miércoles, 1 de julio de 2026

Cuba acusa a Estados Unidos de presionar a la ONU para frenar debate sobre el bloqueo

Reuters: La Habana. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, denunció este martes que el Departamento de Estado estadunidense está "utilizando presiones, chantajes y amenazas" sobre los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas para que aplacen un próximo debate en el pleno sobre el bloqueo de Washington a la isla. 

Rodríguez también señaló en una rueda de prensa celebrada en La Habana que ⁠las sanciones impuestas ​por Estados Unidos están "causando muertes" ⁠en Cuba.

El debate, previsto para el 7 de julio, suele preceder a una votación de los Estados miembros de la ‌ONU que ‌se celebra más adelante en el año para instar a Estados Unidos a poner fin a sus sanciones contra ​Cuba.

La ONU ha votado en 31 ocasiones, ​incluida la de noviembre de ​2025, para pedir a Estados ‌Unidos que ponga fin a un embargo comercial que dura ya décadas. Históricamente, esas votaciones han sido casi unánimes, y por lo general sólo se han opuesto Estados Unidos e Israel.

Sin embargo, la votación no vinculante de este año cobra especial relevancia para Cuba después de que, en enero, el gobierno del presidente, Donald Trump, impusiera un bloqueo de combustible a la ‌isla y nuevas sanciones que han provocado un éxodo de la ⁠inversión extranjera y el colapso casi total del turismo.

El Departamento de Estado no respondió de inmediato a ⁠una solicitud de comentarios sobre las acusaciones del ministro cubano.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/06/30/mundo/cuba-acusa-a-estados-unidos-de-presionar-a-la-onu-para-frenar-debate-sobre-el-bloqueo

martes, 30 de junio de 2026

Historia e inventario

 Por Julio César Guanche

Una cosa es la historia y otra un inventario. Si 1959 fue historia, 2026 parece inventario. El paquete de 176 medidas en 23 ejes, presentado el 18 de junio ante la Asamblea Nacional, es la transformación hacia el mercado más importante desde 1959: más de 148 disposiciones jurídicas afectadas, casi ninguna zona de la economía sin tocar.

Buena parte de esas medidas se exige hace mucho, desde un espectro amplio: descentralización, fin de la doble moneda, pequeña propiedad, mercado, autonomía municipal. Lo que sigue no argumenta contra ellas, sino se preocupa por sus impactos.

Primero, un sencillo análisis textual, puesto que se presenta como “ejercicio soberano para preservar las conquistas de la Revolución sin renunciar al socialismo”.

La palabra «Obrero» no aparece en los 23 ejes del documento. «Sindicato» aparece una vez, solo para topar el salario a «la capacidad económica-financiera» de la empresa. «Socialismo» se concentra en lo retórico; en las medidas técnicas sobrevive como etiqueta de la «Empresa Estatal Socialista», que el documento ordena «transformar… a sociedad mercantil por acciones». El significante queda, pero el referente cambia.

El referente que ocupa su lugar tiene nombre, aunque el documento no lo use: ajuste estructural, aunque se pretende de tipo heterodoxo. Sus medidas cardinales —liberalización de precios, banca privada, IVA, devaluaciones sucesivas con liquidación de empresas que «no soporten» el ajuste, eliminación de subsidios universales, apertura irrestricta a inversión extranjera— son las que, normalmente, recomiendan las instituciones monetarias globales en sus programas de estabilización.

La diferencia declarada está en el ritmo y en el mantenimiento nominal de la propiedad estatal sobre los medios «fundamentales», categoría que el documento no define. Sí define el mecanismo de su transferencia: separar propiedad —que sigue siendo «social»— de gestión —que pasa a ser «no estatal»—. En los hechos, es un dispositivo similar al que en China y Vietnam permitió la acumulación privada dentro de estructuras formalmente públicas.

«Mercado» aparece unas veinte veces en el cuerpo del texto. Los candados sociales que lo acompañan —un fondo con «una parte» del ahorro de eliminar subsidios, responsabilidad social delegada a privados, indemnización de tres a seis salarios por despido— tienen, de nuevo, más allá de la letra, un problema de secuencia: la eliminación de subsidios a energía y transporte generará inflación inmediata, que erosionará el Fondo antes de que funcione.

De ahí se abren tres caminos hipotéticos.

El primero es una “renovación” del socialismo, mejor si con control obrero, como reclaman sectores de izquierda marxista. Cuba alcanzó en los 1970-80 indicadores de salud y educación muy por encima de su ingreso. Envió tropas a Angola y en Cuito Cuanavale y contribuyó a la derrota militar del apartheid —«la decisiva derrota de las fuerzas agresoras del apartheid destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco», dijo Mandela en 1991, cuando viajó a la Isla a agradecerlo en persona—. Esa potencia forma parte de la memoria del socialismo cubano, pero el control obrero en Cuba es una fantasía. Antes de 1959 hubo una izquierda con base obrera real: el anarcosindicalismo dominó el movimiento laboral hasta los años veinte; comunistas, trotskistas y el PSP sostuvieron luego sindicatos y huelgas. Tras los 1960 triunfó el socialismo de Estado —planificación desde arriba, soberanía del poder central, autoorganización limitada—. Cuando la jerarquía del partido no colapsa sino que se reorganiza, no nace el control obrero: nace la conversión del poder administrativo en propiedad.

El segundo camino posible es la transición pactada desde arriba: élites del régimen negociando con los sectores económicos crecidos a su sombra, sin ruptura, con aperturas graduales. El límite de ese modelo —documentado en otro tipo de transiciones poscomunistas— es que sin reforma política, la apertura se frena o revierte. Cuba tiene, además, una grieta específica, común a la vez a esos procesos: la corrupción. El exviceprimer ministro y ministro de Economía Alejandro Gil Fernández fue destituido en febrero de 2024 por «graves errores» e investigado por espionaje, malversación, cohecho, lavado de activos y tráfico de influencias. Con goteras de ese tamaño, la pregunta no es si el pacto resiste, sino también con cuáles lealtades.

El tercer escenario hipotético es la transición subordinada a Washington. Cuba no es Venezuela —no tiene petróleo a esa escala ni fuerzas armadas comparables—, pero el bloqueo, el corte de combustible desde enero, la imputación a Raúl Castro y las sanciones sobre Gaesa empujan desde EEUU hacia una salida dependiente. Venezuela mostró el guion: el cambio de régimen no mejoró de facto salarios ni cortó la crisis eléctrica; lo que cambió de inmediato fue la ley, con reformas de hidrocarburos y minería que abrieron el modelo al capital extranjero —formalización, según el sociólogo Emiliano Terán Mantovani, de la «economía de expolio y despojo»—. Gaesa, los puertos y el níquel son el nodo cubano de esa operación hemisférica.

Los tres caminos tienen una base común: el documento crea las condiciones para actores económicos privados con intereses propios cuya representación el sistema unipartidista no puede procesar sin transformarse. El pacto implícito es el del autoritarismo desarrollista —libertad económica a cambio de obediencia política—. Lo dice Díaz-Canel, acaso sin proponérselo: «Lo primero que hay que hacer es producir. Si no producimos, si no generamos riqueza […] ¿qué justicia social vamos a defender?» Subordinar la justicia social a la producción de riqueza como condición previa es la tesis del capitalismo liberal desde hace dos siglos. Que se enuncie como fundamento del socialismo cubano en 2026 no es una contradicción en el discurso, es una estructura que recorre el documento.

Detrás de los tres escenarios hay un problema más viejo: una economía política democrática exige dos cosas que Cuba no ha logrado combinar. La primera es ausencia de exclusión política. La segunda, capacidad estatal real de acumular para distribuir derechos sociales. Cuba ha probado, en sus tres últimas constituciones, tres maneras de fallar en ambas.

La de 1940 prometió una democracia social sin Estado capaz de cumplirla: de setenta leyes complementarias previstas, solo se dictaron diez en una década, Así, generó inclusión política pero no pudo sostener la redistribución efectiva prometida (el golpe de 1952 también contribuyó a reprimir esa posibilidad)—.

La de 1976 construyó capacidad distributiva —salud, educación, seguridad social— pero sobre la base del partido único como «fuerza dirigente superior»: generó redistribución y estructuró exclusión política. Aunque en 2018 se anunció que no sería imprescindible ser del PCC para ocupar cargos políticos, el partido y su juventud sumaban el 14 % del padrón electoral, pero el 95 % de los diputados eran sus militantes.

La Constitución de 2019 reconoció la propiedad privada y el mercado sin los derechos políticos que permitieran decidirlos, sin mecanismos fiscales efectivos que los ataran a la redistribución, y sin un patrón de acumulación —entre empresas estatales, privadas e inversión extranjera— capaz de convertirlos en fuente de derechos sociales. Más de cinco años después de su entrada en vigor, los tribunales cubanos siguen sin reconocerle fuerza normativa directa —“exactamente como ocurrió con su predecesora”—, y de más de ciento cuarenta recursos de amparo presentados, solo dos habían sido admitidos a trámite.

El mercado que hoy se amplía no redistribuye: concentra. En el primer trimestre de 2021, más de la mitad de la inversión estatal fue a turismo e inmuebles, y apenas el 1 % a innovación. El documento de las reformas no menciona la pobreza ni la desigualdad: las llama «vulnerabilidad multidimensional» y delega su corrección a los actores económicos —estatales y privados— “como parte de su responsabilidad social a nivel comunitario”.

A esa exclusión se suman otras. El cuidado no remunerado sigue cayendo sobre las mujeres: casi una de cada dos cubanas en edad laboral está fuera de la fuerza de trabajo formal, y aunque hay más mujeres universitarias que hombres, tienen menor autonomía económica y menos presencia en los sectores mejor pagados. Los 23 ejes no dicen nada de esto; lo trasladan, como los demás candados sociales, a la responsabilidad voluntaria de empresas y comunidades. La estratificación racial sobrevive en la riqueza, el reconocimiento simbólico y el poder institucional. La diáspora de las remesas y el capital para los nuevos negocios privados es, por la historia migratoria de Cuba, desproporcionadamente blanca. Un mercado abierto sin corregir esas exclusiones no reparte: añade capas a la desigualdad de siempre.

Nada de esto ocurre de modo aislado. El mundo donde Cuba negocia su apertura es el mismo donde los neofascismos se institucionalizan en gobiernos electos, el racismo vuelve a ser política de Estado y la desigualdad extrema se celebra como mérito. Cuba es una pieza de ese panorama, no su centro: ni su socialismo es la excepción redentora que a veces se pretende, ni su eventual recolonización sería un caso aparte de lo que le pasa hoy a buena parte de América Latina.

Es bastante claro que las reformas llegan tarde. El bono de tiempo que el socialismo cubano tuvo tras 1959 se consumió en postergación, inmovilismo y persecución de toda organización independiente. El 11 de julio de 2021 lo dijo: muchos cubanos certificaron como roto el contrato social de la Revolución. La sociedad llega a este momento desempoderada, sin organización política propia, y sin poder aguantar una penuria material más.

También, la asfixia tiene otras cifras: la mortalidad infantil subió de 4,0 a 9,9 por mil nacidos vivos entre 2018 y 2025; la supervivencia infantil al cáncer cayó del 85 % al 65 % por falta de citostáticos; más de doce mil niños esperan cirugía sin insumos; más de la mitad de los medicamentos esenciales está en falta. Ese sufrimiento —con historia propia, agravado por la «máxima presión» de Washington— es la materia con que se negocia más de un escenario: el dolor convertido en moneda de cambio geopolítica.

Los escenarios pueden ser hipotéticos. La tragedia de la crisis, su explotación interesada y la falta de capacidad del pueblo cubano para intervenir en sus desenlaces no lo son.

lunes, 29 de junio de 2026

Opiniones de dos economistas a partir de las 176 medidas

Reforma de la Economía. Hay que defenderla de la burocracia y de los neoestalinistas, que ya empiezan a sacar las uñas pintadas de ideologia falsa

 

Joaquin Benavides Rodríguez

 

Me leí dos veces las 176 Trasformaciones Económicas y Sociales agrupadas en los 23 ejes temáticos. Algun lector pudiera decir que en algunos aspectos, la redacción esta muy detallosa, pero si es para que todos lo entendamos bien y no para que algun burócrata limite su significado, se justifica el detalle. 

 

Puedo afirmar, sin que me quede nada por dentro, que lo que expresa este documento es lo que requiere la economía cubana en este momento historico. Introducción del mercado regulado por una planificación no burocrática, que todos los actores de la economia operen en condiciones de igualdad y que no quede un solo cubano o cubana desamparado. El Modelo Socialista cubano no puede dejar a nadie desamparado, sujeto a las reglas del mercado. El socialismo sin mercado fracasa, y sin solidaridad deja de ser socialismo.

 

Ya esta pintada la paloma. Ahora habrá que hacer que coma y que comience a volar.

 

Con todo respeto para la dirección del Partido, la tarea más inmediata le corresponde. Evaluacion a fondo de los cuadros de direccion del Primer Nivel del Gobierno que tendrán la responsabilidad de organizar y secuenciar los pasos para que comience a la mayor brevedad. Debe incluir la figura del Primer Ministro. Es la figura estatal en quien recaerá la responsabilidad de introducir ordenadamente y aplicar la Reforma con sus 178 Transformaciones económicas y sociales. No me corresponde evaluar sus posibilidades para conducir un cambio tan trascendente. Le corresponde al Partido y tengo confianza en que lo sabra hacer con inteligencia y justicia. Tambien se debería evaluar las condiciones de todo tipo, de los que se propongan a la Asamblea Nacional para ocupar las nuevas responsabilidades al frente de los Organismos Centrales del Estado. Adquirirá, en mi opinión, la maxima importancia evaluar a cada uno de los que deban ser propuestos para presidir los Gobiernos municipales en las nuevas condiciones. Cada uno de ellos será un elemento imprescindible para que la Reforma triunfe. Estarán sometidos a la vigilancia crítica de la población. Y no solo en los aspectos técnico/económicos de la Reforma. Si la basura continua acumulandose en las calles y nadie la recoge, aunque sea con carretillas o con carretones y mulos, la poblacion llegará a la conclusion correcta de que la Reforma no esta funcionando bien. Y la actuacion sobre el funcionario inepto, que no sea capaz de comprender las opiniones negativas de la población, debería ser indicativo de que la Reforma ha significado un cambio. 

 

Será muy importante que la población perciba enseguida que este no es un Plan de medidas más, como las decenas que se han aprobado en estos ultimos años y que no han pasado de su explicación por los ministros correspondientes en la Mesa Redonda, presidida por Randy Alonso, sin que nunca haya convocado a los mismos ministros para que explicaran por qué sus planes de medidas no funcionaron. Ahora no podría ocurrir igual. El Presidente ha asegurado, y yo creo en su palabra, de que va a haber control y exigencia de responsabilidades. Debería todo comenzar ya. No esperar que la Burocracia indique que ya se puede y que mientras tanto los inspectores en todo el País sigan poniendo multas, extorsionando y “cobrando el barato”.

 

Para los jovenes de hoy, y tambien para los no tan jovenes pero que nacieron después del triunfo de la Revolución, cuando ya se habia realizado la Reforma Agraria y se habian realizado las grandes nacionalizaciones, la Reforma Económica y la introduccion del Mercado regulado por la Planificacion, podrá significar, con toda seguridad, la Revolución de la cual podrán sentirse orgullosos en el futuro y contarles a sus hijos, como cambió al País, lo hizo invulnerable economicamente, y creó las condiciones para un verdadero Socialismo, con innovación, sin explotación del hombre por el hombre, pero también sin pobreza ni necesidades insuperables para el Desarrollo. Podran construir un Verdadero Socialismo, utilizando las posibilidades que brinda el mercado, que tambien puede ser socialista.

28/06/26


Mírese a tiempo la mayor tormenta que se avecina y asegúrese el rumbo

Julio Carranza

En la actual reforma económica que, aunque tardía y aún difusa es sin dudas necesaria, como lo hemos argumentado por años, hay una cantidad importante de riesgos y amenazas diversas que deberían ser analizadas y enfrentadas inmediatamente, sin ambigüedades ni explicaciones superfluas; de lo contrario se podría acelerar el rumbo del país a un destino no deseado y probablemente terrible. Estamos frente a una tormenta enorme y muy peligrosa.

No pretendo ahora ir al detalle de todos esos riesgos y amenazas, eso lo haremos en otro próximo texto en preparación, pero sí pretendo referir aquí de manera más general pero clara y rápida este recio desafío. Por supuesto, vale aclararlo, que estoy lejos de hablar como quien se cree poseer toda la verdad; muy lejos de eso, solo pretendo, como siempre, aportar desde la honestidad y el estudio.

En primer lugar, es importante tener en cuenta que la actual situación en Cuba tiene de un lado urgencias impostergables que deben enfrentarse con un plan de emergencia preciso, claramente identificable y discutido activamente con la población, con los dirigentes en las calles, pase lo que pase.

Las condiciones actuales de vida están al límite y eso se debe asumir con claridad y valentía política. Ya sabemos que la pretensión de la agresión externa es esa precisamente y en cierta medida lo van logrando; no se puede ser ciego ante esa realidad: agotar a una población fatigada que se mueve entre agresiones externas y errores e insuficiencias internas de todo tipo que se han dejado correr por mucho tiempo. 

Esto condiciona hasta la manera de pensar de mucha gente que no encuentra respuesta a sus principales angustias. No basta explicar aún con claridad sus causas, sino encontrar soluciones efectivas y creíbles, contra el viento y la marea; no hay otras opciones. Acaso no estamos viendo cómo avanza la ultra derecha en muchos casos fascista en todas partes; desde EEUU y América Latina hasta en muchos países de Europa, la gente votando a favor de sus victimarios, literalmente, por la influencia y la intervención imperial, sí, pero también por los tremendos errores de la izquierda, entre ellos la corrupción. En Cuba podría no ser diferente. Ante ese peligro estamos. Hasta corrientes anexionistas se han revivido. La miseria suele ser muy mala consejera cuando un pueblo reclama su bienestar. Allá lo saben bien, aquí deberíamos saberlo también.

Apagones extensos, de muchas horas que, además de hacer insoportable el verano y no dejar dormir como se debe, impiden conservar los pocos alimentos que se consiguen. Relacionado con lo anterior, los serios problemas en la distribución de agua, con sus inevitables impactos en la higiene doméstica y personal; una creciente acumulación de desechos sólidos, extrema en Ciudad de La Habana, y aguas albañales que, además de afectar seriamente las condiciones del entorno, son una amenaza latente para el estallido de epidemias y otras enfermedades. La falta de medicamentos esenciales y servicios hospitalarios, la desaparición de la vialidad pública, los ingresos que no alcanzan, los bancos que no funcionan, la indisciplina social y la aparición cada vez más preocupante de manifestaciones delictivas, algunas de ellas violentas, el cierre o afectación de actividades educacionales, la economía estancada y otras. El empobrecimiento de una parte amplia de la población, mucha de ella en la tercera edad y en un contexto de incremento de la desigualdades, ese tipo de evidencia se puede apreciar con sólo caminar la ciudad a cualquier hora del día.

Esta situación exige un tratamiento específico, concreto, urgente y efectivo. Para ello hacen falta, entre otros factores, recursos externos. De ahí que el problema de la deuda externa también debe asumirse como una prioridad en ese plan, para destrabar en alguna medida el flujo de créditos e inversiones desde donde se pueda. Pagar con activos es la alternativa más factible y se debe mover rápido con los cuidados del caso, obviamente.

Estás de arriba son las prioridades, las urgencias indispensables que requieren lucidez, conducción política certera e inmediata, más aún en un contexto de mayores desigualdades sociales que van haciendo su labor de zapa. Además de que no faltan los que han renunciado a toda alternativa de soberanía y manipulan a la opinión pública para conducirla a lo que han considerado ellos la salida más conveniente: esto es una política dócil y de fractura frente a las presiones actuales de EEUU.

Es preciso entender que el ciudadano común no está en las grandes parábolas o en la comprensión total de las causas profundas y ocultas de la situación que los afecta. Además de estar bajo el impacto de todo lo que circula en las redes, el ciudadano común está en la demanda concreta de ver una solución a sus problemas y es muy lógico que así sea. De manera coloquial alguien dijo: “Amor con hambre no dura”. Y así es; hay que comprenderlo como una realidad. Un pueblo hambreado y fatigado podría ser conducido a cualquier parte por los oportunistas que suelen aparecer en encrucijadas como esta. Así están jugando desde allá y hay los que le hacen el juego desde acá. No hay que perder de vista que la correlación de fuerzas los favorece y que el país no tiene las alianzas internacionales suficientes a las cuales apelar: se está solo frente a un destino incierto.

Ahora bien, además de esas urgencias, está la necesidad de transformar de manera profunda e integral un sistema económico que hace años está obsoleto, no funciona. Esa es otra dimensión del problema que, aunque claramente conectada con la anterior, precisa un abordaje diferenciado en diseño y tiempo. Confundir los dos planos sería un error de consecuencias muy negativas. En las 176 medidas propuestas esas distinciones y secuencias no quedan claras.

La posibilidad de volver a cometer un error de secuencia o de identificación difusa de prioridades está a la vista y podría ser definitivo. De otra parte está la diversidad de actores; por un lado los que ya mencioné arriba, que con un discurso a veces aparentemente coherente y fundamentado y otras veces burdo y agresivo alimentan en la práctica, quiéranlo o no, las pretensiones de dominación sobre este país. Y por otro lado otros, muchos dentro del país, que pretenden sacar ventaja de la actual reforma y enriquecer de manera espuria a personas o grupos, como ya vimos que sucedió en Europa del Este. No se trata de tener prejuicios con el sector privado y cooperativo, actores imprescindibles de la economía junto al sector público; se trata de definir reglas claras, estables, con todas las garantías legales  necesarias aseguradas, y construir mercados transparentes y regulados que impidan los privilegios y las influencias perversas. 

Acumulación e inversiones en base a la eficiencia y la competitividad, sí; justicia social y trabajadores empoderados para defender sus legítimos derechos, también. Es necesario reconstruir la credibilidad en todos los sectores sociales, muy afectada en los últimos años.

Hay que crecer, sin dudas, y crear todas las condiciones para ello, sin dogmas ni parálisis, con certezas y garantías. Pero a la vez que se crece se reparte, no con igualitarismo, obviamente, pero si con justicia social. No se puede confundir la economía con la repostería, donde para comerse el pastel primero hay que hacerlo. En economía se puede crecer y repartir a la vez. Pero de que hay que crecer, hay que crecer; y de que habrá desigualdades, las habrá. Pero que no nazcan del privilegio sino del mérito, del trabajo y la capacidad de cada cual. Lo que no debe faltar es la justicia social y las oportunidades para todos, además de la asistencia específica al que justificadamente la necesite. Ese no es un concepto abstracto, es muy concreto.

De ese tamaño es el desafío y no basta el anuncio de una más que necesaria reforma económica para solucionarlo a tiempo: es preciso ir más allá. Tomemos todos conciencia de esto y pongamos a toda Cuba primero.

28 de junio 2026

Un puente sobre el río revuelto

 Humberto Fuentes Rodríguez

Resulta imposible no sentir un nudo en el estómago cuando las palabras de la Asamblea Nacional chocan con el eco deformado que rebota en Matanzas en nuestras reuniones municipales y provinciales. 

Las nuevas medidas de apertura económica aterrizaron en Matanzas con la claridad de un parteaguas histórico, pero, a solo días de su publicación, el verdadero termómetro no está en el hemiciclo habanero, sino en las reuniones de trabajo donde algunos funcionarios desnudan, sin querer, una mentalidad que amenaza con sabotear semejante nicho de oportunidades.

Si uno se sienta en silencio en cualquier reunión de estos días, la escucha es un ejercicio revelador. Abundan las intervenciones encendidas que, en lugar de respirar el espíritu de complementariedad que exige el momento, sueltan frases como “las mipymes nos están cogiendo la delantera y eso no puede suceder”, cuyo tono no es de admiración por el dinamismo ajeno, sino de alerta roja, como si el éxito del privado fuera una afrenta al deber estatal. 

Es la confesión de que el reloj interno de muchos cuadros sigue marcando la hora de la competencia, no la de la alianza.Esa sensación se agrava cuando otro directivo, con el ceño fruncido, remata: “tenemos que ponernos las pilas antes de que el sector privado nos pase por arriba”. 

La metáfora del atropello revela un inconsciente colectivo anclado en la desconfianza, lo cual duele, y mucho, porque Matanzas posee talento y voluntad para entender el desarrollo como un ecosistema, no como un ring de boxeo.

Lo curioso es que en esos mismos salones existen, contadas pero firmes excepciones luminosas. Algunos funcionarios, con una lucidez que merece aplauso, han alzado su voz para recordar que las medidas exigen abrir la mente a la generación de alianzas concretas con el sector privado, eliminar trabas innecesarias y ver en el empresariado cubano a un socio natural para resolver dificultades territoriales.

El problema de fondo no es ideológico. Sucede que durante décadas se construyó un andamiaje administrativo donde el funcionario se percibía a sí mismo como guardián de lo público frente a lo privado. Hoy el país pide justo lo contrario: un Estado facilitador que articule, que convoque, que comparta proyectos. Pero pedirle a quien fue formado para controlar que ahora se siente a diseñar junto al “controlado” requiere un deshielo cultural que debe partir desde la base.

La consecuencia más palpable y dolorosa de esta miopía es la ausencia sistemática del empresariado en los espacios de decisión local. Pese a contadas y positivas excepciones, las reuniones donde se esboza el futuro económico de la provincia transcurren sin que una sola mipyme, un proyecto de desarrollo local o un cooperativista estén sentados a la mesa. 

Así, las propuestas que podrían oxigenar barrios, reactivar cadenas de valor o retener talento joven se pierden en el limbo, no por inviables, sino porque no llegan a ser escuchadas a ese nivel.

Hay que decirlo con toda claridad: los actores económicos no estatales no vienen a pasarle por arriba a nadie. Su crecimiento no es un marcador deportivo que reste puntos al sector estatal. En la lógica sensata del desarrollo, una pequeña empresa que florece arrastra consigo a proveedores, estimula la banca, demanda servicios, dignifica el espacio público y quita presión a un presupuesto estatal exangüe. Quien se empeña en verlo como una amenaza es porque sigue atrapado en un paradigma de suma cero que la realidad ya se encargará de desmontar.

26 de junio de 2026 / Periódico Girón, Matanzas

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El llamado urgente de este periodista es a un sinceramiento colectivo. No alcanza con que un par de directivos provinciales y municipales intenten tender puentes, si el resto de la estructura sigue operando con desconfianza. 

Hace falta que en cada espacio se institucionalice la presencia de los empresarios privados, que sus voces no sean decorativas sino vinculantes, y que las reuniones dejen de parecer discusiones y recelos entre dos bandos que, en la vida real, reman en el mismo barco.

Termino con una imagen que ojalá cale hondo: imaginemos los puentes de Matanzas, cuya fortaleza no está en un solo lado de la ribera, sino en el abrazo de las dos orillas. Si seguimos empeñados en ver al sector privado como la otra orilla que amenaza con “pasarnos por arriba”, nunca cruzaremos el puente. 

Escuchemos a los empresarios privados matanceros y convirtamos la Atenas de Cuba en el laboratorio de alianzas que el país tanto necesita. El tiempo de las trincheras se acabó; o construimos puentes, o nos ahogaremos en el mismo río revuelto. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)

https://giron.cu/2026/06/26/en-matanzas-1-puente-sobre-el-rio-revuelto/

domingo, 28 de junio de 2026

Humberto Pérez. Adiós a un hermano

Julio Carranza

Acabo de recibir la muy triste noticia del fallecimiento de Humberto Pérez, gran economista, una personalidad muy influyente, gran revolucionario y para mí un hermano a quien agradezco mucho. Interminables fueron los diálogos que compartimos, los trabajos sobre la economía del país que revisamos juntos, los consejos y la información que recibí de él. Hace muy poco tuve que hacer una intervención sobre el 50 aniversario de la constitución del 76 y el me ayudó mucho, aún cuando ya estaba bastante delicado de salud. Cuándo escribimos el libro del 95, se leyó todo con muchísimo rigor y nos hizo sugerencias muy valiosas.

Hace apenas unos cinco años escribimos juntos (5 economistas), una renovada propuesta de reforma económica y se la hicimos llegar al gobierno. Nunca recibimos respuesta, ni oportunidad de discutirla.

Bajo Humberto estuvo la dirección de la economía de Cuba durante más de una década (75 al 86); fue el periodo de mayor orden, estabilidad y crecimiento, más allá de algunos errores que se puedan señalar y que él mismo analizó muchas veces en su justa medida.

A Humberto se le debe en gran parte la reorganización que se realizó en el país en los años posteriores a la zafra de los Diez Millones; contribuyó notablemente al texto del Informe al Primer Congreso del Partido en 1975 y a la Constitución de 1976, a la nueva división político administrativa, al diseño y construcción de los órganos del poder popular y, por supuesto, al nuevo sistema de dirección y planificación de la economía que condujo desde su posición de Ministro Presidente de la Junta Central de Planificación, JUCEPLAN.

La lucha revolucionaria de Humberto comenzó desde su tierra natal, Cabaiguán; allí se incorporó al movimiento 26 de julio y después del triunfo de la revolución tuvo un papel importante en el nuevo gobierno revolucionario establecido en la provincia de Las Villas.

Se formó como economista y llegó a ser de los más importantes del país, con contribuciones enormes; escribió un libro de texto que seguramente todo estudiante de economía recuerda. 

Estuvo involucrados en diferentes polémicas desde finales de los 60s hasta el final de su vida. Siempre las condujo con grandeza, lucidez  y honestidad, aún en la época en que era miembro del Buró Político.

Tuve la oportunidad de propiciar varios encuentros muy fecundos y llenos de enseñanzas entre él y los que en otra época lejana ya polemizaron con él --unos sabios también, hermanos mayores míos y que creo en aquella época llevaban gran parte de la razón, juntos revisamos aquellos tiempos--. Humberto lo hizo con una modestia y una sabiduría enormes, además con afecto de compañeros y amigos, también con simpatía; aportó sus puntos de vista de antes y de ahora y mucha información útil, no pública. Fueron horas de un diálogo extraordinario del cual yo, más joven, aprendí muchísimo, cosas que no están en los libros, pero sí en la historia. Algún día escribiré más sobre eso.

Creo que no se le ha dado aún el reconocimiento que merece; cosa de la cual era consciente pero aceptaba con sabiduría y grandeza. Hace poco una periodista le negó una entrevista porque decía no tener tiempo ni saber bien quién era el!. Sorprendente, porque el que no sepa quién era Humberto Pérez no puede saber mucho de lo que ha sido la historia de la revolución cubana durante estos 67 años. Él solo quería dejar su testimonio, porque sabía que era importante y sabía que el tiempo se le acababa.

El Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, donde laboro actualmente, le hizo el último homenaje más que merecido. Esto fue en diciembre de 2025. Debajo una foto de cuando se lo entregamos en su casa porque su salud ya no le permitía llegar a la ceremonia. Lo recibió con mucho orgullo y agradecimiento; lo colgó sobre su cama, la misma donde hoy falleció.

Además, Humberto fue un excelente padre; eso me consta porque lo vi muchas veces con Humbertico, con Gladita y con su hijo menor, Camilito. Gladita lo cuido hasta el último aliento. 

También fue un amigo fiel y solidario. Nunca traicionó sus ideas ni su historia. ¡Eso hoy vale mucho!

Todos sus amigos estamos hoy bajo el tremendo impacto de esta noticia. Cuba pierde a uno de sus hijos más prominentes.

Deja una amplia obra escrita y un ejemplo de vida que habrá de apreciarse más con el tiempo.

Gloria y memoria para Humberto Pérez González!

27 de junio 2026

sábado, 27 de junio de 2026

Humberto Pérez 🇨🇺

Estimado Silvio:
Triste noticia: falleció Humberto Pérez
Un abrazo
Julio Carranza

S: Se ha perdido un muy valioso compañero
Murió Humberto Pérez. EPD
Oscar Carreño

Muy triste. Lamentable e irreparable pérdida. Vayan mis condolencias a familiares, amigos y colegas.
Carlos Alzugaray

Una inconmensurable pérdida para nuestro país y el sector económico.  Mis condolencias a sus hijos y familia.
Humberto Herrera Carles

Me sumo a las condolencias por la muerte de Humberto, un compañero que dejó su huella en el estudio de la economía política en Cuba y en el análisis de la construcción del Socialismo hasta sus últimos días.
Nuestro pésame a familiares y amigos
José Luis Rodríguez

Queridos compañeros y amigos:
Muy triste noticia. Se nos va un extraordinario compañero y amigo, inteligente y revolucionario, economista, marxista y leninista.
Las futuras generaciones de economístas podrán juzgar con objetividad su invaluable contribución en la década de los años 70 a la muy peligrosa crisis institucional y política que el País tuvo que enfrentar y él fue el arquitecto de las soluciones. Aunque solo sea por eso, la Revolución cubana tendrá que recordarlo, por su enorme contribución a la instituciónalización del País, que incluye la del Partido. La historia sabrá juzgar sus innegables aportes.
Mis condolencias a sus hijos y nieto.
Joaquín Benavides

¿Se acabó el socialismo en Cuba?

 Michel E. Torres Corona

La rauda aprobación en Cuba de 176 medidas que transforman radicalmente el modelo económico del país ha sido recibida con beneplácito por muchos que hace años abogaban por una reforma (a veces así, en abstracto) pero también ha causado en otros polémica, incomprensión, estupor y —¿cómo negarlo?— decepción. 

El iter de aprobación, de insólita celeridad, transcurrió de la siguiente forma: el viernes 12 de junio amanecimos con una comparecencia inesperada ante la prensa nacional del presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, donde anunciaba medidas, cambios, que todos (tirios y troyanos por igual) intuimos serían de mayor liberalización pero nadie —salvo los muy involucrados en el proceso— imaginaría su extensión y profundidad; menos de una semana después se reunía el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), el miércoles 17 de junio, y se le daba el espaldarazo político-partidista a las “transformaciones”, se televisaban algunas alocuciones de miembros del Comité Central (incluido un discurso de Díaz-Canel, también Primer Secretario del PCC) pero no se publicaría textualmente ninguna medida.

El último golpe de legitimidad formal sería una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), el máximo órgano del Estado según la Constitución vigente en tanto representa al pueblo en su conjunto. Manuel Marrero, primer ministro y jefe del gobierno cubano, leyó y explicó a los diputados congregados, una tras otra, las 176 medidas, con participación de buena parte por videoconferencia y la transmisión en vivo por la televisión, la radio y las redes digitales. 

Y en una tarde de trabajo —con la lectura y muestra, previa al debate, de una carta de apoyo a las medidas, firmada por el General de Ejército Raúl Castro— se votó a favor (y por unanimidad) del “giro copernicano” de la política económica de Cuba. 

El discurso oficial ha sido el de afirmar que estas medidas no se toman por presión de Estados Unidos (o a causa del cerco asfixiante que ha recrudecido la administración del emperador de turno, Mr. Donald Trump) sino que son fruto de una decisión a la que teníamos que llegar de cualquier manera. Se citó —a modo de consigna, sin la debida contextualización o el necesario análisis crítico— la frase de Fidel: “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”; y también se esgrimió al Martí que dijera: “En lo común de la naturaleza humana se necesita ser próspero para ser bueno”.

También se ha desempolvado al Lenin de la NEP, quien condujera un proceso reformista, de apertura al mercado, en la Rusia bolchevique. 

La frase literal de Martí es la siguiente: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.” Personas más sabias que yo ya se han referido a la descontextualización de ese fragmento del ideario martiano.

Marlene Vázquez, por ejemplo, habla de un “(…) reduccionismo pragmático que poco o nada tiene que ver con el altruismo martiano”. Y agrega: “A Martí no le interesaba ser próspero en primera instancia. Entendía que el ser humano tenía necesidades materiales que debía satisfacer, como es natural, pero sus fines y objetivos no eran los de un hombre común, estaba por encima de lo material y de su austeridad y honradez han dado fe muchos de sus contemporáneos”.

Luis Toledo Sande, por su parte, aclara que Martí: “(…) no confundía estrechamente prosperidad con riqueza material. (…) Pudo haberse hecho millonario, y echó de veras su suerte con los pobres de la tierra: fue uno de ellos, y así vivió, incluso —porque fue ejemplo de honradez— cuando manejaba los fondos recaudados para organizar la guerra con que emancipar a su patria.”

En cuanto a la frase de Fidel, hace muchos años Iroel Sánchez nos alertó que se citaba “(…) para abogar por la generalización del «libre mercado», la retirada del Estado de la mayor parte de la economía y la eliminación de cualquier regulación a la concentración de la propiedad”.

Iroel nos llamaba a situar el “momento histórico” en que se dijo tal expresión: Fidel expuso su Concepto de Revolución el 1ro de mayo del año 2000, en los inicios de lo que él mismo denominó “Batalla de ideas”, un proceso que, en palabras de Fernando Martínez Heredia, constituyó una “ofensiva” que “pretendió frenar desigualdades y reforzar al socialismo”.

Ni es prudente utilizar a Martí para apuntalar una retórica pragmática, ni es atinado escudarse en Fidel para maquillar de victoria un retroceso, máxime cuando él fue el primer crítico de los “repliegues tácticos” que, como Lenin, tienen que asumir los revolucionarios para la supervivencia del proceso histórico que defienden como causa vital. 

Ahí están los discursos de ambos líderes y su honesta confesión de que las medidas eran “males necesarios” ante determinadas coyunturas, tanto la NEP como la reforma de los 90 en Cuba. No obstante, Lenin revisaría una y otra vez la aplicación de esa reforma, llegando a atacar duramente a los nuevos ricos, los nepmen; y Fidel comenzaría el siglo XXI diciendo que solo nosotros podríamos destruir la Revolución, el socialismo.

En el famoso discurso del Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, Fidel también diría: “Soñó el imperio que en Cuba se establecieran muchas más paladares, pues puede ser que no quede ninguna; o qué creen, ¿que nos hemos vuelto neoliberales? Ninguno de nosotros se ha vuelto neoliberal; pero les vamos a demostrar irrefutablemente las crisis de sus teorías, como les hemos demostrado el fracaso de su bloqueo, de sus agresiones, de sus desestabilizaciones”.

Entre las 176 medidas destacan algunas que, por su contenido, difícilmente puedan fortalecer la transición socialista en Cuba. Hablamos, por ejemplo, de la banca privada, una puerta abierta a que los capitalistas instrumentalicen su poder en Cuba con una de sus más eficaces herramientas. ¿Es que elegimos olvidar al Lenin del imperialismo como fusión del capital industrial y bancario? O ese derecho de superficie que se puede extender hasta los ¡99 años!, lo cual implicaría, de facto, entregar una parte de la tierra cubana más allá de la vida de toda una generación. 

¿Dónde han servido los bancos privados al bienestar popular o al desarrollo de una nación? ¿Puede el Banco Central de Cuba controlar y regular el nacimiento y desarrollo de ese peculiar sector? ¿Qué barreras jurídicas podrán implementarse para impedir que el capital financiero internacional dicte el pulso de la Isla o para que la tierra de este país no se enajene del todo?

La medida que se anunció referida a la conversión de todas las empresas estatales socialistas en sociedades por acciones también resulta preocupante. ¿Quién decidirá qué acciones se venden? ¿Qué empresas, en definitiva, continuarán siendo públicas? Porque no estamos hablando de una abstracción: si el Estado no es dueño del tejido empresarial que, por letra de la Constitución, es el principal sujeto de la economía cubana… ¿no estamos aceptando al “Estado mínimo” al que tanto adversamos durante décadas? ¿Qué poder real tendrá el Estado sobre los destinos de la nación?

Hay decisiones que, ciertamente, había que tomar. La descentralización y la erosión del burocratismo eran imprescindibles, pero… ¿estamos borrando el poder de la burocracia centralizada en favor de una socialización de las potestades políticas, en favor de la acción comunitaria? ¿O simplemente estamos entregando estructuras reales del poder sobre la vida de la sociedad cubana a aquellos que más recursos financieros tengan? 

Estas interrogantes y dudas no son resultado de la suspicacia mezquina que pudiésemos atribuirle en épocas anteriores a los enemigos de la Revolución. En un país donde se discutió en cada barrio y centro laboral el proyecto de Constitución de 2019, donde se sometió a consulta y a referendo el Código de las Familias, estas 176 medidas se han aprobado sin debate popular y sin posibilidad de que los ciudadanos (ni siquiera los militantes del Partido) pudieran señalar inconveniencias o recomendar cambios. 

Se habla de la variante tiempo y de la urgencia de esta época pero es cuando menos ingenuo pensar que será legítimo un proceso de transformación en Cuba que no cuente con el pueblo… y para eso sí se podría citar en extenso, en primer lugar, a Fidel. 

La racionalidad crítica y revolucionaria, verdaderamente democrática, ha colisionado con el logos tecnocrático: unos pocos “especialistas” han decidido qué es mejor para el pueblo sin contar con él. Falsas premisas que antes eran patrimonio exclusivo de la contrarrevolución, como la tesis cretina del “bloqueo interno”, hoy se validan públicamente con la retórica que convierte la preocupación por la desigualdad y la injusticia en valladares para el progreso. Sí, el bloqueo estadounidense existe, pero ha sido decisión del sistema político cubano no reformarse para avanzar: eso se ha dicho por representantes del gobierno y del Estado. Eso se ha aplaudido.

Y es precisamente el bloqueo una variable que, con motivo de la triunfante reforma, pareciera soslayarse. ¿El gobierno estadounidense liberará de su persecución financiera a los bancos privados que negocien con Cuba o se domicilien en ella? ¿Lo ha hecho antes? En una situación de crisis internacional —como señala la economista uruguaya Gabriela Cultelli—, ¿serán eficaces las medidas para dar facilidades y mayor flexibilidad a todo tipo de inversión extranjera? ¿Valdrá la pena todo lo sacrificado en la práctica?

No hablamos aquí de un problema de fundamentalismo contra el mercado, lo cual es un lugar común en el discurso reformista. Nadie niega que, en un mundo donde priman las relaciones monetario-mercantiles, es imposible que Cuba se convierta en un “oasis comunista”.

El mercado existe y es una poderosa fuerza dentro y fuera del ámbito social y nacional, pero es una fuerza que la Revolución —alargando la paráfrasis a Fidel— debe desafiar; el mercado, como afirmara un teórico que difícilmente pueda considerarse estalinista, llamado León Trotsky, debe ser “disciplinado”.

De la letra de las medidas aprobadas pudiera colegirse que esa voluntad de ejercicio del poder existe pero la historia de los últimos quince años ha sido la de un Estado que ha contemplado impotente la depauperación paulatina de sus propias instituciones y de su capacidad de incidir sobre la economía, con el impacto en el bienestar popular que eso conlleva (y ha conllevado). 

El socialismo no es un modo de producción, es un estadio histórico de transición, una etapa en la que todavía no ha muerto el antiguo régimen capitalista (hoy bien lejos del cementerio, por cierto) pero tampoco acaba de nacer un modo de producción o una formación económico-social cuya naturaleza sea radicalmente distinta; implica la voluntad de dejar atrás el capitalismo y avanzar hacia un horizonte donde desaparezcan la explotación del hombre por el hombre, el fetichismo del dinero, las autoridades políticas y toda forma de jerarquía que no proceda del consenso social. En una palabra: comunismo. No se construye el socialismo: transitamos por él hacia su negación. 

En ese devenir, son lógicos los retrocesos, los errores, las incoherencias. Pero ni se puede vender como avance un retroceso, ni disfrazar de fatalidad un error; ni se puede enarbolar como bandera la incoherencia y ponderar como victoria lo que ayer se consideraba derrota. Y sí, los comunistas hemos sufrido una derrota en Cuba: han ganado los reformistas este asalto, han infiltrado el espacio físico del Estado y, lo que es mucho peor, la mente de los que en él ejercen su autoridad como representantes del pueblo o como funcionarios. 

Pero eso también es consustancial al socialismo, siempre que sepamos llamar a las cosas por su nombre y siempre que el Partido, esa vanguardia ideológica que no se limita a sus máximos dirigentes, sepa conducirnos más allá de las concesiones que, como sociedad, hemos hecho.

En reciente entrevista con el periodista Roberto Cavada, Miguel Díaz-Canel expresó que el país asumía cambios pero siempre en aras de preservar el socialismo, o lo que comúnmente se entiende por Revolución, dígase sus conquistas. Habló de la salud y la educación como “cosas sagradas”, que permanecerían “universales y gratuitas”; así como de seguir apoyando el acceso masivo a la cultura y el deporte. Afirmó que la reducción del aparato estatal redundaría en la disminución del gasto público y en la posibilidad de financiar otras prioridades. 

Díaz-Canel se refirió también a la creación de un solo sistema empresarial, un ecosistema donde todos los actores económicos actúen en “similares condiciones”, como indica la Constitución. Y repitió algo sobre lo que se ha hecho hincapié en la esfera pública cubana, tanto por autoridades gubernamentales como por entusiastas “civiles” de la reforma: la riqueza que se cree se redistribuirá. 

El espíritu que traslucen estas declaraciones no levanta sospechas. Al contrario, tranquiliza y reconforta. Pero la experiencia histórica, la práctica como criterio de la verdad, orbitan alrededor y alebrestan a aquellos que nos debatimos entre la disciplina militante y la rebeldía.

¿Puede el Estado cubano romper con la tendencia de los últimos años y proteger a los “vulnerables” en medio de la espiral inflacionaria que no frenará y en todo caso pudiera acelerar incluso la implementación de la reforma? ¿Puede el gobierno revertir los enormes índices de evasión fiscal que se han producido en los últimos años para que esa “riqueza de pocos” pueda socializarse? ¿Puede operar en Cuba el milagro, a contrapelo de la realidad internacional, de que los nuevos ricos no busquen (y logren) corromper a los funcionarios que deben fiscalizarlos? ¿No buscarán, ahora que se logró la reforma económica, una reforma política que los beneficie todavía más?

De cualquier manera, el camino que ha comenzado en este caluroso verano parece irreversible. El consenso político, incluso a niveles populares, no respaldaría una “contrarreforma”.

No obstante, estas transformaciones no aliviarán a corto plazo las difíciles condiciones en las que hoy sobrevive la mayoría del pueblo cubano, con prolongadísimos apagones y escasez de alimentos, y eso implica que la Revolución y el socialismo enfrentan un peligro mayor que la reforma misma: un estallido social que justifique una intervención militar estadounidense. El peligro de invasión, aun con una mejora que comience a operar a mediano o largo plazo, no disminuye.

Esa triste tranquilidad nos acompaña, por otra parte: no ha habido “pacto de élites”, no ha habido traición. La respuesta del gobierno imperialista ha sido tildar de “señales de humo” a las 176 medidas y continuar aprobando sanciones contra empresas e individuos que asocian con la “dictadura”. Ellos (los Rubio y los Trump) tampoco se conforman con reformas económicas, quieren cambios políticos; quieren humillar a sus adversarios, demostrar sin lugar a dudas su supremacía, nuestro vasallaje.

En tanto no lo logren, seguirá el bloqueo y seguirá latente la amenaza de agresión militar y, por curiosa dialéctica de la política, seguirá vivo el “fantasma del comunismo” en Cuba, la posibilidad del socialismo, la posibilidad de un modelo alternativo distinto a “lo normal”, a lo que “todo el mundo hace”. Por eso, y a pesar de las muy difíciles circunstancias, esta historia no ha terminado.

¿Se acabó el socialismo en Cuba? Pues no. Quedan muchos comunistas, en la institucionalidad o en sus márgenes, dispuestos a superar esta desafiante coyuntura en la que nos enfrentamos, de conjunto, a la agresividad de nuestros enemigos y a ese “sentido común”, según Gramsci, que niega utopías y sueños de justicia.

Y si en definitiva el rumbo está y estará signado por las 176 polémicas medidas, lo desandaremos con el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón —como también dijera el teórico italiano— para ir ganando espacios de discusión, para hacer de la descentralización un proceso de participación y control popular, para limitar los flagelos del auge liberal, para hacer del ejercicio del poder un hecho democrático que refuerce la soberanía del pueblo y la justicia social por la que tanto hemos sacrificado, a lo largo de décadas, varias generaciones.

El socialismo es conflicto y disputa de sentidos. Lo ha sido siempre y en especial para nosotros desde el triunfo revolucionario. ¿Quién puede negar que hoy está más vivo que nunca? Fácil no será… pero será.

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