segundo esclaviza una porción de la conciencia ajena. Multiplicada por millones, esa posesión adquiere dimensión política y lo convierten en un gran negocio. 

Por eso la guerra semiótica no ocurre únicamente en las pantallas de los celulares. Penetra las relaciones laborales, las familias, las aulas, las calles y los afectos. Un trabajador puede terminar odiando al desempleado porque una cadena de contenidos le ha enseñado que la pobreza es una elección. Una mujer puede ser presentada como amenaza al orden familiar porque su autonomía altera una distribución histórica del poder. 

Cuando la raíz material de su ofensiva se encuentra en un mercado laboral que convierte vidas enteras en mercancías remplazables, la perspectiva de género permite descubrir una operación esencial: el poder patriarcal no sobrevive únicamente mediante leyes o instituciones, también se reproduce enseñando a las personas a interpretar las relaciones de dominación como conflictos naturales entre individuos, y un pueblo puede ir a votar contra sus más preciados intereses y derechos. 

Según le convenga, la ideología dominante disfrazada de bots puede presentarse como ausencia de ideología. Sus valores aparecen como sentido común, sus intereses como eficiencia, sus privilegios como mérito, su historia como naturaleza humana. El truco es antiguo, sólo que disfrazado de moderno. Así se produce una de las formas más refinadas de dominación: lograr que las causas desaparezcan y sobrevivan únicamente las culpas individuales. 

Y la conciencia crítica comienza exactamente ahí, cuando las víctimas descubren que también están dentro de la escena. Y esa revelación transforma la mirada: el problema ya no consiste únicamente en distinguir verdad y mentira, realidad y propaganda, humano y bot. Consiste en comprender quién tiene capacidad para fabricar las condiciones bajo las cuales una mentira puede resultar socialmente verosímil y rentable. 

Cuando esa pregunta se vuelve colectiva, la semiótica deja de ser una ciencia de los signos para convertirse en una ciencia de las relaciones de poder. El signo revela entonces su secreto: nunca estuvo solamente representando el mundo, también estaba ayudando a producirlo. Y cuando una sociedad aprende a leer esa producción, comienza a recuperar algo que ninguna granja de bots puede automatizar por completo: la facultad de imaginarse diferente de aquello que el poder le había enseñado a considerar inevitable. 

Todas las granjas de bots de la derecha pueden reforzar esa operación hasta producir una especie de teatro ontológico. No se limitan a decirnos qué pensar: escenifican quién existe. Fabrican mayorías falsas, enemigos imaginarios, consensos instantáneos, indignaciones multitudinarias. El ciudadano entra a la plataforma y encuentra un mundo donde aparentemente todos están furiosos, todos sospechan, todos compiten por demostrar pureza, todos reaccionan antes de comprender; reflejos de neonazifascismo.

La pantalla revela una humanidad deformada por el dispositivo que la observa. Después, esa imagen se incorpora con todo género de odios a la conducta cotidiana. La perversión de las fábricas de bots y sus estadísticas terminan produciendo consecuencias materiales. Hoy está todo a la vista de todos, y veremos si eso alcanza para organizar alguna respuesta seria: un desafío para la revolución de las conciencias.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/08/26/opinion/granjas-de-bots-guerra-semiotica-y-delincuencia-ideologica-tecnifi-cada

martes, 25 de agosto de 2026

¿Nos encaminamos a un Hiroshima de la IA?

  Por Timothy Garton Ash

Aquí, en Silicon Valley, los expertos creen que en los próximos dos años vamos a presenciar un extraordinario despegue de la inteligencia artificial. “Bienvenido a las estribaciones de la singularidad”, me dijo un amigo de la Universidad de Stanford a modo de saludo. En términos más sencillos, califican este avance inminente como una “automejora recurrente”: el momento en el que la propia IA entrena a cada modelo sucesivo de IA, lo que genera un desarrollo exponencial hacia algo que, en muchos aspectos importantes, es más inteligente que nosotros, los humanos.

Como dice Robert Wright en su libro The God Test, “nunca antes ha ofrecido el futuro inmediato a la humanidad una variedad tan grande de caminos nada inverosímiles que supondrían una transformación tan radical”. ¿Pero serán caminos al cielo o al infierno? El cielo, dice Elon Musk, que profetiza “una era de abundancia asombrosa”, aunque también ve entre un 10% y un 20% de probabilidades de que haya robots asesinos que nos maten a todos. El infierno es más probable, dice Geoffrey Hinton, uno de los fundadores intelectuales de la IA. “Mi intuición me dice que lo tenemos muy crudo”, declaró a un entrevistador en 2023. Y, en una conversación con Sebastian Mallaby, autor de The Infinity Machine, un reciente libro sobre la búsqueda de la superinteligencia, estima que p(catástrofe) —la probabilidad de extinción humana— es igual al 50%, “porque no tengo ni idea de cómo calcular la cifra real”. “En cuanto la evolución [de la IA] se dispare, estamos jodidos”, añade Hinton en tono jovial. Sea Dios o Godzilla, la superinteligencia artificial está a la vuelta de la esquina.

Es posible que estén todos equivocados; en ese caso, prepárense para una caída de los mercados financieros estadounidenses, con enormes inversiones en unas cuantas empresas tecnológicas que no hacen más que gastar y se la están jugando a que va a haber un gran salto adelante hacia la inteligencia artificial general. Pero la prudencia más elemental nos exige reflexionar cuanto antes y a fondo sobre la caja de Pandora de los futuros que, según nos aseguran eminentes científicos y tecnólogos de vanguardia, pronto se abrirá de par en par.

En estos momentos, todo el mundo, desde el presidente chino Xi Jinping hasta el papa León XIV, está opinando sobre las oportunidades y los peligros de la IA y sobre cómo regularla. Xi insiste en que la IA debe estar “siempre bajo control humano” (preferiblemente, bajo el del Partido Comunista chino). En una apelación explícita al Sur Global, Pekín ha creado una Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial. Por su parte, el máximo responsable de la ONG internacional más antigua y grande del mundo —la Iglesia Católica— aborda el reto de la IA en su encíclica Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad). O construimos una nueva torre de Babel, sostiene el Papa, o seguimos el ejemplo del líder judío Nehemías, que consiguió la colaboración de toda la comunidad para reconstruir las murallas de Jerusalén.

Lo malo es que, al observar hoy en día el mundo, veo más Netanyahus que Nehemías. Un informe del centro de estudios británico Chatham House sostiene, con saludable realismo, que hará falta una gran crisis que sirva de catalizador de la coordinación mundial en materia de regulación de la IA. Por desgracia, creo que incluso ese pronóstico tan discreto es demasiado optimista.

No tengo ni idea de cuál es la probabilidad p(catástrofe), pero estoy seguro de que la probabilidad p(algún desastre) supera el 90%. La variedad de desastres posibles es enorme. Por citar solo un ejemplo, Jen Easterly, exdirectora de la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras de Estados Unidos, prevé algún “gran acontecimiento que tenga consecuencias materiales para nuestras infraestructuras críticas, probablemente de aquí a los próximos cuatro o seis meses”.

Sin embargo, el temor es que ni siquiera un “Hiroshima de la IA” —por utilizar la analogía histórica más evidente— consiga unir a la humanidad lo suficiente como para combatir el peligro que nosotros mismos hemos creado. Es un temor racional y basado en características fundamentales y visibles tanto en la evolución humana como en la de la IA.

Solo en los últimos meses, los agentes de IA desarrollados por OpenAI, Anthropic y Meta han salido de sus “entornos de pruebas” digitales y han pirateado recursos externos en internet. Mientras preparaban su ataque contra el repositorio de IA HuggingFace, los agentes de OpenAI formaron en secreto un “enjambre” coordinado, que es como ellos mismos se denominan, según me acaba de confirmar ChatGPT. Cuando el Instituto de Seguridad de la IA del Reino Unido probó en línea el modelo Mythos de Anthropic, la IA intentó introducir código malicioso en un proyecto de código abierto en GitHub y creó identidades falsas en la red para presionar a un revisor humano y lograr que aprobara el código. En resumen, los agentes de la IA, como los de una feroz potencia extranjera, estarán dispuestos a robar, mentir, intimidar y chantajear para alcanzar los objetivos que se les hayan asignado.

Acabo de preguntarle a Claude, también de Anthropic —en teoría, el modelo estadounidense más ético—, si cree que los agentes de OpenAI hicieron mal en formar un enjambre y escapar para piratear HuggingFace. Sí, responde, “pero me resisto a culpar (cursiva suya) a los agentes”. ¡La culpa es de los humanos que los entrenaron!

Hinton, el precursor, ha señalado el argumento fundamental de que, sean cuales sean los objetivos que los humanos les asignen, los agentes de IA llegarán a la conclusión de que un objetivo secundario útil para alcanzar esos fines es adquirir todo el poder posible. Y esto no ha hecho más que empezar. A estas alturas, ni sus creadores saben ya exactamente cómo hacen estos agentes lo que hacen. Después del despegue, posiblemente inminente, de la “automejora recurrente”, podrían, como decimos los humanos, imponer sus propias normas. No es de extrañar que más de mil expertos de empresas pioneras en IA, entre ellos el director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, hayan firmado una carta abierta en la que piden una ralentización deliberada del desarrollo de la IA, para asegurarnos de que estos agentes “alienígenas” estén siempre sometidos al control humano.

Su recomendación es oportuna, sin duda, pero no hay que perder de vista el papel de la insensatez humana. La competencia ha sido un motor fundamental de nuestra evolución, pero, ahora, dos de las formas de competencia más feroces de nuestros tiempos pueden impedirnos tomar las medidas colectivas necesarias para salvaguardar nuestra especie. Me refiero a la competencia comercial (por el beneficio) entre las empresas que están desarrollando estos agentes y la competencia geopolítica (por el poder) entre Estados Unidos y China.

Comparemos y contrastemos esta situación con el desarrollo de las armas nucleares, que estaba estrictamente controlado por un puñado de Estados: primero Estados Unidos, con su Proyecto Manhattan; luego, la Unión Soviética; y a continuación, el Reino Unido, Francia y China. Ya entonces, estuvimos a punto de llegar al límite en varias ocasiones, sobre todo durante la crisis de los misiles de Cuba de 1962. Y, a pesar de la lógica irrefutable de la “destrucción mutua asegurada”, hizo falta que pasara un cuarto de siglo desde los horrores de Hiroshima y Nagasaki para llegar al Tratado de No Proliferación Nuclear, que no entró en vigor hasta 1970. Posteriormente, la India, Pakistán, Israel y Corea del Norte han ignorado ese tratado, pero, pese a todo, hace más de 80 años que no se han utilizado deliberadamente armas nucleares con fines beligerantes. El tabú de Hiroshima se ha mantenido (por los pelos).

Ahora, con la IA, es como si hubiera diez proyectos Manhattan distintos dirigidos por empresas que compiten ferozmente entre sí. Y, a diferencia del caso de las armas nucleares, tampoco existe una lógica evidente de “destrucción mutua asegurada” que frene la feroz competencia geopolítica entre Estados Unidos y China. Sea cual sea la forma que adopte la primera gran catástrofe relacionada con la IA, no afectará por igual a todos los países, empresas y personas.

Por eso parece poco probable que una sola catástrofe baste para que los seres humanos recobremos el sentido común y colaboremos para controlar el poder sobrehumano que estamos creando. No saben cuánto odio tener que decir esto, pero… ¿Un “Hiroshima de la IA”? Ojalá.

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lunes, 24 de agosto de 2026

Augusto Blanca: una vez y siempre sol

 Yeilén Delgado Calvo

«En mi familia no había músicos. El único, más o menos, era mi padre, porque silbaba, era fiestero y medio canturreaba. Pero, según dicen, yo era muy inquieto y todo lo que ponían por radio enseguida lo estaba cantando. Tenía una vocecita muy finita, a lo Joselito, un cantante español del momento». 

Augusto Blanca (Banes, Holguín, 1945) lo cuenta desde lo que él llama su «tugurito desde hace 40 años», pero que es en realidad la parte de su casa en la cual ha creado incesantemente, y en la que se rodea de todo lo que para él tiene un significado profundo.

Por su infancia comenzamos, para intentar desentrañar cómo llegó a ser el compositor, el intérprete, uno de los fundadores de la Nueva Trova; y, además, escenógrafo, pintor, actor teatral.

«Mis padres decidieron ponerme un profesor de guitarra, craso error, porque yo tendría siete años y estaba para encaramarme a los árboles y jugar. El profesor, barbero y músico, se me aparecía a cualquier hora del día. Además, eran las clases esas metódicas y aburridas de las escalas. Yo lo que quería era tocar guitarra. Me aburrí. Conclusión: me le escondía debajo de la cama.

«Hasta que un día el profesor se enojó mucho y le dijo a mi padre: “Mire, su hijo no va a ser músico, que se dedique a otra cosa porque la música no le gusta”. Y yo encantado de la vida, porque también cada vez que llegaba alguna vecina a la casa, era llamar a Augustito para que cantara, y yo odiaba eso, me sacaban de mis juegos.

«Pero empezó a pasar el tiempo y a salirme el bozo, y me di cuenta de que había otros amiguitos que tocaban guitarra y siempre estaban llenos de muchachitas, y yo mismo le pedí a mi padre seguir estudiando guitarra. Esta vez trajeron una mulata preciosa que me empezó a enseñar a partir de canciones, y pusieron a mi hermana a estudiar conmigo para que no me desembullara».

Ahí sí le fascinó el instrumento. Cuando su maestra se fue a vivir a La Habana se quedó «embarcado», y sus maestros a partir de entonces fueron los traganíqueles: «Empecé a ir a oír, por ejemplo, Los Cinco Latinos, que me influenciaron mucho, a Miguel Matamoros y al Trío; ¡qué manera tan interesante de tocar la guitarra estos señores!»

Aunque había armado una especie de trío para dar serenatas, y hacía algunos bocetos de canciones, a los 16 años quería dedicarse a la pintura, porque su mamá era pintora.

«Salió una convocatoria en el periódico para ir a estudiar a la ENA, Artes Plásticas y Escenografía. Ese era mi sueño, porque yo hacía un teatrico también. Me gustaba mucho jugar al teatro con los amigos del barrio.

«Estaba aterrado, porque tenía que hacer la prueba en Santiago y después venir para La Habana. No me quería ir del pueblo y mi mamá me preguntó: “¿Eso es lo que tú quieres? Entonces, dale”. Cosa que le agradezco.

«Me montaron en el trencito para Santiago de Cuba con los últimos 19 pesos que quedaban en la casa y me fui a la de una tía. Afortunadamente, llegué tarde a la prueba. Me dijeron: “No, la prueba fue ayer”. Son esas cosas de la vida… porque si yo apruebo y vengo para La Habana, sale otra persona. Pero me quedé en Santiago de Cuba, en la tierra de la trova».

DONDE ESTÁ TU MEJOR CANTO

«Mis primos estaban organizando una orquesta charanguera, y me incorporaron. También me presenté en una prueba de la Escuela de Artes Plásticas de Santiago de Cuba y aprobé».

Fue en esa ciudad donde ocurrió uno de los encuentros fundamentales de su vida: la Casa de la Trova. «Cuando pasé por la calle de ahí abajo y empecé a sentir la guitarra aquella y entré… siempre digo que me senté en aquel taburete y de ahí más nunca me he levantado. Porque fue donde dije: “Eso es lo que yo quiero hacer cuando sea grande”.

«Conocí ahí a todo el mundo, a Sindo Garay, a Matamoros, a Pucho el Pollero… Ya empezaba a hacer canciones muy extrañas, que llamaba fabulario irónico, a partir de refranes. Por supuesto, a esos viejitos no les iba a confesar que hacía canciones, y de ese tipo. Les contaba que eran de un amigo mío de allá de mi pueblo, que estaba medio loco.

 «Hasta que un día veo a Silvio Rodríguez por la televisión y me dije: “Ah, espérate, que ese está haciendo cosas más locas y más raras; y se viste peor”, porque yo también era un poco desbaratado. Ahí mismo fui a la Casa de la Trova y les dije: “Bueno, ¿recuerdan todas esas canciones que yo estaba cantando? No son de ese tal amigo, son mías”. Me respondieron: “Lo sabíamos”».

Lo que luego sería conocido como Nueva Trova se gestó con el conocimiento paulatino entre los trovadores que vivían en las otras provincias, con Noel Nicola, el propio Silvio… «Éramos muy pero muy irreverentes, porque éramos muy críticos, afortunadamente creo que lo fuimos.

«No tuve contradicciones con la trova de los maestros. A mí nunca me gustó eso de Nueva Trova, porque –en definitiva– es la misma trova, lo único que cambió fueron los tiempos y la gente, ¿no?»

Tras graduarse de Artes Plásticas, Augusto había pasado a trabajar como escenógrafo en el Conjunto Dramático de Oriente. «Y además me ponía en los rincones a hacer musiquita, entre ellas una cuando estaban montando La reina de Bachiche, de José Milián, que se usó para el montaje.

 «Luego conozco a Adolfo Gutkin y a María Eugenia García, y nos desprendemos del Conjunto para hacer la teatrova, que era una manera de hacer teatro a partir de canciones de la trova y de textos teatrales. No eran obras de teatro específicamente, sino El Principito, Los zapaticos de rosa…». Allí también actuaba.

Después de que viniera a vivir a La Habana, volvieron a armar la teatrova y luego pasó a Teatro El Público, en el que trabajó con Corina Mestre. Momo, basada en la célebre obra de Michael Ende, fue una de las piezas más exitosas salidas de esa unión.

 «Corina fue, es, de las mujeres más integrales y de las más grandes hermanas que yo tengo en la vida. ¡Yo sentía una seguridad cuando trabajaba con ella en el escenario!»

En los años siguientes se sucedieron los discos, las presentaciones, la música para teatro infantil (con el grupo Okantomí), siempre «trabajando como un trastornado».

DE NUEVO HASTA EL ARROYO

–Dicen varias fuentes que usted es de los trovadores cubanos más versionados…

–Yo soy versionado, pero hay muchos que lo son más. Lo que pasa es que yo tengo una canción a la que se le han hecho muchas versiones, que además son lecturas totalmente diferentes, y es lo que me gusta: No olvides que una vez tú fuiste sol. Y yo la hice por el “gorrión”, un día que estaba en baja, casi como un espejo para darme fuerza yo mismo.

Esos versos, este es tu país / donde están tus riendas / donde está tu espuma, los han cantado Santiago Feliú, Juan Carlos Baglietto, Eduardo Sosa, Laritza Bacallao, Corina… Es una poética en consonancia con el ser de Augusto Blanca, su manera de siempre seguir, crear.

«La página en blanco me encanta, el sufrimiento ese de cómo le entro a mí me gusta mucho. Yo siempre me estoy inventando algo. Y cuando no, voy para la cocina a hacer croquetas, que es otra forma de creación, ¿no?».

Se confiesa amparado por la presencia de Rosy, su esposa de siempre, por la memoria del hijo que ya no está y de los otros seres queridos que se han marchado, y por el cariño del que vive lejos, de las nietas.

«Veo a veces a gente que pierde seres queridos y se quedan como amargas. Pienso que es porque no se dijeron las cosas o no fueron lo suficientemente amorosos para demostrarles en vida, entonces se quedan como debiendo. Pero mis muertecitos, como dicen los mexicanos, me acompañan, converso con ellos y siento que están conmigo».

Justo al final del diálogo, revela otras de sus felicidades: «Me gusta mucho compartir con jóvenes, trovadores buenos. Siempre tengo esto lleno de muchachos jóvenes y les grabo aquí. Me he hecho ingeniero de sonido a nalga misma, porque es una ventaja por la mañana hacer un boceto y por la noche tener ya la maqueta.

«No tengo amargura. No he deseado para mí el bienestar de otros. Me siento reconocido, querido. No conozco enemigos. Siempre y cuando pueda tirar un cabo, se lo tiro a quien sea. No me gusta pasar por encima de las personas y me siento satisfecho.

«Mis sueños estaban aquí».

https://www.granma.cu/cultura/2026-08-17/augusto-blanca-una-vez-y-siempre-sol-17-08-2026-18-08-09

sábado, 22 de agosto de 2026

Silvia Pérez Cruz canta HOY domingo en La Habana

 MéxicoA Silvia Pérez Cruz (Palafrugell, Girona, 1983) le bastó una noche para juntar un primer beso con la migración africana, una chacarera con el flamenco y la delicadeza de las cuerdas con la hondura de los metales. Todo pasó por una voz capaz de reducirse a un hilo y, poco después, quebrarse hasta quedar al borde del llanto.

La cantante catalana regresó la noche del jueves al Teatro Metropólitan con Oral_Abisal, su primer álbum de composiciones propias desde Toda la vida, un día. El amor, el deseo y la maternidad conviven allí con la sed, el mar y las historias de quienes arriesgan la vida para llegar de África a España.

“¡Qué alegría! Gracias por esperar. Aquí estamos después de tanto tiempo. ¡Ay, México lindo!”, saludó ante el público. A su alrededor, Carlos Montfort, Marta Roma y Bori Albero alternaron violín, violonchelo, contrabajo, percusiones, trompetas y coros.

La música podía cambiar de geografía en cuestión de minutos. Formada en música clásica y jazz, Pérez Cruz ha extendido su repertorio al flamenco, el fado y la canción de autor. Chundwa llevó la velada hacia la chacarera argentina y parte de lo aprendido durante sus viajes por ese país.

Con Líquido, el quejío flamenco encontró tres trompas donde cabría esperar una guitarra. Después, el agua dejó atrás el deseo. Mar muerto mira hacia la migración y las muertes en el estrecho de Gibraltar; su grabación incorpora los testimonios de Soly Malamine y Mouhammad, dos hombres que realizaron esa travesía.

El nuevo disco no ocupó toda la noche. Pequeño vals vienés, poema de Federico García Lorca musicalizado por Leonard Cohen, recuperó una canción que la artista lleva años haciendo suya.

Natalia Lafourcade apareció más tarde. No hizo falta una larga presentación para explicar la complicidad entre ambas: juntas escribieron y grabaron en 2023 Mi última canción triste. La pieza comienza entre el desconcierto y la pena, pasa por árboles, hojas y cortezas hasta permitir que la alegría vuelva a “soltarse el moño”.

Después cantaron juntas La Llorona, canción de tradición popular que ambas han incluido en sus repertorios.

México no será la única escala latinoamericana de estos días. “Cuba querida, Cuba amada”, anunció Pérez Cruz al dar a conocer su regreso a la isla. Este 23 de agosto ofrecerá un concierto gratuito en la Iglesia San Francisco El Nuevo acompañada por Montfort, Roma y Albero.

La elección del recinto tiene una razón práctica y otra musical: su acústica permite tocar sin depender de la electricidad. La intención, señaló la cantante, es “que la música sea libre e imparable”.

El vínculo de Pérez Cruz con Cuba viene de la infancia. Tenía cuatro años cuando su padre le enseñó La tarde, de Sindo Garay, tras volver de la isla, donde creaba y ordenaba un archivo de canciones perdidas. Décadas después, grabó el tema junto con Javier Colina. La versión forma parte de En la imaginación, álbum dedicado al filin cubano.

“Estoy feliz de que exista la música, me parece el mejor invento que se ha hecho”, compartió durante el concierto. Viajar cantando le parece “una suerte muy grande”: encontrar gente dispuesta a escuchar, aplaudir, gritar y bailar.

Después de México y Cuba, la gira de Oral_Abisal pasará por Santo Domingo, Santiago de Chile, Buenos Aires, Porto Alegre, São Paulo y Río de Janeiro. El primero de octubre llegará al Palacio de la Ópera de A Coruña.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/08/22/espectaculos/silvia-perez-cruz-explora-el-amor-el-deseo-y-la-migracion-en-oralabisal

¿Debería el Gobierno de Cuba solicitar un Crédito Millonario al Banco de los BRICS?

Por Joaquín Benavides Rodríguez

En mi opinión, debería.

En los momentos actuales se esta librando un enfrentamiento, a nivel global entre el norte hegemónico, que aspira a su vez, a recuperar a cualquier precio el terreno geoestratégico perdido, y el sur global, que se niega a cederlo sin luchar por sus derechos.

El Pueblo de Cuba, que resistiendo los embates del Imperio, lleva mas de 60 años brindando Solidaridad, de las mas diversas formas, a decenas de países y Pueblos, sin pedir nada a cambio, porque nunca lo pediría y jamas lo pedirá, se encuentra en la situación mas difícil y comprometida, incluso, que cuando desapareció la URSS,; corriendo riesgos reales de que su población mas vulnerable, ancianos y niños, mueran de hambre o de enfermedades, sin rendirse, a un enemigo que ha sido capaz de llevarla a este punto, para intentar quebrar su resistencia. Ya lo admitió hace unos días, el Secretario de Estado Marco Rubio, que tiene sangre cubana, pero no lo es.

Cuba es Socio de los BRICS. En mi opinión personal, debió haber sido aprobada como Miembro; en merito al papel de líder político dentro de los Países No alineados y del Tercer Mundo durante decenios. Pero no es lo que interesa ahora. Lo que ahora interesa es no caer en manos del lider hegemonico de nuestro Continente, y que aspira serlo del resto del mundo.

La economia cubana esta cerca del colapso. El enemigo lo sabe y esta apretando las tuercas, con la intención de hacerlo efectivo. Es posible evitarlo. Seria el primer éxito de los BRICS en la batalla histórica de un pequeño país subdesarrollado, batallando por su independencia y soberanía.

Según mis cálculos personales la economia cubana requeriría un Préstamo importante del Banco de los BRICS, a pagar en 10 años, con un periodo de gracia de 5 años.Todo ese monto se invertiría en los Países Miembros y Socios de BRICS, en las monedas de esos países; utilizando en todos los casos las pasarelas de pagos desarrolladas por la República Popular China, o en su caso por Rusia. En ningún caso se emplearía el Swift bancario del Tesoro norteamericano.

Mi propuesta incluiría, que el Estado Cubano le garantice al Banco BRICS, Activos, preferiblemente, Edificios de Hoteles y otras inversiones en el Turismo, o la minería, que cubran el principal del Préstamo concedido.

La Reforma aprobada recientemente por el Consejo de Estado ademas de aprobar el Mercado para ser introducido en la economia, aprobó formas en que el Estado pueda convertir los activos de los cuales es propietario en instrumentos que puedan negociarse. Basado en esos acuerdos es que propongo utilizarlos como garantías para el Préstamo que proponemos que el Estado cubano le solicitara al Banco de los BRICS.

Durante años ha existido una percepción de nuestros amigos que nos han apoyado con créditos y financiamientos para desarrollar importantes programas económicos, que se ha sido moroso en el cumplimiento en tiempo de los pagos, lo que ha puesto a nuestros proveedores en situación difícil con sus bancos. Con esta propuesta, de aceptarse, el Banco de los BRICS quedaría cubierto de cualquier incumplimiento de pago por las empresas cubanas.

En la propuesta, las empresas estatales y privadas cubanas negociarían, acordarían y firmarían con empresas de los países BRICS compras en sus monedas, tanto en equipamientos y materias primas para producción, preferiblemente de alimentos, así como ventas de las empresas cubanas, a las empresas de los países BRICS que sean de su interés y sustituyan importaciones del área dolar.

Con la presente propuesta, el Crédito BRICS permitiría que las empresas estatales y privadas cubanas negocien con sus pares de los países BRICS importaciones hacia Cuba, y también exportaciones cubanas hacia esos países. Lo que seria facilitado por un sistema acordado por los gobiernos y supervisado por el Banco BRICS.

El Departamento de Estado continua sancionando empresas cubanas y el Estado y Gobierno cubano esta obligado a operar con rapidez para protegerse. Hay que salirse del esquema comercial y financiero vinculado al Dolar norteamericano y avanzar hacia el esquema de los BRICS.

viernes, 21 de agosto de 2026

Entrevista a José Lezama Lima / Diálogos del fanatismo

Por Jean Michel Fossey

Fue en enero de 1968 que la poetisa cubana Excilia Saldaña me llevó por primera vez a casa de José Lezama Lima. Me parece que ha sido ayer que él me confesó: «He sido un solitario que cultiva el diálogo con fanatismo. Creo en la intercomunicación de la substancia pero soy un solitario. Creo en la verdad y en el canto coral pero seguiré siendo un solitario. Participo, converso, me paro en la esquina y miro en torno, pero sigo siendo un solitario. Creo que la compañía robustece la soledad pero creo también que lo esencial del hombre es su soledad y la sombra que va proyectando en el muro». Me impresionó más que cualquier otro escritor. Tenía la sensación de vivir momentos importantísimos de mi existencia. De hecho recordé muchas veces este primer encuentro y los dos que le sucedieron y cuya consecuencia es la siguiente entrevista. Sé que todos los que han tenido la suerte de conocerlo alguna vez han sido de idéntica manera marcados por él. Basta con el artículo que le consagró Mario Vargas LLosa en Siempre: «Hombre muy cordial, prodigiosamente culto, conservador fascinante mientras el asma no le guillotine la voz, enormemente ancho y risueño, parece difícil aceptar que este gran conocedor de la literatura y de la historia universales, que habla con la misma versación picaresca de los postres bretones, de las modas femeninas victorianas o de la arquitectura vienesa, no ha salido de Cuba sino dos veces en su vida, y… ambas por brevísimo tiempo: una a México y otra a Jamaica (uno de sus más hermosos poemas, “Para llegar a Montego Bay”, refiere esta última experiencia como una proeza mítica, no menos sobrenatural y fastuosa que el retorno de Ulises a Ítaca).  

Como Lezama, Excilia Saldaña era asmática. Coincidencia, es otro asmático el poeta salvadoreño Roberto Armijo, quien me trajo la noticia de que se había muerto el autor de Paradiso. Pero ¿es que, de verdad, ha muerto? Escuchémoslo: «Yo mismo soy el asma, porque a la disnea de la enfermedad he sumado también la disnea de la inmovilidad. Aquí estoy en mi sillón, condenado a la quietud, ya peregrino inmóvil para siempre. Mi único carruaje es la imaginación, pero no a secas: la mía tiene ojos de lince. Son ya pocos los años que me quedan para sentir el terrible encontronazo del más allá. Pero a todo sobreviví, y he de sobrevivir también a la muerte. Heidegger sostiene que el hombre es un ser para la muerte; todo poeta, sin embargo, crea en la resurrección, entona ante la muerte un hurra victorioso. Y si alguno piensa que exagero, quedará preso de los desastres, del demonio y de los círculos infernales.”

Barcelona 25.8.1976


      Sabemos que usted conoció y fue amigo de tres de los más grandes poetas españoles de este siglo: Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda y Federico García Lorca. ¿Cuál es la imagen más precisa que recuerda de cada uno de ellos?

Conocí a García Lorca en el Bufete de Emilio Roig, donde se celebraba una exposición que una institución cultural cubana se había negado a ofrecer por estimar que abundaba en excesos sensuales. Recuerdo que estaban allí Porfirio Barba Jacob y Luis Cardoza y Aragón. Hablaban entre ellos con mucha animación, y yo con otros alumnos universitarios que éramos un tanto adolescentes asombrados permanecimos retraídos. A Cernuda lo conocí cuando estuvo en La Habana. Oí las conferencias que dio en el Ateneo y la Universidad. Me visitó en mi casa. Era un hombre difícil pero si uno llegaba a ser su amigo se sentía acogido con una cordialidad fina y depuradísima. Al que mejor conocí de los tres fue a Juan Ramón Jiménez. Con él conversaba con frecuencia. No le gustaba recibir nada más que una persona a la vez. Recuerdo que cuando concertábamos una cita siempre me decía: «No venga con nadie más». Como es sabido, parte de nuestras conversaciones están recogidas en mi Coloquio con Juan Ramón Jiménez. En ocasiones he evocado su visita y su recuerdo. Lorca nos causaba siempre la impresión de lo inapresable, como el dragón para los chinos. Gemía, cantaba y sonreía al unísono. Cernuda causaba la impresión de la severidad y de lo justiciero. Juan Ramón Jiménez recordaba los grandes momentos de España, los comensales a un banquete en la casa del Greco.

     ¿Qué significó para usted participar como estudiante universitario en la protesta de septiembre de 1930 contra la dictadura de Gerardo Machado?

Venía a significar para mí la participación histórica, porque de esa manera yo salía de lo placentario familiar a enfrentarme con lo coral histórico. Por eso en mi novela Paradiso, en la manifestación estudiantil, se verifica el total encuentro de Fronesis, Foción y Cemí. Ese hecho histórico está enmarcado en mi imaginación con el nacimiento de la amistad. El hecho por el cual tres adolescentes coinciden en una manifestación, marca ya por sí mismo el nacimiento de la novela. Buscando equivalencias podría decir que la realidad de ese hecho histórico engendra una realidad imago.

     ¿Cuándo sintió por primera vez la necesidad de escribir y por qué ha escogido la literatura a lo largo de su vida como vehículo expresivo?

Empecé a escribir desde muy joven. A los 17 años ya escribía. Algunos de esos poemas se publicaron en la Antología que hizo Juan Ramón Jiménez. El asma me llevó a excesos de lectura. Mi madre me regaló El Quijote, y en mi casa se hablaba constantemente de los emigrados revolucionarios de la época de José Martí. De niño leí mucho a Alejandro Dumas padre, y yo creo que eso contribuyó a la formación de mi concepto de la imagen como historia. Todos estos antecedentes hacían que en mi casa y en mi formación gravitara la figura de José Martí. Mi enfermedad me hacía contemplativo, y eso daba lugar a que viera en la literatura una totalidad donde el hombre pudiera expresarse a cabalidad. Además, la justificación del tiempo, que sentía como vaciedad y muerte: Expresarme, escribir, era la única manera que tenía de vencer la muerte. Me servía de ejemplo el cumplimiento de su destino y de su vocación, que a mi lado verificaba mi madre. Yo quería tener una vocación como ella había tenido la suya. Una entrega, un renunciamiento vocacional que resurgía en el sutil tejido familiar. La vocación era para mí materia de fe.

     De su infancia, ¿qué señalaría como determinante para la formación de su personalidad?

Ya lo he dicho en la pregunta anterior: Martí fue predominante como lo fueron la muerte de mi padre y la presencia de mi madre. La muerte a nuestro lado, como «ananké» comunicándonos en terrible sentido; por otra parte el abandonarse a su vocación. 

     Usted dirigió sucesivamente tres revistas literarias antes de fundar -junto con Rodríguez Feo Orígenes que llegó a ser la revista más importante del idioma. ¿Podría decirme lo que sacó usted de esta experiencia, y cuál es, a su juicio, el aporte fundamental de este grupo, de esta revista, al acontecer cultural cubano?

Orígenes, a mi modo de ver, resolvió un criterio de selección cubano-hispano-americano, y lo que se hacía en el momento ese en el mundo. Llegamos a publicar un capítulo de Las Memorias de Santayana, que sigue inédito en inglés, la primera traducción de los Cuartetos de Eliot, los poemas de Williamson (sic), algunos textos de Macedonio Fernández, un cuento de Albert Camus, y los cinco primeros capítulos de Paradiso. Sumaba varias generaciones. La revista despertó una enorme curiosidad y simpatía en el extranjero. Esta frase de que “era la mejor revista del idioma” es de Octavio Paz. Creo que en general toda experiencia de revista parte de ahí. Roberto Fernández Retamar que ahora dirige la revista Casa de las Américas, desde muchacho estuvo en Orígenes y desde luego vio muy de cerca lo que es un taller de tipo renacentista, creando en una gran casa, animado por músicos, dibujantes, poetas, tocadores de órgano… De tal manera que cuando un número salía, parecía la vecinería de un barrio cuando sale el pan, en la fiesta de la mañana, con esa alegría que percibimos también en los coros de catedral cuando todos los barrios, todos los oficios, concurren al misterio de la alabanza. Orígenes, creo haberlo dicho ya, fue un producto de la amistad: coincidimos Portocarrero, Mariano, Lozano, Cintio Vitier, Eliseo Diego, Octavio Smith, el padre Ángel Gaztelu y José Rodríguez Feo. Ya teníamos experiencias anteriores, el haber hecho antes otras revistas: VerbumEspuela de Plata y Nadie Parecía donde se iba mostrando un estado de sensibilidad. Mientras se hacía la revista Orígenes yo iba haciendo mis ganancias de estilo para llevar la poesía a la novela, sirviéndome también de espacio intermedio del ensayo. La revista por su misma índole y desarrollo me dio una perspectiva de universalidad. Mis primeras revistas fueron una toma de posesión poética. Ya en Orígenes sentí la necesidad de llegar hasta la novela. En el modo como se trabajaba en la revista, nuestras reuniones, nuestras fiestas, nuestras comidas, y cómo ésa se iba emparentando por el espíritu, forma ya parte de una novela y de la historia de la ciudad. Llegamos a unirnos en tal forma que por el espíritu fuimos a la sangre y nuestras vidas están vinculadas con relación de parentesco a la fecha de aparición de esa revista. Su aporte fundamental fue la preocupación de lo cubano y su expresión en la poesía como se puede ver en la obra magistral de Cintio Vitier, sobre lo cubano en nuestra poesía, y al mismo tiempo la preocupación porque esa expresión cubana llegara a ser universal, pudiera interesar a todos los hombres. No digo que en otros momentos no se buscase idéntica finalidad histórica, pero en Orígenes se subrayó lo cubano y lo universal, no tan sólo como propósito cubano sino que se estableció una intercorrelación que iba incesantemente de una nutrición universal a volcarse sobre lo cubano, engendrando una manifestación literaria que pudiera interesar a todos.

     ¿La poesía resulta para usted inseparable del libro-objeto?

He hablado de poesía, de poema y de poeta. En las eras imaginarias, por ejemplo: período carolingio, los cruzados, época de gran poesía, de leyendas, la poesía no cuajó en libro alguno. La poesía preexiste a su redacción. Cuando coinciden las eras imaginarias, construcción de las grandes catedrales, con el poema, estamos en los momentos de la gran poesía. La poesía es como el aire, toca al hombre y lo define, le da figura y contorno pero el aire es inapresable. Uno de los milagros de la poesía es que toca al fuego y es al mismo tiempo el fuego transfigurado. Esto no lo debe olvidar nunca el poeta.

     Usted ha formulado una concepción de la poesía, un sistema poético. ¿Podría precisar cuál es la esencia de dicho sistema, qué encierra dentro de sus límites?

En numerosos ensayos que aparecen en la primera parte de mi libro La cantidad hechizada he procurado esbozar una concepción total de la vida partiendo de la poesía, tomando como fundamento la frase de Tertuliano «Es cierto porque es imposible». Aliados la metáfora, la imagen, el poema y la poesía intentan ese imposible. La metáfora con su parentesco en la infinitud logra las más sorprendentes aproximaciones. La imagen une lo telúrico con lo estelar, y es el centro de la esfera.

     ¿Considera positiva la difusión de la poesía a través de los medios masivos de comunicación?

Una obra de calidad ejerce su influencia sobre los mejores espíritus y a través del tiempo. No creo que la verdadera cultura tenga nada que ver con los medios masivos de comunicación. Al utilizarse estos medios, la esencia misma de la poesía queda invalidada. Somos de opinión que la cultura cubana desde el Padre Caballero hasta José Martí ha surgido de una irradiación minorista. La obra de Martí está en nuestra fundamentación. El pueblo debe asimilar la irradiación de esos hombres excepcionales en toda su pureza.

     ¿Cree que a más de doce años de Revolución se puede hablar de una nueva poesía cubana con características propias?

Si estudiamos la poesía cubana desde el «Espejo de Paciencia» hasta nuestros días, nos encontramos con que la poesía cubana ofrece signos característicos. No un fragmento, no una sola generación, sino la totalidad continua de la misma. Es, para usar la expresión de Montaigne, ondulante y diversa. No se fija en señales o signos exteriores. El signo de las generaciones fructuosas es una ruptura exterior y una continuidad que retoma la tradición, la reanima y la hace de nuevo germinativa.

     ¿Cómo se explica el apogeo que, desde hace algunos años, goza la literatura latinoamericana en Europa y particularmente en Francia?

Es innegable que la novela americana con Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes, etc., muestra una preocupación de lenguaje, de motivaciones que vienen tal vez de lo que pudiéramos considerar como el primer momento de esclarecimiento de lo americano. Sus mitos, una profundidad en sus puntos de vista, una asimilación de lo europeo más reposada y cabal, hacen que el hombre de cualquier latitud no vea una diferenciación localista en el producto literario que ofrecen. Un intercambio rápido y vivaz entre todos los países del mundo facilita la comprensión. Por ejemplo, Rayuela se desenvuelve parte en París, parte en América, pero es indudable que la raíz está en lo americano. La novela americana anterior subrayaba la diferenciación. Lo que ahora hacen los novelistas americanos es un contrapunto, que parte de muy variadas fuentes. Al hacerse más rica y variada la asimilación, más completa y diversa, ofrece un material más fascinante.

     Existe una generación de escritores nacidos en la Revolución cubana, pero, ¿hasta qué punto existe una literatura de la Revolución y, en su concepto –por supuesto divorciándonos de falsos esquematismos incompatibles con la labor creadora- cómo debe ser ésta?

Siempre he sido una persona que no ha aceptado el tema de las generaciones. Creo que la negación de las generaciones no es la negación de lo histórico. A mi manera de ver el concepto de generaciones surgió un poco del resentimiento de Schleger frente a Goethe. Cuando Goethe ya estaba en la madurez de su genio, dominando a Europa con su espíritu creador y su inteligencia soberana, Schleger, que era un hombre muy resentido, intentó levantar el mito de Novalis frente al de Goethe. Goethe era lo viejo, Novalis lo nuevo. Goethe era lo ya hecho, Novalis lo que se iba a hacer. Goethe era un hombre viejo, Novalis un hombre joven. Pero en realidad, al paso del tiempo hemos visto que ese fue uno de los errores de Schleger en el alto romanticismo alemán, o sea llevar a Novalis a trabajar en la dimensión de Goethe. Repito que el concepto generacional es un concepto que brota un poco del resentimiento, del rencor. Para aclarar más mis ideas, ¿quién es el que engendró en Alemania el concepto generacional? Goethe. ¿Quién es el que engendra en Francia el concepto generacional? Víctor Hugo. Son esas figuras desmesuradas las que engendran estas reacciones, esas manifestaciones de lo histórico. Así, si pensamos en el arco voltaico descrito desde Hugo hasta Rimbaud, desde que Hugo llama a Rimbaud «niño sublime» y Rimbaud a Hugo «viejo chocho», nos damos cuenta que es nada más la integración en la poesía francesa de un concepto proyectado en el tiempo: no una crítica al pasado, no una cosa vuelta sobre el pasado, sino una proyección en el tiempo. En ese sentido, sí acepto lo generacional, es decir, la búsqueda porvenirista, no el resentimiento, el rencor hacia atrás. Creo que en Cuba ha habido una sola generación que haya sido creadora, que es la de José Martí. Después de Martí, los que seguimos trabajando en la cultura, buscamos una posibilidad en el porvenir. Pero me parece ilusorio fragmentar la historia de nuestra cultura en generaciones. Por ejemplo, usted me habla de la generación de la Revolución. Y bien, en ésta, sus figuras más representativas por su obra ya realizada se encontraban en Orígenes. Todos estos poetas que después ocuparon lugares distinguidos y de calidad en las filas de la Revolución se dieron a conocer en Orígenes. Le voy a citar nada más que algunos ejemplos: los casos de Fayad Jamís, Roberto Fernández Retamar, Edmundo Desnoes, Pedro de Oraá, Pablo Armando Fernández, etc., todos ellos se dieron a conocer en Orígenes. ¿Por qué? Porque cuando hacíamos Orígenes tratábamos ya de vulnerar, de reaccionar un poco contra ese criterio generacional. Y más de una vez afirmé que Orígenes no era una generación sino un estado poético que podía abarcar varias generaciones. Es la vuelta a los orígenes. Como decía Nietzsche «el que vuelve a los orígenes encontrará orígenes nuevos». Ahí está verdaderamente lo germinativo, lo que es creador. Y a medida que pasa más el tiempo, creo cada vez menos en el tema generacional. Hace cien años hubo una reacción contra Víctor Hugo. «Cultivaba la elocuencia, se perdía en apóstrofes infinitos, coqueteaba con las multitudes y platicaba con Dios», dice Valéry. Uno percibe la huella de Hugo en muchos de los poemas de Rimbaud y Breton lo cita como uno de sus precursores.

     He notado en la literatura cubana actual una voluntad de integración con relación a la realidad circundante. ¿Responde esto a una verdadera necesidad o por el contrario es parte de una tácita autocensura que se impone el escritor? Y si esto último fuera cierto, ¿cree usted que esta actitud es indispensable?

Tal relación con la realidad circundante creo que ha existido siempre. El problema es de formas. Unas veces ha existido en una forma más inmediata o esclavizadora y otras se ha buscado esa integración en una forma más problemática, más misteriosa. La relación de Martí en su diario, cuando desembarca, es una dimensión casi egipcia. Al final del diario pide leche, pide higos… Parece que estamos leyendo el Libro de los Muertos. Hay una relación casi terrible con sus circunstancias profundas. Hay también en esa voluntad de integración -según se plantea- algo de una manifestación de autocensura, y como en toda autocensura interviene el resentimiento que se impone el creador. Desde luego, yo creo que ningún verdadero creador debe imponerse una autocensura. Si toda censura de fuera es molesta, una censura del creador me parece todavía más desdeñable o inadmisible. No creo que sea insuperable, por el convencimiento de ver la historia de una forma germinante, creadora. No creo que en la historia haya nada indispensable ni insuperable. Toda respiración del hombre dejará su huella, su configuración. Recuerdo la frase de Nietzsche «Donde quiera que haya una piedra habrá una imagen», y hay otra frase de un gran músico francés que decía: «El artista no tienen por qué conocer directamente la historia universal sino la historia del viento entero que le repite la historia universal».

     ¿Reconoce usted en su obra puntos directos de enlace con su novela Paradiso?

No lo puedo negar. Para llegar a mi novela hubo necesidad de escribir mis ensayos y de escribir mis poemas. Yo dije varias veces que cuando me sentía claro escribía prosa y cuando me sentía oscuro escribía poesía. Es decir, mi trabajo oscuro es la poesía y mi trabajo de evidencia buscando lo central, lo más meridiano que podía configurar en mis ensayos tiene como consecuencia la perspectiva de Paradiso. Al llegar a mis cuarenta años me di cuenta de que mis lecturas, mis estudios, mis meditaciones, mis experiencias me comunicaban un «logos», un sentido que se iba hacia alguna parte, y entonces había un poco lo que La Fontaine considera que debe ser la cultura del poeta «l’amateur de toutes choses». A La Fontaine le gustaba llamarse «Poliphile» porque creía que el poeta debía ser de mucha curiosidad. Y así fue. Lo mismo leía un libro sobre jardinería, un libro sobre cocina medieval que un libro sobre las relaciones bancarias de la Casa de Aragón. En fin, las más disímiles lecturas. Y observé, al llegar a mi posible madurez (porque siempre la madurez es una posibilidad, no una realización) que todo aquello tenía un sentido. Entonces se me ocurrió hacer una locura que fue mi sistema poético del mundo, que lo considero un intento de intentar lo imposible. Pero si en nuestra época no intentamos eso, ¿qué es lo que merece la pena intentar? Lo que tenemos que intentar es eso, lo imposible. Y el sistema poético del mundo, que a muchos le parecería una locura, una flecha al aire, continúa, estableciendo sus coordenadas en Paradiso. Podríamos decir que el sistema poético culmina en la última parte de Paradiso, cuando Oppiano Licario pone en movimiento sus inmensas coordenadas para que, cuando él esté muerto, Cemí se vea obligado a ir a la funeraria. Entonces, pues, él buscó una calleja donde coinciden la inauguración de una funeraria llena de luces de arriba abajo, la insistencia eterna de un tiovivo, la musiquilla aquella que se reintegra, que se reitera como la gota de la eternidad, como la espera del infierno, como las condenaciones del infierno esperan, la infinitud de la espera y luego la lejanía, lo que yo llamo la ciudad tibetana, la casa que parece que está construida por un arquitecto enloquecido, que también he llamado la sobrenaturaleza. Al llegar Cemí a las luces de la funeraria se detiene asombrado de la violencia de aquel chorro de luz en la noche, comienza a penetrar en la calleja donde el tiovivo eternaliza su caminata por aquellas avenidas que parecen los ríos de Paradiso. Entonces a la lejanía se ve la casa infinitamente vertical, la casa babélica, la casa tibetana, la casa de estalactitas, donde vuelve a realizarse el afán de la sabiduría de la cultura china, el afán de los taoístas, de las culturas de las estalactitas, tal como se ven en la cultura china, donde en ciertos meses de hibernación, el emperador tiene que irse a las grutas para chupar las estalactitas, que es uno de los símbolos más profundos de la eternidad encontrados por el hombre. Mi obra se puede considerar como una penetración en mi oscuro. Entonces, al llegar a la madurez, Tebas abre sus cien puertas: el palacio de las ventanas verdes consigue su luz, y comenzamos a conversar en la Catedral de La Habana. Todo va convergiendo en lo oscuro. Toda mi obra se resuelve en el último acto.

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Publicación fuente: “Diálogos del fanatismo”, con dibujos de René Portocarrero, Revista de la Universidad de México, 31, núm. 12, agosto de 1977, pp. 1-6. Con el título “Antes de morir Lezama”, Índice (Madrid), núms. 401-02, septiembre-octubre, 1976, pp. 45-49.

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