martes, 3 de marzo de 2026

“Hay un riesgo de guerra regional muy serio. Y los que han iniciado el ataque a Irán también pueden salir escaldados”

Entrevista a  Rafarl Pouch de Feliú por Sergi Picazo

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 ¿Por qué se ha producido ahora el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán de los ayatolás? ¿Qué intereses tienen en la zona? ¿Qué tiene que ver la batalla entre Donald Trump y China? Entrevista de urgencia al veterano periodista y experto de geopolítica mundial Rafael Poch para intentar entender los motivos de fondo del ataque más allá de lo que dicen los grandes medios de comunicación. Poch, tras una dilatada trayectoria como corresponsal del diario La Vanguardia en Pekín, Moscú, Berlín y París, se ha convertido en uno de los analistas más críticos del nuevo orden global y suele escribir sus reflexiones en su propio blog o en medios como Contexto y CRÍTIC.

Has escrito que los asuntos de VenezuelaIrán y Ucrania son, en realidad, la misma guerra. Según un artículo tuyo en Ctxt, “el objetivo es impedir militarmente el ocaso de la hegemonía americano-occidental en el mundo, amenazada principalmente por la pujanza china” ¿Puedes explicarlo?

El dato central es la reacción occidental al ascenso de China. Hace treinta años se esperaba que la integración en la globalización, entendida como seudónimo del dominio mundial de Estados Unidos y sus satélites, convertiría a China en un miembro subordinado y dependiente del sistema mundial. Esperaban que la integración de las élites chinas en la globalización acabaría dando lugar a una forma de gobierno subalterno más aceptable para Occidente que la del Partido Comunista Chino. Pero un cuarto de siglo después se encontraron con la sorpresa de que, jugando en el terreno de juego por ellos diseñado, China les ganó la partida: se hizo mucho más fuerte, continuó siendo autónoma y soberana, y se proyecta al exterior mediante una estrategia mundial de redes y vínculos comerciales.

El gran peligro que ven en Washington es la amenaza al hegemonismo occidental liderado por ellos. La única respuesta que tienen a mano es la de la fuerza. Primero, en 2012, inventaron el “pivot to Asia” de Obama, es decir desplegar en Asia Oriental el grueso de su fuerza aeronaval. Después intentaron redefinir las normas de su globalización proclamando nuevos proteccionismos, donde Trump ha destacado. La escena que mejor ilustra la situación es la del tahúr que al ver que está perdiendo la partida le da una patada a la mesa de juego y desenfunda la pistola.

Uno de sus fallos garrafales fue ignorar los intereses rusos en Europa durante treinta años. Desoyendo las advertencias de gente como Kissinger o Kennan contra la ampliación de la OTAN, han acabado estimulando la integración euroasiática entre Rusia y China, algo que ni Moscú ni Pekín buscaban inicialmente. Luego, cuando tras múltiples advertencias, Rusia reaccionó militarmente al intento de echarla del Mar Negro, anexionándose Crimea, continuaron con una escalada militar en Ucrania inyectando recursos militares al nuevo régimen proccidental de Kíev y apoyando su “operación antiterrorista” contra las regiones rusófilas del este de Ucrania. Y, al final, cuando se han dado ya cuenta de que el objetivo de infligir una “derrota estratégica” a Rusia por medio de las sanciones y ayuda militar y financiera a Ucrania, optaron por separar los frentes.

¿Tres o cuatro guerras a la vez?

Hace dos años el vicesecretario de Estado para Europa y Eurasia en la primera administración Trump, Aaron Wess Mitchell, dijo que Estados Unidos podría perder una guerra si tuviese que actuar en tres frentes simultáneamente, porque en tal caso, “Estados Unidos tendría que ser fuerte en cada uno de los tres escenarios bélicos, mientras que sus tres adversarios, China, Rusia e Irán, solo tienen que ser fuertes en su propia región para alcanzar sus objetivos”. Así que han optado por transferir, al menos en parte, el marrón de Ucrania a los europeos, y concentrarse en Irán, el más débil de los tres adversarios, y continuar preparándose para lidiar con China más tarde. Por eso ya dije que en Ucrania en el fondo se trata de debilitar a Rusia, fundamental socio de China; en Venezuela se trata de privar a China del acceso a importantes reservas energéticas y recursos latinoamericanos. Irán es el eslabón fundamental de la integración euroasiática, con sus corredores energéticos y de transporte este/oeste y norte/sur. 

“El asunto chino es la clave. Irán es un gran socio energético de China. Lo que desconocemos es cuál será el apoyo militar de China a Irán”

¿Cómo afecta el ataque a Irán, o un cambio de régimen o el bloqueo de Ormuz, a China y a la Ruta de la Seda?

El asunto chino es fundamental. Irán es un gran socio energético de China y, sin Irán, se cortan importantes circuitos de la Ruta de la Seda. Por eso insisto en la unidad de todos estos conflictos. Lo que desconocemos es el nivel de implicación militar de China con Irán. ¿Han recibido los iranís baterías anti misiles de Pekín como se ha dicho? No me parece probable que China se implique militarmente, pero dejar pasar un ataque militar contra ella tan claro sin hacer nada tampoco parece realista… Respecto a Rusia, me parece que no ha hecho gran cosa en favor de Irán. Están muy centrados en el fregado ucraniano. Mi impresión es que en la práctica Irán está bastante solo, lo que es contradictorio con la unidad de conflictos que apunto.

Trump ya prescinde de la retórica del derecho internacional. La clave para definir las relaciones internacionales es la fuerza. Estados Unidos puede secuestrar o matar a dos líderes de países enemigos: Maduro, en Venezuela, y el ayatolá Jamenei en Irán. ¿Se acabó la legislación internacional? ¿La ONU? ¿Los mínimos de la política internacional?

La pregunta, desde luego, es retórica. La guerra comenzó el sábado con el asesinato del dirigente del país adversario y varios miembros de su familia. Esta guerra comenzó en medio de unas negociaciones que, según los propios negociadores que están hablando con los rusos el fin del conflicto de Ucrania, estaban siendo “exitosas”. ¿Quién puede confiar ahora en estos “negociadores”?  La crisis del hegemonismo comporta la crisis de sus instituciones. La ONU fue una buena idea pero reflejaba el mundo de 1945. Hoy el mundo es diferente y las correlaciones de fuerzas también son diferentes. Entonces los chinos y los indios no contaban nada en el mundo y hoy pesan mucho. Pero curiosamente no son los emergentes los que están derribando las instituciones internacionales y el derecho internacional, sino sus inventores, los gobiernos de aquellos países que diseñaron todas esas instituciones a la medida de sus intereses. Si la ONU era el desigual “parlamento de la humanidad” en el que algunos mandaban más que otros por su derecho de veto, hoy sus inventores promueven el gangsterismo más crudo. Asistimos a la conversión de la ONU en una especie de reedición de aquella impotente “Sociedad de Naciones” disuelta en 1946. Si entonces aquella organización fue incapaz de impedir la invasión italiana de Abisinia, la japonesa de China y el desastre de Ia Segunda Guerra Mundial, la ONU de hoy se muestra igualmente impotente ante el genocidio de Gaza. La situación del nuevo mundo multipolar exige nuevas instituciones, pero la experiencia histórica nos dice que estas nuevas instituciones solo aparecen después de grandes desastres.

“Trump e Israel también arriesgan mucho con esta locura”

Entonces, ¿este ataque no tiene nada que ver con si el gobierno de Irán estaba en disposición, realmente, tener armas nucleares? ¿El tema nuclear es un paripé?

A principios de los noventa el embajador de Estados Unidos en Arabia Saudí ya advertía que Irán “está a pocas semanas de hacerse con la bomba”. Si se hubieran hecho con ella, los ayatolas nunca habrían sido atacados, pero los dirigentes iraníes han demostrado tener mas escrúpulos en esto que Corea del Norte. Recordemos que en 2015 ya se alcanzó un acuerdo con Irán, el Plan de Acción Integral Conjunto por el que Irán accedía a limitar su enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de las sanciones y de las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de sus instalaciones. Todo quedó en nada: Trump retiró del acuerdo a Estados Unidos, los europeos no hicieron nada y las inspecciones de la OIEA sirvieron para afinar los objetivos de las bombas israelís contra las instalaciones y los domicilios privados de los responsables del programa nuclear, algunos de ellos asesinados con sus familias en junio.  Como ahora, aquel ataque se produjo en medio de una negociación. Lo decisivo no es la bomba sino el viejo plan de 2002 desvelado por el General Wesley Clark en el que se decía, “vamos a deshacernos de siete países en cinco años, empezando con Irak, luego Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y acabando con Irán”. Lo han cumplido todo. Llevan más de cuatro millones de muertos y 40 millones de desplazados. Solo les falta Irán. Quieren crear en ese país un agujero negro.

Si no es por la democracia, ni tampoco es por lo nuclear… ¿por qué quieren convertir, según tú, a Irán en “un agujero negro”?

Para Israel se trata de acabar con el único país de Oriente Medio capaz de impedir el loco proyecto colonial “sin fronteras” del Gran Israel, del Nilo al Éufrates. Como ha dicho el embajador americano en Israel, Mike Huckabee, Israel goza de un “derecho bíblico” a expandirse por toda la región. E Israel, como se sabe, tiene una gran influencia en la política de Estados Unidos. De  los intereses, digamos, geopolíticos, de Estados Unidos ya hemos hablado, pero hay también un interés político interno. Trump prometió no meter a Estados Unidos en nuevas guerras y  se está divorciando de su base social popular. En noviembre tiene unas elecciones de medio mandato en las que se prevé que perderá mucho apoyo. Si consiguiera tumbar al régimen iraní acudiría a esas elecciones desde una posición de fuerza. Pero si las cosas le van mal, esta guerra impopular, inconstitucional, sin acuerdo del Congreso y desaconsejada por sus agencias de inteligencia, se le podría derrumbar encima. Trump e Israel arriesgan mucho en esta locura.

Algunos analistas geopolíticos decís que esta guerra es una prueba más del supuesto fin del poder de Estados Unidos. Pero no se entiende que sea así cuando Estados Unidos tiene un poder militar indiscutible, no? ¿Dónde se ve el declive de su poder?

Nadie discute que tengan el poder militar más fuerte del mundo, pero la loca y criminal utilización de ese poder, ¿es una verdadera muestra de fortaleza? Yo creo que lo que están demostrando ante los ojos de todo el mundo, particularmente desde la serie bélica que arranca el 11/S de 2001 de Nueva York, que va de Irak a Irán, pasando por Afganistán, Libia, Siria, Yemen, Somalia, Ucrania y Gaza, es que son el principal peligro para la paz mundial.

¿Estados Unidos se atreverá a entrar en Irán, un país de 90 millones de habitantes y con uno de los ejércitos más poderosos del mundo musulmán, con tropas y soldados sobre el terreno, como hicieron en Irak? O solo bombardeará desde aviones y portaaviones? Será una guerra corta?

No creo que se arriesguen a entrar con tropas allí. Pesa mucho el precedente de Irak, sin contar con que Irán es mucho más que Irak. En la guerra de los doce días de junio se agotaron las existencias de los arsenales de recursos antimisiles de Estados Unidos e Israel. Dicho sea de paso, esta guerra es muy mala noticia para los militares ucranianos que van a ver aún más mermado su suministro de recursos de defensa antimisiles ante los ataques rusos. La fabricación americana de esos recursos es limitada y no parece que puedan sostener una campaña intensa de ataques y contraataques de más de cuatro o cinco semanas, pero mucho dependerá de la capacidad de respuesta iraní para agotar esos arsenales.

Vale, y entonces, ¿cómo se cree que es la capacidad defensiva de Irán ahora?

Es la gran cuestión militar. En junio lanzaron primero la morralla, drones y misiles obsoletos para desgastar la capacidad de intercepción israelí y localizar los emplazamientos de sus defensas, y luego lanzaron misiles hipersónicos más sofisticados que hicieron mucho daño. Habrá que ver cuantos les quedan ahora. Pero, ojo, ahora los iraníes han ampliado sus objetivos: las bases americanas del Golfo y, si les alcanza, la flota naval desplegada en el Mediterráneo. Irán ya ha atacado instalaciones americanas en cinco países del Golfo. El asesinato del ayatolá Jamenei no es solo un asunto nacional iraní. Hay muchos chiitas en Irak, Pakistán, Arabia Saudí, Bahrein y Líbano, entre otros. Hay un riesgo de guerra regional muy serio en el que también los iniciadores pueden salir escaldados.

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“A los que que ven un dilema entre apoyar a Irán o a Estados Unidos, solo puedo decirles una cosa: los reyes son los padres”

Hablemos sobre política interna en Irán. La izquierda tiene dudas en este asunto porque, por un lado, ve que se produce un ataque/golpe de Estado/asesinato del neoimperalismo Estados Unidos, pero por otro, también saben que el régimen de los ayatolás masacró a la izquierda comunista en Irán, ataca los derechos humanos básicos y reprime a las mujeres. ¿Qué hacer o qué pensar ante este dilema?

Me parece que el país y su régimen no están siendo atacados por “haber masacrado a la izquierda”, ni por “atacar los derechos humanos” o “reprimir a las mujeres” que son mucho más libres en Irán que en cualquier monarquía del Golfo. A los que ven un “dilema” en este ataque, solo puedo decirles una cosa: los reyes son los padres.

¿Caerá la República Islámica? Dice Nazanin Armanian que “la vida de la República Islámica ya ha terminado” después de las protestas sociales y de la burguesía iraní, y de los ataques militares?

Desconozco la situación interna de Irán ni soy un experto en las cosas de ese país, pero como dice Nazanín Armanian la fragilidad del régimen es evidente y mayor que nunca. Supongo que todo es posible. Dice Trita Parsi, un experto del Quincy Institute de Washington, que los iraníes “se han visto atrapados entre una teocracia represiva y unos actores externos cuyas políticas se diseñaron deliberadamente para crear desánimo”Me parece un buen diagnóstico, os lo leo entero“La ironía es evidente: las mismas voces que ayudaron a cerrar las vías para el desmantelamiento pacífico de la teocracia se presentan ahora como salvadores, ofreciendo la intervención militar extranjera como el único camino hacia la liberación, una oferta que no habría encontrado compradores si la población no se hubiera visto abocada a la desesperación en primer lugar”.

domingo, 1 de marzo de 2026

La cifra de muertos en el ataque a una escuela de niñas en Irán asciende a 148

Rescatistas y residentes buscan entre los escombros tras el ataque israelí-estadounidense contra una escuela primaria femenina en Minab, al sur de Irán, el sábado 28 de febrero de 2026.Foto: APN

El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra la escuela primaria femenina Shajareh Tayyebeh ha causado al menos 148 muertos y 95 heridos en Minab, una ciudad de la provincia de Hormozgan al sur de Irán. El gobernador de la ciudad, Mohammad Radmehr, ha informado este domingo que la mayoría de fallecidas son niñas, según comunica la agencia oficial IRNA, a las que se suman padres y varios miembros del personal escolar. Las labores de socorro y retirada de escombros continúan en el centro educativo, en manos de trabajadores humanitarios, ha añadido el gobernador. 


Tras el ataque, el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, compartió en su cuenta de X: “El edificio destruido es una escuela primaria para niñas en el sur de Irán. Fue bombardeado a plena luz del día, cuando estaba lleno de alumnas”. El delegado de exteriores añadió que los crímenes contra el pueblo iraní “no quedarán impunes”.


Una serie de imágenes difundidas en redes muestran la escuela parcialmente destruida y útiles escolares desparramados en el suelo, manchados con sangre. Según la agencia de noticias semioficial iraní Mehr, hubo un segundo ataque a un centro educativo en el este de Teherán donde habrían muerto otros dos estudiantes.


Hossein Kermanpour, portavoz del Ministerio de Sanidad de Irán, se sumó a condenar el ataque que catalogó como “la noticia más amarga” en una publicación en la red social X: “Solo Dios sabe cuántos cadáveres de niños más sacarán de entre los escombros”.


Esmaeil Baghaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, llamó al ataque contra la escuela un “crimen flagrante”. El portavoz ha hecho un llamado al Consejo de seguridad de las Naciones Unidas a tomar medidas. Desde Estados Unidos, el portavoz del Mando Central, el capitán Tim Hawkins, confirmó que el ejército estadounidense tenía conocimiento del “daño no intencionado” producido por el bombardeo al centro educativo y aseguró que “estaban investigando esas informaciones”. El militar aseguró que Estados Unidos “no ataca civiles”.


Por su parte, el ejército de Israel ha negado cualquier responsabilidad en el ataque aéreo denunciado sobre la escuela de la provincia de Hormozgán. “No tenemos conocimiento de ningún ataque israelí ni estadounidense en ese lugar hasta el momento”, ha afirmado el portavoz militar israelí, Nadav Shoshani, informa Europa Press. El portavoz añadió que Israel dispone de capacidad operativa para actuar a larga distancia. “Estamos eliminando objetivos situados a más de 1.500 kilómetros”, señaló.


El desmentido se produce después de que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) expresara su “profunda preocupación” por los ataques registrados en Irán. “Hay informes de bombardeos contra escuelas en Irán, incluida una escuela de niñas en Minab”, ha declarado este domingo en Colonia, la oficina alemana de la agencia. “Los ataques contra civiles y bienes de carácter civil, incluidas las escuelas, constituyen una violación del derecho internacional”, ha añadido UNICEF.


https://elpais.com/internacional/2026-03-01/asciende-la-cifra-de-muertos-en-el-ataque-a-una-escuela-de-ninas-en-iran.html

sábado, 28 de febrero de 2026

¿Apocalipsis now? Apuntes sobre inteligencia y decoro

 Rafael Hernández

En pocas semanas cumplirá 65 un evento que decidió el destino de Cuba como nación independiente: Playa Girón. 

El gobierno revolucionario en el poder contaba apenas con 28 meses, cuando la derrota de la invasión patrocinada por EE.UU. le dio un sentido concreto a la Revolución como defensa de la patria, aún mayor que la reforma agraria o la nacionalización de las empresas extranjeras. 

Numerosos cubanos que mantenían posturas ideológicas divergentes y estaban en desacuerdo con ciertas políticas comprobaron que en la defensa de aquel proceso, como quiera que se le identificara, estaba en juego la independencia. Sin la cual, ninguno de los demás cambios podríán alcanzar su sentido pleno ni sería posible la justicia social, el desarrollo repartido, la dignidad como un valor nacional.  

Bahía de Cochinos, como ellos le siguen llamando, fue un fracaso sobrecogedor para la Administración Kennedy. Un fracaso muy difícil de explicar, que, a menos de 100 días de haber entrado en la Casa Blanca, debilitó su credibilidad en política interna, y repercutió en su proyección en otras regiones, incluido el sudeste asiático. 

La causa de aquel fracaso no radicó en que los miembros de la Brigada 2506 fueran unos cobardes, carentes de moral de combate, de convicciones, de entrenamiento militar o peor armamento que el de las milicias y el Ejército Rebelde. 

Tampoco ocurrió porque la contrarrevolución estuviera despedazada, o se hubiera instalado mayoritariamente en EE.UU. en vez de jugársela aquí; o porque careciera de organización, coordinación y capacidad de movilización, y de una poderosa quinta columna formada por miles de alzados, además de cientos de miles de cubanos que no simpatizaban con el socialismo, e incluso creían que iban a perder la patria potestad sobre sus hijos. 

Un paralelo convincente

El cuadro era propicio para imaginar un triunfo aplastante. Súmesele que el esquema que la CIA había seguido para planear la operación de Bahía de Cochinos había resultado un éxito apenas siete años antes, en Guatemala. 

Richard Bissel, el subdirector para Operaciones Encubiertas, había seleccionado a Howard Hunt, David Atlee Phillips, y otros oficiales que habían desempeñado papeles clave en el golpe de Estado al presidente Arbenz, en 1954, para hacer lo mismo contra Fidel Castro. 

Había un paralelo convincente, pues los dos países habían acabado de adoptar políticas nacionalistas, especialmente, reformas agrarias. Tenía lógica que los decisores de Bahía de Cochinos estuvieran trasladando las lecciones de Guatemala a la realidad de Cuba en 1961. 

De manera que, si bien la CIA disponía de vastas redes de información dentro de la isla, sus máximos jefes depositaron su mayor crédito en quienes aseguraban que cuando los invasores desembarcaran, todos esos opositores activos y pasivos se iban a sumar a sus fuerzas, así como la mayoría de las milicias y tropas de las FAR.

Bastaba hablar con los cubanos que llegaban a Miami y con algunos líderes de la contrarrevolución, que no eran ni brutos ni simples mercenarios ni unos meros oportunistas de siete suelas, para convencerse de ese cisma dentro de las propias filas de la Revolución. La situación en Cuba parecía aún más propicia que la de Guatemala para un triunfo aplastante de la invasión. Nada podía salir mal. 

Frágiles premisas 

Gracias a esa inteligencia peculiar; a focalizarse en las analogías, y pasar por alto las grandes diferencias entre ambos casos; a dejarse arrastrar por el optimismo y lo que los psicólogos llaman groupthink; a la falta de balance en el proyecto armado por la CIA, ignorando al resto de las agencias que podían aportarle una perspectiva más realista; a la excesiva confianza en el poder aplastante de los EE.UU.: gracias a la fragilidad y prepotencia de esas premisas, y a la furia y rapidez de la contraofensiva cubana, la invasión fue derrotada en 66 horas.

Lo más peligroso del escenario actual no es, en mi modesta opinión, la baja disponibilidad de combustible y sus consecuencias, sino que se dé por sentado el inminente colapso del sistema, y junto con él, el del Gobierno cubano, obligado a rendirse ante los EE.UU., y a aceptar sus condiciones. La validez de esas cuentas tendría como referente la operación reciente contra un régimen y una situación que algunos consideran muy parecido a los de Cuba, o sea, Venezuela.

En artículos anteriores he intentado analizar las implicaciones de la crisis venezolana para la evolución de nuestro conflicto con EE.UU., las grandes diferencias entre Cuba y Venezuela, incluidas las relaciones de ambos países con el Norte; así como el espacio real para el diálogo, el entendimiento y la negociación entre Cuba y los EE.UU. de Donald Trump. 

Quiero detenerme aquí y ahora en la situación cubana misma, y particularmente, discutir su caracterización política y social, y las premisas que se asumen como verdades aceptadas para ese retrato. Puesto que algunas de ellas las encuentro, digamos, un poquito omisas. 

Oscuridad y confusión reinante

Pongo por delante que no subestimo la gravedad de la situación económica, social y política del país. Estamos en medio de apagones, escasez de medicamentos, inflación, restricciones al funcionamiento de servicios como la salud, la educación, el transporte, escasez de gasolina. Aunque no estamos objetivamente en la circunstancia económica más crítica desde hace 60 años, como algunos afirman, sí en la más prolongada y que ha generado mayor descontento y desconfianza en el futuro. 

A la oscuridad de este momento, y a la confusión ideológica reinante, se suman las maldiciones contra el Gobierno cubano, al que muchos culpan de todo lo que nos pasa, así como la nube de premoniciones que rebotan en las redes, donde la anticipación del inminente colapso se replica como un juego de espejos.

El efecto psicológico del boycott energético nos acerca indefectiblemente a una especie de apocalipsis. 

No pretendo, porque no es mi oficio, debatir la caracterización de la situación que satura los medios de comunicación, cuyo rumor de base refleja lo que acabo de decir. Respeto esas opiniones, incluidas las que procuran dejar constancia de su distancia con el Gobierno cubano en este momento de baja, y de auge del miedo ante una política sin escrúpulos y aparentemente capaz de todo del otro lado. 

Estas líneas no son una respuesta a ninguna de esas opiniones. Me limito a reflexionar brevemente sobre las premisas con que se construye el retrato de la dinámica política cubana y sus alternativas que muchas de esas visiones parecen asumir. 

Un informe de inteligencia

Para discutir esas premisas, sin embargo, no voy a pescar en la marea de opiniones circulante, sino he cogido de “material de estudio”, como se dice en nuestro dialecto, estimados de inteligencia estratégica muy serios, o sea profesionales, dedicados a caracterizar la situación en medio de la petroguerra de Trump contra Cuba. 

Lo que cito a continuación es un informe de la empresa de inteligencia y espionaje StratFor acerca de esa situación. 

En cuanto al sentido, el alcance y las metas reales de la política de la Casa Blanca hacia Cuba, Stratfor coincide bastante con lo que he publicado aquí mismo. 

Se trata de conseguir algunas respuestas del Gobierno cubano, a corto plazo, que puedan presentar como concesiones, o sea, triunfos, y usar con fines de política interna. Y lograrlo a un costo mínimo, apenas amenazando con el garrote de los aranceles a terceros.

Digamos, que la razón de ser de esa vuelta de tuerca, se dirige a obtener concesiones, que en declaraciones recientes se han formulado como “abrir gradualmente su economía”. 

Este enfoque no coincide con el de algunos observadores cubanos, quienes reiteran que su meta real es el “cambio de régimen” en la versión Miami: reemplazar al actual gobierno por representantes del exilio duro y sus aliados domésticos. 

Concesiones

Sin embargo, aun suponiendo que ese fuera su objetivo “a largo plazo”, por el momento, se trata de apreciar un posible escenario de diálogo-negociación, y las opciones para Cuba. Es decir: ¿hasta dónde podría verse forzado el actual Gobierno cubano a adoptar esas concesiones para quitarse de arriba la petroguerra de EE.UU.? 

Stratfor desglosa esas concesiones de la siguiente manera: “La grave situación económica y el temor a una acción militar incentivarán al gobierno cubano a realizar concesiones como la liberación de presos políticos, cooperación en la lucha contra el narcotráfico, apoyo a la actividad del sector privado y creación de zonas económicas especiales para atraer capital estadounidense”. 

Aunque el Gobierno de EE.UU. pudiera ponerlas perfectamente en su lista de “concesiones arrancadas al régimen”, resulta curioso que esta agencia de inteligencia las considere solo posibles bajo la presión de la crisis y la amenaza de intervención militar. 

Liberar presos, de hecho, ha sido parte de la agenda de negociación cubana desde los invasores de la Brigada 2506 en el remoto 1962, los diálogos con el gobierno de Carter y con los emigrados (1978-79), el de Obama (2014), y en otras muchas oportunidades con personalidades y políticos de EE.UU. 

Lo mismo que la cooperación en la lucha contra el narcotráfico desde 1995, la legalización (1993-1994) y el crecimiento del sector privado desde 2011, y la creación de zonas especiales para atraer capital extranjero, como la del Mariel (2013).

A reserva de las limitaciones y contradicciones en el avance de algunas de estas politicas, sería difícil definirlas como ajenas a la lógica cubana en sus relaciones de cooperación con EE.UU., y a las políticas de reforma aprobadas. 

Algo no muy bien definido llamado la transición

En esa misma línea futurista, Stratfor vaticina que las cosas no son tan simples como la inyección de capital estadounidense en Cuba. Aunque no menciona el levantamiento del bloqueo, se cae por su peso que esta es una premisa, ya que habla del papel de ese capital en un nuevo escenario, así como de otras transformaciones para salir de la crisis, asegurar la estabilización económica y la preservación de la estabilidad política, en el camino hacia algo no muy bien definido llamado la transición.

Resulta interesante, sin embargo, el papel clave que se le reconoce al Estado cubano en conseguir esas metas, y el apoyo a ese papel de parte de EE.UU.: “La lentitud y los costos sociales de la apertura económica cubana aumentarían el riesgo de inestabilidad, lo que haría crucial la continuidad de los subsidios y la intervención estadounidense para evitar una crisis humanitaria y migratoria más amplia. Muchas medidas podrían anunciarse en los próximos meses, pero no implementarse completamente este año y su impacto en la economía podría tardar en materializarse. Algunos subsidios gubernamentales deberán mantenerse.”

Es decir, que ni el peso predominante del mercado libre, la multiplicación del sector privado y el flujo del capital de EE.UU. por sí solos podrían dictar la arquitectura de ese camino hacia un nuevo orden imaginado para Cuba. 

A esa situación complicada —sigue diciendo Stratfor— se suma que, por su escala, Cuba no es tan atractiva para la inversión de EE.UU., dados “el tamaño del territorio, la mano de obra poco cualificada y el potencial económico generalmente limitado”.  

Esa afirmación podría matizarse un poquito. Claro que Cuba no se compara con países que disponen de grandes yacimientos de minerales estratégicos. Sin embargo, sus reservas de níquel (5,5 millones de toneladas) y cobalto (tercera reserva mundial), imprescindibles para fabricar baterías de litio y otros dispositivos electrónicos, no son despreciables. 

Y a diferencia de Nueva Caledonia, Australia, Filipinas, o el Congo, esas reservas cubanas están al lado de los EE.UU. También dispone de tierras cultivables para producir, digamos, azúcar y cítricos, que podrían estar abiertas a la inversión de ese mismo capital; y cuya cercanía a ese mercado ha sido antes un factor de atracción comprobado.  

A solo 90 millas

La vigencia de ese efecto de cercanía se demostró como un factor de atracción de intereses nacionales diversos alrededor del mundo durante el corto verano de Obama, cuando altos dignatarios de países que nunca habían puesto pie en la isla la visitaron con una frecuencia inaudita. Muchos de ellos atraídos, más que por el limitado mercado interno cubano, por la cercanía al de EE.UU. que parecía empezar a aparecer en el horizonte. 

No voy a discutir aquí si Cuba carece de fuerza de trabajo calificada para lidiar con el mundo de los negocios, como creen ciertos empresarios de afuera con los que he conversado, dispuestos a alfabetizar a los emprendedores cubanos. 

Basta recordar que si la composición mayor de profesionales en el flujo migratorio —impresión que muchos tenemos, aunque los expertos de las redes no han logrado investigar— es un déficit que compromete el desarrollo, es porque se han graduado en carreras de ciencia y tecnología, medicina, ciencias sociales y humanidades en universidades del país, no solo de La Habana. Muchos de ellos serían fuerza de trabajo calificada para investigación-desarrollo y producción en electrónica, biotecnología, producción de medicamentos y otros sectores de punta. 

Uno de esos sectores, sobre el que apenas me detengo antes de finalizar, es el de la reconversión energética. Dice Stratfor: “El desarrollo de proyectos de energía solar y eólica para reducir la dependencia cubana de importaciones de combustible para generar electricidad, tardaría años o incluso décadas.”

Los ingenieros y científicos cubanos dedicados al tema no coinciden con esta evaluación. 

Ellos, e instituciones como Cubasolar, se han dedicado a promover, desde hace décadas, esa reconversión, demostrando que el fin de la dependencia de combustibles fósiles y el paso a la autarquía en fuentes renovables, es no solo posible sino imprescindible. 

Hasta tal punto esa visión ha servido para trazar políticas, que el Plan de Desarrollo 2030 preveía que 37 % de toda la demanda iban a suministrarla el biogás (15 %), los paneles fotovoltaicos (12 %), los parques eólicos (9 %) y la hidráulica (1 %).

Claro que la autorización a emprendedores privados para importar combustibles es un paso de avance en su inserción dentro del sistema económico. Pero seguir dependiendo del combustible fósil, quienquiera que sea el importador, reproduce el patrón de dependencia, y pospone un cambio fundamental en esa matriz energética adoptado desde hace al menos 12 años, y que nos debería haber llevado dentro de cuatro, según aquel Plan de Desarrollo, a abastecer más de un tercio del consumo con fuentes renovables. ¿Se imaginan qué diferente sería la vida, si solo se necesitara importar un tercio o menos del petróleo para suministrar a nuestras envejecidas termoelécticas? 

Aliados

“El gobierno de Cuba se ha debilitado, como lo demuestra su aislamiento de los aliados tradicionales”, afirma StratFor. Si sabemos que los principales aliados de Cuba, aparte de la declinante compañía de Venezuela, han sido y son China, Rusia, y Vietnam, y que sus socios comerciales incluyen a esos mismos países, además de España y Canadá, resulta enigmática esa referencia a su aislamiento. 

En todo caso, es obvio que esos aliados siguen ahí —aunque ninguno de ellos es la antigua URSS. Si entendemos que esas alianzas tienen otra naturaleza a la que existió en la época del campo socialista, quizás podamos darnos cuenta de que no solo no podemos esperar lo mismo de ellos, sino que tampoco Cuba les significa lo mismo. 

Aunque este tema de las relaciones con los “aliados tradicionales” requeriría un análisis más profundo y documentado que el que ofrece StratFor, la idea de que les interesa apoyar a Cuba sobre la base de afinidades ideológicas no es suficiente para explicarlas. Ni tampoco que se trata de una especie de “aliado discapacitado”, políticamente hablando. Además de ser un caso test para medir su capacidad de respuesta ante EE.UU..

En efecto, China y Rusia tienen sus propias razones para reaccionar ante las amenazas de Trump. En ese mismo decreto donde proclama la petroguerra contra la isla, menciona sus alianzas con Rusia, China e Irán como primera evidencia de que esta es una amenaza para EEUU, con lo que las declara directamente como forasteras peligrosas en un hemisferio donde supuestamente tendrían que requerir su permiso para operar. 

Solidaridad con Cuba

Antes dije que no sabía si la falta de combustible era peor que la imagen del Armagedón. Sin embargo, debo reconocer que la acción brutal de EE.UU., añadiendo otra vuelta de tuerca al ya habitual bloqueo, ha tenido la virtud de despertar la solidaridad con Cuba, no solo entre gobiernos como el de México, y entre viejos amigos de la Revolución cubana. 

En estos días, he recibido más mensajes que nunca antes donde personas desconocidas preguntan qué pueden hacer para ayudarnos, entre ellas algunas que no tienen ninguna afinidad con el gobierno cubano. Como le oí decir una vez a Cintio Vitier, ponerse de este lado no es una opción ideológica, sino una cuestión de decencia.

Quiero terminar recalcando esto de la decencia. Claro que entre nuestras debilidades está no haber avanzado lo suficiente en las políticas acordadas, lo que nos ha hecho más vulnerables a los asaltos de un enemigo indecente, como este que nos ha tocado. 

El caso de la dependencia petrolera, en contradicción con nuestro propio plan de desarrollo energético basado en fuentes renovables es un botón de muestra. Sin embargo, no hay que confundir esa autocrítica con adoptar equidistancia en esta crecida de tensiones con el enemigo principal de la nación. 

Algunos cubanos, de aquí y de afuera, parecen creer que las claves para manejar con lucidez y aplomo esta crecida se encuentra en algo llamado la reconciliación nacional. Estando entre quienes han trabajado por entender la sociedad emigrada y los factores que la atraviesan, sus interacciones con Cuba y con las estructuras de poder y el sistema del lado de allá, y tratando de contribuir al diálogo y el cambio de las políticas de aquí, no creo que esa conexión resulte eficaz, más bien todo lo contrario. 

Los instrumentos de tortura y el acelerador del colapso

El último argumento para considerar el escenario de colapso inminente del sistema, no porque “se caiga de sus propios pies” ni porque la fuerza militar sirviera para precipitarlo (“lo único que queda sería entrar a destruirlo todo”, Trump dixit), sino gracias al boycott petrolero, lo acaba de propiciar el fallo de la Corte Suprema declarando ilegal la imposición de aranceles por el Ejecutivo sin encomendarse a nadie. 

La verdad es que en el fallo de la Corte Suprema no aparece Cuba por ninguna parte. Se trata más bien de una restricción sobre el uso omnímodo de los poderes presidenciales, que Trump ha ejercido como estilo político, aplicándolo a muchos, entre ellos los propios aliados de EE.UU., mediante amenazas extremas que no ha usado contra Cuba, como la anexión territorial, y cuyo verdadero propósito ha sido conseguir prebendas o concesiones.

Si Trump o Rubio hubieran creído en la colapsabilidad del sistema cubano a la vuelta de la esquina, a la que solo habría que darle un empujoncito, lo esperable hubiera sido que ahora echaran mano de algún otro recurso, como es una ley que le permite imponer aranceles por razones de seguridad nacional durante 150 días. 

En cambio, casi al mismo tiempo, acaban de declarar legal la venta de combustible al sector privado cubano, haciendo exención incluso al originario de Venezuela. Para no hablar de la ayuda humanitaria, auspiciada por la propia Administración. Todo eso tiene, naturalmente, un valor más bien simbólico que una alternativa real para la situación energética cubana. 

El efecto del boycott energético sobre la inmensa mayoría de los servicios, en particular la generación de electricidad y el transporte accesible a la mayoría de los cubanos de a pie, no lo puede reemplazar la limitada capacidad financiera para importar de las mypimes y las empresas que las suministran desde EE.UU., que es desde donde el gobierno de EE.UU. permite adquirir combustible. 

Facilita la vida de esas mypimes, y les crea un canal propio para mantenerse funcionando, pero vigila que nada de ese combustible pueda ser adquirido para beneficiar el transporte público, ni ponerlo al alcance de la mayoría de la población, que tampoco tiene el privilegio de contar con familiares que puedan pagar el suministro de alimentos y otras necesidades desde EE.UU.       

De cualquier manera, aunque mantiene a los cubanos en el cepo del bloqueo, la relativa atenuación de las amenazas arancelarias que respaldaban el boycott resulta significativa. 

¿Será que esta amenaza no era sino otra forma de intimidación, para lograr un efecto psicológico similar al que usaba la Inquisición cuando mostraba los instrumentos de la tortura a sus víctimas? ¿O que todo esto no es sino ablandamiento previo, para entrar luego a proponer un diálogo-negociación en serio, en vez de propalar historias rocambolescas sobre conversaciones secretas con parientes de “la élite gobernante”

Y entonces, ¿qué papel tienen en este minuet los congresistas de Miami? ¿Es que se identifican con estos pasillos contradictorios de la Administración? ¿Confían en sus gestos, que a ratos sugieren más bien acomodo, búsqueda de concesiones en vez de rendición incondicional o enfrentar el colapso? ¿Cuánto le queda de vida al régimen? ¿Habrá un Delcy Rodriguez en La Habana? El embajador Hammer, encargado de  negocios aquí, promete que ya viene llegando el fin para los próximos meses, pero “no puede revelar quién es el Delcy Rodriguez cubano”, o mejor dicho, “no quiere referirse al tema”.

Poniéndonos en los zapatos de esos congresistas, ¿no será hora de recordarles a Trump y a Rubio su compromiso con la línea dura, que ha alimentado la fábrica política de Miami durante décadas?

Treinta años después del episodio de las avionetas de Hermanos al Rescate, que sirvió de pivote para la Ley Helms-Burton, ha llegado el momento de provocar una situación similar. Digamos un grupo de comandos armados, infiltrados a media noche, como en los años del Plan Mangosta, para ejecutar atentados, actos de sabotaje, acciones que precipiten o que parezcan precipitar la rebelión definitiva de los cubanos, etc. 

Si el colapso del régimen ya está cantado, ¿qué puede ser más oportuno que despertar ese espíritu rebelde, sepultado por medio siglo de castrismo? ¿De manera que la Administración no tenga otra opción que jugar al duro, e intervenir al fin para apoyar a los freedom fighters, y parar una guerra civil, que puede lanzar a la mitad de los cubanos a cruzar el Estrecho de la Florida?  

Ya sé que todo lo anterior suena loquísimo y una verdadera pesadilla para la seguridad nacional de EE.UU., pero totalmente coherente con el anticomunismo sin fronteras de esa élite cubanoamericana que domina el clima político en el enclave. Y que ha sido y sigue siendo el principal obstáculo para un  proceso de reconciliación nacional viable.

Inteligencia y decoro

Quiero terminar estas notas sobre inteligencia y decoro con el significado de la solidaridad, más allá de las ideologías. Algunos observadores espontáneos la juzgan nada más como las dádivas que otros nos ofrecen, conmovidos por nuestra deplorable situación. Esa mirada superficial no solo refleja el estado de confusión reinante, sino también la búsqueda de equidistancia, ante el clima de polarización que la intimidación genera. Como decían en mi pueblo, “bañarse en el río, guardando la ropa”. 

Esta solidaridad nueva se deriva del sentimiento de pertenencia a un mundo único, donde, como decía Bertolt Brecht, ayer vinieron en busca de unos, y hoy de otros, y como no hiciste nada, un buen día van a venir buscándote a ti. 

Ese renacimiento de la solidaridad, que responde a una visión global de la justicia, sin inscribirse en una ideología prestablecida, y que tampoco aparece en los estimados de inteligencia, tiene un significado fundamental, sin embargo, en el contexto político del mundo en que vivimos. 

Entender nuestros problemas como parte de ese mundo, en vez de seguir mirándolos desde nuestro propio ombligo, resulta crucial.

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