miércoles, 19 de mayo de 2021

Humboldt 7: El crimen infinito

Por Ricardo Alarcón de Quesada

 

A Jimenito

 

A pesar del tiempo transcurrido desde el 20 de abril de 1957 se siguen publicando textos relacionados con la masacre ocurrida en la tarde de aquel Sábado Santo que giran, fundamentalmente, alrededor de la delación que condujo al asesinato de Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó, José Machado y Joe Westbrook.


Acerca del delator, sus motivos, su vida y milagros, se ha escrito más, mucho más que sobre sus víctimas. No faltan elucubraciones y falacias que desvirtúan los hechos e incluso cuestionan su culpabilidad. Es como si aquellos compañeros fueran asesinados de nuevo, una y otra vez, hasta el infinito.


Siento el deber de rescatar su memoria. Los cuatro fueron mis amigos y compañeros y Fructuoso fue mi jefe en la Universidad de La Habana, con el compartí luchas y sueños que me obligan a salvarlo del olvido.


Para ello me valdré de recuerdos que me acompañan día y noche.


Lo que sigue es solo una porción de lo que debería ser, y con el favor de Dios, será un escrito mucho más extenso que permita aquilatar mejor lo que Fructuoso y sus hermanos significan para nuestra Historia.


Romper con Fructuoso


Ingresé a la Universidad en 1954 y muy pronto me involucré en las luchas estudiantiles. Matriculé en Derecho y en Filosofía y Letras y en esta última integré como Vicepresidente la lista que encabezaba Eugenia Escalona (Susa) quien más tarde militaría en el Directorio Revolucionario y sería la esposa de Guillermo Jiménez Soler (Jimenito).


En aquellos tiempos había 13 escuelas en la UH, cada una con una Asociación de Estudiantes cuyos Presidentes, electos por voto directo por los alumnos de cada Facultad, elegían entre ellos, a los dirigentes de la FEU.


Nuestra candidatura había sido organizada y era dirigida por Fructuoso Rodríguez, entonces Presidente de la Asociación de Agronomía y el más fiel amigo de José Antonio Echeverría y su principal respaldo en el liderazgo de la Federación. Fructuoso se movía por toda la Colina y encabezaba la batalla para liberarla de los remanentes que aún persistían del “bonchismo” y eran la base de la oposición a José Antonio.


La mayoría del alumnado de Filosofía eran muchachas. Entre las excepciones, estaba Laureano Batista Falla, de una de las más adineradas familias cubanas y compañero de aula de quien escribe estas líneas.


En cierta ocasión Laureano me pidió conversar a solas. Lo hicimos a la sombra de los frondosos jagüeyes que aun se alzan a la entrada del edificio Dihigo.


Laureano me ofreció los votos de las alumnas de Villanueva, monjitas y seglares, que por estar también matriculadas en nuestra Escuela podían votar en sus elecciones.


Precisó, de modo enfático, que habría una condición, una sola condición: que rompiéramos con Fructuoso.


Obviamente no había nada más que hablar pero la curiosidad me hizo preguntarle “¿Por qué Laureano?”. Y él respondió que para ellos Fructuoso era un revolucionario radical y que si sus ideas triunfasen Cuba no volvería a ser igual.


Se efectuaron las elecciones y, efectivamente, vi llegar varias camionetas de la Universidad Católica. Resultó ganadora Amparo Chaple, conocida militante de la Juventud Socialista. Más abajo explico el enredado proceso que llevó a tal desenlace. Debo apresurarme a subrayar que aunque perdimos, ganamos, ya que Amparo, rompiendo la disciplina de su organización, dio a José Antonio un voto decisivo. Quizás esa actitud tenga algo que ver con su trayectoria después de 1959, en la que apenas llegó a ocupar un puesto secundario en el servicio diplomático aunque siempre tiene el respeto y la admiración de quienes la conocimos.


“Es lo mismo”


Fructuoso fue, entre los dirigentes de aquella FEU, el más tenaz defensor de la unidad revolucionaria. Solo él llevó como Vicepresidente de su Asociación a un conocido militante de la JS, Antonio Massip, quien poco podía aportarle en términos de votos en Agronomía.


En algún momento en 1955 me anunció que se iba a crear el Directorio Revolucionario y me invitó a ser miembro de esa organización y cuando le respondí que ya formaba parte del M-26-7 me dijo “no importa, es lo mismo, en la Universidad seguiremos trabajando juntos”. Y así fue. Por cierto, idéntica orientación recibí de Ñico López, primero, y luego de Gerardo Abreu Fontán, que instruyeron a los veintiseístas de la Colina a seguir la dirección de José Antonio y Fructuoso.


D’Strampes 220


José Garcerán de Vall y Vera, miembro de la Dirección del M-26-7, vivía con su madre en esa dirección a pocas cuadras de la casa de mis padres. Desde niños jugábamos por esas calles y nos visitábamos con frecuencia. Allí encontró refugio Fructuoso el 14 de marzo de 1957. Lo visité diariamente y hablamos extensamente sobre lo humano y lo divino. Le comuniqué por instrucciones de Faustino Pérez la petición de Fidel de que se le uniera en la Sierra Maestra. Me pidió trasladase su gratitud pero agregando que él debía permanecer en La Habana para reorganizar el Directorio en aquellas dificilísimas circunstancias.


Analizamos las acciones necesarias para continuar la lucha hasta la tarde en que fueron a buscarlo para llevarlo a otro lugar. Al despedirnos quedamos en que él me avisaría para volvernos a reunir.


El Sábado Santo


En la mañana del 20 de abril recibí un mensaje de Fructuoso, según el cual al día siguiente me recogerían para llevarme adonde él estaba.


Me faltaba un mes y un día para cumplir veinte años de edad, pero de golpe mi vida cambió para siempre. En la tarde falleció mi padre a sus 49 años y tuve que ir al hospital de Emergencias a identificar su cadáver y hacer los engorrosos trámites con la funeraria de Infanta y Carlos III. En medio de todo aquello me pareció notar un inusual despliegue de esbirros.


Esa noche durante el velatorio de papá en nuestra casita viboreña Garcerán resumió la jornada así: “la verdad es que la vida es del caray”.


Las elecciones universitarias


Al comienzo del curso 1954-1955 conocí a un personaje, Leonel Alonso, que supuestamente sería mi compañero de aula, quien de inmediato me anunció que aspiraba a ser el próximo Presidente de la FEU, algo que estuvo a punto de lograr. El primer paso hacia esa meta era ganar la presidencia de la Escuela, lo que consiguió con el apoyo de la Juventud Socialista que controló nuestra Asociación.


Leonel, sin embargo, enfrentó un obstáculo insuperable: el sistema y los métodos de enseñanza de Filosofía y Letras, que se apartaban bastante de los prevalecientes en el resto de la Universidad. Además de la calidad de su claustro, en nuestra Escuela existía la asistencia obligatoria a clases, las pruebas periódicas, los seminarios, talleres y conferencias que anticipaban lo que se generalizaría en 1962 con las Reformas Universitarias.


Nunca lo vi en alguna de esas actividades ni tampoco, por cierto, en las manifestaciones y actos de protesta contra la dictadura. Un día pasó lo que tenía que pasar. Leonel irrumpió bruscamente en un local, interrumpió y le faltó el respeto a una profesora y esta, lógicamente, lo denunció ante la dirección de la Escuela, la cual propuso al Consejo Universitario la suspensión de derechos de Leonel.


La Asociación de Estudiantes decidió ir a la huelga en respaldo de su líder y para llevarla a cabo organizó una asamblea general. Me senté en medio de mis compañeras. Arriba estaban Leonel, la vicepresidenta Amparo Chaple y la Secretaria de la Asociación.


Se me ocurrió pedir la palabra para oponerme a la huelga, argumentando que la dirección de la Escuela había cumplido con su deber. Leonel me respondió con tono melodramático. “Las palabras del compañero” -dijo- “me han herido profundamente, sus palabras me han llegado hasta la clavícula” y al decir esto movió el brazo en arco y posó su mano en la cadera. Se escucharon algunas risas. Las muchachas que lo acompañaban en la tribuna movieron sus manos indicándole que levantara la suya. Leonel repitió lo que había dicho y al hacerlo repitió también el mismo gesto. Así estuvo con su mano donde ya dije mirando asombrado a lo que ya era una carcajada generalizada. La “huelga” fracasó.


La campaña electoral se desarrolló con dos candidaturas, la nuestra y la de Amparo Chaple, y se caracterizó por la cordialidad que siempre existió entre nosotros.


Llegó el día en que concluiría la presentación de candidaturas ante Nantilde León, profesora de Lengua Griega y Secretaria General de la Escuela. Iba a terminar la mañana y con ella las inscripciones, cuando llegó el jefe de la JS universitaria, Raúl Valdés Vivó, con los papeles correspondientes a Leonel. Nantilde se los devolvió señalando que el Consejo Universitario había ratificado la sanción contra él.


Raúl presentó entonces los de Adolfo Rivero, también de la JS y cuya aspiración nadie conocía. Nantilde miró al reloj, ya había pasado el mediodía y rechazó también tal candidatura.


Hubo protestas y algún grito, pero pronto todo estaba en calma. Salíamos del edificio cuando Raúl se quejó –“ustedes no tienen sportmanship”– y recibió la réplica inmediata, tajante, de Fructuoso: “aquí no estamos jugando a la pelota”.


Nuestra candidatura tuvo que enfrentar lo que en aquella Cuba se llamaba “voto negativo”, la convergencia de diversos factores, que pese a sus contradicciones, unían sus votos para derrotar a un enemigo común. En nuestro caso eran la oligarquía criolla (Laureano), los restos del “bonchismo” (Leonel) y la JS. Se unieron para derrotarnos a Susa y a mí, aunque en verdad su objetivo era derrotar a José Antonio y a Fructuoso.


Aunque perdimos la elección, la conducta valerosa, digna, de auténtica comunista, de Amparo, al votar por José Antonio convirtió el revés en victoria.


Leonel mantuvo el favor de sus aliados “de izquierda”. Después del 59 fue Embajador, hasta que un buen día se robó los fondos de su Misión Diplomática y se fue a Miami a luchar por la libertad de Cuba.


En cuanto a Valdés Vivó debo decir que aunque tuvimos grandes diferencias, antes y después del 59, también libramos juntos algunas batallas y, con el andar del tiempo, aprendimos a respetarnos e incluso tratarnos cordialmente.


Sobre los vínculo entre el M-26-7 y el Directorio


La mejor definición me la dio Fructuoso y la repito: “Es lo mismo”.


También di cuenta de que el 14 de marzo se escondió en la casa de Pepe Garcerán, uno de los jefes del Movimiento y amigo mío desde la infancia. Estoy seguro que hubo otros casos de ayuda a los perseguidos por el ataque a Palacio y la toma de Radio Reloj. Debo relatar uno que guardo siempre en la memoria.


Fue en la tarde del 13 de marzo y en la calle 23 entre 24 y 26, no lejos de donde estaba el tenebroso Buró de Investigaciones. En ese lugar pudimos ubicar a Joe Westbrook y a Carlos Figueredo (el Chino), este último herido. El asunto fue materia de una de las primeras producciones del ICAIC (Historias de la Revolución).


Marcelo Pla, uno de los principales jefes de las Brigadas Juveniles del Movimiento, que estudiaba Medicina logró curar al Chino en aquellas limitadísimas condiciones.


A modo de conclusión


Varias veces vi en la Plaza Cadenas (hoy Agramonte) a Juan Pedro y a Machadito ayudando a repartir textos del PSP y la JS. Quien los haya conocido a ellos, a Joe y a Fructuoso, sabe que los mártires de Humboldt 7 estaban muy lejos del anticomunismo. Si no los hubieran asesinado, ellos habrían estado a la vanguardia de nuestro pueblo en la brega por alcanzar el socialismo y la sociedad comunista.


Por aquellos años leí bastante a Jean-Paul Sartre, incluyendo Materialismo y Revolución, donde encontré una advertencia iluminadora: para el estalinista el enemigo principal no es la burguesía sino el revolucionario que no pertenece al partido.


Creo además con William Faulkner: the past is never dead. It is not even past.

lunes, 17 de mayo de 2021

Soy, sencillamente, un geógrafo que sueña en música*


Por Estrella Díaz


Enrique Carballea, además de un excelente (y multipremiado) productor musical, es un hombre con un encanto especial a la hora de conversar: ingenioso, simpático, ocurrente, conocedor de los vericuetos de la creación y siempre presto a contar o compartir una anécdota relacionada con la música y sus hacedores: todo ello lo dibuja y lo desdibuja.

Se ha dicho que tu gran pasión es producir música, ¿es cierto?

Mi gran pasión es la música y también la geografía…si la produzco o no, no es lo importante. La reacción química de mi cuerpo va más allá de cualquier entendimiento. Ya dejé de preocuparme por eso. Te explico: me cambian los olores, la percepciones físicas de mis manos, ¡qué sé yo!

En otra vida fui espeleólogo, hasta que cumplí 40 años. Una vez en la cueva La Barreta del antiguo Marien -hoy Mariel- vi por primera vez las electitas de aragonito: llevaba conmigo -además de latas de pollo a la jardinera, ajíes rellenos, pernos, sogas y baterías de linternas-, ¡mi guitarra! Recuerdo que estuve como una hora en absoluta oscuridad, solo iluminado por esas mágicas formaciones, tocando canciones de Donato Poveda, Alberto Tosca, Silvio Rodríguez y The Beatles. Ese es uno de los días más recordados de mi vida. Soy, sencillamente, un geógrafo que sueña en música y que ama hablar de ella, a veces más que escucharla.

Tu trabajo como productor ha sido reconocido en varias ediciones de la Feria Internacional Cubadisco, ¿qué significa eso para ti?

En 1997 tuve la suerte de formar parte de las personas seleccionadas por Silvio Rodríguez para darle forma a su “Sueño con serpientes” de fundar el sello Ojalá. El café de Marina, la asistente hermosa y amada de ese estudio todas las mañanas, lo recuerdo como patrimonio del universo.

Una mañana recibo en la oficina la invitación de don Ciro Benemelis -no recordado como debe ser- para que el sello Ojalá estuviera presente en su primera edición en el Pabellón Cuba y allí participamos. Desde el 2006 he tenido el honor de que han nominado todos los discos que he producido; esa feria, como se sabe, es la más importante del disco en Cuba y, posiblemente, de Latinoamérica debido al poderío de la música cubana.

Son más de veinte premios y cincuenta nominaciones. Ese mismo año 2006, recibí por Jazz Cuba Today el premio de DVD que era la primera vez que se otorgaba y subí con Yusa, Francis del Río y Roberto Carcassés para disfrutar el Gran Premio con Goza pepillo, del grupo Interactivo.

Amo Cubadisco con sus contradicciones, sus ascensos y su marcado descenso. Me gusta ver el trabajo de tantas personas involucradas en el arte de hacer música. No creo en la repetida frase “no trabajo para premios”: a mí me gustan. “Los amores del Diablo Ilustrado”, de mi amigo querido Fidel Díaz Castro, estuvo unos días en la lista de nominados, pero alguien lo mandó a retirar porque dijo que “no era un disco sino otra cosa” es de los discos que más disfruto.

Alicia Perea, ya fallecida, presidió durante varios años el Instituto Cubano de la Música, y bajo su mandato se firmó un decreto que amparaba a los primeros cinco productores cubanos. Tú te encuentras entre esos cinco, ¿fue un espaldarazo?

Alicia Perea es lo más grande que le pasó a la música cubana a nivel institucional. Fundar una esperanza como utopía es la más sagrada de todas las ideas: ella encarnó la esperanza de muchos.

Desde 1978 cuando Mario Daly -fundador de Arte Vivo y su director- me pidió sin yo saber nadita de nada de musiquita (tampoco hoy lo sé) ser productor, me estaba regalando otra VIDA. Al otro día fuimos al Centro Nacional de Música de Conciertos, que estaba en la calle Calzada -frente a la sede del Ballet Nacional de Cuba-, y tratamos de ver a su director. Creo que se llamaba Pablo Bauta. Ese personaje dijo una frase que fue el big bang de mi empeño: “No como productores, ni representantes». En aquel momento tenía unos 22 años y ¡me dieron con el bate de aluminio! Fui utilero, desempleado, velador del museo de Plaza de la Revolución, cualquier cosa, pero nunca dejé de producir y crear.

En 1988 Víctor Rodríguez -a quien, en el año 1986, el Concurso Tchaikovsky le otorgó el Premio a la Maestría Artística-, me hizo la misma pregunta que Daly. Meses después -estando con Víctor en México, en una de las primeras giradas patrocinadas por ARTEX, recibí una llamada de Rolando Montes de Oca -otro de los elegidos, junto a Jorge Arranz, Nelson Vila y Américo de Van Van- comunicándome la noticia. Sentí que le habíamos arañado las espaldas, siempre encorvadas, de la burocracia musical gracias al empeño y respeto que profesó Alicia Perea por nuestro trabajo. He conocido productores creativos y mercaderes de notas. La diferencia la tiene que hacer la obra. El tiempo, el implacable, es el que dirá y pondrá a cada uno en su lugar. Esto también se aplica a las canciones.

Te iniciaste como productor ejecutivo con Santiago Feliú, ¿cómo evocas esos primeros trabajos con Santi?, ¿qué te legó?, ¿qué aprendiste de él?

Santiago sigue siendo mi amiguito. Le he escrito y sigo haciéndole una serie de cartas llamadas “Conversaciones con el gago”, en las que le cuento la Cuba desde aquel día negro de marzo del 2014 hasta hoy.

Conocí a Santi en 1974; él era alumno de La Escuela Secundaria Básica en el Campo Niños Héroes de Chapultepec y yo del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, ubicado en la transitada calle llamada Mayía Rodríguez, pero Dios nos puso en el camino. Fue amor mutuo a primera vista. Nunca quise trabajar con él, sólo colaborar.

Hicimos tantas cosas juntos que estoy tratando de escribir en un libro que podría llamarse “El cuento de la buena pipa”. Temía mucho que nuestra amistad se contaminara… y pasó, pero la reconstruimos y nos amamos de verdad hasta su vuelo. El día que se fue estábamos Darsi Fernández, Iván Vergara, Roberto Carcassés y yo. Le di a Darsi una cuerda de guitarra Re, para que lo acompañara en su bolsillo del pantalón cual amuleto vikingo. En ese momento se rompió mi adolescencia y diez mil sueños de futuro.

En el 2000 me dijo “hazte cargo de terminar el disco, que tú te sabes mi música, a veces, mejor que yo”. Santi, tenía muy alto su ego de cantautor, por eso esas palabras son mi medalla por la Cultura Nacional. ¿Qué me dejó? su risa, su amor de amigo comprobado y sostenido, varios originales rotos de sus canciones y su proceso de creación entre ellas “Iceberg”, “Rosario” … decenas de cartas de su puño y letra, afiches dedicados, más de veinte giras internacionales y muchos etcéteras impublicables. ¿Qué aprendí? su incorruptibilidad ante la canción de arte como él denominó su trabajo en los últimos años. Hace unos días, su hermana Rosario recordó su frase, “los Feliús nunca tenemos, nunca dejamos de tener”. No cambió canciones por dinero. Ese fue su legado y herencia personal. Trato de cuidarlo en su ausencia, que cada día me acompaña más.

Has trabajado con músicos sumamente reconocidos y consagrados, ¿por qué tu marcado interés por acercarte a los jóvenes, una y otra vez?

Es mutuo. A veces, pido a jóvenes trabajar, a veces es al revés, ellos me llaman y cada llamada me pone adolescente ante el riesgo. Me reflejo muy humildemente y sin complejos en su devenir creativo. He traspasado muchos umbrales y cada vez me faltan más. Los jóvenes tienen todas las llaves. Me alegran sus caras cuando escuchan sus sueños sonoros materializados.

En 1973 mi padre me regaló un tocadiscos marca SANYO y dos LP del Grupo de Experimentación, que aún conservo y uno de ellos está dedicado de puño y letra por Silvio. Ese LP contiene una de las canciones más hermosas del mundo: Tonada para dos poemas, de Rubén Martínez Villena. Cuando me vaya para otro planeta me acompañará con una recreación del piano de Emiliano Salvador antológica. En 1984, Emiliano, me dio la posibilidad de ser su productor que “no comían los burócratas”. Fueron tantas horas de aprendizaje junto a él y, posteriormente, junto a Sergio Vitier, Noel Nicola, Eduardo Ramos, Sara González, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés que solo “anecdotar” esos días vale esta profesión y todas mis emociones. Me acerco a los jóvenes porque mi cerebro sigue adolescentemente sonoro. Ellos me enseñaron.

En estos locos y crudos meses de pandemia –que ya se acercan al año- ¿qué has estado haciendo?, ¿cómo has canalizado tus energías?

En estos meses he sido amado por un ser de luz y lo correspondo: una mujer galáctica y actriz extraordinaria llamada Daisy Quintana a la que le invento un nombre y que cada día me acompaña más que mi sombra. Me tomó de la mano el día más terrible de la vida, cuando mi madre falleció. Daisy preparó su partida con tanta poesía que no ha nacido todavía la frase en español para agradecerlo.

Sonoramente dicho, estoy terminando junto a mi amado Horacio (El Negro) Hernández, “Los Marcianos”, su disco y DVD para el sello Bismusic, algo inédito en la música cubana: un Power Trío, que creó junto al joven y virtuoso guitarrista Héctor Quintana, y el bajista extraordinario, Rafael Paseiro; es un lujo extraterrestre. Horacio es un extraterrestre: la Revista Drumeo lo acaba de considerar entre los 71 bateristas más importantes e influyentes de la historia mundial de ese instrumento de todos los tiempos. La prensa cubana, pandémica de estos tiempos, no lo ha reflejado. Es una verdadera vergüenza.

Están en la fase de diseño dos discos para el sello Colibrí, uno de Sergio Vitier, -con quien tuve el privilegio de vivir sonoramente la producción de la banda sonora de una película brasileña titulada Milagro en Ceará; un disco para Bismusic, llamado Travesías; decenas de conciertos y tres o cuatro universidades de vida. Ese disco para Sergio lo produce Javier Zalba, otro músico insuperable, y es un regalo. Además -junto a Héctor Quintana- he producido un disco con la obra del poeta mayor, Eliseo Diego.

Estos dos discos son los retos más grandes de mi camino. Siempre, siempre, te juzgan por el último trabajo. Además estoy en unos cuantos discos en diferentes fases, uno que me apasiona es para un trovador de lujo invisibilizado llamado Ariel Barreiros, a quien Fidel Castro denominó una vez “un hombre bueno”. Y tengo ya escrito un disco guitarrero –que realizaré con jóvenes músicos, que aún no lo saben- y que estará dedicado a los sesenta años de Santiago Feliú: ¡necesito que el día tenga 365 horas!

Me consta que eres un creador que siempre anda con algún proyecto en la cartera, ¿en qué te centrarás cuando la pandemia lo permita?

Cuando la pandemia lo permita, me iré al mar y rezaré por todos los muertos amados de mi felicidad…

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* De la serie Conversando en tiempos de... del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau

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Esto venía acompañando el último comentario de Sautié:




sábado, 15 de mayo de 2021

En la ONU, China acusa a EU de ignorar el sufrimiento de palestinos

 Afp, Ap, Europa Press y Sputnik: Pekín. China acusó a Estados Unidos de “ignorar el sufrimiento de los palestinos”, después de que Washington bloqueó una reunión del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) convocada para analizar el conflicto en Medio Oriente.

Estados Unidos, principal aliado diplomático de Israel, se negó a que se celebrara ayer una reunión virtual sobre el conflicto israelí-palestino, pero finalmente aceptó que ésta tenga lugar el domingo.

En cambio, China, que preside este mes el Consejo de Seguridad, defendió a los palestinos en el recinto de la ONU. Ante la prensa, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Hua Chunying, estimó que Washington se oponía a la voluntad de la comunidad internacional. “Estados Unidos repite que se preocupa por los derechos de los musulmanes (…) pero ignora el sufrimiento de los palestinos”, martilleó Hua.

Desde el lunes, Estados Unidos aceptó dos videoconferencias privadas y urgentes sobre el conflicto israelí-palestino, pero se negó a suscribir dos declaraciones conjuntas en las que se pide un cese de las hostilidades, considerándolas “contraproducentes” en este momento.

Por otra parte, miles de jordanos se desplazaron a la frontera con Cisjordania para protestar contra la operación militar israelí hacia Gaza en respuesta a los cohetes de las milicias palestinas y en rechazo al desalojo de las familias palestinas del barrio de Sheij Jarrá, en Jerusalén Este, uno de los principales desencadenantes de este conflicto.

Afp, Ap, Europa Press y Sputnik. Los  manifestantes exigieron el fin de la ofensiva al grito de “Con nuestras almas y nuestra sangre nos sacrificamos por ti, Al Aqsa”, en referencia a la mezquita de Jerusalén, el tercer lugar más sagrado del Islam y otro de los epicentros del conflicto.

Otra protesta tuvo lugar cerca de la mezquita de Huseini, en la capital, Amán: miles de jordanos protagonizaron una sentada multitudinaria tras las oraciones vespertinas.

En Líbano, murió un manifestante de 21 años herido ayer por disparos de fuerzas israelíes durante una concentración cerca de la frontera con Israel, indicó la agencia nacional de información (ANI).

Tanto él como otro libanés fueron alcanzados “por el tiro de dos obuses israelíes que cayeron cerca de manifestantes, algunos de los cuales lograron penetrar brevemente en la localidad fronteriza de Metula”, en el norte de Israel, precisó la agencia libanesa.

Miles de musulmanes liderados por activistas de un partido islámico marcharon en la capital de Bangladesh en protesta por los ataques israelíes contra palestinos.

Margaritis Schinas, vicepresidente de la Comisión Europea responsable de promover el estilo de vida europeo, denunció ataques contra comunidades judías en el territorio de la Unión Europea (UE), quien los calificó de “clara manifestación de antisemitismo”.

Alemania “no tolerará manifestaciones antisemitas” en su territorio, advirtió el gobierno de Angela Merkel, tras los altercados durante protestas pro palestinas en varias ciudades alemanas. Mientras, la bandera de Israel ondeó en los edificios oficiales de Austria en señal de “solidaridad”.

Los organizadores de una manifestación en apoyo al pueblo palestino, prevista para este sábado en París, pero prohibida a petición del gobierno, presentaron un recurso ante la justicia al considerar que la decisión es “injusta y abusiva”.

El jefe de la policía de París, Didier Lallement, declaró que temía que la protesta desencadenara desórdenes y “ataques contra sinagogas e intereses israelíes”.

Turquía podría enviar a sus militares a la zona del conflicto como parte de las fuerzas internacionales de paz, indicó un diputado.

La Red de Defensa de la Humanidad, un movimiento de intelectuales latinoamericanos, se solidarizó con el pueblo palestino en su “resistencia contra la opresión sionista”. https://www.jornada.com.mx/notas/2021/05/15/mundo/en-la-onu-china-acusa-a-eu-de-ignorar-el-sufrimiento-de-palestinos/


jueves, 13 de mayo de 2021

La cocainómana

Era una cocainómana 

consuetudinaria

que le entregó su alma 

a la voluptuosidad,

para vivir gozando 

una vida imaginaria

y no sufrir viviendo 

una vida de verdad.

 

La conocí una noche 

de lúbricos placeres,

en una burda infecta 

de un trágico arrabal.

Ella era la elegida 

entre todas las mujeres

sensuales y lascivas, 

sensuales y lascivas

del dios del bacanal.

 

No quiero más cocaína,

no me quiero envenenar.

Yo quiero vivir, Celina,

sufriendo la vida real

 

No quiero coca, 

que me sofoco.

A mi la coca, mamá, 

me pone loco.

 

Es gozar un sufrimiento:

el sufrimiento es el goce.

Cuando más grande es el goce,

mayor será el sufrimiento.

 

No quiero coca, 

que me sofoco.

A mi la coca, mamá, 

me pone loco.

 

 

                      Miguel Matamoros 

martes, 11 de mayo de 2021

Reuters, Afp, Sputnik, Prensa Latina, dicen...

Sin acuerdo, reunión entre Duque y el comité del paro en Colombia

Bogotá. La reunión entre el Comité Nacional del Paro (CNP) y el presidente de Colombia, Iván Duque, que busca poner fin a las movilizaciones y el bloqueo de carreteras que sufre el país desde hace 13 días, concluyó ayer sin acuerdo alguno, al tiempo que continuaron las protestas en varias ciudades.

Durante casi cuatro horas la organización que reúne a sindicatos, movimientos sociales y universitarios habló con Duque en la sede de gobierno, sin acordar una salida a la crisis social que reporta como saldo oficial 27 fallecidos y centenares de heridos, aunque las ONG Temblores e Indepaz dan cuenta de 47 muertos, 39 de ellos por violencia policial.

“No hubo empatía del gobierno con las razones, con las peticiones que nos han llevado a este paro nacional”, declaró el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, (CUT), Francisco Maltés.

Las manifestaciones, que cumplen 13 días, fueron convocadas inicialmente para rechazar un plan de reforma fiscal. Sin embargo, cuando el gobierno retiró la polémica iniciativa hace poco más de una semana, los movimientos sociales mantuvieron las protestas y exigieron acciones contra la violencia policial, la histórica desigualdad social con una renta básica para las familias más pobres y mejoras a la salud y la educación, el retiro del proyecto de ley de sanidad y una vacunación masiva contra el Covid-19, así como cumplir el acuerdo de paz con la ex guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y desmantelar las organizaciones criminales y paramilitares.

Diógenes Orejuela, del Comité Nacional de Paro y secretario general de la CUT, comentó que “fue una reunión fallida que no produjo nada”, y acusó al gobierno de esquivar la palabra negociación.

Jennifer Pedraza, representante estudiantil, aseguró que el gobierno mantuvo una posición similar a la de 2019, cuando eludió una negociación de fondo. “El discurso del presidente Duque fue complaciente con el uso excesivo de la fuerza pública en las manifestaciones y sobre la base de eso es imposible tramitar cualquier tipo de reivindicación”, sostuvo.

El alto comisionado para la paz, Miguel Ceballos, aseveró que el gobierno rechaza la violencia y que habrá cero tolerancia con los miembros de la fuerza pública que violen la Constitución y la ley.

Resaltó que el encuentro se agendó para para buscar una salida a las protestas y cierres de vías que se dan en el país desde el pasado 28 de abril, y por lo mismo se trató de una reunión exploratoria.

“No esperábamos una respuesta porque no era el espíritu de esa reunión hacer una declaración conjunta y presentar al país un acuerdo”, aseguró Ceballos.

El ministro del Interior, Daniel Palacios, recalcó que el pliego de peticiones pasó de ocho puntos a 108, lo que aleja las posibillidades de un pacto.

En tanto, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) manifestaron su preocupación por el ataque a tiros ayer contra indígenas que participan en una marcha conocida como Minga, y se dirigían a Cali en apoyo a las movilizaciones.

El domingo, habitantes de un barrio del sur de Cali se enfrentaron con los indígenas luego de que intentaron quitar las barricadas que los mantienen encerrados en sus calles desde que comenzó la protesta, lo que derivó en enfrentamientos, en los cuales algunos de esos habitantes sacaron armas y dispararon contra los participates en la Minga, con saldo de nueve heridos, denunció el Consejo Regional Indígena del Cauca. En tanto, la policía metropolitana de Cali reportó que cuatro personas resultaron heridas por los manifestantes.

Durante los disturbios varios vehículos fueron incendiados y algunas viviendas resultaron dañadas.

“Actúan como paramilitares”

Los indígenas señalan a esos residentes de haber actuado “como paramilitares” y de ser partidarios del uribismo, movimiento liderado por el ex presidente Álvaro Uribe, que rechaza las manifestaciones y bloqueos así como los acuerdos de paz con las FARC.

Pese a que el mandatario se había negado a viajar a Cali, epicentro de las protestas, lo hizo antenoche después de los reclamos de las autoridades locales y de congresistas de su propio partido, el derechista Centro Democrático, tras los enfrentamientos del domingo.

El gobierno asevera que los bloqueos mantienen a Cali, al igual que a otras ciudades del país de 50 millones de habitantes, con desabasto de alimentos y combustibles.

Nuevas manifestaciones se realizaron ayer en rechazo al gobierno de Duque en varias ciudades del país. En Cali hubo nuevos enfrentamientos entre manifestantes y la policía en el sector de El Ancla, al oeste de la capital del departamento Valle del Cauca, cuando los uniformados se presentaron para retirar barricadas y desbloquear los caminos, informó Noticias Caracol.

El Grupo de Puebla manifestó ayer su profunda preocupación por los acontecimientos en el país. Ante el complejo escenario, manifestó su solidaridad con la movilización ciudadana y el ejercicio de su legítimo derecho a la protesta pacífica.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/notas/2021/05/11/mundo/sin-acuerdo-reunion-entre-duque-y-el-comite-del-paro-en-colombia/

domingo, 9 de mayo de 2021

Ciruelas y marañones

 



Ciruelas y marañones,

iguales y diferentes

como las nubes, la gente,

las ideas, las canciones.

En mi traspatio (montones

cuando se acerca el verano) 

brillan buscando una mano

que les haga una caricia

y los convierta en delicia

del paladar de un cubano.

viernes, 7 de mayo de 2021

De nuestro tiempo

Por Raúl Roa Kourí

Se afirma que el pasado fue un siglo corto. Los cambios producidos en el mundo en diversos órdenes: las revoluciones sociales en México, Rusia, China, Cuba y Vietnam; las dos guerras mundiales y la nueva división del planeta en campos antagónicos (“socialista” y capitalista) resultante de la victoria aliada sobre el nazi fascismo, con el predominio de Estados Unidos, que emergió de la contienda como la principal potencia imperialista; la teoría de la relatividad de Einstein, que transformó de manera raigal nuestros conocimientos de la física e influyó  en las otras ciencias; los avances en la biología molecular y la genética, con el subsiguiente desarrollo de la biotecnología y su aplicación a la medicina, la veterinaria, la agricultura y la botánica; los descubrimientos en el campo de la astrofísica, las teorías del big bang y de las cuerdas, que dieron lugar a una nueva comprensión del universo y al inicio de la conquista del espacio; la revolución tecnológica, sobre todo en el terreno de las comunicaciones y la informática (las nuevas tics), que estimuló la concentración del capital en un grupo de países desarrollados (entre los cuales: Estados Unidos, Canadá, la Unión europea, Rusia, Japón y Australia) y en el seno de estos, entre muchos otros factores, aceleraron el proceso de mundialización (o globalización) que había adquirido nuevos bríos a raíz de los “descubrimientos” y conquistas del siglo XV.

Todo ello, unido a la desaparición del colonialismo clásico y el infamante régimen del apartheid en Sudáfrica, al surgimiento de numerosos países independientes en África, Asia y América Latina y el Caribe, y a la explosión demográfica, que dobló la población del orbe, justifican el aserto de Eric Hobsbawm y de otros científicos sociales contemporáneos respecto a la “brevedad” del siglo XX.

En efecto, no hay otro período histórico tan convulso ni en el que hayan ocurrido cambios socioeconómicos tan radicales y profundos, como en el siglo pasado, llamado también “siglo de las utopías”, a mi juicio erróneamente puesto que aparte de la “utopía” socialista o comunista, (ni el nazismo ni el fascismo, ambos corrientes irracionales y reaccionarias son utópicos, en el sentido que le doy al concepto) no hay otro válido: el pensamiento utópico precede a Platón, pasa por san Agustín, Tomás Moro, Saint-Simon y otros, hasta Marx y Engels quienes, armados de un método científico, el materialismo histórico y dialéctico, analizaron con gran acierto la sociedad capitalista de su época y concluyeron que el proletariado era la clase social llamada a liberar al hombre de su lobo el hombre, y al mundo de la opresión del capital, creando una sociedad en que “el libre desenvolvimiento de cada uno sea la condición del libre desenvolvimiento de los demás”.

Desde que se forjó la sociedad de clases, toda la teoría político social enderezada a cambiarla de base ha sido, en cierto modo, utopista. Y aunque no se trata (en los revolucionarios marxistas) de buscar las soluciones fuera del topus uranus o en una ilusoria civitas Dei, sino en esta tierra que habitamos, la fundación de una sociedad sin explotadores ni explotados, basada en la justicia social, que exige de cada quien contribuir según su capacidad y le retribuye según su trabajo (en el comunismo, según sus necesidades), no deja de resultar utópica, empero factible.

En realidad, ninguna de las revoluciones sociales mencionadas ha logrado “construir el socialismo” –aunque ese no fuera para Marx el objetivo de la revolución, pues pensó el socialismo como una etapa en la edificación de la sociedad comunista y no como una formación social en sí– y, mucho menos, el comunismo. 

Si aquel presupone la destrucción de la vieja sociedad y la construcción de otra sobre bases muy diferentes, presupone asimismo que la sociedad reemplazada posea un alto nivel de desarrollo económico, industrial, social y cultural, como eran la Inglaterra, la Alemania o la Francia del siglo XIX y, para nada, la Rusia de 1917, atrasada, feudal, de escaso desarrollo industrial y, por ende, con una relativamente pequeña clase obrera, de masas empobrecidas e ignorantes, donde Vladimir I. Lenin y el Partido Comunista (bolchevique), contra la opinión establecida, hicieron la primera revolución socialista. 

La violencia fue, una vez más, partera de la historia. Pero no me refiero sólo a la violencia armada; también se violentaron las condiciones que, según Marx y Engels, eran necesarias para edificar una sociedad comunista, tras una etapa socialista cuya duración nunca precisaron, pero debía bastar para sustituir las bases de la sociedad burguesa, su superestructura jurídico-política y erradicar las diferencias de clases, lo que daría paso a la progresiva extinción del Estado y al comunismo.

La genialidad de Lenin consistió en identificar a Rusia como “el eslabón más débil de la cadena imperialista” y percatarse de que era posible allí hacer una revolución socialista, comunista. (Lo mismo ocurrió en Cuba, donde Fidel Castro, contra todo lo que entonces se tenía por cierto, hizo una revolución contra el ejército y las otras fuerzas armadas de la dictadura, y derrotó a los testaferros criollos del imperio en su propio “traspatio”, estableciendo el primer país que construye el socialismo en el hemisferio occidental).

Un aspecto fundamental, que sin embargo no se tuvo bastante en cuenta, es que la nueva sociedad difícilmente podía existir sola en el mundo; de hecho, requería el surgimiento de revoluciones sociales en Alemania, Inglaterra y Francia, que fungirían como locomotoras del cambio social en Europa, conditio sine qua non para crear el sistema-mundo comunista que sustituiría al burgués-capitalista. El socialismo (comunismo) tiene que ser por fuerza un sistema mundial, como lo es el capitalismo; un país solo, o un pequeño grupo de países (v. g., el llamado “campo socialista europeo”) no pueden subsistir como tales en un mundo donde predomine el sistema capitalista imperialista burgués; entre otras cosas, porque el intercambio económico, comercial, financiero y cultural entrambos termina impidiendo, por inevitable contaminación, un genuino desarrollo socialista (comunista).

Al no ocurrir la revolución en ninguno de los países desarrollados de Europa, como esperaba Lenin y requería la naciente URSS, se vio obligado –en medio a la tremenda batalla contra los ejércitos de la coalición capitalista antisoviética y la contrarrevolución interna, que colocó al país, ya desangrado por la primera guerra mundial, en situación asaz crítica– a implantar la Nueva Política Económica (NEP, por sus siglas en ruso), reintroduciendo, con vistas a fomentar la producción y la productividad del trabajo, mecanismos capitalistas en la economía y sociedad rusas, que no dejaron de marcarlas negativamente, desde el punto de vista de la teoría marxista (i. e., libre de rémoras capitalistas.). 

Peor fue el intento de N. S. Jruschov de construir el socialismo a través de reformas económicas basadas en patrones capitalistas que, por supuesto, servían sólo para reproducir el capitalismo y no para desarrollar el socialismo. En la URSS, como luego en China y Vietnam, se estableció el socialismo de Estado, en la primera, bajo la máscara del sedicente “socialismo real”. En el prólogo a un “Informe sobre las reformas económicas en los países socialistas”, que elaboré por indicaciones de Carlos Rafael Rodríguez con motivo del viaje a estos por Fidel Castro en 1974, y que apareció sin mi firma, como un “trabajo colectivo” de la Secretaría Permanente para Asuntos del CAME, que yo dirigía, escribí exactamente eso (que servían para reproducir el capitalismo). Empero, se suprimió también el prólogo, a fin de que “dejáramos a Fidel sacar sus propias conclusiones”.

A la muerte del líder revolucionario, en 1924, Stalin se encargó no sólo de eliminar a la mayoría de los compañeros de Lenin, incluido León Trotsky, Comisario fundador del Ejército Rojo y brillante ideólogo –asesinado en México por su hit-man Ramón Mercader, en 1940– así como a miles de otros revolucionarios (sacó del juego, de una u otra forma, a dieciocho de los veintisiete miembros del Buró Político elegidos en el último congreso presidido por Lenin y eliminó a casi el ochenta por ciento de los miembros del Comité Central elegidos en 1934) sino de generalizar el “terror rojo”, responsable del exterminio de millones de campesinos, pequeño burgueses, intelectuales, remanentes de las capas sociales de la antigua sociedad, amén de cualquier “sospechoso” de actividades “antipartido y antisoviéticas”.

 A la vez, fortalecía su control sobre el Partido y el Estado, estableciendo un ordenamiento social que Fernando de los Ríos calificó, con acierto, de “césaropapismo”, por su semejanza con el antiguo imperio romano de Oriente, en el que César y Pontífice Máximo eran una y la misma cosa: el único y absoluto mandante. (Stalin lo fue, en su doble condición de Jefe del Gobierno y del Partido.) 

El resultado poco tenía que ver con el socialismo, como lo entendieron sus precursores, y hasta el propio fundador del primer Estado de obreros y campesinos, V. I. Lenin y, en realidad, condujo al establecimiento de un régimen burocrático, dictatorial, en el cual el poder del pueblo brilló por su ausencia y en el que florecieron las desigualdades, el cinismo, la corruptela y la doble moral. Quienes, como yo en los años cincuenta, leímos la crítica de Milovan Djilas al titoísmo en su libro La Nueva clase, pudimos darnos cuenta – al conocer  los países “socialistas” de Europa del Este y la URSS, incluida Yugoslavia– de que no se trataba en verdad de una “clase social” (en el sentido marxista) sino de una casta (los apparatchiki), integrada por los dirigentes y altos funcionarios del Partido y el Estado.

En épocas de Stalin, por ejemplo, los miembros del Buró Político habitaban mansiones construidas al efecto en las Colinas de Lenin (Jruschov les dio luego amplios apartamentos en edificios especiales y destinó aquéllas al Protocolo de Estado); siempre compraron en tiendas exclusivas, anexas al GUM (Gozudarstvennyi universalnyi magazin), a las que el ciudadano común no tenía acceso, sus alimentos, ropa y todo género de productos, incluso importados, pagándolos en rublos y no en divisas, como era lo normal en las tiendas recuperadoras de moneda convertible, llamadas Beriozhka.

Esa deformación del socialismo, que convirtió la etapa de tránsito al comunismo en algo que no tenía fecha de conclusión y se autoproclamó “socialismo real”, propició también el surgimiento de aspectos muy negativos, que terminaron socavando las bases de la Revolución de Octubre: la corrupción personal, el carrerismo y el oportunismo se generalizaron, convirtiéndose en medios para escalar posiciones en el Estado y el Partido, obtener mejores salarios y viviendas, autos y otros bienes materiales. 

No se trata de negar los logros de la Revolución de Octubre, cosa siempre de moda entre los intelectuales de derecha y ahora entre los “comunistas desencantados” de toda latitud y procedencia; baste recordar que transformó a Rusia, de vagón trasero del capitalismo europeo, en “superpotencia” mundial, la primera que envió un hombre al cosmos. Tampoco se pueden desconocer avances indiscutibles en diversas esferas de la investigación científica; en la creación, a pesar de todo, de una sociedad mucho más justa que la precedente y con bastante igualdad, así como niveles aceptables de educación (algunas universidades e institutos alcanzaron resultados de excelencia) y de salud pública, aunque de una calidad ostensiblemente desigual, según los centros y lugares en que se brindara la atención médica. 

No obstante, conocidas carencias, en particular en cuanto a la libertad de expresión política, literaria y cultural, más la ausencia de una verdadera democracia socialista en que el pueblo participara  en las decisiones, tuvieron un efecto deletéreo a largo plazo, comprometiendo el desarrollo mismo de la nueva sociedad.

No es lícito, por otra parte, desconocer la ayuda que la URSS brindó a los pueblos africanos y asiáticos en su lucha de liberación nacional y tras la independencia (no siempre sobre bases justas, como advirtió Che en Argel, en 1965, al referirse al carácter desigual del intercambio comercial entre los países del campo socialista y el Tercer Mundo). Ni que el hecho de ser una superpotencia de signo contrario al capitalismo, contribuyó, dados su poderío político y militar, al equilibrio en las relaciones internacionales frenando, en ocasiones, la política imperialista y aventurera estadounidense y, durante la crisis en torno al Canal de Suez, el belicismo franco-británico.

La revolución rusa significó, a no dudarlo, un paso adelante en la vida de la humanidad, pero hacer una valoración de sus logros y defectos es harto complejo. Si en el orden social representó el intento mayúsculo de crear la primera sociedad de la historia sin explotadores ni explotados, en los órdenes político y social sus resultados fueron menos satisfactorios. La Unión Soviética no fue en absoluto el “paraíso de los trabajadores” de la propaganda estalinista: recuérdense nomás los gulags y campos de trabajo forzado en Siberia y otros parajes remotos. 

Junto a luces evidentes, hay que incluir las densas sombras de la represión política, la colectivización forzosa, la aniquilación de la democracia y el debate libre, no sólo en la sociedad (se argüía que la crítica podía ser utilizada por el enemigo en perjuicio del Estado naciente) sino en el mismo Partido, lo que trajo como consecuencia, entre otras cosas igual de graves, la esterilidad del pensamiento revolucionario y el aborregamiento de la sociedad.

Manchones imborrables fueron, también, la satelización de Europa oriental, a cuyos países (RDA, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania, y Bulgaria) impuso la URSS el “socialismo” manu militari tras la victoria sobre el hitlerismo, con los efectos desastrosos que sabemos; y la supeditación del movimiento comunista y obrero internacional a sus intereses estatales, entre otros “desaguisados”, por usar un eufemismo.

Lo imperdonable, sin embargo, fue crear y difundir la patraña de que el “socialismo real” era el socialismo, y no su grotesca caricatura; subordinar la “revolución mundial” a los intereses nacionales de la URSS; convertir ésta en otra suerte de “imperio”, que aplastó por la fuerza todo intento de cambio en su redil europeo (Hungría, Checoslovaquia, RDA) y hasta asiático (Afganistán), con independencia de que, en algún caso, se tratara de coartar un posible retorno al capitalismo y, en otros, de acallar todo reclamo de independencia, aunque no fuera estrictamente anti-socialista.

La gerontocracia que terminó gobernando el país de los soviets fue incapaz de transformar el Estado-Partido burocrático creado por Stalin y sus seguidores quienes, tras el breve interludio de Nikita S. Jruschov y los vientos refrescantes del XX Congreso del PCUS en 1956, se hicieron una vez más de las riendas del poder (de donde, valga aclararlo, nunca se separó a la mayoría) y condujeron a la URSS a una desenfrenada carrera armamentista, en competencia imposible con los Estados Unidos, lo cual contribuyó a su ruina económica; y, por último, a la intervención militar en Afganistán, guerra injusta que culminó en la derrota humillante de sus tropas y fue denunciada de manera casi unánime por la comunidad internacional. (Nuestro gobierno, por cierto, se negó a condenarla, aun cuando la considerábamos un serio error; la razón, como expresé entonces a la Asamblea General de la ONU, era que: “Cuba jamás llevará agua al molino del imperialismo”).

Los esfuerzos tardíos de Mijaíl Gorbachov por corregir el rumbo (si en verdad quería corregirlo y no hundir lo poco que restaba de los sueños de Octubre, cosa no improbable, a la luz de sus declaraciones posteriores) resultaron vanos: no era dable realizar a un mismo tiempo los radicales cambios políticos y económicos requeridos. La reconstrucción de la economía sobre bases de veras socialistas (perestroika) y la democratización del Estado, el Partido y la sociedad (apodada glassnost, o sea, transparencia) solo eran factibles si se emprendían por separado,  paso a paso. Intentando hacerlo al unísono, Gorbachov –como expresó  Fidel– “sacó al genio de la botella, pero no pudo meterlo de nuevo”.

Lo ocurrido en los países de Europa oriental después del tan cacareado “derrumbe” del muro de Berlín, no deja lugar a dudas en cuanto a la endeblez política del “socialismo real” (independientemente de que a ello haya contribuido bastante la actividad enemiga); tampoco las deja el desmoronamiento de la Unión Soviética: el “socialismo en realidad existente” (en ruso, sushustvúyushi sotsialism) desapareció de la faz de la Tierra sin que se disparase un solo tiro, cual frágil castillo de arena. 

Las bregas y anhelos de millones de comunistas, hombres y mujeres de bien, terminaron de esfumarse con la irrupción del “capitalismo salvaje” en la patria de Lenin. Esto, sin embargo, no fue el fin de la historia, como afirmaron los epígonos y pseudofilósofos del imperio: un verdadero socialismo sigue siendo no sólo posible sino necesario, pues el capitalismo, como el “socialismo real”, ha demostrado ser incapaz de resolver los acuciantes problemas que enfrenta la humanidad.

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