martes, 28 de enero de 2020

Una página final

Diario de a bordo:

28 de enero de 1970 (miércoles)

Hoy nació J. Martí. Hoy llegamos sin falta.
Por la mañana estamos por Las Villas. Llegaremos a eso de las 3 ó las 4 de la tarde. La emoción de la tripulación se puede tocar, respirar y hasta vestirse. Se ven esporádicamente los cayos del canal de las Bahamas, por donde vamos. 
-----------------> 
La tarde no se podía pasar sin una tensión enorme. Todo el mundo pegado a babor identificando lo poco que se veía de tierra. Yo tomando el sol y temblando. 
Por fin a las 5 ½ estamos frente al Hersey, por lo que deduzco que cuando salga del comedor –voy ahora— ya se verá La Habana.
Ahora no se ve la ciudad, la tapa el sol.
Es probable que esto sea lo último que escriba a bordo. Lo hago rápido. No podría hacer un resumen en pocas líneas, no podría decir nada más que ¡qué cuatro meses, caballeros!
----------------->
En efecto, La Habana, terriblemente solitaria en medio de las luces fue apareciendo debajo del sol.
Ya es de noche. Nos acercamos al Morro. Es el final.



Al final de este viaje en la vida

Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos hinchados de ir
a la muerte al odio al borde del mar

Al final de este viaje en la vida quedará
nuestro rastro invitando a vivir
por lo menos por eso es que estoy aquí

Somos prehistoria que tendrá el futuro
somos los anales remotos del hombre
estos años son el pasado del cielo
estos años son cierta agilidad
conque el sol te dibuja en el porvenir
son la verdad o el fin
son Dios

Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte en plena luz

Al final de este viaje en la vida quedará
una cura de tiempo y amor
una gasa que envuelva un viejo dolor

Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos tendidos al sol
como sábanas blancas después del amor

Al final del viaje está el horizonte
al final del viaje partiremos de nuevo
al final del viaje comienza un camino
otro buen camino que seguir descalzos
contando la arena
al final del viaje estamos tú y yo
intactos

Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte en plena luz

lunes, 27 de enero de 2020

Para una nueva declaración universal de los derechos humanos

Por Boaventura De Sousa Santos*

El gran filósofo del siglo XVII, Baruch Spinoza, escribió que los dos sentimientos básicos del ser humano (afectos, en su terminología) son el miedo y la esperanza. Y sugirió que es necesario lograr un equilibrio entre ambos, ya que el miedo sin esperanza conduce al abandono y la esperanza sin miedo puede conducir a una autoconfianza destructiva. Esta idea puede extrapolarse a las sociedades contemporáneas, especialmente en una época en la cual con el ciberespacio, las comunicaciones digitales interpersonales instantáneas, la masificación del entretenimiento industrial y la personalización masiva del microtargeting comercial y político, los sentimientos colectivos son cada vez más parecidos a los sentimientos individuales, aunque siempre sean agregaciones selectivas. Es por ello que actualmente la identificación con lo que se oye o se lee resulta tan inmediata (eso es precisamente lo que pienso, aunque nunca antes se haya pensado sobre eso), al igual que la repulsión (tenía buenas razones para odiar eso, a pesar de que nunca se haya odiado eso). De este modo, los sentimientos colectivos se convierten fácilmente en una memoria inventada, en el futuro del pasado de los individuos. Por supuesto, esto sólo es posible porque, a falta de una alternativa, la degradación de las condiciones materiales de vida se vuelve vulnerable a una reconfortante ratificación del statu quo.
Si convertimos esperanza y miedo en sentimientos colectivos, podemos concluir que tal vez nunca haya habido una distribución tan desigual del miedo y la esperanza a escala global. La gran mayoría de la población mundial vive dominada por el miedo: al hambre, a la guerra, a la violencia, a la enfermedad, al jefe, a la pérdida del empleo o a la improbabilidad de encontrar trabajo, a la próxima sequía o a la próxima inundación. Este miedo casi siempre se vive sin la esperanza de que se pueda hacer algo para que las cosas mejoren. Por el contrario, una diminuta fracción de la población mundial vive con una esperanza tan excesiva que parece totalmente carente de miedo. No teme a los enemigos porque considera que estos han sido anulados o desarmados; no teme la incertidumbre del futuro porque dispone de un seguro a todo riesgo; no teme las inseguridades de su lugar de residencia porque en cualquier momento puede trasladarse a otro país o continente (e incluso comienza a barajar la posibilidad de ocupar otros planetas); no teme la violencia porque cuenta con servicios de seguridad y vigilancia: alarmas sofisticadas, muros electrificados, ejércitos privados.
La división social global del miedo y la esperanza es tan desigual que fenómenos impensables hace menos de 30 años hoy parecen características de una nueva normalidad. Los trabajadores aceptan ser explotados cada vez más a través del trabajo sin derechos; los jóvenes emprendedores confunden la autonomía con la autoesclavitud; las poblaciones racializadas se enfrentan a prejuicios racistas que a menudo provienen de aquellos que no se consideran racistas; las mujeres y la población LGTBI siguen siendo víctimas de violencia de género, a pesar de todas las victorias de los movimientos feministas y antihomofóbicos; los no creyentes o creyentes de religiones equivocadas son víctimas de los peores fundamentalismos. En el plano político, la democracia, concebida como el gobierno de muchos en beneficio de muchos, tiende a convertirse en el gobierno de pocos en beneficio de pocos, el estado de excepción con pulsión fascista se va infiltrando en la normalidad democrática, mientras el sistema judicial, concebido como el estado de derecho para proteger a los débiles contra el poder arbitrario de los fuertes, se está convirtiendo en la guerra jurídica de los poderosos contra los oprimidos y de los fascistas contra los demócratas.
Es urgente cambiar este estado de cosas o la vida se volverá absolutamente insoportable para la gran mayoría de la humanidad. Cuando la única libertad que le quede a esta mayoría sea la libertad de ser miserable, estaremos ante la miseria de la libertad. Para salir de este infierno, que parece programado por un plan voraz y poco inteligente, es necesario alterar la distribución desigual del miedo y la esperanza. Es urgente que las grandes mayorías vuelvan a tener algo de esperanza y, para ello, es necesario que las pequeñas minorías con exceso de esperanza (porque no temen la resistencia de quienes sólo tienen miedo) tengan miedo de nuevo. Para que esto ocurra, se necesitarán muchas rupturas y luchas en los terrenos social, político, cultural, epistemológico, subjetivo e intersubjetivo. El siglo pasado comenzó con el optimismo de que rupturas con el miedo y luchas por la esperanza estaban cerca y serían eficaces. Este optimismo tuvo el nombre inicial e iniciático de socialismo o comunismo. Otros nombres-satélite se unieron a ellos, como republicanismo, secularismo, laicismo. A medida que el siglo avanzaba se unieron nuevos nombres, como liberación del yugo colonial, autodeterminación, democracia, derechos humanos, liberación y emancipación de las mujeres, entre otros.
Hoy, en la primera mitad del siglo XXI, vivimos entre las ruinas de muchos de esos nombres. Los dos primeros parecen reducirse, en el mejor de los casos, a los libros de historia y, en el peor, al olvido. Los restantes subsisten desfigurados o, como mínimo, se ven confrontados ante la perplejidad de acumular tantas derrotas como victorias protagonizan. Por estas razones, las rupturas y las luchas contra la distribución torpemente desigual del miedo y la esperanza serán una tarea ingente, porque todos los instrumentos disponibles para llevarlas a cabo son frágiles. Además, esta discrepancia constituye en sí misma una manifestación del desequilibrio contemporáneo entre el miedo y la esperanza. La lucha contra tal desequilibrio debe comenzar por los instrumentos que reflejan este mismo desequilibrio. Sólo a través de luchas eficaces contra este desequilibrio será posible señalar la expansión de la esperanza y la retracción del miedo entre las grandes mayorías.
Cuando los cimientos se derrumban, se convierten en ruinas. Cuando todo parece estar en ruinas, no hay más alternativa que buscar entre las ruinas, no sólo el recuerdo de lo que fue mejor, sino especialmente la desidentificación con lo que al diseñar los cimientos contribuyó a la fragilidad del edificio. Este proceso consiste en transformar las ruinas muertas en ruinas vivas. Y tendrá tantas dimensiones cuantas sean exigidas por la predictora socioarqueología. Comencemos hoy, al inicio de año, por los derechos humanos.
Los derechos humanos tienen una doble genealogía. A lo largo de su vasta historia desde el siglo XVI, fueron sucesivamente (a veces de manera simultánea) un instrumento de legitimación de la opresión eurocéntrica, capitalista y colonialista, y un instrumento de legitimación de las luchas contra esa opresión. Pero siempre fueron más intensamente instrumento de opresión que de lucha contra ella. Por eso contribuyeron a la situación de extrema desigualdad de la división global del miedo y la esperanza en la que nos encontramos hoy. A mediados del siglo pasado, tras la devastación de las dos guerras en Europa (con impacto mundial debido al colonialismo), los derechos humanos tuvieron un momento alto con la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que vino a sustentar ideológicamente el trabajo de la ONU. El 10 de diciembre pasado se conmemoraron los 71 años de la declaración. No es aquí el lugar para analizar en detalle este documento, que en su origen no es universal (de hecho, es cultural y políticamente muy eurocéntrico), pero que gradualmente se fue estableciendo como una narrativa global de dignidad humana.
Es posible decir que entre 1948 y 1989, los derechos humanos fueron predominantemente un instrumento de la guerra fría, lectura que durante mucho tiempo fue minoritaria. El discurso hegemónico de los derechos humanos fue usado por los gobiernos democráticos occidentales para exaltar la superioridad del capitalismo en relación al comunismo del bloque socialista de los regímenes soviético y chino. Según tal discurso, las violaciones de los derechos humanos solamente ocurrían en ese bloque y en todos los países simpatizantes o bajo su influencia. Las violaciones que había en los países amigos de Occidente, crecientemente bajo influencia de Estados Unidos, eran ignoradas o silenciadas. El fascismo portugués, por ejemplo, se benefició durante mucho tiempo de esa sociología de las ausencias, tal como sucedió con Indonesia durante el periodo en que invadió y ocupó Timor Oriental, o con Israel desde el inicio de la ocupación colonial de Palestina hasta hoy. En general, el colonialismo europeo fue por mucho tiempo el beneficiario principal de esa sociología de las ausencias. Así se fue construyendo la superioridad moral del capitalismo en relación con el socialismo, una construcción en la que colaboraron activamente los partidos socialistas del mundo occidental.
Esta construcción no estuvo libre de contradicciones. Durante este periodo, los derechos humanos en los países capitalistas y bajo la influencia de EU fueron muchas veces invocados por organizaciones y movimientos sociales en la resistencia contra violaciones flagrantes de esos derechos. Las intervenciones imperiales del Reino Unido y de EU en el Medio Oriente, y de EU en América Latina, a lo largo de todo el siglo XX, nunca fueron consideradas internacionalmente violaciones de derechos humanos, aunque muchos activistas de derechos humanos sacrificasen su vida defendiéndolos. Por otro lado, sobre todo en los países capitalistas del Atlántico Norte, las luchas políticas llevaron a la ampliación progresiva del catálogo de derechos humanos: los derechos sociales, económicos y culturales se juntaron a los derechos civiles y políticos. Surgió entonces cierta disociación entre los defensores de la prioridad de los derechos civiles y políticos sobre los demás (corriente liberal), y los defensores de la prioridad de los derechos económicos y sociales o de la indivisibilidad de los derechos humanos (corriente socialista o socialdemócrata).
La caída del Muro de Berlín en 1989 fue vista como la victoria incondicional de los derechos humanos. Pero la verdad es que la política internacional posterior reveló que, con la caída del bloque socialista, cayeron también los derechos humanos. Desde ese momento, el tipo de capitalismo global que se impuso desde la década de 1980 (el neoliberalismo y el capital financiero global) fue promoviendo una narrativa cada vez más restringida de derechos humanos. Comenzó por suscitar una lucha contra los derechos sociales y económicos. Y hoy, con la prioridad total de la libertad económica sobre todas las otras libertades, y con el ascenso de la extrema derecha, los propios derechos civiles y políticos, y con ellos la propia democracia liberal, son puestos en cuestión como obstáculos al crecimiento capitalista. Todo esto confirma la relación entre la concepción hegemónica de los derechos humanos y la guerra fría. Ante este escenario, se imponen dos conclusiones paradójicas e inquietantes, y un desafío exigente. La aparente victoria histórica de los derechos humanos está derivando en una degradación sin precedentes de las expectativas de vida digna de la mayoría de la población mundial. Los derechos humanos dejaron de ser una condicionalidad en las relaciones internacionales. Cuando mucho, en vez de sujetos de derechos humanos, los individuos y los pueblos se ven reducidos a la condición de objetos de discursos de derechos humanos. A su vez, el desafío puede formularse así:
¿Será todavía posible transformar los derechos humanos en una ruina viva, en un instrumento para transformar la desesperación en esperanza? Estoy convencido que sí. En la próxima crónica intentaré rescatar las semillas de esperanza que habitan la ruina viva de los derechos humanos.
* Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/01/26/opinion/018a1mun

viernes, 24 de enero de 2020

Banco de trabas*

Por Juan M. Ferran Oliva
El pasado día 18 de enero se efectuó el Balance anual del Ministerio del Trabajo. Acudió el propio presidente Diaz Canel, el Primer Ministro Manuel Marrero Cruz y funcionarios de otros organismos. El evento ha despertado vívidos comentarios entre los miembros más activos de la tribu receptora de SINE DIE.
Pluralizo pues los opinantes se reafirman mutuamente. 
Consideran que el presidente hizo enfoques positivos relacionados con la eliminación del nudo gordiano que ata la eficiencia económica. Afirman que  sus planteamientos constituyen la formulación más importante de política laboral de los últimos 35 años. 
El presidente señaló como prioridades, entre otras, la eliminación de obstáculos en la política de empleo. Mayor atención al trabajo por cuenta propia. Sistemas de gestión y pago que brinden al sistema estatal las mismas ventajas que al privado.
Agregó que se ha solicitado a cada organismo un banco de trabas.
Según el mandatario No podemos permitir que si el sector estatal es el que más aporta a la dinámica económica del país, sea donde el factor salario se mueva más lento. El sector privado resuelve ese asunto bien rápido, entonces nuestra dinámica es de burocraciaqueremos y necesitamos un Ministerio del Trabajo sin trabasEsto último me huele a crítica. 
Reiteró que en el año en curso se desplegarán todas las formas de gestión de la economía contempladas en la Constitución. Creo que ello será favorecido por la nueva estructura de presidente, primer ministro, gobernadores e intendentes.
Más allá de la reunión, hay un aspecto importante que me intriga. Los opinantes piensan que la página de la Presidencia fue el único órgano mediático fiel a lo planteado por el Presidente. Su labor contrasta con el resto de la prensa.  Cubadebate, Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores se limitaron a notas insustanciales. No divulgaron los planteamientos importantes del Presidente. 
Tales comentarios avivan inquietudes. Pienso que en el nivel más alto de dirección del país, cualquiera que este sea, se lleva a cabo un debate entre fundamentalistas y pragmáticos. No es nada nuevo. Ha sucedido en otros tiempos y lugares y continúa ocurriendo. Las momias ideológicas se convierten en reaccionarias sin darse cuenta.  Intentar reverdecer la magia de los primeros años es ilusorio. Nuestro pretendido socialismo fue clonado de un patrón fallido. Ahora hemos de hallar algo distinto y a la cubana. Técnicamente la Revolución terminó poco antes de 1970, cuando la burguesía hizo mutis como clase. Le siguió una evolución. Entonces se pensó que el socialismo consistía en la nacionalización.
Basta de lirismos. Somos revolucionarios por espíritu pero ya no hay estructuras básicas que derribar. Se busca un modelo que haga funcionar eficientemente la economía, mantenga la soberanía nacional y tenga al ser humano como objetivo. Entonces podrá ponérsele etiqueta. Sólo merecerá llamarse socialista cuando supere la productividad capitalista. 
¿Será la reacción de la prensa una simple superficialidad?  No me parece probable. La uniformidad en la reacción sugiere que responde a una voz de mando. Contrasta con la Página de la Presidencia. Ello puede ser una muestra de lucha de criterios.  De ser así habrá que concluir que el jefe del Estado enfrenta mentalidades oxidadas que obstaculizan el desarrollo de las fuerzas productivas. Imagino que en el seno del poder se produce una lucha entre los tradicionales y los aperturistas. Lo viejo contra lo nuevo, aunque no todos los viejos pueden sean tradicionales ni todos los nuevos aperturistas. 
La economía cubana posterior a la desaparición del Campo Socialista muestra dos grandes logros. Curiosamente se les da poca divulgación. Uno es la transformación del modelo económico que ahora cuenta con nuevos campeones en sustitución del tradicional azúcar. Otra es la extracción local de petróleo que cubre la mitad de las necesidades nacionales[1]. Pudieran añadirse los acuerdos sobre la renegociación de la deuda externa; no la eliminan, pero lubrican su pago. Son fortalezas.
Pese a los inconvenientes del bloqueo, el país cuenta con fuerza de trabajo calificada y una población con nivel educacional superior al de los países subdesarrollados. Lamentablemente muchos quieren emigrar, lo cual es una callada critica: buscan fuera lo que no encuentran dentro y perdemos capital humano.
Hay capacidades internas y reservas aprovechables. Algo empantana la economía. Cambiar todo lo que tenga que ser cambiado no ha de tomarse como una afirmación retórica, es un imperativo de supervivencia. 


[1] En julio 28 de 2017 el noticiero de Cuba Visión Internacional anunciaba que el 60% de las necesidades de generación termoeléctrica era cubierta con la extracción nacional de petróleo.


*Esta entrada corresponde al Sine Die Nº 102 de Ferran

jueves, 23 de enero de 2020

Operación Peter Pan: expresión de guerra no convencional contra Cuba

Por Jorge Wejebe Cobo
Un hecho propio de un pasaje de ciencia ficción ocurrió un día de 1960 en la playa de Guanabo, al este de La Habana, cuando una mujer al borde del paroxismo alertaba a sus vecinos sobre la inesperada llegada de camiones al poblado con el fin de recoger a los niños y embarcarlos en un carguero soviético para llevarlos a Rusia.
Al no conseguir seguidores que compartieran su desasosiego siguió en su fuga improvisada para salvar a sus hijos del supuesto adoctrinamiento allende los mares y dicen que desde ese día, no se supo más del destino de ella y sus descendientes.
Más allá de la narración inspirada en un testimonio del documentado libro Operación Peter Pan. Un caso de guerra psicológica contra Cuba, de los cubanos Ramón Torreira y José Buajasán, en 1960 ocurrieron otros miles de hechos similares como consecuencia de una de las primeras campañas de guerra no convencional llevadas a cabo por Estados Unidos contra la Revolución cubana.
Esa maniobra tenía el nombre del personaje de la famosa obra infantil de James Matthew Barrie.
La Operación Peter Pan perseguía como objetivo principal sembrar la desconfianza hacia el nuevo poder y quebrar el apoyo mayoritario a la Revolución, al estimular los prejuicios sembrados por la propaganda anticomunista en el pueblo y que a menos de dos años del triunfo de la del primero de enero de 1959, todavía estaban muy presentes en la sociedad.
Esa manipulación promovía el mensaje de que el gobierno, en manos del comunismo internacional y la URSS, eliminaría la Patria Potestad de los padres y en su lugar el Estado tomaría a sus hijos bajo custodia en escuelas, separados de la familia.
La CIA adecuó a la situación cubana una doctrina de campañas subversivas o de la llamada guerra no convencional que llevaba adelante desde el inicio de los años de 1950 contra la URSS, la República Popular China y los países socialistas europeos.
En 1953, un grupo de prisioneros estadounidenses liberados por la República Popular Democrática de Corea (RPDC), después del armisticio que culminó la guerra, al regresar a EE.UU. expresaron críticas a su gobierno, y algunos inclusive se mostraron solidarios con esa nación asiática.
Esta situación motivó gran revuelo en Washington y originó una gran campaña mediática que explicaba los cambios de los ex prisioneros por haber sido víctimas de torturas mentales, con la utilización de drogas aplicadas por médicos chinos y rusos que les cambiaron la forma de pensar.
El líder de esa maniobra fue Edward Hunter (1902-1978), un escritor, periodista y propagandista anticomunista, quien colaboró con la inteligencia estadounidense y escribió varios textos fundamentales para dar cierta verosimilitud a esas hipótesis que acuñó con el término de “lavado de cerebro”, supuestamente realizado como método para tratar a los disconformes y prisioneros occidentales en la URSS, la China comunista y los estados socialistas.
Desde entonces, el término del “lavado de cerebro” pasó a reproducirse bajo los auspicios de la Casa Blanca de forma exponencial en materiales de prensa, filmes, investigaciones médicas por todo el mundo, receta que se aplicaría en el programa contra los niños cubanos.
Para el desarrollo de la Operación Peter Pan, las múltiples organizaciones contrarrevolucionarias dirigidas por la CIA en el archipiélago cubano durante el convulso 1960 divulgaron el embuste y llegaron al extremo de agregar que los menores, además de ser llevados a Rusia, corrían el peligro de ser convertidos en esa nación en carne en conserva, algo increíble de concebir pero que fue creído por muchos padres intoxicados por esa propaganda.
Para aportar mayor concreción a la mentira inclusive se reprodujo, en una imprenta controlada por la contrarrevolución, una falsa ley firmada por el Consejo de Ministros para derogar la Patria Potestad.
Como dato curioso vale recordar que al ser descubierto el lugar por las autoridades, junto con la ley se ocuparon fotos y textos pornográficos de bajo costo propios de las llamadas novelas de relajo de la época, negocio al que se dedicaban los dueños de la imprenta cuando no estaban ocupados en la impresión de propaganda contrarrevolucionaria.
Además, los medios de prensa de la Florida, y en especial la llamada Radio Swan, dirigida directamente por la Central de inteligencia yanqui, replicaron hasta el cansancio las matrices favorables para sembrar el terror y la desesperación en padres cubanos.
La otra parte de la operación fue la creación de condiciones por la embajada estadounidense en La Habana para los trámites de visas especiales y la salida de vuelos con los niños enviados a un destino incierto en los Estados Unidos, donde fueron ubicados en casas e instituciones de acogida organizadas por las autoridades con la complicidad de sectores reaccionarios del clero nacional y de Miami.
Como consecuencia, alrededor de 14 mil menores viajaron desde 1960 y hasta 1962, en que presuntamente culminó la Operación, según informaciones aportadas por participantes en ese programa.
Muchos de esos infantes pasaron largos años recluidos en centros de acogida, especie de orfanatos, sin reunirse con sus padres que, como aquella desesperada madre de la playa de Guanabo, fueron víctimas de una cruel manipulación de los sentimientos filiales con los que comenzó la política agresiva contra Cuba.
Fuente: http://www.acn.cu/especiales-acn/60342-operacion-peter-pan-expresion-de-guerra-no-convencional-contra-cuba

sábado, 18 de enero de 2020

Leonardo Padura entrevista a Rubén Blades

Si uno no conoce a Rubén Blades, o mejor dicho, si conoce solo al artista Rubén Blades que durante ya casi cinco décadas ha ocupado un espacio de privilegio en el firmamento de la música popular y bailable latinoamericana, y también conoce, por supuesto, que este panameño, músico, compositor, arreglista, escritor incluso, ha sido un hombre de una sostenida cercanía cultural y civil con la política (aspirante a la presidencia de su país, ministro allí por cinco años), podría tener la impresión de que en lo esencial sabe quién es, hasta sabe cómo piensa, pero le aseguro que todavía le falta saber algunas cosas importantes sobre él.

Ese Rubén Blades público y a la vez cercano, icónico y espectacular en su sobriedad, era el que yo conocía, como casi todo el mundo. A ese artista yo había tenido la oportunidad de entrevistarlo muy a principios de la década de 1990, en la ciudad asturiana de Gijón, y hasta de acompañarlo un par de horas en una tarde en que recorría las zapaterías del centro de esa ciudad en busca de lo que venden en un lugar donde podía moverse como un cliente sin que nadie lo reconociera y le expresara respeto o admiración. Y ese Rubén Blades me parecía un tipo justamente admirable. 

Pero a veces la vida te da sorpresas, definitivamente. Y el ejercicio de la literatura, bonitas recompensas. Y una de ellas –sorpresa y recompensa juntas- me llegó hace cuatro años cuando, a través de un periodista panameño amigo de Rubén, recibí una invitación para que el músico, lector de mis novelas, y yo, consumidor de su obra, nos encontráramos y planeáramos un posible trabajo en conjunto. Fue entonces cuando mi compañera Lucía y yo entramos en el conocimiento del universo más personal y auténtico de la figura que habíamos escuchado cantar, que admirábamos, al que incluso yo había entrevistado… sin que él recordara muy bien aquel trance lejano.

Desde entonces, por cuestiones laborales y por afinidades personales Lucía y yo hemos sostenido una relación de cercanía con Rubén gracias a la cual hemos podido conocer las verdaderas dimensiones de su coherencia, su generosidad, su inteligencia, su disciplina vital y laboral, y también su integridad ética y humana. Hemos podido comprobar, en cercanía, que Rubén es un gran artista y, sobre todo, una gran persona.

Fue esta última de sus cualidades la que lo impulsó a resistir con generosidad durante varios meses el asedio que significó responder a la entrevista que sigue, indispensable para lo que yo pretendía hacer: una reedición, veinte años después, de un puñado de entrevistas a figuras de la música Salsa o cercanas a ese universo musical.

Porque hoy Rubén es el mejor testigo, todavía protagonista, de lo que han sido los procesos de nacimiento, crecimiento, decadencia comercial y permanencia cultural de un tipo de música que, moviendo los pies de las gentes, también les ha movido por décadas las neuronas y el corazón. 

Mirar la Salsa desde las alturas de las postrimerías de la segunda década del siglo XXI, conocer lo que en cada momento significó y ahora todavía significa, y más si es observada desde la perspectiva crítica de esta figura icónica, entrañaba para el libro una necesidad y para mí como entrevistador, un privilegio. Y será para los lectores una inmejorable manera de entrar, veinte años después, en un universo cultural al cual siempre debemos agradecer la creación de un movimiento capaz de englobar la tradición y el presente del Caribe hispano, a través de lo que ha sido su mejor modo de expresión: la música. Y recorrer un pedacito notable de esa manifestación de la mano de ese conocido que vale la pena conocer mejor, que se llama Rubén Blades, el hijo de la cubana Anoland.

Salsa: Tradición, Revolución, Conciencia

Rubén, por favor, empieza presentándote… A ver: musical, públicamente, ¿quién es el hijo de Anoland?

Un representante de la complejidad que existe y que define al Caribe. Una mezcla de europeos con negros, mestizos y resabios de indígenas. La consecuencia de una mezcla feroz de los genes de seres animados por la esperanza invencible del que ha sido un perdedor. Soy, básicamente, un caribeño de Panamá.

Visto en la distancia de los años –medio siglo después de iniciarse el movimiento de la salsa en Nueva York; a cuarenta años de la grabación de álbumes tan definitivos como Siembra—, ¿qué tú dirías que fue la Salsa?

La «Salsa» fue un apelativo utilizado para homogenizar todas las corrientes de música bailable del Caribe y con eso facilitar su internacionalización como un producto comercial. Como género musical posee una raíz cubana. En New York la contribución de músicos como Arsenio Rodríguez fue vital. Arsenio modificó el formato instrumental de la banda tradicional y creó un sonido original que como opción hizo posible su desarrollo en clubes de acceso popular. Su impacto fue más allá de la música. La contribución de la salsa a la desegregación de sitios públicos en New York es un hecho muy desatendido. En clubes de Salsa como el Palladium negros y blancos compartían como iguales y solo eran medidos de acuerdo con la destreza demostrada como bailadores, no el color de su piel…
Por eso no hay que menospreciar ni ignorar, por supuesto, la contribución de Puerto Rico y de sus músicos a la creación del género de la Salsa. Su condición de inmigrantes en New York le dio un tono muy especial a la música que componían, dotándola de su energía, rabia, esperanza, humor y la influencia del jazz que producía la también discriminada población negra. La salsa posee características muy ligadas al alma de New York y a la masa inmigrante latina.

Lo interesante para mí es que ninguna de las estrellas de la Salsa del momento consideraron que su creación también producía consecuencias socio-políticas, más allá del ‘vente mamá, vamo’a gozá’ escapista que caracterizó a la casi totalidad de su producto. No lo identificaron como un medio de expresión popular que se manifestaba como solidario con la difícil realidad del habitante del gueto, de los barrios, de las versiones latinas del shtetl judío. Quizá no tomaban en serio la música, sus posibilidades, y se limitaban a la aspiración de convertirse en miembros del llamado «mainstream», con acceso a la radio, televisión o cine anglosajón y reconocimiento como iguales de los ídolos del momento, desde Tommy Dorsey hasta Sinatra y Ellington. Para muchos la idea era salir del «Cuchifrito Circuit» y entrar al Big Time. Así muchos de ellos tocaban en el barrio pero con un ojo en Las Vegas.
Por su parte, para las pequeñas disqueras que apoyaron el inicio y desarrollo de la Salsa fue una forma modesta de hacer dinero con un género que encontró apoyo popular, inicialmente en New York y en Puerto Rico. La internacionalización vendría luego. Al principio para la mayoría de los músicos que la interpretaron, la Salsa ofrecía trabajo que, aunque no pagaba mucho, por lo general te recompensaba con un reconocimiento público, una oportunidad de contacto social que apelaba a la libido, al ego y al acceso a una idea de lo que era ser «alguien».

Los que se convirtieron en éxito gozaron del respeto y la adulación que se otorga a las mal llamadas «estrellas», quienes aunque explotados por los dueños de los clubes y las disqueras, podían vivir mejor que el ciudadano promedio del barrio y nunca estaban seguros del futuro.

Para el contexto de la cultura en general y de la música en particular, ¿qué significó la Salsa para el Caribe, Latinoamérica, el mundo?

La apreciación de la Salsa fuera de New York fue totalmente distinta. No se limitó a su tradicional oferta escapista a través del baile, pues también encontró un fondo político y solidario que permitió considerar opciones e interpretar complejidades sociales de forma accesible y más directa. Pero nada de esto fue muy comprendido en New York. Solo después del improbable éxito de «Pablo Pueblo», apoyado por el éxito inicial de «Plantación adentro», de Tite Curet Alonso, con mis soneos directamente desarrollando la escueta denuncia de Tite, fue cuando se hizo clara la posibilidad de la salsa como medio de enfrentar y denunciar injusticias, de proponer soluciones.

¿Crees que la Salsa contribuyó a dar una nueva imagen del músico popular latinoamericano o solo se debió a un cambio de época, de generaciones?

Lo que a mi parecer más impacto produjo fue la reacción inicial y masiva de apoyo al argumento urbano y político que planteó un disco como Siembra. Porque en la década de 1970 la Salsa no era considerada por las disqueras internacionales como un género capaz de producir importantes entradas económicas, de la manera como lo hacían por ejemplo el rock o el pop. Pero cuando Siembra comienza a vender millones de discos, ocurren varias cosas:
  1. Se comprueba que la Salsa puede ser rentable como producto a nivel mundial;
  2. Se prueba que existe un potencial importante de público, «across demographics», de enorme volumen;
  3. Se destruye el mito de que la Salsa solo puede apelar a un minúsculo grupo urbano que representa al más bajo nivel económico, a una especie de «gueto musical»; y
  4. Se demuestra que ese público no está limitado a países con antecedentes «salseros».
Siembra fue apoyado por consumidores nuevos en el mercado, una masa compuesta por la abuela, la mamá, la nieta, el papá, el abuelo, el estudiante, el empleado, el patrón, el profesional, el obrero, el rico, el pobre, el empresario, el ‘lumpen’, todos reunidos bajo la propuesta de un ‘Pedro Navaja’ y de la frase «¡La vida te da sorpresas!». Fue esa inédita cantidad de distintas clases de personas la que hizo posible que las ventas fuesen tan elevadas: ya no son los del barrio nada más los que apoyan a la salsa, ahora es la ciudad entera, y después el país completo. Eso nunca antes había ocurrido de esa manera en la salsa y fue lo que ayudó a convertir a Siembra en el álbum más vendido en la historia del género.

Cuando notamos que las letras de canciones de Salsa de ese álbum comenzaron a ser analizadas en universidades y comentadas por personas y publicaciones que consideraban a ese tipo de música como de inferior calidad, pudimos asumir que se había creado una nueva imagen del músico dedicado a la Salsa, una perspectiva de mayor respeto hacia el género y sus exponentes. Recordemos que ya músicos de Brasil como Chico Buarque, Caetano Veloso y Gilberto Gil habían demostrado el poder poético y musical de la música popular de Brasil y patentizado su influencia en la literatura y la política de ese país. Pero la Salsa no había llegado a ese plano antes de Siembra, ni en función de impacto urbano generalizado ni en términos económicos. Dólares vs. cruzeiros, las ventas de Siembra apuntaban a un mercado mucho mayor que el conocido, y eso llamó la atención de las multinacionales que rescataron una Salsa que empezaba a decaer, víctima de los abusos económicos de la Fania y de la sequía creativa.

¿Se puede hablar de la existencia de una Salsa «ortodoxa», apegada a ciertos formatos y actitudes, y una Salsa «heterodoxa», revolucionaria y de vanguardia, o ambas actitudes fueron coexistentes?

Sí. La Salsa ortodoxa prefiere temas describiendo al campo, a la santería, a la emulación de todo lo cubano, al amor por crearse y al amor fracasado, la instrumentación siempre utilizando el brass, trombones y trompetas, los cantantes dotados de voces de alto registro y de capacidad para la improvisación de soneos. Las canciones tienen una introducción, un break, coros, soneos, mambos, break, coros y soneos, y una coda.

Pero de lo que no conozco es de ‘música revolucionaria’. Eso es para mí un oxímoron, pues da la imagen de música al servicio de un gobierno de izquierda cuyo control decide qué se dice, qué no y cómo. El arte no puede someterse a ese dictamen sin convertirse en propaganda política, ideológicamente preso. Creo que hubo ejemplos de música que utilizó el formato de la salsa y forjó su propia narrativa y esquema de ejecución. Pero muy pocos lo hicimos porque las consecuencias eran el exilio de las radios y de los shows. A mí en Florida me sacaron de la radio por más de quince años, por la canción ‘Tiburón’. Pero si hubiese escrito eso en Cuba me hubieran dado una casa con piscina.

Revolución es una palabra muy amplia. Es también cambio. Re-evolución. Transformación… Vanguardia. Me refería a una posible dicotomía entre tradicionalismo y vanguardismo. ¿Existió de manera consciente esa dicotomía?

Considero que ambas corrientes, tradición y vanguardia, no son antinómicas, creo que se apoyan y sustentan mutuamente porque sin antecedentes nada existe. ¿Quién dice que el propósito de la vanguardia es el de acabar con lo tradicional? ¿Por qué considerar el asunto desde una perspectiva maniquea? Lo que fue no desaparece, existirá porque sus observaciones, contribuciones y fracasos estarán incluidos, por repetición o por sustitución, en las reflexiones futuras y resultados atribuibles al vanguardismo.

Siembra marcó un antes y un después en la Salsa, al determinar que era posible el trascender los límites hasta ese momento imperantes en la música popular, específicamente en la Salsa misma. Fue el primer álbum que se atrevió a ofrecer canciones de más de seis minutos, por ejemplo. ‘Pedro Navaja’ presenta por primera vez en la Salsa una mujer, víctima tradicional del machismo, que es atacada pero se defiende con éxito y termina teniendo la última palabra contra su agresor: «no estás en nada». Contiene la primera alusión a toda Latinoamérica, como lo demuestra el llamado de cada país diciendo «presente», al final de la canción «Plástico». Social, política y económicamente el disco Siembra no tiene precedente. Desde esa perspectiva, sí fue ‘revolucionaria’ su aparición.

A tu juicio, ¿cuánto hubo de proyecto mercantil y cuanto de necesidad expresiva y cultural en el fenómeno de la Salsa?

Creo que su propósito fue mercantil, un negocio. La necesidad expresiva imagino que existió individualmente pero no como un movimiento popular y organizado, consciente de sí y de su intención o propósitos culturales.

¿Y en tu caso específico? ¿Fuiste consciente desde el principio de lo que culturalmente podías lograr?

Siempre tuve claro que el esquema existente en la música comercial era un paradigma falso, con reglas creadas por mediocres para producir mediocridad y dirigirla a un consumidor al que las casas disqueras y estaciones de radio consideraban mediocre.
Cualquier esnob podría haber afirmado que yo, por provenir de un hogar de padres que no terminaron la escuela, nacido en barrio popular y con una familia donde para sobrevivir se tenía que trabajar, era potencialmente un «lumpen» sin otro futuro que aquel del que está destinado a ser un asalariado, a merced del dinero, poder, influencias y apellidos «importantes». La influencia de mis padres, Anoland y Rubén, y sobre todo de mi abuela Emma, me impulsaron a educarme. Debo notar, además, que en mi barrio de Calle Segunda Carrasquilla todos mis amigos y vecinos fueron a la escuela, se graduaron de secundaria y muchos fuimos a la Universidad Nacional, que por entonces era gratuita. Esa educación formal, unida a la educación espiritual que recibí en mi casa, la idea de la honradez, del honor, de la vergüenza, todo eso me llevó a darle un enfoque diferente a las oportunidades que encontré en mi camino y a definir mis alternativas de distinta manera.
No puedo decir que mi intención desde el inicio de mi carrera como escritor, músico y compositor, fue la de conscientemente provocar un cambio cultural. Lo que sí afirmo es que mi intención, desde el principio, fue la de subvertir para destruir estereotipos, aclarar mentiras, proponer caminos, denunciar lo falso. Todo este propósito utilizando un formato musical hasta ese momento considerado como frívolo, escapista, dirigido a entretener y no a confrontar, a la diversión y no al análisis. Lo que me impulsó fue la convicción de que yo no era el único que pensaba así; siempre asumí que no estaba solo. Porque intuí que al igual que yo la población iba a comprender mis canciones, se iba a identificar con los temas porque hablaba de nuestras interioridades, dudas, esperanzas, frustraciones y fracasos, y de nuestro humor y voluntad para seguir adelante. Si todo eso nos era común en la vida real, entonces ¿cómo no voy a cantar sobre eso, cómo no voy a escribir de eso?

El término, ‘cultura’, ha sido aplicado desde su misma concepción histórica de manera muy discriminatoria, y pareciera por eso que su intención fue la de crear y definir lo que una élite en el poder consideró adecuado, o necesario forzar como ejemplo a seguir. Para esa mentalidad excluyente, la contribución de otras comunidades de distinta composición étnica, social o económica no solo les resultaba inútil, sino que incluso las consideraban como inexistentes, o de poca importancia. Esa actitud siempre me resultó equivocada y repugnante, pues cultura es un término mucho más amplio y participativo y no limitado a los gustos de una minoría que, además, no es representativa.

Cuando empecé a escribir sabía que estaba actuando en contra de todo lo que en ese momento se consideraba necesario atender para obtener éxito comercial. En 1969, escribí ‘Juan González’, la historia de un guerrillero muerto por una dictadura militar y lo incluí en mi primer álbum, De Panamá a New York. Por supuesto que no fue una decisión comercial… ¿Qué radio iba a tocar semejante canción, si en ese momento existían más dictaduras que gobiernos democráticos en América Latina? Pero, repito, siempre asumí que no era el único que pensaba así y el tiempo me ha dado la razón. Eso sí, jamás pensé que a los setenta años iba todavía a estar cantando y activo en el arte, y mucho menos imaginé que la gente, en la voz de nuevas generaciones, iba a seguir recordando las canciones que escribí hace casi cinco décadas.

En el proceso de expansión de la salsa, ¿qué escenarios, qué públicos, qué mercados decidieron su suerte y éxito?

Venezuela fue crucial para nosotros. Allí fue donde pegó primero «Plantación adentro», del genial puertorriqueño Tite Curet Alonso, incluida en el primer álbum que hice con Willie Colón, titulado Metiendo mano. Tite hizo la música y la letra y yo escribí los soneos. Luego Siembra fue un suceso aun mayor en Venezuela, donde «Pedro Navaja» tuvo primero su éxito sin precedentes.

Colombia fue también importantísima. Cali, Barranquilla, Medellín, Buenaventura, hasta en Bogotá nos dieron muchísimo apoyo, algo extraordinario. México, por su lado, aportó lo suyo, especialmente después de Siembra. En el caso de Puerto Rico el éxito vino a reventar también con la llegada de Siembra, y resultó algo especial para mí, pues la mayoría de mis héroes musicales, empezando por ‘Cheo’ Feliciano, son boricuas.
En New York, en cambio, nunca sentí un gran respaldo, por varias razones. Los empresarios allí no me apoyaban porque traté de fundar una unión de músicos cuando aún estaba con la banda de Willie Colón y no me perdonaban que les cobráramos lo que nunca antes le habían pagado a orquesta alguna. Más tarde, cuando fundé Seis del Solar, me dijeron en mi cara que no trabajaría más nunca en New York… y así mismo fue por un buen tiempo. Solo David Maldonado y Juan Toro nos contrataban, de vez en cuando, en un club por el condado del Bronx. Por otro lado, para los newyoricans yo era un ‘presentao’. Al principio no entendían las letras de mis canciones y los temas que desarrollaba les resultaban poco familiares. ¿Cómo le explicas lo que es un ‘toque de queda’ a una persona que no ha vivido bajo una dictadura militar, ni conoce la realidad política de Latinoamérica? Y encima de todo, haciendo Salsa rara. Para más ardor era panameño, no era ni siquiera cubano. Y, para colmar la copa, muchos no me perdonaban el haber sido el reemplazo de Héctor Lavoe en la banda de Willie Colón… aunque eso lo entiendo, porque Héctor Lavoe es irremplazable. Todo eso ocurre en el contexto de la década de 1970, que en New York fue de mucha militancia, fundada en el newyorican pride, y yo era un ‘outsider’.

¿Cuáles señalarías tú como los hitos históricos del origen, ascenso y decadencia de la música Salsa?

Sé que puedo dejar fuera a muchos. Los percibo desde mi experiencia en Panamá creciendo y oyendo Salsa. Y lo puedo resumir en nombres, que son obras, hitos: Arsenio Rodríguez, Machito, Mario Bauzá, Tito Puente, Tito Rodríguez, Joe Cuba, Eddie y Charlie Palmieri, Johnny Pacheco, Willie Colón, Richie Ray y Bobby Cruz, Ray Barretto, los Hermanos Lebrón… En Puerto Rico se debe mencionar a Cortijo y su combo, El Gran Combo, Ismael Rivera, Willie Rosario, Roberto Roena, Bobby Valentín, la Sonora Ponceña, Tommy Olivencia, Ralphie Leavitt, Mon Rivera, Larry Harlow, Ismael Miranda, Cheo Feliciano y Héctor Lavoe, Daniel Santos, Gilberto Monroig, Andy Montañez, Pellín Rodríguez, etc… Sé que voy a dejar a muchos por fuera, les pido disculpas.

Y luego el impacto del merengue en los años 1980, ¿fue un fenómeno orgánico al desarrollo de la Salsa o una desviación que aceleró la decadencia del proyecto?

La Salsa se cansó a sí misma con la repetición de los temas, los arreglos, la ausencia de originalidad. Fueron heridas auto-infringidas las que permitieron la nueva entrada al merengue. Ya ese género había sido popular antes con Joseíto Mateo, Johnny Ventura, Cuco Valois, Wilfredo Vargas. Luego, la propuesta fresca de Juan Luis Guerra y la bachata se hicieron cargo del vacío que dejó la Salsa… Además, los abusos de la Fania hicieron que los mejores compositores y arreglistas decidieran no trabajar más con ellos. La calidad fue en descenso, las regalías a sus artistas no se pagaban y poco a poco se fueron cerrando las puertas de la creatividad y del entusiasmo.

De allí fue en total declive y luego de un período de respiro producido por la llamada «salsa romántica», donde casi todo sonaba igual, la oportunidad le quedó abierta al reguetón.

¿Me estás diciendo que el cansancio o agotamiento de la Salsa ha sido el causante de la existencia del reguetón?... Y ya que estamos en eso… ¿tú podrías explicarme qué cosa es el reguetón?

Son varias las posibles causas del agotamiento… Una vez le pregunte a René Pérez (conocido como «Residente»), por qué no había preferido la Salsa como medio de expresión y me respondió que él no sabía cantar, no podía sostener melodías permanentemente. Una respuesta honesta y muy clara. Creo que el reguetón apela de forma visceral a la libido de los adolescentes, las letras de contenido erótico encuentran un eco natural en esa edad, los videos reafirman la época del selfie, del yo, yo. Mientras, la «salsa» presenta un formato más adulto, más sofisticado. Se tiene que saber cantar con afinación, para bailar hay que entender la clave, todo es mucho más complejo. El reguetón, por su lado, es la salida, el escape rebelde que encuentra en la monotonía rítmica y en la no complejidad armónica una explicación existencial.

Pero también aceptemos que la Salsa, en Estados Unidos, degeneró en una propuesta sin imaginación, perdió su convicción social y no supo renovarse ni crear nuevas fuentes de apoyo. Y si bien el reguetón empezó como una propuesta fundamentada en el sexo como diversión, algunos exponentes como René Pérez comprendieron su posibilidad comunicadora y de propuesta. Su canción ‘Latinoamérica’ no puede compararse a lo que hoy hacen artistas considerados reguetoneros.

Salsa y política: ¿cómo se resuelve esa ecuación en una música que por lo general se caracteriza por su corte festivo?

Hay espacio para todo. No tiene que ser lo uno o lo otro. Esa es una discusión entre los extremistas. Los temas no tienen que limitarse a lo que un grupo exige. Si no les gusta entonces que no lo oigan. Pero es absurdo asumir que alguien tiene el derecho a prohibir o a determinar qué sirve y qué no, o cómo y qué se debe tocar.

Ya en ese terreno de la política… ¿qué experiencias sacaste de tu campaña presidencial y de tus años como Ministro de Turismo de Panamá?

Como encargado del turismo en Panamá dediqué cinco años de mi vida exclusivamente a mi país, a mi pueblo, a mis convicciones y palabras. Durante ese periodo no hice películas, ni giras, ni publiqué discos como en años anteriores. La experiencia de servicio al país me hizo menos egoísta, mejor persona, afirmé mi espiritualidad, me hizo más solidario y mejor informado sobre mi pueblo y mi patria. Me demostró que lo que pienso, digo, siento y hago conforman la base sobre la que se construye la integridad personal. Defendí con acciones lo que escribí por años. No dudé en dejar mi comodidad personal ni mis entradas económicas para servir a la comunidad y eso me alegra más allá de lo que cualquiera pueda imaginar. Mucha gente vive quejándose, insultando, atacando y no se suman a la solución del problema que critican.

Luego, como candidato a presidente en 1994 y co-fundador del movimiento político ‘Papa Egoro’, no compramos votos, no aceptamos alianzas con la corrupción y no vendimos nuestros ideales. Demostramos que era posible crear una alternativa política fuera de la partidocracia corrupta. Aunque no ganamos la elección de 1994 la experiencia demostró que era posible enfrentarse al statu quo, y hacerle frente. Al final demostramos que no te compran, si tú no te vendes. Personalmente, ambas experiencias han sido importantes porque afirmaron mi coherencia con lo que escribo, digo, pienso y siento.

Hace veinticinco años te pregunté: «¿Eres un hombre consecuente?» Ahora, te repito la pregunta… Rubén, después de las experiencias vividas, ¿te consideras un hombre consecuente?

Creo que sí, aunque esa pregunta pienso que la responderían mejor mis amigos, mis compañeros de trabajo, los que me conocen desde hace más de cuatro décadas. Voy a cumplir setenta y un años y sigo escribiendo sobre temas que me importan, relacionados con nuestro diario acontecer. No me he ido a los extremos, sigo tratando de ser objetivo, no he sucumbido a la fama, al consumismo, mantengo mi sobriedad en la manera como vivo. Cualquiera que lea mis escritos comprobará que no he claudicado en mis ideas. Sigo ‘parao’, y espero haber evolucionado, eso sí, de lo que fui veinticinco años atrás.

¿Piensas que podrías escribir otro proyecto como Maestra vida? ¿Y escribir una novela?

He estado dándole vueltas a la idea de un musical cuyo tema sería la relación política entre Estados Unidos y Latinoamérica. Pero eso requiere de un tiempo que ahora mismo no tengo disponible. Lo de escribir una novela, menos. Pero sí estoy en conversaciones con una casa editora para publicar un libro sobre mi experiencia como compositor, las letras de mis canciones, por qué las escribí, cuál fue el contexto histórico rodeando su aparición, etc. Eso sí está andando. 

De tu relación personal con García Márquez… ¿qué aprendiste del arte de la escritura?

Gabo me decía que yo, más que músico, era un cronista, un escritor que cantaba sus escritos. Su respeto hacia mi trabajo, cosa que demostró por escrito y oralmente, confirmó que no existe una brecha imposible entre la letra de una canción popular y la literatura. Eso lo demostré en el tema «gdbd», («gente despertando bajo dictadura»). Ese fue un cuento corto que escribí y luego canté de manera espontánea, sin arreglo y sin ensayo, e incluí en el álbum Buscando América. Eso demuestra que la salsa también puede ser considerada como literatura. Tanto Gabriel como Carlos Fuentes estuvieron de acuerdo en eso y así me lo expresaron en conversaciones que tuvimos. Pero Gabo era un tipo muy centrado. Él no andaba aceptando pendejadas, ni toleraba estupideces. Para mí fue un verdadero intelectual porque siempre poseyó lo que para mí define el término: la curiosidad de entender, de aprender.

Si no quieres, no me respondas… ¿qué piensas del Nobel de Literatura de Bob Dylan?

Partiendo de lo que me dijeron tanto Gabo como Fuentes, me parece que no fue una aberración el que su trabajo haya sido considerado como de contenido literario. Pero creo que el punto de la Academia no fue honrar a Dylan sino defender la idea de que la letra de la canción popular también posee mérito literario. Debieron también de haber incluido a otros compositores de gran valor, como el brasileño Chico Buarque de Holanda, y haber elegido por lo menos a uno de cada continente. Así el asunto no hubiese sido el premio a Bob Dylan, sino el premio a las letras de canciones que han aportado a la literatura universal.

¿En cuáles de tus discos está más Rubén Blades?

En Maestra vida como conjunto existencial, y en Antecedente, como panameño.

Dime algo…, ¿cómo y cuándo te encontraste con Medoro Madera? ¿Quién es Medoro?

Medoro Madera es mi «alter ego», un sonero cubano de Santiago de Cuba, y él representa el respeto, cariño y admiración que siento hacia Cuba y hacia su clase popular, sobre todo la de los soneros originales, que ayudaron a crear con su estilo y ejemplo lo que hoy hago, o trato de hacer, cantando. 

En los últimos años has estado tocando varios pianos: has tenido más trabajo como actor, has grabado más discos con estilos y búsquedas diferentes, alguien me dijo que querías producir una película… ¿Cómo logras congeniar todas esas funciones?

Trato de administrar un tiempo que siento se acorta cada vez más. Uno tiene que ser realista con esto. No voy a ser delantero de la selección de fútbol de Panamá. No voy a ser dentista y ahora sé que no aprenderé jamás a manejar un automóvil: definir lo posible y separarlo de lo imposible y del «más tarde». Debo definir qué puedo hacer, determinar si es posible el hacerlo y no enredarme con lo que deseo pero no puedo cumplir. Es determinar qué es lo que me importa hacer, en el tiempo que aun pueda tener.

¡Me resulta difícil creer que ya he vivido tanto! A la vez siento que aún me falta mucho por investigar, por leer, todavía poseo mucho interés por temas como la arqueología, la paleontología y la pintura, pero reconozco que no podré atenderlos todos. Trataré, eso sí, de continuar produciendo y caminando mientras la salud me lo permita. Y cuando llegue el momento en que ya no pueda continuar con mis tareas usuales, entonces me dedicaré a escribir, o a lo que me permita la realidad que viva en ese momento.

Ahora, con más de cuarenta años de vida artística… ¿cuáles son los retos que enfrentas?

El reto más importante es el de mantener la salud. Lo de la edad, eso es relativo. Mientras más edad tengo más entiendo las cosas, mejor me adapto. ¿Pero de qué vale sobrevivir si no logras trasladar esa vida a un movimiento, a un efecto que produzca algo positivo? Lo demás es entender que las oportunidades, cuando te haces viejo, las tienes que crear tú mismo. No esperaré a que las traigan, trataré de crear mi propio plan para contingencias y así no depender de terceros, en lo posible. Por ejemplo, quiero tener un club en Panamá, para no depender de que alguien me contrate como músico…

A eso me refiero cuando hablo de crear oportunidades. Y eso lo he estado haciendo desde que a los dieciocho años decidí ingresar a la Universidad de Panamá y estudiar derecho. Hay gente que cree que las cosas solo nos ocurren por suerte, o porque ‘el destino’ lo quiso, o porque te las encuentras en una caja de corn flakes, y están más locos que el carajo. Cada decisión nuestra, mala o buena, es la que crea el camino a seguir, o la que nos cierra la vía.

En varias ocasiones he oído que te retiras del espectáculo, pero no lo haces… ¿de verdad lo anuncias o lo hacen otros por ti? ¿De verdad te ves lejos del escenario?

Nunca he dicho que me retiro del espectáculo. Dije que me retiro de las giras. Voy a continuar haciendo música, grabando, filmando, produciendo, escribiendo y viajando con la banda a los sitios que aún no he visitado. Ahora mismo acabo de grabar un tema rock con el grupo Making Movies, de Kansas; estoy trabajando en un álbum de boleros con el grupo Editus de Costa Rica; tengo un disco pop, grabado y listo, con Boca Livre, de Brasil; estoy terminando un álbum, Mixtura, con temas pop, rock, reggae, latin-jazz, con un grupo nuevo y con Luis Enrique Becerra, de Panamá, tecladista del grupo de Roberto Delgado; estoy haciendo un álbum de jazz standards con Gazu, un excelente músico boricua; estoy grabando la segunda parte de Big band salsa, con Roberto Delgado; sigo como actor en la quinta temporada del programa de televisión «Fear the Walking Dead»... Ocupación ya tengo para los próximos dos años, al menos. Así que pienso continuar como músico y actor mientras pueda funcionar con la calidad a la que acostumbro. El día que sienta y/o escuche que la voz ya no está en orden digo «¡gracias, y adiós!»

Pero te escuché decir que ya no cantarías como Rubén Blades sino como el hijo de Anoland… ¿qué historia es esa?

Es que el disco ese de Mixtura presentará material que no acostumbro a cantar, cosas de rock, pop. Cuando anuncian a Rubén Blades la audiencia espera «Pedro Navaja», «Amor y control», «Maestra vida», «El cantante», «Decisiones», etc. Si aparezco con otros músicos y un material diferente, se podrían molestar. Por eso prefiero adoptar otro nombre para ese proyecto. «El hijo de Anoland» será mi seudónimo. Pero en los demás proyectos musicales continuaré apareciendo como Rubén Blades.

Hace dos décadas, cuando se advertía una decadencia del movimiento de la salsa (al menos respecto a lo que había sido en las décadas de 1970 y 1980), publiqué esta recopilación de entrevistas a músicos como tú, relacionados en diversos grados de importancia con lo ocurrido en la música bailable del Caribe por dos décadas… Ahora, en tiempos de reguetón y de tanta banalización cultural… ¿crees que reeditar este libro sea prudente? ¿Que a alguien le pueda interesar lo que pensaban hace veinticinco años estas figuras de la música? ¿Valdrá apenas como testimonio de lo que fue un momento importante de la cultura latinoamericana?

Creo que sí resulta prudente reeditar el libro. Primero, no se debe cooperar con la banalización, ignorando las cosas que se hicieron antes y a las cuales generaciones pasadas asignaron un valor. Segundo, el antecedente descrito en las entrevistas de tu libro puede ayudar a educar a las generaciones del presente y del futuro y convertirse en una ayuda de memoria que permita combatir esa banalidad. Tercero, hay muchísima más gente que no acepta la banalidad, que los que la abrazan. Es un error el creer que la maldad o la estupidez definen al mundo. Eso es falso. Hay más gente buena que mala y la prueba es que todavía existe el mundo, aunque nuestra irresponsabilidad hoy esté contribuyendo a enfermarlo y herirlo, pero eso es reversible y por eso resulta importante explicar, a través de testimonios, lo que aún continúa siendo relevante: la influencia de la música popular y la posibilidad que plantea como contribución al desarrollo cultural, social, económico y político de América Latina y del mundo.

Nueva York-Los Ángeles-La Habana,
octubre 2018-enero 2019

Fuente: https://www.revistaarcadia.com/musica/articulo/veinte-anos-despues-y-siempre-la-vida-te-da-sorpresas-leonardo-padura-entrevista-a-ruben-blades/79947