Joaquin Benavides Rodríguez
Aplicar la Reforma económica y el Mercado, en medio del supuesto aislamiento en que se encuentra la economia cubana, solo admite un escenario: aplicarla con inteligencia y valentía política.
Introducir el mercado, sobre todo en lo relacionado con los alimentos que se producen en el País, pero en especial con los que importan --tanto empresas privadas como estatales--, NO ADMITE TOPES DE PRECIOS. Ni Nacionales, ni Provinciales, ni Municipales. Si se quiere acabar con la Reforma desde sus mismos inicios, la fórmula burocrática de topar precios, con cualquiera de las distintas variantes que ha ido creando nuestra burocracia, sería la perfecta. Enfrentar cada problema, con inteligencia y sin nerviosismo político, es lo que exige, de todos nosotros, el momento.
En estos momentos, hay crisis con el aceite para cocinar. Las fábricas estatales no están produciendo el aceite necesario para que la población cocine sus alimentos, posiblemente por falta de divisas para importar la materia prima. Pero la Reforma recién aprobada permite que las empresas privadas y también las estatales gestionen la importación de aceite comestible y comiencen a ofertarlos en el mercado. ¿A que precios? A sus precios, con el que tienen que cubrirse de todos sus costos, incluyendo las divisas que tienen que obtener cambiando sus pesos por las divisas necesarias a la tasa en que les sea posible comprarlas. Y además tiene que conseguir un proveedor que le ponga los contenedores de aceite en algún puerto de Cuba, arriesgándose (riesgo que siempre cuesta dinero) a que lo persigan las autoridades ilegales del imperio, pero que tienen capacidad de sancionarlo por varias vías. Esa es la realidad que no tenemos derecho a ignorar, en la cual no es el precio el problema principal, sino que se pueda importar el aceite y ponerlo a la venta para que la población pueda comprarlo y cocinar. No habría derecho, en mi opinión, a regularle el margen de utilidad que tenga que percibir por el precio a que venda el aceite. Esa empresa llevo a cabo una inversión de riesgo, y tendría derecho a ponerle precio a su producto. Si el precio que le pone a su producto es muy alto y no se lo compran, el riesgo de no venderlo y perder incluso su utilidad, es del que invirtió en la compra. Ese es el mercado, y las autoridades no deberían tener derecho a inmiscuirse en él.
Por supuesto que hay numerosas familias cubanas que no podrían pagar esos precios. Pero la solución no debería ser nunca Topar los Precios. Eso es contraproducente. Sin embargo, la Reforma también supone que ninguna familia vulnerable se quede sin apoyo y sin que se haga lo posible para que consuma sus alimentos, en este caso el aceite, mediante alguna fórmula no burocrática que lo facilite.
Por ejemplo, usemos el aceite como base para elaborar una especie de propuesta: La empresa de comercio estatal, puede encargarse de intermediar entre las importadoras y la población vulnerable que no puede pagar el precio de la empresa que importó, en este caso el aceite. Población que tendría que ser procesada por Asistencia Social, en cada municipio. La empresa de comercio municipal podría negociar con los importadores, sean privados o estatales, un precio mayorista, cuyo monto total sería depositado de inmediato en la cuenta bancaria de la empresa vendedora del aceite. La empresa mayorista municipal pudiera ser financiada por el Banco del municipio, quien a su vez podría estar respaldado por el Presupuesto. El aceite no vendido a la empresa de comercio municipal, la empresa importadora tendría derecho a venderla al resto de la población del municipio a precio de mercado, que sería el que oferta el importador y el que acepta el comprador. El Fisco se encargaría, al finalizar el año, de cobrar los impuestos correspondientes a las empresas, tanto estatales como privadas.
Hasta el pasado año, y ajeno a cualquier concepto de mercado, la economía del País importaba miles de millones de dólares en alimentos, para distribuirlos a precios que poco tenían que ver con los del Mercado Mundial, a través de la llamada Libreta de Abastecimientos, a toda la población, con independencia de su situación económica; fuera una familia vulnerable económicamente o una millonaria. Eso era profundamente injusto, y no obstante lo mantuvimos durante decenas de años. Ahora tendremos que aprender a trabajar y ¨manejarnos¨ con el mercado, que puede parecer injusto pero es la justicia a que podemos aspirar ahora. A pesar del ataque despiadado de Trump y Marco Rubio, el País sigue entregando gratuitamente Salud y Educacion a toda la poblacion que lo requiera.
En la Guerra Económica que nos ha impuesto el Gobierno de Estados Unidos, el MERCADO es un arma, un rifle económico que tendremos que aprender a utilizar con eficiencia.
15/08/26
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