jueves, 3 de mayo de 2018

Decir todo lo que uno sabe, quiere... o puede

Por Juan Nicolás Padrón

Recientemente la Editorial Ojalá ha acertado con nuevos libros, imprescindibles en la música y en la cultura cubanas; uno de ellos, Decirlo todo, del profesor Guillermo Rodríguez Rivera, no solo se caracteriza por ser un texto sincero y ameno, sino también por su utilidad para el ejercicio del pensamiento y el rescate de la memoria histórica de la nación, sobre todo al iluminar rincones oscuros de su Historia. A veces, por incómodos, hay una voluntad de olvidar estos ángulos ocultos, que, al no estudiarse, se erigen en tareas del “plan de trabajo” de los enemigos de Cuba, que saben del ancestral gusto humano por “lo prohibido”.

Decirlo todo complementa y amplía lo que se conoce superficialmente o se ha divulgado solo de manera parcial, con ojos de lupa y tanta cautela que apenas se profundiza en “las causas de las cosas”; es un libro que, como las Polémicas culturales de los 60, seleccionadas por Graziella Pogoloti, resulta obligatorio para enriquecer y matizar el conocimiento, que además debe partir preferiblemente de los ineludibles documentos históricos ─bien recogidos por José Bell, Delia Luisa López y Tania Caram en Documentos de la Revolución Cubana, por citar un ejemplo─, y no de ciertas versiones descafeinadas, y hasta falsas, ni de los refritos y la papilla “sinflictiva”.
     
Para vivir con seguridad y verdad revolucionaria, amor y convicción patriótica, a veces hay que estar operado de los nervios, e incluso, llegar a ser temerario; otras, hay que quedarse tranquilo y callado, esperando el momento oportuno para enfrentar a burócratas y tecnócratas con todos los argumentos, pero no se puede tener miedo a nada ni a nadie; no basta comprarse un perro o tener un padrino poderoso, que casi siempre se esfumará ante una circunstancia complicada, porque solo quedan “los que puedan sonreír / en medio de la muerte, en plena luz”. Quien tenga miedo, ese temor lo acompañará a cualquier parte, esté donde esté. Por eso hay que decirlo todo, aunque parezca una utopía, porque, en realidad, uno dice solo lo que sabe, lo que quiere… lo que puede.

Las clases de Guillermo en las noches de finales de los años 70 en el curso para trabajadores de la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana, nunca serán olvidadas. Mis compañeras se estremecían con la lectura que el profe hacía de poetas españoles de la generación del 27 y de clásicos de las vanguardias latinoamericanas; a veces le solicitaban “¡Otra!, ¡otra!, ¡otra!”, y él respondía que no era Rosita Fornés, y debía cumplir rigurosamente con la célebre metodología de los P-1, un engendro “metodológico” de la educación de entonces. Pero no solo enseñaba literatura; de ahí partía para educarnos en la sensibilidad social y política de aquellos momentos, como corresponde a la labor de los verdaderos maestros, que mostraban todas las cartas sin ocultar nada. Le gustaba repetir que Cuba era el país de “la tuya”, pues nunca se escuchaba la mentada de madre, una práctica extendida, lamentablemente, durante mucho tiempo, aunque algo hayamos avanzado.

Eran más de las once de la noche cuando terminaban las clases, tres veces por semana, y algunos se sumaban al grupo que acompañábamos a Guillermo al salir de la Facultad; al ritmo de sus pasos cortos subíamos el tramo de la loma de la calle G, en dirección al mar. En no pocas ocasiones nos poníamos de acuerdo para ir al Carmelo de 23, que por entonces iba recuperando lentamente cierto glamour perdido durante el primer “período especial” de finales de los años 60 y principios de los 70. Allí conversábamos de lo humano y lo divino, chistes verdes y rojos, filosofía griega y callejera, la poética de los metafísicos ingleses o la antipoesía parriana, la patología de los burócratas del momento y la necesidad de crear un Frente Amplio para el Desarrollo de la Imaginación, el FADI, según la manía de siglas que nos acompañaba… Guillermo era el líder de la mesa y su magisterio se basaba en una autoridad de raigal cubanía santiaguera, matizada por citas de canciones de Sindo o Matamoros, transformadas en frondosa cubanidad de toda la Isla, cuando el profe, sin abandonar nunca la poesía, mostraba su capacidad ensayística. Pero illo tempore él hablaba y apenas escribía, y no pocas veces lo insté volcar su criolla sapiencia en un libro.

Andando el tiempo llegué a ser editor de Letras Cubanas, trabajé su poemario En carne propia, y cuando me habían asignado Sobre la historia del tropo poético, marché a una misión militar en Angola y perdí esa oportunidad. Al regresar, nos vimos ocasionalmente y le recordaba que debía recoger los deliciosos epitafios que circulaban en los medios culturales, la mayoría concebidos por él, o por el poeta mayor de su generación, Luis Rogelio Nogueras, y también por Raúl Rivero, entre otros. Una de las últimas veces que lo vi me aseguró haber reunido algunos; ojalá que Ojalá los publique también, si existen, quizás con la ayuda del villareño Ricardo Riverón, que se sabe de memoria casi todos. En 2004 Ediciones Boloña, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, le publicó Por el camino de la mar. Los cubanos, reeditado en 2005 y 2008, y publicado en inglés y en francés en 2007, con ensayos que conforman una deliciosa indagación en nuestra psicología social, y un poema paradigmático: “Cubano”.

El libro publicado ahora por Ojalá es una seria contribución a la historia cultural entre 1959 y “los tiempos que corren”, una versión y lectura hasta donde le permitió lo que vivió y revisó; constituye el ejercicio de un pensador y poeta que para algunos sobresale por ser controvertido; para otros, por su agudeza y originalidad, y para todos, por su personalidad auténtica, lúcida y desbordante de ingenio. El texto se caracteriza por sostenerse en una amplia bibliografía y por el audaz ejercicio del criterio, incluso frente a lo establecido; su capacidad de síntesis, su maestría para relacionar hechos aparentemente desvinculados y para generar polémica constructiva, resulta uno de los valores más apreciables del texto.

La Historia no puede estar llena de olvidos, que pueden convertirse en engaños. Los héroes no pueden ser de mármol, piedra o yeso, ni los antihéroes amasados solo con los desechos del estercolero. Las instituciones y personalidades prerrevolucionarias no siempre son olvidables, porque las de la Revolución se construyeron sobre ellas. Por mucha unidad que tengamos hoy, en una familia hay ovejas negras y traidores, grupos y afinidades electivas, grandeza y bajeza humana, alianzas tácticas y estratégicas, momentos de ira y de reflexión… y el libro los enfoca según las vivencias, sensibilidad y saberes de su autor. Historia, sociedad, cultura y política andan juntas en estas páginas, como en la vida, sin fronteras ni parcelaciones heredadas de dogmas eclesiales y estalinistas, diseñados para ejercer la dominación y el control del pensamiento crítico.

Las lecturas de Guillermo y su presencia en diversos grupos, casi siempre con acompañamiento etílico —desde la popular “chispaetrén” hasta los añejos más reputados—, han alimentado un conocimiento heterodoxo y libertario. Habrá quien se desayune con algunas de estas informaciones, a veces por ignorancia hasta explicable, o porque los sorprendidos andan como pesca’o en tarima —tal vez porque les conviene—, con los ojos abiertos, pero sin ver nada. No son digresiones gratuitas sus constantes referentes a la Historia de Cuba para explicarse su propia contemporaneidad; Guillermo despliega su coherencia y cohesión, y una enorme capacidad para trenzar disciplinas que Aristóteles y el occidente cristiano separaron, pero que habrá que volver a unir, como en la bullente polis, para explicarnos avatares del pasado y del presente.

La acumulación de suspicacias y prejuicios ha hecho que practiquemos secretismos —ridículos en tiempos de Internet—, que no “afectemos” nombres “importantes” —como si la grandeza fuera químicamente pura—, no ahondemos en determinadas insuficiencias —porque nuestro pueblo, con altos niveles de instrucción, “no está preparado”—… La reacción de algunos jóvenes, basada en su poca o fragmentaria información, ha sido “irse con la de trapo”, bajo diseños interesados en perjudicar la Revolución, y no distinguir contextos, buscar antecedentes o contrastar versiones; tal descontextualización suele conducir a conclusiones distorsionadas de procesos humanos y sociales contradictorios y complejos. Decirlo todo es uno de los mejores tributos para continuar, con conocimiento de causa, la larga lucha por la emancipación.

Abril de 2018

sábado, 28 de abril de 2018

Ay, Cuba, Cuba...


Ay Cuba, Cuba, esa musiquita ahora, de las entrañas, que conozco como un secreto que fuera mío y no tuyo, tú que eres porque no te has conocido nunca, óyeme, no te vayas detrás de esos extraños como una provinciana ilusionada por un actor de paso que la deslumbra con trajes gastados de teatro, acuérdate de la portada azul con lomerío atrás lejano, acuérdate del "mecido" como de cuna sobre la hoja, y el "va y ven" que entra y sale como un mar del olor del jazmín de noche, acuérdate de tu pulcro vestidito "de tarde": no te vayas detrás de esos extraños, que cuando abras los ojos ya te habrán secado el alma y demudado el rostro que yo amaba. Erguida, modesta, valiente ay!, no serás nunca madre nuestra sino hija, Cuba, Cuba, loca mía, desvarío suave? Ay!, pudiera yo protegerte cantándote tus propios sones de conocimiento "color de arcano", pudiera protegerte con tu propia rapidez tu honda lentitud! Pudiera decirte: no subas a esa alta montaña que tiene al pie todos los bienes de la tierra rebrillando aciagos, tú que nada supiste poseer, secreta y sola como alta palma, flor de desierto. Pudiera proteger los sones que me acunaron y que ahora oigo como si faltara ya poco tiempo para que fueras a morir. Escapa, escapa, pelota, pez, colibrí, escapa, a todas las posesiones, a todas las certezas, a todas las negaciones, a todas las dudas, escapa, cefirillo, de la nube negra al hondo azul. Azul es tu prestancia y lo azul tu secreto. Escapa, como mirada de preso, al aire y al espacio tuyos! 0 salta, enloquece, búrlate, "mi bien", son suave, piérdete, acomete, abeja, miel, sinsonte, jilguerillo, a la sabana moteada, carmín, al "verdeclaro". Que no te toquen, cuerpo glorioso, patria. Porque siempre fuiste "edén" de las primeras miradas que te vieron, "edén" de la trova humilde, principio y fin, paraíso: nada sino esto agarraste, nada sino esto entendiste, lejanía, nada sino que no era esto sino otra cosa que no podías entender bien. Ensoñación modesta, no te toquen. Yo sé que te vas y vuelves, vaivén! Que te meces y me meces, cadencia! Que te vas "lejos, pero no muy lejos", aquí en el allí. Yo sé que tus palmas no rindieron homenaje al Hijo sino a su Huida! Por eso te pido ahora: reconoce! Regresa, Ave, con la Salutación!

Fina García-Marrúz

martes, 24 de abril de 2018

La cultura del maltrato

Por Ernesto Padrón

Fui con mi nieta y mi hija al Zoológico Nacional, en el Parque Lenin. La entrada está establecida a las diez de la mañana, pero abrieron a las diez y veinte. Como se sabe, el recorrido en los ómnibus por el parque se hace también con una guía. Cuando llegamos al lugar de salida solo había un transporte parqueado, sin chofer, y las guías estaban todas, en pleno intercambio de vivencias, sentadas alrededor de una mesa. Por estar ya aclimatados a esa cultura del maltrato, esperamos pacientemente a ver qué pasaba. Pero nadie se nos acercó a explicarnos el porqué de la demora. Me acerqué yo a las muchachas, y una de ellas me dijo que estaban esperando a que los choferes terminaran de merendar. Sin comentario.
Por fin comenzaron a llegar los otros ómnibus y llegó el primer chofer. El hombre apareció gritando y quejándose con malas palabras, por un trasporte, de algún organismo, que le obstruía el paso a su autobús. A continuación le tomó la mano a la guía, a la muchacha que me dio la explicación, y le expresó  —en lenguaje pedestre y delante de los adultos y niños—  sus deseos de enamorarla. Finalmente, ya en el ómnibus, deleitó nuestros oídos con un reggaetón a todo volumen.
Las expresiones de esta “cultura del maltrato” son muchas, y algunas pueden ser surrealistas. Van desde lo que la gente llama “el síndrome de las puertas cerradas” —para comodidad de los empleados o del administrador, se clausuran algunas puertas de entrada a los establecimientos públicos—; el notable desdén de una empleada; el “hay pan con queso y pan con jamón, pero no hay pan con jamón y queso”; o “no se puede sentar ahí porque si llueve ese lugar se moja”. Seguramente los lectores podrían aportar otros miles de ejemplos.
Y ustedes se preguntarán ¿y por qué cultura del maltrato y no maltrato a secas? Pero ahí radica lo triste del asunto. No se trata de un fenómeno ocasional. Se trata de una generalizada mentalidad invertida a la hora de prestar servicio a la población. El que debe servir se cree objeto del servicio. Esa distorsionada mentalidad se ha venido enraizando, cultivando, creo yo, por la falta de recursos; por la falta de estímulo a la eficiencia de los empleados y negocios estatales; por una mala selección y capacitación a los dirigentes; y por la falta de control de la disciplina, de los precios, de la ética en el servicio. Se fue a bolina la profesionalidad.
Qué diferencia con el trato de la mayoría de los establecimientos particulares. El buen trato está marcado esencialmente porque el cliente satisfecho repite y recomienda, es la piedra angular del éxito del negocio y de ese éxito depende el buen salario de los empleados. Y entre estos negocios hay competencia. Al empleado o dirigente estatal eso lo tiene sin cuidado. Ni gana ni pierde con sonreírle al cliente. Y si le es más cómodo que el cliente espere, haga fila, esté obligado a comprar “el módulo”, o se coma primero todo el helado de pistacho, teniendo otros sabores, pues mejor.
No quiero decir con esto que no existan trabajadores y dirigentes estatales que amen su labor y se sientan comprometidos con brindar un buen servicio. En las empresas del turismo, por ejemplo, el trato es bien distinto, porque en ellas opera la misma ecuación de cliente satisfecho = más ganancias para todos.
La cultura del maltrato se da en otros muchos procesos, estatales o particulares; como en el establecimiento de precios surreales,  vender productos de mala calidad u obsoletos. Cuando dar explicaciones a los clientes no es algo sagrado y más bien no darla resulta un recurso para quitárselos de encima. Cuando se alargan vergonzosamente los plazos para resolver los problemas, y cuando se pretende dejarlos por resueltos con un parche.
¿Qué podemos hacer para erradicar esta deformidad? Creo que, como en otros fenómenos de nuestra sociedad, debemos prestar atención a la esencia del socialismo como un proceso consciente, el cual al mismo tiempo que debe buscar la eficiencia económica por medio de la disciplina y la productividad, debe igualmente alcanzar la eficiencia en el terreno de la condición y la solidaridad humana. Porque ambas eficiencias forman parte del mismo proceso. Y por lo general las concebimos y atendemos por separado.
El trabajador debe sentirse motivado por el salario, pero también por el reconocimiento de su calidad profesional y humana; por su superación y permanencia. Debe sentirse motivado por las buenas condiciones de trabajo; porque se le escucha y se le tiene en cuenta en las decisiones; y por tener siempre una meta superior a alcanzar, tanto para él como para el colectivo al que pertenece.
¿Una utopía en medio de tan difíciles condiciones? Conquistar la utopía es la única manera de tener fe en el mejoramiento humano.

Abril de 2018

jueves, 19 de abril de 2018

Cuba: el presente es el comienzo del futuro

Por Charles Romeo

Creo que el año 2018 será recordado como el momento en que los cubanos procedieron a actualizar sus ideas sobre su proceso revolucionario iniciado sesenta años atrás.

El paso implacable del tiempo ha provocado el inevitable cambio de los dirigentes del proceso revolucionario y para ser más preciso, el cambio “del dirigente”, toda vez que es incuestionable que fue Fidel Castro el que concibió no solamente la necesidad de una cambo revolucionario de Cuba sino que además,  el cómo hacerlo y como plasmarlo en una nueva realidad política, social y económica, que a su vez inevitablemente también ha provocado una transformación cultural entre los cubanos, entendiendo por ello su manera de pensar y de vivir. Ese liderazgo se prolongó doce años más después del retiro obligado de Fidel, por la identidad de pensamiento entre él y su hermano Raúl quien lo acompaño en ese proceso desde el primer momento. No olvidar que cuando Raúl Castro cayó prisionero, antes que Fidel, después del fracaso del intento de tomar por asalto el Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba, él asumió verbalmente toda la responsabilidad  por el hecho ante las fuerzas batistianas. Fidel y Raúl Castro fueron la expresión visible del liderazgo por esos seres que crearon lo que me atrevo a denominar la mitología de la Revolución Cubana, que sorprendió al mundo por su increíble audacia y por su éxito en una lucha de algunos cientos de guerrilleros  y combatientes clandestinos en contra de unos 80.000 soldados, marinos, aviadores y policías. Eso es historia.

Que el color verde olivo inicial de la Revolución Cubana se convirtiera en el rojo del movimiento comunista internacional, fue consecuencia de una adaptación  lógica y  por tanto necesaria, a los efectos de poder resistir nuevamente un nuevo combate a muerte, esta vez entre la pequeña Cuba y el gigante norteamericano a solo 90 millas de distancia. Recordar la invasión de Cuba por Playa Girón organizada por la CIA en abril de 1961 y la posterior crisis de los cohetes en Octubre de 1962, consecuencia de un intento de impedir una invasión militar norteamericana de Cuba, que estuvo a punto de desencadenar una guerra nuclear entre la URSS y los EE.UU.

El relevo generacional en la dirigencia de la Revolución Cubana que se está produciendo es consecuencia del paso del tiempo, pero al mismo tiempo de su capacidad para realizarlo tranquila y organizadamente como algo ya previsto y que por tanto fue también debidamente preparado. Marca el fin de una época histórica y el comienzo de una nueva que adquiere toda su trascendencia por su vinculación al otro cambio que se está realizando en Cuba y que es la redefinición de su ideología. En efecto, desde hace ya bastante tiempo,  tanto en los discursos oficiales como en la literatura proveniente del Partido Comunista de Cuba, no hay ya mención de principios marxistas tan utilizados antes para explicar y justificar medidas gubernamentales. En cambio, se reitera la validez del pensamiento de José Martí y sobre todo el hecho de que fue el fundador del Partido Revolucionario Cubano, expresión de la unidad política necesaria para lograr la independencia de Cuba de España, también la base de la política de Fidel Castro para resistir las acciones de los gobiernos norteamericanos en contra de Cuba y mantener su independencia política. Por tanto, el Partido Comunista de Cuba es la continuación por Fidel Castro  del Partido formado por  José Martí. Su color deja de ser rojo para volver a ser verde olivo.

La identificación ideológica con los partidos de otros países socialistas ya no es por tanto ahora el Manifiesto Comunista de Marx y Engels ni los principios políticos seguidos por Lenin, sino la identidad en la lucha por la independencia nacional y la justicia social y económica para toda la población. Como dijo una vez Fidel Castro: “La teoría de Marx nunca fue un esquema: fue  una concepción, fue un método, fue una interpretación, fue una ciencia.”

Caracteriza a  la República Popular China, a la Republica Socialista de Vietnam y a Cuba el dominio político incontrastable de un partido político hegemónico que representa ya no solamente a la clase obrera en alianza con el campesinado, sino que a toda la sociedad en la cual hay hasta empresarios privados, artesanos y cooperativas. Más que la dictadura del proletariado el partido Comunista es la expresión del dominio político de las grandes mayorías, ya consolidado por lo que sucedió en el pasado en estos países, que aprovecha la capacidad empresarial privada para resolver la problemática económica nacional.

¿Un comunismo “light”? ¿La dictadura política de los más sobre los menos? Por muchos y ricos que sean los millonarios chinos son poquísimos en comparación con los más de 1300 millones de chinos, así como los vietnamitas en relación con los 92 millones de habitantes y serán los cubanos ricos entre más de 11 millones, todos estos países con fuerzas armadas populares que no están al servicio de los empresarios nacionales e internacionales.

¿Que son realidades sociales con contradicciones en su interior? ¿Y cuándo existieron sociedades desprovistas de ellas? Eso lo aclararon muy bien Marx y Engels. Vivimos el presente y se vivirá en el futuro que no tiene por qué ser como el ayer.

La Habana, 19 de abril del 2018