lunes, 10 de diciembre de 2018

Elogio y Gratitud

PALABRAS PARA MANOLO: ELOGIO DE LA COMPLEJIDAD

Queridas amigas, queridos amigos:

Tengo abiertos aquí, en sus pantallas correspondientes, tres documentos: una hoja de vida de Manuel Pérez Paredes, el elogio que escribí para la entrega de su Premio Nacional de Cine en el año 2013, y las palabras de agradecimiento del homenajeado, todo leído aquel día en el vestíbulo del cine Charles Chaplin.

Esos textos me ayudarán ahora a armar el que sigue, cómplice y breve, para compartir junto a ustedes la admiración por la vida y la obra de este creador intenso, profundo y generoso que recibe hoy el más alto reconocimiento de la Universidad de las Artes.

Tomo de entrada el título de aquellas palabras del 2013 para encabezar estas páginas: elogio de la complejidad. Creo que su esencia y propuesta sintetizan, de manera justa y justiciera, la obra cinematográfica de Manolo. Como ven, paso inmediatamente al tratamiento coloquial, cotidiano y auténtico de su nombre para no restarle la presencia necesaria a los valores humanos, de amistad y compañerismo que corren paralelamente a los altísimos logros profesionales de su obra –es decir, de su vida.

Para cumplir con algunos códigos inevitables, habría que decir ahora que Manolo nació en La Habana en 1939 y que su actividad cultural por la que lo homenajeamos hoy comenzó en el año 1956 cuando integró la Sociedad Cultural Cine Club Visión, una de las  canteras  de futuros cineastas del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, que se fundaría tres años después. A ese recién nacido ICAIC, fundado por Alfredo Guevara a través de la primera ley de la Revolución en el ámbito de la cultura –junto a la Casa de las Américas– llegó el joven futuro cineasta y realizó una de sus primeras acciones en el bullente territorio creativo del cine revolucionario: el estudio profesional de la dramaturgia cinematográfica al participar como asistente  de Cesare Zavattini en el trabajo de investigación para escribir el guion de El joven rebelde, largometraje de ficción que dirigiría Julio García Espinosa en 1961.

Esta etapa inicial de formación incluyó, casi de inmediato, en 1960, su trabajo como asistente de dirección de Tomás Gutiérrez Alea en el tercer cuento del primer largometraje de ficción del ICAIC, Historias de la Revolución. Manolo realizó, entre 1961 y 1966, en el camino de su formación como cineasta, cinco documentales: Cinco picosCaimaneraPueblo de estrellas bajasEra Nikel Co. Grandes y chiquitos, antes de dirigir sus primeros cortos de ficción: La esperanzay  El desertor en 1964 y 1968 respectivamente.

Me ha alegrado mucho la justicia justiciera de este alto reconocimiento que hoy recibe Manolo. Sobre todo porque en ese gesto y este acto confluyen las acciones, las aventuras y los riesgos de la fundación y de la historia del cine cubano. Esto es así porque la vida de este cineasta, activista, pensador y analista incansable pasa por esa historia dejando los importantes aportes por los que hoy recibe este reconocimiento que tanto merece.

En 1973 llegaría su primer largometraje de ficción, su opera prima,El hombre de Maisinicú, ese clásico del cine cubano y latinoamericano.  

Observando –y sintiendo–, desde la mirada de hoy, la vigencia y los valores perdurables de El hombre de Maisinicú, podemos (re)confirmar que la obra cinematográfica, el pensamiento y la acción práctica de Manolo Pérez han devenido ejemplos de consecuencia y autenticidad, puestas al servicio de su compromiso a partir de una visión compleja –profunda, seria y arriesgada– de eso que llamamos, para entendernos, la realidad, pero que puede recibir también los nombres de historia con mayúscula o minúscula, transformación de la sociedad, cambios que se presentan como ineludibles, territorios en fin donde se mueve el bicho humano que somos –según el decir de Eduardo Galeano– en la búsqueda de caminos para el desarrollo de la felicidad y la felicidad del desarrollo en todos los campos que resulten necesarios: los de la superviviencia material y los de la ética y la defensa de un modelo de conducta humana en el que prevalezcan la solidaridad sobre el egoísmo, la honestidad sobre la corrupción y el riesgo sobre el acomodamiento y la rutina.

Para subrayar ese elogio de la complejidad quiero citar ahora aquí brevemente esta reflexión de Manolo sobre El hombre de Maisinicú–con la alegría colateral pero íntima de que en ella mencione a uno de los actores más relevantes de nuestro cine y nuestro teatro y ejemplo consecuente, como Manolo, de intelectual comprometido con la verdad y con la justicia:

A Alberto Delgado, interpretado por Sergio Corrieri, no se le ve actuar jamás como revolucionario, siempre es contrarrevolucionario. Y lo es hasta la muerte, ya que no confiesa, ni en ese momento, su verdadera identidad. Me atraía la visión de una persona a quien no se le conoce nunca su verdadera personalidad, no se le ve recibir instrucciones de sus superiores ni expresar conflictos psicológicos en su quehacer, todo el tiempo está simulando (algo que resolvió muy bien Silvio con la letra de la canción-tema), simulando ser un contrarrevolucionario. 

Los formidables resultados artísticos y comunicacionales de este filme, que se mantienen vigentes hasta hoy, respaldan plenamente el camino y el método utilizados por su director para proponernos una visión épica y conmovedora de aquel acontecimiento a partir del ejercicio de la complejidad creadora, radicalmente alejada de los estereotipos tan comunes en obras audiovisuales (y literarias) que tratan de sustentar su validez artística a partir de las “verdades ideológicas” de sus personajes. 

Ya en el terreno –y el elogio– de la complejidad, me es imposible no recordar ahora aquella frase definitiva escrita por Pablo de la Torriente Brau en un artículo memorable: …ni me interesa, ni creo en el “hombre perfecto”. Para eso, para encontrar eso que se llama “el hombre perfecto” basta con ir a ver una película del cine norteamericano.

Este alto reconocimiento que está recibiendo hoy seguramente hace justicia también a las múltiples y azarosas tareas, igualmente importantes, que Manolo ha asumido a lo largo de estas décadas jubilosas o difíciles: siempre complejas. 

Entre ellas podemos subrayar ahora, sobrevolando la memoria colectiva del ICAIC y de la cultura cubana, su vocación de analista agudo, de líder de opinión y de activista fiel y laborioso dentro del panorama cinematográfico (y no sólo cinematográfico) nacional y latinoamericano. Esa vocación solidaria y participativa se expresó entre nosotros en su trabajo como director de uno de los Grupos de Creación del ICAIC, entre 1988 y 1992 y, ya alcanzando ámbitos más abarcadores, en su condición de fundador del Comité de Cineastas de América Latina, constituido en Caracas en 1974 y en su labor inteligente y sostenida en el Consejo Directivo de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, desde su creación en 1986 hasta hoy.

Aunque la obra cinematográfica de Manolo dejó su huella mayor en la realización de filmes de ficción –línea que puede seguirse, creo, con facilidad en la pantalla y en su hoja de vida–, me parece importante destacar también, en esta hora de repasos y valoraciones, los cinco años (1966-1971) durante los cuales este certero contador de historias realizó alrededor de 40 ediciones del Noticiero ICAIC Latinoamericano, creado por Alfredo Guevara y dirigido, casi desde su fundación, por Santiago Álvarez, el más intuitivo y sorprendente de los documentalistas cubanos, cuyo centenario estaremos celebrando durante el ya próximo 2019. El Noticiero se exhibía semanalmente en todas las salas del país (que entonces eran muchas) hasta la amarga fecha de su desaparición en 1990. No es difícil aventurar que su vertiginoso ritmo de trabajo seguramente constituyó otra fuente de aprendizaje creativo para Manolo, además de mantenerlo en contacto con otra de las zonas sensibles para su capacidad de observación y análisis: la realidad cotidiana, el día a día de la gente de a pie, ese devenir de la Historia en sus claves más aparentemente pequeñas, pero ricas en matices y contradicciones –como la vida misma.

La enumeración rápida pero intensa de los caminos transitados por Manolo Pérez dentro del cine y de la cultura de la Isla será siempre incompleta si no se acompaña de una acción imprescindible: valorar el sensible y generoso costado humano del asunto: la vehemencia (otra palabra clave, como sabemos, en Manolo) con que ha emprendido y realizado esas tareas a lo largo de estas décadas. Esa enumeración profunda y diversa incluye, sin dudas,otra labor que él desarrolló paralelamente a lo largo de aquellos años y que en estos que vivimos probablemente advierte sobre esta urgencia mayor: la de contribuir, de manera aún más sistemática y pública, con su inteligencia, su sagacidad y su compromiso, a la decisiva tarea de pensar con cabeza propia los problemas de nuestro tiempo, como solicitaron, en el suyo, Pablo de la Torriente Brau y Raúl Roa, integrantes de aquella vanguardia formidable que aún puede dar mucha luz y mucho aliento, desde la memoria, a los imprescindibles análisis y las audaces acciones que demandan los tiempos que vivimos.

En una carta memorable escrita en La Habana en 1965 el Che incluyó esta frase que no ha perdido su vigencia esencial a pesar del paso del tiempo: “ya hemos hecho mucho, pero algún día  tendremos también que pensar”. A ese llamado de resonancias actuales ha contribuido la obra cinematográfica de Manolo Pérez, auténtica y honesta, comprometida y participante, sin hacer concesiones a las modas pasajeras ni a los ditirambos oportunos. 

Trazando un arco desde su ópera primahasta nuestros días, resulta esclarecedor, diáfano y útil el siguiente comentario del autor sobre el último filme de ficción que ha realizado hasta hoy, Páginas del diario de Mauricio:

… es una experiencia de esos años duros,1988-2000, que tiene que ver con mi generación y con lo que significa para la generación a la cual yo pertenezco el reajuste de cuentas con las ilusiones del proyecto social y el ajuste de cuentas a nivel familiar. No es que esté directamente asociada a mi vida personal, pero sí lo está en la medida en que amigos míos y yo mismo hemos vivido esa crisis más íntima, más existencial, más relacionada con las interrogantes de por qué pasó lo que pasó y qué hacer, cómo tratar de mantenerse consecuente a esta altura de la vida. 

De ahí la trascendencia y la permanencia de la obra cinematográfica de Manolo Pérez entre nosotros –y también, creo, en el futuro. De ahí la admiración que despierta la generosidad de su talento. De ahí este elogio de la complejidad con el que celebramos la obra de un fundador de sueños realizables.  

Víctor Casaus 
-----------------------------------------------------------------------

PALABRAS DE AGRADECIMIENTO DE MANUEL PÉREZ PAREDES AL RECIBIR EL DOCTOR HONORIS CAUSA EN LA UNIVERSIDAD DE LAS ARTES 
Compañero Rector de la Universidad de las Artes, compañeros, compañeras, amigos, amigas:
Agradezco el reconocimiento que recibo de las autoridades de la Universidad de las Artes, también las palabras de mi amigo Víctor y la presencia de los que han venido a acompañarme esta tarde. 
No esperaba alcanzar la condición que hoy se me ha otorgado. Hace poco más de cinco años recibí el Premio Nacional de Cine y con él consideré que alcanzaba la más alta distinción y estímulo a la que podía aspirar como balance de mi trabajo. Pero la vida te da sorpresas, ésta es una. De las que comprometen aún más.
Ojalá la salud, la capacidad intelectual y creativa, más la paciencia, me permitan seguir trabajando unos cuantos años más. Siempre con la ayuda solidaria de amigos y compañeros.
Quiero dejar constancia, dadas las características de la creación cinematográfica, que en un momento como éste recuerdo con mucho afecto a los que, desde sus especialidades creativas y de muy diversas formas, me han ayudado con su colaboración en mi quehacer como cineasta a lo largo de casi medio siglo. Imposible hacer la lista y mencionarlos, no es corta; el tiempo pasa, unos cuantos ya no están y a ellos va mi recuerdo con especial cariño. 
Quisiera ahora, brevemente, expresarles algunas ideas que ocupan parte de mis preocupaciones actuales, las que considero inseparables de este momento en el que se entrelaza el reconocimiento que recibo con mi cotidiana vida laboral y ciudadana. Repetiré párrafos, con algunos ajustes, de mis palabras cuando recibí el Premio Nacional de Cine en el 2013, y los actualizaré con algunos agregados. Son parte de mis angustias de estos tiempos. 
Las tres generaciones de cineastas y creadores audiovisuales que en estos momentos convivimos en el quehacer del cine cubano nos hemos formado humana, política y profesionalmente en circunstancias muy diversas.  De acuerdo a las edades hemos estado presentes o ausentes en etapas, acontecimientos y experiencias cardinales, o nos ha tocado vivirlas a diferentes edades, por tanto no han sido metabolizadas de idéntica forma.  Esto garantiza una pluralidad, bien compleja y polémica, de puntos de vista sobre el cine, la realidad de hoy, la política, la ideología y el futuro al que aspiramos. Cada uno de nosotros tiene metas personales y desafíos artísticos y éticos entrelazados con el grado de compromiso social y político que ha asumido con la Cuba en que vivimos y con este momento en especial”. 
Agrego ahora que esto tiene que ser asumido en toda su riqueza y complejidad para que cineastas y dirigentes de la cultura dialoguemos auténticamente, no formalmente, sobre el momento que enfrentamos como país y su expresión cinematográfica. No idealizo el diálogo, no hay solución mágica frente a los retos que estado y sociedad tienen por delante, pero intercambiar criterios honestamente será un paso indispensable para que una atmósfera de confianza, no exenta de diferencias, se vaya abriendo paso entre nosotros.
Prosigo con lo dicho en el 2013: “Por caminos de replanteos ineludibles transita el país desde hace ya unos cuantos años, luchando para poner orden ante inmensos y complejos problemas objetivos y subjetivos, algunos de los cuales han echado raíces dañinas en nuestras condiciones materiales y espirituales. Subrayo esto último porque ambas condiciones, que son nuestras vidas, tienen que ser atendidas en su compleja interrelación para tocar fondo del momento en que nos encontramos”.  “Nada más delicado y complejo que la conciencia individual y colectiva del ser humano y la síntesis de su experiencia histórica.  Ella es la que certificará, para la historia, el éxito en profundidad de nuestra recuperación económica que tendrá que ser también espiritual porque desde una Revolución estamos hablando”.  Y añado hoy: no podemos fracasar ante los desafíos que nos imponen nuestros enemigos y nuestras incapacidades y deformaciones.
Ahora, también estoy agregando, formo parte de los que creen que por diversas razones y circunstancias fuimos aplazando y no hemos ido hasta el fondo-fondo de los fracasos que el socialismo y el movimiento revolucionario sufrió terminando la década de los ochenta del siglo pasado. Tenemos, los que nos sentimos comprometidos con el proceso que vive Cuba desde 1959, que tratar de hacer lo posible e imposible por desentrañar aún más el por qué sucedió lo que sucedió al socialismo que existió. Ahí hay lecciones-experiencias, en mi criterio, de vital importancia para nuestro presente.
La necesaria psicología de fortaleza sitiada, las urgencias defensivas de diversa índole de la república que también ha sido campamento, nos pasa factura con el paso del tiempo. De ahí que considere que tengamos que releer y aplicarnos el clásico prospecto, válido no solo para los medicamentos, que nos habla de sobredosis, precauciones, contraindicaciones, interacciones y efectos secundarios, en el devenir de la vida política crispada que ha demandado la fortaleza sitiada. 
Concluyo diciendo que rescatar, hasta el tope de lo humanamente posible, la auténtica sinceridad y la solidaridad, ambas bastante lastimadas en este último cuarto de siglo, es para mí una necesidad de primer orden en la lucha por recuperar la calidad de nuestra vida espiritual. Ya sabemos que no es solamente con exhortaciones que se conseguirá, aunque no estén de más. Es misión de la cultura, y dentro de ella sus manifestaciones artísticas, contribuir a esto. Ojalá nuestras obras como cineastas, y nosotros con nuestro proceder, defendiendo el futuro del cine cubano como producción y movimiento artístico, contribuyamos a ello. 
Muchas gracias.
Manuel Pérez Paredes

miércoles, 5 de diciembre de 2018

La muerte del abate Asparagus *

Por Luis Rogelio Nogueras

Vivía en aquel lugar de Çebolla un abbat
que tenía por nombre Asparagus
E dicen que era magro de carnes, alto
e que gustaba de artes e letras
e que tenía por maestro de ellas a un cristiano viejo
E el tal abbat pasaba las sedmanas
non rogando a Dios que le curiás de male

sinon faciendo un romanz e otro en buen castellano
e sospirando por cuanta mugier había
e a todas las mugieres por nombre Blanca Luz
e Blanca Luz era el nombre de todas
E cuentan que escribió un romanz
a cuyo romanz puso "El poeta a la Muerte"
e que decía:

Un sueñol soñaba anoche
soñaba que una mugier
o mundo caduco, breve,
mi coraçon va a querer.
E después de esto soñaba
que en mis braços la mugier
gemía muy dulcemente
de luxuria e de plazer.
luego soñaba ese mesmo
que el demonio Lucifer
a la virgen desnudaba
para a mí me la ofrecer.
E soñé toda la noche
con lafermosa mugier,
que Blanca Luz se llamaba,
por como el sol esplender.
E seguí soñando entonces
que el demonio Lucifer
en el lecho se aposenta
junto a la blanca mugier.
E mudé de la color,
e quise aquello entender.
E dize el diablo bermejo:
-- Blanca Luz es mi mugier
que tiene el vellaco vicio
de a los frailes corromper;
nos fagas mucho cuidado,
que antes del atardecer,

el su nombre verdadero
no tardarás en conocer.**
Asy que concluyó el diablo
de dezir e de facer,
desperté de mi mal sueño
e me encontré a una mugier.
E me fabló de este modo:
-- Reçeby de Lucifer
mandato de conducirte
al infierno a padecer.
-- Dime antes tu nombre cierto
-- así pude responder.
-- Mi nombre cierto es La Muerte.
"Divinal nombre de mujer".

E ansí componiendo malos romanz como este de acá
pasando noches
oyendo missas
yantando poco
el abbat vio parti de malgrado el invierno
E el mar se llenó de barcas
e las sierras e los montes sonrisaron de flores
blancas e rojas e de todos colores
E con el verano non tardó en llegar a Çebolla
una moça fermosa e robusta
de nombre Rosaura, fija de un labriego 
e  alegre.
E otro día mañana Asparagus
era en la limpia font de la ciepdad
cuando vio a la moça
e vio que la moça era como la mugier de su romanz
fermosa como un sol
E al punto de la fija del labriego se prendó el abbat
e púsole de nombre Blanca Luz
E el abbat non yantaba
e componía romanz tras romanz
e non dormía besando el aire e la luz.
E passaron quatro sedmanas de catar a la moça e de sospirar
E la moça supo al fin que ansí estaba prendado de ella el abbat
de cabeça bermeja
E embiole una carta de ruego
e díxole que fuera a la ver el establo en la noche
E quando el abbat llegó mudada la color
la moça era desnuda
e abraçóle sin falla, besóle la boca, e los ojos, e la cara.
E dicen que non era puesto el sol
cuando violos el abbat Vulpus al abbat Asparagus
e a la moça Rosaura
aparejados como cavallo e yegua
sobre una sávana de rançal e muy fina e blanca
E dicen que quanto visto ovo contólo el abbat Vulpus
al obispo Lupus
e dicen que el obispo dixo que la mugier Rosaura
non era cristiana
e que era el diablo
e mandó quemarla viva.
E otro día fue quemada la moça
e dicen que estando en la cruz cató a todas partes
e cuando vio al abbat llorando de los ojos
díxole que en el infierno fallarían un vergel de fuego
para facer el amor
e sacóle la lengua bermeja e movióla con luxuria llamando
al abbat e sus pechos temblaban e sus braços
E dicen que quando esto ovo dicho murió.
E dicen que el abbat fincó los inojos,
sonrisó de la boca e sacó la espada e cortóse las carnes
cerca del coraçón.
E dicen que esto ocurrió en era de 1112 annos.

* Ninguna noticia concreta poseemos acerca de Alfonso Álvarez (o Alvarés) de Oliva, el autor de "La muerte del abate Asparagus", excepto que vivió entre la segunda mitad del siglo XIV y la primera década del siglo siguiente. No se ha excluído la hipótesis (Stricker) de que Álvarez o Alvarés sea el mismo De Álvarez que en 1392, siendo clérigo en Sansueña  (actual Zaragoza) publicó con licencia un largo romance titulado "Las Tarascas". No han faltado críticos (como Ochoa de la Vega y Núñez Pereda) que le atribuyen a nuestro autor el deplorable poema "Panegyricus in Renatum" escrito en latín macarrónico y publicado anónimamente en Sansueña en 1380.

** Este verso, el que sigue y el último del pequeño romance están mal medidos. 

viernes, 30 de noviembre de 2018

Aquel día podíamos ofrendar la vida a la Patria

Por Vilma Espín Guillois


Ya en Santiago, me puse a las órdenes de Frank otra vez y comenzamos a trabajar rápidamente. Yo no tenía mucha idea de lo que iba a ocurrir, sabía de un desembarco, pero más nada. Ya Fidel había dicho: «En el 56 seremos libres o seremos mártires».
En casa teníamos un jeep y una máquina que yo manejaba, y los utilizábamos para ir a hacer las prácticas de tiro, que hacíamos con tres o cuatro balitas, una para cada fusil porque teníamos tres fusiles. Hacíamos las prácticas en una finca cerca de San Luis, y allí mismo escondíamos las armas.
Mientras Frank tuvo el Estado Mayor en mi casa, yo era la que hacía los contactos por teléfono, y lo hacía con el nombre de Alicia.
Hicimos conexiones con varios médicos, enfermeras, organizamos cursos de primeros auxilios para un grupo de muchachas y pedimos casas a diferentes personas. A estos sitios les llamábamos «los botiquines». En cada uno habría un médico, un enfermero o una enfermera y mi grupo de muchachas de las que habían pasado los cursos de primeros auxilios.
A principios de noviembre se les entregaron las armas a los grupos más aguerridos, como el de Pepito Tey. Otros grupos recibieron su armamento pocos días antes de la acción y en algunos casos el día anterior.
El día 23 de noviembre se dio la orden a los jefes de grupo que participarían en la acción, de estudiar y rendir informe del objetivo militar que les correspondía. Tres días más tarde, la dirección del Movimiento decidió que los puntos fundamentales serían: la Policía Nacional y el cuartel Moncada.
***
En la mañana del 29 Frank habló conmigo y me explicó que ya había salido el barco, y eso quería decir que debíamos tener todo listo para la madrugada del 30. Yo tenía que hacer muchas cosas, tenía incluso que dar todas las direcciones de los botiquines a todos los grupos de acción. Bueno, aquello fue un corre corre tremendo, hubo que preparar todas las cosas en el último momento, pero el secreto se guardó rigurosamente todo el tiempo hasta el momento mismo de la acción. A todo el mundo se le había planteado que eso era una prueba, es decir, que se iba a dar una alarma falsa para probar a la gente. Así se hizo, y a las seis de la mañana se le dijo a todo el mundo: «Bueno, esto no es prueba, ya salió el barco y debe llegar hoy».
Era la primera vez que se veía el uniforme verde olivo en las calles, este fue un hecho de gran trascendencia que levantó mucho la moral de los compañeros y del pueblo en general.
A las siete de la mañana del día 30 de noviembre comenzaron las acciones. Pepito Tey, al pasar frente a la casa con sus compañeros en un carro repleto, con las armas en alto y uniforme verde olivo nos vio, hizo el saludo militar y gritó: «¡Viva Cuba Libre!».
El bombardeo al cuartel Moncada era la acción inicial, la que falló al ser hechos prisioneros Léster Rodríguez y Josué País, que eran los encargados de disparar el mortero. Esto creó cierta confusión, no obstante se llevaron a cabo las acciones preparadas. Minutos después de las siete de la mañana, el comando que realizaría la acción del asalto a la ferretería Marcé cumplía exitosamente su misión.
El asalto a la Policía Marítima duró aproximadamente dos horas, la acción fue exitosa, fueron ocupadas 37 armas largas, entre otros avituallamientos, el edificio fue tomado por los jóvenes revolucionarios, pero con la llegada de refuerzos del ejército tuvieron que retirarse.
La acción de la Policía Nacional fue la más difícil y dejó un saldo doloroso para el Movimiento al caer tres valerosos combatientes: Pepito Tey, Tony Alomá y Otto Parellada.
***
Yo creo que Pepito Tey pensó que iba a morir en la acción del 30 de noviembre, y en realidad se arriesgó mucho, quizás porque siendo jefe del grupo sintió que tenía el deber de cubrir con su cuerpo a los demás; se quedó parado allí. Él sabía que era una posición arriesgada, un ataque difícil, y aunque se realizó con éxito, él pensó que no era fácil que saliera con vida de aquello. Incluso se despidió de los compañeros aquella noche; les dijo que lo único que quería era que le pusieran una rosa blanca. A mí me llamó a las siete de la mañana y me dio un recado para Frank, pero era un poco para despedirse de todos porque iba a morir, pero estaba convencido de que la acción era necesaria.
Histéricos estaban los soldados que al otro día cruzaron con una ráfaga de ametralladora todo el frente acristalado de la funeraria cuando velábamos a Pepito. Armando, Yeyé (Haydée Santamaría)  y yo nos cuadramos saludando militarmente cuando salió el carro mortuorio.
Durante todo el día se mantuvieron francotiradores hostigando a las fuerzas de la tiranía, aunque ya no había posibilidades de mantenerse en las calles...
Mientras, se empezó a plantear que estaban rodeando la casa. Salí a la casa que estaba detrás, que era de un médico que conocía, porque yo sabía que esa casa tenía un cielorraso grande, de madera, y quería meter allí las armas que teníamos, los uniformes y las cosas, para no perder nada cuando nos fuéramos. Se lo propuse a Frank y me fui a la casa esa. Claro, al estar fuera me di cuenta de que no estábamos rodeados, pero los compañeros que iban llegando pensaban que los venían siguiendo, con mucha lógica, porque en definitiva, como a las dos horas, así fue, comenzaron a rodearla, pero yo no quería irme sin meter las armas en la casa de al lado.
Entonces llegué allí y le dije a la familia: «Váyanse para la casa de enfrente ahora mismo, porque va a pasar por aquí todo el mundo, y los van a acusar a ustedes después». Y se fueron corriendo todos para la casa del frente, aterrados, hasta en bata de casa. Cuando vuelvo para buscar las armas, se había ido todo el mundo; Frank había dejado dicho con Armando y Haydée que me fuera, había planteado que ya no había objeto de mantenerse en la casa, que se fuera cada uno para su lugar, pero muchísimas cosas se quedaron allí.
Armando y Yeyé me decían: «Frank dio la orden de que te fueras enseguida», y yo inventé que se me había quedado la cartera con la cartera dactilar. Entonces Haydée y yo subimos otra vez a la casa.
El claro amanecer del 30 de noviembre no podrá borrarse jamás de la memoria de los que tuvimos la dicha y la honra de participar en aquellos hechos. Recuerdo vívidamente cada uno de los pensamientos que bullían en mi mente; la preocupación y ansiedad por Fidel y los compañeros que creíamos arribando a nuestras costas, el cuidado por cumplir eficientemente las misiones a mí encomendadas por Frank y, sobre todo, la intensa emoción que nos embargaba, genuina euforia motivada por saber que aquel día podíamos ofrendar la vida a la Patria.
***
Era 1ro. de diciembre, y aún no sabíamos de Fidel, no cesaba la honda preocupación que desde el día antes nos martillaba. La idea de Frank era que, al terminar las acciones principales del 30 de noviembre y regresar sus participantes, nos fuéramos para la Sierra. Había parqueado un camión en el garaje del Estado Mayor y nos había advertido a Yeyé y a mí que lleváramos pantalones largos y zapatos cómodos.
Se había dado la orden de que todo el que se quedara regado tratara al otro día de hacer contacto conmigo en mi casa. Fuimos a casa de Agustín Navarrete, y se habían llevado a toda la familia presa. Fuimos a otros lugares, no encontramos a la gente...
Los días que mediaron desde el desembarco del Granma hasta que supimos de Fidel, fueron angustiosos e inquietantes, circulaban noticias de la muerte de los expedicionarios, incluidos el Jefe de la Revolución.
En los días siguientes, Haydée y yo estuvimos recogiendo las armas que habían quedado en dos o tres casas, hicimos contacto con los compañeros que se hallaban ocultos, se volvieron a integrar los grupos de acción y Frank comenzó inmediatamente a dar orientaciones. Al segundo día, se supo ya que Fidel había desembarcado, aquello nos alentó aún más; se decía que lo habían matado y, aunque pensábamos que no era cierto, siempre quedaba la preocupación de una posibilidad... Fueron días difíciles aquellos... Alrededor del día 20 tuvimos por fin contacto.
Vino un campesino de la zona a avisarnos que Fidel estaba vivo, y esto confirmó nuestra seguridad, porque estábamos seguros de que todas aquellas bolas de que lo habían matado eran mentiras. Al propio tiempo se comunicó que iba a bajar uno de los compañeros. Resultó ser Faustino, quien llegó el día 24 de diciembre...
El encuentro con Faustino fue extraordinario. Salíamos hacia Boniato, cuando vemos por la calle a un hombre flaco que venía subiendo. Y en plena calle lo cargamos en peso y lo llevamos así hasta mi casa. «Creo que estoy muerto», decía. Traía mucha hambre y se le mataron unos pollos de cría que tenía mi mamá. Él comía, comía, mientras decía: «Esto es un hambre orgánica». Entonces nos lo llevamos para una casa de mi familia que había en las afueras. Faustino se sorprendió porque cada vez que pasábamos por las postas registraban a todo el mundo; le tocaban las piernas a Frank y no se daban cuenta de quién era, pasábamos por las postas, nos registraban a todos...


(Testimonio tomado del libro Vilma, una vida extraordinaria).

lunes, 26 de noviembre de 2018

Comentarios preliminares sobre el arte de la profecía*

Por Gilbert Keith Chesterton

El género humano, al que muchos de mis lectores pertenecen, ha jugado desde siempre a juegos de niños y es probable que lo siga haciendo hasta el final, lo que supone un engorro para los pocos individuos maduros que hay. Uno de sus juegos predilectos es el llamado "Deja el mañana a oscuras", o también (por los aldeanos de Shropshire, no me cabe duda) "Chotéate del profeta". Los jugadores escuchan con suma atención y el mayor respeto todo cuanto los hombres con luces tienen que contar sobre lo que va a acontecer en la generación siguiente, esperan entonces a que todos aquéllos fallezcan para enterrarlos con decoro y luego siguen su camino y pasan a otra cosa. Eso es todo. Sin embargo, para un género de gustos sencillos no puede haber nada más divertido. 

Pues la humanidad, niña como es, actúa siempre con porfía y a hurtadillas. Y nunca, desde que el mundo es mundo, ha hecho aquello que los sabios juzgaban inevitable. Se cuenta que lapidaron a los falsos profetas, pero habrían lapidado a los profetas genuinos con deleite mayor y más justificado. Por separado, los hombres pueden parecer más o menos racionales cuando comen, duermen o urden algo. Pero la humanidad en su conjunto es veleidosa, mística, inconstante, encantadora. Los hombres, hombres son; pero el Hombre es una mujer.

Ahora bien, en los albores del siglo xx el juego de "Chotéate del profeta" se complicó más que nunca. Ello era que había entonces tal cantidad de profetas y de profecías, que resultaba difícil mofarse de todas sus ocurrencias. El hombre que había hecho por su cuenta y riesgo algo atrevido y descabellado, quedaba al instante paralizado por la idea atroz de que aquello estuviese ya previsto. Nadie, ni el duque que se encaramaba a un poste ni el deán que se emborrachaba, podía sentirse plenamente satisfecho, pues siempre era posible estar cumpliendo una profecía. En los albores del siglo xx no había forma de saber qué terreno pisaban los listos. Abundaban tanto que un bobo resultaba harto excepcional y, cuando aparecía uno, la multitud lo seguía por las calles, lo enaltecía y le otorgaba algún alto cargo en el Estado. Y todos los listos se dedicaban a presentar informes de lo que iba a pasar en la nueva era, todos ellos muy esclarecedores, todos muy sesudos y desgarrados, todos muy dispares entre sí. Parecía, pues, que el inmemorial juego de la mofa de los antepasados ya no iba a poder jugarse más, porque los antepasados prescindían de la comida, del sueño y del ejercicio de la política, entregados como estaban a meditar noche y día sobre lo que sus descendientes podían hacer. 

Pero los profetas del siglo xx tenían una manera muy suya de ponerse manos a la obra. Lo que hacían era observar esto o lo de más allá, algo que a todas luces ocurría en su tiempo, para luego decir que aquello no pararía de aumentar hasta que se manifestase un fenómeno extraordinario. Y solían añadir que en algún lugar inusitado aquello tan extraordinario ya se había producido, lo que constituía un signo de los tiempos.

Allí estaban, verbigracia, Mr H.G. Wells y otros, según los cuales la ciencia se enseñorearía del futuro, y así como el automóvil era más rápido que la carreta, así habría de aparecer otra maravilla a su vez más rápida que el automóvil; e igual hasta el infinito. De esa suerte resurgió de sus cenizas el doctor Quilp, quien dijo que con su artilugio se podía dar la vuelta al mundo lo bastante rápido para sostener una larga charla con alguien de una aldea del viejo mundo, pronunciando una sola palabra de una frase cada vez que se volviese a pasar por allí. Y se contaba que el experimento había sido ensayado con un veterano oficial apoplético que fue lanzado a rodar por la tierra a velocidad de vértigo, de modo que aquélla quedó ceñida (desde la perspectiva de los habitantes de alguna estrella lejana) por una cinta ininterrumpida de bigotes blancos, tez encarnada y chaqueta a cuadros: más o menos como un anillo de Saturno. 

Estaban también los de la escuela antagónica. Entre ellos, Mr Edward Carpenter, según el cual en muy breve plazo de tiempo retornaríamos a la naturaleza y viviríamos de un modo sencillo y apacible, cual animales. Discípulo de Carpenter era el teólogo James Pickie (del Pocahontas College), quien afirmaba que los hombres mejoraban inmensamente al rumiar o ingerir el alimento de un modo pausado y continuo, a la manera de las vacas. Y contaba que él mismo, con los resultados más alentadores, había puesto a cuatro patas a unos cuantos ciudadanos en un campo cuajado de chuletas. Por si eso fuese poco, a Tolstoi y a los Humanitarios les dio por decir que el mundo se estaba volviendo más misericordioso, y que por eso mismo ya nadie desearía nunca aniquilar a un congénere. Y Mr Mick no sólo se convirtió en vegetariano, sino que a la postre declaró condenado el propio vegetarianismo ("el derramamiento", como explicaba con elegancia, "de la verde sangre de los animales mudos"), y predijo que los hombres, en una era mejor, no vivirían sino de sal. Hasta que apareció aquel panfleto de Oregón (donde se ensayó la cosa) intitulado "¿Por qué ha de sufrir la sal?", con lo cual el asunto se complicó todavía más. 

Por otra parte, los había que predecían que los lazos de parentesco se iban a volver más estrechos e implacables. Entre ellos se contaba Mr Cecil Rhodes, para quien en el futuro no existiría más que el imperio Británico y se abriría un abismo entre los que pertenecen a aquél y los que no, entre los chinos de Hong Kong y los chinos de fuera de Hong Kong, entre los españoles del Peñón de Gibraltar y los españoles que no viven allí, un abismo semejante al que existe entre el hombre y los animales más inferiores. Siguiendo esa línea de pensamiento, su impetuoso amigo el doctor Zoppi ("el Pablo del Anglosajonismo") llegaría aún más lejos, al sostener que, en consonancia con la idea antedicha, el canibalismo debería aplicarse para definir la ingestión de un miembro del imperio, no la de ningún miembro de los pueblos sometidos, quienes, decía, tendrían que ser eliminados con el fin de ahorrarles un inútil sufrimiento. El horror que le producía la idea de comerse a un hombre de la Guyana Británica mostraba hasta qué punto entendían mal su estoicismo quienes lo consideraban un hombre falto de sentimientos. Sea como fuere, pasaba por un trance difícil, pues se contaba que había ensayado el experimento y que, pues vivía en Londres, para sobrevivir no disponía de otro recurso que de organilleros italianos. Y así terminó sus días de un modo atroz, porque no había hecho más que empezar cuando Sir Paul Swiller dictó su gran conferencia en la Royal Society, donde demostraba que los salvajes no sólo hacían muy bien en comerse a sus enemigos, sino que además estaban asistidos de razón, moral e higiénicamente hablando, toda vez que era incuestionable que las virtudes del enemigo pasaban, una vez devoradas, al devorador. El caso es que la idea de que la naturaleza de un organillero italiano anidase y creciese irremediablemente en su interior terminó por sobrepasar el aguante del bondadoso y anciano profesor. 

Figuraba también Mr Benjamín Kidd, que decía que el desarrollo de nuestro género tendría como seña de identidad la guarda del futuro y su conocimiento. En su idea abundó William Borker, autor de ese pasaje que todo colegial sabe de memoria, aquel que dice que los hombres llorarán en el futuro ante las tumbas de sus descendientes y que a los turistas se les mostrará el escenario de la histórica batalla que iba a tener lugar siglos después.

Y también Mr Stead descollaba, el hombre que pensaba que Inglaterra estaría unida a América en el siglo xx; no menos que su joven lugarteniente, Graham Podge, que incluía los Estados de Francia, Alemania y Rusia en la Unión Americana, con el Estado ruso abreviado a Ra. 

Y también estaba Mr Sidney Webb, que decía que en el futuro se asistiría a un continuo aumento del orden y la pulcritud en la vida de la gente, y su pobre amigo Fipps, que enloqueció y se puso a recorrer el país entero armado con un hacha y se dedicaba a partir las ramas de todo árbol que no contaba con el mismo número en cada lado.

Todos estos sabios, haciendo gala de las formas de ingenio más variopintas, profetizaban aquello que no iba a tardar en ocurrir, para lo cual se valían de la misma fórmula, esto es, la de invocar algo que a su entender "se consolidaba", como reza la frase hecha, llevando ese algo tan lejos como se lo consentía su imaginación. Tal, declaraban, era la manera más legítima y sencilla de prever el futuro. Decía el doctor Pellkins en un admirable pasaje: 

"Así como cuando vemos en una pocilga a un marrano más grande que los otros, comprendemos, por una ineluctable ley de lo Inescrutable, que algún día será más grande que un elefante; así como cuando vemos que en un jardín crecen hierbajos y dientes de león cada vez más espigados, comprendemos que irremediablemente, no obstante todos nuestros esfuerzos, aquéllos se elevarán por encima de las chimeneas e impedirán la visión de la casa, así también comprendemos y con humildad reconocemos que cuando en la política humana hay una fuerza capaz, durante el espacio de tiempo que sea, de sobresalir en su actividad, esa fuerza continuará su ascenso hasta llegar al cielo". 

Se supo entonces que los profetas habían puesto a la gente (que mientras tanto seguía con el viejo juego de "Chotéate del profeta") en un aprieto sin precedentes. Parecía francamente difícil hacer algo sin que se cumpliese alguna de sus profecías.

Con todo, en la mirada de los peones, de los labriegos, de los marineros, de los niños y especialmente de las mujeres, había algo extraño que mantenía a los sabios en un estado febril o dubitativo. No podían escudriñar la estática fruición contenida en sus ojos. Todavía se guardaban algo bajo la manga: seguían jugando a "Chotéate del profeta". 

Hasta que los sabios se desbandaron y empezaron a gritar aquí y allá: "¿Qué nos deparará el futuro? ¿Qué será de Londres de aquí a un siglo? ¿Queda algo en lo que no hayamos pensado? ¿Casas vueltas del revés... más higiénicas, acaso? ¿Hombres que caminan con las manos... con pies más flexibles, eso sí? ¿La luna... automóviles... gente sin cabeza...?". Y así siguieron con su deambular y sus interrogantes, hasta que murieron y fueron enterrados con decoro.

Después la gente siguió con lo suyo e hizo lo que le vino en gana. Pero ya no quiero ocultar más la triste verdad. La gente se había burlado de los profetas del siglo xx. En el momento en que el telón de esta historia se abre, ochenta años después de la fecha de hoy, Londres era casi exactamente igual a como es en la actualidad. 

*Introducción a "El Napoleón de Notting Hill"

viernes, 23 de noviembre de 2018

Escrito hace 11 años

Desde que tengo uso de razón me ha parecido que la vida, la que uno ve y cree descifrar, va un poco y a veces no tan poco más allá de lo aparente.

Cuando niño jugaba a imaginar esa otra vida que supuestamente era la verdadera, hasta el punto de pensar que mi universo conocido –las calles de mi pueblo y sus vecinos eran, en realidad, una fantasía que la conspiración de los mayores me ponía ante los ojos.

Salía de mi casa pensando que alguien seguía cada uno de mis pasos con un telescopio y que, un minuto antes de empujar la puerta de mi abuela, mi tío Angelito se quitaba la camisa y los zapatos, se echaba talco en los pies y empezaba a silbar su melodía de bañarse, mientras mi abuela volaba a la cocina a fingir que daba los últimos toques a una champola de guanábana. Cuando yo entraba, la vida parecía compuesta para mis ojos.

Seguro que por hábito, nunca he dejado de imaginarme el mundo. Así lo he dicho aquí y allá, en mis canciones, a veces de forma muy explícita: He preferido hablar de cosas imposibles, / porque de lo posible se sabe demasiado.

Debe ser por eso que me identifico con Víctor Heredia, cuando dice: Hoy, ante el paso del tiempo, me pregunto, debo confesarlo, en forma dolorosa ¿qué ha sido de nosotros? Quiero decir de aquellos que escribimos esperanzados que el mundo cambiaría. Y siempre me respondo lo mismo para no claudicar ni desfallecer: lo seguimos intentando.

Frei Beto acaba de evocar la confesión de amor revolucionario del Che y señala a los que han confundido los medios con el fin. Pero, capaz de perdonar, pide a Guevara redentor que bendiga incluso a quienes quedaron atrapados en el limbo de la fascinación oportunista.

Resulta que yo también soy la Revolución. Me lo creí hace 40 años, puede que un poco desesperadamente, como el pintor al que le quitan la escalera y se queda colgado de la brocha, pero que –oh, sorpresa– en vez de estrellarse construye, a fuerza de deseos, un sustento tan o más sólido que el arrebatado.

domingo, 18 de noviembre de 2018

¿Qué más se puede decir? Que ya no se haya dicho

Por Esteban Morales

Confieso que, después de todos los artículos que he escrito y de los comentarios hechos a lo que muchos amigos economistas escriben, siento que ya no me queda mucho por decir. Por eso, más que continuar haciendo análisis sobre nuestra crítica situación económica, debiéramos tratar de concentrarnos en reclamar qué se hace con lo que escribimos. Ntenemos ni siquiera señales de que lo que escribimos se entiende, se considera útil, o se trata de opiniones a las que no vale la pena prestarles atención.

Sostengo la esperanza de que esta gira del Presidente cubano por importantes países de Asia: Corea del Norte, China, Vietnam y Laos, casi todos países que presentan economías exitosas y que se denominan socialistas, haya dejado en la mente de nuestro Presidente que se trata de experiencias que algunas cosas útiles nos pueden ofrecer, para levantar nuestra desastrosa economía, en la que este año, de nuevo, su PIB solo crecerá un 50% de lo que nos propusimos. Es decir, un 1%.

Por eso me atrevo a sugerir algunas preguntas que pudiéramos hacernos.

¿Cómo los mencionados países han logrado dinamizar sus fuerzas productivas; qué papel desempeña en ello la planificación, las inversiones extranjeras, la pequeña y mediana empresa, la inversión de los nacionales? Sí es que estas últimas existen. ¿Cómo manejan la agricultura, la empresa estatal, la cooperativa? Que entre nosotros es un sector vital.¿Cómo manejan el eufemísticamente llamado por nosotros trabajo por cuenta propia y si a este se le exige, como aquí, tantas restricciones, regulaciones y trámites burocráticos para poder trabajar? Lo cual nos tiene a casi todos dentro de la incertidumbre de si de verdad lo queremos o no en nuestra economía.

Ahora resulta que el trabajador por cuenta propia solo puede contar con una licencia. Acontrato por el Sistema R and B (Habitación y desayuno) no se permite realizarlo, pues en las reuniones con los cuentapropistas se ha dicho que solo pueden dar habitación y que los turistas deben adquirir desayunos en los restoranes y cafeterías habilitados al efecto. Desconociéndose aun cómo será el sistema de inspección. Se exigen licencias sanitarias, el dueño no puede dejar a cargo un empleado, etc. Por lo que, con tal situación, valdría la pena analizar si lo que se ha hecho beneficia al sistema o lo ha complicado. Cuándo no es un secreto para nadie que, si no fuera por esa forma de empleo, tendríamos miles de personas sentadas en los parques. Tiempo ha pasado y esta situación no termina de estabilizarse.

Sería interesante saber si la ayuda técnica que se brinda a otros países recibe salarios que representan una proporción adecuada de lo que se cobra a los que reciben la asistencia técnica y si se prohíbe, al igual que en Cuba, que sus familiares los acompañen, como es el caso de los médicos. Ahora se ha abierto una situación polémica con Brasil, que no parece estar muy bien explicada.

Pienso que tal situación puede resultar una desventaja para Cuba. Porque varios médicos se están quedando en el país del contrato y otros se marchan hacia Estados Unidos. Con la consiguiente pérdida de un esfuerzo de más de 50 años. ¿No sería mejor que Cuba reservara para sí solo un 25 o 30% del dinero que recibe y pagara mejores salarios a nuestros médicos? Pues se trata de un sistema de contratación tan oneroso que no representa un estímulo para el personal médico en el exterior. Poniéndonos en una situación vulnerable ante la posibilidad de que abandonen la misión. Contándose ya por cientos los que lo han hecho.

¿De qué modo esos países visitados, por nuestro Presidente, logran pagar salarios más acordes con las necesidades de consumo de sus trabajadores? Si es que lo hacen, o si, como en Cuba, los precios de los artículos de primera necesidad, principalmente los alimentos, crecen indeteniblemente, alejándose cada vez más del nivel salarial necesario para satisfacer las necesidades de las familias. Situación que parece que nosotros, en Cuba, no hemos abordado aun con la celeridad que se necesita.

¿Por qué esos países visitados están reduciendo la pobreza mientras, entre nosotros, crece peligrosamente¿Los países visitados tienen una estrategia para ofrecer cada vez más empleos remunerativos a la fuerza calificada, o la dejan ir, regalándole el capital humano creado a la emigración, tal y como está ocurriendo en Cuba? Debo decir que no veo qué estamos haciendo con este problema que nos descapitaliza de la fuerza más calificada. Trayendo, incluso, trabajadores de otros países para construir nuestros hoteles.

¿Es la agricultura, en esos países visitados, tan poco eficiente como la nuestra? Teniendo en Cuba un clima estable, sin crudos inviernos, un régimen de lluvias y una naturaleza benigna. Los ciclones y nuestras sequías no son comparables con los inconvenientes y los peligros que enfrenta la agricultura en otras latitudes: tornados, temblores de tierra, volcanes, animales peligrosos, enjambres de langostas que arrasan con las cosechas, etc.

¿Está, en esos países, la empresa estatal socialista tan limitada por un sistema de planificación, que la hace víctima de una burocracia que la ahoga, como a la nuestra? ¿Mantienen como nosotros las confusiones e incongruencias entre propiedad estatal y propiedad social? ¿O ya han encontrado alguna forma de tener una verdadera empresa industrial socialista?

¿Eligen los trabajadores de las empresas a sus dirigentes? O, como en nuestro caso, designan a gentes nombradas a dedo. Que a veces no han tenido contacto con los trabajadores que van a dirigir. Con lo cual afectamos algo tan importante como el sentido de pertenencia y el interés por producir más.

¿Es, en esos países visitados, el monopolio del comercio exterior tan rígido que deviene en limitaciones para la exportación privada, quitándole, además, capacidad para importar y frenando sobremanera el desarrollo de la pequeña y mediana propiedad, como es nuestro caso? ¿Existe en ellos, un mercado al por mayor, que ayude a que la pequeña y mediana propiedad avance, regularizando el comercio en función del crecimiento de la producción? ¿O continúan paralizados en este sentido?

¿Cómo son acopiados los productos de la agricultura, para que no se pierdan, como nos ocurre frecuentemente, para que lleguen al mercado con calidad y precios asequibles a los consumidores?

¿El turismo que practican presenta tantas deficiencias de atención, calidad y mal trato como se da en el nuestroAdemás, congelando recursos en construir nuevos hoteles que no sabemos si llenarán sus capacidades.

¿Cómo esos países visitados han logrado regularizar el transporte de personas? Algo tan determinante en el crecimiento de la productividad del trabajo. Situación que, además, resulta un verdadero sufrimiento para la vida social del cubano común. 

¿Cómo participan la intelectualidad y la ciencia en la crítica, de modo que la dirección política reciba opiniones que sirvan para mejorar el funcionamiento de toda la sociedad y la eficiencia económica del sistema en particular? O continúan como nosotros, que no logramos saber si lo que decimos respecto a la economía se toma o no en consideración.

Es cierto que todos esos países visitados no sufren un bloqueo económico, comercial y financiero brutal, como el que Cuba padece. Pero ese bloqueo se podría hacer menos lesivo si Cuba ayudara más, desde su modelo económico, haciéndolo cada vez más eficiente y productivo. Pues lo contrario, sería esperar porque Estados Unidos aplicase una política humanista que lo hiciera desaparecer, cosa que no se avizora ni a mediano plazo.

Sin dudas, las formas en que cada sociedad soluciona sus problemas depende mucho de su cultura. Estando seguro de que debemos encontrar nuestras propias formas de solución. Pues lo contrario sería que algunos problemas solo lo solucionáramos trayendo chinos, vietnamitas, coreanos y laosianos a convivir en nuestro país. Lo cual es un absurdo.

Aunque nosotros enseñamos a los vietnamitas a producir café y ahora son unos de los más importantes exportadores del mundo. Ellos, a su vez, nos están enseñando a producir arroz. ¿Por qué no pudiéramos repetir esa experiencia en otros aspectos? Incluidos, asuntos de política económica. No, en esto último existe una verdadero “cuello de botella”, porque no estamos dispuestos a aceptar que, algunas de esas experiencias en política económica, debieran ser estudiadas a fondo, sin prejuicios. Y mucho menos aplicar algunas.

Hasta ahora, cómo ya he dicho, huimos del capitalismo, pero lo estamos haciendo de tal modo que, si seguimos como vamos, terminaremos por caer exhaustos en sus brazos. Porque se cae en brazos del capitalismo, también, cuando no acabamos de dar con el modelo propio que nos salve. Políticamente hablando, ¿hasta cuándo será posible esperar?

Yo solo he mencionado algunos asuntos. Estoy seguro de que nuestro Presidente observó muchos más, que lo harán reflexionar sobre nuestra realidad y sobre lo necesario que es adaptar la mentalidad a los nuevos tiempos.

Pero, sobre todo, que de lo que se trata es de que el pueblo no continúe sufriendo nuestras incapacidades, nuestra lentitud en alcanzar un modelo económico que, después de 60 años, nos permita superar las que sin dudas son nuestras limitaciones, incapacidades que pueden devenir en desesperanza para un sector importante de la población, lo cual es un verdadero peligro para la sobrevivencia de nuestro sistema. Porque, frente a la desesperanza, a la gente no le va a preocupar mucho hacia donde vayamos, dado que nada puede ser más importante que la supervivencia.

Noviembre 14 del 2018.