martes, 16 de abril de 2024

Un adiós para Rolando Rodríguez

Por Aurelio Alonso

El 6 de abril de 2024 falleció en La Habana, a los 83 años de edad, el destacado historiador Rolando Rodríguez García, quién tras largos años de entrega a un abnegado quehacer en el mundo del libro, tuvo el premio de terminar sus días de intelectual como investigador del Centro Fidel Castro Ruz, fundado el 25 de noviembre de 2021.

Graduado de Derecho en la Universidad de La Habana en 1962, formó parte del grupo de jóvenes profesores que en 1963 fundaron el Departamento de Filosofía, dentro del cual resaltaba desde temprano su vocación por los estudios históricos. Recuerdo como elogiaba el rigor del profesor Carlos Funtanella, con quien había colaborado como estudiante cuando éste dirigía la Biblioteca Central de la Universidad. 

En 1965 accedió a la dirección del Departamento, y allí asumió, en 1966, la responsabilidad del proyecto de la Edición Revolucionaria, creada por iniciativa de Fidel. Esta tarea le llevó a ser designado como primer director del Instituto Cubano del Libro (ICL), creado en 1967 con el propósito de introducir una concepción nueva y radical de los derechos de autor, basada en la prioridad del interés social, con la cual se aspiraba a dar respuesta a las proyecciones culturales, tanto como a las necesidades de la enseñanza. En esta importante misión editorial, que centraría su vida laboral durante cerca de dos décadas, Rolando creció como editor, mostrando su capacidad para dar la cara también a los requerimientos que impusieron las cambiantes situaciones presentadas por el paso a la segunda década de Revolución, tras el fracaso de la “zafra de los diez millones”. 

Los primeros cinco años del ICL (de 1967 a 1971) aportaron una respuesta masiva y actualizada a la demanda de las generaciones que atravesaban entonces el aula universitaria y formarían aquella oleada de fundadores científicos y profesionales de la Cuba que nacía. En el área de las ciencias sociales – en la cual me tocó colaborar junto a los compañeros del Departamento de Filosofía – el ICL se esforzó por poner al alcance de los universitarios (y de la población) lo mejor de la literatura universal. Vieron la luz apreciables ediciones de los clásicos del pensamiento y de las letras, tanto como mucho de lo más valioso de la producción reciente. Dirigió con talento aquella experiencia sin precedente en la construcción socialista, en la cual se trató de mantener un criterio de apertura responsable.    

Se hace evidente que la vocación original de Rolando no se perdió en los largos años que siguieron; ni siquiera dentro de los parámetros que impuso la búsqueda de una mayor sintonía con los esquemas soviéticos. Es por tal motivo que lo vemos como viceministro de Cultura cuando el nombramiento de Armando Hart en esa jerarquía gubernamental, recién creada en 1976, se proponía poner fin a los extremismos del llamado “quinquenio gris”. Desde el viceministerio se mantuvo activo en la conducción del mundo del libro. Me atrevería a decir que en esencia hizo en cada momento lo que le tocó, siempre preocupado por obtener el mejor resultado  

Desde comienzos de los ochenta lo encontramos trabajando en la secretaría del Consejo de Ministros, movimiento de cuadros que lo distancia del quehacer editorial. Es entonces – lo valoro así – que Rolando consigue rescatar su vocación y su talento para la historiografía. Ese saludable indicador de sus capacidades logra una primera expresión relevante en su República angelical (1989), novela histórica en la cual reverdecen aquellas dotes tempranas mostradas desde los sesenta.

Así se explica, cuando alcanzaba ya los cincuenta años de edad, el comienzo de la que sería la etapa definitiva de su vida: la del historiador. Contaba ahora – claro está – con el capital nada despreciable de su prolongada actividad administrativa. 

Con una veintena de títulos publicados y numerosas presentaciones en eventos y publicaciones especializadas sobre temas referidos a nuestra historia, desde las guerras por la independencia del yugo español hasta la república neocolonial, el agudo bisturí del historiador mostró su capacidad de analizar la centralidad de los problemas. Y mostró audacia, a la vez, en el abordaje de situaciones históricas complicadas.

No corresponde a estas líneas, por fuerza escuetas, adentrarse en sus textos, valiosos todos por la carga investigativa que los respalda y por las calidades expositivas del relato. No obstante, no puedo dejar de llamar la atención sobre Cuba: la forja de una nación (1998), su primera obra monumental, en dos tomos en su edición original y tres en la de 2006. Personalmente tampoco podría pasar por alto el impacto que me produjo República de Corcho (2014), que tuve que leer y releer minuciosamente al participar en el jurado del Premio Nacional de la Crítica, que ese año la incluyó en la selección de las obras galardonadas. Logró Rolando, cuando comenzaba ya a peinar canas, convertirse en un nombre imprescindible en la historiografía cubana, también con sus apreciaciones polémicas como las que afloran Cuba: las máscaras y las sombras en la primera ocupación (2007) y no pocas más.

El registro de sus referencias de vida consigna detalladamente que en esta fructífera etapa tuvo la posibilidad de investigar de manera acuciosa no solo en los principales fondos bibliográficos cubanos, sino de hacerlo también en España y en los Estados Unidos.  No es el caso nombrarlas todas aquí pero, además de cinco relevantes instituciones cubanas, se citan seis en España y tres (no menos importantes) en Washington y en Nueva York. Seguramente deja también con ello, además de su obra publicada, un caudal de elaboración que ha de servir como herencia a jóvenes historiadores.

Entre las múltiples distinciones nacionales que su obra científica le mereció en vida se destacan el Premio Nacional de las Ciencias Sociales y Humanísticas 2007, el Premio Nacional de Historia 2008, y la Orden Félix Varela de Primer Grado. También ostenta en su CV algunas distinciones recibidas en los países socialistas europeos a lo largo de los setenta.  

Rolando Rodríguez se mantuvo activo hasta el final de sus días. Cuentan que al sorprenderle la muerte trabajaba aun, a pesar de su edad avanzada, en dos nuevos proyectos de libros. Como sugerí al comienzo de estas líneas fue una merecida decisión que pudiera pasar sus dos últimos años en el centro creado para perpetuar la memoria de Fidel.

No cabe duda de que nos despedimos de una figura que trazó una huella bien definida en nuestra historia reciente. Dejarle descansar en paz me parecería imperdonable.

Yoyi Rivero

Ayer supe la triste noticia de que el excelente oboísta y director Jorge Rivero había muerto. Yoyi, como le decíamos sus viejos amigos, hacía décadas que vivía en México y falleció mientras ensayaba para varios conciertos con la Filarmónica de Jalisco.

Era de una personalidad desbordada, intensa, de esas que evidencian claramente lo que les gusta o lo que no. 

Hace algo más de 30 años yo grababa con Diákara algunas canciones para un disco (que publicamos hace poco) y él se apareció en el estudio de Miguel Angel de Quevedo, en Coyoacán. Escuchándonos, se enamoró de la melodía de Variaciones sobre un viejo tema y quiso hacerla con su oboe. Ahí lo pueden escuchar.

Tenga buen viaje por la eternidad Jorge Rivero. Mis muy sentidas condolencias a sus familiares, amigos y compañeros.


Entre Marisela Berti y Yoyi, años 80s, casa de Frank Fernández


sábado, 13 de abril de 2024

Por este camino ¿cuánto le queda al mundo?

 Por Jorge Fuentes

Se acaba de saber que Irán ha lanzado más de cien drones y misiles balísticos contra Israel, como respuesta al bombardeo a  su consulado y barrio, en Siria, en días anteriores. Al mismo tiempo, Israel no detiene sus ataques en el sur de Gaza, donde los palestinos están muriendo de bala y de hambre. 

¿Se le puede llamar civilización a este momento del desarrollo humano? ¿O desarrollo a la barbarie en la que realmente vivimos? ¿A dónde nos conduce, a corto plazo, esta situación irresponsable provocada por la avaricia y el desenfrenado control de los recursos del mundo? ¿Desde cualquier perspectiva ideológica de análisis, es posible hacer algo? ¿Hay manera de detener lo que sucede? ¿Es que la riqueza o el bienestar van a ser sinónimos de la opresión, la discriminación, la imposición,  la ignominia y el asesinato? 

El peligro es enorme y Occidente ni nadie responde. ¿Para qué es la ONU? ¿Para qué bien o qué mal fue inventada? 

Israel lleva seis meses matando palestinos de todas las edades y llega ya a la cifra de más de 32 mil muertos. No queda nada en pie en territorio de Gaza,  y ahora colonos israelitas, con armas suministradas por su gobierno, están atacando a los palestinos de Cisjordania. 

Ciego y sordo el mundo ve (y deja) morir a sus hijos. El país más poderoso demuestra su poder, con un control casi total de la información y la política. Demostración y señal de que no va a dejar cambiar las cosas ni a ceder en su liderazgo. 

El universo se acerca, desde la región donde nació y murió Jesús, a la tercera y última guerra. Entre la sangre se levanta un mundo con poderes nuevos a muy pocos metros del abismo infinito.

viernes, 12 de abril de 2024

El genocidio como ruido de fondo

Por Naomi Klein

Es una tradición de los Oscar: un discurso político atraviesa el velo de la mundanalidad y la autocelebración. Se producen reacciones antagónicas. Algunos elogian al orador, otros lo consideran el usurpador egoísta de una noche de fiesta. Luego todos pasan página.

Sin embargo, sospecho que el impacto de las palabras del director Jonathan Glazer, que detuvieron el tiempo en la ceremonia de entrega de premios de Los Ángeles el 10 de marzo, durará mucho más y su significado será analizado durante años.

Glazer recogía el premio a la mejor película internacional por La zona de interés, inspirada en la historia de Rudolf Höss, el comandante del campo de concentración de Auschwitz. La película sigue la idílica vida familiar de Höss con su esposa e hijos, que se desarrolla en una casa señorial con jardín adyacente al campo de concentración.

Glazer describió a sus personajes no como monstruos, sino como "horrores irreflexivos, burgueses y ambiciosos", personas capaces de convertir el mal en ruido de fondo.

Antes de la ceremonia del 10 de marzo, La zona de interés ya había sido aclamada por numerosas estrellas del mundo del cine. Alfonso Cuarón, el director ganador del Oscar por Roma, la llamó "probablemente la película más importante de este siglo".

Steven Spielberg la describió como "la mejor película sobre el holocausto que he visto desde la mía", en referencia a La lista de Schindler, que ganó el Oscar hace treinta años. Pero si bien el triunfo de La Lista de Schindler representó un momento de unidad para la mayoría de la comunidad judía, La zona de interésllega en un momento diferente.

Hoy en día existe un intenso debate sobre cómo deben recordarse las atrocidades nazis: ¿debe considerarse el holocausto sólo un drama de los judíos o como algo más universal? ¿Fue una laceración única de la historia europea, o un regreso a casa de los genocidios coloniales, junto con la lógica y las teorías raciales que estaban en su base? ¿Ese "nunca más" significa nunca más para todos o nunca más para los judíos, una promesa que hace que Israel sea intocable?

Estos conflictos sobre el universalismo, el excepcionalismo y la comparación del trauma están en el centro de la acusación de genocidio de Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (acusación apoyada por la mayor parte del Sur global) y están desgarrando a las comunidades judías de todo el mundo.

En un minuto, Glazer tomó partido con valentía en cada una de estas disputas. "Todas nuestras decisiones fueron tomadas para reflexionar y confrontar el presente, no para decir 'mira lo que hicieron entonces', sino 'mira lo que hacemos ahora'", dijo, descartando la idea de que comparar los horrores de hoy con los crímenes nazis significa en sí mismo minimizar el holocausto, y no dejó dudas de que era su intención trazar una continuidad entre el monstruoso pasado y nuestro monstruoso presente.

Y fue más allá: "Estamos aquí como hombres que se niegan a permitir que sus identidades judías y el holocausto sean manipulados por una ocupación que ha arrastrado al conflicto a tantas personas inocentes, tanto las víctimas del 7 de octubre en Israel como las del ataque en marcha en Gaza.»

Para el director, Israel no puede salirse con la suya y no es ético utilizar el trauma del holocausto como justificación o cobertura de las atrocidades cometidas hoy por el régimen israelí.

Otros han esgrimido estos argumentos en el pasado, y muchos han pagado un alto precio, especialmente si son palestinos, árabes o musulmanes.

Glazer lanzó su bomba retórica protegido por una armadura de identidad: se presentó ante el público como un judío blanco de éxito -con otros dos judíos blancos de éxito a su lado- que, juntos, habían hecho una película sobre el "holocausto". Y este privilegio no lo protegió de la ola de calumnias que distorsionaron sus palabras al afirmar que repudiaba su identidad judía, acusación que fortalece la tesis del director.

Igualmente significativo es lo que ocurrió después de su discurso. Tan pronto como Glazer lo terminó -dedicando el premio a Aleksandra Bystro' Ko'odziejczyk, una mujer polaca que llevaba comida en secreto a los prisioneros de Auschwitz y que luchó contra los nazis en las filas del ejército polaco-, aparecieron en escena los actores Ryan Gosling y Emily Blunt.

Sin siquiera una pausa comercial, fuimos catapultados a una broma sobre el fenómeno «Barbenheimer», con Gosling diciéndole a Blunt que Oppenheimer, la película sobre la invención de un arma de destrucción masiva que ella protagonizó, había tenido tanto éxito como Barbie en la taquilla, y Blunt acusando a Gosling de pintarse abdominales falsos.

Al principio temí que esta improbable yuxtaposición debilitara la intervención de Glazer: ¿cómo podrían coexistir las desgarradoras realidades que acabo de invocar con esta energía más propia del baile de una escuela secundaria de California?

Entonces lo entendí: el brillante artificio que enmarcaba ese discurso en realidad ayudó a reiterar el concepto. "El genocidio se convierte en el trasfondo de sus vidas": así describió Glazer la atmósfera de su película, donde los personajes afrontan sus problemas cotidianos (niños que no duermen, una madre insaciable, infidelidad) a la sombra de las chimeneas que arrojan restos humanos.

Estas personas no ignoran que más allá de su patio trasero está funcionando una máquina de muerte a escala industrial. Simplemente aprendieron a vivir una vida plena en el contexto del genocidio.

Éste es el aspecto de la película de Glazer que parece más contemporáneo. Después de más de cinco meses de masacres diarias en Gaza, con Israel ignorando las órdenes de la Corte Internacional de Justicia y gobiernos occidentales reprendiéndolo de buen humor y continuando con el envío de armas, el genocidio vuelve a convertirse en ruido de fondo.

Glazer enfatizó que el tema de su película no es el holocausto, sino algo más duradero y omnipresente: la capacidad humana de vivir con atrocidades, de hacer las paces con ellas, de beneficiarse de ellas.

En su estreno en mayo, antes del ataque de represalia de Hamas el 7 de octubre y antes de las masacres de Israel en Gaza, se podría considerar la película como una obra intelectual que debe contemplarse con distanciamiento. Las personas que saludaron a La zona de interés con seis minutos de aplausos entre el público del Festival de Cine de Cannes probablemente se sintieron seguras al aceptar el desafío de Glazer.

Quizás algunos hayan reflexionado sobre lo mucho que nos hemos acostumbrado a ver nuevos barcos llenos de personas abandonadas a ahogarse en el Mediterráneo. O tal vez habrán pensado en los jets privados que los llevaron a Francia y en cómo sus emisiones están relacionadas con la desaparición de fuentes de sustento para los pobres en lugares lejanos.

Glazer quería que su película provocara este tipo de pensamientos incómodos. Sin embargo, desde que llegó a los cines en diciembre, nos ha conmovido mucho más el desafío con el que el director invitaba a los espectadores a contemplar el Rudolf Höss que llevamos dentro.

La mayoría de los artistas intentan interceptar el espíritu de la época, pero La zona de interés puede haber adolecido de algo raro: un exceso de relevancia y actualidad.

En una de las escenas más memorables de la película, llega a la casa de los Höss un paquete con ropa y ropa interior de mujer robadas a los internos del campo. La esposa del comandante, Hedwig (interpretada por Sandra Hüller), estipula que todos, incluidas las criadas, pueden elegir una prenda. Se guarda un abrigo de piel e incluso prueba el lápiz labial que encuentra en un bolsillo.

Es esta intimidad con los muertos lo que resulta escalofriante. Y no tengo idea de cómo alguien puede ver esta escena y no pensar en los soldados israelíes que se filmaron revisando la ropa interior de los palestinos en Gaza o alardeando de robar zapatos y joyas para sus novias o tomándose selfies grupales con los muertos y los escombros de Gaza de fondo.

Hay tantos ecos que la obra maestra de Glazer parece un documental. Es como si, filmando La zona de interés al estilo de un reality show, con cámaras ocultas en la casa y el jardín (el director habló de "Gran Hermano en la casa nazi"), la película hubiera anticipado el primer genocidio transmitido en directo.

Todos los que conozco que vieron la película no pudieron pensar en otra cosa que no fuera Gaza. No se trata de establecer una comparación con Auschwitz. No hay dos genocidios idénticos. Pero la verdadera razón por la que se construyó el edificio del derecho internacional humanitario fue precisamente para darnos las herramientas para reconocer ciertos elementos distintivos.

Y algunos de ellos -el muro, el gueto, las matanzas en masa, la intención de exterminio declarada reiteradamente, el hambre, el saqueo, la deshumanización y la humillación- se están repitiendo. Y de la misma manera, así es como el genocidio se convierte en un trasfondo, así es como aquellos de nosotros que estamos un poco más lejos de esos muros podemos bloquear las imágenes, apagar los gritos y simplemente seguir adelante.

Y es por eso que la Academia (involuntariamente) reforzó el mensaje de Glazer con ese cambio abrupto a "Barbenheimer". La atrocidad vuelve a ser ruido de fondo.

¿Qué podemos hacer para detener la normalización? Muchos están ofreciendo sus respuestas con protestas, desobediencia civil, enviando convoyes de ayuda a Gaza o recaudando fondos. Pero no es suficiente.

Al ver los Oscar, donde Glazer fue el único en la pasarela de los ricos que habló sobre Gaza, recordé que habían pasado dos semanas desde que Aaron Bushnell, un soldado de 25 años de la Fuerza Aérea de EEUU, se prendió fuego frente a la embajada de Israel en Washington.

No quiero que nadie más lleve a cabo esa atroz forma de protesta. Pero conviene meditar sobre la afirmación que dejó Bushnell, palabras que considero un final contemporáneo de la película de Glazer: "Muchos de nosotros nos preguntamos: '¿Qué haría si viviera durante la esclavitud? ¿O durante el apartheid? ¿Qué haría yo si mi país estuviera cometiendo genocidio? La respuesta es: lo está haciendo. Ahora mismo.»

The Guardian

https://www.lahaine.org/mundo.php/el-genocidio-como-ruido-de

miércoles, 10 de abril de 2024

Identificar proyectos que generen ingresos externos

Por Joaquín Benavides Rodríguez


Según Cubadebate, en la reunión de Balance anual del Banco Central de Cuba, con la presencia  el Presidente Díaz Canel y el Primer ministro Marrero Cruz, la Presidenta del Banco, Juana Lilia Delgado Portal, expreso que una de las metas para el 2024 es identificar proyectos que generen ingresos externos y propicien el mejoramiento del flujo de divisas del País. No se refirió a ninguno en específico.

 

Yo me aventurare a sugerirle que estudie alguna de las vías que utilizo el Gobierno en los también duros años 90 del Periodo Especial para gestionar importantes ingresos externos utilizando creativamente los activos de algunas empresas estatales. Claro, que para poder negociar y poder llegar a acuerdos favorables para ambas partes, fue necesario convertir las empresas estatales que se negociaban en empresas públicas y someterlas a un proceso de auditoria internacional que valorara sus activos. Así se llevó a cabo con la empresa del Níquel de Moa, con la empresa exportadora de tabaco Cubatabaco y con la principal empresa productora y exportadora de Ron. Esos tres negocios significaron, en aquellos años tan complicados, cada uno de ellos, ingresos significativos a las finanzas del Estado, que aún siguen dando dividendos a los socios y por supuesto al País.

 

Desde hace años, principalmente en los últimos 5, el País ha venido invirtiendo fuertemente, con énfasis en la ciudad de la Habana en grandes y lujosos hoteles. Esa política ha sido muy cuestionada, por economistas, que han planteado que en su lugar se debería invertir más principalmente, en la producción de alimentos. Es una realidad que esos hoteles están casi vacíos, y sin embargo la inversión que se ha realizado en ellos, y el hecho de que se han construido en la capital del país, les da un valor patrimonial económico adicional a esos activos, no obstante encontrarse con muy baja ocupación. 

 

La sugerencia que hago seria la siguiente:


1ro. Seleccionar 5 de los mejores y más lujosos de los hoteles construidos y terminados en la Ciudad de la Habana y convertirlos a cada uno en una empresa pública. 

2do. Valorar sus activos por una auditora internacional con experiencia en inversiones turísticas.

3ro. Que el Banco Central cree un grupo especializado y ponga a los hoteles en el mercado, con la intención de vender el 51 % de las acciones, en efectivo. 

4to. Con el comprador constituir una compañía mixta, en que la Administración de cada hotel recaiga durante 5 años en el socio extranjero. 

 

Es lo que haría cualquier gran inversionista, no solo en hoteles, en el mundo. 

 

Es posible que esta propuesta genere debate, pero es precisamente lo que pretendo al hacerla. 

 

Demostraría, quizás, lo atrasados que estamos en la comprensión de la significación financiera de una gran inversión.

 

10/04/24

lunes, 8 de abril de 2024

Cuba: en guerra con la economía

 Por Dr.C Juan Triana Cordoví

“Todo para el frente” es la frase que quizás mejor simboliza lo que es una “economía de guerra”. Se hizo famosa al aparecer en un cartel allá por el año 1942 en plena Gran Guerra Patria. La frase en realidad tiene dos partes “todo para el frente”y “todo por la victoria”. En síntesis, significaba alinear todos los esfuerzos y poner todos los recursos en el objetivo supremo de derrotar al ejército nazi, que para esa fecha estaba peligrosamente cerca de Moscú. 

Significaba también supeditar todas las decisiones, y el proceso de tomarlas, a ese objetivo. También implicaba la variable tiempo que, en esas condiciones, la de una economía de guerra, tiene un valor marginal incalculable. 

Por cierto, hay que decir que el ejercito nazi no pudo tomar Moscú y el aporte de la Unión Soviética a la derrota del fascismo en Europa, ese mismo que resurge hoy con variados matices, fue decisivo, a pesar de que la nueva historia escrita desde Occidente insista en desconocerlo.

Fue un magnífico artículo de mi colega Joaquín Benavides, “¿Economía de guerra o mercado en la economía?” publicado en el blog Segunda cita de Silvio Rodríguez, lo que me impulsó a retomar ese concepto e intentar entenderlo en nuestro contexto actual.

Una rápida búsqueda en Google nos lleva a varias definiciones. Esta es una de ellas: “El término economía de guerra hace referencia a la forma en que se organiza la economía de un país durante un conflicto armado. Se entiende que consiste en maximizar su capacidad de producción y distribución, lo que pasa por ajustes sustanciales a la producción que permitan acomodarse a las necesidades del país”. 

Otra definición, en la Economipedia, refiere que: 

“La economía de guerra es una situación bélica o de catástrofe en la que el Gobierno toma el control de la gestión de los recursos económicos. Todo ello implica medidas como la movilización de la población, el racionamiento, el control de la producción y el autoabastecimiento. En línea con el abastecimiento de alimentos, el Estado también establece un férreo control sobre el sector primario. Por ello, dirigirá y supervisará la producción de alimentos, prestando especial atención a la agricultura y a la industria alimentaria.

Si los alimentos están racionados, igualmente deben aprovecharse los recursos energéticos. Así pues, se toman medidas para sacar el máximo partido de los escasos recursos energéticos. Se han dado numerosas experiencias en las que, por ejemplo, los combustibles y la luz se han racionado.

Precisamente, en una guerra, un Estado debe ser lo suficientemente fuerte como para contar con los recursos necesarios sin depender de terceros países. Todo ello conduce al autoabastecimiento. En otras palabras, un país en guerra suele encaminarse hacia la autarquía”.

La hiperinflación es uno de los grandes males que acarrea la economía de guerra y la intervención de la política monetaria pareciera ser el recurso más usado en esa situación. Esta historia definitivamente tiene que ver con nuestra realidad y no solamente con la actual, sino con otras varias realidades anteriores.

Una excursión por Wikipedia nos devuelve una descripción sintética de lo que puede ser una economía de guerra, la cito in extenso:

“Se denomina economía de guerra a la que se aplica en momentos históricos de fuertes convulsiones violentas, sean o no conflictos armados, o en periodos de extrema autarquía y que tiene por objetivo mantener el funcionamiento de las actividades económicas indispensables para un país, procurar el autoabastecimiento, desincentivar el consumo privado, garantizar la producción de alimentos y controlar la economía nacional desde el Estado. Cada país se acerca a la reconfiguración de su economía de una manera diferente. Entre las actuaciones fundamentales se encuentran:

  • Control exhaustivo de la política monetaria que evite los procesos de hiperinflación.
  • Favorecimiento de la autarquía como sistema que evite la dependencia de las importaciones exteriores en productos básicos y material militar.
  • Medidas de ahorro del consumo energético.
  • Incentivación de la mano de obra a bajo coste para ocupar los puestos de trabajo de aquellos que se incorporan al ejército.
  • Cambios en la política agrícola que dirigen los cultivos y la industria transformadora hacia la producción de granos y, en general, cultivos que aporten una alta cantidad de hidratos de carbono.
  • Aumento de la producción de la industria pesada y de material militar.
  • Establecimiento de reducciones del consumo privado, que puede incluir el racionamiento a la industria y a las familias.”

Parecería que varias generaciones de cubanas y cubanos hemos estado prácticamente toda nuestra vida viviendo dentro de una economía guerra, ya sea por la magnitud y profundidad de los conflictos, aun cuando algunos de ellos no fueran directamente militares; o por la manera de manejar la economía en determinados momentos; o por los efectos/ resultados de las políticas /medidas puestas en práctica, o por una combinación de los tres.

En realidad, en la ecuación de la economía nacional, uno de los criterios relevantes que han condicionado la adopción de cualquier decisión ha sido su influencia/impacto/efecto sobre el conflicto fundamental que nuestro país ha enfrentado desde el año 1959, a saber: el diferendo entre Estados Unidos y Cuba. 

De la misma forma, el grado de intensidad de ese conflicto ha sido una variable relevante en la adopción de medidas para manejar la economía. 

Listo abajo algunos de esos momentos históricos, hitos, aunque obviamente hay grandes diferencias, entre ellos:

  1. La brusca reducción y más tarde la exclusión de la participación de Cuba del mercado norteamericano, tanto como importador que como exportador, y su intensificación hasta llegar al bloqueo económico y comercial en 1962.
  2. El fomento de bandas terroristas y la invasión a Playa Girón.
  3. La “Crisis de Octubre” o “Crisis de los misiles”.
  4. La Zafra de los 10 millones y lo que significó en término de movilización de mujeres y hombres y en cuanto a la asignación de recursos.
  5. La “Guerra de Todo el Pueblo”, que se iniciara en los primeros años de la década de 1980.
  6. El “Período Especial en Tiempos de Paz” que no se ha despedido de nosotros y parece que no lo tiene en planes por el momento.
  7. La “Batalla de ideas”.
  8. La Pandemia de COVID 19.
  9. Las medidas de la Administración Trump. 

Es cierto también que el modelo económico socialista adoptado desde finales de los sesenta, e institucionalizado en los setenta recuerda en buena parte el manejo de una economía de guerra. 

Pero la guerra de la economía es otra. Se libra todos los días, desde los ciudadanos y ciudadanas más simples, hasta aquellos otros que tienen alguna responsabilidad en el resultado de la misma. 

Después de volver a mirar esas definiciones, me cuesta convencerme de que estemos en una economía de guerra, al menos hay hechos que me mueven a dudas.

Si la nuestra fuera hoy una economía de guerra en sentido estricto, entonces aquella frase que inicia este escrito se podría reinterpretar como “todo para la producción de alimentos”. En definitiva, el precio de los alimentos es el que tiene mayor peso en la dinámica de la inflación según las propias informaciones del Ministerio de Economía.

Los alimentos representan una de las cuentas más altas de nuestras importaciones y en la estructura de gastos de nuestras familias, es el destino decisivo de sus ingresos. 

La producción de alimentos es uno de los principales destinos de los subsidios que desde el presupuesto central se asignan a las empresas agropecuarias y terminan incrementando el déficit fiscal, aunque lamentablemente no alcanzan para remediar el problema. 

Sin producción nacional sostenible de alimentos la soberanía alimentaria no pasará de ser una quimera. Son los productos de la tierra —y del mar— los que generan cadenas productivas y de valor que permiten integrar diversos sectores, desde la agricultura misma hasta la ciencia y la tecnología. Son esos mismos los que impactan de forma decisiva en el bienestar de la nación y en su percepción de prosperidad.

Sin alimentos de buena calidad, de producción nacional, el sector turístico nacional competirá siempre en desventaja con el resto del mundo y en especial con nuestra región.

No podemos hacer depender la leche de nuestros niños de la caridad internacional. 

Uno de los mayores recursos que tiene nuestro país es su tierra y el mar que la rodea y tenemos más tierra arable por persona que países grandes productores de alimentos. Aún estamos lejos de la frontera de producción del sector y necesitamos modernizar las tecnologías de producción, entre otras razones, por el despoblamiento de nuestros campos que es la misma razón por la cual debemos modernizar la vida de nuestros campesinos.

Pero no, todavía hoy los recursos se asignan a otros destinos, en un ejercicio difícil de calificar que repite año tras año el mismo error. Y no hablo solo de inversiones asignadas a un “frente” a todas luces estancado, además sitiado y para nada bien manejado. Si estuviéramos en una economía de guerra hace rato esas “balas” debieron haber sido asignadas a otro frente. 

Más no es solo un problema de asignación de recursos de inversión. Todavía me cuesta entender que una de las dificultades de la actual zafra sea la poca disponibilidad de combustible y, sin embargo, se mantengan funcionando centenares de autos estatales cuya utilidad apenas es significativa comparado con la necesidad de asegurar la producción de azúcar para la “canasta racionada” o para la producción de una parte del arroz de esa misma canasta.

De hecho, si estuviéramos en una economía de guerra, esa misma canasta racionada debería ser mejor asignada, concentrándola en aquellos que más la necesitan y no seguir perpetuando una forma de distribución que consolida brechas de desigualdad cada vez más difíciles de manejar.

Si la nuestra fuera hoy una economía de guerra no habría cómo justificar ese excesivo aparato burocrático del Estado, con sobrepeso evidente y la demora inexplicable a someterlo a una cirugía profunda, que elimine las partes necrosadas del mismo.

Si estuviéramos en una economía de guerra hace rato deberíamos haber identificado la dirección del golpe principal, haber concentrado los recursos en esa dirección y no diluirnos en escaramuzas que debilitan las fuerzas.

Ciertamente, concuerdo con mi colega y amigo Benavides en que la solución no debe venir por reproducir aquellos métodos y estilos que tanto recuerdan a la economía de guerra, pero que en nuestro caso no nos han conducido a obtener una ventaja significativa en este campo de batalla casi perpetuo que ha sido y es la economía. 

Porque no es reproduciendo el pasado que podremos conquistar el futuro. Esas son, en buena parte, las razones que me hacen pensar que no parece que estemos en una economía de guerra, más bien parece que estamos en guerra con la economía.

https://oncubanews.com/opinion/columnas/contrapesos/cuba-en-guerra-con-la-economia/

domingo, 7 de abril de 2024

Agradece AMLO solidaridad tras asalto a embajada mexicana en Ecuador

Por Arturo Sánchez Jiménez

Ciudad de México. El presidente Andrés Manuel López Obrador agradeció este sábado la “solidaridad de mandatarios, dirigentes y organizaciones civiles de distintos países y del nuestro tras el asalto de la Embajada de México en Ecuador”.

En un mensaje en la plataforma X, el mandatario también manifestó su respeto por el pueblo ecuatoriano, con cuyo gobierno México rompió relaciones diplomáticas ayer.

“Respetamos al pueblo hermano de ese país y a nuestros connacionales les pedimos comportarse con mucha prudencia para evadir el acoso y no caer en ninguna provocación”, dijo López Obrador.

Añadió que el gobierno mexicano está atento a la situación del personal diplomático de México en Ecuador, que será repatriado, y a quienes hizo un reconocimiento por su labor.

“Estamos pendientes de los diplomáticos de nuestra patria, no están solos. Han dado muestra de dignidad y decoro, como quedó de manifiesto con la actitud de Raquel Serur, nuestra embajadora, y de Roberto Canseco, jefe de cancillería de la embajada. Alicia Bárcena, secretaria de Relaciones Exteriores, está conduciendo de manera profesional y eficaz este penoso asunto”.

Condena regional y de organizaciones ante el asalto en Quito

Gobiernos de América Latina y organizaciones han coincidido en calificar como violatorio del derecho internacional y las normas elementales de relaciones diplomáticas entre los países la irrupción en la Embajada de México en Ecuador.

"El asalto a la Embajada de México por parte del Gobierno de Ecuador, con el objetivo de secuestrar al exvicepresidente Jorge Glas, constituye un acto intolerable para la comunidad internacional, dado que ignora el histórico y fundamental derecho al asilo", afirmó la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, en su cuenta de la red social X.

"Repudiamos enérgicamente esta violación a la soberanía del Estado mexicano y al derecho internacional. Nos solidarizamos con el pueblo mexicano y su presidente, Andrés Manuel López Obrador", agregó la mandataria.

El presidente boliviano, Luis Arce, subrayó también en la misma red social que Bolivia "condena enérgicamente" la irrupción de la policía ecuatoriana en la Embajada de México en Ecuador, un hecho, dijo, que "no tiene precedentes en la historia del derecho internacional".

Desde Bolivia "expresamos toda nuestra solidaridad con México", añadió Arce, al tiempo que destacó "la valiosa tradición mexicana de asilo, que nos abrió las puertas a muchos hermanos y hermanas latinoamericanas".

Sobre lo sucedido, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, afirmó este sábado que "se ha roto la convención de Viena y la soberanía de México en Ecuador".

"Vuelvo a insistir que América Latina y el Caribe, cualquiera que sean las construcciones sociales y políticas en cada país, debe mantener vivos los preceptos del derecho internacional en medio de la barbarie que avanza en el mundo y el pacto democrático dentro del continente", agregó el mandatario colombiano.

El mandatario colombiano instó además a que la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se reúnan de urgencia para "examinar la ruptura de la Convención de Viena por un Estado miembro".

El Gobierno brasileño también condenó "en los términos más enérgicos" la acción policial contra la Embajada de México en Quito.

En un comunicado, la cancillería brasileña resaltó que el hecho constituye "una clara violación" de la Convención Americana sobre Asilo Diplomático y de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.

"La medida llevada a cabo por el Gobierno ecuatoriano constituye un grave precedente, y debe ser objeto de un enérgico repudio, cualquiera que sea la justificación para su implementación", añadió.

La Secretaría General de la OEA manifestó en un comunicado su rechazo a cualquier acción violatoria o que ponga en riesgo la inviolabilidad de los locales de las misiones diplomáticas.

Reiteró, además, la obligación que tienen todos los Estados de no invocar normas de derecho interno para justificar el incumplimiento de sus obligaciones internacionales.

"La Secretaría General de la OEA hace un llamado al diálogo entre las partes para resolver sus diferencias, estima necesaria una reunión del Consejo Permanente de la OEA para abordar el tema y en base a los principios consagrados en el derecho internacional, como el respeto a la soberanía, la solución pacífica de las controversias, la coexistencia pacífica de los Estados, la renuncia a recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza para dirimir los conflictos y el fiel y estricto cumplimiento de los tratados internacionales, entre ellos los que garantizan el Derecho de Asilo", añadió la organización regional.

La irrupción policial en la Embajada mexicana en Quito para llevarse detenido al exvicepresidente de Ecuador Jorge Glas, quien se refugiaba en esa sede diplomática desde diciembre pasado, solicitando asilo político, motivó la ruptura de relaciones diplomáticas entre México y Ecuador.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2024/04/06/politica/agradece-amlo-solidaridad-tras-asalto-a-embajada-mexicana-en-ecuador-5080

viernes, 5 de abril de 2024

Pablo y Silvio en Argentina, evocación a la vuelta de cuarenta años

 Por Kaloian Santos

Hace cuarenta años, Argentina apenas emergía de las sombras de una dictadura que había dejado heridas profundas y 30 mil desaparecidos.

 

En aquellos albores, en los últimos días de marzo de 1984 la ciudad de Buenos Aires amaneció empapelada con afiches que anunciaban una serie de conciertos de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, dos nombres icónicos del Movimiento de la Nueva Trova Cubana. 

 

El 2 de abril de 1984 los trovadores pisaron suelo argentino. Silvio tenía 36 años; Pablo, 39. La comitiva cubana estaba integrada, entre otros, por los músicos Frank Bejerano, Jorge Aragón, Eduardo Ramos y el sonidista Tony López.

 

Venían de Quito, Ecuador, donde se habían presentado el 30 y el 31 de marzo ante 16 mil personas. La noche en que aterrizaron en el aeropuerto internacional de Ezeiza, los esperaba la sorpresa de ser recibidos por cientos de personas con banderas, carteles y mucha música.

 

A la periodista Sibila Camps le encomendaron desde el diario Clarín cubrir la llegada. “Silvio y Pablo, más que un suceso cultural, en Argentina era un suceso social y hasta histórico de gran envergadura”, me contó años después Camps, quien desde entonces no les perdió ni pie ni pisada.

 

De esa noche la periodista conserva una reliquia. Se trata de una foto en blanco y negro tomada por Carlos Roberto Bairo. En la instantánea aparecen Silvio, Pablo y Sibila, distendidos y sonrientes. Los trovadores no lucen agotados tras el viaje. Todo lo contrario.

 

Para esta fecha, Silvio y Pablo ya gozaban de gran popularidad en varios países. Cada uno por su lado había realizado conciertos multitudinarios en plazas de México y España, por ejemplo. Pero Argentina era diferente.

 

“Era una circunstancia muy especial —me contó Silvio a propósito del tema. Cuando llegamos, acababan de salir de la dictadura. A la mañana siguiente lo primero que tuvimos que hacer fue ir a la policía. Nos tomaron las huellas, nos fotografiaron, nos quitaron el pasaporte y nos dieron un documento. Todavía ese mecanismo policial existía. Era una realidad estremecedora. La gente veía un Ford Falcon verde y se ponía a temblar porque eran los carros que usaba la policía para secuestrar. Era una situación muy crítica. El sentimiento de opresión y persecución no se había disipado”.


Foto: Carlos Roberto Bairo

Melodías y voces prohibidas

A pesar de que sus canciones estuvieron censuradas durante la dictadura, la voz de los trovadores había trascendido los límites y fronteras impuestos. En Argentina, los casetes con canciones de Silvio y Pablo circulaban clandestinamente de mano en mano. 

Estas copias, generalmente mal grabadas, entraban al país de manera subrepticia; muchas veces a través de exiliados argentinos que regresaban procedentes de España y México, donde se editaban y vendían los primeros discos de los cubanos como solistas. 

 

El periodista e investigador argentino Víctor Pintos cubrió uno de los conciertos en Obras Sanitarias, Buenos Aires. Fue una experiencia reveladora ver y escuchar desde sus propias gargantas a los autores de canciones hasta entonces perseguidas.

 

“Los argentinos nos aprendimos las canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés por casetes que nos procuramos como podíamos. Como aquellas eran grabaciones analógicas, en cada copia se perdía calidad. Así que si nos tocaba una séptima copia, digamos, lo que se escuchaba era fundamentalmente un soplido y atrás una voz con una guitarra y una canción de la que no siempre sabíamos el nombre. Menos aún si era una canción nueva o vieja. O a qué disco pertenecía y en qué año se había publicado”, me cuenta Pintos.

 

Hubo que esperar a 1983 para poder adquirir en Argentina, y sin esconderse, los discos de Silvio y Pablo, gracias a un acuerdo entre el sello Polygram y la Egrem. De este modo vieron la luz ediciones argentinas de los álbumes Mujeres, Sueño con serpientes y Unicornio, de Silvio Rodríguez; así como Años, Comienzo y final de una verde mañana yAniversario, de Pablo Milanés.

 

En 1982 Mercedes Sosa había regresado del exilio. Para el reencuentro con su público “La Negra” cantó una decena de conciertos en el Teatro Ópera de Buenos Aires. Entre el repertorio de canciones que ofreció estuvieron “Años”, de Pablo Milanes y “Sueño con serpientes» de Silvio. Ambos temas formaron parte de un disco doble titulado Mercedes Sosa en Argentina, que salió a la venta a mitad de ese año.

 

A finales de 1983 el disco Mercedes Sosa abrió con “La Maza” de Silvio e incluyó  una versión de “Unicornio” con arreglo de Charly García, ícono del rock argentino. 

 

Los temas de Silvio y Pablo en la voz de Mercedes Sosa rápidamente alcanzaron gran popularidad no solo en Argentina, sino en el mundo. Con el tiempo formaron parte de los grandes éxitos de la cantora.

 

¡Por fin en Argentina!

Con tales antecedentes no era de extrañar que, cuando se anunció la llegada de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez en 1984, las entradas de la veintena de conciertos programados para la gira argentina se agotaran en un abrir y cerrar de ojos.

Silvia Salcedo tenía entonces 20 años. Todavía hoy guarda la entrada del 29 de abril, cuando asistió al último de los conciertos en Obras Sanitarias. Desde aquella noche el pedazo de papel, hoy amarillento por el paso del tiempo pero muy bien conservado, representa para ella un pasaje hacia uno de los grandes momentos de su vida. 

 

“Cuando nos enteramos de que Pablo Milanés y Silvio Rodríguez por fin venían a la Argentina mi pareja y yo no dudamos en comprar las entradas para uno de los recitales. Había terminado la dictadura, nuestros artistas regresaban del exilio y todo era bullicio y euforia. Había libertad para ver, escuchar, cantar y gritar todo lo que nos habían obligado a callar durante años”, evoca.

 

Catorce de las presentaciones estuvieron fechadas en Buenos Aires, en el célebre Estadio de Obras Sanitarias, con capacidad para más de 4500 espectadores. La cantidad de shows de los mismos artistas marcó récord en el emblemático recinto, conocido como el templo del rock en Argentina.

En la capital estuvieron 5, 6, 7 y 8 de abril. De ahí partieron para Córdoba, donde ofrecieron dos conciertos los días 10 y 11. Volvieron a Obras Sanitarias 12, 13, 14 y 15. De nuevo viaje. El 16, ciudad de La Plata, en el Polideportivo de Gimnasia y Esgrima. El 17 desembarcaron en Santa Fe. El 18 tocaron en Rosario. El 19 en Mendoza y el 21 en Tucumán. Hasta ahí era el programa previsto. 

 

Sin embargo, ante la demanda, volvieron a Obras, donde realizaron 6 conciertos más. Todo a lleno total. Entre una presentación y otra, Silvio y Pablo permanecieron todo abril en Argentina. Se calcula que los vieron en vivo y directo más de 150 mil personas. 

 

Era tanta la expectativa y la emoción que, antes de arrancar con la seguidilla de recitales, se había organizado una conferencia de prensa. Más de 150 periodistas de medios televisivos, gráficos y radiales nacionales y extranjeros, durante casi 3 horas, indagaron sobre la vida en Cuba y su sistema político; la libertad para la creación artística; el Movimiento de la Nueva Trova; cómo veían desde la isla el proceso de recuperación de la democracia en Argentina.

 

Parte de esa conferencia de prensa aparece en un amplio reportaje que hizo Estela Bravo para la Televisión cubana. 

 

La cineasta estadounidense radicada en la isla se encontraba en Buenos Aires filmando ¿Quién soy yo?, un documental sobre la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda y recuperación de la identidad de niños y niñas secuestrados por los militares o bajo su amparo. 

 

Bravo no desaprovechó la oportunidad de documentar el impacto que tuvieron Silvio y Pablo en Argentina, con fragmentos de uno de los conciertos en Obras, y valiosos testimonios de algunos asistentes.

 

La guitarra

Todo estaba listo para el esperado debut; o casi todo, ya que la guitarra que había acompañado a Silvio durante tantos años sufrió roturas durante el viaje. Urgía encontrar una nueva.

 

Aunque había varias tiendas de instrumentos musicales en la ciudad, todas las referencias apuntaban a Miguel Ángel “Cacho” Onorato, propietario de la tienda de música Daiam, ubicada en la calle Talcahuano, centro de Buenos Aires. 

 

“Cacho” Onorato era muy querido en el ámbito musical, no solo por tener instrumentos de calidad, sino además por su generosidad.

 

Mercedes Onorato, hija de Don Cacho, recuerda cada detalle de aquel día en que Silvio apareció en busca de una guitarra. En un intercambio de mensajes, Mercedes amablemente me regaló detalles del encuentro.  

 

“Era común que cada día fueran músicos a probar guitarras con cuerdas de nailon a nuestro local. Recuerdo haber escuchado a muchos de ellos interpretar acordes de canciones de la Nueva Trova cubana, como “Sueño con serpientes”, “Yolanda” y “Años”. El amor por Silvio y Pablo estaba en el aire, especialmente cerca de sus primeros conciertos en Argentina en abril de 1984.

 

“En esa época se vendían muchas partituras de todas las canciones y géneros musicales. En la tienda teníamos una gran sección editorial. Y como la demanda de las partituras de Pablo y Silvio era alta, todas sus partituras estaban expuestas en un lugar destacado.

 

“Un día, mientras subía del depósito del subsuelo de nuestro local, escuché a alguien tocando los acordes de ‘Ojalá’. El sonido era diferente, no era como los anteriores que había escuchado en otros músicos. Me apresuré a subir las escaleras y era el mismísimo Silvio Rodríguez. No puedo describir mi sorpresa y emoción. El querido Negro Rada, músico uruguayo, cliente y amigo de siempre, lo había traído hasta nuestro negocio para que comprara una guitarra con cuerdas de nailon”.

 

Después de una minuciosa prueba, Silvio eligió una guitarra y preguntó el precio para pagarla. Mercedes fue por un estuche para el instrumento. En ese momento, en un aparte a solas con su padre, hablando bajito para que los visitantes no se dieran cuenta, le propuso regalarle la guitarra a Silvio. El gran Cacho Onorato, sonriendo ante la emoción de su hija, le hizo un guiño y asintió con la cabeza.


“Le mostré a Silvio cómo quedaba la guitarra elegida en el estuche rígido de la mejor calidad que teníamos, ya que sabía que después de Argentina seguirían de gira y era necesario proteger el instrumento. Silvio insistió en conocer el precio total para pagar. Fue entonces cuando le dijimos que era nuestro regalo y que, por favor, lo aceptara. No era una cuestión de dinero, sino una forma de darle la bienvenida a un país que los amaba a Pablo y a él, a Cuba”.

 

“Nos agradeció y se negó a aceptar semejante regalo. ‘De ninguna manera. Muchas gracias, pero…’, dijo con absoluta convicción y honestidad. Nosotros insistimos tanto que, resignado e inmensamente agradecido, no le quedó otra opción que aceptar”.

 

Antes de irse, Silvio observó la gran cantidad de partituras de sus canciones y las de Pablo que estaban a la venta en uno de los mostradores, recuerda Mercedes.

 

“En un gesto espontáneo y de absoluta generosidad, se detuvo, sacó un marcador indeleble negro de su abrigo y comenzó a firmar intempestivamente no recuerdo cuántas de aquellas partituras con sus canciones. Mientras firmaba y firmaba, nos dijo con una sonrisa pícara: ‘Bueno, esto es lo menos que puedo hacer. A ver si al menos pueden venderlas más caras’. Todos nos reímos mucho y nos despedimos con un gran abrazo”.

 

En el primer concierto en Obras, en una de las primeras filas del estadio, Mercedes y Don Cacho disfrutaron de Pablo y Silvio, conmovidos por aquellas canciones y aquella guitarra que tan bien conocían. Mercedes, además, tiene el récord absoluto de haber asistido a todas las fechas programadas en Buenos Aires.

Sobre el escenario

El programa del recital estaba organizado de la siguiente manera: Silvio, a guitarra limpia, era el encargado de abrir la primera parte. Durante una hora brindaba un manojo de canciones; entre las que estaban “Por quien merece amor”, “Canción del elegido”, “El vigía”, “Ojalá”, “El tiempo está a favor de los pequeños”, “La maza”, “Unicornio” y “Te doy una canción”. 

 

“Que un hombre solitario con su guitarra genere un clima de atención, de silencio en torno suyo, habla de la capacidad expresiva no solo del intérprete sino básicamente de su propuesta. Silvio demostró de ese modo, cantando en un extremo de la sencillez, que quien pasa a través de la canción es la vida, que se puede jugar con sus objetos propios, letra, música, arreglos e historia”, publicó Alejandro C. Tarruella en la revista Humor después de la primera presentación.

 

Luego llegaba Pablo, a quien lo secundaba el formidable trío compuesto por Frank Bejerano en la batería, Jorge Aragón (padre) al piano y coros, y Eduardo Ramos en el bajo y en las voces. Su repertorio estaba compuesto por “Te quiero porque te quiero”, “Amor”, “Comienzo y final de una verde mañana”, “Años”, «Para vivir”, “Yo pisaré las calles nuevamente”, “La vida no vale nada” y “Yo no te pido”. 

 

En aquella crónica de Tarruella decía: “Pablo fue una sorpresa. No solo su carácter afable, su emoción de cada noche (en una ocasión se levantó de su silla, fue a un costado del escenario y lloró). Pablo iluminó las noches con su fresca espontaneidad, con sus canciones populares que golpean la indiferencia”.


Para el cierre, a dúo Silvio y Pablo acompañados por la banda, cantaban nada menos que “Óleo de mujer con sombrero”, “Rabo de nube”, “Yolanda” y “Hoy la vi”.

 

El primer recital estuvo cargado de emociones y, también, de algunos dolores de cabeza. Según reportes de la prensa, el público accedió a la sala incluso habiendo comenzado el recital y hubo algunos problemas de sonido. Sin embargo, nada eclipsó la noche. En la nota publicada en Clarín, la reportera Sibila Camps apuntó: 

 

“A diferencia de la mayoría de los autores del nuevo cancionero de nuestro continente, ambos cubanos han fundado una nueva épica latinoamericanista ni broncínea ni marmórea, sino terrenal y palpable”. 

 

Por su parte, el diario La Nación dedicó un buen espacio a reseñar lo sucedido en Obras Sanitarias: “La fantasía y el talento de Silvio, pergeñan imágenes luminosas como rayos, que apuntan siempre hacia la calidad”. Sobre Pablo se dice que “tiene un timbre y un vibrato excepcionales. Domina sus ímpetus con sentido de la proporción y el buen gusto”.

 

La crítica se rindió, además, ante el talento de los músicos acompañantes. En la nota de La Nación puede leerse: “El trío no es algo que se escucha todos los días (…). Eduardo Ramos construye excelentes soportes para la armonía, en su bajo, mientras la batería de Frank Bejerano tiene la sal de la síncopa a flor de palillo. Pero quien ejerce con mayor soltura la inventiva es el pianista Jorge Aragón. Allí está el arrebato, los estiletes del ritmo, el oxígeno que rescata de todo sopor tropical”.

 

También para los trovadores aquellos conciertos fueron impactantes. “¡Lo que ha sucedido aquí es increíble!”, dijo Pablo Milanés al periodista Alejandro C. Tarruella la segunda noche de presentaciones. En su artículo para Humor, Tarruella relata que el autor de “Yolanda” estaba impresionado por la gran conexión con el público, que cantaba sus canciones aun cuando era la primera vez que se presentaban allí.

Grabaciones

Uno de aquellos conciertos fue grabado por la Televisión pública argentina y días después fue transmitido. Se estima que lo vieron alrededor de 8 millones de televidentes de todo el país. 

 

Gracias a la existencia de este material, podemos disfrutar de momentos realmente especiales del recital y ser testigos al cabo del tiempo de cómo el fervor del público teje una conexión emocional con los artistas. A la vez, nos pone ante los ojos la complicidad entre Silvio y Pablo sobre el escenario, en especial cuando se unen para cantar “Óleo de mujer con sombrero” y “Yolanda”. 

 

Y como la vida y la historia dan vueltas, en “Óleo de mujer con sombrero”, Jorge Aragón Oropesa se distingue al piano con un fraseo sublime en un momento crucial de la canción. Treinta y un años más tarde, en 2015, Silvio presentó su disco Amoríos en Argentina. Entre los temas que integran el álbum se encuentra una nueva grabación de la canción (como parte de la tetralogía original). Quien grabó el piano para el disco y tocó en su lanzamiento en tierras gauchas, es Jorge Aragón Brito, hijo de aquel genio musical que acompañó a Silvio y Pablo en su visita a Argentina en 1984.

 

Otro hito del 84 sucedió en el tercer concierto en Obras, el del día 7 de abril, cuando los cubanos invitaron a compartir el escenario a colegas argentinos. La invitación se repitió en uno de los últimos shows. Desfilaron León Gieco, Víctor Heredia, Piero, César Isella, Antonio Tarragó Ros y el Cuarteto Zupay. Algunos de ellos, como Gieco y Heredia, habían estado exiliados y prohibidos durante la dictadura militar.

 

Hay una foto hermosa, tomada pocos minutos antes de salir a escena, en la que se ven en el camerino Gieco, Silvio, Heredia y Pablo. Victor Heredia la tiene encuadrada y colgada en su casa, donde me recibió para conversar sobre aquel acontecimiento. 

 

“El año 83 transcurrió con mucha zozobra y, de golpe, surgió la posibilidad extraordinaria de tener a Silvio y Pablo en Argentina. Se concretó en abril del 84 y llegaron bajo una ley que, si mal no recuerdo, había emanado de la dictadura. La norma decía que todo aquel extranjero que llegara de un país comunista tenía que presentarse a la policía y certificar que no iba a generar o cometer ningún acto insurreccional. ¡Una locura! Yo era parte del sindicato de músicos y enseguida nos opusimos.

 

“Silvio y Pablo —continúa el cantautor— nos sorprendieron a varios cantantes argentinos con la propuesta de unir nuestras voces a las de ellos. Imaginate, enseguida dijimos que sí. Sabíamos de memoria sus canciones. Le propuse a Silvio cantar una de las suyas y me respondió: ‘No, hermano, vamos a cantar una tuya, Todavía cantamos, que tiene mucho sentido’”.

 

Pablo hizo lo mismo con León Gieco, con quien interpretó “Canción para Carito”. Así que todos se encerraron en una habitación del hotel en el que se hospedaban los cubanos en el centro de Buenos Aires y comenzaron a ensayar para el concierto que darían unas pocas horas después. 

 

“Ellos tenían un repertorio armado —recuerda Heredia—, con un concepto del concierto ya determinado y, de momento, rompieron con todo eso para incorporar no solo a los compañeros argentinos si no el repertorio de los compañeros argentinos. Fue un gran gesto que hablaba de la belleza y la sensibilidad de Silvio y de Pablo, además de lo grandes artistas que son”.

 

Ese concierto fue grabado por Estudios del Cielito. Su dueño, el ingeniero de sonido Gustavo Gauvry, fue el encargado de mezclar un LP doble titulado Silvio Rodríguez – Pablo Milanés: En vivo en Argentina, unos meses después, bajo el sello Polydor.

 

El disco fue un rotundo éxito de ventas. Cruzó la Cordillera de Los Andes y el sello Alerce lo publicó en Chile. También navegó hasta el otro lado del Río de La Plata para encontrar una versión en Uruguay con el sello Orfeo. 

 

Durante meses las canciones de Silvio y Pablo se mantuvieron entre los primeros puestos de preferencia entre los argentinos. En agosto de 1984, el Centro Cultural del Disco en Buenos Aires publicó un ranking nacional en el que el álbum de los cubanos compartía el podio entre los más escuchados junto a Thriller, de Michael Jackson y Can’t Slow Down, de Lionel Richie.

 

Ante el éxito del disco, en 1985, lanzan un volumen 2, también formato vinilo, con algunas de las canciones que no habían sido incluidas en la primera edición. Conforman ese fonograma, de Silvio, los temas “Playa Girón”, “Canción del elegido», “Pequeña serenata diurna”, “El vigía” y “Llover sobre mojado”. De Pablo están “Amor”, “Comienzo y final de una verde mañana”, “Amo esta isla” y “Yo me quedo”.

 

Las grabaciones se volvieron célebres. Los ya conocidos discos de vinilo tuvieron sus publicaciones en casete y, llegados los 90, en CD. En 2008, bajo el sello Lucio Alfiz Producciones y distribuido por la multinacional Sony BMG, apareció una reedición de dos CD con sonido remasterizado, fotos inéditas tomadas por Antonio Massa (autor de la foto de portada de aquel primer LP), la letra de las canciones y dos temas que no habían sido incluidos en ninguno de los discos anteriores: “El tiempo está a favor de los pequeños”, de Silvio Rodríguez y “Acto de fe (Creo en ti)”, de Pablo Milanés. 

 

De aquellos primeros encuentros entre los trovadores y el público argentino quedó un eco que aún resuena a través de generaciones, a pesar del paso del tiempo. 

 

Silvia Salcedo lo recuerda con sobrecogimiento. “Viví aquel concierto como un delirio indescriptible. Las lágrimas brotaban de emoción. Era como si volviera a respirar después de una etapa horrible. De repente, todo se iluminó. A cuarenta años de ese recital, lo recuerdo con nostalgia. En aquel tiempo éramos idealistas de nuevo, creíamos que los tiempos oscuros no regresarían; pero hoy, en el presente, veo que no fue suficiente; que los ideales de justicia social que soñábamos no se materializaron por completo. Por suerte, nos quedan las canciones”.

 

Los primeros conciertos de Silvio y Pablo en Argentina, hace hoy cuatro décadas, fueron un hito que trascendió canciones, discos y videos. Aquellas noches de abril de 1984 se convirtieron en testimonio y catalizador de una nueva época para un país que comenzaba a experimentar la libertad, cuando aún le pisaba los talones el horror que acababa de dejar atrás y que marcaría su historia para siempre.


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