sábado, 24 de enero de 2026

Alex Pretti, enfermero de cuidados intensivos, el asesinado por agentes federales en Mineápolis

Ap y The Independent

Mineápolis.- El manifestante de Mineápolis asesinado a tiros por un oficial federal, era un enfermero de cuidados intensivos de nombre Alex Jeffrey Pretti, de 37 años.

Los padres de la víctima aseguraron que era un ávido amante de la naturaleza que disfrutaba de las aventuras con Joule, su querido perro leopardo Catahoula, quien también falleció recientem


ente. Participó en las protestas tras el asesinato de Renee Good a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos a principios de este mes.

“Se preocupaba profundamente por la gente y estaba muy molesto con lo que estaba sucediendo en Mineápolis y en todo Estados Unidos con el ICE, como millones de personas más”, dijo Michael Pretti, el padre de Alex. “Sentía que protestar era una forma de expresar su preocupación por los demás”.

Pretti era ciudadano estadunidense, nacido en Illinois. Al igual que Good, los registros judiciales indicaban que no tenía antecedentes penales y su familia afirmó que nunca había tenido contacto con las fuerzas del orden, salvo un par de multas de tráfico. En una conversación reciente con su hijo, sus padres, que viven en Wisconsin, le dijeron que tuviera cuidado al protestar.

Un médico del Departamento de Asuntos de Veteranos en Mineápolis,‪ Dimitri Drekonja, identificó a la víctima como un compañero suyo: “Alex Pretti era colega en el Departamento de Asuntos de Veteranos. Lo contratamos para reclutar para nuestro ensayo. Se convirtió en enfermero de cuidados intensivos; me encantó trabajar con él. Era una persona amable y bondadosa que vivía para ayudar, y estos cabrones lo asesinaron”, dijo en su perfil de Blue Sky Social.

Por el asesinato de Alex Pretti, ciudadanos en Mineápolis instalaron un monumento improvisado que comenzaba a tomar forma en una parada de autobús junto al lugar del tiroteo. La gente dejó flores y encendió velas.

Mientras tanto, Allison Bross abrió su tienda de moda, b. Resale, que se ubica junto al lugar del tiroteo, para que los manifestantes pudieran comprar comida, agua, usar el baño, recibir atención médica y descansar de las gélidas temperaturas del exterior.

“Somos un negocio comunitario; no existimos sin la comunidad”, dijo. “Así que, si nos enteramos de que alguien en nuestro vecindario está sufriendo, estaré aquí de inmediato”.

Jefe de policía de Mineápolis confirma que Alex Pretti era un "ciudadano estadunidense"

El jefe de policía de Mineápolis, Brian O'Hara, dijo que la persona fallecida es un "ciudadano estadunidense". La víctima ha sido identificada como Alex Pretti, residente del sur de Mineápolis, según The Minnesota Star-Tribune.

En medio de las redadas migratorias, el ciudadano estadunidense de 37 años, Alex Pretti, se manifestaba contra las redadas migratorias en Mineápolis que instó Trump como parte de la campaña antimigratoria de su gobierno, que ha generado una ola de rechazo en varios estados de EU.

Según el Departamento de Seguridad Nacional, el hombre fallecido era un "inmigrante ilegal buscado por agresión violenta" que portaba una pistola de 9 mm cuando fue abordado por agentes. La agencia afirma que el hombre pretendía "masacrar a las fuerzas del orden".

Los funcionarios de la ciudad dijeron que su único contacto anterior con la policía fue por infracciones de tránsito y que tenía licencia para poseer armas.

El asesor de Trump, Stephen Miller, ha calificado a Pretti de “terrorista doméstico” que “intentó asesinar a agentes del orden federal”.

El jefe de la policías de Mineápolis, Brian O'Hara, señaló que el incidente marca la última escalada de tensión entre las comunidades de la ciudad y los agentes federales que actúan en nombre del Departamento de Seguridad Nacional tras la muerte a tiros de Renee Good a principios de este mes. Ella también tenía 37 años.

El video del tiroteo muestra a un grupo de agentes forcejeando con un hombre en una calle de la ciudad antes de que se produzcan al menos diez disparos. Se desconocen las circunstancias que llevaron al tiroteo.

El Minnesota Star-Tribune informa que el hombre recibió un disparo en el pecho y fue trasladado de urgencia a un hospital cercano.

Bill Melugin, de Fox News, tuiteó que una fuente del Departamento de Seguridad Nacional afirmó que el sospechoso estaba armado. Melguin publicó entonces una foto de una pistola en el asiento del coche que supuestamente pertenecía al hombre herido.

Tras el tiroteo, una multitud enfurecida se reunió y gritó groserías a los agentes federales, llamándolos "cobardes" y diciéndoles que se fueran a casa. Un agente respondió burlonamente mientras se alejaba, diciéndoles: "¡Buu!". 

La intersección donde ocurrió el tiroteo ha sido bloqueada y agentes de la Patrulla Fronteriza se encuentran en el lugar, intentando calmar las protestas. 

Se estima que más de 2 mil agentes federales están recorriendo las calles de Mineápolis-St. Paul en busca de inmigrantes para detenerlos, y el Departamento de Seguridad Nacional de los EU informa más de 3 mil arrestos desde principios de diciembre, los residentes se han organizado para monitorear, interrumpir y protestar contra la represión en las calles.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/24/mundo/alex-pretti-el-hombre-asesinado-por-agentes-federales-en-mineapolis

Nota: si entra en la página web podrá ver un video del asesinato (alerto que horrible)

viernes, 23 de enero de 2026

«El mayor premio alcanzable es el placer del trabajo amado»...

...dice Virgilio López Lemus, quien recientemente mereciera el Premio Nacional de Literatura

Texto Madeleine Sautié / Foto Juvenal Balán

Han sido muchas las ocasiones en que hemos tenido el privilegio de conversar con Virgilio López Lemus, poeta, ensayista, traductor, investigador y crítico literario, un probado humanista de los que enorgullecen la cultura cubana. El privilegio, digo, porque no por conocido que nos sea, dejan de mostrarse, en cada nueva charla, cualidades y confesiones que enriquecen a quien lo escucha; y lo hacemos hoy, por habérsele concedido, hace apenas unos días, el Premio Nacional de Literatura.

De Miguel de Cervantes es una sentencia que dice: «Al bien hacer jamás le falta premio», y creemos que la obra de Virgilio López Lemus ha sido de una permanente entrega.

–¿De cuántos libros suyos hablamos ya?, pues, aunque teníamos el dato, al habérsele dedicado la pasada edición de la Feria Internacional del Libro, lo sabemos incrementado.

–Pues me pones en doble situación: el recuento cuantitativo y la inmodestia de contar lo que he hecho, sin duda con dedicación, placer y amor. Con dos libros que deben salir en la Feria Internacional del Libro de La Habana de 2026, arribaré a mi volumen 50. Suma diez folletos, 17 antologías de poesía cubana e hispanoamericana, unas 40 compilaciones con prólogo sobre diversos autores cubanos y extranjeros, 16 libros traducidos del portugués, siete textos solo en edición digital, y más de 20 en los que soy coautor. Aparte, puedo contar 71 prólogos a libros de diversos autores. O sea, existen unos 150 libros que poseen mi impronta autoral. Solo significa que he trabajado sin descanso, casi todos los días, y debo sumar otros seis libros entregados a diversas editoriales cubanas y del exterior esperando por su publicación, y cinco en mi computadora haciendo turno para entregarlos a editoriales. Todavía espero hacer un poco más, según me rinda la vida. Me disculpo por esta inmodestia cuantitativa.

–Se dice que el mayor premio no es tenerlo, sino merecerlo, y hace mucho usted merecía el que le acaban de otorgar. Finalmente le llega el Premio Nacional de Literatura para acrecentar la larga lista de lauros recibidos durante su vida. ¿Qué se dijo a sí mismo al saberse premiado? ¿Qué nos dice a nosotros, a sus lectores y amigos?

–Me acuerdo de cuando felicité a Dulce María Loynaz por haber ella ganado el Cervantes, y con una sonrisa pícara me dijo: «¿No se habrán equivocado?». Pues así me he sentido también. Al recibir el Premio Nacional de Literatura pensé en mi familia que ya no está, en el poeta y narrador Alberto Acosta-Pérez que tanto lo deseó para mí, y me dije: «Tengo que seguir trabajando». Eso digo: cerrar el paso a toda vanidad inútil y buscar la forma de seguir siendo una persona de utilidad. Quisiera dedicar este galardón a mis amados ausentes y a la provincia de Sancti Spíritus, pues creo que he sido el primero nacido en ella en obtenerlo, y a mi pueblo natal, Fomento. No digo mucho más: ahí dejo mi labor de escritura, no soy quien para calificarla.

–Mucho hemos conversado sobre poemas y buena literatura. «Qué inmenso placer el de la escritura», le hemos escuchado decir. Pero en medio de una alegría innegable ante el suceso, quisimos saber de esas satisfacciones que enriquecen el tiempo y alma de un hombre que ha vivido para llevar al papel y a la letra impresa, su alta sensibilidad y su impactante sabiduría. ¿Cómo se traduce ese inmenso gusto por escribir? ¿Habrá algún día en que Virgilio no haya escrito?

–Habrá, quizá, días en que no he escrito, pero a mí mismo me recuerdo escribiendo por encima de dificultades personales, familiares o sociales. Creo que el mayor premio alcanzable es el placer del trabajo amado. Manuscribo en una libreta de notas, o redacto directamente en la computadora, que los españoles llaman ordenador. Sobre ello, evocaría un tango: «Escribir es un placer / genial, sensual». El hecho de escribir contiene desde el refugio personal necesario hasta la realización social, así es que me definiría, si valiera hacerlo, como un empedernido amante de la letra con sentido y un lector incontenible. Para nada me creo un sabio, no lo soy, cuando más aspiro siempre a ser un hombre bueno.

–También me ha hablado del fervor de la utilidad. ¿Cuál es la que tiene haber dedicado su existencia a la belleza, al bien y buen decir, a la elevación del espíritu, a haber transferido a la sociedad sus saberes?

–¿Para qué escribir sino para ser socialmente útil? Decía Lezama que hay que tener «cultura para la poesía», o sea, acrecentar el saber libresco y vital para poder escribir y que la escritura tenga valor para los demás. Yo siempre pienso en quién me ha de leer, por eso suelo hacer libros relativamente pequeños, no tratados de elevado número de páginas. Los tiempos son rápidos, no he de imponer a los posibles lectores un mamotreto por muy «culto» que él sea. Quiero no abrumar, entregar lo que digo con la mayor sencillez posible, buscando que la palabra, cuando es poesía, posea belleza de articulación, o, cuando es prosa, claridad de ideas. Y ofrecer un «mensaje» (aunque decía Picasso que un artista no es una paloma mensajera), para que ese sentido de utilidad tenga diferentes aristas.

–La fe en la poesía es otro de sus pilares, fe en la que lee y en la que escribe. ¿Qué papel juega la poesía en su disciplina, en su tesón y vocación?

–Creo en el «sacerdocio» de la poesía. El poeta entregado (consagrado) a esa fe pone a la poesía como centro salvífico de su vida. Por supuesto que creo en la poesía, que es expresión del cosmos, y que una persona especializada, un artista de la palabra, es capaz de convertir en versos o prosa poética o de otra manera de transmitir el hecho poético universal. Todos los seres humanos somos capaces de sentir ese fragor del tiempo y del espacio que resulta la poesía, algunos son capaces de trasladarlo a la palabra oral o escrita, el poeta es algo así como el ebanista de la carpintería, el que convierte lo cotidiano en arte trascendente. Creo en la poesía, útil a los pueblos, como decía Martí, que derriba o exalta, que ofrece espejo y puente de almas, que inunda nuestra vida de la fragancia rara de la emoción. La poesía es intrínseca al ser humano, y claro que nos humaniza. Un poeta como Rilke, o Pessoa, o Machado, o Lezama o Guillén, o Vallejo, nos ofrece una mirada esencial de nuestro destino como seres vivos racionales. La poesía es una fe, un refugio, una manera dichosa (o triste) de impulsarnos en la vida.

–Entre sus pasiones, «influido hasta los tuétanos», ya lo ha dicho, está Rainer María Rilke, autor de estos versos: (…) de modo que impelidos un instante ponemos / la vida en escena, sin pensar en aplausos. Usted ha provocado las palmas en múltiples ocasiones. ¿Qué opina del aplauso?

–Aplaudir es expresar a veces emociones, coincidencias, simpatías, aprobación, o la dicha de participar de un instante raro de la emoción. Pero me parece triste vivir para el aplauso, incluso el bello arte del payaso pide mejor comprensión de su entrega artística, pensada y ensayada. Un bello o fuerte aplauso llena de alegría recóndita al artista, al científico, al deportista, al ingeniero, al político, incluso a un pastor o sacerdote. Pero ninguna de estas personas auténticas viven y trabajan para ser aplaudidas. El aplauso puede ser peligroso para el ego excesivo, para la vanidad fulminante. Opino del aplauso con moderación, y si alguna vez lo mereciera, creo que es la sencilla manera de alguien comunicarme que he dicho algo que ha tenido resonancia, nada más.

–Machado, que así ha dicho, también lo conquista. Me despertarán / campanas del alba / que sonando están. ¿Qué «campanas», digamos inquietudes, añoranzas… despiertan hoy a Virgilio?

–Me va quedando menos tiempo en el planeta, debo tener un poco de apuro para concluir lo que me queda por decir, por dar. Me despiertan las campanadas incluso machadianas de ese apuro, siento la inquietud del encontronazo definitivo con la Nada, y también siento la añoranza de que llegue ese momento gris cuando ya no tenga nada nuevo que decir, o sea, aún por unos cuantos años por delante. Le pregunté hace años a mi padre, herido de muerte y convertido en un ser corporalmente sufriente, si quería vivir cien años. Me contestó: «Si se puede, sí»; le pregunté de nuevo para qué tanto, y me respondió: «Para estar con ustedes». Ese ustedes eran solo mi madre y yo. Así aprendí a escuchar las campanas de la vida, del deseo de vivir y de acompañar, y de hacer y de, ya lo he dicho, ser útil. Deseo que las «campanas del alba» me sorprendan trabajando.

https://www.granma.cu/cultura/2026-01-22/el-mayor-premio-alcanzable-es-el-placer-del-trabajo-amado-22-01-2026-21-01-19

jueves, 22 de enero de 2026

Buen viaje


 Nacimos el mismo día, yo cinco años antes que él. Lo escuchábamos vocalizar desde casa de Pancho, en Lealtad, mucho antes de la televisión. Después lo vimos irse ganando al pueblo a fuerza de trabajo. Hacía giras por todo el país. Alguna vez lo ayudamos con algo de sonido. Me invitó a uno de sus muy populares programas (la foto es de ese día, con Rey Montesinos). Me ha pegado la noticia de su partida. Mis condolencias a su talentoso hijo, a su compañera, a su familia, al pueblo que lo amaba. Buen viaje tenga ese espíritu Sagitario, Alfredo Rodríguez.

martes, 20 de enero de 2026

Víctor Andresco: “Cuando las heridas permanecen abiertas, se acaban pudriendo”

 Texto: David Valiente  Foto: Daniel Mordzinski

La madrileña Glorieta de Embajadores y Lavapiés no son solo barrios. Representan también un cruce de culturas, un mundo rico en historias y leyendas importadas de otros continentes, pero ya tan propias como los teatrillos y las novelitas costumbristas de Manuel Bretón de los Herreros. Crujen las baldosas al pisar el suelo y un murmullo impulsado por el viento se cuela por las ventanas y las puertas semiabiertas. Los negocios levantan la verja al compás marcado por tambores imaginarios que los foráneos del barrio son incapaces de escuchar.

Por suerte, hemos quedado con alguien que sí puede ayudarnos a comprender esas melodías. Antes de escribir, traducir y dirigir el Instituto Cervantes de Moscú, Milán, Dublín, Atenas y, actualmente, Tokio, Víctor Andresco (Madrid, 1966) creció recorriendo las vibrantes y estrechas calles que comunican la plaza de Lavapiés y la Glorieta de Embajadores. En el Café Barbieri, espacio de agradables recuerdos, hablamos sobre esa juventud pasada, sus padres, sus experiencias en el antiguo espacio soviético, pilares argumentales de su última novela,   Soviépica (Reino de Cordelia).

Antes que escritor, Andresco es también un cruce de culturas y un hombre marcado por un barrio que le ayudó a construir ese muro de contención emocional que mantiene a las personas erguidas frente a las exigencias del hoy y del mañana. Sus palabras no son mera literatura abstracta ni siquiera el refugio de corazones fugitivos. Soviépica se presenta como una consecuencia natural de haber acumulado multitud de experiencias propias y ajenas que, unidas y maceradas por su estilo irónico, funciona como una topografía moral y política atravesada por el amor.

El amor que Fabián siente por Aitana recorre toda la novela como un alma en pena, sin descanso hasta el último párrafo. Ese sentimiento se detiene en las marquesinas del barrio o en los pisos comunales de época de Jruschov, lugares donde el recuerdo parece tomar aliento. Si un amor termina, por qué no también una época. A Fabián le quedan los recuerdos y la nostalgia que golpea sin guantes un cuerpo que vio caer desde dentro a uno de los contendientes de la Guerra Fría. Solo existe una respuesta posible a la crisis existencial que llama a la puerta de la emoción pasada unas décadas: hacer caso a los instintos, correr detrás de esas sombras que un día tuvieron carne, mirarlas a la cara y comprender que el tiempo no crea vencedores ni vencidos.

Su vida está profundamente ligada a la cultura: además de crear, divulgar y traducir, también se encarga de su gestión en uno de los buques insignia del poder blando de nuestro país, el Instituto Cervantes. ¿De dónde surge ese interés por las expresiones culturales y, en particular, por todo lo relacionado con las letras eslavas?

Digamos que responde a un afortunado accidente familiar. En la novela cuento que el padre de Fabián es un ruso llegado a España a principios del siglo XX, después de que sus abuelos huyeran del país a causa de la Revolución de 1905. Esta es también la historia de mi propio progenitor, una persona francamente interesante. Él no nació en Rusia y nunca pudo visitarla. Primero se lo impidió el franquismo, pues fue represaliado junto a mi abuelo; más tarde una enfermedad terminal acabó con ese sueño. Así que pasó toda su vida en la Glorieta de Embajadores, añorando un país que solo conoció a través de las remembranzas de sus padres y de la lengua que nos dejó en herencia, con tanta viveza, a mí y a mi hermana.

Además de ambientar la novela en los últimos compases de la URSS, una buena parte de la acción transcurre en la Glorieta de Embajadores. 

Nací en este barrio y tengo una querencia especial por sus calles, sus bares, sus comercios, lugares en los que empecé a descubrir el significado de la vida real. Con Soviépica he intentado retratar también ese Madrid que aún me resulta simpático y que poco o nada se parece al actual. Ese Madrid ya no existe y dudo mucho que, a corto o medio plazo, podamos volver a disfrutar de aquel ambiente que recrearon maestros de la literatura como Pío Baroja o Arturo Barea en sus novelas. La capital se ha convertido en un lugar a menudo rancio y casposo, como si solo interesara cierta gusanera millonaria que ha colonizado ese cogollito del barrio de Salamanca que tan bien retrató Manuel Longares en Romanticismo. Me fascinan los rincones de esta ciudad y, siempre que tengo ocasión de presentarme como escritor, lo hago con la muletilla madrileño. Sin embargo, siento que este sitio ya no me representa como antes. Tengo la sensación de que está desapareciendo y quería conservar, de alguna manera, la memoria del lugar donde me crié: una ciudad de gente común que se levanta todos los días y afronta su destino como buenamente le permite su situación.

En el desarrollo de una persona resulta apremiante la formación intelectual y política. Fabián toma contacto con grupos de izquierda en esos años de primeras transformaciones. ¿Víctor Andresco también vivió ese mundo político-cultural tan interesante?

En la Glorieta de Embajadores, a apenas cincuenta metros de mi casa, presencié la primera manifestación política de mi vida, el 1º de mayo de 1979. Ese mismo año, el 13 de diciembre, los obreros y los estudiantes salieron a la calle y la manifestación se saldó con el asesinato de dos estudiantes, José Luis Montañés y Emilio Martínez, por disparos de la Policía. La gente del barrio colocó una placa conmemorativa en la Ronda de Valencia número ocho, el lugar donde murieron los dos jóvenes. Dos años después arrancaron esa placa. También a unos pasos de mi casa solía colocarse el fundador del Partido Comunista Obrero Español, el gallego Enrique Líster, vestido con su pantalón de tergal, bien atildado, junto a una mesita desde la que vendía llaveros con la cara de Lenin y libros de política, entre otras cosas. En la novela cuento algo que me sucedió a las puertas de mi primera juventud: empujado por el azar, participé en una fiesta por la Unidad de los Comunistas en el Palacio de los Deportes, hoy conocido con el horrendo nombre de Movistar Arena. Desde ese momento, me he involucrado todo lo posible en asuntos políticos, siempre del lado de la izquierda, por supuesto.

En la universidad estudió letras eslavas. Gracias a la magnífica herencia que le dejó su padre, casi resulta natural que se decantara por esos estudios. 

Cursaba el tercer año de Filología Francesa en la Universidad Complutense cuando se abrió la licenciatura de Lenguas Eslavas. Como hablaba ruso con fluidez, pensé que me resultaría más fácil y lógico terminar mis estudios, así que me cambié de especialidad. Pertenezco a la primera promoción de licenciados en Filología Eslava de la Complutense. De mis compañeros, solo unos pocos hablábamos ruso al empezar los estudios.

¡Qué feliz ventaja!

Al igual que le ocurre al protagonista de mi novela, he experimentado la extraña sensación de ser el único que realiza una actividad distinta a la de quienes me rodeaban. Siempre he sido “el ruso de Embajadores”, tanto en casa como en la escuela. El sentirme diferente incentivó mi deseo de conocer el país más grande del mundo, y ese conocimiento, junto con el dominio del idioma, me permitió viajar por su extenso territorio. En la década de los ochenta, trabajé como guía turístico para personas que estaban dispuestas a pagar un dineral por conocer Rusia. Los astros se alinearon: por aquel entonces, en España había muy pocas personas bilingües en español y ruso, y aún menos con la edad y la resistencia necesaria para acompañar a grupos de cuarenta turistas en aquellas condiciones, solo relativamente confortables.

Si le parece, hablemos un poco de su historia en el bloque soviético. ¿Qué impresión tuvo cuando llegó por primera vez a la República Socialista Federativa Soviética de Rusia?

Mi primer encuentro con la tierra de mis antepasados se produjo cuando tenía dieciséis primaveras, el mismo año que mi padre murió a causa de su enfermedad. En la aduana, un soldado que aparentaba mi edad me pidió el pasaporte. Mientras lo revisaba, yo no podía dejar de pensar en lo mucho que se parecía a mí. Me fascinó descubrir la cantidad de personas que por su parecido podrían pasar por mis hermanos o primos. Sin embargo, los rusos no me observaban con la misma familiaridad, sobre todo cuando abría la boca y hablaba el ruso aristocrático que me había enseñado mi padre, común en la década de los veinte, pero no tan extendido sesenta años después. Por tanto, me consideraban un pedante que había leído todos los libros de los abuelos, con un léxico presoviético que muy pocos frecuentaban.

Llama la atención que el mundo universitario soviético fuera tan cosmopolita.

En sus aulas estudiaban alumnos de todas partes del mundo. De la Unión Soviética no solo salieron líderes políticos e ingenieros de renombre, sino también músicos y deportistas de élite. Era un sitio fascinante, en el que se conocía a personas muy particulares. La formación que ofrecía la URSS era una herramienta brillante para entrar en el mercado laboral de América Latina o África: hay egresados de estas universidades que ocultan su alma mater, aunque gracias a ella ocupan puestos de cierto mando en sus países de origen. La Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos fue un semillero de talentos que abonó los intereses intelectuales de muchos jóvenes. Más tarde, esos mismos jóvenes no tuvieron la oportunidad de devolverle el “favor” al sistema. Por lo general, ellos sienten una profunda nostalgia por esos años; algunos incluso llegaron a asumir una deuda moral con Rusia, a la que siguen queriendo.

Se suele decir que la caída de la URSS sorprendió a los especialistas occidentales completamente desprevenidos. ¿Desde dentro se percibía esa sensación de agotamiento?

A ratos las condiciones de vida eran agónicas, pero los ciudadanos no fueron conscientes ni, mucho menos, deseaban la desaparición de la URSS. Millones de personas perdieron su referente ético. Los rusos reprocharon a sus líderes el abandono y la traición —algunos fervorosos comunistas, al menos en apariencia, se pasaron al bando rival—, pues literalmente se había dado la vida por la causa socialista y, de pronto, se vieron pagando un alquiler o una hipoteca por una propiedad que antes disfrutaban de forma gratuita. En el diccionario se introdujeron nuevas palabras, como ‘crédito’ o ‘hipoteca’, que antes no estaban en el vocabulario de ningún ciudadano perteneciente a un sistema comunista decente. Tal vez las élites dispusieran de suficiente información para predecir la caída del sistema. Desde luego, la mayoría de nosotros nunca lo imaginamos.

Entonces, ¿esos últimos años de vida de la URSS no fueron como Occidente describió? 

Pese a la insidiosa y abrumadora propaganda vertida, debo reconocer que en muchos aspectos la Unión Soviética era caótica. El desabastecimiento fue tremendo y la ciudadanía estaba enojada. Ibas a los mercados y apenas había alimentos. En el mercado de Kíev los limones, por ejemplo, se vendían partidos por la mitad porque la mayoría de bolsillos no podía permitirse comprarlos enteros. Rusia quedó hecha unos zorros, azotada por la corrupción, la desorganización, el sabotaje y el desabastecimiento. Se pasó muy mal. La llegada del capitalismo acrecentó esa situación pesimista, pues productos de primera necesidad como el gas o el agua dejaron de ser gratuitos y se convirtieron en una carga económica más para las familias. Un país de ciento cincuenta millones de personas pasó a tener ciento cuarenta millones de pobres. El empobrecimiento de la población fue atroz y sucedieron cosas que rompen el corazón —algunas las cuento en el libro—. Veía a gente muy mayor por las calles vendiendo sus pertenencias para conseguir dinero con el que adquirir sus medicamentos. Yo he visto a héroes de guerra vender sus medallas porque no tenían ni un rublo en la cartera. Mientras las condiciones de vida de la mayoría se depauperaban, unos cuantos listillos aprovecharon la coyuntura y se apropiaron de las empresas e industrias que estaban bajo el control estatal. Por lo que contemplé en aquellos años creo que el gobierno postsoviético fue abusivo. Además, a nivel ético, me parece más legítimo un régimen que busca alcanzar una sociedad más igualitaria y un mundo más justo. Con esto, no estoy diciendo que lo consiguieran.

Muchos analistas sostienen que Vladímir Putin fue el resultado de ese caos. 

No pretendo elogiar a Putin —hay muchos componentes de su política e ideología que no comparto en absoluto—, pero sus décadas en el poder han evitado que Rusia se convierta en un campo de minas. Occidente debería pasarle una pensión vitalicia porque, probablemente, el día que abandone la presidencia el país podría sucumbir a la anarquía. Creo que es un error fatal por parte de las élites occidentales su intento de hostigar a una potencia que, pese a sus problemas evidentes, sigue teniendo un enorme poder y riquezas ilimitadas. Algunos gobiernos occidentales buscan precisamente eso: hacerse con las riquezas del país y creen que eliminando a Putin de la ecuación se van a aproximar más a su objetivo. Sin embargo, esas materias primas y combustibles fósiles ya cuentan con dueños que no van a permitir que nadie venga de fuera a arrebatárselos. Hoy los magnates y las industrias conviven en paz, pero en el momento en que un estadounidense o un alemán se atreva a poner un pie en suelo ruso con la intención de arrancarles esas riquezas, se abrirá un nuevo conflicto del cual saldremos peor parados los de siempre: los ciudadanos de a pie.

¿Qué futuro cree le depara a Europa y a Rusia?

Estoy terminando de tomar unas notas que me gustaría convertir en un libro titulado Limosna y perdón: precisamente lo que Europa terminará pidiendo a Rusia cuando la locura de la guerra llegue a su final. El Viejo Continente quedará empobrecido y habrá fracasado políticamente en la creación de un marco de seguridad que incluya a Rusia y China. Europa se ha convertido en el palanganero de una banda de piratas con residencia en Washington. Basta con analizar el discurso de Kaja Kallas para comprobar qué intereses defiende, desde luego nada favorables para nosotros. La vicepresidenta de la Comisión Europea formó parte de los pioneros comunistas en Estonia y en alguna que otra foto aparece ataviada con el pañuelo rojo y, al fondo, se distingue la hoz y el martillo. Prometió acabar con el capitalismo y al paso que va acabará cumpliendo su palabra…

¿Se acuerda que estaba haciendo cuando se produjo el derrumbe de la URSS?

El 19 de agosto de 1991 me encontraba en Kiev con un grupo de treinta personas que tenía que llevar a Polonia en tren. Pasé toda la noche en vela porque no sabíamos que estaba pasando: no había ni internet ni redes sociales para informarnos y en la televisión y la radio solo emitían música. Todo mi conocimiento sobre la situación se reducía a meros rumores. Entonces pensé: ¿qué haría, en una situación así, un joven Pável Korchaguin [protagonista de Así se templó el acero] cuando la información con la que cuenta es escasa y la Agencia Estatal de Turismo, Intourist, no respondía?

¿Y qué hizo?

Me dirigí a la estación con mis turistas y nos subimos al tren según lo previsto. Durante el trayecto les informé de lo que creía que estaba sucediendo. Hasta donde alcanzaba mi información, les pude explicar que se especulaba con una tentativa de golpe de Estado contra Gorbachov. Yo imaginaba que, en una situación así, lo primero que harían unos golpistas sería sacar al ejército y limitar el movimiento de personas. Pero en la frontera nadie nos detuvo y llegamos sin mayor complicación a Cracovia. Por supuesto, la incertidumbre desató mis nervios y se respiraba cierto desasosiego entre mi grupo de turistas. Lo que menos se esperaban era que les tocaría vivir un golpe de Estado.

¿Cómo estaba la situación en Cracovia?

Llegamos a la ciudad polaca sin mayor problema. Cuando pisé el andén pensé: menudo golpe de Estado de chichinabo; ningún militar nos ha encañonado ni gritado mientras nos registraban ni nos han robaban nuestras cosas. Extraño golpe… Sin embargo, el fiasco no se limitó a esta anécdota estival. Hoy sabemos que 1991 solo fue el comienzo de una operación de agresivo desmontaje del sistema, cuya máxima expresión de violencia aconteció dos años después con el asalto a la Casa Blanca rusa. Allí, aunque nunca se ofreció una cifra exacta, se produjeron centenares de muertos y una represión social a gran escala. Creo que fue a partir de 1993 cuando los rusos se dieron cuenta de que el sistema se había ido al garete y con él todas las prebendas que ofrecía. Ya nadie les iba a proporcionar una casa gratuita, ni educación universal, ni piscina pública, ni algo tan fundamental en un país tan frío como el gas para calentar los hogares. Sucedió aquello que la periodista Olga Merino, quien documentó el final de la URSS, llamó ‘capitalismo de casino’: el más bruto, inteligente y rápido se queda con lo que tiene más a mano, desde un pozo petrolífero hasta un bloque de apartamentos, sacando beneficio de ello.

Aseguran que los rusos son muy nostálgicos. Quizá esa pequeña dosis genética hace que Fabián recuerde esos años en la URSS con tanto cariño. Sin embargo, sus compañeros de andanzas soviéticas tratan de evitar por todos los medios que los relacionen con el comunismo y su estancia en la Rusia de finales del siglo XX. Fuera de la literatura, también se da esta tendencia y no precisamente en pocas personas. ¿Por qué cree que se produce ese rechazó? 

He querido contactar con antiguos compañeros y es cierto que algunos de ellos -aunque no la mayoría- han rechazado un reencuentro que les pudiera recordar su pasado izquierdista. Creo que esos casos se explican por el miedo que tienen a traicionar su presente, o lo que es lo mismo, el sistema en el que se encuentran integrados. Hoy todavía hay quienes viven en una suerte de fantasía llamada clase media, sin duda un equívoco interesado del franquismo, que hace que hayan perdido su conciencia obrera. Gente que piensa que ha prosperado por poseer un coche de alta gama o una hipoteca pagada. Por desgracia, cada vez menos trabajadores se autodefinen como clase obrera. Entiendo que haya personas conservadoras, pero no aguanto a los reaccionarios que tan bien quedan retratados en el sarcástico meme: “triste es amar sin ser amado / pero más triste es votar a la derecha siendo del proletariado”. Supongo que siempre habrá personas que abandonan sus ideales para alcanzar lo que consideran un puesto más elevado en su trabajo; se olvidan de que un día tuvieron conciencia de clase y creyeron en la posibilidad de construir un mundo más justo.

¿Usted también es nostálgico?

Si le soy sincero, no repetiría ni siquiera los momentos más maravillosos de mi vida…

…Perdone que le interrumpa: entonces, ¿se arrepiente de su pasado?

De lo único que me arrepiento es de haber practicado demasiado el “insistencialismo”. Tuve una novia maravillosa que a veces me llamaba ‘intensito’, un eufemismo que empleaba para decir que era un pelma. Reconozco que en algunas ocasiones, llevado por el entusiasmo, he sido así. Ahora intento contenerme; ventajas de la edad, supongo. Y también procuro evitar que las presentaciones de los actos no se conviertan en mítines políticos. Cuando procede, se hace, pero en muchas situaciones un discurso panfletario no encaja con el evento. Por lo demás, no creo que deba arrepentirme de nada grave: no he cometido ningún crimen inconfesable y sigo pensando que un mundo más justo es necesario… e inevitable.

Tal vez me equivoque con las conclusiones que he sacado de la lectura, pero Soviépica también trata sobre la importancia de reconciliarse con el pasado. 

Cuando las heridas permanecen abiertas y sin cicatrizar, se acaban pudriendo. Las personas deberían aclarar consigo mismas las cuitas del pasado. En ciertas ocasiones nos responsabilizamos de cosas que escapaban a nuestro control porque, independientemente de la ideología, la culpa judeocristiana está muy incrustada en la cabeza de los europeos. A veces, el sentimiento de culpa corroe el alma de las personas que poseen los mejores corazones.

Y esto también sucede con el amor…

Efectivamente. Los amores también pueden permanecer en la cabeza y acaban generando fantasmas…

¿Le ha pasado?

Sí, tengo una colección de fantasmas en mi cabeza. Creo que es importante tratar de borrar la imagen fosilizada e idealizada de una persona. Los seres humanos cambiamos y no permanecemos igual que hace treinta años. En 2024, coincidí con unos amigos de mi edad a los que no veía desde los ochenta y la reacción de algunos fue como si estuviéramos viendo momias en un museo. Estuvo bien en general pero hubo casos de auténtica sorpresa, incapaces de creer que fuéramos los mismos de hacía cuarenta años.

Usted y Fabián son españoles, pero en su ADN y su formación intelectual tienen ese arraigo eslavo. ¿Cómo lo ha gestionado?

Durante mi infancia me sentí marcado. En el barrio me recordaban que era el ruso del lugar. Mi padre solo nos hablaba en la lengua de Bulgákov o de Chéjov, porque era muy consciente de que nos estaba dejando en herencia una gran herramienta para el futuro, aunque muchas personas de mi entorno no lo vieran así. Soviépica comienza con la madre de Fabián aprendiendo ruso. Mi padre también enseñó ruso a mi madre, y ella tenía mucho mérito: no solo por haber aguantado los años más duros del franquismo, sino también por mantenerse firme en el aprendizaje de esa lengua. Nunca llegó a hablar ruso fluidamente, pero lo comprendía todo.

La lengua rusa ha legado grandes escritores a la literatura universal. 

El ruso se sustenta en un aparato cultural muy potente. Sus novelas se caracterizan por un notable preciosismo, invitan con frecuencia al llanto y revisten la atmósfera de un aire sentimental no siempre fácil de alcanzar para escritores de otras regiones. El arte procedente de Rusia tiende hacia lo romántico, y quiero pensar que en mi novela me he aproximado también a ese regusto sentimental y no tanto a lo político.

Juraría que los escritores rusos han sido inigualables a la hora de transmitir en palabras el significado del alma humana. 

Se especula con la existencia del alma rusa, pero creo que hay mucho mito construido en torno a esta cuestión. Posiblemente no exista. Aun así, no dejo de reconocer el esfuerzo que han realizado -rusos y no rusos- a lo largo de la historia con el fin de codificarnos en el lenguaje artístico el significado de un concepto tan profundo y complejo. De hecho, creo que la idea de alma rusa ha sido también empleada por ellos como una herramienta intelectual para teorizar sobre esa pasión que han demostrado por la cultura y que no es tan evidente en otras naciones. Se les ha inculcado que ese esfuerzo merece la pena. Por eso, en Rusia se producen continuamente nuevas creaciones literarias; podría decirse que crecen como champiñones en otoño. Además, los creadores rusos suelen caracterizarse por su interdisciplinariedad: no solo se hiperespecializan en un único estilo o arte sino que cultivan varios campos al mismo tiempo, lo que les ha permitido resistir mejor la dureza del clima y a los rigores de la economía y la política del país. En definitiva, el pueblo ruso es consciente de su singularidad y de formar parte de un sistema cultural que define con precisión su identidad.

https://librujula.publico.es/victor-andresco-cuando-las-heridas-permanecen-abiertas-se-acaban-pudriendo/?utm_campaign=twitter

lunes, 19 de enero de 2026

"He trabajado como un orfebre"

Entrevista a Amaury Pérez Vidal, Premio Nacional de Música 2025

Por Yeilén Delgado Calvo 

«Pienso que hay que salvar la espiritualidad del cubano. Los años duros, difíciles, que nos ha tocado vivir, quizá la ocultan, pero no la hacen desaparecer. Ahí está. Solo hace falta tocar y automáticamente la gente se enciende. Es como los cocuyos, ¿no? ese animalito tan maravilloso. 

«En todos los ámbitos tenemos que salvar la cubanía, el espíritu martiano de cada uno de nosotros. Somos herederos de Martí directamente. Todos tenemos sangre martiana en este país.

«Creo que la espiritualidad y la fe son grandes aliadas y yo no las he perdido nunca, ni en los peores momentos de mi vida. Me han salvado como ser humano».

Lo asegura Amaury Pérez Vidal (La Habana, 1953), casi al final del diálogo: amablemente, abrió a

Granma las puertas del hogar que comparte hace más de 40 años con su esposa Petí, para conversar acerca del Premio Nacional de Música que se le otorgara recientemente.

Esa fue solo la excusa, no obstante, para intentar desentrañar la historia y las motivaciones de un artista versátil, que no le ha temido a la polémica, y que ha defendido la libertad de ser y crear; el trovador, el novelista, el poeta, el entrevistador… y también el hijo de sus padres, el hijo de Consuelito, una condición que lo enorgullece sobremanera, aunque alguna vez alguien quisiera minimizarlo así.

«Ellos no me ayudaron. Mi mamá no lo hizo y yo no lo entendí en un principio, pensaba que con su fuerza y prestigio me podía haber dado una manito. Y después lo comprendí totalmente. Tuve tiempo en la vida para decirles, “gracias, mamá, por no tirarme el cabo. Gracias, papá”. ¡Sabe Dios qué camino hubiera tomado si ellos hubieran estado empujándome! Creo que no sería ni la mitad de lo que soy, si algo fuera.

«Mi mamá murió en 2004, ya hacía años que estaba retirada, y aun así la gente siente un gran cariño por ella. Fue una mujer muy humilde, nacida en el Cerro, de madre española semianalfabeta y padre carpintero. Empezó a trabajar muy temprano.

«El ambiente que generaban en la casa, tanto ella como mi padre, que era productor de televisión, director de espectáculos, fue el que yo respiré desde mis inicios. No eran faranduleros; pertenecían a la farándula cubana, claro, pero la casa no estaba siempre llena de actores, actrices, músicos; solo en días señalados. A Fontanar, que era donde nosotros vivíamos, solo iba mucho Benny Moré, que era muy amigo de mi papá.

«Creo que me formé con los libros y la música. En mi casa siempre hubo música. Mi papá tocaba muy bien las percusiones y escuchaba mucho jazz; cuando le daba la oportunidad a mi mamá, entonces ella ponía música clásica, porque había estudiado piano y tocaba muy bien.

«Yo era miope, disléxico, de una timidez asombrosa. El hombre expansivo que soy hoy dista mucho de aquel Amaury callado, que estaba todo el tiempo leyendo. Y lo que quería era ser médico, no artista, porque me decía, “no voy a competir nunca en la vida con estos ‘monstruos’”, que eran mis padres.

«Pero cuando me enteré de que la carrera de Medicina no se acaba nunca, decidí dedicarme a otra cosa. En 1969 empecé a hacer canciones, que no les cantaba».

–¿Y cómo llega a la poesía?

–De adolescente, hice amistad con una muchacha de la secundaria, Isabel Fernández, y a su casa iban muchos poetas, que me llevaron a la Uneac, donde conocí a Nicolás Guillén, Reynaldo González, Antón Arrufat, Miguel Barnet. Eso se sumó a los libros, leía a Góngora, a Valle Inclán, todos los poetas del Siglo de Oro español…

UN AMOR QUE DURA HASTA HOY

–Hablemos de la Nueva Trova. ¿Hubo algún momento en el que Amaury quiso ser solo trovador?

–Al principio no tenía muy claro eso. Quizá fue la figura de Silvio, tan magnética. Lo vi por televisión un día, ya yo tocaba guitarra más o menos; y me dije, «¡Oh, hay un Beatle en Cuba!».

Sin embargo, su relación con los que serían fundadores del Movimiento se estableció en el Icaic, adonde Amaury entró a trabajar como utilero a los 17 años. Por aquel entonces grabaría sus dos primeras canciones, Cuando miro tus ojos, con texto de Fayad Jamís, y

La guitarra, con letra de Otto Fernández: «Yo no hacía letras mías, no me atrevía».

De sus nuevos compañeros comenzaría a recibir influencias, ya no era solo la de su familia; estaban Silvio, Pablo, Noel, Sara. Ella todavía es su mejor amiga, pese a los años que han pasado tras su muerte: «El amor que nos teníamos, que nos tenemos, es muy grande.

«No pude ir al encuentro fundacional, porque debía trabajar; pero sí a la primera gira del Grupo de Experimentación Sonora, cargando bafles y poniendo micrófonos, que era lo que hacía en esa época. Les cantaba habitualmente mis canciones, a veces recibía su aprobación y a veces me decían: “eso no está tan bueno”. Me acogieron con mucho cariño».

El vínculo directo con el Movimiento duró unos ocho años; después, el camino artístico de Amaury fue hacia búsquedas diferentes: «Al provenir de una familia vinculada con otro mundo, me llamaban la atención las luces, el escenario, los trajes. Cada vez que tenía un concierto subía la parada; llegué a vestirme de rosado y satén. Me puse un arete. Tenía el pelo larguísimo».

Aquella manera de concebir el espectáculo y la presencia en escena no solo sería sorpresiva para sus compañeros, sino que pondría sobre el tapete una nueva forma de entender al artista revolucionario. La prensa –recuerda Amaury– fue especialmente dura en sus juicios.

«Empecé a trabajar musicalmente fuera de la guitarra, y a hacer discos que bordeaban la música neobarroca, neoclásica; después el jazz, el rock jazz. Eso estaba totalmente fuera de los patrones adonde supuestamente nos dirigíamos.

«Pero yo he seguido siendo un trovador y he seguido teniendo con ellos relaciones fraternales, y en algunos casos profundas. Hubo una ruptura estética, pero no amistosa. Nos seguimos queriendo hasta hoy».

 DE LA CURIOSIDAD Y LA BELLEZA

Dentro de la producción de Amaury, las musicalizaciones han sido esenciales: «Me gusta mucho musicalizar. Si uno tiene cierta habilidad, que puede ser natural o adquirida, descubre la música que está en el poema».

Con igual pasión ha incursionado en la escritura, que comenzó como un juego: de los cuentos para amenizar encuentros con sus amigos, nació un libro, luego dos novelas publicadas y una en proceso. A su cuaderno de sonetos se suman, asimismo, las crónicas publicadas, primero en Cubadebate, y luego en su página de Facebook.

El programa Con 2 que se quieran es otra muestra de su necesidad de cambiar: «Es mi libertad, si hiciera siempre lo mismo, a lo mejor tendría más éxito, pero me aburriría.

«En el programa no estaba la academia, sino la curiosidad. Manejaba mucho la contrapregunta, porque no tenía cuestionario. O sea, contaba con un nivel de información de la persona, e iba pensando en la primera pregunta. Nunca nadie supo, en 250 entrevistas, lo que yo le iba a preguntar, y por eso yo agradecía tanto la presencia de los invitados».

Amaury asegura ser muy curioso, «quiero saberlo todo, todavía con esta edad»; e, igualmente declara su apuesta por el trabajo diario: «Todo lo he disfrutado mucho, pero lo he hecho con mucho rigor, siempre trabajando como un orfebre».

En su rutina, signada por ver el amanecer cada día desde la pequeña terraza que llama «su oficina», escuchar muchísima música, de todas partes; leer «como un demente», escribir, orar, y recibir algunos amigos, la noticia del Premio Nacional de Música entró como un buen vendaval.

«No lo estaba esperando. No quiero parecer demasiado humilde tampoco, pero no sé si todavía lo merecía en realidad. Los miembros del jurado sé que me quieren, pero son personas que no se permitirían regalarme un premio.

«Y ese premio que te dan tus colegas es grandísimo. Revivieron a un Amaury que ya estaba francamente en retiro, disfrutando casi de un anonimato que no tuve desde que nací».

El autor de temas antológicos como Acuérdate de abril, Encuentros, No lo van a impedir y Amor difícil es un hombre para el que la belleza resulta una de esas esencias que deben preservarse: «La solidaridad entre cubanos es algo que hay que defender; pero –como decía Silvio en el Longina, y como digo yo también, y otros muchos– desde la belleza».

Justo antes de cerrar la conversación, Amaury apunta que sigue trabajando. «Mientras pueda. Voy a hacer una gira durante todo el año por Cuba, primero por las cabeceras de provincia y después por algunos municipios.

«Es precioso sentirse respetado por tus colegas en tu propio país, y es maravilloso poder cantar aquí y que la gente vaya, te aplauda y te recuerde, cuando llevo tantos años sin hacerlo. El Festival Longina, Villa Clara, y el Premio Nacional de la Música me devolvieron ese deseo tremendo de volver a los escenarios nacionales».

https://www.granma.cu/cultura/2026-01-18/he-trabajado-como-un-orfebre-18-01-2026-20-01-57

Fortunas de megarricos crecieron 200% más rápido en 2025: Oxfam*

 Por Dora Villanueva

En 2025, la riqueza de los grandes millonarios del mundo creció tres veces más rápido que en los últimos cinco años, con peligrosas consecuencias para las democracias, advirtió Oxfam. 

El caso del presidente Donald Trump en Estados Unidos es el ejemplo más claro de cómo el poder económico ha tomado el control político para impulsar agendas regresivas que benefician a un puñado de magnates. “El auge de las oligarquías impacta negativamente en todas las sociedades del mundo”, alertó la organización.

Oxfam expuso que desde que Trump ganó la elección para un segundo mandato, la riqueza conjunta de aquellos que poseen miles de millones de dólares creció más de 16 por ciento, y alcanzó un máximo histórico de 18.3 billones de dólares en el último año. Esto se debe en buena parte a la contribución de Estados Unidos a esta lista de acumuladores, arropados por una administración que “redujo impuestos a los superricos, bloqueó avances en cooperación fiscal internacional, revirtió esfuerzos contra el poder de los monopolios y empujó el valor de las acciones ligadas a la inteligencia artificial”, detalló la organización.

Con casi la mitad de la población mundial en pobreza (menos de 8.3 dólares al día) y una cuarta parte con hambre moderada o grave, el problema ya no se limita al poder de mercado de los magnates y sus empresas ni en la creciente desigualdad, sino en la toma del poder político que legitima agendas regresivas para la mayoría de la población, es decir, “en la compra de la democracia”, señala el informe global “Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios”.

De acuerdo con Oxfam, los 12 magnates más acaudalados del mundo concentran más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir, más que 4 mil millones de personas. La acumulación se ha acelerado a tal grado que, con lo que creció el patrimonio de los magnates en el último año, se podrían distribuir 250 dólares a todas las personas del planeta y aún así ellos tendrían 500 mil millones de dólares extras.

Más allá de la desigualdad, las oligarquías ahora promueven de manera más abierta políticas regresivas a escala global. Además, según cálculos de Oxfam, un potentado tiene 4 mil veces más probabilidades de ocupar un cargo político que cualquier otra persona.

En la elección de 2024 en Estados Unidos, uno de cada seis dólares gastados por todos los candidatos, partidos y comités en ese país procedía de donaciones de 100 familias multimillonarias. “Las personas más ricas del mundo han construido su poder político principalmente de tres formas: comprando apoyo, invirtiendo en legitimar el poder de las élites y garantizándose un acceso directo a las instituciones”.

En América Latina y el Caribe el derrotero es el mismo: mientras la región se enfila a otra década perdida en términos de reducción de la pobreza, como ha advertido la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, los millonarios de la región avizoran una “década dorada”, expone Oxfam. En el último año, la riqueza conjunta de los magnates latinoamericanos creció 39 por ciento, 16 veces más rápido que el 2.4 por ciento que avanzó la economía de la región.

En América Latina y el Caribe “se ha consolidado una élite cuya prosperidad avanza al margen y a costa del resto de la sociedad”, destacó Oxfam. Actualmente hay 109 latinoamericanos con grandes fortunas, 14 más que a finales de 2024. Ellos concentran una riqueza conjunta de 622 millones de dólares, casi lo equivalente al producto interno bruto conjunto de Chile y Perú, que ocupan el quinto y sexto lugares como las economías más grandes de la región.

“Este desequilibrio perpetúa élites que compran influencia política y reproducen la desigualdad por generaciones, condicionando decisiones públicas y limitando los recursos en beneficio de las mayorías”, subrayó Gloria García-Parra, directora regional de Oxfam.

La forma en que se ha comportado la acumulación en América Latina y el Caribe rompe con toda la narrativa de la meritocracia. En la región, 53.8 por ciento de los milmillonarios lo son porque heredaron parcial o totalmente su riqueza; en cambio, al trabajador no le alcanzaría toda la vida para nivelar la balanza.

En este siglo, la riqueza sumada de los megarricos ha aumentado en promedio 54 millones de dólares por día. En contraste, el salario mínimo promedio de un empleado en la región es de 4 mil 815 dólares al año.

Puesto de otra manera, un trabajador necesitaría 102 años para ganar lo que un milmillonario obtiene en un día.

La organización no gubernamental también destacó que la riqueza de los magnates de la región proviene “de sectores altamente concentrados, con enormes barreras de entrada y poder de mercado suficiente para influir en precios, regulaciones y decisiones públicas”. Sólo 65 por ciento provienen del sector financiero y servicios de inversión, de medios y telecomunicaciones y de energía y recursos naturales.

“La economía de los superricos (latinoamericanos) está profundamente ligada a sectores desregulados o capturados, donde el poder económico se convierte en poder político, alimentando un ciclo de concentración que sostiene y reproduce la desigualdad”, apunta la organización.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/19/economia/fortunas-de-megarricos-crecieron-200-mas-rapido-en-2025-oxfam

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Oxfam es una confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales, que realizan labores humanitarias en 90 países. Su lema es "trabajar con otros para combatir la pobreza y el sufrimiento". https://es.wikipedia.org/wiki/Oxfam

sábado, 17 de enero de 2026

Los valores de Cuba*

 Respuesta a un viejo compañero

Por Jorge Fuentes

Como recordarás ya estuvimos esperando, aquel octubre glorioso de 1962, que nos cayeran encima las bombas atómicas. Me encontraba en Baracoa dirigiendo a los estudiantes recogedores de café y me incorporé al Secretariado de guerra de la UJC, donde estábamos Colomé, secretario general de la organización, yo y alguien más. Empezaron a llegar jóvenes de la ciudades, porque Fidel quería que estuvieran en las montañas, para que alguno sobreviviera, pero los que dirigíamos aquello, jóvenes de la UES que me acompañaban, no teníamos comida ni recursos y los camiones seguían llegando con más muchachos. No cambiaría ningún momento de mi vida por un segundo de aquel momento. La gente estaba serena, como debemos estar ahora y el tiempo pasó, hasta el punto que hoy somos unos viejos y vivimos para hacer el cuento. Claro, había URSS en aquella época y Fidel tenía 36 años. 

Trump jamás sabrá que se ha convertido en uno de los mayores factores de unidad de Cuba y de América Latina, algo muy peligroso para ellos en tiempos de disolución de la unipolaridad. Hay que estar atentos por una posible agresión militar, pero también atender a la nueva situación geopolítica y a fisuras posibles en la política agresiva de los Estados Unidos, que nos permitan el ejercicio de una diplomacia revolucionaria e inteligente.  

Somos los enemigos más experimentados del imperialismo yanqui en este hemisferio. La respuesta a los peligros de los factores externos, debe ser la solución de los factores internos y crear no sólo un socialismo cubano que tenga en cuenta que vivimos en occidente y en su cultura, también un socialismo que no puedan lastrar ni con prejuicios anticomunistas ni con la exageración mediática de nuestros propios errores y defectos, resultados en su mayoría de la acción de la burocracia y la incapacidad para crear nuevos modelos que sustituyan lo imposible por lo posible. 

Que el Partido vuelva a ser la representación del pueblo y no una extensión del gobierno. El Partido de la clase obrera y sus sindicatos, fieles a sus intereses estratégicos y tácticos. El Partido de los humildes y para los humildes, de los pobres, llamados ahora vulnerables. De los estudiantes y los intelectuales. De los negros, como llegó a ser en tiempos anteriores al triunfo de la revolución y posterior al auge de las luchas obreras y comunistas. De las mujeres, del  Movimiento LGBT, de los discriminados por cualquier razón, de los jubilados y ancianos, de los sin casa, los sin trabajo y los que no logran satisfacer las necesidades familiares del mes, que es casi todo el pueblo.También de los emprendedores, pequeños y medianos propietarios que deben impulsar, desde su posición, la economía socialista. El Partido garante, con seriedad y firmeza, de cada artículo de la Constitución. El Partido que entiende que la República es de todos los ciudadanos, donde abundan las personas trabajadoras y decentes, y no sólo de los marxistas y revolucionarios a quienes tampoco nadie debe negarles su papel de apoyo a la vanguardia política. Ello obliga a que defendamos (el Partido), la libertad de pensamiento y expresión y a quienes ejercen ese derecho en apego a la Constitución y la ley. 

El presente, en los tiempos cubanos, muchas veces se parece al pasado. Esa marcha que hoy he visto emocionado, viene de enterrar, nuevamente, a nuestros compañeros. Llevamos cientos de años muriendo y viviendo en la consecución de un empeño y en la defensa de una causa. La de la libertad y la soberanía, las dos fuertes columnas de la unidad, legado de nuestros padres y abuelos. 

Sumémonos todos, cubanos de todas partes, a la audacia que significa un socialismo de democracia amplia, de diálogo intenso, no que tolere, sino que acepte la existencia del otro. Ofrecer, en la unidad a la que nos convoca la muerte de nuestros compañeros, unidad  en la diversidad, un corpus fraterno que convierta en algo físico, los extraordinarios valores espirituales de Cuba.
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* Enviado por el autor