sábado, 7 de febrero de 2026

“Mientras más feo luce el panorama, más ganas tengo de crear belleza”

Berenice Ojeda Jara 

Silvio Rodríguez se define como un “trovador del tiempo”, y posiblemente –para algunos admiradores– es un hacedor de canciones que a lo largo de más de seis décadas ha logrado entrelazar emoción y conciencia, con una propuesta musical y poética ligada a ritmos populares, a estructuras versales y estróficas de la tradición hispanoamericana, y al tránsito entre las diversas facetas de las contradicciones humanas, la intimidad del ser, y “las circunstancias que me tocaron vivir”, como señala en una de sus respuestas. 

Esa sensibilidad y ese compromiso encontró en Chile un lugar especial en su trayectoria musical y vital. Su primera visita data de septiembre de 1972, cuando junto a Noel Nicola y Pablo Milanés, llegó al país invitado por Isabel Parra, y desde ese primer encuentro —con Víctor Jara esperándolo al llegar a Pudahuel— estableció un vínculo profundo con la memoria cultural y política de nuestro país.

Chile no sólo ha sido escenario de aplausos y cantos, sino también de recuerdos y afectos que a lo largo de los años se han renovado. En 2025, tras siete años de ausencia, Rodríguez regresó a Santiago en el contrexto de una gira latinoamericana que consideró a nuestro país como primer destino, y que posibilitó el reencuentro con antiguos y nuevos públicos. En una serie de emotivos conciertos en el Movistar Arena, interpretó los clásicos de siempre y también sus composiciones más recientes, acompañado de una banda de connotados músicos/as.

Este regreso no fue sólo musical, fue también un encuentro con personas para él significativas. En Santiago, conversó con figuras como el Presidente Gabriel Boric, a quien calificó como “amigo”, y evocó experiencias compartidas con Víctor Jara, en una visita a la Fundación que resguarda el patrimonio cultural del artista asesinado luego del Golpe de Estado y que dirige su hija, Amanda Jara.

La trayectoria de Silvio Rodríguez es un mapa de estaciones difíciles de separar; desde los albores de la Nueva Trova Cubana en 1968 —una corriente que combinó raíz popular, compromiso social y exploración lírica— hasta su presencia actual en escenarios de todo el continente, y discos que se han convertido en referentes absolutos del cancionero latinoamericano.

Trova

La trova, desde sus orígenes, ha integrado la fusión de música y poesía, y esta poesía ha estado ligada a estructuras versales y estróficas propias de una historia, un idioma y una tradición cultural que se desarrolla en el tiempo (verso endecasílabo, copla octosilábica, décima espinela, romance español). Desde tu oficio de trovador y ‘hacedor de canciones’, cubano, ¿Qué relevancia otorgas a estas formas poéticas, muchas de ellas presentes en tu obra?

La trova cubana es fusión de música y poesía, no sólo porque haya musicalizado formas literarias habituales en la poesía y versos de poetas; lo es, sobre todo, porque desde el siglo 19, cuando empezó a cuajar esta expresión, los trovadores cubanos partieron de una identificación con lo poético. Tan es así, que los primeros trovadores fueron llamados poetas por sus admiradores.

¿Qué autores, dentro de esta línea literaria de la tradición, resuenan particularmente en tu obra? ¿Caben aquí, los cultores repentistas del punto guajiro, por ejemplo?

A los 20 años titulé un tema “La canción de la trova”, inspirado en la impresión que me causaba la obra de Sindo Garay, uno de los padres de la trova cubana. Ya la trova había evolucionado cuando yo aparecí, sobre todo armónicamente. La mayoría de los grandes autores de boleros y canciones románticas fueron trovadores como César Portillo de la Luz, Marta Valdés, José Antonio Méndez, Ñico Rojas y otros. Recuerdo que por entonces se puso de moda el término cantautor. Creo que fue por influencia del Festival de San Remo y de autores italianos que por entonces componían e interpretaban sus propias canciones (Doménico Modugno, Sergio Endrigo, Gino Paoli). Sin embargo, prácticamente desde que empecé pedí que me presentaran como trovador. Mi identificación, además de por oficio, tenía también cierta razón de clase. Por entonces los trovadores eran los más mal pagados en la radio y la televisión.

Aunque a veces en lo que hago asoman referencias del campo, creo que mis derroteros musicales han sido armónica, rítmica y literariamente más urbanos. El punto guajiro, también llamado cubano, es una expresión eminentemente campesina. A menos de 100 metros de mi casa natal, en San Antonio de los Baños, está lo que fue el hogar de Ángel Valiente, uno de los más importantes repentistas cubanos de todos los tiempos. En Cuba es imposible desconocer el repentismo y el punto, porque son expresiones con muchos seguidores; siempre han existido programas de radio y televisión dedicados a esa música.

¿Esas estructuras versales te sugieren ‘una música’ con características propias o especiales?

Las formas clásicas de versificar se destacan por su musicalidad. Las he usado, aunque no mucho, porque yo no compongo desde lo escrito. Más bien hago al revés: estructuro una idea musical y después trato de encontrarle las palabras.

¿Cómo comprendes hoy el concepto “trovador”? ¿Te consideras portador de una tradición que resguarda y a la vez innova en este oficio?

Como toda mi generación, me considero un trovador del tiempo y las circunstancias que me tocaron vivir.

Relación con Chile

Anunciado tu concierto en nuestro país, –septiembre y octubre del 2025–, la respuesta de tus seguidores fue casi inmediata. Se agotaron rápidamente las entradas para la primera fecha anunciada, obligando la apertura de dos nuevas presentaciones. Este hecho denota la profunda admiración y cariño de nuestro pueblo por tu obra. Si pregunto a la inversa, ¿Qué significa, en el plano afectivo y creativo, Chile para ti?

Chile fue el primer país Latinoamericano que visitamos Pablo Milanés, Noel Nicola y yo, gracias a una invitación de Gladys Marín. Fue en septiembre de 1972, durante el gobierno de Salvador Allende, a quien tuvimos la suerte de ver de cerca. Fueron tres o cuatro semanas que calaron muy hondo en mi conciencia. Estuve mucho en la Peña de los Parra. Allí vimos a Inti Illimani, Illapu, Tito Fernández, Pato Manns, Payo Grondona. A Víctor Jara lo recogimos una mañana y fuimos con él hasta Valparaíso, a cantar en una universidad. Por aquellos días el sello Alerce empezaba a gestarse en la cabeza de Ricardo García y estallaba la muralística popular en las paredes de la ciudad. Había combates callejeros a diario. Fue un viaje inolvidable, muy subrayado por lo que sucedió justo un año después.

El año 2004, en Barcelona, participaste en el concierto “Neruda en el corazón”, junto a destacados artistas cubanos y españoles. ¿Qué valor le asignas a la obra de Pablo Neruda? Y ¿Qué otros autores chilenos son significativos para ti?

Neruda es muy Neruda: una obra poética de proporciones universales, premio Nobel incluso. Siempre me atrajo mucho Nicanor Parra, por esa suerte de aspereza declarada en sus antipoemas. En La Habana, en Casa de las Américas, alguna vez coincidí con Enrique Lihn, y allí también hicimos un programa de televisión con Gonzalo Rojas. Una de las trovadoras cubanas que más quiero, Teresita Fernández, fue una gran divulgadora de Gabriela Mistral.

Durante tu camino artístico has colaborado en varias ocasiones con artistas chilenos, últimamente con Manuel García y Patricio Anabalón, entre otros. Según esto, ¿cómo observas el proceso creativo del Chile actual?

No estoy lo suficientemente enterado de lo actual como para atreverme a un criterio. Solo decir que tanto Manuel como el Pato son cantores extraordinarios, ambos con canciones bellísimas, además de muy bien interpretadas.

Trayectoria

Si pudieras describir, en pocas palabras, tu recorrido artístico desde los inicios hasta la actualidad, ¿qué aspectos, situaciones y emociones relevarías?

Creo que he sido una persona con una suerte enorme. Por haber nacido donde y cuando nací; por haber escogido un oficio que es como seguir jugando, asumiéndome niño para siempre. Que, para colmo, te aplaudan y te paguen por hacer lo que te vino en gana, puede parecer demasiado.

¿Qué intereses creativos tiene el Silvio del 2026?

Tengo mucho pendiente, varios trabajos discográficos que van cobrando forma lentamente. Me gusta trabajar así, tomando distancia y regresando después a lo mismo. Se van descubriendo variantes, cosas nuevas.

¿Qué reflexiones y emociones quedaron en ti luego de la reciente y exitosa gira por Sudamérica, y particularmente sobre el reencuentro con Chile y con algunos amigas/os significativas/os, como Amanda Jara, por ejemplo.

Además del público chileno, que a mis años es como una especie de familia, vi a familiares que tengo en Chile, vi a gente muy querida. Cierto que fue especialmente lindo el encuentro con Amanda y su gente de la Fundación Víctor Jara. Le hice saber que la había visto pequeñita, cuando fuimos a recoger a su padre para irnos a Valparaíso. Aquel día ella salió a la puerta, le abrazó y le dio un beso.

Política

Hace años hablaste de “revolucionar la revolución”, ¿sigues sosteniendo este enunciado? Y ¿cómo comprendes actualmente la palabra “Revolución”?

También he dicho que le debiéramos quitar la R. Fíjate en cómo quedaría.

Cuba sigue siendo un referente de resistencia ante los innumerables actos de sabotaje en su contra, incluidas las amenazas de Trump contra la isla y otros países de la región, luego de asumir por la fuerza el control político y económico sobre Venezuela. ¿Cuáles crees son los factores que inciden en la preservación de su porfía, considerando el actual escenario de crisis interna y asedio externo?

En cierto sentido siempre hemos estado en crisis. Es crítico –muy crítico—plantearse un mundo en el que imperen la piedad y altruismo. Esa es la causa de todo lo que nos sucede.

Desde lo humano-político: ¿Qué travesuras sueña “El Necio” de Silvio en el presente?

Hace unos días, en un evento trovadoresco que se hace anualmente en la ciudad de Santa Clara, llamado “Longina”, como la canción de Manuel Corona –uno de los padres de la primera trova–, me preguntaron qué le diría a los jóvenes. Pasando por alto que me aterra ese tipo de preguntas –dicen que “solo da consejos quien ya no puede dar malos ejemplos”–, te voy a responder lo mismo: mientras más feo luce el panorama, más ganas tengo de crear belleza.

https://radio.uchile.cl/2026/02/07/silvio-rodriguez-mientras-mas-feo-luce-el-panorama-mas-ganas-tengo-de-crear-belleza/

Lo que hoy dicen tres diarios

GRANMA (Cuba):

CUBA NO SE DETIENE / René Tamayo León

Estoy más convencido que nunca de que nos vamos a ir por encima de esta situación, la vida nos ha demostrado como lección de la Revolución que siempre habrá soluciones para los problemas por muy complejos que sean, ratificó el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en reunión extraordinaria del Consejo de Ministros para evaluar las acciones inmediatas a implementar, con el fin de enfrentar el desabastecimiento de combustible tras el bloqueo energético impuesto contra nuestro país por el imperialismo estadounidense.

Dedicada a la actualización de las Directivas de Gobierno para enfrentar el desabastecimiento de combustibles, el encuentro, realizado este viernes, fue encabezado, además, por los miembros del Buró Político, Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; Manuel Marrero Cruz, primer ministro; Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central, y Salvador Valdés Mesa, vicepresidente de la República.

En el intercambio, Marrero Cruz insistió en la necesidad de informar de forma amplia y oportuna a la población sobre estas medidas; a partir de este viernes se iniciará un proceso de comunicación en el que participarán autoridades del Gobierno, los ministerios y otras entidades.

El Jefe del Gobierno explicó que las decisiones que se están adoptando están contempladas en las normativas legales vigentes. Forman parte, a la vez, de las acciones que ha debido tomar la Revolución a lo largo de su historia para defenderse de la permanente agresividad del imperialismo.

 «Cuba no se parará, Cuba no se detendrá, nadie nos parará», afirmó Marrero Cruz, porque, ratificó, «lo que estamos haciendo es para no detenernos».

Morales Ojeda coincidió en la importancia de comunicar de forma objetiva y oportuna las medidas que está adoptando el Gobierno Revolucionario, con el optimismo de que sí vamos a salir de esta situación, que nos conducirá, finalmente, a alcanzar la soberanía energética.

Un país en movimiento

El titular de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, informó sobre medidas para enfrentar el desabastecimiento de combustibles tanto para la generación de electricidad como en el transporte automotor.

Las decisiones están dirigidas a optimizar estos recursos, con medidas restrictivas y también potenciando el ahorro.

Al mismo tiempo, se dinamizará la instalación de dispositivos que generan con fuentes renovables de energía, en especial la fotovoltaica. Entre otras acciones está la colocación de los módulos fotovoltaicos otorgados a trabajadores de la Educación y la Salud, los 5 000 destinados a viviendas aisladas y otros.

De la O Levy explicó que se acelerará el programa inversionista de parques solares fotovoltaicos, para lo que se movilizarán fuerzas de los territorios. Este es un proyecto, enfatizó, que no puede detenerse, y que ahora incluye la construcción de diez parques de este tipo con baterías de acumulación asociadas.

El Ministro de Energía y Minas enfatizó en la necesidad de que en cada territorio se potencien iniciativas impulsadas por Fidel durante el periodo especial y que son muy adecuadas para la situación actual, como el uso del biogás, la biomasa, el empleo de leña y carbón en panaderías, centros de elaboración y otras áreas de cocción, o los molinos de viento, además de tecnologías modernas como bombas solares, calentadores de agua y otras soluciones que están identificadas y son conocidas por los consejos energéticos.

Defensor desde siempre de estas tecnologías, Díaz-Canel subrayó que hoy todo el mundo tiene que estar trabajando en estas soluciones y no esperar por decisiones centralizadas, porque, subrayó, hay muchas iniciativas de este tipo.

Sobre las medidas en el sector de la educación general y superior, informaron los titulares Naima Ariatne Trujillo Barreto, del Ministerio de Educación (Mined), y Walter Baluja García, del Ministerio de Educación Superior.

Trujillo Barreto explicó que entre las decisiones está la desconcentración de matrículas en centros que dependen del transporte hacia áreas aledañas a los lugares de residencia de los estudiantes, como, por ejemplo, que los alumnos de los IPVCE sigan las clases en los preuniversitarios más cercanos a sus hogares; mientras que en las primarias se mantendrán las clases.

El primer ministro, Manuel Marrero Cruz, insistió en que las clases no pueden suspenderse, sino que hay que buscar alternativas para mantener la educación y su calidad. La Ministra del Mined subrayó al respecto que uno de los principios, a pesar de las limitaciones, es defender la máxima presencialidad de los alumnos y el vínculo de muchachas y muchachos con sus instituciones escolares.

El titular del mes informó que en la Educación Superior se pasará a la semipresencialidad, pero cada estudiante dispondrá de indicaciones metodológicas y tareas; se potenciarán las prácticas laborales en instituciones de sus municipios y los profesores estarán también en los territorios, siguiendo la experiencia que se tuvo durante la pandemia de la COVID-19.

Baluja García recalcó la oportunidad que esto significa para los territorios, que dispondrán en sus localidades de alumnos universitarios y profesores que pueden apoyar mucho en los proyectos locales.

El presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Antonio Rodríguez Rodríguez, describió las acciones para garantizar el abasto en las condiciones presentes, incluyendo el aseguramiento de combustible para mantener la estabilidad en las principales conductoras, entre otras iniciativas.

En el encuentro, otros jefes y jefas de los Organismos de la Administración Central del Estado informaron sobre las medidas que en estos se adoptan para enfrentar el desabastecimiento de combustibles, detalles que se darán a conocer a la población a través de los medios tradicionales de comunicación, las redes sociales y los sitios web institucionales.

Cuba tiene respuestas, alternativas, salidas

En las conclusiones del encuentro, el Primer Secretario subrayó la moral, la decisión, la valentía, el realismo, el optimismo, la confianza, con la que el país está enfrentando la situación actual.

Ante esta nueva agresión, enfatizó, tenemos respuestas, alternativas, salidas, porque el país, dijo, se ha preparado para enfrentar la situación, a la vez que recordó que este bloqueo energético comenzó desde el pasado diciembre, cuando el Gobierno de EE. UU. bloqueó ilegalmente, en violación del derecho internacional, las exportaciones de petróleo de Venezuela.

Frente a esta agresión del imperio contra nuestro país, señaló más adelante el Jefe de Estado, lo que ha habido es una reacción de admiración, de confianza y apoyo a Cuba de mucha gente del mundo, de empresarios, de personalidades, de países, que han planteado modos de trabajar con Cuba.

«No nos han podido parar», aseveró Díaz-Canel en referencia a la creciente agresividad del Gobierno de EE. UU., a la vez que agregó que nuestro país no ha renunciado a recibir combustibles, por lo que se siguen realizando acciones para adquirirlos.

En Cuba, agregó, lo que estamos es pensando en irnos por encima de las dificultades, como nos han enseñado los líderes históricos de la Revolución. Y los resultados que alcanzaremos, agregó, tienen que tener una salida de participación popular. «Aquí, resaltó, estamos buscando soluciones entre todos. Todos actuando, todos transformando».

https://www.granma.cu/cuba/2026-02-06/cuba-no-se-detiene-06-02-2026-21-02-27


LA JORNADA (México):

ANTE LA PREPOTENCIA, SERENIDAD / Editorial

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, dijo ayer que su gobierno está dispuesto a un diálogo con Estados Unidos sobre cualquiera de los temas que se quiera debatir o dialogar, con la única condición de que las pláticas se lleven a cabo “sin presiones, en una posición de iguales, de respeto a nuestra soberanía, a nuestra independencia, a nuestra autodeterminación”. Palabras casi idénticas fueron usadas por su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien se declaró listo para hablar con Donald Trump bajo el entendido de que “no hay ningún tema prohibido que no se pueda debatir; lo único que no discuto es la soberanía de mi país, ésa es sagrada”.

Dichos posicionamientos se produjeron sólo dos días después de que el mandatario de Colombia, Gustavo Petro, sostuviera un encuentro con Trump en la Casa Blanca, al término del cual el republicano declaró que se entendieron muy bien y tuvieron una reunión cordial. El simple hecho de que se llevara a cabo la conversación, aunado al marcado cambio de tono del magnate –quien sin prueba alguna había acusado a Petro de ser narcotraficante–, dieron al colombiano una sonada victoria política interna al desarmar a todo el espectro de la derecha local: como algunos de sus pares mexicanos, los reaccionarios de Colombia apelan a una intervención estadunidense y miden el éxito basados en la cercanía con Washington.

Incluso la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha optado por pasar por alto las graves agresiones de Trump –empezando por el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa– a fin de distender las relaciones con la superpotencia y aliviar, en la medida de lo posible, la asfixia económica criminal que padece su país a manos de Washington. Así, esta semana recibió en el Palacio de Miraflores a la encargada de negocios de Estados Unidos en Caracas y designó a un representante diplomático para resolver las diferencias bilaterales mediante el diálogo, sin que ello signifique ignorar la amenaza que pende sobre la nación caribeña.

Hay en los reposicionamientos referidos ecos claros de la táctica iniciada por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador durante el primer mandato de Trump, y perfeccionada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha debido encarar el regreso al poder de un trumpismo mucho más violento y sujeto a muchos menos controles políticos e institucionales. En efecto, la comprensión de los dirigentes mexicanos acerca de la inevitabilidad de coexistir con el magnate, y la mezcla de templanza y firmeza mediante la cual han mantenido abiertos los canales de comunicación con el problemático vecino, sin duda han inspirado a otros mandatarios latinoamericanos para reconducir sus relaciones con la Casa Blanca, a sabiendas de que ahí no tienen a un amigo ni a un aliado. Como expresó el presidente Petro en la capital estadunidense, “un pacto no es entre hermanos gemelos; un pacto es entre contradictores que pueden encontrar los caminos de una hermandad humana”.

Si algo está claro tras cinco años discontinuos de trumpismo, es que la altanería y la prepotencia son terrenos donde el magnate siempre saldrá vencedor, por el simple hecho de que encabeza a la que es todavía la mayor potencia económica y militar del planeta. En tal escenario, lo único sensato es insistir en los llamados al diálogo, sin claudicar de lo irrenunciable: la soberanía y la autodeterminación.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/06/editorial/ante-la-prepotencia-serenidad


EL PAÍS (España):

CUBA ANTE EL ABISMO ENERGÉTICO / Editorial

La escasez de combustible ha dejado Cuba paralizada: largas filas para obtener unos pocos litros de gasolina, transporte público reducido a casi nada, apagones que superan las 12 horas diarias y la falta de productos básicos que atraviesa cada aspecto de la vida cotidiana. El desastre, tal como lo describen muchos cubanos, se siente apocalíptico.

Este escenario no surgió de la nada. Donald Trump ha apostado por una presión máxima sobre el régimen cubano, que ha resultado en un bloqueo económico y energético de facto. Trump ha asegurado que aplicará aranceles a países que suministran petróleo a la isla, bloqueado envíos desde Venezuela e impulsado una retórica beligerante que sitúa a Cuba como una “amenaza” que debe ser aislada. La primera consecuencia ha sido asfixiar aún más a una población que ya venía cargando décadas de estrecheces.

La rigidez de las autoridades de La Habana ha profundizado la crisis. La economía no ha sido reformada; el sector productivo sigue anclado en esquemas ineficientes, y la dependencia de suministros externos nunca fue sostenible. En un momento en que se requería apertura, las políticas han repetido fórmulas del pasado, dejando al país en una situación de vulnerabilidad extrema.

En ese contexto, las recientes declaraciones del presidente Miguel Díaz-Canel en las que admite la disposición de Cuba a dialogar con Estados Unidos son un paso necesario hacia una desescalada. La oferta de diálogo es una oportunidad que no puede desperdiciarse. No es simplemente un gesto diplomático: es una invitación a negociar soluciones concretas que permitan aliviar el sufrimiento. Para tener impacto, esas palabras deben traducirse en acciones rápidas y verificables, no en retórica vacía.

La apertura al diálogo debe tener como prioridad el restablecimiento del suministro de combustibles y energía, la facilitación de importaciones esenciales y la creación de mecanismos de cooperación humanitaria que no estén sujetos a tensiones geopolíticas. Cuba necesita combustible para hospitales, escuelas, transporte y servicios básicos.

El sufrimiento del pueblo cubano no debe ser moneda de cambio en las luchas de poder entre Washington y La Habana. El bloqueo económico, prolongado y agresivo, ha demostrado ser una herramienta ineficaz y cruel que castiga a la ciudadanía más que a la élite gobernante. Por su parte, el régimen cubano no puede seguir refugiándose en un discurso de victimización para escapar de sus propias responsabilidades de gobierno. La apertura de mercados, la protección de derechos civiles y la modernización económica que lleven a un futuro de democracia son urgentes, no opcionales. La situación exige una salida práctica, negociada y humana. No hay victoria posible en una escalada. El diálogo propuesto debe comenzar ya, con objetivos claros y calendarios estrictos. Cuba no puede seguir al borde del abismo. Es hora de una salida.

https://elpais.com/opinion/2026-02-07/cuba-ante-el-abismo-energetico.html


LA JORNADA (México)

LA GUERRA IMPERIAL Y LA DIGNIDAD DE CUBA / Magdiél Sánchez Quiróz

Se cumplió un mes de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. El hecho más relevante fue el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores, su esposa y diputada. El saldo exacto de las personas asesinadas en la incursión aún no ha sido esclarecido. Oscila por las 140. Estados Unidos ha ocultado cualquier información sobre sus heridos y se niega a informar si sufrió bajas. Se sigue sin saber si hubo una traición o conspiración desde el interior de Venezuela. Pero el pueblo venezolano, hegemonizado por el chavismo, se sostiene firme en el proyecto de Chávez y Maduro. 

Un hecho que resaltó desde los primeros días es que en los ataques murieron 32 cubanos que realizaban labores internacionalistas. Algunos fueron asesinados mientras dormían. Otros combatieron hasta el último segundo, defendiendo al mandatario Maduro. Homenajeados por millones de cubanos que se movilizaron en los días posteriores, su heroicidad recuerda a sus compatriotas caídos en Angola, a los que defendieron la revolución en Granada, que combatieron con el Che en Bolivia y El Congo, a los internacionalistas de la guerra de España y a quienes se sumaron a las gestas independentistas de otras naciones en la región. 

En ese contexto, destaca también la nueva orden ejecutiva lanzada contra Cuba por Donald Trump (29/01/26). Ésta pretende llevar a un colapso energético a la isla, para detonar una crisis social y empujar un cambio de régimen. En su primer mandato, Trump incrementó las hostilidades contra Cuba al poner al país en la lista de países patrocinadores del terrorismo y agudizar las medidas coercitivas en su contra. Desde entonces, los problemas estructurales ocasionados por una guerra permanente (desde 1959) y un bloqueo (desde 1962) han hecho más difícil la vida para millones de cubanos que, a pesar de ello, sostienen una revolución que ha fundido la liberación nacional y la transición socialista en un solo cauce. 

En medio de una crisis política interna, Trump aspira a que el nuevo ataque contra Cuba le devuelva la legitimidad perdida por los problemas económicos internos, los crímenes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y el escándalo de pedofilia y lenocinio en que está inmerso. 

Como parte de una ofensiva sicológica, y con la “medalla” de haber secuestrado a Maduro y Flores, insiste ad nauseam que Cuba se rendirá. La guerra contra La Habana no es sólo mediática. Es total y permanente. A pesar de la asimetría entre los países, la opción de intervención militar de Estados Unidos. ha estado cancelada desde hace décadas por la fortaleza político militar de Cuba. 

Una estrategia de guerra de todo el pueblo, una fortaleza ideológica en la que se galvaniza el socialismo y el amor por la patria, la cohesión inquebrantable de la dirección del país, así como de la disposición de la inmensa mayoría del pueblo para defender la nación ha frustrado los proyectos imperialistas a lo largo de 67 años. 

Cuba ha sido el único país del mundo que ha logrado que Estados Unidos pague una indemnización de guerra, tras la invasión de Playa Girón. En la guerra de Angola contra el régimen del apartheid, mostró una superioridad políticomilitar y moral en el asesoramiento militar, se ganó el reconocimiento en las mesas de negociación de la paz y fue un baluarte de dignidad al no pedir nada en su favor, a pesar de los enormes sacrificios de decenas de miles de cubanos. 

La ofensiva belicista es parte de la batalla de un imperio en decadencia. Con el corolario trumpista a la Doctrina Monroe (Donroe) pretende reclamar la parte del mundo que, según el diseño geopolítico de Karl Hausofer, le corresponde como hegemón imperial. El continente americano, el Caribe y Groenlandia son así el espacio vital que le permitirá sobrevivir a la emergente multipolaridad. 

Cuba es, para la doctrina Donroe, “una amenza”. Así lo dice en la orden ejecutiva del 29/01/26. Cuba es el recordatorio constante de que el imperio no es omnipotente. Es un símbolo de la dignidad y la rebeldía de toda una nación y de un proyecto alternativo, el socialismo. 

En la nueva ofensiva contra Cuba está en juego la posibilidad de soberanía para toda la región. Nadie puede ser indiferente a este conflicto. Cada país y cada persona deben posicionarse para echar abajo la orden ejecutiva del 29 de enero y las medidas coercitivas impuestas en el primer gobierno de Trump. Por su parte, desde la Estrategia de Seguridad Nacional (NSE, por sus siglas en inglés) publicada por el gobierno de Trump en diciembre de 2025, se postula como necesario para ese país “reclutar (enlist) a países para fortalecer su estabilidad y seguridad en tierra y mares” (NSE, p. 16). Los dirigentes políticos de toda la región están obligados a demostrar si están dispuestos a rebelarse y ser dignos o aceptarán ser reclutas de un imperio en decadencia. 

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/07/opinion/la-guerra-imperial-y-la-dignidad-de-cuba

jueves, 5 de febrero de 2026

La lucha contra el cáncer delata la cara genocida del bloqueo

Wennys Díaz Ballaga

A pesar de las severas limitaciones que impone el cerco económico impuesto por el Gobierno de EE. UU., Cuba mantiene y desarrolla su Programa Integral para el Control del Cáncer, reafirmando una apuesta constante por la vida y la salud de su pueblo.

En el Día Mundial de la Lucha contra esta enfermedad, el doctor Luis Martínez Rodríguez, director del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, expuso que «constituye la segunda causa de muerte en nuestro país, pero, además, algo que también es muy importante: es la primera causa de años potencialmente de vida perdidos».

Apuntó que, en Cuba, se diagnostican más de 50 000 casos nuevos anualmente; sin embargo, muchos pueden ser prevenibles cambiando estilos de vida. 

Por su parte, el doctor Carlos Alberto Martínez Blanco, jefe de la Sección para el Control del Cáncer del Ministerio de Salud Pública, explicó que Cuba cuenta con un programa integral estructurado en los tres niveles del Sistema de Salud, desde la atención primaria hasta los institutos especializados.

Señaló que los resultados en el control de la enfermedad «se han visto afectados en los últimos años por las limitaciones y restricciones del bloqueo», y detalló obstáculos concretos: desde la adquisición de vacunas preventivas, hasta el mantenimiento de tecnologías esenciales, la adquisición de piezas de repuesto, medicamentos oncoespecíficos y tecnologías quirúrgicas avanzadas.

Pese a estas adversidades, el país mantiene su estrategia basada en la prevención, promoción de salud y el desarrollo de una red nacional que organiza los servicios de oncología clínica, radioterapia y oncopediatría, reafirmando su voluntad de garantizar el derecho a la salud.

https://www.granma.cu/cuba/2026-02-04/la-lucha-contra-el-cancer-delata-la-cara-genocida-del-bloqueo-04-02-2026-23-02-30

miércoles, 4 de febrero de 2026

Cuba y EE.UU.: Memo sobre diálogo, entendimiento y negociación

Rafael Hernández

Me gusta recordar a cada rato que sobre béisbol, ciclones y relaciones con EE.UU. todos los cubanos somos expertos. 

Las maneras en que se ejercen las tres “experticias”, sin embargo, suelen diferenciarse notablemente. Como evidencia prima facie véase cuántas opiniones polarizadas y debates a muerte circulan en las redes sobre béisbol y ciclones, en comparación con todo lo que se afirma, se propone, se predice y se maldice sobre las relaciones entre nuestros dos países. 

Habiéndome dedicado a investigarlas una parte de mi vida más larga de la cuenta, y habiéndome equivocado muchas veces, no deja de fascinarme el modo en que son discutidas, especialmente por su asertividad y subjetividad frecuentes.

En efecto, pocos temas suscitan tantas frustraciones, expectativas y “soluciones definitivas” como este. Incluso entre quienes repiten que el bloqueo no es la causa de todos nuestros problemas, muchos se comportan como si las “relaciones normales” pudieran resolverlos casi todos. De manera que la isla se convierta en esa especie de tierra prometida imaginada, próspera, sostenible y democrática, de donde nadie se quiera ir, parece depender de nuestras relaciones con ellos. 

Y aunque sus políticas se encargan de recordarnos una y otra vez la naturaleza imperialista que sigue gobernándolas, soñamos con un futuro en que podamos vivir nuestra cercanía como buena vecindad y legado cultural compartido, en vez de en condición geopolítica adversa y predominante. 

Esa subjetivación de las relaciones también suele proyectar las frustraciones y desavenencias de muchos con el Gobierno cubano, en sí mismas muy explicables, para atribuirle a este la causa del impasse, los retrocesos o agravamientos que experimentan. 

Como si se tratara de un padecimiento vuelto crónico por ineptitud para tratarlo, en vez de una configuración de poderes asimétricos, cuyos ciclos de polarización y de aproximación han estado determinados por la gran potencia, según puede comprobarse mediante una simple inspección de la historia. 

En los últimos tiempos, he intentado explorar el cuadro de estas relaciones recurriendo al triángulo clásico EE.UU.-Latinoamérica+Caribe-Cuba, buscando en él explicaciones sobre lo que está pasando o podría pasar en su dinámica, como alternativa al arrastre subjetivista. 

El triángulo clave: EEUU-Cuba-América Latina

Bajo el efecto estremecedor de la crisis venezolana, y la nube de discursos y moralejas atropelladas que la acompañaron, intenté examinar las diferencias de fondo entre el escenario venezolano y el nuestro, y apreciar los límites a una escalada militar contra Cuba, sin subestimar los peligros y costos reales que planteaba la agresividad acrecentada de EE.UU. 

Quisiera ir ahora un poco más atrás, y volver a revisar la última fase de acercamiento que tuvimos. No solo por la permanencia de los intereses mutuos que la propiciaron, sino también porque, particularmente del lado de Cuba, algunos de los actores que participaron en aquel entendimiento siguen vivos. 

Y, sobre todo, para aprender de las diferencias marcadas entre ambas circunstancias. Lo que, en política, hay que tener muy en cuenta, pues no todo depende de la buena o mala voluntad de las partes, aunque el voluntarismo sea un rasgo de nuestra cultura politica —la de tirios y también la de troyanos—. No siempre, más bien casi nunca, “querer es poder”.       

Hace apenas 12 años, el Gobierno cubano y el estadounidense negociaron y acordaron nada menos que la normalización de relaciones diplomáticas. Llegaron a ese punto gracias a un largo y complicado diálogo sobre intercambio de presos, que fue posible porque había un tiempo limitado para lograrlo del lado de allá. 

En efecto, si Alan Gross hubiera muerto de un infarto en una cárcel cubana, la Administración Obama habría tenido que pagar un costo político muy alto. Así que la urgencia de alcanzar un acuerdo en un plazo determinado gravitaba por encima de la asimetría de poderes e intereses entre ambos lados. 

Supongo que no necesito demostrar que la iniciativa de este acercamiento estuvo del lado de EE.UU.; ya que la actitud receptiva de Cuba para negociar, y su disposición para “hablar de cualquier tema” estaba ahí desde que Raúl Castro ocupara la presidencia (2008). Aunque Obama había enunciado el cambio en la política hacia Cuba desde su campaña electoral (2008), y se lo había prometido luego a los países de la región (2009), no había tenido lugar antes, salvo algunas rectificaciones de menor cuantía. 

A fines de 2014, sin embargo, esa iniciativa tenía a su favor que podía producirse a un costo relativamente bajo. Entre los factores favorecedores estaba que empezarían a transcurrir los últimos dos años del mandato presidencial; que la mayoría de la opinión pública de EE.UU. estaba a favor de un entendimiento; y que un mayor número de cubanos emigrados le habían dado su apoyo a una agenda distensiva que facilitara viajes y remesas. 

En el plano internacional, todos los gobiernos de América Latina y el Caribe, y tambien los aliados europeos, independientemente de sus posiciones ideológicas, pensaban lo mismo. 

El único factor en contra era el lobby de los recalcitrantes cubanoamericanos del sur de la Florida. Pero no era la primera vez que el gobierno de EE.UU. le pasaba por arriba a ese lobby, cuando se trataba de un asunto que le importara realmente. 

Aun con este cuadro favorable, fue necesaria la mediación del papa Francisco para destrabar y facilitar el diálogo que condujo al intercambio de prisioneros. Ese diálogo y el acuerdo en que desembocó, sirvió de trampolín para algo que no se esperaba: la restauración de las relaciones diplomáticas llamada “normalización”. ¿Por qué?

Obama nunca prometió que iba a normalizar relaciones. Hubiera suscitado oposición en el Congreso, en sectores de la propia burocracia, además de todos los operadores y accionistas de la industria del anticastrismo, especialmente en el sur de la Florida. 

Podemos admitir que tenía esa intención secreta; pero sabemos que las intenciones secretas o lo que les hubiera gustado hacer no desemboca siempre en acciones convenientes para los políticos. 

El hecho cierto es que, más allá de esas inclinaciones y conveniencias, podía estimarse con certeza que la liberación y canje de prisioneros, una vez fuera un fait accompli, iba a despertar esa misma reacción y a generar un costo político fijo previsible. 

Para ponerlo en términos de la teoría marginalista de costos y beneficios: ¿en qué medida la normalización, o sea, la elevación al rango de embajada a las secciones de intereses en La Habana y Washington, existentes desde 1977, iba a generar un costo marginal superlativo? Y resultó mínimo.

Además de contar con el respaldo de todos los actores y corrientes favorables mencionados arriba, incluida la mayoría silenciosa de la emigración, la administración Obama podía entonces darse el lujo de invertir su capital político residual en un pequeño negocio como era el tema de Cuba, hacerlo florecer en los próximos 25 meses, y convertirlo en un tópico importante de su legado. 

Para alcanzarlo, contaba con la colaboración del Gobierno de Cuba, que no exigía el levantamiento del embargo como condición previa para declarar la normalización. Hablando de concesiones, ninguna de las que hicieron posible el acercamiento y progreso de las relaciones en 2015-2016 puede compararse con esa.

Está de más decir que el interés económico no era la fuerza que impulsaba esta política del lado de EE.UU. Pero no eran despreciables los intereses de seguridad nacional que ambos lados compartían. Basta revisar los 23 acuerdos alcanzados antes de que Obama dejara la Casa Blanca para confirmarlo.

¿Qué pasó del lado de Cuba, y qué costos hubo que pagar? Como podía suponerse, la inmensa mayoría de los cubanos apoyaron la normalización de manera estentórea. Muchos la celebraron como un triunfo de la soberanía nacional. Anticiparon que, aun sin levantarse el bloqueo, era un paso en ese camino, y empezaron a aprovechar los beneficios directos de la distensión: el aumento de las visitas de estadounidenses y cubanoamericanos, la mayor flexibilidad en el otorgamiento de visas, los vuelos comerciales entre diversas ciudades de EE.UU. y las provincias cubanas, el auge de las licencias para intercambios culturales y académicos, etc. Diversos grupos de cubanos aprovecharon esos avances, además de todo lo que se logró en materia de cooperación entre los dos gobiernos.

El principal costo, en mi opinión, estuvo precisamente en el vínculo que se creó, subjetivamente, entre el avance del programa de reformas, aprobado tres años antes, y el proceso de la normalización en las relaciones bilaterales. 

Sin duda, la expectativa de mejores relaciones se convirtió en un factor objetivo, que catapultó las relaciones exteriores de Cuba, y las multiplicó más allá de los EE.UU. Durante los dos años de la normalización, visitaron la isla más dignatarios y representantes gubernamentales de alto nivel, procedentes de todo el mundo, que nunca antes —según mis cuentas, un promedio de dos cada semana—. 

Si esas expectativas no se cumplieron no fue precisamente por falta de pragmatismo en la política cubana, el predominio de un estilo conservador que paralizara los cambios en curso, cerrara el espacio y legitimidad del sector privado, o respondiera a la mentalidad de fortaleza sitiada. Sino por el cambio en la política de EE.UU., especialmente desde el verano de 2017, cuando “los ataques sónicos” paralizaron literalmente el cumplimiento de los acuerdos migratorios, eje principal del entendimiento y la cooperación entre los dos lados desde 1995.

Seguir asociando las reformas y su implementación con el manejo “pragmático” de las relaciones con EE.UU. no solo ignora las causas del deterioro de las relaciones, sino que confunde los términos de nuestros problemas. 

Continuar apoyando al sector privado y cooperativo; garantizar la expresión de la opinión pública y la autonomía real de los medios; el lugar de los emigrados y su estatuto ciudadano; seguir produciendo la legislación que otorga poder a los municipios, reconoce asociaciones, derechos humanos, etc. que prevé la Constitución, ¿deberían viabilizarse para convertirse en una agenda negociable con los EE.UU.? 

Defender reformas en el ámbito de la política interna como imprescindibles para fomentar el desarrollo socioeconómico, hacer sostenibles los servicios sociales, elevar y repartir el bienestar, la participación y el control ciudadanos, así como fortalecer la autonomía en las relaciones exteriores, facilitar alianzas y diversificar la dependencia, le da un significado a las reformas que forma parte de la proyección internacional de Cuba. Pero de ahí a crear una matriz que les dé sentido como baza de la negociación internacional hay un largo trecho. 

No hay que olvidar que el sentido de las reformas en una política socialista es interactuar con el consenso, fomentarlo y legitimarse en él. De otra manera, se limita a un ejercicio tecnocrático o de simple adaptación al orden internacional y sus estructuras.   

Adjudicarle a la relación con EE.UU. el papel clave en la solución de nuestros problemas también asume como premisa que Cuba se está derrumbando y tendría que agarrarse a un clavo ardiendo. Percepción que coincide con la de quienes mandan hoy en EE.UU.  

Si ese fue el sentido común que ha conducido a otros, más ricos y menos dependientes que nosotros, a negociar “un acomodo” con la superpotencia, estamos teniendo delante los resultados de ese pragmatismo.  

Me he demorado, quizás más de la cuenta, en repasar experiencias anteriores de nuestras políticas hacia EE.UU., encaminadas al diálogo, el entendimiento y la negociación; así como retomando ideas sobre su alcance y límites, para poder apreciar las principales diferencias con la situación actual. 

¿Cuál es la actual postura de EE.UU. en términos de diálogo, entendimiento y negociación? ¿De cuáles “EE.UU.” estamos hablando?

¿Estamos en un ciclo de su política caracterizado por una búsqueda de acercamiento con América Latina y el Caribe, como ocurrió en época de Carter u Obama? ¿O la visión predominante es la de “America para los americanos”, consistente en algo más que reconocerles su “esfera de influencia”?  

¿Estamos en el auge de una distensión, a nivel global? ¿O más bien en el retorno a una política de Pax Americana, que no hace distinción siquiera entre sus aliados y los que no lo son? ¿Se trata de reconocer la primacía de EE.UU. en la alianza occidental? ¿O más bien su supremacía absoluta y unilateral? 

¿Existe algún espacio para el multilateralismo en esa política neoimperialista? 

Si no estamos en un momento de diálogo hemisférico ni de coordinaciones multilaterales, sino de refuerzo del unilateralismo, ¿cuáles son las condiciones para esperar una salida negociada entre Cuba y los EE.UU.? 

Ninguna de estas preguntas se dirige a rechazar el diálogo, y mucho menos la búsqueda del entendimiento y la disposición a negociar.  Parte fundamental de hacerlo con realismo y sentido práctico, de asumir a conciencia nuestras debilidades, y de no dejarnos arrastrar por las voces de la guerra, consiste en no olvidar ni por un momento con quién estamos negociando. 

Termino recordando una experiencia histórica que ni los europeos ni los estadounidenses han olvidado, y que resulta recurrente en los estudios internacionales. Es la que describe el término appeasement, en español, apaciguamiento, definida en ese contexto como “una política definida por la realización de concesiones políticas, económicas y/o territoriales a una potencia agresora con el fin supuesto de evitar un mayor conflicto.​”

Invocando el pragmatismo de mantener la paz y hacer concesiones para evitar males mayores, los gobiernos británico y francés firmaron con Hitler el pacto de Munich, por el cual aceptaban la anexión de una parte de Checoeslovaquia a Alemania. En lugar de apaciguarlo, el pacto refirmó el sentido de impunidad del régimen nazi, y le impulsó a apropiarse de toda Checoslovaquia y luego invadir Polonia. Así empezó la II Guerra Mundial.

Recordar esta lección sobre los peligros de ceder a las pretensiones de una gran potencia sería útil no solo para Cuba, sino para el resto de América Latina y el Caribe.

https://oncubanews.com/opinion/columnas/con-todas-sus-letras/cuba-y-ee-uu-memo-sobre-dialogo-entendimiento-y-negociacion/

martes, 3 de febrero de 2026

Cuba y la honda de David

 Por Fernando Buen Abad Domínguez

David frente a Goliat no es sólo una metáfora bíblica reciclada por la retórica política, sino una estructura profunda del sentido, una gramática histórica que organiza la lucha entre fuerzas asimétricas cuando la ética decide no rendirse ante la aritmética del poder. En el caso cubano, esa dialéctica ha sido elevada a virtud colectiva, a pedagogía de la resistencia, a una semiótica del hacer donde la debilidad material no se vive como carencia, sino como ocasión creadora. 

Cuba no ha sobrevivido al imperio por milagro ni por obstinación romántica, sino por una inteligencia política y revolucionaria que supo revertir muchos estragos del bloqueo y convirtió la desventaja en método, la escasez en lenguaje y la agresión permanente en conciencia organizada. Allí donde el imperialismo –con su maquinaria financiera, militar, mediática y simbólica– pretende imponer el relato de la inevitabilidad, la experiencia revolucionaria cubana opone la narración de lo posible, no como fantasía, sino como praxis social sostenida durante décadas de asedio. 

Una virtud cubana no es la negación del conflicto, sino su metabolización humanista, hacer de la necesidad una ética, del cerco una escuela y de la amenaza un espejo donde el pueblo revolucionario aprende a reconocerse como sujeto histórico. Trump no fue una anomalía, sino una hipérbole, una caricatura brutal del imperialismo que siempre ha operado con la misma lógica de intimidación, castigo y escarmiento ejemplar, sólo que esta vez sin maquillaje diplomático. 

Frente a esa obscenidad del poder, Cuba respondió como siempre con más organización, más cultura política, más densidad simbólica. La asimetría no se reduce, se resignifica. El bloqueo no sólo busca hambre material, sino hambre de sentido, y allí la Revolución responde con una semántica de la dignidad que convierte cada acto de resistencia en un signo mayor. No se trata de idealizar la dificultad, sino de comprender cómo una comunidad política decide no dejarse definir por el lenguaje del enemigo. 

En la dialéctica de las virtudes cubanas, la lucha diaria es una dialéctica de la conciencia: saber que el adversario es un canalla más fuerte y aun así no aceptar su hegemonía. David no vence a Goliat por fuerza física, sino por inteligencia estratégica y por una lectura correcta del terreno simbólico; Cuba no enfrenta al imperio copiando sus métodos, sino desmontando su lógica, revelando sus contradicciones, exponiendo su violencia estructural ante los ojos del mundo. 

Cada médico enviado donde nadie quiere ir, cada vacuna desarrollada en condiciones adversas, cada escuela sostenida contra el desfinanciamiento impuesto, es una piedra lanzada no contra un cuerpo, sino contra un discurso. El humanismo revolucionario no es una consigna, sino una práctica que reorganiza prioridades: salvar vidas antes que salvar ganancias, educar antes que endeudar, compartir antes que acumular. 

Eso es lo intolerable para el imperialismo: no la existencia de un pequeño país rebelde, sino la demostración empírica de que otro orden de valores no sólo es deseable, sino funcional. Trump, con su retórica de muro, castigo y supremacía, encarnó la fase más cínica de un sistema que no tolera la diferencia cuando ésta se vuelve ejemplo. Por eso la agresión contra Cuba es también una agresión contra la idea misma de soberanía popular, contra la posibilidad de que los pueblos decidan sin pedir permiso. La respuesta cubana no ha sido el odio, sino la persistencia; no la claudicación, sino la memoria activa; no la imitación del verdugo, sino la profundización de su propio proyecto. 

En términos semióticos, la Revolución ha logrado algo excepcional, que es producir sentido desde la periferia, disputar el significado de palabras como democracia, libertad y derechos humanos desde una experiencia concreta y no desde un abstracto de mercado. Esa es la verdadera amenaza para el imperio: que el lenguaje deje de pertenecerle. Convertir la asimetría en fortaleza humanista implica asumir que no todo poder es cuantificable, que existe una potencia de lo colectivo que no entra en las estadísticas del Pentágono ni en los balances de Wall Street. Cuba ha hecho de su fragilidad un arma ética, de su vulnerabilidad una pedagogía política y de su resistencia una forma de amor social organizado. 

David no se convierte en Goliat al vencerlo; lo derrota sin dejar de ser David. Ahí reside la lección más profunda: no ganar pareciéndose al enemigo, sino triunfar sin traicionar la propia humanidad. En un mundo saturado de cinismo, esa coherencia es subversiva. Por eso el imperialismo insiste, amenaza, sanciona y miente; porque frente a la fuerza bruta sólo teme una cosa: la persistencia de un ejemplo que demuestra que incluso bajo asedio es posible vivir de otro modo, pensar de otro modo y luchar sin renunciar a la dignidad. 

El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba no es una simple política exterior ni una “disputa bilateral”, sino una forma sistemática de violencia estructural que cumple con los rasgos de un crimen de lesa humanidad, en tanto ataca de manera deliberada, prolongada y consciente a una población civil con el objetivo explícito de provocar sufrimiento, desabastecimiento y desesperación social. 

No castiga a un gobierno, sino a un pueblo entero, restringiendo el acceso a medicamentos, alimentos, tecnología, financiamiento y relaciones normales con el resto del mundo, incluso en contextos de emergencia sanitaria y desastres naturales. Su lógica no es jurídica, sino punitiva; no es diplomática, sino ejemplarizante: busca escarmentar para que nadie la imite. Desde una perspectiva ética y semiótica, el bloqueo intenta naturalizar el dolor como herramienta política y convertir la crueldad en norma, violando principios elementales del derecho internacional y de la convivencia humana. Que se mantenga pese a condenas reiteradas de la comunidad internacional revela no sólo la impunidad del poder imperial, sino su bancarrota moral. Frente a ello, la resistencia cubana adquiere una dimensión aún más profunda; no sólo sobrevive a un cerco material, sino que denuncia con su sola existencia la obscenidad de un sistema que castiga la dignidad y criminaliza la soberanía. El bloqueo es un crimen de lesa humanidad. 

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/03/opinion/cuba-y-la-honda-de-david

http://fbuenabad.blogspot.com/

lunes, 2 de febrero de 2026

Cuba y las mentiras de Trump

 Editorial de La Jornada / Lunes 2 de febrero de 2026

El jueves pasado la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo una conversación telefónica con su homólogo estadunidense, Donald Trump, quien poco después calificó de “muy positiva” la charla, elogió a la mandataria mexicana como “una líder maravillosa e inteligente” y coincidió con ella sobre los temas abordados: asuntos fronterizos y comerciales y lucha contra el narcotráfico. Sheinbaum informó que no hablaron sobre Cuba ni acerca de la determinación de México de mantener la ayuda humanitaria a la isla.

Por la tarde de ese mismo día, Trump emitió una declaración de “emergencia nacional” por la presunta “amenaza inusual y extraordinaria” que supuestamente Cuba representaría para Estados Unidos, y acusó al gobierno de La Habana de apoyar a “numerosos países hostiles, grupos terroristas trasnacionales y actores malignos adversos” a la superpotencia, todo ello para justificar la adopción de aranceles de represalia contra las naciones que envíen petróleo a la isla.

El sábado por la noche, el magnate fue más allá, al afirmar que durante la llamada del jueves pidió a la presidenta de México que suspendiera los envíos de crudo a Cuba, solicitud a la que ella habría accedido.

Ayer, durante una gira de trabajo por Sonora, la presidenta Sheinbaum desmintió en forma inequívoca tal aseveración: “no se ha tocado el tema (de los envíos de petróleo al país caribeño) en ninguna de las conversaciones”. Asimismo, informó que la ayuda a la isla proseguirá, con remesas de alimentos y de otros enseres por conducto de la Secretaría de Marina “en lo que resolvemos de manera diplomática todo lo que tenga que ver con el envío de petróleo por razones humanitarias”.

Es claro, pues, que en el afán de justificar la agudización del bloqueo criminal que Washington mantiene contra Cuba desde hace más de 60 años, el gobernante estadunidense ha mentido para tratar de envolver a la jefa del Estado mexicano en un juego de desmentidos. Pero no debe perderse de vista que esta falsedad forma parte de una mentira mucho mayor: que Estados Unidos se encuentra bajo una “amenaza cubana” no sólo imaginaria, sino simétricamente contraria a la realidad: a lo largo de 12 administraciones presidenciales, ha sido Washington el que ha agredido en forma sistemática al gobierno de la isla, no sólo mediante agresiones militares directas y el bloqueo comercial, sino también con el apoyo activo a grupos terroristas y facciones desestabilizadoras.

Desde principios de los años 60 del siglo pasado, el asunto de Cuba ha sido una clara discordancia entre México y Estados Unidos, pero nunca, hasta ahora, ha implicado un conflicto en las relaciones bilaterales. En ese tema la Casa Blanca está tan aislada en la arena internacional –en contraste con nuestro país, que ha actuado en armonía con la abrumadora mayoría de la comunidad internacional– que ha debido poner entre paréntesis ese capítulo para no contaminar los vínculos con su vecino del sur.

Ahora, en lo que parece ser una nueva “huida hacia adelante”, tal vez aconsejada por su secretario de Estado, el anticubano Marco Rubio, con esta nueva ola de hostilidad contra la isla, parece que Trump busca desviar la atención de su agobiante situación interna, que va desde la creciente resistencia a sus políticas fascistoides contra las comunidades migrantes y sus detractores en general, hasta el caudal de revelaciones de los documentos de Jeffrey Epstein, que si bien no han desembocado en acusaciones formales contra el habitante de la Casa Blanca, constituyen un severo golpe político y de imagen para él y para otros altos exponentes de la minoría política y empresarial que ejerce el poder en Estados Unidos.

Mal haría el magnate neoyorquino en seguir azuzando un conflicto innecesario y absurdo contra nuestro país en relación con Cuba, ya sea que lo haga para distraer a la cada vez más adversa opinión pública estadunidense, por un designio de llevar al extremo la reforzada ideología imperialista que siempre ha imperado en Washington, por mero dislate o por una combinación de esos factores. Porque más allá del sadismo trumpista contra el pueblo cubano, las mentiras y las estrategias mañosas de los últimos días pretenden vulnerar la soberanía de México, y ésa no está sujeta a negociación.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/02/editorial/cuba-y-las-mentiras-de-trump

sábado, 31 de enero de 2026

A quien pueda interesar*

 Por Israel  Rojas

No lucharé ni daré mi sangre por un presidente, ni por un secretario general de ningún partido político. No lucharé por un venerable anciano, ni por su hijo o nieto, ni por su familia. No he luchado por un ser humano en particular. No.

Yo luché, lucho y lucharé hasta el último aliento por Cuba soberana. Lucharé contra el fascismo y el imperialismo. Para evitar que desaparezca el sueño de Martí y de Fidel: el de una nación donde la ley primera sea el culto a la dignidad plena del hombre, y para que el futuro del país esté en manos de hombres y mujeres de ciencia. Para seguir echando mi suerte con los pobres de la tierra, hasta que desaparezca toda inequidad. Lucharé para que el tráfico de drogas no sea el destino de nuestro territorio. Lucharé por mis hijos, por mis sobrinos y por los hijos de mis hijos. Lucharé porque “Longina”, “Yolanda” y “Marilú”, “Créeme” y “Ojalá”, no sean obras de un período perdido en la utopía de unos románticos, sino la obra viva de un arte vivo. Lucharé por lo que soy y por lo que no llegué a ser, pero quise.

Y cuando la sombra del desaliento intente filtrarse, cuando el peso de la lucha amenace con doblegar las espaldas, recordaré que en cada palma hay un susurro de independencia, que en cada ola que golpea la costa retumba el juramento de Baraguá. Y espero que no aparezca la pantomima cobarde de "negociar" para parecer "inteligentes y modernos". Para esos "sabios" todo mi desprecio de antemano.

Cuba lleva en la sangre el fuego sagrado de los que soñaron una nación de pie. No hay fuerza opresora que pueda con la roca moral de un pueblo decidido a prevalecer o morir en el intento. Seguiremos en pie, hasta que la victoria final corone nuestros esfuerzos.

Como escribió el Apóstol: “Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

¡Que viva Cuba libre!

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* De su fb