viernes, 20 de marzo de 2026

Pablo Iglesias, Gerardo Pisarello y Javier Sánchez Serna viajan a Cuba para entregar 20 toneladas de ayuda humanitaria

El País (España):

El exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias viaja este fin de semana a Cuba para participar en la entrega de 20 toneladas de productos de higiene, medicamentos y alimentos en el marco de la iniciativa Nuestra América, Convoy a Cuba, en la que también participan el coportavoz de los Comunes Gerardo Pisarello, el diputado de Podemos Javier Sánchez Serna y otros líderes políticos de izquierdas y activistas de todo el mundo para tratar de ayudar a la isla tras el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos y ante la escasez de hidrocarburos. 

Con esta expedición, la iniciativa prevé llevar a la isla más de 20 toneladas de productos de higiene, medicamentos y alimentos mediante barcos por el Caribe y vuelos de carga procedentes de diversos puntos del mundo, como España, México, Estados Unidos, Argentina, Reino Unido o Francia, entre otros. Según han recogido los organizadores en su web, todos los participantes se encontrarán en el Malecón de la capital cubana, donde el convoy convergerá el 21 de marzo “en un acto de solidaridad con el pueblo cubano”.


“En unas horas tomaré un vuelo con destino a La Habana”, anunció Sánchez Serna este jueves en su perfil en X. “En este contexto del bloqueo criminal de Trump contra Cuba, me uno a la flotilla solidaria que va a entregar 20 toneladas de ayuda humanitaria a Cuba. No lo haré solo, por supuesto, me acompañan amigos queridos como Pablo Iglesias, como Gerardo Pisarello o la secretaria internacional de Podemos, María Teresa Pérez, lo hacemos porque no podemos dejar sola a Cuba”, añade el diputado de la formación morada.


“Dejar que Washington pueda machacar, asfixiar a los países que quiera solo va a dejar un mundo mucho peor y, a medio plazo, va a socavar nuestra propia soberanía. España y Cuba tienen profundos lazos humanos, culturales y económicos, y nosotros tenemos que defenderlos también frente a Trump”, apunta Sánchez Serna en su publicación antes de pedir al Gobierno que denuncie el “bloqueo criminal de Trump contra la isla”. 


Durante estos días ya han llegado algunos participantes de este convoy internacional. En uno de los primeros grupos en llegar se encuentra la exministra de Trabajo colombiana Clara López, candidata en las elecciones presidenciales de 2026. López declaró a la televisión cubana que la delegación que la acompaña viene a expresar su “solidaridad total” con Cuba y es portadora de una tonelada de alimentos, medicinas y materiales “como símbolo”. “Sabemos que es totalmente insuficiente, pero también venimos con propuestas porque hay que romper ese bloqueo. Hay que regresar al multilateralismo y a lo que ordena la carta de Naciones Unidas. No puede haber sanciones unilaterales como las que ha sufrido el pueblo cubano durante más de sesenta años”, añadió.


La iniciativa Nuestra América, Convoy a Cuba fue presentada este miércoles por el que fuera líder laborista Jeremy Corbyn, la exministra colombiana Clara López y el exvicepresidente español Pablo Iglesias, entre otros políticos y líderes de izquierdas. En la presentación en Barcelona, Gerardo Pisarello reivindicó los “profundos vínculos de hermandad entre Barcelona y Cuba”. “No podemos darle la espalda a un pueblo digno y hermano que hoy sufre un asedio injustificable” en referencia a las nuevas restricciones energéticas y las amenazas de intervención por parte de Estados Unidos, que agravan “una situación insostenible y vulneran”, alertó.


https://elpais.com/espana/2026-03-20/pablo-iglesias-gerardo-pisarello-y-javier-sanchez-serna-viajan-a-cuba-para-entregar-20-toneladas-de-ayuda-humanitaria.html

Fallece el fotógrafo Julio Simoneau, figura clave del cine cubano

Prensa Latina: La Habana. La familia del cine cubano despide hoy al reconocido director de fotografía Julio Simoneau Martínez, quien falleció la víspera a la edad de 91 años, víctima de un infarto cardiaco.

El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) transmitió las condolencias a su hija Vilma, y a todos sus familiares y amigos, en nota publicada en su página de la red Facebook.

"Despedimos a un hombre leyenda, cámara en ristre por su intensa y múltiple vida", destacó el texto.

Nacido en 1935, cursó la Licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de La Habana y también estudió radio y televisión, medios para los cuales trabajó como productor, director y editor en programas.

Desde 1951 filmó cortos comerciales y espectáculos deportivos para una agencia de publicidad, también fue camarógrafo y editor del noticiero Cine Revista hasta 1959.

En 1960 se integró al Icaic como camarógrafo de su Noticiero Laatinoamericano. En 1961 comenzó a trabajar en el Departamento de Documentales y, en ese mismo año, fue promovido a Director de Fotografía.

Entre los documentales en que trabajó se encuentran: "Y me hice maestro", "Muerte al invasor", "Escambray", "Adelante", todos realizados en 1961.

A partir de ese momento realizó los audiovisuales Ciclón, El ring, Los Meme, Caminos del saber, Los Bucaneros, David (LM), Orquesta Cubana de Música Moderna, Celeste Mendoza, Al sur de Mandadero, Diques de Vietnam, entre otros.

También trabajó como operador y director de fotografía indistintamente en los filmes Vampiros en La Habana, En días como estos, El robo, Asalto al tren central, La primera carga al machete, Páginas del diario de José Martí, "Ojos de perro", "Baraguá" y "El último salario".

miércoles, 18 de marzo de 2026

Cuba en la encrucijada de un multilateralimo hipócrita

El síntoma del amo es precisamente no querer saber nada de lo que sostiene su poder.
Jacques Lacan

Por Josué Veloz Serrade

El asedio perfecto: cuando la asfixia es la política

La actual crisis energética que atraviesa Cuba no es un accidente de la naturaleza ni una mera falla de infraestructura. Es el punto álgido de un asedio geopolítico diseñado con precisión quirúrgica a lo largo de seis décadas. Lo que hoy vive la isla es la convergencia letal de la guerra económica tradicional — el bloqueo — y un nuevo contexto internacional donde los actores que deberían equilibrar la balanza han optado por lo que podríamos denominar una geopolítica de mínimos.

Cuba no solo enfrenta la hostilidad del imperio, sino el abandono silencioso de aquellos que, en teoría, debieran disputar el orden unipolar.

Pero antes de analizar las coordenadas geopolíticas, es necesario interrogar el mapa psíquico que subyace a esta situación. Porque lo que ocurre con Cuba no es solo un problema de correlación de fuerzas; es también un problema de deseo, de fantasma político, de aquello que Freud llamó Verneinung, la negación como forma de reconocimiento encubierto. Los que abandonan a Cuba la niegan, pero al negarla, la confirman, y sobre todo confirman lo que niegan de sí mismos. El bloqueo existe porque Cuba aún interpela, sigue siendo un síntoma incómodo dentro del sistema capitalista global. Si Cuba no representara ninguna amenaza real, bastaría con ignorarla. El hecho de que haya que destruirla demuestra que su mera existencia sigue siendo intolerable para el orden del Amo.

La pregunta que sobrevuela este texto puede enojar a más de uno, pero es necesaria: ¿qué queda de la solidaridad internacional cuando los gestos simbólicos reemplazan a las acciones concretas? ¿Qué significa realmente apoyar a Cuba cuando el cerco se estrecha y la asfixia se vuelve material? Y sobre todo: ¿qué dice del conjunto de fuerzas geopolíticas que declaran querer otro mundo, el hecho de que sean capaces de mirar ese ahogamiento sin mover una mano?
El abandono no declarado de los socios estratégicos

En estos días de tensiones mundiales se desempolva también la teoría de las relaciones internacionales, en la que se aborda el realismo periférico que describe la tendencia de los Estados a priorizar sus intereses inmediatos — comercio, estabilidad fronteriza, no incomodar al hegemón — sobre alianzas ideológicas o históricas cuando la presión del imperio aumenta. Pero el realismo periférico no alcanza para explicar del todo la conducta actual de Rusia y China frente a Cuba. Aquí opera algo más profundo. Opera la renuncia al deseo propio como condición para sobrevivir en el sistema que, supuestamente, desean transformar.

Lacan distingue entre la demanda y el deseo. La demanda es lo que se pide explícitamente; el deseo es lo que subyace y que a menudo no puede articularse sin costo. Rusia y China demandan, en sus discursos, un mundo multipolar, el fin de la unipolaridad, el respeto a la soberanía. Pero su deseo, revelado por sus actos y no por sus palabras, es la integración progresiva en las reglas del mismo sistema que dicen impugnar.

Por amargo que resulte escucharlo, al abandonar a Cuba, no están siendo simplemente pragmáticos, están confesando que su horizonte real no es la transformación del orden mundial, sino la negociación de un lugar más cómodo dentro de él.

Atrapados en sus propios conflictos de desgaste — Ucrania para Rusia, Taiwán y el mar de China Meridional para Pekín — , ambas potencias han consolidado una postura defensiva. Su apoyo a Cuba se ha reducido al discurso en los foros multilaterales y a la provisión de determinados recursos, sin desafiar estructuralmente el bloqueo. No envían el petróleo necesario, no habilitan líneas de crédito que esquiven las sanciones secundarias, no escoltan con sus buques los suministros hacia la isla. Si se les preguntara por qué, la respuesta quizás sería la misma del gran conformista: el momento no es oportuno, los costos son demasiado altos, hay que ser realistas.

Pero el realismo, en este contexto, es otra forma de avanzar hacia una capitulación anticipada. Quizás en su fuero interno creen que están abandonando a los que pueden caer primero, no a los que caerán últimos, que podrían ser ellos mismos. Han encontrado su límite histórico y, en lugar de empujarlo y quebrarlo, lo han normalizado. Al hacerlo, cometen un error de cálculo estratégico que la historia ya ha castigado antes. Cada vez que una potencia permite que el orden hegemónico destruya a un eslabón sin costo, ese orden sale fortalecido y se acerca un paso más al sometimiento de los que creyeron estar a salvo. Al permitir que un proyecto soberano sea destruido por el imperio sin consecuencias, envían un mensaje a sus propias poblaciones y a otros actores secundarios: la solidaridad es un lujo que no podemos permitirnos; cuando llegue tu turno, estarás solo.
América Latina y el Caribe: la diplomacia de los abrazos vacíos

La postura de Brasil y Colombia es, quizás, la más paradigmática de la bancarrota contemporánea del progresismo. Lula da Silva y Gustavo Petro, dos líderes que deben su capital político a la narrativa de la transformación social y la soberanía regional, han optado por lo que podríamos llamar una especie de simbolismo de bajo costo con declaraciones de apoyo moral, llamados al diálogo, presencia discursiva en los foros internacionales. Pero mientras las palabras circulan, las condiciones estructurales de asfixia — el bloqueo, las listas de países patrocinadores del terrorismo, las sanciones financieras — permanecen intactas.

Todo transcurre como si operara una especie de identificación con el agresor, como un mecanismo por el cual el sujeto sometido a una fuerza superior asimila, inconscientemente, los valores y las lógicas de ese poder para sobrevivir. No se trata de una traición consciente sino de una adaptación que, con el tiempo, se vuelve constitutiva de la propia identidad. Algo de eso ocurre con ciertos gobiernos progresistas latinoamericanos, han incorporado tanto la lógica del campo de juego imperial — sus instituciones, sus mercados, sus reglas — que ya no pueden imaginar una acción política que rompa con ese campo, aunque en el discurso la proclamen necesaria.

Brasil y Colombia olvidan que si fueran hoy una verdadera retaguardia estratégica no sería un favor el que le harían a Cuba, sería una necesidad propia. Si Estados Unidos sigue inclinando la balanza a su favor en la región — como lo hace con su política de sanciones, su dominio del FMI, su control de la OEA y su influencia sobre las derechas locales — , ¿con quién contarán Lula y Petro cuando la marea reaccionaria los golpee a ellos? Habrán quemado, con su prudencia, la retaguardia que desesperadamente necesitarán. En días recientes Lula afirmó que podrían ser invadidos «cualquier día»; podríamos contestarle: «Y mientras más sólo te quedes, más posibilidades reales hay de que eso ocurra».

El caso de Venezuela es el más doloroso porque representa la mutilación de un proyecto que alguna vez fue el pilar de la solidaridad regional. Hoy, Venezuela está de facto sometida a las decisiones geopolíticas de los Estados Unidos.

El régimen de sanciones extrema, el secuestro de Maduro y Cilia Flores, han logrado su objetivo: condicionar al Estado venezolano, obligarlo a negociar en condiciones de inferioridad y reducir su capacidad de proyección internacional. Venezuela ya no puede ayudar a Cuba porque apenas puede ayudarse a sí misma. Si el imperio pudo con Venezuela, con las reservas de petróleo más grandes del mundo, ¿qué esperanza tiene un país más pequeño sin ese recurso? Pero los gobiernos de la región no extraen la conclusión correcta. En lugar de unirse para romper el cerco, se dispersan, negocian por separado, y caen uno tras otro.

Algunos de los países pequeños que recibieron solidaridad cubana — médicos en sus aldeas, maestros en sus escuelas, brigadas en medio de sus catástrofes — aprietan hoy la nariz y dan la espalda. En relaciones internacionales, es lo que se denomina bandwagoning: la tendencia de los actores débiles a alinearse con el más fuerte cuando perciben que el benefactor histórico está en retirada. Es una lógica cruel pero predecible.

Lo que no entienden es que su supervivencia a largo plazo no depende de complacer al Amo, sino de la existencia de un ecosistema regional soberano. Al dar la espalda a Cuba, están contribuyendo a desmantelar el único tejido de solidaridad que podría protegerlos cuando ellos sean los siguientes en la lista. Es la lógica del «yo me salvo» que conduce inevitablemente al «todos nos hundimos». Todo el que elige salvarse a sí mismo termina aislado y luego sometido. Al final, igual le espera la muerte, pero una muerte solitaria, sin la dignidad de haber luchado junto a los demás.

El mito de la autosuficiencia es una trampa discursiva

Frente a ese panorama, la objeción liberal, y a veces incluso la de cierta izquierda, suena previsible: ¿por qué apelar a otros? ¿Acaso Cuba no debería valerse por sí misma? Esa pregunta merece ser demolida con rigor, porque opera como una trampa retórica que naturaliza la violencia del bloqueo y culpabiliza a la víctima.

La autarquía es un mito en el sistema mundial contemporáneo. Ningún país es una isla, ni siquiera las islas. Estados Unidos no se vale por sí mismo, depende de una red global de bases militares, del dólar como moneda de reserva impuesta al mundo mediante los acuerdos de Bretton Woods y la presión de sus portaaviones, y de cadenas de suministro que explota sistemáticamente. China no se vale por sí misma, depende de materias primas africanas y latinoamericanas y de mercados globales para su sobreproducción industrial. Rusia no se vale por sí misma, su poderío energético es nulo sin los gasoductos y sin compradores dispuestos a pagar su tecnología militar.

La dependencia no es la excepción en el sistema internacional, es una regla estructural. Lo que varía es el tipo de dependencia y el margen de autonomía que se puede construir dentro de ella. Un país como Luxemburgo disfruta de altos estándares de vida porque está incrustado en el corazón del bloque imperial. Un país como Cuba tiene que sobrevivir a pesar de estar bloqueado por el imperialismo. La pregunta correcta, entonces, no es por qué Cuba no es autosuficiente, sino por qué se le exige a Cuba un nivel de autosuficiencia que no se le exige a nadie más. Esa exigencia asimétrica no es inocente, es una trampa discursiva y cobarde que coloca a la isla en una posición ontológicamente imposible, para luego presentar su imposibilidad como evidencia de su fracaso.

Se le impone a Cuba una especie de doble vínculo, se somete al sujeto una condición que no puede cumplir, y se le culpa del incumplimiento. El neurótico producido por el doble vínculo no puede escapar porque la trampa está inscrita en el lenguaje mismo con el que se le habla. Cuba está atrapada en ese lenguaje: si resiste, es una dictadura que hace sufrir a su pueblo; si negocia, está cediendo al chantaje imperial; si pide ayuda, es un Estado fallido que no puede sostenerse solo. No hay salida dentro del discurso del Amo, porque el discurso del Amo no está diseñado para tener una salida, sino para atrapar.

La metodología del imperio: negociar, ahogar, culpar

Lo que hemos descrito no ocurre en el vacío. Responde a una metodología del imperialismo estadounidense en sus negociaciones con actores soberanos que se niegan a capitular. El libreto histórico es invariable y ha sido ejecutado con mínimas variaciones.

Primero, la mesa del diálogo como trampa. Se sientan a negociar no para llegar a acuerdos, sino para ganar tiempo. Mientras la contraparte deposita esperanzas en la vía diplomática — mientras el sujeto cree que el Otro es susceptible de ser convencido — , el imperio continúa aplicando sanciones, fortaleciendo a la oposición interna, preparando el terreno. Es el gesto que Lacan identificaría como perverso, la promesa que estructura el vínculo solo para perpetuar la dependencia.

Segundo, la exigencia de concesiones unilaterales. El imperio nunca negocia de buena fe; negocia desde la posición de fuerza absoluta. Exige que la otra parte ceda primero, que demuestre voluntad de cambio, que desmonte sus estructuras defensivas como gesto de buena voluntad. Cada concesión que hace la parte débil es interpretada como signo de debilidad ulterior y se responde con más presión. El mecanismo es siniestro en su lógica: cuanto más se cede, más se debe ceder. La negociación se convierte en un proceso de vaciamiento progresivo de la soberanía.

Tercero, si no obtienen lo que quieren, invaden o destruyen. Cuando el diálogo no produce la rendición completa, pasan a la siguiente fase: invasión directa — Panamá, Granada, Irak — , golpe de Estado — Honduras, 2009; Bolivia, 2019 — , guerra de baja intensidad — Nicaragua en los ochenta — , o destrucción económica sistemática — Cuba, Venezuela, Irán — . La diplomacia es solo la antesala de la agresión.

Quienes, con buena fe, instan a Cuba a negociar con Washington ignoran esa estructura. Cuba no es empujada a la mesa para dialogar; es empujada a la mesa para rendirse en las condiciones más desfavorables posibles.
La crisis humanitaria como arma de guerra

La ayuda humanitaria que llega a Cuba hoy — los envíos de alimentos, medicinas, generadores — es vital para aliviar el sufrimiento inmediato. Pero en términos políticos, funciona como un paliativo que corre el riesgo de despolitizar la crisis. Es el respirador que se le pone a un paciente en coma: mantiene al enfermo con vida, pero no repara la lesión que lo llevó al coma. El paciente necesita una operación estructural, no la perpetuación de la emergencia.

El bloqueo no es una sanción, es un mecanismo de desgaste diseñado para provocar una implosión desde adentro. Ofrecer ayuda humanitaria, por más valiosa que sea, sin romper el cerco financiero y energético es como bombear agua de un barco que sigue teniendo un boquete abierto por el ataque enemigo.

El boquete es permanente; y el bombeo, agotador. El objetivo estratégico del bloqueo — lo que en la terminología militar se llama guerra de cuarta generación o cambio de régimen por asfixia — es negar al Estado la capacidad de satisfacer las necesidades básicas de su población, para que sea la propia población la que termine desbordando a su gobierno. No hay nada de accidental en esa estrategia: es deliberada, está documentada y ha sido aplicada con distintos grados de intensidad durante más de seis décadas.

El apagón no es solo ausencia de luz, es una pedagogía del miedo, una lección que el Amo imparte día tras día. Cada hora sin electricidad, cada fila para conseguir alimentos, cada médico que no tiene insumos es un recordatorio de lo que cuesta resistir. Es el goce del poder en su forma más cruel, no el goce de destruir al enemigo de un golpe, sino el goce de verlo degradarse lentamente, de convertir su vida en una demostración permanente de que la resistencia conduce al sufrimiento. Duele constatarlo, pero la mayor crueldad del bloqueo no es su fuerza, es su lentitud.

La narrativa del Estado fallido o la culpa siempre es de la víctima

Y aquí llegamos al punto más perverso de toda la operación, la construcción del relato que invierte la causalidad.

El imperio no solo destruye; además construye el dispositivo discursivo para que la destrucción parezca merecida o inevitable.

Un Estado al que se le niega la posibilidad de importar alimentos, medicinas, combustible y repuestos; al que se le bloquean sus finanzas internacionales; al que se le impide acceder a créditos; al que se le somete a una guerra mediática; al que se le castiga por comerciar con quien sea: ese Estado tendrá, por definición, enormes dificultades para funcionar con normalidad. Luego, cuando esas dificultades se manifiestan — apagones, desabastecimiento, migración — , el coro imperial y sus voceros locales dicen: miren, es un Estado fallido, el socialismo no funciona.

Se presenta como fracaso interno lo que es resultado de una agresión externa.

La causalidad se invierte, el bloqueo no es la causa de la crisis; la crisis es la prueba de que el régimen es incompetente. Es la misma lógica del abuso, se le ata las manos al sujeto, se le golpea durante horas, y luego se le acusa de no poder defenderse. Ese mecanismo tiene nombre: proyección. El agresor proyecta sobre la víctima la responsabilidad de lo que le hace; así externaliza su propia culpa y mantiene intacta su imagen de orden y civilización.

La categoría de Estado fallido no es descriptiva, es performativa. Nombrar a Cuba como Estado fallido no constata una realidad; construye una realidad que justifica el abandono y eventualmente la intervención. Es el concepto que hace posible lo que viene después, la haitianización como dijera Claudio Katz en días recientes. Reducir la isla a un estado de degradación tal que se convierta en vitrina del horror, en demostración permanente de lo que le ocurre a quienes se atreven a elegir un camino soberano.

El mensaje es perverso en su transparencia: miren lo que pasa si se atreven a ser libres.

Pero un Estado fallido de verdad no resiste 65 años de bloqueo. Un Estado fallido de verdad no tiene una tasa de mortalidad infantil más baja que la de Estados Unidos. No forma médicos que salvan vidas en todo el mundo. No mantiene un sistema educativo universal, una ciencia propia — con vacunas incluidas — y una cultura vibrante. Lo que el imperio llama Estado fallido es, en realidad, un Estado agredido que se niega a morir. Esa es la verdad incómoda. Y esa es, precisamente, la razón de la furia imperial. Cuba en realidad no fracasa. Cuba insiste. Y esa insistencia es intolerable.

¿Qué opciones le han dejado a Cuba?

Analizadas las coordenadas del asedio, la pregunta se vuelve ineludible, ¿qué opciones tiene en verdad la conducción política cubana? O para ser más preciso: ¿qué opciones le han dejado?

La primera es la negociación en condiciones de asfixia.

Es la que recomiendan los bienintencionados, los que quieren que Cuba dialogue y negocie con los Estados Unidos. Pero negociar con un imperio que tiene el pie en tu cuello no es diálogo, puede ser rendición condicionada. Cuba ha demostrado voluntad de diálogo histórico en múltiples momentos, pero siempre desde posiciones de dignidad. Sentarse hoy a negociar sin haber roto antes el cerco energético y financiero es aceptar la negociación del ahogado, aceptar cualquier cláusula por una bocanada de aire. El resultado sería una normalización que equivaldría a la liquidación del proyecto revolucionario por goteo, como ocurrió en Europa del Este tras la caída del muro, pero con el agravante de tener al imperio a 90 millas.

La segunda opción es la resistencia heroica pero solitaria.

Es la que Cuba ha practicado durante décadas: innovar, resistir, buscar rendijas, diversificar relaciones. Pero esa opción, que fue viable cuando existía un campo socialista dispuesto a sostener el flujo de recursos, hoy se enfrenta a un límite material concreto. La resistencia heroica sin retaguardia se convierte, con el tiempo, en resistencia agónica. No porque el pueblo cubano haya perdido la voluntad, sino porque la voluntad sola no mueve turbinas ni llena estantes.

La tercera opción es la que el imperio diseña como escenario deseado: la implosión.

El estallido inducido por la acumulación de sufrimiento, amplificado por las redes de oposición financiadas desde el exterior, que permita una intervención humanitaria o una transición pactada. Esta no es una opción para Cuba; es la trampa que se le tiende.

La cuarta, la única que cambiaría en verdad el tablero, no depende de Cuba.

Depende de que quienes dicen apoyarla pasen de las palabras a los hechos. Depende de que envíen el petróleo necesario, de que pongan los buques, de que escolten los suministros, de que rompan el cerco financiero con mecanismos concretos. Depende de que pregunten a Cuba qué hay que hacer y lo hagan.

No hay más metáforas. Es el petróleo o la asfixia. Son los buques o el bloqueo. Es la acción o la complicidad.

Las lecciones de la historia que el mundo prefiere olvidar

El olvido no es pasivo. El olvido es un acto: la represión activa de aquello que, si fuera recordado, obligaría a actuar de otra manera. La comunidad internacional olvida a conveniencia los paralelismos históricos, porque recordarlos haría insostenible la postura actual.

En 1941, los tanques alemanes estaban a las puertas de Moscú. ¿Cuánto tiempo estuvieron sin reaccionar? ¿Cómo saben que no irán luego por ustedes? Hoy, nadie parece entender que la retaguardia cubana es la retaguardia del mundo entero. Algunos quizás la ven como un cadáver político adelantado y se comportan en consecuencia.

Durante décadas, los Estados Unidos sostuvo al régimen de Chiang Kai-shek en Taiwán con dinero, armas y flota naval, incluso cuando era evidente su derrota en la guerra civil China. Lo hicieron porque Taiwán era un portaaviones estratégico contra la China popular. Es decir, el imperio sostiene a sus aliados hasta el final, porque entiende que la fidelidad a los suyos es una condición de su propio poder. Pero los aliados de Cuba hacen lo contrario: la abandonan cuando el costo político de sostenerla supera el beneficio de no hacerlo.

La República española es el recuerdo más exacto de la situación que hoy vive Cuba. Luchaba contra el fascismo, pero las democracias occidentales — Francia y Reino Unido, principalmente — firmaron el Comité de No Intervención mientras Alemania e Italia enviaban tropas, aviones y artillería a las fuerzas de Franco. Estados Unidos por su parte, promovió el embargo de armas. La no intervención fue el nombre elegante para la complicidad. La República fue abandonada, asfixiada y finalmente derrotada.

¿El resultado? Cuarenta años de dictadura franquista. Pero el mundo pagó además un precio mayor, la impunidad con que triunfó el fascismo en España alentó al nazismo en tanto reforzó la impunidad fascista y contribuyó al inicio de la Segunda Guerra Mundial. El abandono de la República no fue inintencional; fue una decisión con consecuencias históricas catastróficas. Hoy algunos gobiernos progresistas practican la misma no intervención frente a Cuba, mientras el imperio ejerce su intervención permanente a través del bloqueo. No hay lección aprendida. El olvido es productivo y permite repetir.

Lo que el imperio olvida: los pueblos no se rinden

Y sin embargo, frente a este panorama desolador, existe un contrapunto que el análisis geopolítico clásico tiende a subestimar. Cuba cuenta con algo que ningún bloqueo puede estrangular del todo: cuenta con los pueblos del mundo más que con los Estados. Con los movimientos de solidaridad que en cada país se reúnen, organizan y preparan envíos de ayuda. Con la memoria viva de millones de personas que saben lo que Cuba ha dado al mundo y no están dispuestas a permitir que sea reducida a escombros en silencio.

Los Estados calculan, miden costos, evalúan riesgos, sopesan sanciones. Los pueblos, cuando están organizados y conscientes, actúan por convicción.

La solidaridad interestatal es frágil porque depende de gobiernos, de ciclos electorales, de alianzas cambiantes, alianzas que hoy están muertas. La solidaridad de los pueblos es más lenta, más difícil de articular, pero cuando se activa es diferente: no puede ser sancionada por el FMI ni coaccionada por la OTAN.

No hay otro país en el mundo que tenga una red de movimientos de solidaridad tan extendida, persistente y arraigada en múltiples generaciones como Cuba. Ese tejido humano es un activo estratégico que no aparece en ningún balance convencional.

La diáspora como quinta columna inversa

Hay un factor que el Pentágono parece ignorar, quizás porque no entra en sus modelos de análisis: la composición demográfica de la emigración cubana en Estados Unidos ha cambiado mucho en las últimas décadas. Los cubanos de Miami en los años sesenta eran la élite blanca que huyó de la revolución, propietarios expropiados, profesionales de clase alta, figuras del antiguo régimen batistiano. Eran el lobby más feroz contra la revolución, el motor del bloqueo, la base social del exilio duro.

Hoy la mayoría de los cubanos en los Estados Unidos son emigrantes económicos de las últimas décadas, llegados en balsas o por terceros países, con familia en la isla, con vínculos afectivos y culturales intactos, con una visión mucho más matizada de la realidad cubana.

Si el imperio osara invadir, las bombas caerían sobre sus pueblos, sobre sus abuelas, sobre sus hermanos. ¿De verdad alguien cree que los miles de cubanoamericanos — sus hijos y sus nietos — recibirían esa guerra con entusiasmo?

El cálculo político es el inverso: lo que el imperio tendría no es una retaguardia en Miami, sino una quinta columna dentro de sus propias fronteras, una comunidad dispuesta a rebelarse desde adentro del Amo.

Eso es lo que el análisis puramente institucional no puede ver, porque trabaja con categorías frías, alianzas, intereses y recursos. Lo que escapa a esas categorías es la dimensión libidinal de la política: el amor, el duelo, la pertenencia. Un pueblo no es una variable geopolítica. Un pueblo tiene madre. Y cuando las bombas caen sobre la madre, el cálculo racional se disuelve en algo más antiguo y poderoso.
Irán y Vietnam: lecciones de la resistencia asimétrica

La heroica resistencia de Irán frente al imperialismo nos ha mostrado el camino: donde caiga alguien, aparecerán cien dispuestos a empuñar las armas y defender a la patria. No es retórica, es la descripción de una sociedad que ha interiorizado la defensa de la nación como valor irrenunciable, que ha hecho de la resistencia una identidad colectiva más fuerte que el miedo.

Cuba tiene ese mismo ADN: es una nación en armas no por conscripción forzosa, sino por la conciencia histórica acumulada en sesenta y cinco años de asedio.

Vietnam enseñó que una guerra no se decide únicamente en el plano militar.

La Ofensiva del Tet de 1968 fue una derrota táctica para el Viet Cong y el ejército de Vietnam del Norte, que sufrieron enormes pérdidas y no lograron sostener las posiciones tomadas. Pero fue una victoria política estratégica: demostró que podían atacar en cualquier punto del país, incluso en los centros del poder sudvietnamita, y quebró la narrativa de Washington de que la guerra estaba cerca de ganarse. A partir de entonces, la confianza de la sociedad estadounidense en la guerra comenzó a desmoronarse. La guerra no se gana ocupando territorio; se gana desgastando la voluntad política del invasor. Y esa voluntad, en las democracias liberales con opinión pública y elecciones periódicas, tiene un límite medible en ataúdes y en puntos de aprobación presidencial. Cuba, con su geografía compleja, con su población preparada durante décadas de defensa territorial, podría reproducir ese escenario.

Una invasión a Cuba no sería la operación quirúrgica de Granada ni el paseo de Panamá. Sería un atolladero sangriento y prolongado, que duraría años y costaría miles de vidas estadounidenses.

La paradoja del aislamiento preventivo, morir solo para no morir juntos

Llegados a este punto, debemos interrogar el mecanismo profundo que lleva a las potencias que deberían disputar el orden unipolar a abandonar a Cuba. La respuesta superficial es el cálculo de costos: sostener a Cuba tiene un precio en términos de sanciones secundarias, de tensión con Washington, de riesgo comercial. Pero esa explicación es insuficiente, porque el abandono no es solo racional, tiene una dimensión de satisfacción, de alivio, que quizás solo el psicoanálisis puede iluminar.

Existe en la política internacional algo análogo a lo que Freud describió como pulsión de muerte en el individuo: la tendencia a la autodestrucción, al retorno a un estado de quietud que se alcanza a costa de la vida misma.

Los actores que abandonan a Cuba no solo están calculando sus intereses; están también, de alguna manera, renunciando a su propio deseo de transformación. El abandono de Cuba es la renuncia a la posibilidad de otro mundo. Es la aceptación, en el fondo, de que el orden del Amo es el único orden posible, de que el capitalismo global es el horizonte insuperable de la historia.

Hay en esa renuncia algo de lo que Marcuse llamó la desublimación represiva, que es la integración del sujeto en el sistema a través de la promesa de pequeñas satisfacciones que neutralizan el impulso radical. Los gobiernos progresistas latinoamericanos, las potencias del BRICS, los partidos de izquierda europeos, las organizaciones solidarias que hoy miran para otro lado: todos han encontrado, de una manera u otra, su nicho dentro del orden. Han obtenido su cuota de reconocimiento, su espacio de cómoda disidencia, sus gestos permitidos. Y en ese proceso, han dejado de ver a Cuba como un espejo de lo que podrían ser, para verla entonces como un recordatorio incómodo de lo que han dejado de ser.

Porque Cuba interpela: eso es lo insoportable. No que sea un fracaso, sino que sea una pregunta permanente, dirigida a todos los que, en algún momento, creyeron que otro mundo era posible y luego decidieron que era demasiado costoso. Cuba les pregunta: ¿en qué momento exacto decidiste que la normalidad capitalista era preferible a la lucha? ¿En qué momento exacto entregaste el deseo? Esa pregunta es la razón profunda del bloqueo y del abandono.

Al abandonar a Cuba, no están evitando su propio final; solo lo están aplazando y asegurándose de que, cuando llegue, se encuentren en la más absoluta soledad. Están cavando su propia tumba con la excusa de no mancharse las manos con la tierra de la tumba de Cuba. Porque el que elige salvarse a sí mismo en una tormenta colectiva termina aislado y luego sometido. El Amo, una vez que termina con el hermano, no firma la paz con los que miraron, los incorpora a la lista de los siguientes. Siempre necesita nuevas víctimas para legitimar su existencia.

La solidaridad como necesidad estratégica y acto de dignidad

Lo que hemos presenciado en este análisis no es una serie de errores tácticos aislados, sino una profunda crisis de conciencia geopolítica y moral en el progresismo global. Se ha perdido la noción de que la solidaridad no es un lujo moral reservado para los tiempos buenos, es una necesidad estratégica y, al mismo tiempo, la definición misma de lo que significa pertenecer a un proyecto político que aspira a algo más que la administración del orden existente.

Cuba no es solo Cuba: es la demostración viva de que es posible resistir durante décadas el asedio del poder más grande del mundo y mantener en pie un sistema de salud universal, una educación gratuita, una cultura propia, una dignidad irrenunciable.

Eso no prueba que el modelo cubano sea perfecto: prueba que la alternativa al capitalismo global no es el caos ni el fracaso automático, sino que es posible y vale la pena construir algo diferente e incluso hermoso. Al destruir a Cuba, el imperio no está eliminando una amenaza militar, está eliminando una prueba, está borrando un ejemplo. Pretende demostrar que fuera de la normalidad capitalista no hay vida posible.

Los que entregan a Cuba se entregan a sí mismos. No como metáfora, sino en el orden estratégico. Un orden mundial que dice llamarse multipolar, pero no protege a sus miembros más vulnerables cuando el Amo aprieta, no es un orden alternativo, es una extensión descentralizada del mismo dominio, un sistema donde la multipolaridad es la forma decorativa de la unipolaridad efectiva. Al traicionar a Cuba le dicen al Sur Global: «si no tienes petróleo o una posición geográfica vital para nosotros, no esperes nada». Eso, a largo plazo, los priva de aliados auténticos y los deja en un mundo donde solo importa la fuerza bruta: un mundo donde ellos también, aunque grandes, son vulnerables.

Cuando el imperio mira a Cuba, ve una isla pequeña que puede bloquear y asfixiar casi sin consecuencias. Lo que no ve — o lo que no quiere ver — es que esa isla es un volcán dormido sobre una falla tectónica global.

Cuba no es solo su geografía, es su historia, es su ejemplo, es el sueño de millones de personas que en algún rincón del mundo todavía creen que otro mundo es posible. Y mientras ese sueño exista, mientras haya un pueblo que lo encarne con su resistencia cotidiana, el orden del Amo no estará completo. Siempre habrá una grieta. Siempre habrá una pregunta sin responder.

Si algún día el imperio olvida Vietnam, olvida Irán, olvida que los pueblos no se rinden y se atreve a invadir la isla, descubrirá que la guerra no se gana con portaaviones. Se gana con la capacidad de un pueblo para decir «no» aunque le cueste la vida. Y ese «no» de Cuba, multiplicado por millones dentro y fuera de la isla, será su tumba.

Mientras tanto, la batalla es otra. Es la batalla por la vida cotidiana, por la luz, por la comida, por la esperanza. Y en esa batalla, los pueblos del mundo tienen la palabra. No para reemplazar a los Estados, sino para obligarlos a actuar. Para recordarles que la historia juzga. Que el juicio sobre los que abandonaron a la República española fue severo y permanente.

Que el silencio, cuando puede romperse, es una decisión. Y que las decisiones tienen consecuencias.

Cuba pide acciones concretas: el petróleo necesario, los buques, la custodia, la ruptura del cerco financiero, la protección del espacio marítimo, la presión real en los organismos internacionales. Pide que quienes dicen apoyarla pregunten qué hay que hacer y lo hagan. No es una petición de caridad, es una exigencia de coherencia. Basta de declaraciones. Basta de mensajes de apoyo que funcionan como coartada para la inacción.

La pregunta final no es para Cuba. Cuba ya ha dado su respuesta con 67 años de Revolución. La pregunta es para el mundo. Para los que dicen querer otro orden.

Para los que firmaron declaraciones y enviaron mensajes. Para los que tienen petróleo y buques, pero no los envían, o votos relevantes en la ONU que solo emplean para abstenerse.

¿De qué lado estás? ¿Del lado de los que esperan a que los Estados se decidan, o del lado de los que ya están actuando? ¿Del lado de los que envían mensajes de apoyo, o del lado de los que envían los buques y deciden enfrentarse de una vez a los designios del Imperialismo?

domingo, 15 de marzo de 2026

Mensaje de AMLO en X

Estoy en retiro, pero me hiere que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía, al hermano pueblo de Cuba. A quienes piensan que se trata de un pleito ajeno, les recuerdo lo que dijo el general Cárdenas cuando fue la invasión de Playa Girón: «No es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra». En consecuencia, invito a que todos depositemos en la cuenta de Banorte 1358451779 de la asociación civil Humanidad con América Latina, abierta por ciudadanos, escritores y periodistas para comprar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina, y ayudar al pueblo cubano. ¡Que cada quien aporte lo que pueda!

https://x.com/lopezobrador_/status/2033020241391788187?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E2033020241391788187%7Ctwgr%5E19c16514312ab0fc67168f39fe40562ea8a22b0f%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.jornada.com.mx%2Fnoticia%2F2026%2F03%2F14%2Fpolitica%2Famlo-me-hiere-que-busquen-exterminar-al-hermano-pueblo-de-cuba-llama-a-donaciones-para-la-isla

jueves, 12 de marzo de 2026

Ser buena gente

El principio sencillo y universal de la bondad se ha vuelto revolucionario

José Luis Sastre 

Los ingenuos. Los frágiles. Las almas cándidas. Esos a los que llaman flojos y tibios y buenistas y cosas peores. Los que no gritan. Los que escuchan. Los que se ponen en la piel de otros, a los que no conocen. Los que cuidan y preguntan qué tal estás con una curiosidad sincera. Los honestos que van de frente y sin doblez. Los que se revuelven aunque les critiquen, porque siempre critican. Los que hacen aquello que creen que tienen que hacer. 

Los que dudan y, en cambio, tienen clara la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Los que hacen preguntas pero no son equidistantes: los que se hacen preguntas para no ser equidistantes. Los que podrían dormir tranquilos y, sin embargo, se desvelan. Los que sufren y conviven con un malestar que no es por ellos, o no es solo por ellos, sino que es también por los demás. Los que se atreven a decir no estoy bien y algo me pasa. Los que se inquietan por la deriva del mundo. Los que saben dónde está la injusticia, y se rebelan.


Los que discuten que siempre gane el más fuerte y el que más se aproveche. Los que piensan que sirven de algo sus pequeños gestos, sus gestos minúsculos que no importan a nadie, y construyen a su alrededor un lugar pequeño pero seguro, un refugio sin algoritmos. Los discretos. Los que bailan. Los que se ríen. Los que no pasan los días enfadados, ahogados por la bilis de sus reproches. Los que se dan cuenta de sus rencores y saben qué hacer con la rabia. Los que conocen su sitio y desde qué altura han de mirar a los demás.


Los que tratan de cambiar algo por mucho que asuman que el mundo más global lo dominan en realidad muy pocas manos. Los que confían en la condición humana y se acuerdan de que, incluso tras el espanto de la Segunda Guerra Mundial, Camus escribió de la solidaridad entre los hombres y se congratuló de quienes cumplieron con su deber, más allá de su ideología. Los que tienden la mano. Los que no lo dan todo por perdido porque distinguen el realismo de la resignación.


Los que oyen el griterío y piensan que aun así vale la pena. Los que recuerdan, ahora más que nunca, que la alegría se ha vuelto revolucionaria, aunque no llegue a serlo tanto como otro principio sencillo y universal: tratar de ser buena gente.


https://elpais.com/opinion/2026-03-11/ser-buena-gente.html

martes, 10 de marzo de 2026

Jorge Perugorría: “Estrangular a Cuba la está llevando a una crisis humanitaria”

 El actor y director cubano Jorge Perugorría aseguró este domingo en el Festival de Cine de Málaga que la decisión del Gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, de “estrangular” a Cuba está llevando al país “al punto de una crisis humanitaria”.

“Estamos en el peor momento de la historia de nuestro país”, afirmó Perugorría en rueda de prensa para presentar en el Festival su última película, Neurótica anónima, de la que es director y guionista junto con la actriz cubana Mirtha Ibarra.

La cinta, un canto de amor al cine en tiempos de crisis para el sector, compite en la sección oficial del certamen junto con otras 21 películas, nueve de ellas latinoamericanas.

La crisis que vive el país afecta también a la producción cinematográfica.

“Iba a empezar a rodar una película la semana pasada y tuvimos que parar porque no hay combustible y lo poco que hay se tiene que priorizar para los asuntos de primera necesidad, como los hospitales”, afirma el cineasta, quien explicó que el año pasado se lograron hacer “4 ó 5” filmes.

“El país está en un momento muy complejo con esta realidad. Es muy difícil hacer películas porque estamos pensando en cómo sobrevivir y llevar el día para adelante”, remarcó.

Ibarra también expresó su preocupación por el momento que vive Cuba, “sin agua, sin luz, con apagones de hasta 48 horas. El país está en el piso”, lamentó.

https://oncubanews.com/cultura/cine/jorge-perugorria-estrangular-a-cuba-la-esta-llevando-a-una-crisis-humanitaria/

domingo, 8 de marzo de 2026

8 de marzo

 Laidi Fernández de Juan 

Desde hace ciento quince años se celebra el Día de la Mujer en varias partes del mundo. Comenzó en el año 1911, a propuesta de la destacada comunista alemana Clara Zetkin, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en 1910, en Copenhague, Dinamarca. 

El acto conmemorativo tiene varios antecedentes. El 8 de marzo de 1857, un grupo de obreras textiles tomó la decisión de salir a las calles de Nueva York a protestar por las míseras condiciones en las que trabajaban. Distintos movimientos se sucedieron a partir de esa fecha. El 5 de marzo de 1908, Nueva York fue escenario de nuevo de una huelga polémica para aquellos tiempos. Un grupo de mujeres reclamaba la igualdad salarial, la disminución de la jornada laboral a 10 horas, y un tiempo para poder dar de mamar a sus hijos. Durante esa huelga, perecieron más de un centenar de mujeres quemadas en una fábrica de Sirtwoot Cotton, en un incendio que se atribuyó al dueño de la fábrica como respuesta a la huelga. 

Cuba tiene el mérito histórico de estar entre las naciones de América Latina –y en general del tercer mundo– que celebraron por primera vez el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. En el año 1931, bajo el terror implantado por la dictadura del presidente Gerardo Machado, grupos de combativas trabajadoras manuales e intelectuales aglutinadas por la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y la Federación Obrera de La Habana y otras organizaciones vinculadas al Partido Comunista efectuaron el acto que estrenó la celebración de la significativa efeméride. 

Desde entonces, mucho ha llovido, y aunque se han alcanzado contundentes logros, la batalla por el reconocimiento que merecemos, y la igualdad que nos corresponde, no ha cesado. Ilustres nombres de cubanas acreditan nuestro carácter indómito, desde las míticas Ana Betancourt, Mariana Grajales, hasta las contemporáneas Lidia y Clodomira, Tania, Haydeé, Vilma, Celia, Melba: muchas mujeres nos han guiado, y continúan mostrando nuestra irrevocable condición de batalladoras. Rindo tributo a todas, y, en aras de personalizar esta página, y acercarme a alguien íntimo, evoco la figura de quien me mostró el camino por el cual yo debía transitar, sin permitir que ningún obstáculo me amedrentara. Obviamente, me refiero a mi madre. Trabajadora desde sus dieciséis años, se mantuvo impartiendo clases hasta el fin de sus días, setenta años después de haberse parado frente a un aula por primera vez. Curiosamente, el año de su nacimiento coincide con la primera vez que se celebró en Cuba el Dia de la Mujer. Me estremece el dato, como si al nacer, ya viniera mi madre con la encomienda de ser lo que efectivamente fue: Una mujer valientísima. La recuerdo llevándome a su trabajo cuando yo aun no tenía edad para asistir a la escuela. Algunas de sus alumnas la ayudaban, mientras ella cargaba conmigo y con el proyector, que en aquella época se requería para pasar diapositivas. El aparato, que parecía una mole y pesaba como tal, (era antiquísimo), pertenecía a mi madre, de forma que había que llevarlo y traerlo del aula a nuestra casa constantemente. Igual sucedía con unas cajas metálicas, también pesadísimas, donde estaban archivadas todas las diapositivas que ella había ido atesorando desde sus tiempos de estudiante. Jamás escuché a mi madre quejarse por su labor de cargadora de tales equipos antediluvianos. En general, no se lamentaba. Batalló muchas veces, eso sí: cuando intentaron que su departamento desapareciera y se integrara a otra materia docente; cuando trataron que el creativo taller de la Crítica –ingeniado por ella-- no se considerara asignatura primordial; o si de alguna manera se minimizaba la labor de la Universidad como centro de formación de críticos de arte, mi madre dejaba de ser la dama finísima que era, para convertirse en una leona desafiante. Para ella, no existía obstáculo posible. Fue la primera persona a quien escuché defender a la mujer con vehemencia. Su agudeza, su inteligencia y sobre todo, su valentía, la compulsaron a preponderar la condición de mujer ya fuera como creadora, como objeto/sujeto de arte, como tema artístico en su sentido más amplio. Estudió, divulgó y promocionó la labor de la mujer tanto como sus fuerzas se lo permitieron. Fuera del ámbito académico, sus inquietudes no cesaban. La recuerdo inconforme por cosas que aun hoy encuentro insolutas (e insólitas), y pondré un ejemplo: ¿Por qué razón no compiten hombres y mujeres juntos en los campeonatos de ajedrez? solía preguntar siempre que se acercaban las olimpíadas. Nosotros, su familia, no supimos qué responder. 

Consagrada a su trabajo por encima de todo, mi madre constituye no solo la persona ejemplar que sus incontables alumnos veneran, sino mi guía personal, aun a sabiendas de que jamás estaré a su altura. Me consuela imaginármela a punto de salir a sus clases, o regresando del aula, siempre con la sensación de que “pude hacerlo mejor”. Modesta, incansable, defensora de nosotras, sus herederas mujeres cubanas, abrazamos sus mismas causas, aunque su imponente presencia se encuentre lejos, en una dimensión desde la cual, sin embargo, continúa su inigualable magisterio. Felicidades, madre. 

Marzo, 2026. 

jueves, 5 de marzo de 2026

¡No a la asfixia económica de Cuba!

Salim Lamrani 

Desde hace más de seis décadas, Estados Unidos asfixia al pueblo de Cuba imponiéndole sanciones económicas anacrónicas e inhumanas. Estas medidas afectan a los sectores más vulnerables de la población de la isla, en particular a los enfermos, los niños, las personas mayores y las mujeres embarazadas, y tienen un impacto dramático en todos los ámbitos de la sociedad cubana. De carácter retroactivo y extraterritorial, contravienen los principios más elementales del derecho internacional. Desde 1992, son condenadas de manera unánime cada año por la Asamblea General de las Naciones Unidas.


Impuestas en 1960 con el objetivo de derrocar al gobierno de Fidel Castro, estas sanciones han sido reforzadas de forma constante por las distintas administraciones estadounidenses, en particular durante la presidencia de Donald Trump. Durante su primer mandato, este último impuso 243 nuevas medidas coercitivas unilaterales – 50 de ellas en plena pandemia de la Covid-19 – contra el pueblo de Cuba, atacando las principales fuentes de ingresos de la isla, a saber, la cooperación médica, las remesas de la diáspora y el turismo. Así, entre 2017 y 2020, la Casa Blanca impuso, en promedio, una nueva sanción por semana durante cuatro años consecutivos.


En 2025, las sanciones costaron a Cuba 7.500 millones de dólares, es decir, un promedio de 20 millones de dólares por día, o lo que es lo mismo, 15.000 dólares por minuto. Esta suma equivale al consumo eléctrico de los 10 millones de cubanos durante seis años. Con esa misma cantidad, Cuba podría garantizar el abastecimiento de productos de primera necesidad para toda la población durante seis años. Desde su imposición en 1960, las sanciones han costado a Cuba un total de 170.000 millones de dólares, y más del 80 % de la población cubana ha nacido bajo este estado de sitio.


El 29 de enero de 2026, la administración Trump adoptó un decreto presidencial que calificaba a Cuba como una “amenaza extraordinaria e inusual para la seguridad de Estados Unidos”, imponiendo aranceles a cualquier país que suministrara petróleo a Cuba. A partir de entonces, la isla – ya duramente golpeada por el cerco económico y las repetidas catástrofes naturales – se encuentra en una situación extremadamente difícil, al verse privada del combustible vital para su economía y sus servicios esenciales. En Cuba, el sistema eléctrico, que alimenta la red de saneamiento del agua potable, los hospitales y las escuelas, depende en gran medida del suministro de petróleo.


Cuba no atraviesa una crisis: es víctima de un crimen económico perpetrado por Estados Unidos desde hace décadas. La comunidad internacional debe rechazar este estrangulamiento económico y energético ilegal que asfixia a la isla y brindar un apoyo urgente a la población cubana, que se enfrenta a una situación humanitaria de extrema gravedad.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Triste error

  no renovar el contrato del profesor Abel Tablada en la CUJAE.

Ojalá se rectifique.


martes, 3 de marzo de 2026

“Hay un riesgo de guerra regional muy serio. Y los que han iniciado el ataque a Irán también pueden salir escaldados”

Entrevista a  Rafarl Pouch de Feliú por Sergi Picazo

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 ¿Por qué se ha producido ahora el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán de los ayatolás? ¿Qué intereses tienen en la zona? ¿Qué tiene que ver la batalla entre Donald Trump y China? Entrevista de urgencia al veterano periodista y experto de geopolítica mundial Rafael Poch para intentar entender los motivos de fondo del ataque más allá de lo que dicen los grandes medios de comunicación. Poch, tras una dilatada trayectoria como corresponsal del diario La Vanguardia en Pekín, Moscú, Berlín y París, se ha convertido en uno de los analistas más críticos del nuevo orden global y suele escribir sus reflexiones en su propio blog o en medios como Contexto y CRÍTIC.

Has escrito que los asuntos de VenezuelaIrán y Ucrania son, en realidad, la misma guerra. Según un artículo tuyo en Ctxt, “el objetivo es impedir militarmente el ocaso de la hegemonía americano-occidental en el mundo, amenazada principalmente por la pujanza china” ¿Puedes explicarlo?

El dato central es la reacción occidental al ascenso de China. Hace treinta años se esperaba que la integración en la globalización, entendida como seudónimo del dominio mundial de Estados Unidos y sus satélites, convertiría a China en un miembro subordinado y dependiente del sistema mundial. Esperaban que la integración de las élites chinas en la globalización acabaría dando lugar a una forma de gobierno subalterno más aceptable para Occidente que la del Partido Comunista Chino. Pero un cuarto de siglo después se encontraron con la sorpresa de que, jugando en el terreno de juego por ellos diseñado, China les ganó la partida: se hizo mucho más fuerte, continuó siendo autónoma y soberana, y se proyecta al exterior mediante una estrategia mundial de redes y vínculos comerciales.

El gran peligro que ven en Washington es la amenaza al hegemonismo occidental liderado por ellos. La única respuesta que tienen a mano es la de la fuerza. Primero, en 2012, inventaron el “pivot to Asia” de Obama, es decir desplegar en Asia Oriental el grueso de su fuerza aeronaval. Después intentaron redefinir las normas de su globalización proclamando nuevos proteccionismos, donde Trump ha destacado. La escena que mejor ilustra la situación es la del tahúr que al ver que está perdiendo la partida le da una patada a la mesa de juego y desenfunda la pistola.

Uno de sus fallos garrafales fue ignorar los intereses rusos en Europa durante treinta años. Desoyendo las advertencias de gente como Kissinger o Kennan contra la ampliación de la OTAN, han acabado estimulando la integración euroasiática entre Rusia y China, algo que ni Moscú ni Pekín buscaban inicialmente. Luego, cuando tras múltiples advertencias, Rusia reaccionó militarmente al intento de echarla del Mar Negro, anexionándose Crimea, continuaron con una escalada militar en Ucrania inyectando recursos militares al nuevo régimen proccidental de Kíev y apoyando su “operación antiterrorista” contra las regiones rusófilas del este de Ucrania. Y, al final, cuando se han dado ya cuenta de que el objetivo de infligir una “derrota estratégica” a Rusia por medio de las sanciones y ayuda militar y financiera a Ucrania, optaron por separar los frentes.

¿Tres o cuatro guerras a la vez?

Hace dos años el vicesecretario de Estado para Europa y Eurasia en la primera administración Trump, Aaron Wess Mitchell, dijo que Estados Unidos podría perder una guerra si tuviese que actuar en tres frentes simultáneamente, porque en tal caso, “Estados Unidos tendría que ser fuerte en cada uno de los tres escenarios bélicos, mientras que sus tres adversarios, China, Rusia e Irán, solo tienen que ser fuertes en su propia región para alcanzar sus objetivos”. Así que han optado por transferir, al menos en parte, el marrón de Ucrania a los europeos, y concentrarse en Irán, el más débil de los tres adversarios, y continuar preparándose para lidiar con China más tarde. Por eso ya dije que en Ucrania en el fondo se trata de debilitar a Rusia, fundamental socio de China; en Venezuela se trata de privar a China del acceso a importantes reservas energéticas y recursos latinoamericanos. Irán es el eslabón fundamental de la integración euroasiática, con sus corredores energéticos y de transporte este/oeste y norte/sur. 

“El asunto chino es la clave. Irán es un gran socio energético de China. Lo que desconocemos es cuál será el apoyo militar de China a Irán”

¿Cómo afecta el ataque a Irán, o un cambio de régimen o el bloqueo de Ormuz, a China y a la Ruta de la Seda?

El asunto chino es fundamental. Irán es un gran socio energético de China y, sin Irán, se cortan importantes circuitos de la Ruta de la Seda. Por eso insisto en la unidad de todos estos conflictos. Lo que desconocemos es el nivel de implicación militar de China con Irán. ¿Han recibido los iranís baterías anti misiles de Pekín como se ha dicho? No me parece probable que China se implique militarmente, pero dejar pasar un ataque militar contra ella tan claro sin hacer nada tampoco parece realista… Respecto a Rusia, me parece que no ha hecho gran cosa en favor de Irán. Están muy centrados en el fregado ucraniano. Mi impresión es que en la práctica Irán está bastante solo, lo que es contradictorio con la unidad de conflictos que apunto.

Trump ya prescinde de la retórica del derecho internacional. La clave para definir las relaciones internacionales es la fuerza. Estados Unidos puede secuestrar o matar a dos líderes de países enemigos: Maduro, en Venezuela, y el ayatolá Jamenei en Irán. ¿Se acabó la legislación internacional? ¿La ONU? ¿Los mínimos de la política internacional?

La pregunta, desde luego, es retórica. La guerra comenzó el sábado con el asesinato del dirigente del país adversario y varios miembros de su familia. Esta guerra comenzó en medio de unas negociaciones que, según los propios negociadores que están hablando con los rusos el fin del conflicto de Ucrania, estaban siendo “exitosas”. ¿Quién puede confiar ahora en estos “negociadores”?  La crisis del hegemonismo comporta la crisis de sus instituciones. La ONU fue una buena idea pero reflejaba el mundo de 1945. Hoy el mundo es diferente y las correlaciones de fuerzas también son diferentes. Entonces los chinos y los indios no contaban nada en el mundo y hoy pesan mucho. Pero curiosamente no son los emergentes los que están derribando las instituciones internacionales y el derecho internacional, sino sus inventores, los gobiernos de aquellos países que diseñaron todas esas instituciones a la medida de sus intereses. Si la ONU era el desigual “parlamento de la humanidad” en el que algunos mandaban más que otros por su derecho de veto, hoy sus inventores promueven el gangsterismo más crudo. Asistimos a la conversión de la ONU en una especie de reedición de aquella impotente “Sociedad de Naciones” disuelta en 1946. Si entonces aquella organización fue incapaz de impedir la invasión italiana de Abisinia, la japonesa de China y el desastre de Ia Segunda Guerra Mundial, la ONU de hoy se muestra igualmente impotente ante el genocidio de Gaza. La situación del nuevo mundo multipolar exige nuevas instituciones, pero la experiencia histórica nos dice que estas nuevas instituciones solo aparecen después de grandes desastres.

“Trump e Israel también arriesgan mucho con esta locura”

Entonces, ¿este ataque no tiene nada que ver con si el gobierno de Irán estaba en disposición, realmente, tener armas nucleares? ¿El tema nuclear es un paripé?

A principios de los noventa el embajador de Estados Unidos en Arabia Saudí ya advertía que Irán “está a pocas semanas de hacerse con la bomba”. Si se hubieran hecho con ella, los ayatolas nunca habrían sido atacados, pero los dirigentes iraníes han demostrado tener mas escrúpulos en esto que Corea del Norte. Recordemos que en 2015 ya se alcanzó un acuerdo con Irán, el Plan de Acción Integral Conjunto por el que Irán accedía a limitar su enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de las sanciones y de las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de sus instalaciones. Todo quedó en nada: Trump retiró del acuerdo a Estados Unidos, los europeos no hicieron nada y las inspecciones de la OIEA sirvieron para afinar los objetivos de las bombas israelís contra las instalaciones y los domicilios privados de los responsables del programa nuclear, algunos de ellos asesinados con sus familias en junio.  Como ahora, aquel ataque se produjo en medio de una negociación. Lo decisivo no es la bomba sino el viejo plan de 2002 desvelado por el General Wesley Clark en el que se decía, “vamos a deshacernos de siete países en cinco años, empezando con Irak, luego Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y acabando con Irán”. Lo han cumplido todo. Llevan más de cuatro millones de muertos y 40 millones de desplazados. Solo les falta Irán. Quieren crear en ese país un agujero negro.

Si no es por la democracia, ni tampoco es por lo nuclear… ¿por qué quieren convertir, según tú, a Irán en “un agujero negro”?

Para Israel se trata de acabar con el único país de Oriente Medio capaz de impedir el loco proyecto colonial “sin fronteras” del Gran Israel, del Nilo al Éufrates. Como ha dicho el embajador americano en Israel, Mike Huckabee, Israel goza de un “derecho bíblico” a expandirse por toda la región. E Israel, como se sabe, tiene una gran influencia en la política de Estados Unidos. De  los intereses, digamos, geopolíticos, de Estados Unidos ya hemos hablado, pero hay también un interés político interno. Trump prometió no meter a Estados Unidos en nuevas guerras y  se está divorciando de su base social popular. En noviembre tiene unas elecciones de medio mandato en las que se prevé que perderá mucho apoyo. Si consiguiera tumbar al régimen iraní acudiría a esas elecciones desde una posición de fuerza. Pero si las cosas le van mal, esta guerra impopular, inconstitucional, sin acuerdo del Congreso y desaconsejada por sus agencias de inteligencia, se le podría derrumbar encima. Trump e Israel arriesgan mucho en esta locura.

Algunos analistas geopolíticos decís que esta guerra es una prueba más del supuesto fin del poder de Estados Unidos. Pero no se entiende que sea así cuando Estados Unidos tiene un poder militar indiscutible, no? ¿Dónde se ve el declive de su poder?

Nadie discute que tengan el poder militar más fuerte del mundo, pero la loca y criminal utilización de ese poder, ¿es una verdadera muestra de fortaleza? Yo creo que lo que están demostrando ante los ojos de todo el mundo, particularmente desde la serie bélica que arranca el 11/S de 2001 de Nueva York, que va de Irak a Irán, pasando por Afganistán, Libia, Siria, Yemen, Somalia, Ucrania y Gaza, es que son el principal peligro para la paz mundial.

¿Estados Unidos se atreverá a entrar en Irán, un país de 90 millones de habitantes y con uno de los ejércitos más poderosos del mundo musulmán, con tropas y soldados sobre el terreno, como hicieron en Irak? O solo bombardeará desde aviones y portaaviones? Será una guerra corta?

No creo que se arriesguen a entrar con tropas allí. Pesa mucho el precedente de Irak, sin contar con que Irán es mucho más que Irak. En la guerra de los doce días de junio se agotaron las existencias de los arsenales de recursos antimisiles de Estados Unidos e Israel. Dicho sea de paso, esta guerra es muy mala noticia para los militares ucranianos que van a ver aún más mermado su suministro de recursos de defensa antimisiles ante los ataques rusos. La fabricación americana de esos recursos es limitada y no parece que puedan sostener una campaña intensa de ataques y contraataques de más de cuatro o cinco semanas, pero mucho dependerá de la capacidad de respuesta iraní para agotar esos arsenales.

Vale, y entonces, ¿cómo se cree que es la capacidad defensiva de Irán ahora?

Es la gran cuestión militar. En junio lanzaron primero la morralla, drones y misiles obsoletos para desgastar la capacidad de intercepción israelí y localizar los emplazamientos de sus defensas, y luego lanzaron misiles hipersónicos más sofisticados que hicieron mucho daño. Habrá que ver cuantos les quedan ahora. Pero, ojo, ahora los iraníes han ampliado sus objetivos: las bases americanas del Golfo y, si les alcanza, la flota naval desplegada en el Mediterráneo. Irán ya ha atacado instalaciones americanas en cinco países del Golfo. El asesinato del ayatolá Jamenei no es solo un asunto nacional iraní. Hay muchos chiitas en Irak, Pakistán, Arabia Saudí, Bahrein y Líbano, entre otros. Hay un riesgo de guerra regional muy serio en el que también los iniciadores pueden salir escaldados.

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“A los que que ven un dilema entre apoyar a Irán o a Estados Unidos, solo puedo decirles una cosa: los reyes son los padres”

Hablemos sobre política interna en Irán. La izquierda tiene dudas en este asunto porque, por un lado, ve que se produce un ataque/golpe de Estado/asesinato del neoimperalismo Estados Unidos, pero por otro, también saben que el régimen de los ayatolás masacró a la izquierda comunista en Irán, ataca los derechos humanos básicos y reprime a las mujeres. ¿Qué hacer o qué pensar ante este dilema?

Me parece que el país y su régimen no están siendo atacados por “haber masacrado a la izquierda”, ni por “atacar los derechos humanos” o “reprimir a las mujeres” que son mucho más libres en Irán que en cualquier monarquía del Golfo. A los que ven un “dilema” en este ataque, solo puedo decirles una cosa: los reyes son los padres.

¿Caerá la República Islámica? Dice Nazanin Armanian que “la vida de la República Islámica ya ha terminado” después de las protestas sociales y de la burguesía iraní, y de los ataques militares?

Desconozco la situación interna de Irán ni soy un experto en las cosas de ese país, pero como dice Nazanín Armanian la fragilidad del régimen es evidente y mayor que nunca. Supongo que todo es posible. Dice Trita Parsi, un experto del Quincy Institute de Washington, que los iraníes “se han visto atrapados entre una teocracia represiva y unos actores externos cuyas políticas se diseñaron deliberadamente para crear desánimo”Me parece un buen diagnóstico, os lo leo entero“La ironía es evidente: las mismas voces que ayudaron a cerrar las vías para el desmantelamiento pacífico de la teocracia se presentan ahora como salvadores, ofreciendo la intervención militar extranjera como el único camino hacia la liberación, una oferta que no habría encontrado compradores si la población no se hubiera visto abocada a la desesperación en primer lugar”.