Iramis R. Rosique Cárdenas
No sabemos bien por qué, pero la Casa Blanca celebra la paz con Irán como una victoria. Quizá celebran por haber logrado vencer contra sí mismos, contra la propia irracionalidad de su política. En Cuba tenemos una palabra para describir un suelo pisoteado y enlodado que se vuelve cada vez más intransitable mientras más se insiste en caminar sobre él: patiñero. Lo que armó Estados Unidos en el Golfo Pérsico –una vez más– fue un patiñero. Y ese lodazal del que luego no sabía salir, y que tantas acrobacias ha exigido a la administración Trump, da cuenta de una enfermedad que siempre ha aquejado a la política norteamericana y sin la cual no puede explicarse esta.
Nada tenía Estados Unidos que ir a buscar a Irán, pero, sin embargo, fue: contra el buen consejo de la comunidad de inteligencia y de análisis, contra el revuelo de demócratas y republicanos, contra el pavor inmediato de los mercados mundiales. Contra todo, fue. Y tal cosa reabrió un delicado debate en ese país: hasta qué punto intereses ajenos a Estados Unidos pueden secuestrar su política aun tratándose de la mayor potencia global.
Durante décadas se asumió que Israel era un instrumento de la hegemonía norteamericana en Medio Oriente. Sin embargo, los repetidos sabotajes israelíes a los intentos de distensión con Irán han alimentado la percepción contraria: la de un aliado con capacidad para condicionar la conducta de la propia superpotencia. Más allá de exageraciones o simplificaciones, el debate remite a una realidad conocida. El cabildeo constituye uno de los mecanismos centrales de influencia política en Estados Unidos y algunos grupos organizados poseen una capacidad extraordinaria para moldear decisiones públicas. Tal es el caso del lobby sionista.
Pero el caso israelí no es el único. Existe un ejemplo mucho más cercano para nosotros, y revelador: Cuba. Hace seis meses decíamos que tanto la negociación como la invasión y el colapso de la isla eran opciones indeseables o difíciles para Estados Unidos. Medio año después, al parecer se han decantado por llevar a Cuba al borde de una gran crisis humanitaria. Cada decisión que han tomado durante 2026 ha apuntado a eso. En Cuba tenemos un dicho: fuego al jarro hasta que pierda el fondo. Esa parece ser la opción del binomio Trump-Rubio. Sin embargo, cabría preguntarse cómo es posible que la única vía que tenga un país con ingentes recursos materiales y políticos para “realizar” su agenda –si es que a eso se le puede llamar “realizar”– sea aplicar sobre una población entera una política de colapso humanitario.
Estados Unidos posee otras maneras de devolver a Cuba a su órbita geopolítica si ese fuera su interés. Muchas más “limpias”, más “respetuosas” de los derechos humanos del pueblo cubano e, incluso, más acordes con el realismo pragmático característico de su política exterior, que esta barbaridad que están haciendo. Sin embargo, el tema Cuba también sufre de un monopolio en la política norteamericana por parte del lobby étnico-nacional más poderoso de Estados Unidos después del sionista: el lobby cubano americano.
Cuando decimos que la irracionalidad de la política norteamericana hacia Cuba tiene nombre, nos referimos a esos nombres. No se llama Rubio ni Trump, ni tampoco se llama como ningún influencer o activista o “líder opositor” de los que conforman el lado circense de la política cubano-americana. Estamos hablando de las poderosas familias que salieron de Cuba en 1959 y han construido un imperio económico y político asentado al sur de Florida. Esos son los que han construido la carrera política de personajes como Rubio y otros, tanto demócratas como republicanos, y además han trabado durante décadas alianzas con otros círculos de poder en Estados Unidos.
El mismo forcejeo que vimos recientemente entre Trump e Israel respecto a los bombardeos al Líbano y el sabotaje de la paz con Irán, ha sido visto durante todos estos meses respecto al tema Cuba. ¿Recordamos cuando en febrero el propio Rubio decía que el problema de Cuba era económicoy que ellos entendían que no debía cambiar el país de golpe? A las pocas horas él mismo se vio obligado a ratificar que buscaban el cambio de régimen. La rapidez con que rectificó sus declaraciones sugería la existencia de presiones políticas difíciles de ignorar. Como diríamos en Cuba, parecía que alguien lo había llamado “para un cuartico”.
En las últimas semanas ha habido señales más elocuentes aún. Por un lado, el candidato republicano Vic Mellor visita Cuba en busca de alianzas económicas y oportunidades de negocios, y medios norteamericanos informan de un acuerdo en curso para que una empresa norteamericana suministre y gestione gasolineras en Cuba para el sector privado. A la vez altos mandos militares y de servicios de inteligencia de ambos países se reúnen en La Habana y en el territorio ilegalmente ocupado de la base naval de Guantánamo. No obstante, por el otro lado, Marco Rubio –ya investido como perro guardián de la política de máxima presión sobre Cuba–, desde el Departamento de Estado, desconoce cualquier acuerdo para llevar combustible a Cuba, incluso si es para el sector privado solamente, y procede a sancionar específicamente a la petrolera cubana CUPET en aras de impedir cualquier otro futuro intento de llegar a acuerdos con ella.
Es difícil comprender la racionalidad de esta conducta, pues en un contexto como el actual Estados Unidos tendría muy fácil impulsar la inversión de sus empresas en Cuba y así sellar los vínculos de dependencia de la mayor de las Antillas hacia Washington una vez más. En la situación en la que está la economía cubana el gobierno de la isla no podría resistirse a eso, además de que ha dado muestras claras de que no tiene intención de hacerlo si se plantea la posibilidad. Sin embargo, la Casa Blanca insiste en su política de martirizar a los cubanos. ¿Para obtener qué? Resulta difícil identificar qué beneficio estratégico obtiene Estados Unidos de esta política.
Quienes parecen encontrar en el martirio alguna utilidad son esas viejas familias que dirigen la política cubano-americana, los dueños de Rubio y de María Elvira Salazar, los amigos cubanos de Trump: la familia Fanjul, la familia Mas, los Díaz-Balart y comparsa. Ellos son los que importan, los únicos cubanos que realmente importan por mucho que se quiera vender la idea de que estas políticas las impulsa la población migrante cubana en pleno o tienen algo que ver con el deseo de esa población migrante sin dinero. En Estados Unidos en política importa el que paga, y los que pagan son ellos, siempre lo han sido. Y para estos financistas de la política anticubana no existen objetivos pragmáticos respecto a Cuba. Ya ellos triunfaron económicamente en Estados Unidos, ya forman parte de la élite capitalista global. Nada extraordinario ganarían en términos materiales recuperando el poder sobre Cuba. Es un asunto estrictamente afectivo e ideológico: desean vengarse, castigar y humillar a los que los vencieron, y destruir hasta el último cimiento de la Cuba que ha sido sin ellos y a pesar de ellos.
Por esta razón es falaz que el diferendo tenga algo que ver ya, a estas alturas, con el debate socialismo contra capitalismo, y mucho menos con la cuestión de la democracia liberal o su ausencia. Oferte lo que oferte, se comporte como se comporte, se arrodille o se acueste el Gobierno cubano, nada contentará a ese grupo que usa al Estado norteamericano como instrumento de su venganza personal. Eso explica la singularidad de la actitud de Estados Unidos respecto a Cuba.
No quiere decir que ambos países no sean enemigos históricos. Estados Unidos es un enemigo histórico de todas las naciones latinoamericanas por el simple hecho de comprenderlas a todas como un rebaño de su propiedad. Nunca ha podido tener una relación de respeto e igualdad con los países latinoamericanos, y nunca ha dejado de interferir en sus destinos para su propio beneficio. Sin embargo, más feroz que el enemigo histórico ha resultado ser con Cuba ese enemigo íntimo que es la antigua élite cubana destronada. Son ellos los que impiden cualquier solución del conflicto entre ambos países que no conduzca a la tragedia. Todavía está por verse si son tan poderosos como el sionismo y logran arrastrar al Gobierno norteamericano a un lugar que este siempre ha evitado llegar con Cuba, como es el enfrentamiento militar a noventa millas del territorio de Estados Unidos.
Wayne Smith, jefe de la Sección de Intereses norteamericana en La Habana en tiempos de Carter y Reagan, decía que Cuba parecía tener el mismo efecto sobre las administraciones estadounidenses que la luna llena sobre los hombres lobo. Y quizá tenía razón. Solo que la luna llena no está sobre el Caribe: está en Miami.
2 comentarios:
De Rolando Méndez:
Después de otra noche sin poder dormir, aquí desde este pueblito mío pienso: ¿Una limpieza nacional no será la solución ante esta maldita mala suerte colectiva?
Esto no es normal, vivimos envueltos a un persistente entorno negativo, cargado de tropiezos, vicisitudes, castigos, rodeados también decirlo de cabezas decisoras que no ponen una para aliviar estas afecciones que lentamente nos matan, ¡debemos buscarle lo más pronto posible, algo de salud!. Según he leído, en la religión de las lenguas Yoruba, a esta condición le llaman estar en modo Osogbo u Osorbo, pues implican todas estas complicaciones de la vida, entonces como solución se hacen un ebbó, dicho a mi forma "se limpian", para hacerse más fuertes y duraderos. Mi neófites extrema sugiere: Meterle mano a un Ebbó Nacional, total no se pierde nada con probar y "ACHÉ para to'el mundo".
🟢 Actualización sobre el restablecimiento SEN:
👉 A esta hora iniciando el arranque de:
• Unidades 1 y 2 CTE Ernesto Guevara De La Serna,
• Unidades 5 y 8 CTE Máximo Gómez
• Unidad 3 CTE Carlos Manuel de Céspedes
👉 Preparadas para iniciar el arranque cuando estén creadas las condiciones:
• Unidad 6 CTE Diez de Octubre
• Unidad 1 de la CTE Lidio Ramón Pérez "Felton"
• CTE Antonio Guiteras.
ℹ️ Ministerio de Energía y Minas
CEUTA, LA PINZA MÚLTIPLE
(Editorial de La Jornada)
Ha quedado demostrado de diversas maneras que la trágica avalancha de jóvenes marroquíes que la semana pasada ingresaron por decenas de miles a la ciudad española autónoma de Ceuta, enclavada en el norte de África, no constituían un fenómeno migratorio auténtico. Fueron persuadidos por noticias falsas sembradas en redes sociales y grupos de chat de que el ingreso a territorio español había quedado libre; miles de ellos fueron llevados en camiones –y asistidos por policías de su país– hasta la demarcación de esa urbe, donde unos superaron las vallas fronterizas y otros se lanzaron al mar para llegar a ella, con un saldo provisional de unos 90 fallecidos.
En suma, fue una acción orquestada desde la monarquía de Marruecos, encabezada por Mohamed VI, el cual utilizó y sacrificó sin escrúpulo alguno a sus propios ciudadanos para poner en jaque y chantajear al gobierno español, como ya lo había hecho en 2021, cuando consiguió, por medio de un operativo semejante, que Madrid legitimara la ocupación marroquí del territorio de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Ello llevó a su vez a una afectación de las relaciones diplomáticas y comerciales entre España y Argelia, país aliado de la RASD y principal rival estratégico de Marruecos en el Magreb.
Dos diarios informaron ayer que las autoridades españolas detectaron a agentes de los servicios de inteligencia de Rabat entre el alud de extranjeros y apuntaron a Fouad Ali El Himma, consejero y amigo personal de Mohamed VI, como el responsable de organizar y ordenar la incursión de más de 50 mil marroquíes a Ceuta.
Se ha señalado que la principal motivación de la monarquía alauita para emprender esta inescrupulosa y cruenta manipulación masiva era poner en jaque al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, quien el pasado 20 de julio realizó una visita a Argel con el propósito de normalizar los vínculos bilaterales, principalmente el abasto de gas argelino a España.
Adicionalmente, no debe olvidarse que Rabat mantiene una estrecha alianza política y estratégica con el régimen israelí y con el gobierno de Donald Trump, los principales inconformes con las posturas críticas de La Moncloa ante el genocidio perpetrado por Tel Aviv en Gaza y ante la injustificada agresión militar que ambos, Estados Unidos e Israel, emprendieron en febrero pasado contra Irán.
Por su parte, las derechas y ultraderechas europeas, si no participaron en instigar la estampida de jóvenes marroquíes sobre Ceuta, al menos aprovecharon muy bien la crisis, empezando por las españolas, las cuales pretendieron azuzar a los sectores xenófobos presentando la incursión masiva de marroquíes en la ciudad autónoma como prueba de la imaginaria aquiescencia del gobierno que encabeza Sánchez ante la supuesta “invasión” de africanos que estaría experimentando España. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, exponente de esas corrientes políticas que lindan con el fascismo, no dudó en exigir una ruptura del ámbito migratorio europeo (espacio Schengen), alegando que Madrid lo había puesto en peligro, pese a que el número de migrantes procedentes de África que se internan a él por Italia casi triplica el de quienes arriban por España.
En suma, los intereses políticos que impulsaron la trágica incursión masiva de marroquíes a Ceuta son tan inocultables como la capacidad de las derechas mundiales para construir una pinza múltiple contra un gobierno europeo que se ha distanciado de las aventuras genocidas de Israel y de Estados Unidos. Y conviene tomar nota de ello.
https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/08/03/editorial/ceuta-la-pinza-multiple
Publicar un comentario