lunes, 6 de febrero de 2023

El juicio de Londres*

Por Juan Mendoza 

El pasado jueves 2 de febrero culminó el que es conocido en los medios como “El Juicio de Londres”. Se trata de un proceso judicial ante la Alta Corte de Inglaterra y Gales, especializada en temas comerciales, en que un Fondo radicado en Islas Caimán (CRF), demandó al Banco Nacional de Cuba y a la República de Cuba, alegando que era titular de dos títulos de deuda soberana que Cuba concertó en 1984. 

La pretensión de CRF de adquirir estos títulos sucedió en 2019, proceso en el que se incurrió en varios ilícitos civiles y penales que involucró a empleados y funcionados del Banco Nacional de Cuba, que derivó en un proceso penal efectuado en La Habana, en el que fueron sancionados varias personas de esta institución.

El Juicio en Londres, que duró dos semanas, es la etapa final de un proceso que comenzó a inicios de 2020, cuando CRF estableció la demanda contra el BNC y Cuba en el tribunal inglés. Durante estos dos años las partes presentaron sucesivos escritos polémicos y acompañaron numerosos medios de prueba. 

El proceso inglés tiene previsto una figura ajena a nuestra cultura jurídica, que se denomina “Disclosure”, mediante la cual cada parte debe revelar todos los documentos que tiene en su poder, que puedan estar relacionados con el caso. Este procedimiento exige la mayor transparencia en la actuación de las partes, porque si se detecta que se ha ocultado algún documento, esa actuación puede provocar consecuencias desastrosas para quien actuó de esa manera, con la posible pérdida del derecho alegado.

Cuando se concertaron los créditos en 1984 se asumió la jurisdicción de Inglaterra como el foro de solución del conflicto, por la confianza que habitualmente se tiene en los tribunales de ese país, razón por la cual el BNC y Cuba se personaron en este proceso para defender sus derechos. El tema fundamental del debate es el derecho aplicable al fondo del conflicto. Este punto justificó la presencia en el proceso de dos profesores de nuestra Facultad (Rodolfo Dávalos Fernández y Juan Mendoza Díaz). Al Dr. Rodolfo Dávalos, profesor titular de DIPRI y Presidente de la Sociedad Cubana de Derecho Mercantil se le encomendó la misión de asesorar al equipo que defiende los intereses de Cuba. A mi me correspondió la responsabilidad de actuar como perito sobre el Derecho cubano aplicable al caso.

Mi comparecencia en el juicio, que tuvo lugar el jueves 26 y el lunes 30 de enero, se extendió por más de cinco horas. Durante ese tiempo tuve que responder a las preguntas de los Barrister de CRF. El peritaje estuvo precedido por la elaboración de sucesivos informes que fueron pedidos por los Solicitor durante los dos años anteriores al juicio. En el juicio compareció también una jurista cubana que reside en España, especialista en Propiedad Industrial, que años antes fue profesora adjunta de esa materia en nuestra Facultad. Esta jurista fue propuesta por los abogados de CRF como experta en Derecho cubano y durante el tiempo que precedió al juicio presentó varios informes, cuyo cometido era valorar críticamente los planteamientos contenidos en mis respectivos dictámenes. 

No me corresponde evaluar la actuación de los peritos en el juicio, quiero solo destacar que uno de los Barrister de Cuba (Anton Dudnivok), en su informe final, solicitó a la jueza que desestimara el peritaje de la experta de CRF. Fundamentó su solicitud en que carecía de la necesaria experticia para dictaminar en este caso porque se había dedicado exclusivamente a la Propiedad Industrial en sus años de desempeño. Expuso también que había mentido al tribunal, lo cual tiene una extraordinaria relevancia en el Derecho inglés, porque no reveló en sus informes que tenía conocimiento de la existencia de una sentencia del Tribunal de Apelaciones de París, que anuló un laudo arbitral dictado por la Corte de Arbitraje de Paris, mediante el cual se condenó a una sociedad mercantil cubana. A partir del interrogatorio en el juicio, esta jurista reconoció que tenía conocimiento de dicha sentencia anulatoria cuando elaboró su opinión legal, pero no lo refirió. El Barrister afirmó que el propósito de esta jurista, al omitir dicha información, equivalía a mentir y demostraba una clara posición “anti cubana”, que la invalidaban como perito independiente. 

Mi informe contiene valoraciones sobre normas jurídicas, doctrina y jurisprudencia, pero exclusivamente cubanas. Mis consideraciones abarcan temas de Derecho Financiero, Derecho Penal, Derecho Administrativo, Derecho Civil, Derecho Laboral y Derecho Procesal, y solo se podían utilizar fuentes cubanas. Por muy relevante que fuera el criterio de algún autor extranjero, no se podía utilizar para fundamentar los criterios expuestos en los informes periciales.

Llegado a este punto quiero agradecer la valiosa contribución que me brindaron numerosos profesores de estas materias, quienes me aportaron los resultados de sus investigaciones durante todos estos años, que fueron esenciales para apoyar los diferentes puntos abordados en mis dictámenes. Quiero agradecer también las aportaciones de jurisprudencia que me enviaron magistrados del Tribunal Supremo y profesores de la Facultad que se han desempeñado como jueces o que han compilado la jurisprudencia cubana de los últimos años (a riesgo de omitir algún nombre, me refiero a los profesores Orestes Díaz Legón, Carlos Pérez Inclán, Andry Matilla, Amed Ramírez, Teresa Delgado, Leonardo Pérez, Rafael Roselló, Freddy Hung, Caridad Valdés, Mayda Goite, Arnel Medina, Ivonne Pérez, Carlos Tenreiro, Alejandro González Monzón y Reinaldo Lam). 

Siento mucho orgullo y satisfacción de pertenecer a un colectivo académico cuyas investigaciones científicas me permitieron acudir al tribunal con apoyos solventes de doctrina cubana.

No puedo evitar recordar en este instante el año 1994, cuando comencé, junto al Decano Toledo, mi labor como Vicedecano de la Facultad de Derecho, momentos en que carecíamos de una producción científica nacional. El trabajo desarrollado en la Facultad hasta el presente permitió que el claustro pueda mostrar un trabajo científico destacado, que es motivo de orgullo para todos los que lo integramos.

El día final del juicio la jueza Sara Cockerill, dijo: “no tendrán noticias mías durante algún tiempo”, para dar a entender que la complejidad del caso le obligaría tomarse su tiempo para decidir.

Hay que recordar que Inglaterra es la cuna del sistema adversarial, revestido de formalidades muy estrictas y un riguroso protocolo. Los jueces son designados por el Monarca y por esa razón tienen un gran poder e independencia. Al entrar y salir de la sala de justicia hay que hacer una reverencia a la jueza, de lo nadie queda excluido, y es una simple muestra del respeto que se le tribuna a la figura del juez en el sistema británico.

En el sistema inglés hay dos tipos de abogados: los Solicitor, con los que he trabajado durante estos dos años. Su misión en preparar el caso; están presentes en el juicio, pero no realizan los alegatos ante el juez. La representación en el juicio está a cargo de los Barrister, que son abogados de alto nivel. Los clientes mantienen permanente contacto con los Solicitor, no así con los Barrister, que normalmente no tienen vínculo directo con las partes.

Los Solicitor y los Barrister de ambas partes que trabajaron en este caso, están considerados entre los de más alto nivel dentro del Reino Unido. En la sesión final del juicio la jueza Cockerill los felicitó por su profesionalidad.

Dos semanas antes de que comenzara el juicio, los Solicitor de CRF presentaron, como parte del mecanismo del Disclosure, 11,000 nuevos documentos que no habían revelado antes. Si bien los abogados del BNC y Cuba protestaron por ese comportamiento que denota una evidente mala fe procesal, las reglas inglesas lo permiten, por lo que fueron incorporados al proceso. El equipo de Solicitor de la parte cubana realizó una labor titánica de revisión, y logró encontrar entre esos documentos una comunicación, en el que un directivo de CRF informaba a sus clientes que el propósito que tenían de adquirir los dos títulos de deuda cubana, era demandar al país y obligarlo a pagar, teniendo en cuenta la situación económica por la que se atravesaba en ese momento, luego del paso del Huracán Irma. Refería el documento que el fallo de un tribunal inglés permitiría cerrar el acceso de Cuba a los mercados financieros internacionales. Ese documento permitió a los Barrister fundamentar ante la jueza el calificativo de “Fondo Buitre”, que CRF había negado.

La decisión del caso está ahora en manos de la juez Cockerill y no es posible hacer predicciones sobre el resultado. Se trata de un proceso muy complejo en que confluye un Derecho de raigambre romano continental, que debe ser evaluado por una jueza de formación anglosajona, en un foro judicial que es propenso a las reglas que rigen la liberalización del mercado.

En paralelo al juicio se desató una feroz campaña mediática, pletórica de noticias falsas y matizada por insultos y agresiones a varios de los miembros del equipo de la defensa de Cuba. Nos dio mucha alegría que el día final un grupo de ciudadanos ingleses estuvieran a la salida de la Corte portando banderas cubanas y carteles pidiendo el cese del bloqueo.

Estas son las ideas que quería compartir con los profesores y alumnos de la Facultad, muchos de los cuales se mantuvieron atentos al trabajo que realizamos durante estos días y nos enviaron mensajes de aliento y solidaridad.

Este proceso ha sido todo un aprendizaje para mí y para todos los que hemos formado parte del mismo y he sentido mucho orgullo de compartir con valiosos compañeros que durante estos días estuvieron presentes en el juicio, tanto los miembros del equipo cubano, como los abogados de Uría Menéndez, expertos de alto nivel internacional en temas de Derecho Financiero, Mercantil y Litigación. Mi agradecimiento también para la embajadora de Cuba en Londres y para el personal de la misión cubana en el Reino Unido.

Quiero comentarles que ni la presión del juicio o de los medios impidió que caminara por Abbey Road, esa mítica calle donde Los Beatles paralizaron el tránsito aquel 8 de agosto de 1969. A pesar de ser una de las calles más transitadas de Londres, los vehículos se detienen con respeto cada vez que un amante de los jóvenes de Liverpool intenta atravesar la cebra; es un tributo de los conductores ingleses a los admiradores del cuarteto inglés.

Tampoco impidieron que me diera un salto a la Escuela de Hogwarts en Escocia, donde me recibió amablemente su director Albus Dumbledore, que me dio unos sabios consejos que seguiré en mi desempeño como profesor de la Universidad de La Habana. Cuando le conté lo que motivaba mi presencia en Londres, me dijo con su amable autoridad: “siga así profesor Mendoza que los Muggles nunca acaban de entender los encantos de la Magia”.  

Londres, viernes 3 de enero de 2022.

* enviado por cpc

domingo, 5 de febrero de 2023

Qué es la poesía hoy y otras cuestiones

Por Jorge Boccanera

El enunciado de “la poesía hoy” que suele deslizarse en numerosas entrevistas y charlas referidas al género lleva subrepticiamente signos de interrogación, como quien pregunta en voz baja por la salud de un familiar. Se pide así una especie de diagnóstico, un estado de situación. No ser doctor ni juez me libera de cualquier respuesta concluyente. Ignoro además si el estado de salud de “la poesía hoy” se mide por la cantidad de poetas que circulan por el mundo digital, los premios, la proliferación de editoriales, la suma de títulos publicados, su tiraje y distribución, etcétera. 

Lo que debería importar, fuera de lo cuantitativo, son aquellas marcas que según el poeta cubano Eliseo Diego distinguen a la poesía: el peso de la intensidad y una calidad de atención, de concentración. Pero en los tiempos que corren la carga emocional lidia con un individualismo exacerbado, mientras que a la observación minuciosa la empuja el ventarrón del acelere tecnológico. 

“La poesía hoy” incluye tanto a la tradición de ruptura de la que hablaba Octavio Paz como a lo que vendrá. Basta constatar la vigencia de Rimbaud junto al fermento de las poéticas en construcción que están surgiendo en distintas partes del mundo para decir junto al guatemalteco Luis Cardoza y Aragón que “la poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre”.

Una variante de la frase “la poesía hoy” ganó en centímetros, aunque no en profundidad, hace unos años convertida en “poesía en pandemia”, ribeteada con tono interrogante. Y si la bien la peste lo trastocó todo, me dio la sensación de que en tiempos aciagos, a quien tocase la puerta con la pregunta de qué poesía debería escribirse en tiempos de pandemia, se le podía responder: “La poesía está en lo suyo”. 

Precisamente. Porque el coronavirus, junto a una estela de muerte, arrastraba una extensa capa de incertidumbre, y una de las marcas de la poesía es precisamente trabajar en terrenos de lo impreciso. Vale decir, sin desestimar los textos suscitados por esa triste coyuntura, que la poesía siguió hablando desde un calendario desencajado que elude la circunstancia inmediata para, extrañamente, abarcarla con sus reportajes a fondo a la realidad; una realidad tramada con hilos de un discernimiento piloteado por la intuición, el absurdo, lo irracional, la escena onírica, la finitud, el plano metafísico, etcétera.  

La poesía es una manera de vivir. Y por ello, más allá de los libros y el mundillo literario, tiene que ver con una búsqueda de sentido y una visión del mundo, una manera de indagar, de observar, de interpelar, de aventurarse. Los cursos de poesía latinoamericana que me he impartido en diferentes países me llevaron, por un lado, a una constante investigación ya que, contra lo que se piensa, hay zonas aún desconocidas, nombres escasamente frecuentados. Y por el otro, a un diálogo vibrante con poetas jóvenes tanto argentinos como de otras latitudes, en el que todos seguimos aprendiendo.

En poesía, más que la actualidad, me interesa su vigencia por fuera de modas y tendencias; esa musculatura que le permite trasmutar constantemente. Vigencia que en 2022 quedó evidenciada en los muchos encuentros y debates alrededor del centenario de Trilce, de César Vallejo, y de 20 poemas para ser leídos en un tranvía, de Oliverio Girondo –hay que reconocer que las búsquedas experimentales de Vallejo y Girondo han expandido un aliento innovador que incitan a un estado de ruptura constante–. También en 1922 se publicaron El soldado desconocido, del nicaragüense Salomón de la Selva; Desolación, de Gabriela Mistral, y Los gemidos, de Pablo de Rokha, ambos chilenos. 

Releyendo una vez más sus obras y las de los poetas citados, pude ver nuevas escenas. Quizá por un modo arbitrario de acercar las categorías de vigencia y videncia, encontré al Vallejo encarcelado en Trujillo mientras iniciaba Trilce, caminando ahora junto al campesinado indígena que reclama libertad en Perú. A Girondo haciendo referencia a la pandemia actual, desde el “miasma” mencionado una y otra vez; ese efluvio pestilente que se pensaba despedían los cadáveres, los enfermos y las aguas estancadas sembrando pestes, y ese “clima de asfixia que impregna los pulmones”. A Mistral, la que aún adolescente sostenía que la mujer “ya no era la esclava de ayer”, marchando en estas épocas con un pañuelo verde. A su compatriota De Rokha, lanzando en 1922 un vaticinio sobre la vida automatizada: “Nacimientos por teléfono, defunciones por teléfono, matrimonios por teléfono… existir a máquina, conocer a máquina, recordar a máquina”. Y a De la Selva cuestionando el absurdo de las guerras; desde aquella primera conflagración mundial de 1914 en la que combatió, a esta de Ucrania: “El héroe de la guerra es el Soldado Desconocido. Es barato y a todos satisface. No hay que darle pensión. No tiene nombre”.

Toda convocatoria a un encuentro, la escucha, el intercambio de ideas, ensancha el campo del diálogo; y en este caso un diálogo de la imaginación. Lo que debería ser estimulante para todos, especialmente para los que se inician en la poesía (lo bueno de este festival es la convocatoria abierta a autores de distintas generaciones), y dentro de ese impulso que tengan un lugar destacado el aprendizaje, la lectura y el trabajo de escritura y corrección. Además, por lo que veo programado, el festival ¡Poesía Ya! (me gusta aquí el adverbio que remite a urgencia) es un registro multiplicador de formas expresivas, búsquedas estéticas y planteos temáticos que constatan una diversidad de voces que sigue siendo la mejor carta de presentación de la poesía latinoamericana.

Fuente: https://www.perfil.com/noticias/cultura/que-es-la-poesia-hoy-y-otras-cuestiones.phtml

Cuba, a través del lente de Juvenal Balán

Por Liudmila Peña Herrera y Rodolfo Romero Reyes 

En medio de la oscuridad de la madrugada el muchachito movía el farol con insistencia para que el maquinista del tren cañero cogiera la seña sobre el cambio de chucho. Eran él y la zafra azucarera, con todo lo épico que se vivía en el año 1969 en Cuba. Tenía 18 años cuando comenzó a trabajar como soldador en el central azucarero Rubén Martínez Villena, de la antigua provincia de La Habana, hoy Mayabeque. Primero laboró en el taller de locomotoras y después en una brigada de pailería que hacía trabajo de mantenimiento.

“Cuando había una rotura en plena zafra, allá íbamos a tratar de solucionarla. Era un trabajo intenso: los jóvenes terminábamos nuestros turnos y nos íbamos a cubrir la necesidad que existiera, lo mismo a sacar bagazo de los fosos del basculador con una canasta en la cabeza, que de retranqueros en el tren que traía los carros cargados de caña, como de fogoneros paliando el carbón mineral al fogón de la locomotora. Allí hice la zafra del 70, y me entregaron el diploma de 1 000 horas de trabajo voluntario”.

Antes, había estado en la Ciénaga de Zapata recogiendo guano cano, un arbusto de hojas anchas que se utilizan para cobijar casas y ranchos. Recuerda que se quedaban en un lugar donde los mosquitos y los jejenes no los dejaban en paz y dormían en tiendas de campaña.

“A 50 pencas de guano se le llamaba un caballo. La norma era recoger cuatro caballos en la jornada, es decir, 200 pencas. Cuando los especialistas de la Ciénaga las cortaban, no pesaban nada; pero cuando caían y se mojaban, costaba para levantarlas. Yo trabajaba con el agua a la cintura, metido en esos terrenos cenagosos. Cuando reunía las 50 pencas, las amarraba, me las echaba a la espalda y las sacaba hasta la barcaza donde las transportaban hasta la orilla. Cuando cargaba el primer caballo, ya uno estaba reventa’o de cansancio –cuenta el hombre, ataviado con chaleco repleto de bolsillos; se ajusta los espejuelos–. Mi juventud se fue moldeando con todo eso”.

Quien lo ve ahora con su cámara fotográfica a cuestas, detrás del hecho noticioso, no imagina que Jorge Juvenal Balán Neyra, antes de convertirse en fotorreportero, cortó caña en Camagüey, embolsó posturas de café en un cuartón de La Habana, estudió la trompeta, integró un grupo de aficionados del género mozambique y bailó por varios años en la comparsa de su pueblo.

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“A mí siempre me han llamado Juvenal –aclara sonriente–. Si me dicen Jorge, no respondo porque no estoy habituado”.

Aunque nació en La Habana, el 7 de mayo de 1951, se crio en un pueblito llamado Aguacate. Cuando habla de su infancia, la memoria lo lleva hasta aquel lugar que “tenía cierta vida”, pues había un central azucarero y una terminal de ómnibus desde donde salía una guagua cada 15 minutos hacia La Habana.

“Estaban las sociedades (española, el liceo, la sociedad de color, el Club Deportivo Rosario) que marcaban la vida del pueblo: un negro o un mulato no podía entrar en el liceo porque era para los blancos; y la sociedad española solo era para los españoles y sus descendientes.

“En el pueblo también estaba la casa de los sindicatos. Allí se hacían reuniones, había un televisor y los más viejos se sentaban a conversar sobre política. Y eran punto fijo para ver el noticiero, particularmente el comentario del periodista político Luis Gómez Wangüemert. Yo siempre andaba con mi abuelo cogido del brazo, quien nada más había podido estudiar hasta tercer grado. Él trabajaba en el central, y, en tiempo muerto, en la finca de Otto el alemán. Sin duda, eso me fue formando”.

Durante su juventud, en Aguacate había dos “fotógrafos estelares”, Calero y Abela, a los cuales miraba trabajar de lejos, sin sospechar que luego los recordaría como parte de su propia historia.

“En mi casa había una Smena 8, una cámara rusa que tenía el lente fijo y no pesaba nada. Le montaba el rollo y tiraba la foto, calculando los metros. Cada vez que iban a hacer instantáneas en la familia, pedía tirarlas, pero no porque quisiera ser fotógrafo, sino por curiosidad”, aclara.

Poco tiempo después, en 1971, mientras cumplía con el servicio militar, la vida le volvería a poner delante una cámara fotográfica para que no la soltara jamás: “Un día, en la unidad militar 4790 me pidieron que tomara imágenes de una asamblea de balance del Comité de la Unión de Jóvenes Comunistas. Luego tuve que ir a la sede del periódico Ejército para que me ayudaran a revelar el rollo y se publicara. Fue allí donde, por primera vez, escuché sobre el lead y las cinco preguntas del periodismo, y tuve la suerte de que publicaran mis fotos. A partir de ahí, cada vez que había una actividad, me pedían que hiciera las fotos, con una cámara Fed 2 a cuestas”. Cuenta que el visor era telemétrico, y “debía hacer coincidir dos imágenes, o sea, para hacer un retrato veía a la persona dos veces”.

En 1977, Juvenal comenzó a trabajar a tiempo completo en el periódico Ejercito, órgano oficial del Ejército Occidental, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

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Reportar la vida militar le había mostrado a Juvenal nuevos caminos que nunca imaginó. Incluso, le abrió diversas posibilidades de superación profesional: en el año 1984 lo enviaron a estudiar en un curso de corresponsales de guerra a la Academia de las FAR General Máximo Gómez.

“Cuando acabó, eligieron a un pequeño grupo y nos mandaron a reportar la Operación Carlota en Angola, a donde llegué el 28 de agosto de 1985. Yo era un corresponsal itinerante y me movía por todo el país. Mis fotos se publicaban en el periódico Venceremos, en la nación africana, y también las mandaba para Cuba. Algunas salieron en el diario Granma y en Verde Olivo”.

–De todos los escenarios que debió cubrir como fotorreportero, ¿qué experiencias fueron las más enriquecedoras, desde el punto de vista profesional?

–Uno de los aspectos más interesantes que tuvo para mí esa misión militar fue viajar con los caravaneros porque se movían en todo el territorio angolano transportando alimentos, armamento, aseguramiento logístico de la tropa. Participar de sus jornadas de viaje permitió que me “cujeara” en los rigores de la guerra, vivir la incertidumbre de ir por una carretera y que pudiera explotar una mina en cualquier momento; y estar en medio de los combates.

“Convivíamos con el grupo de gente que iba en el vehículo que te tocaba. La caravana se paraba por la tarde en la carretera hasta la mañana del día siguiente. Por las noches casi no dormíamos porque se hacía exploración con fuego, y se formaba ‘el tira para allá y tira para acá’ para evitar que el enemigo se acercara”.

–¿Hubo algún momento en el que debió escoger entre hacer su trabajo o defender su vida?

–Me vi en esa disyuntiva, y defendí mi vida, por supuesto, pero tratando siempre de hacer mi trabajo. Había corresponsales de guerra a los que no les gustaba andar con armas. Decían que su misión era filmar, tirar fotos y que, si andaban con armas, se desvirtuaban. Yo llevaba mi Zenit-E y mi libreta de notas, pero también el módulo completo que tenía como militar: un fusil AKM-47 plegable, una pistola Makarov, cargador, granadas y cuando hacía caravana viajaba en un “yacaré”, que es un transportador blindado… De eso dependía mi defensa.

“En las caravanas, estaba en un grupo donde solo había tres cubanos, el resto eran angolanos. Dormíamos uno al lado de otro, por el frío tan terrible que hacía, pues hasta el agua de la cantimplora se congelaba. Y si se formaba algo, ese que estaba al lado de uno era la familia más cercana.

“Traté en todo momento de tener la cámara en mano, pero el arma siempre estaba a mi lado. Había muchas mañas que usábamos para defendernos. Si debíamos tirarnos del carro a causa de una emboscada, lo que nunca podíamos dejar arriba era el fusil. Debajo de los carros de los caravanistas, metidas en medias verde olivo, se guardaban municiones y las amarraban en diferentes lugares, así estábamos seguros de que contábamos con esa reserva”.

–Llegó a Angola con 34 años y cierto camino recorrido en la labor reporteril. ¿Cuánto creció en ese país, en medio del peligro?

–Angola fue una gran escuela porque fue ejercer el periodismo en medio de la guerra, en un país extranjero, con situaciones difíciles que se presentaban, no solo era un reto profesional sino también humano. Volé en helicóptero para moverme de una región a otra y muchas veces me pregunté qué yo hacía allá arriba. Los desafíos aparecían y yo me crecía porque tenía una misión que cumplir.

***

Un año después de su regreso a Cuba, en septiembre de 1986, Juvenal Balán trabajó en Bastión, el periódico de las FAR y, cuatro años después, inició su inseparable relación con el diario Granma

“El primer día que llegué a trabajar, se me acercó Susana Lee, que era la jefa de información, y me envió con la periodista Sara Mas a una cobertura al Consejo de Estado. Era en la oficina de Fidel Castro, con un visitante extranjero. Allí hice mi trabajo y, cuando nos íbamos, el Comandante nos pidió que esperáramos un poco. Empezó a conversar, a hacer preguntas y así fue mi primer trabajo en Granma”.

–Pero no era la primera vez que veía a Fidel…

–No, yo crecí en mi pueblo viendo a Fidel casi dos o tres veces a la semana porque iba mucho a verificar la mecanización de la caña y el desarrollo ganadero. Allí se creó el primer campamento para la brigada Venceremos, integrada por norteamericanos que venían a Cuba a cortar caña, trabajar en la agricultura y recorrer el país. Fidel siempre estaba en el campamento. Yo lo vi cortar caña con los norteamericanos y conversar con ellos.

–Luego tuvo muchas oportunidades de trabajar cerca de él…

–Tener la dicha de vivir en la época de Fidel fue un lujo: hay generaciones que solo conocerán lo que lean o les cuenten, o por los videos. En el año 2000, tuve la posibilidad de estar en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, el mismo que el terrorista Posada Carriles pretendió hacer estallar cuando Fidel hablara. También guardo con celo la imagen del Comandante en la cárcel donde estuvo Mandela, además de que tuve el privilegio de ser testigo del encuentro de ambos.

–En más de cuatro décadas de trabajo reporteril, usted ha estado en coberturas bien complejas. ¿Cuáles han sido las más difíciles?

–Las de desastres. He ido a esperar un ciclón al lugar por donde se pronosticó que iba a pasar. Hubo veces en que estábamos en el Instituto de Meteorología escuchando a Rubiera con Fidel y él, en medio de la noche, decía: “Voy para Matanzas”. Allá íbamos nosotros también, en medio de la ventolera.

“En el 2016, cuando se esperaba el huracán Matthew, salimos con un equipo de prensa de La Habana para Santiago de Cuba. Allí empezamos a monitorear para ver por dónde iba a entrar, y luego nos fuimos para Guantánamo. En Baracoa no había manera de transmitir porque no teníamos tecnología satelital, entonces íbamos todos los días hasta Guantánamo a escribir y enviar las fotos para el periódico”.

-Suponemos que no se vive igual una cobertura de ese tipo en Cuba que en tierra extranjera. ¿Nos cuenta algunas experiencias?

–Estuve al frente de la prensa cubana que participó en la cobertura de los daños provocados por el tsunami ocurrido en el Pacífico en 2004, el cual azotó Sri Lanka e Indonesia. Fuimos con un equipo de la televisión y de Granma.

“La afectación principal no era en Yakarta, sino en Sumatra, una isla de Indonesia. Y allá nos fuimos, a vivir en una tienda de campaña con los médicos nuestros y a reportar lo que estaba sucediendo.

“En Sri Lanka vimos un tren cargado de personas que fue arrasado por el tsunami. Cuando llegamos, todavía estaban las huellas de las pertenencias de las víctimas. A nuestro paso encontrábamos cadáveres petrificados”.

–Quien haga una búsqueda sencilla en Internet se dará cuenta de que no solo estuvo en Indonesia, sino también en Pakistán, tras el terremoto de 2005. Parece que le persigue ese tipo de coberturas…

–Cuentan que, luego del terremoto, Fidel armó una brigada médica y, en el momento en que estaba hablando con sus integrantes, en el Palacio de la Revolución, se viró para donde estaba su jefe de despacho y le preguntó si les habían avisado a los periodistas.

“Cerca de las 12 de la noche, sonó el teléfono de mi casa. Me dijeron que recogiera algo de ropa y los equipos. Tenía que estar antes de las cinco de la madrugada en el aeropuerto para salir para Pakistán. Allá se armaron 32 hospitales de campaña. Anduve por el Himalaya, subiendo y bajando lomas, conviviendo con los médicos. En esa misión me tocó escribir y tirar fotos.

–¿Qué suceso le marcó de manera especial allá?

–En Sumatra tenía que cambiar dinero para alquilar un carro y mover al equipo de prensa. Donde único había un centro de cambio era en el aeropuerto. Empezamos a conversar con el encargado del lugar y, de pronto, el indonesio me miró y me dijo: “¡Fidel Castro!”. Lo que quería decirme era que me daba un precio más bajo porque sabía que éramos cubanos y habíamos ido a ayudar a su pueblo.

“Algo similar me sucedió en Pakistán: una vez estábamos en el Himalaya y paramos en la carretera porque era el mes del Ramadán y el chofer tenía que rezar tirado en la estera. De pronto, apareció en el camino un viejo musulmán con la barba roja y lo único que nos dijo fue: ‘Fidel Castro’. Y siguió caminando. Quedé impresionado, preguntándome cómo un hombre en un lugar tan apartado, donde no había electricidad, podía saber de Fidel Castro. Eso da una idea de lo que representa nuestro país para el mundo”.

–Y en 2010 estuvo en Haití, luego del terremoto que acabó con la vida de decenas de miles de personas. ¿Cuán dura fue esa experiencia?

–La dirección del periódico decidió enviar a la periodista Leticia Martínez a reportar sobre aquel hecho y la ayuda de la Brigada Médica Henry Reeve en aquella nación. Entonces me pidieron que fuera con ella para que la apoyara, por mi experiencia, y también para que la cuidara. Eso representaba un reto altísimo, porque tenía que trabajar, cuidarla a ella y cuidarme a mí. Para que tengan una idea de lo que vivimos, cuando llegamos a Haití, lo primero que vimos al salir del aeropuerto fue una persona fallecida en plena calle. En aquel país estuvimos tres meses, y fuimos testigos de situaciones muy difíciles.

“En Puerto Príncipe, retraté a un niño agonizando. Lo habían sacado de debajo de unos escombros de un derrumbe y los médicos cubanos lo tenían en el suelo, en una camilla. El hospital estaba repleto y tenían hasta salón de operaciones fuera del hospital. Los doctores le habían puesto de todo, pero las venas no aguantaban, los medicamentos no hacían efecto. El niño tendría ocho o nueve años. En ese momento, uno dice tiro o no tiro. Tuve que crecerme, porque debía mostrar la crueldad, la violencia y el efecto que ocasiona un terremoto. También tengo la secuencia de un niño llorando con la madre tirada en el suelo, tratando de que despertara, pero ella estaba agonizando. Todo eso es el testimonio del sufrimiento que vivió el pueblo haitiano a causa del terremoto”.

–Con tanta intensidad de trabajo suponemos que a veces habrá existido poco tiempo para la familia. ¿No han protestado?

–Sin ella, no hubiera podido hacer nada de esto. Cuando me fui para Angola, mi hija estaba en quinto grado. Me fui consciente de que a lo mejor no regresaba vivo. Lo más duro fue, cuando vine de vacaciones a los ocho meses, saber para dónde iba, abrazarlas al despedirme y no poder decirles; y tener que volver a irme. Las cartas demoraban un mes en llegar a Cuba. De aquí me respondían y pasaba otro mes para llegar allá. Siempre traía la última en el bolsillo porque cuando estaba medio “engorroniao” la leía y me daba ánimos.

***

A sus 71 años de edad, con decenas de premios, distinciones y medallas, Juvenal Balán parece apenas un “chico” entrado en años. Se mueve de un lado a otro, buscando el mejor ángulo, como el más ágil de los fotorreporteros, bromea con sus colegas en los pasillos, sonríe. No solo ha tenido el privilegio de vivir y contar de primera mano los grandes acontecimientos de Cuba, de conocer una veintena de países, y de dejar el testimonio gráfico de la historia de nuestra nación en las últimas seis décadas. También le ha tocado adaptarse a los cambios tecnológicos que ha experimentado la fotografía, aunque mantiene un enamoramiento incorregible por la que aprendió en sus años mozos.

“Lo digital no sustituye lo analógico. El romance que se vive dentro de un cuarto oscuro cuando se revela un rollo, cuando lo fijas y te das cuenta de lo que tiraste, eso es insustituible. En lo digital tienes la posibilidad de ver lo que has hecho, pero cada cosa tiene su momento y su encanto. Ya lo analógico se encareció y queda para trabajos exclusivos. Con una cámara digital tienes la posibilidad de tirar a color y en blanco y negro; aunque hay fotógrafos que creen que la fotografía se hace en la computadora, no hay que olvidar que la cámara digital fue diseñada por un equipo de ingenieros inspirados en la fotografía analógica”.

-¿Cómo ve usted, a través de su lente, la realidad cubana de hoy?

–Estamos viviendo una época crucial. Nunca pensé que pudiera estar en el momento de la entrega del batón de la generación histórica de la Revolución a los dirigentes más jóvenes. Estuve en el Palacio de las Convenciones cuando Raúl Castro terminó su mandato como presidente del Consejo de Estado y dejé el testimonio en las páginas de Granma.

“En la actualidad veo que hay una búsqueda de la aplicación de la ciencia en el desarrollo de la sociedad y una insistencia del gobierno en darle mayor protagonismo a la juventud. No voy a profundizar en el bloqueo, porque llevamos más de 60 años y no hay manera de que nos lo quiten. Tenemos que trabajar hacia adentro y resolver nuestros problemas, sobre todo lograr que nuestro salario permita poner la comida en la mesa. 

“Si tuviera que resumir a Cuba en una fotografía, independientemente de todos los contratiempos, lo haría con la imagen del amanecer, con ese sol que se ve radiante en la campiña cubana. Para que su luz persista, tiene que haber un pueblo dispuesto a seguir desarrollándola”.

Para ver fotos, visitar Fuente: http://bohemia.cu/cuba-a-traves-del-lente-de-juvenal-balan/

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jueves, 2 de febrero de 2023

Como si tú fueras el comunismo

He llegado a mi casa
y he tenido la impresión
de que tardo un siglo en llegar,
de que tardo un año en subir,
de que tardo una hora en entrar
y un segundo en verte, y reír.

Siempre tengo esa prisa. No sé
si será que te quiero contar
cómo libro el pellejo del día,
absorbiéndole agua a la sal.

Creo que el colmo de la vida
es contar lo que nos pasa,
hacer la fábula florida
de nuestra tragedia.

Unos no arriesgan a los hombres
para ir a la luna,
y se asesinan palestinos
por tandas de miles.

Ya yo no sé qué decir.
Es el colmo de la vida
contar lo que nos pasa,
mientras los viejos errores
reclaman silencio.

Y yo soy sólo
un hombre que pasa,
un hombre que vende
su cuello en las calles,
cual todos aquí.

Todos los años me pongo
ropa limpia y salgo a ti,
como si tú me lavaras
las mentiras y salgo a ti,
como si tú me lavaras
la sangre y salgo a ti.

Todos los años yo llego
a mi casa y salgo a ti,
como si tú fueras
el comunismo.
Y salgo a ti.

(1971)

lunes, 30 de enero de 2023

Marianela Boán: “La Habana me baila a mí, baila para mí y su danza me vuelve insaciable”

Por Alex Fleites

Si aceptamos que lo consustancial a la vida es el movimiento, Marianela Boán es sinónimo de vida. Bailarina, coreógrafa, fundadora incansable de conjuntos danzarios, escenarios de más de cuarenta países la han acogido a ella y sus creaciones, que rondan el medio centenar. En 2014 el Encuentro de Mujeres de Iberoamérica en las Artes Escénicas la homenajeó por su reconocida obra artística y le confirió el Premio Glo.

Entró al planeta Tierra por Guatemala, en 1954, durante el exilio de su padre, el periodista Ángel Boán, que trabajaba para el Gobierno de Jacobo Árbenz. Justo ese año Arbenz es derrocado violentamente por militares desleales, en lo que se considera el primer golpe de Estado organizado por la CIA en América Latina. Con seria amenaza para sus vidas, la familia Boán-Montalvo tiene que cruzar clandestinamente la frontera hacia México con la recién nacida envuelta como un fardo en una frazada. De ahí viajan a La Habana, donde inscriben a la niña.

Marianela, que se considera una habanera incorregible, desde 2010 reside en República Dominicana. Desde allí responde nuestras preguntas. 

¿Cómo descubres la danza? 

Creo que nací con la danza dentro. Nadie en mi familia de periodistas y maestros se había interesado en ella. Yo tenía un disfrute exagerado del movimiento en sí mismo. Adoraba las sensaciones de girar, saltar y caer y, además, me gustaba organizar el material danzario que iba encontrando, e invitar a mi familia a presenciarlo.

Mis padres y más específicamente mi madre detectaron mi vocación desde muy pequeña, e hicieron lo posible para que me dedicara a ella.

¿Por qué escogiste como vehículo de expresión la danza contemporánea y no el ballet?

Mi madre, Iraida Montalvo, era la directora docente de la Escuela Nacional de Arte cuando hice los exámenes de ingreso. Primero hice pruebas de ballet y aprobé; pero cuando fui a hacer las de danza contemporánea (que no sabía lo que era), vi a los alumnos de cabeza, descalzos, moviéndose como niños y reinventando el cuerpo. 

Me fascinó. Creo que desde el primer día lo vi como un campo inmenso de disfrute y creación. 

Afortunadamente, aprobé también las pruebas de Danza Contemporánea. Y ahí me quedé.

Durante quince años (1973-1988) perteneciste a Danza Contemporánea de Cuba. En la compañía te formaste como bailarina y coreógrafa. ¿Cuáles serían los hitos a destacar de Marianela Boán en DCC? ¿Trabajaste bajo la mirada de Ramiro Guerra?

Cuando entré a la Compañía Nacional de Danza Contemporánea (CNDC), Ramiro ya no estaba. Era el gran ausente presente. Los coreógrafos habían sido sus discípulos y en ellos sentía la presencia y la carencia de Ramiro. 

Mis primeras obras al comenzar a coreografiar en 1978 (Danzaria, Mariana, Con Silvio, Adán y Eva, Con Pablo, Guernica…), eran trabajos que resonaban con las nuevas generaciones que invadimos la compañía, y además con la idea de rescatar lo mejor de la obra de Ramiro. 

CNDC fue una inmejorable escuela profesional para mi desarrollo como bailarina y coreógrafa. De ahí salí siendo una artista madura que había viajado el mundo, bailado casi todo el repertorio de la compañía, y creado muchas otras obras a lo largo de quince años, como El Cruce sobre el Niágara, Lunetario, Un elefante se balanceaba, Dos Teoría de conjunto, entre otras.

Según mi cuenta, hasta el momento has fundado tres conjuntos danzarios: DanzAbierta (Cuba, 1988-2003), BoanDanz Action (EE. UU., 2005-2010) y la Compañía Nacional de Danza Contemporánea del Ministerio de Cultura de República Dominicana (2010 y dirigida hasta 2020). ¿Puedes caracterizar brevemente las singularidades de esos colectivos? ¿Cuáles serían los máximos logros en cada uno de ellos?

DanzAbierta fue el gran laboratorio original, lugar de rebelión y profundización; donde pude negar lo aprendido y buscar una nueva propuesta más cercana a las preguntas que tenía y a lo que quería investigar, con un equipo de bailarines y colaboradores maravillosos que hicieran suyo el proyecto. 

Fue un espacio de ruptura y cristalización de ideas acerca del movimiento, la técnica, la naturaleza del espectáculo, el proceso de creación, la percepción del espectador, el tratamiento de lo cubano, de la literalidad, de la dramaturgia, de la contaminación y, sobre todo, un espacio de transparencia en medio de la opacidad impuesta a la opinión pública en la sociedad. 

Obras para mí entrañables de esa etapa son, entre otras, Sin permiso, Una cuna, Antígona, Retorna, El pez de la torre nada en el asfalto, Chorus perpetuus y mis solos Gaviota, Fast Food, Últimos días de una casa Blanche Dubois, junto a Tomás Gonzáles y Raúl Martín.

BoanDanz Action es la Compañía que fundo en Filadelfia, Estados Unidos. Con ella compruebo que lo experimentado con DanzAbierta se sigue transformando en nuevas experiencias, en relación con nuevas realidades y culturas. 

Con BoanDanz Action mi trabajo estuvo centrado fundamentalmente en la relación entre el video y la danza. El conflicto del individuo con la imagen virtual en una sociedad post informática. A través de esa indagación surge un cuerpo creativo que toca aspectos medulares de esa sociedad, como lo son la convivencia afectiva con la imagen y la dictadura del objeto.

Obras como Lifting, Voyeur False Testimony indagan en la falta de privacidad, la violencia generada por la crueldad hacia el propio cuerpo, el aburrimiento, la paranoia excesiva con la contaminación de todo tipo. En Decadere, la crisis de 2008, los conflictos culturales entre latinos y americanos.

En todas son una constante el  manejo del video en la danza como elemento activo y partícipe de la trama y no decorativo, así como la música en vivo y el rol del músico en el espectáculo. 

BoanDanz Action duró los últimos cinco años de mi estancia en los Estados Unidos, y en ese tiempo tuve el placer de llevar a bailarines norteamericanos a conocer e interactuar con Latinoamérica.

La Compañía Nacional de Danza Contemporánea de República Dominicana significó el retorno al Caribe, a mi cultura y mis dolores más importantes. El video y la tecnología en general pasan a un segundo plano, mientras afloran nuevos temas, nunca antes tratados en mi obra.

Recuperar el sentido de “misión” que de alguna manera había perdido en EE. UU. fue muy importante, ya que fundé la primera compañía de danza contemporánea del estado dominicano, y en ella pude emplear mi experiencia anterior como formadora, artista y gestora.

Mi primera obra en República Dominicana, Sed, está centrada en los conflictos de identidad de esa sociedad desde todos los puntos de vista: cultural, racial, sexual. También en las reminiscencias del trujillismo, la miseria generada por profundas diferencias de clase, la situación de la mujer, que sujeta el peso en la base de esa pirámide. 

Sed y todas las obras creadas en Santo Domingo retoman, con una mirada caribeña, muchos elementos de mi obra cubana, como el humor, la contaminación profunda, la estructura de collage, el bailarín que canta y actúa. 

Otras obras importantes de este periodo son Caribe deluxe, que explora el Caribe como paraíso y como infierno; Propulsion y Defilló.

Dirigí la compañía por nueve años, y muchas de estas obras se presentaron en Cuba y en Festivales de  Latinoamérica y Europa. En 2019 ayudé a fundar la Compañía Alentejana de Danza Contemporánea (CADAC), de Portugal, y durante estos años estuve participando en Festivales allí, fuera con obras de la compañía dominicana o con otras creadas directamente para CADAC. 

Ahora trabajo bajo el nombre de Compañía Marianela Boán Danza, y tengo varios proyectos en agenda para 2023.

Bailarina aún activa, coreógrafa, profesora… ¿En cuál de las tres categorías crees haber dejado una huella más permanente?

Las tres se compensan y alimentan constantemente y son para mí igualmente valiosas. Pero creo que la huella más permanente la ha dejado la coreógrafa a través de mis obras.

Entre tantas, ¿cuál obra te ha proporcionado más placer al bailar? ¿Cuál es tu coreografía más amada?

Amo todo lo que hago, porque sin la energía del enamoramiento no puedo avanzar. Las obras que me ha gustado más bailar son, sin duda, mis solos creados en la etapa de DanzAbierta. 

Como coreógrafa, amo mucho Mariana, Guernica, Con Silvio El cruce sobre el Niágara, de Danza Contemporánea de Cuba; así como El Pez de la torre nada en el asfalto y Chorus perpetuus, de DanzAbierta; Falso testimonio y Voyeur, de  BoanDanz Action; SedCaribe deluxe y Defilló de la compañía dominicana, y mi obra más reciente: Antropofobia.

¿Cómo surge el concepto de “danza contaminada”?

Surge como contraposición a los términos Danza-Teatro o Teatro-Danza. Mi propuesta, como lo indica la idea  de “danza abierta”, parte de la danza como fuente primordial en la búsqueda de material expresivo; pero abierta a todos los géneros de danza, las artes y la realidad misma, mediante la atracción de otros códigos y medios expresivos. 

No fue una decisión estética, sino algo que se fue imponiendo en mi obra para poder profundizar en temas específicos de la realidad cubana, ante la opacidad de los medios masivos y del arte en general. También tiene mucho que ver con tomar del eclecticismo isleño, y el ajiaco como base de la estructura.

¿Se puede contar una coreografía? Si quisieras invitarme, por ejemplo, a ver Voyeur, ¿qué argumentos utilizarías?

La danza no cuenta, sino  que  “hace perceptible”. Está más cerca de la poesía que de la narrativa. Su texto es performativo; es un tejido (texto) que se teje entre los hilos paralelos que aparecen simultáneamente en la escena (movimiento, composición, música, luz, vestuario) y los dispositivos dramatúrgicos, estructurales y rítmicos que facilitan el avance lineal.

Trabajo con estructura de collage. Una pregunta o idea es explorada obsesivamente, fracasando cada vez para generar las partes de la obra, y con ellas, primero nosotros (yo, los bailarines, los colaboradores) y después el público; armar como un puzzle.

Los años pandémicos nos golpearon a todos. En 2020 iniciaste una línea creativa llamada “coreovideos”, pequeñas piezas que luego se integran en Antropofobia. ¿Puedes relatarnos sucintamente esa experiencia?

Vengo de la cultura del obstáculo, y en la pandemia me vi en una situación cero; es decir, obstáculo total. No tenía bailarines ni salón de ensayo, y hacía quince años que no bailaba. Reviví mis conocimientos de video y comencé a filmarme, editarme, y publicarme a mí misma en y desde mi casa, tratando de exorcizar las sensaciones que estaba teniendo en el confinamiento. Esto me llevó a la idea del coreovideo o video desde el punto de vista del coreógrafo.

Dado que el video se convirtió en el único medio performático, fui invitada a participar y enseñar coreovideo en varios festivales y universidades de Amárica Latina y Estados Unidos.

Cuando tuve una cantidad grande de coreovideos, sentí la necesidad de crear un espectáculo presencial, e invité a una bailarina en vivo a bailar con ellos. Ahí surge Antropofobia.

La obra es, además de una exploración de las fobias que nos ha dejado la pandemia, una reflexión sobre la convivencia de lo real y lo virtual; una bailarina real baila con una bailarina virtual, que era la única bailarina con la que podía bailar en ese momento. Esta obra se estrenó en Portugal en 2021 y se ha presentado en República Dominicana y Alemania con mucho éxito.

A Isadora Duncan se le atribuye la frase “Yo podría bailar ese sillón”, que usa Cortázar en un relato. Sea cierta o apócrifa la cita, ¿qué sentimientos te provoca escucharla? ¿Podrías tú bailar La Habana?

La Habana es parte de mi cuerpo, baila conmigo antes de bailar, cuando me muevo y cuando duermo. La Habana me baila a mí, baila para mí y su danza me vuelve insaciable.

¿Puede el género humano prescindir del baile?

No. Se extinguiría.

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Fuente: https://oncubanews.com/opinion/columnas/de-otro-costal/marianela-boan-la-habana-me-baila-a-mi-baila-para-mi-y-su-danza-me-vuelve-insaciable/

domingo, 29 de enero de 2023

La Vivienda, el Ahorro y la Inflación. Propuesta al Gobierno de solución a largo plazo

Revolucionar la Revolución. Innovar

Por Joaquín Benavides Rodríguez

Esta propuesta la hemos estado elaborando  desde hace  algunos años,  previos a la COVID. Está inspirada en la iniciativa de Fidel en los mismos inicios de la Revolución, de utilizar los recursos financieros de la Renta de la Lotería Nacional, creando el  Instituto Nacional de Ahorros y Vivienda (INAV) y encargando a la compañera Pastorita Núñez que llevara adelante ese proyecto. El Reparto Camilo Cienfuegos, en la Habana del Este, fue su obra cumbre, pero dejó repartos construidos a lo largo y ancho del país. 

Han contribuido con opiniones, ideas y propuestas los compañeros Fidel Vascos, Julio Carranza y Humberto Herrera Carlés. Los tres estuvieron de acuerdo en que deberíamos hacer el esfuerzo porque la conocieran el Presidente y el Primer Ministro.

He leído el resumen publicado por CUBADEBATE de la reunión del Consejo Nacional de Innovación sobre la solución para el problema de la vivienda en Cuba. Desconozco como hacer llegar directamente al Presidente y al Primer Ministro, así como al Presidente de la Asamblea Nacional, esta propuesta innovadora, por lo que he decidido darla a conocer por esta vía a los compañeros y amigos con los cuales intercambiamos generalmente para someterla a debate. Es posible que alguno a los cuales le remito la propuesta se la pueda hacer llegar a través de las vías adecuadas a los compañeros que dirigen el Gobierno y el Estado.

 

OBJETIVOS

*Incentivar el ahorro de la población, lo que es mucho más efectivo para combatir la inflación que importar bienes de consumo.

*Incorporar a la población trabajadora de mayores ingresos en la financiación de sus viviendas.  Financiar la construcción de no menos de 100 mil viviendas anuales en los próximos 10 años por la vía del presupuesto del estado competiría con las inversiones productivas y los gastos que necesariamente habría que realizar en la educación y la salud en ese periodo.

*La construcción de 50,000 apartamentos anuales en edificios multifamiliares de 50 apartamentos por edificio, construidos utilizando tecnologías modernas de alta productividad, similares a las de los hoteles de turismo que está construyendo el País, financiado por un banco de capitalización y ahorro, donde 50 mil familias de trabajadores por año podrían obtener una vivienda confortable y construida con calidad, para pagarla con sus salarios en un periodo máximo de 20 años, constituiría la base de esta propuesta.


PROPUESTA:

1. Constituir un BANCO DE AHORRO Y DE FINANCIAMIENTO (BAF) para la Construcción de Viviendas para los Trabajadores y Trabajadoras, estatales, de cooperativas, o del sector privado.


2.   Capitalizar al Banco (BAF) con el 50% de lo que gasta el Presupuesto del Estado en un año, en la construcción de viviendas.


3.   Constituir Cooperativas no agropecuarias y Mipymes especializadas en la construcción de edificios para viviendas.


4.  A cada trabajador de empresas estatales, y no estatales que lo solicite, se le abriría una cuenta bancaria en el BAF.


5.  Cuando el trabajador tenga ahorrado entre el 10% y el 30% del costo presupuestado del apartamento que quiere construir, en dependencia de su tamaño y costo total, tendría derecho a que el BAF le financie, mediante un Préstamo con intereses aprobados por el Banco Central, la construcción de una vivienda.


6.   El Trabajador y el BAF firmarían un contrato por el cual el BAF se obligaría a financiar la construcción de la vivienda y el trabajador se obligaría a pagarla en cuotas mensuales durante un periodo no mayor de 15 a 20 años. Al cabo de ese periodo la vivienda seria propiedad del trabajador. Si el trabajador incumpliera los plazos acordados, por un periodo superior a tres meses, perdería el derecho de adquirir en propiedad la vivienda y quedaría obligado a pagar renta mediante alquiler. 


7. Las Cooperativas y Mipymes especializadas en la construcción de edificios para viviendas, recibirían del BAF un Préstamo a mediano plazo para adquirir el equipamiento tecnológico necesario que les permitan construir con alta productividad y belleza, edificios de apartamentos. 


8.  El BAF contrataría con las cooperativas y Mipymes especializadas la construcción de edificios a partir de un Diseño arquitectónico, Presupuesto y Cronograma de ejecución, aprobado por una firma especializada de arquitectos e ingenieros.


9.  Tanto el Presupuesto como el Cronograma de ejecución seria supervisado por un grupo de delegados del Poder Popular elegidos en el municipio, presididos por un Vicepresidente del Gobierno Municipal.


10. Los trabajos de urbanización, e infraestructura de agua, alcantarillado, electricidad, etc., serian responsabilidad del Gobierno Municipal y financiados a través del Presupuesto Municipal. 

09/01/2023