domingo, 20 de octubre de 2019

Una feliz celebración

Por Rolando López del Amo

Cuando se habla de una cultura nacional se está reconociendo la existencia de una nación  que se expresa en ella.

En Cuba hemos designado como día de la cultura nacional el que marca un aniversario de la ocasión en la que se cantó nuestro himno nacional por primera vez, el 20 de octubre de 1868.

La población cubana antes del 10 de octubre de ese año estaba compuesta por españoles, africanos, chinos y criollos blancos, negros y mestizos. Y estaba socialmente dividida en libres y esclavos.

Desde comienzos del siglo XIX ya los criollos comenzaron a luchar por la independencia de Cuba, había ya un incipiente sentimiento nacional, pero no es hasta el 10 de octubre de 1868 que se abre el camino a la plena integración nacional con el rechazo a la esclavitud y la incorporación a las filas insurrectas de negros y chinos, junto a los criollos blancos, negros y mestizos.

Las dos grandes aspiraciones nacionales de entonces eran la independencia plena y la justicia social que incluía, en primer término, la abolición de la esclavitud.

En esa lucha se fueron mezclando los distintos componentes étnicos de la nación sin renunciar, ninguno, a sus tradiciones ancestrales, pero compartiendo un modo de vivir y de ser común. Nuestra característica fundamental es el mestizaje resiliente que se enfrentó a la condición colonial y a la neocolonial impuesta por el imperialismo. La cultura nacional es la que nos permite identificarnos como una unidad de lo diverso propia. La cultura nacional es nuestra expresión espiritual, verdadero escudo y espada de la nación, como la calificó Fidel.

La lucha nacional iniciada por Céspedes, alcanzó la plenitud en Martí, el gran ideólogo de la nación, cuya obra y pensamiento trascendieron su siglo para ser, aún hoy, un contemporáneo. Le correspondería a su discípulo del siglo siguiente, hacer triunfar esas luchas.

De Céspedes a Fidel, una sola revolución, la de la independencia nacional y la justicia social.

Razones hay, más que suficientes, para celebrar el día de nuestra cultura nacional, que no es solo nuestro  arte y nuestra literatura, sino todo el producto de nuestro trabajo, aceptando como válida aquella definición que dice que cultura es el conjunto de bienes materiales y espirituales producido por una sociedad.

jueves, 17 de octubre de 2019

Pensando como país

Por Rolando López del Amo

Uno de los mayores gastos en las importaciones cubanas es el combustible. El gobierno cubano, acertadamente, busca el desarrollo de otras fuentes renovables de energía: solar, eólica, hidráulica. También la biomasa, con el empleo como combustible del bagazo de la caña de azúcar y el marabú y se promueven los biodigestores para la obtención de gas.

El uso de la tracción animal para el laboreo de la tierra y el transporte es otra opción que se promueveSin embargo, olvidamos un medio muy utilizado durante la década de los noventa, que es también muy utilizado en Europa en países muy desarrollados, como Holanda. Me refiero a la bicicleta. En pueblos y ciudades pequeñas la bicicleta es sumamente práctica como transporte personal y como transporte de cargas no muy pesadas. Creo que su venta debe estimularse por todos los medios posibles con precios asequibles al cubano medio.

Las motos eléctricas también parecen ser una buena solución para ciudades grandes, como La Habana. Y el resto del transporte eléctrico, Además, no contamina la ciudad.
El equipamiento automotor que circula por nuestras calles está, por regla general, muy envejecido y es alto consumidor de combustible. Y es muy contaminante. NO SÉ SI LOS MOTORES QUE FUNCIONAN CON ETANOL SON MÁS EFICIENTES O NO Y CUÁNTO CONTAMINAN. Nunca escuché una explicación convincente para que no produjéramos etanol en grandes cantidades cuando disponíamos de 160 fábricas de azúcar y otros derivados importantísimos, desde los alcoholestableros de bagazo, papel gaceta, alimento animal. Felizmente, parece existir una nueva política gubernamental encaminada hacia la recuperación cañera.

Pero regresando a los medios de transporte, ¿no sería altamente beneficioso proceder a la renovación del transporte público y privado más allá de los autobuses Yutong y las gacelas rusas? Con autos que hacen 20 kilómetros por litro de gasolina, ahorraríamos la mitad del combustible actual. Y los carros viejos se utilizarían como chatarra para nuestra industria o para exportar. Hoy, en la calle, un Lada viejo se vende por 30,000 CUC o más, al igual que los almendrones. Tal vez una de las ofertas que podrían completar las más recientes medidas sobre el comercio de piezas de repuesto y equipos eléctrodomésticos podría ser la venta, a personas naturales propietarias de vehículos viejos, autos nuevos de bajo consumo a precio normal con la condición de entregar el vehículo viejo. ESO ES LO QUE GANARÍA el Estado en lugar de impuesto en metálico.

Lamentablemente seguimos aplicando el 10%% de gravamen al cambio de dólares físicos en las CADECAS, lo que hace que la gente los cambie con particulares  que no lo gravan así. Se pierde el banco ese dinero.

El gobierno ha manifestado preocupación con los especuladores que quiran acaparar para revender. Esto me recuerda lo que el padre de la exitosa reforma económica china, seguida después por VIETNAM, decía en los años 80 del siglo pasado: estabilizar el mercado es asunto primordial. Supongamos que un especulador quiere aprovecharse de nuestras nuevas medidas y compra cien motos eléctricas.  Si al día siguiente la tienda dispone de otras cien y así día tras día, de modo que la mercancía no se agote, el especulador se auto liquida. La clave está en mantener la oferta. EL MERCADO SIGUE SIENDO VÁLIDO EN EL SOCIALISMO, SÓLO QUE MEJORADO CON LA JUSTICIA SOCIAL.

El reajuste de horarios de trabajo   y demás medidas evidencia la potencial reserva existente. Todo empleado de ministerios  sabe que las 8 horas oficiales de trabajo se reducen a 5 en la práctica debido a la girovagancia y el palique ambulatorio como calificó el Canciller Raúl Roa García a este mal oficinesco. Las bodegas de barrió resolverían  su cometido con un horario corrido más breve en lugar de los dos turnos actuales.

De lo que se trata es de hacer las cosas bien con el mayor ahorro posible con la seguridad de que si todos hacemos lo mejor, todos tendremos lo mejor. 

lunes, 14 de octubre de 2019

2001 (odisea especial)

Hoy me levanté
con una paz extraña
hoy me levanté
como si estrangulado
hoy me levanté
en un telar de araña
hoy me levanté
con sangre en el costado

Y llegué a internet
para volar un poco
y llegué a internet
para mirar la prensa
y llegué a internet
para volverme loco
y llegué a internet
y vi tu recompensa

Duro ver que tú
cintura alucinada
duro ver que tú
matabas todavía
duro ver que tú
en todas las redadas
duro ver que tú
         volvías y volvías

Volveré a dormir
         para no ver la historia
volveré a dormir
         para no ser testigo
volveré a dormir
         para perder memoria
volveré a dormir
         para soñar contigo.

viernes, 11 de octubre de 2019

Una pequeña historia que nadie ha contado y que deseo compartir con mi familia de Segunda Cita.

Por René Rodríguez Rivera

Corría el año 1954, ya eran las Navidades santiagueras; llenas de un calor como el de siempre. El Parque Céspedes era el centro de Santiago, rodeado de La Catedral, el Hotel Casagranda, el Club 300, la casa de Diego Velazquez y el Gobierno Provincial. Habíamos llegado más o menos a las 8:30 pm; nos habíamos sentado en uno de los bancos del parque, muy cerca de otros dos bancos donde impartía su “reunión” casi diaria Caticulta, un anciano que, siempre con una buena audiencia a su alrededor, hacía cuentos que según él eran situaciones que había confrontado en su vida. Esa noche tenía una buena concurrencia, entre los que se encontraba mi hermano mayor Luis, que ya graduado de médico, había venido de La Habana de vacaciones para ver a nuestros padres.

En el banco en que nos sentamos éramos cuatro amigos: Francisco Rodríguez, Bilin Santa Cruz, Rufino Gutiérrez y yo. Llevábamos una media hora escuchando las cómicas historias del viejo, rodeado de risas y chistes. Nosotros también reíamos de las ocurrencias de Caticulta.

“Así que ustedes aquí, tranquilitos, y gozando los cuentos del viejo”. Nos viramos y comprobamos que detrás de nosotros estaba Pepito Tey, con una sonrisa en sus labios, compañero y amigo de nuestro propio barrio en Santiago; la historia de su corta y fecunda vida es mas que conocida. “Yo les voy a hacer una pregunta”, dijo: “¿Qué les parece el letrero ese de Maximino?” Se refería a un enorme cartel que ocupaba un terreno baldío, al lado de la casa de Diego Velazquez. Hoy existe alli una agencia bancaria.

Francisco respondió: “Una gran mentira, porque ese es un ladron”. El letrero daba cuenta de los gastos de la alcaldia de Santiago; una especie de rendición de cuentas del alcalde batistiano Maximino Torres. Madera, papel satinado, lindos colores, cartón y muchos números con presupuestos y gastos, de tres metros de altura y unos 6 de largo.

Bilin dijo, si mal no recuerdo: “Eso es un descaro, todo es mentira”. Entonces, así de zopetón, Pepito dijo: “Bueno, si es mentira deberíamos de darle candela y no estar aquí perdiendo el tiempo”. No recuerdo quién de nosotros manifestó estar de acuerdo. Sí recuerdo que pregunté: “¿Delante de tanta gente?”

Conversamos brevemente y, para no alargar esta historia, acordamos el asunto. Montamos en el auto de Francisco, fuimos a un Servicentro en la Alameda Michelsen, una avenida próxima a los muelles. Allí llenamos cinco botellas con gasolina y les amarramos en los cuellos estopa, una especie de cocteles Molotov. Regresamos al auto y lo parqueamos en la calle Corona, a una cuadra del parque. Acordamos que Rufino se quedara cuidando el auto. Subimos por la calle que daba exactamente por detrás del letrero, ya que así no nos verían los reunidos en el parque. En ese momento y a esas horas no habian personas por allí, ya que enfrente existía otro terreno baldío.

El primer coctel lo tiró Pepito. Los otros tres lo imitamos y una gran llamarada envolvió el letrero (sinceramente no la vimos muy bien, porque inmediatamente corrimos hacia el auto). Francisco nos fué dejando en nuestras viviendas. Fui el primero en llegar, porque mi casa era la mas cercana. Entré, tomé agua, e inmediatamente me acosté. Serían aproximadamenta las 10:30 pm y ya mis padres dormían. Demoré en conciliar el sueño, estaba muy excitado.

Al día siguiente, durante el desayuno, fui testigo del relato que le hizo a mis padres mi hermano Luis. Dijo que el cartel se había quemado por completo antes de que llegaran los bomberos, ya que, al parecer, le habían tirado cocteles Molotov. Que después habían llegado dos jeeps del Ejercito y que de uno de ellos se bajó un esbirro conocido como el Cabo Veitia, acusado después de múltiples crímenes y fusilado el día tres o cuatro de enero de 1959. Luis relató que ese individuo los ofendió con palabras obscenas y ordenó a todos irse a dormir. Y después me dijo: “Yo vi cuando te fuiste, así que te perdiste lo de la candela”.

Luis vino a conocer la verdad de esta historia, no recuerdo cuantos años después. Ese día, si nos hubieran detenido, no hubiéramos podido hacer el cuento. Discúlpenme, pero son recuerdos que vienen a mi memoria y que no quiero llevarme conmigo. Esta pequeña anécdota no es nada comparado con lo que vino después y los hechos ocurridos en Santiago y en toda la isla; pero refleja un estado de ánimo y el despertar de la conciencia en unos jóvenes que prácticamente no sabían nada, o casi nada, de política.

martes, 8 de octubre de 2019

Lo que no podemos y lo que sí podemos*

Por Rolando Pérez del Amo 

La economía cubana está sometida a la presión del más largo bloqueo financiero, económico y comercial conocido. En estos momentos las medidas de bloqueo se endurecen  tratando de paralizar el país. Frente a tal política contamos con la simpatía de la comunidad internacional en su conjunto y la solidaridad de dos grandes potencias amigas, Rusia y China, y una nueva posición de la unión europea, además de los fuertes vínculos fraternales con Venezuela, ahora muy golpeada por la guerra económica yanqui. Internamente, contamos con los acuerdos de los congresos VI y VII del PCC y de su conferencia nacional que abren las puertas al cambio de todo lo que deba ser cambiado.

Aunque trabajamos denodadamente en la arena internacional y en los propios EEUU porque se  elimine el bloqueo, no está en nuestras manos hacerlo. Pero sí dependen de nosotros un conjunto de decisiones para favorecer nuestro desarrollo económico en las condiciones actuales.

Hemos definido que el país necesita inversión extranjera que aporte capital, tecnologías y mercados, y hemos creado una zona económica especial para incentivarlas. Sin embargo, el proceso marcha con lentitud. Dificultades hechas públicas mencionan el exceso de trámites, la falta de preparación de los negociadores cubanos y condiciones insuficientemente atractivas. Entre estas últimas está la obligación de contratar el personal cubano a través de una empresa empleadora  estatal y no  por convocatoria directa del inversionista. Todo eso depende de nosotros arreglarlo, pues contamos con suficiente personal calificado en el país para hacerlo. Sólo hay que utilizar a los que saben.

En esto de la inversión extranjera las exitosas experiencias de China y Vietnam muestran el papel tan positivo de sus nacionales residentes en el exterior. Trabajar estrechamente con la emigración cubana es una necesidad, excluyendo a la morralla batistiana y sus acólitos, la mafia antipatriótica.

Para los cubanos que residen en EEUU, emigrados económicos en su mayoría, hay que profundizar el acercamiento. Atender a sus reclamos de reducir el costo del pasaporte (a US dólares 200) sin tener que pagar cada dos años su actualización y con una duración de, cuando menos, cinco años y continuar con el estímulo a la repatriación oficial, aunque sigan residiendo y trabajando en el exterior. En cuanto a las remesas que estos envían, suprimir el impuesto adicional del 10% de las cadecas, que trae como resultado que el dinero se cambie por particulares que ofrecen cambios más favorables.  Así escapan muchas divisas que no van a nuestros bancos.

Otra pérdida multimillonaria de divisas resulta de los viajes de nuestros ciudadanos a terceros países para comprar y vender en Cuba artículos de consumo, desde equipos eléctricos, hasta ropa, cosméticos, etc. Los gastos en visas, pasajes de avión y estancia se suman al costo de las mercancías compradas. Todo ese dinero se va de Cuba. Y quienes realizan estas operaciones venden su mercancía en el mercado cubano a mejores precios y mejor calidad que las tiendas estatales. Si estableciéramos aquí, como alguien propuso, una zona franca en la capital, en edificios de almacenes ya existentes, todo ese dinero se ahorraría. Sólo pagarían el impuesto de importación. Pero para que ese dinero beneficie a nuestros bancos, hay que estimular a las personas naturales y jurídicas a abrir cuentas en divisas extranjeras, y estimular las cuentas de ahorro con un 2% de interés anual y las de plazo fijo con un 4 ó 5 % anual.

Todo esto nos lleva a la necesidad de autorizar las inversiones de los cubanos residentes en Cuba, a la creación de pequeñas y medianas empresas, a la eliminación de restricciones absurdas como la apertura de tiendas de ropa y calzado, etc, por nuestro sector privado. Y terminar de pasar a la propiedad no estatal, todo lo que no sea medios fundamentales de producción, donde siempre hay muchos millones de pesos en cuentas por cobrar y pagar: corrupción.

La empresa estatal debe gozar de autonomía y ser responsable de sus pérdidas y ganancias, decidir sobre sus inversiones, exportar e importar. En ese sentido, nuestros campesinos deben gozar también de autonomía y funcionar sobre bases económicas y no administrativas, y tener también capacidad para exportar e importar y pagar sus impuestos. Las compras estatales se harán sobre bases económicas y no administrativas. Se trata de liberar nuestras fuerzas productivas.

Por supuesto que una tarea primordial es poner fin a la dualidad monetaria que distorsiona todo. Las tasas de cambio son el problema. El cambio de cuc a cup va desde uno por uno a uno por veinticinco. Este es un serio problema que afecta desde la inversión extranjera hasta la economía individual. Dejar una sola moneda circulando es tarea que se resuelve hasta en un mes. La tasa de cambio es la que debe calcularse bien. Se puede unificar empleando el cambio oficial de cadeca. Si se adopta esa como tasa de cambio, algunas producciones y servicios se afectarían con el consiguiente aumento de precio de sus productos y servicios. Ahí tendría que hacerse una reforma salarial y de precios que busque el mayor equilibrio y no traiga pobreza a una parte de la población.

Hay un estudio con propuestas concretas, elaborado por el compañero Humberto Pérez, que puede servir de base para  el análisis y  las decisiones pertinentes. Los compañeros Esteban Morales, Joaquín Benavides, Juan Triana, Julio Carranza y Fidel Vascós, entre otros, han hecho propuestas muy a tener en cuenta.

Claro que una actitud que promueva el ahorro, estimule la producción y los servicios, de modo que podamos sustituir importaciones y aumentemos las exportaciones, es lo deseado. Para eso necesitamos trabajadores estimulados material y moralmente. Y no menos importante, un estado libre de burocratismo, con estructuras gubernamentales ajustadas a lo necesrio y no sobrecargadas de instancias y personal.

Hay que simplificar la administración del Estado, desde el nivel central hasta el municipal. Sobra mucho en toda ella. Más fuerza de trabajo a la producción y los servicios, y menos burocracia que tiende a ralentizar todo y es fuente de obstáculos innecesarios.
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*Especial para Segunda cita

lunes, 7 de octubre de 2019

Cuba. Nuevo gobierno y otros horizontes

Por Jorge Gómez Barata

En varias ocasiones, Fidel Castro razonó sobre el hecho de que para los líderes en los países capitalistas la tarea de gobernar era más llevadera que en el socialismo porque, excepto algunos indicadores globales, ellos apenas tenían que ocuparse de la economía y de la administración, cosa a cargo de propietarios, empresas y negocios privados.

A esta reflexión habría que añadir que muy pocos de los gobernantes en ejercicio tienen compromiso con su pueblo tan difíciles de honrar, ni soportan presiones internacionales como los de Cuba y, en ninguna parte del mundo, el presidente tiene que conducir una rectificación tan profunda como la que se requiere en la Isla ni empeñarse en diseñar un modelo económico exclusivo para el país.

Este último aspecto quizá sea a la vez el problema más urgente y complejo que deberá encarar el gobierno que el próximo 10 de octubre asumirá y que presumiblemente estará integrado por las mismas personas, aunque con una distribución de las funciones y del poder diferentes.

Cuba, que conserva las arcaicas estructuras y superestructuras del modelo socialista del siglo XX, basadas no en datos de la realidad económica y social nacional, sino en premisas teóricas e ideológicas y en algunos dogmas, necesita entronizar fórmulas que a corto plazo y sin grandes financiamientos públicos mejoren la eficiencia económica, generen empleos, aumenten la productividad del trabajo y provean bienestar. Para ello, la única fórmula posible es el fomento masivo de pequeñas y medianas empresas privadas.

No obstante haberlo acordado en las máximas instancias partidistas, hasta hoy los ejecutivos políticos y gubernamentales cubanos, así como el sector de la administración pública vinculado a la economía, asumen esa alternativa como un mal necesario, teniendo a los trabajadores por cuenta propia y a los pequeños negocios, como compañeros de viaje o aliados temporales, y no como parte fundamental del nuevo modelo de desarrollo que algún día pudiera conducir al socialismo sostenible e inequívocamente democrático al que se aspira.

En menos de diez años sin apoyo real, los trabajadores por cuenta propia han generado alrededor de un millón de empleos y aportan más del 10 % de los ingresos al presupuesto, brindan servicios de alimentación, transporte, mantenimiento, reparación, recreación y otros a millones de personas, sin que el Estado haya erogado un solo centavo ni empleado un solo funcionario para estimular su gestión.

Las pequeñas y medianas empresas, en todas las áreas, incluyendo la alta tecnología, la importación y exportación, cuyo fomento no competiría con la sobrestimada y sobreprotegida empresa estatal socialista, no solo son la mejor oportunidad, sino la única para, a corto plazo, sin inversiones estatales ni apelaciones ideológicas, generar no menos de un millón de empleos, proveer eficiencia económica y realizar aportes sustanciales al presupuesto nacional y al PIB.

Por otra parte, la creencia que la cuestión económica es el único componente del modelo que habrá que rediseñar, puede ser una grave omisión. La formación de los consensos sociales, la dirección de la sociedad y la administración de la cosa pública, se realiza desde y por las estructuras políticas.

En ambos aspectos (económicos y políticos) queda por considerar la cuestión externa y la integración a los procesos económicos y políticos regionales y mundiales. Al poseer un modelo económico y social exclusivo y que, no solo no embona, sino que entra en contradicción con el existente en el resto el mundo, la integración cubana a los procesos globales resulta extremadamente difícil. Vivir con la adarga en ristre, combatir el capitalismo en cuanto foro e instancias se presenta la oportunidad y cultivar una apreciación local de asuntos universales como los derechos humanos, hace difícil establecer importantes alianzas y, entre otras cosas, ahuyenta la inversión extranjera.

Con una economía abierta y de tradiciones exportadoras ancestrales, Cuba no tiene un solo tratado de libre comercio, carece de zonas francas, no acoge a pequeños y medianos empresarios extranjeros, son pocos los profesionales, científicos, profesores y entrenadores extranjeros que trabajan en la Isla y menos los que se radican en ella. Las publicaciones foráneas y las novedades literarias, brillan por su ausencia.

Debido al bloqueo de Estados Unidos y a políticas y prácticas vernáculas que exageran el componente estatal y oficial en todos los asuntos, sobredimensionan los factores ideológicos, magnifican las alertas de seguridad y aplica políticas migratorias antediluvianas, la Isla basa su desempeño en una autarquía imposible.

En cualquier caso, Fidel Castro tenía razón. Para otros es más fácil; sin contar el esmero local para hacerlo todo más difícil. En unos días el país será gobernado por las mismas personas, pero, quizá en algunos asuntos, lo hagan de manera más contemporánea con el presente y menos atada preconceptos que actúan como limitantes autoimpuestas. Buena voluntad y experiencia no les falta y poseen calificación. Necesitan audacia, lucidez y suerte. Para ellos, todo nuestro apoyo.

Fuente:https://www.poresto.net/2019/10/07/cuba-nuevo-gobierno-y-otros-horizontes/

sábado, 5 de octubre de 2019

Playa Girón

Compañeros poetas,
tomando en cuenta 
los últimos sucesos en la poesía,
quisiera preguntar —me urge—,
qué tipo de adjetivos se deben usar
para hacer la canción de este barco
sin que se haga sentimental,
fuera de la vanguardia o evidente panfleto,
si debo usar palabras
como Flota Cubana de Pesca
y Playa Girón.

Compañeros de música,
tomando en cuenta  esas politonales 
y audaces canciones,
quisiera preguntar —me urge—,
qué tipo de armonía se debe usar
para hacer la canción de este barco
con hombres de poca niñez,
hombres y solamente hombres sobre cubierta,
hombres negros y rojos y azules,
los hombres que pueblan el Playa Girón.

Compañeros de historia,
tomando en cuenta lo implacable 
que debe ser la verdad,
quisiera preguntar —me urge tanto—,
qué debiera decir, qué fronteras debo respetar.
Si alguien roba comida y después da la vida 
¿qué hacer?
¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?
¿Hasta dónde sabemos?
Que escriban, pues, la historia, su historia, 
los hombres del Playa Girón.

(5 de octubre de 1969)

foto: Miguel Durán



miércoles, 2 de octubre de 2019

Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo

Por Lorena G. Maldonado

El capitalismo es perjudicial para todos, dice la intelectual estadounidense Kristen Ghodsee,
pero especialmente para ellas -y para su vida íntima-. La autora de Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo(Capitán Swing) ya dispara desde el título de su último ensayo. Quien escribe es una prestigiosa etnógrafa y profesora de Estudios de Rusia y Europa del Este que ha pasado décadas investigando qué sucedió con las mujeres en países que pasaron del socialismo de Estado al capitalismo. ¿Cómo afectó el cambio de modelo económico a sus orgasmos? ¿Y a su felicidad? ¿Se vio alterada su satisfacción emocional? ¿Y su número de parejas?

En realidad, Ghodsee no es una nostálgica: se limita a señalar que hay aspectos del socialismo que convendría rescatar. Está muy claro que otros no. Es tramposo, no obstante, que siempre repita que se refiere al “socialismo cuando se desarrolla correctamente”, porque éste “conduce a la independencia económica, a mejores condiciones laborales, a un mejor equilibrio entre trabajo y vida, y, sí, a un mejor sexo”.

Teoría de la economía sexual


Su tesis parte del análisis de la “teoría de la economía sexual”, es decir, de una polémica investigación publicada en 2004 que proponía que “el sexo es algo que los hombres adquieren de las mujeres, bien con recursos monetarios o no monetarios, y que el amor y el romanticismo son meros velos cognitivos que los humanos utilizamos para disimular la naturaleza transaccional de nuestras relaciones personales”. Sus autores, Roy Baumeister y Kathleen Vohs, aplican la disciplina económica al estudio de la sexualidad humana. Deslizan que si el sexo es “una mercancía controlada por las mujeres” es porque ellas tienen menor deseo sexual y pueden gestionarlo mejor exigiendo a los varones compensaciones a cambio del coito. Otra idea espinosa: “No es el patriarcado el responsable de que se humille a las mujeres promiscuas, sino que son las demás mujeres las que las castigan por vender su sexo demasiado barato y, de este modo, hacer que baje el precio de mercado”.

Siguiendo esta lógica, el precio del sexo es más bajo en las sociedades progresistas en las que se ha abierto a las mujeres el acceso a la vida política y económica. La mujer emancipada -con oportunidades educativas y empleo remunerado- tiene ante sus ojos otros caminos para conseguir sus necesidades básicas. Ya no se ven obligadas a depender de ningún hombre ni a pensar en ellos como maridos-proveedores: pueden cambiar de pareja sexual, tener más relaciones buscando su satisfacción y no atarse a ninguna. Otros factores que devaluarían el sexo: la disponibilidad de anticonceptivos y el aborto legal. “(…) cuando el sexo conllevaba el riesgo de la maternidad, las mujeres demandaban un precio mucho más elevado por el acceso a sus cuerpos, como mínimo, un compromiso serio, y, a poder ser, el matrimonio”, escribe Ghodsee.

La culpa (de todo) es de ellas


El problema es la lectura misógina que se hace de los datos: por ejemplo, la derecha estadounidense se ha apoyado en ese estudio para culpar a las mujeres del bajo rendimiento de los hombres. “Si el precio del sexo es bajo, ellos no tienen incentivos para hacer algo con sus vidas (…) Cuando el precio del sexo es muy alto, los hombres, desesperados, encuentran incentivos para salir a buscar trabajo, ganar dinero y hacer algo de provecho, lo que les facilitará tener acceso de por vida a la sexualidad de una mujer a través del matrimonio”. Los economistas también han demostrado que en las culturas en las que hay más hombres que mujeres, ellos son más emprendedores.

La autora, de pensamiento feminista, acaba dando la razón a la teoría de la economía sexual, pero sólo dentro de los confines del sistema de mercado libre. No es nada “natural”, sino una respuesta a un modo concreto -capitalista- de organizar la sociedad. Lo argumenta así: “Aunque no sean conscientes de ello, los teóricos de la economía sexual vienen a aceptar una antigua crítica socialista del capitalismo: que mercantiliza todas las interacciones humanas y reduce a las mujeres a bienes muebles”. Se ve más claramente en las hembras cazafortunas. Y en las prostitutas. Los teóricos socialistas, por su parte, creen que la independencia económica de las mujeres y la propiedad colectiva de los medios de producción “liberaría las relaciones personales de los cálculos económicos”.

La propuesta de Kollontai


La socialista y feminista rusa Aleksandra Kollontai -que fue la primera mujer de la historia en ocupar un puesto en el gobierno de una nación- se rebeló contra esta mercantilización. Escribió: “En cuanto a las relaciones sexuales, la moralidad comunista exige, antes que nada, el final de las relaciones basadas en consideraciones financieras (…) La compraventa de caricias destruye la noción de igualdad entre los sexos”. Hay que recordar que tampoco defendía la promiscuidad, ni el hedonismo, ni el amor libre: en el fondo era bastante conservadora a la hora de relacionar siempre el sexo y el amor, pero creía firmemente que destruyendo el vínculo entre sexualidad y propiedad “los hombres y las mujeres tendrían relaciones más auténticas y significativas”.

Lenin y sus compadres no estaban interesados en esta revolución y acabaron mandando a Kollontai a Noruega en labores diplomáticas: es decir, la sacaron del país para que no molestase demasiado. Aunque las encuestas del momento señalan que gran parte de la juventud soviética apoyaba la visión de Kollontai, el conservadurismo tradicional de la cultura campesina rusa, sumado a los consejos de la mojigata clase médica, destruyeron el plan de la política feminista. No había acceso a anticonceptivos. Las mujeres no podían controlar su fertilidad. Los hombres evadían sus responsabilidades de manutención a pesar de las buenas intenciones de los tribunales. El Estado soviético “intentó crear una red de orfanatos que se hiciera cargo de los niños sin hogar, pero era un proyecto demasiado costoso”. Todas las ideas de Kollontai fueron ridiculizadas y rechazadas.

Cuando Stalin accedió al poder dictatorial no se complicó: lo más cómodo era que las mujeres se siguiesen dedicando a la gestación y la crianza sin coste alguno, pero que, además, trabajasen fuera de casa “para contribuir al levantamiento de la URSS como potencia industrial”. “A algunos conservadores estadounidenses les encantarían muchas de las políticas de Stalin: volvió a prohibir el aborto, promovió la abstinencia hasta el matrimonio, reprimió el debate público sobre la sexualidad, persiguió a las personas homosexuales e hizo exaltación de los patrones de género tradicionales dentro del matrimonio heterosexual”.

Generación postsoviética


Dos sociólogas rusas, Anna Temkina y Elena Zdravomyslova, realizaron entrevistas biográficas en profundidad a dos grupos de rusas de clase media en 1997 y 2005 para analizar los cambios generacionales que se expresaban en las vidas amorosas de las hembras antes y después de la caída de la URSS. Las mujeres utilizaban cinco narrativas básicas para hablar de sus relaciones con los hombres. Ellas las bautizaron como "guiones sexuales", a saber: el guion pronatalidad, el guion romántico, el guion de la amistad, el guion hedonista y el guion instrumental.

Predecible: las mujeres de la "generación silenciosa" soviética -nacida entre 1920 y 1945- se identificaba sobre todo con el guion pronatalidad, es decir, el sexo para ellas estaba directamente relacionado con la idea de tener bebés. En el otro extremo, cuando cayó la URSS, las mujeres se identificaban mayormente con el guion hedonista -el sexo es para el placer y va acompañado de juguetes eróticos- y con el guion instrumental, quizá el más preocupante... y el que más ponen en entredicho las feministas. 

Este último guion "presupone que la feminidad sexualizada -además de la juventud- se puede intercambiar de manera provechosa por recursos materiales (...) La mercantilización de la sexualidad en Rusia se pudo observar en el incremento drástico del trabajo sexual, la pornografía, los matrimonios por conveniencia económica y lo que las autoras llaman 'patrocinio', es decir, hombres acaudalados que mantienen a sus amantes".

Las dos Alemanias


Esta misma tendencia también se observó en la República Democrática Alemana (RDA) y la República Federal Alemana (RFA). "Con el inicio de la Guerra Fría, la alianza entre Stalin y las potencias occidentales se fracturó. Alemania del Este quedó del lado soviético del telón de acero y bajo un Gobierno de partido único (...) La división de Alemania ofrece un interesante experimento natural sobre los derechos de las mujeres y la sexualidad", escribe la autora. Mientras la Alemania Occidental abrazaba el capitalismo -con sus roles de género tradicionales y su modelo de matrimonio monógamo y burgués-, la del Este, "con su objetivo de emancipar a las mujeres, combinado con la escasez de mano de obra, las incorporó masivamente a la población activa".

Eso generó, presuntamente, mujeres autónomas e independientes que si se sentían insatisfechas con su compañero sexual, podían cambiarlo por otro, porque no les necesitaban económicamente. Las de Alemania Occidental no corrían tanta suerte y tenía que habituarse a la frustración erótica. Los investigadores de Alemania del Este se desvivieron "por demostrar que sus compatriotas disfrutaban más del sexo y con mayor frecuencia". En 1988, Kurt Starke y Ulrich Clement realizaron el primer estudio comparativo de experiencias sexuales evaluadas por las propias encuestadas entre chicas estudiantes de ambas Alemanias. Resultados: las mujeres del Este "disfrutaban más del sexo y declaraban un índice más elevado de orgasmos por relación que sus homóloga del Oeste". Con la sincronización entre mujeres y hombres pasaba igual, como demostró un posterior estudio, en 1990. 

Ojo: no es oro todo lo que reluce. En El amor en los tiempos del comunismo, de los historiadores Paul Betts y Josie McLellan, se desgranan más factores. Uno: la Iglesia -más importante en la moral y sexualidad de Occidente-. Dos: la "naturaleza autoritaria del régimen de la RDa, que restringía el acceso a la esfera pública -su ciudadanía respondió retirándose al ámbito privado-". Tres: "En el Este había mucho menos que hacer en comparación con las distracciones comerciales de Occidente, por lo que probablemente la gente dispusiera de más tiempo para dedicarlo al sexo".

La autora reconoce que, aunque esta idea pueda parecerle cursi a nuestros ojos utilitarios y modernos, Kollontai "tenía razón en lo esencial": "Las relaciones íntimas que se mantienen al margen del espíritu transaccionalde la teoría de la economía sexual son, en general, más francas, más auténticas, y, en definitiva, mejores". Es posible, pero, ¿a qué hay que renunciar para alcanzarlas? 

Fuente: https://www.elespanol.com/cultura/libros/20191001/mujeres-disfrutan-sexo-socialismo/433207267_0.html