martes, 23 de junio de 2026

¿Por qué las seguimos llamando redes sociales?

Marta Fraile

Una vez tuve un profesor en el instituto famoso por sus interminables sermones. Entre bostezo y bostezo, repetía una advertencia que entonces sonaba obvia: “nunca olvidéis que lo que ocurre en la televisión es ficción, no realidad”. Años después,al constatar en qué se han convertido las redes sociales, aquella advertencia resuena con una vigencia inesperada.

El término “red social” se generalizó a mediados de los años 2000, coincidiendo con el auge de plataformas como Facebook, Twitter o YouTube. Durante sus primeros años, la expresión describía con bastante precisión lo que allí ocurría: espacios digitales donde las personas compartían contenidos, mantenían el contacto con amistades y familiares, y reconstruían vínculos debilitados por el tiempo o la distancia. Lo importante no era solo el contenido, sino el vínculo que generaba: comentar una foto, responder a una publicación. Esa dimensión relacional alimentó una ilusión colectiva sobre el potencial de estas plataformas para fortalecer la solidaridad y democratizar la comunicación.

Sin embargo, las mismas plataformas que facilitaron la conexión se han convertido en altavoces de la desinformación, el acoso y la polarización, mientras la lógica de la viralidad premia contenidos extremos o falsos. Pero más allá de estos problemas ampliamente documentados, se ha producido una transformación más profunda y menos visible: un cambio en el uso que las personas hacen de las redes. Los datos del Global Consumer Research Data on Social Media Use muestran que cada vez más usuarios priorizan el consumo de contenido frente a la interacción. Además, ese contenido, ha cambiado de naturaleza. Las publicaciones que dominan los feeds ya no son, en su mayoría, espontáneas, sino piezas elaboradas con una intención clara: captar la atención.

Esta evolución responde a un modelo económico concreto. El activista Cory Doctorow lo describe así: las plataformas, una vez que han fidelizado a sus audiencias gracias a la oferta de servicios gratuitos, priorizan gradualmente otros intereses, orientando el entorno primero hacia los anunciantes y luego hacia la maximización de beneficios, aunque deterioren la experiencia de quienes las usan. En ese proceso, la sociabilidad, motor inicial de estas redes, se convierte en un recurso explotable: las interacciones dejan de ser el fin y pasan a ser el medio para captar y retener la atención, el bien más disputado del ecosistema mediático actual.

El resultado es un entorno donde la visibilidad está profundamente jerarquizada. Un pequeño grupo de creadoras y creadores concentra la atención, mientras la mayoría adopta un papel pasivo: ya no se trata tanto de hablar con otras personas como de seguir a quienes producen constantemente. Lo que emerge no es una red social en el sentido original, sino algo más cercano a un sistema de relaciones unidireccionales. A este tipo de vínculo, en el que una de las partes conoce (o al menos cree conocer) a la otra sin que exista correspondencia real, se le llama parasocial. No es un fenómeno nuevo: ya existía entre el público y las celebridades de la televisión o la radio. La diferencia es que ahora se ha convertido en la forma dominante de interacción en plataformas que seguimos llamando sociales.

Nada de esto significa que la ficción sea negativa en sí misma; puede ser fuente de entretenimiento y aprendizaje. El problema aparece cuando sustituye a los vínculos que implican reciprocidad y presencia mutua. Una cosa es seguir la vida de alguien a través de una pantalla, y otra muy distinta formar parte de una red de relaciones que puede sostenernos cuando lo necesitamos. Las primeras entretienen; las segundas construyen tejido social. Hoy, buena parte del tiempo en redes se dedica a lo primero, reforzado activamente por algoritmos que priorizan los contenidos que maximizan el tiempo de permanencia. Como consecuencia, quienes aún valoran una conexión más auténtica se están retirando hacia espacios más acotados: grupos de mensajería privada, comunidades cerradas y entornos de suscripción donde la confianza importa más que la escala.

Conviene, entonces, volver a la pregunta inicial. Si lo que ocurre en estos espacios se parece cada vez menos a una red de relaciones y cada vez más a un sistema de consumo de contenido, ¿sigue teniendo sentido llamarlos “redes sociales”? Nombrar no es un gesto trivial. Las palabras que utilizamos para describir la realidad condicionan la forma en que la entendemos. Seguir hablando de redes sociales puede hacernos olvidar la transformación que han experimentado estas plataformas y dificultar una reflexión crítica sobre su funcionamiento actual. Si su naturaleza ha cambiado, también deberían hacerlo las categorías con las que las pensamos y analizamos. No se trata solo de una cuestión terminológica: se trata de reconocer que lo que hoy domina en estos espacios no es precisamente la conexión entre iguales.

Aquel profesor nos pedía que no confundiéramos la pantalla de la televisión con la realidad. Hoy, cuando la pantalla cabe en el bolsillo y la llevamos a todas partes, su advertencia ya no suena obvia. Suena urgente.

lunes, 22 de junio de 2026

Ramiro Valdés Menéndez: «En silencio ha tenido que ser»

Arleen Rodríguez Derivet 

La tarde de la entrevista, diluvió en La Habana.

Hasta en la salita anexa a sus oficinas en el Palacio de la Revolución, donde se improvisó el set, los truenos y el resplandor de las descargas eléctricas se sentían con tal intensidad, que por momentos su voz se hizo imperceptible y temimos lo peor: que los micrófonos no captaran las respuestas y tuviéramos que suspender el encuentro más esperado por nuestro equipo desde que surgió el espacio “En persona”. Por suerte, la tormenta se desató cuando ya había avanzado el diálogo hasta el punto de romper el mito de que “Ramiro Valdés no da entrevistas”.

El hijo de Ofelia, del barrio 'La Matilde'

–Comandante, en primer lugar, gracias. Mucha gente me dijo: no vas a poder entrevistar a Ramiro, él no habla ¿Por qué?

–En primer lugar, estoy aquí cumpliendo una indicación que no podía dejar de cumplir que es acceder a la entrevista.

–Qué bueno ¿y por qué no habla a la prensa?

–Mira, Arleen, en primer lugar no me gusta hablar en primera persona, no me gusta ser protagónico de algo que sencillamente creo que todos hemos hecho de forma muy natural, a partir de que el deber nos llamó.

–Bueno, usted no será protagónico, pero protagonista de la Revolución es, de ahí la insistencia. Yo quiero saber, quiero yo no, quiere el pueblo de Cuba, quieren las jóvenes generaciones saber: ¿Quién es Ramiro Valdés Menéndez, antes de ser el Comandante de la Revolución?

–Nosotros somos una familia de origen muy pobre, modesta. De Artemisa, del barrio La Matilde, de donde salieron, la mayoría no, prácticamente todos los compañeros que participaron en el Moncada. Además, coincidimos todos en distintos momentos en las escuelas y ahí tuvimos fraternidad a nivel del barrio y nos fuimos conociendo. Julio, Rigoberto, Ciro, Emilio, distintos compañeros que participaron después en todo lo que tuvo que ver con el asalto al Moncada, de ahí salieron, de esa cercanía del barrio, de la escuela.

–¿De qué vivían? ¿Qué hacían sus padres para mantenerlos? ¿Cuántos hermanos?

–Cinco hermanos, mi familia te repito era muy pobre, sin oficio. Mi madre era una persona muy íntegra y te contaba antes de entrar acá, era muy martiana y muy cespedista, aunque era bastante escéptica con relación a la política, porque decía que los políticos sencillamente utilizaban a los demás para tomarnos de escalón y subir, y después se olvidaban de todas las promesas y que por tanto sus hijos, si ella podía, no iban a ser escalón de nadie, de ningún político.

–Alguien me dijo una vez que ustedes dormían completamente desnudos porque su madre lavaba de noche la única muda que tenían…

–Es así, me la lavaba y zurcía la ropa para que pudiéramos ir a la escuela limpios, porque mi madre decía, además, con mucho orgullo, que éramos una familia íntegra, pobre pero íntegra, con mucha moral, limpia y honrada. Incluso ella para subsistir llegó a ser listera en los juegos de la bolita, ella fue listera, (y también) trabajó en escogidas de tabaco.

–¿Se llamaba?

–Ofelia Menéndez, lavaba ropa para algunas personas, yo iba, recogía la ropa y ella la lavaba, la planchaba y eso era un pequeño ingreso que teníamos. Mi madre decía: «ni prostituta, ni criada de nadie» y nos crió con mucha dignidad, desde el punto de vista ético. Y desde el punto de vista político te digo era muy cespedista y muy martiana.

–¿Ud. era el más pequeño?

–Era el penúltimo, pero siempre, no sé porque razón; si sé, siempre me trataron en mi casa, todo el mundo como el más pequeño, porque era al que siempre malcriaban. Sucedió que, cuando mi mamá dio a luz, yo tenía el cordón umbilical alrededor del cuello y prácticamente a mí me desahuciaron, incluso trataron de arrebatarme a mí de los brazos de ella, el médico y los demás, pero ella sencillamente se negó y se negó y me apañó, me alimentaba con un gotero, dándome la leche gota a gota, hasta que al final, aquí me tienes, gracias al esfuerzo de mi madre.

–¿Vivió años para verlo convertirse en un héroe de este país?

–Más de 90 años.

–Ud. además fue un poquito revoltoso en el trabajo. ¿Lo botaron, lo echaron de algún trabajo me han dicho?

–Bueno, de la empresa eléctrica, cuando estaba de aprendiz, eso fue en Los Palacios. Uno de los trabajos que estábamos haciendo era en Los Palacios, se trabajaba en caliente y uno de los compañeros cometió un error, tocó la corriente y lo tumbó.

– ¿Murió?

–No murió, pero lo dejó minusválido, un muchacho joven, fuerte. En una de esas, en un momento que fuimos allí, a Los Palacios, quiso mi padrino hacerlo en caliente, él era el capataz, entonces yo me opuse y los demás también se opusieron y no se pudo hacer, entonces hubo que mandar a cortar la corriente, a ese arreglo lo llamamos una vía libre, cortan la corriente y trabajas. Bastó, fue suficiente para que cuando regresamos de Los Palacios, a Artemisa ya me sacaran.

–Lo sacaron de la brigada.

–Me sacaron de la cuadrilla como se llamaba, por comunista.

–Por comunista, ¿y ya usted era comunista?

–No, no tenía ni idea, nada. A los revoltosos en aquel tiempo los acusaban de comunistas; de ahí salí a tirar caña en un camión, de ayudante, en ese camión tirando caña nos sorprendió el 10 de marzo en el campo.

Del 10 de marzo de 52 al 26 de julio de 53

–¿Qué siente Ramiro Valdés Menéndez cuando sabe del golpe del 10 de marzo, usted tenía 20 años, no?

–Sí, más o menos. Después que me sacaron de la Empresa Eléctrica, estuve trabajando tirando caña para el Central Pilar y el Central San Cristóbal, y estando en el campo nos enteramos. Como a las cuatro de la mañana ponemos el radio, yo siempre ponía el radio para oír música, y no había nada en el radio, entonces nos preguntamos ¿qué habrá pasado? Cuando llegamos al ingenio, entre 10 y 11, nos enteramos que Batista había dado un golpe de Estado, bueno, mi alegría fue tremenda.

–¿Cómo es eso?

– Sí, fue tremenda, porque le dije al hermano del dueño del camión, que era el chofer: «ahora este las va a pagar todas, las de antes y las de ahora, y nos tocará a nosotros, a la juventud, enfrentar esto, porque ni Millo Ochoa, ni Pardo Llada, ni Agramonte, ni nadie va a enfrentar esto, los únicos que van a enfrentar esto aquí somos nosotros, es la juventud». Ya nosotros escuchábamos a Fidel, por una hora de radio que él tenía aquí en La Habana.

– Le parecía importante lo que decía.

– Claro, incluso cuando vamos a ver a Pepe, yo le digo «bueno, a Batista hay que tumbarlo con las armas». Ya nosotros éramos cuatro los que nos habíamos confabulado para organizarnos y buscar el contacto con Fidel, a través de Pepe, y entonces, así fue, estuvimos como dos meses insistiendo con él, por si había visto a Fidel, y como a los dos meses aproximadamente, nos entrevistamos aquí con Fidel, en Prado 109. Con Fidel y con Abel. Estábamos Julio, Pepe, Ciro, Gerardo y yo. Y ahí nos pusimos a su disposición, entonces el aceptó la proposición.

–¿Qué impresión le causó conocerlo personalmente? ¿Confirmó que era el hombre?

–No, el hombre no, porque Batista decía que era el hombre, y a mí jamás se me habría ocurrido decir que Fidel era el hombre, esa frase jamás, que era el dirigente, que sencillamente era el que por toda su trayectoria, muy joven, pero por toda su trayectoria, toda su honradez, su pensamiento político, revolucionario, su enfrentamiento a los gobiernos corruptos, sencillamente nos dio la garantía y la seguridad de que era el dirigente, el político, el revolucionario que iba a resolver el problema de la situación de Cuba a partir del golpe de Estado, y bueno, así fue.

– ¿A ustedes no los asusta la derrota en el Moncada?

–No, es doloroso, pero claro que no, hay que continuar la lucha, hasta… mira, ya cuando veníamos en el Granma, Fidel nos habla a todos y al final yo recuerdo siempre que decía: …que la victoria radicaba en tres elementos: resistir, resistir y resistir, si resistimos ganamos, porque el pueblo sabe que es una lucha justa y se incorporará a la lucha y con el pueblo vamos a obtener el triunfo, hay que resistir, cualesquiera que sean las circunstancias. Eso nos lo dijo después, pero eso ya lo sabíamos, por la historia.

Ciro, la invasión, el Che

–Comandante, usted es ascendido en la Sierra Maestra en los primeros meses y pasa a la columna del Che que, además, cuando va a la invasión, ya tiene el nombre de su mejor amigo, de su hermano, Ciro Redondo. Yo siempre he pensado que Ramiro tiene alguna responsabilidad en que lleve ese nombre la columna 8.

–No. Bueno, la responsabilidad que tenemos es la de haber estado juntos desde el inicio, Ciro, Julito –a Julito lo matan en el Uvero–, yo no tengo nada que ver, pero para mí es muy entrañable porque es el resultado de la vida de Ciro. Ciro era una gente muy revolucionaria, muy extrovertido, muy compañero, muy solidario, muy valiente. Ciro era tremendamente arrojado y él muere en el combate de Mar Verde y el Che siempre tuvo por Ciro una gran distinción y simpatía y lo sentía como un compañero entrañable y muy cercano.

–Ahora, dígame una cosa, ¿es cierto que usted no formaba parte de la primera lista de los compañeros que irían a la invasión, que usted tuvo que fajarse por ir a la invasión?

– (Risas) No tan así...Fidel no me había pensado para que viniera con el Che en la invasión y fui a hablar con él y le pedí.

–¿Cómo lo convenció?

–Bueno, le dije, ¿me vas a negar participar en un hecho de la historia de Cuba que más nunca, más nunca se va a reproducir como es la invasión? Me miró y me dijo: “Vete”. Pero en otros términos.

–Aparece una imagen, bueno, cuando están recibiendo a Fidel de su primer viaje por América Latina. Vemos al Che, que fue su jefe en la invasión…

–Y en la vida, uno de mis jefes en la vida.

–¿Qué quiere decir usted con eso?

–Era mi jefe de la Sierra, está la Columna 1 y después está la Columna 4, la Columna 4 con el Che al frente y yo voy con él, Fidel me designa con él, pero además en México, en el rancho Santa Rosa. Pudiéramos decir que también en casa de María Antonia conocí al Che. Ahí nos hicimos muy amigos.

–¿Qué tan duro era el Che como jefe?

–El Che era muy severo, pero como dijo Fidel, el Che se exigía él más de lo que le exigía a los demás y sobre todo con la gente más cercana, era intransigente.

– Mientras más cerca más exigente.

–Pero, fíjate, a su vez era una gente chévere, simpático, aunque haya personas que no crean que el Che era simpático, muy fraternal, no tenía nada, se entregaba completo y tenía mucha autoridad, por esas relaciones humanas que era capaz de desarrollar con los subordinados, con los compañeros y además por su ejemplo, de estoicismo y de valentía, porque él sí era un estoico. El Che padecía de asma, incluso sin aparato, tenía unas crisis de asma que caminaba cinco metros y tenía que sentarse, y cinco metros y tenía que sentarse y yo siempre lo acompañé. Todo el mundo caminando adelante y nosotros siempre íbamos detrás y llegábamos al final. La gente lo respetaba mucho y se daba a respetar.

–¿Qué sentimientos hay en usted cuando sabe que su amigo, su jefe, ha partido a otra revolución y usted no va con él y después le toca la responsabilidad de la búsqueda de sus restos?

–La lista de compañeros que él había seleccionado para que lo acompañaran la encabezaba yo, pero se decidió que yo no fuera, y ya cuando la búsqueda, pensaba que de haber estado ahí, de haber ido, yo no lo estaría buscando sino que nos estuvieran buscando a él y a mí, a los dos.

«Mira, cuando se dividió la Columna 1 y se hizo la Columna 4, Fidel me lleva a un lado y me hace responsable por la vida del Che. "Nos recogerán a los dos juntos porque yo no le voy a decir al Che que lo voy a agarrar por ningún lugar a decirle no hagas esto o no hagas aquello". Esas son de las cosas que lo marcan a uno: esa confianza de Fidel al darme esa misión, pudiéramos decir de impedir que el Che en medio de su arrojo hiciera cosas que no debía, para preservar la vida.

“Desde luego, eso con el Che era imposible y con Fidel mismo tampoco era probable. Eso era imposible y era así. Cuando estábamos en la búsqueda pensaba en todas esas cosas: yo bien pudiera haber sido uno de los que se habían muerto con el Che en Bolivia. Es un peso importante en un revolucionario”.

El triunfo

–Comandante, dos veces Ministro del Interior, en dos épocas de mucha confrontación con Estados Unidos, de planes de atentados contra Fidel –más de 600– planes de atentado contra otros dirigentes de la Revolución. Luego Ministro de Comunicaciones, actualmente Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Ha estado atendiendo en épocas anteriores y ahora sectores estratégicos de la economía que tienen una evolución muy veloz por las nuevas tecnologías. ¿Cómo se hace para entender este mundo en que va todo tan rápido y en que la tecnología impone lenguajes y códigos? ¿Usted estudió alguna carrera empresarial o alguna ingeniería?

–No, mi vinculación con la técnica viene desde el mismo momento en que nosotros empezamos, cuando me dieron la tarea de organizar la Seguridad del Estado y percibimos que el enfrentamiento con los norteamericanos era un enfrentamiento tecnológico. Desde luego, nosotros no teníamos la inteligencia técnica pero sí la inteligencia humana por el apoyo de todo el pueblo al proceso revolucionario. No había nadie que se moviera que la seguridad no lo supiera y eso nos permitió penetrar a las organizaciones contrarrevolucionarias e ir escalando.


–Y de la época suya, de ahí me imagino yo que salió la idea de aquella serie que nos estremece todavía tantos años después En silencio ha tenido que ser, ¿fue usted quién le puso el título?

–No, no voy a arrogarme la paternidad, pero sí tuve que ver. Y eso es lo que ha matizado toda mi vida: en silencio ha tenido que ser.

–Por eso lo digo. De todas maneras me gustaría insistir: esa parte hoy, entenderse con el mundo de la tecnología, a mí, que soy por lo menos una generación más joven, me cuesta trabajo. ¿Cómo lo hace? Telecomunicaciones, minas, ingeniería…

–Esto no tiene que ver, el problema es, digamos, el compromiso y la vocación con la tarea. Suelo decirle con alguna frecuencia, en serio y en broma, a los compañeros, que yo no sé si yo fui buen alumno, pero maestros sí tuve buenos. Te repito: originalmente los valores, desde pequeño en mi casa, con mi madre, después Fidel, Raúl y el Che. Yo no sé si fui buen alumno, pero maestros tuve y aprendí con ellos.

–Pero hay por ahí una leyenda que dice que hace muchos años, cuando dirigía el Ministerio del Interior, se iba caminando o corriendo.

–Corriendo.

–Desde aquí desde la Plaza (de la Revolución) hasta su casa en Santa Fe.

–Hasta Seguridad Personal.

–¿Cuántos kilómetros?

–17 kilómetros.

– ¿Diarios?

–Sí, cuando podía todavía, y después hacía levantamiento de pesas en el gimnasio.

–¿Cuánto levanta todavía? ¿O ya no?

–Sí, levanto.

–Mejor no presume de eso.

– No hay que presumir, pero bueno, sí hago ejercicio fuerte. Hay que estar listo, para las tareas y para lo que pueda venir.

Ya conocerán a Díaz

–Bueno, lo último: ha entrado una nueva generación en la dirección del país, el presidente Díaz-Canel le pide públicamente que lo acompañe en la tarea, especialmente en esa tarea de la que hemos estado hablando que conlleva entendimiento de tecnología, de cambio de conceptos, etc. ¿Qué significa para el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez que trabajó a las órdenes de Fidel, de Raúl y del Che trabajar con la nueva generación?

–Bueno, precisamente de eso se trata. Todo el proceso revolucionario se traduce en crear nuevas generaciones que sean capaces de asumir el relevo histórico. El mismo Raúl ha explicado esto, incluso públicamente: que el único superviviente de todos los cuadros jóvenes que se identificaron, el único superviviente es él. Yo tengo, diría, muchos años de conocerlo, desde que estaba en Santa Clara y somos compañeros, amigos de hace años, muchos años y sentimos respeto mutuo y reconocimiento mutuo de las tareas y la relación revolucionaria en las tareas de la Revolución.

“A las nuevas generaciones les toca ir a la cabeza, abordar el relevo de la generación histórica, como suele decirse. Esa fue la tarea de la generación histórica, encabezada por Fidel y por Raúl que son los que han estado seleccionando, por decirlo de alguna manera, los futuros cuadros que van a ser el relevo y el más descollante ha sido Díaz. Y realmente a Díaz ya lo conocerán por sus hechos. Es una gente muy organizada, muy inteligente, con madurez política, con mucho tesón, con mucho espíritu, muy exigente, muy trabajador, lo cual obliga a los demás a trabajar al mismo ritmo”.

–Parece también que es un poco romántico.

–¿Cómo?

–Romántico, como usted.

–Bueno, mira, la historia demuestra, por lo menos la cubana, que para ser revolucionario hay que ser romántico, idealista y enamorado, no me preguntes de quién, en primer lugar de la Revolución, es así, no hay otra manera.

– ¿Cómo ve el futuro de Cuba?

–Promisorio.

–¿No le preocupa frente al mundo que acecha y todo lo distante que parece la prosperidad?

–Nos ocupamos. La herencia es ocuparse de lo que se nos viene encima, como dice Raúl, lo que siempre hemos tenido encima desde antes del triunfo de la Revolución desde el principio mismo de la guerra revolucionaria, no en la Sierra sino desde antes del Moncada, de lo que pasó en el Moncada, de la prisión, los riesgos que corrió Fidel de ser asesinado, después en México igual, y sencillamente este es un riesgo que tenemos todos los revolucionarios, todos, y en primer lugar, él, que encabezaba el proceso revolucionario, Raúl, el Che…y fíjate, esta entrega a la Revolución, pasando por encima de todos los riesgos, de todos los inconvenientes…las dificultades de todo tipo curten a los hombres, a los revolucionarios y a las nuevas generaciones en el ejemplo de las generaciones anteriores.

“Porque nosotros, y cuando digo nosotros quiero decir nuestra generación, ¿en qué nos inspiramos? En la historia. La historia nuestra está llena de eso: de enfrentar grandes dificultades, grandes obstáculos con recursos a veces inexistentes, enfrentarnos con los recursos que teníamos en la mano y salimos victoriosos en muchos casos, ahí está, esa es la historia de Cuba, la historia de Cuba es esa”.

https://www.granma.cu/cuba/2018-08-14/ramiro-valdes-menendez-en-silencio-ha-tenido-que-ser-video

domingo, 21 de junio de 2026

Tema para este día de los padres

Acabo de recibir un correo desde Catalunya, anunciando que anoche falleció Félix Sautié Mederos. Lo primero que hago es abrir Juventud Rebelde, diario que él fundó en la segunda mitad de los 60s y al que dedicó largos años de vida y trabajo. Pero no decía nada. Entonces abrí Granma, porque Félix fue un combatiente revolucionario desde la clandestinidad y después del triunfo fue uno de los fundadores del PCC y la UJC. Pero tampoco.

Todo esto lo hago recordando que en 1967, cuando terminaba mi servicio militar, uno de los requisitos para desmovilizarme era una carta que asegurara que tendría trabajo en la vida civil. Como yo había estado en el semanario Mella entre el 62 y el 63, me dirigí a Juventud Rebelde, periódico que había aparecido hacía poco, gracias a la fusión del Mella con el diario La Tarde.

Sautié era su director. Mis viejos amigos me explicaron que era un cuadro del Comité Nacional de la UJC y que provenía de la Juventud Católica. La verdad es que me recibió enseguida y muy amablemente. Yo, por supuesto, iba vestido de soldado, y le expliqué que ya había cumplido más de los tres años que exigía la Ley de Servicio Militar y que, para poderme desmovilizar, me pedían una carta que garantizara que tendría trabajo en la vida civil. Incapaz de mentir, también le dije que Mario Romeu, gran pianista y productor musical, estaba orquestando dos de mis canciones para presentarme en un programa de televisión.

– No hay ningún problema, Silvito –me dijo Sautié sonriente–. Yo te doy la carta para que te desmovilices. Te garantizo que en nuestro periódico tendrás trabajo, aunque después la vida dirá el camino que tomes, que ojalá sea el mejor para ti.

Me impresionó la forma generosa y fraterna con que me trató, sin conocerme, aunque supuse que algunos viejos compañeros le habrían hablado de mí. El caso es que aquel mediodía salí del diario Juventud Rebelde con la carta que me aseguraba un puesto de trabajo, tan pronto me dieran la baja.

Poco después ocurrió lo que saben los que me conocen: un lunes 12 de junio me desmovilizaron y al día siguiente debuté en el programa de televisión Música y Estrellas. Hace apenas una semana hizo 59 años de aquella noche. Y es obvio que Félix Sautié contribuyó sensiblemente a que aquello me sucediera.

Diez meses más tarde estuve a punto de volver a ir a ver a Félix, para preguntarle si todavía tenía trabajo para mi en Juventud Rebelde. Yo había acabado de cumplir 21 años y estaba muy confundido, porque me habían expulsado de la radiodifusión nacional, luego de una discusión absurda.

A partir de entonces empecé a interesarme en la contracultura. Mis ideas y mis gustos se radicalizaron y rechacé formas y contenidos de casi todo lo que el mundo artístico proponía.

Fue un momento en que la UJC empezó a acercarse a los trovadores jóvenes críticamente, como “tarea”, porque empezamos a destacarnos en varias direcciones. Sin embargo, recuerdo que en aquella etapa en que no nos dejaban cantar en algunos lugares por nuestro aspecto y que incluso nos echaban a la calle, Félix Sautié nunca usó con nosotros un término peyorativo, ni siquiera irónico. Esto le hizo lugar en el selecto grupo de amigos de los jóvenes trovadores que lideraban Haydée Santamaría y sus hermanas Aida y Adita, Alfredo Guevara, Santiago Álvarez, Quintín Pino Machado y pocos más.

Recuerdo que algunos le decían “El loco Sautié”. Tiempo después le pregunté por qué se lo decían y me dijo que algún día me lo iba a contar. Me hubiera gustado escucharlo, aunque estaba seguro de que no se lo decían por malo. Siempre imagíné que era por diferente, acaso por demasiado bueno. "Raro", "loco", "extraño" también se usan cuando no se entiende la bondad.

Ahora recibo este inesperado correo. Son pasadas las 21 horas y siguen sin aparecer noticias. Le pregunté a Víctor y dice que tampoco sabe.

Dentro de tres horas comenzará el día de los padres. Cuba está cambiando –espero que para bien—y las redes ahora mismo están encendidas de opiniones, de interpretaciones, de nerviosismo y, por supuesto, de mucha-mucha cáscara.

Desde que apareció este blog, Félix me mandó sus escritos y yo, invariablemente, los he publicado, muchas veces como post principal. Y es que su expresión nunca carece de sueño y de realidad, de aspiración y de autocrítica, de verdadera humanidad comprometida.

Pongan Félix Sautié Mederos donde dice Buscar en Segunda Cita y lo comprobarán.

Tema para este día de los padres.

viernes, 19 de junio de 2026

Clausura de la Tercera Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su X Legislatura, en el Palacio de Convenciones, el 18 de junio de 2026

Discurso del presidente Díaz-Canel:

Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana;
Queridas diputadas y diputados;
Compañero Lazo, Presidente de la Asamblea Nacional;
Compatriotas:

Las ideas que voy a expresar, como conclusiones de esta Sesión Extraordinaria de nuestro Parlamento, van fundamentalmente dirigidas al heroico pueblo cubano, del cual venimos y al cual todos los presentes tenemos el deber y el honor de representar.

Cuba, nuestra amada Cuba, vive las horas más difíciles de este siglo y tenemos la histórica responsabilidad de salvarla.

El concepto de Revolución que el Comandante en Jefe nos legó, en sus propias palabras, sigue increpándonos veintiséis años después: Es tiempo de cambiar todo lo que tiene que ser cambiado.

No se trata solo de romper el cerco de quienes se empeñan en asfixiarnos y lo confiesan sin ningún escrúpulo, al mismo tiempo que nos culpan cínicamente de la crisis que ese propio cerco provoca.

Se trata de enfrentar las consecuencias del descomunal caos generado a nivel mundial por absurdas guerras de conquista, el quiebre del multilateralismo y las leyes internacionales y el manejo fraudulento y arbitrario del sistema financiero internacional como arma política.

Con plena conciencia del momento que vivimos y con el respeto que merece cada cubana y cada cubano que está dando su extra en estos tiempos complejos, no podemos pensar y actuar como en tiempos normales, porque no son tiempos normales.

Tampoco podemos creer que haciendo lo mismo y de la misma manera podremos superar este difícil momento.
Cuba resiste heroica y creativamente un castigo bárbaro, inmerecido, insoportable, al que ahora se añade la amenaza de agresión militar y siempre la mentira, todo dentro de un conjunto que opera como arma estratégica contra la resistencia colectiva.

La dura realidad que nos impone este castigo colectivo en la economía, la sociedad y la familia cubana se deriva de una persecución financiera real, diaria, que obstaculiza y encarece al máximo cada gota de combustible, cada medicamento, cada producto alimenticio, cada pieza y cada tecnología que el país necesita.

Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido, del Gobierno revolucionario y de este Parlamento nacido del pueblo, por el pueblo y para el pueblo es cambiar todo lo que haya que cambiar para salir adelante.

Hoy estamos reunidos en Sesión extraordinaria por razones de fuerza mayor. La realidad nos impone cambios urgentes necesarios, pero ninguno será implementado sin contar con la aprobación de esta magna representación del pueblo de Cuba: la digna Asamblea Nacional del Poder Popular, con sus obreros, sus campesinos, sus científicos, sus intelectuales, artistas, deportistas y estudiantes, sencillamente como pueblo y con nuestro color cubano.

Hace unos días declaré a la prensa que discutiríamos estos cambios en el Comité Central de nuestro Partido y en la Asamblea Nacional, y algunos dejaron comentarios en las redes sobre el riesgo de que diluyéramos la urgencia que la situación demanda en nuevos procesos de consulta y discusión.

El modo expedito en que las propuestas se discutieron y aprobaron en apenas dos días, en ambas instancias, debe haber disipado esas legítimas dudas.

En primer lugar porque no hemos partido de cero. Todo lo aprobado hoy llegó aquí con el respaldo de sucesivos análisis, debates, acuerdos, lineamientos, conceptualizaciones, congresos del Partido y programas de Gobierno. Lo que hacemos es saldar una deuda con nuestras propias decisiones anteriores, pendientes de ejecutarse y algunas nuevas que, como hemos visto, para nada contradicen la letra y el espíritu de la Constitución.

Ya en la clausura del XI Pleno quedó claro que la posposición del Congreso no significaba retardar cambios, modificaciones y movimientos necesarios, en tanto forma parte de las facultades de los plenos del Comité Central cuando se trate de acuerdos adoptados por los congresos del Partido y también de este Parlamento cuando se trate de acuerdos que tienen que ver con la nación.

En sintonía con ello y como nos recordaba el compañero José Luis Toledo, secretario de la Asamblea Nacional y uno de los diputados con mayor experiencia en la actividad legislativa del país, por sus largos años al frente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos, el General de Ejército y líder de la Revolución Cubana, Raúl Castro Ruz, fue celoso guardián y guía del intenso proceso que dio lugar a la Constitución aprobada en 2019, orientando de forma constante que nuestra Ley de Leyes fuera suficientemente flexible para facilitar las seguras modificaciones que demandaría con el tiempo.

Hoy se ha verificado la trascendencia de esa orientación con visión de futuro.

En el Pleno Extraordinario que antecedió a esta sesión de la Asamblea Nacional, se coincidió en reconocer que si bien el pueblo conoce las causas objetivas de las dificultades que vivimos, siempre necesitará y demandará, con derecho de soberano, respuestas concretas, decisiones oportunas y resultados que empiecen a brindar alivio a esa crudeza de la vida cotidiana, signada por los largos apagones que provoca el bloqueo energético y de los que se derivan otras muchas dificultades y carencias.

Nadie mínimamente informado desconoce el plan de asfixia que se diseñó para Cuba y que se viene aplicando con regularidad y saña por los enemigos históricos de la Revolución para que el país estalle por dentro. Es algo que no puede dejar de decirse cada vez que se mencionen los apagones, porque detrás de la siempre insuficiente generación que se logra, sin que entre un barco de combustible al país, está el descomunal esfuerzo, el heroico aporte de los cuadros y trabajadores del sector electroenergético.

Volviendo al motivo de esta reunión extraordinaria, evitaré reiterar lo que dijimos ayer en el Pleno del Comité Central, que ha sido bastante difundido por los medios y las redes en las últimas horas, y donde desarrollamos más exhaustivamente un grupo de criterios sobre cada uno de los aspectos que contemplan las transformaciones.

Ahora me limitaré a insistir en algunos objetivos centrales de las medidas aprobadas, porque necesitamos que todos y cada uno de nosotros los hagamos nuestros, que como pueblo los hagamos nuestros, porque son transformaciones para rectificar, pero siempre en defensa del socialismo, para sostener y ampliar la justicia social conquistada, para crear riqueza económica y distribuir con equidad.

Primero, los que no pueden esperar:

Se implementarán acciones para evitar que se acrecienten las desigualdades, con la aplicación de políticas sociales que favorezcan la equidad y apoyen a los que presentan situaciones de vulnerabilidad, con una distribución justa de los tributos para desarrollar programas sociales.

La alimentación del pueblo cubano será tratada como un asunto de seguridad nacional, y tendremos que acabar con las tierras ociosas en Cuba.

Cada pedazo de tierra que hoy está cubierto de marabú, cuando debería estar produciendo alimentos, tendrá que tener una respuesta clara: o se pone a producir, o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo.
Recuperar la capacidad energética:

Hay medidas concretas para recuperar capacidad energética, reducir dependencia externa y acelerar soluciones descentralizadas, acelerando la incorporación de la energía solar y otras fuentes renovables de energía a la economía nacional. Para lograrlo, facilitaremos la entrada directa de empresas extranjeras que suministren paneles, baterías, inversores, soluciones asociadas, reduciendo intermediarios que encarecen los costos para la población y para el país.

Ya se eliminaron aranceles a la importación de tecnologías solares, sistemas de almacenamiento y equipos destinados al ahorro energético. Ahora avanzaremos también en la eliminación de impuestos sobre su venta y sobre los servicios vinculados a su instalación y mantenimiento. Además, crearemos mecanismos de crédito y financiamiento para que estas soluciones no sean accesibles solo a unos pocos, sino que puedan llegar progresivamente a los hogares, las mipymes, las escuelas, los consultorios médicos, los hogares de ancianos y otros servicios esenciales.

Ordenar mejor el acceso al combustible:

Hemos autorizado la comercialización de combustibles por formas de gestión no estatal, bajo regulación y control del Estado, y con márgenes de utilidad razonables y transparentes. Ya existen experiencias iniciales con puntos de venta de gas licuado y combustibles y pagos mediante plataformas digitales, que evaluaremos y ampliaremos allí donde muestren eficiencia, transparencia y beneficio para la población.

El objetivo no es retirar al Estado de un sector estratégico, sino sumar capacidades, ordenar la distribución y mejorar el acceso. Y quiero decirlo con claridad: esta decisión responde a una necesidad concreta del momento que vive el país, pero quienes inviertan, trabajen con seriedad y cumplan las reglas, tendrán seguridad y estabilidad. Cuando el país recupere mayores capacidades, respetaremos las inversiones realizadas y los proyectos que hayan demostrado utilidad para Cuba y para su pueblo.

Subsidiar personas, no productos:

Vamos a concentrar cada peso que tenemos en quien de verdad lo necesita. A los probadamente vulnerables, protección directa en su bolsillo, sin intermediarios.

Modernizar el sistema bancario y financiero:

Necesitamos bancos más ágiles, más digitales, más cercanos a la gente y más útiles a quienes producen, exportan, importan, invierten o emprenden, abriendo espacio, bajo regulación estricta, a instituciones financieras estatales, privadas y extranjeras.

El objetivo es que cobrar una pensión, recibir una remesa del exterior, pagar un servicio, pedir un crédito, financiar una cosecha, comprar un equipo o mover dinero para producir no sea una carrera de obstáculos.
Autonomía a la empresa estatal:

Para que la empresa estatal socialista siga siendo el pilar fundamental de nuestra economía debe contar con capacidad real para gestionar, innovar y responder por los resultados. Más autonomía real para las empresas exige una gestión más profesional de los activos del Estado, que estará a cargo del Instituto Nacional de Activos Empresariales, encargado de representar al dueño de los medios de producción, evaluar resultados, exigir eficiencia y separar mejor la función empresarial de la función regulatoria de los ministerios.

Inversión extranjera directa en el sector privado cubano:

Todo ciudadano cubano residente en Cuba o en el exterior que esté interesado en invertir, donar, aportar tecnología, abrir un mercado o levantar un proyecto en el país contará con un marco claro, estable y respetuoso, al igual que los inversionistas extranjeros.

Repito lo que dije en el Pleno: al que quiera construir con Cuba, sin pretender imponerle nada a Cuba, le decimos esta noche con el corazón en la mano: aquí tienes tu casa y aquí tienes la puerta abierta (Aplausos), porque a esta patria, en esta hora, no le sobra ningún cubano, ¡nos hacen falta todos! (Aplausos.)

Garantizar proyectos de vida dentro de Cuba:

No podemos normalizar la alta emigración de jóvenes. El futuro de Cuba depende de que seamos capaces de crear las oportunidades que hoy buscan los jóvenes fuera de su patria. Toda actividad lícita que aporte al país, pague impuestos, genere empleo y ayude a resolver problemas de la población debe tener un espacio legal para desarrollarse en nuestro país.

Protección a las mujeres:

Con eso estoy dando respuesta al planteamiento de la Secretaria General de la Federación ayer en el Pleno.

En un día como hoy, que recordamos con particular emoción y nostalgia a la querida Vilma, una mujer que fue combatiente clandestina y guerrillera, ingeniera innovadora, fundadora de espacios y políticas para la promoción y defensa de los derechos de las mujeres en Cuba y en el resto del mundo, a pedido de la compañera Teresa, secretaria de la Federación de Mujeres Cubanas, y de otras mujeres que han llamado nuestra atención sobre la necesidad de proteger e impulsar sus avances, en nombre del Partido y el Gobierno les confirmo el compromiso de atender de manera especial que no haya jamás retroceso en las políticas de avance de las mujeres cubanas al poner en marcha las nuevas medidas económicas y sociales (Aplausos). En realidad, con ellas, con su emblemática resiliencia, con su creatividad y su sensibilidad contamos de manera muy especial.

Tras los debates de ayer y hoy, las exposiciones de los dirigentes y líderes locales y todo lo que hemos visto y tocado con las manos en nuestros recorridos por el país o en intercambios con expertos de diversos saberes, me acompaña la más profunda convicción de que sí podremos remontar estos momentos difíciles, estas horas plagadas de amenazas y dificultades.

Todo lo que necesitamos es confianza en nosotros mismos, cooperación, alianzas, creatividad, sensibilidad, solidaridad y control, mucho control, y todo eso es unidad.

Despojarnos de prejuicios y preconceptos, innovar, encadenar, producir y crear.

Es cierto que nos falta de todo; pero nos sobra talento, orgullo, valentía, audacia y cubanía (Aplausos).
A esas fuerzas innegables del ser nacional apostó el Comandante en Jefe en años tan difíciles como estos, y hasta nosotros mismos nos sorprendemos hoy del lugar que ha llegado a ocupar a nivel global el nombre de Cuba y de miles de cubanos, dispersos por el mundo, que se formaron en nuestras aulas, centros científicos y escuelas de arte y deportes, entre otras.

Somos una nación que ha hecho de la necesidad una oportunidad, y que más de una vez convirtió reveses en victorias. Hoy no podemos ser menos, solo tenemos una opción: ¡Vencer!
Compatriotas:

He mencionado solo algunos de los muchos problemas que debemos y podemos resolver en el más breve plazo. La presentación del primer ministro, Marrero, los análisis en comisiones y los debates en plenario, unidos a las aportadoras intervenciones que tuvieron lugar en el Pleno del Comité Central, y toda la difusión de las orientaciones allí emitidas, en mi opinión han sido suficientes para dejar claro el propósito de las medidas que ustedes han aprobado hoy, en un proceso expedito, no exento de análisis.

En las dos reuniones se ha debatido con argumentos sólidos la necesidad de las mismas, pero también la importancia mayor: que se implementen y se designen responsables y plazos para su cumplimiento.

La carta del General de Ejército al Pleno lo dejó dicho muy claramente al advertir que tan o más importante que la aprobación del documento será la implementación adecuada y oportuna, con prioridades bien definidas y la participación consciente del pueblo. Eso exige actuar con los pies y los oídos pegados a la tierra, tomando muy en cuenta las opiniones y preocupaciones de la población.

Compañeras y compañeros:

Una patria que quiere cambiar, también tiene que aprender a escucharse mejor. Cuba hierve de inconformidades y críticas, la mayoría justas y honestas. Nos toca escucharlas con respeto y responderlas como se le responde a un compatriota: con argumentos, con soluciones y, en cuanto sea posible, con hechos.
Pero sería ingenuo, por decir lo mínimo, no distinguir la crítica justa, del improperio destinado a minar la unidad y el compromiso.

Contra Cuba se libra una guerra económica y a la vez mediática y psicológica, estimulada y financiada desde el exterior, que pretende convertir el auténtico dolor del pueblo en un arma contra sí mismo.

Detrás de muchas campañas de odio y descrédito contra el Gobierno cubano, a veces hay solo otro ciudadano molesto con la situación; pero las tendencias y los expertos han confirmado, con serios estudios de medios y audiencias, que corre mucho dinero en laboratorios concebidos como armas y que existe una estrategia diseñada con pasmosa crueldad para llevarnos a la desesperación.

Una cosa es criticar a Cuba para mejorarla; otra muy distinta es trabajar para destruirla por un puñado de dólares, eso se llama mercenarismo. Una cosa es pensar diferente; otra es promover el odio, el caos, la entrega y la anexión de la nación.

Puestos cada día frente a la acción de los odiadores en redes, de los servidores entusiastas del imperio que mienten, manipulan, demonizan, insultan sin la más mínima ética, sin verificación de fuentes ni datos, resulta muy fácil distinguirlos de quienes honestamente disienten de los modos y los tiempos en que actuamos.
El desafío de esta nueva etapa es hacer mejor las dos cosas a la vez: defender la soberanía, sin apagarle la voz a nadie; combatir la injerencia, sin confundir al que tiene opiniones diferentes con un traidor.

Cuba necesita más debate, no menos; más participación, no menos; más rendición de cuentas, no menos.
Y regreso a la breve, pero muy importante misiva que envió ayer al Pleno del Comité Central nuestro General de Ejército, donde expresó: “Estoy convencido de que del análisis colectivo, e incluso de las discrepancias, siempre salen las mejores ideas”. Eso dijo, a la vez que convocó a construir el necesario consenso en un momento trascendental, porque: “es lo que más conviene hoy a la Revolución”.

A nadie en esta tierra se le persigue por pensar distinto, pero esta nación tampoco permitirá que, con la bandera prestada de una libertad diseñada desde fuera, se use a nuestros propios hijos como carne de cañón contra la independencia de su patria.

Un mensaje al mundo:

Finalmente y desde esta misma tribuna, con el respeto y la firmeza que distinguen desde siempre la tradición digna de la diplomacia cubana, quiero dirigirme a la comunidad internacional, incluyendo al Gobierno de los Estados Unidos:

Cuba diseña y propone soberanamente los cambios que urge aplicar para remontar la crisis impuesta por la agresividad externa y las insuficiencias internas, sin más permiso que el de su pueblo.

La crítica y la autocrítica honesta no son una novedad para el Gobierno cubano, son inseparables de la práctica revolucionaria desde siempre. No estamos experimentando, estamos aplicando un principio del concepto de Revolución que nos legó Fidel: “emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos”.

En el empeño de corregir errores e insuficiencias, a la par que enfrentamos el cerco externo, hemos acordado emprender la siempre delicada misión de abrir aún más la economía con priroridad para los cubanos residentes o no en el país. Esas decisiones no están relacionadas con negociaciones. Cuba sigue dispuesta a dialogar con respeto sobre todos los temas posibles con el Gobierno de los Estados Unidos y esa disposición no solo está expresada, está históricamente probada.

Los actuales cambios y el curso del diálogo con el vecino del Norte solo se relacionan en la hostilidad que quieren imponerle a la relación los enemigos de cualquier acercamiento entre los dos países, esos que viven diseminando amenazas de ataques inminentes, que “filtran” falsedades, persiguen negociaciones y apuestan a la opción perversa de la asfixia para que Cuba estalle.

Cuba denuncia esas prácticas infames que le venden al mundo la idea del Estado fallido, mientras se aprieta el cuello de un pueblo heroico. Así no funcionan las relaciones entre naciones soberanas e independientes, condición que reivindicaremos siempre.

No es honrado afirmar que se quiere ayudar al pueblo cubano y, al mismo tiempo, perseguir cada operación bancaria, encarecer mil veces cada importación, bloquear la compra o el arribo de combustibles, de alimentos y de medicinas, y castigar al que quiera invertir o comerciar con el país.

No se puede hablar de libertad mientras se empuja, a propósito, a un pueblo entero hacia la desesperación por falta de recursos que hoy resultan vitales para la existencia.

Al Gobierno de los Estados Unidos le decimos, sin odio, pero sin miedo: si de verdad quieren ayudar al pueblo cubano, ¡déjennos vivir! Dejen a Cuba comerciar; dejen a Cuba comprar sus medicinas; dejen a Cuba importar su combustible; dejen a Cuba recibir inversiones, créditos, financiamientos, relacionarse normalmente con sus emigrados y con el mundo. ¡Dejen a Cuba mostrarle al planeta qué es capaz de hacer este pueblo cuando no hay obstáculos a sus esfuerzos por levantarse! Eso sí sería algo realmente novedoso y enaltecedor por parte del adversario.

Cuba no va a pedir permiso para existir ni entregará su soberanía. Cuba sí está lista hoy mismo, ahora mismo, para una relación civilizada y respetuosa que beneficie a ambos pueblos. La puerta siempre estará abierta para quienes estén dispuestos a cruzarla con el mismo respeto con que la abrimos.

Queridos compatriotas:

No somos ingenuos. Conocemos a nuestro país. Sabemos de las trabas, la corrupción, la lentitud y la desvergüenza. Y ustedes tienen todo el derecho a saber, a preguntar y a exigir.

Por eso hacemos un compromiso, y quiero que lo recuerden siempre que evalúen a este Gobierno: cada medida que aprobamos hoy tendrá responsables, plazos e indicadores.

Reitero un mensaje central del Pleno del Partido: vamos a informar lo que avance, lo que se incumpla y lo que haya que corregir. Habrá cosas que, para protegerlas de quienes quieren sabotearlas, tengamos que cuidar con discreción, como nos enseñó Martí; pero la discreción nunca será un permiso para no informar al pueblo.

Como parte de esta nueva etapa continuaremos la reestructuración del aparato del Gobierno, del Estado, del Partido y del sistema empresarial. Vamos a unir estructuras o a integrar estructuras donde sea necesario; revisar funciones duplicadas, reducir pasos innecesarios, optimizar permanentemente la manera en que se dirige y se sirve al país.

Pero también debemos decir algo justo: nuestros cuadros y funcionarios merecen un reconocimiento. Sin ellos no hay Gobierno que funcione, la mayoría de ellos son compañeras y compañeros seleccionados por sus capacidades, que trabajan más de dos jornadas por día, bajo enormes presiones y con grandes responsabilidades, y los vemos noche por noche combatiendo junto al pueblo las artimañas del enemigo.

No estamos en momentos de pedir confianza ciega; les pido una confianza vigilante: Confíen, pero exíjannos. Acompáñennos, pero fiscalícennos. Participen, y no se dejen usar nunca por los que quieren convertir el dolor de Cuba en un arma contra su pueblo.

El llamado: Compatriotas, la hora es difícil. No voy a suavizar la realidad ni a presentarles un camino sencillo, porque el pueblo merece siempre la verdad, por dura que sea. Pero Cuba no está condenada.

Tenemos tierra y sol; médicos y maestros; científicos y campesinos; intelectuales y deportistas de calibre; empresarios capaces; trabajadores que no se rinden; mujeres bravas, jóvenes con un talento que asombra al mundo; una emigración que quiere aportar, y un pueblo que ha resistido mucho y que, por encima de todo, merece vivir mejor.

A este pueblo no lo vamos a convocar solamente a resistir; lo convocamos a crear, a producir, a decidir, a transformar, a fiscalizar, a prosperar.

¡Cuba cambia para levantarse! ¡Cuba cambia para vivir mejor! ¡Cuba cambia para seguir siendo libre!

La historia nos enseñó a resistir. Este tiempo nos exige transformar. Y vamos a transformar: con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como nos enseñó Fidel, como nos orientó Raúl.

¡Viva Cuba Libre!
¡Viva el heroico pueblo cubano!
¡Viva la soberanía de la nación cubana!
¡Socialismo o Muerte!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!

jueves, 18 de junio de 2026

Discurso del presidente Díaz-Canel ayer, 17 de junio de 2026

 Compañeras y compañeros miembros del Comité Central del Partido;

Invitadas e invitados;
Compatriotas:

Este Pleno extraordinario sesiona en días decisivos para Cuba. Herederos orgullosos del legado del Comandante en Jefe, los revolucionarios cubanos hoy enfrentamos desafíos de una enorme magnitud que exigen unidad, firmeza ideológica, coraje, audacia y resistencia creativa.
 
Contamos con la guía de nuestro líder, integrante destacado de la vanguardia de la Generación del Centenario y celoso guardián de la continuidad de la Revolución socialista que él contribuyó decisivamente a levantar desde sus cimientos hasta nuestros días, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Héroe de la República de Cuba, quien nos ha enseñado todos los días el sagrado valor de la unidad.

El contexto es extraordinariamente complejo y desafiante por la incesante agresividad del recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos y por el criminal propósito de las acciones hostiles de la actual administración: en primer lugar, la incorporación de Cuba a la infame y espuria lista de países que supuestamente patrocinan el terrorismo, y otras acusaciones, igualmente falsas, que buscan desacreditar la autoridad y la gestión del Gobierno, a la vez que privan al país de cualquier fuente de ingreso en divisas. 

Un bloqueo más recrudecido aún con las Órdenes Ejecutivas del 29 de enero y el 1ro. de mayo, que respaldan el genocida cerco energético e internacionalizan con sanciones secundarias el bloqueo, la persecución financiera, energética y de inversiones a extremos de máxima presión.

Paralelamente, se intensifica la subversión político-ideológica mediante la intoxicación mediática en las redes sociales para dañar la credibilidad de la Revolución, entre cubanos y extranjeros, estimulando la desorientación social en un escenario nacional e internacional impactado por transformaciones profundas en la estructura socioeconómica y la geopolítica mundial, como consecuencia de los ilimitados poderes de una política imperial hegemónica, que pretende hacer trizas el multilateralismo, alimenta las corrientes neofascistas y agudiza las tensiones globales, amenazando constantemente la paz y la seguridad internacionales e intentando quebrar la indispensable unidad de las fuerzas de izquierda.

El genocidio silencioso que se ha emprendido contra Cuba provoca daños inconmensurables y terribles limitaciones en nuestra vida cotidiana como pueblo, mientras sus ejecutores mienten descaradamente al mundo negando el cerco energético y afirmando que prohibimos la entrada de donaciones millonarias, que anuncian mucho y de las que apenas han entregado algo de lo prometido.

Cuba resiste heroica y creativamente, pero sufre hace demasiado tiempo un castigo bárbaro, inmerecido, insoportable, al que ahora se añade la amenaza de agresión militar como nueva arma contra la resistencia colectiva.

Cuba enfrenta un bloqueo cruel y una persecución financiera real, diaria, que encarece cada gota de combustible, cada medicamento, cada alimento, cada pieza y cada tecnología que el país necesita.

La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios. Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido Comunista y del Gobierno revolucionario no es explicar mejor la crisis, sino cambiar lo que haya que cambiar para salir de ella.

Se requiere una agenda económica profunda y ágil, ejecutable en corto plazo, que combine estabilización macroeconómica, incentivos para estimular y promover una apertura productiva, seguridad jurídica, atracción de inversión, uso intensivo de tecnología y una protección social focalizada y efectiva.

Recordemos que en la clausura del XI Pleno planteamos que la posposición del Congreso no limitaba la posibilidad de efectuar los cambios, modificaciones y movimientos que fueran necesarios, teniendo en cuenta las facultades de las estructuras del Partido y el Gobierno, como, por ejemplo, los Plenos del Comité Central cuando se trate de acuerdos adoptados por los congresos del Partido.

Para eso se ha trabajado intensamente, a partir del aportador informe y debate del Congreso de la ANEC, la consulta popular sobre el Programa Económico y Social para el 2026, los criterios de economistas y expertos, los debates y aportes formulados por la Comisión Económica del Comité Central del Partido, los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados y actualizados en el Sexto, Séptimo y Octavo Congresos del Partido, los planteamientos del XI Pleno del Comité Central y la labor desplegada por las comisiones que han estado preparando los documentos para el pospuesto IX Congreso del Partido, por las razones conocidas, en cuanto a la actualización de la Conceptualización del Modelo Económico y Social, los Lineamientos y el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030.

Se ha realizado, además, un estudio de las experiencias de la construcción socialista en otros países como China y Vietnam, y también se ha acudido a la inteligencia artificial para profundizar en la búsqueda de referencias y evaluar las propuestas en relación con nuestras leyes y normativas vigentes.

Se trata de enfrentar el enorme reto de continuar avanzando en el proceso de construcción socialista, de defensa de la Revolución y sus conquistas y de perfeccionamiento de nuestra sociedad, en las condiciones de un país sometido al más cruel, genocida y prolongado bloqueo económico, financiero, energético y comercial, ejercido por la potencia más poderosa del mundo. Y para superar eso el legado que tenemos es el de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

¡Nadie en la historia de la humanidad ha tenido como desafío el socialismo en las condiciones que lo tiene que hacer este país, esta nación y este pueblo actualmente! Ese desafío, sin dudas, lo vamos a superar con unidad, con valentía, participación popular y plena convicción en nuestra capacidad para alcanzar la victoria.

Las transformaciones que estamos presentando son para avanzar en la defensa del socialismo, para apoyar y ampliar la justicia social, para crear riqueza económica y distribuirla con equidad. Si no hay riqueza no hay nada que distribuir, estaríamos hablando de una justicia social en abstracto. La justicia social como la ha concebido la Revolución, con su vocación humanista, ayudando a los que están más desfavorecidos, generalmente, con programas y proyectos asistencialistas y gratuitos, no les cuesta a las personas, pero le cuesta al Estado, y para hacerlo, para profundizarlo, para sostenerlo, para mantenerlo el Estado necesita riqueza, y la riqueza la tenemos que producir nosotros, y si no hay riqueza no hay justicia social, y todo lo demás es un cuento, ¡todo lo demás es un cuento! O producimos en estas condiciones, creamos riquezas y entonces distribuimos con justicia social, con equidad, no con igualitarismo. ¡Ese es el desafío!

Necesitamos desatar las fuerzas productivas, que haya más producción en vez de más restricción, porque está probado que el control sin oferta solo desplaza operaciones al mercado informal.

Es necesaria la igualdad e integración de los actores económicos en función del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 y de las estrategias de desarrollo territorial y local por parte de la empresa estatal, las mipymes, las cooperativas, los productores agropecuarios, los inversionistas extranjeros y cubanos, los residentes o no residentes: todos deben actuar y aportar bajo reglas claras al desarrollo socioeconómico del país.

Debemos exportar y producir para captar e ingresar divisas y hacer un uso productivo de ellas. Cada divisa que entre debe tener caminos para financiar producción, importaciones, inversión, salarios e infraestructura.

Debe garantizarse la seguridad jurídica: contratos, usufructos, arrendamientos, concesiones, derechos de superficie y licencias, con estabilidad temporal y protección contra cambios arbitrarios. Si no hay seguridad jurídica nadie invierte, nadie se arriesga.

Debemos impulsar la digitalización con trazabilidad: facturación electrónica, pagos digitales, registros públicos y datos interoperables como base para reducir evasión y corrupción.

Se debe priorizar la protección social: sustituir subsidios generalizados ineficientes por apoyos directos a personas vulnerables. Siempre atentos a que cada acción no incremente desigualdades sociales; al contrario, que se vayan atenuando hasta desaparecer.

Actuar con una apertura selectiva e inteligente: atraer tecnología, financiamiento, mercados y conocimiento externo, protegiendo sectores estratégicos mediante regulación, no mediante inmovilismo.

Se hace necesario la gradualidad y la experimentación: reformar por fases y por pilotos verificables, conservando la conducción estatal y corrigiendo el rumbo con evidencia para lidiar y minimizar los posibles costos económicos y sociales. 

Imprescindibles son también la unidad política para garantizar consistencia y credibilidad de las medidas, la comunicación clara y precisa de las decisiones que se aplicarán, para ganar apoyo a las transformaciones, así como la adopción de mecanismos compensatorios para mitigar impactos económicos y sociales.

Hay que trabajar con agilidad, con coherencia y calidad, y sobre todo con control. Que lo aprobado se implemente bien.

En este escenario resulta necesario avanzar en al menos cinco frentes simultáneos:

La estabilización macroeconómica y recuperación de los ingresos externos.
La transformación del Modelo Económico y Social.
El estímulo y recuperación del sector productivo agrícola.
El fortalecimiento de la contabilidad y la gestión de los costos.
La previsión y mitigación de los costos sociales asociados a las transformaciones necesarias del Modelo Económico y Social.

Y estos cinco aspectos están muy bien desarrollados en el informe que presentó la ANEC en su último congreso.

El Comandante en Jefe nos enseñó que en tiempos de crisis no podíamos renunciar ni al desarrollo ni al pensamiento, que no hay obstáculo insalvable y que siempre hay una oportunidad para crecer. Y en ese camino el General de Ejército nos demostró que sí se puede, sí se pudo y siempre se podrá.

El pueblo conoce las causas de muchas de las dificultades que vivimos, pero también necesita respuestas concretas, decisiones oportunas y resultados que se sientan en la vida cotidiana.

Hay trabas que no vienen de afuera ni de bloqueo. Hay lentitud, burocracia, normas que frenan al que quiere producir y decisiones que hemos postergado. Lo que depende de nosotros tenemos que cambiarlo nosotros, y tenemos que cambiarlo ahora.

A la resistencia le debemos la patria, pero hoy la resistencia por sí sola no basta. Este tiempo nos exige transformar, producir más, destrabar más, escuchar más, decidir mejor y rendir cuentas.

Lo que nos proponemos poner en marcha es una agenda económica y social de emergencia, con medidas que forman parte de nuestro Programa de Gobierno y de políticas aprobadas por el Partido, junto a decisiones que no pueden seguir esperando. Algunas no tendrán consenso absoluto, pero son impostergables. Y todas tendrán un responsable con nombre y apellidos, un plazo definido, un indicador para medir su cumplimiento y una rendición de cuentas pública ante el país. 

Lo que funcione, se ampliará. Lo que no funcione, se corregirá sin demora. Quien tenga una responsabilidad tendrá que rendir cuentas por ella, y cuando alguien no pueda cumplir lo que este momento exige, deberá abrir paso, con responsabilidad, a quien pueda hacerlo mejor.

Vamos a enfrentar este proceso como el desafío de las generaciones que hoy compartimos la defensa de la Patria, la Revolución y el Socialismo.

Acerca del Sistema de Dirección de la Economía, quiero destacar que lo más importante es que la planificación central, si adoptamos estas transformaciones, no tendría la función de administrar la economía, sino de crear un ambiente institucional y normativo adecuado para que las empresas y los trabajadores estén estimulados en producir bienes y prestar servicios de calidad y con eficiencia, así como introducir en su gestión innovaciones con estos fines.

Y definitivamente tenemos que lograr que el Plan se construya desde abajo con la participación de los trabajadores.

Continuaremos la reestructuración del aparato de Gobierno, del Estado, del Partido y de las instituciones. Vamos a integrar estructuras donde sea necesario, revisar funciones duplicadas, reducir pasos innecesarios y optimizar permanentemente la manera en que se dirige y se sirve al país. Que sean estructuras más dinámicas, más proactivas y menos burocráticas.

Una de las tareas más importantes y urgentes está en potenciar el desarrollo del país desde la base, desde los municipios.

Es inaplazable desatar la gestión en los municipios y que acaben de tener y aplicar todas las facultades posibles para que se desarrollen. 

Ningún cambio económico será suficiente si la empresa estatal socialista, que seguirá siendo el pilar fundamental de la economía, no cuenta con verdadera capacidad para gestionar, innovar y responder por sus resultados. 

Reformar la gestión de la empresa estatal sobre la base de autonomía real, evaluación económico-financiera, separación de funciones estatales y empresariales, y aplicación del principio “cumple o explica” para evitar que la norma se convierta en freno cuando exista una solución más beneficiosa y demostrable, es necesario.

Para eso avanzaremos en dos direcciones: más autonomía real para las empresas y una gestión más profesional de los activos del Estado, a través del Instituto Nacional de Activos Empresariales, encargado de representar al dueño de los medios de producción, evaluar resultados, exigir eficiencia y separar mejor la función empresarial de la función regulatoria de los ministerios.

Autonomía no significa ausencia de control, implica un marco de responsabilidad; significa poder decidir a tiempo, asociarse mejor, invertir mejor, pagar mejor y rendir cuentas por los resultados ante el pueblo y ante el Estado.

Se necesita fortalecer a la empresa estatal, no sustituirla por mecanismos administrativos que la inmovilicen. Para ello debe completarse la separación entre funciones estatales y empresariales, evaluar el desempeño con herramientas económico-financieras y otorgar autonomía real para gestionar recursos materiales, financieros y humanos, con control posterior, transparencia y rendición de cuentas.
No hay soberanía con el plato vacío. El alimento del pueblo cubano será tratado como lo que es: un asunto de seguridad nacional.

Y se tendrán que acabar las tierras ociosas en Cuba. Cada pedazo de tierra que hoy está cubierto de marabú, cuando debería estar produciendo alimentos, tendrá que tener una respuesta clara: o se pone a producir o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo.

Vamos a ampliar la entrega de tierras en usufructo a quienes estén dispuestos y en condiciones de producir: productores, cooperativas, mipymes y formas asociativas, sin renunciar jamás a la soberanía nacional ni retroceder hacia el país dependiente que dejamos atrás con la Revolución. 

Vamos a reconocerles al que trabaja la tierra el derecho a invertir en lo que necesita para hacerla producir, y al que se comprometa con resultados de verdad, que pueda importar directamente la semilla, el fertilizante, la pieza, el equipo. Pero debe quedar claro un principio: esa tierra seguirá siendo del pueblo; y si no produce, si no sirve al país, si no cumple su función social, tendrá que pasar a manos de quien sí pueda ponerla a producir.

Al campesino cubano no se le puede seguir pidiendo más comida con menos herramientas y con precios por debajo de sus costos, tiene que tener mecanismos que funcionen de acceso directo a las divisas, como puede ser vender a exportadores, como es el caso del Turismo, o al mercado cambiario.

Tenemos que hacer que la tierra sea una oportunidad y no una carga, que quien siembre vea el fruto de su esfuerzo, que quien produzca pueda vivir mejor, y que quien invierta en el campo encuentre seguridad, respaldo y futuro.

Cuba necesita de sus campesinos, de su trabajo y de su confianza. Cuando el campo cubano sea un camino de prosperidad para quienes lo trabajan, el país será más fuerte, más justo y más soberano.

En cuanto al comercio exterior, las exportaciones, la logística, las cadenas de valor, debemos autorizar importación y exportación directa para empresas estatales y no estatales, productivas, exportadoras o que sustituyan importaciones, manteniendo requisitos técnicos y fiscales, pero eliminando la intermediación obligatoria.

En cuanto a la renegociación de la deuda, debemos conducir un proceso de canje de deuda por activos, enfocado fundamentalmente en la permuta de activos nacionales por deudas, sin enajenar en perpetuidad la propiedad de los mismos. Con este mecanismo se puede lograr financiamiento y otros beneficios sin perder el derecho de propiedad sobre los activos.

Hay que usar también otros mecanismos que se pueden explorar como deudas contra naturaleza o deudas contra desarrollo social, emisión de bonos por el Objetivo de Desarrollo Sostenible y otros.

Vamos a revisar integralmente la lista de actividades prohibidas al sector privado con un principio claro: sustituir, siempre que sea posible, la prohibición por una regulación responsable. El país necesita abrir caminos legales, con reglas claras y controles adecuados a estas actividades. 

También vamos a flexibilizar el alcance del objeto social de las mipymes y demás actores económicos, y aliviar de manera significativa la carga burocrática que hoy enfrentan muchos emprendedores; y, además, debemos agilizar la creación de asociaciones económicas entre las formas de gestión estatal y las no estatales.

La inversión extranjera también se encuentra prisionera en un enrejado de trabas que obstaculizan su necesario incremento. No solo debemos decirle al inversor foráneo dónde debe invertir, sino que también él tenga la iniciativa de invertir en la rama económica de su interés, así como escoger directamente a sus trabajadores sin intermediarios estatales siempre. 

Debemos autorizar la inversión extranjera directa en el sector privado nacional, incluyendo mipymes, con reglas claras de propiedad, repatriación, reinversión y solución de controversias.

Debemos facilitar modelos de inversión con diferentes modalidades y con todos los actores por parte de cubanos que viven en Cuba. Y al cubano residente en el exterior que quiera invertir, donar, importar tecnología, abrir un mercado, levantar un proyecto en su tierra, vamos a ofrecerle un marco claro, estable y respetuoso, sin que lo miren con sospecha por querer ayudar a los suyos o contribuir al desarrollo de la tierra que los vio nacer. Al que quiera construir con Cuba, sin pretender imponerle nada, le decimos con el corazón en la mano: aquí tienes tu casa y aquí tienes la puerta abierta, porque a esta patria, en esta hora, no le sobra ningún buen cubano. 

El apagón no es solamente un problema de megawatts o de déficit de generación. El apagón es el niño que no pudo estudiar para la prueba, la comida que se echó a perder en un refrigerador, el anciano que pasa la noche en vela sin descanso y con calor. Es el hospital que trabaja al límite, el consultorio que no puede conservar un medicamento, el trabajador que pierde su jornada laboral, y el establecimiento que tiene que cerrar. Por eso la energía no es un tema técnico, es un tema humano, económico y nacional.
 
Vamos a acelerar la incorporación de la energía solar a la economía nacional como hemos venido haciendo. Para lograrlo, facilitaremos la entrada directa de empresas extranjeras que suministren paneles, baterías, inversores y soluciones asociadas, reduciendo intermediarios que encarecen los costos para la población y para el país. 

Ya se eliminaron aranceles a la importación de tecnologías solares, sistemas de almacenamiento y equipos destinados al ahorro energético. Ahora avanzaremos también en la eliminación de impuestos sobre su venta y sobre los servicios vinculados a su instalación y mantenimiento.

Además, crearemos mecanismos de crédito y financiamiento para que estas soluciones no sean accesibles solo a unos pocos, sino que puedan llegar progresivamente a los hogares, las mipymes, los consultorios médicos, los centros educacionales, los hogares de ancianos y otros servicios esenciales para la población. Y en esto, nuestras empresas y nuestros técnicos cubanos, estatales y privados van a estar en el centro, instalando, manteniendo, reparando, integrando y creando empleo. Las empresas cubanas pueden especializarse en instalación, integración, operación y soporte de estas tecnologías. 

Impulsaremos el transporte eléctrico vinculado a fuentes renovables. Todo vehículo eléctrico destinado al transporte público, privado o de carga ligera que demuestre que opera total o mayoritariamente con energía solar, podrá acogerse a estímulos especiales, exención de aranceles, eliminación de impuestos sobre su venta y facilidades para importar cargadores, baterías, piezas y soluciones asociadas. 

Promoveremos, además, la instalación de solineras en todo el país con inversión extranjera, privada, cooperativa y estatal priorizando rutas urbanas, polos turísticos, zonas productivas y servicios esenciales. Junto a ello estableceremos una vía expedita para otorgar licencias de transportista, taxi eléctrico o servicios de movilidad asociados, bajo reglas claras, control técnico, seguridad vial y precios transparentes. 

La primera prioridad, antes de cualquier otra, son las personas que no pueden esperar a que la economía mejore, porque hay dolores que no entienden de plazos. La justicia social verdadera no se sostiene sobre precios artificiales que después terminan convirtiéndose en escasez, colas, bajos salarios y mercado ilegal. 

La justicia social se construye sobre bases reales, ingresos con poder de compra, protección directa para quienes más lo necesitan y una economía nacional capaz de producir más. No hay atajos, estas no son ideas nuevas, son decisiones que el país discutió y aprobó hace años. El error no estuvo en plantearlas, sino en haberlas postergado, y esa etapa de aplazamiento tiene que terminar. 

La canasta básica será garantizada a jubilados, a familias con niños enfermos crónicos, a vulnerables. Se desarrollarán programas focalizados para la transformación social en los barrios más pobres. Hay que darle al sector empresarial estatal y privado mayor protagonismo e incentivos para involucrarse en la solución de problemas locales priorizados, tales como los comedores sociales, saneamiento, centros de niños sin amparo familiar, entre otros. Tendrán nuevas tareas concretas, con estas decisiones: llevarle el pago al jubilado hasta cerca de su casa para que no tenga que hacer una cola de horas bajo el sol; apadrinar los comedores sociales, los hogares de ancianos, las casas de abuelos y los centros de niños; crear cupos solidarios y precios de costo para quien de verdad lo necesita; digitalizarlo todo para que se sepa quién aporta, quién recibe y qué resultado da.
 
Durante años, funcionamos bajo una lógica de salarios contenidos, precios regulados y un Estado que subsidiaba una parte enorme de la vida económica del país. Esa fórmula tuvo su razón, su contexto, sus resultados y su momento; pero ella no responde a la compleja realidad que vivimos. Los precios que enfrenta una familia se han separado demasiado de lo que ingresa un trabajador o un jubilado, y no podemos seguir actuando como si esa brecha no existiera.
 
También vamos a abrir nuevas vías para el acceso seguro a medicamentos.
 
En cuanto a la política fiscal, tributaria, monetaria y de saneamiento financiero, plantear que el objetivo principal para reducir el déficit fiscal está en el aumento de la producción, que es la base de los tributos, y el decrecimiento de los gastos innecesarios del Presupuesto. Por eso también vamos a corregir una política que no dio los resultados esperados.

Los topes de precios, en la práctica, no lograron contener la inflación. Muchas veces provocaron desaparición de productos, desvíos hacia la ilegalidad, mayores precios, menos recaudación de impuestos y una carrera imposible entre precios reales y decisiones administrativas que siempre llegaban tarde o que se mantuvieron inamovibles en desconocimiento de la realidad económica cambiante, limitando a todos aquellos que desean desarrollar su actividad económica en el marco de la legalidad y de forma transparente. Por eso, no vamos a seguir topando precios de manera general, como explicó el Primer Ministro. Hay que corregir distorsiones del sistema tributario que hoy encarecen los encadenamientos productivos y terminan trasladándose al precio final. 

Avanzaremos hacia un impuesto al valor agregado (IVA) acreditable y soportado progresivamente por facturación electrónica, para evitar la imposición fiscal en cascada. Pero estas decisiones solo pueden aplicarse junto con una protección social más directa, más efectiva, con el tránsito de subsidiar productos a subsidiar personas, y con el esfuerzo por recuperar el poder adquisitivo de salarios y pensiones. No se trata de dejar a nadie solo frente al mercado, se trata de proteger mejor, producir más, regular con inteligencia y ordenar con realismo. 

Necesitamos un sistema financiero que acompañe a la economía, sea funcional para los diferentes actores económicos, que reduzca colas, facilite pagos, transparente las operaciones y convierta el ahorro, el crédito y la inversión en herramientas concretas de desarrollo. 

Modernizar de manera profunda el sistema bancario y financiero del país. Para eso Cuba necesita bancos más ágiles, más digitales, más cercanos a la gente y más útiles para quienes producen, exportan, importan, invierten o emprenden.
 
Vamos a abrir espacios, bajo regulación estricta, a instituciones financieras, privadas y extranjeras; nuevos mecanismos de crédito, financiamiento productivo, desarrollo de mercados financieros y servicios de pago, donde puedan participar actores estatales, cooperativos y privados. El objetivo es que cobrar una pensión, recibir una remesa del exterior, pagar un servicio, pedir un crédito, financiar una cosecha, comprar un equipo o mover dinero para producir no sea una carrera de obstáculos.

Permitir cuentas en el exterior, pagos en divisas entre empresas y operaciones internacionales auditables para actores que importan, exportan o prestan servicios globales.

No se trata de debilitar el papel del Estado, sino de ampliar y modernizar las capacidades del país para financiar la producción, apoyar a quienes generan bienes y servicios, ordenar los flujos de dinero y brindar un mejor servicio a nuestro pueblo.

Convertiremos la transformación digital, el software y la inteligencia artificial en herramientas transversales para desarrollar la agricultura, el sector energético, la salud, la educación, el comercio exterior, la banca, el comercio digital, la logística, el turismo y la fiscalización.

Las propuestas específicas de software, inteligencia artificial, economía del conocimiento y economía digital deben presentarse como infraestructura transversal para elevar la productividad nacional. No se trata solo de exportar software, sino de digitalizar pagos, impuestos, comercio exterior, agricultura, salud, energía, logística, gobierno y estadísticas.

En cuanto al turismo y los negocios inmobiliarios hay que aplicar nuevas modalidades de negocio, con participación de todos los actores económicos. Desarrollar un mercado inmobiliario productivo regulado que comprenda: arrendamiento de locales estatales ociosos, renta de edificios, locales, naves, almacenes, oficinas, instalaciones turísticas, talleres y espacios industriales, concesiones, derecho de uso sobre inmuebles y licitaciones transparentes a actores estatales, privados, cooperativos o mixtos.

Hemos hablado de la importación de combustible y de todo lo que se ha abierto al sector privado, pero ahora se trata de lograrlo con márgenes de utilidad razonables, transparentes y no abusivos.

En cuanto a la importación de vehículos, eliminar todas las trabas en la importación, dar la prioridad a la importación de vehículos eléctricos y, por supuesto, desarrollar las solineras.

Sé que preocupa y con razón la dolarización parcial de la economía, la inflación y la ausencia de muchos productos en moneda nacional. No vamos a ignorar ese problema. Los modelos de negocio que estamos autorizando en divisas tienen que tributar de manera directa y verificable a un incremento de los ingresos en divisas que permita el sostenimiento de ofertas en moneda nacional.

Hay que tener más exigencia sobre el uso de las plataformas digitales de pago. Hay que ampliar aprobaciones de comercio mayorista y minorista, eliminando intermediarios y, definitivamente, hay que aplicar la facturación electrónica.

Hay que eliminar trabas salariales que impiden retener talento y fuerza de trabajo altamente calificada en sectores productivos, exportadores, tecnológicos, energéticos y agroindustriales, y permitir la remuneración variable en CUP y divisas vinculada a resultados verificables en exportaciones, en ahorro de importaciones, en incremento de la productividad, la innovación, la disponibilidad energética o en ventas externas.

En cuanto al gobierno digital, los datos públicos y el control inteligente, hay que implementar la factura electrónica obligatoria y progresiva para medianos y grandes contribuyentes; avanzar luego en las mipymes y los trabajadores por cuenta propia, con herramientas sencillas y adaptadas a conectividad real.

Modernizar el Sistema Estadístico Nacional y la ONEI mediante captura digital de datos desde empresas e entidades, publicación por aplicaciones de servicios públicos de inteligencia artificial y protección de datos sensibles.

Hay que usar la inteligencia artificial para simplificar trámites, procesar documentos escaneados, detectar errores, validar expedientes, autenticar documentos y reducir cargas administrativas.

Hay que mejorar la calidad de los servicios a la población, diseñando nuevos abordajes a cada tema.

Y hay que enfrentar con seriedad un problema que afecta cada día la vida de millones de cubanos: la recogida de desechos sólidos. Pondremos en marcha proyectos a nivel local para mejorar la recogida, tratamiento y disposición de los residuos sólidos, en los cuales, responsablemente, quienes más carga imponen al sistema también deben contribuir más a sostenerlo.

Pero esta solución no será solo estatal, incorporará inversión extranjera al sector no estatal, al sistema empresarial, a las comunidades y a iniciativas creativas que ayuden a devolver limpieza, orden y salud a nuestras ciudades y comunidades.

Compañeras y compañeros:

Cuba no necesita más dilaciones, necesita soluciones. No se trata de crear más oficinas ni de multiplicar reuniones, sino de lograr resultados concretos.

Gobernar es resolver, destrabar, acompañar y hacer que las decisiones se conviertan en mejoras reales; porque crear en Cuba, invertir en Cuba, trabajar en Cuba y quedarse en Cuba también depende de que el país sea capaz de abrir caminos, ordenar con inteligencia y apoyar a quienes quieran aportar.

Junto a las oportunidades económicas vamos a impulsar también espacios concretos para que los jóvenes puedan actuar desde sus comunidades.

La Red Juvenil Comunitaria debe ser una vía para que un joven encuentre dónde formarse, dónde emplearse, dónde servir a su comunidad y dónde convertir una idea en un proyecto real. Esta red debe articular iniciativas útiles en los barrios: recuperación de espacios públicos, apoyo a personas vulnerables, actividades culturales y deportivas, formación en oficios y tecnologías, comunicación comunitaria, proyectos productivos, empleo local y acompañamiento a jóvenes en situación de riesgo.
 
No se trata de crear una estructura más ni de convocar a los jóvenes solo para recibir orientaciones; se trata de darles capacidades, herramientas, conocimientos, responsabilidades y espacios reales para transformar el lugar donde viven; porque quedarse en Cuba también tiene que significar tener un sitio donde ser útil, crecer, aprender, liderar y construir futuro desde la cuadra, la escuela, el centro de trabajo y el municipio.

Conocemos nuestro país, sabemos dónde está la traba, dónde se esconde la corrupción, dónde sobra la lentitud y dónde falta la vergüenza y la dignidad.

Cada medida que anunciamos tendrá responsables, plazos e indicadores. Vamos a informar lo que avance, lo que se incumpla y lo que haya que corregir.

Habrá cosas que, para protegerlas de quienes quieren sabotearlas, tendremos que tratarlas con discreción. Ya nos enseñó Martí que hay cosas que para lograrse han de andar ocultas; pero la discreción nunca será un permiso para ocultarle algo al pueblo.

Como pueblo no nos vamos a convocar solamente a resistir; nos vamos a convocar a crear, a producir, a decidir, a fiscalizar, a prosperar y a transformar, porque esto que empezamos hoy no lo hace un Gobierno, esto lo hacemos todos o no lo hacemos: con el campesino que vuelva a sembrar, con la mipyme que se atreve, con el técnico que instala el primer panel, con la maestra, con el médico, con el joven que decide quedarse y apostar por su tierra, con el cubano residente en el exterior que tiende la mano, contigo, conmigo, con todos.

No vamos a negar los problemas, no vamos a defender la burocracia, no vamos a cerrarle la puerta al talento, no vamos a abandonar a los vulnerables y no vamos a permitir jamás que el sufrimiento de este pueblo causado por el perverso bloqueo imperialista se use contra la soberanía de la patria (Aplausos).

¡Nada será imposible si asumimos el desafío como oportunidad y la historia como inspiración!

Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, Martí, Mella, Villena, Guiteras, Che, Camilo, Almeida, Fidel y Raúl, todos nuestros héroes, enfrentaron momentos tan o más difíciles, para su época, que estos que enfrenta hoy la nueva generación revolucionaria, y todos emergieron de esos desafíos con honor y gloria, aun aquellos caídos en combate sin llegar a ver la victoria, porque nos legaron lecciones de coraje que perduran hasta nuestros días, como se verificó el 3 de enero de este año cuando 32 combatientes cubanos cayeron enfrentando a tropas élites muy superiores en número y en medios.

Ninguna revolución la ha tenido fácil, y la nuestra ha tenido la osadía de sobrevivir a seis décadas de bloqueo, leyes genocidas, guerra híbrida y una escalera de medidas coercitivas unilaterales que ninguna otra nación soportó ni soportaría por tanto tiempo.

En el Centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro y en el 95 cumpleaños del General de Ejército Raúl Castro Ruz, el mejor homenaje que podemos rendir a la admirable obra de nuestros dos jefes históricos es defenderla y preservar su esencia de justicia social, en medio del vendaval de guerras de rapiña, amenazas de invasión y procesos de neocolonización que, como el gigante de las siete leguas, van por el cielo engullendo mundos en estos tiempos.

Estamos convocados todos y juntos venceremos.

¡Viva Cuba Libre! 
¡Viva el heroico pueblo cubano!
¡Viva la soberanía de la nación cubana! 
¡Socialismo o Muerte!
¡Patria o Muerte! 
¡Venceremos!