Por Rosa María Robles Montijo / En el Día Mundial del Libro...
| Escultura en bronce de Étienne Pirot (Francia, 1952) |
Esa virtud ha tenido el libro por los siglos de los siglos y la sigue teniendo.
Sea cual sea su destino, todos los libros nacen buscando ojos, miradas que se posen en sus letras y ya sea tranquilos o desbocados, las recorran y devoren.
En ocasiones, los libros se ríen de nosotros los lectores, al vernos llorar, gemir, estremecernos, indignarnos, o caer rendidos ante sus palabras. Los libros son mudos pero no sordos y nos escuchan.
Pienso en los libros exitosos y en los libros que por no venderse los trituran, los que dejamos en el olvido y los que terminaron en la hoguera censurados. Libros que nos mecen en sus páginas y otros que nos sacuden como borrasca.
En su extraordinario Diccionario del Uso del Español, María Moliner define a la palabra Libro como “La ventana maravillosa por la que uno se asoma al mundo”. Y es verdad, aunque también, pienso que los libros son seres vivos que nos observan, gargantas que nos hablan y lenguas que nos lamen. Son dientes que nos muerden y en ocasiones nos desgarran. Son además brazos y manos que nos arrullan o nos arañan. Hilos que nos conducen a otros territorios en los que nos enredan y arrastran.
Los libros son la mejor arma para sobrevivir a cualquier guerra.
Son hechiceros que pueden hacernos creer, que la muerte no existe y que la vida es para siempre.
En los libros, he muerto varias veces y otras tantas he resucitado…
Culiacán, Sinaloa, 23 de abril de 2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario