jueves, 20 de febrero de 2020

Transcripción de la Entrevista de RT al Ministro de Economía de Cuba Alejandro Gil

Entrevistador (E): Hola bienvenidos al programa de entrevistas una vez más los saludamos desde La Habana Cuba.

Desde hace varios años. El gobierno cubano ha estado inmerso en un proceso de modernización de su economía de actualización de su modelo económico un objetivo en el cual se han dado pasos importantes pero que día tras día choca con el bloqueo estadounidense y con el recrudecimiento del mismo después de que Donald Trump asumiera la presidencia de Estados Unidos. Para hablar sobre esos retos para hablar sobre esos desafíos y también un poco del presente y del futuro nos acompaña y tenemos el placer de presentarlo. El viceprimer ministro y además ministro de Economía Alejandro Gil a quien, ministro le agradecemos sabemos que el listado de medios pidiendo o solicitando entrevista es largo y nos sentimos de alguna manera bastante dichosos por haber sido recibido.

Ministro de Economía Alejandro Gil (ME.AG) Un placer recibirlo aquí en la sede del Ministerio de Economía.

E: Hace poco el presidente cubano le daba unas declaraciones durante una visita a la ciudad de Las Tunas a la prensa extranjera y manejaba una idea muy interesante. Decía que no estaba de acuerdo con que se calificara de ineficiente el modelo económico cubano porque había sido el modelo y es el modelo que a pesar de los pesares incluso en las circunstancias más difíciles, había garantizado una serie de logros sociales dígase salud, educación acceso a la cultura, acceso al deporte. Me parece un tema interesante una tesis interesante para comenzar nuestra conversación porque nos puede proyectar a lo largo de la entrevista un poco hacia futuro.

ME.AG: Si es así como planteas, cuando uno a veces lee algunos artículos algunas reflexiones sobre la economía cubana, se compara con la evolución o el desempeño de otras economías, pero hay que reconocer que la nuestra está operando en condiciones muy diferentes.

Cuando se coge el por ejemplo el crecimiento producto interno bruto puedes comparar Cuba está creciendo un 0,5 por ciento y otras economías que están creciendo un 2 o un 3, 2 mucho más que el mundo tampoco tiene salvo algunos países tienen altas tasas de crecimiento. En qué condiciones la logramos nosotros, la logramos una condición de mucha restricción. La logramos en condiciones donde nos están arreciando cada vez más las medidas del bloqueo y la logramos en condiciones donde no todo lo que hacemos es para generar producto interno bruto, para generar. No lo hacemos con una visión de ingresos. Hay muchas cuestiones que se hacen en el país bajo un patrón social. Y se invierte mucho dinero en conquistas de la Revolución, que son gratuitas para nuestra población.

Pero que forman parte de nuestro propio modelo, o sea, que a nosotros nos parece que sí que es exactamente así, un modelo económico ineficiente no hubiese podido alcanzar los niveles de desarrollo social que tiene nuestro país en la ciencia, en la cultura, en el deporte, los estándares de salud y educación, es imposible. Lo hemos hecho en base a la construcción nuestra, haciendo el propio diseño de la economía nuestra, pero en un contexto internacional agravado y un contexto nacional que nadie en ningún otro país está expuesto a las condiciones que está expuesta Cuba.

E: Usted decía en televisión recientemente algo también muy interesante decía que la lógica del desarrollo económico de Cuba no podría llevarse a cabo tomando en cuenta, vamos a decir las teorías económicas actuales sobre todo del capitalismo obviamente, porque estaba ese factor social. Ahora le pregunto ¿cualquier paso que se dé, cualquier estrategia que se implemente nunca se va a renunciar a esos logros sociales?

ME.AG: La pregunta te la puedo responder, tiene dos respuestas. Primero yo creo que eso que has dicho de que nosotros estamos en capacidad de identificar oportunidades según nuestro modelo económico para implementar medidas que no tengan el mismo resultado que dicen los libros, es una gran ventaja de nuestro modelo económico y social.

Pongo un ejemplo cuando se adoptó la decisión implementamos a mediados del año pasado del incremento del salario en el sector presupuestado, en automático en el abordaje teórico del asunto, se presumió que eso iba a generar un proceso inflacionario, o sea, de crecimiento de los precios, porque cuando en la teoría pura. Porque, además, es una teoría que tiene validación práctica o no solamente teoría pero que funciona las economías de mercado. Cuando tú lanzas dinero en circulación si no tienes un nivel de respuesta similar al crecimiento de la oferta, ese ajuste, es equilibrio de mercado se alcanza por el incremento de precio. Nosotros tuvimos la capacidad de conducir la economía de manera tal de que no fuera el mercado quien condujera ese proceso. Se tomaron decisiones de regular los precios al sector estatal se convocó al sector no estatal a participar con una visión solidaria. Hay que reconocer que hubo posiciones muy positivas del sector no estatal, en función de que se lograra sostener o mantener los niveles de precios que teníamos y que esa inyección extra de dinero en circulación no provocara un fenómeno inflacionario. Está en contra de la teoría, entonces es lo que decimos nosotros. Nosotros podemos con la capacidad que tiene el modelo de economía socialista que estamos construyendo y que hemos construido hasta aquí, podemos implementar medidas diseñadas en otras condiciones que den un resultado diferente, más positivo, que el que pueda tener una economía totalmente de mercado, donde no hay una conducción vamos a decir mucho menos práctica.

E: ¿Y qué le permite a Cuba ir entonces a contracorriente de la teoría hasta ahora y de crear su propia teoría vamos a decir?

ME.AG: Estamos desarrollando claro, primero es parte de nuestro enfrentamiento a las restricciones, tenemos que buscar nuestras propias posibilidades internas, de imponernos. Eso es muy importante, nosotros tenemos que imponernos contexto actual. No podemos resignarnos al contexto actual. Tenemos que imponernos a él y salir adelante y por lo tanto hay que tomar medidas que como hemos dicho son medidas audaces. Son medidas que no tienen riesgo cero, nada en la economía tiene riesgo cero. Nada es totalmente bueno o totalmente malo. Hay que buscar los equilibrios. Pero nosotros siempre tenemos que mirar ese equilibrio a favor del pueblo. Todo aquello que tenga un componente que vaya en el sentido de ir mejorando la calidad de vida de la población. La posibilidad de distribuir riqueza más equitativamente y en ese sentido sí, y sin ánimo de sentir que hemos desarrollado una teoría económica paralela a la que existe en un mundo, pero creo podemos demostrar con evidencia que lo que hemos hecho ha dado resultado y lo que tenemos que hacer va dar todavía más posibilidades.

E: Eso me recuerda a unas palabras de Eusebio Leal quien en algún momento dijo que el desafío de Cuba era buscar su propio camino y salir adelante. Creo que en economía también, le digo esto porque hay muchas personas que dicen bueno ahí está la experiencia china está la experiencia del modelo vietnamita hay quien habla incluso que la experiencia del modelo bielorruso puede servir para Cuba, pero no se trata de copiar, se trata de crear.

 ME.AG: Claro, todos esos modelos obviamente los hemos estudiado sabemos lo que está pasando sabemos lo bueno y lo malo, no son las condiciones nuestras desde el punto de vista económico, ni cultural, ni geográfico, ni de bloqueo económico comercial y financiero, ni el punto de partida es el mismo, el punto de partida nuestro es un punto de partida donde la población tiene un determinado nivel de vida, tiene una estructura también de insumos, que hay que crecer, pero el punto de partida que tenemos diferente al de las reformas que iniciaron sus países. Y claro obviamente tenemos que dar pasos y hacer cosas ajustadas a nuestras condiciones siempre en un intercambio, que es muy importante eso, en un intercambio que nos permita ir valorando los resultados que van dando las medidas que se van adoptando. Cómo se reciben por la población qué impacto positivo o negativo tienen, para mantener una política constante de corrección y de incremento de nuevas decisiones en función del desarrollo impulso a la economía.

E: Ministro, cuando uno revisa el discurso por ejemplo del gobierno de Estados Unidos o determinados sectores políticos que están en contra del proceso revolucionario cubano, se percibe la idea de que el bloqueo prácticamente no hace daño. O sea, no es el responsable de la situación actual de Cuba y si la ineficiencia vamos a decir del gobierno cubano, cómo respondería eso. Y cómo evalúa entonces lo que fue el 2019 para la economía cubana.

ME.AG: Yo creo que en 2019 demostró la capacidad que tiene nuestra economía de no solamente resistir en cualquier condición en que estemos, sino incluso de no renunciar a continuar desarrollándonos. Es una gran mentira pudiéramos decir así, que el bloqueo no daña al pueblo cubano, que el bloqueo solo daña al Gobierno y que la causa fundamental del porqué la economía nuestra tiene carencias y tiene restricciones para la calidad de vida de nuestro pueblo, está en nuestra ineficiencia y nada tiene que ver con un bloqueo, ¿en qué ayuda el bloqueo? Vamos preguntarnos la cosa al revés, ¿en qué ayuda el bloqueo, en qué ayuda que se impida que lleguen los buques de combustible, en qué ayuda que se penalice a los bancos que hacen transacciones con Cuba, en qué ayuda a la economía, en qué ayuda al pueblo? O sea, no hay ningún argumento que pueda respaldarse que el bloqueo tiene algún tipo de ayuda a quién, ¿en qué ayuda a que no vengan los cruceros? ¿Ayuda al sector no estatal? Si la principal afectación porque no vengan los cruceros es al sector no estatal, era el sector que más se beneficiaba de ese mercado.

El bloqueo afecta a todos los cubanos por igual y el bloqueo realmente es la causa fundamental que impide que nosotros podamos avanzar más aceleradamente en nuestro desarrollo. Levanten el bloqueo y déjennos mantener nuestro modelo. Vamos a validar en la práctica, si realmente esta economía con nuestro modelo, con la participación de todos los actores económicos que hemos diseñado en la actualización del modelo no tiene capacidad para sobreponerse.

Si aún con ese bloqueo impidiendo que haya combustible, sancionando a los bancos que hacen transacciones con Cuba, haciendo labor directa con proveedores para pedirles o amenazarlo que no nos envíen los productos. Así la economía nuestra no decreció. ¿Qué economía de mercado puede enfrentar un golpe de mercado de tal magnitud y no retroceder? Nosotros es verdad que no podemos crecer ni dos ni tres y el cuatro por ciento, pero nuestra economía no decreció un 20 ni un 30 por ciento, como algunos también plantearon que íbamos obligatoriamente al período especial, o a un segundo período especial. Y hemos dicho las condiciones no son las mismas, el país está más preparado en muchos renglones productivos, tenemos más conciencia de eso y además ya vivimos un período especial y tenemos por lo tanto experiencias de cómo hacer cosas para sobreponernos en este contexto.

E: Recuerda Ud. que lleva tiempo en el mundo de la economía, ¿algún año que se le pueda comparar en cuanto a dificultades y en cuanto a presiones en 2019?

ME.AG: Nosotros es verdad que para nosotros no es nuevo. Llevamos más de 60 años esto de alguna manera o de otra. Ahora lo que se ha estado viviendo a partir del mes de abril, febrero, marzo, abril del año pasado hasta la fecha no tiene comparación con períodos anteriores. De hecho varios gobiernos norteamericanos no habían aplicado el título III, se aplicó ahora, esa persecución  que hay contra los buques de combustible, no formaba parte de las acciones anteriores, las labores o las acciones directas que emprende el gobierno norteamericano con determinados países proveedores etcétera,  hay una escalada superior de bloqueo económico comercial y financiero contra el país que nos obliga a nosotros a incrementar las capacidades propias que tenemos de defensa y a identificar todas las posibilidades que tenemos de imponernos.

 Esa es la mejor respuesta que tenemos, la mejor respuesta es demostrar uno. Como dijo nuestro presidente nos tiraron a matar y es verdad, nos tiraron a matar. Creo que no pensaron que pudiéramos, pasamos el verano, pasamos el fin de año estamos al 2020 y estamos vivos y no solamente vivos, sino estamos respirando y creciendo. Y eso es un ejemplo que realmente ellos con todas las políticas…no creo que vaya. Es que todos los viernes, todas las semanas prácticamente imponen una nueva medida. Entonces uno ha tenido que ir buscando solución enfrentando prácticamente a diario todas estas restricciones buscando la solución. Pasamos el 2019, hemos entrado con total entrega y entusiasmo pudiéramos decir en el 2020 y para el 2020 para malas noticias de los yanquis, estamos pronosticando también que la economía crezca una tasa de crecimiento moderada, ligera en el entorno 1 por ciento comparable con la tienen otros países de nuestra área geográfica y de Europa incluso de otros continentes, no sometidos a estas restricciones.

Por lo tanto, a nosotros nos parece que tildar el modelo económico cubano de ineficiente es un absurdo y tendríamos nosotros que decir que más que ineficiente es un modelo que ha demostrado su capacidad de imponerse a estas restricciones y que nos va a permitir cualesquiera que sean las medidas que implemente el gobierno norteamericano continuar nuestro camino.

E: ¿Cuáles son esas potencialidades que tiene la economía cubana aún por explorar que le puede permitir aspirar a crecer y a desarrollarse en medio de una circunstancia tan difícil?

ME.AG: Así es, nos hemos planteado esa estrategia. La estrategia no solamente es resistir sino de continuar desarrollándonos, no tenemos que esperar, no podemos decir ahora vamos a resistir y cuando mejoren las condiciones vamos a continuar desarrollándonos, no, nosotros no podemos quitar el bloqueo. Nuestro presidente lo ha dicho “nosotros podemos transformar esa realidad que estamos enfrentando” por lo tanto nos compete en el contexto actual ver cómo nosotros además de no decrecer y resistir, nos podemos continuar desarrollando

Yo localizaría esa respuesta en dos o tres elementos. Primero: potenciar más la empresa estatal, tenemos nos parece a nosotros, muchas posibilidades todavía para continuar potenciando la empresa estatal y transita por algo que el Presidente nos ha estado indicando y en el cual se trabaja aceleradamente, que es en identificar y eliminar trabas para el desempeño y la gestión de la empresa estatal.

En este contexto tenemos que ir a un escenario de planificación pudiéramos ir un poco más flexible que genere un marco más propicio para la gestión más autónoma de la empresa estatal y quitar un poco de trabas que nosotros tenemos en el funcionamiento la empresa estatal para que pueda realmente desprenderse y crecer aún en este escenario. Eso para nosotros es una reserva que nos va a aportar al desarrollo.

Tenemos por ejemplo todo lo que se está trabajando con la inversión extranjera incluyo en ello la Zona Especial de Desarrollo Mariel, que es una reserva que tenemos, la Zona Desarrollo de Mariel no es nada más que carretera e infraestructura, ya hay más de 50 negocios. Digo que no es nada más que carretera e infraestructura porque tuvimos que empezar por ahí. Pero ya hay más de 50 negocios establecidos. Hay otras posibilidades que se están evaluando y eso genera calidad, genera productos de demanda a la población, genera productos de demanda del turismo con alta calidad competitiva, o sea, con buena tecnología.

Tenemos la posibilidad de utilizar más eficientemente la industria nacional. A nosotros nos parece que hemos ido desarrollando una mentalidad muy importadora, hemos estado buscando la solución al déficit de la economía más en la importación que nuestras capacidades. Hacia eso vamos.  Hay una estrategia en función de disminuir importaciones y ubicar los financiamientos en la industria para que la industria crezca, pueda desarrollarse la industria nuestra solo se desarrolla trabajando y por lo tanto en ese camino vamos.

Tenemos el vínculo con las universidades, el vínculo universidad- empresa que se está fomentando mucho en los últimos dos años, que está dando muy buenos resultados. Hay mucho que avanzar ahí todavía, ¿pero cuántas investigaciones no hay? Todo ese talento y potencial científico del país puesto en función de resolver los problemas reales de la economía en este contexto no lo que tendríamos que enfrentar en un contexto diferente, en este contexto.

Tenemos la posibilidad de complementar a todos los actores económicos desarrollar el sector no estatal seguir desarrollando también el sector no estatal quitando trabas y buscar la manera de que ambos sectores se encadenen productivamente eliminando toda la hojarasca que hay en el camino para que los sectores nuestros la economía nacional que está formada por varios actores económicos pueda imponerse las restricciones uniendo el sector estatal y no estatal. No hay más estrategia. Ese es el camino que nosotros hemos identificado. Sobre eso estamos trabajando en acciones concretas y eso nos permite aseverar que estamos en condiciones no sólo resistir sino de continuar desarrollando.

E: ¿Qué futuro le depara al cuentapropismo en Cuba, al sector no estatal? Se encadenará por fin a ese desarrollo o se puede pensar de desarrollo en Cuba sin este sector?

ME.AG: Yo creo que lo que ha estado pasando con algunas medidas que se han implementado y ha habido que retroceder o cambiarlas. Es normal. O sea, es parte de un proceso en el cual uno hace un diseño y en la implementación tiene que hacer algunas correcciones, cosas que han salido mal que no salieron como se promovieron. Es un sector relativamente nuevo. Cuando hablamos en términos de años, por lo tanto, yo creo que más que ver los problemas tenemos que ver también los avances. O sea, tenemos un sector estatal tenemos un número amplio de personas empleadas en el sector no estatal, tenemos un sector no estatal que no es solo cuentapropista, o sea, no es el trabajo individual. Tenemos cooperativas no agropecuarias, tenemos cooperativas agropecuarias que vienen ya hace muchos años, o sea, un sector con una fortaleza. Que si en algún momento hemos tomado alguna medida que hemos tenido que congelar por un tiempo porque ha tenido algunas desviaciones sobre lo que inicialmente previmos. A nosotros nos parece que es un proceso normal, no puede verse como algo extraordinario de un país que va evolucionando en su modelo económico y que cualquier diseño tiene una implementación práctica donde empiezan a salir algunas cosas.

Yo creo que con el tiempo vamos a ir transformando eso en función de que el desarrollo del sector no estatal realmente tribute a la economía. Nosotros sí concebimos al sector no estatal como un actor económico importante, un actor económico que tiene que jugar un papel, jugar un rol en el desarrollo económico del país y no hay absolutamente ninguna estrategia de congelarlo ni de no desarrollarlo. Lo que sí nosotros planteamos es que tenemos que buscar la forma lo más rápido posible de que todos los actores económicos estén en igualdad de condiciones. Porque lo cierto es que hoy tenemos un sector no estatal trabajando un entorno monetario y un sector estatal trabajando en un entorno monetario diferente. Y yo digo y  sé que hay compañeros que no lo comparten pero bueno, que aún con las restricciones, el sector no estatal tiene un marco de actuación más flexible que el sector estatal y muchas veces cuando comparamos la eficiencia decimos es más eficiente este servicio, esta producción, en el no estatal que el estatal , lo que se debía hacer es pasarlo todo al no estatal,  pero nosotros decimos, primero vamos a tratar de igualar las reglas del juego para que si el sector estatal y el sector no estatal operan en igualdad de condiciones entonces tenemos que sacar algunas conclusiones desde el punto de vista de eficiencia.

Ahora estamos dando algunos pasos por ejemplo con la gastronomía, que es una de las transformaciones que hemos iniciado en el 2020, de forma tal que logremos un avance en el modelo de gestión de la gastronomía que iguale lo más posible la forma en que se gestiona el sector no estatal y el sector estatal, y no haya grandes diferencias y si el sector no estatal puede comprarle un productor y vender, que el estatal también lo pueda hacer y no dependa de que el plan le asignen los recursos. Entonces eso sí es un problema que tenemos hoy de ruptura. Pudiéramos decir que los entornos monetarios son diferentes. El sector no estatal opera bajo condiciones de vínculo con el plan de la economía totalmente diferente al sector estatal y en eso tenemos que avanzar, pero la estrategia económica lo que estaba aprobado en el modelo económico la actualización del modelo el lineamiento del nuestro partido va en el sentido de desarrollo del sector no estatal y nosotros eso lo tenemos claro y lo vamos conduciendo de esa manera.

E: Ministro la inversión extranjera un factor importantísimo reconocido para el desarrollo de Cuba, cuando hubo una especie de relajación del bloqueo durante el gobierno de Obama muchos empresarios vinieron sin embargo se ha visto cierto vamos a decir retroceder, hace poco por la televisión se hablaba de una fábrica de cemento cuyo inversionista se retiró por la ley Helms Burton, salió una nota en Prensa Latina también hablando sobre muchos negocios que se tenían pensado a estas alturas tener implementados en la zona económica del Mariel no se han implementado como tal. Lo que le quiero preguntar es ¿Sigue siendo Cuba un país atractivo para la inversión extranjera, se puede aspirar a esos índices de inversión de los que se hablaban hace algunos años?

ME.AG : Si, se puede aspirar sigue siendo un país atractivo, se puede aspirar y aunque es cierto que ha habido algunos inversionistas que o han ralentizado su estrategia de inversión en el país o incluso se han retirado. También hay que decir que la gran mayoría están aquí.

O sea, no se ha logrado con la implementación del Título III, Título IV y las presiones de los norteamericanos, un abandono masivo de la inversión extranjera en el país, ni un retroceso en cuanto…, grande pudiéramos decir en cuanto al interés de la inversión extranjera por Cuba. Obviamente las presiones del bloqueo complican el panorama para los inversionistas extranjeros nosotros solo entendemos, no aceptamos a los que se van del país por temor a las represalias no aceptamos no, no estamos de acuerdo es su derecho o lo pueden hacer, nosotros nos parece que están perdiendo una oportunidad de negocio en el país y que no les ha ido mal en Cuba y por lo tanto es plegarse a los intereses a la expresión a los norteamericanos pero bueno no podemos incidir en ello de manera directa, pero sí puedo decir que la inversión extranjera sigue siendo una estrategia principal de la economía y hay confianza en Cuba que los inversionistas extranjeros saben que este es un país serio y responsable que asume sus obligaciones sus compromisos y que al final van a tener aquí una posibilidad de invertir en un país seguro.

E: La generación histórica prácticamente ha entregado el batón. Cuando uno ve el gobierno del país desde el presidente hasta los ministros son personas hombres y mujeres nacidos dentro de la Revolución y formados dentro de la Revolución, por supuesto, eso los hace peculiar en la historia de Cuba. La pregunta es la siguiente ¿Qué papel les toca jugar en la historia de Cuba a esta generación que hoy tiene las riendas del país?

ME.AG: No creo que sea el más adecuado para responderte con total integralidad a la pregunta, puedo decirte dos cosas primero….

E:  …bueno por lo menos en lo personal es uno de los protagonistas...

ME.AG: Si en lo personal, la generación histórica está y estará siempre presente. Nosotros tenemos que, bueno el General de Ejército está ahí permanentemente con nosotros conduciendo dando sus indicaciones, al tanto de todo lo que está pasando en el país. Y por supuesto cumpliendo con sus funciones. Yo hace poco incluso planteé en otra entrevista. Que las mentes más jóvenes más dispuestas a dar impulso a la economía en Cuba es la generación histórica. Nosotros tenemos en ese sentido la presencia física del General de Ejército, del comandante Machado, comandante Ramiro todos los compañeros que nos están acompañando y están trabajando y a nosotros en esta difícil tarea que tenemos está ahí y estarán aún cuando físicamente no estén porque hay un legado y están bien clara la experiencia y lo que se ha vivido en este país. Y nosotros sencillamente somos continuidad de ese legado.

Lo que nos corresponde ajustarnos a la realidad actual que estamos viviendo. Por supuesto siempre con las ideas presentes del Comandante en Jefe con sus indicaciones, con la política de la Revolución y enfrentar al imperio con la misma pudiéramos decir, con la… de la misma manera que se está enfrentando hace 60 años nuestra generación histórica o más de 60 años por la generación histórica y seguramente que esa continuidad la podremos desempeñar no a título individual del presidente o los ministros sino que es a nivel de todo el pueblo, yo creo que hoy el pueblo nuestro está totalmente preparado para enfrentar o de manera natural como se ha venido haciendo un cambio generacional. Pero lo que sí tengo la total seguridad es que la generación histórica nunca, nunca va a dejar de estar presente. La continuidad está garantizada no por una u otra persona sino por todo un pueblo que está en función de eso.

E: Bueno ministro muchas gracias reitero por esta entrevista. Como dije al principio sabemos que la lista de solicitudes es larga así que nos sentimos privilegiados por esta oportunidad y por supuesto mucha suerte en su trabajo que es de los más complicados en la Cuba de hoy. Nosotros nos volvemos a ver en un próximo programa Entrevista.

Fuente: Distribuida por correo por Humberto Herrera Carles 

martes, 18 de febrero de 2020

Recuerdos intensos, buenos recuerdos

Entrevista de hace unos meses, con el investigador chileno Matías Hermosilla.
srd

P: ¿Crees que la música tiene un rol social? O, como se tituló un álbum, ¿fue la canción, realmente, un arma para la revolución?

R: Pues claro que la música puede tener un rol social. Empezando porque es capaz de reunir en un sitio a cientos o a miles de personas para escucharla. Eso es un rol social. Pero aún hay más, porque cuando la música acompaña individualmente a cada persona también está cumpliendo, de manera más particular, un rol social. 

Por otra parte, la música puede concebirse como respaldo a diferentes momentos de la vida. Hay música para meditar, para acercarse a un dios, para marchar a la guerra, para celebrar la paz, para enamorar, para pedir que llueva o que escampe; hay música al servicio de la ficción, en el teatro y el cine. Todos los pueblos tienen músicas para bailar y también para hacer cantar la poesía más diversa. Muchas de estas manifestaciones existen desde la antigüedad. Y todas son funciones sociales de la música.

Cuando después del triunfo revolucionario de 1959 empezó a aparecer en Cuba la primera generación de trovadores, los que hacíamos canciones y la gente que las escuchaba estábamos igualmente en medio de una gran transformación social. Y la canción, como la poesía, la danza, la literatura, el cine, el pensamiento todo del país estaba inmerso, era parte de aquella transformación. Pudiera decirse que el arte y la cultura fueron sustancia de aquel momento histórico. Pero ya no era un autor aislado que por sus convicciones ponía su arte en función social; ya era todo un movimiento social, un torbellino revolucionario. Para colmo, en nuestra historia teníamos a patriotas que a la vez fueron grandes artistas, como es el caso de José Martí (nuestro Héroe Nacional), que sobre el compromiso había escrito: “Todo al fuego, hasta el arte, para alimentar la hoguera”.

El lema “La canción: un arma de la Revolución” surgió de aquellas vivas circunstancias iniciales.

P: ¿Podrías contarme algo sobre los circuitos locales de música folclórica? Sé que la Casa de las Américas se transformó en uno de los espacios centrales para el desarrollo cultural cubano, pero ¿había algunos locales que consolidaron el circuito cubano de trova?

R: En Cuba no existe música folklórica autóctona porque nuestros habitantes originales fueron exterminados. La música folklórica que tenemos se identifica con las dos raíces principales que conforman nuestra nacionalidad: la española y la africana. Lo folklórico español se quedó más como expresión del campesinado, que canta coplas y décimas acompañadas por unas formas musicales llamadas punto cubano o punto guajiro. Cuando se abolió la esclavitud, nuestros originarios africanos huyeron del campo, donde fueron esclavizados como fuerza de trabajo, y en las ciudades se hacinaron en guetos, llamados popularmente solares. De estos recintos multifamiliares, además de mantener con diversos grados de fidelidad la música ritual de las religiones africanas, surgió un producto mestizo (nacional) llamado rumba.

La música tradicional cubana es la que apareció de la unión de esas dos vertientes, lo que dio lugar al baile nacional: el danzón y a otras expresiones populares de mucho arraigo, como el changüí, el son y el bolero tradicional, los dos últimos muy cultivados por la trova. La trova cubana es una corriente de la canción popular que surge en el siglo 19, cuando cuajan algunas de nuestras características como nación y comienzan las guerras de liberación de la metrópoli española.

Aunque la trova conforma una parte indiscutible de la canción cubana, al triunfo de la Revolución lo que más se escuchaba era la etapa trovadoresca llamada Feeling, que venía de los años 40 y que dio compositores muy importantes. Varios de los iniciadores de la llamada nueva trova empezaron haciendo canciones en ese estilo. La trova tradicional (o vieja trova) apenas sobrevivía en patios de casas particulares, donde sus seguidores se reunían en las llamadas peñas. Algunos pocos programas radiales mantenían viva la trova antigua y sus intérpretes, como uno muy conocido de Radio Rebelde, dirigido por un productor llamado Luis Grau. Cuando recién empezaba, yo fui invitado a ese programa, donde coincidí con los trovadores Nené Enrizo, Octavio "Cotán", Teodoro  Benemelis y los Hermanos Moquico, que venían del Oriente de Cuba. Al compartir con aquellos "viejos" las raíces me dieron una especie de tirón. Otro asunto que influyó en mi "toma de conciencia" trovadoresca fue una especie de identificación clasista: por entonces los viejos trovadores eran muy mal pagados.

Con el surgimiento de una nueva generación de trovadores, en la segunda mitad de los 60, se empezó a hablar de una trova joven, o nueva. Casa de las Américas fue crucial para la supervivencia y consolidación de aquel grupo inicial, porque nos hizo un espacio periódico a través de su Centro de la Canción Protesta. El primer concierto que hicimos allí fue el 19 de febrero de 1968. 

El ICAIC, por su parte, se encargó de difundir algunas obras de aquellos jóvenes, que no mucho después fundamos, junto a otros músicos, el Grupo de Experimentación Sonora. Esta difusión, sobre todo a través del prestigioso Noticiero Cinematográfico, fue muy importante, porque por entonces la radio y la televisión no pasaban nuestra música. Sin embargo, poco tiempo después era tan ostensible el brote de jóvenes trovadores por toda la isla que la UJC propició crear una institución que los reuniera. Así surgió, en diciembre de 1972, en la ciudad de Manzanillo, lo que fue llamado el Movimiento de la Nueva Trova. 

P: Entendiendo que durante la época tuviste la posibilidad de reunirte con varios lideres políticos del mundo ¿hubo algún encuentro que te marcara particularmente?

R: En aquellos años iniciales con los líderes que tuve la oportunidad de reunirme fue con Haydeé Santamaría, fundadora de Casa de las Américas, y con Alfredo Guevara, fundador del ICAIC. Fueron dos dirigentes culturales muy importantes, incluso internacionalmente, por los aportes a la unidad Latinoamericana que consiguieron ciertas acciones de los organismos que dirigían. Muestra del alcance de lo que hicieron son el muy vigente Premio Literario Casa de las Américas y el prestigioso Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

Otro privilegio grande que tuve fue la oportunidad de tratar a grandes artistas latinoamericanos: Roque Dalton, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Eduardo Galeano, Gabriel García Márquez, Glauber Rocha, Mercedes Sosa, Roberto Matta, Marta Palau, Graciela Iturbide, Pedro Meyer… Son los primeros que me vienen a la mente, hubo muchos más, además de extraordinarios escritores y artistas cubanos como Carpentier, Lezama, Guillén, Tallet, Cintio y Fina, Mariano, Portocarrero, Amelia, Antonia Eiriz, Raúl Martínez, Korda, Salas, Mayito. Tuve la suerte de participar en eventos donde esos gigantes se reunían para conversar sobre la creación y sobre el compromiso humano. En aquellas citas jamás faltaba el ansia de justicia. 

P: ¿Cuáles son tus recuerdos del "Encuentro de la Canción Protesta" de 1967? ¿Hay alguna persona de las que conociste en este encuentro que haya impactado tu carrera?

R: Cuando aquel primer “Encuentro de la Canción Protesta” yo estaba recién desmovilizado del servicio militar. No era muy conocido. O sea, a pesar de lo que suponen algunos, yo no participé en aquel festival. Tampoco creo que estuviera haciendo algo que me identificara especialmente con aquello. Apenas había escrito una canción contra la discriminación racial y otra sobre la guerra de Vietnam, pero no lo hice creyéndome un “cantor de protesta”. Ni siquiera cuando un año después fuimos invitados a actuar allí mismo, bajo ese nombre, pensé que lo era. Siempre me he sentido alguien cuyo oficio es escribir canciones, un trovador, ya que después también empecé a acostumbrarme a interpretarlas.

Como muchos cubanos "seguí" el Encuentro por la prensa y por el Noticiero ICAIC. Y pocos años después resultó que sí llegué a ser muy amigo, hermano podría decir, de Isabel Parra, de Ángel, y por supuesto de Daniel Viglietti.

P: Luego del Encuentro en la Casa de las Américas se alojó en el mismo edificio el Centro de la Canción Protesta, ¿podrías comentarme como funcionaba? Y ¿qué tan crucial crees que fue su labor para difundir la solidaridad internacional y la creación de un repertorio revolucionario?

R: Obviamente se hacían conciertos y encuentros, así funcionaba. Por algunas reuniones en las que estuve, me consta que Haydeé le prestaba mucha atención a aquellas actividades y las estimulaba. Ella fue quien me hizo conocer a la Violeta, por un disco que le dejó Isabel. Pero la responsable directa del Centro era Estela Bravo, una norteamericana que trabajó en el Departamento de Música de CASA durante muchos años y que después nos dio la maravillosa sorpresa de convertirse en una documentalista esencial.

P: Relacionado con lo anterior. En 1968 bajo el sello discográfico del Centro de la Canción Protesta lanzaron el EP _Canción Protesta_ donde se incluye tu canción _La Era Está Pariendo un Corazón_ en una versión organo y batería. Ese mismo año los Beatles lanzaron el single de que incluía _Revolution_, en ambas canciones existe una visión, podríamos decir, divergente de lo que implicaba la Revolución. En este sentido, entendiendo que su música fue importante para ti, ¿cómo era tu percepción del discurso político de Los Beatles? Y ¿Cuáles fueron los costos–en el contexto revolucionario– de tener un gusto por el rock?

R: Yo no hablaba inglés. En aquella época no entendía lo que decían Los Beatles, tampoco me importaba mucho. Nunca me interesó el “mensajismo”, aunque si una canción decía algo hermoso, inteligente, por supuesto que me interesaba. A mi lo que me gustaba era la música, el sonido, sobre todo cuando era aperturista y contemporáneo. En aquellos tiempos, alrededor del rock, empezó a desarrollarse una industria del sonido que después creció mucho, porque ingenieros jóvenes se pusieron a trabajar buscando cada vez más calidad sonora. En Cuba estábamos muy lejos de aquello. Recuerdo que una vez, en mis comienzos, me colé en un estudio de radio con Martín Rojas y Eduardo Ramos, y gracias a un amigo estuvimos un rato probando ecualizaciones extremas, “experimentando”. Por ahí quedó la grabación, se llama “Ahora sé”. Por entonces no teníamos oportunidad de hacer esas cosas. No había espacios para la experimentación sonora. También por eso la creación del GES fue importante. Una de las asignaturas de nuestros planes de estudio era Electroacústica, y nos la impartía teórica y prácticamente Gerónimo Labrada. Otros ingenieros jóvenes del ICAIC fueron Ricardo Iztueta, Germinal Hernández, Demóstene. Gracias a ellos me zambullía en el estudio a grabar, a veces con una suerte de espíritu de laboratorio.

Por entonces había gente que veía la experimentación con reservas. Incluso había quienes pensaban que era un sacrilegio tocar música cubana con drums, guitarra eléctrica y sintetizadores. Había una fuerte discusión entre una suerte de ortodoxia y un espíritu más abierto y juvenil. Había prejuicios políticos con la música en inglés; de pronto alguien hablaba de compases imperialistas y boberías así… Hay que recordar que eran los años iniciales del enfrentamiento USA-Cuba y aquello, más que matizar, lo teñía todo de contrastes muy fuertes. También había mucha incultura y extremismos. Lo cierto es que, a principios del GES, tuve (o tuvimos) una etapa muy rockera. Siempre la vi como un desquite. Estaba mal visto el rock, sospechaban de uno si lo hacía. Pero en el ICAIC nadie nos criticaba por hacer música en el ritmo que fuera; había más libertad, y en aquella libertad acabé de formarme –no estética sino éticamente–.

P: Me gustaría mucho saber del impacto de tus primeras giras al extranjero me refiero, particularmente, al Festival de la Canción Política de Alemania 1972. Ese mismo año también fuiste a Chile ¿Fueron estos viajes significativos en tu carrera?  ¿Cómo fue tu relación con los músicos extranjeros? ¿Hubo una especial relación con los músicos chilenos? –lo digo por las colaboraciones con músicos como Isabel Parra–.

R: Uno sale al extrajero muy asustado. Uno piensa que la gente está engañada con uno y que en cualquier momento alguien va a decir: “¿pero no se dan cuenta de lo farsante que es?”... Después de la primera actuación te asombras un poco, te miras al espejo y te dices “Pues no se dieron cuenta”… El viaje a la RDA fue muy especial, era la primera vez que salíamos a un festival fuera de Cuba, y para colmo “representando” al país. Allí conocí a Alí Primera y a Luis Cilia, que eran polos opuestos. Primera: un furibundo militante, el nato cantor de barricadas, puteando sin piedad a la burguesía. Luis Cilia: un músico exquisito, un trovador finísimo de personalidad mesurada. Pues fui amigo de Alí hasta que se mató en aquella carretera. Y todavía me escribo con Luis Cilia.

El viaje a Chile fue porque Chabela Parra era amiga de Gladys Marín. Chabela sabía de los problemas que teníamos en Cuba: parte del poder no tenía confianza en nosotros porque éramos un poco contestones. Entonces Gladys, que era Secretaria de la J, habló con Landi, secretario de la UJC, y le pidió que nos llevara. Por eso fuimos y cantamos en la Peña de los Parra junto a Víctor, Illapu y todos aquellos compañeros, y comimos porotos y tomamos vino barato, y sorteamos gases lacrimógenos y chorros de agua de los milicos, y todo lo demás que nos permitió hacer aquellas canciones que conocen los chilenos. Recuerdos intensos, buenos recuerdos.

viernes, 14 de febrero de 2020

El poder de La Verdad*

Este texto apareció el domingo 9 de febrero de 2020, en el blog de Marcelo Colussi**, con el título: Increíble discurso pronunciado por Abunda Lagula, de Tanzania, al recibir el Nobel de Literatura
Por Abunda Lagula
Como no sé mucho de formalidades –ni pretendo saberlo– saludo y agradezco por igual a todas y todos los presentes. Es para mí un honor estar hoy aquí, delante de tanta gente distinguida, sabiendo que el mundo entero está viendo esta ceremonia. Espero, por tanto, no defraudar a nadie con estas humildes y breves palabras que, por fuerza, debo pronunciar. Si defraudo, espero que no sea demasiado. Y en el peor de los casos, si defraudo demasiado, espero sepan perdonarme. Por último, el Premio está ya otorgado, y eso demostraría que fue un error concedérmelo, como yo efectivamente pienso.
No sé si en verdad me merezco tan alto galardón. En lo personal, creo que no. Me atrevo a pensar, incluso, que efectivamente fue una equivocación. Yo, como tantas veces lo he dicho, no soy un escritor; muchos menos, un escritor genial que se merezca esta distinción.
Quiero empezar mi discurso excusándome si no puedo expresarme con toda la soltura y belleza que se esperaría lo haga un Premio Nobel de Literatura. Sucede que mi lengua materna no es el inglés, sino el suahili, idioma que hablé toda mi vida con mucha mayor propiedad, desde mi aldea natal en la selva hasta el día de hoy. Si he escrito en la lengua de Shakespeare –con todo el perdón de los clásicos puristas británicos– eso se debe a la herencia que la Reina de los Mares nos legara, a partir de la intromisión que tuvo en nuestro continente. ¿Ustedes se imaginan a la Reina de Inglaterra o al Presidente de la Cámara de los Lores hablando suahili? Yo, realmente, no. ¿Y por qué yo tengo que hablar en inglés? ¿Por qué hoy tengo que llevar este –perdónenme por el epíteto– estúpido traje negro y este –para mi gusto al menos– ridículo moño? ¿Usaría el Primer Ministro británico nuestros trajes típicos para alguna de nuestras ceremonias?
De todos modos, no quiero insistir con esta cuestión de las presentaciones: hablo en inglés, pobremente quizá, y uso un traje que me resulta incómodo. Pero no deseo extenderme en este aspecto sino excusarme, en segundo término, por mi falta de información. No podría, ni remotamente, lucirme con una parafernalia de datos sobre la historia y la situación actual de mi país: Jamhuri ya Muungano wa Tanzania –mi raza, mi continente– como lo hiciera en una ceremonia similar mi –me provoca cierto nerviosismo pronunciar la palabra– «colega», el también galardonado con este premio, el latinoamericano García Márquez. En ocasión de recibir su premio, aquí mismo, hace ya años, asombró a todos con una pieza oratoria tan llena de datos, tan rica en información, que creo le podría valer, ella misma, otro premio. No, yo no dispongo de todo ese saber. Sé que vengo de un lugar pobre, uno de los lugares más pobres del planeta, con más hambre que otra cosa, pero no podría abundar en precisiones al respecto. Ahí están los informes de Naciones Unidas para eso.
Créanme: no soy escritor, no me tengo por tal. Fui en mis años juveniles, igual que otro colega, también ganador del Nobel –Saramago, el vate portugués– cerrajero. Si fuera un lírico, un exquisito maestro de las letras como lo es él, podría decir que ese juvenil oficio me permitió, años después, abrir los cerrojos del espíritu humano. Pero no, los defraudo. Creo que sigo siendo, de alma, más cerrajero –y mecánico de automóviles, y maestro rural, como también lo he sido– que escritor.
Llegué a la literatura casi fortuitamente, nunca me preparé para eso. No estudié formalmente nunca nada ligado a las bellas artes, no asistí a taller literario alguno. Lamento decepcionarlos si esperaban otra cosa. Empecé a escribir casi como una necesidad visceral: no podía quedarme callado ante las calamidades que a diario veía en mi país, la miseria, la injusticia. Era tan horripilante todo eso –y sigue siéndolo, sin dudas– que me pareció necesario dejar constancia ante la historia de tanta monstruosidad. ¿Por qué los negros sufrimos tanto? Como no tenía cámara fotográfica ni teléfono celular para tomar fotos, y mucho menos como no podía plasmarlo en una película, pensé que tenía que escribir sobre esa realidad. De haber tenido habilidades plásticas, se los aseguro, hubiera pintado; de más está decir que no las tengo.
Como ven, entonces, no soy un inspirado por las Musas. ¿Los sigo defraudando? Simplemente me limité a poner en un papel –les aclaro que jamás he usado una computadora para escribir– lo que sentía sobre lo que veía a diario. ¿Ustedes saben lo que es comer cada dos días… con buena suerte, claro? No pretendo en absoluto ser melodramático y contarles las infamias más grandes que se puedan imaginar buscando conmoverlos y hacerles derramar una lágrima. Creo que eso es una inmoral pornografía de la miseria. Si quieren conmoverse, visiten los lugares de donde yo vengo, y que me inspiraron a escribir aquello por lo que hoy me premian.
Insisto: no sé si soy merecedor de esta tan distinguida presea. No soy un escritor bello –no estoy hablando de «mi» belleza; me considero más bien feo, de verdad. No soy un estilista, un sutil y delicado rapsoda, un mago de las palabras. Hay muchísimos que así han entendido la literatura– y yo también, en definitiva, creo que eso es el arte literario. Pero yo no soy de esos. Soy más bien rústico, torpe incluso. No pinto bellezas; hablo, simplemente, de la sufrida vida de mi gente, de mi sufrida vida.
Intuyo que se me confiere ahora este premio con un valor simbólico: un negro –¡un negro!– de uno de los países más pobres que hay. ¿No se trata de una compensación, una forma de resarcimiento? Los que han leído mi obra –que por cierto no son muchos– saben que no soy un elegante maestro del lenguaje. ¿Por qué, entonces, este galardón? Lo agradezco, claro, no dejo de estar contento; creo que es importante aceptarlo, justamente porque soy un negro de un país extremadamente pobre. ¿Pero no es un poco tardío el reconocimiento?
Les aseguro que no soy un resentido contra los blancos. Aunque no les interese saberlo –nadie me lo está preguntando– uno de mis mejores amigos en mi país es un blanco. Ustedes, los aquí presentes, la reina de Suecia, toda esta gente importante y acostumbrada a llevar estos trajes que a mí me parecen camisas de fuerza pero que, para ustedes, son algo de lo más cotidiano, todos ustedes no son los responsables directos de nuestras infinitas penurias, como negros y como pobres. ¿O si?
¿Quién es el culpable, entonces? En lo que hoy día es Tanzania se sabe que apareció el primer ser humano de la historia, hace varios millones de años, y de allí se desplazó por todo el planeta. Por lo que, permítaseme decirlo así, los blancos, rubios y de ojos celestes actuales son negros desteñidos. ¿Por qué quedamos tan atrasados? ¿Por qué hemos debido sufrir tantas tropelías? ¿Ustedes se imaginan Europa repartida desde un escritorio, o debajo de un árbol, en una reunión de los jefes africanos? La Conferencia de Berlín no fue un chiste, un invento, una quimera. Ahí repartieron mi continente, mi gente, mis recursos, como niños que reparten un pastel. ¿Lo sabían, verdad? El 26 de febrero de 1885, en Berlín, Alemania, 14 varones representantes de otros tantos países –ninguno africano, valga aclarar–, y presididos por el canciller teutón von Bismarck, sentados frente a un mapa del África jugaron a repartirse el continente.
Ustedes, se los digo con todo corazón, ustedes no son los responsables. Ustedes heredaron esa historia. Ustedes son blancos, ricos, que no saben nada de lo que es el hambre, y que hoy –¡qué bueno que así sea!– pueden tener un poco de conciencia, de vergüenza mejor dicho, y pensar en promover un símbolo como lo que en estos momentos se está consumando en esta sala: reconocer la monstruosidad que sus antepasados cometieron premiando, quizá inmerecidamente, a un negro, con un preciado trofeo internacional.
Yo se los agradezco, muy hondamente, con toda mi alma. Pero vuelvo a decirles lo mismo: quizá no soy merecedor a esto en tanto escritor. Quizá, sí, en tanto negro, en tanto pobre. Hasta ahora he sobrevivido muy magramente, con trabajitos informales o con sueldos del Estado. Ya se imaginan entonces cómo puedo haber sobrevivido. Nunca viví como escritor. Quizá ahora, devenido Premio Nobel, mi suerte cambie. No me atrevería a decir: mi próxima «buena suerte»; simplemente una suerte distinta. Quizá, como dijo otro colega –ya le perdí el miedo a esta palabra, ya empezó a gustarme–, el igualmente laureado con el Nobel, sobreviviente a los campos de concentración, y símbolo también, el húngaro Kertész, una vez obtenido ese galardón conoció la tercera dictadura, luego de la nazi y la bolchevique: la dictadura del dinero –la menos incómoda, se apresuró a aclarar. Tal vez eso me suceda: ahora llegarán los laureles, los reflectores de la prensa, los amigos que son como sombras: aquellos que lo siguen a uno solamente porque hay sol. Tal vez –yo diría que casi con seguridad así sucederá– me atosiguen con conferencias y presentaciones públicas. ¡Yo, un modesto cerrajero y maestro de escuela! ¿No es un poco desproporcionado todo esto? ¿Qué podría transmitirles yo?
Probablemente ustedes esperaban un brillante intelectual, un experto en cuestiones literarias, un profundo pensador. Pues no. Déjenme decirles que no soy eso; aunque quisiera, no podría serlo –y sigo decepcionándolos. Por otro lado –aclaración importante– no quiero serlo tampoco. Ahora ocupo un cargo medio en el Ministerio de Educación de Tanzania. No sé si realmente hago bien lo que hago, pero al menos creo mucho en lo que llevo a cabo. En mi país alrededor del 30 por ciento de la población no sabe leer ni escribir –eso se ve mucho más aún en las mujeres. Por eso, les decía, desde el Ministerio tenemos tanto que hacer por delante.
Imagínense: en un país de analfabetos, donde llegar a la escuela secundaria ya es muy difícil, y la Universidad es casi un lujo inaudito, ¿a quién le pueden importar unos cuantos cuentos sobre la miseria diaria? Allí la miseria se vive día a día, hora a hora, no es necesario leerla en un libro.
Por todo eso creo que es algo desmedido estar recibiendo el Premio Nobel hoy aquí. Podría no aceptarlo, como en su momento hizo Jean-Paul Sartre. Pero, en realidad, no me parece lo mejor proceder así. Lo acepto, siempre con la idea que no lo merezco, que hay mejores escritores que yo –y lo digo muy sinceramente; yo soy un simple juglar popular que habla de las cosas cotidianas, de la miseria cotidiana. Pero lo acepto justamente por el valor de símbolo que entiendo conlleva. Lo acepto, con una condición: que los aquí presentes tomen todos –yo ya lo tomé– el genuino compromiso de revertir la situación que vive el África.
Sí, así como oyen. ¿Los decepciono? ¿No se esperaban esto? Bueno, perdonen, pero creo que no estoy pidiendo nada fuera de lugar. ¿En nombre de qué derecho mi población, mis hermanos, fueron convertidos en esclavos? ¿Con qué derecho nos han saqueado históricamente como lo han hecho las potencias occidentales? ¿Por qué estamos condenados a ser los vencidos, los olvidados, los marginales, los miserables? ¿Por qué tenemos que vivir de las infames limosnas de la caridad internacional, siempre deficientes, siempre a destiempo? ¿Con qué derecho se nos quiere hacer pagar una inmoral, insoportable y nefasta deuda externa que ningún habitante del África ha contraído directamente? ¿Cómo olvidar los siglos de explotación, de ignominia, de degradación que nos tocó soportar, solo por ser negros? ¿Por qué estamos condenados a soportar una enfermedad como el VIH-SIDA, guerras fratricidas que nos inventan desde fuera de nuestras fronteras, saqueo inmisericorde de nuestros recursos? ¿Y si fuera cierto que pedimos que, a partir de ahora, la monarca del Reino Unido de Gran Bretaña y la Irlanda del Norte –y por qué no también sus súbditos– hablen idioma suahili? ¿Y por qué tenemos que aceptar tomar Coca Cola y comer Mc Donald’s? ¿Acaso no tenemos comidas decentes en nuestros pueblos? ¿Con qué derecho se considera que «la cultura» debe tener por símbolo un Partenón griego –como es la representación de la UNESCO– y no, por ejemplo, uno de nuestros bohíos? ¿Quién nos ha hecho creer que los blancos son más «cultos» que los negros? ¿Por qué los negros estamos condenados, si bien nos va, a ser deportistas profesionales? –los gladiadores modernos para el circo contemporáneo. ¿Acaso los negros no podemos ser más que delincuentes cuando habitamos en el mundo de los blancos? ¿Es ese nuestro destino? ¿Inmigrantes ilegales, ladrones, barrios marginales?
Acepto su blanco premio, señoras y señores, sólo a condición que ustedes reconozcan en público, aquí, delante de todas estas cámaras de televisión, que con un Premio Nobel dado a un negrito no se está resarciendo una mierda la infamia histórica, el despojo descomunal y la injusticia infinita que se ha cometido en contra de nuestros pueblos.
Acepto este blanco premio, no diré manchado de sangre, pero sí condicionado por sus asquerosos billetes de bancos occidentales, sólo a condición que quede claro que esto es un inicio –algo payasesco por cierto– de un proceso de reparación que debe llevar años, siglos quizá. ¿Quién nos va a devolver los bosques desaparecidos? ¿Quién, cómo y cuándo va a pedirnos perdón por la esclavitud a que nos forzaron? ¿Creen ustedes, por casualidad, que este premio remedia algo? ¡Ni mierda! Pero lo acepto de todos modos.
 Muchas gracias
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*Este título es mío.
**https://mcolussi.blogspot.com/2020/02/increible-discurso-pronunciado-por.html

martes, 11 de febrero de 2020

La cuota diaria


“Todos pagamos nuestra cuota diaria de humillación”
  --Fidel Castro


Los impunes me echaron la jauría
y entre nuevos colmillos me abro paso.
Pero soy de mi día
con mi pecho y mis brazos
y mi sangre corriente todavía.
Mi Parnaso.

Los impunes escalan las alturas
donde fundan capillas, parapetos.
Y en la piel de armaduras
van tatuando amuletos
contra el paso del tiempo que satura
los secretos.

El dolor no me saca de la cueva
donde canta mi ejército de sol.
Yo no tengo cadenas,
es decir, sólo apenas 
el amor.

Con mi cuota habitual de humillaciones,
con mi barro, con mis alumbramientos
cargaré mis prisiones,
pagaré mis descuentos
mientras floten susurros y canciones
                                       en el viento.

sábado, 8 de febrero de 2020

Coronavirus: Cuba en la lucha contra la epidemia


La industria biotecnológica cubana desarrolló el antiviral Interferón alfa 2B recombinante (IFNrec) para combatir las infecciones virales que afectan a los pacientes de VIH, las hepatitis de tipo B y C, la papilomatosis respiratoria recurrente, el condiloma acuminado, además de distintos tipos de cáncer. Ahora, la Comisión Nacional de Salud de China ha seleccionado al IFNrec para combatir la epidemia de coronavirus 2019-nCOV que apareció en la ciudad de Wuhan a finales del año pasado y que hasta ayer había dejado 722 muertes y más de 34 mil personas contagiadas.
Aunque será necesario esperar para que los datos permitan establecer el nivel de efectividad del interferón cubano en comparación con otros tratamientos para el 2019-nCOV, resulta significativo que en esta coyuntura, declarada emergencia internacional por la Organización Mundial de la Salud el 30 de enero, se considere el potencial curativo de un medicamento generado por las investigaciones cubanas en el sector, y producido desde el 25 de enero en la planta de ChangHeber, en la provincia de Jilin, de propiedad mixta entre la nación caribeña y el gigante asiático.
El uso del IFNrec para frenar este mal obliga a preguntarse acerca de cuántas soluciones a los acuciantes problemas que enfrentan las sociedades contemporáneas se quedan sin ser descubiertas o difundidas debido al criminal bloqueo económico, político y mediático impuesto por Washington a Cuba desde hace seis décadas. Si se atiende al hecho de que los avances científicos y tecnológicos actuales son producto de la asociación entre investigadores procedentes de todo el mundo (una consecuencia inevitable de la complejidad y los costos alcanzados por la investigación de vanguardia), queda claro que las asfixiantes restricciones impuestas a la isla afectan no sólo a sus propios ciudadanos, sino al conjunto de la comunidad internacional, la cual podría beneficiarse de las probadas capacidades del pueblo cubano para enfrentar la adversidad.
No está de más señalar que uno de los primeros beneficiados del levantamiento del bloqueo podría ser la población estadunidense de escasos recursos, la cual afronta la cruel paradoja de vivir en el país con la más poderosa industria médica y farmacéutica del mundo, pero encontrarse excluida del acceso a los servicios de salud debido a las prohibitivas tarifas de los seguros médicos. Para ejemplificar lo anterior, basta con poner la vista en el millón de pacientes que cada año cruza la frontera sur para recibir en México los tratamientos que les resultan simplemente incosteables en su país.
Desde una perspectiva más amplia, la aplicación del medicamento cubano en China es un recordatorio de los beneficios de la cooperación internacional tanto como una advertencia acerca de las potenciales pérdidas que padece el conjunto de la humanidad cuando un Estado poderoso se arroga la facultad unilateral de excluir del concierto de las naciones a uno de sus miembros.
Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/02/08/opinion/002a1edi

martes, 4 de febrero de 2020

¿Qué habríamos hecho sin Ursula K. Le Guin?

Por Laura Fernández

Ursula K. Le Guin nunca quiso ser escritora. Lo fue, sin más. “No recuerdo hacer otra cosa que escribir”, respondía a todo aquel que se interesaba por el momento en que dio el paso definitivo. Desde niña, escribía. Envió su primer relato a una revista al cumplir los 11 años. Recibió una carta de rechazo. Tardó otros diez años en volver a enviar cualquier otra cosa a cualquier parte. ¿Y qué recibió? Otra carta de rechazo. “Escribe usted bien”, decía la carta, “pero no sabemos exactamente qué es lo que hace”. ¿La época? Mediados de los 50, cuando no existía aún una literatura de ciencia ficción y fantasía que se considerase como tal. En la ciencia ficción, reinaba la llamada hard sci-fi, esto es, aquella que tendía a dar detalles técnicos, a justificar, en algún sentido, el papel de la ciencia en un momento en el que nadie aún se fiaba en exceso de ella, popularmente hablando. En lo que a la Literatura con mayúsculas se refería, lo hacían “el realismo y los hombres”.

La cita es de la propia Le Guin (1929-2018), que aborrecía soberanamente a Ernest Hemingway y a todos los que pretendían ser como él porque creían que ser escritor era eso. Cuando, a casi finales de los 60, su literatura empezó a resultar comprensible para el mundo, a encajar en un nuevo nicho, el de la llamada literatura especulativa, no se cortaba un pelo y tendía a cargar contra ello, o más bien, a dejar claro lo mucho que le traía sin cuidado lo que ese otro mundo pensara del suyo, en cualquier charla en la que participaba. Casi siempre, dando caladas a su pipa, divertida. El mundo de la ficción había sufrido un terremoto y ella, en buena parte, era la culpable. Había dado a luz el eslabón perdido entre aquel denostado pulp que puso los cimientos a la existencia de mundos alternativos y la Literatura con mayúsculas. Y era una, por fin, no necesariamente realista. Una que no se limitaba a reflejar, que lo ponía, desde fuera, todo en cuestión.

Su empuje y su poderosa y honestísima ambición, pues todo lo que hizo todo el tiempo fue intentar buscarse a sí misma, darse una explicación a por qué hacíamos lo que hacíamos y a si existía otra manera de ser humanos, obligaron a la crítica puritana, tan a salvo de todo aquello que no hablaba del mundo tal y como era, el mundo en el que todos ellos vivían, cómodamente, a reconocer que aquello tenía un valor inconmensurable. Primero lo hicieron tímidamente. Luego, con el paso del tiempo, y la imparable y siempre en ascenso, trayectoria de Le Guin, no tuvieron más remedio que abrir compuertas y dejar que todo lo que había crecido a su alrededor, se colase en un canon que está hoy, por fortuna, y gracias también a ella, más abierto que nunca. Y esa victoria está en el centro de su obra, en la que luz y oscuridad no se contraponen, forman parte de un todo.

“Si decidimos que una historia se tiene que basar en el conflicto, limitamos enormemente nuestra visión del mundo. Y sin querer, hacemos una declaración política: todo en la vida es conflicto, por lo que el conflicto en una narración es lo que realmente importa. Y, francamente, eso no es verdad. Ver la vida como una batalla es tener una visión del mundo muy limitada, social-darwinista y muy masculina, y las historias pueden tratar de un sinfín de cosas diferentes”, sentenció la escritora, en una de las conversaciones en torno a su obra, pero sobre todo, a los mimbres de la escritura, que mantuvo con David Naimon, escritor al frente del podcast literario Between the Covers. El resultado de esas charlas acaba de editarlo Alpha Decay bajo el título Conversaciones sobre la escritura, y aunque permiten conocer a la Le Guin amante del lenguaje –“las palabras crean cosas”–, dejan fuera su génesis y sus contradicciones.

En ese sentido es fascinantemente ilustrativo el documental producido por la BBC y dirigido por Arwen Curry titulado Worlds of Ursula K. Le Guin (Filmin). En él, además de ver el día a día de la escritora en el rancho de Napa Valley en el que pasaba los veranos de su infancia, su paraíso en la Tierra, al que se mudó en 1980 cuando murió su madre “y mis hijos ya se habían ido de casa”, se asiste a una reconstrucción de su vida que no solo evidencia por qué su obra nunca pudo ser otra sino también cómo crece un autor cuando se detiene a pensar en lo que podría haber hecho mejor, cuando, en definitiva, no se cierra a seguir aprendiendo. Empecemos por el principio. ¿Qué podía hacer la única hija –tenía tres hermanos– de un famoso antropólogo que había viajado por toda California recogiendo los testimonios de las comunidades que la América blanca estaba destruyendo sino crear mundos en los que aún todos éramos, o podíamos ser, distintos? “Me costó ver la injusticia y la crueldad de todo aquello. Cuando la vi, me causó un fuerte impacto. Mi forma de lidiar con ello fue meterlo en una novela”, dijo.

Una novela que fueron en realidad muchas de sus novelas. La posibilidad de que el humano se relacione con la naturaleza de una manera distinta a cómo lo hace el ser humano de Occidente está en el ADN de su obra, y en particular, la figura de su padre y la de Ishi, el último miembro conocido de la tribu yahi, que convivió con ellos durante años, aparecen en algunas de sus obras –Planeta de exilioEl nombre del mundo es Bosque– y en momentos como el que relata David Mitchell de La mano izquierda de la oscuridad, en la que el protagonista, el intelectual de la federación galáctica Ekumen, tiene que hacer un viaje en un terreno frío y hostil, con uno de los habitantes andróginos del planeta al que ha sido enviado y, poco a poco, a medida que se alejan de cualquier civilización, “más se parecen” porque no hay en ellos rasgos de ningún colectivo. “Es un viaje al corazón de la cooperación humana”, dice el escritor en el documental.

Publicada en 1971 –apenas seis años después de que el mundo de la literatura le abriera sus puertas; su primera novela salió en 1966–, La mano izquierda de la oscuridad es, en palabras de Neil Gaiman, “algo nunca visto antes”. Aquel año, se hizo con el Nebula y el Hugo, y llevó a la literatura el feminismo que ya estaba en la calle. Aunque criticada por el uso del masculino cuando se hacía referencia al género neutro de los seres andróginos de la novela –que no eran ni hombres ni mujeres, que lo eran aleatoriamente y solo durante un tiempo determinado– por las propias feministas –“no podía hacerle eso al lenguaje, y no había forma de nombrarlo de una manera que fuese comprensible”, dijo Le Guin–, la novela marcó un antes y un después en lo que a la literatura de género fluido se refiere, y también, en la obra de Le Guin, siempre en busca de alternativas a nuestra opresiva y en apariencia única civilización.

Puso de manifiesto, sin embargo, lo masculina que había sido hasta entonces su literatura, y la reacción de la escritora fue encomiable. “Los héroes de la fantasía que yo quería escribir habían sido siempre hombres, y no sentí la necesidad de que fuesen otra cosa, hasta que me di cuenta de que incluso en la saga de Terramar, dirigida a un público juvenil, no había mujeres, y las que aparecían, la civilización que vive en el desierto en la segunda parte, dependían de los hombres. Tardé 17 años en poder darle un final en el que la protagonista femenina no se casara. Estaban pasando cosas en los 70, pero yo no era una feminista ideal. Se hablaba de liberarnos de los hombres y los niños, y yo tenía un marido y tres hijos. Me puse a la defensiva”, recuerda, en un momento dado del documental. El empujón del Nébula y el Hugo, y su creciente popularidad y, sobre todo, respeto, hizo que se diera cuenta de que nada de todo eso era incompatible.

El respeto que La mano izquierda de la oscuridad empezó a granjearle se disparó con la publicación de Los desposeídos (1974), la utopía más ambiciosa jamás escrita, casi un texto filosófico con aspecto de novela espacial, en la que el anarquismo se abre camino para dejar claro, una vez más, “que la viga torcida de la humanidad” no va a dejar de estarlo por más que nos empeñemos. “Fue mi manera de decirle al mundo que ninguna sociedad humana puede alcanzar la perfección y quedarse así”, sentenció la propia Le Guin al respecto, y sonaba a máxima que, pese a todo, trató, como una científica, de probar una y otra vez, esperando que alguna de esas veces no se cumpliera.

La autora de la primera escuela de magos de la historia de la literatura –las novelas y los cuentos ambientados en Terramar son mucho más que el más claro antecesor de Harry Potter, para empezar, son una carta de amor al lenguaje y al oficio del escritor mago– se despidió del mundo literario compartiendo la Medalla de la National Book Foundation –algo así como el Nobel de lo literario norteamericano– con “todos aquellos escritores que fueron excluidos de la literatura durante tanto tiempo; con mis compañeros, los autores de fantasía y ciencia ficción, que en los últimos 50 años han visto recaer este premio en manos de los llamados realistas”, y al hacerlo estaba poniendo de manifiesto que su victoria era la de todos, y a la vez, lanzando un mensaje de advertencia a aquellos que les habían infravalorado y que estaban a punto de necesitarlos más que nunca. “Se aproximan tiempos difíciles”, dijo, “y vamos a necesitar las voces de aquellos que ven alternativas a la forma en que vivimos”. "A los realistas" concluyó, “de una realidad más amplia”.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2020/02/03/babelia/1580733253_090943.html?por=mosaico

sábado, 1 de febrero de 2020

Hierro, de Argos Teatro

Acabamos de llegar de ver Hierro, de Argos Teatro. 

Dice Carlos Celdrán, creador y director de la obra, que es un acercamiento a “momentos de su vida [de Martí] comprendidos entre los años 1885 y 1892”, tiempo que transcurre en los Estados Unidos. Fue cuando el Apóstol estaba en su más febril etapa como organizador de “la guerra necesaria”. Pero Hierro sobre todo muestra las guerras privadas que padece el hombre, como su salud maltrecha, una posible paternidad extramatrimonial, la ríspida relación con otro patriota, su desafortunado matrimonio.

Hierro es una apasionante versión, nada improbable, de José Julián Martí Pérez, el humano. Acercamiento que, en el cine, ha tenido la feliz concurrencia –liberadora de pautas de Fernando Pérez.

Cada escena, cada diálogo, aunque es una hipótesis, nos hace pensar que Martí y los que le rodearon, si no fueron exactamente así, pudieron parecerse bastante. ¿O es que estamos condenados a recrearlos a nuestra imagen y semejanza?

Uno de los hechos más documentados es el enfrentamiento con el patriota Collazo. Ahí están las cartas, de parte y parte. Otro, quizá un poco menos conocido, fue el intento de envenenamiento que sufrió Martí, lo que le agregó no pocas complicaciones a su salud, ya precaria desde la prisión adolescente. Su relación con María Mantilla es proverbial; se ve en las fotos, en los mensajes, en las dedicatorias.

Pero de todos estos avatares uno que me tocó especialmente, por inesperado en intensidad, fue la relación con su esposa, Carmen Zayas Bazán. Cuántas veces el simplismo no calificó a esta señora apenas como una burguesa que no comprendió la grandeza de su marido. Pues uno de los personajes más estremecedores de Hierro es justamente la mujer que se casó con nuestro Héroe Nacional.

Las actuaciones, la puesta en escena, la obra: nada tiene desperdicio. Hay un momento en una habitación en que todos discuten y se pelean, y Martí de pronto dice (y cito de memoria): "Sólo somos cuatro en esta habitación. ¿Qué pasará cuando seamos más?"

Fuimos la familia y todos salimos como alumbrados, dando gracias. Orgullosos, contentos de que en Cuba también haya un arte así, nada simplificador, que se atreve con los torbellinos de esta aventura que llamamos vida. 

Felicidades al colectivo de Argos. Mucha salud al arte valiente, que honra y que se honra. Mucha salud.