miércoles, 10 de abril de 2013

¡Goza Beyonce!

Charly Morales Valido, 8 de abril, 2013

Pese a los incomprensibles silencios y el supuesto perfil bajo de su visita, Beyonce alborotó a esta Habana poco habituada a que la caminen superestrellas mundiales rodeadas de escaparates careperros y funcionarios sigiliaos. Tanto lío y tanta cosa, si total, mulatonas más esculturales y voluptuosas anuncian el Apocalipsis en cada esquina habanera…

Claro, ninguna de ellas han ganado 17 Grammys por su excelencia musical, ni le han cantado al presidente de Estados Unidos, ni han vendido millones de álbunes, ni son un símbolo racial y sensual reconocido en medio mundo, ni filman videos medio-lésbicos con Shakira y Lady Gaga, ni mucho menos están casadas con un multimillonario magnate de la industria discográfica…

Por cierto, mucho barullo con la Beyonce, pero de Jay-Z nadie decía nada. “Será por feo”, especula El Tocayo. Quizás. Lo tuve frente a frente, intercambié par de palabras con él, y les juro que si me lo topo en Centro Habana, fácilmente lo confundo con un vendedor de aromatizante.

Por eso me choca tanto el secretismo alrededor de la visita del célebre matrimonio. Si ellos de verdad hubieran querido anonimato en su quinto aniversario, tenían lugares menos concurridos que el Parque la Fraternidad para merodear. Incluso pasarían por cubanos, si no vinieran con su trouppe, y cuando más alguien pensaría: “Coñó, como se parece esa mulata a Beyonce… Ná… Con el baro que tiene esa jeva, qué va a ser ella…”. Que tampoco aquí la gente ve tanto TMZ, ni tanto MTV… Y ya les dije que el vidrio los ayuda, sobre todo a Beyonce…

La cosa es que, sabrá Dios por qué, decidieron venir a La Habana. Dicen que los invitó el Ministerio de Cultura, pero nadie lo confirma, aunque sus visitas a La Colmenita y al Instituto Superior de Arte son sugerentes. Además… ¿por qué La Habana y no un Cayo? Eso sí, nada de declaraciones, nada de fotos oficiales ni conferencias de prensa. Lo pidieron y se les respetó.

Pero siempre alguien habla, y me enteré de que La Colmenita les regalaría un espectáculo privado en su sede central. Allá me colé, con la promesa de no fotografiarlos ni de incordiarlos con preguntas indiscretas. Y sin la certeza de que aparecieran…

Fueron dos horas de zozobra, que pasé elucubrando posibles abordajes, enfoques, títulos para la crónica que ni siquiera sabía si escribiría. Cuando ya no sabía si estaba en Habanastation o en Sin embargo, Carlos Alberto Cremata, el director de La Colmenita, advirtió que posiblemente la función fuera suspendida, pues había una multitud alrededor del Saratoga para ver a Beyonce, y sus guardaespaldas no recomendaban salir. “Es la vida de quienes no tienen vida”, comentó Tin.

Pero vinieron. No quisieron hacerles ese feo a los niños. Beyonce llegó elegante y discreta, sin aspavientos, con una sonrisa gentil en la mirada y la roja boca. Llevaba un vestido naranja y una chaqueta oscura, el pelo en trenzas recogido en un moño a lo Miriam Makeba, y ademanes suaves y delicados. Nada que ver con el huracán de pelo suelto que desata en escena. A su lado, Jay-Z vestía una sobria camisa oscura, elegante y sereno. Llevaba su eterna mirada cansada y algo de esa altaneríagangsta que parece indispensable para ser sobrevivir en su mundo.

Beyoncé con La Colmenita

“Hola, hola”, saludó Beyonce en perfecto español, con una tremenda humildad que no parecía prefabricada sino genuina. Su esposo llegó en silencio, y se dispusieron ambos a disfrutar de uno de los clásicos de La Colmenita, La Cenicienta según los Beatles. Desde mi puesto apenas podía distinguirles el rostro, por la oscuridad y porque tampoco iba a estar de voyeur, faltara más. Todo fue gracioso y apacible, y la pareja miraba el espectáculo con sonriente displicencia, hasta que la banda infantil rompió con tronco de Let it be timbero que parecía decirle: “Hey, esto no es una obrita escolar. Y aprendan que no somos eternos”.

Ahí se chivó el caché: las estrellas del R&B y el Hip-Hop estaban marcando la clave cubana, y para el cierre del espectáculo, ya Beyonce estaba en el pasillo bailando con fiñes, emocionada y quizás loca por soltarse las trenzas. Como colofón y en el colmo del abuso, aquellos niños les dieron una clase magistral de percusión, cerrando con los Van Van y su timba con pop, “pa que los yumas no… no se crean que nosotros no”.

Aquello era ya un pandemonio. Yo no sabía si tomar notas, bailar o gritar qué dicha ser cubano, mientras los niños acababan de vapulear emocionalmente a Beyonce colándole en el coro timbero un inesperado “I’m a single lady, I’m a single lady”, que hizo a la artista sacar su cara de “What the…???”, y agradecer el gesto entre risas con el característico giro de manos del Oh, oh, oh… final. Apoteósico.

“Gracias. It was beautiful”, le dijo Beyonce a todos cuando terminaron. Firmó autógrafos, se fotografió con muchos. Me escabullí a un costado y casi cuando se iban, le pregunté a Jay qué le había parecido. “Impressive, man, very impressive”, me contestó. “¿Y no jugarías un partido de basket con los cubanos?”, insistí, consciente de su pasión por ese deporte. Soltó una risa divertida, casi burlona, algo así como “Basket? Cuba? Are you serious?”, y se despidió con un leve movimiento de cabeza, llevado por su guardaespaldas.

Fuera del teatro, un grupo de vecinos contemplaba desde las esquinas. Atardecía, y la gente en La Habana tiene demasiado ajetreo como para andarle cayendo atrás a los famosos. Además, para perseguir a Beyonce y a Jay-Z ya están los congresistas cubanoamericanos, que acaban de escribirle a la Oficina de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, preguntando qué tipo de visa recibieron los artistas, y cuestionándoles que hubieran venido a Cuba a celebrar su aniversario.

Así es la vida. Unos intentan tender puentes, otros se empeñan en dinamitarlos. Por suerte, a los cubanos nos sienta un estribillo que popularizó la Beyonce cuando era una Destiny Child, y decía…“I’m a survivor, I’m not goin’ give up, I’m not goin’ stop, I’m goin’ work harder, I’m a survivor, I’m goin’na make it, I will survive, Keep on survivin’” 

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Carta Abierta de Jay-Z a los limitadores de primaveras:
LETRA DE OPEN LETTER
[Intro]
Ladies and gentlemen
Goddamnit
Let this shit knock
 [Verse 1]
I done turned Havana to Atlanta
Guayabera shirts and bandanas
Every time you think they got me I switch the planna
Bulletproof this, radio scanners
Ballin’ ’til they ban us
You gettin’ too much bread, they try to jam you
Boy from the hood but got White House clearance
Sorry y’all, I don’t agree with y’all appearance
Politicians never did shit for me
Except lie to me, distort history
Wanna give me jail time and a fine
Fine, let me commit a real crime
I might buy a kilo for Chief Keef
Out of spite, I just might flood these streets
Hear the freedom in my speech
Got an onion from Universal, read it and weep
Would’ve brought the Nets to Brooklyn for free
Except I made millions off it, you fuckin’ dweeb
I still own the building, I’m still keeping my seat
Y’all buy that bullshit, you’d better keep y’all receipt
Obama said “chill, you gonna get me impeached”
But you don’t need this shit anyway
Chill with me on the beach
Y’all gon’ learn today
[Verse 2]
Ya’ll almost want to start a revolution
You know whenever I’m threatened, I start shooting, bark
Catch a body, head to Houston
I’m in Cuba, I love Cubans
This communist talk is so confusing
When it’s from China, the very mic that I’m using
Idiot wind, the Bob Dylan of rap music
You’re an idiot, baby, you should become a student
Oh, you gonna learn today
Where the fuck have you been
The world’s under new management
The new role model, fuck this Zoolander shit.
(Con información de Enelshow.com, Cubadebate y agencias)

lunes, 8 de abril de 2013

Prohíben a Danny Glover visitar a Gerardo Hernández




Oakland, CA 8 de Abril (CI)

Otra  injusticia se cometió ayer contra uno de los 5 cubanos en la Penitenciaría de Victorville, ubicada en el desierto de Mojave en California.

Se le prohibió al reconocido actor Danny Glover realizar la visita que tenía prevista a Gerardo Hernández. Las autoridades de la prisión dijeron a Glover, quien ha visitado a Gerardo en 9 ocasiones desde el 2010, que no sería admitido porque no tenían conocimiento de la realización de la visita.  Esta es una decisión absolutamente arbitraria de la prisión. Cualquier persona que esté incluido en la lista de un preso tiene derecho a realizar las visitas.

Glover había tomado un vuelo ayer por la  mañana desde el norte de California, alquiló un auto para llegar a la remota  prisión, ubicada a 16 kilómetros a las afueras de Victorville, pero tuvo que regresar sin poder ver a su amigo. Danny Glover ha dejado bien claro que pronto volverá a Victorville.

Tratar de aislar a Gerardo de sus familiares y amigos ha sido un patrón del gobierno estadounidense durante casi 15 años. Durante ese período de tiempo el gobierno de EE.UU. le ha negado reiteradamente la visa a su esposa Adriana Pérez para visitar a Gerardo en prisión.

El Comité Internacional para la Libertad de los 5 Cubanos agradece a Danny Glover por su continuo esfuerzo por apoyar a Gerardo y sus cuatro hermanos en la lucha por su libertad.

jueves, 4 de abril de 2013

exposición de mujer con sombrero


dibujo de mujer con sombrero

Yo no vine a ti, viniste tú.
Yo no te esperaba y te besé.
Se supone que debo callar.
Se supone que debo seguir.

Se supone que no debo protestar.
Se supone que eres un regalo
que se me rompió enseguida
y ahora nada: lo de siempre.

Se supone que eres el sombrero
de una fiesta, de esos de cartón
para la ocasión.

Oh mujer:
si supieras lo breve que entraba la luz
en la casa de un niño, en un alto edificio,
y que era la hora esperada del día,
no me hubieras tocado en el hombro una vez.

Oh mujer:
si supieras lo breve que entraba esa luz
en una casa que se llamaba la noche,
en una casa en la que no había más puerta
que la de la razón de aquel niño sin fe.

Ahora se supone y nada más.
Yo también quisiera suponer
que la cobardía no existió,
que es un viejo cuento de dormir.

Pero quedo yo, en medio de mí,
en medio de las mismas paredes,
sonriendo a los amigos,
yendo allá, desayunando.

Pero quedo yo aquí,
aplaudiendo una vez más
a los fantasmas de las tres.

Oh mujer:
ojalá que contigo se acabe el amor.
Ojalá hayas matado mi última hambre,
que el ridículo acaba implacable conmigo
y yo, de perro fiel, lo transformo en canción.

Oh mujer:
no te culpes, la culpa es un juego de azar.
Nadie sabe lo malo que puede ser riendo
ni lo cruel que pudiera salir un regalo.

No te asustes del día que va a terminar.
No te asusten los puentes que caigan al mar.
No te asustes de mi carcajada final.


oleo de mujer con sombrero

Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo;
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar;
se ha perdido mi huella en su mar.

Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras;
veo un perro ladrando a la luna,
con otra figura que recuerda a mí.
Veo más, veo que no me halló;
veo más, veo que se perdió.

Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan
a amores o historias, se quedan allí:
ni el recuerdo los puede salvar
ni el mejor orador conjugar.

Una mujer con sombrero
—como un cuadro del viejo Chagall—,
corrompiéndose al centro del miedo,
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí
y ahora lloro por verla morir.


detalle de mujer con sombrero

Nací cuando las nebulosas aún
eran polvo cósmico en loca fricción,
cuando ni el bisabuelo de este universo
había conocido la luz.
Nací mucho antes y aún soy lo mismo que fui:
lenguas de fuego, estrellas remotas,
cuerpos volando y buscando la vida,
breves tormentas de billones de años,
ojos en el cielo azul.

Qué joven soy:
¿qué me dará la vida?,
¿qué me dará el amor?

Me hice universo, galaxia, planeta.
En mi lomo crecieron animales y selvas,
y la inteligencia fue haciéndose rienda
para mi nerviosa emoción.
Nací mucho antes y aún soy lo mismo que fui:
un semimono cazador de venados,
pirámides, tumbas de arena del hombre,
dioses y héroes, imperios caídos,
guerras de la religión.

Pero qué joven soy:
¿qué me dará la vida?,
¿qué me dará el amor?

Me brotaron colonias, más tarde repúblicas
y países enormes en revolución.
Nació quien me puso nombre y apellidos,
y profetas con piel de león.
Nací mucho antes y aún soy lo mismo que fui:
sueños armados, ideas preciosas,
mil enemigos con banderas atómicas,
elementales y viejas miserias
y el corazón de un fusil.

Pero qué joven soy:
¿qué me dará la vida?,
¿qué me dará el amor?

Aún me paseo robándole al aire
cualquier esperanza que ablande mis guerras.
Soy enemigo de mí y soy amigo
de lo que he soñado que soy.
Nací mucho antes y aún soy lo mismo que fui:
un embutido de ángel y bestia,
la democracia y el templo hermanados,
hombres, mujeres, niños y viejos,
y algo para una mujer.

Pero qué joven soy:
¿qué me dará la vida?,
¿qué me dará el amor?

Cuando me beses, cuando me acaricies,
vas a sangrar, vas a iluminarte.
Mi anatomía de espuma y granada,
hiere y canta por mí.
Es que nací mucho antes
y aún soy lo mismo que fui.
Cuando me dejes, cuando me rechaces,
estarás destruyendo, negando a mis padres,
a todos mis hijos, a lo que me hizo
y a lo que yo vine a ser.

Pero qué joven soy:
¿qué me dará la vida?,
¿qué me dará el amor?


mujer sin sombrero

Si un funcionario y un poeta
amaran la misma mujer,
¿qué nueva implicación tendría
la guerra astuta que padecen
y, en fin, dónde se posaría
la victoria, el amor?

El funcionario con funciones,
el poeta cambiando de voz,
los dos haciéndose pedazos
contra el temible amor.

Si le pregunto a los presentes
¿a cuál de los dos le van?:
los despeinados, al poeta,
y los peinados al suicidio.
Y sólo yo lo apuesto todo a la mujer.

Hicimos el amor en la ventana
y el vecino de enfrente se quejó.
Eso no lo sabías, no lo dije.
¿Qué ventana mejor se humedeció?

No llegué a ir al mar, pero fui al pueblo,
y en el lugar donde iba tu voz
siempre se hizo silencio, un gran silencio.
Nadie ocupó tu silla, tu canción.

Hay que salvar esos recuerdos
de todo lo que fue ruin.
Hay que salvar esos recuerdos
para salvarte a ti.

Hay un amor que da lo diario,
que te va a comprender,
y otro que canta y eterniza,
que te hace trascender.

Cada cual da de lo que tiene:
unos dan necesidad
y otros regalan las palabras.
Veremos qué dura más.

Hay el amor omnipotente,
hay el amor desesperado
que descorazona las piedras,
que es más semilla que semilla,
que es más arado que el arado.

Hay el amor de amor de amor,
hay el amor como una tumba.
Hay el amor de laberintos
más complicados que un sombrero.
Hay el amor cercano a Cristo.

Mi amor no ha sido tan tremendo
ni tan ancho
ni tan bello
ni tan triste
ni tan sabio
ni tan solo
ni tan loco
ni tan todo
ni tan nada.

Pero canta.

(1970)



lunes, 1 de abril de 2013

Una opinión


                         por Guillermo Rodríguez Rivera
  
Lo primero que llamó mi atención fue que Diario de Cuba –que es una publicación declaradamente opositora a la Revolución Cubana–, acogiera in extenso, las opiniones de un ensayista cubano que vive en la Isla y que, sin duda, se ubica en el ámbito de la que ellos (los del Diario) llaman  “oficialidad” cubana, como estima la publicación a todo el que trabaje en cualquier entidad estatal del país: ahora mismo, el 75% de la población laboral de la nación.

Roberto Zurbano, el ensayista al que aludo, porque son sus declaraciones las que recoge la publicación de nombre cubano, radicación madrileña y aires miamenses, es director del Fondo Editorial de Casa de las Américas y, como puntualiza el Diario, “vicepresidente de la Asociación de Escritores de la oficialista UNEAC”.

Me pareció escandaloso que un negro cubano y revolucionario afirmara de modo terminante que “para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado”.  Es perfectaente lógico que semejante declaración le sirva a Diario de Cuba para colocarla como cintillo de la información que resume las opiniones de Roberto Zurbano, y que el escritor cubano diera originalmente a The New York Times.

Como Zurbano, además de ser cubano es negro y revolucionario, considero que hay ciertas apreciaciones conceptuales que lo han conducido a unas conclusiones superficiales en torno a los complejos problemas que aborda. Me parece necesario aclararlas.

El primer asunto que quiero tratar es la confusión que existe en las opiniones del ensayista al abordar conceptos como racismo y  discriminación racial. En el caso que nos ocupa, el racismo anti-negro es la idea de la inferioridad de la raza negra. Se trata de la raza que fue esclavizada por casi cuatro siglos y, después, ha sufrido las consecuencias de esos siglos de opresión.

Tan temprano como en marzo de 1959, Fidel Castro advertía las complejidades y dificultades del problema. Decía ese mes, en un discurso, que el de la discriminación racial es

               uno de los problemas  más complejos y más difíciles de los
              que la Revolución tiene que abordar… Quizás el más difícil
              de todos los problemas que  tenemos delante, quizás la
              más difícil de todas las injusticias de las que han existido
              en nuestro medio ambiente… Hay problemas de orden mental
              que para una revolución constituyen valladares tan difíciles
              como los que pueden constituir los más poderosos
              intereses  creados[1].

Cuando Fidel está refiriéndose a asuntos “de orden mental”, está subrayando que el racismo solo puede ser parcialmente resuelto por las leyes y resoluciones que pudiera dictar el gobierno de la Revoluciòn y advierte que el prejuicio racial no está únicamente en los económicamente poderosos, en los enemigos de la Revolución,  sino en gente            

            que no tiene latifundios, ni tiene rentas, ni
              tiene nada, que no tiene más que prejuicios
              en su cabeza.[2]

Son los siglos de esclavitud y los prejuicios que generó esa forzada interiorización del negro. los que conforman la perspectiva racista y desembocan en la praxis que es la discriminación racial.

El instrumento legal contra la discriminación racial se desplegó a fondo en el marco de la Revolución Cubana, del mismo modo que se puso en juego un amplio dispositivo ideológico contra el racismo que, de hecho, transformaron en vergonzantes las manifestaciones de discriminación que podían aparecer. La Revolución Cubana desarrolló un estado de opinión mayoritaria entre los cubanos, que obligaba a aquel que la sentía, a enmascarar cualquier manifestación de racismo.

La Revolución Cubana no solo inició la lucha contra el racismo y la discriminación sino que puede decirse que nunca esa lucha había sido tan a fondo como en ese momento de nuestra historia.

En otro articulo, Zurbano manifestaba que el racismo sólo podía manifestarlo quien ejercía el poder. En verdad, quien no ejerce el poder también puede ser racista, pero tendrá dificultades mucho mayores para que su racismo desemboque en la práctica que es la discriminación.

Pero el único poder en un estado no es el central, ese que dicta layes, decretos y resoluciones. Mucho más abajo un director, un administrador, un jefe de personal, ejercen un poder efectivo que puede pasar y a veces pasa por encima de los criterios de ese poder central, claro que sin hacerlo explícito. Finalmente, puede ejercerse incluso la discriminación privada, la que dispone la sola persona en el ámbito que domina.
 
Pero la apertura de los puestos de trabajo, de los medios de comunicación, de los centros y las oportunidades de estudio a los cubanos de todos los colores, es algo que no puede ignorarse, porque resulta una falsedad cuando se hace. Zurbano, que nació y creció en tiempos de revolución, debía indagar –si es que no lo conoce– el asunto con sus mayores, antes de formular ante la prensa norteamericana una opinión que acaso la complazca, pero que desacredita sin ningún fundamento real a la Revolución Cubana.

Los procesos radicales de la historia cubana han generado en diversos momentos la esperanza del fin de la discriminación racial. Es lo que creyó uno de los más importantes líderes negros cubanos, Juan Gualberto Gómez, quien supuso que la proclamación de la independencia cubana tras el fin de la esclavitud, solucionaría el problema de la subordinación de negros y mulatos cubanos en una sociedad que los había discriminado.

Pero la república surgida en 1902, tras cuatro años de intervención norteamericana y la imposición de la Enmienda Platt, ya no era la proyectada república “con todos y para el bien de todos” proclamada por Martí y apoyada por Antonio Maceo.

Cuando triunfa la Revolución en 1959 y se proclama socialista en 1961, el mulato comunista Nicolás Guillén acaso tuvo las mismas esperanzas que Juan Gualberto medio siglo atrás. Guillén sabía que la igualdad de derechos de las razas no podía darse en medio de la opresiva sociedad de clases, en las que negros y mulatos arrastraban la desventaja de más de trescientos años de esclavitud. Pero eso había terminado. Cuando Guillén publica Tengo, su primer libro ya en la Revolución, escribe:

                     Tengo, vamos a ver,
                         que siendo un negro
                         nadie me puede detener
                         a la puerta de un dancing o de un bar.
                    O bien en la carpeta de un hotel
                    gritarme que no hay pieza,
                        una mínima pieza y no una pieza colosal,
                        una pequeña pieza donde yo pueda descansar.   

La conclusión del texto era plenamente optimista:

                        Tengo, vamos a ver,
                             tengo lo que tenía que tener.

Nicolás Guillén, comunista, creo que sí pensaba, porque era obvio, que la Revolución había comenzado para los negros cubanos. Acaso creyó también que ya todo se había conseguido y ahí sí se equivocaba.

Casi treinta años después se produce el derrumbe de la Unión Soviética y del campo socialista europeo. Cuba pierde el suministro de la energía que la mantenía viva y el 85 % de su comercio. Para no rendirse ante la contrarrevolución, el país tiene que hacer transformaciones que, en efecto, implicaron enormes sacrificios para la inmensa mayoría de los cubanos, blancos y negros. Los que lo vivimos, no olvidamos aquel agosto de 1993, cuando la ciudad de La Habana se apagaba y encendía alternadamente cada 8 horas. Hubo que sacrificar brutalmente el consumo de la población justamente para obtener los recursos a fin de que esa misma población subsistiera, para mantener actuantes los sistemas de salud y educación, y los demás servicios vitales.

Zurbano hace un arbitrario sesgo de la población que, automáticamente dice que fue escindida en dos porciones absoluta y claramente delimitadas:
        
                                      La primera es la de los cubanos blancos, que han
                             movilizado sus recursos para entrar en una
                             nueva economía impulsada por el mercado
                             y cosechar los beneficios de un socialismo
                             supuestamente más abierto. La otra es la
                            de la pluralidad de los negros, que es testigo
                            de la muerte de la utopía socialista

La “utopía” socialista la vimos morir blancos, indios, mulatos, negros, zambos y “jabaos” de todas las categorías. Nos pasó a médicos, albañiles, arquitectos, obreros,  maestros, deportistas, profesores, peones agrícolas, ingenieros.

Los que pudieran emerger como beneficiarios de esa anormal situación no son en manera alguna “los blancos”, presentados como una compacta, solvente y masiva unidad, sino la exigua minoría de gerentes y sus colaboradores y acólitos. que no representaría ni el 0,1% de la población del país, integrada por blancos, negros y mulatos. Otra parte de la población, también minoritaria aunque creciente, empezó a buscar lenta pero indeteniblemente, la forma de ir accediendo, en los avatares de las necesidades cotidianas, a esos mínimos beneficios que empezaban a deslizarse hacia un reducido sector de sus conciudadanos.

Zurbano acepta en sus declaraciones -–que reproduce también la opositora Martí Noticias-– la engañosa idea de convertir en dólares, de acuerdo a la tasa de cambio cubana, los salarios de los trabajadores, pero esa conversión no puede tener en cuenta el reducidísimo costo de la vivienda en Cuba, y los servicios gratuitos de salud y educación que hacen que los 20 dólares que aparentemente gana un trabajador, le permitan vivir. El salario entra forzosamente en relación con los gastos que deben asumirse: en otros sitios, con ese salario, el mismo trabajador sería un limosnero.
      
Creo que Roberto Zurbano necesita conocer mejor la conformación y las peculiaridades de la población cubana, para entender mejor las de su zona negra, que es la que parece importarle. Y yo empezaría por decir que ese es un problema cambiante, en la realidad y en la misma percepión del fenómeno.

En los primeros años del pasado siglo, la norteamericana Irene Wright trataba así el tema racial en Cuba:

                  Los nativos  [los cubanos]  son negroides. Algunos “pasan por blancos”,
                     como expresa la ilustrada expresión coloquial. Algunos son, posiblemente,
                     blancos; sin embargo, pocos se preocuparían  de someter su linaje a un
                     escrutinio a fin de probarlo. Sólo los [norte]americanos piensan cosas
                     inferiores sobre el cubano, porque si él no es de color, es al menos
                     matizado[3]

Es curioso que esta “cubanóloga” de la època, estadounidense, catalogue como “negroides” a los cubanos, y es obvio que la Wright no está aludiendo esencialmente al color de la piel de los habitantes de la Isla. Lo precisa inmediatamente después. Cuando se refiere a los cubanos de piel blanca, aquellos en que no existen los rasgos físicos de la raza negra, aclara:

                      la sangre negra está allí […] en una cierta voluptuosidad
                      de la figura y, obviamente, en la alegre visión de la vida
                      en general.[4]

Mujer de una nación en la que la cultura del blanco sojuzgó las de los negros; en la que el negro fue también esclavizado pero, además, aculturado, despojado de sus tambores, sus cantos y sus creencias, está comprobando con inquietud la esencial mulatez espiritual del cubano: cómo esas culturas negras han actuado sobre el cubano blanco para comunicarle esa “alegre visión de la vida” que ella entiende casi como una propiedad de la sangre negra.

Desde una perspectiva ideológica colocada en las antípodas de las de la Wright, Nicolás Guillén rechazaba la pertinencia del término “afrocubano” para calificar la poesía que escribe.

A partir del criterio de Fernando Ortiz que califica nuestra cultura de “blanquinegra”, Guillén sostiene que lo cubano ya tiene en lo africano uno de sus componentes, que va unida en él a la impronta española. Guillén, que aludió a los dos abuelos que eran los ancestros del cubano, reclamaba para su poesía el calificativo de “mulata”, `porque pensaba que mulata era también Cuba. No hay que decir afrocubano, porque lo cubano implica, incluye lo africano.

Para Zurbano, como ocurre en la cultura norteamericana, lo no puramente blanco es negro. Pero llamar negro a un mulato únicamente apresa una porción de su identidad. Zurbano reclama lo que llama un “conteo preciso de los afrocubanos”, pero esa precisión quedaría vulnerada al “contar” como negros a los mulatos, en los que la ascendencia española coexiste con la africana. Creo que despojar de la impronta española al puro (si es que existiera esa pureza) negro cubano, es también desconocer su identidad.[5] De alguna manera el “ajiaco” sl que alude Fernando Ortiz; el “todo mezclado” que proclama Nicolás Guillén, devienen auténticas imágenes de la cubanidad.

La Revolución Cubana se ha defendido sabiamente de aquello que ha querido destruir la unidad del pueblo. Esa unidad garantizó su invulnerabilidad en los días de las agresiones militares de las décadas de los sesenta y setenta. Acaso la preservación de la seguridad del país hizo que el abordaje del tema racial fuera considerado lesivo para el mantenimiento de la unidad de los cubanos.

Tiene razón Zurbano cuando afirma que es la crisis económica que vive el país en los años noventa la que pone de relieve el tema del racismo, cuando es el propio Fidel Castro quien lo aborda en uno de los congresos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Zurbano opina que, cuando Raúl Castro abandone la presidencia en el año 2018, no puede esperarse que los cubanos elijamos un presidente negro, por lo que él llama “la insuficiente conciencia racial” que existe en Cuba.

Pero Cuba ya tuvo un presidente no blanco: fue el general Fulgencio Batista y Zaldívar aunque, de acuerdo a los parámetros de Zurbano, habría que clasificarlo como negro.

Estados Unidos, que ha visto surgir en su seno una burguesía negra, eligió en 2008 su primer presidente negro. Barack Obama pertenece a la misma clase política burguesa que los republicanos Colin Powell y Condoleeza Rice y como ellos, así sea con matices, es un defensor de la política imperial que también defendieron los presidentes blancos, porque la burguesía no tiene raza sino intereses e ideología.

Quiera Dios, o Elegguá, que abre los caminos, que cuando los cubanos tengamos que elegir un presidente en 2018, no pensemos en el color de su piel, sea esta del color que sea, sino en el hombre que está cubriéndose con ella y, sobre todo, en lo que ese hombre tenga en la cabeza.




[1] Cf. Pérez, Wilder: “Raza y desigualdad en  Cuba actual: boceto de un tema adolescente”, en  Caminos, La Habana. No. 58, 2010, p. 94


[2]  Idem.
[3] Wright, Irene: Cuba, MacMillan, Nre York, 1919., pp- 83-88.
[4] Idem.
[5]  La médico y genetista Beatriz Matcheco ha realizado recientemente un estudio en cubanos de todos los colores de piel y absolutamente todos llevan en su sangre, genes europeros y africanos.