lunes, 12 de agosto de 2024

🎶🥳🎂 Felicidades en tus 85, querido Aurelio 🎂🥳🎶

El pasado sábado 10 de agosto, en casa de Cary y Aurelio, felicitando


Aurelio Alonso Tejada

Ensayista, investigador y profesor cubano. La Habana, 12 de agosto de 1939. Fue investigador del Centro de Estudios de Europa Occidental, diplomático en Francia e investigador del Centro de Estudios de América. Es coautor del libro La economía Cubana: ajustes con socialismo (1994), y autor de Iglesia y política en Cuba revolucionaria (1998). Es Investigador Titular del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) y miembro de su Consejo Científico. Desde 2006 se desempeña como subdirector de la revista Casa de las Américas.

  • Distinción por 10 años en la docencia recibida en la Universidad de La Habana, 1973.
  • Destacado Provincial del Sindicato de Trabajadores de la Ciencia, 1997.
  • Destacado Provincial del Sindicato de Trabajadores de la Ciencia, 1998.
  • Vanguardia Nacional del Sindicato de Trabajadores de la Ciencia, 1999.
  • Vanguardia Nacional del Sindicato de Trabajadores de la Ciencia, 2000.
  • Destacado Provincial del Sindicato de Trabajadores de la Ciencia, 2002.
  • Diploma de Fundador del Centro de Estudios Europeos, 2004.
  • “Hegemonía y religión: el tiempo del fundamentalismo”, Mención en el Premio Temas de Ensayo de 2003, revista Temas, no. 39-40, octubre-diciembre de 2004, La Habana, 2004.
  • Certificado por el XX Aniversario del Grupo para el Desarrollo Integral de la Capital por la colaboración sistemática con la institución, 2007.
  • Medallas conmemorativas XXV y XXX Aniversario del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas del CITMA, 2008 y 2013.
  • El Instituto cubano del Libro le dedicó, en marzo, el programa “El autor y su obra”, con el cual se homenajea a escritores destacados, 2011.
  • Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas otorgado por el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, y el Instituto Cubano del Libro, 2013.
  • Premio LASA a la excelencia académica por su contribución a los estudios sobre Cuba, 2014.
  • _____________________

    Fuentes, Ecured: https://www.ecured.cu/Aurelio_Alonso 

    sábado, 10 de agosto de 2024

    El salto que Cuba necesita*

    Por Félix López

    La final del triple salto olímpico pone a la sociedad cubana frente al espejo. Cuatro atletas nacidos y formados en la isla se clasificaron para la final. Tres de ellos se repartieron las medallas de oro, plata y bronce. Pero los tres ganadores lo hicieron en representación de sus actuales países de acogida: Jordan Díaz por España, Pablo Pichardo por Portugal y Andy Díaz por Italia. El cubano Lázaro Martínez regresa a casa sin título. 

    Esa realidad choca, duele y nos toca el orgullo nacional. Durante más de medio siglo el Deporte (con sus logros y estrellas en un amplio abanico de disciplinas) ha sido uno de los símbolos fundamentales de la marca Cuba. No es un secreto que esa historia se desdibuja con la crisis económica, las carencias que debilitan todo lo que antes se consideró exitoso y la creciente migración de atletas y entrenadores. Si en algo ha tenido éxito el bloqueo (y aquellas 240 medidas de Trump para hundir a la Isla) ha sido en pulverizar al movimiento deportivo cubano. 

    Si hoy sumamos las medallas de Cuba en París con las obtenidas por cubanos que compiten bajo otras banderas, la isla estaría entre los primeros 15 países del medallero olímpico. El triplista Jordan Díaz le ha dado a España su cuarta medalla de oro. Tras él también se aplaude al preparador Iván Pedroso, otra leyenda del atletismo cubano. Por mucho tiempo seguiremos siendo la nación que más medallas olímpicas atesora en Latinoamérica. El país más pobre del universo que logró escalar a un cuarto lugar olímpico (Moscú 80). Y ahora mismo el que más atletas de éxito ve competir bajo otras banderas. 

    Como escribí en el post anterior, de París 2024 me quedo con lo que simboliza Mijaín López Núñez y su quinto título olímpico. Él es como el resumen de todo lo grande que hemos sido. La frontera entre el éxito y la incertidumbre. Cuba necesita hoy más comida, más medicina y menos apagones. Pero en ese mismo orden también es un imperativo la alegría. El deporte y nuestros campeones nos pusieron a valer en el mundo y nos hicieron visibles en el mapa. Quizás no volverán aquellos años de gloria. Pero no estaría mal que nos inventáramos 240 medidas para salvar muchísimas cosas, incluido lo que más nos une: el deporte. 

    Además de la inmensa alegría que nos regaló Mijaín, París deja (por suerte para aliviar la vergüenza) otras cosas que ponen en valor la importancia de cambiar lo que no funciona. 

    Me quedo con el impecable y profesional trabajo de mi hermano Ricardo López Hevia. Desde París ha demostrado que se puede ser uno de los mejores fotoreporteros del mundo y trabajar para Granma, un medio oficial y comunista. 

    Me quedo con las crónicas del colega Michel Contreras, que no fue a París pero nos ha regalado, en mi opinión, el mejor análisis deportivo que nos merecemos los cubanos. Su cobertura es la prueba de que el buen periodismo es enemigo de la consigna y el patrioterismo. Desde un rincón en La Habana, afincado en un medio no oficial, Michel nos ha puesto los pelos de punta y las neuronas en guardia. 

    Me quedo con los micrófonos abiertos para que atletas como Loren Berto Alfonso y Yasmani Acosta (medallistas de plata en boxeo y lucha en representación de Azerbaiyán y Chile) puedan hablarle a su pueblo y demostrar, con sinceridad y nobleza, que no son enemigos de nadie. Los cubanos siempre estaremos orgullosos de quienes compiten bajo nuestra bandera. Pero no debemos negar el aplauso a quienes van por el mundo sin renegar de sus raíces, de su formación y de su historia. 

    París 2024 y el ejemplo de los tres cubanos que asaltaron al podio en el triple salto, con otros himnos y banderas, nos dejan ante dos caminos: o seguimos en las gradas viendo la historia pasar o damos un salto para repensar las estrategias del deporte cubano. 

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    * Tomado del Blog del FB Efe Lo 

    viernes, 9 de agosto de 2024

    Venezuela en la geopolítica mundial: la disputa por la soberanía

    Por Marcos Roitman Rosenmann

    El escenario para proclamar presidente a Edmundo González se libra en dos frentes, el interno y el internacional. En el interno, la Plataforma Unitaria Democrática carece de capacidad para imponer su relato de fraude. Su única baza consiste en incrementar los niveles de violencia, apelando a Dios como principal aliado.

    La derrota electoral le ha llevado a recurrir a las guarimbas, como hizo en anteriores ocasiones. Crear un estado de incertidumbre para hacer ver que Venezuela vive una “guerra interna”, le permite llamar a las fuerzas armadas a romper la institucionalidad y justificar un golpe de Estado. El documento firmado por Corina Machado y Edmundo González fechado el 5 de agosto, apunta en esta dirección.

    “Hacemos un llamado a la conciencia de militares y policías para que se coloquen al lado del pueblo y sus propias familias. Con esta masiva violación de los derechos humanos, el alto mando se alinea con Maduro y sus viles intereses. Mientras ustedes están representados por ese pueblo que salió a votar, sus compañeros de la Fuerza Armada Nacional, por sus familiares y amigos, cuya voluntad quedó expresada el 28 de julio y ustedes conocen.”

    Bajo esta coyuntura, Corina Machado capitaliza el protagonismo. La lideresa de Vente Venezuela es aupada en detrimento de Edmundo González, lo cual hace sospechar que estamos ante la operación conocida como “gambito del rey”. Proclamar presidente a Edmundo González, para a continuación, provocar su renuncia, cediendo la presidencia a Machado. El gobierno y las declaraciones de las Fuerzas Armadas mostrando su apoyo a la Constitución y el candidato electo, han logrado desactivar, en principio, el plan.

    Sin embargo, cosa distinta se da en el plano internacional. Ahí, la oposición tiene ganado el relato. Difícil romper su hegemonía en medios de comunicación y redes. Se impone su idea de fraude electoral.

    Un ejemplo ha sido la tergiversación de las palabras de Nicolás Maduro, afirmando que prohibía el uso de WhatsApp en Venezuela. Las principales emisoras de radio y televisión en España no tardaron en adjetivarlo de payaso y dictador. Descontextualizan, confunden y desacreditan ¡Prohibir WhatsApp está loco! En América latina, Europa Occidental y organismos internacionales, la PUD, ha movilizado a los partidos hermanos, lo cual le permite solventar la idea de fraude electoral.

    Pero también está presente en los grupos de presión, ampliando su espacio para difundir su mentira. Es el caso del grupo conocido como Iniciativa Democrática de España y América (Ideas), en el que cohabitan 33 ex presidentes, entre otros, Luis Alberto Lacalle (Uruguay), Ricardo Lagos (Chile), Ricardo Martinelli (Panamá), Gustavo Noboa (Ecuador), Álvaro Uribe (Colombia), Felipe González y Jose María Aznar (España), Óscar Arias (Costa Rica) o Felipe Calderón y Vicente Fox (México). Todos avalaban el discurso de fraude propuesto por la PUD. En España, centro de operaciones de la oposición venezolana para Europa, Vox, PP, sectores de PSOE, el PNV, y Junts per Catalunya son caja de resonancia: ¡fraude! ¡Maduro dictador!

    En América Latina lo tienen más difícil. Por un lado, la OEA, y países del ex Grupo de Lima se decantan por declamar fraude electoral, a lo cual se ha sumado el presidente chileno Gabriel Boric. Sin embargo, México, Brasil y Colombia no avalan el discurso de la PUD. La diferencia es clara entre Milei, Boric, Dina Boluarte o Luis Lacalle, y los presidentes Gustavo Petro, Andrés Manuel López Obrador y Luiz Inácio Lula da Silva. Los primeros hablan de fraude electoral. Los segundos llaman a la paz, el diálogo, el respeto a las instituciones, la trasparencia y la entrega de las actas que corroboren los resultados del CNE que dieron el triunfo a Maduro.

    En esta línea, seis países europeos cuyos gobiernos mantienen diferencias ideológicas, España, Francia, Italia, Holanda, Polonia y Portugal, se han pronunciado como México, Colombia y Brasil, insistiendo a “las autoridades venezolanas que publiquen sin demora todas las actas de votación con el fin de garantizar la plena transparencia e integridad del proceso electoral”. ¿Y Estados Unidos? Su gobierno reconoce el triunfo de González y se adhiere a la consigna de estar en presencia de un gran fraude, a lo cual se suma el Partido Republicano. Mientras, países contrarios a la idea del fraude, son tildados de enemigos de la democracia, la paz mundial y un peligro para Occidente.

    Las cartas están sobre la mesa. En juego está la soberanía de Venezuela. Que la oposición logre sus objetivos, ganando fuera lo que perdió en las urnas, posibilitaría el 1º de enero de 2025, la operación del gambito del rey. Tiene hasta diciembre para conseguirlo. Así, buscará denodadamente dividir a las fuerzas armadas, desconocer todas las instancias venezolanas de conteo de votos, como afirma Edmundo González en el comunicado del 7 de agosto, negándose a la mediación del Tribunal Supremo de Justicia, tildándolo de ser una institución “chavista”. Tras esta lógica, avivar un golpe de Estado. Internacionalmente no cejará en promover el aislamiento internacional, mediante la profundización del bloqueo y las sanciones. Parafraseando a Richard Nixon: hacer gritar la economía venezolana.

    En conclusión, se trata de defender la soberanía de un pueblo que ha votado mayoritariamente por el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar y su candidato, Nicolás Maduro Moros. Cualquier otro tema está fuera de la agenda e incorporarlos sólo favorece a la oposición y su propuesta de entregar el país a los intereses extranjeros, ávidos de controlar el petróleo.

    https://www.jornada.com.mx/noticia/2024/08/09/opinion/venezuela-en-la-geopolitica-mundial-la-disputa-por-la-soberania-6224

    jueves, 8 de agosto de 2024

    Sin ternero no hay vaca

    Por Juan Triana

    Un pequeño agricultor del cono sur latinoamericano de apellido Mujica nos recordaba que, para tener vacas, hay que tener terneros, y para ello hay que tener pasto, y que para tener pasto hay que tener tierra. Con ello ponía de manifiesto algo que parece una obviedad, y es la necesidad de entender estos procesos en toda su magnitud y amplitud, en lugar de verlos segmentados y separados unos de otros.

    No es este un artículo para abordar los problemas del sector agropecuario cubano, algo que ha sido tratado en muchos otros y por muchos otros colegas más entendidos que yo en la materia. Mi propósito es invitar a razonar sobre nuestra economía y la manera en que en los últimos tiempos se intenta conducirla, y claro que la agricultura está implícitamente incluida.

    Nuestra economía, como cualquier otra, es como la vaca de marras: necesita de sus terneros, que en este caso serían sus empresas; del pasto, que vendría a ser las fuentes de inversión; y de la tierra adecuada, que no sería otra cosa que la instituciones y organizaciones que garantizarían que el pasto crezca fuerte y abundante.

    La economía cubana ha ido secándose poco a poco y, como una vaca mal alimentada, no da la leche suficiente, las empresas —todas, salvo aquellas 268 que concentran el 80 % de las ventas y las 20 que ingresan el 80 % de los dineros externos— apenas alcanzan a sobrevivir, los recursos para invertir son escasos y no se aprovechan bien cuando se tienen, e incluso ocurre que cuando aparecen —sean internos o externos— no les damos el tratamiento conveniente; y los arreglos institucionales muchas veces no son los adecuados para alcanzar la dinámica necesaria. Se ha dicho muchas veces, es cierto, pero no queda más remedio que repetirlo, porque de igual manera se repiten, también muchas veces, las decisiones que nos han traído hasta aquí.

    Si se resumiera en unos cuantos indicadores la situación macroeconómica de acuerdo con lo publicado en julio, la fotografía sería: PIB con una dinámica negativa; oferta insuficiente; déficit fiscal de más de dos dígitos; tasa de inversión nacional secularmente baja; inflación de más de dos dígitos; insuficiente poder de compra del salario; balanza comercial y de cuenta corriente negativas; deuda externa y servicio de la deuda muy elevada; flujo de inversión extranjera insuficiente. Aun si el bloqueo no existiera, salir de esta situación requeriría medidas acordes a la gravedad de las condiciones y con mucha consistencia.

    Lo que resulta sorprendente es: 

    • primero, que seis meses después de diciembre de 2023, el Gobierno sigue sin hacer público un programa integral de reformas (metas, plazos, fechas, organizaciones responsables) que dé respuesta a la situación; 
    • que reconociendo que una de las grandes debilidades de la economía cubana está en los bajos niveles de producción y productividad del sector agropecuario, no se revise profundamente el programa de 63 medidas y se realice una reforma profunda del sector agropecuario cubano, incluidos ministerio, delegaciones, osdes y empresas.
    • que tanto en diciembre como en julio, una buena parte de las medidas/ideas que se anuncian estén más concentradas en enmendar errores que en aprovechar oportunidades y generar confianza en el futuro; 
    • que varias de las medidas anunciadas desde diciembre sean inconsistentes entre sí; por ejemplo, fortalecer el valor del peso cubano mientras se expande la dolarización parcial de la economía; impulsar el crecimiento aumentado la carga fiscal mientras se eliminan los beneficios fiscales a los actores económicos; o fijar márgenes de utilidad a las empresas utilizando una tasa de cambio que para nada refleja las condiciones reales del mercado;
    • que teniendo un déficit de oferta sustantivo y no estando el Estado ni sus empresas en capacidad de cubrirlo, se establezca el cobro de aranceles y servicios portuarios en divisas, lo cual reducirá las importaciones y se traducirá en un incremento de precios a la población;
    • que reconociendo lo insuficiente del salario y las jubilaciones y pensiones, se aprueben todas estas medidas y algunas más que reducirán todavía más la capacidad adquisitiva del salario;
    • que reconociendo la necesidad de que el sector empresarial se dinamice y sabiendo que la falta de autonomía de dichas empresas es una de las principales causas de su bajo dinamismo, se permita que intereses sectoriales y ministeriales sigan posponiendo la aprobación de la tan anunciada ley de empresas;
    • que, habiendo sido el sector privado empresarial el que ha podido contribuir a dinamizar la oferta, incrementar el empleo, mejorar el sistema productivo cubano y recuperar infraestructuras y sistemas productivos prácticamente abandonados muchos de ellos, se tomen medidas que ralentizan la creación de nuevas pymes, dificultan las importaciones al reducir la cantidad de empresas estatales importadoras; y se obligue a pagar a los proveedores desde bancos cubanos que han demostrado no poder garantizar esos pagos, sea por el bloqueo o por otras razones asociadas a su propia debilidad en términos financieros.
    • que habiendo las pymes contribuido con el 15 % del ingreso tributario, se tomen medidas dirigidas a frenar su creación, a burocratizar aún más el proceso y a obligarlas a constreñir su actividad al municipio en que está su residencia fiscal, como si los negocios entendieran de fronteras administrativas, condenando además a los municipios más pobres a no recibir “flujos externos nacionales” de capital que dinamicen sus economías.
    • que mientras se reclama de forma sistemática a las pymes que se inserten en los procesos productivos y produzcan (algo que ya algunas hacen), se intente limitar su capacidad de acumulación y su posibilidad de conseguir financiamiento para cumplir ese reclamo.
    • que en los medios oficiales y en los discursos se insista en que las pymes y los TCP son los culpables de la inflación y la descapitalización del país, cuando los propios datos oficiales muestran que el inicio del proceso inflacionario antecede en al menos un año a las pymes y tiene en la mala ejecución del llamado “Ordenamiento” una de sus causas; mientras que la descapitalización está asociada al baja tasa de inversión y a una asignación de recursos de inversión a todas luces incorrecta.
    • que estando demostrada la necesidad de obtener flujos de inversión extranjera y nuevos créditos, se siga pidiendo comprensión a los acreedores, en lugar de presentar un plan concreto de negociación de la deuda externa, incluido el pago de los dividendos retenidos a los inversionistas extranjeros.

    Es como si existiera un interés especial en ralentizar / detener / impedir / trabar / estorbar todo aquello que genere dinamismo económico, nuevas oportunidades, esperanza y confianza en el futuro. Y resulta algo muy raro, teniendo en cuenta que Cuba está siendo desengranada por una emigración sin freno, algo que compromete estratégicamente nuestro presente y nuestro futuro. Resulta todavía más raro que haya tanta coincidencia, con los que, desde otras latitudes y longitudes, también apuestan y hacen por el fracaso del llamado sector complementario. Es como si se hubieran puesto de acuerdo.

    Es cierto que se insiste en que no es una guerra contra las pymes; sin embargo, las mismas medidas que quienes lo aseguran han anunciado y admitido —entre las que no incluyo aquellas dirigidas a elevar la disciplina fiscal, que me parecen necesarias— están indicando lo contrario.

    Más abajo listo un grupo de acciones que podrían ayudar a crear la confianza necesaria. Las enumero en el orden en que entiendo sería más adecuado. Casi todas han sido propuestas antes por diferentes economistas cubanos. Se puede, incluso sin muchos recursos, se puede. 

    1. Comenzar de inmediato la migración paulatina del subsidio a productos hacia el subsidio a personas.
    2. Negociar la deuda externa. Hoy existen algunas experiencias puntuales de cambio de deuda por activos o concesiones productivas.
    3. Terminar de aprobar la ley de empresas estatales y que esta garantice la autonomía prometida desde hace más de cuarenta años, cuando se implantó el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía.
    4. Reducir el aporte por la inversión estatal que las empresas estatales pagan, en especial a las empresas exportadoras y de alta tecnología. 
    5. Ampliar el rango de las actividades que pueden ser desempeñadas por el sector privado.
    6. Aprovechar la municipalización de la aprobación de los actores económicosy aprobar un mecanismo expedito para la creación de nuevas mipymes, totalmente transparente y que siga los estándares internacionales.
    7. Volver a conceder el beneficio fiscal de un año sin impuestos para todas las nuevas formas de gestión, estatales y no estatales.
    8. Establecer beneficios fiscales y arancelarios específicos que favorezcan a las pymes de alta tecnología, sean estatales o privadas.
    9. Permitir la creación de empresas no estatales Import-Export.
    10. Eliminar la obligatoriedad de la contratación de fuerza de trabajo a través de empresas empleadoras estatales.
    11. Culminar la aprobación del reglamento que habilita la inversión extranjera con las formas de gestión no estatales.
    12. Extender la condición de pymes a los productores agropecuarios privados y a las cooperativas agropecuarias y otorgarles beneficios fiscales y arancelarios para operaciones productivas condicionadas a resultados comprobables.
    13. Restituir la posibilidad de definir objetos sociales amplios para todos los actores (estatales y privados) y eliminar el límite de cinco actividades complementarias establecido con posterioridad.  
    14. Fomentar la creación de Zonas Especiales de Desarrollo Local, que disfruten de beneficios fiscales y arancelarios y sean aprobadas por las autoridades locales. 
    15. Permitir el usufructo de tierras para la producción agropecuaria a las nuevas formas de gestión no estatales.
    16. Reducir significativamente el aparato del Estado en un proceso paulatino, con plazos establecidos y con protección temporal para los empleados en dichos ministerios.
    17. Abrir el sector bancario cubano a operaciones de la banca internacional utilizando mecanismo de supervisión y regulación que cumplan con los estándares internacionales.
    18. Establecer la obligatoriedad de la licitación pública de todos aquellos bienes del pueblo que vayan a ser cedidos temporalmente a las formas no estatales de gestión, incluidas tierras en usufructo.
    19. Simultáneamente habría que actuar sobre el mercado monetario:

      1. Destinar un fondo en dólares a la creación del mercado cambiario. El fondo podría tener participación estatal y no estatal, nacional y extranjera sobre la base de acciones de participación con rendimientos variables.
      2. Comenzar la creación del mercado cambiario estableciendo en una primera etapa un circuito reducido de empresas estatales y no estatales, con prioridad para las empresas exportadoras, las de alta tecnología, productores agropecuarios estatales y privados, e importadores de materias primas para la producción de alimentos.
      3. Establecer una franja de flotación para la tasa de cambio en ese mercado.
      4. Formalizar a aquellos operadores informales que actúan en el mercado cambiario y quieran acogerse a la oportunidad.
      5. Fomentar la creación de fondos de inversión mixtos (estatales-privados nacionales y extranjeros) para fomentar la producción agropecuaria y acometer obras de infraestructura cumpliendo los estándares internacionales para este tipo de negocios.

      Si no se atiende a los terneros, si se les daña, si no se les crean las condiciones apropiadas para que crezcan, si se les espanta, si convertimos la tierra de pasto en pantano… no, no tendremos vaca.

      https://oncubanews.com/opinion/columnas/contrapesos/propuestas-economia-cubana-crisis/

    martes, 6 de agosto de 2024

    Felicidades, Mijaín! Felicidades, Cuba!!


     

    Entrevista para Página 12: "Hay canciones que logran acompañar toda una vida"

    En diálogo exclusivo con Página/12, el músico revela detalles de las canciones de su nuevo trabajo, recuerda la experiencia del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, repasa los orígenes de la Nueva Trova Cubana, reflexiona sobre la crisis política, social y económica de Cuba, y analiza el fenómeno libertario en el gobierno argentino.

    Por Sergio Sánchez

    "Cuando se van los hijos, los nietos, el futuro/ nos dejan acertijos, nos mira el lado oscuro/ ¿Qué memoria tendrá nuestro después?/ ¿Qué abandonos sabrá nuestro después? ¿Y cuán fuerte será nuestro después en su suerte?", canta Silvio Rodríguez en "Nuestro después", una de las canciones de su nuevo disco, Quería saber, estrenado hace dos meses. En esta canción, el trovador cubano despliega esa fórmula tan personal que construyó con el tiempo: una mezcla de melancolía, existencialismo y sensibilidad social. La poesía siempre al servicio de la canción. “¿Y cuán fuerte será nuestro después”, se pregunta el músico de 77 años, tal vez uno de los artistas más relevantes de la canción en habla hispana. La pregunta, como en aquel “Escaramujo”, está nuevamente por delante. ¿Qué es lo que todavía quiere saber Silvio Rodríguez?

    En diálogo exclusivo con Página/12 –único medio argentino con el que habló sobre su nuevo disco-, Rodríguez revela detalles de las canciones, recuerda la experiencia del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, repasa los orígenes de la Nueva Trova Cubana –y su legado en la actualidad-, y analiza el fenómeno libertario en el gobierno argentino. Reflexiona también sobre la delicada crisis política, social, energética y económica que atraviesa actualmente Cuba, tal vez comparable con la ocurrida durante el llamado "Periodo Especial", a comienzos de la década del '90. Según datos oficiales, la economía cubana se contrajo un 2% en 2023, en tanto que la inflación alcanzó el 30%. “En Cuba ha pesado mucho un pensamiento ortodoxo conservador que, en mi criterio, ha contribuido a toda esta crisis. El año y medio de pandemia, obviamente, también nos hizo daño, como al resto del mundo”, le dice Rodríguez a este diario.

    La última visita del cubano a la Argentina fue en 2018. En esa oportunidad, se presentó en el Luna Park y brindó un concierto gratuito en Avellaneda. Su disco anterior, Para la espera (2020) –a guitarra y voz-, no tuvo gira de presentación debido a la crisis sanitaria provocada por la pandemia. Por lo pronto, Rodríguez confiesa que no tiene ninguna gira programada para presentar Quería saber, un disco en el que vuelve a grabar en formato banda y regala nuevas versiones, más bailables y variadas en instrumentación, de “Danzón para la espera” y “Viene la cosa”. “Tengo recuerdos, tengo amigos y amigas entrañables en la Argentina. Ha sido hermoso lo que nos ha pasado en esa tierra”, resalta. “Lo que sucede es que a mí la Covid me hizo ver lo que había ido posponiendo por las giras. Por eso estoy inmerso en el estudio, terminando proyectos y empezando a materializar otros nuevos. No sé cuando termine esta etapa, que en parte es de rescate y en parte creativa. Cuando eso suceda, espero que volvamos a abrazarnos”.

    -En relación al título del nuevo disco, ¿la inquietud sigue siendo el motor para escribir canciones? ¿Qué es aquello que quería -o todavía quiere- saber?

    -Escribir canciones ha resultado un oficio que, al menos en mí, fue apareciendo de una curiosidad por distintas zonas de las artes como la literatura, la pintura, la música, etcétera. Cuando era niño, quería saber qué había en la ribera opuesta del río de mi pueblo, el Ariguanabo. Cuando aprendí a nadar, me vi andando por aquella otra orilla. Después, cuando nos mudamos a La Habana, quería saber qué había más allá de la línea del horizonte. Con 22 años conseguí subir a un barco de pesca y comenzar a averiguarlo. Hoy por hoy son demasiadas las cosas que desearía saber. La ciencia, los descubrimientos y el día a día de la humanidad han echado por tierra muchas cosas que se tenían por verdaderas. Y, más allá de que los humanos tenemos el hábito de petrificar y hasta sacralizar lo que adoptamos como cierto, me gustaría saber, por ejemplo, si toda esta construcción que se ha hecho y que es llamada civilización tiene sentido. Porque si este planeta es finito, como desde hace tanto se reconoce, dónde nos vamos a meter cuando lo acabemos. Esta pregunta crece prácticamente a diario al ver la prisa por extinguir lo que nos ha dado la naturaleza y, además, por el entusiasmo con que nos matamos, en vez de emplear lo que sabemos para mejorarlo todo.

    -A diferencia del disco anterior, Para la espera (2020), que era más austero en el plano sonoro, en este nuevo álbum participa la banda y aparecen más colores instrumentales (cuerdas, percusiones, piano). ¿Por qué sintió la necesidad de grabar las canciones en un formato banda?

    -Para la espera fue el resultado del aislamiento por la Covid; fue un disco provocado por la urgencia. En medio de aquella incertidumbre, publiqué los temas en los que estaba trabajando como estaban justo en aquel momento. Por eso en las notas advertí que era posible que más adelante salieran versiones más terminadas de algunas canciones (y era que ya mi mente andaba en eso). Cuando terminó el aislamiento, pude volver a reunirme con mis compañeros y entonces aparecieron las nuevas versiones de “Viene la cosa” y “Danzón para la espera”, además de los otros temas.

    -"América" cuenta la historia de un amor de juventud pero a la vez parece una metáfora de estos tiempos. “La luz me guarde del abrazo de América, de su mirada, de su hechizo de amor/ De madrugada se oye el llanto de América, y se parece al dolor”, dice una parte de la letra. ¿Hubo una intención de contar algo más que un amorío de juventud?

    -Lo que cuenta “América” no es un amor sino un destello, la atmósfera de incógnita y misterio que implica lo atractivo distante. No niego que puede tener otras lecturas. Me di cuenta mientras la escribía, aunque continué siguiendo el aura de encanto y tragedia que rodeaba a aquella muchacha de mi barrio.

    -¿En qué contexto fue escrita la canción "Para no botar en el sofá" (canción editorial), que publicó originalmente en su blog en 2016? ¿Podría contarnos algunos acontecimientos que hayan inspirado la letra de esta canción?

    -Comencé Segunda Cita (el blog) a principios de 2010. No es un sitio contemplativo ni descafeinado. Sus páginas están llenas de opiniones de todo tipo sobre la realidad universal y sobre la cubana en particular. Evidentemente, ciertas opiniones aparecidas en el blog han merecido respuestas de algunos autores de nuestra prensa política. A raíz de uno de esos debates apareció “Para no botar el sofá”, que tiene como subtítulo “canción editorial”, ironizando sobre una supuesta oficialidad. “Para no botar el sofá” es una especie de rosario de tonterías y desgracias –sin duda humanas- que se han cometido en nombre de algo supuestamente superior.

    -La única canción que no fue escrita en este siglo, como señala en su página web, es "Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena". ¿Por qué decidió recuperar esta vieja canción que compuso a principios de los '70? ¿La canción también busca rescatar la figura del poeta y revolucionario Rubén Martínez Villena? La frase "ya dormiré mañana con el párpado abierto" parece hablar de la importancia de no bajar la guardia ni rendirse...

    -Decidí recuperar aquella canción, además de porque no estaba en disco, por lo hermoso y complejo que logró plasmar sobre la vida y las aspiraciones humanas aquel poeta a sus 22 años. Rubén Martínez Villena murió todavía muy joven, consumido por la tuberculosis y el esfuerzo por organizar una huelga que sacó del poder a un odioso presidente.

    -¿Cómo recuerda hoy la experiencia del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GES) en la década del '70?

    -El Grupo de Experimentación Sonora fue un elemento significativo en medio de la lucha de criterios que por entonces había en la superestructura cubana. Lo creó Alfredo Guevara en el ICAIC, con todo el apoyo moral de Haydeé Santamaría desde Casa de las Américas. Varios de sus fundadores no eran muy bien vistos por instituciones culturales, empezando por Leo Brouwer, por raro e independiente, y seguido por Pablo Milanés, quien había pasado por los campos de trabajo de las UMAP. Yo había sido expulsado de la radio y la televisión, de donde seguía marginado. El GES inicial, además, estaba integrado por jóvenes instrumentistas que fueron dejando importantes señales en la historia de nuestra cultura. Entre estos destacan Emiliano Salvador, Sergio Vitier, Eduardo Ramos, Leonardo Acosta, Carlos Averof y Pablo Menéndez. Nuestra música no se escuchaba en la radio ni en la televisión, pero aparecía en películas y documentales, y todas las semanas en el noticiero ICAIC Latinoamericano, dirigido por Santiago Álvarez.

    -¿Fue un germen, también, para el inicio de la Nueva Trova Cubana?

    -La impresión de aquel trabajo colectivo en el gusto, sobre todo de los jóvenes, fue haciendo ceder criterios discriminatorios con matices políticos. En medio de un oficialismo antirockero, hicimos rocanrol para el documentalista inglés Félix Green, cantando “Cuba va!”. Sin duda, el trabajo del grupo también influyó en la creación del Movimiento de la Nueva Trova, que se fundó en diciembre de 1972, en la ciudad de Manzanillo. Pero al menos cinco años antes ya existía cierta cohesión en nuestra generación de trovadores. La editorial Ojalá acaba de publicar un libro que lo prueba, llamado La Habana, día de un año (2024), escrito por Patricia Ballote Álvarez. Creo que también fueron de mucha importancia los trabajos que compartieron con el GES artistas de gran prestigio como Isabel Parra, Daniel Viglietti y Soledad Bravo. Y documentalistas como Pino Solanas, que puso nuestra música en su film La hora de los hornos.

    -¿Qué reflexión le amerita la actual crisis económica que atraviesa Cuba? En otras palabras, ¿cuáles son los desafíos sociales y políticos de su país en el presente?

    -No me siento capacitado para hablar a cabalidad de temas económicos. Por eso mi blog, desde hace años, ha dado voz a especialistas en la materia y a intelectuales que hacen análisis críticos sobre nuestra realidad. Es obvio que el bloqueo norteamericano nos ha venido haciendo mucho daño. Las más de 200 medidas extras de Trump lo profundizaron. Incluirnos en la lista de países patrocinadores del terrorismo ha sido de una maldad inconcebible. Pero hay que recordar que, al principio del diferendo, hubo un subsecretario de Estado norteamericano que expresó con toda claridad que el bloqueo era, sobre todo, para que el pueblo, cansado de sufrir, se virara contra el gobierno. Por otra parte, es muy cierto que el llamado socialismo real colapsó hace más de tres décadas y que desde entonces debimos adecuarnos mejor a la nueva realidad. Se intentaron medidas que fracasaron y también hubo otras a las que, lamentablemente, se les tuvo miedo. En Cuba ha pesado mucho un pensamiento ortodoxo conservador que, en mi criterio, ha contribuido a toda esta crisis. El año y medio de pandemia, obviamente, también nos hizo daño, como al resto del mundo. Algunos efectos se pueden leer en la prensa actual de muchos países, incluso en los de más recursos; y también se ve cómo ha servido de pretexto para el surgimiento de una especie de neofascismo. Ahora en Cuba estamos sufriendo el resultado de un conjunto de factores, propios y universales, y creo que nos corresponde a nosotros encontrar la forma de enfrentarlos para sobrevivir.

    -En 2020, le decía a este diario que las canciones tenían la función de "acompañar a las personas". ¿No cree que muchas de sus canciones (como "El necio", por ejemplo) han dado un claro testimonio de un tiempo y una época ? Entonces, ¿una canción puede transformar un pensamiento, una mirada, o una canción simplemente acompaña un momento?

    -Hay canciones que, más que un momento, consiguen acompañar toda una vida. Lo digo porque me pasa con melodías que escuché en la niñez. Por otra parte, en los mismos tiempos de “El necio”, que es una canción de reafirmación cuando vimos hundirse el campo socialista, compuse y grabé “La desilusión”, “Reino de Todavía”, “Tocando fondo”, “El problema”, “Hacia el porvenir”, “En busca de un sueño” y seguramente otras que ahora se me escapan. Todas son facetas del mismo asunto. Pero estas, que también caracterizaban a aquellos tiempos, no tuvieron la suerte –o las razones– para acompañar igualmente. Sin duda tengo responsabilidad, aunque sospecho que no es sólo mía. Es como si fuéramos más dados a lo épico que a lo autocrítico.

    -En líneas generales, la Argentina está atravesando una crisis cultural que pone en el centro al mercado por encima del humano y la naturaleza. ¿Cómo ve a la distancia la situación social y política argentina con esta nueva experiencia de la derecha en el gobierno?

    -No hace mucho me preguntaron sobre la realidad de la Argentina y dije que, para empezar, respetaba la decisión de una mayoría. Eso, por respeto, lo mantengo, aunque no quiere decir que esté de acuerdo. A veces pasan esas cosas. Por qué puede imponerse algo que no concebimos es un tema siempre desconcertante. Cuando hablábamos de Cuba mencioné los efectos de la Covid en las economías. Quizá me faltó mencionar que también pudo haber influido en la política, acaso como pretexto, según el país, según la circunstancia. A mí me parece que algunos políticos hábiles han utilizado efectos adversos del aislamiento para atribuírselo a corrientes, a gobiernos (sin con esto pretender negar ineficiencias y otras complejidades). Algo que he comentado últimamente con amigos es que no me identifico con la vulgaridad ni con los insultos. Creo que las personas de altas responsabilidades y visibles deben dar ejemplo y enseñar a convencer, no a ofender. Cultivar conscientemente la antipatía, en vez de la empatía, es atraso. Ojalá consigamos superarlo porque no conduce a nada bueno. Respecto a contenido, soy el mismo: justicia social sin igualitarismo, la ciencia como guía y corazón autocrítico.

    “Hay de todo en la canción cubana actual. Me identifico con la que hace resistencia a corrientes tribales y efectistas; en fin, al comercio”, sostiene Silvio Rodríguez cuando se le pregunta si está al tanto de lo que ocurre con sensibilidad y las inquietudes de los jóvenes cantautores y creadores de la isla. “En la ciudad de Santa Clara, desde hace años, viene desarrollándose un movimiento trovadoresco de altos kilates que bautizó el fabuloso trío En Serie como La Trovuntivitis”, precisa el músico. Se trata de un colectivo de trovadores y trovadoras que se puso en marcha en 1997, y todos los jueves del año se reúne en El Mejunje de Silverio para compartir con el público nuevas canciones y miradas.

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     La Trovuntivitis Colectivo de trovadores y trovadoras

    De este modo, surgió un movimiento espontáneo y dinámico que se fue convirtiendo en una escuela donde crece y se desarrolla la joven trova cubana. "La Trovuntivitis no está ajena a todos los procesos sociales que suceden en el país. Y entre ellos, está la inmigración. Entonces, algunos de nuestros miembros, de nuestros trovadores y compañeros, se han visto en la necesidad de moverse de una forma u otra, y abandonar por un tiempo determinado el país”, explica el músico Roly Berrío, uno de los fundadores de La Trovuntivitis junto a Raúl Cabrera y Levys Aliaga. “Vamos dialogando desde nuestra música con los tiempos, con lo que va sucediendo dentro y fuera de la Isla, con todos los cambios fuertes a nivel económico. Creo que todo lo que sucede en la sociedad impacta en la cultural. La Trovuntivitis es un lugar donde nos hemos enfocado en defender la variedad de pensamientos y formas de hacer música”, explica Berrío, desde La Habana.

    “Hemos intentado enfocarnos en el respeto del uno al otro, porque el mismo tiempo nos influyó a todos. La manera que hemos encontrado para mimetizarnos los unos con los otros es defendiendo nuestras diferencias y ayudándonos a crecer en los caminos más independientes. Nada de esto puede existir sin los de afuera”, dice sobre los integrantes que viven afuera de la isla: Karen Fleites se encuentra en la Argentina, Diego Gutiérrez emigró hacia Estados Unidos, Yunior Navarrete e Irina González están en Francia, Yaíma Orozco y Miguel Ángel de la Rosa en el País Vasco, y Raúl Marchena en España. “No existe separación, aunque la vida nos vaya llevando por caminos diversos. En lo espiritual, eso nos ayuda a enriquecernos en cada decisión y más teniendo en cuenta cómo está ahora el país: convertido en ramas”, completa Berrío, quien se encuentra en Cuba con los trovadores Yordan Romero, Leonardo García, Michel Portela, Alain Garrido y Pedrito Borrelli.

    https://www.pagina12.com.ar/757995-silvio-rodriguez-hay-canciones-que-logran-acompanar-toda-una

    domingo, 4 de agosto de 2024

    14 apuntes sobre lo que pasa en Venezuela

    Por Juan Carlos Monedero

    1. ¿Te acuerdas cuando te contaron lo de las armas de destrucción masiva en Irak? ¿Y cuándo te dijeron que Gadafi iba a pasar a cuchillo a toda una población, lo que justificó que pudiera bombardear la OTAN? ¿Recuerdas cuando te dijeron que Lula era un ladrón y que por ese lo metían en la cárcel?  ¿Recuerdas las decenas de acusaciones contra Podemos en España? ¿Te acuerdas cuando Aznar dijo que los atentados de Atocha eran cosa de ETA? Sabes hoy que todo eso era mentira. ¿Y no será que te están mintiendo ahora sobre Venezuela?

    2. EEUU y Europa están perdiendo la batalla geopolítica y económica con el crecimiento y articulación de los BRICS, esa organización crecientemente poderosa de Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Arabia Saudí y otros países (adonde ha sido invitada Argentina, que ha renunciado, y Venezuela, que ha aceptado). La respuesta del imperio decadente, como bestia herida, es violenta: y ahí tenemos el auge de la extrema derecha, el acoso y sanciones a países desobedientes o, directamente, la guerra. No son buenos tiempos para la democracia. La derecha está renunciando al liberalismo. Basta ver el lawfareconvertido en un lugar cotidiano. Y por eso el auge del fascismo en Europa, la guerra en Ucrania (que se podía haber parado hace dos años), el genocidio en Gaza, las guerras olvidadas en África, Milei, Bolsonaro, Bukele y, por supuesto, el ataque a Venezuela de la supuesta comunidad internacional.   

    3. ¿Por qué Venezuela es un asunto en tantos países de política interior y no de política exterior? La izquierda se ha dejado acorralar con Venezuela. El papel militar en la revolución chavista, la condición caribeña y la base eminentemente popular y plebeya molesta a una izquierda que no siempre se quita el racismo y el clasismo. Pero es que, además, Venezuela ha sido construida como el artefacto maldito al que execrar. Cada vez que las izquierdas defienden en sus países la sanidad pública, la educación pública, las empresas públicas, medicinas baratas, el pago de impuestos por parte de los ricos o la soberanía nacional, le gritan ¡Bolivariano! Y se asustan. Hasta Trump acusó a Biden de bolivariano. La derecha global necesita arrodillar a Venezuela para lanzar una advertencia a la izquierda del mundo: si no obedecéis, os quebramos. Igual que la iglesia construyó el mito del diablo para que la gente obedeciera, hoy se ha construido el mito de Venezuela para que la izquierda asuma el marco del hijo de Vargas Llosa, que diferenciaba entre izquierda vegetariana e izquierda carnívora. La vegetariana, esto es, la amable, adelante; a la carnívora, plomo.  Por cierto, conozco a muchos vegetarianos que, ellos y ellas solas, luchan como todo un ejército. 

    4. El tema de las actas en Venezuela es todo un guion para construir una mentira. Eso sí, bien construida. En primer lugar, sabotearon el sistema informático del Consejo Nacional Electoral con un hackeo para intentar que no hubiera resultado oficial. Así, la oposición podía presentar sus "actas" y decir que ese era el resultado oficial. Claro que esas actas podías ser falsas -hoy ya se ha demostrado que muchas de las que ha presentado la oposición son burdas falsificaciones- y las que no, eran de zonas donde realmente ganó la oposición. Muy burdo. Con los datos de la Moraleja o del Barrio Salamanca no puedes proyectar el resultado de la derecha en España. En un negocio, no haces transacciones con los que son mala paga. ¿Y no es ésta la misma oposición que nombró Presidente a Guaidó sin siquiera actas? A Guaidó no le pidieron votos y les bastó que se autonombrara en una plaza.  

    5. No es verdad que Maria Corina Machado tuviera, como dijo al comienzo, el 40% de las actas (aunque cada portavoz daba una cifra). Tuvieron siempre el 100%, porque a todos los testigos de mesa se les entregó una copia en cada una de las 30.026 mesas. Hay que entender algo previo. ¿A qué llamamos "actas"? Hay que entender el sistema electoral venezolano, que lleva funcionando más de 20 años y ha cubierto 32 elecciones.  En muchos países tenemos urnas físicas donde se deposita el voto. Al final de la jornada se cuentan las papeletas y se hace un acta, que firman los miembros de la mesa. En Venezuela no es así, porque en la IV República el fraude era constante. Hay un dicho en Venezuela que dice "acta Mata voto", es decir, el acta que falsificaban los dos principales partidos, mataba el voto real que tenía la izquierda (algo que siempre ha sido norma también en el México del PRI y el PAN). Por eso, hicieron un sistema electrónico impenetrable donde entrar dentro del sistema solo se puede lograr con claves electrónicas donde todos los partidos tienen un pedazo de esas claves. Como en la activación de la bomba nuclear, o están todas las llaves o no se abre.  Las urnas de nuestros países son sus máquinas: ahí está la verdad del resultado. En Venezuela, el "acta" es lo que sale de las máquinas y que garantiza el CNE, no lo que digan unos papeles que alguien puede haber hecho con photoshop. Donde nosotros tenemos el acta que se hace al final de la jornada electoral después de contar las papeletas, ellos tienen el resultado que dicta la máquina. Máquina que se ha verificado antes, durante y después de las elecciones y que todos los partidos han validado. Escúchese: ningún partido dijo antes de las elecciones que las máquinas no valían. Porque saben que son absolutamente fiables. De hecho, hay muchos gobernadores y alcaldes de la oposición en Venezuela electos por ese sistema y nombrados por el Consejo Nacional Electoral.  Al votarse electrónicamente, la máquina emite un resguardo con la información de la mesa y de la opción elegida por el votante. Ese resguardo lo recoge quien ha emitido el voto y lo deposita delante de la mesa electoral en una caja. Al finalizar la jornada, la máquina hace el acta, que es la que vale, la que todos los partidos han aceptado y que ha sido auditada por todos los partidos (de lo contrario, no participarían). Ese acta que sale de la máquina la firman todos los miembros de la mesa y los testigos. Es como un ticket largo con todos los resultados, la información de la mesa y las marcas electrónicas que no se pueden inventar previamente. Todos los miembros de la mesa y los testigos reciben su copia y firman la que se va a mandar en un sobre al CNE. Por si fuera poco, aleatoriamente se abren las cajas del 55% de las mesas, se cuentan los papeles (que no son los votos, recordemos que los votos que se dan por válidos en el país son los que dicta la máquina) y se hace otra acta que, una vez más, firman todos los miembros de la mesa y se mete en el mismo sobre. En el que se añade una tercera acta con las incidencias que puede haber habido en la votación. ¿Qué significa todo esto? Pues que todos los partidos no tienen el 40% de las actas, como mintió María Corina Machado: tienen el 100%, tanto la de los votos de las máquinas como las del 55% del recuento de los resguardos. La oposición ha hecho trampa además porque ha enseñado actas que cuando no están falsificadas, son solo de los sitios donde han ganado. ¿Y los sitios donde no han ganado? Sería el sueño de todos los partidos: que solo se contabilizaran los votos donde ganan. Pero no sería una democracia. 

    6. Creo que ha hecho bien el PSUV y los partidos del Gran Polo Patriótico en no adelantarse a sacar sus actas. ¿Por qué? Porque entonces empezaría una guerra de actas entre los partidos. Y si la oposición ha falsificado las suyas -y recordemos que hoy ya se sabe que es así- empezaría una rifirrafe que ocultaría que el único que verifica la verdad de las elecciones son las actas -el resultado de las 30.000 máquinas- que diga el CNE. Porque el intento de sabotaje del sistema electoral del CNE buscaba que no hubiera datos oficiales y que la oposición dijera: nosotros sí tenemos datos. Aquí están las actas. Y proclamarían a Edmundo González igual que proclamaron a Juan Guaidó. El chavismo ha salvaguardado la institucionalidad, mientras que la oposición, una vez más, ha buscado derribarla. 

    7. El artículo 155 de la Ley de procesos electorales da un máximo de 30 días al CNE para que haga públicos los resultados de todas las mesas. Siempre lo han hecho, y aunque han tenido retrasos por el hackeo, lo harán (lo manda la ley). Es deseable que lo hagan pronto. Entonces tendremos que, por ejemplo en una mesa X en Petare, están los resultados que publica el CNE y las actas que tiene Maria Corina Machado, las que tiene el PSUV y el Polo Patriótico, las de todos los demás partidos de la oposición más las que tienen los miembros de la mesa. Y esas actas tienen que decir todas lo mismo, tener la misma firma electrónica, el mismo número de votantes en la mesa, las firmas de lo miembros han de ser idénticas. Entonces se verá sin duda que lo que ha dicho el CNE es cierto. El viernes, a petición del TSJ, Edmundo González tuvo la ocasión de presentar las firmas que tienen en su poder. No lo han hecho. Yo personalmente he verificado que en una de las mesas, la página de Machado donde dicen que tienen las actas, ha hecho votar a una persona muerta, hermana de un conocido. El viernes, el responsable del comando de campaña, Jorge Rodríguez, demostró las numerosísimas irregularidades de las actas presentadas por la oposición.

    8. El comunicado de López Obrador, Lula y Petro, esto es, de México, Brasil y Colombia es sensato: que se sigan, como en todos los países, los cauces legales y se respete la institucionalidad (lo que es un fuerte regaño a la oposición), que se publique lo antes posible -sabotajes salvados mediante- todos los resultados mesa a mesa y voto a voto, y que se intente un diálogo con Edmundo González, el candidato, y no con la inhabilitada María Corina Machado. La petición de la publicación del resultado mesa a mesa, que intuitivamente es lo que mucha gente pide -muchos no lo han pedido nunca ni siquiera en sus propios países, sospechosos de fraude- es lo que ha hecho siempre el CNE y lo hará. Igual que, según el cronograma, harán esta semana las auditorías ciudadanas, donde lo más importante es verificar con los técnicos de los partidos, que todo está en orden en las máquinas. En la última fase, se abren el 51% de las cajas para ver si los resguardos contenidos en las cajas coinciden con lo que dice el voto de las máquinas.  ¿Y qué  hace la oposición golpista? No va a la auditoría cuando pierden para decir que ha habido fraude. 

    9. Por último, como Edmundo González -que, insisto, no es toda la oposición, aunque sí la más importante- ha desconocido el resultado, el Presidente Nicolás Maduro ha presentado un contencioso-administrativo ante la autoridad competente, el Tribunal Supremo de Justicia, cuya sala electoral ha dictado una cosa muy sencilla: pedir las actas que tiene la oposición, pedir las actas que tiene el gobierno, pedir el resultado al CNE y cotejar, además de informar sobre el supuesto hackeo que ha sufrido el CNE. Hoy sabemos que Edmundo González no se presentó y no ha entregado las actas que decían tener (lo que supongo que también es un delito). Si las presentaran y lo que dicen es cierto -esto es, sus "actas" coinciden con los datos de las máquinas, es decir, se corresponde con lo que han votado los venezolanos-, se debiera proclamar a Edmundo González presidente de Venezuela. Pero si las presentan y son falsas, estarán cometiendo un delito electoral, sumado al delito de pagar a gente para intentar que la noche de las elecciones hubieran 100 o 200 muertos en Venezuela. Porque esa era la segunda parte del plan: que el CNE no pudiera presentar datos, presentar como oficiales los de la oposición, y generar una situación de caos con muchos muertos. La inteligencia de Maduro fue decirle al ejército, a la policía y al chavismo que salvaguardaran bienes y personas pero que no reprimieran, que aunque estuvieran golpeando y matando a gente, quemando escuelas, hospitales, autobuses, no respondieran violentamente. Porque lo que necesitaba la oposición era que, además de que no funcionara el CNE, que hubiera muertos en las calles. En las dos ha fallado. 

    10. Le queda a la oposición los medios de comunicación internacionales, las deudas geopolíticas de muchos países y la ingenuidad de algunos que les creen. También la maldad de los que quieren desconocer el resultado. La OEA es la que validó el golpe en Bolivia contra Evo Morales, y el Centro Cárter, sin Jimmie Carter, ha perdido toda su credibilidad (bien valdría que observara las elecciones en EEUU). Los principales países de la UE han hecho, sorprendentemente, un comunicado muy somero pidiendo la publicación de los resultados y el respeto a las libertades civiles.

    11. La conclusión es que la derecha global quiere ruido y le da igual un baño de sangre, anular la democracia o invadir un país. Y lo digo como europeo que tiene, después de 30 años, otra vez una guerra en Europa, que está viendo a los jueces comportarse como los jueces del fascismo y que ve una creciente violencia alentada por los políticos de la extrema derecha. 

    12. La derecha venezolana tiene que mandar al basurero de la historia a los que siempre buscan ganar con trampas y violencia. María Corina Machado está inhabilitada y su oportunidad solo puede emerger de una guerra civil. Que es lo que siempre busca. La oposición tiene 5.326.104 votos (frente a 6.408.444 de Nicolás Maduro). Ya va siendo hora de que busque otros cauces. Votos tiene.Falta una nueva generación de políticos de derecha en Venezuela.

    13. Brasil, Colombia, México van a ponerse del lado de los BRICS y van a reconocer el resultado que establezca el CNE. Y van a poder hacerlo con comodidad porque se publicarán los resultados mesa a mesa y se harán todas las auditorías correspondientes, además de que el Tribunal Supremo de Justicia emitirá su sentencia. A EEUU, aunque tengan elecciones en noviembre, se le va a hacer difícil sostener como presidente a Edmundo González sin pruebas y contra una parte enorme de la comunidad internacional. Que nadie se engañe: EEUU se está quedando solo, como en Naciones Unidas defendiendo a Israel. Si con Guaidó no pudo, con González menos. La Unión Europea ¿seguirá al rebufo de los EEUU, perdiendo importancia internacional? En España, si somos inteligentes, nos pondremos del lado de México, Colombia, Brasil y demás e intentaremos enmendar los enormes errores de haber reconocido a Guaidó y haber impuesto injustas sanciones a Venezuela (las que EEUU no ha dejado poner al genocida Israel). El comunicado conjunto este sábado de España con Alemania, Francia, Italia, Portugal, Países Bajos y Polonia puede ir en una buena nueva dirección.

    14. Y déjenme darle un consejo a todos los demócratas del mundo: lo que pretenden hacer en Venezuela, si les sale bien, es lo que van a hacer en todos los países del continente (es la enseñanza de Aimé Cesaire sobre lo que hicieron los alemanes en Namibia y terminaron haciendo en suelo alemán y con alemanes). Por eso la extrema derecha apoya a Netanyahu y a María Corina Machado: quieren hacer lo mismo en nuestros países. Así que, por interés propio, no crean las mentiras de estos mentirosos profesionales que solo buscan confundirnos. Nuestra condición de demócratas se mide en los momentos de desafío. Y hoy estamos viviendo uno de esos momentos. No dejemos que nos derroten. 

    https://blogs.publico.es/juan-carlos-monedero/2024/08/04/14-apuntes-sobre-lo-que-pasa-en-venezuela/#md=modulo-portada-fila-de-modulos:4x15-t2;mm=mobile-medium

    Gobernando para el planeta *

    Los Estados-nación ya no son aptos para el propósito de crear un futuro habitable para los seres humanos y la naturaleza. ¿Qué sistema político lo es?

    Por Jonathan S. Blake

    "Todo el mundo sabe que las pestes tienen una forma de repetirse en el mundo", declaró Tedros Adhanom Ghebreyesus ante la Asamblea Mundial de la Salud el 29 de noviembre de 2021, citando La peste de Albert Camus. "Los brotes, las epidemias y las pandemias son un hecho de la naturaleza", continuó Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud desde 2017, en sus propias palabras. "Pero eso no significa que seamos incapaces de prevenirlos, prepararnos para ellos o mitigar su impacto". Exudando confianza, proclamó: "No somos prisioneros del destino ni de la naturaleza".

    El tema de esta sesión especial de la Asamblea Mundial de la Salud –la segunda convocada desde la fundación de la OMS en 1948– fue establecer negociaciones internacionales para alcanzar un acuerdo mundial sobre "prevención, preparación y respuesta ante pandemias". Los delegados aprobaron una resolución que ordena a los negociadores que comiencen a trabajar en un tratado pandémico que esté listo para presentarlo a la aprobación de la 77ª Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 2024. Sin embargo, días antes de que se celebrara la reunión de la Asamblea en Ginebra, se filtró la noticia de que el Órgano Intergubernamental de Negociación no había cumplido con el plazo. No habría acuerdo sobre la pandemia.

    No fue por falta de intentos. Los diplomáticos, que trabajaban jornadas de 12 horas, comprendieron la importancia de su tarea. Después de haber sufrido la pandemia de COVID-19, lo que estaba en juego era, y es, extremadamente claro. «La COVID-19 ha puesto de manifiesto y exacerbado las debilidades fundamentales de la arquitectura mundial para la preparación y respuesta ante pandemias», explicó Ghebreyesus. La única manera de avanzar después de tanto sufrimiento, instó, es "encontrar un terreno común... contra las amenazas comunes», para reconocer «que no tenemos más futuro que un futuro común». Como dijo el copresidente de las negociaciones, Roland Driece, era necesario alcanzar un acuerdo global "por el bien de la humanidad".

    A pesar de un amplio consenso de que todo el mundo estaría mejor si estuviéramos preparados a nivel mundial, las negociaciones seguían estancadas. Los principales puntos conflictivos aparecen en el artículo 12 del proyecto de tratado, «Sistema de acceso a los patógenos y distribución de beneficios». En virtud de este acuerdo, se exigiría a los países que compartieran rápidamente información sobre los patógenos emergentes, incluidas muestras y secuencias genéticas. Pero el Sur Global teme justificadamente que sus costosos esfuerzos de monitoreo e intercambio de información se utilicen para crear pruebas, vacunas y terapias que sean acaparadas por el Norte Global. Los negociadores de los países de bajos ingresos insisten en que el tratado incluye garantías para el acceso equitativo a cualquier desarrollo farmacéutico, algo que los países más ricos dudan en aceptar. "No queremos que los países occidentales vengan a recolectar patógenos, a fabricar patógenos, a fabricar medicamentos, a fabricar vacunas, sin enviarnos estos beneficios", dijo Jean Kaseya, director general de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, a The New York Times.

    Más allá de las disputas políticas sobre los mecanismos de financiación, la distribución equitativa de vacunas y tratamientos, y los derechos de propiedad intelectual, la razón por la que no se ha logrado alcanzar un acuerdo global sobre la pandemia se reduce a la característica conceptual central del sistema internacional contemporáneo: la soberanía estatal. A pesar de que el proyecto de tratado es inflexible en su respeto por la soberanía nacional –reafirma "el principio de la soberanía de los Estados en el tratamiento de los asuntos de salud pública" y reconoce "el derecho soberano de los Estados sobre sus recursos biológicos"–, los Estados-nación se han resistido a otorgar una nueva autoridad a la OMS. Los republicanos en el Senado de Estados Unidos han exigido que la administración del presidente estadounidense Joe Biden se oponga al tratado sobre la pandemia, alegando que "constituiría intolerables violaciones de la soberanía estadounidense". El gobierno del Reino Unido, asimismo, ha dicho que apoyará el tratado solo si "respeta la soberanía nacional".

    En política no hay "mundo"; solo los estados. En el caso de los patógenos, no hay "estados"; Solo existe el mundo

    Estas preocupaciones sobre la soberanía llegan al núcleo fundido del problema de este tratado sobre pandemias, o en realidad de cualquier tratado sobre pandemias, de hecho, de todo el sistema multilateral. La OMS, como cualquier otra rama de las Naciones Unidas, no es responsable ante el mundo, ni siquiera ante la salud mundial, sino ante los Estados-nación que son sus miembros. Como resultado, las cosas que serían buenas para "el mundo", como una estrategia global para luchar contra la próxima pandemia, a menudo chocan con convicciones firmes sobre el interés nacional, así como con el principio de autonomía nacional, ganado con tanto esfuerzo y celosamente guardado.

    Ghebreyesus puede creer que "el mundo todavía necesita un tratado sobre pandemias" y que su misión es "presentar al mundo un acuerdo generacional sobre pandemias", pero se enfrentará una y otra vez al mismo problema: en política, no hay "mundo"; solo los estados. El problema se agrava por el hecho de que, en el caso de los patógenos, no hay "estados"; sólo existe el mundo.

    Este desajuste básico entre la magnitud del problema y la escala de las posibles soluciones es una de las causas de muchos de los fracasos actuales de la gobernanza mundial. Los Estados-nación y las instituciones de gobernanza global que han formado simplemente no son aptos para la tarea de gestionar cosas como los virus, los gases de efecto invernadero y la biodiversidad, que no están limitados por fronteras políticas, sino solo por el sistema de la Tierra. Como resultado, los diplomáticos aún pueden llegar a un acuerdo sobre un tratado pandémico -se han comprometido a seguir trabajando-, pero, mientras la estructura del sistema internacional siga tratando la soberanía como sacrosanta, nunca podrán gobernar eficazmente este u otros fenómenos a escala planetaria.

    En nuestra búsqueda por el control de las hondas y flechas de la naturaleza, los humanos hemos represado ríos y hecho la guerra a los microbios, hemos turboalimentado la producción de granos y nos hemos aventurado en el espacio exterior. Hemos domesticado animales para convertirlos en compañeros, mano de obra y alimento, y hemos descubierto cómo convertir los restos fosilizados de antiguas formas de vida en energía. Hemos construido casas y ciudades, arrasado bosques y praderas, construido bermas y malecones, todo para mantener a raya los elementos y mejorar nuestras propias vidas. Al hacer todo esto, sólo tuvimos en cuenta las necesidades y deseos humanos, o mejor dicho, las necesidades y deseos de algunos seres humanos, y pisoteamos todo lo demás. Lo que es bueno para los hongos, la flora o la fauna sigue siendo irrelevante, si no se niega deliberadamente. Desde cierto punto de vista, sostenido principalmente por los ricos y poderosos, parece como si el hombre hubiera conquistado la naturaleza, o en todo caso estuviera justificado intentarlo.

    Estas pretensiones de dominio tienen orígenes tanto culturales como tecnológicos. Culturalmente, nosotros en Occidente, al menos, hemos heredado una tradición de excepcionalismo humano arraigada en la idea de que los seres humanos, de manera única, están hechos a imagen de Dios y, como dice la Biblia, están destinados a "tener dominio... sobre toda la tierra». A lo largo de milenios, las civilizaciones humanas han desarrollado las herramientas para promulgar ese dominio: utilizar la naturaleza únicamente como nuestros "instrumentos", como dijo Aristóteles. Las tecnologías, desde el control del fuego hasta la escritura, pasando por el motor de combustión interna y CRISPR, han dado a los humanos un inmenso poder sobre otras especies y sobre la propia Tierra. Pero con demasiada frecuencia, nuestra autoimagen, producida por las interacciones de nuestra cultura y nuestras tecnologías, nos ha llevado a creer que este poder no está limitado y que hemos tenido éxito en domesticar la naturaleza.

    No hay posibilidad de que el ser humano prospere a menos que los ecosistemas de los que formamos parte prosperen

    Sin embargo, un consenso científico emergente deja claro que no solo no hemos domesticado la naturaleza, sino que no podemos domesticarla, por la sencilla razón de que somos parte de la naturaleza. Los seres humanos son inextricablemente parte de la biosfera, parte de la Tierra. Estas ideas emergen de un estudio científico riguroso, no de una reflexión mística, y revelan nuestro lugar dentro de la agitación biogeoquímica de este planeta. Una vasta y creciente infraestructura de sensores a través, por encima y por debajo de la Tierra, y las redes de software y hardware que procesan e interpretan las montañas de datos que producen los sensores, han demostrado, con una exactitud y precisión sin igual en las generaciones anteriores, que los humanos están integrados en el sistema de sistemas de este planeta.

    Lo que esta nueva y creciente sapiencia planetaria está revelando es un naufragio sistemático. Los científicos han determinado que las acciones humanas (en realidad, las acciones de algunos humanos) han empujado a la Tierra más allá del "espacio operativo seguro para la humanidad" para seis de los nueve "límites planetarios", incluido el cambio climático, la integridad de la biosfera y el cambio de agua dulce. Ahora entendemos no solo el daño que estamos haciendo a los sistemas planetarios, sino también el daño que nos estamos haciendo a nosotros mismos como elementos de esos sistemas. La Tierra nos sostiene, no al revés. No hay posibilidad de que el ser humano prospere a menos que los ecosistemas de los que formamos parte prosperen.

    La toma de conciencia de nuestra condición planetaria puede insultar nuestra autoestima narcisista, pero también produce una posibilidad positiva: que el florecimiento humano solo es posible en el contexto de múltiples especies que florecen en un planeta habitable. El objetivo de habitabilidad pretende apartarse del concepto de sostenibilidad que ahora domina. Mientras que el concepto de sostenibilidad trata a la naturaleza como algo distinto de los humanos y como algo que existe para el uso instrumental gestionado responsablemente por los humanos, el concepto de habitabilidad entiende a los seres humanos como integrados y dependientes del mundo natural más que humano. Despojada del antropocentrismo de la sostenibilidad, la habitabilidad se centra en fomentar las condiciones que permiten que la vida compleja en general, incluidos, entre otros, los seres humanos, viva bien. Esta visión del florecimiento de múltiples especies es a la vez generosa y egoísta. Ampliar el círculo de preocupación para incluir la colección de animales multiespecie es ciertamente más beneficioso de lo que la política actual suele permitir, pero también se trata absolutamente de garantizar la supervivencia de nuestra especie. Lo que es malo para ellos es, en última instancia, malo para nosotros. Estos objetivos -ecosistemas prósperos en una biosfera estable que sustente vidas humanas y no humanas- deben ser nuestro nuevo lodestar.

    La pregunta central de nuestro tiempo es: ¿cómo podemos lograr esto?

    El término que los académicos y los responsables políticos propusieron inicialmente para dar sentido a este nuevo conocimiento es "global". Ahora es de conocimiento común que la Tierra está experimentando un cambio climático global, acabamos de vivir una pandemia global, la biodiversidad global está en riesgo de su sexto evento de extinción masiva, y esta es una era de interconexiones económicas, políticas y culturales globales. Sin embargo, este lenguaje familiar de los periódicos globales sobre una distinción importante. La palabra globo terráqueo, tal como se utiliza en las discusiones sobre la globalización, observó el historiador Dipesh Chakrabarty en 2019, "no es lo mismo que la palabra globo terráqueo en la expresión calentamiento global". El globo de la globalización es un concepto y una categoría fundamentalmente humanos: enmarca la Tierra desde un punto de vista humano. Este globo terráqueo está construido por y para las intenciones y preocupaciones humanas. La globalización, el proceso de integración mundial basado en esta perspectiva, tiene que ver con el movimiento de personas y sus cosas, ideas, capital, datos y más.

    El globo del calentamiento global es un objeto completamente diferente. Este concepto y categoría, que ahora llamaremos "planetario", enmarca la Tierra sin adoptar un punto de vista humano. Desde la perspectiva planetaria, en oposición a la global, lo que destaca son los sistemas interrelacionados de vida, materia y energía. Este concepto nos obliga a asumir objetos y procesos que son mucho más vastos y mucho más pequeños de lo que podemos comprender fácilmente, así como marcos de tiempo muy alejados de la experiencia humana vivida. Tratar de dar sentido a los "modos intangibles de ser" capturados por el concepto de lo planetario, como escribe la antropóloga Lisa Messeri en Putting Outer Space (2016), es una lucha, pero no tenemos otra opción. El mundo del cambio climático global, el planeta, afecta a los humanos y es impactado por los humanos, pero existía antes de que nuestra especie evolucionara y estará aquí mucho después de nuestra extinción.

    Al abordar problemas como el cambio climático como globales –es decir, de manera fundamental, humana– hemos cometido un error categórico. Por un lado, sugiere que el objetivo de nuestra acción debería ser la sostenibilidad, un concepto antropocéntrico y global, en lugar de la habitabilidad, un concepto planetario multiespecie. Además, el hecho de que los problemas se enmarquen como globales sugiere que pueden abordarse con las herramientas que tenemos a mano: las ideas políticas modernas y la arquitectura de la gobernanza mundial que ha surgido desde la Segunda Guerra Mundial. Pero los problemas planetarios no pueden. Esto ayuda a explicar por qué han fracasado décadas de intentos de gestionar los problemas planetarios con instituciones globales.

    La ONU no responde a la humanidad ni al mundo, sino a las naciones que se unieron para unirse a ella

    El fracaso a la hora de detener las emisiones de gases de efecto invernadero, la causa del cambio climático planetario, es un buen ejemplo. En junio de 1992, en la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro, los representantes de 154 Estados-nación firmaron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), comprometiéndose a "prevenir interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático". El acuerdo internacional fue aclamado como un paso histórico en la gobernanza ambiental global, pero el texto mismo del tratado revela la fuente de su propia impotencia. Junto con su petición de "la cooperación más amplia posible por parte de todos los países" para evitar los "efectos adversos" del cambio climático, el tratado reafirma el "derecho soberano de los Estados-nación a explotar sus propios recursos", incluidos, por supuesto, los recursos de combustibles fósiles. "El principio de soberanía de los Estados", declara la CMNUCC, es la base de cualquier "cooperación internacional para hacer frente al cambio climático".

    La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que sigue siendo el principal organismo mundial encargado de frenar el cambio climático, no responde a la atmósfera ni al planeta que envuelve. Al igual que la OMS, responde en cambio, y únicamente, a sus Estados miembros. Los Estados miembros, por su parte, responden a sus ciudadanos humanos (al menos, idealmente). Ninguna parte de esta cadena de autoridad se preocupa por el clima del planeta en su conjunto. En esto, la CMNUCC no es diferente de cualquiera de las otras instituciones de gobernanza global. El sistema internacional está construido sobre la base del Estado-nación soberano. Las Naciones Unidas y sus numerosas partes y organismos, desde UNICEF hasta la Unión Postal Universal, no responden a la humanidad ni al mundo, sino a las naciones que se unieron para unirse a ella.

    Aunque es mejor que no tener foros internacionales para fomentar el diálogo y la cooperación entre los Estados-nación, la arquitectura contemporánea de gobernanza global no supera la estructura territorial y políticamente fragmentada del sistema de Estados-nación. De hecho, la gobernanza global proyecta y refuerza la política de los Estados-nación a escala mundial. La política internacional no se "lleva a cabo en aras de los intereses mundiales", señala el filósofo político Zhao Tingyang en Todo bajo el cielo (2021), "sino solo por los intereses nacionales a escala mundial".

    Sin embargo, la gestión de problemas a escala mundial o planetarios requiere actuar en función de los "intereses mundiales". Por lo tanto, los problemas planetarios requieren soluciones a escala planetaria. La magnitud de estos problemas es inconmensurable con nuestra capacidad institucional actual para gobernarlos. Por lo tanto, la gestión de los problemas a escala del planeta requiere la creación de instituciones de gobernanza a escala del planeta.

    Esto no significa, sin embargo, que estaríamos mejor servidos por un gobierno mundial. Por el contrario, la naturaleza de los problemas planetarios hace que un solo estado mundial no sea adecuado para la tarea que tenemos entre manos. Si bien las características fundamentales de los fenómenos planetarios operan a escala de la Tierra, las consecuencias de estos fenómenos que más nos importan ocurren a nivel local.

    El cambio climático, por ejemplo, es causado por la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera por conductos de escape específicos que circulan por carreteras específicas, centrales eléctricas específicas que operan en un territorio específico, etc. Pero una vez que esos compuestos de carbono arraigados y basados en el lugar se desplazan a la atmósfera, se convierten en una parte indiferenciada de la composición química de la atmósfera. Es la concentración global de gases de efecto invernadero en la atmósfera lo que cambia el clima. Sin embargo, en última instancia, la razón por la que el cambio climático nos preocupa no es por sus efectos globales promedio, sino por cómo se manifiesta un clima cambiante en lugares específicos. Lo que importa es cómo el aumento de las temperaturas, el aumento de la aridez o las inundaciones afectan a las regiones, las comunidades y los hogares.

    Ninguna forma política es adecuada para la naturaleza multiescalar de los problemas planetarios

    Desde el punto de vista de las políticas, esta es la estructura fundamental de todos los problemas planetarios: se manifiestan a través de inmensas geografías y escalas de tiempo inhumanas, pero sus consecuencias se manifiestan de maneras particulares en lugares particulares (moldeados por la intersección de condiciones geográficas, topográficas, ecológicas, sociales, económicas y políticas, y más). Tomemos, por ejemplo, la pandemia de COVID-19. La pandemia, que surgió de la relación dinámica entre los seres humanos y los virus que ha dado forma a nuestra especie desde que evolucionó, fue impulsada por el movimiento del SARS-CoV-2 de un cuerpo a otro, un proceso que no respeta ni las fronteras entre los estados-nación ni las fronteras entre las especies: otros animales, incluidos los gatos y las civetas, son susceptibles al virus. Como resultado, la enfermedad se extendió a todos los rincones del planeta.

    Sin embargo, la preocupación con la enfermedad contagiosa era cómo afectaba a las comunidades, las familias y los individuos, y aunque ahora se ignora a menudo, continúa afectando. La inmensidad abstracta de una pandemia a escala planetaria nos importó a la mayoría de nosotros cuando cerró restaurantes queridos, mantuvo a las familias separadas e infectó a amigos, familiares o a nosotros. Esta interacción entre escalas es una característica crítica para la gobernanza de los problemas planetarios, desde el agotamiento del ozono estratosférico, la carga de aerosoles atmosféricos y la basura espacial, hasta la creciente resistencia a los antibióticos, la pérdida de biodiversidad y las alteraciones genéticas antropogénicas, pasando por los ciclos biogeoquímicos alterados.

    Lo que hace que los problemas planetarios sean tan difíciles de gobernar es que necesitamos estructuras que puedan actuar tanto a escala planetaria como a escala hiperlocal. Los Estados-nación no son aptos para su propósito. Pueden unirse para formar organizaciones internacionales y pueden delegar autoridad a unidades subnacionales (provincias, estados, ciudades, etcétera), pero como forma política, el estado-nación se centra en esa escala nacional. Los temas que operan "por encima" o "por debajo" de la nación son periféricos a las principales preocupaciones del Estado.

    La falta de idoneidad del Estado-nación es una gran preocupación, ya que es la principal institución política en la actualidad. Pero, de hecho, ninguna forma política es adecuada para la naturaleza multiescalar de los problemas planetarios. Lo que necesitamos son formas plurales de gobernanza que puedan operar a todas las escalas necesarias para abordar el problema.

    La gobernanza ultilevel ya es la norma en todo el mundo. Las decisiones políticas y su aplicación se llevan a cabo en múltiples niveles de gobierno y otras autoridades públicas, desde los consejos vecinales hasta las capitales nacionales y las organizaciones internacionales, pasando por los gobiernos municipales. Sin embargo, hay dos fallas paralizantes en la arquitectura de gobernanza multinivel existente en el mundo. En primer lugar, algunas de las escalas necesarias carecen de instituciones de gobernanza. En particular, el sistema actual carece de instituciones de gobernanza planetaria, instituciones que tengan la tarea y sean capaces de gestionar los desafíos planetarios. En segundo lugar, la mayoría de las instituciones de gobernanza subnacionales de menor escala no tienen la autoridad ni los recursos necesarios para abordar los desafíos locales de una manera que satisfaga y responda a los deseos de los constituyentes.

    Ambas fallas del sistema actual provienen de la misma causa: la soberanía nacional. Si bien las responsabilidades de gobierno se distribuyen entre muchos niveles, la autoridad última en la actualidad recae en una sola institución, el Estado-nación. Como resultado, las instituciones de gobernanza global y los gobiernos locales están subordinados a los Estados-nación soberanos. Los Estados-nación pueden –y a veces lo hacen– delegar autoridad a instituciones internacionales y subnacionales, pero esa autoridad está sujeta a un límite: no puede interferir con lo que el Estado-nación considere su soberanía. El resultado de esta restricción es que los problemas a escala local a menudo no se gobiernan de manera sólida, y los problemas a escala planetaria rara vez lo están.

    Gobernar adecuadamente estas escalas requiere dos cambios significativos en la arquitectura mundial de la gobernanza: la introducción de nuevas escalas de instituciones y la transformación de la forma en que se distribuye la autoridad de gobernanza a través del sistema.

    Para simplificar las cosas, consideremos tres escalas principales de gobernanza: local, nacional y planetaria. Cada uno de ellos está diseñado para gestionar los problemas y desafíos a escala adecuada, y juntos funcionan como un sistema. Nuestra visión básica es una estructura formada por instituciones bien dotadas de recursos y de alto funcionamiento en todas las escalas, desde la planetaria hasta la local, capaces de gobernar en todas las escalas, desde la planetaria hasta la local.

    Una institución de salud planetaria actuaría contra las enfermedades infecciosas a todas las escalas, desde la local hasta la planetaria

    La escala más amplia, el planeta mismo, requiere la institución de mayor escala: las instituciones planetarias. Estos, en nuestra visión, son el organismo mínimo viable para la gestión de los problemas planetarios. Sostenemos que cada problema planetario requiere su propia institución planetaria que lo gobierne. Como resultado, una institución planetaria habría definido y restringido la autoridad a escala planetaria sobre un fenómeno planetario específico.

    Las instituciones planetarias, por lo tanto, no son gobiernos mundiales. Un Estado mundial sería una institución de gobierno única, de propósito general, con amplia autoridad sobre todo el planeta. Lo que prevemos son múltiples instituciones de gobierno funcionalmente específicas con una autoridad limitada sobre cuestiones particulares. Al mismo tiempo, sin embargo, las instituciones planetarias no son la gobernanza global contemporánea. Hoy en día, las instituciones de gobernanza global funcionan como asociaciones multilaterales de Estados-nación soberanos, que en última instancia representan los intereses de sus Estados miembros. A diferencia de la OMS y la CMNUCC, las instituciones planetarias deberían rendir cuentas más directamente a los intereses del planeta en su conjunto.

    Un ejemplo de una institución que realmente podría gestionar adecuadamente aspectos de la "salud mundial" en nombre de todo el mundo podría llamarse la Agencia de Pandemias Planetarias. Para ser eficaz, esta institución de salud planetaria necesitaría las capacidades y la autoridad para actuar contra las enfermedades infecciosas en cualquier parte del planeta. Esto requiere el seguimiento de los brotes y la aplicación de medidas preventivas a todas las escalas, desde las locales hasta las planetarias, de las que carece la OMS. Además, dicho organismo debe tener un enfoque planetario de la salud, en el sentido de que entiende la salud humana como interconectada con la salud de los animales, los ecosistemas y el sistema terrestre. Por lo tanto, debe ser planetario no solo en términos de escala, sino en términos de una visión holística: que proteger nuestra salud requiere proteger el planeta en su conjunto. (Hay que reconocer que el proyecto de tratado sobre pandemias promueve «el enfoque «Una sola salud... reconociendo la interconexión entre la salud de las personas, los animales y el medio ambiente.») En lugar de centrarse en toxicidades y patógenos aislados, una institución de salud planetaria que esté a la altura de su mandato debe tener en cuenta que las enfermedades infecciosas surgen del lugar de los seres humanos en los sistemas biogeoquímicos y ecológicos.

    La escala media debe ser gobernada por Estados-nación encargados de gestionar los problemas adecuados a su escala. Por lo tanto, los Estados-nación siguen teniendo un papel bajo nuestra visión, pero ese papel es mucho más reducido que en el presente. Enclavados en un marco de gobernanza multiescalar más amplio, es probable que los Estados-nación estén mejor equipados para tener éxito en las tareas y funciones para las que son apropiados, a saber, distribuir y redistribuir las ganancias y pérdidas económicas. La gobernanza económica, que es una actividad política, no técnica, ha funcionado históricamente mejor a escala nacional, donde las instituciones políticas pueden facilitar la vida colectiva entre la inmensa abstracción de lo planetario y la familiaridad basada en el lugar de lo local.

    Debemos rediseñar toda la arquitectura de cómo y dónde se toman las decisiones de gobernanza

    Por último, las instituciones de gobernanza local deben estar facultadas para elaborar y aplicar respuestas sólidas a los problemas y demandas locales. Deben contar con los recursos y la autoridad necesarios para aplicar políticas que sean apropiadas a las condiciones sociales, políticas, climáticas y ecológicas locales, así como para adaptarse ágilmente a medida que cambian esas condiciones. Esto representaría un cambio radical con respecto a las operaciones de la mayoría de los gobiernos locales en la actualidad. Requiere instituciones locales bien equipadas capaces de gestionar los desafíos compartidos de sus residentes. Una propuesta para fortalecer la capacidad de las instituciones locales es fortalecer los vínculos formales e informales entre los gobiernos subnacionales. Es decir, aprovechar el éxito de las redes de ciudad a ciudad, como el Grupo de Liderazgo Climático de Ciudades C40 (una red de casi 100 alcaldes de ciudades del mundo comprometidos con la acción climática), y establecer nuevas redes transnacionales para el intercambio y la cooperación entre los gobiernos locales o aumentar las existentes.

    La creación y el apoyo de instituciones de gobernanza a todas las escalas, desde las comunidades presenciales más pequeñas hasta la Tierra entera, sienta las bases para una gobernanza adecuada a todas las escalas. Aborda la crítica hecha por Elinor Ostrom, premio Nobel de Economía, a la suposición generalizada entre los responsables políticos de que "sólo la escala global es relevante para las políticas relacionadas con los bienes públicos globales". Su trabajo pionero demostró que la gestión eficaz de problemas a gran escala requiere el trabajo de organismos de gran escala, mediana y pequeña. Esto es lo que nuestra propuesta de arquitectura se propone proporcionar. Ofrece una visión de un sistema de gobernanza mundial, pero no de una gobernanza mundial unitaria dirigida desde un centro de poder. La potencia, en nuestra arquitectura, está dispersa entre las unidades que la necesitan para hacer frente a problemas concretos.

    Nuestra conclusión de la revelación de la condición planetaria de la humanidad es doble. Necesitamos establecer nuevas instituciones de gobernanza a escala planetaria que sean capaces de gestionar los fenómenos a escala planetaria. Pero esa no es la única implicación. Debemos rediseñar toda la arquitectura de cómo y dónde se toman las decisiones de gobernanza. Hacer frente a los desafíos planetarios requiere tanto la posibilidad de actuar en todo el planeta como la acción a todas las demás escalas apropiadas en todo el sistema. La complejidad de la vida en este planeta significa que no existe una institución única para todos. Más bien, debemos crear estructuras institucionales que fomenten la flexibilidad, con múltiples instituciones para múltiples escalas, elaborando individual y colectivamente una gobernanza eficaz para las diversas poblaciones que buscan prosperar en un planeta interconectado.

    ¿Cómo podemos organizar un sistema de gobierno tan complejo? ¿Cómo debemos decidir qué autoridades deben asignarse a dónde? Nuestra respuesta se basa en el principio centenario de subsidiariedad. El principio de subsidiariedad establece que en un sistema de gobernanza de múltiples niveles, las instituciones de mayor escala no deben intervenir en una decisión o tarea a menos que una institución de menor escala no pueda hacerlo por sí misma. En otras palabras, la autoridad para tomar decisiones debe hacerse a la escala más pequeña capaz de gobernar funcionalmente el tema en cuestión.

    La subsidiariedad se opone directamente al principio del statu quo para la asignación de autoridad, la soberanía estatal, que otorga toda la autoridad a los Estados-nación. Es cierto que los Estados soberanos pueden decidir delegar ciertas autoridades, si así lo desean, en organizaciones internacionales, gobiernos subnacionales o actores privados, pero el sistema internacional actual pone a los Estados-nación en el asiento del conductor. Todos los temas y funciones, independientemente de si los estados están bien preparados para administrarlos, van a los estados-nación por defecto. El cambio climático, por tomar un problema planetario acuciante y arquetípico, está gobernado, en última instancia, por los Estados. Incluso el Acuerdo de París de 2015, el acuerdo climático global más importante, deja claro que la acción proviene de los estados-nación: "Las partes buscarán medidas nacionales de mitigación, con el objetivo de lograr los objetivos de tales contribuciones", escribieron los diplomáticos, dejando el establecimiento de objetivos y la aplicación de la ley a cada estado.

    Por el contrario, la subsidiariedad entiende que, si bien los Estados son buenos para algunas cosas, no son buenos para todo. Los Estados deben tener autoridad sobre las cuestiones que les convienen, pero la autoridad sobre otras cuestiones debe trasladarse a instituciones de otras escalas que se ajusten mejor. En el centro del principio de subsidiariedad se encuentra el mensaje de que en un mundo diverso no puede haber una sola respuesta correcta.

    La aplicación de la subsidiariedad con nuestro incipiente reconocimiento de nuestra condición planetaria genera un nuevo principio para la asignación de autoridad: la subsidiariedad planetaria. La subsidiariedad planetaria es el principio que ofrecemos para asignar autoridad sobre un tema a la institución de menor escala que pueda gobernar el tema de manera efectiva para promover la habitabilidad y el florecimiento de múltiples especies. El principio proporciona una herramienta para evaluar cómo abordar simultáneamente los desafíos planetarios, como las pandemias y la biodiversidad, al tiempo que se maximiza el empoderamiento local.

    Los funcionarios locales deben tener autoridad sobre el cómo, no sobre el cuánto

    ¿Cómo podría aplicarse este principio en la práctica? Consideremos de nuevo el caso del cambio climático. Lo primero que hay que reconocer es que el cambio climático es un problema planetario por excelencia. Las emisiones de gases de efecto invernadero que tienen lugar en cualquier lugar tienen un impacto en todas partes. No importa si el carbono se quema en el centro de Los Ángeles o en la zona rural de Laos, una vez que entra en la atmósfera tiene consecuencias para todo el sistema terrestre. Como resultado, la jurisdicción de menor escala que pueda exigir efectivamente la mitigación del cambio climático debe abarcar todo el planeta. Sin embargo, eso no significa que una institución planetaria encargada de gobernar las emisiones de carbono se haga cargo de todo el proceso. En su lugar, una institución de gobernanza climática planetaria tomaría solo decisiones de alto nivel -sobre, por ejemplo, el presupuesto máximo de carbono permisible para el planeta cada año- y luego entregaría la implementación a instituciones de menor escala. La institución planetaria, en otras palabras, sólo toma decisiones que deben tomarse a escala planetaria para ser efectiva.

    Los Estados-nación recibirían los mandatos planetarios sobre la reducción de gases de efecto invernadero que deben cumplirse y luego desarrollarían políticas nacionales para lograrlos. Dadas las consecuencias distributivas de estas decisiones entre sectores y regiones, el Estado-nación –que es la única institución política en la historia que ha tenido éxito en una redistribución económica significativa– está mejor posicionado para actuar. Creemos que la política nacional es el mejor lugar para plantear cuestiones como: ¿se debe compensar a ciertos sectores o regiones por las pérdidas? O, ¿quién debe pagar por estos cambios?

    Después de que los Estados-nación distribuyan los costos y beneficios de la mitigación climática en su sociedad y economía, deberían corresponder a las instituciones a escala local (regiones, provincias, estados, municipios, aldeas, vecindarios, etc.) determinar los detalles de la implementación. Esto se debe a que las instituciones locales están en mejores condiciones para responder a las preocupaciones locales, a las posibilidades y limitaciones basadas en el lugar y a las condiciones políticas, culturales, climáticas y ecológicas. No debería corresponder a las localidades, con intereses económicos o preferencias políticas particulares, decidir si reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o en qué medida, sino que deberían determinar cómo hacer frente a esas reducciones. Los funcionarios locales, preferiblemente trabajando en red con otros que enfrentan desafíos similares, deben tener autoridad sobre el cómo, no sobre el cómo. (Aunque esto se aplica solo a los mínimos; alentamos a los implementadores a exceder las reducciones obligatorias).

    La subsidiariedad nos ayuda a determinar cuál de estas escalas institucionales debe tener qué autoridad sobre la mitigación del clima. Es una herramienta para alinear escalas, funciones y autoridad de manera adecuada para promover la habitabilidad y el florecimiento de múltiples especies.

    Llevar nuestro conjunto de herramientas conceptuales de lo global a lo planetario llevará tiempo y un gran esfuerzo. Pero no es nada comparado con lo que se necesitará para transformar nuestro sistema político de uno basado en el Estado-nación soberano a uno arraigado en la subsidiariedad planetaria. Representaría una revolución en la gobernanza del mundo, y no tenemos un mapa de cómo llegar allí. El cambio debe llegar como siempre viene, a través de nuevas ideas y lucha política. Más allá de esa perogrullada, sin embargo, no pretendemos ver un camino para una transformación tan radical de las estructuras básicas de la política y la gobernanza.

    En esto, nos encontramos en buena compañía. Incluso las ideas que finalmente lograron transformar los sistemas de gobierno a menudo tardaron muchas décadas e incluso siglos en ser adoptadas. La idea detrás de la Sociedad de Naciones (establecida en 1920) y la ONU (establecida en 1945) se encuentra en la noción de Immanuel Kant, de La paz perpetua (1795), de que "el derecho de gentes se basará en una federación de estados libres". Cuarenta años más tarde, en su poema "Locksley Hall" (1835), Alfred, Lord Tennyson, podía soñar con "el Parlamento del hombre, la Federación del mundo" donde "el sentido común de la mayoría mantendrá un reino inquieto en temor, / y la tierra bondadosa dormirá, regazada en la ley universal". Pero fue necesario el cataclismo de la Primera y la Segunda Guerra Mundial para trasladar esta idea de las mentes de los filósofos y las páginas de los poetas a las instituciones políticas reales.

    Las crisis, como las guerras mundiales, suelen ser la partera del cambio institucional. Por lo general, los cambios importantes en las estructuras de gobernanza se producen durante o después de los desastres, lo que lleva el orden institucional existente a su punto de ruptura o más allá. Es una tragedia de la política que estos cambios generalmente lleguen demasiado tarde, que la crisis en sí misma sea lo que hace que las propuestas "imposibles" finalmente parezcan no solo razonables sino necesarias. La novela de ciencia ficción The Ministry for the Future (2020) de Kim Stanley Robinson ofrece un escenario en el que una devastadora ola de calor que mata a decenas de millones de personas conduce al establecimiento de una nueva estructura de gobierno creativa. No es difícil imaginar calamidades adicionales para este planeta.

    No podemos predecir cuál podría ser la catástrofe galvanizadora que traerá nuevos sistemas de gobernanza. En cambio, debemos centrar nuestros esfuerzos en definir una perspectiva clara sobre lo que podría y debería ser la gobernanza planetaria. Tener esa visión en nuestras mentes puede hacer que sea más posible aprovechar la crisis que inevitablemente llegará dada la insuficiencia del sistema actual. A medida que entramos en un período de incertidumbre no solo geopolítica, sino también geofísica, calibrar nuestra Estrella Polar, nuestra visión de hacia dónde queremos dirigirnos, será más importante que nunca.


    * Enviado por Giraldo Alayón.