lunes, 12 de abril de 2021

Ramsey Clark en la memoria

Por Ricardo Alarcón de Quesada

La noticia sobre su fallecimiento no causó sorpresa pues se sabía que su salud declinaba afectada además por pérdidas familiares irreparables. Pero la muerte de Ramsey Clark es fuente de dolor y sufrimiento para muchos en muchas partes del mundo.

Su trayectoria desde la década de los Sesenta del pasado siglo es de admirable integridad personal y de fidelidad a los principios que lo convierten en una de las personalidades más respetadas del movimiento progresista norteamericano.

Fiscal General de Estados Unidos durante la Administración de Lyndon B. Johnson fue pieza clave en la aprobación y aplicación de la Ley de Derechos Civiles paso decisivo para eliminar la discriminación contra los afroamericanos en materia electoral. Acompañó a Johnson también en sus medidas para asegurar servicios de salud asequibles para todos. Ambos temas fueron banderas que los “liberales” levantaron pero con manos cada vez más vacilantes mientras que su eliminación se ha convertido en prioridad para Trump y sus seguidores.

Ramsey por su lado se convirtió en punto de referencia para quienes no abandonaron los ideales de libertad y verdadera democracia.

Se opuso a la guerra contra el pueblo vietnamita al punto de que el Presidente lo excluyó del Consejo de Seguridad Nacional pese a que su participación en esa instancia se derivaba del alto carga que desempeñaba.

Fuera ya del Gobierno Ramsey libró una batalla incansable para detener esa agresión que generó la movilización creciente no sólo en su país sino en todo el mundo y en cuyo despliegue él contribuyó como pocos. No sólo con discursos y declaraciones. De especial significación fue su presencia física, personal, en la tierra vietnamita violando abiertamente la prohibición oficial de Washington.

Tenía una capacidad de trabajo excepcional y entregar solidaridad fue para él una misión a la que se dio por entero. Ninguna causa le fue ajena.

Es grande la deuda que con él tenemos los cubanos. Nuestra causa fue también la suya. Su voz se alzó una y otra vez para denunciar el bloqueo y la guerra que el Imperio nos hace en todos los terrenos.

Fue decisiva su participación en la campaña para liberar a Elián González y en la dura, compleja y prolongada brega para la liberación de nuestros Cinco Héroes. Personalmente mientras viva le agradeceré su ayuda y desde el fondo de mi corazón le digo Gracias por todo querido amigo, hermano, compañero.

sábado, 10 de abril de 2021

El comentario de Víctor

silviano, alzugaray, querida gente/
coincido con el análisis que hace alzugaray sobre ese tema crucial. y tengo un breve comentario que agregar, similar al de silvio.


SOBRE EL TEMA DE LOS CAMBIOS NECESARIOS. 
el proceso de cambio de mentalidad --que es una de las claves mayores del asunto-- se detuvo después del 2011. quedaron --quedan-- los importantísimos criterios de raúl en los que nos apoyamos hoy los que insistimos en la necesidad de que ese proceso se realice, tenga un buen ritmo, y produzca los nuevos cambios a partir de una nueva mentalidad, nacida del consenso y del compromiso.

Siento (y siento) que con ese período de 10 años transcurridos desde entonces se perdió la oportunidad de que la generación histórica (raúl) llevara adelante ese proceso capital para el destino del proyecto revolucionario y del país. Por supuesto que es difícil --creo que imposible-- que tengamos una explicación completa para la atenuación y desaparición de ese impulso de cambio que tuvo --entre sus anuncios esperanzadores, a mi modo de ver-- la publicación del DUO MOI vietnamita en el periódico granma.
 
El procedimiento para designar al compañero díaz canel como nuevo presidente (y posteriormente, ahora en el Congreso, como nuevo primer secretario del PCC) fue explicado entonces por raúl: el análisis que fue haciendo, durante años, la dirección histórica de la revolución y que dio por resultado la designación de DC. Probablemente a algunas gentes --quizás a muchísimas gentes-- les/nos hubiera gustado más que la figura que continuaría al frente del país y del proyecto saliera de un proceso largo --mucho más largo-- a partir de las bases mismas. Pero creo que la historia --y la forma que se conformó esa historia-- no podía traernos ese procedimiento. El que se aplicó trajo como resultado la designación de díaz canel como nuestro actual presidente.

No tengo pudor en decir --y compartir con ustedes y con quien lo quiera leer o escuchar-- que apoyo la gestión --ejemplarmente laboriosa, inteligente, sensible, no exenta de errores, insuficiencias o lentitudes del presidente. Ese apoyo (como sucede en el caso de muchas gentes a quienes leo en SEGUNDA CITA) incluye, necesariamente, el derecho y el deber de criticar, con transparencia y desde el compromiso, la gestión del presidente y de su gobierno.
Creo que quienes ven, automática, mecánicamente, CUALQUIER crítica como un ataque al proyecto revolucionario se equivocan.

Creo que quienes utilizan los medios digitales –financiados desde el exterior o no--  para tratar de desestabilizar y destruir la marcha actual –difícil, incluso agónica—del proyecto no sólo se equivocan sino contribuyen –desde el oportunismo, la mala fe o la ignorancia— a inclinar la balanza hacia la destrucción del proyecto de país que tratamos de sostener y hacer avanzar en medio de vicisitudes extremas.


SOBRE EL 8VO. CONGRESO DEL PCC

Este ya inminente evento es, sin dudas, el más importante de esa organización desde que fue creada. De sus resultados concretos y acertados depende el futuro –incluso el presente—del país.  Algunos procedimientos habituales en este tipo de evento no han podido ser realizados seguramente debido a la situación de emergencia que vivimos: pandemia, situación económica, alimentación. En esta ocasión, hasta donde sé, los núcleos de base no han hecho su selección de candidatos que, transitando por las asambleas municipales y provinciales, puedan llegar a participar en el evento.

Creo que militantes con carnet o sin él, revolucionarios que han/hemos trabajado durante décadas, dentro del pueblo; compatriotas que desean y/o necesitan salvar lo salvable para continuar un camino viable que nos asegure la estabilidad y un grado, al menos mínimo por el momento, de prosperidad.

Aquí aparece, como en otros momentos de este texto, el verbo continuar. Y hemos visto que las dos consignas principales del Congreso (según aparece en la televisión) son: unidad y continuidad.

Creo que la primera debiera ser la clave del pensamiento y la acción de quienes deseamos lo mejor para el país: a mi modo de ver, la unidad dentro de la diversidad imprescindible; unidad incluyente y participativa, basada en el debate abierto y sostenido, por todos los medios posibles.

También creo en la segunda consigna partidaria, la de continuidad, siempre que lleve, al menos implícitamente, a mi modo de ver, un adjetivo esencial: renovadora. Pensarla y aplicarla así, creo, no implica la negación de la herencia de todo el proceso  del gobierno revolucionario iniciado en 1959. Pero sí expresa la necesidad de que en esta continuidad se analicen y discutan los desaciertos y errores que cometimos en esta (ya larga) marcha y se tomen las imprescindibles decisiones que echen a dar los cambios que necesitamos en todas las áreas de la sociedad: desde las políticas económicas hasta el territorio del pensamiento y las comunicaciones sociales.

viernes, 9 de abril de 2021

"Ol' man river"

Por Juan M Ferran Oliva


Ol' man river, that  ol ' man river
He  must know something, but he don't say nothing
That ol'  man river, he just keep rollin' along

E

musical norteamericano forma parte de la familia del teatro lirico. Entre sus obras más conocidas se cuenta Show Boat [1].  Narra la historia de un barco teatro en el rio Misisipi en épocas de esclavitud.  Se estrenó en 1927 y alcanzó 572 representaciones. Fue llevado a al cine en varias ocasiones. En ella se inscribe la famosa canción Ol’ man river.  Expresa las penas de los negros a lo largo del gran rio con el que metafóricamente son comparados. Es cantada por Joe, un estibador de esa raza que fue interpretado por Paul Robeson en su estreno.  

Con perdón del maestro Vázquez Millares –no soy más que un diletante- oso expresar que Ol’man river es un aria de bajo que merece un lugar entre las más antológicas de ese timbre[2]. Generalmente los tenores y barítonos son los más populares.

Si la pieza es notable, no lo es menos quien la inmortalizó. Paul Robeson[3] es un personaje imprescindible en la historia norteamericana. Destacó como activista de los derechos civiles pero también como actor, atleta, cantante, escritor y abogado. Nació en Princeton en 1898 hijo de un esclavo fugitivo convertido en predicador protestante. Su madre provenía de una familia cuáquera que había luchado contra la esclavitud en Estados Unidos. 

Paul estudió derecho y fue el tercer colored graduado en  Rutgers. Allí practicó distintos deportes. Muchas universidades se negaron a competir con su plantel debido al estigma racial. No obstante llegó a profesional y a entrenador en la Universidad Lincoln.  Desistió de ser abogado cuando una mecanógrafa blanca rechazó escribir su dictado. Fue entonces que se convirtió en actor. 

A lo largo de su vida estableció amistad con personalidades progresistas en varios países. Puede citarse a Sergei Einsinstein, Jomo Kenyata, Nehru, Emma Goldman, Albert Einstein, Pablo Neruda, Euogene O’Neill, James Joyce y Ernest Hemingway. Compartió con Albert Einstein su anhelo por la paz mundial. 

Desde la izquierda, Henry Wallace, vicepresidente en la Administración
de Franklin Delano Roosevelt y candidato del Partido Progresista,
Albert Einstein, Lewis L. Wallace y Paul Robeson, en 1947.

Dirigió las primeras campañas en Estados Unidos para reivindicar los derechos del negro. Pensaba que

… el carácter esencial de una nación no está determinado por las clases altas, sino por el pueblo, y que los pueblos de todas las naciones son hermanos en la gran familia de la Humanidad.

Comenzó a cantar spirituals y otras canciones de la cultura negra norteamericana con su extraordinaria voz grave. Viajó a Europa y en particular a la URSS donde se sintió tratado como ser humano. Dio preferencia a himnos y cantos de carácter social. Participó en la Guerra Civil Española dentro de la Brigada Lincoln. Pensaba que 

 …el artista debe tomar partido. Debe elegir luchar por la libertad o por la esclavitud. Yo he elegido. No tenía otra alternativa.

Intervino en doce películas del cine independiente. Poseía una amplia cultura y hablaba más de 20 idiomas. En 1952 la URSS le concedió el Premio Lenin de la Paz (por entonces llamado Premio Stalin de la Paz)

Sufrió una persecución feroz durante el macartismo. Durante una de las sesiones, al preguntársele porque no se quedaba en la URSS contestó: 

…porque mi padre era un esclavo, y mi gente murió para construir este país, y voy a permanecer aquí y a tener una parte de él, exactamente igual que usted, y ningún fascista importado me sacará de él.

Fue privado del pasaporte y cancelados alrededor de 80 de sus conciertos. En uno de los pocos celebrados lo atacaron grupos racistas sin que la policía lo impidiera. Para la ocasión, Robeson declaró:

Voy a cantar donde quiera que la gente quiera que cante... y no me asustan las cruces que arden.

En 1995, 19 años después de su muerte en 1975, fue seleccionado para el Salón de la Fama del Futbol Americano Universitario.


Abril 5 de 2021 / SINE DIE, Segunda serie #22



[1] Show Boat  de Jeroome Kern y con partitura de xxxxx

[2] Valfa citar  La Calumnia, Mefistófeles, Dottor Dulcamara   Leporello, Principe Igor,  etc.

[3] Robeson, Paul (1898-1976)

 

martes, 6 de abril de 2021

Intermedio ariguanabense

Hoy a media tarde me di un brinquito a San Antonio, a ver a Giraldo y a Aimé, a conversar un momento con ellos sobre la perspectiva de que el llamado Valle del Ariguanabo sea nombrado área protegida. En la reunión del CITMA provincial leí que hablaban de paisaje natural, aunque creo que, más que paisaje, es un hábitat, un espacio natural donde viven e interactúan especies. Todo esto bastante venido a menos por culpa del hombre, con mucha necesidad de recuperación y cuidados. 

 

Como ya dije, tengo mente positiva al respecto. No puedo obviar que uno de los primeros actos de nuestro presidente fue autorizar la Fundación Ariguanabo que nuestro pueblo venía proponiendo desde hacía años.

 

Este intermedio ariguanabense es para hacer un voto porque se apruebe la muy justa petición de que nuestro río y sus bosques adquieran la categoría de espacio natural protegido.




domingo, 4 de abril de 2021

Intercambio entre hijos (y Amigos) del Arigüanabo

3 de abril de 2021

Estimado Silvio, 

Mis deseos de salud para ti y tu familia en esta dura situación de la pandemia. Según tengo conocimiento, tu eres un gran admirador de Cesar Vallejo y en estos días leyendo en internet, encontré un artículo en esta dirección https://jovencuba.com/desmontaje-nep-ecos-cuba/?fbclid=IwAR28EO4JLSm1PpYa_Af7YJHddoqeCjgj0r88Oq2MhlYPJZ2f32Uf-YFMXlk

Que hace referencia a un interesante libro que escribió Vallejo, como resultado de una visita que realizó a la naciente URSS (que no sé si lo has leído), y que acabo de leer.

En este escrito se plantea los siguiente:

Es menester reconocer, sin embargo, que una buena parte de lo que se escribía sobre la URSS en esta etapa, eran consideraciones especulativas. La política de Stalin era cautelosa respecto a los visitantes extranjeros. Quizás por ello fue un hito en la época el libro de César Vallejo: Rusia en 1931: reflexiones al pie del Kremlin (Ediciones Ulises, Madrid, 1931).

La obra fue el resultado de una visita donde Vallejo recorrió –acompañado siempre por un miembro de la KGB, como explica en la introducción– fábricas, koljoses, aldeas y ciudades. Además de ser una crónica que describe la vida diaria de un extranjero en la URSS, era una indagación, en la medida en que ella fue posible, en las expectativas del ciudadano soviético común ante las grandes esperanzas del Plan Quinquenal.

En conversación con Vallejo, los obreros de una fábrica moscovita le cuentan que, tras el cumplimiento del Segundo Plan Quinquenal, el nivel de vida del obrero soviético sería muy superior al del obrero norteamericano. Ante las preguntas del visitante relativas a los pocos automóviles que se movían por Moscú, asignados en todos los casos al Partido y a los órganos estatales, casi se burlan de su ignorancia al no saber que, en apenas siete años, todos los obreros dispondrían de automóviles.

El libro no constituyó una oposición al gobierno soviético, fue evidente que el autor quedó cautivado por aquellas personas que se sacrificaban en pos de un ideal. Tampoco fue una apología. Vallejo critica medidas y actitudes que despertaron su atención.

La espada de Damocles que pesaba sobre el texto era, no obstante, implacable. Los plazos establecidos para lograr el bienestar material y espiritual del pueblo se vencerían en poco tiempo sin demostrar la eficacia de las metas. A pesar de ello, la Constitución soviética de 1936 aseguraría que el socialismo se había afianzado en todas las ramas de la economía nacional y que la correlación de clases había cambiado. Este sería el primer paso de los sucesivos gobiernos soviéticos para proclamar lo que nunca habían alcanzado realmente.

El libro despertó gran interés en Cuba, de lo cual dan fe los siguientes hechos: En el prólogo a Bufa subversiva, Pablo de la Torriente Brau lo menciona entre los textos que no podían faltar en la habitación de Raúl Roa. Otra evidencia es la reseña que le hace Marinello en el número de enero de 1932 de la revista Política.

«Es la obra de un hombre de fe, que sabe observar. ¿Imparcialidad? ¿Es ella posible frente al fenómeno ruso? ¿Quién permanece en quietud de ánimo ante un pueblo que se construye con materiales inéditos y que marcha hacia el mundo con paso encendido? Quien quede frío ante el espectáculo grandioso ¿merece ser escuchado? Hay, sí, la posibilidad –y la obligación– de hacer lo que hace César Vallejo: demostrar una vacilación, un fracaso parcial, una medida inoportuna e insuficiente, un error de gobierno estalinista. Pero quedando a flote la fe revolucionaria».

Un camino progresista para la Isla no pasaba, según la mayor parte de la juventud revolucionaria, por la tangente soviética. La Revolución Socialista de Octubre había sido una, pero dos fueron las estrategias que desde mediados de los años veinte y hasta inicios de los treinta –etapa crucial para el movimiento revolucionario cubano–, habían definido el perfil socialista de ese país.

Las dudas de la intelectualidad cubana respecto al socialismo soviético eran perfectamente comprensibles. Y si aceptamos la definición de duda de Aristóteles como «el resultado de la equivalencia entre dos razonamientos contrarios», entonces entenderemos las de los intelectuales revolucionarios: haber comprendido que el capitalismo, bajo la dominación imperialista, resultaba nefasto para Cuba y, al mismo tiempo, apreciar que el modelo de socialismo estalinista no debía ser la solución de nuestros graves problemas. Concedámosle el reconocimiento a una agudeza política que hubieran deseado para sí generaciones posteriores.

Como pienso que podría ser interesante para ti, poder leer este libro (en caso de no haberlo conocido hasta el momento) te lo adjunto.

Mis saludos para tu familia, un abrazo, Alberto-KIKE

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3 de abril de 2021

Gracias, Kike, por enviarme el libro de Vallejo sobre su visita a la URSS. Creo que alguna vez me tropecé este trabajo pero entonces no pude leerlo. Esta vez, gracias a ti, voy a ser más consecuente, entre otras cosas porque estamos a punto de un Congreso  que va a ser resultado, además de nuestra realidad y de las diversas interpretaciones que  se hacen de ella, también de las experiencias socialistas universales. 

Por lo que cuentas de los diálogos de César con los obreros rusos, veo que había cierta ingenuidad en aquellos hombres y mujeres admirables, y compruebo que algunos de aquellos enfoques no nos han sido ajenos. Espero que a la luz de nuestra compleja y urgente realidad resultemos más realistas y pragmáticos. Creo que “nos va la vida en ello”, parafraseando a Aute.

Antes de despedirme te pido permiso para subir al blog este intercambio, además de hacerle un acceso al libro para que llegue a todo el que lo desee.

Lo mejor para ti, hermano ariguanabense, Amigo del río y Profesor Principal en la Escuela Profesional de Geografía de la Universidad de San Marcos (Primera de América) en Lima, Perú, de la que guardo muy gratos recuerdos.

Gracias de nuevo, cuídate mucho y un fuerte abrazo.

Silvio
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3 de abril de 2021
Silvio, me alegra que te resulte interesante y oportuno el libro de Vallejo y la reflexión que se hace al respecto. Por su puesto que lo puedes subir al blog, es necesarios que todos tengamos la más amplia información, como único modo para actuar con conocimiento de causa, en momentos en que está en juego el presente y futuro de nuestro país.
fuerte abrazo,
Kike
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Para descargar el libro: https://www.textos.info/cesar-vallejo/rusia-en-1931/descargar-pdf

jueves, 1 de abril de 2021

Hablando del Partido II

Antes apunté que el Partido Comunista de Cuba (PCC) se fundó desde el poder revolucionario, que enfrentó desde 1959 una espiral de violencia impuesta por sus descontentos; una guerra civil que radicalizó el proceso y polarizó a la sociedad toda.

Esas tensiones sobrevivieron a la descomunal insurgencia interna apoyada por EEUU, derrotada en 1965 cuando el Partido se constituyó, pocas semanas después de que 42 mil marines desembarcaran en Santo Domingo, menos de 500 kilómetros al este de Guantánamo.

Nacido en un contexto marcado por las acciones paramilitares desde el Norte, el bloqueo y el aislamiento internacional, el primer Congreso en 1975 representó, entre otras cosas, la celebración por haber prevalecido, a pesar de todo. Esa sobrevivencia tuvo altos costos, que solo una historia documentada y ecuánime podría restablecer.

Otra gran diferencia del PCC con los demás Partidos comunistas fue su integración. La amarga experiencia del sectarismo en aquella primera organización unitaria, las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) entre 1961-1962, dio paso a la construcción del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) sobre nuevas bases. Aunque sus reglas establecían que la organización aprobaba o rechazaba el ingreso de sus aspirantes a miembros, la norma primordial que la diferenciaba de otros Partidos en el mundo era el mecanismo para el ingreso, basado en un debate público sobre cada aspirante y el aval de “la masa”, como se decía entonces.

El primer paso para ingresar, tanto al PURS como luego al PCC, era una asamblea donde el colectivo proponía y votaba a los trabajadores ejemplares. Vale apuntar que la ejemplaridad implicaba mucho más que apoyar a la Revolución. Además de defender su política, había que trabajar muy bien y sin limitarse al horario laboral; integrar la milicia, la reserva de las Fuerzas Armadas, o alguna modalidad de la defensa por centros de trabajo o barrio; participar en las movilizaciones, especialmente el trabajo agrícola, durante fines de semana o meses.

También exigía estar “superándose” constantemente; término surgido en una época inaugurada por la campaña de Alfabetización (1961), que implicaba asistir a cursos de enseñanza general, calificación laboral, idiomas, o cualquier otra actividad dirigida a adquirir conocimientos. Además, el ejemplar debía mantener relaciones fraternales con sus compañeros, incluidos quienes desempeñaban las tareas más humildes, lo que conllevaba no solo buen trato, sino solidaridad, cooperación y apoyo, tanto dentro como fuera del centro de trabajo.

Sin importar la jerarquía del propuesto, todos podían expresarle sus críticas en torno a los elementos apuntados anteriormente, así como acerca de su conducta moral y cívica, en la misma asamblea de ejemplares o dirigiéndose al Partido en privado. La asamblea de ejemplares también evaluaba cuán crítico sobre los problemas del centro de trabajo y del país era el propuesto; y cuán capaz de identificar sus propios defectos. Finalmente, la asamblea votaba si era digno o no de ser evaluado por el Partido para integrar sus filas, es decir, si era realmente ejemplar.

A partir de ese punto, el aspirante a militante debía someter a evaluación del Partido una detallada biografía, con los lugares donde había residido, las escuelas a las que había asistido, sus empleos e inicio de actividades sociales y políticas, con el fin de facilitar una indagación anónima sobre cada momento de su vida anterior y actual, con vecinos, compañeros de clase y de trabajo, personas que lo acompañaron en momentos cruciales de la Revolución. En la jerga de la época, esta biografía se conocía como el “cuéntametuvida”.  

Para hacerse una idea de aquel examen de conciencia y su significado íntimo —ajeno a una cultura totalitaria— léase Las iniciales de la tierra (1987), de Jesús Díaz, escrita en su primera versión a raíz de la zafra de 1970. La estructura de esta novela, originalmente titulada Biografía de un militante, corresponde exactamente con el «cuéntametuvida» que llenaban los aspirantes al Partido.

El autor, que había ingresado en agosto de 1969 a sus filas, y con quien compartí afanes intelectuales y literarios en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana entre 1970 y 1972, transmite en sus páginas, con alta fidelidad artística, el significado humano y los sentimientos asociados al ingreso en aquel Partido Comunista.

Según un clásico de la ciencia política como Maurice Duverger, existen Partidos de masas y Partidos de cuadros. Esta clasificación básica no los distingue por el número de sus miembros, sino por su estructura y funciones. Por ejemplo, los estadounidenses —demócratas y republicanos— surgidos como corrientes electorales dentro de la élite política, y basados en financiamiento, manejo de recursos y aparato movilizativo, se clasifican como “Partidos de cuadros”. Los Partidos socialistas europeos estarían entre los de masas, considerando su sostén, representación y base social de trabajadores.

Atendiendo a la concepción bolchevique como organización de revolucionarios profesionales, Duverger ponía a los comunistas en una variante particular de la categoría de cuadros. Sin embargo, una vez en el poder, el propio Lenin había propuesto incorporar gente de “abajo”, tanto a sus filas como a su Comité Central, donde sus voces se pudieran escuchar.

Aunque las organizaciones políticas cubanas que le hicieron la guerra a la dictadura no se identificaban como leninistas (salvo el Partido Socialista Popular), su estructura de combate insurreccional no sería la misma que demandaba mantener el nuevo orden instaurado por la Revolución, y dotarlo, no solo de cuadros, sino de una base social más amplia y representativa.

Desde sus orígenes, y con el paso del tiempo, el Partido Comunista de Cuba (PCC) suministró cuadros al nuevo Estado. Sin espacio para comentar aquí lo que significaba entonces un cuadro, solo anoto que para el Che Guevara, quien le dedicó mucho tiempo a por qué y cómo formarlos, no se trataba precisamente de un burócrata o un aparatchik. El Che caracterizaba al cuadro, en 1962, como “un creador, un dirigente de alta estatura, un técnico de buen nivel político, […] un individuo que ha alcanzado el suficiente desarrollo político como para poder interpretar las grandes directivas emanadas del poder central, hacerlas suyas y transmitirlas, capaz de percibir los “deseos y motivaciones más íntimas” del pueblo; “dispuesto siempre a afrontar cualquier debate, […] con capacidad de análisis propio, lo que le permite tomar las decisiones necesarias y practicar la iniciativa creadora de modo que no choque con la disciplina”.   

Como parte de la institucionalización del sistema político, que ya el Che avizoraba como imprescindible para el socialismo cubano, el Partido perfilaría entre 1975-1976 su estructura orgánica, en un modo muy parecido al actual. Esa estructura, que empieza donde terminan los núcleos y Comités del Partido, integrados por militantes de fila, y sube desde los municipios hasta el aparato auxiliar del Comité Central, está compuesta por cuadros profesionales, y formada por departamentos paralelos a las áreas del Estado y el gobierno: industria y construcción, turismo, transporte y servicios, agricultura y alimentación, educación, deportes y ciencia, relaciones internacionales, cultura; así como algunos específicos de la actividad partidaria como organización y política de cuadros, ideológico, propaganda, escuelas de cuadros, prensa del PCC, entre otros.

De manera que, cuando un cubano dice “el Partido”, puede estar hablando en particular de alguno de los tres cuerpos, diferentes entre sí y, en rigor, también del liderazgo histórico: la militancia de fila, en primer lugar, la estructura organizativa y el aparato auxiliar, en segundo; y en tercero, el Comité Central y el Buró político.

Como es obvio, derivar la composición, funcionamiento y problemas específicos de cada uno a partir de los Estatutos del PCC, o de una crítica al Artículo 5 de la Constitución, sería como querer descifrar los nudos del sistema político y sus instituciones mediante glosas escolares al texto constitucional.

En un estudio sobre la estructura demográfica de las instituciones de poder en Cuba, publicado hace unos años, me referí a la composición del Partido en sus diferentes niveles, desde el enfoque de la sociología política. En el breve espacio de este artículo me limitaré a comentar algunos problemas en su funcionamiento orgánico.

La máxima dirección del propio Partido ha juzgado críticamente el funcionamiento de la organización. Raúl Castro, que en breve dejará de dirigirla, ha sido quien ha llamado a naturalizar la discrepancia y la diversidad de ideas, no cuando se convoca especialmente, sino como norma; y a desterrar la vieja mentalidad, fundida en dogmas y criterios obsoletos.

Entre las principales deficiencias señaladas se encuentra la superficialidad y el formalismo del trabajo político-ideológico, el uso de métodos que subestiman el nivel cultural de los militantes, las agendas inflexibles bajadas “de arriba” sin tomar en cuenta la diversidad de la sociedad en que viven, la catarata de efemérides y conmemoraciones formales, con discursos retóricos sin contenido real, que solo provocan disgusto y apatía entre sus miembros. Esta estructura padece de poca creatividad y vínculos con la ciudadanía, métodos burocráticos de dirección, y pérdida de autoridad y ejemplaridad, provocadas por actitudes negativas e incluso corruptas.

Se precisa además que los órganos encargados de orientar la comunicación no logran concebir mensajes que reflejen la heterogeneidad de una sociedad donde conviven adultos mayores con jóvenes que conocieron el socialismo en su versión de Período Especial. Al contrario de lo que se repite, esos menores de 40 años no solo tienen un nivel escolar superior, sino que llevan consigo una cultura política heredada mucho más compleja y crítica que la de sus padres y abuelos. En lugar de dialogar con ellos, se les estigmatiza porque no responden a una pedagogía paternalista y tutelar.

Ese diálogo será todavía un buen deseo mientras el Partido y el resto de las instituciones que éste orienta no consigan un ambiente propicio al respeto y la confianza, a debatir, criticar y asegurar un estilo verdaderamente participativo y democrático en la toma de decisiones; a fin de ejercer su papel hacia las organizaciones de la sociedad civil, respetando su funcionamiento democrático y autónomo.

Una meta por alcanzar plenamente sigue siendo el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones no solo para fomentar la ciencia y la economía, sino la actividad ideológica; así como fortalecer el control popular y el enfrentamiento a la impunidad, la violencia familiar y de género, en barrios y comunidades, no solo ni especialmente con la ley y el orden, sino con recursos políticos que vayan a su raíz.

Al PCC le toca desarrollar políticas contra todos los prejuicios —raciales, de género, antirreligiosos, de orientación sexual, etc.— que limitan los derechos de las personas en el desempeño de cargos públicos, políticos, o en organizaciones e instituciones armadas. Le corresponde, también, facilitar la participación activa de intelectuales y artistas en un clima de entendimiento y libertad.

Si el anterior ha sido el examen autocrítico del Partido, la proximidad del VIII Congreso propiciaría una reflexión más profunda sobre su papel en un nuevo socialismo. Para decirlo con las palabras de Raúl Castro, si vamos a tener un solo Partido, debe ser el más democrático, empezando por las propias filas, donde todos tengan el derecho a criticar y nadie esté exento de ser criticado.

Ahora bien, ¿qué significa ser el Partido de la nación cubana? ¿Defender el interés nacional es lo mismo que el de todos los nacidos aquí? Dado que no hay democraticidad ilimitada, ¿cuáles son los límites de la cubana? ¿Cómo determinarlos?

Valdría la pena detenerse aquí, para poder seguir.

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Fuente: https://oncubanews.com/opinion/columnas/con-todas-sus-letras/hablando-del-partido-ii/

Artículo anterior: Hablando del Partido I: https://oncubanews.com/opinion/columnas/con-todas-sus-letras/hablando-del-partido-i/

lunes, 29 de marzo de 2021

Meditaciones

(Fragmentos)


Marco Aurelio*


Libro III


7. Nunca estimes como útil para ti lo que un día te forzará a transgredir el pacto, a renunciar al pudor, a odiar a alguien, a mostrarte receloso, a maldecir, a fingir, a desear algo que precisa paredes y cortinas. Porque la persona que prefiere, ante todo, su propia razón, su divinidad y los ritos del culto debido a la excelencia de ésta, no representa tragedias, no gime, no precisará soledad ni tampoco aglomeraciones de gente. Lo que es más importante: vivirá sin perseguir ni huir [...].


9. Venera la facultad intelectiva. En ella radica todo, para que no se halle jamás en tu guía interior una opinión inconsecuente con la naturaleza y con la disposición del ser racional. Ésta, en efecto, garantiza la ausencia de precipitación, la familiaridad con los hombres y la conformidad con los dioses.


10. Deshecha, pues, todo lo demás y conserva sólo unos pocos preceptos. Y además recuerda que cada uno vive exclusivamente presente, el instante fugaz,. Lo restante o se ha vivido o es incierto; insignificante es, por tanto, la vida de cada uno, e insignificante también el rinconcillo de la tierra donde vive. Pequeña es asimismo la fama póstuma, incluso la más prolongada, y ésta se da a través de una sucesión de hombrecillos que muy pronto morirán, que ni siquiera se conocen a sí mismos, ni tampoco al que murió tiempo ha.


Libro VI


21. Si alguien puede refutarme y probar de modo concluyente que pienso o actúo incorrectamente, de buen grado cambiaré de proceder. Pues persigo la verdad, que no dañó nunca a nadie; en cambio, sí se daña el que persiste en su propio engaño e ignorancia.

 

27. ¡Cuan cruel es no permitir a los hombres que dirijan sus impulsos hacia lo que les parece apropiado y conveniente! Y lo cierto es que, de algún modo, no estás de acuerdo en que hagan eso, siempre que te enfadas por sus fallos. Porque se ven absolutamente arrastrados hacia lo que consideran apropiado para sí. “Pero no es así”. Por consiguiente, alecciónales y demuéstraselo, pero sin enfadarte.

 

30. ¡Cuidado! No te conviertas en un César, no te tiñas siquiera, porque suele ocurrir. mantente, por tanto, sencillo, bueno, puro, respetable, sin arrogancia, amigo de lo justo, piadoso, benévolo, afable, firme en el cumplimiento del deber. Lucha por conservarte tal cual la filosofía ha querido hacerte. Respeta a los dioses, ayuda a salvar a los hombres. Breve es la vida. El único fruto de la vida terrena es una piadosa disposición y actos útiles a la comunidad.


Libro XII


29. La salvación de la vida consiste en ver enteramente qué es cada cosa por sí misma, cuál es su materia y cuál es su causa. En practicar la justicia con toda el alma y en decir la verdad. ¿Qué queda entonces sino disfrutar de la vida, trabando una buena acción con otra, hasta el punto de no dejar entre ellas el mínimo intervalo?

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https://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/marco_aurelio.htm

viernes, 26 de marzo de 2021

Piñeiro y la socialdemocracia

Por Aurelio Alonso

Conocí al Cmdte. Manuel Piñeiro en 1965, cuando Fidel era visita nocturna habitual en la Universidad de La Habana, y casi siempre le acompañaba. Algunas veces acudí a él en busca de orientación en temas que sabía de su dominio y siempre hallé la mejor disposición. Se creó desde entonces una relación basada en el respeto y la admiración que me merecía, la cual me mantuvo cercano él y a su equipo de trabajo sobre todo a partir de los setenta, tras la creación del Dpto. de América del Comité Central del PCC.

No son pocas las anécdotas que me vienen a la memoria, marcadas por su singular inteligencia, por la originalidad de su discurso, por sus reacciones siempre balanceadas, ajenas a atrincheramientos dogmáticos, su capacidad para escuchar y entender criterios de otros, y por la confianza que depositaba en sus compañeros. De espontánea sencillez, ajeno a cualquier signo de vanidad, no fijaba distancias artificiales ni era amigo de ceremonias. Además, siempre me pareció apreciar en Piñeiro una sintonía profunda con el pensamiento y el obrar de Fidel, que no percibía con la misma claridad en otros dirigentes (cuyo respeto y lealtad de ningún modo pongo en duda).

Por citar algo muy personal entre los momentos que ahora refrescan mis recuerdos, corría el verano de 1984 y llegaba yo de vacación a La Habana después de haber asumido tareas diplomáticas en Francia seis meses atrás. Le llamé y me citó para el día siguiente en su oficina en el CC. Ya había comenzado a atender algunos intereses de su Departamento, que mi embajador, conocedor de nuestras relaciones, me dio “carta blanca” para manejar. En aquella conversación recorrimos lo referente a la atención de figuras de izquierda latinoamericanas que residían en París, algunas de ellas perseguidas por los gobiernos de sus países de procedencia. Las relaciones diplomáticas de Cuba en la América Latina y el Caribe se limitaban todavía a nueve o diez Estados, aunque estaban en franco crecimiento a medida que  las dictaduras militares cedían a las presiones sociales.

Piñeiro me preguntó si había conocido al chileno Anselmo Sule. Era dirigente del Partido Socialista de Chile y, en aquel tiempo, vice-presidente de la Internacional Socialista. La única figura latinoamericana que había llegado a tan alto cargo en esa organización internacional, quien residía exiliado en Francia, perseguido por la dictadura de Pinochet. Mi respuesta era negativa, e imaginé que él quería que yo procurara ese contacto. Pero era al revés: llamó a Vidalina y le pidió comunicarle telefónicamente con el chileno en París. Conversaron amigablemente, bromeando entre ellos. Sule le recordó, reaccionando a una sugerencia tal vez demasiado radical del cubano, que no olvidara que él era un socialdemócrata, a lo que Piñeiro respondió sin vacilar:  “¡Y yo también soy socialdemócrata!”. Y ante la aparente sorpresa de su interlocutor, le recordó que el partido de Marx fue el Socialdemócrata Alemán, y que el de Lenin, también era Socialdemócrata Ruso. Rieron después y Piñeiro dejo ajustado mi contacto con él a mi regreso a París. En efecto, Sule me recibió enseguida, y tuvimos varios encuentros durante mi misión diplomática. Más interesantes para mí que los que sostenía con algunos dirigentes socialistas franceses que se interesaban en el escenario político latinoamericano.

Cuando terminó mi misión en Francia a finales de 1988 el Ministerio me propuso integrarme como profesor al ISRI, ya que me motivaba la idea de retornar al quehacer académico, del cual procedía. No lo hice porque en el primer encuentro que tuve con Piñeiro –totalmente incidental--  me preguntó qué iba a hacer ahora que estaba de vuelta, y le conté en detalle. Me dijo simplemente que si mi interés era volver a la vida académica él me quería en el Centro de Estudios sobre América. “Explícale a Pepe Viera” (entonces vice-ministro primero del Minrex) –me dijo– “que le estás muy agradecido, pero que vas a trabajar conmigo”. Y así sucedió, por supuesto. Entre Viera y yo había surgido una amistad que se ha mantenido.     

El prestigio político que alcanzó Piñeiro fue tal que, incluso después de su retiro del cargo que ostentaba en el CC, era una fuente obligada de consulta, tanto para los que pertenecían al sector de las relaciones exteriores, cualquiera que fuera el organismo en que trabajaran, como de figuras políticas latinoamericanas, que no desperdiciaban ocasión de visitarle en su casa  cuando viajaban a Cuba. Una tarde en que íbamos a encontrarnos me crucé en la sala de su casa con Luis Ignazio (Lula) da Silva, que salía de una larga conversación con él. Tras presentarnos, con adjetivos generosos para mí,  le preguntó a Lula si ya me conocía, y confieso que tuve que controlarme para no echarme a reír. Piñeiro no dudaba en enaltecer a quienes valoraba.

No querría dar punto final a estas líneas sin recordar que en 1996 una oportuna  intervención suya fue decisiva para destrabar el estancamiento que se produjo en la discusión de las críticas a los centros de estudios del PCC, y en especial al CEA. Aquella actuación de Piñeiro revela, a mi juicio, su inigualable capacidad para poner en juego las virtudes que reclaman las situaciones difíciles.

Variaciones sobre un viejo tema

A la memoria de Eduardo Castañeda


¿Dónde se es feliz que no haya un río

arrastrando piedras y señales?

¿Dónde hay un retrato que lleve puesta

la figura de toda la vida?

 

¿Dónde el suicidio queda inutilizado?

¿Dónde se ahogan todas las encrucijadas?

¿Dónde termina una canción inquisitoria?

¿Dónde hay amigos de los cuerpos, finalmente?

 

Venga el futuro,

venga la muerte en optimismo

para aquellos que yo sé que, como yo,

nacieron para navegar.

 

¿Qué cosa decir y hacernos buenos

cuando terminemos de soñarnos?

¿Con qué ortografía se escribe

la canción que abre las siete puertas?

 

¿Con cuál disparo correremos jardines,

llenos de humilde sensación de maravilla?

¿Con cuántas lámparas de aceite alumbraremos

el nacimiento de ese gran desconocido?

 

Venga el futuro

como el gran descubrimiento

de la ciudad que guarda sueños y habitantes.

 

Tendremos niños en los ojos

y, al percibir la vida,

tendremos sangre en las uñas.

Pues ¿cómo ser feliz

sin dejar una huella?


(1969)

 

miércoles, 24 de marzo de 2021

Mi hermano imprescindible

A un año de su partida

Por Ernesto Padrón

 

Mi hermano y yo tuvimos una hermosa niñez, porque nos tocaron unos padres amorosos e inteligentes, y con una paciencia a prueba de balas (se imaginarán porqué). Vivimos esa época primero en el central azucarero Carolina, y luego en la ciudad de Cárdenas. Esa mezcla de ambientes y personas, junto a la influencia de la familia y los amigos, indudablemente marcó nuestra manera de percibir la realidad y desarrolló nuestra imaginación.

La relación de nosotros como hermanos fue a veces tensa y siempre intensa. Tensa por la diferencia de temperamentos, e intensa por un cariño y una admiración recíproca, y por compartir los mismos gustos y sueños. Pasábamos horas de juego en juego con los amigos, pero también haciendo dibujos compartidos sobre una cartulina. Y digo “sobre” porque lo hacíamos en el piso, acostados encima de ella; y cada uno dibujaba la mitad de una escena planeada de antemano. Por lo regular indios contra vaqueros; soldados norteamericanos contra los nazis, o guerreros galácticos contra invasores extraterrestres. El problema era escoger qué bando y qué espacio le tocaba a cada uno. Pero si aparecía una disputa, por lo regular se resolvía con el “cara o escudo” de una moneda. Pasarse sin permiso, de la línea que delimitaba el espacio de cada bando, podía ser causa de broncas territoriales. Y a mi hermanito le encantaba provocarlas, con trazos inocentes, al descuído, de una bala o una flecha, hasta una simple nube, que él dibujaba en mi parte de la cartulina mientras yo no estaba mirando.

Mi hermano era extrovertido, burlón, fanático de las bromas, bravucón, aventurero, lector empedernido, y amante de las historietas, el cine y los dibujos animados. También tenía una memoria envidiable. Y yo, hermanito menor, introvertido y mal genioso, compartía todos sus gustos, pero también era el blanco predilecto para sus constantes bromas. Y era muy creativo al maquinarlas y ponerlas en práctica. No tienen ni idea. Ah, pero eso sí; si alguien se metía conmigo, me pegaba o se burlaba, era un león lo que le caía encima.

El compartir nuestro amor por el dibujo y el cine, nos llevó a realizar películas con una cámara Kodak de 8 milímetros. Junto a nuestro primo Jorge hicimos cortometrajes —los rollos duraban cinco minutos— y largometrajes, empatando dos y tres rollos de película. Recuerdo títulos como Domingo sangriento, El Capitán Rayo, Frente de guerra, Trucos only, y muchos otros. Mi hermano llegó a realizar un animado, cuadro a cuadro, con plumones de tinta permanente, dibujando en los diminutos fotogramas de una  de las películas de 8 milímetros. Muchos años después, viendo los animados de Norman McLaren, nos asombramos al ver que empleó la misma técnica, pero en fotogramas de 35 milímetros. Por desgracia la mayoría de estas películas que hicimos de niños se perdieron tontamente. No contaré cómo para no hacerlos sufrir.

Son muchas las historias que me vienen a la mente, y mucho el cariño acumulado. Creo que nunca dejamos de ser esos niños enchumbados de fantasías y aventuras, y nos acompañó esa infancia compartida en todo lo que hicimos posteriormente. Esa hermandad fue persistente aun en los desacuerdos, y ahí estuvimos uno para el otro para intercambiar ideas, consultarnos, criticar, querernos y vivir la vida con la misma avidez de esos hermosos años de nuestra niñez.   

………..

Mi hermano fue, sin dudas, el mejor humorista de nuestro país. Lo fue además en su obra tanto dirigida a los adultos como a los niños, lo cual es algo excepcional. Y Elpidio Valdés, una de sus más grandiosas creaciones, logró cautivar a ambos públicos, tanto por las ingeniosas ideas y la narrativas de las historias, como por ese humor tan sorpresivo y criollo.

No voy a repetir lo que tantas veces mi hermano contó sobre el origen y desarrollo del personaje. Lo que a mí siempre me fascinó fue ese afán suyo de investigar la historia de nuestras guerras de independencia, con el fin de lograr una fidelidad en los detalles visuales y literales de las historietas y películas de Elpidio. Tanto investigó que devino en un especialista del tema, sobre todo en la información visual de esa época, en cuanto a los uniformes, las armas, los grados, las costumbres y otros muchos detalles del ejército mambí y del ejército español. De ese riguroso estudio surgió El libro del mambí, del cual se prepara una segunda edición ampliada. Ya la verán.

Elpidio Valdés llegó a competir en Cuba, de tú a tú, con los personajes de Disney. Y varias generaciones crecieron arropadas por las increíbles y simpáticas aventuras de este héroe imaginario. Esas historias tenían el toque mágico que sólo mi hermano sabía dar a los diálogos de los personajes. Y son eternamente célebres frases dichas por los mambises o los españoles de sus películas. Seguro alguna le habrá venido a la mente. Ese increíble don de su talento como humorista ha sido irrepetible. 

Es cierto que las películas de Elpidio fueron las que lo hicieron popular. Pero las historietas también son joyas de narración, dibujo y humor. Mi hermano fue igualmente uno de los mejores historietistas de nuestro país. Y no sólo por su más famoso personaje, realizó excelentes obras con otros protagonistas, y escribió guiones para diferentes creadores. Sus trabajos en otros géneros, como el humor negro o costumbrista, son para chuparse los dedos y para realizar muchas investigaciones y ediciones de libros. A mi particularmente me fascinan las páginas de Tapok, historias de la prehistoria, por sólo poner un ejemplo. Si no las han disfrutado se las recomiendo.

Pienso que el mejor regalo para las nuevas generaciones será restaurar sus películas y reditar sus historietas y dibujos. Empezar por restaurar, antes de que el tiempo lo impida, los largometrajes de Elpidio Valdés y Vampiros en La Habana. Y estrenarlas restauradas con todo el bombo y platillo que merecen, como hacen los Estudios de otros países que tienen obras clásicas en su patrimonio. Son pocas las naciones que tienen ese privilegio, y nosotros tenemos la suerte de tener a Juan Padrón. 

………..

Yo recuerdo a mi hermano con un sentimiento de negación que me viene a ratos. Me parece que está para mí como lo estuvo siempre. Sobre todo cuando algo me emociona y pienso enseguida en cómo lo hubiera disfrutado. Y sueño con él a menudo. Y en alguno de esos sueños están también nuestros padres.

Me falta hasta discutir con él, y ponernos bravos, y después llamarnos para reconciliar. Me falta para consultarle mis creaciones y sentir que me admira por ellas. Yo gustaba estar orgulloso-envidioso de sus nuevas genialidades. Y me duele mucho que no pudo terminar sus recientes proyectos, los cuales con tanto entusiasmo compartió conmigo. No tener su jovialidad, sus ocurrencias, y esa mirada suya anticipando una broma, es todavía un enorme vacío. Y es una no pérdida que no quiero perder. 

Debemos conservar su memoria y reproducir su legado. Así lo mantendremos vivo en su obra, y podrá hacernos la broma, una y otra vez, de volver risueño cuando pensamos se había marchado para siempre.  

24 de marzo de 2021

lunes, 22 de marzo de 2021

Sobre el escrito de nuestro querido cantautor Silvio Rodríguez, recibido recientemente través de su notoria "Segunda Cita"

Por Julio Sergio Alcorta Fernández

En primer lugar, pienso que su contenido, en vez de hacernos reflexionar sobre tantos conflictos y dilemas, y algunos juicios que reprochan el funcionamiento actual de nuestro proceso, pareciera que se ha realizado, en el fondo, con cierta animadversión por algo que ha desalentado a nuestro compañero de siempre; y es por eso que al final de su escrito expresa:

·      “No hace mucho votamos una Constitución, que dice que somos un Estado Socialista de derecho; si un oscuro funcionario puede pisotear nuestro derecho ciudadano, estamos muy mal”.

Es por eso que considero que estos no son momentos para dar a luz una serie de criterios, que no porque sean reflejados por Silvio son completamente aceptables; y que SÍ dan pie a que los que no son muy amigos de nuestra Patria, lo adopten con excitación y arrebato febril, tratándose del criterio de un bien renombrado artista cubano que siempre ha sabido respaldar a nuestra Patria y su Gobierno, tan vilipendiados, acosados y criminalmente perseguidos.

Finaliza el compañero Silvio exponiendo: “Seamos mejores, la causa de Cuba lo necesita como nunca”.

Estimo que nuestro Gobierno actual,  ha dado suficientes pruebas de su dedicación con tal de ser mejores al convocar a:

·      “Trabajemos en el sentido de instalar la eficiencia y la cultura del detalle como prácticas de vida que favorezcan despojarnos de la inercia, la indolencia, las trabas, la burocracia, la falta de sensibilidad e inquietud revolucionarias, la chapucería, las demoras en las respuestas y la acción. Venciendo la inercia de los cansados y contagiando de entusiasmo a los comprometidos”.

·      (Discurso clausura Congreso Asoc. Nac. Economistas y Contadores de Cuba (ANEC). 14 de junio de 2019.

Por último, permítaseme incluir una reflexión del cro. Presidente, en el discurso pronunciado en la Clausura del V Periodo Ordinario de Sesiones de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, del 28 de octubre de 2020:

·      “No es una casualidad. Es una causalidad. Hay un componente que está en el ADN cubano, en la mezcla magnífica de etnia e historia de resiliencias contínuas, de la que emerge “esa dulce palabra: cubano”. Pero hay otro factor no menos importante que es la construcción consciente, por más de 60 años, de una obra más grande y fuerte que nosotros mismos, con un liderazgo auténtico, respetado y admirado en el mundo, más respetado y admirado mientras más ha resistido los golpes del adversario sin rendirse. Hablo por supuesto de Fidel, de Raúl de la Generación del Centenario, a la que nos honra seguir, con orgullosa entrega en la causa a la que ellos consagraron sus vidas”.

La Habana, 20 de marzo de 2021. “Año 63 de la Revolución”.