viernes, 15 de noviembre de 2019

Dimensión de Eusebio

Querido Eusebio. La primera vez que nos cruzamos no tuve forma de adivinar tu verdadera dimensión. Como sé que recuerdas, fue en la oficina que Aida tuvo en San Ignacio y Empedrado. Aquella mañana entraste un momento, le susurraste algo y después continuaste con tu paso silencioso y tu camisa de todos los cubanos. Fueron tan tenues tu entrada y tu salida que pude haber soñado tu presencia. Pero enseguida aquella entrañable mujer me contó que habías estado expuesto a “las crueles realidades de nuestras vidas”. Tú no lo supiste, pero desde ese instante estuve contigo. 

Esto debió ocurrir hace apenas medio siglo. No recuerdo si Aida mencionó que eras el nuevo Historiador de la Ciudad. La verdad es que por entonces hablábamos poco de lo que éramos, siempre estábamos en lo que queríamos ser. En una ciudad donde cada jornada era historia vivísima del mundo, podían ser invisibles un estudioso, una funcionaria genial, un trovador.

Después empecé a distinguirte, siempre fugazmente, más allá de terceras y cuartas filas, como si prefirieras los perfiles bajos, como si huyeras de las luces. “Debe ser un vampiro”, pensé una vez que te vi al amparo de las sombras, desplegando tus artes. Pero llegaron los setentas y apareciste aquel equipo de arquitectos al que aporté, casualmente, unas fotos. Entonces comenzaba a perfilarse lo que venías bordando con paciencia de chino, y tuve un atisbo de tu dimensión. Por eso un día, en Camagüey, cuando develabas la placa de Agramonte, te dije bajito: “Hermano, yo creo que Ud. también va para el bronce”.

Nunca olvido aquella semana en que Alfredo nos hizo coincidir y tu explicabas el día que
fundaron Venecia, en una plaza San Marcos que para mi sorpresa se anegaba, cerca de Caffe Florian, con Fina y con Cintio bajo el Puente de los Suspiros, donde hubo aquellas fotos. Luego, en la noche, nos descubríamos merodeando La Fenice, locos y emparentados por el mismo apetito.

Somos tan distintos, querido Eusebio, y a la vez tan iguales, que sobrecoge. Tú estuviste junto a tu madre hasta el fin, y yo vivo con la mía hasta que uno de los dos se vaya. Tú, aún cuando lo amado no siempre te ha correspondido, contra viento y marea has continuado amando. Y lo mejor es que has sabido hacerlo dejando fuera lo banal, maravilla cada vez más extraña.

Hoy, cuando tu obra y tu dimensión se hacen casi inabarcables, te confieso que me veo en ti, querido Hermano; no en tu incomparable estatura, benefactora de la ciudad y del país, sino en el cotidiano afán por extraer del fondo de nosotros lo que nos hace buenos.

Gracias por eso, desde y para siempre.

Silvio, 2 de julio y 2017

martes, 12 de noviembre de 2019

La contrarrevolución de Bolivia

Por Jorge Fuentes*
              
La última vez que vi a Evo Morales fue el 20 de octubre en la tarde. Con el fotógrafo norteamericano Noah Friedman-Rudovsky[1], lo había acompañado durante varias jornadas. El 19 pasamos la noche en un hotel de Villa Tunari, en El Chapare y al otro día, a las 5 de la mañana, nos sentamos a la mesa en una gran nave donde el movimiento campesino había organizado el desayuno, consistente en un gran plato de pescado frito, sopa, arroz y yuca. Había allí unas doscientas personas y a eso de las siete, salimos a pie con el presidente hacia el colegio electoral donde debía ejercer el voto. Fui filmando detrás de él, mientras Noah se adelantaba con otra cámara; Evo se viraba constantemente a hablar con la gente o regresaba sobre sus pasos al oír a alguien conocido que lo llamaba, y eso me permitía tener siempre un buen plano que aproveché, prácticamente, hasta que echó la boleta en la urna. 

Regresamos a Villa Tunari y dejamos al presidente en la alcaldía, para dos horas más tarde reunirnos con él en el avión que nos trasladaría a La Paz. Lo vi muy sereno y contento de cómo habían ido las cosas en aquella zona en la que se inició como líder sindical de los cocaleros y dirigente político. Le comenté a Noah que este era su mundo y tuve que repetirlo, porque el americano no copió la metáfora ni que me estaba refiriendo a un ambiente específico del que la vida como presidente no había podido separarlo. Se notaba cansado el Evo, ocupó como siempre el primer asiento derecho del avión, pero en cuanto despegamos fue a acostarse y me cedió su puesto desde el que había mayor visibilidad, creo que no adivinaba todo lo que iba a pasar a partir de esa misma noche.

Aterrizamos en el aeropuerto de El Alto y nos despedimos con la idea de verlo el próximo día, pero eso ya no fue posible. A las ocho la radio y la televisión dieron el parte del Tribunal Superior Electoral que decía que con un corte del 83% de los votos, la candidatura del MAS, integrada por Evo Morales y Álvaro García Linera, había ganado con el 45.28, seguida de Carlos Mesa del Comité Ciudadano con 38.16, Chi Hyun Chung del Partido Democrático Cristiano con 8.77 y Oscar Ortiz, de Bolivia dice No, con 4.5. 

Tal y como estaban las cosas se esperaba una segunda vuelta, ya que la ley electoral establece que para vencer en la primera es necesario el 51 por ciento o sacando el 40, un 10 por ciento o más sobre el que mayor cantidad de votos obtenga. Pero el presidente confiaba en el voto de su mundo, el movimiento campesino indígena, que en todas las elecciones anteriores le había dado el triunfo. 

Al siguiente día, con todos los votos contados, se dio la noticia de que Evo había superado a Carlos Mesa por más del 10 por ciento. Esta vez lo supe por Noah que entró por un momento a la casa en la que estábamos viviendo y también me dijo que la oposición estaba organizando una manifestación frente al TSE. Me explicó que iba a tratar de llegar a la presidencia y se fue, pero me dejó una cámara y una mini grabadora. Ya estaba entrada la noche y hacía mucho frío, tomé un taxi y me dirigí a la Plaza Murillo, el MAS se había movilizado y tenía tomado el lugar, agitaban banderas, un ciego cantaba cuecas, la gente bailaba. Me dediqué a filmar al ciego que era un excelente cantante y podía ser un elemento importante si hacíamos un documental con el material rodado. Con algún trabajo conseguí otro taxi, porque con motivo de las elecciones había feriado y pocos carros en la calle, quería pasar por el centro a ver como estaban las cosas y al mismo tiempo ir acercándome al TSE que se encontraba cerca. Noté que muchas personas se movían en la misma dirección en que yo iba y al llegar al final del Prado vi la multitud que ocupaba varias cuadras de la avenida. Me situé en el puente que hay arriba de la calle para tener una visión general, pero no podía escuchar lo que gritaban y bajé. Al principio los gritos eran de “fraude” y más tarde, “indio cochino”, “indio asqueroso”, “indio, aprende a bañarte”, “indio de mierda”. Enseguida se me hizo evidente que más que una crisis de institucionalidad por un supuesto error del TSE era una crisis de intolerancia clasista. 

Catorce años les resulta (a los blancos y mestizos racistas y los indios ingenuos) demasiado, se supone que ya es hora de volver a la normalidad (su normalidad). Están cansados de ver cholas en los ministerios y en otros cargos públicos, les molesta ese color tierra de los indígenas en lugares desacostumbrados, que quien los represente en el mundo sea un indio, que ese indio haya cambiado el país como ellos no pudieron y cambiado la realidad de que Bolivia fuera, junto con Haití, el segundo país más pobre de Latinoamérica. Les molesta también ver la juventud de los ministros, ministras, diputados y diputadas, muchos de ellos indígenas. 
Evo podría tener todos los defectos, pero la solución no era Mesa[2] (de quien parece han olvidado toda su historia con y después del Goni)[3]. 
Cuando entrevisté a Evo por primera vez[4], hace 10 años, le pregunté que si las fuerzas revolucionarias habían llegado al poder o al gobierno, si aquello era una revolución o un cambio hacia un gobierno bueno. Por suerte para la memoria, esa entrevista no sólo está, fragmentada, en el documental que hice, se publicó completa en la revista Casa de las Américas[5]. Temía que no hubiera calado en grandes mayorías el compromiso moral e ideológico necesario para cambiar radicalmente las cosas. Estoy seguro de que ningún otro presidente le ha dedicado tantas horas de trabajo activo al cargo (comenzando todos los días a las cinco de la mañana), cambiando todo el estilo de la burocracia palaciega. Tampoco nadie en su cargo ha visitado tantas veces los departamentos y los municipios. Pero han creado una leyenda negra con todos sus defectos, reales e inventados por la propaganda reaccionaria. 

Hay una extraordinaria confusión a la hora de separar lo esencial de lo secundario y la oposición (desde Mesa hasta ¨el chino¨ Chi[6] y ahora Camacho[7]) se dedica a dar por ciertas las leyendas y las exageraciones. Mucha gente educada en la democracia burguesa necesita de la alternancia que es truco viejo para justificar más de lo mismo. Lo que está en crisis es la democracia representativa que debe ceder ante la participación popular, en una institucionalidad donde todos los seres humanos sean iguales, lo cual es inaceptable para muchos en Bolivia donde el racismo es un hecho estructural.

Los burgueses y los miembros de la alta clase media (en algunos casos también indígenas) quieren hacer creer que cualquier gobierno electo los representará a todos, presentan como de todos al estado y al gobierno. Caer en esa trampa es de una ingenuidad inadmisible. Un gobierno de Carlos Mesa o de Fernando Camacho será reaccionario y racista como lo fueron los anteriores al de Evo durante muchos años, defenderá los intereses que le corresponde como cualquier otro gobierno burgués, intereses que conocemos bien.

Al regresar me he mantenido informado, se ha desatado el golpe de estado que tenían preparado mucho antes de las elecciones. Se puede hacer trampas, pero no una trampa de casi 700,000 votos, ganar en 6 de los 9 departamentos y tener mayoría en la cámara y el senado[8]. Consultemos a expertos en el asunto y nos dirán que esa trampa es demasiada trampa y no puede hacerse. Pero la OEA que desde el principio estaba por la segunda vuelta, declaró en su informe de auditoría: ¨…teniendo en cuenta las proyecciones estadísticas resulta positivo que el candidato Morales haya quedado en primer lugar y el candidato Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana en segundo. Sin embargo, resulta improbable estadísticamente que Morales haya obtenido el 10% de diferencia para evitar una segunda vuelta¨. De cualquier modo, en la OEA no se podía confiar, el propio Evo les había pedido que las conclusiones fueran técnicas y no políticas lo cual era un imposible. 

La posición de nuevas elecciones sin Evo y Lineras, la del golpe, desconoce la auditoría de la OEA. Cuando se promovió una auditoría vinculante, los racistas y los ingenuos, pedían segunda vuelta, eso se fue transformando con los paros, las manifestaciones, las golpizas y humillaciones a los más humildes y en las últimas horas con los motines de policías. 

La contrarrevolución está de fiesta, tanto que se le ha dado poca importancia al documento de la OEA del que sólo puede inferirse que hay que ir a segunda vuelta. La OEA acepta que Evo ganó la primera vuelta, del mismo modo que lo aceptaron todos los candidatos el día 20. A la OEA le hubiera convenido algo menos brutal que lo que ha sucedido, una maniobra en la que funcionaran las instituciones, decisiones del parlamento, que Evo se hubiera mantenido en su mandato constitucional hasta enero, etc. Pero Camacho y sus tropas fascistas le sacaron el show del guión del golpe.  Los racistas burgueses han encendido el país y pasado por encima de quien han tenido que pasar. Evo pidió que se reunieran todos los partidos que en las elecciones del día veinte obtuvieron los votos para sus parlamentarios y encontrar una solución negociada que terminara con la violencia. Se negaron, porque lo que querían era hacerse del poder que no han podido ganar en las elecciones en más de diez años. 

El gobierno de Evo Morales no sólo dio a los indígenas bolivianos, que son mayoría, la dignidad que merecen; también hizo crecer al país como ningún otro de la región y ese crecimiento se convirtió en desarrollo, que no siempre sucede. El gobierno del MAS hizo justicia a los siempre olvidados y dio bienestar al resto de los sectores, incluidos los burgueses y oligarcas de las regiones agrícolas más favorecidas. 

Bolivia lleva más de diez años, en términos de crecimiento, al frente de América Latina y a pesar de todos los esfuerzos de desestabilización, que no empezaron con estas elecciones, ha gozado de una estabilidad ejemplar. Pero impera en algunos la idea “democrática” (no de un cambio social, una revolución, un empoderamiento de las masas obreras y campesinas) de que no importa cuál sea el gobierno que surja de las elecciones, porque lo importante es que cambien las caras, lo cual es de una irresponsabilidad absoluta. 

El pueblo volvió a elegir al candidato del MAS, Evo Morales, con el peso contundente del voto indígena, esa mayoría campesina que no se ha dejado llevar por cuentos de camino. Quien piense que con Carlos Mesa, con Camacho o cualquier otro reaccionario las cosas estarán mejor (¿para quién?) es un ingenuo o un canalla. 

La contrarrevolución está en las calles de Bolivia imponiéndose, no va a tener piedad y ha puesto al país al borde de una guerra civil. El presidente Evo Morales ha sido depuesto por un golpe de estado que lo obligó a renunciar. Poco a poco, en la medida que avanzaba la violencia, lo iban abandonando ministros, alcaldes, gobernadores y diputados, amenazados con las golpizas, el secuestro y la muerte de sus familiares más queridos, que fue el método de última hora de los fascistas. 

Después de verlo con Álvaro en la televisión, solo e indefenso, la tristeza y la indignación me acompañaron durante todo el día y empecé a preocuparme por la vida de ambos, que sin duda está en peligro. El guión llevaba mucho tiempo hecho y había llegado la oportunidad de quitarse de encima al indio; entonces le dieron el golpe de estado que lleva varios días desarrollándose y que ahora están consolidando con la participación de la policía y la traición del ejército (a la Constitución) que no hizo absolutamente nada por cuidar los bienes, las personas y restablecer el orden. Los jefes del ejército y la policía le sugirieron al presidente que renunciara, rebelando su papel en el golpe. 

Dar una lucha ahora contra los fanáticos y paramilitares fascistas, sería desgastar a las fuerzas revolucionarias que podrían actuar en mejores momentos, perder cuadros muy jóvenes, pero con gran futuro, y hacer responsable al presidente de la sangre que se derrame, que sería mucha. 

Evo Morales hizo esa lectura y tomó una decisión muy valiente. Estuvo en El Chapare, en su mundo, con sus hermanos del movimiento campesino indígena que van a dar la vida por él y por Bolivia si hace falta. La policía tuvo órdenes de aprehenderlo y Camacho, que es quien manda desde un lujoso hotel del exclusivo barrio del sur de La Paz, lo ratificó, en contra de lo que dijo el jefe de la policía, que demostró con su actuación que le rinde cuentas. 

El presidente de México le ofreció asilo al presidente de Bolivia, con una embajada donde todavía se encuentran muchos de sus colaboradores cercanos. Evo, primer presidente indígena de la historia de América del Sur, tuvo que huir de un país que convirtió en paradigma de Latinoamérica. Pero este no es el final. No sabemos cuándo, pero el pueblo boliviano volverá a tener la palabra y el poder. 

La Habana, 11 de noviembre


[1] Fotógrafo-reportero en periódicos y revistas de Latinoamérica, su obra ha sido publicada en diversos órganos de prestigio, entre ellos el New York Times.
[2]Carlos Mesa fue vicepresidente de  Gonzalo Sánchez de Lozada al tener que huir este, por los sucesos de la llamada Guerra del Gas en los que hubo 70 muertos y cientos de heridos, se convirtió en presidente de la República, cargo al que más tarde renunció ante una nueva crisis.
[3] Apodo de Sánchez de Losada                                         
[4] ¨Volveré y seré millones¨, documental, ICAIC 2009.
[5] Casa de las Américas no. 253, 2009
[6] Candidato del Partido Democracia Cristiana que se convirtió, en las elecciones del 20 de octubre, en la tercera fuerza política del país. 
[7] Jefe visible de los cívicos de Santa Cruz y del golpe de estado, ha desatado la violencia fascista y la persecución contra Evo y los militantes de la izquierda, aunque dice que no quiere ser candidato no hay por qué creerle de cualquier modo es quien tiene el poder. Afirma que Evo traerá cubanos para defenderse. Una de sus consignas es que Bolivia no es Cuba ni Venezuela. 
[8]Votantes: 6,400,500-Participación:88.31%-Votos válidos:6,137,671-En blanco:93,507-Nulos:229,337-Evo:2,889,359 (47.08)-Mesa:2,240,920(36.51)-Chi:539,075 (8.78)-Ortiz:260,212 (4.24)-Senadores:
MAS 21-CC 14-PDC 0-Bolivia dice NO 1-Diputados: MAS 67-CC 50-PDC 9-Bolivia dice NO 4.
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*Jorge Fuentes: Cineasta y poeta cubano, profesor de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños.

lunes, 11 de noviembre de 2019

El golpe en Bolivia: cinco lecciones

Por Atilio A. Borón
La tragedia boliviana enseña con elocuencia varias lecciones que nuestros pueblos y las fuerzas sociales y políticas populares deben aprender y grabar en sus conciencias para siempre. Aquí, una breve enumeración, sobre la marcha, y como preludio a un tratamiento más detallado en el futuro.  Primero, que por más que se administre de modo ejemplar la economía como lo hizo el gobierno de Evo, se garantice crecimiento, redistribución, flujo de inversiones y se mejoren todos los indicadores macro y microeconómicos la derecha y el imperialismo jamás van a aceptar a un gobierno que no se ponga al servicio de sus intereses.
Segundo, hay que estudiar los manuales publicados por diversas agencias de EEUU y sus voceros disfrazados de académicos o periodistas para poder percibir a tiempo las señales de la ofensiva. Esos escritos invariablemente resaltan la necesidad de destrozar la reputación del líder popular, lo que en la jerga especializada se llama asesinato del personaje (“character assasination”) calificándolo de ladrón, corrupto, dictador o ignorante. Esta es la tarea confiada a comunicadores sociales, autoproclamados como “periodistas independientes”, que a favor de su control cuasi monopólico de los medios taladran el cerebro de la población con tales difamaciones, acompañadas, en el caso que nos ocupa, por mensajes de odio dirigidos en contra de los pueblos originarios y los pobres en general.
Tercero, cumplido lo anterior llega el turno de la dirigencia política y las elites económicas reclamando “un cambio”, poner fin a “la dictadura” de Evo que, como escribiera hace pocos días el impresentable Vargas Llosa, aquél es un “demagogo que quiere eternizarse en el poder”. Supongo que estará brindando con champagne en Madrid al ver las imágenes de las hordas fascistas saqueando, incendiando, encadenando periodistas a un poste, rapando a una mujer alcalde y pintándola de rojo y destruyendo las actas de la pasada elección para cumplir con el mandato de don Mario y liberar a Bolivia de un maligno demagogo. Menciono su caso porque ha sido y es el inmoral portaestandarte de este ataque vil, de esta felonía sin límites que crucifica liderazgos populares, destruye una democracia e instala el reinado del terror a cargo de bandas de sicarios contratados para escarmentar a un pueblo digno que tuvo la osadía de querer ser libre.
Cuarto: entran en escena las “fuerzas de seguridad”. En este caso estamos hablando de instituciones controladas por numerosas agencias, militares y civiles, del gobierno de Estados Unidos. Estas las entrenan, las arman, hacen ejercicios conjuntos y las educan políticamente. Tuve ocasión de comprobarlo cuando, por invitación de Evo, inauguré un curso sobre “Antiimperialismo” para oficiales superiores de las tres armas. En esa oportunidad quedé azorado por el grado de penetración de las más reaccionarias consignas norteamericanas heredadas de la época de la Guerra Fría y por la indisimulada irritación causada por el hecho que un indígena  fuese presidente de su país. Lo que hicieron esas “fuerzas de seguridad” fue retirarse de escena y dejar el campo libre para la descontrolada actuación de las hordas fascistas -como las que actuaron en Ucrania, en Libia, en Irak, en Siria para derrocar, o tratar de hacerlo en este último caso, a líderes molestos para el imperio- y de ese modo intimidar a la población, a la militancia y a las propias figuras del gobierno. O sea, una nueva figura sociopolítica: golpismo militar “por omisión”, dejando que las bandas reaccionarias, reclutadas y financiadas por la derecha, impongan su ley. Una vez que reina el terror y ante la indefensión del gobierno el desenlace era inevitable.
Quinto, la seguridad y el orden público no debieron haber sido jamás confiadas en Bolivia a instituciones como la policía y el ejército, colonizadas por el imperialismo y sus lacayos de la  derecha autóctona.  Cuándo se lanzó la ofensiva en contra de Evo se optó por una política de apaciguamiento y de no responder a las provocaciones de los fascistas. Esto sirvió para envalentonarlos y acrecentar la apuesta: primero, exigir balotaje; después, fraude y nuevas elecciones; enseguida, elecciones pero sin Evo (como en Brasil, sin Lula); más tarde, renuncia de Evo; finalmente, ante su reluctancia a aceptar el chantaje, sembrar el terror con la complicidad de policías y militares y forzar a Evo a renunciar. De manual, todo de manual. ¿Aprenderemos estas lecciones?
Fuente: http://atilioboron.com.ar/el-golpe-en-bolivia-cinco-lecciones/

sábado, 9 de noviembre de 2019

La libertad de Lula cambia escenario político en Brasil

Por Eric Nepomuceno

Río de Janeiro. Por la mañana, Lula da Silva decidió aceptar la orientación de sus abogados, que presentaron un pedido de libertad inmediata luego de la decisión adoptada el jueves por el Supremo Tribunal Federal.

A las 16:15 de la tarde, el juez encargado de su detención firmó la orden de liberación, luego de 580 días de cárcel. A las 17:42, Lula salió de su celda. Cuando faltaban ocho para las seis, el preso político más conocido del planeta apareció en la entrada de la sede de la Policía Federal en Curitiba, capital del estado de Paraná.
Luciendo un elegante blazer oscuro, camiseta oscura y jeans, surgió más delgado que cuando ingresó a prisión, pero aparentando buena forma física.

Fue recibido por familiares, amigos, correligionarios y su actual novia, la socióloga Rosangela da Silva.

Lo primero que hizo fue dirigirse al grupo que desde su detención, en abril del año pasado, armó un campamento –la vigilia Lula livre–, que a cada mañana gritaba ¡Buen día, presidente Lula, y luego ¡Buenas tardes, presidente Lula!, hasta llegar al ¡Buenas noches, presidente Lula!

Empezó por agradecer a los militantes del campamento: Ustedes no tienen idea de la dimensión de que yo esté aquí hablándoles, dijo. Ustedes eran el alimento de la democracia que yo necesitaba para resistir a la torpeza y a la canallada que una parte podrida del Estado brasileño hizo conmigo y con la democracia.

Luego, llevó la platea a sonoras carcajadas al presentar a Rosangela da Silva: Logré cometer la hazaña de, pese a estar preso, conquistar una novia, y que ella aceptara casarse conmigo cuando yo saliese de aquí.

Mezclando momentos de chiste y risas con otros, de duras críticas al ex juez y actual ministro de Justicia del gobierno ultraderechista, Sergio Moro, al fiscal Deltan Dallagnol y a algunos comisarios de la Policía Federal, Lula parece haber calculado bien el tono de lo que serán sus pronunciamientos ahora que está libre. La parte mentirosa de la Policía Federal, el costado mentiroso y canalla de la Fiscalía Federal, y Moro, ellos no han encarcelado al hombre, intentaron matar una idea, dijo.

Fue un discurso corto (no más de 15 minutos) e improvisado, como es habitual en él. Se espera muy pronto un acto de grandes proporciones que será realizado posiblemente en San Bernardo, municipio vecino a San Pablo, donde está la sede del sindicato de metalúrgicos que él presidió en tiempos de la dictadura y fue la cuna del Partido de los Trabajadores (PT).

La defensa de Lula, a su vez, reiteró que seguirá reivindicando la anulación del juicio que lo condenó sin pruebas, basado solamente en convicciones del entonces juez Moro, pedido ese ahora reforzado por las revelaciones de la publicación digital The Intercept Brasil, del periodista estadunidense Glenn Greenwald.

El material ya revelado puso en claro que mucho más que juez, Moro fue el verdadero coordinador de la acusación, orientando los pasos de los fiscales supuestamente comandados por Dallagnol.

Si la batalla jurídica de los defensores del ex presidente no tiene fecha para terminar, el tiempo de la vuelta de Lula al ruedo político empezó a ser contado ayer.

Antes había dos expectativas sobre qué haría el ex presidente al recobrar la libertad. La primera indicaba que tomaría rumbo al centro, buscando apoyo para intentar un muy remoto frente opositor. La segunda: que comandaría una intensa campaña contra el gobierno de Bolsonaro, concentrando fuego en su programa económico y en las pérdidas de los trabajadores.

La posibilidad de que Lula abriese espacio para una especie de inflexión rumbo al centro fue ampliamente discutida por dirigentes del PT, y descartada por todos, empezando por el ex presidente.

Lula reiteró siempre que una vez en libertad fortalecería la oposición al gobierno ultraderechista y señalaría los daños sociales provocados por las medidas económicas del neoliberalismo fundamentalista del equipo económico de Paulo Guedes, ex funcionario del dictador Augusto Pinochet en Chile.

No busca, sin embargo, un combate directo con Bolsonaro, pues sería necesario bajar a la grosería que caracteriza a la actuación del actual presidente.
La opción adoptada consiste en apuntar cada acto del gobierno y señalar las consecuencias, con destaque para el desempleo y el número de brasileños que volvieron a una situación de pobreza extrema y miseria.

Además, en los actos públicos que ocurrirán a partir de ahora, trazará comparaciones entre el cuadro actual y el que existía en Brasil bajo sus dos mandatos. Hoy, son 12 millones de desempleados, otros 26 millones de sub empleados o con empleos precarios, 13 millones de miserables, es decir, exactamente el inverso de sus tiempos en la presidencia.

Además, podrá rememorar programas sociales como Mi Casa, mi vida, de viviendas populares, o el Ciencias sin Fronteras, de concesión de becas en el exterior, o el de financiación para cursar universidades, que están siendo debilitados por Bolsonaro.

Un Lula en estado puro está de regreso a las calles. Y con eso empezó un vuelco radical en el escenario político de Brasil: Bolsonaro no sufrirá sólo los efectos de los desastres que él y su clan familiar producen a cada día. Ahora, además, se oirá la voz de Lula.

Sábado 9 de noviembre de 2019.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2019/11/09/mundo/022n1mun

martes, 5 de noviembre de 2019

Vida o vida

El peligro de hacer recuentos y enumerar cicatrices, el riesgo de creer que la última desdicha nos gradúa, la imprudencia de vivir aún y pensar que lo hemos visto todo nos puede dejar incompletos, nos puede privar de importantes encuentros, puede simular que frustración es como epílogo.

Respeto los límites de cada mujer, de cada hombre. Cuando alguien no puede más, lo lloro como si se apagara un Universo. Pero después me veo continuando, viendo lo más posible, como si fuera en busca de mi propia medida. Por eso lo que descubro son notas de mí mismo.

Confieso que estoy harto de los imitadores, ilusionistas autorizados que correctamente esperan homenajes. Pero mi peor hartura está en saber que, aunque se puede, no está permitido volar.

Estoy harto de los capacitados que, en vez de ayuda, dan violencia. Estoy harto del pariente aventajado que me acaricia como mascota y no como familia. Estoy harto de los demasiado seguros de sí mismos, por tener algo de tiranos. Y harto, muy harto, de todas las palabras de clausura, a menos que digan:

“En fin, como es obvio estamos explorando intensamente qué hacer, porque seguras hay muy pocas cosas en este mundo. Gracias por confiar en nosotros, por concedernos el honor de servirles. No nos perdonen si ante una catástrofe inminente tenemos que tomar decisiones que, aunque salven a la mayoría, inevitablemente condenarán a otros. Estamos conscientes de que ante la más mínima humanidad perdida no tendremos perdón.

¡Vida o vida! 
¡Venceremos!”