jueves, 15 de octubre de 2026

¿A dónde van los conciertos?

 Belén Gopegui

Un concierto no es sólo una suma de canciones, un concierto es también una sintaxis y compone un texto único. Vengo a contar una lectura, cabrán olvidos pues nada fue anotado y la memoria queda atravesada por las cosas repentinas que se cruzan. 

Vengo a hablar del concierto de un poeta cantor, un trovador. Vaya por delante el reconocimiento de lo ya gozosamente conocido, cómo su arte produce formas nuevas de experimentar la vida, cómo ocupa el momento intransitivo y entonces lo que es, es, por ejemplo, su manera de construir una belleza electrizante y a la vez equilibrada, de jugar, de recordar que, según dijo una vez, “usamos la misma piel para amar que para defender lo que creemos”, cómo logra que la bondad no se avergüence. Vaya también por delante una banda de instrumentistas excepcionales.

Vengo con un comentario de texto, subjetivo, franco, escrito sin pretensión alguna de dar por buena mi interpretación, pero también sin renunciar a lo que pude acertar leer en medio de un contexto. El concierto de Silvio Rodríguez, final de una gira por numerosas ciudades, tiene lugar en Madrid el 4 de octubre de 2026.

Imagino el dilema de un trovador cuyo país está siendo estrangulado ante el silencio institucional del país que le recibe para una gira de conciertos. El trovador quiere mantener vivo el sentido de su arte. Al mismo tiempo, no quiere guardar silencio. De modo que elige hablar del y para el mundo, no sólo de y para su país. Porque viene de una revolución mucho más acostumbrada a dar que a pedir. Como su tarea es la poesía cantada, asigna a la poesía la tarea del ángel que pasa por los silencios dando voz a las ausencias presentes.

Comienza con esa canción extraña y clara, Historia de las sillas: “El que tenga una canción tendrá tormenta, / el que tenga compañía, soledad. / El que siga buen camino tendrá sillas / peligrosas que lo inviten a parar.”.

Las canciones se cantan, no se interpretan; cuando se escribe sobre ellas apenas cabe rememorar el pensamiento sentido, o viceversa, con que se escucharon. El sentimiento pensado con que se escuchó conduce a un nudo del ánimo, allí donde el deseo de pararse y olvidar vive con el deseo de hacer lo que debemos hacer. Porque en la vida no se es algo, ni siquiera los países son algo, revolucionarios, luchadores por la justicia, gozadores o todo a la vez, sino que en la vida se está, y los estados pasan o se mantienen. Que levante la mano quien no haya querido dejarse mecer sin navegar. 

Después el trovador lee una cita de José Martí. Es una cita conocida y el trovador pide reparar también en la última de las tres líneas: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. Miro al público, ¿estará pensando lo que estoy pensando? La frase se puede leer de muchas maneras, puede hacer pensar en las rectificaciones, en la necesidad de introducir estímulos en los proyectos revolucionarios para empujar una economía que no vive en una urna de cristal sino en una isla rodeada de capitalismo por todas partes. También puede hacer pensar en el hoy, en que se está impidiendo con chantaje y violencia que en la isla de Cuba hagan uso de sus recursos de tal manera que prosperidad y vida se tornan casi imposibles y por tanto, si el chantaje no cesa, puede llegar un día en que se impida también el ejercicio del derecho elemental a elegir los propios valores. 

A la cita le sigue la canción Ala de colibrí, “por tanta noche, por el sol diario, en compañía y en solitario”. Llega Sueño con serpientes: “Oh, la mato y aparece una mayor, / oh, con mucho más infierno en digestión”. Cada cual imagina, supongo, su serpiente; muchas personas en el público imaginarán además las serpientes de esa isla cuyo pueblo tomó su Bastilla y desde entonces el acoso de las serpientes no ha cesado, así se cantará luego: “Me acosa el carapálida que carga sobre mí, /sobre mi pueblo libre, sobre mi día feliz”.  

Llegan canciones nuevas y otras con muchos años. Llega el momento de Palestina precedido por un poema de Luis Rogelio Nogueras: “Pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino / desde las colinas de Judea / hasta los campos de concentración del III Reich. / Pienso en ustedes / y no acierto a comprender /cómo / olvidaron tan pronto / el vaho del infierno”.

Hay quien legítimamente dice que el mal, el daño sufrido no debería ser escuela de nada. Se puede aceptar la idea y, al mismo tiempo, afirmar que el mal, el daño sufrido no puede ser justificación de quien lo inflige luego a población inocente. El público tras este poema se alza, grita por Palestina, enarbola banderas. Y es probable que piense también en un recuerdo: el momento en que España fue dejada sola y al mismo tiempo no lo fue. Cuando un sector del Ejército dio un golpe de Estado fascista apoyado por Estados fascistas muchos países lo consintieron, se lavaron las manos, no hicieron nada durante los tres años en que la República española, el sistema político legítimo, resistió hasta ser abatida. Muchos ciudadanos de esos países sí acudieron, en cambio, a luchar con la república y a defenderla. 

Me pregunto entonces si la institucionalidad de nuestro país cabría un tanto en ese poema; no las personas, no las organizaciones de solidaridad, sí, insisto, las instituciones de un país que ahora ven cómo estrangulan a un país hermano, y callan y no actúan. Pienso en qué estarán haciendo ahora los más de doscientos estudiantes de Palestina becados por Cuba en 2024 para formarse como profesionales de la salud, continuando así con un programa de años y de miles de becas. ¿Qué pensarán de su destino? Haber escapado de una Gaza masacrada, y que el gobierno de los Estados Unidos haya convertido al país de acogida en –son palabras de Silvio Rodríguez– una “Gaza silenciosa” sobre la que está aplicando un plan de exterminio con consecuencias tales como que sólo el treinta por ciento del cuadro de medicamentos esté disponible en toda la isla. 

Canta el trovador: “Debo dejar la casa y el sillón. / La madre vive hasta que muere el sol / Y hay que quemar el cielo, / si es preciso, por vivir, / por cualquier hombre del mundo, / por cualquier casa”.

Son momentos de emancipación en Madrid y en otras ciudades. Son días de rebeldía que, se anhela, forjarán, entre otras cosas, un nuevo internacionalismo en esta tierra. 

Al rato, solos, Niurka González, Malva Rodríguez González y Silvio Rodríguez interpretan, como un dardo y una luz, La belleza, de Aute: “Míralos como reptiles / al acecho de la presa / negociando en cada mesa / maquillajes de ocasión / … / No rozaron ni un instante / la belleza”.

Los acordes de El necio resonarán con la misma nitidez de su “para darme un rinconcito en sus altares, / me vienen a convidar a arrepentirme”. La respuesta se escucha todavía: “yo me muero como viví”.

Voy más deprisa, salto muchas canciones, pues fue un concierto generoso, bien cargado. Avanza ahora entre “el espejismo de intentar ser uno mismo” y el “ir matando canallas con su cañón de futuro”. Pues el trovador canta La canción del elegido. Al día siguiente, el periodista y escritor Manuel Jabois, quien había estado en el concierto, dijo que esa canción era su preferida de los tiempos en que “él era muy fan” y, ficcionándose a sí mismo, contó que esa noche había soñado con la revolución, con “la frustración por cómo ha acabado la revolución cubana”. Lo malo de ficcionarse uno a sí mismo, permítanme la ironía, es que a lo peor termina ficcionando también los sujetos y los verbos. ¿Es lo mismo decir “cómo ha acabado la revolución cubana” que decir “cómo siguen todavía intentando acabar con ella”? Si la Guardia Costera de Estados Unidos, rama –como es sabido– de las fuerzas armadas, incauta barcos petroleros dirigidos a Cuba, si el mes pasado interceptó, abordó y tomó el control de un petrolero de un país, México, un país que quiere legítimamente comerciar con otro, y le obligó a retroceder en aguas internacionales, no parece que eso sea que la revolución ha acabado, sino que quieren acabar con ella. Si lo llevan haciendo durante meses, si retienen los contenedores en los puertos, si después de que se aprueben medidas largo tiempo discutidas para que puedan crearse empresas en Cuba el Gobierno de Trump aprueba formas de intimidar a esas empresas, las privadas, las que dice que quiere fomentar, no parece que la revolución esté acabando sino que quieren acabar con ella. Si quieren acabar con ella, si la asedian y suman medidas coercitivas unilaterales contra empresas, ministerios, los puertos de los países que comercian con la isla, o empresas de países como el nuestro, que se somete, que acepta el chantaje en silencio, si eso sucede parece, en fin, que hay algo con lo que acabar.

¿Y por qué quieren acabar con ella si el país no tiene suficiente petróleo para que valga la pena robarlo tal como están haciendo en Venezuela? ¿Por qué el 29 de enero de 2026 el Gobierno de los Estados Unidos emite una orden ejecutiva en la que habla de “la amenaza inusual y extraordinaria de Cuba para la seguridad nacional de Estados Unidos”, frase descrita por el Gobierno de Cuba como “aseveración calumniosa y ridícula”? Ridícula, sin duda, con respecto a la materialidad imposible de que una isla de once millones de habitantes pueda dañar a una potencia armamentística como Estados Unidos. ¿Qué tiene entonces esa isla? ¿Los sueños de Jabois, quizá? ¿Los de las miles de personas que han cantado La era, Playa Girón o La canción del elegido? 

Tiene algo en lo que se apoyaron, todavía podrían apoyarse si quisieran, esos sueños. Tiene un teorema que no le dejan demostrar, y ese no dejarle alumbra la gran probabilidad de que el teorema sea cierto: se podría vivir sin explotar a otros países, se podría vivir sin usar a emigrantes para bajar los sueldos, se podría vivir haciendo de la dignidad un bien colectivo y del gozo, la risa y el sentido del momento histórico algo tan habitable, tan intenso y tranquilo, al final, tan fácil. 

Llegan canciones nuevas, promesas y aventuras, cosas encendidas por dentro, en palabras de Jorge Mautner. Llega Nuestro después: “Se apagaron corales. / Hay como un sumidero / de bienes naturales. / Me pregunto quiénes contarán / lo que fue, lo que fuimos”.

En algún momento viene la invocación cantada de José Mujica, “la vida fue pasado, pero es más porvenir”, viene la celebración del afán de saber que es El escaramujo, “yo vivo de preguntar, saber no puede ser lujo”. Y viene un canto que es una declaración, la más rara y pujante que se haya escrito. El canto, van unos fragmentos, dice: “¿Te molesta mi amor? / Mi amor de juventud / y mi amor es un arte en virtud // ¿Te molesta mi amor? / Mi amor sin antifaz / y mi amor es un arte de paz. // … // Mi amor no precisa fronteras / como la primavera / no prefiere jardín. // Mi amor no es amor de mercado / porque un amor sangrado / no es amor de lucrar. // Mi amor es todo cuanto tengo. / Si lo niego o lo vendo /¿para qué respirar? // … // Mi amor no es amor de uno solo / sino alma de todo / lo que urge sanar. // Mi amor es un amor de abajo / que el devenir me trajo / para hacerlo empinar. // … // Mi amor abre pecho a la muerte / y despeña su suerte / por un tiempo mejor. // Mi amor, este amor aguerrido / es un sol encendido / por quién merece amor”.

“Ése tiene que ser nuestro himno”, me dijo una amiga a la salida del concierto. En la palabra nuestro estaba tanta gente, casi toda quizá. Estaban las huelgas, las tareas de organización, las luchas por un frenar el calentamiento, por el agua, los corales, por una sociedad sin clases donde la igualdad es lo contrario del homogeneísmo, pues es la condición necesaria para ensayar miles de formas de estar y de hacer; estaba, también, el país agredido dirigiéndose al país agresor y a quienes consienten.

Llegábamos al final del concierto. Con Ojalá el palacio fue una sola voz, allá iban todos los amores, los contrariados, los que empiezan, los que ya no están; allá el fervor de las palabras que significan también cuando algo no alcanza a desvelarse en lo que significan. Vino en los últimos temas el Reparador de sueños, vino para quedarse. De alguna forma se esperaba que el último fuese Te doy una canción. Y acaso por azar, acaso por cambiar, o acaso porque el trovador y los extraordinarios músicos que le acompañaban estaban en Madrid, donde se encuentran las sedes del Gobierno, Parlamento, consejos generales, algunos sindicatos, algunos partidos políticos, etcétera, lo que hizo Silvio Rodríguez no fue cantar esa canción, sino dar, de hecho, una. ¿Cuál? Óleo de mujer con sombrero. En medio de la efusión general con que volvían las palabras que sabíamos de memoria, las que se habían usado tantas veces para precipitar el deseo, “los amores cobardes no llegan a amores, se quedan ahí”, a algunas personas nos dio por pensar que al decir “la cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes” estaba diciendo a la vez otra cosa; al fin y al cabo, quién quiere ser hombre pudiendo ser amante, y el amor iba también por Cuba, por la revolución. 

https://ctxt.es/es/20261001/Culturas/55493/Belen-Gopegui-cronica-gira-Silvio-Rodriguez-gira-musica-Cuba.htm

martes, 13 de octubre de 2026

Un nuevo sistema histórico

Ignacio Ramonet 

Mucha gente está perpleja. Desconcertada. Descolocada ante los acontecimientos que estamos viviendo. Hay una enorme incertidumbre. Una profunda inquietud. Incluso miedo. Porque, una vez más, no entendemos, no comprendemos lo que está sucediendo en nuestras sociedades y en el planeta. El mundo se ha vuelto muy difícil de leer, de descodificar. Y la información que recibimos no nos ayuda. Incluso nos confunde más. Muchas de nuestras herramientas conceptuales ya no nos permiten interpretar, descifrar lo que está pasando. 

Y es normal. Porque lo que estamos viviendo  no es simplemente una nueva crisis internacional. Ni siquiera una policrisis. No es solamente una nueva fase de la rivalidad entre grandes potencias.  Tampoco es únicamente una nueva revolución tecnológica. Lo que está ocurriendo es algo más profundo.

Estamos asistiendo a la convergencia, en un mismo momento histórico, de varias grandes rupturas que normalmente se producen separadamente: una transformación del sistema geopolítico internacional; una transformación de la economía-mundo; una revolución tecnológica ; una transición energética ; una mutación demográfica ; una crisis climática y ecológica ; y una profunda modificación de las formas de producción, de comunicación y de organización social. Y lo extraordinario de este nuevo momento es que todas estas transformaciones están ocurriendo simultáneamente y se están influyendo unas a otras.

Hoy, el Orden Internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial está dando paso a un mundo más fragmentado y multipolar, al mismo tiempo que avanzan la inteligencia artificial, las transformaciones demográficas y la crisis climática. Y precisamente esa simultaneidad convierte el momento actual en un período de incertidumbre excepcional.

Por eso creo que debemos evitar dos errores.

El primero consiste en pensar que estamos simplemente ante una sucesión de crisis : la guerra, la inflación, las tensiones comerciales, la crisis energética, la rivalidad Estados Unidos-China, la inteligencia artificial…
No.

El segundo error consiste en pensar que todo esto constituye una especie de accidente pasajero del sistema.
Tampoco.

Lo que estamos viviendo es la transición de un sistema histórico hacia un nuevo sistema histórico cuyo perfil todavía no está completamente definido.

Y, precisamente por eso, este es un momento gramsciano en el que la política vuelve a adquirir una importancia extraordinaria, fundamental.
Porque cuando las reglas de una época empiezan a dejar de funcionar y los nuevos paradigmas todavía no están establecidos, se abre un período de disputa.
De disputa por definir e imponer las nuevas reglas y los nuevos paradigmas de la nueva época histórica que comienza.

Para tratar de entender mejor este cambio copernicano que estamos viviendo, propongo los siguientes veinte apuntes con el objeto de visualizar mejor la actual cartografía conceptual de esta Nueva Transformación.

1. Geopolítica. De un mundo unipolar a un mundo con múltiples centros de poder
Durante más de tres décadas, desde la desaparición de la Unión Soviética en 1991, vivimos lo que podríamos llamar un momento unipolar.
Estados Unidos quedó como única superpotencia global. Eso no significa que controlase absolutamente todo. Existían otras grandes potencias, economías regionales, instituciones internacionales y múltiples formas de resistencia. Pero la arquitectura general del sistema internacional estaba organizada alrededor de una sola superpotencia cuyo peso económico, financiero, militar, tecnológico y cultural era incomparable.
Ese período está terminando.

No porque Estados Unidos haya dejado de ser una gran potencia. Sigue siendo una potencia extraordinariamente poderosa.
Pero porque han aparecido otros centros de acumulación de poder.

China constituye hoy una potencia económica, industrial y tecnológica de primera magnitud.

La India aumenta su peso económico, demográfico y estratégico. Rusia conserva una enorme capacidad militar y energética. Brasil y México desempeñan un papel central en América Latina y poseen recursos estratégicos de dimensión continental. Países como Indonesia, Turquía, Irán, Arabia Saudita, Etiopía, Nigeria o Sudáfrica disponen de capacidades regionales y de márgenes de autonomía cada vez mayores. Y numerosas economías del llamado Sur Global intentan diversificar sus relaciones internacionales.

Los BRICS son una de las expresiones de esta nueva transformación. No constituyen un bloque homogéneo, y sería un error presentarlos como tal, pero expresan una realidad geopolítica : una parte creciente del mundo quiere disponer de mayor capacidad de negociación dentro de las instituciones internacionales, y reducir su dependencia de un único centro de poder.

Estamos, por tanto, ante una multipolarización del sistema internacional.

Pero debemos entender bien qué significa esto. Multipolaridad no quiere decir automáticamente cooperación. Tampoco significa que las rivalidades desaparezcan. Puede significar precisamente lo contrario: que habrá más actores con capacidad para competir, negociar, bloquear, guerrear, presionar y establecer alianzas variables. El nuevo mundo que está naciendo puede ser más plural, pero también más conflictivo. Y esta es una de las grandes paradojas de este nuevo tiempo : nunca hemos necesitado tanto la cooperación internacional y, sin embargo, nunca ha sido tan difícil construirla.

2. El regreso de la geopolítica a la economía

Durante los años de la gran globalización neoliberal (1979-2008) se difundió una idea poderosa : la economía terminaría por relativizar la política. Las empresas producirían allí donde fuese más barato. Los capitales circularían libremente. Las cadenas de producción atravesarían las fronteras. Los Estados perderían progresivamente capacidad de intervención. Y la interdependencia económica terminaría haciendo demasiado costoso el conflicto entre grandes potencias.

Hoy sabemos que esa visión era incompleta sino errónea. La economía no ha sustituido a la geopolítica.

La geopolítica ha regresado al corazón de la economía.

Lo vemos en todas partes. Los Estados subvencionan sectores estratégicos. Controlan determinadas exportaciones. Protegen determinadas tecnologías. Intentan asegurar cadenas de suministro. Acumulan reservas. Reorganizan sus relaciones comerciales. Buscan controlar minerales estratégicos. Utilizan las finanzas como instrumento de poder. Y consideran determinadas infraestructuras tecnológicas como cuestiones de seguridad nacional.
El comercio internacional, que durante las ominosas décadas neoliberales fue presentado principalmente como una cuestión de eficiencia económica, vuelve a ser también una cuestión de soberanía. Para los grandes inversores, la pregunta ya no es solamente:
¿Dónde es más barato producir? La pregunta es cada vez más: ¿Dónde podemos producir sin quedar estratégicamente expuestos?
Esta transformación es enorme. Porque significa que hemos pasado de una lógica dominada por la eficiencia a otra en la que eficiencia y seguridad compiten permanentemente.

3. La globalización no desaparece : se fragmenta

No creo que estemos asistiendo al final de la globalización. Estamos asistiendo a su transformación. Las cadenas mundiales de producción no han desaparecido. Se están reorganizando. Aparecen conceptos como nearshoring, friend-shoring, regionalización, autonomía estratégica, resiliencia de las cadenas de suministro. La empresa que antes buscaba exclusivamente el menor coste comienza a preguntarse también si su proveedor se encuentra en un país considerado políticamente seguro. Esto está modificando profundamente la geografía de la producción.
Un dato importante : los sectores estratégicos -IA, microprocesadores, minerales críticos y transición energética- pasaron de representar el 16 % de los nuevos proyectos internacionales de inversión en 2020, al 44 % en 2025.  Es una manera muy concreta de demostrar que no estamos hablando simplemente de una impresión geopolítica :  el mapa del capital ya está cambiando.

Esto nos conduce a una conclusión importante. La globalización no está desapareciendo.

Se está convirtiendo en una globalización políticamente y geopolíticamente condicionada. Y eso abre oportunidades, pero también peligros. Porque una economía mundial fragmentada puede permitir a determinados países mejorar su posición negociadora. Pero también puede producir una nueva división del mundo en grandes espacios económicos y tecnológicos. Y entonces surge una pregunta decisiva: ¿Será el siglo XXI un siglo de cooperación entre regiones o un siglo de competencia entre bloques? Todavía no lo sabemos. Pero esa disputa ya ha comenzado.

4. El verdadero campo de batalla : la tecnología

Y aquí llegamos, probablemente, al elemento más importante de todos. La nueva confrontación internacional no se desarrolla únicamente alrededor de territorios. Se desarrolla alrededor de tecnologías. En el siglo XX, las grandes potencias competían por el petróleo, el acero, la industria pesada, las rutas marítimas, las armas nucleares.
Hoy continúan compitiendo por esos recursos. Pero aparecen nuevos recursos de otra dimensión : Microprocesadores (chips); Computación avanzada; Inteligencia artificial; Robótica; Biotecnologías; Computación cuántica; Satélites; Astronáutica; Cables submarinos; Centros de datos; Sistemas operativos; Redes de telecomunicaciones; y, sobre todo : datos.

La tecnología ha dejado de ser un simple sector económico. Se ha convertido en un instrumento de poder geopolítico.

Por eso la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China tiene una importancia que va mucho más allá de las empresas concretas involucradas. Lo que está en juego es qué potencia tendrá capacidad para diseñar la infraestructura tecnológica de las próximas décadas. 

Y aquí aparece una diferencia fundamental respecto de épocas anteriores.

Una potencia puede tener petróleo. Puede tener territorio. Puede tener una gran población.

Pero si no dispone de determinadas tecnologías, puede encontrarse dependiendo de quienes las controlan.

Por eso los microprocesadores se han convertido en un recurso estratégico.
Y por eso la fabricación de los microprocesadores más avanzados constituye hoy una cuestión de seguridad nacional para varias grandes potencias.

5. La inteligencia artificial : es mucho más que una revolución tecnológica

Pero ninguna de estas transformaciones tiene probablemente la capacidad disruptiva de la inteligencia artificial. La IA no es simplemente una nueva herramienta informática. Es una tecnología que puede intervenir en prácticamente todos los sectores de actividad humana. En la industria. En la medicina. En las finanzas. En la educación. En la agricultura. En la administración pública. En la investigación científica. En la guerra. En la comunicación. En la producción y la creación cultural. Y, naturalmente, en la política.
Pero hay algo todavía más importante.
La inteligencia artificial puede modificar la relación entre conocimiento, trabajo y capital.
Durante la revolución industrial del siglo XIX, las máquinas sustituyeron progresivamente determinadas formas de trabajo físico. Ahora las máquinas comienzan a intervenir sobre determinadas formas de trabajo intelectual. Y esto plantea una cuestión histórica : ¿Qué sucederá cuando una máquina pueda realizar determinadas tareas que hasta ahora exigían la intervención de un ser humano cualificado ? No tenemos todavía una respuesta completa. Pero sí sabemos algo. La revolución de la inteligencia artificial no se distribuirá automáticamente de manera equitativa.
La inversión mundial en IA e infraestructura digital está concentrándose en un número reducido de países y sectores. También  la inversión en sectores estratégicos -IA, microprocesadores, minerales críticos y tecnologías vinculadas a la transición energética- representa ya una proporción extraordinariamente superior a la de hace apenas cinco años.
Esto significa que la brecha tecnológica puede convertirse en una nueva forma de desigualdad internacional.
Y aquí se plantea una cuestión fundamental para América Latina : ¿Será América Latina simplemente consumidora de inteligencia artificial o será también productora de inteligencia artificial? Porque hay una diferencia enorme entre utilizar una tecnología creada en otra parte y poseer las capacidades científicas, industriales y educativas necesarias para desarrollarla.

6. Del petróleo a los datos, los chips y la capacidad de cálculo

Podríamos resumir el nuevo cambio histórico de una manera muy sencilla.

Durante buena parte del siglo XX, el poder económico dependía de una combinación de : territorio, materias primas, energía e industria. En el siglo XXI se añade una nueva secuencia: datos, capacidad de cálculo, algoritmos e inteligencia artificial.
Esto modifica incluso nuestra concepción de la soberanía. Antes hablábamos de soberanía territorial. Después hablamos también de soberanía energética. Hoy tenemos que comenzar a hablar de soberanía tecnológica y soberanía digital.

Surgen nuevos planteamientos, nuevas preocupaciones : ¿Quién posee los datos? ¿Dónde están almacenados ? ¿ Quién controla los centros de datos ? ¿Quién fabrica los microprocesadores ? ¿Quién desarrolla los modelos de IA ? ¿ Quién controla las plataformas ? ¿Quién establece los estándares ? ¿Quién decide lo que puede hacer una inteligencia artificial ?

Son preguntas económicas. Pero son esencialmente preguntas políticas. Y, finalmente, son preguntas de soberanía.

7. La nueva batalla por la energía

La energía constituye otro de los grandes ejes de la Gran Transformación actual. Durante décadas se habló de transición energética como si consistiera simplemente en sustituir el petróleo, el gas y el carbón o sea, las energías carbonatadas, por energías renovables. La realidad es mucho más compleja. Porque la transición energética necesita enormes cantidades de minerales : Litio. Cobre. Níquel. Cobalto. Grafito. Tierras raras (un grupo de 17 elementos clave para fabricar los imanes permanentes potentes que requieren los motores de vehículos eléctricos, los teléfonos inteligentes y los aerogeneradores). Y muchos otros materiales indispensables para sustituir los combustibles fósiles por tecnologías limpias como los vehículos eléctricos, la energía eólica y la solar. La demanda de esos minerales se triplicará para 2030.

Por eso la transición energética no elimina la geopolítica de los recursos. La transforma.

Y a ese respecto, América Latina ocupa una posición muy importante. La región dispone de una parte significativa de los recursos minerales, energéticos, hídricos y agrícolas que necesitará la economía del futuro. Pero tener recursos no significa necesariamente controlar la riqueza que esos recursos generan. Ésta es una lección histórica que América Latina conoce demasiado bien. Durante siglos, la región exportó materias primas e importó productos elaborados. El desafío del siglo XXI consiste en no repetir automáticamente esa estructura. Porque puede producirse una nueva forma de extractivismo : extraer litio, cobre, niquel o tierras raras ; exportarlos ; y después importar baterías, vehículos eléctricos, componentes tecnológicos y productos de alto valor añadido fabricados en otros lugares.
Porque el verdadero desafío no es solamente: ¿quién posee los minerales?
Es: ¿quién controla la cadena de valor completa?

8. El Sur Global no es un bloque, pero sí una realidad histórica

Quisiera detenerme aquí sobre una expresión que utilizamos con frecuencia : «Sur Global».

Conviene utilizarla con prudencia. El Sur Global no constituye una entidad homogénea. India no es Brasil; Brasil no es México; México no es Sudáfrica ; Sudáfrica no es Indonesia; Indonesia no es Arabia Saudita. Y cada uno de estos países tiene intereses nacionales específicos. Pero existe algo nuevo. Numerosos países del Sur están intentando ampliar su margen de autonomía. Quieren diversificar mercados. Diversificar divisas. Diversificar proveedores. Diversificar alianzas diplomáticas. Participar más activamente en las instituciones internacionales. Y, sobre todo, quieren que su peso económico creciente tenga una traducción política.

La distribución del poder económico mundial ya no corresponde exactamente a la distribución del poder institucional heredada de mediados del siglo XX. Y ésta es una de las contradicciones fundamentales del sistema internacional contemporáneo.

El mundo económico ha cambiado mucho más rápidamente que las instituciones creadas para gobernarlo.

El problema de las Naciones Unidas. El problema del Fondo Monetario Internacional. El problema del Banco Mundial. El problema de la OMC. Todos ellos tienen, en última instancia, una preocupación común: ¿Cómo adaptar la gobernanza mundial a una distribución del poder que ya no es la de 1945?

9. La gran paradoja de nuestro tiempo : más interdependencia y más fragmentación

Hay una paradoja que me parece particularmente importante. Nunca hemos estado tan interconectados. Un teléfono contiene componentes fabricados en múltiples países. Una computadora depende de minerales extraídos en un continente, procesadores fabricados en otro, software desarrollado en otro, y capital procedente de otro. Los alimentos viajan miles de kilómetros. Los capitales circulan instantáneamente. Los mensajes atraviesan el planeta en fracciones de segundo. Y, sin embargo, políticamente, el mundo parece fragmentarse.

Esta contradicción es central.

La interdependencia material aumenta, mientras disminuye la confianza política.

Y eso es peligroso. Porque los grandes problemas de nuestro tiempo no se detienen en las fronteras. El cambio climático no tiene nacionalidad. Una pandemia no reconoce límites ni aduanas. La inteligencia artificial tampoco. Las grandes crisis financieras atraviesan los continentes. Los océanos son comunes. La atmósfera es común. Las redes digitales son globales. Y, sin embargo, la respuesta política tiende a ser cada vez más nacional.

Necesitamos, por tanto, una nueva arquitectura de cooperación internacional. Pero no una cooperación que ignore las profundas desigualdades existentes. Una cooperación que permita también corregirlas.

10. La contradicción de la revolución tecnológica

Hay otro aspecto que me parece fundamental. La tecnología puede aumentar extraordinariamente la productividad. Pero productividad no significa automáticamente bienestar. Una economía puede producir más y distribuir peor. Puede disponer de tecnologías extraordinarias y consentir enormes desigualdades. Puede tener inteligencia artificial, y mantener a millones de personas sin acceso a una educación adecuada. Puede disponer de robots y tener trabajadores precarizados. Puede producir cantidades enormes de riqueza y concentrarla en pocas manos. Por eso debemos distinguir dos preguntas.
La primera es: ¿Qué puede hacer la tecnología?
La segunda, mucho más política, es: ¿Para quién se utiliza la tecnología y cómo se distribuyen sus beneficios?
Ésta es probablemente una de las grandes preguntas del siglo XXI.
La expansión de la IA puede ampliar la brecha entre economías si no se desarrollan capacidades nacionales, infraestructura digital, educación y mecanismos de gobernanza inclusivos.  La revolución tecnológica, por tanto, no elimina la cuestión social. La vuelve todavía más compleja.

11. Una nueva cuestión social

Durante el siglo XIX, la cuestión social estaba determinada fundamentalmente por la relación entre capital y trabajo industrial. El movimiento obrero nació para responder a aquella transformación. Durante el siglo XX aparecieron el Estado social, los derechos laborales, la negociación colectiva, la seguridad social, la educación pública.

Hoy comienza a aparecer una nueva cuestión social. ¿Qué ocurre cuando determinados trabajos (físicos e intelectuales) pueden ser automatizados ? ¿Qué sucede cuando un pequeño número de empresas controla plataformas utilizadas por miles de millones de personas ?
¿Qué sucede cuando los datos personales se convierten en una mercancía ? ¿Qué ocurre cuando un algoritmo decide quién recibe un crédito, quién aparece en una plataforma, qué información ve una persona o qué trabajador es contratado ?

La relación entre capital y trabajo no desaparece. Pero se transforma. Y los partidos políticos tendrán que comprender esta nueva realidad. Porque las categorías sociales del siglo XX ya no describen exactamente las nuevas sociedades del siglo XXI.

12. La batalla por la información

Existe, además, otra transformación decisiva. La revolución digital ha democratizado extraordinariamente la capacidad de producir información. Pero también ha concentrado extraordinariamente la capacidad de distribuirla. Y esto produce una paradoja. Nunca tantos individuos habían podido expresarse. Y nunca tan pocas plataformas habían tenido tanta capacidad para organizar la circulación de esa expresión. La información se ha convertido en una infraestructura de poder. La inteligencia artificial introduce ahora una nueva dimensión. Ya no se trata solamente de producir y distribuir información. Se trata de producir textos, imágenes, vídeos, voces y contenidos sintéticos a una escala prácticamente ilimitada.

Esto transforma el ecosistema político. La frontera entre información, propaganda, entretenimiento y manipulación puede hacerse cada vez más difícil de distinguir. Por eso la defensa de la democracia en el siglo XXI no consiste solamente en defender instituciones electorales. También implica defender ecosistemas de información suficientemente plurales, verificables y transparentes.

13. La cuestión militar también está cambiando

La revolución tecnológica está transformando igualmente la naturaleza de la guerra. Drones. Satélites. Robots. Sistemas autónomos. Ciberataques. Inteligencia artificial. Guerra electrónica. Sistemas de reconocimiento. Armas de precisión.

La guerra del futuro -y en algunos aspectos ya la guerra del presente- combina tecnologías que hace apenas unas décadas pertenecían a la ciencia ficción. Esto tiene una consecuencia política fundamental. La superioridad militar depende cada vez más de la superioridad tecnológica.

Y eso significa que la frontera entre economía civil, industria tecnológica y seguridad nacional se hace progresivamente más difusa. Un microprocesador puede ser un componente de un teléfono. Pero también puede formar parte de un sistema militar. Un algoritmo puede recomendar una película. Pero también puede utilizarse en inteligencia militar. Un satélite puede proporcionar información meteorológica. Pero también información estratégica militar. La tecnología civil y la tecnología militar están cada vez más interconectadas.

14. La transición ecológica y la transición tecnológica son inseparables

Hay otra cuestión que no podemos olvidar. El siglo XXI es también el siglo de la crisis climática. Y esto significa que la transformación económica tendrá que ser simultáneamente tecnológica y ecológica. La inteligencia artificial puede ayudar a optimizar redes eléctricas, prever catástrofes, mejorar la agricultura o gestionar el agua. Pero también consume cantidades crecientes de energía y de recursos hídricos. Y requiere enormes infraestructuras físicas. Por eso no existe una transición digital separada de una transición energética. Ambas están convergiendo. Y los países que controlen simultáneamente energía, minerales, infraestructura digital y capacidad tecnológica dispondrán de una ventaja estratégica considerable.

15. El mundo entra en una época de incertidumbre

Si intentamos reunir todas estas piezas, podemos identificar una especie de ecuación histórica. Tenemos : multipolaridad geopolítica ; fragmentación de la globalización ; competencia tecnológica ; revolución de la inteligencia artificial ; transición energética ; lucha por los minerales críticos ; crisis climática ; transformación demográfica ; rearme y nuevas formas de guerra ; y una profunda desigualdad en la distribución de las capacidades tecnológicas.

No son diez problemas independientes. Forman parte de una misma Gran Transformación. Por eso debemos abandonar la tentación de analizar cada crisis por separado. El mundo que está naciendo es un sistema (o sea, un conjunto de elementos ordenados e interrelacionados que trabajan de forma coordinada para cumplir un objetivo o una función específica). Y debemos comprenderlo como sistema. 

El FMI proyecta, para 2026, un crecimiento mundial de alrededor del 3 %, pero subraya que ese crecimiento es muy desigual y que conviven fuerzas contradictorias : los efectos económicos de los conflictos y un fuerte ciclo de inversión impulsado por la tecnología. 
Es una buena metáfora de nuestro tiempo. Vivimos entre los vientos cruzados de la guerra y la tecnología.

16. ¿Y qué significa todo esto para los partidos políticos?

Llegamos así a una pregunta esencial : ¿Qué significa esta Gran Transformación histórica para los partidos? Creo que significa, en primer lugar, que los partidos no pueden limitarse a administrar las consecuencias de las transformaciones. Tienen que comprenderlas. Un partido político del siglo XXI no puede hablar solamente de salarios, impuestos, vivienda, jubilación, educación o sanidad -aunque todos estos temas continúen siendo esenciales- sin comprender qué está ocurriendo con la inteligencia artificial, con las cadenas mundiales de producción, con los minerales críticos, con la transición energética, con las plataformas digitales y con la nueva distribución internacional del poder.
Porque esas transformaciones determinarán precisamente el futuro de los salarios, del empleo, de las migraciones, de las jubilaciones, de la educación, de la vivienda y de los servicios públicos.
La política social y la geopolítica ya no pueden pensarse separadamente. La política industrial y la política exterior tampoco. La política tecnológica y la política educativa tampoco. Y la política energética y la política climática tampoco. Todo está comenzando a formar parte de una misma problemática, de un mismo sistema.

17. La cuestión de la soberanía

Por eso creo que una palabra recuperará una importancia enorme durante las próximas décadas : soberanía. Pero debemos redefinirla. Soberanía no significa aislamiento. No significa encerrarse. No significa rechazar la cooperación internacional. Al contrario.

En un mundo profundamente interdependiente, ningún país puede ser completamente autosuficiente. La soberanía del siglo XXI debería significar capacidad de decisión. Capacidad para decidir qué producir. Qué tecnología desarrollar. Qué recursos proteger. Qué datos controlar. Qué infraestructuras construir. Qué alianzas establecer. Qué modelo energético adoptar. Qué educación proporcionar. Y cómo distribuir los beneficios de la transformación tecnológica. La soberanía no consiste en estar solo.
Consiste en no estar obligado a aceptar todas las decisiones de otras potencias.

18. La gran batalla será por la distribución de los beneficios de la nueva revolución

Y aquí llegamos, quizá, al punto esencial:  Las revoluciones tecnológicas no determinan por sí mismas el futuro. Crean posibilidades. Pero las sociedades deciden cómo distribuir esas posibilidades. La máquina de vapor no produjo automáticamente el movimiento obrero. La electricidad no produjo automáticamente el Estado social. Internet no produjo automáticamente una sociedad más democrática. La tecnología abre posibilidades.

La política decide, en buena medida, quién se beneficia de ellas.

Por eso la gran pregunta de las próximas décadas no será solamente quién desarrolla la inteligencia artificial. Será : ¿Quién la controla? ¿Quién controla los datos? ¿Quién controla la capacidad de cálculo ? ¿Quién controla los centros de datos ? ¿Quién controla los minerales críticos? ¿Quién controla las plataformas ? ¿Quién establece las reglas ? ¿Y quién recibe los beneficios ?
Ésta es, en última instancia, una cuestión de poder.

19. La nueva sociedad exige también una nueva cultura política

Termino con una reflexión sobre los partidos.

Durante buena parte del siglo XX, los partidos políticos fueron grandes máquinas de interpretación de la realidad. Explicaban el mundo. Organizaban intereses. Construían identidades. Proponían proyectos de sociedad.

Hoy se enfrentan a una dificultad inédita. La realidad cambia más rápidamente que muchas de nuestras categorías políticas. Por eso necesitamos partidos capaces de volver a pensar. No solamente de reaccionar. Pensar el mundo que viene. Pensar el trabajo que viene. Pensar la educación que viene. Pensar la democracia que viene. Pensar la soberanía que viene. Pensar la relación entre seres humanos y máquinas. Pensar la relación entre inteligencia artificial y poder. Pensar qué significa ser ciudadano en una sociedad gobernada cada vez más por algoritmos. Y pensar también qué significa la palabra igualdad cuando el acceso a las tecnologías más avanzadas puede convertirse en uno de los principales factores de diferenciación entre individuos, empresas y países.

El desafío es enorme. Pero también lo es la oportunidad. Porque cuando un orden histórico se transforma, las sociedades no están condenadas a adaptarse pasivamente.

Pueden intervenir. Pueden elegir. Pueden disputar. Pueden construir alternativas.

20. Conclusión

Quisiera terminar regresando a la idea con la que comencé. Estamos viviendo un cambio de época y entrando en un nuevo sistema histórico. El mundo unipolar está siendo sustituido por una estructura más compleja de múltiples centros de poder. La guerra vuelve a condicionar la geopolítica. La globalización no desaparece, pero se fragmenta. La economía vuelve a estar profundamente condicionada por la geopolítica. La tecnología se convierte en una dimensión esencial del poder internacional. La inteligencia artificial inaugura una revolución cuyo alcance apenas comenzamos a comprender. La energía y los minerales críticos adquieren una importancia estratégica renovada. La crisis climática obliga a transformar nuestros sistemas productivos. Y las desigualdades tecnológicas amenazan con crear nuevas formas de dependencia.
Todo esto ocurre simultáneamente.

Y precisamente por eso estamos ante una transición histórica. No sabemos todavía exactamente qué mundo emergerá de ella. Pero sí podemos identificar la gran batalla que se está desarrollando. Es la batalla por quién controlará los recursos, las tecnologías, los datos, las infraestructuras y las reglas de la nueva economía mundial. Y, en última instancia, es la batalla por algo todavía más profundo: ¿quién tendrá capacidad para decidir cómo será la sociedad del futuro?

Ésa es la cuestión que deben plantearse hoy los ciudadanos y los partidos políticos.

Porque si la política renuncia a responderla, otros responderán por ella. Las grandes corporaciones multinacionales. Los mercados. Las plataformas tecnológicas. Los Estados más poderosos. Los propietarios de los datos. Los propietarios de las infraestructuras. Los que controlan los algoritmos. Y los que controlan las tecnologías estratégicas.

Por eso, quizá la tarea política fundamental de nuestro tiempo sea recuperar la capacidad de imaginar. Imaginar una sociedad en la que la revolución tecnológica no produzca solamente más productividad, sino también más derechos. Una economía en la que la transición energética no reproduzca viejas dependencias. Una globalización que no signifique subordinación. Una multipolaridad que no se transforme en una nueva carrera de bloques. Una inteligencia artificial puesta al servicio de la humanidad y no simplemente de la acumulación de capital. Y una democracia capaz de sobrevivir a la transformación radical de nuestro ecosistema informativo.

En definitiva, necesitamos volver a formular una pregunta que, en otros momentos de grandes transformaciones históricas, fue decisiva : ¿Qué nueva sociedad queremos construir ?

Porque ésta es quizá la característica más importante del momento que vivimos : el futuro todavía está abierto. Y precisamente porque está abierto, la ciudadanía debe contribuir masivamente a definirlo. Porque es también un nuevo tiempo democrático. En el que la política vuelve a tener una vigencia decisiva. Hoy más que nunca.

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Ignacio Ramonet:
Ponencia presentada en el marco del
XXX Seminario Internacional "Los partidos y la Nueva Sociedad",
Partido del Trabajo de México (PTM).
Ciudad de México, 9 de octubre de 2026.

*Doctor en Ciencias Sociales ;
Catedrático de Teoría de la Comunicación,
Universidad de París.

lunes, 12 de octubre de 2026

Acertijo fotográfico en tiempos de pandemia

Foto: Roberto Chile


Si usted no ve una isla 

encabritándose casi al centro de la foto


si no ve la rugosidad inquietante 

de sus costas


si no siente las gotas de salitre 

ahora mismo sobre su piel incrédula


si no se admira con el esplendor 

de los colores que la acompañan


si no siente ganas de caminar 

(en este instante) a lo largo de esa isla 

marcando el paso 

entre una ola y la próxima


si no se asombra

 con el brillo y el candor 

de esta imagen que nos está 

regalando el artista


si no ve 

si no sueña


por favor 

inténtelo de nuevo


una 

y 

otra 

vez  


inténtelo de nuevo


hasta que aparezca 

delante de sus ojos asombrados 

esta isla que lo acompañará siempre 

imperfecta y magnífica 

única y diversa 

difuminada pero precisa 

nuestra


                                                    Víctor Casaus

domingo, 11 de octubre de 2026

Acuerdo de diésel Rusia-EU indignó a Ucrania y sorprendió a los propios rusos ante la escasez de combustible

Juan Pablo Duch 

Moscú. El acuerdo que anunció el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras hablar por teléfono el viernes anterior con su colega ruso, Vladimir Putin, para comprar antes de las cruciales elecciones de noviembre 300 mil toneladas de diésel y, después, un millón 500 mil toneladas más –cantidad que en el medio plazo podría llegar a 3 millones de toneladas mensuales, según el vicepremier ruso Aleksandr Novak a cargo del sector energético– indignó al gobierno ucranio, que seguirá atacando refinerías en el interior de Rusia, y sorprendió a muchos rusos ante la escasez del combustible que se observa en las gasolineras, incluso de la capital rusa.

El presidente Volodymir Zelensky criticó de inmediato que Trump, al pactar con Putin la compra de diésel al margen de las sanciones que el propio Estados Unidos estableció, no contribuye a la causa de la paz “al financiar la guerra”, aunque lo que más molestó en Kiev fue la forma en que se hizo el anuncio: el mismo día que llegó a Miami una delegación ucrania para conocer las “nuevas ideas” de la Casa Blanca para facilitar el reinicio de las negociaciones trilaterales de un arreglo político del conflicto entre Rusia y Ucrania.

Horas después de la conversación “altamente exitosa” de los presidentes estadunidense y ruso, Ucrania atacó una terminal de carga de petróleo en cisternas de ferrocarril en la región de Rostov, que procesa 3 millones y medio de toneladas anuales procedentes de la refinería de Novoshajtinsk. Las imágenes satelitales, reproducidas en canales de Telegram como el ucranio Exilnova+ y el ruso Astra, muestran un fuerte incendio en la terminal.

Desde septiembre pasado, las refinerías de Kirishaj, Volgogrado y Nizhny Novgorod, tres de las seis más importantes que producen diésel en Rusia, quedaron fuera de servicio por ataques ucranios.

Desde mucho antes, el Kremlin prohibió exportar diésel y, ahora, el vicepremier Novak informó que se procederá cuanto antes a levantar la restricción para poder cumplir el acuerdo de los presidentes y Rusia, después del millón 800 mil toneladas de diésel pactado, “estaría en condiciones de suministrar al mercado 3 millones de toneladas al mes, si las condiciones lo permiten”. En otras palabras, cuando termine la reparación de las refinerías dañadas y otras no son atacadas.

A diferencia de la versión oficial del Kremlin en el sentido de que el acuerdo con Trump va a incidir positivamente en el mercado internacional, expertos independientes expresaron este sábado su asombro.

Así el economista Serguei Aleksashenko, quien se desempeñó como vicegobernador del banco central de Rusia y tuvo que irse al exilio, recordó que Estados Unidos consume entre 3 millones 800 mil y 3 millones 900 mil barriles diarios de diésel, mientras Rusia prometió mandar en octubre 2 millones 200 mil barriles, poco más de la mitad de la cantidad que necesita en un solo día.

“Y lo más gracioso –escribió en Telegram– es que Estados Unidos no necesita el diésel ruso. Estados Unidos es uno de los principales exportadores de derivados de petróleo en el mundo, y el elevado precio del diésel se debe ahí a que las compañías estadunidenses lo venden en Europa, donde el precio es más alto. Cada día exportan entre un millón 500 mil y un millón 900 mil barriles de diésel”.

Para Aleksahenko, el acuerdo entre Trump y Putin “en realidad, sólo va a permitir que las compañías estadunidenses compren el diésel ruso en Ust-Luga y lo vendan en Róterdam con gastos mínimos en transporte, aprovechando que está vigente la prohibición de la Unión Europa para comprar diésel ruso”.

Para Aleksandra Filipenko, especialista en Estados Unidos, y Mijail Krutijin, experto de materia de mercados de energéticos, Trump únicamente busca hacer creer a los electores estadunidenses que los precios del diésel subieron por culpa de los ataques de Ucrania a refinerías rusas, y no por el desastre que él causó en el estrecho de Ormuz al iniciar su ilegal guerra con Irán.

 https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/10/10/mundo/oferta-de-miles-de-toneladas-diesel-a-eu-indigno-a-ucrania-y-sorprendio-a-los-propios-rusos-ante-la-escasez-de-combustible

sábado, 10 de octubre de 2026

Rusia, al rescate de Trump; le enviará toneladas de diésel

 Rusia suministrará inmediatamente más de 300 mil toneladas de diésel a los mercados estadunidense y global, aseguró el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras una conversación con su par ruso, Vladimir Putin, que el republicano calificó de “altamente exitosa”. El Kremlin confirmó su disposición a proveer el energético.

Otras 500 mil toneladas serán liberadas en noviembre y un millón inmediatamente después, detalló Trump. A un mes de las elecciones intermedias en Estados Unidos, los precios de los energéticos están cerca de niveles históricos.

Durante la conversación telefónica “se prestó especial atención a las perspectivas de resolución de la crisis de Ucrania, al tiempo que se abordaron la situación en Irán y diversos aspectos de las relaciones bilaterales”, señaló el mandatario ruso en una declaración divulgada por el Kremlin.

“Al analizar el mercado energético mundial, la parte rusa confirmó su disposición a suministrar petróleo y derivados tanto al mercado estadunidense como a los mercados globales. Estoy convencido de que esto tendrá un impacto positivo en la economía mundial”, agregó Putin.

Esta medida se anuncia a menos de un mes de las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos, que determinarán qué partido controlará el Congreso. En esta recta final, los precios de los energéticos se han vuelto un lastre para la economía dirigida por Donald Trump, luego de que su administración, asociada con Israel, decidió atacar Irán.

Los precios del diésel –que se usa en la agricultura, la calefacción doméstica y el transporte de mercancías– se sitúan cerca de máximos históricos. Según la Oficina de Estadísticas del Transportes de Estados Unidos, en febrero el precio medio del diésel fue de 3.72 dólares por galón. El ataque a Irán comenzó el día 28 de ese mes. En septiembre, el costo medio del combustible cerró en 6.29 por galón, 69 por ciento más.

Trump detalló en Truth Social que, en función del estado de sus refinerías de diésel –que han sido blanco de drones de Ucrania– Rusia entregará 3 millones de toneladas de diésel.

“Gracias a nuestro control total del estrecho de Ormuz y a este importante anuncio sobre la energía rusa, los precios del diésel para los estadunidenses y, de hecho, para el mundo, bajarán drásticamente, en cifras récord y con rapidez”, apuntó el republicano. “La reducción de precios para los estadunidenses, especialmente para nuestros agricultores, ganaderos y camioneros, es mi máxima prioridad”, agregó.

El encarecimiento de los combustibles, en particular el diésel, ha estado golpeando a los transportistas y agricultores estadunidenses. El 5 de octubre Trump firmó una orden ejecutiva que permite el uso temporal de diésel teñido en las carreteras y quita los impuestos a este combustible hasta el 31 de diciembre.

La economía rusa ha estado bajo bloqueo financiero de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro desde 2014; esta medida se reforzó en abril de 2021 y en febrero de 2022, luego de los ataques a Ucrania.

Ahora, el Departamento del Tesoro informó que, “por instrucción del presidente Trump”, la OFAC emitió una licencia general temporal para permitir el suministro de diésel ruso al mercado mundial y la importación por parte de Estados Unidos de diésel ruso hasta el 7 de abril del próximo año.

Con información de Reuters

Rusia, dispuesta a suministrar petróleo a mercados mundiales

El Kremlin informó que el presidente Vladimir Putin le comunicó a su par estadounidense Donald Trump que Rusia está dispuesta "a suministrar petróleo" a Estados Unidos y a los mercados mundiales.

El gobierno ruso ratificó así un anuncio previo de Trump. 

"La parte rusa confirmó su disposición a suministrar petróleo y productos petroleros a los mercados estadounidense y mundiales", señaló el Kremlin en su versión de las conversaciones entre los dos líderes.

Hay una evidente "relajación" de las sanciones contra Moscú: Zelensky

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, ha considerado este viernes el acuerdo anunciado por su homólogo estadounidense, Donald Trump, por el que Rusia suministrará millones de toneladas de su diésel al mercado global y al estadounidense, un "regalo" al presidente Vladimir Putin y una muestra de una "debilidad evidente" ante la relajación de sanciones a Moscú.


"Cualquier flexibilización de las sanciones contra Rusia sin un acuerdo claro y duradero de desescalada con este país constituye una debilidad evidente. Esto le hace el juego a Rusia, ya que le permite matar a más personas, prolongar la guerra, tener aún menos respeto por Estados Unidos e infligir pérdidas y daños aún mayores al mundo", ha señalado en sus redes sociales.

En un extenso comunicado, el mandatario ha asegurado que "los regalos a Putin no traerán la paz ni ningún beneficio al mundo civilizado" y que "Rusia 'devolverá' el gasóleo con más terror y perfidia". "Permitir que Rusia venda productos petrolíferos es una inversión en una guerra que debe terminarse, no prolongarse. Lo que se necesita es una verdadera distensión con Rusia sobre una base recíproca", ha agregado.

En este sentido, Zelenski ha indicado que está dispuesto a tomar "medidas simétricas de distensión", por lo que ha justificado sus ataques contra instalaciones petroleras rusas en "respuesta a la campaña de terror que Rusia lleva años llevando a cabo contra el sector energético de Ucrania".

 https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/10/09/economia/trump-asegura-que-el-presidente-de-rusia-vladimir-putin-dara-300-mil-toneladas-de-diesel-a-eu-y-al-mundp

miércoles, 7 de octubre de 2026

EU y Cuba: la fuerza no tiene la razón

Por Fulton Armstrong y Philip Brenner*

El gobierno de Trump ha estado aplicando en Cuba su credo de que la fuerza tiene la razón. En su discurso en Naciones Unidas, el presidente Donald Trump apuntó a Cuba poco después de murmurar que podría “aniquilar a la república islámica (de Irán)” y enviar al pueblo iraní “al infierno sin posibilidad de sobrevivir”. 

La intensificación de la política estadunidense de medidas de “presión extrema” para lograr el cambio de régimen en Cuba, en especial el bloqueo petrolero impuesto en enero, representa el ataque más severo de Estados Unidos desde que Fidel Castro marchó hacia La Habana, hace más de 60 años, aunque tiene pocas expectativas de un desenlace favorable a Washington. 

Los pasos económicos, diplomáticos y militares estadunidenses para bloquear todo suministro de petróleo a la industria cubana de refinación y distribución –que permite sólo un pequeño embarque ruso y una variedad de pequeños envíos de productos terminados a clientes que pagan de contado– están causando una crisis humana de múltiples vías. El bloqueo abarca incluso los paneles solares, y los proveedores temerosos de las sanciones estadunidenses están reteniendo contenedores con alimentos, medicinas y otros artículos esenciales. Expertos legales afirman que estas medidas constituyen una violación del derecho internacional. 

Los apagones duran 20 horas diarias y toda la red nacional ha colapsado seis veces de enero a la fecha. Numerosos reportes de prensa indican que los hogares carecen de agua porque las bombas no funcionan sin electricidad. Los pacientes que requieren atención hospitalaria están falleciendo y se estima que 100 mil personas no pueden recibir cirugías esenciales. Sin combustible para los camiones, la basura se apila en las esquinas de las ciudades, lo que incrementa la propagación de mosquitos portadores de una variedad de enfermedades, entre ellas chikunguña, dengue y zika. El sistema eléctrico es vulnerable desde hace mucho tiempo debido a anteriores medidas de embargo, como las prohibiciones de ventas de repuestos con 10 por ciento o más de contenido estadunidense, y también por inconsistentes políticas del gobierno. Pero las nuevas acciones de Washington han sido, con mucho, la causa decisiva de la crisis actual. 

La premisa subyacente en la política estadunidense desde la década de 1960 es provocar un levantamiento popular que conduzca al derrumbe del gobierno. Los 60 a 70 millones de dólares que gasta Washington cada año en programas de información y otras operaciones sicológicas dirigidas a la isla, sobre todo por medio de las redes sociales, apuntan claramente a fomentar el descontento, y sin duda muchos cubanos culpan más a su gobierno que a Estados Unidos por la falta de reformas significativas en años recientes. 

Sin embargo, el gobierno conserva fortalezas residuales que le han permitido resistir la presión estadunidense durante estos nueve meses. Las estoicas y a menudo creativas estrategias de supervivencia de la gente indican que, aunque desea un cambio que mejore las condiciones de vida, no quiere que sea un cambio dictado por Washington o Miami. El gobierno ha emprendido y comenzado a implementar significativas reformas económicas –a la velocidad de la luz, en comparación con el pasado– que dan al sector privado un nuevo y enorme espacio para operar, aceptan la inversión extranjera (incluso de expatriados) con muy pocas condiciones, y por fin comienzan a desmantelar empresas estatales ineficientes. 

Funcionarios del gobierno advierten que no están adoptando el capitalismo, pero sus declaraciones reflejan creciente aceptación de los mecanismos del mercado, descentralización y compromiso de sacar a los burócratas del camino de los ciudadanos. Si bien señalan que Vietnam y China tenían condiciones drásticamente diferentes cuando adoptaron reformas económicas, en la década de 1980, no vacilan en indicar que avanzan con claridad hacia una economía mixta similar a la de esos países. La gente no sentirá alivio por un tiempo, pero el cambio está en el aire. 

El gobierno estadunidense parece pensar que ganará esta carrera contra el tiempo, que Cuba “caerá” o “colapsará” antes de que se puedan sentir los beneficios de la reforma. Hace todo lo que puede por avivar el fuego en la isla, incluso mediante amenazas de intervención militar. Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, quieren hacer de Cuba un “Estado fallido”, pero no quieren enfrentar las consecuencias del desastre humano que su agresión está creando. En respuesta al deterioro de las condiciones, se estima que entre 1.5 y 2 millones de cubanos han emigrado en los cinco años recientes, sobre todo a España y América Latina. Pero esas opciones se están agotando, y sin duda Trump y Rubio no quieren que los cubanos suban a los botes y lleguen a las costas de Florida. 

Aun si Estados Unidos lograra su sueño de provocar el “colapso del régimen”, la isla no caerá en su regazo como una fruta madura. Llevará décadas reparar el daño económico, infraestructural y social, y cualquier nuevo régimen enfrentará serios desafíos a su legitimidad como títere de Washington y batallará para mantener el orden. De hecho, probablemente la caída del gobierno beneficiaría a operadores disciplinados y ortodoxos, más que a ciudadanos deseosos de democracia pero carentes de experiencia. En este momento no existe un escenario agradable, pero el menos desagradable sería dejar que los cubanos, sin excluir expresamente al partido en el poder, decidan su propio destino. Los cubanos quieren el cambio, pero quieren que sea evolutivo. 

*Fulton Armstrong fue oficial de inteligencia nacional para América Latina y director de asuntos interamericanos en el Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca, ahora es académico en la American University. Philip Brenner es profesor emérito de relaciones internacionales e historia en la American University. 

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/10/07/opinion/eu-y-cuba-la-fuerza-no-tiene-la-razon

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Con Piero, el año pasado, en Buenos Aires