jueves, 15 de enero de 2026
La ciencia y su impronta en la actualidad
La ciencia, entendida como el conjunto sistemático de conocimientos obtenidos mediante la observación, la experimentación y el razonamiento, constituye uno de los pilares fundamentales de la civilización moderna. Su impronta en la actualidad es tan profunda que resulta imposible concebir la vida contemporánea sin los avances, las aplicaciones y las reflexiones que de ella se derivan. Desde la medicina y la tecnología digital hasta la política, la economía y la cultura, la ciencia se ha convertido en un motor de transformación que redefine constantemente los límites de lo posible. Este escrito busca explorar, en un recorrido amplio y detallado, cómo la ciencia ha moldeado nuestro presente, cuáles son sus principales aportes, los desafíos que enfrenta y las perspectivas que abre hacia el futuro.
El tránsito desde la Edad Media hacia la modernidad estuvo marcado por la emergencia de un método científico que permitió cuestionar dogmas y abrir paso a una visión racional del universo. La revolución científica de los siglos XVI y XVII, con figuras como Copérnico, Galileo, Kepler y Newton, sentó las bases de un paradigma que aún hoy guía la investigación y el conocimiento. La idea de que el mundo podía ser comprendido mediante leyes universales y verificables transformó radicalmente la relación del ser humano con la naturaleza y con sí mismo.
La ciencia se convirtió en el lenguaje universal de la modernidad. A diferencia de las ideologías o religiones, que dependen de contextos culturales específicos, la ciencia se basa en principios replicables y verificables. Un experimento realizado en un laboratorio de Tokio puede ser reproducido en Berlín o en La Habana, y los resultados serán comparables. Esta universalidad ha permitido que la ciencia sea un puente entre culturas y naciones, un terreno común en el que la humanidad puede dialogar y cooperar.
El impacto de la ciencia en la vida cotidiana es incuestionable. La electricidad, los antibióticos, los satélites y los microprocesadores son ejemplos de cómo descubrimientos científicos se traducen en tecnologías que transforman radicalmente la vida diaria. La posibilidad de comunicarnos en tiempo real con cualquier parte del planeta, de viajar en pocas horas a miles de kilómetros de distancia o de acceder a información ilimitada desde un dispositivo portátil son logros que, aunque hoy parecen naturales, son fruto de siglos de investigación científica.
Uno de los ámbitos donde la ciencia ha dejado una huella más visible es la salud. Los avances médicos han reducido la mortalidad y mejorado la calidad de vida de millones de personas. Las vacunas, los antibióticos, las terapias génicas y las técnicas de diagnóstico por imagen son hitos que han cambiado la historia de la humanidad. Enfermedades que en el pasado eran sinónimo de muerte segura hoy pueden ser prevenidas, tratadas o incluso erradicadas.
La pandemia de COVID-19 mostró tanto la vulnerabilidad global como la capacidad de la ciencia para generar soluciones rápidas. En menos de un año, se desarrollaron vacunas basadas en tecnologías innovadoras como el ARN mensajero, lo que permitió contener la propagación del virus y salvar millones de vidas. Este episodio evidenció la importancia de la inversión en investigación científica y la necesidad de sistemas de salud robustos y coordinados a nivel internacional.
Sin embargo, los avances científicos en salud también plantean dilemas éticos. La edición genética mediante técnicas como CRISPR abre la posibilidad de corregir enfermedades hereditarias, pero también genera debates sobre la manipulación de la vida y los límites de la intervención humana. La clonación, la inteligencia artificial aplicada a la salud y la creación de órganos artificiales son campos que, aunque prometedores, requieren una reflexión profunda sobre sus implicaciones sociales y morales.
La ciencia de la computación y las telecomunicaciones ha creado un mundo interconectado. Internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han transformado la manera en que nos comunicamos, trabajamos y nos relacionamos. La información fluye a una velocidad sin precedentes, y el acceso a conocimientos antes reservados a élites académicas se ha democratizado.
La inteligencia artificial es una de las expresiones más visibles de la ciencia aplicada en la actualidad. Desde asistentes virtuales hasta algoritmos de predicción médica, la IA está presente en múltiples aspectos de la vida cotidiana. Su capacidad para procesar grandes volúmenes de datos y aprender de ellos redefine la investigación científica y la toma de decisiones políticas y económicas. La IA no solo es una herramienta, sino también un campo de estudio que plantea preguntas sobre la naturaleza de la inteligencia y la relación entre humanos y máquinas.
El Big Data, entendido como la capacidad de procesar grandes volúmenes de información, ha revolucionado la investigación científica. En áreas como la astronomía, la biología y la economía, el análisis de datos masivos permite descubrir patrones y tendencias que antes eran invisibles. Esta nueva forma de conocimiento, basada en la estadística y la computación, complementa y amplía los métodos tradicionales de la ciencia.
La ciencia ha demostrado con evidencia sólida el impacto humano en el calentamiento global. El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, y la investigación científica ha sido clave para comprender sus causas y consecuencias. Los modelos climáticos, basados en datos de temperatura, emisiones y patrones atmosféricos, han permitido prever escenarios futuros y diseñar estrategias de mitigación.
La búsqueda de energías renovables es otro campo donde la ciencia desempeña un papel crucial. La investigación en energía solar, eólica y nuclear de fusión busca alternativas sostenibles que reduzcan la dependencia de los combustibles fósiles. Estos avances no solo tienen implicaciones ambientales, sino también económicas y geopolíticas, al redefinir las fuentes de poder y riqueza en el mundo.
La biología y la ecología permiten diseñar estrategias para preservar especies y ecosistemas. La conservación de la biodiversidad es esencial para mantener el equilibrio del planeta, y la ciencia ofrece herramientas para monitorear, proteger y restaurar hábitats naturales. La genética, por ejemplo, se utiliza para estudiar poblaciones en peligro y diseñar programas de reproducción que eviten la extinción.
La ciencia no es un fenómeno aislado, sino que está profundamente entrelazada con la sociedad. En el ámbito político, las políticas públicas basadas en evidencia fortalecen la gobernanza y la toma de decisiones. La economía del conocimiento, impulsada por la innovación científica, es motor de competitividad y desarrollo. Los países que invierten en ciencia y tecnología suelen tener mayores niveles de bienestar y crecimiento.
La ciencia también tiene un impacto cultural. La divulgación científica y la educación fomentan una ciudadanía crítica y consciente. Programas de televisión, libros de divulgación y plataformas digitales acercan la ciencia a públicos amplios, rompiendo barreras de acceso y comprensión. La cultura científica es esencial para enfrentar los desafíos contemporáneos, desde la desinformación hasta la toma de decisiones responsables.
A pesar de sus logros, la ciencia enfrenta desafíos significativos. El auge de noticias falsas y teorías conspirativas amenaza la confianza en la ciencia. La desinformación, amplificada por las redes sociales, puede socavar campañas de vacunación, políticas ambientales y avances tecnológicos. Combatir este fenómeno requiere no solo más investigación, sino también estrategias de comunicación efectivas y accesibles.
El acceso desigual a los beneficios científicos es otro problema. No todos los países ni comunidades tienen el mismo acceso a tecnologías médicas, educativas o digitales. Esta brecha científica y tecnológica perpetúa desigualdades sociales y económicas. La ciencia, para ser verdaderamente transformadora, debe ser inclusiva y equitativa.
La ética y la responsabilidad son aspectos centrales de la ciencia contemporánea. El progreso científico debe equilibrarse con la justicia social y el respeto al medio ambiente. La investigación en inteligencia artificial, biotecnología y exploración espacial plantea preguntas sobre los límites de la intervención humana y la necesidad de marcos regulatorios globales.
El futuro de la ciencia abre horizontes fascinantes. La exploración espacial, con proyectos para colonizar Marte y establecer bases en la Luna, representa un nuevo capítulo en la historia humana. La biotecnología y la nanotecnología prometen revolucionar la medicina y la industria, creando materiales y tratamientos que hoy parecen ciencia ficción.
La ciencia también invita a reflexionar sobre la filosofía y el sentido de la existencia. Más allá de los avances técnicos, la ciencia plantea preguntas sobre la naturaleza del universo, la vida y la conciencia. La relación entre ciencia y filosofía es esencial para construir valores y orientar el uso responsable del conocimiento.
La ciencia no es solo un conjunto de conocimientos, sino una forma de mirar el mundo y de transformarlo. Su impronta en la actualidad es profunda y multifacética: nos da herramientas para enfrentar problemas globales, nos conecta en un planeta interdependiente y nos invita a reflexionar sobre los límites de nuestra propia humanidad. El reto es garantizar que este poder se use con responsabilidad, equidad y visión de futuro. La ciencia, en definitiva, es el espejo en el que la humanidad se reconoce y el camino por el que avanza hacia lo desconocido.
miércoles, 14 de enero de 2026
Cuba ante EEUU: lecciones y antilecciones de la intervención en Venezuela
Por Rafael Hernández
Examinar de manera ecuánime la situación geopolítica creada a partir de la intervención de EEUU en Venezuela y sus implicaciones para Cuba requiere empezar por dar un paso atrás.
De entrada, recordemos el dicho de que “no hay política exterior como la política interna”.
Fue la distorsión de lo que pasaba aquí el primer reto al que se tuvo que enfrentar el liderazgo cubano. El que generó las primeras embajadas de altos dirigentes a los Estados Unidos, América Latina, África, Asia, donde se empezó a tejer una política exterior de alcance mundial, y una red de alianzas plural y autónoma, con el Sur emergente, y con diversos actores del Norte. Fue la aplicación del programa de reformas, a partir de la agraria; y el rescate de la soberanía nacional, la justicia social y el desarrollo, los ingredientes fundamentales del consenso y la movilización para avanzar aquella política revolucionaria interna/exterior. Fueron esos ingredientes los que permitieron crear rápidamente un sistema de defensa y seguridad nacional, ante una contrarrevolución respaldada por EEUU, que produjo una guerra civil en todo el país y una invasión. Fue la perpetuación de ese conflicto por parte de EEUU y la continuidad de su guerra no declarada lo que impidió que la derrota interna de esa contrarrevolución en 1961-1963 pudiera conducir más adelante a una reconciliación. Y fueron sus intereses geopolíticos los que prevalecieron, por encima de Cuba, los cubanos y sus intereses nacionales, para seguir alimentando a esa contrarrevolución exiliada y refuncionalizándola en su juego político doméstico.
Naturalmente, del lado de acá, ese estado de guerra provocó que el factor EEUU permaneciera en el cuadro político doméstico. De manera que el grado de tensión de nuestras relaciones bilaterales ha operado como vaso comunicante con la situación interna. Casi siempre para mal, como es natural.
Antes de discutir en qué medida nuestra política interna/externa puede responder a los desafíos actuales de la crisis venezolana y el intervencionismo de EEUU, quiero volver sobre algunos puntos que contradicen “las narrativas” relacionadas con el lugar de Cuba y los cubanos en este complejo contexto geopolítico.
No es la primera vez que asesores militares y de seguridad cubanos colaboran con gobiernos establecidos en América Latina y el Caribe. Lo hicieron con Salvador Allende en Chile (1970-73), con el Frente Sandinista en Nicaragua (1979-1990), con Maurice Bishop en Granada (1979-83). Por supuesto, su peso específico fue muy inferior a la colaboración civil, con esos y otros gobiernos, como también ha sido el caso en Venezuela.
Su rol en la seguridad o asesoría en aquellos países y gobiernos no involucró tropas destinadas a participar en operaciones militares. Ese rol en los terrenos de la salud, la educación, el deporte sí lo tuvieron con miles de médicos y personal de salud, maestros, instructores deportivos y de arte.
Por otra parte, tanto en el caso de los trabajadores civiles en Granada como en el del reducido grupo de militares que cumplían tareas de seguridad personal en Venezuela, se vieron envueltos en una intervención de EEUU que desbordaba con mucho su misión, número y los medios de que disponían. La lección de los 24 caídos en Granada, así como los 32 en Venezuela, es que pudieron haber desistido de enfrentar a una fuerza tantas veces superior; y que su resistencia no fue solo su compromiso, o su fidelidad a la causa, ni tiene nada que ver con fanatismo ideológico o vocación suicida; sino parte de una cultura política patriótica, activa en cualquier lugar donde estuvieran atrincherados. También allá estaban defendiendo la patria.
Por si a alguien le parece una consigna, subrayo que este es un dato de inteligencia militar relevante para un escenario de agresión contra Cuba. Fue la antilección que aprendieron los oficiales de la CIA que planearon Playa Girón, así como el gobierno de JFK, a quienes los exiliados cubanos recién llegados les aseguraba que los milicianos y el Ejército cubanos no iban a pelear.
Claro que no estamos en los años de la Crisis de octubre, o de las misiones internacionalistas en Angola, o de la alianza económica y el suministro militar con la URSS, sino en el mundo posGuerra fría, donde nos quedamos “a solas con el imperialismo”, Kiva Maidanik dixit.
Cuando ese cambio geopolítico ocurrió, no hubo diálogo con Cuba, sino que EEUU aprobó la Ley Torricelli, dirigida a “apretar el embargo de EEUU contra Cuba y promover el cambio democrático en las isla”. Así que los carros en Little Havana se llenaron de calcomanías que proclamaban “Next Christmas in Havana” y un best-seller titulado La hora final de Castro (“esta vez sí”) apareció como la guía de ese derrumbe. Aunque nadie lo tomaría en cuenta en aquel momento, entre sus lectores estaba un joven que estudiaba la licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de la Florida, nombrado Marco Rubio. Desde entonces, han pasado casi 35 años.
Una de las lecciones derivadas de la Operación Absolute Resolve es que a pesar de su planificación milimétrica y uso de una fuerza desproporcionada (para el objetivo de secuestrar a un jefe de Estado), un puñado de militares cubanos fueron capaces de darles batalla durante dos horas. La historia oficial sobre la eficiencia impecable de la operación habría sido insostenible, si apenas alguna de las infiltraciones en el sistema de defensa venezolano hubiera fallado, o si los cubanos hubieran recibido refuerzos.
Otra lección, o más bien antilección, es que hacer deducciones del caso venezolano para Cuba resulta riesgoso, por decir lo menos. Especialmente si se pasan por alto las grandes diferencias entre ambas, en términos históricos, económicos, sociales, culturales, de sistemas políticos. Y de fuerzas armadas. Suponer que los EEUU no lo saben subestima su nivel de información sobre la Cuba real.
Según la CIA (Cuba Military 2024, CIA World Factbook), “las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) son un pilar central del régimen cubano y se consideran el guardián de la revolución. Las FAR se centran en gran medida en proteger la integridad territorial y el Estado, y perciben a Estados Unidos como su principal amenaza. El ejército, que una vez superó los 200 mil efectivos, ahora se estima que cuenta con unos 40 mil soldados y es una fuerza basada en el servicio militar obligatorio, equipada con armas y equipos de la era soviética”.
La CIA sabe eso y mucho más. Según Globalmilitary.net (Cuba Military Forces & Defense Capabilities ) “el Ejército cubano cuenta con alrededor de 50 mil efectivos activos y una robusta reserva y fuerza paramilitar que supera el millón, lo que facilita la movilización rápida para la defensa del territorio nacional”.
En términos estratégicos, según esta misma fuente, se mantiene “una doctrina defensiva que enfatiza la protección territorial a través de una estrategia de ‘guerra del pueblo’ basada en la movilización masiva… y una postura militar orientada a la disuasión dentro de limitaciones geopolíticas.” “Estos esfuerzos posicionan a Cuba en mantener una defensa creíble dentro de límites fiscales y tecnológicos.”
“La modernización militar de Cuba se caracteriza por un esfuerzo enfocado en actualizar equipos de la era soviética, especialmente los sistemas de defensa aérea, mediante colaboración con Bielorrusia y Rusia. Aunque limitadas en alcance debido a factores económicos y geopolíticos, estas iniciativas mejoran las capacidades defensivas de Cuba”.
En resumen, según las plataformas dedicadas a temas militares y de seguridad a nivel global, Cuba mantiene niveles de defensa eficaces y apropiados para sus necesidades, limitados a fines disuasivos y de resiliencia defensiva. La observación de que esto ocurre “dentro de restricciones geopolíticas” no es superflua. Ninguna de estas plataformas — MilitarySphere.com, Globalmilitary.net, Armyrecognition.com, Globalfirepower—registra nada parecido a bases militares extranjeras en la isla. A pesar de la especulación en torno a instalaciones chinas o rusas, de las que algunos “medios serios” se han hecho eco, ni siquiera Trump o Rubio han recurrido a este argumento en sus referencias a Cuba.
Otra diferencia de fondo con respecto a Venezuela en materia de seguridad es la relación de cooperación con los EEUU, particularmente, en áreas prioritarias como el control migratorio y la intercepción del narcotráfico en el Caribe y aguas aledañas.
Esta cooperación ha incluido diversos tópicos, sobre los que se avanzó no solo con las administraciones demócratas, sino con la republicana entre 2017 y 2020. Entre 2015 y 2024, se acordaron ocho grupos de trabajo bilaterales, para enfrentar de manera conjunta el terrorismo, el tráfico ilícito de migrantes y el fraude migratorio, el lavado de dinero y otros delitos financieros, la asistencia judicial en materia penal, seguridad de comercio y protección de las personas, la trata de personas, la ciberseguridad y los ciberdelitos (“Antecedentes y valoraciones necesarias sobre la cooperación bilateral oficial entre Cuba y los Estados Unidos, en materia de Aplicación y Cumplimiento de la Ley”, 17 de diciembre, 2025, ponencia Centro de Investigaciones de Política Internacional)
Construir un expediente sobre el liderazgo cubano y Cuba como el que EEUU armó para preparar la agresión a Venezuela contradice todo esto. Algunos lectores me dirán que Trump es capaz de urdir “una narrativa” que ignore esos intereses y esa cooperación, como lo ha hecho al paralizarla a lo largo de 2025. Seguro que sí. Pero ni él, ni el mismo Rubio, han encontrado sentido en extender a Cuba la lógica de la fuerza militar contra Venezuela. A pesar de las lecturas sensacionalistas que sus referencias a Cuba han suscitado en algunos medios, el argumento “Cuba se va a caer sola” ha prevalecido; pues lo que le queda a EEUU es “destruir el lugar”, opción que no lograría lo que se supone es el objetivo: “llevar la democracia y la libertad al pueblo cubano”. Sino apenas “castigar al régimen”, con pocos resultados prácticos en sus propósitos políticos. Porque una cosa es “la narrativa”, y otra la puesta en escena.
Aquí llegamos a otra diferencia fundamental entre Venezuela y Cuba que muchos pasan por alto, y que podríamos definir como la economía política de la intervención.
¿Cuál era el objetivo real de la Operación Absolute Resolve?
La actual fase de la intervención ha hecho aún más ostensible que su meta era asegurarse ese petróleo cercano y que su constituency son las corporaciones petroleras. To run Venezuela es la manifestación más descarnada y actual del imperialismo, según lo describieron sus estudiosos y doctrinarios a principios del siglo XX.
Según esa caracterización, EEUU no necesita ocupar Venezuela, ni establecer siquiera enclaves militares en su territorio, o apropiarse de los yacimientos de petróleo y otros minerales más estratégicos todavía. Como diría el almirante Alfred T. Mahan en sus textos clásicos de geopolítica, lo que necesita EEUU es administrar esos territorios como sus new possessions. Y si los actuales gobernantes se plegaran a ese nuevo orden, habría conseguido su objetivo a un costo mínimo.
Probablemente a corporate man como Trump, orgulloso de sus habilidades para resolver conflictos aplicando su peculiar versión de la realpolitik, estaría dispuesto a “cuadrar la caja” con una dirigencia cubana que estuviera dispuesta a ceder a sus intereses.
Si consideráramos momentáneamente la hipótesis de extender a Cuba las políticas inventadas hacia Venezuela, encontraríamos algunos resultados interesantes, y muy contradictorios con ciertas nociones aceptadas sobre el sentido que persiguen. Aunque sabemos que se trata de un escenario muy improbable, vale la pena examinarlo, por lo que nos revela acerca de la congruencia y naturaleza de esas políticas.
Lo primero que salta a la vista en el esquema de Rubio para Venezuela, estabilización-recuperación-transición, es que la cuestión de “la democracia y la libertad” resulta relegada. En efecto, esa fórmula coloca por delante el aseguramiento del orden público y el funcionamiento de las instituciones existentes, en oposición a la turbulencia que generaría un intento de cambio político “democratizador” abrupto.
Una vez asegurada esa estabilidad, vendría la recuperación económica. Como se sabe, dada la naturaleza estructural de muchos problemas, y su articulación interna/externa, esa recuperación en Cuba no podría ser resuelta en unos meses, y en algunos aspectos, según la mayoría de los expertos, requeriría años. Lo más obvio es que las necesidades de capital externo resultarían imprescindibles en varios sectores. Pero invertir en una economía cuyos déficits empiezan por la infraestructura (energía, agua, carreteras y vías férreas, etc.), sector que no garantizaría ganancias a corto plazo, no se resuelve con una varita mágica. Hasta aquí bastaría para percatarse de que la cuestión de la recuperación es más compleja de lo que parece.
Entonces vendría “la transición”, que sería la transformación del modelo político. Aunque es posible imaginarla, ahora mismo no queda claro cómo y hasta qué punto se transformaría el vigente. Y mucho menos quiénes serían los protagonistas de ese cambio.
Si ese esquema de Rubio animara realmente la política hacia Cuba, más bien deberían proponerse facilitar una política de reformas como la que el actual gobierno cubano está obligado a implementar para encaminar la recuperación.
En lugar de asediarlo y amenazarlo, debería replicar la política que tuvo George H. Bush hacia China en 1978, al restablecer relaciones; y la que promovieron el senador republicano John McCain y el demócrata John Kerry para restablecerlas con Vietnam (1995). Reformas que no respondieron a amenazas ni dictados externos, sino salieron de los cambios en los propios partidos comunistas.
Aprendiendo de esas lecciones, podrían también percatarse de que las diásporas china y vietnamita no tuvieron un papel protagónico en generar las reformas, aunque sí se beneficiaron ampliamente de la Reforma y apertura y el Doimoi. No solo en los espacios abiertos para su regreso y participación activas en la economía, sino en la educación, la cultura, la ciencia, y en general, en la reintegración a sus sociedades de origen, en lugar de seguir oponiéndoseles, apoyando las políticas recalcitrantes y aislacionistas de sus exilios históricos.
Gracias al mantenimiento de esas relaciones, y al diálogo continuado de EEUU con esos dos gobiernos al más alto nivel, sus empresas, universidades, instituciones culturales, y muchas agencias de gobierno, como las de protección del medio ambiente, lucha contra el crimen organizado, el narco, etc. pudieron coordinar y avanzar en beneficio de sus intereses.
Para que esas reformas caminaran, se necesitó un Estado fuerte capaz de refundar un sector público moderno, que impulsara y controlara el desarrollo, garantizara el bienestar y los servicios sociales básicos, y redujera drásticamente la pobreza. Sin ese Estado fuerte no es posible garantizar la estabilidad ni alcanzar la meta volante de la recuperación, en camino a una modernización integral de todo el sistema.
Las oportunidades para influir en esos cambios internos/externos pasan entonces más por la conversación que por los ultimátums, por la cooperación que por las amenazas. Estas solo pueden suscitar reacciones en defensa de la soberanía y la independencia nacional, de las que los cubanos somos extremadamente celosos; incrementar el legado de desconfianza acumulado con EEUU; y en última instancia, perjudicar el clima de libertad y debate necesarios para avanzar en los cambios. Ese ha sido el efecto típico de la mentalidad de fortaleza sitiada, lo cual no debería ser un misterio para EEUU ni para nadie que conozca a Cuba.
Para concluir, llegamos al tema inicial de estas notas. ¿Cuál sería el sentido de la política interna ante esta situación geopolítica?
Mirando atrás, durante el corto verano de Obama, lo más complicado no fue el impacto de su discurso sobre la sociedad civil, el efecto de su semblante “buena gente” sobre unos cubanos acostumbrados a la prepotencia imperial clásica, o la lentitud de nuestros aparatos ideológicos para actualizarse al nuevo contexto. Lo más delicado fue la vinculación entre el progreso en las relaciones bilaterales y la dinámica de las reformas en curso.
Muchos problemas que integran la agenda pendiente de las reformas cubanas se ubican en áreas tangentes con la agenda estadounidense hacia Cuba. Entre estos se encuentran, por ejemplo, la ampliación del sector privado y las facilidades otorgadas para su desarrollo; la expresión de la opinión pública y la autonomía real de los medios; el acceso y eficiencia de Internet; el lugar de los emigrados y su estatuto ciudadano; la legislación pendiente sobre asociaciones, derecho a protestas públicas, reuniones, culto religioso; etc. Esta agenda estadounidense las recarga políticamente de manera negativa.
Por esa razón de más, una política interna coherente, no reactiva ni coyunturalista, exigiría avanzar en cambios internos y externos que refuercen su autonomía y la desvinculen de la dinámica de las relaciones bilaterales. Es decir, impedir que el significado y la razón de ser de esos cambios se contamine a los ojos de la opinión pública, y por el contrario, se refuerce el consenso necesario para implementarlas, disminuido por los años de crisis y políticas ineficaces. El manejo comunicativo sobre la naturaleza de esos cambios internos, su alcance e implicaciones políticas resultaría clave también para contribuir a una lectura apropiada de nuestra politica exterior, incluida la que tenemos hacia Estados Unidos.
¿Qué hacer, tomando en cuenta la circunstancia creada por la intervención en Venezuela y la perspectiva de 2026? ¿Cuáles deben ser las políticas prioritarias, coherentes con una estrategia para salir de la crisis y que se hagan cargo de la complejidad del momento? ¿Para avanzar, enfrentando los retos, y reforzando el consenso, sin dejarse arrastrar por el síndrome de fortaleza sitiada?
Les pasé estas preguntas a un grupo de investigadores de la economía y la política cubanas, de distintas edades y trayectorias, residentes aquí y activos en algunas de nuestras instituciones. Termino estas notas con un sumario de sus respuestas, que les pedí fueran telegráficas.
1. Reforma y reestructuración del sector empresarial general, fundamentalmente estatal. Redimensionarlo, ampliando las facultades de esas empresas; e introducir mecanismos de mercado en su funcionamiento para superar el inmovilismo burocrático.
2. Una política de saneamiento y transparencia financiera y bancaria (incluyendo una nueva política tributaria); y una política monetaria proactiva, que garantice una tasa de cambio única (económicamente fundamentada) flotante para toda la economía.
3- Consolidar, ampliar, profundizar, dinamizar las relaciones comerciales con Rusia y China. Activar una diplomacia económica y política con otros países para asegurar líneas de abastecimiento de combustibles (México, Rusia, Irán, Argelia, Angola).
4- Estimular las exportaciones por todas las vías posibles. Lograr nuevos acuerdos en otras regiones (África y eventualmente Asia), especialmente para exportar servicios médicos.
5- Generar iniciativas para resolver los impagos de la deuda externa, incluyendo activos, emisión de bonos, etc., con el objeto de abrir créditos internacionales y fomentar mayor inversión extranjera. Apertura más decidida al capital extranjero y más facilidades para concretar los negocios; incluyendo a los cubanos residentes en el exterior, para quienes debería crearse una vía expedita (fast track).
6. Promover la producción de alimentos, incluyendo caña de azúcar.
7. Sustituir la planificación económica centralizada de asignación de recursos materiales y financieros heredada de la URSS. Establecer el mercado como regulador de la economía estatal y no estatal. Mantener la planificación estatal centralizada para determinar el desarrollo estratégico de la economía y para evitar las desviaciones del mercado que afecten a la población, sobre todo a los más vulnerables.
8. Convertir la mayoría de las empresas estatales en empresas públicas por acciones, que puedan ser adquiridas por los trabajadores y otras personas naturales y jurídicas nacionales y extranjeras. La gestión de estas empresas debe ser decidida por sus propios trabajadores, encargados de postular y elegir a los principales dirigentes empresariales.
9. Aplicar las distintas modalidades de la democracia directa, donde los ciudadanos tomen decisiones en los asuntos públicos de obligatorio cumplimiento. En las elecciones generales 2028, que las Comisiones de Candidatura postulen dos candidatos por cada escaño del parlamento, e igual procedimiento en las próximas elecciones del PCC y de las organizaciones de masas y sociales.
Como algunos de ellos me advierten, nada de esto tiene un carácter técnico-económico separado de procesos políticos que deben fluir y negociarse paralelamente; y que construir consenso abajo y arriba es clave para entender los riesgos que deben asumirse, lo que se debe ceder o sacrificar.
Solo agregaría que, si bien las reformas tienen que diseñarse y aplicarse desde el Estado, las nuestras implican la renovación de un pacto social, que solo puede alcanzarse de frente a la sociedad. Ahorrarse esa confrontación, por consideraciones o conveniencias de cualquier índole, carecería de sentido como política socialista.
El bailarín cubano Patricio Revé, nuevo miembro del Royal Ballet de Londres
Londres.
El Royal Ballet de Londres incorporó hoy a su cuerpo de danza como bailarín principal para la temporada 2026-2027, al talentoso cubano Patricio Revé.Patricio hizo su debut como artista invitado con la compañía en mayo de 2025, en el papel principal de Romeo junto a Natalia Osipova en Romeo y Julieta, y desde entonces ha aparecido en Osipova/Linbury en noviembre, presentó la compañía en sus redes sociales.
Para él, actuar junto a artistas tan increíbles y ser parte de esta histórica empresa es un honor. Agradezco a todos los bailarines y personal que me han hecho tan bienvenido, amplía la publicación.
Por su parte, el director del Royal Ballet, Kevin O'Hare, le da una calurosa bienvenida a Revé, argumentando que su estilo y su presencia escénica natural han causado una positiva impresión durante sus apariciones como invitado.
Carlos Patricio Revé, nacido en La Habana, es un artista formado en la Escuela Cubana de Ballet, ex miembro del cuerpo de baile del Ballet Nacional de Cuba, el Queensland Ballet (Australia) y casi integrante del Ballet de San Francisco (Estados Unidos), cuyo acceso no procedió por razones logísticas.
Bailó en las producciones coreografiadas por Alicia Alonso: Don Quijote, Giselle, El lago de los cisnes, Carmen, Paquita y La Fille mal gardée, entre otras, y por su trayectoria ha recibido el Premio al Mejor Bailarín (2018), otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
lunes, 12 de enero de 2026
Para Cuba, cero petróleo, amenaza Donald Trump
Ap, Afp y Reuters
Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, conminó ayer a Cuba a “alcanzar un acuerdo” o enfrentar consecuencias no especificadas, y advirtió que el flujo de petróleo y dinero venezolano hacia La Habana se detendrá.
“¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba: cero”, escribió todo en mayúsculas en su red Truth Social, y agregó: “Les sugiero encarecidamente que alcancen un acuerdo, antes de que sea demasiado tarde”.
Trump no dio detalles sobre a qué tipo de acuerdo se refiere, o qué es lo que se podría lograr en caso de alcanzarlo.
Poco antes de su mensaje dirigido al gobierno cubano, Trump reposteó un comentario de un usuario de la red X que sugería que su secretario de Estado, Marco Rubio, sería presidente de Cuba, y añadió: “¡Suena bien para mí!”
Liderada por Miguel Díaz-Canel, Cuba, importante beneficiaria del petróleo venezolano, ahora ha sido marginada de esos envíos, mientras las fuerzas de Estados Unidos continúan incautando buques cargueros en un esfuerzo por controlar la producción, refinación y distribución global de los hidrocarburos del país caribeño, como parte del objetivo que Trump planteó para su ofensiva contra esa nación.
El gobierno cubano informó en días pasados que 32 de sus militares murieron durante la operación estadunidense en la que fueron secuestrados el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, el 3 de enero.
Personal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del ministerio del Interior de Cuba se encontraban en Caracas, la capital de Venezuela, como parte de un acuerdo entre la isla y la república bolivariana.
Se regodea de las muertes en el ataque a Caracas
Trump dijo que “Cuba vivió, durante muchos años, de grandes cantidades de petróleo y dinero provenientes de Venezuela. A cambio, Cuba proporcionó ‘servicios de seguridad’ a los dos últimos dictadores venezolanos, ¡pero ya no más!”
Agregó que “la mayoría de esos cubanos están muertos por el ataque de Estados Unidos la semana pasada, y Venezuela ya no necesita protección de los matones y extorsionadores que los mantuvieron como rehenes durante tantos años”.
Finalmente, dijo que “Venezuela ahora tiene a Estados Unidos, el ejército más poderoso del mundo (¡por mucho!), para protegerlos, y los protegeremos”.
La inteligencia estadunidense ha pintado un panorama sombrío respecto a la situación económica y política de Cuba, pero sus evaluaciones no respaldan claramente la predicción de Trump de que la isla está “lista para caer”, informó Reuters el sábado, al citar a tres personas familiarizadas con dichos documentos, los cuales son de carácter confidencial.
Algunos legisladores republicanos elogiaron el domingo a Trump por sus comentarios agresivos sobre Cuba, entre ellos el anticastrista Mario Díaz-Balart, representante por Florida de origen cubano.
“Estamos presenciando lo que, estoy convencido, será el principio del fin del régimen en La Habana”, escribió en español en X.
“Estamos hablando”
Al cierre de esta edición, Trump aseguró, sin dar precisiones, que “estamos hablando con Cuba, y lo sabrán muy pronto... Uno de los grupos que quiero que se cuide son las personas que vinieron de Cuba y que fueron obligadas a irse o abandonadas bajo presión, y que en este momento son grandes ciudadanos de Estados Unidos”.
En declaraciones a bordo del Air Force One, señaló que su gobierno está trabajando bien con la mandataria encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y que está dispuesto a reunirse con ella.
“Venezuela está funcionando realmente bien. Estamos trabajando muy bien con el liderazgo”, indicó, y a la pregunta de si planeaba reunirse con Rodríguez, respondió: “En algún punto lo haré”.
https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/12/mundo/para-cuba-cero-petroleo-amenaza-donald-trump
sábado, 10 de enero de 2026
Cuba es un pueblo duro
Por Yuliet Teresa
“Cuba es un pueblo duro”, dijo el magnate norteamericano. No lo dijo como elogio. Lo dijo como quien constata un obstáculo. Un tipo habituado a falsear la realidad tropezó, por una vez, con una verdad incómoda. Duro no es un rasgo moral. Es una condición histórica.
Duro es un pueblo que decidió —en circunstancias extremas— no aceptar como destino la subordinación. Un pueblo que, desde una isla periférica, se propuso desmontar el orden social heredado: el de la tierra concentrada, el analfabetismo estructural, la miseria como paisaje, la política como privilegio de unos pocos.
Cuando Fidel Castro dijo La historia me absolverá, no estaba prometiendo el paraíso. Estaba enumerando tareas pendientes. Y las enumeró con precisión casi técnica: tierra para quienes la trabajan, educación para quienes nunca la tuvieron, salud como derecho, empleo digno, vivienda, justicia social. No metáforas. Programas. Y aquí estamos, disputándonos. Jodiéndonos por tenerlo, por hacerlo.
Duro es haber convertido esas promesas en políticas públicas. La reforma agraria no fue un gesto simbólico: fue la ruptura con el latifundio y con una economía diseñada para exportar riqueza y producir pobreza. La alfabetización no fue una campaña romántica: fue la decisión política de declarar intolerable que un país no supiera leerse a sí mismo.
La salud pública no fue caridad: fue la construcción de un sistema universal en un contexto de bloqueo económico sostenido. Y aquí estamos, jodiéndonos por tenerlo, por hacerlo.
Duro es haber apostado por la cultura como derecho y no como ornamento.
Haber fundado editoriales, escuelas de arte, cines, teatros, instituciones científicas, mientras el bloqueo económico se cerraba y el aislamiento se profundizaba. Haber entendido que la batalla ideológica también se libra en el pensamiento, en la creación, en la palabra. Y aquí estamos, jodiéndonos por tenerlo, por hacerlo.
Duro es haber sostenido un proyecto social bajo presión constante: sabotajes, invasiones, sanciones, campañas de descrédito, asfixia financiera. A noventa millas del centro del poder global. Con recursos limitados y errores propios que también pesan.
Duro es haber hecho de la solidaridad un principio organizador: dentro del país y más allá de sus fronteras. Médicos donde no hay médicos. Alfabetizadores donde no hay escuelas. Internacionalismo no como consigna, sino como política exterior.
Duro es haber redefinido la felicidad lejos del consumo. Medir el bienestar en acceso, en derechos, en comunidad. Una definición discutible, imperfecta, pero radicalmente política.
Duro es resistir incluso cuando el desgaste erosiona la épica, cuando la burocracia aplasta, cuando la desigualdad reaparece, cuando la promesa se vuelve más frágil que el sacrificio. Resistir sin dejar de pensar. Sin dejar de criticar. Sin dejar de disputar el sentido. Y aquí estamos, jodiéndonos por tenerlo, por hacerlo.
Duro es un pueblo que no fue diseñado para existir en soledad, pero aprendió a hacerlo. Que no fue pensado para durar, pero duró. Por eso la frase del magnate es cierta a su pesar. Cuba es dura no porque no sienta, sino porque decidió no rendirse. Y aquí estamos, jodiéndonos por tenerlo, por hacerlo.
Y esa —le guste o no al imperio— es nuestra mayor conquista.
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Procedente de México, llega buque a Cuba con 85 mil barriles de crudo
Afp. La Habana. 10 de enero 2026. Un buque petrolero llegó ayer a La Habana cargado con 85 mil barriles de crudo procedente de México, país que suministra hidrocarburos a Cuba, en el contexto de la crisis en Venezuela.
El petrolero Ocean Mariner salió el pasado 5 de enero de la terminal de Petróleos Mexicanos (Pemex), ubicada en Pajaritos en el puerto de Coatzacoalcos, Veracruz, con destino a la refineria Ñico López en La Habana, declaró a la agencia AFP Jorge Piñón, investigador de la Universidad de Texas.
Pemex no confirmó esta información ante una solicitud de la agencia.
Esta semana, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo admitió que ante la crisis que afronta Venezuela, “evidentemente, México se vuelve un proveedor importante” de la isla; sin embargo, declaró que “no se está enviando más petróleo del que se había enviado históricamente. No hay un envío particular”.
La mandataria respondió así en su habitual conferencia a una pregunta sobre un reporte del diario británico Financial Times que reveló que en 2025 los envíos de petróleo mexicano a Cuba superaron a los de Venezuela.
Sheinbaum Pardo aclaró que estas entregas se hacen bajo contratos o un esquema de “ayuda humanitaria”, pero su gobierno no ha hecho públicos estos convenios ni la manera en que La Habana paga el crudo.
Venezuela era el principal proveedor de la isla
La llegada del Ocean Mariner a Cuba ocurre en un contexto de suma tensión por la captura de Nicolás Maduro en Caracas y el control que Estados Unidos ha tomado del petróleo de Venezuela, que hasta hace unos meses fue el principal proveedor de crudo para Cuba.
Desde el año 2000, Cuba aseguró con Venezuela su suministro de petróleo mediante un acuerdo firmado con el entonces presidente Hugo Chávez (1999-2013), a cambio del envío de médicos, maestros y otros profesionales a la nación sudamericana.
Trump aseguró recientemente que Cuba “está a punto de caer”, y amenazó a México con ataques terrestres contra los cárteles de la droga.
Esta declaración es vista como un aviso para la presidenta Sheinbaum de que “si México no actúa más enérgicamente contra el narcotráfico, se podrían parar las negociaciones” del acuerdo comercial T-MEC, previstas para este año, declaró a la AFP el experto en seguridad nacional y fuerzas armadas, Raúl Benítez Manaut.
Además, es una alerta de “que van a empezar a presionar muchísimo al gobierno de México porque corte el abastecimiento de petróleo a Cuba”.
En septiembre pasado, Pemex informó a la Comisión de Valores de Estados Unidos que su subsidiaria, Gasolinas Bienestar, envía desde 2023 petroleo a la isla caribeña y que en los primeros nueve meses del año exportó 17 mil 200 barriles diarios de crudo, por un valor de 400 millones de dólares.
viernes, 9 de enero de 2026
Estados Unidos traslada parte de su flota en el Caribe al norte de Cuba
El ejército de Estados Unidos redujo el volumen de la flota que mantiene desplegada desde el verano en el Caribe, tras la operación del pasado 3 de enero, en la cual secuestró al presidente venezolano, Nicolás Maduro, y trasladó dos buques de transporte anfibio a aguas al norte de Cuba como parte de su reorganización, informó el diario The New York Times.
Funcionarios anónimos citados por el rotativo indicaron que el contingente comenzó a reducirse pese a que la administración de Donald Trump aseguró que mantendrá navíos desplegados en la región y las operaciones para destruir, sin haber presentado pruebas, las presuntas narcolanchas en el Caribe.
Estos movimientos incluyen el traslado del Iwo Jima y el San Antonio, ambos buques de transporte de tropas para desembarco anfibio, a aguas al norte de Cuba en el Océano Atlántico.
EU mantendrá despliegue militar en el Caribe
Estos movimientos reducirían el número de tropas estadunidenses en el Caribe en aproximadamente 3 mil hasta dejarlo en 12 mil efectivos, añade el diario.
A su vez, al menos uno de estos dos buques podría regresar al puerto base que ambos navíos tienen en Norfolk, estado de Virginia, en las próximas semanas, indicó uno de los funcionarios citados.
Desde el pasado verano y en el marco de su campaña para presionar a Maduro para que abandonara el poder, Washington mantuvo el mayor despliegue militar jamás visto en el Caribe, lo que incluye el envío de destructores, buques de transporte anfibio y el portaaviones Gerald Ford, el mayor y más moderno del mundo.
miércoles, 7 de enero de 2026
Estados Unidos controlará indefinidamente las ventas de petróleo venezolano
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, anunció este miércoles que Washington asumirá el control de las ventas de crudo venezolano por un periodo indefinido, tras el acuerdo alcanzado con las autoridades interinas del país sudamericano.
En una conferencia energética organizada por Goldman Sachs en Miami, Wright explicó que el gobierno estadunidense comercializará primero el petróleo almacenado y represado, y posteriormente, de manera permanente, toda la producción futura de Venezuela.
Los ingresos de estas operaciones se depositarán en cuentas gestionadas por Washington. "Trabajamos en estrecha colaboración con los venezolanos", señaló el funcionario, un día después de que el presidente, Donald Trump, informara que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de crudo, los cuales serán transportados en buques cisternas hacia puertos estadunidenses.
Wright precisó que Estados Unidos autorizará la venta de este petróleo a refinerías en su territorio y en otros países, pero todas las transacciones serán realizadas directamente por el gobierno norteamericano.
"Los fondos podrán regresar a Venezuela para ayudar al pueblo, pero requerimos este control sobre las ventas petroleras para promover los cambios necesarios en el país", enfatizó.
El secretario reconoció que la reactivación de la industria venezolana demandará decenas de miles de millones de dólares y un tiempo considerable, aunque destacó la "enorme oportunidad" que representa, con la posibilidad de sumar cientos de miles de barriles diarios adicionales en el corto y mediano plazo.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, alrededor de una quinta parte de las totales del mundo, pero su producción actual apenas alcanza el 1 por ciento de la oferta mundial.
El presidente estadunidense tiene programada para el viernes una reunión en la Casa Blanca con directivos de las principales compañías petroleras.
Todo esto ocurre tras el secuestro de Nicolás Maduro el pasado sábado, en una operación que, según Trump, permitirá a empresas estadunidenses revitalizar el sector petrolero venezolano en un plazo de 18 meses.
martes, 6 de enero de 2026
La verdadera razón...
... por la que Estados Unidos está invadiendo Venezuela se remonta a un acuerdo que Henry Kissinger hizo con Arabia saudita en 1974