domingo, 13 de junio de 2021

Al Che en el 92 aniversario de su natalicio

Por Tony López R. (*)

En ocasión  de conmemorarse el  próximo 14 de junio, el  aniversario 92 del natalicio del comandante Ernesto Che Guevara, y en homenaje a su vida y obra, los estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, en su proyecto Historia Viva, en coordinación con la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana. Municipio Plaza, entrevistaron al General de División ® Rogelio Acevedo González, uno de los protagonistas de esta historia de valentía y admiración por el guerrillero heroico.

Entrevista realizada el pasado 27 de mayo, por la estudiante Yelissa Agüero Rodríguez miembro del Movimiento de Corresponsales de la Facultad de Derecho, de la Universidad de La Habana.  A continuación, el texto de la entrevista. 


Yelissa Agüero: ¿Cómo fue su incursión en la guerrilla del Che?

Rogelio Acevedo: Yo soy un veterano guerrillero jubilado. Ya cumplí 80 años ahora en abril y durante un grupo de meses estuve en la guerrilla con el Che y con Fidel. 

En el libro “Tan solo con 16” aparecen las vivencias que surgieron desde el Golpe de Estado de Batista el 10 de marzo, cómo se fueron inculcando en mi cabeza y la de mi hermano las ideas para luchar contra aquella férrea dictadura, sanguinaria, brutal, que nos golpeaba; el ataque al Moncada; la lucha de Fidel en la prisión y después su preparación en México y la gran noticia de la llegada a Cuba con el Desembarco del Granma. 

En ese momento queríamos unirnos a Fidel porque en el pueblo, como verás en el libro, cada día era más la presión que existía de la dictadura contra los jóvenes en el bachillerato, pero nadie nos orientaba cómo irnos, cómo hacer, con quién hablar, qué práctico nos llevaría, etc. Y en esas condiciones, pues, sencillamente decidimos irnos para la Sierra Maestra. Salimos de Remedios, a 600 km de la Sierra, sin práctico, guía o alguna información. Precisamente, un día como hoy 27 de mayo. En total fueron 69 días para poder encontrar a los guerrilleros.

Cuando llegamos, después de mucho andar, nos encontramos con una tropa guerrillera, el 3 de agosto de 1957. Esta columna guerrillera, no estaba dirigida por Fidel -nosotros queríamos unirnos a Fidel que era el jefe indiscutible de la Revolución- sino por un desconocido argentino al que le decían el Che. Fidel había hecho en julio otra columna y había ascendido a Comandante al Che después del Uvero dándole el mando de esta columna No.4.

Junto con él estaba Ramiro Valdés y Ciro Redondo, ambos combatientes del Moncada. Nos costó mucho trabajo entrar porque nos decían que éramos muy muchachos; aunque nos pusimos más años de edad, pero descubrieron que realmente éramos unos vejigos. Enrique tenía 14 años y yo 16. Nosotros queríamos estar de todas maneras con Fidel y teníamos en mente que tan pronto nos encontráramos con él


trataríamos de hablarle para pasarnos para su columna. En definitiva, nos encontramos después.

Haciendo un resumen de estos diecisiete meses: con el Che estuvimos once meses, primero cuatro, desde agosto hasta noviembre. Con Fidel luego seis meses, de diciembre hasta mayo del 58 y en mayo volví otra vez con el Che. Ya Enrique estaba con él.  

La primera etapa fue muy difícil y al final el Che nos disparó para la escuadra llamada de los Descamisados. Ahí estaba la gente que no servía, los que lloraban porque tenían hambre o porque les tiraban los aviones. Dos veces deploraron aquella escuadra y nos quedamos nosotros. Luego el Che empezó a ver en nosotros a dos pichones de revolucionarios que podían ser útiles, sabía que no teníamos familiares ni amigos o alguien que conociéramos en aquellas montañas o en aquella columna. 

Con Fidel sí fui un mejor soldado. En tres meses uno se acostumbra a las montañas aquellas; empecé a caminar mejor, a sentirme mejor. Y en esas condiciones un día sin proponérmelo Fidel me hizo teniente y con el grado de teniente empecé en la columna No.1. Me enteré que el Che había formado otra columna después de haber estado herido en un pie. Lo fui a ver para saludarlo porque realmente sentía mucha admiración por él, y me preguntó que dónde estaba, qué hacía. Me dijo: ¿quieres estar con nosotros? Le dije que era teniente y que tenía un arma automática, y me respondió: te aseguro las dos cosas. 

Así empecé a formar parte de la gente que, una vez terminada la ofensiva del ejército de Batista en la Sierra Maestra, formaron parte de la invasión y así vine en la invasión como un teniente más de la retaguardia del Che. 

Yelissa Agüero: ¿Qué cualidades admiraba del Che?

Rogelio Acevedo: En primer lugar, no siendo cubano, luchaba como el mejor en aquella guerrilla nuestra y lo veía como algo similar a lo que hizo el generalísimo Máximo Gómez en nuestra Patria. A mí me causó admiración que una persona que no hubiera nacido en Cuba estuviera jugándose el pellejo y pasando las dificultades que existían; como conocen, él era asmático y, sin embargo, tenía una voluntad de hierro. 

Era además un hombre muy valiente, yo diría que temerario. Temerario es aquel que hace lo que tiene que hacer sin pensar en el miedo, o sobreponiéndose al miedo; miedo siempre tiene uno. El Che siempre estaba en la primera línea, en la etapa del desembarco como soldado, después fue el primero que capturó un fusil. Siempre dispuesto a la misión más riesgosa. Yo recuerdo ver como actuaba ante la aviación, ante los morteros, ante una emboscada. 

En Santa Clara un 31 de diciembre, el último día de la guerra, el Che montado en un tanque fue a preguntarme cuándo se caía la Audiencia. Ya habíamos tomado la cárcel. Me dio pena porque llevábamos tres días haciendo de todo y recuerdo que me dijo: No te preocupes que esta gente no tiene escapatoria, no tomes las cosas muy a pecho y sigue combatiendo como están que esta gente dura poco. Al otro día se rindió el ejército y se fue Batista de Cuba.

Admiraba a los combatientes por su valor personal, por encima de su nivel, si era universitario o no. Está el caso de Silverio Blanco, del que hablo en el libro y que fue soldado mío, después teniente de la columna No.8 y al morir en Cabaiguán, una semana antes de terminar la guerra, el Che lo hizo Capitán siendo analfabeto; pero era este un hombre de valor temerario como Julio de la Iglesia, José Ramón Silva. Alrededor de quince hombres eran temerarios así, otros eran valientes en un momento determinado o valientes obligados porque tenían que demostrar el valor a pesar de tener bastante miedo. 

Admiraba la justicia con que distribuía todo. El Che no comía mejor que nosotros. Pero además había justicia a la hora de repartir las botas, los abrigos, las cosas que llegaban, las armas; el que se ganaba un arma peleando era suya. Tu veías gente muy barbuda y peluda con una escopetica y veías a otros casi sin pelo, pero con un garand y decías: Este es un tipo valiente porque se ganó ese fusil arrancándoselo al enemigo.

De esa manera era con los grados. Había que sudar tinta para ganarse el grado de teniente o de Capitán con el Che. Era muy exigente y poco dado a recibir elogios. A cualquiera le decía guataca, aunque lo quisiera realmente. Tú hacías una cosa bien y para él era normal. Creía que las cosas había que hacerlas bien. Y cuando las hacías mal, los pescozones que te daba y los señalamientos críticos eran tremendos.

Muy inteligente y audaz, sin haber pasado una escuela militar, salvo la que pasó en México con el General Bayo. En los casos de la invasión indicaba hacer cosas como pasar una línea o pensar en cómo un barco iba a dar al centro de las Villas; o en Santa Clara, después de tomado Caibarién y Remedios nunca pensé atacar Santa Clara que tenía cerca de tres mil soldados y nosotros éramos cuando más quinientos y sin embargo decidió atacarla porque el enemigo estaba en su momento más crítico.

Tenía un gran corazón, a pesar de ser un tipo duro. Su atención a los campesinos curándolos, sacando muelas, campesinos que tal vez nunca habían visto un médico. El trato a los guardias enfermos o heridos en combate a los cuales curaba también. Por otro lado, era una persona muy sencilla. Nunca quiso que lo llamaran Ernesto Guevara de la Serna o Comandante. La mayoría de las veces decíamos el Che o argentino. 

Así es como lo conocí en la guerra. 

Yelissa Agüero: ¿Cómo fue su relación después de terminada la guerra?

Rogelio Acevedo: Después de terminada la guerra, entre el 59 y el 64, nos tocó vivir un grupo de momentos importantes. En la Cabaña estuvimos juntos varios meses. En el libro relato las relaciones con él allí, yo como Capitán, Jefe de un batallón de la Cabaña y las actividades que realizábamos. Después se formaron las fuerzas tácticas y fuimos a dar a las Villas, al centro del país. Aunque él estaba ya en el Banco, iba a visitarme de vez en cuando. 

Por último, recibí la instrucción suya de ser el Jefe de las fuerzas que irían a construir la Ciudad Escolar del Caney, hoy Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos. Allí nos visitó en seis meses, dos o tres veces por mes, incluso hizo trabajo voluntario con nosotros un 11 de noviembre. Se tiraba en una avioneta y no sé si estaba practicando aviación o quería vernos, pero se tiraba en un terraplén con Eliseo de la Campa de piloto.

Después un día me planteó la tarea de que fuera Director Nacional de Milicias. Había sido trazada por Fidel la idea de crear las milicias el 22 de octubre del año 59. Yo le dije que no tenía capacidad para aquello pero me dijo que él me ayudaba. Y me convenció. Salí de Oriente a trabajar en toda la formación de las milicias y pude participar junto a Raúl y Fidel quien me daba instrucciones directas mientras el Che me daba seguimiento. Me citaba a las dos o tres de la mañana en el Banco Nacional y allí me chequeaba; había que prepararse bien porque los señalamientos críticos eran duros. 

Algo curioso que me demostró su sencillez, era como los billetes que hizo como Presidente del Banco no los firmó como Ernesto Guevara de la Serna sino como Che; sus escritos igual los firmaba como Che. Luego de las Milicias pasé al Ejercito Occidental y me llamaba de vez en cuando. Yo fui a su casa a visitarlo varias veces. En realidad, le tenía cariño y no quería demostrárselo mucho para que no pensara que era un guataca. 

También recuerdo que nos citaba a cualquier hora de la madrugada a algunos combatientes que habíamos luchado junto a él para leernos escritos redactados a propia mano para la Revista Verde Olivo y a los cuales realmente no había nada que agregarle. En ocasiones alguien decía algo. Recuerdo que una vez alguien dijo: Che, hay que poner ahí que fulano corrió en ese combate. Y no respondió nada. Como a los cinco minutos volvió el amigo: Che, no puso que fulano corrió en ese combate, a lo que respondió: Cállate vos que tú también tenés tu historia.

Sin saber un día, me citó al Ministerio de Industrias como a la una de la mañana y me pidió que reuniera a todos los invasores de la columna No. 8 que quedaban vivos, él se encargaría con Sergio del Valle y William Gálvez de reunir a los que quedaban de la columna de Camilo.  En la finca de recreo Las Mercedes en La Habana, nos reunimos el 13 de septiembre del 64. Allí estuvo Raúl, Dorticós, Ramiro, Sergio del Valle y los padres de Camilo. Recorrió así todos los pelotones; de los ciento cuarenta y dos combatientes que salimos quedaban unos cien y de la columna de Camilo –que eran unos 75- quedaban unos cincuenta más o menos. 

Luego de pasar revista a las dos columnas, habló a todos y fue algo muy bonito por ser el quinto aniversario de haber salido de la invasión. Nadie se imaginaba que sería la última vez que veríamos físicamente al Che. Era una despedida. 

El Che a mi juicio era un ejemplo de revolucionario y combatiente a imitar. Hay que estudiar, sin dudas, su pensamiento en sus discursos y escritos. Leyéndolos hoy, a 54 años de su partida física, vemos que tienen una actualidad tremenda. Como dijo Fidel: “las viejas y nuevas generaciones tienen mucho que aprender del pensamiento y el escrito del Che”.

Muchas gracias por esta entrevista. 

Te deseo éxitos en tu carrera.


Fin de la entrevista.  Así mostraba con su modestia de siempre, el General Acevedo, a quien fue su jefe en la guerra y las relaciones que mantuvo con él, después del triunfo de la Revolución. “Con solo 16”  es el titulo de un apasiónate libro de la autoría de Acevedo, que muestra la heroicidad de la juventud cubana y la identidad de ella con su máximo líder Fidel Castro Ruz y con el Che.

La Habana, 12 de junio del 2021.

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(*)  Periodista, politólogo y analista internacional.

viernes, 11 de junio de 2021

El contrapunteo monetario. Opiniones de dos expertos

Una primera reacción ante un asunto de alta complejidad

Julio Carranza

Recién terminé de ver la Mesa Redonda donde se anunció la nueva medida de suspender a partir del próximo 21 de junio los depósitos en dólares norteamericanos en el sistema bancario cubano.
Todavía el tema es confuso, los argumentos fueron incompletos y las interrogantes varias. Dado el nivel de presión del bloqueo cuya ruta en los últimos años ha sido afectar y restringir las operaciones financieras y comerciales de Cuba en el mundo (esto es real y notable) es lógico que se busque disminuir las operaciones del país en usd y “migrar” a otras divisas. Esto por supuesto que genera gran cantidad de dificultades inmediatas  porque hay que pasar a calcular toda la economía en otra moneda y probablemente en varias monedas porque no se habló de una divisa alternativa central. 

Hasta lo que yo escuché, aunque no se explicó todo lo que se debe explicar y algunas cosas que dijeron no son, en mi opinión,  exactamente así, sí lo es el centro del argumento consistente en las dificultades crecientes para usar el dólar a través de la banca internacional por parte de agentes cubanos, ya no solo por la banca nacional y las empresas, incluso por ciudadanos nacionales.

Han sido flexibles en el sentido de que, según dijeron, dejarán salir los dólares del país a las personas que los tengan, que viajen al exterior y así lo decidan y aceptarán su valor como hasta ahora en las tiendas en MLC a través de las famosas tarjetas electrónicas, incluidos los depósitos que se realicen hasta el día 20 de junio. Lo que no van a hacer (y en esto dieron una explicación en mi opinión muy cuestionable) es recuperar los dólares físicos ya depositados por la población, al menos por el momento.

Vendrá un proceso complejo de adaptación de todas las operaciones, las remesas incluidas, a nuevas monedas, seguramente con preeminencia del Euro (fuera de Cuba las diferentes monedas se pueden comprar y vender con relativa facilidad), pero dentro de Cuba la existencia de Euros ahora debe ser muy limitada; se requiere de algún tiempo para que esta situación cambie, razón adicional para el posible incremento del valor del Euro (y otras) en los mercados paralelos.
Por otra parte podría darse una presión contra el valor del dólar en el mercado paralelo debido a su nueva relativa inutilidad en el mercado interno y que el Euro suba por la migración hacia esa moneda, pero eso podría contrarrestarse en el corto plazo (próximos días) debido a que los compradores de dólares querrán obtenerlos ahora para sacarlos del país, donde obviamente si valen, o para atesorarlos como forma de ahorro para el futuro debido, entre otros factores, a la falta de confianza en la moneda nacional. Son dos fuerzas contrapuestas que impactarán el mercado paralelo en los días venideros y habrá que ver cuál es la resultante y evolución. Pero en términos reales esto no detiene ni la inflación corriente ni la devaluación actual del peso cubano, esta se continuará expresando en otras divisas y sobre todo en los precios.

Todavía faltan detalles. Para tener una visión más completa hay que ver la evolución de esto y los movimientos en el mercado paralelo y también la redefinición de las tasas de cambio oficiales, etc.
Para el sector estatal también es una complicación adicional porque cambia una vez más el referente monetario con todas las dificultades contables y operacionales que eso implica.
Una pregunta no respondida es por qué esto no se previó antes: ni las causas ni las consecuencias de está situación son nuevas ni secretas. Un factor positivo es que se aseguró que se trataba de una medida temporal a ser modificada cuando las circunstancias que la motivaron cambien.

De cualquier manera no se puede olvidar que los márgenes de maniobra de la economía cubana son muy limitados, que el bloqueo es férreo y el impacto de la pandemia enorme, pero que precisamente debido a todo esto la reforma económica integral es cada vez más necesaria y urgente; por ella pasan todas las claves para superar la actual situación, aún en el contexto del bloqueo extremo y de las actuales presiones extraeconómicas.

Seguiremos la reflexión; esto es solo una reacción inicial. Sin dudas la situación es muy compleja y la crisis económica profunda, pero siempre hay alternativas.

10 de junio 2021

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Twitter de Pedro Monreal

@pmmonreal

1/7 La suspensión de depósitos de USD en efectivo en las cuentas que respaldan las tarjetas en Moneda Libremente Convertible (MLC) pudiera tener 3 impactos directos: modificación de precios relativos, mayor pérdida de confianza en el peso cubano, y ampliación del mercado informal 

2/7 La medida tiende a aumentar el precio relativo del euro frente al USD y el CUP en el mercado informal. Una devaluación del USD equivale a un incremento de precios de los productos en las tiendas en MLC 

3/7 Para el poseedor de 1 USD con el que ahora pueden comprarse 0,83 Euros (un ejemplo), la devaluación relativa del USD significaría que con 1 USD podría comprar 0,80 Euros, es decir se encarece la adquisición de un mismo producto en MLC, aunque este mantuviese su precio nominal 

4/7 En una economía donde la tasa oficial no es relevante para los individuos, donde la confianza en la moneda local es baja, y donde el mercado en moneda extranjera sigue creciendo, es muy importante la tenencia de divisas como medio de intercambio y de ahorro

5/7 La medida “destrona un rey” (USD) para instaurar otro (muy probablemente el Euro) y si el Estado no se ocupa del cambio entre esas monedas y del cambio entre estas y el CUP, el mercado informal se encargaría de hacerlo. Los USD actuales no van a evaporarse

6/7 Adicionalmente, la medida parecería considerar un escenario de depósitos sustanciales de USD antes del 21 de junio, lo cual pudiera devaluar el CUP aún más en el corto plazo en el mercado informal, pero no queda claro si tal escenario se materializaría

7/7 A más largo plazo, pudieran devaluarse el USD y el CUP frente al Euro. La medida también dificultaría las condiciones para el financiamiento del sector privado nacional, incluyendo la producción agropecuaria, en medio del delicado proceso de recuperación de la crisis actual

9:06 p. m. · 10 jun. 2021

martes, 8 de junio de 2021

Aprender a bailar bajo la lluvia*

Por Víctor Casaus


Esta es una pequeña historia navegando en días prolongados de pandemia y de distanciamientos sociales y físicos. 

 

Ahora en esta tarde habanera y calurosa de junio se me aparece esta frase sabia y útil en forma de rompecabezas aquí en la pantalla de la laptop y en el disco duro de mi cerebro. El objetivo de esta cuartilla es compartirlo con ustedes.

 

Desde hace unos años escribo esas CRÓNICAS DEL DÍA A DÍA para contar, comentar, compartir temas disímiles y comunes. Al principio de estos largos meses de aislamiento que llevamos por acá pensé que una de las formas de llenar el tiempo del supuesto ocio casero podría ser ir escribiendo algunas de esas crónicas.

 

Por una extraña dialéctica, la sobre existencia de tiempo se convirtió poco a poco en la escasez de tiempo. Entre temas domésticos (soy una especie de lobo, muchas veces digital, aullando solo en las noches de la Habana del Este); escrituras para el blog Segunda Cita de mi hermano Silvio Rodríguez; llamadas telefónicas de amigos y amigas a quienes comencé a llamar para poner pausa al silencio del barrio y chats muy frecuentes con la parte diaspórica de la familia (compañera, hija y nietos en Buenos Aires, hijo mayor con esposa y nieto en Salamanca), entre todo eso, el tiempo diario y personal comenzó a escasear, como otras cosas de la vida cotidiana.

 

Esa escasez temporal se mantiene y en ese cronograma del día a día, rutinario e imprevisible a la vez, no he podido hallar los momentos para escribir las crónicas pensadas/casi vividas en estas semanas. Entre sus temas están: homenaje a Roque Dalton, a propósito de la “actividad” que se organizó en Casa de las Américas hace meses; Memoria y pandemia; Aventuras, venturas y desventuras del nasobuco; Idioma y pandemia; Pandemia, oportuna pandemia; Una vez más acerca de la construcción (personal) y alguna otra que debe andar rondando por ahí. 

 

Entonces, como visión mágica y antipandémica, aparece, al azar, esta frase en la pantalla de mi laptop y se iluminan (supongo) un montón de lucecitas en mi cerebro (aislado, pero no vencido).

 

La vida no consiste en esperar a que pase la tormenta, sino en aprender a bailar bajo la lluvia.

 

Eso.

 

Para seguir siguiendo.


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*Crónicas del día a día

domingo, 6 de junio de 2021

En tiempos de pandemia*

Por Juan M. Ferran Oliva

En las actuales circunstancias viene a mi memoria una novela favorita. El Amor en los Tiempos del Cólera es una de las obras cimeras de García Márquez. Narra la devoción amorosa de Florentino Ariza hacia Fermina Daza que lo deja plantado para casarse con un médico famoso. Los hechos se desenvuelven en Cartagena de Indias a fines del siglo XIX e inicios del XX, y en el rio Magdalena con sus más de 1500 km de longitud.  En la época se produjeron 6 mortíferas pandemias de cólera que provocaron unos 10 millones de fallecimientos a lo largo del mundo.

El despechado era bastardo del magnate de la flota del rio. Se había mantenido virgen opacado por su amor patológico. Tras el desdén de su amada, realizó un viaje en  vapor fluvial y al retirarse a dormir, en la oscuridad del pasillo, unos brazos misteriosos lo arrastraron a uno de los camarotes donde fue violado por una ninfómana. Nunca llegó a conocerla pero el estupro despertó sus dormidos instintos. En lo adelante, convertido en un impenitente Don Juan, cató 620 hembras de todo tipo. Además se benefició con la herencia de los negocios paternos.

Uno de los episodios de su intensa vida amorosa terminó en tragedia. En sus rejuegos con la esposa de un carnicero, pintó en su vientre, con creyón de labios, una flecha apuntada hacia el sur y un letrero que decía: esto es mío. La infiel olvidó borrarlo. Al día siguiente, la primera plana del periódico local destacó el asesinato pasional y posterior suicidio de un comerciante en carnes de la localidad.

Pasaron muchos años y Fermina enviudó. Ni corto ni perezoso, en el propio velorio, Juventino le propuso reanudar su relación. Rechazado en principio, finalmente logró que lo acompañara en un viaje a lo largo del Magdalena en el cual llegó a seducirla. En tiempos de pandemia se   colgaba una bandera amarilla en los barcos en cuarentena y no se atracaba en ningún puerto. Florentino, dueño del negocio, ordenó al capitán hacer flamear el fatídico aviso e inició una trasnochada luna de miel con su adorada a lo largo del recorrido que los llevaría en varios días a Cartagena.

Es una historia digna del calificativo de lo real maravilloso acuñado por Carpentier para la narrativa latinoamericana. Lo que ha sido real aunque nada maravilloso son las históricas pandemias de cólera a lo largo del tiempo y del mundo. Aun se manifiesta como epidemia en determinadas zonas carentes de higiene. 

La actual pandemia del Covid-19 es de otra naturaleza y afecta a todos los países en la salud y la economía. El desarrollo científico ha permitido la creación de varias vacunas en poco tiempo. Cuba, en medio de sus dificultades y subdesarrollo, asombra con sus medicamentos y aspira a inmunizar a toda su población durante el año en curso con patentes propias.

Todo nuevo producto pasa por 4 etapas antes de entrar en el dominio público. Hay una tecnología  en su creación a nivel de laboratorio, en pequeña escala. Una vez logrado, debe adaptarse a métodos que posibiliten su producción masiva. Cubierta esta etapa ha de organizarse de manera eficiente. Finalmente queda el aspecto mercantil relacionado con su divulgación, precios, condiciones y otros requisitos que lo hagan vendible.  Esta última etapa quizás no sea relevante en el caso que nos ocupa pues existe conciencia de la imperiosa necesidad de la vacuna en cuestión en la que la etapa de laboratorio se extiende en numerosas pruebas verificadoras de su eficacia. 

Lamentablemente se ha politizado el hecho y los gobiernos enfrentan el dilema de la salud vs la economía. Y no sólo eso. También intervienen aspectos ideológicos. Algunos remedios efectivos son obstaculizados por su procedencia. En la práctica es un boicot que atenta contra la población. Las vacunas rusa y china son el caso.  Pudiera ser también el de las cubanas. El tiempo dirá.

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*SINE DIE 2021, Segunda Serie # 31

jueves, 3 de junio de 2021

Sin Raúl, pienso que hubiera sido casi imposible una transición generacional para asegurar el futuro de la Revolución cubana

Por Félix Sautié Mederos

Cumplir 90 años, en mi opinión personal, es prácticamente una proeza existencial.    

Son pocos los que llegan a esta edad y más aún después de una larga vida de luchas sin descanso, cargada de sin sabores y también de satisfacciones por el cumplimiento del deber en un ejercicio existencial revolucionario sin descanso, lleno de momentos difíciles, pero a la vez en el que se han creado múltiples hechos concretos de utilidad real. Es por eso, ante toda otra consideración, que quiero expresar un comentario de satisfacción ciudadana desde la base de la sociedad cubana contemporánea en donde me ubico desde mi Rincón de Centro Habana, al respecto del cumpleaños 90 del General de Ejército Raúl Castro Ruz, para el pueblo en general, simplemente, Raúl.

Facilita mi propósito, el hecho de estar Raúl en estos momentos en retiro de sus responsabilidades gubernamentales y partidarias, lo que me pone en condiciones más allá de cualquier manifestación de culto a la personalidad oficial. Aunque ciertamente el haber dejado sus cargos oficiales en el Partido y en el Gobierno, en mi opinión no disminuye en nada su condición de líder en vida de la Revolución cubana en continuidad de Fidel que es insustituible. 

Ya son algunos años que cumple con las funciones que ejerció Fidel al frente de Cuba, y se puede decir sin miedo a equivocarse o a exagerar que lo ha hecho con plena capacidad e incluso de manera creativa, demostrando ser un especial administrador del poder gubernamental.

En consecuencia, regocijarnos por su cumpleaños 90, felicitarlo y desearle una larga vida, además de merecerlo en justicia, en mi criterio constituye un sentimiento revolucionario de agradecimiento por la obra de su vida; con especial importancia, además, para la continuación del desenvolvimiento de la Revolución cubana.

Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar con mis respetos para la opinión diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

http://felixsautie.com/articulos.php?217-sin-raul-pienso-que-hubiera-sido-casi-imposible-una-transicion-generacional-para-asegurar-el-futuro-de-la-revolucion-cubana

martes, 1 de junio de 2021

Luvuey

Por René Rodríguez Rivera


Junto a este río estuvimos varios días esperando a que se terminara de reparar el puente, pues las tropas podían ya cruzarlo pero no los vehículos. Una compañía mixta (cubanos y angolanos) avanzó varios kilómetros por la carretera y estableció una línea de defensa. En esos días sufrí una especie de depresión que me mantenía sin deseos de hacer nada. En la guerra uno tiene que estar activo porque la inacción te deprime.

 

Al fin una mañana dieron la orden de formar columna y avanzar. Cruzamos el puente reparado y nos unimos a las tropas que habían avanzado días antes. Al atardecer llegamos a un caserío de portugueses, con su respectiva sensala aledaña, al que entramos sin resistencia enemiga pues ya se habían retirado. Tenía por nombre Luvuey. 

 

Dieron la orden de no tocar nada hasta que los zapadores hicieran su trabajo, por que el enemigo a veces dejaba objetos preparados con minas que llamaban “cazabobos”. Ya en la noche nos ordenaron situar el Puesto Médico en una casa con varias habitaciones. Nos arreglamos como pudimos para pasar la noche y organizarnos mejor en la mañana.

 

Las tropas habían continuado camino por aquella carretera, que ya se nos hacía interminable, hasta otro río con el mismo nombre que el pueblo y con su respectivo puente semidestruído. Nos dedicamos a recorrer el caserío y la aldea. Ya sus habitantes comenzaban a regresar, pues habían escapado al monte al llegar la UNITA. Aquella noche no nos pusimos de acuerdo para la guardia; creo que todos estábamos abúlicos y nos comenzaba a invadir ese síndrome peligroso en que se comienza a perder la percepcion del peligro. Nos acomodamos para dormir y, aunque estuve largo tiempo despierto en mi catre, después lo hice como un bendito.

 

Nos levantamos temprano y a media mañana llegó Armenteros, el joven Político de mi Compañía. Armenteros padecía de un síndrome diarréico para el cual le impusimos tratamiento. Nos contó que habían evacuado al Comandante Colás para Luena y que de ahí lo enviarían a Luanda, porque se encontraba enfermo. Colás padecía de filaria, la cual había adquirido en la guerrilla de Guinea Bissau, años antes. Esta enfermedad se adquiere por un parásito, en aguas estancadas. Nosotros tratábamos siempre de bañarnos en ríos con buena corriente, de ahí que “voláramos muchos turnos”. Armenteros nos dijo que en el río había retraso en la reconstruccion del puente, porque el enemigo disparaba esporádicamente desde la orilla opuesta.

 

Al llegar la siguiente noche todos nos comenzamos a preparar para acostarnos a dormir. Armenteros, cuando observó que no haríamos guardia, nos dijo: “Uds. estan locos, ¿como no van a hacer guardia? La UNITA ha dejado grupos en todos estos montes y tranquilamente los sorprenden durmiendo y los matan a todos”. Le dijimos que en el caserío había un pelotón, pero no lo convencimos y dijo: “Yo permaneceré despierto”. Decidimos hacer la guardia y me tocó, felizmente, la primera.

 

En la mañana se marchó Armenteros, el cual ya se había recuperado. Serían aproximadamente las 2pm. cuando llegó un Oficial en un Jeep y nos trajo una nota del Comandante Valle. La misiva decía, mas o menos, que había varios enfermos y que fuéramos a verlos para decidir si había que evacuar a alguno. Llamamos a Banquete, tomamos una caja con medicamentos y nos montamos en la ambulancia, Robert y yo.

 

El río se encontraba a unos cinco kilómetros; el viaje fue rápido. Nos detuvimos ante el primer emplazamiento que vimos a orilla de la carretera, que eran los BM-21 (lanzacohetes múltiples). Decidimos dejar la ambulancia con su chofer, debajo de unos árboles, y comenzamos a caminar por la carretera hacia el río. Habríamos avanzado unos 100 metros cuando vimos a la derecha una línea de trincheras que llegaba hasta la carretera. Alguien gritó “¡Médico!” y nos dirigimos hacia allí.

 

Saltamos dentro de la trinchera y le preguntamos a uno de los combatientes cubanos que dónde estaba el Comandante Valle. El hombre nos dijo que no sabía y en ese intercambio estábamos cuando se aproximó por la trinchera un Mayor que había sustituído a Colás y, sin presentarse siquiera, nos espetó: “Coño, Uds. vienen exhibiéndose por la carretera, después se van, el enemigo nos localiza y dejan malo esto. Ellos están en la otra orilla y ven todos los movimientos aquí”.

 

Robert hizo un gesto de disgusto e iba a decir algo, pero yo intervine y dije: “Tal vez es cierto lo que Ud. dice, pero aquí nadie está seguro, ni aquí ni allá”. El intercambio se detuvo porque llegaron algunos enfermos. Atendimos a varios compañeros y decidimos trasladar al Puesto Médico a tres enfermos con diarrea y a otro con malaria.

 

Montamos en la ambulancia y Robert le dijo al chofer que él iba a manejar; el chofer montó detrás, con los enfermos, y yo me senté delante. No nos despedimos del Mayor y comenté con Robert: “Se ve que acaba de llegar”.


Iniciamos el viaje de regreso y, cuando nos faltaban unos 500 metros para llegar al caserío, nos cruzamos con un camión que llevaba suministros a las tropas. Los que iban en él nos saludaron. Continuamos hacia el caserío y no habíamos avanzado ni 50 metros cuando sentimos una fuerte explosion. Robert frenó y el chofer, desde atrás, gritó: “¡Sigan, que le dispararon al camión!”.

 

Llegamos al Puesto Médico y nos pusimos en guardia por si nos atacaban allí. Después nos enteramos de lo sucedido: un grupo de la UNITA emboscado le disparó al camión de suministros con un RPG-7. Murieron dos angolanos, un cubano herido que junto a otro escaparon por el bosque y los enemigos se llevaron los suministros, que era lo que les interesaba.


Cuando todo se calmó, me senté con Robert en el portal de la vivienda y este me dijo: “Estaban emboscados y nos vieron pasar; no nos dispararon porque lo que buscaban era suministros”. 


“Sí --le contesté--; hoy no nos tocaba”.

 

A partir de entonces la carretera se puso difícil y todo el que tenía que transitarla iba armado hasta los dientes. Tres días después ordenaron que toda la retaguardia avanzáramos hasta el río, donde se reparaba el puente.

 

Llegamos al aterdecer y en el sitio donde nos ubicaron, bajo una extensa arboleda, observamos preparativos extraños en los que se acomodaban para pasar la noche; algunos estaban subiéndose a gruesos troncos en los árboles. Preguntamos a unos compañeros y nos explicaron que la noche anterior los leones se la pasaron rugiendo hasta el amanecer, en algunas zonas del río. Olirio y el chofer se acostaron dentro de la ambulancia, pero Robert y yo preferimos situar los catres al lado y acostarnos con el AKM al alcance de la mano. 

 

Alrededor de las 9pm. comenzó el “concierto” de rugidos, en direccion al río, más allá de donde estaban las tropas. 

 

Dicen que el rugido de un león puede escucharse a varios kilómetros, pero a nosotros nos parecía que estaban bien cerca. Aquellos rugidos, en su inicio, lo estremecían a uno, pero al final nos fuimos acostumbrando y nos dormimos. (Continuará). R3.

domingo, 30 de mayo de 2021

¿Quienes inflan la inflación?

 Por Liena María Nieves

«Si continúo comprando dólares, ahorita Biden me da la ciudadanía americana». Martes 18 de mayo, en Facebook. El post generó más de 520 reacciones. Comentarios resentidos, sarcásticos, amargos o preocupados; a algunos les divirtió la «ocurrencia», otros hablaron de la boca negra de la inequidad social  —apenas disimulable, como los moretones en un ojo, que se le ocultan al espejo bajo cinco capas de maquillaje pero que, no obstante, continúan doliendo—, y unos pocos, agobiados, dejaron colar su frustración en un espacio donde la empatía es más falaz que Judas.

Veinticuatro horas antes, al amanecer del lunes 17, cientos y cientos de personas habían ocupado varias cuadras de las calles Martí, Villuendas y Juan Bruno Zayas. ¿La misión?,  acceder a Variedades Siboney, el establecimiento más amplio del boulevard santaclareño, reabierto hacía unos pocos días para ¡también! comercializar en MLC. Lo del escaneo previo del carné de identidad —una medida implementada por las fuerzas del orden para intentar acortarles la correa a los revendedores—, le dio cierta seguridad a quienes, simplemente, querían comprar productos para el consumo familiar. Error.

Fue un secreto a gritos que la lista ya había sido organizada, ¡desde el fin de semana!, por la red subterránea de siempre: los omnipresentes de la cabeza de la fila, «padres» de los combos que se proponían en las redes sociales a la media hora de abrir la tienda, y esperanza de los impacientes con bolsillo generoso, dispuestos a abonar 500 pesos por alguno de los primeros 30 números. ¿El control?, solo en teoría y, desafortunadamente, incapaz de trascender más allá de las buenas intenciones .

¿Qué queda entonces para los que no pueden dedicar las noches a aguardar hasta la mañana, en una acera u ocultos tras un poste, con tal de ser el uno en la entrada de la tienda? ¿Qué dejarían las hordas para el cliente 460, que debía comprar el viernes? ¿Y los que dependen únicamente de un salario o una jubilación, y tienen que dividir sus ingresos entre 60, 62, 65, porque nunca se sabe cuál será la tasa informal de cambio? O sea, ¿qué podemos esperar los que no lucramos con la necesidad generalizada?

La apertura de los establecimientos que venden en MLC coincidió con los que, pensábamos, serían los peores meses de la crisis sanitaria y económica, por lo que demonizar el dólar como el causante de una profunda brecha en la capacidad adquisitiva de la población, resultó una suerte de grito de Munch con el que muchos exteriorizaron sus ansiedades. Sin embargo, miles de familias cubanas se han beneficiado durante décadas con el auxilio monetario proporcionado por hijos, padres, hermanos y amigos residentes fuera de la isla, sobre todo, en los Estados Unidos, el país en el que vive más del 90% de los emisores de remesas hacia Cuba, ya sea por vías formales o no. Según los informes anuales del Banco Mundial y de varias consultoras privadas, entre el 2012 y el 2018 el monto en efectivo expedido se mantuvo en un rango ascendente que, al cierre del 2019 —incluyendo mercancías y cash— casi se había triplicado. De hecho, estas ayudas traspasaron el marco de lo estrictamente parental y se constituyeron como la principal fuente de financiamiento de varias de las más de 2000 actividades del trabajo por cuenta propia aprobadas por el Estado cubano. 

Es decir, que el dólar (o su valor al cambio en CUC o CUP) ha campeado entre el Cabo de San Antonio y la Punta de Maisí desde hace mucho tiempo, solo que la economía nacional andaba como mula de seis patas con dos caminos a escoger. Hoy, ya Cuba unificó su moneda, pero entre los gastos e inversiones de toda índole generados por el azote de la pandemia, el cierre casi absoluto de las operaciones turísticas con el mercado foráneo, el colapso productivo, más las restricciones del gobierno de Trump, quien antes de que lo sacaran de la Casa Blanca con un puntapié histórico «amordazó» a la Western Union y dejó en apenas un goteo los vuelos comerciales regulares y chárters —de más de 12 980 operaciones en el 2019 a poco menos de 3000 en 2020—, la liquidez de divisas anda sedienta.

Lo sé, estas no son explicaciones de sobremesa para contentar el ambiente. No todos lo pueden entender, pero es la verdad. Agraviados, muchos hemos accedido a re-re-recomprar las mercancías que únicamente en una de esas tiendas se podrían encontrar. Un gel de baño para un niño con psoriasis no resulta un gasto superfluo, como tampoco lo son los culeros desechables para un anciano senil, la gelatina por la que clama un paciente bajo los efectos de la quimioterapia, el aseo, o una confitura para regalarle a un pequeño que cumple años. Es una cuestión de dignidad.

Y hablando de esos temas, tampoco la moneda nacional en que se nos paga podría tirar la primera piedra. Al ver, a mediados de la pasada semana, la tablilla de productos y precios de la carnicería del mercado La Pelota, en el Sandino de Santa Clara, hice mis cuentas y comprobé que entre un kilogramo de masa para hamburguesa de cerdo (390 pesos), la misma cantidad de chuleta de lomo ahumado (455 pesos) y poco más de dos libras de picadillo mixto condimentado (298 pesos), la abuela jubilada de un amiguito de mi hijo, único sostén económico en una casa con dos menores, dejaría sobre el mostrador el 75% de su pensión mensual. Lo restante tendría que distribuirlo entre el pago de la cuota, la electricidad y el servicio de acueducto. La pandemia, dice, la ha librado al menos de las meriendas diarias para la escuela. «Hija, del lobo, un pelo».

La vida, caray. Fácil, fácil, nunca la hemos tenido, pero ese refrán de los pescadores y el río revuelto se ha hiperbolizado hasta límites insoportables, llegando, incluso, a marginar a demasiados de nuestros conciudadanos. Desde mediados de abril, en la vox populi se ha mantenido el tema del módulo de canastilla que se vendió en la tienda La Muralla, de la cadena Caribe, para las santaclareñas que cumplieron las 26 semanas de embarazo o que dieron a luz después de enero. En las redes sociales, el asunto tuvo sus momentos pico, de furor, estabilidad y depresión. Yo misma llamé a la Oficoda, mientras preparaba este trabajo, con el objetivo de acudir a la fuente primaria de información y evitar así el «trapicheo» de rumores. «Sí, es verdad, preséntate en la tienda con tu tarjeta de embarazada, pero apúrate, que lo “bueno” está volando». 

Volando, sí, alto, altísimo, en grupos de venta en Facebook, Whatsapp y Telegram, bajo perfiles falsos y también con nombres reales. El módulo completo costaba cerca de 7000 pesos, aunque las mujeres podían elegir qué productos adquirir y cuáles no, en dependencia de sus posibilidades y necesidades reales.

Sin embargo, lo que se suponía fuera un beneficio largamente demandado por las gestantes temerosas a enfermar con la COVID-19 en alguna de las colas interminables que suelen acompañar las ventas de cualquier artículo de canastilla —desde enero y hasta el 26 de mayo, se contabilizaban en el país más de 1000 embarazadas positivas al coronavirus, de las cuales tres fallecieron y decenas fueron reportadas de graves—, degeneró, una vez más, en oportunidad para engordar la inflación.  Aparecieron las propuestas de revendedoras dispuestas a pagar ¡10 000 pesos! por el derecho de compra, a las que se unieron muchas de las propias beneficiarias que, sin pizca de consideración o solidaridad hacia las demás mujeres que quedaron fuera de la distribución del módulo, lo revendieron, pieza a pieza, a cuatro o cinco veces su valor original. Coches en 14 000 pesos, bañaderas en 2500, tres pomos en 600, baberos en 125 cada uno… Como lobos, despedazándonos.

No me resigno a la idea de que nos hayamos dejado envilecer hasta el punto de pisotear lo sagrado, ni creo que hagan falta 100 comisiones estatales para, primero, percatarse de lo que está mal y, luego, reunirse, pensar y después generar transformaciones.

Quisiera ver el día en que la abundancia, como receta divina y mil veces preconizada, nos cure la miseria del corazón, aunque sospecho que ese es el tipo de hambre más difícil de saciar.  

«Venceremos en la medida en que el horizonte de cuanto hagamos siempre sea la mayor felicidad posible de las cubanas y los cubanos»: lo dijo un hombre que sueña, en el nombre de Cuba, y con los pies en la tierra.

Fuente: http://www.vanguardia.cu/opinion-de-periodistas/20070-quienes-inflan-la-inflacion?fbclid=IwAR2A7x0eyDvR5O9afbS_jYxdS3ef5kVf2xtS-qhnACx3FgU8WPUamx12f68

viernes, 28 de mayo de 2021

"Chamaquili (no yo) se ha ganado el mejor premio: el corazón y el amor..."*

Por Estrella Díaz

Lucas (Chamaquili) es mi nieto y Muma (Claudia Alvariño) es mi hija… y aquí se cumple lo que afirma el dicho popular: “cualquier referencia, viene de muy cerca”. Entonces prefiero que sea el propio Alexis Díaz Pimienta –responsable del guion- quien valore, reflexione y opine sobre este producto comunicativo que, según ha dicho el doctor Francisco Durán García, Jefe Nacional de Epidemiología del Ministerio Cubano de Salud Pública, “son los mejores mensajes de aliento y educación que están llegando a nuestro pueblo”.

La televisión cubana está transmitiendo -una vez a la semana- mensajes de bien público relacionados con la situación que vive el mundo hoy y que llevan tu crédito: Chamaquili y la pandemia, ¿cómo surge esta idea?, ¿cuánto tiempo te llevó escribir los textos?, ¿satisfecho con los resultados de lo que se pone en pantalla y en las redes sociales?

La televisión cubana ha hecho realidad, accidentalmente, un “proyecto” que hace años tenía en la cabeza: publicar un libro primero en formato audiovisual, un “videobook” real. Lo quería hacer en Sevilla, con un poemario para adultos titulado Carril bici, poesía peatonal, narrativa, muy fílmica; pero era muy costoso. Y mira por dónde, dos o tres años después es un libro de poesía infantil, Chamaquili y la pandemia, el que hace realidad ese proyecto y de manera totalmente imprevista, improvisada.

¿Cómo surge la idea? Te cuento, hace menos de un mes, una noche recibí un mensaje vía Whatsaap de la querida actriz y amiga Muma, co-directora de la compañía infantil de teatro La Colmenita, preguntándome si yo no había escrito ningún poema de Chamaquili en tiempos de pandemia. Y le confesé que no, que la pandemia no me inspiraba mucho, que había escrito poemas muy serios, para adultos, poemas-desahogo (que, por cierto, han acabado formando parte de otro libro, Iphoemas, y se han publicado en revistas digitales de España y Grecia); pero le prometí que escribiría un poema infantil para su pequeño Lucas, que estaba lleno de preguntas sobre el coronavirus, la pandemia, el confinamiento…  Y esa misma noche, en el teléfono, escribí los dos primeros poemas del libro, el que le da título, Chamaquili y la pandemia y Chamaquili y el coronavirus. Pero ya no pude parar, y al día siguiente ya tenía el libro completo, terminado, escrito íntegramente en el teléfono. O sea, el primer borrador del libro.

Fue un arrebato. Luego lo pasé al ordenador, lo corregí a fondo y se lo mandé emocionado. Pero lo que yo no sabía era que Muma se lo iba a mandar a ese loco maravilloso que es Cremata (Carlos Alberto (Tin) Cremata), amigo de tantos años y de tantos espectáculos, ni que Cremata iba a tener también un arrebato creativo e iba a salir corriendo para la sede de La Colmenita –compañía fundada por él hace 25 años- con la cabeza llena de ideas televisivas, y a mandarme un mensaje de Whatsaap, enloquecido, diciendo que aquel librito lo había “devuelto a la vida”, así me dijo, literalmente.

¡Imagínate!, Cremata y yo llevamos años “conspirando” con creaciones para niños. La pandemia ha impedido, por ejemplo, que La Colmenita estrenara dos obras mías en 2020: una obra de teatro en verso, La indignación de las mariposas (un musical) y una novela infanto-juvenil que amenaza con convertirse en película o serie televisiva, El extraño caso del niño al que acusaron de morder la luna. Así que esta sería una colaboración más. Lo que no imaginé nunca es lo rápido que sería todo. Cremata y Muma enloquecieron. ¡Y hasta el pequeño Lucas enloqueció! Qué cómico. El niño es un actor increíble, un actorazo en miniatura, es como si yo hubiera escrito los poemas para él, como cuando un guionista de Hollywood escribe un guion directamente para De Niro o Malcovich. Una delicia. Cuando lo veo actuar siempre me digo: ¡pero si ese es el Chamaquili que imaginé siempre! ¿Y el impacto entre los televidentes y en las redes? Ha sido felizmente abrumador. Increíble. Estamos desbordados de cariño y emociones.

¿Qué utilidad o impacto real consideras puede tener este tipo de trabajo?

Cuando uno escribe desde el corazón no está pensando en los “mensajes”, las “moralejas”, el “impacto”. Eso lo desvirtuaría todo. Se escribe desde la emoción, desde la honestidad estética y ética; sobre todo si se hace para niños. Lo contrario desemboca siempre en obras simplonas, teques edulcorados, “muelas bizcas” como dicen los jóvenes. A mí siempre me ha sorprendido la gran acogida que tienen los libros de Chamaquili no solo entre los niños, a mí y a Oliver, su “padre gráfico”. Pero también entre los padres y los maestros, e incluso entre los adolescentes. Es emocionante. ¿Sabes que algunos poemas de Chamaquili están publicados en los libros de texto de las escuelas de Puerto Rico? Libros de prescolar y de cuarto grado. Y muchos niños de España, de México, hasta de Estados Unidos han hecho suyos estos poemas, que ahora mismo están siendo traducidos al inglés y al italiano, así que imagínate. En fin, uno no sabe o no se propone crear impacto. Ocurre o no. Y cuando ocurre, alegra muchísimo. Este libro sobre la pandemia, concretamente, según me dicen los lectores, les llega como un chorro de aire fresco después de tantos meses de discurso adulto, serio, científico, incluso ríspido, algo deprimente.

En dos ocasiones -2006 y 2007- recibiste el Premio Nacional de Literatura Infantil La Rosa Blanca por Buenos días, Chamaquili y ¡Chamaquili, Chamaquili!, respectivamente y luego llegó Chamaquili en el cuarto de baño. Al ver a un niño cubano encarnando a tu personaje -que saltó del papel al audiovisual-, ¿qué has sentido?

Ha sido tan hermoso, tan emocionante. No puedo resumirlo. Cada video-poema que se hace me lo envían antes de emitirlo, a veces a las tres o cuatro de la mañana, hora de España, y yo lo veo cuatro o cinco veces seguidas antes de dormirme. Disfruto como un niño. Me encanta Lucas. ¡Y me encanta su hermanita como actriz secundaria! Me encanta el colorido, la sencillez, la naturalidad y el buen gusto de la realización. Siempre me da tristeza estar lejos de Cuba, pero cuando pasan estas cosas más. No estuve cuando gané el Casa de las Américas, ni tampoco he estado cuando Chamaquili (no yo) se ha ganado el mayor premio: el corazón y el amor de los cubanos.

Se conoce que el arte del repentismo está en tu ADN: hoy, con 55 años de edad, ¿cómo evocas a tu padre?

Mi padre era un aventurero, un guajiro aventurero, el típico “músico, poeta y loco”, un hombre que vivió a tope exactamente y solamente 55 años. Murió joven, lleno de vida y de versos, pero nos dejó –a mí, a mis hermanos, a mis hijos y sobrinos– una herencia invaluable, la décima, o más que la décima, la improvisación de décimas: una llave maestra que me ha abierto todas las puertas de la creación artística: la literatura, el teatro, el cine, la televisión, la música.

¿Cuál es el misterio que puede tener la llamada poesía improvisada?, ¿con qué herramientas imprescindibles se tiene que asumir esta manera de crear?  

No hay misterio: hay lenguaje. Hay una relación especial con el lenguaje. El improvisador mira la vida a través del idioma y eso le da una visión diferente, única. Para el repentista las palabras antes de tener significados tienen rimas o no tienen rimas; y las frases, todas, tiene música o no tienen música, pero no “música-musical”, sino música métrica. Vamos pescando rimas y octosílabos. Y eso lo cambia todo. Somos palabrófagos. Y cuando alguien come palabras, no importa el grado de formación que tenga, cuando alguien come palabras devuelve poesía. Decía el hispanista canadiense Paul Zumthor que un analfabeto, por ejemplo, tenía menos palabras que un letrado, pero en cambio estaba más cerca de ellas. Y esa cercanía entre hablante y habla lo cambia todo. Repito: no hay misterio, hay una relación de amor con el lenguaje que lo cambia y condiciona todo.

En 1989 -¡hace ya 32 años!- obtuviste un Premio Nacional de Cuento en un concurso convocado aquí, en Cuba: de entonces a la fecha ha sido un alud de reconocimientos nacionales e internacionales tanto en cuento como en poesía, ¿cuáles consideras que han constituido puntos altos en tu camino como escritor?

Cuento, poesía, novela, ensayo, teatro, guiones, literatura para niños y jóvenes… He hecho de todo y seguiré haciendo. ¿Puntos altos? No sé, muchos y a la vez ninguno. Podría decirte que los premios importantes (Alba de novela, en España, 1998; UNAM de novela, en México, 2013; Casa de las Américas, de literatura infantil, en Cuba, 2019; tantos premios de poesía, en España o el Premio de ensayo Margit Frenk, también en México, 2019); pero estaría engañando a todos, a ti, a mí, a los lectores. A mí lo que más me emocionan no son los premios, sino escribir, el mero hecho de escribir, y luego son los lectores, la reacción de los lectores con mis obras, esos libros que se han abierto paso solos y poco a poco, bastante al margen del mundillo literario. Yo he pagado un alto precio por ser repentista, y por eso siempre he sido un outsider. ¡Un repentista que escribe libros!, imagínate. Entonces, si me preguntas: los premios que más me han emocionado han sido el Premio del Lector en la Feria del Libro de La Habana, hace tres años, por El Gran Libro de Chamaquili; y el Premio Puertas de Espejo que otorga la Biblioteca Nacional José Martí, de Cuba, al libro más leído en la red de bibliotecas cubanas, por mi novela Prisionero del agua, en 2010. Son premios de lectura, los mejores. Otra cosa que disfruto es que me escriban desde muchos países del mundo jóvenes que ya no viven en Cuba y me confiesan que al dejar la Isla dejaron casi todo atrás, ¡menos su colección de Chamaquili! Eso sí es un premio. Bueno, y lo que está pasando ahora con Chamaquili y la pandemia, gracias al gran trabajo de La Colmenita. Creo que Jorge Oliver y yo, los padres de Chamaquili, no podemos estar más felices y agradecidos.

Compartes tu vida entre Almería y La Habana, ¿cómo has llevado este tiempo de aislamiento en cuanto a lo personal y a lo laboral?

Entre Andalucía y La Habana, concretamente, porque hace varios años vivo en Sevilla, aunque sigo teniendo parte de mi familia en Almería, mis hijos y una nieta. El confinamiento me encerró en Sevilla, primero y en Almería luego. Pero si soy sincero, no puedo quejarme. Mi vida en los últimos 25 años ha sido un sin parar, y hace tiempo que quería hacer “voto de movimiento”, del mismo modo que algunos religiosos hacen “voto de silencio”, y no hablan, yo quería hacer “voto de movimiento” y no viajar, para poder dedicarle tiempo a la escritura.

Y esta desgracia pandémica me hizo parar en seco. En 2020 tenía más de 20 viajes programados (a México, Argentina, República Checa, Italia, Portugal, Estados Unidos, Cuba… ¡hasta a China iba!), y me quedé en casa, entre mis libros, becado en mi teclado. Y lo he aprovechado al máximo: he terminado muchísimos libros que tenía a medias (novelas, libros de cuentos, poemarios) y he escrito muchísimos nuevos libros también en todos los géneros. En resumen, yo que he sido un resiliente natural toda mi vida, en la pandemia no iba a ser menos. Si la salud no me lo impide –el Covid sigue ahí afuera– voy aprovechar al máximo mi “voto de movimiento” obligatorio.

Yo tengo dos gritos de guerra muy graciosos: “de jodido pa’ lante, no hay más pueblo” (el himno de la resiliencia, una frase muy cubana) y una de bravuconería existencial: “que pare el que tenga frenos”. Y ya ves: me he colado en la televisión cubana sin pisar el aeropuerto ni el ICRT.

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* De la serie Conversando en tiempos de... del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau

miércoles, 26 de mayo de 2021

El río Lungue-Bungo

Por René Rodríguez Rivera


Los poetas santiagueros Waldo y Joel se acomodaron como pudieron pues en aquel momento no teníamos ni un catre para ellos. Olirio, que en esto era el número uno, enseguida le buscó un sobre nombre a Waldo y le llamaba El Fakir, porque no comía mucho y dormía en cualquier sitio, sin importarle lo duro que fuera.

 

Al siguiente día decidimos bañarnos, pues desde nuestra estancia en el hospital de Luena no lo hacíamos. La región no era muy calurosa y desde hacía unos días había comenzado a hacer frío en las noches; no obstante nuestro olor no era de los mejores.

 

Salimos  hacia el río y caminamos por la orilla, en direccion sureste, a favor de la corriente, porque esta era muy fuerte en el sitio donde teníamos el Puesto Médico. Recuerdo que íbamos Olirio, Lucio el sanitario y yo. Avanzamos unos 300 metros o algo más y nos encontramos con un remanso donde  la corriente era mas lenta y había una especie de pequeña playa con arena oscura. Lucio nos llamó la atención hacia donde continuaba la corriente, y señalando dijo: “Hipopotamos”. Miramos hacia donde apuntaba y unos 100 o 200 metros más abajo vimos varios de estos animales. Había algunos en el agua, a los que solo se les veía la cabeza; en la orilla opuesta se veían otros. Nosotros en aquella época desconocíamos que los hipopótamos son los animales que más personas matan en Africa, pero sí sabíamos que eran agresivos. Lucio nos dijo que no debíamos avanzar más y que nos bañáramos allí mismo. Como es lógico, los tres íbamos con nuestras respectivas AKM, pero solo para protección, porque nunca le disparamos a un animal durante nuestra estancia en África.

 

Me metí en el agua hasta donde daba pie, porque no me distingo como buen nadador y la corriente, aunque lenta, se sentía. Nos bañamos un rato y en la orilla hice uso del jabón. Estuvimos no más de 15 o 20 minutos. Cuando comencé a vestirme con el uniforme que llevaba en la mochila, después de haber lavado el uniforme sucio, me di cuenta de que no tenía en el cuello la chapilla con mi número 2945. Busqué por todos lados y muy disgustado comprendí que la habia perdido, posiblemente en la corriente. Esta chapilla era muy importante porque, además del número de identificación, tenía el grupo sanguíneo (el mío A negativo). Cuando salí de Cuba con la Compañia Especial de 289 hombres, solo 7 teníamos ese grupo sanguíneo y la broma era que siempre debíamos estar localizados, unos con otros, por si herían a alguno y había que hacerle una transfusion. 

 

Regresé al campamento muy disgustado con aquella perdida, aunque mi fusil tenía el número, y entonces con un cuchillo le grabé en la culata el A negativo. A los compañeros caídos en Lumege los enterramos con su correspondiente chapilla. Se las poníamos dentro de la boca para más seguridad de que,  al extraer los restos, como se hizo después, se pudieran encontrar e identificar.

 

Las tropas habían avanzado hasta que encontraron otro río con el puente destruido. Los trabajos de reconstrucción eran lentos, porque el enemigo disparaba esporádicamente con artillería, desde la otra orilla, aunque con muy mala puntería.

 

A nuestro Puesto Médico le fue asignada una ambulancia militar con su chofer. Recuerdo que el chofer era un hombre rubio de unos 30 años, más o menos. Se llamaba Ernesto, pero todos le decian “Banquete”, apodo que le puso Olirio por ser dicharachero y siempre estar riendo. Olirio decía: “Este hombre es un banquete, no sufre nada y siempre esta contento”.

 

Los días continuaban en relativa calma, por la reconstrucción del puente. Robert y  yo nos dedicamos  a practicar,  para aprender a conducir  la ambulancia. Waldo y Joel habían sido autorizados a unirse a las tropas que estaban en el frente, por lo que nuestra estancia se había convertido en un aburrimiento y solo recibíamos algún que otro enfermo con malaria, diarreas, etc.

 

Aproveché para escribir varias cartas a los míos. La inactividad en la guerra te hace sufrir más porque, yo al menos, pensaba mucho en la familia, en mi madre y en especial en mi esposa y mi dos niños: la hembra de 13 y el varoncito de 4 años. Me pasaba los días buscando qué hacer para aliviar los pensamientos. Yo creo que todos estábamos más o menos igual.

 

Varias veces fuimos al río donde estaba el Frente, para ver posibles enfermos. Lo que más nos golpeaba era la malaria. Sin embargo esta enfermedad parece que no quería saber de mí, porque nunca me atacó y hubo hasta compañeros muertos por ella.

 

No recuerdo exactamente cuántos días estuvimos a la orilla de aquel río Lungue Bungo, pero no fue más de una semana. Una tarde nos ordenaron ir recogiendo todo, porque al día siguiente avanzaríamos nuevamente. Ahora teníamos no solo el camión sino también una ambulancia. Ya estábamos totalmente convencidos de que todo aquello iba a durar más tiempo de lo que pensabamos en un inicio.

 

También había llegado la noticia, la cual no todos dominaban, que Savimbi estaba en Lumbalanguimbo, el pueblo al que nos dirigíamos.

 

Sobre la 6 a.m. comenzamos a avanzar hacia donde se encontraban las tropas y se terminaba de reconstruir el puente. Robert y yo íbamos con “Banquete” en la ambulancia; Olirio y Lucio en el camión. Nos acompañaba un pelotón que había quedado con nosotros, en la retaguardia. Avanzamos unos 20 minutos y llegamos al sitio en que se encontraban las tropas. Un pelotón nuestro había cruzado el río unos 500 metros más abajo y expulsado a los restos del enemigo que quedaban en la orilla opuesta. El grueso de las tropas de la UNITA ya se había retirado.

 

Nos dislocamos bajo unos árboles y comenzamos a esperar la terminación del puente. Lucio salió hacia el bosque y una media hora despues regresó con una especie de canasta rústica, colmada de unos gusanos grandes y verdosos, vivos. Olirio preparó una cazuela con aceite y comenzaron a freir aquellos gusanos, los cuales se tostaron cual si fueran chicharrones. Olirio llegó a donde me encontraba con Robert, con un recipiente lleno de gusanos tostados, y dijo: “Prueben esto, caballeros; sólo nos faltan unas cervecitas frias”. Detrás de él venía “Banquete” con más gusanos y una sonrisa de oreja a oreja. 

 

Debo señalar que los gusanos achicharrados estaban riquísimos y que ciertamente solo faltaban las cervezas. Quién me lo iba a decir, pero en el África todo es posible y comible. R3. (Continuará)

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Algunas de las fotos de Armando: