lunes, 6 de abril de 2026

“Cuba enfrenta una brutal guerra de información en medios digitales”

 Entrevista a la escritora y periodista Rosa Miriam Elizalde

Por Luis Hernández Navarro

La Habana., El bloqueo en Cuba –explica la periodista e investigadora Rosa Miriam Elizalde– no es sólo económico y comercial, sino tecnológico y comunicativo. La isla enfrenta una brutal y desigual guerra informativa que forma parte de las intentonas de cambio de régimen impulsadas desde Washington, Miami y Madrid.

Rosa Miriam es coordinadora del Coloquio Internacional Patria de Comunicación Digital, que se realizará este mes en La Habana. Nacida en Sancti Spíritus, Cuba, es una figura central del periodismo latinoamericano. Fundadora y responsable de diversas publicaciones, ha recibido el Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez. Es autora o coautora de libros como Antes de que se me olvideJineteros en La HabanaClic Internet y Chávez nuestro.

En entrevista exclusiva en La Habana para La Jornada –medio con el que colabora–, analiza y disecciona la guerra de redes en la Antilla mayor y la respuesta juvenil en las batallas de las aplicaciones de Internet. A continuación, parte de la conversación con este diario.

–Desde hace muchos años hay una campaña de desinformación alrededor de Cuba. ¿Cuál sería la diferencia con la actual?

–La diferencia tiene que ver con la nueva realidad sociotecnológica e Internet. Estamos a merced de una muy sofisticada gestión de la comunicación, incluso con tecnologías militares.

“Cuba llegó tardíamente a la conexión a Internet debido a distintos factores, entre ellos el impedimento de Estados Unidos para una conexión con los cables de fibra óptica.

“Después, Washington entendió que Internet iba a ser una oportunidad para intentar el cambio de régimen. La Ley Torricelli permitió la conexión de Cuba a Internet en el año 92. Se aplicó en el 94. La concepción que hay detrás de ella es que iba a permitir una especie de glásnost tropical. Así que diseñaron la posibilidad de la conexión de Cuba, pero con un carril de una sola vía. Es decir, que Cuba permitiera la entrada de información y la conexión a Internet, pero que se le impidiera cualquier servicio o aplicación que promoviera su desarrollo.

“Cuba nace a Internet sin posibilidad de comercio electrónico ni otros servicios naturales. Era un ancho de banda muy pequeño. Cada megabit tenía que aprobarlo el Departamento del Tesoro.

“Hoy asistimos a una guerra de información brutal en la que hay un clúster de medios digitales, sobre todo fabricados desde Florida, cuyo único contenido es Cuba y que utilizan elementos de falsa bandera. En el dominio de Internet hay más de 100 sitios que llevan el nombre de Cuba. Sin embargo, están producidos desde Miami o España. No tienen nada que ver con la información de Cuba.

“Dirigen información contaminada, tergiversada, que amplifica los peores problemas que pueda tener el país. Dominan la conversación sobre Cuba en esos escenarios. Las plataformas son estadunidenses. Imponen filtros algorítmicos a los contenidos que se generan desde Cuba, mientras que los generados desde fuera con un contenido antigubernamental son admitidos, incluso violando las regulaciones de las plataformas.

“Hay permisividad con los contenidos que estimulan la violencia contra Cuba. No ocurre lo mismo cuando Cuba genera contenidos defensivos. Éstos son enterrados por los algoritmos”.

–¿Cómo se cruza la guerra de redes con las identidades juveniles?

–Es muy interesante la pregunta, porque no se puede mirar el caso de Cuba con el mismo prisma que se mira cualquier otro país en el mundo.

“En Cuba, desde finales de los años 90 había una política para generar habilidades digitales. Aquí se construyó una de las principales universidades de ciencias informáticas de América Latina.

“Los jóvenes tienen grandes habilidades para el uso de estas tecnologías. En años más recientes, en Naciones Unidas, se hablaba de cómo en Cuba había una débil infraestructura de Internet, pero había amplísimas habilidades para utilizar estas tecnologías.

“Hay conocimiento, hay apropiación, hay uso de estas tecnologías, aunque las condiciones de Cuba a veces son muy limitadas por los apagones y el déficit del servicio. Sin embargo, estos jóvenes se parecen mucho a sus pares en cualquier otro lugar.

“A veces, a juzgar por los consumos que uno ve, parecería que sus contenidos son frívolos. Pero pasan cosas muy interesantes. Por ejemplo, ante los combatientes cubanos que cayeron en Venezuela, uno ve cómo, entre esas poblaciones jóvenes, se generaron expresiones de solidaridad y dolor. Cuando murió Fidel, los jóvenes fueron los primeros que incorporaron en las redes estos contenidos.

“Es decir, los jóvenes cubanos se parecen a los de cualquier otro lugar, pero, a la vez, hay una especie de ADN nacional que tiene que ver con los sentimientos antimperialistas, de rechazo a la injusticia, de sentimiento de solidaridad. Cuando hay un huracán, los primeros que se movilizan son los jóvenes”.

Cultura de la VPN

–Multinacionales digitales han vetado el uso de sus plataformas. ¿Qué implica esto?

–Aquí no se puede acceder a un 57 o 58 por ciento de las plataformas que están libres, salvo por VPN.

“Es decir, en Cuba es muy difícil acceder a servicios que están abiertos en Internet en otras partes del mundo. TikTok está totalmente bloqueada para nosotros. Pero hay cultura de la VPN. La gente se conecta a Internet a través de filtros.

“Los espacios más populares de los jóvenes cubanos son Instagram, Facebook, YouTube y X, que sí están abiertas para Cuba, aunque con muchos servicios limitados.

“El bloqueo no es sólo económico y comercial, sino, sobre todo, tecnológico. Hay muchas limitaciones para múltiples servicios, sobre todo de comercio electrónico, a los que no pueden acceder los cubanos”.

–¿La difusión desde las plataformas de estilos de vida lujosos provocan aspiraciones de consumo?

–Claro, totalmente. Es un carril de una sola vía. Aquí no sólo estamos lidiando con las limitaciones de acceso a Internet, sino también a muchos servicios. Por ejemplo, no se puede acceder a la monetización de los contenidos digitales.

“Si tú abres desde Cuba cualquier sitio en Facebook o Instagram, vas a estar bombardeado permanentemente por contenidos tóxicos provenientes de Florida, ejecutados por operadores comunicacionales, muchos de los cuales reciben financiamiento del gobierno de Estados Unidos para empujar sus proyectos de cambio de régimen. Sin embargo, para que un contenido producido desde Cuba se pueda ver fuera, hay que luchar con el algoritmo, que lo bloquea e invisibiliza.”

– ¿Qué tan extendido está el uso de los celulares y el manejo de las redes en la isla?

–Su extensión es enorme. El servicio de datos móviles se abrió en diciembre de 2018 y, en enero de 2019, casi 20 por ciento de la población ya estaba conectada. Por encima de 90 por ciento de la población tiene móviles o servicios de datos.

“El problema está en que, con los apagones, las radiobases que no tienen batería se caen y se limitan las conexiones a Internet. Se está produciendo un fenómeno que los expertos llaman de olas retardadas. Es decir, en los momentos de corriente eléctrica, hay olas de conexiones muy altas”.

–Durante muchos años hubo una prensa con un mensaje muy claro desde el gobierno y el partido. El Internet rompe esta dinámica. ¿Hay una política gubernamental de comunicación desde las redes?

–Sí. Sí, la hay. Pero es muy asimétrica. La avalancha de contenidos que se generan desde la derecha trasnacional se articulan en las redes sociales contra cualquier información o proyecto que se genera desde Cuba. Hay una disparidad muy alta entre la producción de contenidos de los laboratorios de intoxicación mediática en Miami y España, y los que se generan en Cuba.

“Los servicios y las plataformas más populares en el país son las estadunidenses. Los diseños de cambio de régimen han visto en esto una oportunidad para infiltrar o generar información tóxica, que es la dominante en las redes cuando buscas algo sobre Cuba.

“Hay proyectos cubanos como Picta, que es parecido a YouTube, o Todos, que es parecido a WhatsApp, pero no se han consolidado porque necesitan respaldo en servidores y servicio eléctrico. Estamos en medio de la crisis.

“Es muy difícil que los proyectos de acá se visibilicen. Por eso el impacto del convoy Nuestra América. En la medida que ha venido gente que ha conocido nuestra realidad y la ha traducido por medio de sus propias redes y plataformas, ha aparecido otra Cuba que estaba enterrada y escondida por la asimetría comunicacional”.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/06/politica/cuba-enfrenta-una-brutal-guerra-de-informacion-en-medios-digitales-rosa-miriam-elizalde-escritora

domingo, 5 de abril de 2026

Dictadores y asesinos nunca bloqueados pero sí apoyados y armados

Por Ernesto Padrón



 

Bendita inocencia

Por Pepe Sulaimán



Lo que más me sorprende de la gente que puebla este planeta

es creer que el ser humano es la especie más importante.

Bendita inocencia.

Premeditamos el mal y hacer el bien se confunde con quedar bien,

tales distorsiones, son el contagio virulento de una historia diseñada

por almas desmesuradas para enarbolar sus caprichos.


Pp, 4 de Abril del 2026

sábado, 4 de abril de 2026

Trump da a Irán 48 horas para abrir el estrecho de Ormuz o enfrentará un “infierno”

 Afp

Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo el sábado que Irán tiene 48 horas para llegar a un acuerdo sobre la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz o se enfrentará a un "infierno". 

"Recuerden cuando le di a Irán diez días para CERRAR UN ACUERDO o ABRIR EL ESTRECHO DE ORMUZ", escribió Trump en Truth Social, en referencia a su ultimátum emitido el 26 de marzo.

"El tiempo se acaba: 48 horas antes de que todo el infierno se desate sobre ellos", dijo el presidente este sábado, y añadió: "¡Gloria a DIOS!".

En un primer momento, el 21 de marzo, Trump había amenazado con "aniquilar" las centrales eléctricas de Irán -comenzando por la más grande del país- si Teherán "no abre TOTALMENTE, SIN AMENAZAS, el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 HORAS", según escribió.

Sin embargo, dos días después, declaró que Washington estaba manteniendo "conversaciones muy buenas y productivas" con las autoridades iraníes y que había pospuesto por cinco días cualquier ataque contra las centrales eléctricas.

Posteriormente, volvió a prorrogar el plazo, fijando su vencimiento para la medianoche del martes.

Expertos han señalado que los ataques contra la infraestructura energética civil podrían constituir un crimen de guerra.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/04/mundo/trump-da-ultimatum-a-iran-tiene-48-horas-para-abrir-el-estrecho-de-ormuz-o-enfrentara-un-infierno

Mundos de un jigüe pintor

 Rafael Mena Brito

A un hacedor de universos pictóricos, repletos de leyendas, colores y laberintos que revelaban la verdadera esencia cubana y caribeña, la plástica cubana despidió el pasado 29 de marzo. Se trataba de Ever Fonseca Cerviño (1938-2026), artista medular y referente de varias generaciones de creadores.

Caricatura de Enrique Lacoste
«Soy una persona que trabajo mucho, me levanto bien temprano y trabajo. A mí solo me pararía la muerte», aseguró en sus palabras de agradecimiento al Premio Nacional de Artes Plásticas, en 2012. Puede que así, a sus 88 años, lo sorprendió la muerte: en pleno quehacer creativo, mientras ideaba universos plagados de fantasía, símbolos y mitos.

El patrimonio artístico que legó estuvo vinculado a su identidad cultural; era natal de un poblado rural en la provincia de Granma, origen que expone su preferencia por explorar la imaginería campesina desde niño: «fui un obsesionado alumno de la naturaleza, del color, del olor y de los sonidos de la naturaleza; todo esto se me fue impregnando y me dio un concepto de las cosas», confesó en cierta ocasión.

Allí conoció al Jigüe –esa criatura mitológica cubana representada como un negrito diminuto– que se convertiría en inseparable compañero de sus andares pictóricos. A través de él, salpicó sus lienzos de auténtica cubanía. En ellos no faltaron tampoco los ríos, los soles y las lunas, los seres humanos y los animales, todo sumergido en «lo real maravilloso» que Alejo Carpentier propuso para la poética insular.

Pintor, dibujante, escultor y ceramista, Ever integró el Ejército Rebelde en su lucha contra la tiranía. Más tarde estudió pintura en la Academia de Bellas Artes San Alejandro, donde fue el primer expediente de su curso y donde, al decir de sus colegas, se distinguió por «una exuberante y virginal fantasía». En esa misma institución ejerció la enseñanza artística durante más de 20 años.

Tuvo el mérito de ser el primer pintor cubano formado enteramente dentro del proceso revolucionario invitado a realizar una exposición personal en el Museo Nacional de Bellas Artes, que hoy conserva su obra en sus fondos permanentes.

En sus propuestas, algunos –como la crítica de arte y ensayista Adelaida de Juan– han vislumbrado «un mundo extraño», aunque reconoció que los símbolos que emplea «están siempre al alcance de la mano».

Condecoraciones como la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier y la Medalla Raúl Gómez García subrayan la relevancia de sus aportes a la cultura cubana, en decenas de muestras personales y más de 400 colectivas en una veintena de países.

Tras haber recibido el Premio Nacional de Artes Plásticas, concretó su pasión artística en nuevas coordenadas: decidió explorar sus aptitudes como poeta y cantautor. Con tal fin, fundó el grupo Ever x Ever, y con él efectuó una gira nacional en 2014.

¿Era la música una fuga, un escape? Ante esa cuestión, aseveró que constituía «una de las formas de manifestarse» y ambas, música y artes plásticas, eran la misma cosa: «una con el color y la otra con el sonido».

Hablar de él, apunta el crítico Manuel Pérez Oliva, es como «hablar del viento, de los árboles. Él es parte ya de la naturaleza cubana. Su obra tiene una gran relación con la flora, con la fauna y con el espíritu del campo nuestro, por los mitos, por las leyendas que fueron cantadas por el Cucalambé, estudiadas por Samuel Feijoó y abordadas por otras figuras importantes de nuestra antropología y nuestros estudios culturales».

Ese universo —que, como la naturaleza misma, sigue respirando— cargado de ramificaciones, secretos, criaturas y mundos extraños, brinda la oportunidad de repensar la riqueza antropológica de la nación: hibridación de identidades y mestizaje de pueblos, razas y culturas.

https://www.granma.cu/pinceladas/2026-04-03/mundos-extranos-de-un-jigue-pintor-03-04-2026-14-04-28

viernes, 3 de abril de 2026

Rusia anuncia que enviará segundo barco con petróleo a Cuba

Juan Pablo Duch 

Moscú. Rusia se prepara para enviar un segundo petrolero a Cuba, informó este jueves el ministro de Energía ruso, Serguei Tsiviliov, sin precisar todavía cuándo zarpará el buque cisterna ni cuánto crudo llevará. 

“Ayer (miércoles) tuvo lugar una reunión importante aquí en San Petersburgo, vinieron representantes cubanos. Cuba está bloqueada por completo, están cerradas todas las vías de acceso. ¿Quién suministró petróleo? Un barco de Rusia rompió el bloqueo”, declaró Tsiviliov a Interfax, agencia noticiosa rusa, en los pasillos del foro EnergoProm-26 (Industria Energética-2026).

Y agregó: “Ahora se está cargando el segundo (buque). No vamos a dejar solos a los cubanos en este difícil momento”.

El ministro no aclaró si Rusia ya negoció con la Casa Blanca la autorización para este nuevo cargamento de ayuda humanitaria, toda vez que la vocera de la presidencia estadunidense, Karoline Leavitt, aclaró –un día después de la llegada a Cuba del Anatoly Kolodkin–, que el bloqueo se mantiene intacto, se concedió permiso sólo para la entrada de ese buque ruso y que se decidirá en cada caso por separado si se deja o no pasar a las embarcaciones.

El anuncio de Tsiviliov se produjo cuando el primer petrolero ruso aún no termina de descargar las 100 mil toneladas métricas de crudo, equivalentes a 730 mil barriles, que llevó al puerto cubano de Matanzas, las cuales podrán abastecer el sistema eléctrico de la isla, colapsado por el criminal bloqueo estadunidense, durante cerca de diez días.

De acuerdo con Irelaldo Pérez Cardoso, director adjunto de la Unión Cuba-Petróleo, la empresa del gobierno cubano que se encargará de refinar el crudo, en un lapso de 96 horas, tiempo pactado para las cantidades que llevó el barco ruso, debe terminar la descarga y comenzará el “cabotaje interno”, previo a la refinación y distribución de derivados.

Pérez Cardoso explicó al Canal Caribe, televisora cubana de noticias, (http://bit.ly/4tphcjA) que de ese crudo deberán obtenerse gas licuado de petróleo para instalaciones críticas como hospitales y centros educativos; gasolina para aliviar la escasez; diésel para la generación distribuida y otras actividades de la economía; y combustible para plantas de generación eléctrica.

El proceso completo de refinación y distribución interna tardará entre 25 y 35 días, según estimación de la cancillería cubana.

La vocera de la cancillería rusa, Maria Zajarova, en su briefing semanal, preguntó ayer (miércoles) a los reporteros si sabían quién era Anatoli Kolodkin, cuyo nombre lleva el buque que atracó en Matanzas.

Ella misma respondió: “No sé si se trató de una simple casualidad, pero es muy significativo: Kolodkin fue un gran experto en derecho internacional y, sobre todo, en derecho del mar. Cuando se están desmoronando, y no por sí solos, sino porque los están destruyendo, los cimientos del derecho internacional del mar, Rusia decidió mandar a Cuba un buque que lleva el nombre de quien no sólo defendió ese mismo derecho, sino en realidad fue uno de sus fundadores. Gran coincidencia”.

Preguntada sobre qué va a hacer Rusia respecto del bloqueo de Cuba, Zajarova remitió a los periodistas a las palabras del vicecanciller Serguei Ryabkov, que sintetizó así: “Cuba es nuestro amigo y socio más cercano en el Caribe, no tenemos derecho a abandonarlo a su suerte, la ayuda continuará”.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/02/mundo/rusia-anuncia-que-enviara-segundo-barco-con-petroleo-a-cuba

jueves, 2 de abril de 2026

Donde más cabría esperar responsabilidad

 Belén Gopegui

Recordarán, quizás, la historia que contaba Canetti en su libro La conciencia de las palabras . Por casualidad había encontrado una nota suelta de un autor anónimo, fechada el 23 de agosto de 1939, una semana antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Decía: "Ya no hay nada que hacer. Pero si de verdad fuera escritor, debería poder impedir la guerra". Al principio la nota le parecía absurda y pretenciosa. Tenía la misma retórica hueca de quienes con sus frases, decía Canetti, provocaron conscientemente la guerra. Sin embargo, días después seguí pensando en la frase. El extraño comienzo: “Ya no hay nada que hacer”, expresión de una derrota total y desesperada en un momento en que debían iniciarse las victorias. Y luego ese “pero si de verdad fuera escritor, debería poder impedir la guerra” que, examinado más de cerca, contenía lo contrario de una fanfarronada, era la confesión de un fracaso absoluto. La confesión de una responsabilidad, precisamente allí –y esto era lo sorprendente del caso– donde menos cabría hablar de responsabilidad en el sentido habitual del término. En su desesperación, el autor se acusaba a sí mismo, no a los verdaderos causantes. Canetti concluyó reivindicando la necesidad de que existieran personas que se impusieran a sí mismas esa responsabilidad por las palabras. 

Pese a todo, las palabras son poca cosa. Aunque todas las personas se impusieran tal responsabilidad en sus textos, no lograrían mover un solo barco cargado de diésel. No obstante, pensemos un poco en las palabras.

Si hablamos de Cuba, lo primero que hay que suprimir de la frase que encontró Canetti es el “ya no hay nada que hacer”. Si hablamos de Cuba, me gustaría recordar que junto a los testimonios de las dificultades reales que se están viviendo, hay personas modestas, muchas, que escriben cosas como la siguiente antes de enviar un abrazo: “Desde esta tierra caribeña, cuando más hostigada más asida al optimismo y al disfrute de la vida, no solo nuestra, sino de todos los humanos”.

Si hablamos de Cuba y conscientes de que el hecho de escribir no confiere la única capacidad que en este momento quisiéramos tener, la de enviar petróleo a ese país, podemos al menos reflexionar sobre las historias, hablar de qué es lo que se cuenta con lo que se cuenta según el momento escogido para contarlo.

Supongamos que mañana Trump decida penalizar a España por no haberle permitido utilizar sus bases y la asedia y le prohíbe cualquier compra de petróleo. Supongamos que la prohibición se prolonga y que ningún país se atreve a quebrantarla. Supongamos que empieza el hambre, la angustia en los hospitales, que las dificultades asfixian vidas. Supongamos que Trump comunica su propósito de quedarse con el país e incluso bombardearlo si no se entrega voluntariamente. Y supongamos que entonces empiezan a aparecer en Francia o en Portugal o en el Reino Unido reportajes donde se busca a personas que llevan tiempo criticando el “sanchismo” (los reportajes asumen la expresión) y se difunden sus críticas, desde la izquierda o desde la derecha, a menudo fuera de contexto. “Sí”, vienen a insinuar los reportajes, “las cosas están difíciles en España, un país que apenas produce el 0,1 por ciento del petróleo que usa, y que por muchas renovables que tenga ve cómo su PIB cae en picado mientras crece la carestía de lo elemental, el malestar profundo, la probabilidad del caos. Pero recordemos –prosiguen– que Sánchez derogó la Ley Mordaza aunque su partido y sus aliados tuvieron años y años para hacerlo, o que son muchos los inmigrantes que en España viven en condiciones infrahumanas, aunque se impulsaron las renovables y el país dispuso de un superávit de fondos, ayudas y beneficios fruto de decenas de años de colonialismo directo e indirecto, tampoco logró impulsarlas lo suficiente ni modificar las infraestructuras tanto como hubiera sido necesario para garantizar la distribución de agua y alimentos por todo el país sin usar petróleo”. Etcétera, etcétera.

Por favor, no finjamos ingenuidad: esos reportajes no estarían solo contando hechos más o menos exactos, críticas más o menos asumibles; Esos reportajes, en ese momento, estarían contando algo más con lo que contaban: estarían contribuyendo a que se acepte mejor la inacción del resto del mundo.

Se dice que la izquierda, o un pedazo de ella, quiere conservar a Cuba en el museo de los iconos. No tengo ni idea de lo que la izquierda quiere hacer; Muchas personas pensamos en cambio en lo que no querríamos hacer: fabricar pretextos, precisamente ahora, para un agresor que ni siquiera los está invocando y que estará feliz de que le digan que su víctima se lo merece. También pensamos en cosas que sería bueno hacer. Intentar, antes de emitir juicios sobre el agredido, que dejen de apretar su cuello con las manos. Porque intentar es empezar a hacer.

Si hablamos de Cuba, queremos enviar una solicitud a quienes son algo más que escritores. A quienes son nuestras y nuestros representantes. A quienes tienen un poder que no es suyo, puesto que les ha sido confiado, un poder que les permite no sólo decir palabras sino proponer iniciativas, leyes, tanto en el Parlamento español como en el Parlamento Europeo, como en las Naciones Unidas y demás foros internacionales, y les permite a veces entregar –oa veces, bien lo sabe Palestina, elegir no entregar– los millones de euros de mil en mil.

Si hablamos de Cuba solicitamos a esas personas, representantes con una responsabilidad real de la que sí cabe hablar, lo siguiente: considerando que no se debe asediar una isla y estrangular la vida de once millones de personas sin que, por lo demás, haya mediado agresión alguna, convoquen una reunión de urgencia con todos aquellos líderes que también así lo estiman. Es sencillo. Se trata de organizar una flota petrolera multipolar que lleve petróleo a la isla de Cuba. Cinco, quince, veinticinco barcos petroleros con bandera blanca y la protección necesaria para evitar el ataque, el desvío, el secuestro, porque no somos ángeles.

¿Idealismo? No. Absoluto pragmatismo. Ustedes aseguran no estar de acuerdo con que un país pretende quedarse con otro porque le interesa su capital turístico y su capital simbólico, ni de acuerdo con que para conseguirlo esté cometiendo un crimen de guerra, saltándose todos los acuerdos internacionales y diseminando la crueldad, seguro de que nadie rechistará. Esa flota de paz y de petróleo sería la manera de marcar un límite internacional. Con Gaza no hubo límite. Los fantasmas de los muertos aquí siguen y cada día llegan más. Esta vez el acto es sencillo. No hacen falta bombas. Ayudaría también a Palestina y al Líbano –ya poner freno a la guerra ilegal contra Irán– el hecho de hacer saber que no se puede masacrar o asfixiar a poblaciones inocentes, y que hay capacidad de oponerse.

¿Qué haría Estados Unidos? ¿Bombardear petroleros de distintas nacionalidades con bandera blanca? Tal vez ustedes pregunten cómo van a hacer eso ahora, cuando el petróleo se está poniendo por las nubes. Precisamente ahora, un conjunto “ya está bien” que pasa de las palabras a los hechos. Ustedes, líderes con cargos que les otorgan capacidad de maniobra, no están actuando, y las personas a quienes ustedes representan emprenden actos de solidaridad y no van a dejar de hacerlo porque Cuba no está sola. La cuestión es que esas personas no pueden, no podemos, hacer llegar petróleo porque eso están ustedes, que liberan reservas y saben bien que sus declaraciones y su ayuda menor en este momento no bastan, pues no llevan barriles de diésel dentro.

Esperamos que lo hagan, que convoquen esa reunión. ¿Cómo es para ustedes notar esta espera plural sobre sus hombros? Debería quizás hacerles más grandes, más generosos, más valientes, con una grandeza, generosidad y valentía que no es suya pero que a ustedes les ha correspondido administrar. Puede que se queden tumbados al sol, pensando que algún barco de un país o dos se jugarán el tipo en soledad. Y ojalá ocurra, y qué indecencia para el resto. Sería justo, nos parece, no reparar en quién hace las cosas sino en lo que hace. Y en lo que otros no hacen. Un barco solo no hace granero, da luz, pero lo intolerable sigue. Al mismo tiempo lo que sí hace un barco es probar que la regla es falsa, la supuesta regla según la cual no vale la pena intentar nada. Tenemos derecho a esperar más de ustedes.

Mientras esperamos, les escuchamos cuestionar a Trump, calificar sus mensajes de incoherentes, sus acciones de crímenes, criticar el conglomerado que le sostiene. Y seguimos esperando. Y siguen sin actuar. ¿Recuerdan aquella frase de Cortázar: “No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”? Ustedes, líderes de las naciones, no critican a Trump: son los críticos, los ofrecidos para la política que él está ejecutando con su venia. 

“Tenemos que vivir, no importa cuantos cielos se hayan derrumbado”, escribió DH Lawrence, y es cierto, tenemos que vivir. Y viviremos, y sabremos que hay algo que hacer, y seguiremos combatiendo como podemos un acto criminal que está siendo ejecutado sobre una vez millones de personas inocentes. Pero a nuestros representantes políticos les decimos: sí importa cuántos cielos se hayan derrumbado. Y cuando decimos “cielos” no estamos hablando de iconos, hablamos de aquello que, sobre nuestras cabezas, nos recuerda que nadie nace para someterse al chantaje ya la destrucción sin freno. Si de verdad fueran políticos, deberían intentar impedir un crimen de devastación masiva, porque intentar es empezar a hacer, y no intentar es convenir, ser cómplices.

https://ctxt.es/es/20260401/Firmas/52729/cuba-elias-canetti-belen-gopegui-flota-petroleo.htm

miércoles, 1 de abril de 2026

Qué quieren los que no quieren “reformas” en Cuba

 Milena Recio

El debate político cubano no tiene suficientes espacios formales de realización y transcurre por vericuetos a veces muy intrincados y viciados, como el de las redes sociales o los panfletos de uno u otro signo. Suele ser, además, un deporte de riesgo para quienes se atreven a pronunciar ideas incómodas en público (de uno u otro signo). 

OnCuba ha cumplido este mes 14 años. Desde que nació, uno de sus propósitos ha sido, precisamente, el de informar e intentar incidir, desde los diversos puntos de vista de nuestros columnistas y periodistas, en el curso de un proceso de reformas económicas y políticas que parecía irrevocable desde 2007. 

Ese año Raúl Castro pronunció aquel discurso en Camagüey donde dejó claro que “para tener más, hay que partir de producir más y con sentido de racionalidad y eficiencia” y que “para lograr este objetivo habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios”. Se trata del famoso discurso del “vaso de leche” —que, por cierto, fue eliminado en las transcripciones publicadas luego. Meses después también reconoció “el exceso de prohibiciones” en Cuba. 

Ese proceso, abierto por aquellas fechas, tuvo su culmen en 2011 con los Lineamientos de la Política Económica y Social. Le siguió la Conceptualización del Modelo Económico y Social y, más recientemente, el Plan Nacional de Desarrollo hasta 2030

En septiembre de 2010, el periodista Jeffrey Goldberg narró que Fidel Castro, al ser interrogado sobre Cuba como “exportadora de revoluciones”, respondió que “el modelo ya no funciona ni para nosotros”. 

Diez años antes, un 1ro de mayo, desde la Plaza y en ejercicio de todas sus funciones, había dejado plantada esta frase: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Una especie de mantra que se invoca y se traiciona con la misma frecuencia.  

Un amigo me recordaba hace unos días un discurso de Miguel Díaz-Canel de julio de 2020 al aprobarse otro plan, de los tantos: la “Estrategia económico-social para el impulso de la economía y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la covid-19”. Allí dijo: “El peor riesgo [de la implementación] estaría en no cambiar, en no transformar y en perder la confianza y el apoyo popular”.  

Llevamos 20 años oyendo hablar de cambios desde las instancias de poder en Cuba. Sin embargo, una parte creciente, quizás mayoritaria ya, de los cubanos —dentro y fuera de la isla— atribuye la crisis actual al “inmovilismo” del Gobierno, que ha dejado pasar años sin tomar decisiones recomendadas y consensuadas en múltiples sectores, no solo en la economía. 

Dilapidar el tiempo, la voluntad de resistencia de la gente y las oportunidades de regeneración, en combinación letal con las sanciones incrementadas de EE.UU. sobre la isla, nos ha traído hasta esta orilla. 

En ese contexto, y mientras la vida de la gente empeora hasta niveles críticos, y al mismo tiempo menguan las posibilidades del país para sostener su soberanía, periódicamente se levantan las armas de quienes dicen apoyar ese mismo poder, para atacar a quienes proponen o exigen —depende del tono— cambios en el modelo económico y político de la isla. 

Los “superrevolucionarios”

Los identifico como una suerte de “superrevolucionarios”, más papistas que el Papa, aunque hay que reconocer que han perdido mucha visibilidad e impacto en la sociedad actual —después de haber hecho tanto daño con acusaciones infundadas y prontuarios parapoliciales de los que disponían—. La vida los va poniendo en su lugar. 

Hoy representan más claramente que nunca a los sectarismos tradicionales y extinguidos en otras épocas. Y, como entonces, es de suponer que no son lobos solitarios aullando en la madrugada, sino voces emergentes de sectores de poder palaciego. Con todo lo que ello implica.

Si la petición de cambio de modelo o de “reformas” —palabra anatemizada— se promueve desde un espacio alternativo o crítico al Gobierno, se le califica instantáneamente de propaganda liberal, promoción del capitalismo; del “capitalismo de desastre”, doctrina del shock, anexionismo, entre otras lindeces. 

Pero, al mismo tiempo, cuesta encontrar en sus enunciados propuestas concretas para “cambiar lo que tiene que ser cambiado”. Por eso me he preguntado muchas veces, ¿qué es exactamente lo que quieren los que no quieren reformas en Cuba?

El bloqueo, sí

Tomemos sus premisas en serio, porque algunas son ciertas y merecen ser expresadas claramente.

El bloqueo no es un dato de contexto que se deba mencionar para aparentar rigor y se pueda descartar con un “pero”. Es una variable estructural dominante en la economía cubana desde hace más de seis décadas, aunque su impacto mayor se desató en los 90 cuando Cuba se quedó sin aliados y con una economía absolutamente dependiente del petróleo soviético. Otra vez, el petróleo.

Cualquier análisis que reduzca el bloqueo a telón de fondo mientras eleva las “políticas erráticas del Gobierno” a causa principal está haciendo una operación política, no analítica. Dar fe del bloqueo solo cuando conviene no es rigor, sino retórica.

Ahora bien, hagamos notar que todos los planes y estrategias elaborados desde principios de la presidencia de Raúl Castro hasta esta fecha se pensaron teniendo en cuenta que el bloqueo existía y denunciándolo. En todos los casos se fijaba la vista en un horizonte de transformación posible, a pesar del bloqueo; y hasta se podría decir que gracias a él, en la medida en que incentivaría soluciones que en otro contexto no se hubieran contemplado. 

En este sentido, recurrir constantemente al argumento de que el bloqueo de EE. UU. es la causa principal de la crisis actual, que ha impedido el despegue, sobre todo después de la pandemia, soslaya interesadamente que el propósito debía ser, precisamente, remontar la crisis haciendo que el bloqueo fuera lo más irrelevante posible para la economía y la vida social cubana. 

Este ha sido un objetivo ampliamente incumplido y un razonamiento constantemente obliterado. Como escribí en una ocasión, hace diez años, “el bloqueo es una política unilateral, cuya solución es bilateral”. 

También es cierto que Cuba ya demostró capacidad de sobrevivencia sin apoyos externos masivos, al menos durante un tiempo. Los años más duros del Período Especial fueron devastadores, y el país consiguió remontarlos con reformas como la despenalización del dólar y la consiguiente implantación de un mercado cambiario, el desarrollo del turismo, la entrega de tierras en usufructo, la implementación de mercados agropecuarios de libre formación de precios, la promoción de la inversión extranjera, entre otras. Todo eso antes de que el petróleo venezolano entrara en la ecuación, con el bloqueo activo y las amenazas incrementadas. (La ley Helms-Burton se firmó en 1996). 

Después de la caída estrepitosa de más del 30 % del PIB entre 1990 y 1993, en 1994 la economía cubana creció al 0,6 % y siguió haciéndolo en los años posteriores: 2,5 % en 1995 y 7,8 % en 1996. Pretender borrar ese capítulo de la historia para construir un relato de dependencia estructural perpetua es, efectivamente, amputar intencionadamente la memoria. Pero también hay que decir que ya no estamos en los 90 y no es posible hacer encajes entre una y otra época.

El mercado, también

Nadie duda de que las reformas orientadas hacia el mercado, tal como promovían los propios Lineamientos de 2011, no son ideológicamente neutras. Y tampoco son fuente de igualdad per se, si no son reguladas por un Estado que ejerza sus funciones redistributivas. 

La apertura al mercado generalmente beneficia más a quienes tienen de una situación de partida privilegiada, ya sea porque tienen capital, acceso a divisas, redes comerciales, información privilegiada o know how. O todo a la vez.

El sector privado más dinámico de Cuba hoy no es una clase media dispersa y emprendedora con un estilo naïf. Aunque no tengo datos precisos, me atrevo a asegurar que es un grupo relativamente concentrado con barreras de entrada altas. Esto hay que decirlo. 

La oposición al mercado es una alternativa más de posicionamiento dentro de muchas posibles. Y es sano para el país tener intelectuales y políticos, artistas y personas influyentes dedicadas a prever y señalar tendencias que dejen fuera de los beneficios a las mayorías o que comprometan la seguridad, la integridad y la soberanía del país, por ejemplo, mediante una hipotética privatización masiva de activos.  

Lo que ocurre es que en Cuba, algunos de estos “superrevolucionarios” eligen, sistemáticamente, exonerar a los “líderes” y apuntar solo a quienes no tienen responsabilidades en la toma de decisiones para quedarse flotando en la nata de la impugnación meramente ideológica. 

A veces estos lances son pura ordinariez en posts de Facebook utilizando ensartes de adjetivos, acusaciones, relatos parciales, suposiciones y sofismas de todos los colores. Otras vienen envueltas en un lenguaje analítico, con referencias cultas y listas bibliográficas. 

La pregunta sigue en pie: ¿qué quieren?

Denunciar que el “capitalismo de desastre” funciona aprovechando las crisis no responde qué hace Cuba mientras la crisis ocurre. 

Demostrar que el sector privado emergente tiene intereses propios no resuelve la crisis energética estructural ni borra el hecho de que los apagones ya eran insoportables para la población y para la economía, mucho antes del 3 de enero. 

Recordar el Período Especial de los 90 como prueba de resiliencia cubana es justo y necesario, pero ese período también costó una emigración masiva, una década de empobrecimiento severo y transformaciones que el propio Gobierno cubano tuvo que hacer y que en su momento fueron igualmente cuestionadas como “concesiones al capitalismo”.

La posición que dice “no así, no para ellos, no bajo estas condiciones” puede ser absolutamente correcta en su diagnóstico y al mismo tiempo absolutamente insuficiente como respuesta. ¿Cuáles son las opciones?

Esperar un cambio de contexto geopolítico. Esta es la más pasiva de todas las variantes. Esperar que cambie la Administración estadounidense, o que por lo menos se debilite después de las elecciones de medio término en noviembre; que Venezuela se estabilice y retome sus envíos o que otro aliado externo asuma el rol de suministrador de combustibles. La apuesta no es descabellada, pero ignora o desprecia el factor tiempo. 

Mientras se espera la conformación de un tablero propicio, totalmente incontrolado e incontrolable, el tejido social cubano se sigue deteriorando, la emigración, que ha sido una verdadera sangría, no se detiene y las condiciones materiales de la población empeoran de formas que pueden ser difícilmente reversibles. Cuba no puede congelar la realidad mientras aguarda que el mundo cambie a su favor. Eso no va a pasar.

La resistencia como valor en sí mismo. Pretenden sostener el modelo aunque cueste, porque cualquier concesión al mercado es el primer paso hacia la disolución socialista, como supuestamente demostró la experiencia soviética. Confundir forma con contenido impide distinguir entre las reformas que preservan lo público y las que lo destruyen. 

Por cierto, muchas de esas formas de gestión de lo público que supuestamente caracterizan el socialismo han sido desmontadas ya, y en muchos casos sin debate público ni decisión colectiva. De otra parte, está el grandísimo problema de pedir resistencia a los de abajo, sumando privilegios desde arriba. Como he dicho en otras ocasiones, y sostengo, la única oferta para el pueblo cubano no puede ser el ejemplo de Numancia. 

La tercera posición, si la reconocieran honestamente, sería hasta plausible: se trataría de asumir que no encuentran una alternativa estructurada. Pero esto requeriría la disidencia abierta y honesta a las políticas continuistas e inmovilistas que el Gobierno mantiene. Requeriría también que se pongan encima de la mesa dudas de hacia dónde dirigir la brújula, dado que se perciben las soluciones que se proponen como peores que el problema que pretenden resolver. Eso puede estar ocurriendo. 

El problema es que decir “esto no” sin agregar “esto sí” no es un programa político, es solo una postura. Y en una crisis de esta magnitud, como la que vive Cuba, cuando está todo en juego, las posturas no alimentan ni sanan a nadie, ni hacen llegar electricidad a las industrias y a las viviendas. Se necesita actuar y tomar riesgos.

El binarismo

Hay una acusación que esta tendencia lanza contra quienes proponen reformas: dicen que los otros razonan en binario, que reducen el debate a “cambiar o hundirse”, “reformas o bombas”. La acusación puede ser justa en muchos casos, pero no en todos los casos. Hay textos que construyen esa dicotomía deliberadamente como mecanismo de presión política. Pero otros, no. Lo que necesita un analista honesto es seguir la ruta del pensamiento de un autor, de una publicación, y no fantasear con frases escogidas y sacadas de contexto. Es lo mínimo que se le pide.

Vale la pena preguntarse si el binarismo se manifiesta solo de un lado. Porque la respuesta “reforma capitalista o integridad del proyecto revolucionario” también es binaria. Y tiene el problema adicional de que el segundo término —la integridad del proyecto— describe algo que Cuba lleva décadas construyendo, perdiendo y reconstruyendo de formas que no siempre se reconocen en público. Seamos sinceros, ¿cuánto de socialista le queda al socialismo cubano? Es más, ¿cuánta soberanía nos queda?

La economía cubana de hoy no es una economía socialista clásica, sino fragmentada, con un sector estatal degradado, un mercado informal que hace tiempo fija los precios reales sin control en un ambiente inflacionario y un sector privado que ya existe, ya concentra poder y ya toma decisiones que afectan al conjunto de la sociedad. ¡Y de qué manera! Preguntemos en cada barrio dónde se compra la comida del día a día.

A riesgo de equivocarse

¿Qué quieren entonces los que no quieren reformas en Cuba? Detrás de la falta de propuestas puede estar el miedo a que lo que viene sea peor que lo que hay. La memoria de transiciones que terminaron en desastre lo justifica; la desconfianza ante quienes hacen de la crisis una oportunidad de negocios, también. Ese miedo es comprensible, pero no alcanza para evadir la responsabilidad de ofrecer un proyecto. Detrás de esa ausencia suele haber sobre todo oportunismo político y rigidez intelectual.

Cuba no puede darse el lujo de un debate donde se sepa muy bien lo que rechaza —de manera intransigente— y no sepa todavía lo que se debe proponer. Mucho menos si esa negación proviene de sectores que siguen encontrando espacios de privilegio, simbólicos o materiales. 

No se puede construir un país sobre la negativa. Se necesitan soluciones, creatividad política, valentía para nombrar los problemas por su nombre y actuar aunque sea bajo el riesgo de equivocarse. Lo cual, para Cuba hoy, no es el mayor de los riesgos.

https://oncubanews.com/opinion/columnas/abalorios/que-quieren-los-que-no-quieren-reformas-en-cuba/?

martes, 31 de marzo de 2026

Comienza descarga de petrolero ruso que trajo a Cuba 100 mil toneladas de crudo

 

Sputnik. La Habana. El petrolero ruso Anatoly Kolodkin, que trajo a Cuba 100 mil toneladas de crudo, comenzó este martes a descargar el crudo enviado por Moscú como ayuda humanitaria para encarar la crisis energética en la isla, confirmaron a la Agencia Sputnik fuentes diplomáticas.

"Ya están descargando, correcto", confirmó Vadim Moiseev, encargado de prensa de la embajada de Rusia en Cuba, a una consulta de esta agencia sobre la descarga del buque cisterna, que atracó en el puerto de Matanzas en horas de la mañana. 

La representación diplomática rusa compartió en su canal en Telegram y en su cuenta en X imágenes del tanquero ruso en sus labores de descarga de petróleo. Más temprano este martes, el ministro cubano de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, agradeció la ayuda humanitaria enviada por Rusia para encarar la crisis energética que sufre la isla, tras el arribo del buque Kolodkin. 

A su vez, el embajador de Rusia en Cuba, Víctor Koronelli, adelantó este lunes que la llegada de este petrolero muestra la disposición de Moscú a brindar a la isla "todo el apoyo posible, frente a la presión y las amenazas sin precedente de Estados Unidos".

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/03/31/mundo/comienza-descarga-de-petrolero-ruso-que-trajo-a-cuba-100-mil-toneladas-de-crudo

lunes, 30 de marzo de 2026

Petrolero ruso con ayuda humanitaria llega a Cuba


RT: El petrolero ruso Anatoli Kolodkin llegó a Cuba y se encuentra actualmente a la espera de ser descargado en el puerto de Matanzas, informa el Ministerio de Transporte de Rusia.

El buque transporta unas 100.000 toneladas de petróleo de ayuda humanitaria. El petrolero navega bajo bandera rusa y sin escolta militar. Fue escoltado por un buque de guerra de la Armada rusa a través del canal de la Mancha, pero tras entrar en el Atlántico el petrolero continuó su viaje por su cuenta.

Es el primer petrolero en llegar a Cuba en tres meses, después de que Estados Unidos obligara a Venezuela y México a cortar el suministro de energía a la isla. Cuba no ha recibido ningún suministro de petróleo desde el 9 de enero, lo que ha provocado una crisis energética. México realizó el último envío, pero posteriormente interrumpió el suministro debido a la presión de Washington.

Previamente, el presidente de EE.UU., Donald Trump, aseguró que no tiene objeción a que países, incluida Rusia, suministren petróleo a Cuba. "No nos importa dejar que alguien reciba un cargamento porque lo necesita. Tienen que sobrevivir", dijo a la prensa. "Si un país quiere enviar petróleo a Cuba ahora mismo, no tengo ningún problema, sea Rusia o no", agregó. "Preferiría dejarlo entrar, ya sea de Rusia o de cualquier otro país, porque la gente necesita calefacción, refrigeración y todas las demás cosas", reiteró.

"Solidaridad inquebrantable"

El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, aseguró la semana pasada que su país está preocupado por la escalada de la tensión en torno a Cuba y se mantendrá solidario con el Gobierno de la isla caribeña.

Al mismo tiempo, el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, reafirmó el 19 de marzo el respaldo de Moscú a La Habana y reveló que las autoridades rusas están debatiendo como ayudar al país caribeño. "Estamos en diálogo permanente con la dirección de Cuba y, por supuesto, estamos debatiendo cómo ayudar a la isla en una situación tan difícil", declaró.

En declaraciones previas este martes, el vocero también afirmó que Rusia está dispuesta a brindar "toda la ayuda posible" a la nación caribeña. "Todas estas cuestiones se están tratando con nuestros homólogos cubanos", detalló.

Además, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia manifestó su "seria preocupación" por la escalada de tensiones en torno a Cuba y reiteró su apoyo al Gobierno y al "pueblo hermano" de la isla frente al bloqueo y las presiones de Washington. Moscú reafirmó la "solidaridad inquebrantable" con la nación caribeña, que enfrenta "desafíos sin precedentes" derivados directamente del prolongado embargo comercial, económico, financiero y, más recientemente, energético de Estados Unidos.