domingo, 29 de marzo de 2026

Cuba 8’46’’

Jorge Fornet

En los días posteriores al fin de la guerra de independencia, Dios se le apareció a Liborio –personaje que simboliza al pueblo cubano– mientras este cortaba caña. Exhausto, descalzo y con las manos sangrantes, Liborio le cuenta: “Ya no somos súbditos del rey de España. Ahora somos libres. […] Pero a veces me pregunto por qué la vida es tan dura todavía”. Dios le explica que “en este mundo nada puede ser perfecto, o de lo contrario nadie querría ir al Cielo. El azúcar es dulce, pero cuesta trabajo sacársela a la tierra. El océano es ancho y generoso, pero tiene tormentas súbitas y peligrosas corrientes que te arrastran y ahogan. Cuba misma es tan bella, la perla de mis criaturas, que he tenido que crear la peste, los mosquitos, los erizos de mar y las púas de marabú para que la vida aquí no sea como la del Paraíso”. Y reitera: “Nada puede ser perfecto en este mundo”. Liborio se aferra entonces a una última esperanza: “Pero la libertad no tiene manchas. La libertad sí que es perfecta, ¿no?”. “Para eso –le responde Dios– he creado a los yanquis”.

El académico y cubanólogo Louis A. Pérez, quien adaptara esa “Fábula sin ficción” (de la novela de John Sayles Los gusanos), la completa con esta otra mitad, de la cual extrae la moraleja: Dios creó a los Estados Unidos como una de las grandes naciones del mundo, dotada de un poder inimaginable y de una riqueza nunca antes vista. Pero calculó los peligros de esa suma de poder y de riqueza, y la facilidad con que la complacencia podría trocarse en arrogancia. Dios quería predicar la humildad, para subrayar que el ejercicio del poder, aun dentro de aquella escala sin precedentes, no carecía de límites. Y con el fin de despertar la codicia de los norteamericanos, Dios creó una tierra tan bella como Cuba y la situó cerca de Norteamérica, para que pareciera que el intento de poseerla contaría con el beneplácito divino. Pero Dios también concedió a los cubanos la fuerza moral y la voluntad colectiva necesarias para oponerse a esa pretensión. Los norteamericanos no lograban entender cómo ellos, que podían apoderarse casi de cualquier cosa que desearan, dondequiera que estuviera, no podían tener a Cuba. Cuanto más lo intentaban, tanto más los cubanos resistían. Esto se mantuvo durante casi dos siglos –concluye el académico–, así que el empeño norteamericano de apoderarse de Cuba y la determinación cubana de impedirlo se convirtieron en parte de la idiosincrasia de cada país y en una especie de obsesión para ambos.

He querido recordar esta fábula porque ilustra, mejor que cualquier análisis, cuál es la verdadera causa del conflicto que enfrenta a la Isla con su poderoso vecino del norte. Un año después del triunfo de la Revolución de 1959 el sociólogo estadounidense C. Wright Mills publicó un librito de éxito relampagueante tanto en inglés como en español (Listen, yankee), cuyo narrador, un cubano común y corriente que interpela a su oyente norteamericano, se pregunta: “¿Nos ayudará la elección de un nuevo presidente de los Estados Unidos para 1961?”. A lo que él mismo responde: “No parece probable. Tus dos candidatos han competido tanto en ignorancia como en beligerancia respecto de nosotros. […] ¿Qué debemos pensar cuando Mr. Nixon habla abiertamente de ponernos de rodillas y Mr. Kennedy ‘adopta una posición firme’ y nos llama ‘satélite comunista’? […] Lo único que pueden ver los Kennedy y los Nixon en el mundo es un imaginario escenario militar y ambos lo ven llenos de histeria” (Escucha, yanqui. México: FCE, 2019, p. 47).

Con altas y bajas, con mayor o menor beligerancia y matices de uno u otro tipo, ese panorama se ha mantenido desde entonces y ha forzado a los cubanos a vivir en un estado de excepcionalidad desgastante. Tras la pax obamiana, con la llegada del primer Trump, el añejo e imaginativo entramado del bloqueo estadounidense se enriqueció hasta límites impensados: durante el mandato de este las sanciones fueron sumándose unas tras otras hasta rebasar las doscientas, es decir, más de una por semana como promedio. Entre ellas estuvo la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, la cual implica un insaciable hostigamiento económico y financiero. Esa catarata de presiones estimuló –más que cualquiera de las demás causas, no desdeñables– una emigración que se hizo masiva, sobre todo entre los jóvenes, en los últimos años.

La orden ejecutiva firmada por el presidente norteamericano el pasado 29 de enero considerando a Cuba una “amenaza inusual y extraordinaria” contra la seguridad de los Estados Unidos intenta ser el puntillazo final a la Revolución cubana. Dicha orden (tan ridícula como perniciosa) castiga a cualquier país que exporte combustible a Cuba, lo que supone, en la práctica, apelar al estrangulamiento, impedir el más elemental funcionamiento de la sociedad, e imponer una rendición o inducir a través del hambre y la deseperación una explosión social que, en las condiciones actuales, resultaría funcional –más allá de la voluntad de cada quién– a la voluntad imperial.

Adelantándose a tales propósitos, y con similar desprecio al que en los albores del pasado siglo Teddy Roosevelt exclamara orgulloso “I took Panama!”, Trump habla con desparpajo e insolencia de “tomar Cuba” y “hacer con ella lo que quiera”. No es díficil imaginar que añore conseguir, de un modo perverso y cruel, lo que no pudieron catorce administraciones estadounideneses, incluida la suya. Seguramente sueñe también con ver en el litoral habanero grandes hoteles con su nombre estampado en refulgentes letras doradas.

Entre tanto, políticos y medios influyentes de todas partes se dan a la tarea de pensar Cuba a partir de la idea de superchería histórica. Movidos por la urgencia de desmontar el sentido mismo de la Revolución, recurren a formulaciones pertenecientes al campo semántico del sinsentido y la derrota, a la idea de que no hay emancipación posible por esa vía, que la única opción es entre democracia liberal y totalitarismo. Se olvida –pongamos por caso– lo que la Revolución cubana ha significado en materia de dignificación, esperanzas y mejoras concretas para millones de personas, incluyendo su tenaz lucha de décadas por las reivindicaciones del Tercer Mundo. Se pasa por alto el hecho de que alcanzara indicadores de salud y desarrollo humano más avanzados, incluso, que los de algunos países ricos, y de que formara una población educada y a cientos de miles de profesionales y técnicos, tanto cubanos como extranjeros que estudiaron gratuitamente en la Isla. Se pretende borrar su fomento a la cultura y el acceso masivo a ella, así como el orgullo de haber sido una potencia olímpica. Se aspira a diluir en la memoria su incansable vocación solidaria, incluida la decisiva participación –que tantas vidas cubanas costó– en la independencia de Angola y Namibia, y en la derrota del apatheid en África del Sur; tanto como haber llevado personal de la salud a medio mundo, y ser capaz –gracias al desarrollo biotecnológico alcanzado– de inmunizar a sus ciudadanos contra la Covid-19 con vacunas propias.

Pese a esos ejemplos, lo cierto es que Cuba nunca pudo construir la Revolución que quiso, sino la que pudo, tanto por las presiones externas como por limitaciones propias. Y en el camino debió renunciar a buena parte de los sueños. Es fácil, en consecuencia, describir los mil y un problemas y carencias de la sociedad cubana, los vicios y demandas insatisfechas que se mezclan con tropiezos, dogmatismos y problemas estructurales, el desgaste natural y la fatiga que van aparejadas con burocracia, verticalismo y arbitrariedades de diverso tipo. Pero conviene recordar que ninguno de esos males está asociado con la rendición de la soberanía ante el capital, con la desnutrición y los desahucios, con la injusticia social y la humillación de los humildes, con el lavado de dinero y el crimen organizado; y mucho menos con torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, tan comunes en la historia latinoamericana.

De momento Trump y su siniestro secretario de Estado creen haber encontrado la Solución Final para Cuba. No se trata esta vez de un bombardeo puntual, asesinatos selectivos y el secuestro de un presidente, como en Venezuela; tampoco de una guerra abierta, como en Irán. Para Cuba han elegido, llevada a dimensión nacional, la Fórmula Derek Chauvin, es decir, aquella puesta en práctica por el policía de Mineápolis obstinado en presionar con su rodilla el cuello de un hombre maniatado sobre el suelo. Confortable en su incómoda postura, Chauvin sabía que disponía de todo el tiempo del mundo. A George Floyd, en cambio, le bastaron 8 minutos y 46 segundos para morir asfixiado. Como a Floyd, a Cuba se le reserva la variante de privarla de cualquier entrada de oxígeno, precisamente cuando parece, una vez más, haber quedado sola. Ese es el altísimo precio que se le intenta cobrar a la Isla por haberse atrevido a desafiar el orden imperante, ofrecer una alternativa y haberle sostenido la mirada a los dueños del mundo durante casi siete décadas.

Precisamente en Cuba, en 1898, los Estados Unidos emergieron como potencia mundial. El “siglo americano” se inició con la derrota de las tropas españolas, a las que los cubanos se habían enfrentado a lo largo de treinta años solo para ver que, en una guerra relámpago, el ejército norteamericano se apoderaba del triunfo. Está por ver qué papel vuelve a tocarle al imperio, ahora declinante, en su nueva y pretendida aventura en la Isla. En cuanto a Cuba, ante el peor (aunque no imposible) de los escenarios, vale la pena recordar algo que expresaba el poeta Roberto Fernández Retamar en 1991, cuando para los cubanos el panorama, tras la desaparición de la Unión Soviética, no podía ser más sombrío. Recordaba él a muchos de los grandes derrotados de la historia y afirmaba que no había razón para creer que nuestro proyecto tenía necesariamente que ganar, y que, de hecho, “una de las cosas hermosas que tiene […] es que parece que tiene casi todas las de perder”. Pero “subirme en el carro de los yanquis porque ‘inexorablemente van a ganar’”, remataba, “es una meta repugnante que sería razón suficiente para que no me subiera a ese carro”.

Lo cierto es que el proceso cubano sobrevivió a aquel duro trance. Y aunque la historia puede depararnos un futuro inmediato no menos sombrío, ella no concluirá tras los hipotéticos 8 minutos y 46 segundos a los que quieren condenarnos. No hay que olvidar que si bien es cierto que Dios creó a los yanquis para que los cubanos conocieran los límites de la libertad, también es verdad que decidió crear a estos para que aquellos conocieran los límites de su prepotencia.

La Habana, 18 de marzo de 2026

PD. Escribo entre apagones que pueden durar, en esta privilegiada capital dentro del contexto cubano, doce horas diarias, como parte de una angustiosa cotidianidad que ha pasado a formar parte de nuestras vidas. Es más: la semana pasada, en medio de una intervención quirúrgica a la que me sometí, pude vivir el momento en el que el hospital quedó a oscuras. Los cirujanos ni se inmutaron; siguieron adelante con la poca iluminación que se filtraba a través de la puerta de cristal. El joven anestesista sacó el celular de su bolsillo y dirigió la luz a mi abdomen durante el tiempo que demoró en entrar en funcionamiento la planta de energía del hospital. Hoy tuve la primera consulta posoperatoria. El médico me encontró muy bien. (Tomado de la Revista Cult).

https://cubarte.cult.cu/la-ventana/cuba-846/?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTEAc3J0YwZhcHBfaWQPMjc1MjU0NjkyNTk4Mjc5AAEesdJd_F76ybpIlfYjxgg8duRpk9gMQkh2DjDJl53ro-AkQ7lWowIu54j4EEw_aem_bQMSJepevGgE5MzpIjCSyA

sábado, 28 de marzo de 2026

Entrevista para La Jornada (México)

Luis Hernández Navarro

La Habana. Las paredes de la entrada del estudio de Silvio Rodríguez en el municipio Playa, en La Habana, están llenas de vestigios del largo camino recorrido, en la forma de reconocimientos enmarcados. En el primer piso se encuentra el estudio de grabación. De un lado, un piano de cola, convive con varios bancos. Del otro, en lo que podría ser un puesto de mando, se halla una enorme consola de audio, que asemeja un sofisticado laboratorio de alquimia musical. “Aquí trabajo”, nos dice el cantautor, antes de comenzar la sesión fotográfica.

Después de una breve conversación sobre cómo, gracias a él y a sus compañeros, una parte de la izquierda cultural mexicana que rechazaba el rock en nombre de la Nueva Canción, terminó por aceptar este género.

Autodefinido más como una persona de preguntas que de respuestas, el autor de Madre respondió generosamente a un cuestionario de La Jornada. Allí sostiene que la determinación de resistir en la isla proviene de su historia, de la forja de la nación cubana. Y añade: “buena parte de nuestro pueblo estaría dispuesto a defender nuestra soberanía con las armas, si fuera necesario”.

Foto: Marco Peláez

Sus respuestas, ayudan con mucho, a entender y calibrar el significado del asedio medieval que hoy vive la Antilla y la respuesta de su pueblo.

–Hace unos días, Silvio Rodríguez cambió las cuerdas de su guitarra por el acero de un fusil de combate para defender a su pueblo. Usted usó uniforme militar durante los más de tres años en que hizo su servicio militar y las dos veces que estuvo como internacionalista en Angola. Se volvió guitarrero en el ejército. ¿Es justo decir que al recibir el AKM regresa en parte a sus orígenes? ¿Hay en la defensa de la acosada Cuba actual, cantera para escribir nuevas canciones?

–Efectivamente: después de leer las amenazas del presidente de Estados Unidos diciendo que iba a tomar a Cuba, hice un breve comentario en mi blog. Para mi sorpresa, casi inmediatamente tuve una respuesta, que después se hizo pública, de las Fuerzas Armadas de mi país. Las FAR son una institución de la que en cierta medida provengo, incluso como autor, porque pasando mi servicio militar empecé a tocar la guitarra. Tanto fue así que el lunes 12 de junio de 1967 fui desmovilizado y al día siguiente, martes 13, debuté en la televisión cantando dos de mis canciones.

“Debo confesar que ni remotamente esperaba que aquellas palabritas que puse como comentario (porque ni siquiera era un post) fueran a tener tanta trascendencia. Aunque las agresiones imperiales pudieran parecer ser una de nuestras condiciones naturales, nuestra propia vida, intensa y a veces también contradictoria, nos ha convertido en una cantera de todo tipo de expresiones, incluso las cantadas.”

–En caso de que desde Estados Unidos intente invadir la isla ¿saldrá la población a defenderla como usted está dispuesto a hacer?

–Ciertos políticos estadunidenses han deseado hacerse de Cuba desde hace unos 200 años. Primero trataron de comprar la isla a España, si mal no recuerdo un par de veces; después, a fines del siglo XIX, cuando nuestro Ejército Libertador había puesto en retirada al ejército colonial, volaron su acorazado Maine en la bahía de La Habana como pretexto para declarar la guerra a España. De esa maniobra surgió una guerra que terminó en un tratado en París donde los cubanos no tuvimos voz ni voto. Ahí nos impusieron la Enmienda Platt, ley extraterritorial que les daba derecho a intervenir en Cuba cuando lo consideraran. Hay una larga historia de razones para que los cubanos desconfiemos de “el norte revuelto y brutal”, como lo calificó nuestro apóstol, José Martí. Por esa razón supongo que buena parte de nuestro pueblo estaría dispuesto a defender nuestra soberanía con las armas, si fuera necesario.

–En Oda a mi generación dice usted: “Yo no reniego de lo que me toca”. ¿Qué le toca a Silvio Rodríguez en estos tiempos infaustos en que vivimos?

–Lo primero que debo decir es que no me gustan los fanatismos, que siempre he abogado por la crítica y la autocrítica. No hay obra humana perfecta y creo haber dejado constancia de esto, tanto en mis canciones como en escritos, entrevistas y, desde hace unos 16 años, en mi blog, Segunda cita (https://segundacita.blogspot.com). Eso sí: sin pertenecer a partido alguno tomé partido por el mejoramiento humano.

“Cuando escribí aquella Oda me refería a las contradicciones que le tocaron a mi generación, sobre todo extremismos e impunidad de funcionarios, escaseces que nada tienen que ver con las dimensiones actuales pero que ya entonces resultaban notables. Ahora, con el incremento del bloqueo y el deterioro de los años, todo lo que falta se hace vital. Sobre todo en la salud pública y en la educación, servicios en los que Cuba llegó a ser ejemplo. Así que me toca seguir siendo un ciudadano, ahora un poquito mayor, que desea lo mejor para su país.”

–Sus acordes y sus versos han sido como rayos en las tormentas del continente, la banda sonora de varias generaciones que desean vivir un otro mundo, la crónica de sus sueños, fantasías y temores. ¿Qué le corresponde a la música, a la suya y a la de otros cantautores, en estos aciagos tiempos?

–Nunca me ha gustado dictar fórmulas. La vida es diversa y así la respeto. Creo que en Cuba predominan expresiones de calidad en todas las maneras de hacer música y versos. Claro que también hay puro y duro comercio, pero en general creo que predomina un compromiso con lo verdaderamente artístico. Y creo que eso es resultado de un país que puso la educación sin límites al alcance de todos sus hijos.

–Al inicio de su pasada gira de 13 conciertos en seis países de América Latina, en las escalinatas de la Universidad de La Habana, usted comenzó declamando un fragmento de Maestros ambulantes de José Martí y terminó interpretando su canción Venga la esperanza. ¿En estos tiempos de reveses hay lugar para la esperanza en la Cuba de hoy? ¿De dónde viene?

–De Maestros ambulantes se suelen citar algunos fragmentos, como por ejemplo: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso”, y también “Ser culto es el único modo de ser libre”. Sin embargo, se ha ignorado otro que incluí y que completa la idea: “Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”.

“Martí se refiere a ‘lo común de la naturaleza humana’. Él no dice que pensar así sea lo mejor, como cuando habla de ser bueno y de ser culto. Comenta que, para la mayoría, verse progresar es lo que nos hace sentir bienestar y felicidad. Yo creo que por esa certeza el bloqueo contra Cuba se ha ido incrementando: quieren que nuestra gente sienta que en su país no hay futuro que valga.

“Estoy muy consciente del amplio espectro de problemas que arrastramos y de lo nuevo negativo que surge, como el bloqueo energético. Pero siempre he visto a Cuba resistir. Fidel dijo que Revolución era “cambiar lo que debe ser cambiado” y creo que se estaba refiriendo a una revolución en la Revolución. Hace años canté que había que quitarle la R a la palabra revolución, o sea, que había que evolucionar. Brillantes economistas, incluso algunos ex ministros, desde hace años aconsejan reformas que no se emprenden o que se reciben a regañadientes. Veo que últimamente se están dando pasos más decididos en esa dirección. Y no es por las presiones de Estados Unidos. Es que dentro de Cuba también, desde hace años, hay un combate por concepciones más realistas que van a beneficiar a nuestro pueblo. Apoyo eso, siempre que no esté en juego nuestra condición de nación soberana, cosa que considero fundamental.”

Sentimiento patriótico

–Usted tiene una estrechísima relación con su público y con la población de su país. Sus canciones documentan sus sentires y afanes. ¿De dónde cree que viene la fuerza y la determinación de la gente de a pie para resistir el bloqueo?

–De nuestra historia, de la forja de la nación cubana. Esto tiene que ver con un sentido de pertenencia del lugar donde se nace, con un sentimiento patriótico. Y en esto determina, por supuesto, lo que se siente recibir del lugar donde se vino al mundo y se creció.

–En el inicio de este viaje en la vida cuenta usted que la hornada de trovadores a la que perteneció, los jóvenes la identificaban, entre mitos y controversias, como una generación que puso fuego en jugarse la historia. ¿Ganó su generación la historia?

–A veces pudiera parecer que sí. Pero, si Cuba cae, la historia la van a reinventar sus enemigos. En cierta medida, la prensa corporativa (esa que algunos llaman la gran prensa) y sus numerosas ramificaciones en la red están contando ya su versión.

–Dice Rosa Miriam Elizalde: “Millones de latinoamericanos aprendimos más sobre la historia y, sobre todo, la sensibilidad de nuestros países escuchando las canciones de Silvio que en los textos de los grandes historiadores del complejo laberinto de la cultura”. ¿Qué nos dice hoy Silvio de lo que sucede en el Cono Sur?

–Da gusto tener amigos tan generosos como Rosa Miriam, pero la historia yo la aprendí de Ramiro Guerra, de Fernando Ortiz, de Emilio Roig, de José Luciano Franco, de Julio Le Riverend, de Torres Cuevas, de mi pariente Eusebio Leal, y de otros grandes historiadores que ha dado mi país.

“Lo que pasa es que las canciones, al ser lenguajes breves, sintetizan lo que acumula en su cabeza el que las hace. Así nos robamos algunos méritos ajenos.”

– Sus canciones han acompañado e iluminado las luchas de liberación en América Latina. Inspiraron a quienes lucharon contra las dictaduras de extrema derecha y a favor de las mejores causas. ¿Qué piensa hoy Silvio Rodríguez al ver la foto de 12 mandatarios del hemisferio rodeando a Trump, para celebrar la formación del “Escudo de las Américas”.

–El llamado Escudo de las Américas parece un intento de revitalizar el neocolonialismo, de borrar los principios que fundaron las Naciones Unidas y acaso un signo de desesperación imperial. “América para los norteamericanos”. A mi modo de ver, este regreso a la derecha recalcitrante comenzó con la caída de la URSS que, aún con sus defectos, contradecía al capitalismo y significaba cierta esperanza de un mundo mejor. China y Rusia han heredado el odio imperial por ser rivales económicos.

“Probablemente el capitalismo sea un sistema difícil de superar por basarse en una parte oscura pero cierta de los humanos: el egoísmo. Así el mundo actual está controlado por las corporaciones, las trasnacionales y la industria armamentística; un entramado de dominación que sostiene a un imperio al que sólo le interesa su supremacía, nunca la piedad ni la solidaridad.”

–A diferencia del florecimiento artístico que acompañó a la Revolución cubana, diera la impresión de que el progresismo en el continente no incubó un proyecto cultural alternativo. No hay nada como el festival en Casa de las Américas de 1967. ¿Por qué cree que ha sucedido esto?

–Casa de las Américas fue fundada en 1959, el mismo año del triunfo revolucionario; al frente estaba una mujer de una sensibilidad excepcional que conocí muy bien: Haydée Santamaría. El casi 30 por ciento de analfabetos que había en Cuba en 1959 dejó de serlo con la Campaña de Alfabetización de 1961. En 1962 se fundaron las Escuelas de Arte. En 1967 el campesinado y los obreros cubanos luchaban por alcanzar el sexto grado. Con el gobierno revolucionario, la educación, la cultura y el derecho a la salud dejaron de ser privilegio de pocos. Yo no creo en el igualitarismo absoluto, pero sí en la justicia social.

–Usted tocó por primera vez en México en un concierto en el Cine París en 1975. Su música se conocía por casetes. Luego, tocó en pequeñas salas y en la UNAM hasta que saltó, a comienzos de los años 80, al Auditorio Nacional. Desde entonces, su contacto con el país ha sido constante. ¿Qué significa México en su obra y en su trayectoria?

–Sí, estuve en México por primera vez en 1975 e hice un concierto en el Cine París junto con Pablo Milanés y Noel Nicola. Eran unas jornadas de la cultura cubana que incluía al Ballet Nacional, con Alicia Alonso al frente. También estaba Leo Brouwer, uno de los músicos más extraordinarios de nuestra historia, que por entonces dirigía el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, donde trabajábamos Noel, Pablo y yo. Aquella vez, en el concierto final que se hizo en el Auditorio, tuvimos una pequeña participación.

“México, parte de mi alma”

“Por aquellas fechas yo había leído sobre el México precolombino y sobre la revolución mexicana y tenía muchos deseos de conocer vuestro país. Quería ver las pirámides, las ciudades de las culturas autóctonas. Había leído a Sor Juana, a Juan de Dios Peza, a Rulfo, a Sabines, a Fuentes. Conocía a Thelma Nava, de Casa de las Américas, y en aquel primer viaje tuve la suerte de abrazar a Efraín Huerta, que ya estaba enfermo. 

“Fui muy amigo de la gran escultora Marta Palau, que había ganado un concurso internacional de arte en Cuba. En casa del pintor Raúl Martínez conocí al fotógrafo Pedro Meyer y ya en México conocí a Graciela Iturbide, que vivía en una calle de nombre inolvidable: Barranca del Muerto.

“Para las jornadas del exilio uruguayo volví con Noel e hicimos una gira extensa con el grupo argentino-mexicano Sanampay. Un día llegamos a la UNAM y en un cuarteto juvenil cantaba una muchacha de voz preciosa, Eugenia León. Otra noche me llevaron a un sitio donde vi y escuché a Toña la Negra, tan admirada en Cuba. Quise mucho al Negro Ojeda. Me enorgullece decir que fui muy amigo de Amparo Ochoa y muy cuate de Marcial Alejandro. A Maru Henríquez la conocí siendo una adolescente. Ella para nosotros era Maru chica, porque su mamá era Maru grande, una maestra de primaria que crió a sus hijos trabajando muy duro, un ser inolvidable.

“Creo que alguna vez conté mi encuentro y larga amistad con Arsacio Vanegas Arroyo y su familia. Como se sabe, soy amigo de Andrés Manuel y de Beatriz. Creo que Claudia Sheinbaum es la mejor presidente de toda Latinoamérica. Por estas y por muchas otras razones, México ya es parte de mi alma.”

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/03/28/espectaculos/el-pueblo-cubano-esta-dispuesto-a-defender-su-soberania-con-las-armas-silvio-rodriguez

jueves, 26 de marzo de 2026

Entrevista para El País (España)

Silvio Rodríguez: “El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba”

 El cantautor cubano recibe a EL PAÍS en su estudio de La Habana, días después de que recibiese una réplica del fusil kaláshnikov que pidió para repeler un eventual ataque de Estados Unidos

Por Noor Mahtani

La imagen de un fusil en manos de un cantautor es extraña, pero no cuando el que la empuña es Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, 79 años). El cantautor cubano lleva toda la vida cantándole directa o indirectamente a la Revolución, a sus cabecillas y sus ideales; a los mártires y la guerrilla. “En mis canciones hay politización, pero no propaganda”, dice el músico, que recibe a EL PAÍS este miércoles en los estudios de Ojalá, en La Habana. Habla de la “ortodoxa y cerrada” visión del Gobierno en el ámbito económico y de su apuesta por un socialismo menos “cuadriculado”. “El socialismo de libreta es muy idealista”, zanja. De la opinión que le merece el Gobierno de Estados Unidos no se mueve un milímetro: “El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba”.

Foto Gladys Serrano

Adorado por las izquierdas del mundo y repudiado por la oposición —quien lo conoce como “el trovador del régimen”—, conversa frente a guitarras y una pintura hecha por presos cubanos a los que cantó hace dos décadas, justo una semana después de solicitar a las Fuerzas Armadas un fusil AKM si Donald Trump invadiera militarmente la isla. “Pero es de mentira; una imitación muy bien hecha”, señala. 


La intención de tener que usar una de verdad sigue intacta. “No te voy a decir lo que pienso de quienes quieren que a su propio país lo bombardeen y lo invadan”, dice, una alusión a los cubanoamericanos que aúpan la política exterior de Trump. “A los de la oposición no les deseo mal, pero no les deseo que ganen. No por mí, sino por lo que significaría para este país”.


En el mítico estudio de Rodríguez, por el que han pasado Chucho Valdés, Omara Portuondo y Pablo Milanés, entre otros, suena una de las canciones que está a punto de ver la luz. Es una entre las decenas repartidas en más de 20 álbumes que han dado la vuelta al mundo, hasta posicionarlo como una de las voces latinoamericanas más prestigiosas. “Cubano falsificado y cubano original; cubano insubordinado y cubano editorial”, se escucha. Él sonríe imaginando una Cuba en la que quepan también las voces disidentes. “Lo positivo es que la gente tenga oportunidad de expresar lo que piensa y que de la discusión y del diálogo surjan las verdades”, dice. 

A pesar de la crítica situación de su país, el autor de himnos como Ojalá, La maza Unicornio, asegura no haberle alcanzado la desesperanza. “Me niego a pensar que el futuro va a ser uno de falta de sentimientos humanos. Si eso fuera así, la vida es un fracaso. Y no creo que lo sea”.


Pregunta. ¿Por qué pidió que le entregaran un fusil AKM?


Respuesta. Es un arma de mentira; una imitación muy bien hecha, pero me entregaron un papel para que, en caso de una agresión armada a nuestro país, pueda ir a una unidad militar y pedir un arma de verdad. En cierta medida, provengo de las Fuerzas Armadas, empecé a tocar la guitarra en el servicio militar. Cuando alguien de allá [Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos] dice que no es suficiente lo que se estaba hablando entre el Gobierno cubano y el de Estados Unidos e, inmediatamente después, su presidente dice que va a “tomar el país”, me pareció que era algo inminente. Ya habían hecho lo de Venezuela y siguen empantanados con Irán. Y dije ‘vienen para acá’, así que escribí una notita en mi blog y no pensé que fuera a tener esa trascendencia, la verdad. Pero la tuvo. Y me brindaron el arma de mentira.


P. ¿Ve cercano un escenario en el que Trump tome Cuba? 


R. Lo veo posible. Ojalá no sea cercano e incluso imposible, pero es posible. Y más con la grandísima historia de intervenciones de Estados Unidos, sabotajes, invasiones… 


P. ¿Hay más cubanos dispuestos a armarse como usted si Trump invade la isla?


R. No puedo garantizarlo. Es muy larga la historia de intervenciones y de deseos de apoderarse de Cuba. Los cubanos que conocen esa historia, que han vivido una parte de lo que yo he vivido, estoy seguro de que esos sí estarían dispuestos a defender nuestro país con las armas. No todos. 


P. Hay otros cubanos que están cruzando los dedos para que la intervención se dé. 


R. Sí, hoy leí que en Miami hubo una manifestación de cubanospidiendo que derribaran el Gobierno a la fuerza, o sea, prácticamente pidiendo una invasión. No te voy a decir lo que pienso de quienes quieren que a su propio país lo bombardeen y lo invadan.


P. ¿Qué opina?


R. Imagínatelo…


P. Cuba ha recibido apoyo del Gobierno de México, no así de los países de la región. Costa Rica y Ecuador retiraron las embajadas en Cuba, Jamaica y Honduras han cerrado la puerta a la brigada médica… ¿Está Latinoamérica mirando hacia otro lado?


R. La que está dominada por Gobiernos de derechas es obvio que sí. Pero eso ha pasado siempre. Ahora, por la situación de agresividad manifiesta en el mundo, muchos países piensan que es mejor no provocarlo. Es amargo que se haya luchado tanto por una unidad latinoamericana y que de pronto haya países que se vendan. 


P. En una entrevista con la revista Rolling Stone usted dijo que no se había desilusionado nunca del Gobierno ni de la Revolución. ¿Renovaría votos?


R. ¿Desilusionado? No, pero tengo criterios. El problema es que los Gobiernos están formados por personas y cada cual en su predio hace lo que entiende o lo que cree que le beneficia personalmente. El oportunismo y el extremismo existen en todas las ideologías. Yo sí creo que hay asuntos económicos que desde hace 30 años debimos habernos planteado de otra forma. 


P. ¿En qué sentido?


R. El modelo económico que dictaba el socialismo de libreta es muy idealista. La práctica ha demostrado que la gente produce mejor y más cuando se puede beneficiar directamente de lo que hace. Y tantas trabas burocráticas no son convenientes. 


P. ¿Le parecen entonces beneficiosas las medidas económicas del Gobierno?


R. Sí. Un poco tardías, porque realmente hay economistas que desde hace muchos años tienen un contrapunto con el Gobierno por esa razón. 


P. Parte de estas medidas están dirigidas a la diáspora, sobre todo a la de Florida, donde viven los principales opositores al Gobierno.


R. A mí eso me molesta un poco, porque puede parecer que esas medidas son resultado de las conversaciones con Estados Unidos, pero se vienen discutiendo en Cuba desde hace mucho tiempo.


P. Pero el anuncio se dio días después de reconocer que había negociaciones...


R. Pero, te repito, son cosas planteadas en Cuba desde hace muchos años. En mi mismo blog he publicado innumerables artículos de esta gente que critica la manera ortodoxa y cerrada de ver el tema económico. 


P. Usted fue especialmente crítico con el Gobierno por la represión durante las protestas del 11 de julio, cuando se encarceló a entre 1.000 y 1.500 manifestantes.


R. Siempre lo dije. Las fuerzas del orden debían garantizar la seguridad de los que se manifestaban. 


P. ¿Piensa lo mismo con las protestas y cacerolazos actuales en contra del Gobierno?


R. Sí. Es normal, la gente la está pasando muy mal. Hay una inflación tremenda, los viejos como yo, con ahorros de toda una vida, a veces no pueden ni comprar un cartón de huevos. Eso es muy serio. El tema de los hospitales es durísimo. Las escuelas cerrando, las universidades mandando a sus becarios a las provincias… Todo ello por el recrudecimiento del bloqueo.


P. Además del bloqueo, ¿cuál es la parte de responsabilidad del Gobierno?


R. Tuviéramos más comida si estas medidas económicas [de apertura] se hubieran tomado hace décadas. La gente del campo estuviera más firme y hubiera más elementos para resistir. 


P. El convoy Nuestra América fue tildado por la oposición de “turismo ideológico”. ¿Qué piensa?


R. Me parece lógico que quienes quieren hundir a Cuba le pongan nombres tristes a las actitudes de solidaridad. Es parte de una estrategia de descrédito a la que estamos sometidos hace muchos años. Hablan del régimen y esas palabritas que les gustan, pero regímenes tenemos todos. Ahora mismo el mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista, ladrón, asesino. Y no es Cuba.


P. Usted habla de una estrategia mediática, pero hay decenas de periodistas en el exilio que no pueden volver a la isla.


R. Es triste que lo más profundo de la verdad sea apagado por tanta cantidad de infundios. Cuba ante eso [la “estrategia mediática”] es pobre también. Muchos responden a intereses poco humanos. Cuba solo ha intentado ser un país donde todo el mundo tenga derechos, pueda ir a la universidad y a cualquier tipo de operación. Estuvimos por muchos años en un florecimiento, pero como éramos comunistas ahí nos quedó ese cuño. Te dicen comunista y “aahhh”. ¿Que Cuba ha cometido errores? Habría que ver cómo hubiéramos sido sin el bloqueo. Eso es otra utopía. No nos permitieron verlo.


P. Cuando triunfó la Revolución, usted tenía 12 años. Es testigo de un sistema funcional y de cómo se desmoronó…

 

R. Fue triste y alarmante. Sin duda, esta renuencia y suspicacia por abrirse existió desde siempre y ha continuado con este Gobierno, que se autodefinió como “continuidad”. 


P. ¿No lo siente así?


R. Yo no tengo la forma de juzgar lo que sucede allá arriba porque lo desconozco, pero conozco que en la superestructura hay diferentes formas de ver las cosas. Siempre ha habido un enfrentamiento muy callado, que no trasciende, entre unos más ortodoxos, más cerrados, y otros más abiertos, con un sentido más realista. 


P. ¿Quién va a ganar el pulso?


R. En eso estamos desde hace muchos años, pero a mí me gusta que circule el pensamiento. Lo positivo es que la gente tenga oportunidad de expresar lo que piensa y que de la discusión y del diálogo surjan las verdades.

 

P. ¿Le da miedo una apertura total?


R. Lo único que falta es que lo pongan como una estrellita más de la bandera. Yo no quisiera que eso fuera así con Cuba, para nada. Estados Unidos es un país complejo, pero al que hay que tener en cuenta por su poderío y por su “capacidad de persuasión”. 


P. Usted es de amores y odios. Para unos es un símbolo de la izquierda y para otros el “trovador del régimen”...


R. Me odian [risas]. Hay una canción que dice: “Dicen que me arrastrarán por sobre rocas cuando la Revolución se venga abajo, que machacarán mis manos…”. Eso fue porque una vez me rompieron la guitarra y escuché qué es lo que nos harían el día en que la Revolución cayera. Yo nunca he odiado tanto a nadie como para desearle algo tan terrible. A los de la oposición no les deseo mal, pero no les deseo que ganen. No por mí, sino por lo que significaría para este país.


P. ¿Qué opina de los artistas que buscan separar su obra de la política?


R. Eso siempre ha existido. Cuba es un tema controversial incluso dentro de la izquierda, porque hay gente que se comporta como de izquierdas pero con respecto a Cuba se reservan sus posiciones.


P. ¿Usted es una persona radical?


R. En algunas cosas. Me doy cuenta de lo que sucede. Tengo muchas canciones políticas y no me he dedicado a hacer campaña con ellas. No, no. Nunca me interesó ser político, me gusta más la belleza.

 

P. Hay cosas que juntan la belleza y lo político. Hace días reconoció que le gustó la canción Lo que le pasó a Hawái, de Bad Bunny…


R. Sí, porque es muy valiente lo que hizo en el Super Bowl. Me parece un tipo valiente por aprovechar su proyección para plantar esa idea. 


P. ¿Cree que la juventud cubana dejó de ser de izquierdas?


R. Una juventud que ha nacido en un país empobrecido, como es el nuestro, a lo mejor no encuentra razones para creer en el país. Eso hay que entenderlo, las circunstancias los han llevado a pensar así, pero me niego a pensar que el futuro va a ser uno de falta de sentimientos humanos. Si eso fuera así, la vida es un fracaso. Y no creo que lo sea.


https://elpais.com/america/2026-03-26/silvio-rodriguez-el-mundo-esta-dirigido-por-un-regimen-autoritario-belicista-y-ladron-y-no-es-cuba.html

miércoles, 25 de marzo de 2026

Carta abierta al mundo:

desde Cuba, una mujer de a pie denuncia el crimen que no quieren ver 

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A la humanidad entera, a las madres del mundo, a los médicos sin fronteras, a los periodistas con dignidad, a los gobiernos que aún creen en la justicia:

Me llamo como millones. No tengo apellidos conocidos ni cargos importantes. Soy una cubana de a pie. Una hija, una hermana, una patriota. Y escribo esto con el alma desgarrada y las manos temblando, porque lo que hoy vive mi pueblo no es una crisis. Es un asesinato lento, calculado, fríamente ejecutado desde Washington.

Y el mundo mira hacia otro lado.

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👵 DENUNCIA POR MIS ABUELOS:

Denuncio que en Cuba hay ancianos que mueren antes de tiempo porque el bloqueo impide que lleguen medicamentos para el corazón, la presión, la diabetes. No es falta de recursos. Es prohibición deliberada. Empresas que quieren venderle a Cuba son multadas, perseguidas, amenazadas. Sus gobiernos callan. Y mientras tanto, un abuelo cubano aprieta el pecho y espera. La muerte no avisa. El bloqueo sí.

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👶 DENUNCIA POR MIS NIÑOS:

Denuncio que hay incubadoras en Cuba que han debido apagarse por falta de combustible. Que hay recién nacidos luchando por su vida mientras el gobierno de Estados Unidos decide qué países pueden vendernos petróleo y cuáles no. Que hay madres cubanas que han visto peligrar la vida de sus hijos porque una orden firmada en una oficina de Washington vale más que el llanto de un bebé a 90 millas de sus costas.

¿Dónde está la comunidad internacional? ¿Dónde están las organizaciones que tanto defienden la infancia? ¿O es que los niños cubanos no merecen vivir?

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🍽️ DENUNCIA POR EL HAMBRE INTENCIONAL:

Denuncio que el bloqueo es hambre programada. No es que falte comida porque sí. Es que nos impiden comprarla. Es que los barcos con alimentos son perseguidos. Es que las transacciones bancarias son bloqueadas. Es que las empresas que nos venden granos, pollo, leche, son sancionadas.

El hambre en Cuba no es un accidente. Es una política de Estado del gobierno de Estados Unidos, refinada durante 60 años, actualizada por cada administración, recrudecida por Donald Trump y ejecutada con saña por Marco Rubio.

Ellos llaman a esto "presión económica". Yo lo llamo terrorismo con hambre.

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⚕️ DENUNCIA POR MIS MÉDICOS:

Denuncio que nuestros médicos, los mismos que salvaron vidas en la pandemia mientras el mundo entero colapsaba, hoy no tienen jeringas, ni anestesia, ni equipos de rayos X. No porque no sepamos producirlos. No porque no tengamos talento. Sino porque el bloqueo nos impide acceder a los insumos, a los repuestos, a la tecnología.

Nuestros científicos crearon cinco vacunas contra la COVID-19. Cinco. Sin ayuda de nadie. Contra viento y marea. Contra bloqueo y mentiras. Y aún así, el imperio nos castiga por haberlo logrado.

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🌍 AL MUNDO LE DIGO:

Cuba no les pide limosna.

Cuba no les pide soldados.

Cuba no les pide que nos quieran.

Cuba les pide justicia. Nada más. Nada menos.

Les pido que dejen de normalizar el sufrimiento de mi pueblo.

Les pido que llamen al bloqueo por su nombre: CRIMEN DE LESA HUMANIDAD.

Les pido que no se dejen engañar por el cuento del"diálogo" y la "democracia" mientras nos aprietan el cuello.

No queremos caridad. Queremos que nos DEJEN VIVIR.

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A los gobiernos cómplices que callan:

La historia les pasará factura.

A los medios que mienten:

La verdad siempre encuentra grietas.

A los verdugos que firman sanciones:

El pueblo cubano no olvida y no perdona.

A los que aún tienen humanidad en el pecho:

Miren a Cuba. Miren lo que le hacen. Y pregúntense: ¿De qué lado de la historia quiero estar?

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Desde esta isla pequeña, con un pueblo gigante,

Una cubana de a pie que se niega a rendirse.


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No me importa si tienes 10 amigos o 10 mil seguidores.

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No me importa si nunca compartes nada.

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Esto no es una noticia de farándula.

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Hoy no te pido un "me gusta".

Te pido que uses tus pulgares para algo más grande que desplazar la pantalla.

COMPARTE.

Para que el mundo sepa que en Cuba no hay una crisis.

Hay un CRIMEN.

Para que las madres de otros países sepan que aquí hay bebés luchando en incubadoras apagadas por el bloqueo.

Para que los abuelos de otras tierras sepan que aquí hay ancianos que mueren esperando medicamentos que Washington no deja entrar.

Para que los gobiernos cómplices sientan vergüenza.

Para que los medios mentirosos no tengan escapatoria.

Para que los verdugos sepan que NO NOS CALLAMOS.

Una sola persona compartiendo esto no cambia el mundo.

Miles, millones, SÍ.

No te quedes con este texto guardado.

No seas cómplice del silencio.

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#CubaDenunciaAlMundo

#ElBloqueoMata

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#CubaVive

#COMPARTEporCuba

#QueElMundoNosEscuche

#DenunciaQueDuele

#CubaGrita

#ElBloqueoEsCrimen

#ViralizaLaVerdad

#PatriaOMuerte

#Venceremos


                                                     Ikay Romay 

                                                     ✊🇨🇺💔

lunes, 23 de marzo de 2026

Pensar el futuro

Víctor Heredia

El escalofrío de la dictadura cayó sobre nuestra familia llevándose a cuatro de los nuestros. Mi hermana María Cristina, al niño/a que llevaba en su vientre, a su marido Claudio Nicolás Grandi y a los pocos meses derrumbó definitivamente a mi padre, quien no pudo soportar semejante tragedia.

Esta fecha trae aquellos recuerdos después de exactos cincuenta años. También susurra sus inolvidables fantasmas: el miedo, la angustia de la búsqueda, la tristeza de mi madre que se fue sin saber dónde enterraron a su hija, sin abrazar a su nieto/a, mis exilios, mi culpa de sobreviviente, la espantosa sensación de no haber podido hacer nada para rescatarlos.


Quienes hoy aceptan, sin decir palabra, los posibles indultos y la reducción de penas a quienes fueron considerados Criminales de Lesa Humanidad, no tienen idea del impacto emocional que produce en un ser humano semejante abuso. Los invito a reflexionar sobre nuestro futuro. La memoria lo es, aunque parezca una perogrullada, nuestros pasos son guiados por nuestras experiencias. No perdamos esa guía sustancial que nos unió en una consigna social que enorgullece a esta sociedad entera y le dio contenido y razón a nuestra democracia.

¡Nunca más! Con todo lo que hoy implica. ¡Nunca más!




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