miércoles, 15 de julio de 2020

¿Quién dijo que la historia es justa?*

Por: Juan Triana Cordoví (Centro de Estudios de la Economía Cubana)
Esta afirmación es casi aterradora pero verídica. Este libro se publicará en el año 60 del triunfo de la Revolución Cubana, en el año 30 de que la crisis más profunda que el país haya vivido se hiciera realidad y no pudiera de ninguna manera ser minimizada y a la vez, en el cumpleaños treinta de la creación del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de la Habana, institución que ha impulsado y coordinado desde sus inicios la publicación de esta serie Miradas que ya tiene personalidad propia y que año tras año puja desde la entrañas del conocimiento por ver la luz, muchas veces incluso a pesar de nosotros mismos.
Parir un libro sobre la economía cubana en Cuba, año tras año, no es para nada un ejercicio liviano, tiene dolores preparto, durante el parto y muchas veces tiene también dolores post parto, pero casi siempre, al menos en nuestro caso, la criatura  ha recompensado con creces esos dolores.
Las veleidades del desarrollo
Puede que alguien piense que la historia del desarrollo de la economía cubana  no es justa, pero lamentablemente la historia no es justa, no es la justicia parte de sus virtudes. De igual manera que la injusticia tampoco es parte de sus defectos y casi siempre contada desde sus extremos la misma historia parece totalmente diferente.
Cuba emprendió conscientemente su camino hacia el desarrollo con el triunfo de la Revolución Cubana. Al inicio, poniendo en práctica el Programa del Moncada y a la vez adoptando y adaptando los preceptos cepalinos a la realidad de nuestro país. Luego muy rápido en términos históricos, construcción del socialismo y desarrollo fueron identificados como términos muy similares (sustitutivos perfectos) en el discurso ideo – político y en el económico, de la mano de una relación creciente con la URSS. Treinta años después de iniciado ese camino, en 1989, a pesar de que el país podía mostrar un prontuario de acciones en ambos propósitos, seguíamos, paradójicamente, estando lejos de ambos, aunque aparentemente mucho más cerca de aquel ideal socialista que del propósito del desarrollo.
Con relación a este último, al desarrollo, descubrimos al menos tres cosas: la primera es que seguíamos siendo un país dependiente en términos económicos y endeble en términos productivos; la segunda, que el esfuerzo hecho en educación, ciencia e investigación, no había producido el impacto esperado en nuestras capacidades productivas y la tercera, que padecíamos de un significativo atraso tecnológico. Apareció además el bloqueo norteamericano en toda su dimensión, mismo que había sido amortiguado en los treinta años anteriores gracias a aquella relación intensa con la URSS[2].
Pero, por otro lado, el desarrollo mismo nos había hecho una gran jugada. Había crecido como concepto, se había enriquecido como fenómeno y se había hecho multidimensional y mucho más complejo[3]. Lo que para el soporte conceptual nuestro fue peor, algunos países subdesarrollados capitalistas devinieron en ejemplos de “países emergentes”, concepto con el cual se empezaron a nombrar a aquellas naciones que siendo subdesarrolladas habían emprendido la senda del desarrollo y mostraban indicadores incuestionables de ese avance. La tesis de la imposibilidad del desarrollo desde el capitalismo quedó así obsoleta como argumento teórico.
Iniciaba Cuba el “Período Especial”, comenzábamos a ser, por primera vez en toda nuestra historia, “verdaderamente independientes” y a entender que la dependencia, más allá del tipo y del color político-ideológico, al final, pasa la cuenta.
Sobrevivimos, esa es la principal razón por la cual hoy puedo escribir este prólogo. Un programa de ajuste heterodoxo[4], un liderazgo político incuestionable y un pueblo capaz de reinventarse la cotidianeidad día a día lo permitieron. Unos pocos años después (y unos cuantos miles de kilómetros en bicicleta también) el país comenzó a crecer nuevamente.
Pero sin dudas ese llamado período especial puso al descubierto “grietas” que hasta entonces permanecían escondidas. Generó preguntas que aun hoy no están respondidas y nos hizo cuestionarnos hasta nuestro propio rol como cientistas sociales.
Han sido años tremendos. Al impulso inicial logrado por la ola descentralizadora de mediados de los noventa, siguió la recentralización iniciada a finales de la misma década, consolidada luego en los años iniciales del siglo XXI, y luego de que el General Raúl Castro asumiera la presidencia, cedió cautelosamente espacio a una nueva reapertura que nos ha traído hasta aquí.
Hemos sobrevivido, es cierto, y eso ya es un gran hito. Pero la sobrevivencia, aunque es una condición necesaria, no garantiza el futuro. Quizás fue esa certeza la que impulsó al Presidente Raúl Castro a promover la elaboración de un programa de reformas que permitiera la “actualización” de una economía que “hacia aguas”. Ese programa condujo a otra certeza, la de la necesidad de “diseñar” el socialismo cubano, en una especie de combinación entre lo que se desea y lo que se puede hacer. Así nacieron, en estos últimos ocho años documentos programáticos que también contribuyeron de modo especial a una propuesta de nueva Constitución de la República, suceso político de innegable trascendencia y complejidad que nos depara nuevos retos en el futuro.
¿Que está ocurriendo en Cuba?
Esta es la pregunta de las mil respuestas y de todas las discrepancias y no puede ser de otra forma. La percepción de cada cual y cada una de las historias de vida cuenta en la manera en que se construye el imaginario individual de lo que está pasando en Cuba.
Desde aquellos que califican todo este complejo proceso vivido y por vivir solo como apenas una capa de maquillaje hasta los que afirman que lo que se intenta abandona el camino iniciado en 1959. Probablemente el momento más nítido de tantas posiciones diversas haya sido la propia discusión popular del proyecto de Constitución y sus resultados. Esta es quizás una de las evidencias más fuertes de la complejidad de este proceso y de la diversidad de perspectivas que hay del mismo.
Es posible que alguien se pregunte qué tiene que ver esto con un libro sobre economía, o mejor sobre la economía cubana. Adelanto que este libro no es sólo sobre economía, pero si así fuera, lo narrado más arriba tiene que ver y mucho con la economía, pues sin instituciones adecuadas, coherentes y consistentes, será muy difícil alcanzar el propósito descrito en la visión del país[5].
Sin embargo, los hechos, hechos son. Eventos telúricos, casi impensables han ocurrido, en todos estos años; la desaparición física de Fidel, el retiro de Raúl como Presidente y Jefe de Gobierno y el paulatino ascenso de una nueva generación de dirigentes políticos, cuyo punto culminante ha sido la designación y aprobación del actual Presidente Miguel Díaz- Canel. Junto a ello, la presencia en Cuba de tres Papas, la visita de un presidente estadounidense y el restablecimiento de relaciones diplomáticas con ese país, el renacimiento de nuestra dependencia, esta vez de Venezuela.
En Cuba, en estos últimos dos lustros, la unanimidad dejó de ser tan unánime, la igualdad dejó de ser incuestionada, lo estatal devino en garantía y obstáculo a la misma vez, lo privado comenzó a ser desdemonizado, el desarrollo devino más que en un resultado de, en premisa para alcanzar otro socialismo diferente a aquel que intentamos construir, aun cuando no tengamos la imagen completa de lo que queremos. Mientras, la independencia se ha convertido en ejercicio diario más que en una condición garantizada, la discrepancia alcanzó rango de legitimidad y práctica cotidiana gracias fundamentalmente a la “red” y la familia vuelve a ocupar su lugar en el edificio social cubano.
Pero es importante entender también que lo que está pasando en Cuba es, a la vez, un resultado de lo que está pasando en el mundo.
En estos treinta años los recursos naturales se convirtieron en una restricción para el crecimiento y el desarrollo mientras la preocupación por el futuro del ser humano se ha convertido en un programa y un grupo de objetivos a escala planetaria para evitar (o al menos demorar) su autoexterminio[6]; la energía dejó de ser barata; la guerra fría fue sustituida por otras, pequeñas y localizadas, pero intensas e hirvientes; Rusia ha renacido más parecida ahora a su historia pre revolución de Octubre; el rol decisivo de China en la economía mundial es indiscutible; el triunfo del nacional conservadurismo en Estados Unidos y el ascenso y descenso de las izquierdas en Latinoamérica ha sorprendido a no pocos; mientras la migración masiva devino en “pandemia” y derecho individual, además de recurso económico para muchos países;  son algunos de los hechos que han marcado estas tres décadas.
Ha ocurrido algo más, igual de trascendente y probablemente tan o más decisivo, la cuarta revolución tecnológica se ha hecho realidad. Así, la revolución electrónica se convirtió en revolución digital y la Inteligencia Artificial comienza a producir tantos cuestionamientos éticos como nuevos productos y servicios; la megadata permite  manipular masivamente a las personas de forma individual; el ser humano se ha hecho cada vez más dependiente de su teléfono celular y una buena parte de todos los seres humanos solo existen a través del móvil, mientras que las conversaciones entre las personas, incluso en el hogar, son sustituidas por mensajes de texto, a la vez que la robotización de la producción y los algoritmos que construyen robots cuestionan la tradicional relación entre el capital y el trabajo y hasta la propia necesidad del “trabajador humano”, amenazando no con el desempleo sino con la irrelevancia a una parte cada vez mayor de los seres humanos[7]. Subrayo que no existe aún una respuesta institucional adecuada a estos nuevos fenómenos, ni desde las estructuras políticas y las construcciones ideológicas, ni desde las ciencias sociales y económicas.
Es cierto que en nuestro país aun estamos lejos de sentir en toda su dimensión esta cuarta revolución tecnológica, pero algunos de sus síntomas ya son perceptibles. Me atrevo a señalar tres hechos que lo demuestran / confirman; la relación entre los cubanos de “adentro” y entre los cubanos de “adentro y de afuera” se ha hecho más fluida y el sentido de “lejanía” ha sido sustituido por el de accesibilidad, con implicaciones inéditas en la vida cotidiana de toda la población[8]; se ha hecho especialmente fácil para las nuevas generaciones acceder con solo un “clic” a trabajos fuera de Cuba e incluso trabajar en proyectos fuera de Cuba sin  moverse del país; mientras que el acceso de una buena parte de los cubanos a las redes sociales ha generado “otro tipo de información” que muchas veces contrasta con la que brindan los llamados “medios tradicionales”. El reto ha sido tan grande que el propio Presidente[9] ha declarado la obligatoriedad para sus Ministros de tener cuentas en “twitter” y usarlas cotidianamente, algo impensable un año antes.
Y todo esto es decisivo para entender el desarrollo que debemos proyectar o aspirar. Junto con el mundo, el país ha cambiado y como casi siempre ocurre las nuevas generaciones se parecen más a su tiempo que a sus padres.
¿Y los cientistas sociales? ¿Los ha escuchado y escucha el gobierno?
Es de las preguntas más frecuentes, como si en algún momento de la historia mundial moderna esto fuera absolutamente decisivo en el destino de las naciones.
No fue el estudio profundo de la “Riqueza de las Naciones” por el parlamento inglés lo que llevó a Inglaterra a la cúspide de la civilización occidental desde mediados del siglo XVIII, tampoco Roosvelt asistió a ningún curso de economía keynesiana a mediados de los años treinta para poder sacar a la economía norteamericana de la debacle de la crisis del año 1929, de la misma forma que no fue el estudio sistemático y profundo de los escritos de Marx y Lenin lo que permitió a Stalin construir una potencia económica capaz de vencer a la maquinaria del nacional socialismo alemán en la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo podría decirse ahora de las experiencias de los antiguamente llamados “tigres asiáticos”. De la misma forma, puede afirmarse también que no fue el desconocimiento de las ideas de la CEPAL lo que ha condenado a América Latina a seguir siendo una región a la zaga en el propósito del desarrollo.
No quiero decir con ello que la labor de los cientistas sociales no sea importante, incluso hasta decisiva en algunos casos, solo quiero significar que no debiera utilizarse la proximidad y colaboración entre cientistas sociales y gobiernos como la garantía del éxito de cualquier proceso de este tipo. De igual manera habría que repetir con Keynes aquella frase famosa de la Teoría General  (…) las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que comúnmente se cree[10].
Y ahora vayamos a la respuesta a la pregunta. Creo que puede establecerse un parte aguas entre la relación del gobierno y los cientistas sociales a partir del momento en que el General Raúl Castro asume la presidencia del país y los años anteriores. Se ha producido desde entonces un intercambio mucho más fluido y sistemático entre gobierno y cientistas sociales o al menos con una parte de ellos[11]. También mucho más respetuoso de los espacios de cada cual e incluso de mucha mayor tolerancia. Una parte de todo ese intercambio se materializó en los documentos programáticos que fueron aprobados años atrás. Pero nada de esto quiere decir que estemos en una situación ideal, de hecho no creo que la alcancemos en algún momento[12].
Los gobiernos tienen sus deberes, sus propósitos, sus propias urgencias, sus compromisos. Los gobernantes son también mujeres y hombres, con sus propias historias de vida, todos los días o cuando pueden desayunan con su familia y deben contarles historias a sus hijos y nietos en algún momento. La cotidianeidad forma parte también de su proceso de toma de decisiones, incluso los impulsos más elementales forman parte de ese proceso y a veces lo condicionan. No quiero decir con esto que la subjetividad sea lo decisivo, solo quiero significar que la toma de decisiones está mucho más cerca de la teoría de la complejidad que del determinismo racionalista.
Es cierto también que nada me permite hablar por todos los cientistas sociales cubanos, seguro existen muy diferentes percepciones a estas que he expuesto. Algunos de nosotros hemos tenido el privilegio o la suerte de vivir en la capital de la República y todavía el “fatalismo geográfico” cuenta. Esa cercanía geográfica a las instituciones decisoras no debe subestimarse. Mi visión, como la de otros muchos, es la de un cientista social con más de seis décadas sobre esta tierra, que vive en la Habana, que ha vivido prendado y prendido a este “terremoto” que ha sido la Revolución Cubana y que ha tenido la oportunidad de comparar la nuestra, con otras realidades. Pero no tengo ninguna duda que, desde otras edades, latitudes y longitudes, la percepción sea bien diferente y los “aportes” a la toma de decisiones sean otros. Estas diferencias para nada son un problema, más bien, una gran suerte.
El esfuerzo de transformación ha sido enorme[13], pero así de grande ha sido también la resistencia a ese esfuerzo transformador. A veces es una resistencia consciente e incluso antecede a cualquier decisión. Otras, yo diría la mayoría de las veces, es el “resultado natural” de diseños institucionales y de “culturas aprendidas” con anterioridad que hoy resultan disfuncionales a los propósitos de transformar nuestro país. Medir el costo de esa resistencia se hace difícil pues una parte de él es definitivamente intangible.  Aun así, me aventuro más abajo a listar algunos de esos costos:
  • La tasa de crecimiento sigue siendo muy baja y está muy lejos de la tasa de crecimiento que necesitamos.
  • Las exportaciones de bienes siguen teniendo un comportamiento insuficiente y continúan concentradas en unos pocos bienes.
  • La dependencia de las importaciones se mantiene y no parece que tenga solución de corto plazo.
  • La presión fiscal no permite amplios márgenes de maniobra.
  • El empleo no crece y se ha precarizado.
  • El salario, a pesar del crecimiento del salario medio mensual, no ha recuperado su lugar como principal incentivo al trabajo y es un factor determinante en el crecimiento de la desigualdad.
  • El éxodo de personal calificado, especialmente jóvenes y mujeres, que desangra a nuestra economía y contribuye a profundizar el problema demográfico, se mantiene.
  • La tasa de inversión permanece muy baja respecto a las necesidades de crecimiento, prácticamente está a la mitad de esas necesidades y la ejecución de las inversiones sigue siendo ineficiente.
  • La deuda de corto plazo a proveedores y los dividendos no pagados a inversionistas extranjeros son una carga financiera importante, se convierten en incentivos negativos al crecimiento y generan incertidumbre a posibles inversionistas interesados en el país.
  • La empresa estatal socialista, responsable de al menos el 80% del PIB y mayoritaria como fuente de empleo, pilar de las transformaciones emprendidas hace unos años atrás, no alcanza a responder adecuadamente a nuestras necesidades de desarrollo y se ha anunciado será necesario repensar las OSDE[14].
  • La inversión extranjera, declarada estratégica para el desarrollo del país, no logra despegar y aun cuando ha mejorado su captación respecto a años atrás sigue siendo insuficiente y está lejos de nuestras necesidades reales.
  • Se mantienen brechas importantes (vertical y horizontal) en la infraestructura básica.
  • Existen brechas tecnológicas significativas (horizontales y verticales) en buena parte de nuestro sistema productivo y asimetrías decisivas en la asignación de la fuerza de trabajo calificada.
  • El sector no estatal, cooperativas y propietarios privados en general, arrendadores de tierra y empleados en ese sector, aun esperan por un marco legal más proactivo que le permita crecer cualitativamente.
  • Sectores decisivos, como la agricultura y la industria no terminan de encontrar una senda dinámica de crecimiento sostenido.
¿Como estimar en términos monetarios esos costos? ¿Cómo estar seguros de que de haberlo hecho distinto, de haber podido vencer esa resistencia, los resultados serían diferentes o que no estaríamos pagando costos peores?
No hay manera de saberlo, cabría sólo especular. Así que debemos atenernos a estos hechos, a los datos que los reflejan, aun cuando no nos guste lo que los datos nos muestran y cuando sepamos, por experiencia, que muchos de esos datos no se corresponden plenamente con la realidad de lo ocurrido.
Es cierto que desde la academia se han escrito toneladas de papel sobre estos temas y decenas de recomendaciones[15]. Muchas de ellas duermen el injusto sueño de los justos[16].
Es probable que cuando este libro se publique se haya realizado ya una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional donde se evaluará el estado del “Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030, en sus tres etapas, y el informe sobre el estado de la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución”[17]. Estoy convencido que lo sucedido desde que fueran aprobados y divulgados tanto en Cuba como fuera de Cuba obligará a repensar una buena parte lo que aparece en esos documentos.
En el 2019 se cumplen treinta años de haberse iniciado el hasta ahora último proceso de transformaciones económicas en nuestro país. Es la misma cantidad de años que tomó aquella otra, que inició la senda del socialismo unos años después de 1959.
En estos últimos treinta años, los hijos se han convertido en padres, los padres en abuelos y los abuelos han ido cediendo esta tierra a nuevas generaciones que deberán, usando su imaginación, sus conocimientos y todas sus discrepancias, reinventar el país en ese proceso inacabable e ineludible de negación de la negación por el que pasan con más dolores o con menos todas las sociedades. De todas formas, hay que entender también que el significado del tiempo es diferente para los seres humanos y para los sistemas políticos.
Si este libro logra contribuir a esa reinvención entonces habremos cumplido el propósito y ningún dolor pos parto podrá contra semejante satisfacción.
Notas:
[1] Duval Noha Harare, 21 consejos para el siglo XXI
[2] Castro F. Discurso pronuncia en el acto por el XXXIX Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada y el XXXV del levantamiento de Cienfuegos, efectuado en Cienfuegos, el 5 de septiembre de 1992.
[3] El Índice de Desarrollo Humano y el Índice de Palma, por ejemplo, son dos de esos esfuerzos por entender conceptualmente y medir cuantitativamente y cualitativamente ese carácter multidimensional del desarrollo.
[4] CEPAL. La economía cubana: Reformas estructurales y desempeño en los noventa. Editado por Comisión Económica para América latina y Fondo de Cultura económica, 1997.
[5] Bergara M. ,  Las Instituciones y los procesos económicos, pág. 15,  en Transformaciones económicas en Cuba: una perspectiva desde las instituciones. Hidalgo V. y Bergara M. Coordinadores (2015), dEcon, Facultad de Ciencias Sociales Sociales, Universidad de la República, Uruguay y Universidad de la Habana.
[6] Objetivos de Desarrollo Sostenible; www.un.org/sustainabledevelopment/es y “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”. Resolución 70/ 1, Asamblea General de las Naciones Unidas.
[7] Noah Harari Y. “21 lecciones para el siglo XXI”,  2018, Editorial Penguin Randolph House Grupo Editorial S.A.U
[8] La capacidad “movilizativa” del celular y de las redes sociales quedó demostrada cuando el tornado ocurrido en la Habana en enero 28 del 2019. De hecho una buena parte de la ayuda inicial se estructuró a través de las redes antes que de las organizaciones encargadas  de ello.
[9] Intervención de DC en la Asamblea, buscar el link
[10] Keynes J.M. La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, pág. 367. Edición Revolucionaria, Instituto del Libro, 1968.
[11] La creación del Consejo Técnico Asesor de la Comisión de Implementación y Desarrollo de los Lineamientos y de sus comisiones fue el vehículo que facilitó en mayor medida ese intercambio.
[12] Jorge Nuñez Jover afirma “Subsisten deudas con la consulta a grupos de profesionales que han estudiado durante años ciertos temas y que, a la hora de decidir sobre estos, no son involucrados”,   en “El pensamiento científico y nuestras tareas”,  Cubadebate Cuba noticias/2018/el pensamiento científico jj jover.html#.XFXHMye23OQ
[13] Un resumen de una parte de esas medidas aparece en Hidalgo de los Santos V. “Políticas macroeconómicas en Cuba: un enfoque institucional” págs. 99 – 100. En Transformaciones económicas en Cuba: una perspectiva desde las instituciones. Hidalgo V. y Bergara M. Coordinadores (2015), dEcon, Facultad de Ciencias Sociales Sociales, Universidad de la República, Uruguay y Universidad de la Habana.
[14] OSDE: Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial.
[15] En esta propia serie de Miradas ….. desde su primer numero aparecen decenas de recomendaciones de política económica. También en “Políticas macroeconómicas en Cuba: un enfoque institucional” págs.. 111 -117 aparece una propuesta de políticas económicas para la transformación de la economía nacional. Ver Hidalgo V. op. cit.
[16] “No podemos cansarnos de oír a los que saben, valorar sus propuestas y articularlas con lo que nos proponemos lograr”. Diaz – Canel M. Cubadebate, Cuba noticias/2018/fin de año/Díaz-Canel%20 «Vamos a salir adelante y vamos a seguir venciendo» | Cubadebate.html#.XFX-FSe23OQ
[17] Diaz – Canel M. Cubadebate, Cuba noticias/2018/fin de año/Díaz-Canel%20 «Vamos a salir adelante y vamos a seguir venciendo» | Cubadebate.html#.XFX-FSe23OQ
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*Este texto es el prólogo del libro Miradas a la economía cubana, un plan de desarrollo hasta 2030, de los investigadores Ricardo Torres Pérez y Dayma Echevarría León.
Fuente: https://jovencuba.com/2020/07/01/historia-justa/

lunes, 13 de julio de 2020

Hershey*

Por Juan M. Ferran Oliva                                         10 de julio de 2020   

Dos adolescentes  toman el tren de  Hershey  con propósitos turísticos. Uno de ellos asoma temerariamente la cabeza por la ventanilla queriendo abarcar mejor el  paisaje. De repente algo le hiere el ojo. Se retira lloroso y el amigo inquiere que le ha ocurrido: una partícula de carbón me cayó en el ojo, a lo que el otro replica: ¿pero no sabes que este tren es eléctrico? ...Ah, entonces será un kilovatio.
El cofrade Aurelio Alonso  comunica jubiloso la existencia de un proyecto para convertir en museo al que fuera batey del esfumado central Hershey. Su padre era carrero de una marca de cigarros y en ocasiones lo acompañaba. La visita a otras localidades  le permitió apreciar la superior urbanización del poblado aludido. También lo visitó entre 1948 y 1950 en excursiones de los Hermanos Maristas, colegio  en el que estudiaba[1]. La nostalgia lo consume.

Uno de los elementos emblemáticos del  lugar era su ferrocarril eléctrico, único en Cuba. Lo comunicaba con La Habana y Matanzas. Tenía su patio en el propio batey y acarreaba el blanco refino a los lugares de embarque. De paso servía de transporte público de personas. En el entorno de 1960 costaba 2.8 pesos ir de un extremo al otro del recorrido de algo más de 100 km. La electricidad era suministrada por el propio central a partir de biomasa bagacera. No sé qué ocurría en tiempo muerto. Aurelio lo utilizó una vez en 1967, y por casualidad. Salió junto con otros compañeros de una reunión tormentosa. Para refrescar  cruzaron la bahía hasta Casa Blanca y allí tropezaron con el tren. Lo tomaron en viaje de ida y vuelta[2].
La planta en cuestión fue promovida en 1919 por Milton Hershey para suministrar azúcar refino a sus afamadas fábricas de chocolate en Estados Unidos. La marca con su apellido dominó el mercado a partir de 1906. Este capitán de industria tuvo una visión integral del negocio. En su planta principal de Pensilvania construyó un pueblo modelo para sus obreros con el propósito de cimentar en ellos el espíritu de pertenencia.
Con igual sentido de integralidad creó el central y refinería en la sierra ubicada a unos kilómetros de Santa Cruz del Norte, a 45 km de La Habana y algo más de Matanzas. No era un central pequeño. En 1952 produjo  103.601 TM, record sólo superado por los colosos de Camagüey y Oriente[3].  Lo dotó de un pueblo ideal, con casas de excelente construcción y las correspondientes  instalaciones urbanas de servicio. En la carretera que conduce a Sta. Cruz poseía unos jardines que lo prestigiaban y servían de expansión a los habitantes del entorno[4]. No todos disfrutaron de los chalets. La existencia de un barracón menos privativo lo sugiere. 
Una anciana que habita el lugar actualmente refiere que los trabajadores compraban en la tienda de la propia compañía utilizando vales. No sé si el pago en esa modalidad  era total o parcial. El empleo de un token[5] no era raro entonces; conformaba un mercado cautivo y proveía un generoso margen comercial que escamoteaba los salarios. 
En 1946 el central fue vendido al magnate azucarero Julio Lobo. A fines de 1962, al ser nacionalizado, adoptó el nombre de Camilo Cienfuegos. Operó hasta el año 2002, cuando fue cerrado al redimensionarse la industria azucarera. Muchos de sus trabajadores fueron reubicados en la extracción del petróleo cercana y en otras actividades. Actualmente viven allí unas 1200 personas. De convertirse en museo, sería el patrón de un batey ideal, una desiderata. La mayoría de los poblados azucareros no eran tan refinados.
Lo verdaderamente emblemático del lugar es el ferrocarril que aún funciona precariamente (de momento paralizado por la pandemia[6]). Ya no conduce azúcar y se limita al transporte de personas. Consolidó una necesidad entre los habitantes del extenso territorio que actualmente se extiende por zonas septentrionales de las provincias de La Habana, Mayabeque y Matanzas. El  parque de transporte de pasajeros fue renovado en dos ocasiones con automotores procedentes de Barcelona.
Una locomotora eléctrica recibe la energía a través de cables que corren en paralelo con la vía. Debido a las economías de escala, el costo unitario del KW, u otra medida energética similar, es sumamente reducido en comparación con el de los equipos de combustión interna. El mantenimiento y reparaciones son igualmente inferiores. Su inconveniente es la inversión inicial. Al sistema de rieles hay que añadir el costoso sistema de conductores eléctricos (las catenarias).
Las primeras locomotoras construidas a inicios del siglo XIX fueron a vapor. Después de mediados de dicha centuria eran notorias las del Far West, como la mostrada en 1928 en el antológico filme mudo El General, protagonizada por Buster Keaton. Muchas parecidas se utilizaron en las ferrovías cubanas. Su unidad motriz era una caldera generadora de vapor convertido en movimiento circular mediante mecanismos adecuados[7]. Su  mantenimiento y consumo resultaban costosos y  abrieron paso a los motores de combustión interna que las sustituyeron. Actualmente son piezas de museo.
A fines del siglo XIX fueron introducidos los trenes eléctricos. Son  particularmente recomendables en países donde la energía eléctrica es barata. A lo largo del siglo XX  impusieron cada vez más su presencia sin llegar a que fuese absoluta. En Suiza, por ejemplo, el 99% de las líneas férreas son eléctricas. Las principales ventajas de esta tecnología consisten en el bajo costo energético y a su menor peso relativo. Sus mecanismos son mucho más simples y cuentan con otras ventajas. La pega consiste en la costosa electrificación de las líneas. En toda su longitud ha de disponer de un tendido aéreo[8].
El Talón de Aquiles del tren eléctrico Hershey, como lo siguen llamando, es el costo de reposición y mantenimiento de su catenaria. Ciclones, vandalismo y el paso del tiempo han afectado las líneas de cables conductores. Es único en su clase. En  los 5064 km de vía pública de los demás ferrocarriles del país (excluyendo los azucareros) se utilizan equipos diésel. 
El primero de mayo de 2017 el tren de Hershey recorrió toda la línea por última vez[9]. Actualmente sólo cubre parte de ella. La descapitalización ha golpeado la infraestructura eléctrica. Se trata de una especie en peligro de extinción.
Es necesario un análisis que muestre la alternativa recomendable de comunicación de la zona en cuestión. Quizás el tren continúe siendo la mejor, pero queda por demostrar. No se debe perder de vista el carácter histórico de la instalación y sus posibilidades turísticas. Matanzas está muy cerca de Varadero que recibe miles de  visitantes portadores de moneda libremente convertible. Algo similar puede decirse de La Habana. 
La tecnología eléctrica ofrece grandes ventajas operativas, pero quizás resulte excesivo su costo inversionista en las actuales circunstancias. Comoquiera, no se debe desestimar sin un estudio. Una solución alternativa sería la adopción de la tecnología diésel. Se perdería el hálito romántico del primitivo tren pero mantendría la comunicación y la agradable vista del paisaje que incluye al Valle de Yumurí. A fin de cuentas los pasajeros utilitarios y los potenciales turistas requieren comodidad y frecuencia, virtudes ausentes en las actuales condiciones, sin contar la amenaza de desaparecer.
…Ah, el caserío. Creo que a sus privilegiados moradores corresponde su mantenimiento sin violar las normas de la planificación física. Lo urgente es el ferrocarril. 

[1] En la propia zona existía una fábrica de aceite de maní. La distribuía la firma Sabatés SA (Procter & Gamble) bajo la marca Manico. Tenía un fuerte clientela entre la colonia judía cuya religión proscribe el consumo de productos del cerdo. La manteca era ampliamente utilizada por la población cubana debido a su bajo precio y a un mal hábito apalancado en tradiciones culinarias favorecedoras del colesterol. Las transnacionales Swift y Armour ofertaban lard a bajo precio; en Estados Unidos tenía poca demanda y Cuba les servía de vertedero. En casa de Aurelio también lo consumían, aunque no eran hebreos.
[2] Puedo complementar esta tournée de recuerdos con uno mío, menos emotivo y quizás vanidoso. En el entorno de 1970 visité el central en varias ocasiones por razones de trabajo. En una de ellas se me hizo tarde para almorzar en el comedor obrero. Detrás de mi llegó un trabajador también atrasado. Probablemente debido a mi camisa blanca, me preguntó si yo era el nuevo médico asignado al consultorio. Le respondí que no, con una sonrisa. No se ría, me dijo casi ofendido. Ud se ve que es un blanco que filtra. Es una expresión folclórica que aún recuerdo.
[3] Pedrosa Puertas, Rafael. Cinco Siglos de Industria Azucarera Cubana. Minaz 1966
[4] Estas líneas fueron documentadas con el artículo El Tren de Hershey contra el Tiempo, de Ventura de Jesús, Periódico Granma. Enero 9 de 2020. Datos de la Unión de FFCC de Cuba y otros tomados de Internet.
[5] Token: moneda de circulación limitada. Generalmente emitida por una entidad privada.
[6] Casablanca pertenece al municipio Regla, de La Habana.
[7] En el central Jaronú hubo una curiosa instalación. Los llamados dirigibles no generaban vapor. Eran grandes termos que lo recibían del central y se aplicaban como locomotoras de patio.
[8] O de un peligroso carril extra, también complejo. Suele limitarse a lugares con poco o ningún acceso de personas y animales, como los metropolitanos subterráneos.
[9] Ventura de Jesús. El Tren de Hershey contra el Tiempo. Periódico Granma. Enero 9 de 2020.
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*Hersey es el Sine Die 133 del autor
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Ex cine Finlay

sábado, 11 de julio de 2020

Ciudad

                                                          A Eusebio. 

Soy una centenaria ciudad
de murallas y puerto.
Soy a diario una nueva verdad
enterrando a sus muertos.

He soñado, sueño y soñaré
que soy mejor que nunca.
He llorado, lloro y lloraré
si mi ilusión se trunca.

Yo vi tanto llover
y vi tanto escampar,
pero nunca sabré
lo que falta mirar.

Mi mañana tendrá 
cierto viejo sabor.
Mi mañana será
de placer y dolor. 

Soy una luminosa ciudad
en proyecto y en ruinas,
viva piedra de azul claridad
terrenal y marina.

Soy una veterana ciudad,
una sobreviviente
del salitre, del sol, de la edad
y de su propia gente.

                                            Loma, 2 de junio 2019 (19:57)

jueves, 9 de julio de 2020

La Red Avispa pica en Miami

Por Rosa Miriam Elizalde

Desde que Netflix decidió estrenar La Red Avispa el pasado 19 de junio y llegó a la audiencia cautiva del Covid-19, la película se ha convertido en un suceso mediático por razones poco convencionales.

En Florida han amenazado con quemar cines, si ésta se exhibe algún día en las salas de estreno, y se recogen firmas para obligar a Netflix a retirar el filme, sin entender que el sitio de descargas no es un canal de televisión. La gente tiene la opción de verlo o seguir de largo, aunque el escándalo debe haber disparado el rating de una película que había pasado sin pena ni gloria por el Festival de Venecia, a pesar de un elenco de celebridades que encabeza Penélope Cruz.

Pero en Miami, ahora mismo, el tema de la película se ha convertido en una suerte de conga anticomunista con todos los medios locales bailando el paso tan chévere de atacar al director francés, Olivier Assayas, acusándolo de hacer propaganda en favor de Cuba. El gran detalle es que La Red Avispa narra hechos reales que han documentado las propias autoridades de Estados Unidos, en un juicio que es considerado el más largo de la historia de la jurisprudencia de ese país y en el que testificaron tres generales, un almirante, un ex consejero presidencial y terroristas confesos, que aparecen en pantalla como lo que son.

La trama de La Red Avispa comienza en La Habana, a principios de la década de los 90. René González (Edgar Ramírez en la película), instructor de vuelo en una base aérea militar, roba un avión y huye de Cuba. Comienza una nueva vida en Miami, lejos de Olguita, su esposa (que encarna Penélope Cruz) y su hija pequeña. Otros desertores cubanos pronto le siguen y arman una red para infiltrarse en diversas organizaciones con sede en esa ciudad, responsables de ataques en la isla, entre ellos una campaña de bombas contra hoteles que causa la muerte de un turista italiano. En vez de capturar y procesar a los terroristas, responsables de crímenes atroces, el gobierno de Estados Unidos encierra y somete a chantaje y castigo a los agentes cubanos.

Es la historia de lo que pasó en estado puro, desnuda de opiniones o interpretaciones del guionista y el director; una verdad intolerable para uno de los personajes reales que se asoma en la película, José Basulto. Él se presentaba por aquellos años como un buen samaritano, salvador de balseros en el estrecho de Florida, pero sostenía sus excursiones con el narcotráfico, violaba alegremente el espacio aéreo de Cuba y financiaba los tiroteos contra bañistas en las playas.

Paradójicamente, las pruebas de sus crímenes no las aportó el Ministerio del Interior de Cuba, sino el FBI, que estaba al tanto de todo lo que ocurría, como reseña la película. Ahora Basulto vocifera contra Netflix y enseña el puño ante las cámaras: Estoy más que de acuerdo con Trump en que se ponga fin a la relación y acuerdos con Cuba.

Hay una historia que parece meramente anecdótica de hechos que ocurrieron hace más de 20 años, pero que es actual si se mira correctamente. Gentuza como José Basulto o Luis Posada Carriles, organizador de la estela de bombas contra los hoteles en La Habana y del sabotaje a un avión civil en el que murieron 73 pasajeros y tripulantes, no son marginales en la sociedad estadunidense hoy. El cubano de la isla que vio La Red Avispa en el Festival de Cine de La Habana, en diciembre pasado, sabe que el odio que inspiró los ataques de los mayamenses en los 90, permea hoy los discursos del presidente Donald Trump y conquista a otros radicales que pululan por los foros de Facebook y canales de YouTube ligados a los supremacistas blancos. Más aún, George W. Bush desató su guerra contra el terrorismo de los otros, mientras protegía en casa a sus amigos terroristas, y ahora Trump corteja a los incendiarios de Florida y se muestra evasivo a la hora de condenar a los ultraderechistas que han dejado una estela de muertos durante su administración, desde Charlottesville hasta Minneapolis, pasando por El Paso.

Un estudio del U.S. Extremist Crime Databaseseñala que 74 por ciento de los ataques terroristas ocurridos en suelo estadunidense después del 11 de septiembre de 2001 hasta 2016, fueron obra de la extrema derecha. Desde que llegó Trump a la presidencia en 2017, la mayoría de los ataques contra civiles indefensos se deben a los supremacistas. El perfil del agresor no varía demasiado: hombre blanco, inspirado por otros actos y discursos violentos y con cómodo acceso a armas de asalto. Es el arquetipo de José Basulto, quien se benefició como los ultraderechistas actuales de la ley estadounidense, que sólo permite la designación de terroristas a grupos o atacantes extranjeros.

Virtudes y defectos de realización aparte, La Red Avispa es insólita y valiente. Se concentra en explicar lo que fue ocultado por décadas y aún no se quiere mirar de frente: por qué fueron enviados a Estados Unidos los agentes cubanos. Este es el corazón de la historia que ha incendiado las redes, que intentan censurar en Netflix y que tiene a la derecha haciendo causa común contra el vicepresidente español, Pablo Iglesias. Él acompañó el cartel de la película en Twitter con tres palabras de precisión insuperable: Vista. Héroes. Peliculón.


Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/07/09/opinion/018a1pol

lunes, 6 de julio de 2020

Relatos de K 507

 Por Aurelio Alonso

El encuentro con Fidel

Querido Silvio, Machado me envió hace unos días una cuartilla que redactó para Segunda cita, la cual rememora la conversación con Fidel que dio origen a su relación directa con el Departamento de Filosofía, desde la segunda mitad de 1965. Alude a mi presencia y la de Jesús Díaz en aquella ocasión. Concuerdo en el recuerdo que narra y, aunque no podría precisar si estaban otros compañeros de nuestro grupo, no lo excluyo como posible porque nos manteníamos atentos a aquellas visitas nocturnas frecuentes en que Fidel conversaba de manera informal con los estudiantes, y escuchaba. Hizo de la Plaza Cadenas (hoy Plaza Agramonte) un aula de alta Política. Conservo vivos muchos instantes como aquel, que podría evocar. Sería esta una anécdota más, tal vez insignificante, si no hubiese marcado para aquel grupo de jóvenes revolucionarios –entonces unos cincuenta ya– un hito esencial en el reto profesional que habían aceptado asumir hacía un par de años atrás: impartir la ideología de nuestra revolución en todas las carreras de nuestra Universidad, a la vez que nos formábamos nosotros mismos. Quienes podemos dar testimonio de aquella experiencia estamos ya entre los 70 y los 80 años de edad, y me resisto a dejar que ese caudal de vivencias se pierda. Incluso si no coinciden detalles de nuestros recuerdos, ya que el tiempo erosiona siempre de algún modo las capacidades de la corteza cerebral.

En ese encuentro Fidel le preguntó a Machado qué carrera estudiábamos, ya que por la edad no lucíamos miembros del claustro. Y fue la aclaración de Machado, de que enseñábamos filosofía marxista lo que le hizo asociarnos al rumor de  jóvenes profesores que comentaban que los dirigentes de la Revolución no conocían el marxismo: “¡Así que ustedes son los sabios profesores que dicen que yo no conozco El capital…!”. 

Sabíamos que esa opinión superficial, que nada tenía que ver con nosotros, se había regado y nos molestaba mucho que se nos pudiera identificar con ella. Por eso Machado reaccionó enseguida en un careo difícil: lo recuerdo tratando de argumentar “¡No, Comandante, nosotros no somos ‘sabios profesores’…! y a Fidel, que no lo dejaba terminar “¡Si, chico, no digas que no, ‘sabios profesores’…!”, hasta que Machado puntea: “¡Comandante, a usted le han informado mal!”, y me parece que fue entonces que Fidel pasó a otros temas. Machado recuerda que él le pidió la ubicación del Departamento. Mi memoria lo que retiene es que caminábamos de regreso por K a nuestro local, con la inquietud de que era probable que terminara nuestra aventura docente. 

El rumor de marras había surgido del hecho de que Anastasio Mansilla, el especialista hispano-soviético que había preparado a nuestros compañeros de Economía Política, también impartía un seminario sobre El capital al Consejo de Ministros (máximo órgano de poder del Estado en la época). Esa coincidencia fue interpretada superficialmente por algún discípulo, como recuerda Machado.

Al día siguiente del encuentro en la colina universitaria –o el día que le siguió– cuando ya se había puesto el sol, los que estábamos todavía trabajando en el salón de K 507 sentimos el sonido de varias puertas de autos que se cerraban con fuerza, y apenas nos incorporábamos para salir a ver qué sucedía cuando en la entrada del salón apareció un oficial en impecable uniforme verde olivo y pronunció dos palabras, solo dos, en tono de anuncio: “¡El Comandante!” y Fidel entró. Quizá le acompañaba Manuel Piñeiro o René Vallejo, o ambos, o lo hicieron muchas veces después. Relativizo aquí mi memoria en lo que no siento seguridad. Todo sucedió con la misma informalidad que tenían las conversaciones en la Plaza Cadenas. 

Hacía muy poco había asumido la dirección del Departamento de Filosofía, por primera vez, un miembro de nuestro grupo, Rolando Rodríguez, designado subdirector en el año escaso en que nos dirigió Gaspar Jorge García Galló (1964-1965), quien había llegado con el rectorado de Juan Mier y se fue con él. Estimo que Galló nunca puso trabas a que experimentáramos con los programas docentes, ni a que nos dirigiéramos, en la práctica, con Rolando al frente. Por lo que su salida fue como lo que llaman los cineastas una “mezcla suave”, más que un “corte’. Tampoco podría afirmar si fue en aquella primera ocasión o en una visita posterior del Comandante que, llegando a la medianoche, nos propuso irnos al cine y pidió que le avisaran a Alfredo Guevara que íbamos en camino. Unos meses antes de fallecer, Alfredo me recordaba que al entrar en la sala de proyecciones Fidel le había expresado que él quería que conociera a este grupo de jóvenes.  Lo interpreté, al momento de oírlo, como un gesto de cortesía por haberlo sacado de la cama en la medianoche, pero al repasar el hecho con Alfredo me  convenció de que buscaba sintonizarnos también con la herejía de su viejo compañero de luchas desde la Universidad…

Como recuerda Machado, una veintena de miembros de nuestro grupo, junto a compañeros de otras áreas de la Universidad, tuvo el privilegio de acompañarle, en noviembre de ese mismo año, en el recorrido por la Sierra Maestra para la primera graduación de Medicina de la Revolución. De las Vegas de Jibacoa a Mompié, Palma Mocha, Aguada de Joaquín, el Pico Cuba y finalmente el Turquino. 

Considero que lo trascendente fue el significado de la relación que se estableció para alentar en nosotros un cambio radical en la enseñanza del pensamiento revolucionario a partir de Marx y de Engels, y hasta nuestros días, desechando la lógica dogmática que había sido consagrada por los manuales soviéticos. Para crear, en segundo lugar, una revista, Pensamiento crítico, que llegó a quince mil ejemplares de tirada y reflejó la proyección revolucionaria de 1967 a 1971. Y para configurar, en tercer lugar, un proyecto editorial nacional que diera respuesta al propósito de hacer “el país de hombres de ciencias”, y de difundir lo más relevante de la historia del pensamiento. Fue un quinquenio en el cual aquel grupo desplegó una intensa actividad, que nos sentimos obligados a relatar en el poco tiempo que nos queda para ello.
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Carteles con poemas de Wichy que envía la profesora Maité Fundora Iglesias y los estudiantes del Instituto Superior de diseño ISDi:






miércoles, 1 de julio de 2020

En el centenario de Eliseo Diego



EL ESPEJO TRASCENDIDO

                      A Eliseo Diego

Pasan de la memoria al escritorio
los testimonios claros del recuerdo,
el pasado de luz oscurecida
diáfano en su penumbra de palabras.
Epifanía la niñez deviene,
puro ser de crisálida inocente
que romperá sus alas en el fuego
precursor del regreso a lo perdido.
Entretanto, prosigue el duro y breve
oficio de vivir. Y ya marcado
de irrepetibles sombras, el espejo
trascendido remonta los orígenes.



COLLAGE EN EL RECUERDO

Ahora vas de nuevo a los orígenes
tras la frontera de tu propio espejo
por los extraños pueblos del camino.
La cuerda no tendrá al equilibrista
moviéndose entre oscuros esplendores.
Las maravillas, los divertimentos
en la Calzada de Jesús del Monte
donde juegan los niños con las piedras
en los rotos canteros desgastados,
ya no tendrán la voz que susurraba,
como paño de vieja, la inocencia.
Pero quedan escritas las palabras
en las paredes de la luz y el polvo.
Y la esperanza de encontrarnos luego
donde nunca jamás se lo imaginan.

                                      
                                          Rolando López del Amo

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Con Eliseo, principios de los 80, 23 y 24.