Pedro Miguel
Aparte de desintegrarse, lo peor que puede pasarle a la nación que se ostenta como máxima potencia planetaria es que el resto del mundo deje de tomar en serio a su gobierno. Pero lo que en la circunstancia actual ha llegado a un grado de farsa trágica y sangrienta viene gestándose de mucho tiempo atrás; el trumpismo no es la enfermedad de Estados Unidos, sino el síntoma de su avanzada descomposición.
Es un proceso en el que las contradicciones internas de la república esclavista fundada hace dos siglos y medio parecen haber alcanzado un descontrol irreversible. Si Washington ha entrado en colisión con prácticamente todo el mundo es porque antes ha entrado en colisión consigo mismo. Lo malo es que sus grupos étnicos, culturales y lingüísticos, sus corrientes ideológicas, sus sectores económicos, sus instituciones y hasta sus intereses económicos caminan en sentidos divergentes o contrapuestos y lo peor es que no ha podido encontrar a alguien menos inepto para arbitrar entre ellos que esa encarnación de Ubú rey llamada Donald Trump (https://short-url.cc/1yR0h).
Los zigzagueos, las incoherencias y las chambonadas de la política exterior estadunidense van mucho más allá de los cambios de humor del fanfarrón con delirios de grandeza que habita en la Casa Blanca; expresan las pugnas internas de una clase gobernante incapaz de gestionar y resolver los conflictos de su economía y de la sociedad a la que debiera representar.
Véase, por ejemplo, el choque entre los xenófobos y racistas de MAGA que sueñan con restaurar la pureza del paraíso mítico de los WASP (blancos, anglosajones, protestantes) o, cuando menos, del Estados Unidos “europeo” (que ampliaba ese espacio idílico a irlandeses e italianos) y las empresas agrícolas, de la construcción y de los servicios que enfrentan una aguda escasez de mano de obra, debido a la infame persecución desatada por el gobierno en contra de latinoamericanos, medioorientales y africanos.
O el daño que el petrolismo a ultranza del trumpismo causa a ramos empresariales como el de las energías renovables, incluida la electromovilidad, en la que el propio Elon Musk tiene una participación destacada. O los problemas que los amagos de guerra comercial con China acarrean a empresas cuyo negocio tradicional ha sido la importación masiva de chinerías, como Amazon, de Jeff Bezos.
O el impacto de cinco mil millones de dólares causado en las finanzas de General Motors por las balandronadas arancelarias de Trump (https://shorturl.at/UKl9j). O la pifia monumental de despedir a 177 técnicos esenciales de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA, por sus siglas en inglés) que trabajaban en el mantenimiento del arsenal nuclear, en el marco de las políticas de “reducción del Estado” que Trump encomendó a su amigo Musk en los primeros meses de su segundo gobierno (https:// shorturl.at/iK69N) mientras, por otro lado, contrataba a 12 mil golpeadores y gatilleros para las filas del ICE (https://shorturl.at/ a6SMY).
O la manera en la que los afanes extremos y paranoicos de instrumentalizar el supuesto “combate al narcotráfico” han evidenciado que el verdadero narcoestado no es Colombia, ni Venezuela, ni México, sino el propio Estados Unidos, que es en donde se ubican el mayor mercado de drogas del mundo, el principal centro de lavado de dinero, la más grande industria armamentista que nutre a los cárteles y el gobierno más corroído por la corrupción narca, en el que desde el Departamento de Justicia (https://shorturl.at/Y9jp7) hasta la Casa Blanca (https://shorturl.at/c2EXF) ofrecen (o venden) protección a capos destacados.
Ya será tarea de los estadunidenses encontrar la forma de evitar que su país se caiga a pedazos. Pero para el resto del mundo (aliados, socios, adversarios, naciones neutrales) el problema es que la pudrición de Estados Unidos se traduce en una creciente debilidad que la Casa Blanca busca contrarrestar con atropellos violentos: genocidios (como los que Israel perpetra con la bendición de Washington en Gaza, Cisjordania y Líbano); ejecuciones extrajudiciales (como las de los infortunados tripulantes de lanchas atacadas con fuego letal por las fuerzas del Pentágono); actos de guerra tan criminales como los perpetrados contra Irán, que desembocaron en la peor derrota militar gringa desde Vietnam; el sádico afán de asfixiar y matar de hambre al pueblo cubano –instigado por Marco Rubio–, o las andanadas de injustificable violencia verbal, como las que han experimentado México, Brasil, España, Colombia y hasta el gobierno “amigo” de Giorgia Meloni.
El problema no es sólo que Estados Unidos se esté pudriendo, sino que para el resto del mundo su pudrición se proyecta en forma de muerte, destrucción, violencia, inestabilidad y crisis económica. Y el desafío para los demás consiste en articularse de alguna manera para sobrellevar la avanzada desarticulación del que ha sido, por muchos años, el gran hegemón planetario.
https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/07/10/opinion/la-pudricion-de-estados-unidos
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