sábado, 10 de abril de 2021

El comentario de Víctor

silviano, alzugaray, querida gente/
coincido con el análisis que hace alzugaray sobre ese tema crucial. y tengo un breve comentario que agregar, similar al de silvio.


SOBRE EL TEMA DE LOS CAMBIOS NECESARIOS. 
el proceso de cambio de mentalidad --que es una de las claves mayores del asunto-- se detuvo después del 2011. quedaron --quedan-- los importantísimos criterios de raúl en los que nos apoyamos hoy los que insistimos en la necesidad de que ese proceso se realice, tenga un buen ritmo, y produzca los nuevos cambios a partir de una nueva mentalidad, nacida del consenso y del compromiso.

Siento (y siento) que con ese período de 10 años transcurridos desde entonces se perdió la oportunidad de que la generación histórica (raúl) llevara adelante ese proceso capital para el destino del proyecto revolucionario y del país. Por supuesto que es difícil --creo que imposible-- que tengamos una explicación completa para la atenuación y desaparición de ese impulso de cambio que tuvo --entre sus anuncios esperanzadores, a mi modo de ver-- la publicación del DUO MOI vietnamita en el periódico granma.
 
El procedimiento para designar al compañero díaz canel como nuevo presidente (y posteriormente, ahora en el Congreso, como nuevo primer secretario del PCC) fue explicado entonces por raúl: el análisis que fue haciendo, durante años, la dirección histórica de la revolución y que dio por resultado la designación de DC. Probablemente a algunas gentes --quizás a muchísimas gentes-- les/nos hubiera gustado más que la figura que continuaría al frente del país y del proyecto saliera de un proceso largo --mucho más largo-- a partir de las bases mismas. Pero creo que la historia --y la forma que se conformó esa historia-- no podía traernos ese procedimiento. El que se aplicó trajo como resultado la designación de díaz canel como nuestro actual presidente.

No tengo pudor en decir --y compartir con ustedes y con quien lo quiera leer o escuchar-- que apoyo la gestión --ejemplarmente laboriosa, inteligente, sensible, no exenta de errores, insuficiencias o lentitudes del presidente. Ese apoyo (como sucede en el caso de muchas gentes a quienes leo en SEGUNDA CITA) incluye, necesariamente, el derecho y el deber de criticar, con transparencia y desde el compromiso, la gestión del presidente y de su gobierno.
Creo que quienes ven, automática, mecánicamente, CUALQUIER crítica como un ataque al proyecto revolucionario se equivocan.

Creo que quienes utilizan los medios digitales –financiados desde el exterior o no--  para tratar de desestabilizar y destruir la marcha actual –difícil, incluso agónica—del proyecto no sólo se equivocan sino contribuyen –desde el oportunismo, la mala fe o la ignorancia— a inclinar la balanza hacia la destrucción del proyecto de país que tratamos de sostener y hacer avanzar en medio de vicisitudes extremas.


SOBRE EL 8VO. CONGRESO DEL PCC

Este ya inminente evento es, sin dudas, el más importante de esa organización desde que fue creada. De sus resultados concretos y acertados depende el futuro –incluso el presente—del país.  Algunos procedimientos habituales en este tipo de evento no han podido ser realizados seguramente debido a la situación de emergencia que vivimos: pandemia, situación económica, alimentación. En esta ocasión, hasta donde sé, los núcleos de base no han hecho su selección de candidatos que, transitando por las asambleas municipales y provinciales, puedan llegar a participar en el evento.

Creo que militantes con carnet o sin él, revolucionarios que han/hemos trabajado durante décadas, dentro del pueblo; compatriotas que desean y/o necesitan salvar lo salvable para continuar un camino viable que nos asegure la estabilidad y un grado, al menos mínimo por el momento, de prosperidad.

Aquí aparece, como en otros momentos de este texto, el verbo continuar. Y hemos visto que las dos consignas principales del Congreso (según aparece en la televisión) son: unidad y continuidad.

Creo que la primera debiera ser la clave del pensamiento y la acción de quienes deseamos lo mejor para el país: a mi modo de ver, la unidad dentro de la diversidad imprescindible; unidad incluyente y participativa, basada en el debate abierto y sostenido, por todos los medios posibles.

También creo en la segunda consigna partidaria, la de continuidad, siempre que lleve, al menos implícitamente, a mi modo de ver, un adjetivo esencial: renovadora. Pensarla y aplicarla así, creo, no implica la negación de la herencia de todo el proceso  del gobierno revolucionario iniciado en 1959. Pero sí expresa la necesidad de que en esta continuidad se analicen y discutan los desaciertos y errores que cometimos en esta (ya larga) marcha y se tomen las imprescindibles decisiones que echen a dar los cambios que necesitamos en todas las áreas de la sociedad: desde las políticas económicas hasta el territorio del pensamiento y las comunicaciones sociales.

viernes, 9 de abril de 2021

"Ol' man river"

Por Juan M Ferran Oliva


Ol' man river, that  ol ' man river
He  must know something, but he don't say nothing
That ol'  man river, he just keep rollin' along

E

musical norteamericano forma parte de la familia del teatro lirico. Entre sus obras más conocidas se cuenta Show Boat [1].  Narra la historia de un barco teatro en el rio Misisipi en épocas de esclavitud.  Se estrenó en 1927 y alcanzó 572 representaciones. Fue llevado a al cine en varias ocasiones. En ella se inscribe la famosa canción Ol’ man river.  Expresa las penas de los negros a lo largo del gran rio con el que metafóricamente son comparados. Es cantada por Joe, un estibador de esa raza que fue interpretado por Paul Robeson en su estreno.  

Con perdón del maestro Vázquez Millares –no soy más que un diletante- oso expresar que Ol’man river es un aria de bajo que merece un lugar entre las más antológicas de ese timbre[2]. Generalmente los tenores y barítonos son los más populares.

Si la pieza es notable, no lo es menos quien la inmortalizó. Paul Robeson[3] es un personaje imprescindible en la historia norteamericana. Destacó como activista de los derechos civiles pero también como actor, atleta, cantante, escritor y abogado. Nació en Princeton en 1898 hijo de un esclavo fugitivo convertido en predicador protestante. Su madre provenía de una familia cuáquera que había luchado contra la esclavitud en Estados Unidos. 

Paul estudió derecho y fue el tercer colored graduado en  Rutgers. Allí practicó distintos deportes. Muchas universidades se negaron a competir con su plantel debido al estigma racial. No obstante llegó a profesional y a entrenador en la Universidad Lincoln.  Desistió de ser abogado cuando una mecanógrafa blanca rechazó escribir su dictado. Fue entonces que se convirtió en actor. 

A lo largo de su vida estableció amistad con personalidades progresistas en varios países. Puede citarse a Sergei Einsinstein, Jomo Kenyata, Nehru, Emma Goldman, Albert Einstein, Pablo Neruda, Euogene O’Neill, James Joyce y Ernest Hemingway. Compartió con Albert Einstein su anhelo por la paz mundial. 

Desde la izquierda, Henry Wallace, vicepresidente en la Administración
de Franklin Delano Roosevelt y candidato del Partido Progresista,
Albert Einstein, Lewis L. Wallace y Paul Robeson, en 1947.

Dirigió las primeras campañas en Estados Unidos para reivindicar los derechos del negro. Pensaba que

… el carácter esencial de una nación no está determinado por las clases altas, sino por el pueblo, y que los pueblos de todas las naciones son hermanos en la gran familia de la Humanidad.

Comenzó a cantar spirituals y otras canciones de la cultura negra norteamericana con su extraordinaria voz grave. Viajó a Europa y en particular a la URSS donde se sintió tratado como ser humano. Dio preferencia a himnos y cantos de carácter social. Participó en la Guerra Civil Española dentro de la Brigada Lincoln. Pensaba que 

 …el artista debe tomar partido. Debe elegir luchar por la libertad o por la esclavitud. Yo he elegido. No tenía otra alternativa.

Intervino en doce películas del cine independiente. Poseía una amplia cultura y hablaba más de 20 idiomas. En 1952 la URSS le concedió el Premio Lenin de la Paz (por entonces llamado Premio Stalin de la Paz)

Sufrió una persecución feroz durante el macartismo. Durante una de las sesiones, al preguntársele porque no se quedaba en la URSS contestó: 

…porque mi padre era un esclavo, y mi gente murió para construir este país, y voy a permanecer aquí y a tener una parte de él, exactamente igual que usted, y ningún fascista importado me sacará de él.

Fue privado del pasaporte y cancelados alrededor de 80 de sus conciertos. En uno de los pocos celebrados lo atacaron grupos racistas sin que la policía lo impidiera. Para la ocasión, Robeson declaró:

Voy a cantar donde quiera que la gente quiera que cante... y no me asustan las cruces que arden.

En 1995, 19 años después de su muerte en 1975, fue seleccionado para el Salón de la Fama del Futbol Americano Universitario.


Abril 5 de 2021 / SINE DIE, Segunda serie #22



[1] Show Boat  de Jeroome Kern y con partitura de xxxxx

[2] Valfa citar  La Calumnia, Mefistófeles, Dottor Dulcamara   Leporello, Principe Igor,  etc.

[3] Robeson, Paul (1898-1976)

 

martes, 6 de abril de 2021

Intermedio ariguanabense

Hoy a media tarde me di un brinquito a San Antonio, a ver a Giraldo y a Aimé, a conversar un momento con ellos sobre la perspectiva de que el llamado Valle del Ariguanabo sea nombrado área protegida. En la reunión del CITMA provincial leí que hablaban de paisaje natural, aunque creo que, más que paisaje, es un hábitat, un espacio natural donde viven e interactúan especies. Todo esto bastante venido a menos por culpa del hombre, con mucha necesidad de recuperación y cuidados. 

 

Como ya dije, tengo mente positiva al respecto. No puedo obviar que uno de los primeros actos de nuestro presidente fue autorizar la Fundación Ariguanabo que nuestro pueblo venía proponiendo desde hacía años.

 

Este intermedio ariguanabense es para hacer un voto porque se apruebe la muy justa petición de que nuestro río y sus bosques adquieran la categoría de espacio natural protegido.




domingo, 4 de abril de 2021

Intercambio entre hijos (y Amigos) del Arigüanabo

3 de abril de 2021

Estimado Silvio, 

Mis deseos de salud para ti y tu familia en esta dura situación de la pandemia. Según tengo conocimiento, tu eres un gran admirador de Cesar Vallejo y en estos días leyendo en internet, encontré un artículo en esta dirección https://jovencuba.com/desmontaje-nep-ecos-cuba/?fbclid=IwAR28EO4JLSm1PpYa_Af7YJHddoqeCjgj0r88Oq2MhlYPJZ2f32Uf-YFMXlk

Que hace referencia a un interesante libro que escribió Vallejo, como resultado de una visita que realizó a la naciente URSS (que no sé si lo has leído), y que acabo de leer.

En este escrito se plantea los siguiente:

Es menester reconocer, sin embargo, que una buena parte de lo que se escribía sobre la URSS en esta etapa, eran consideraciones especulativas. La política de Stalin era cautelosa respecto a los visitantes extranjeros. Quizás por ello fue un hito en la época el libro de César Vallejo: Rusia en 1931: reflexiones al pie del Kremlin (Ediciones Ulises, Madrid, 1931).

La obra fue el resultado de una visita donde Vallejo recorrió –acompañado siempre por un miembro de la KGB, como explica en la introducción– fábricas, koljoses, aldeas y ciudades. Además de ser una crónica que describe la vida diaria de un extranjero en la URSS, era una indagación, en la medida en que ella fue posible, en las expectativas del ciudadano soviético común ante las grandes esperanzas del Plan Quinquenal.

En conversación con Vallejo, los obreros de una fábrica moscovita le cuentan que, tras el cumplimiento del Segundo Plan Quinquenal, el nivel de vida del obrero soviético sería muy superior al del obrero norteamericano. Ante las preguntas del visitante relativas a los pocos automóviles que se movían por Moscú, asignados en todos los casos al Partido y a los órganos estatales, casi se burlan de su ignorancia al no saber que, en apenas siete años, todos los obreros dispondrían de automóviles.

El libro no constituyó una oposición al gobierno soviético, fue evidente que el autor quedó cautivado por aquellas personas que se sacrificaban en pos de un ideal. Tampoco fue una apología. Vallejo critica medidas y actitudes que despertaron su atención.

La espada de Damocles que pesaba sobre el texto era, no obstante, implacable. Los plazos establecidos para lograr el bienestar material y espiritual del pueblo se vencerían en poco tiempo sin demostrar la eficacia de las metas. A pesar de ello, la Constitución soviética de 1936 aseguraría que el socialismo se había afianzado en todas las ramas de la economía nacional y que la correlación de clases había cambiado. Este sería el primer paso de los sucesivos gobiernos soviéticos para proclamar lo que nunca habían alcanzado realmente.

El libro despertó gran interés en Cuba, de lo cual dan fe los siguientes hechos: En el prólogo a Bufa subversiva, Pablo de la Torriente Brau lo menciona entre los textos que no podían faltar en la habitación de Raúl Roa. Otra evidencia es la reseña que le hace Marinello en el número de enero de 1932 de la revista Política.

«Es la obra de un hombre de fe, que sabe observar. ¿Imparcialidad? ¿Es ella posible frente al fenómeno ruso? ¿Quién permanece en quietud de ánimo ante un pueblo que se construye con materiales inéditos y que marcha hacia el mundo con paso encendido? Quien quede frío ante el espectáculo grandioso ¿merece ser escuchado? Hay, sí, la posibilidad –y la obligación– de hacer lo que hace César Vallejo: demostrar una vacilación, un fracaso parcial, una medida inoportuna e insuficiente, un error de gobierno estalinista. Pero quedando a flote la fe revolucionaria».

Un camino progresista para la Isla no pasaba, según la mayor parte de la juventud revolucionaria, por la tangente soviética. La Revolución Socialista de Octubre había sido una, pero dos fueron las estrategias que desde mediados de los años veinte y hasta inicios de los treinta –etapa crucial para el movimiento revolucionario cubano–, habían definido el perfil socialista de ese país.

Las dudas de la intelectualidad cubana respecto al socialismo soviético eran perfectamente comprensibles. Y si aceptamos la definición de duda de Aristóteles como «el resultado de la equivalencia entre dos razonamientos contrarios», entonces entenderemos las de los intelectuales revolucionarios: haber comprendido que el capitalismo, bajo la dominación imperialista, resultaba nefasto para Cuba y, al mismo tiempo, apreciar que el modelo de socialismo estalinista no debía ser la solución de nuestros graves problemas. Concedámosle el reconocimiento a una agudeza política que hubieran deseado para sí generaciones posteriores.

Como pienso que podría ser interesante para ti, poder leer este libro (en caso de no haberlo conocido hasta el momento) te lo adjunto.

Mis saludos para tu familia, un abrazo, Alberto-KIKE

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3 de abril de 2021

Gracias, Kike, por enviarme el libro de Vallejo sobre su visita a la URSS. Creo que alguna vez me tropecé este trabajo pero entonces no pude leerlo. Esta vez, gracias a ti, voy a ser más consecuente, entre otras cosas porque estamos a punto de un Congreso  que va a ser resultado, además de nuestra realidad y de las diversas interpretaciones que  se hacen de ella, también de las experiencias socialistas universales. 

Por lo que cuentas de los diálogos de César con los obreros rusos, veo que había cierta ingenuidad en aquellos hombres y mujeres admirables, y compruebo que algunos de aquellos enfoques no nos han sido ajenos. Espero que a la luz de nuestra compleja y urgente realidad resultemos más realistas y pragmáticos. Creo que “nos va la vida en ello”, parafraseando a Aute.

Antes de despedirme te pido permiso para subir al blog este intercambio, además de hacerle un acceso al libro para que llegue a todo el que lo desee.

Lo mejor para ti, hermano ariguanabense, Amigo del río y Profesor Principal en la Escuela Profesional de Geografía de la Universidad de San Marcos (Primera de América) en Lima, Perú, de la que guardo muy gratos recuerdos.

Gracias de nuevo, cuídate mucho y un fuerte abrazo.

Silvio
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3 de abril de 2021
Silvio, me alegra que te resulte interesante y oportuno el libro de Vallejo y la reflexión que se hace al respecto. Por su puesto que lo puedes subir al blog, es necesarios que todos tengamos la más amplia información, como único modo para actuar con conocimiento de causa, en momentos en que está en juego el presente y futuro de nuestro país.
fuerte abrazo,
Kike
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Para descargar el libro: https://www.textos.info/cesar-vallejo/rusia-en-1931/descargar-pdf

jueves, 1 de abril de 2021

Hablando del Partido II

Antes apunté que el Partido Comunista de Cuba (PCC) se fundó desde el poder revolucionario, que enfrentó desde 1959 una espiral de violencia impuesta por sus descontentos; una guerra civil que radicalizó el proceso y polarizó a la sociedad toda.

Esas tensiones sobrevivieron a la descomunal insurgencia interna apoyada por EEUU, derrotada en 1965 cuando el Partido se constituyó, pocas semanas después de que 42 mil marines desembarcaran en Santo Domingo, menos de 500 kilómetros al este de Guantánamo.

Nacido en un contexto marcado por las acciones paramilitares desde el Norte, el bloqueo y el aislamiento internacional, el primer Congreso en 1975 representó, entre otras cosas, la celebración por haber prevalecido, a pesar de todo. Esa sobrevivencia tuvo altos costos, que solo una historia documentada y ecuánime podría restablecer.

Otra gran diferencia del PCC con los demás Partidos comunistas fue su integración. La amarga experiencia del sectarismo en aquella primera organización unitaria, las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) entre 1961-1962, dio paso a la construcción del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) sobre nuevas bases. Aunque sus reglas establecían que la organización aprobaba o rechazaba el ingreso de sus aspirantes a miembros, la norma primordial que la diferenciaba de otros Partidos en el mundo era el mecanismo para el ingreso, basado en un debate público sobre cada aspirante y el aval de “la masa”, como se decía entonces.

El primer paso para ingresar, tanto al PURS como luego al PCC, era una asamblea donde el colectivo proponía y votaba a los trabajadores ejemplares. Vale apuntar que la ejemplaridad implicaba mucho más que apoyar a la Revolución. Además de defender su política, había que trabajar muy bien y sin limitarse al horario laboral; integrar la milicia, la reserva de las Fuerzas Armadas, o alguna modalidad de la defensa por centros de trabajo o barrio; participar en las movilizaciones, especialmente el trabajo agrícola, durante fines de semana o meses.

También exigía estar “superándose” constantemente; término surgido en una época inaugurada por la campaña de Alfabetización (1961), que implicaba asistir a cursos de enseñanza general, calificación laboral, idiomas, o cualquier otra actividad dirigida a adquirir conocimientos. Además, el ejemplar debía mantener relaciones fraternales con sus compañeros, incluidos quienes desempeñaban las tareas más humildes, lo que conllevaba no solo buen trato, sino solidaridad, cooperación y apoyo, tanto dentro como fuera del centro de trabajo.

Sin importar la jerarquía del propuesto, todos podían expresarle sus críticas en torno a los elementos apuntados anteriormente, así como acerca de su conducta moral y cívica, en la misma asamblea de ejemplares o dirigiéndose al Partido en privado. La asamblea de ejemplares también evaluaba cuán crítico sobre los problemas del centro de trabajo y del país era el propuesto; y cuán capaz de identificar sus propios defectos. Finalmente, la asamblea votaba si era digno o no de ser evaluado por el Partido para integrar sus filas, es decir, si era realmente ejemplar.

A partir de ese punto, el aspirante a militante debía someter a evaluación del Partido una detallada biografía, con los lugares donde había residido, las escuelas a las que había asistido, sus empleos e inicio de actividades sociales y políticas, con el fin de facilitar una indagación anónima sobre cada momento de su vida anterior y actual, con vecinos, compañeros de clase y de trabajo, personas que lo acompañaron en momentos cruciales de la Revolución. En la jerga de la época, esta biografía se conocía como el “cuéntametuvida”.  

Para hacerse una idea de aquel examen de conciencia y su significado íntimo —ajeno a una cultura totalitaria— léase Las iniciales de la tierra (1987), de Jesús Díaz, escrita en su primera versión a raíz de la zafra de 1970. La estructura de esta novela, originalmente titulada Biografía de un militante, corresponde exactamente con el «cuéntametuvida» que llenaban los aspirantes al Partido.

El autor, que había ingresado en agosto de 1969 a sus filas, y con quien compartí afanes intelectuales y literarios en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana entre 1970 y 1972, transmite en sus páginas, con alta fidelidad artística, el significado humano y los sentimientos asociados al ingreso en aquel Partido Comunista.

Según un clásico de la ciencia política como Maurice Duverger, existen Partidos de masas y Partidos de cuadros. Esta clasificación básica no los distingue por el número de sus miembros, sino por su estructura y funciones. Por ejemplo, los estadounidenses —demócratas y republicanos— surgidos como corrientes electorales dentro de la élite política, y basados en financiamiento, manejo de recursos y aparato movilizativo, se clasifican como “Partidos de cuadros”. Los Partidos socialistas europeos estarían entre los de masas, considerando su sostén, representación y base social de trabajadores.

Atendiendo a la concepción bolchevique como organización de revolucionarios profesionales, Duverger ponía a los comunistas en una variante particular de la categoría de cuadros. Sin embargo, una vez en el poder, el propio Lenin había propuesto incorporar gente de “abajo”, tanto a sus filas como a su Comité Central, donde sus voces se pudieran escuchar.

Aunque las organizaciones políticas cubanas que le hicieron la guerra a la dictadura no se identificaban como leninistas (salvo el Partido Socialista Popular), su estructura de combate insurreccional no sería la misma que demandaba mantener el nuevo orden instaurado por la Revolución, y dotarlo, no solo de cuadros, sino de una base social más amplia y representativa.

Desde sus orígenes, y con el paso del tiempo, el Partido Comunista de Cuba (PCC) suministró cuadros al nuevo Estado. Sin espacio para comentar aquí lo que significaba entonces un cuadro, solo anoto que para el Che Guevara, quien le dedicó mucho tiempo a por qué y cómo formarlos, no se trataba precisamente de un burócrata o un aparatchik. El Che caracterizaba al cuadro, en 1962, como “un creador, un dirigente de alta estatura, un técnico de buen nivel político, […] un individuo que ha alcanzado el suficiente desarrollo político como para poder interpretar las grandes directivas emanadas del poder central, hacerlas suyas y transmitirlas, capaz de percibir los “deseos y motivaciones más íntimas” del pueblo; “dispuesto siempre a afrontar cualquier debate, […] con capacidad de análisis propio, lo que le permite tomar las decisiones necesarias y practicar la iniciativa creadora de modo que no choque con la disciplina”.   

Como parte de la institucionalización del sistema político, que ya el Che avizoraba como imprescindible para el socialismo cubano, el Partido perfilaría entre 1975-1976 su estructura orgánica, en un modo muy parecido al actual. Esa estructura, que empieza donde terminan los núcleos y Comités del Partido, integrados por militantes de fila, y sube desde los municipios hasta el aparato auxiliar del Comité Central, está compuesta por cuadros profesionales, y formada por departamentos paralelos a las áreas del Estado y el gobierno: industria y construcción, turismo, transporte y servicios, agricultura y alimentación, educación, deportes y ciencia, relaciones internacionales, cultura; así como algunos específicos de la actividad partidaria como organización y política de cuadros, ideológico, propaganda, escuelas de cuadros, prensa del PCC, entre otros.

De manera que, cuando un cubano dice “el Partido”, puede estar hablando en particular de alguno de los tres cuerpos, diferentes entre sí y, en rigor, también del liderazgo histórico: la militancia de fila, en primer lugar, la estructura organizativa y el aparato auxiliar, en segundo; y en tercero, el Comité Central y el Buró político.

Como es obvio, derivar la composición, funcionamiento y problemas específicos de cada uno a partir de los Estatutos del PCC, o de una crítica al Artículo 5 de la Constitución, sería como querer descifrar los nudos del sistema político y sus instituciones mediante glosas escolares al texto constitucional.

En un estudio sobre la estructura demográfica de las instituciones de poder en Cuba, publicado hace unos años, me referí a la composición del Partido en sus diferentes niveles, desde el enfoque de la sociología política. En el breve espacio de este artículo me limitaré a comentar algunos problemas en su funcionamiento orgánico.

La máxima dirección del propio Partido ha juzgado críticamente el funcionamiento de la organización. Raúl Castro, que en breve dejará de dirigirla, ha sido quien ha llamado a naturalizar la discrepancia y la diversidad de ideas, no cuando se convoca especialmente, sino como norma; y a desterrar la vieja mentalidad, fundida en dogmas y criterios obsoletos.

Entre las principales deficiencias señaladas se encuentra la superficialidad y el formalismo del trabajo político-ideológico, el uso de métodos que subestiman el nivel cultural de los militantes, las agendas inflexibles bajadas “de arriba” sin tomar en cuenta la diversidad de la sociedad en que viven, la catarata de efemérides y conmemoraciones formales, con discursos retóricos sin contenido real, que solo provocan disgusto y apatía entre sus miembros. Esta estructura padece de poca creatividad y vínculos con la ciudadanía, métodos burocráticos de dirección, y pérdida de autoridad y ejemplaridad, provocadas por actitudes negativas e incluso corruptas.

Se precisa además que los órganos encargados de orientar la comunicación no logran concebir mensajes que reflejen la heterogeneidad de una sociedad donde conviven adultos mayores con jóvenes que conocieron el socialismo en su versión de Período Especial. Al contrario de lo que se repite, esos menores de 40 años no solo tienen un nivel escolar superior, sino que llevan consigo una cultura política heredada mucho más compleja y crítica que la de sus padres y abuelos. En lugar de dialogar con ellos, se les estigmatiza porque no responden a una pedagogía paternalista y tutelar.

Ese diálogo será todavía un buen deseo mientras el Partido y el resto de las instituciones que éste orienta no consigan un ambiente propicio al respeto y la confianza, a debatir, criticar y asegurar un estilo verdaderamente participativo y democrático en la toma de decisiones; a fin de ejercer su papel hacia las organizaciones de la sociedad civil, respetando su funcionamiento democrático y autónomo.

Una meta por alcanzar plenamente sigue siendo el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones no solo para fomentar la ciencia y la economía, sino la actividad ideológica; así como fortalecer el control popular y el enfrentamiento a la impunidad, la violencia familiar y de género, en barrios y comunidades, no solo ni especialmente con la ley y el orden, sino con recursos políticos que vayan a su raíz.

Al PCC le toca desarrollar políticas contra todos los prejuicios —raciales, de género, antirreligiosos, de orientación sexual, etc.— que limitan los derechos de las personas en el desempeño de cargos públicos, políticos, o en organizaciones e instituciones armadas. Le corresponde, también, facilitar la participación activa de intelectuales y artistas en un clima de entendimiento y libertad.

Si el anterior ha sido el examen autocrítico del Partido, la proximidad del VIII Congreso propiciaría una reflexión más profunda sobre su papel en un nuevo socialismo. Para decirlo con las palabras de Raúl Castro, si vamos a tener un solo Partido, debe ser el más democrático, empezando por las propias filas, donde todos tengan el derecho a criticar y nadie esté exento de ser criticado.

Ahora bien, ¿qué significa ser el Partido de la nación cubana? ¿Defender el interés nacional es lo mismo que el de todos los nacidos aquí? Dado que no hay democraticidad ilimitada, ¿cuáles son los límites de la cubana? ¿Cómo determinarlos?

Valdría la pena detenerse aquí, para poder seguir.

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Fuente: https://oncubanews.com/opinion/columnas/con-todas-sus-letras/hablando-del-partido-ii/

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