Reyes Martínez Torrijos
Foto Iván Cañas
La novela de José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976) Paradiso, cumbre de la narrativa latinoamericana y una de las más importantes de lengua hispana, cumple 60 años, que empata con el medio siglo del fallecimiento del escritor cubano.
Ediciones Era tiene disponible en librerías una versión revisada (lanzada en 2021) de la que el autor consideraba su “poética novelada” y que la filóloga Remedios Mataix Azuar describe como la novela guía de la obra del gran escritor, una especie de “relato de su aventura poética y vital”.
A 50 años del deceso de Lezama Lima, que se conmemoran mañana, este esencial título continúa alejado del gran público. No recibió ningún premio en vida de su autor y aparece opacado por el brillo del boom latinoamericano, lamentan especialistas quienes ven en el texto la confluencia de la barroca, simbólica e iniciática trayectoria poética del cubano o que tiene una recepción contradictoria que se bifurca en remarcar su carácter “escandaloso” o su complejidad y hermetismo, o la fastuosidad, dificultad y desbordado del escrito.
José Lezama Lima explicó en su momento que Paradiso y su creación poética y ensayística “no se deben ver como cosas separadas. Será mi obra, en la cual diré lo que tenía que decir (...), porque yo soy un novelista de una sola novela”.
Aparte, el poeta detalló: “parto para hacer mi novela de una raíz poética, metáfora como personaje, como situación, diálogo como forma de reconocimiento a la manera griega. En mi poesía, ensayo y novela forman parte del mismo escarbar en la médula del saúco”.
El fenómeno Paradiso ha sido equiparado al de la novela Gran Sertón: Veredas, del brasileño João Guimarães Rosa, como los mejores exponentes de la literatura de América Latina, a pesar de ser opacados por narraciones contemporáneas más difundidas.
El valor de la novela del cubano ha sido origen del enorme entusiasmo de los reconocidos Octavio Paz, premio Nobel de Literatura 1990, y Julio Cortázar, y la fascinación en Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Efraín Huerta, Hugo Gutiérrez Vega, Carlos Monsiváis y Neus Espresate. Los dos últimos impulsaron la edición en Era, en 1968, con ilustraciones del pintor cubano René Portocarrero y al cuidado de Cortázar y Monsiváis.
En una misiva a José Lezama, Paz expresó el “creciente asombro y deslumbramiento” del que consideró “un edificio verbal de riqueza increíble; mejor dicho, no un edificio, sino un mundo de arquitecturas en continua metamorfosis”.
El ensayista y poeta mexicano elogió ese “mundo de signos –rumores que se configuran en significaciones, archipiélagos del sentido que se hace y deshace– el mundo lento del vértigo que gira en torno a ese punto intocable que está ante la creación y la destrucción del lenguaje, ese punto que es el corazón, el núcleo del idioma”.
Poema y filosofía: Cortázar
Cortázar, por su parte, describió la novela como “una ceremonia, algo que prexiste a toda lectura con fines y modos literarios; tiene esa acuciosa presencia típica de lo que fue la visión primordial de los eléatas, amalgama de lo que más tarde se llamó poema y filosofía, desnuda confrontación del hombre con un cielo de zarpas de estrellas”.
Para Monsiváis, en esta narración “todo es reconquista: reconquista de la infancia; reconquista del primer gozo y el primer asombro ante el conocimiento; reconquista de las potencialidades de un lenguaje que quizá nunca había sido nuestro, pero que estaba allí, a nuestra disposición, para que se extinguiera la conseja de la pobreza de recursos del español y se acreciera la leyenda de una ignorancia que había dejado sin explorar, conquista y asimilar todo un idioma; reconquista de la metáfora, esa incursión comparativa, que en Lezama se vuelve delirio de la extrapolación”.
El Instituto Cervantes reseña que Paradiso fue concebida en 17 años como “la síntesis y culminación de su sistema poético, la novela sigue la formación del poeta José Cemí, desde su infancia, remontando sus orígenes familiares, hasta sus años universitarios.
“Se trata de un texto complejo, no sólo por su barroquismo y exuberancia poética, sino también por su carácter heterogéneo, que combina elementos narrativos, poéticos y ensayísticos, en una obra de carácter iniciático y parcialmente autobiográfica, lo que ha llevado a algunos a considerarla novela de aprendizaje.”
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