sábado, 8 de agosto de 2020

Cómo podría desarrollarse la pandemia en 2021 y más allá

Nature / 5 de agosto de 2020

Este coronavirus está aquí a largo plazo: esto es lo que los científicos predicen para los próximos meses y años.

Por Megan Scudellari

Junio ​​de 2021. El mundo ha estado en modo de pandemia durante un año y medio. El virus continúa propagándose a fuego lento; los bloqueos intermitentes son la nueva normalidad. Una vacuna aprobada ofrece seis meses de protección, pero los acuerdos internacionales han retrasado su distribución. Se estima que 250 millones de personas han sido infectadas en todo el mundo y 1,75 millones están muertas.

Escenarios como este imaginan cómo podría desarrollarse la pandemia COVID-19. En todo el mundo, los epidemiólogos están construyendo proyecciones a corto y largo plazo como una forma de prepararse y potencialmente mitigar la propagación y el impacto del SARS-CoV-2, el virus que causa COVID-19. Aunque sus pronósticos y plazos varían, los modeladores están de acuerdo en dos cosas: COVID-19 está aquí para quedarse, y el futuro depende de muchas incógnitas, incluso si las personas desarrollan inmunidad duradera al virus, si la estacionalidad afecta su propagación y, quizás lo más importante: las elecciones hechas por gobiernos e individuos. "Muchos lugares se están desbloqueando, y muchos otros no. Realmente todavía no sabemos qué va a pasar ", dice Rosalind Eggo, modelo de enfermedades infecciosas en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (LSHTM).

"El futuro dependerá mucho de cuánto se reanude la mezcla social y qué tipo de prevención hagamos", dice Joseph Wu, un modelista de enfermedades de la Universidad de Hong Kong. Los modelos recientes y la evidencia de bloqueos exitosos sugieren que los cambios de comportamiento pueden reducir la propagación de COVID-19 si la mayoría, pero no necesariamente todas, las personas cumplen.

La semana pasada, el número de infecciones confirmadas por COVID-19 superó los 15 millones a nivel mundial, con alrededor de 650,000 muertes. Los bloqueos están disminuyendo en muchos países, lo que lleva a algunas personas a suponer que la pandemia está terminando, dice Yonatan Grad, epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de Harvard T. H. Chan en Boston, Massachusetts. "Pero ese no es el caso. Nos espera un largo recorrido ".

Si la inmunidad al virus dura menos de un año, por ejemplo, similar a otros coronavirus humanos en circulación, podría haber aumentos anuales en las infecciones por COVID-19 hasta 2025 y más allá. Aquí, la naturaleza explora lo que dice la ciencia sobre los meses y años venideros.

¿Qué pasa en el futuro cercano?

La pandemia no se desarrolla de la misma manera de un lugar a otro. Países como China, Nueva Zelanda y Ruanda han alcanzado un bajo nivel de casos, después de bloqueos de diversa duración, y están aliviando las restricciones mientras observan brotes. En otros lugares, como en los Estados Unidos y Brasil, los casos están aumentando rápidamente después de que los gobiernos levantaron los bloqueos rápidamente o nunca los activaron en todo el país.

El último grupo tiene a los modelistas muy preocupados. En Sudáfrica, que ahora ocupa el quinto lugar en el mundo por el total de casos de COVID-19, un consorcio de modelistas estima que el país puede esperar un pico en agosto o septiembre, con alrededor de un millón de casos activos, y acumulativamente hasta 13 millones de síntomas. casos a principios de noviembre. En términos de recursos hospitalarios, "ya estamos violando la capacidad en algunas áreas, por lo que creo que nuestro mejor escenario no es el mejor", dice Juliet Pulliam, directora del Centro Sudafricano de Análisis y Modelado Epidemiológico de la Universidad de Stellenbosch.

Pero hay noticias esperanzadoras a medida que disminuyen los bloqueos. La evidencia preliminar sugiere que los cambios en el comportamiento personal, como el lavado de manos y el uso de máscaras, persisten más allá del cierre estricto, lo que ayuda a detener la ola de infecciones. En un informe de junio, un equipo del Centro MRC para el Análisis Global de Enfermedades Infecciosas en el Imperial College de Londres descubrió que entre 53 países que comenzaron a abrirse, no ha habido un aumento tan grande de infecciones como se predijo sobre la base de datos anteriores. "Se infravalora cuánto ha cambiado el comportamiento de las personas en términos de máscaras, lavado de manos y distanciamiento social. No es nada como solía ser ", dice Samir Bhatt, epidemiólogo de enfermedades infecciosas en el Imperial College de Londres y coautor del estudio.

Los investigadores en puntos críticos de virus han estado estudiando cuán útiles son estos comportamientos. En la Universidad Anhembi Morumbi en São Paulo, Brasil, el biólogo computacional Osmar Pinto Neto y sus colegas ejecutaron más de 250,000 modelos matemáticos de estrategias de distanciamiento social descritas como constantes, intermitentes o 'reductoras', con restricciones reducidas en etapas, junto con intervenciones conductuales como como usar mascarillas y lavarse las manos.

El equipo llegó a la conclusión de que si el 50–65% de las personas son cautelosas en público, abandonar las medidas de distanciamiento social cada 80 días podría ayudar a prevenir nuevos picos de infección en los próximos dos años. "Vamos a necesitar cambiar la cultura de cómo interactuamos con otras personas", dice Neto. En general, es una buena noticia que, incluso sin una prueba o una vacuna, los comportamientos pueden hacer una diferencia significativa en la transmisión de la enfermedad, agrega.

El modelista de enfermedades infecciosas Jorge Velasco-Hernández de la Universidad Nacional Autónoma de México en Juriquilla y sus colegas también examinaron la compensación entre bloqueos y protección personal. Descubrieron que si el 70% de la población de México se comprometía a tomar medidas personales, como lavarse las manos y usar máscaras después de bloqueos voluntarios que comenzaron a fines de marzo, el brote del país disminuiría después de alcanzar su punto máximo a fines de mayo o principios de junio. Sin embargo, el gobierno levantó las medidas de bloqueo el 1 de junio y, en lugar de caer, el elevado número de muertes semanales por COVID-19 se estancó. El equipo de Velasco-Hernández cree que dos días festivos actuaron como eventos superpuestos, causando altas tasas de infección justo antes de que el gobierno levantara las restricciones.

En las regiones donde COVID-19 parece estar en declive, los investigadores dicen que el mejor enfoque es la vigilancia cuidadosa mediante la prueba y el aislamiento de nuevos casos y el seguimiento de sus contactos. Esta es la situación en Hong Kong, por ejemplo. "Estamos experimentando, haciendo observaciones y ajustándonos lentamente", dice Wu. Él espera que la estrategia evite un gran resurgimiento de infecciones, a menos que el aumento del tráfico aéreo traiga una cantidad sustancial de casos importados.

¿Pero exactamente cuánto rastreo de contacto y aislamiento se requiere para contener un brote de manera efectiva? Un análisis realizado por el Centro para el Modelo Matemático de Enfermedades Infecciosas del Grupo de Trabajo COVID-19 en el LSHTM simuló nuevos brotes de contagio variable, comenzando en 5, 20 o 40 casos introducidos. El equipo concluyó que el rastreo de contactos debe ser rápido y extenso (rastrear el 80% de los contactos en unos pocos días) para controlar un brote. El grupo ahora está evaluando la efectividad del rastreo de contactos digitales y cuánto tiempo es factible mantener a las personas expuestas en cuarentena, dice el coautor Eggo. "Encontrar el equilibrio entre lo que en realidad es una estrategia que las personas tolerarán y qué estrategia contendrá un brote, es realmente importante".

Rastrear el 80% de los contactos podría ser casi imposible de lograr en regiones que aún luchan con miles de nuevas infecciones por semana, y lo que es peor, es probable que incluso los recuentos de casos más altos sean subestimados. Una preimpresión de junio del equipo del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en Cambridge que analiza los datos de las pruebas COVID-19 de 84 países sugiere que las infecciones globales fueron 12 veces más altas y las muertes un 50% más altas que las informadas oficialmente (ver "Predicción de casos y muertes") “Hay muchos más casos por ahí de lo que indican los datos. Como consecuencia, existe un mayor riesgo de infección de lo que las personas creen que existe ", dice John Sterman, coautor del estudio y director del MIT System Dynamics Group.

Por ahora, los esfuerzos de mitigación, como el distanciamiento social, deben continuar el mayor tiempo posible para evitar un segundo brote importante, dice Bhatt. "Es decir, hasta los meses de invierno, donde las cosas se vuelven un poco más peligrosas de nuevo".

¿Qué pasará cuando haga frío?

Ahora está claro que el verano no detiene el virus de manera uniforme, pero el clima cálido podría facilitar su contención en las regiones templadas. En áreas que se volverán más frías en la segunda mitad de 2020, los expertos creen que es probable que haya un aumento en la transmisión.

Muchos virus respiratorios humanos - influenza, otros coronavirus humanos y virus sincitial respiratorio (VSR) - siguen oscilaciones estacionales que conducen a brotes de invierno, por lo que es probable que el SARS-CoV-2 haga lo mismo. "Espero que la tasa de infección por SARS-CoV-2, y también el posible resultado de la enfermedad, sea peor en el invierno", dice Akiko Iwasaki, inmunobióloga de la Facultad de Medicina de Yale en New Haven, Connecticut. La evidencia sugiere que el aire seco de invierno mejora la estabilidad y la transmisión de los virus respiratorios, y la defensa inmunológica del tracto respiratorio podría verse afectada por la inhalación de aire seco, agrega.

Además, en climas más fríos, las personas tienen más probabilidades de permanecer en el interior, donde la transmisión del virus a través de las gotas es un riesgo mayor, dice Richard Neher, biólogo computacional de la Universidad de Basilea en Suiza. Las simulaciones realizadas por el grupo de Neher muestran que la variación estacional probablemente afectará la propagación del virus y podría dificultar la contención en el hemisferio norte este invierno.

En el futuro, los brotes de SARS-CoV-2 podrían llegar en oleadas cada invierno. El riesgo para los adultos que ya han tenido COVID-19 podría reducirse, como ocurre con la gripe, pero dependería de qué tan rápido desaparezca la inmunidad a este coronavirus, dice Neher. Además, la combinación de COVID-19, gripe y VSR en otoño e invierno podría ser un desafío, dice Velasco-Hernández, quien está creando un modelo de cómo podrían interactuar tales virus.

No se sabe si la infección con otros coronavirus humanos puede ofrecer alguna protección contra el SARS-CoV-2. En un experimento de cultivo celular que involucra SARS-CoV-2 y el SARS-CoV estrechamente relacionado, los anticuerpos de un coronavirus podrían unirse al otro coronavirus, pero no lo deshabilitaron ni neutralizaron.

Para poner fin a la pandemia, el virus debe eliminarse en todo el mundo, lo que la mayoría de los científicos consideran casi imposible debido a lo generalizado que se ha vuelto, o las personas deben desarrollar inmunidad suficiente a través de infecciones o una vacuna. Se estima que el 55–80% de una población debe ser inmune para que esto suceda, dependiendo del país.

Desafortunadamente, las primeras encuestas sugieren que hay un largo camino por recorrer. Las estimaciones de las pruebas de anticuerpos, que revelan si alguien ha estado expuesto al virus y ha producido anticuerpos contra él, indican que solo una pequeña proporción de las personas han sido infectadas, y el modelo de la enfermedad lo respalda. Un estudio de 11 países europeos calculó una tasa de infección de 3 a 4% hasta el 4 de mayo, inferida de los datos sobre la proporción de infecciones y muertes, y cuántas muertes hubo. En los Estados Unidos, donde ha habido más de 150,000 muertes por COVID-19, una encuesta de miles de muestras de suero, coordinada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU., encontró que la prevalencia de anticuerpos oscilaba entre 1% y 6.9%, dependiendo de la ubicación.

¿Qué sucede en 2021 y más allá?

El curso de la pandemia el próximo año dependerá en gran medida de la llegada de una vacuna y de cuánto tiempo el sistema inmune permanezca protector después de la vacunación o la recuperación de la infección. Muchas vacunas brindan protección durante décadas, como aquellas contra el sarampión o la poliomielitis, mientras que otras, como la tos ferina y la gripe, desaparecen con el tiempo. Asimismo, algunas infecciones virales provocan inmunidad duradera, otras una respuesta más transitoria. "La incidencia total de SARS-CoV-2 hasta 2025 dependerá de manera crucial de esta duración de la inmunidad", escribieron Grad, el epidemiólogo de Harvard Marc Lipsitch y sus colegas en un artículo de mayo, explorando posibles escenarios.

Los investigadores saben poco hasta ahora sobre cuánto dura la inmunidad contra el SARS-CoV-2. Un estudio de pacientes en recuperación encontró que los anticuerpos neutralizantes persistieron hasta 40 días después del inicio de la infección. Varios otros estudios sugieren que los niveles de anticuerpos disminuyen después de semanas o meses. Si COVID-19 sigue un patrón similar al SARS, los anticuerpos podrían persistir a un nivel alto durante 5 meses, con una disminución lenta durante 2-3 años. Aún así, la producción de anticuerpos no es la única forma de protección inmune; Las células B y T de memoria también se defienden contra futuros encuentros con el virus, y hasta ahora se sabe poco sobre su papel en la infección por SARS-CoV-2. Para obtener una respuesta clara sobre la inmunidad, los investigadores deberán seguir a un gran número de personas durante mucho tiempo, dice Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas (CIDRAP) de la Universidad de Minnesota, Minneapolis. "Vamos a tener que esperar".

Si las infecciones continúan aumentando rápidamente sin una vacuna o inmunidad duradera, "veremos una circulación regular y extensa del virus", dice Grad. En ese caso, el virus se volvería endémico, dice Pulliam. "Eso sería realmente doloroso". Y no es inimaginable: la malaria, una enfermedad prevenible y tratable, mata a más de 400,000 personas cada año. "Estos peores escenarios están sucediendo en muchos países con enfermedades prevenibles, que ya causan enormes pérdidas de vidas", dice Bhatt.

Si el virus induce inmunidad a corto plazo, similar a otros dos coronavirus humanos, OC43 y HKU1, cuya inmunidad dura aproximadamente 40 semanas, entonces las personas pueden reinfectarse y podría haber brotes anuales, sugiere el equipo de Harvard. Un informe complementario del CIDRAP17, basado en las tendencias de ocho pandemias mundiales de influenza, señala una actividad significativa de COVID-19 durante al menos los próximos 18-24 meses, ya sea en una serie de picos y valles que disminuyen gradualmente, o como una "quema lenta" de transmisión continua sin un patrón de onda claro. Sin embargo, estos escenarios siguen siendo solo conjeturas, porque hasta ahora esta pandemia no ha seguido el patrón de la gripe pandémica, dice Osterholm. "Estamos en una pandemia de coronavirus para la cual no tenemos precedentes".

Otra posibilidad es que la inmunidad al SARS-CoV-2 sea permanente. En ese caso, incluso sin una vacuna, es posible que después de un brote de gran alcance mundial, el virus pueda quemarse y desaparecer para 2021. Sin embargo, si la inmunidad es moderada y dura aproximadamente dos años, podría parecer que el virus ha desaparecido, pero podría surgir en 2024, según descubrió el equipo de Harvard.

Ese pronóstico, sin embargo, no tiene en cuenta el desarrollo de vacunas efectivas. Es poco probable que nunca haya una vacuna, dada la gran cantidad de esfuerzo y dinero que se invierte en el campo y el hecho de que algunos candidatos ya están siendo probados en humanos, dice Velasco-Hernández. La Organización Mundial de la Salud enumera 26 vacunas COVID-19 actualmente en ensayos en humanos, con 12 de ellas en ensayos de fase II y seis en fase III. Incluso una vacuna que proporcione protección incompleta ayudaría al reducir la gravedad de la enfermedad y prevenir la hospitalización, dice Wu. Aún así, llevará meses fabricar y distribuir una vacuna exitosa.

El mundo no se verá igualmente afectado por COVID-19. Las regiones con poblaciones más antiguas podrían ver desproporcionadamente más casos en etapas posteriores de la epidemia, dice Eggo. Un modelo matemático de su equipo, publicado en junio y basado en datos de seis países, sugiere que la susceptibilidad a la infección en niños y personas menores de 20 años es aproximadamente la mitad que la de los adultos mayores.

Hay una cosa que todos los países, ciudades y comunidades tocadas por la pandemia tienen en común. "Hay tanto que aún no sabemos sobre este virus", dice Pulliam. "Hasta que tengamos mejores datos, solo vamos a tener mucha incertidumbre".

viernes, 7 de agosto de 2020

A tres lustros de un gran trovador

Comienzo el día

Es tan temprano y tú ya me despiertas,
no me dejas dormir, algo sucede.
A ojos cerrados busco la ventana
para mirarte a ti mientras los abro.

Te digo que estás bella como nunca,
así, sin arreglarte aún el pelo.
Rodamos en un beso cama abajo
y siento que estás viva de milagro.

Comienzo el día, así como si nada,
apretado a tus pechos, pidiéndote café y amor.
Comienzo el día, aún alucinado,
los ruidos suenan lejos a esta hora turbia.

Afuera la gente hace lo suyo por vivir,
afuera la gente quiere averiguar,
afuera la gente habla del amor,
afuera me están llamando.

Comienzo el día, y antes de que me hables
ya te hecho mil promesas que no logro cumplir.
Comienzo el día y al mirar hacia fuera
me entra como un mareo y tengo que sentarme.

Afuera la vida apenas comenzó,
afuera todo tiene que cambiar,
afuera los lobos son lobos aún,
afuera hay que salir armado.

Quiero darle mi día a los que sueñan,
a los que hacen el pan de madrugada,
a los que ponen piedras sobre piedras,
a los que te mantienen tan despierta.

Comienzo el día, aseguro las llaves,
registro mis bolsillos en busca de monedas.
Comienzo el día y aún detrás de la puerta,
te pido un beso fuerte para salir al sol.

Afuera comentan la televisión,
afuera el sindicato discute una ley,
afuera la patria está por reventar,
afuera me están llamando,
y voy.

Noel Nicola Reyes
(1971)


miércoles, 5 de agosto de 2020

En los 80 de Eduardo Heras León

Hoy cumple 80 años mi querido amigo Eduardo (el Chino) Heras León, gloria de nuestra literatura por tres bandas: como escritor, como editor y como encaminador de talentos. 

Conocí primero a su hermano, cuando yo jugaba un poquito de ajedrez en el ejército y él era el oficial que atendía ese deporte en las FAR. Con Eduardo coincidí no recuerdo si en alguna tertulia de la heladería Coppelia o en casa de Felicia Cortiñas, por entonces compañera de Luis Rogelio Nogueras. Lo que sí recuerdo es que inmediatamente sentí una gran afinidad con él, porque otro de sus grandes talentos es irradiar una confianza y bondad ejemplares.

Una mañana, a principios de los 70, llegó un compañero del GES a nuestra clase matutina con un tabloide donde había un escrito insultante y calumnioso contra el Chino y su literatura. Eran los inicios del tristemente célebre “quinquenio gris”. Yo era un poco incendiario por entonces y leí aquello en voz alta, para después invitar a mis compañeros a hacerle una contundente respuesta a aquel libelo. Pero choqué con la burocracia, que también existía en el ICAIC, y fue la única vez que cuestioné seriamente mi continuidad en aquel organismo que, en muchos sentidos, era un oasis cultural y político.

Por aquella injusticia Heras tuvo que dejar la Universidad y fue situado en la fundición Vanguardia Socialista, fábrica en la que empezó como obrero y con su trabajo, prestigio y capacidad fue ascendiendo hasta hacerse dirigente. Recuerdo haberle visitado en aquel impresionante centro de trabajo y haber cantado allí para sus compañeros obreros. Una de aquellas veces fui con dos hermanos dominicanos, ahora unidos también en la eternidad: Víctor Víctor y Sonia Silvestre.

Otra de las hermosas virtudes de Eduardo Heras León es su generosidad. El Chino es de esa gente que no entrega el corazón a plazos sino completo. Esa inefable calidad está en la visión del mundo de su literatura, en lo que se compromete a mostrar como editor, en lo que enseña a sus apasionados estudiantes.

Por todo esto Eduardo es un Maestro, así, con mayúscula, porque lo es de lo que más vale la pena serlo: de Humanidad. Por todo esto lo tengo en un lugar muy especial del afecto, el respeto y la admiración.

Muchas felicidades en tus venerables 80, Chino hermano.

lunes, 3 de agosto de 2020

Sobre el gorro frigio, republicanismo e independencia nacional

Entrevista a Julio César Guanche

Por Rafael Acosta de Arriba

El tema de la República y los republicanismos ocupa buena parte de la obra intelectual más reciente de Julio César Guanche. Probablemente él sea un de los principales especialistas en el panorama de nuestras ciencias sociales. Obra intelectual que ya cuenta con algunos títulos imprescindibles para el estudio de nuestra historia: La imaginación contra la norma. Ocho enfoques sobre la República de 1902 (2004), El continente de lo posible. Un examen de la condición revolucionaria (2004), La verdad no se ensaya. Cuba, el socialismo y la democracia (2012) y La libertad como destino. Valores, proyectos y tradición en el siglo XX cubano (2012), entre otros libros, algunos de ellos premiados, que constituyen un corpus de pensamiento de lo más sólido y más riguroso que han prodigado las ciencias sociales del país en los últimos años, con el fin de pensar críticamente nuestra historia. El estudio de la tradición republicana de Cuba es un tema que recorre transversalmente todos esos libros.

Guanche lo ha estudiado profusamente desde una gran variedad y pluralidad cultural de sus fuentes y referentes. En ese empeño, ha barrido un vasto espectro de autores que, situados en diferentes posturas académicas y políticas, han meditado sobre la república y los republicanismos, desde los clásicos griegos hasta los pensadores más recientes. Solo después de haber examinado conceptos y autores claves en el ámbito universal es que nuestro autor incursionó en el caso cubano, y ya en situación, ha hendido el bisturí en los antecedentes y surgimiento de las ideas republicanas en Cuba hasta llegar a considerar la gestación de una tradición.

Creo que es una investigación fascinante y muy valiosa, sobre todo en la coyuntura histórica que atraviesa el país, la que desarrolla este joven investigador y para el cual he preparado un grupo de preguntas acerca de esas indagaciones historiográficas.

¿Cómo se ha pensado y se está pensando la tradición republicana en el mundo actual?

Hay al menos tres dimensiones involucradas en esta pregunta. La primera son los

programas políticos republicanos. La segunda es la conciencia histórica –el conocimiento y la memoria–acerca de la naturaleza de tales programas, o su olvido o dilución de su contenido en otras categorías –como “forma de gobierno”, “liberalismo” o “socialismo”–. La tercera es la esfera de los estudios especializados sobre el tema.

La existencia de la primera de esas dimensiones –los programas republicanos–, si se escucha a las fuentes directas, se debería tomar como un hecho. La revolución francesa, y su ideario republicano, fue el modelo referencial para el XIX.

Esto no significa que fueron “ideas importadas” en otras latitudes. Antes bien, fueron ideas que en muchos casos se co-produjeron en medio de conflictos concretos (por ejemplo, entre las revoluciones de Francia y Haití) y se recrearon según las necesidades, intereses y contextos culturales en que debían funcionar. El cineasta cubano Fernando Pérez, en El ojo del canario, identifica bien el proceso cuando pone a su personaje a decir que la democracia es aquello por lo que se lucha en Guáimaro.

Sin embargo, tanto la conciencia histórica sobre esa realidad como la investigación dedicada a dar cuenta de ella son deficitarios para identificar la naturaleza republicana de esos programas y sus consecuencias.

Es un problema internacional, y ese problema tiene a su vez historia.

Como es conocido, “La República” era ya el título de un libro de Platón desde hace más de dos mil años. Por siglos uno de los significados compartidos de República era el de “buen gobierno”. Así podía convivir con programas monárquicos. Juan de Mariana, padre jesuita que fundamentó el tiranicidio –la muerte del rey si este abandonaba los deberes de justicia ante su pueblo– defendía una monarquía justa.
Su libro Del rey, y de la institución de la dignidad real (1599) contiene menciones a la República, en las que se complementan la noción de buen gobierno con la de soberanía popular, una idea radical hasta hoy. 

En 1789, desde antes de proclamarse la República, la imaginación republicana ya atravesaba el nuevo espacio político francés.

O sea, no se trata solo de una forma de gobierno, que la reduzca a “monarquía vs república”. El republicanismo es una propuesta sobre cómo organizar la sociedad, una escala de valores, un tipo de comportamiento político esperable de las instituciones y de los ciudadanos. En Los poetas de la guerra, el libro compilado por José Martí, se puede ver un ejemplo de esto último, cuando llama “buen republicano” a uno de sus autores.

La tradición republicana comenzó a quedar “fuera de foco” –a sufrir silencio y olvido– sobre todo a partir del siglo XIX. El entonces naciente liberalismo “capturó” –digamos–  un gran número de tradiciones previas de pensamiento y logró presentarlas como un cuerpo bastante coherente, y, sobre todo, suyo. El libro La libertad antes del liberalismo, de Quentin Skinner, aporta una explicación sobre ese proceso.

Ya en el siglo XX, entre los 1930 y los 1960, el republicanismo sufrió el embate de procesos diferentes pero que funcionaron en paralelo contra él: el fascismo y el estalinismo. La derrota de la segunda república española hizo parte de ello. 
Cuando el cubano Pablo de la Torriente –un marxista heterodoxo– se fue a luchar por esa República lo hizo con la alegría que despiertan las mejores causas: “Me voy a España, tengo encendido el bosque de mi imaginación”.

George Orwell, en Homenaje a Cataluña, dejó escritas palabras sobre esa experiencia que Pablo hubiese compartido: “Por encima de todo, existía fe en la revolución y en el futuro, un sentimiento de haber entrado de pronto en una era de igualdad y libertad. Los seres humanos trataban de comportarse como seres humanos y no como engranajes de la máquina capitalista. En las barberías (los barberos eran en su mayoría anarquistas) había letreros donde se explicaba solemnemente que los barberos ya no eran esclavos.”

La derrota de esa experiencia ante el fascismo contribuyó al entierro de las posibilidades republicanas que describe Orwell. La dictadura de Francisco Franco buscó barrer esa memoria y ese lenguaje a sangre y fuego.

Por su parte, la Guerra Fría presentó, desde el lado del “capitalismo occidental”, su batalla como una “lucha por la libertad”. Con ello, evitaba decir que era un programa encaminado contra el “espíritu del 45” –al que el cineasta Ken Loach le ha dedicado un hermoso e informado documental–. Se trataba del programa de democracia social y política nacido de la gran ola antifascista democrática, que muchos situaban entonces como parte de la tradición republicana revolucionaria.

De la lucha por el poder y la hegemonía discursiva que representó la Guerra Fría emergió una noción de “democracia liberal” –hoy prácticamente indiscutida como la única legítima– que supone severos recortes de contenidos de la tradición republicana democrática, como la crítica a la asimetría clasista en el acceso a los recursos y el control popular del poder.

En el campo intelectual, una gran excepción en esa época, muy importante para abrir los caminos de reflexión sobre el republicanismo hasta hoy, fue la conocida como Escuela de Cambridge. Historiadores como Bernard Bailyn, Gordon S. Wood, John Pocock y Quentin Skinner hicieron una “autopsia” de los conceptos de libertad que estaban en pugna, por ejemplo, en la revolución americana, o en el “momento maquivavélico”, y recuperaron algo que yacía en el olvido: la larga tradición de la libertad republicana.

Esta, dijeron esos autores, no era la libertad liberal entendida como “no interferencia” sino otra noción que la entendía como “no dominación”. Son ideas muy diferentes entre sí.[1] Según esa interpretación, la revolución americana no era como se había dicho siempre, un triunfo glorioso del liberalismo en acción. Se trataba más bien de una encrucijada que produjo, en palabras de Wood, que en los Estados Unidos la tradición republicana fuese transformada por el liberalismo, no suplantada por él. 

Ya ha llovido mucho desde aquella Escuela de Cambridge. La recuperación académica del republicanismo ha tenido lugar desde entonces en varios campos, y tiene muchos enfoques. Desde el punto de vista marxista, en específico, cuenta con un número creciente de espacios de reflexión y práctica política. En idioma castellano, en mi opinión, el más significativo es el colectivo “Sin Permiso”, radicado en España, con redes globales de colaboradores.

Esta corriente encuentra en el marxismo crítico y en las prácticas socialistas los contenidos de la tradición republicana democrática: la concepción de que la ley está dentro del derecho, y que debe prevalecer siempre como instrumento de la soberanía popular; la noción de la libertad como un derecho constitutivo inalienable; la tesis de que la autoridad y el poder políticos son un “mandato” otorgado bajo control de la ciudadanía; y la concepción democrática de la propiedad sobre los medios de existencia y de producción.

¿Y cómo se ha pensado y se está pensando la tradición republicana en Cuba en particular?

Cuba no es ajena a esa historia global. A los problemas de la recepción del republicanismo, antes mencionados, suma su propia historia política e intelectual.
Hace años, la recepción de un texto mío que presenta a Raúl Roa García como autor republicano me trajo debates interesantes sobre este aspecto en nuestra historia. Varios colegas me decían que “por supuesto” Roa “tenía que ser republicano”, que no podía ser otra cosa en el contexto en que vivía. Lo republicano parecía así “venir dado” por el “tiempo que le tocó vivir”.

Tengo muchas dudas sobre esa idea. Es como si las personas fuesen “socialistas” o “capitalistas” solo por vivir bajo un régimen u otro. Las identidades políticas son elecciones basadas en contextos, necesidades y creencias, no le tocan “por defecto” a las personas según el lugar en que nacen o la ideología que rija el país donde vivan. En mi experiencia, ese intercambio mostraba carencias nacionales en torno a la comprensión de lo republicano.

Los programas republicanos se pueden rastrear desde los inicios del pensamiento cubano, con Félix Varela, y los orígenes del constitucionalismo insular, desde Joaquín Infante (1811) y Narciso López (1851). Sus proyectos no siempre mencionan la palabra República, pero argumentan en el orden de sentido del republicanismo. Paul Estrade ha escrito que el siglo XIX cubano fue “masivamente republicano”. Las cuatro constituciones mambisas son ya expresamente republicanas. Lo serán luego todas las siguientes hasta hoy. Todas tienen sus respectivos problemas, pero ninguna ha abandonado ese perfil.

Un botón de muestra debería servir como resumen de la presencia de los programas republicanos en Cuba: Nada menos que nuestro escudo, bandera e himnos nacionales son de inspiración netamente republicana.

Sin embargo, la “República”, por muchas décadas ha sido solo el nombre dado al periodo 1902-1958. Con ello, todo el programa independentista ha quedado sin referencias precisas al republicanismo, que defendían expresamente Guillermón Moncada, Emilia Casanova, Antonio Maceo, Carlos Manuel de Céspedes, Rosa Castellanos, Ignacio Agramonte y, claro, José Martí.

Ahora estamos presenciando a un número creciente de personas reconocer el programa de Martí como “republicano”, pero es algo muy reciente. Recuérdese que por varias décadas el Apóstol fue, en paralelo, “liberal democrático”, “demócrata revolucionario”, etcétera.

La Revolución cubana de 1959 fue, en aquel contexto, una suma de acciones colectivas contra una dictadura pero lo fue también contra el engranaje estructuralmente corrupto de las repúblicas tanto del “9 de marzo” como del “11 de marzo”. Para enero, no había quedado atrás solo la Cuba de Batista, sino también la que había hecho crisis antes de su último golpe de estado.

Sin embargo, es errático pensar que el triunfo de 1959 fue “contra la República”. El que se tome el trabajo —y haría bien en hacerlo, pues es fascinante— de revisar la prensa revolucionaria de los primeros años tras 1959 encontrará una lógica de que ahora sí se conseguiría una república de verdad, esto es, convertida en una realidad para todos. “Apúrese, hemos perdido cincuenta años”, se podía leer en letreros de oficinas, que no decían “abajo la República”. 

Ideas como la de “pseudorrepública”, que Fernando Martínez Heredia combatió tanto –era burguesa, era neocolonial, al tiempo que era varias cosas más, pero no era “pseudo”– son elaboraciones posteriores. El concepto “República” era usado entonces de modos como este, por el entonces primer ministro Fidel Castro Ruz: “…Antes solo tenía las miserias, y no tenía siquiera los honores; lo hacía todo, y no recibía ni el reconocimiento de su esfuerzo; ayer era pobre, ignorado y desconocido; hoy es el primer ciudadano de la república, hoy es el ciudadano más querido y más respetado de la república, el guajiro, el obrero, el estudiante.”

La corrupción de una forma política no puede confundirse con la forma misma. Pasa lo mismo con la democracia: sus problemas se resuelven con más y mejor democracia, no con menos.

Grandes programas revolucionarios como la universalización de la educación y la reforma agraria eran a su vez antiguas demandas republicanas revolucionarias. La cuestión es que solo la Revolución en el poder pudo hacerlas efectivas. Por eso, en esos primeros años se puede ver una fuerte conexión entre República y Revolución. El periódico comunista Hoy muestra imágenes muy claras en defensa, a la par, de la república y la revolución.

También aparece esa conexión en los textos de Revolución, el periódico del MR26-7, y en los de Combate, el diario del DR 13 de Marzo. El artista plástico Carmelo González –nada menos que en un manual del Ejército Rebelde– propuso una versión revolucionaria cubana de la “Libertad guiando al mundo”, de Eugene Delacroix, el icono global de la libertad republicana.

Lo que vino después, por razones que aún hay que explicar en profundidad, fue la creación de una imagen de discontinuidad entre república y revolución.
No obstante, algunas pistas de tal hecho encontramos ya desde antes en la historia nacional.

Manuel Sanguily afirmaba en 1924: “Mirando hacia atrás ¿cabría pensar propiamente que la República no es la derivación legítima, sino acaso la adulteración, ya que no la antítesis, de los elementos originarios creados y mantenidos por la Revolución, que la engendraron y constituyeron? Porque en realidad parecen dos mundos contrapuestos: el uno, minoría candorosa y heroica, todo desinterés y sacrificio [la Revolución]; y el otro, mayoría accidental y traviesa, toda negocios y dinero [la República]».

La Revolución del 59 –como hacen todas las revoluciones, que incluso inauguran nuevos calendarios– miró pronto el pasado –también a la luz de las nuevas necesidades y formas políticas que fue asumiendo– como una era distinta, distante y extraña a sí misma. Por su parte, el carácter socialista, declarado en 1961, puso otro énfasis en el perfil de la Revolución. En concreto, la historiografía construyó un siglo XX dividido entre “República” y “Revolución”, lo que dejaba de ver la historia como un proceso siempre atravesado por continuidades y rupturas.

En ese proceso, el símbolo del gorro frigio –omnipresente desde el XIX hasta los 1950 en todos los movimientos revolucionarios cubanos– fue desapareciendo rápidamente de las representaciones gráficas sobre el poder revolucionario. La propia palabra “República” se empleó por mucho tiempo solo para referir principalmente el nombre del país.

Ahora mismo la situación me parece diferente. En las últimas dos décadas se han retomado un gran número de estudios de gran calidad sobre “aquella república”. En contraste, y comparativamente, son escasos los estudios que la interpreten como una tradición y un programa políticos, antes y después de “aquella República”, que estudien así el programa republicano de las guerras de independencia, y sus problemas, o indaguen cuánto hay y no hay de republicano en el curso socialista posterior al 59. 

Creo que en el futuro cercano veremos mucho más trabajo, de distinto signo, en este horizonte. Lo ideal sería que debates como estos no se queden en los espacios de los investigadores y que estos puedan abordarlos por sí mismos, desde posiciones plurales, en la prensa y los espacios de comunicación masivos, sin reproducir males, hablando de temas históricos, reconocidos por el propio gremio periodístico, como el llamado “intrusismo profesional”.

En mis propias indagaciones sobre estos temas aprecio cómo el liberalismo y el pensamiento republicano fueron ideas simultáneas y concomitantes en el despertar de las ideas independentistas cubanas. ¿Qué me puedes decir al respecto?

Es una pregunta muy importante. El liberalismo, así en general, se ha labrado para sí, retroactivamente, un largo pasado. Pero es una anacronía –lo que es un grueso “pecado” a la hora de pensar históricamente– hablar de liberalismocomo corriente política estructurada antes de las cortes de Cádiz. Solo después de 1812 es que aparece un cuerpo de pensamiento político identificable con el nombre de liberalismo, aunque con distintos contenidos.

El “liberalismo” que fue aceptado en Cuba –y que efectivamente fue simultáneo con el republicanismo– no fue el de Jeremías Bentham. Para el autor de Falacias políticas los derechos humanos eran “disparates sin fundamento”: una doctrina confusa y peligrosa, amenazante para los estados y para la estabilidad y equilibrio de la sociedad. Si los “derechos son un sinsentido”, decía Bentham, “los derechos humanos [son] un sinsentido mayúsculo”.

El liberalismo que fue aceptado en Cuba por el campo revolucionario era el que estaba en relación con el derecho natural racionalista o revolucionario moderno: el que estaba contra el despotismo, el origen divino del poder y la desigualdad social, y a favor de los derechos a la crítica, la razón y los derechos humanos. 

No fue el liberalismo de Bentham el que puso en crisis la noción de propiedad sobre los hombres, que “justificaba” la esclavitud. Fue la revolución haitiana en un gesto que radicalizó el republicanismo atlántico. Céspedes, el liberal, ejecutó un acto de propietario al liberar a sus esclavos, pero abrió la puerta necesaria para la impugnación republicana de esa institución y de su noción de propiedad.

Luego, incluso los recursos que se usaron para “atemperar” la abolición –como el reglamento de libertos– ya no podían usar la palabra “esclavos”. Las relaciones sociales que se establecieron entre antiguos amos y esclavizados empezaron a mostrar mucha mayor complejidad. (Rebecca Scott ha escrito páginas brillantes sobre ello.) 

Cuatro años después de La Demajagua, la guerra, como dijo Cepero Bonilla, era ya definitivamente antiesclavista. Escamotear la participación de Céspedes en ello pierde de vista su lugar central en el proceso del republicanismo abolicionista cubano.

En general, podría decirse que el liberalismo que fue aceptado en Cuba fue el que, con muchas contradicciones, llevó a la primera república española.

La crítica de los revolucionarios cubanos a esa república, como se puede ver en el libro La tierra del mambí, de James O´Kelly, era que no fuese recíproca hacia la revolución de Cuba. Que afirmara la libertad para sí, al tiempo que se la negara a los insurrectos. Le exigían que fuese democrática a la vez que anticolonial, en palabras más contemporáneas. Ese es el argumento central del folleto de Martí –escrito a sus 20 años– “La República española ante la revolución cubana”.

Ahora, los problemas del gobierno republicano español no pueden silenciar la justicia del credo de muchos de aquellos hombres y mujeres. Un diario titulado La Igualdad decía desde Madrid el 11 de noviembre de 1868: “Proclamamos, pues, la igualdad porque somos liberales, y la igualdad es una consecuencia de la libertad misma, es la facultad igual concedida a cada uno para hacer uso de los derechos que la naturaleza y la sociedad les han otorgado a todos.” El mismo texto añade sin asomo de contradicción: “proclamamos la república verdaderamente democrática, aquella que nace de la igualdad y de la libertad.” 

No hay contradicción entre ese liberalismo y la república democrática.

Al mismo comienzo de la guerra, Céspedes puso juntas esas palabras: “Este doble compromiso, contraído ante la América independiente, ante el mundo liberal, y lo que es más, ante la propia conciencia, significa la resolución de ser heroicos y ser virtuosos. Cubano: con vuestro heroísmo cuento para consumar la independencia. Con vuestra virtud para consolidar la República.”

Lo hacía también Martí cuando en El Partido Revolucionario a Cuba decía: “Llega Cuba a la vida de América, por sus hábitos de trabajo, disciplina liberal, extensas peregrinaciones…”, a la vez que aseguraba que el Partido llevaba a Cuba “bajo su representación electa y responsable (…) el auxilio necesario para que ella establezca, sin presión ni invasión, la República libre”.

Dicho liberalismo, al contextualizarse en América latina, produjo a su vez versiones diferentes, unas más vinculadas al mundo popular, y otras oligárquicas. Las primeras pueden ser calificadas como “republicanismo plebeyo”, pero ya se conocen históricamente como “liberalismos radicales” en Ecuador y Colombia. Eloy Alfaro, cercano a Martí, era líder del primero. El segundo, el colombiano, es impensable sin el impulso de los afrodescendientes participantes en la independencia. Tengo la intuición que el liberalismo cubano republicano tras 1902, institucionalizado como Partido Liberal –“del gallo y el arado”–, quiso presentarse como parte de esa corriente, pero su oligarquización y corrupción le acarreó una historia diferente, por ejemplo, a la que llevó a Alfaro a la “hoguera bárbara” en 1912.

Aun así, la palabra liberal todavía conservará por un buen tiempo en Cuba el sentido con que Céspedes y Martí la empleaban. Alguien poco sospechoso de “liberalismo”, el marxista Julio Antonio Mella, decía en su etapa de estudiante que veía al estudiantado de avanzada como “el elemento sano, joven vigoroso y liberal”, cuestionaba a los “liberales utopistas” que creían en la posibilidad de la libertad en la “sociedad actual”, pero en abril de 1928, ya en plena madurez de su pensamiento, también se refería a la subversión que preparaba como “necesaria revolución, democrática, liberal y nacionalista.

Esto me parece importante porque existen en Cuba generalizaciones sobre el liberalismo, como si todo lo que no fuese marxismo sea liberal, y como si el liberalismo fuese un cuerpo homogéneo de ideas. El marxismo es un cuerpo plural de corrientes, y también lo es el liberalismo.

¿A tu juicio, cuál fue la aportación de la revolución cespedista al pensamiento republicano en Cuba?

Me concentraré en una que me parece fundamental: la idea revolucionaria de la democracia.

La frase muestra algo que fue un lugar común en el largo periodo que va desde Pericles en Atenas (en los 400 ane) hasta la primera guerra mundial, ya a inicios del XX. La democracia, en su versión positiva, era el “poder de los pobres libres”, la demanda de convertir en ciudadanos a los súbditos, los dependientes, los excluidos. Para sus críticos, en su versión negativa era sinónimo de revolución plebeya, de tiranía de los pobres, de caos de los muchos. Era esta “contaminación” la que deploraba el mencionado texto colonialista.

Mientras el socialismo se iría haciendo fuerte en el XIX, por ejemplo, en Alemania, el gran “miedo burgués” en ese siglo tuvo como foco la fraternidad republicana, y con ella la democracia. París no solo tuvo las revoluciones fraternales de 1830 y 1840, ni solo tuvo luego la Comuna. Tuvo también, y no fue por casualidad, la Segunda Internacional. 

Pero fue referente francés el que devino central, como antes decía. Fue tan importante que la mayoría de los estados del mundo que lograron independizarse o unificarse a lo largo de un siglo y medio, como ha anotado Eric Hobswaum, adoptaron el modelo de la bandera y los colores franceses, incluida, por supuesto, la cubana. Céspedes pensó la democracia en esas coordenadas francesas.

Esa democracia tenía en Cuba un componente crucial: la “raza”. Una imagen gráfica que representaba una lápida (en el diario Don Junípero de 31 de octubre de 1869) decía: “Aquí yace La insurrección de Yara (...) que fugitiva, hambrienta y haraposa, escribió ¡miserable! en su bandera ANTES SER AFRICANOS QUE ESPAÑOLES!”. Para la lógica colonial, la lucha por la democracia en Cuba era africanizar –con toda la carga infamante que suponía esa expresión en el lenguaje colonial– el país.

Desde el campo mambí le respondieron en una “guajira”: “Gritan los negros unidos no queremos ser esclavos, ser libres como vosotros que todos somos hermanos; nos castigan nuestros amos con muchísimo rigor, pero hay de aquel traidor que caiga en nuestro poder será asesinado al punto y no habrá piedad para él. (…) Todo el pueblo en masa entera recibirá sus soldados con muchísimo entusiasmo y mucha más alegría esperando llegue el día de abrazar a sus hermanos.”

Es un lenguaje violento, como tanto ha tenido que ser tantas veces el de la libertad, pero es a la vez el lenguaje de la democracia fraternal en acción. Es el lenguaje de la democracia.

Una frase usada por Céspedes conecta directamente la experiencia revolucionaria francesa con la cubana y las consecuencias de la apuesta por la democracia. En el texto “Al partido republicano de España”, Céspedes dice a sus correligionarios en la península: “Republicanos franceses fueron los que dijeron: Perezcan las colonias, sálvense los principios. Que no sean republicanos españoles los que, prefiriendo un poco de oro y la falsa gloria de un amor propio malentendido, exclamen: ¡piérdanse, húndanse los principios antes que un mercado monopolizado para nuestros frutos y un pedazo de tierra americana en que enseñorearnos!”

No era cualquier “republicano francés” el autor de la primera frase. Fue nada menos que Robespierre. Esa expresión vino a significar, como ha explicado la historiadora Florence Gauthier, el compromiso anticolonial y antiesclavista de la revolución francesa, llevada hasta allí por el empuje de la revolución haitiana y su desafío de hacer efectiva la libertad para todos.

Céspedes identificó con precisión ese contenido, que le traería serias consecuencias: “porque se salvasen los principios nos hemos arruinado destruyendo nuestra riqueza al proclamar la inmediata abolición de la esclavitud”. El líder de La Demajagua dejó inscrito en la historia de la democracia cubana ese compromiso: no hay democracia sin libertad y justicia para todos.

No era ese, por ejemplo, el ideal, de la “revolución americana” –la de los EE.UU. La propia Hanna Arendt, que tanto la defendió, decía que la cuestión social le había sido ajena. En Cuba, no fue solo Martí el que enunció el programa de la noción de democracia más robusta de la época –la república con todos y para el bien de todos–. Fue el conjunto del campo independentista, dentro del cual Céspedes tiene un lugar imprescindible.
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Nota:
[1] Dos frases cortas explican tales diferencias. La libertad liberal acaba donde comienza la libertad de otro. La libertad republicana comienza donde comienza la libertad de los otros. La primera idea supone que son compatibles la libertad política y la dependencia social. La segunda entiende que no es libre quien vive, política y socialmente, entre quienes no pueden serlo. Esta última noción incorpora en su reflexión necesidades relativas a la libertad política pero también al acceso de recursos. En ambos casos, no se trata de ideas abstractas. Cada una tiene traducciones a derechos, a formas de entender los derechos y a diseños institucionales que organizan el estado y la sociedad según esas ideas.

viernes, 31 de julio de 2020

Eusebio

Eusebio ya vivía en la eternidad.

Con su partida nos quedamos más huérfanos de mujeres y hombres patriotas y revolucionarios que no sienten ni actúan por esquemas prefabricados, hombres y mujeres de caracteres disímiles, aunque de humanidades coherentes, en quienes las ideas no son pretexto de penitencia (propia y ajena) sino de emancipación y conocimiento.

Lamentablemente cada vez son menos. Conforman una estirpe de la que todas las ortodoxias desconfían. Son vidas que no están signadas por el afán de supremacía sino por el ecumenismo y la inclusión.

Haydee, Aida y Adita, Alfredo, Armando, Eusebio y muchos nombres propios que en sus a veces ignorados frentes no vieron el mundo en blanco y negro sino en tonalidades capaces de nutrir la infinita paleta de la gran causa humana.

Debiéramos pensar en la falta que nos hacen personas como Eusebio. Debiéramos pensar en si estamos formando a mujeres y hombres que den continuidad a su trabajo y al trabajo de otros colosos que se nos han ido. Debiéramos pensar si estamos alentando espíritus rebeldes, indagadores, que peleen su derecho a crear y a servir a su prójimo, como lo hizo Eusebio.

Pensar en eso y actuar en consecuencia es la única forma de hacer en algo reparable una pérdida tan grande. Pensar en eso y actuar en consecuencia es lo único que nos hace dignos de nombrarlo.


Venecia, 1984

jueves, 30 de julio de 2020

Quo Vadis, Cuba?*

Por Juan M Ferran Oliva

Quo Vadis, Domine?
San Pedro.[1]
En una ocasión Churchill afirmó que el capitalismo constituía la más injusta forma de distribución de la riqueza, mientras que el socialismo representaba una repartición equitativa de la pobreza. La anécdota evidencia el proverbial pensar reaccionario de Sir Winston, pero aún en 1965, fecha en que falleció, los países que ostentaban la etiqueta de comunistas no se caracterizaban por la eficiencia productiva. En consecuencia - mordacidades aparte- no podían repartir otra cosa que no fuera la escasez.
Cierta o falsa, se puede extraer una moraleja de esta virulenta anécdota. Las naciones que aspiran a concretar un modelo pretendidamente socialista han de hacerlo sobre una sólida base económica. De otro modo caerán en la situación caricaturizada por el célebre ex ministro británico. 
Dichos países han de mostrar que los cambios deben significar aumentos de la productividad social y mejoras en la calidad de vida. Ello ocurrió en el esclavismo respecto a la comunidad primitiva y posteriormente se repitió en el feudalismo y el capitalismo. 
Según un viejo proverbio chino: El sabio habla de las ideas, el inteligente de los hechos y el hombre vulgar de lo que ha comido. Esta última categoría es la que abunda por doquiera, Cuba incluida. 
En el pasado la denominación de socialistas se restringía a los seguidores del patrón soviético. Los demás eran revisionistas o algo peor. Actualmente dicha etiqueta la asumen todo tipo de gobiernos: monopartidistas, demócrata-burgueses, confesionales, comunistas dinásticos y puede que hasta tribales. Basta poner al hombre como centro del interés en contraposición al neoliberalismo que corre tras la ganancia. Se trata, en términos más coloquiales, de la izquierda genuina y de la derecha. El nuevo modo humanizado de producción está por crear. Es una aspiración aún no concretada. Comoquiera que se denomine al modelo redentor, debe alcanzar niveles de consumo consecuentes.
Los lineamientos de la política económica y social fueron el leitmotiv del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Apuntan hacia un nuevo modelo económico cubano, que es aún una aspiración y una incógnita. El evento partidista tuvo lugar a 52 años del inicio de la Revolución. Esta última, como transformadora, terminó en 1970 y en lo sucesivo le siguió la evolución de un modelo fallido con pretensiones de impar.
A fines del 2011 terminé un ensayo titulado MEDIO SIGLO, quizás algo fustigador. La denominación envejeció mientras buscaba un editor que no encontré. Quizás por falta de calidad del trabajo o quién sabe si por otra causa. Pero de seguro no calificaba entre los aspirantes a la guataca de oro. Lo recompuse y amplié convirtiéndolo en LOS MODELOS ECONÓMICOS referido a los distintos patrones existentes en Cuba desde sus inicios coloniales. Fue la época en que se puso énfasis en los modelos, término antes rechazado por la alta dirigencia. Tampoco tuvo suerte editorial y lo reconvertí en QUO VADIS, introduciendo algunos cambiosYa era el año 2014. Un amigo que lo revisó[2] me mostró un ejemplar publicado el anterior año por Los Libros de la Catarata, de Madrid. Se titulaba ¿QUO VADIS CUBA? LA INCIERTA SENDA DE LA REFORMA. Consistía en un acopio de ensayos de varios economistas cubanos destacados[3]. ¡Casi el mismo título!  No me quedó más remedio que cambiarlo. Entonces tuve la osadía de añadir un pronóstico. Lo denominé CUBA AÑO 2025 y tuve la agradable sorpresa de que fuera premiado como ensayo en el Concurso de Casa de las Américas[4] de 2015.
En mi predicción asumí que se cumpliría el concurso del capital foráneo con cifras en el entorno de los US$ 2.000 a US$ 2.500 millones anuales. Aún bajo este supuesto, en 2025 Cuba no hubiera subido de categoría y continuaría siendo un país en vías de desarrollo. El resto del mundo también crece y unos van más de prisa que otros.
Las inversiones extranjeras no han alcanzado la medida necesaria. El bloqueo ha arreciado y por si fuéramos pocos llegó la pandemia. Todo se ha trastornado. No sólo en lo interno sino también mundialmente. Cuba, como país pequeño dista mucho de la autarquía. Pero es vergonzosa su incapacidad de cubrir con producción propia mucho de lo que se importa. Alimentos en particular.
Nuestros resultados respecto al coronavirus son excelentes. Ojalá fuésemos igual de buenos en la producción.
Aunque Trump no alcance a reelegirse, cuando recobremos la normalidad lo haremos en condiciones peores que antes. Nuestros buenos vecinos nos quieren domesticados y es un gusto que no podemos darles.
Tenemos mucho por destrabar. Esa será la impostergable e inmediata tarea del partido-gobierno.
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[1] ¿A dónde vas, Señor? Pregunta formulada a Jesús resucitado por el apóstol Pedro cuando tomando la Via Apia huía de la represión en Roma. La respuesta admonitoria fue: voy a sufrir la persecución pues mis propios discípulos me abandonaron. Pedro, avergonzado, regresó para enfrentar el martirio. Es lo que cuenta el mito, San Pedro fue el primer Papa.

[2] Julio A. Díaz Vázquez

[3]Son sus autores: el español José Antonio Alonso y los prestigiosos economistas cubanos Pavel Vidal, Juan Triana,I leana Diaz, Jose Carlos Fariñas, Isabel Alvarez, Ricardo Torres, Carlos Garcimartin, Omar Everlyn Perez, Saira Pons, Anicia Garcia, Susanne Gratiles, Luisa Iñiguez, Santiago Diaz de Sarralde y Julio Cèsar Guanche

[4] Ferran Oliva, Juan M. Cuba: Año 2025. Premio Casa de las Américas 2015. Ensayo Histórico Social. Fondo Editorial Casa de las Américas, 2015. El Jurado del Premio estuvo compuesto por Zuleica Romay, entonces presidenta del Instituto Cubano del Libro, la chilena Marta Harnecker, ya fallecida, y el intelectual colombiano Alfonso Múnera Cavadía

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*Sine Die 137, Julio 24 2020