sábado, 18 de enero de 2020

Cinco claves geopolíticas para pensar el mundo en 2020

Por Katu Arkonada*

Vivimos tiempos de crisis, y por tanto, tiemposinteresantes.

Crisis económica, pero sobre todo, financiera. Lo dice el Fondo Monetario Internacional, que en su último informe Perspectivas de la economía mundial 2020 asegura que El crecimiento mundial registró su ritmo más débil desde la crisis financiera de hace una década.

El valor mundial de los mercados bursátiles, lo que Marx llamaba capital ficticio, se sitúa alrededor de 90 billones de dólares, superando el PIB mundial, y con una deuda pública que roza 70 billones de dólares y los bancos bajando las tasas de intereses y regalando dinero al capital financiero, no productivo, están construyendo las condiciones para una crisis dentro de la crisis.

Mientras tanto, en este interregno entre crisis, el mundo está en llamas. Arden las calles, arden los bosques, arden las fronteras, y arden diversas zonas del planeta debido a las guerras comerciales o por los recursos naturales, cada vez más escasos.

Vamos a analizar algunos de los focos rojos de este 2020 en clave geopolítica:

Estados Unidos. Las cosas se mueven rápido en la potencia imperial en declive, pero al mismo tiempo epicentro de la confrontación geopolítica mundial. Con una economía estable, en crecimiento, y un desempleo en decrecimiento, es el año de Trump.

Un Trump que se convierte en el tercer presidente de la historia de Estados Unidos sometido a un juicio político, tras Andrew Johnson (1868) y Bill Clinton (1998). Y al igual que sus dos predecesores, saldrá libre del mismo. Si bien los demócratas encabezados por Nancy Pelosi han manejado bien el proceso de impeachment en la Cámara de Representantes, es una batalla perdida en un Senado con mayoría republicana y puede tener un efecto boomerangpara los demócratas, pues se verá afectada la agenda de las primarias, sobre todo la de los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren, lo que puede dar un nuevo impulso a la candidatura de Joe Biden.

Varias regiones del planeta se verán afectas por lo que suceda de aquí al martes 3 de noviembre, día de las elecciones presidenciales estadunidenses.

Medio Oriente. El acto de inicio de campaña de Trump fue la reciente ejecución de Qasem Soleimani, general a cargo de las Fuerzas Qods, el cuerpo de élite de la Guardia Revolucionaria Islámica y principal responsable del combate al Estado Islámico en Irak. Esta operación y la respuesta de Irán mediante un ataque quirúrgico a una de las principales bases estadunidenses en Irak, con el objetivo de no dejar muertos, pero sí mostrar poderío tecnológico y de inteligencia, aumentan la temperatura de la ya de por sí región más caliente del planeta en términos geopolíticos. Los casi mil kilómetros de frontera que comparten Irán y Afganistán, con 13 mil soldados estadunidenses desplegados, amplían el campo de batalla entre la principal potencia de Medio Oriente, Irán, y el complejo industrial-militar estadunidense, actor clave para la reelección de Trump en 2020.

China. La potencia que cada vez acerca más el mundo multipolar a una disputa bipolar, y que en 2021 celebrará los 100 años del Partido Comunista de China (PCCh), entra el 25 de enero en su Año de la Rata con el objetivo de erradicar por completo la extrema pobreza. El objetivo en 2020, después de sacar a 800 millones de personas de la pobreza durante los pasados 35 años, es que ningún ciudadano se encuentre en situación de extrema pobreza.

Además, cambia de año firmando una tregua comercial con Estados Unidos. Una China que ya supera a EU en PIB medido en paridad del poder adquisitivo (PPA) y que si profundiza tanto su alianza con Rusia como la apuesta por la Nueva Ruta de la Seda, podría en un futuro no tan lejano superar a EU en PIB global. En el campo de batalla de la tecnología, el 5G y la ciberguerra, China ya se ha colocado por delante del imperio.

Mundo en llamas. Los recientes incendios en la Amazonía o Australia, que aporta 5 por ciento del total mundial de contaminación climática mediante la minería de carbón o la explotación de gas, reafirman la idea de que no es el fuego, es el capitalismo. Un modo de producción insostenible para nuestra Madre Tierra que solo trae guerras por el coltán, el petróleo, el litio, el cobre, el agua y sobre todo, como rapean Los Chikos del Maíz y Kase.O, el enemigo interno, el pobre. Porque quienes salen perdiendo de las guerras imperialistas en todos los rincones del planeta son las y los desheredados de la tierra. Quienes no tienen siquiera la posibilidad de cuidar el planeta (porque ser ecologista es también una cuestión de clase) es quienes menos tienen. El equilibrio entre el derecho al desarrollo de una buena parte del (tercer) mundo y los derechos de la naturaleza es uno de los grandes debates y tareas pendientes.

Ultraderecha y evangelismo. Y mientras hace arder el mundo, el capitalismo fractura nuestros pueblos y fragmenta nuestras sociedades. Lo colectivo se debilita en favor de lo individual, y ahí es donde aparecen fenómenos como el auge de la ultraderecha o del evangelismo, allá donde la izquierda es incapaz de dar respuesta a las nuevas preguntas de este mundo en llamas.

Frente a la guerra contra el marxismo cultural y la ideología de género, nuestra defensa de la humanidad frente al auge del fascismo y del evangelismo de ultraderecha debe ser la apuesta por una sociedad regida por los principios de la justicia social y el feminismo.

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* Politólogo especialista en América Latina
   Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/01/18/opinion/022a1mun

miércoles, 15 de enero de 2020

2019, ¿un año memorable?

Por Luca Chiantore*


Empieza el año y Bachtrack acaba de publicar, como cada mes de enero, sus estadísticas anuales sobre la programación de música clásica durante el año anterior (2019, por tanto). Se trata de un informe que, por su propia naturaleza, no registra toda la música clásica que se hace en el mundo, sino únicamente la que está amparada por las instituciones de mayor prestigio (un total de poco más de 20.000 conciertos y 15.000 representaciones escénicas, que parece mucho pero es muy poco, según se mire). El caso es que en un ámbito como el nuestro, en el que el imaginario colectivo está tan dominado por el bombardeo diario y la tendencia a fijarnos en unos pocos nombres, las estadísticas son interesantes, y hay varias observaciones que me surgen inmediatas.

Compositores vivos

Legítima y tristemente en masculino: en el top 10 no hay ni una mujer. Por primera vez en 9 años, Arvo Pärt no es el compositor vivo más interpretado (y aquí me permito un suspiro de alivio; quién me conoce sabe cuán poco me fascina su música). Pero mucho más interesante es el hecho que quien lo ha adelantado es nada menos que... John Williams. Lo que no sería sorprendente si se consideraran la proyección de películas, las grabaciones discográficas y los videojuegos. Pero no: aquí se calculan únicamente los espectáculos en vivo. Es cierto que el cómputo se realiza según el número de obras interpretadas, y en esto Williams sale ganando porque las suyas son breves y en un concierto monográfico le pueden caben fácilmente una docena. Aun así, el dato impacta. Tanto es así que no puedo evitar leer tras ese relevo en la cabeza uno de esos momentos en los que los números (y el dinero) te obligan a asumir que estamos asistiendo a un cambio cultural colosal. Como cuando Johann Strauss II empezó a facturar más que Wagner y Brahms juntos. Y es cuando te das cuenta que el panorama está cambiando, te guste o no.

Ante el avance de Strauss & co. la "música clásica" se cerró en banda, y durante un tiempo armó un edificio conceptual tremendo para intentar desacreditar esos valses y esas operetas. Pero esta vez dudo que el futuro vaya en esa dirección. Más bien creo que la frontera, si se está desplazando, lo está haciendo de una forma totalmente diferente. Ante Williams no estamos creando una barrera: lo estamos invitando a entrar (aunque muchas instituciones lo hagan a regañadientes y sólo por el público que aporta y los ingresos que eso conlleva). Lo estamos incorporado a nuestras filas, empezando a tratarlo como a uno de los nuestros. De aquí a unos días dirigirá la Filarmónica de Viena, para entendernos, y lo hará con su música, cómo no. No olvidemos lo que significa eso. Williams es a las bandas sonoras lo que Strauss fue a la música de baile del siglo XIX: no la inventó él, pero los números con él cambiaron, y con ello cambió el panorama conceptual. Y con Williams, como fue con Strauss, ese panorama se vuelve otro también porque con él cambian las formas, y en particular la forma de dialogar con la tradición clásica, con los referentes de la "alta cultura". Va a ser interesante el futuro, en este sentido. No lo dudo.

Ahora bien, el de Williams no es el único dato de este informe que me ha llamado la atención. A continuación, algunas reflexiones sobre otros puntos.

Música contemporánea en general.

Sigue habiendo poca, es cierto. Pero no en cualquier lugar por igual. En Estados Unidos el 24% de los conciertos clásicos incluyen música de personas todavía en vida. Y en la mayoría de países analizados se ha programado más este año que el año pasado. En otros se han ingualado los números. Sólo en un país ha habido menos música contemporánea este año que el año pasado, y da que pensar: España. Ahora bien, francamente no sé si alegrarme o qué, cuando veo qué nombres aparecen en la lista de los más programados (aplaudiendo, eso sí, que la etiqueta "música contemporánea" sea aplicada de forma literal: "de nuestro tiempo", y por tanto no escrita por personas ya fallecidas), porque si ésta es la música actual que se programa, francamente, yo soy de los que no van (con contadas excepciones, es cierto, y con mi adorado Williams que es un caso aparte, aunque incluso a él yo lo prefiero en el cine o en Spotify).

El canon germánico.

Aquí todo sigue igual. 8 de los 10 compositores más programados tenían el alemán como lengua de referencia (no digo como "lengua materna" por no entrar en el debate de si lo que hablaban Brahms o Haydn en sus respectivas casas se puede definir alemán o no, que ni es éste el lugar ni sabría argumentarlo con la debida precisión). El caso es que todo sigue muy centrado ahí, y por supuesto en los siglos XVIII y XIX. Las únicas excepciones geográficas (Chopin y Chaicovsky) desde luego no desequilibran la balanza. Ni siquiera Debussy, Prokofiev o Shostakovich consiguen colarse ni en el top 10 de los compositores ni en el top 10 de las obras más interpretadas. Me llama la atención que se programe más la 2ª de Brahms que la 5ª y la 9ª de Beethoven, eso sí.

Intérpretes.

No me sorprende, por supuesto, pero entre los nombres más programados lo que ves es más diversidad étnica y generacional que diversidad en las propuestas interpretativas. Quienes realmente están proponiendo algo diferente (realmente diferente) no están ahí. Ni siquiera Patricia Kopatchinskaja, ni Teodor Currentzis y MusicAeterna, ni la Aurora Orchestra, ni menos aun Francesco Tristano o Josep Colom, por supuesto. Si el canon compositivo es complejo de mover, el canon interpretativo lo es aun más, por lo visto.

Mujeres.

 El panorama sigue siendo muy triste. Los avances están ahí: 13 de las 50 personas vivas cuya música se ha interpretado más en las instituciones analizadas eran mujeres. Y hay 8 directoras de orquesta entre los 100 nombres más programados. Pero incluso entre las figuras de la interpretación que han sido más programadas las mujeres siguen siendo muy pocas. Yuja Wang encabeza la lista dedicada al piano, pero es la única en el top 10; una sola cellista, tres violinistas. Queda mucho, mucho por hacer.

Insisto: hablamos de instituciones de referencia. Lo que no quiere decir necesariamente que estos números serían los mismos si los comparáramos con estadísticas más amplias, que abarcaran otras áreas geográficas y contemplaran otras instituciones. Seguro no son los mismos allá donde se programa con valentía y amplitud de miras, como es el caso de la Fundación March, en Madrid, y también en otros lugares. Pero me temo que de aquí a un año no habrá cambiado mucho la cosa, más que ver a Beethoven monopolizar el top 10 de las obras más interpretadas. No sé si es lo que necesitamos. Sí sé por experiencia que es complicado cambiar las cosas.

Sólo toca seguir y no desfallecer. Y para ello no hay nada mejor que intentar comprender las cosas que sí cambian, a menudo ante nuestros propios ojos. Como esas estadísticas que hoy encumbran a John Williams como compositor de "música clásica". Porque en eso Bachtrack ("The Classical Music Website", según su propio lema) es explícito: se trata de sus "Classical Music Statistics 2019". Unas estadísticas basadas precisamente en programaciones de países donde tantas energías se han volcado en explicar que la música clásica era una cosa, y la música cinematográfica, otra (inferior, por supuesto: la de veces que he oído eso cuando estudiaba composición en el conservatorio...). En este mundo en constante cambio, intentar entender cómo van rediseñándose esas categorías puede ser un ejercicio muy sano. Aunque nos saque de nuestra zona de comfort. O quizás sea sano precisamente por ello: porque nos obliga a ponernos en movimiento.

Fuente: https://mundoclasico.com/articulo/33084/2019-un-año-memorable?fbclid=IwAR0YQxQU3t4pHPdvPgCbk_EDx6neP3ViiiuPjQnNGffITIX1HyN-3vKE9lk
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*Luca Chiantore es un pianista y musicólogo italiano, figura de referencia en el estudio de la teoría y la historia de la interpretación pianística y especialmente activo en el mundo de habla hispana. Ha estado en Cuba y ha dado conferencias y conciertos en San Felipe de Neri.

viernes, 10 de enero de 2020

Dos anécdotas sobre Aves

Por Giraldo Alayón
Fundación Ariguanabo
Ayer nos regocijamos por una noticia aparecida en las redes sociales de que de las diez fotos más
Cartacuba

significativas de la fauna en todo el Mundo una había sido dedicada a una especie endémica de Cuba, la Cartacuba (Todus multicolor). Esta pequeña joya del mundo de las aves pertenece a una familia única de Las Grandes Antillas (Todidae), con cinco especies: dos en La Española, una en Jamaica, otra en Puerto Rico y la de Cuba, a nuestro juicio la más bella. Curiosamente sus raíces evolutivas, de acuerdo con los paleontólogos, se encuentran en el sur de Europa, aunque otros estudiosos de las aves afirman que están muy relacionadas también con los Motmots Centroamericanos (Familia Meropidae). Por suerte vive en casi toda Cuba y quizás por su tamaño, distribución y hábitos no ha sido objeto de la cacería despiadada de otras de nuestras emblemáticas especies.
Grulla
La segunda anécdota es sobre un nuevo registro de ave para las áreas adyacentes a San Antonio de los Baños, precisamente en la zona alrededor de los motores del acueducto municipal en la carretera (autopista) que cruza San Antonio de los Baños y prosigue, al norte, hacia la Novia del Mediodia. Uno de los jóvenes colaboradores de la Fundación Ariguanabo avistó, en esa región un grupo de Grullas (Antigone canadensis nesiotes) pastando en uno de los potreros de las cooperativas circundantes, esto ocurrió en los dos últimos días del 2019, como buen augurio de un nuevo registro de aves para toda la provincia de Artemisa. Sin embargo, ayer el hermano del descubridor visitó la zona y, conversando con varios campesinos del lugar, comprobó que un grupo de “cazadores” inescrupulosos andaban tras ellas para ultimarlas. Parece no lo consiguieron.  Lamentablemente esa es la respuesta que siempre encontramos en cuanto aparece algún ave u otro animal no conocido. Esta especie aparece como amenazada en el Libro Rojo de los Vertebrados de la Fauna de Cuba (2012), pp. 219-220; no es una especie cinegética, por lo que no se puede cazar; según los autorizados autores Berovides y Galvez, de las 11 poblaciones localizadas a lo largo y ancho de Cuba se estima que sólo 500 individuos la componen. Que además, los registros más cercanos a este último son al norte de la provincia de Matanzas y al sur en Ciénaga de Zapata; que es una subespecie endémicadel territorio nacional y que por su talla y características es una de las aves más interesantes y emblemáticas de nuestro Archipiélago.
¿Cuales consideraciones podemos extraer de estas dos noticias? Por un lado sentirnos orgullosos de que una de nuestras joyas aladas sea considerada entre los diez animales más hermosos fotografiados en el 2019 en nuestro Planeta, lo que invita a reflexionar un poco sobre qué hacemos para protegerla. Por otro lado, y con vergüenza lo escribo (al menos yo la siento), ¿hasta cuándo vamos a ignorar los serios problemas socio-ambientales que nos agobian? ¿Cuándo vamos a aceptar la obsolescencia de las leyes que regulan la caza deportiva? ¿Cuándo vamos a aplicar, como se debe, las contravenciones firmadas por Fidel en la Gaceta Oficial (No. 83, pag. 1339) un 23 de Diciembre de 1999, conocidas como decreto ley 200? ¿Cuándo vamos a aplicar la resolución 160 del 2011 del Ministerio de Ciencia y Tecnología sobre las especies de especial significación?

lunes, 6 de enero de 2020

El affaire Facundo, antigestión del pensamiento y fisuras en la hegemonía del socialismo cubano

Por Ricardo J. Machado

El poder es un centauro: mitad coerción y mitad legitimidad… 
La conquista del poder cultural es previa a la del poder político 
y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales 
llamados orgánicos, infiltrados en los medios de comunicación, 
expresión y las universidades.  
(A.Gramsci)

Por debajo del nivel

El video que Andy Vázquez (alias Facundo y dos personajes más) circuló por las redes no mostraba el nivel de calidad de otros desempeños del actor. No se destacaba por la originalidad ni su agudeza: en mi opinión estaba destinado a pasar sin pena ni gloria. Es verdad que pudo haberlo utilizado el enemigo pero con efecto Alka-Seltzer

Pero la irreflexiva medida del ICRT lo convierte en un tratamiento con anticancerígenos con consecuencias de mayor duración en el tiempo, y no a favor nuestro. Lo que pudo tener un efecto de horas ahora se potencia en una escala mayor y un recurso de mayor efecto en manos del enemigo. Es verdad que todos los sistemas políticos censuran a su manera. Unos lo saben hacer mejor y otros peor. Pero esta decisión clasifica dentro del grupo de los modus operandi de los gobiernos más primitivos de los países del sur, guardando las distancias.

Evidentemente lo venían siguiendo, esperando que sacase el pie de la base…hasta que lo cogieron. El hecho evidencia que carecemos de un modelo de comunicación con una base conceptual fundamentada. 

Este incidente da la impresión de que la política comunicativa está en manos de aficionados, por muchas incoherencias como ésta. Les falta astucia y perspicacia para la confrontación ideológica: lo que pudo ser una simple escaramuza que debió terminar con un dialogo amistoso “a lo cortico con Andy” ahora se convierte en un combate en el que llevamos la de perder. 

Existen no pocos Facundos, es cierto, pero por mi experiencia de años recorriendo el país me consta que son muchos más los que son diferentes y para bien. Si el país estuviera repleto de Facundos hace tiempo que el socialismo cubano hubiera reventado. Me imagino como deben sentirse los buenos cuando ven semanalmente como se denigra la imagen del directivo cubano representado en un hipócrita farsante (ojo solo el de nivel de base). 

Yo dejaría el programa como está pero siempre y cuando la TV y los medios diseñaran mecanismos inteligentes para equilibrar los mensajes de ese programa que algunas veces no son acertados. La gente se ríe y libera serotonina: la substancia que da la felicidad por momentos que es la única forma en que existe la felicidad. Pregunten a los siquiatras y vuelvan a leer el profundo ensayo del pensador francés Bergson que tituló La risa. 

Por otra parte estos espacios de libertad para la crítica –al igual que el existente en las redes sociales– contrarrestan el imaginario que trata de imponer el enemigo de Cuba como una sociedad cerrada que sufre hipoxia de reflexión.

Tenemos una cantidad importante de dirigentes con actitudes que merecen respeto pero apenas aparecen por TV. Por cada minuto dedicado a un científico destacado, o a un joven con logros profesionales importantes o a empresarios con resultados –no son muchos pero los tenemos (algunos no los tienen, pero no porque sean unos bandidos)–, la TV dedica cientos o miles de minutos a las que considera sus figuras icónicas: artistas, deportistas y cocineros, dicho sea con el mayor respeto. No hay equilibrio ni mesura porque falta gestión del pensamiento en una buena parte de la TV.

La TV cubana: ¿la peor de todas?

No es cierto. Herbert Marcuse, un profundo pensador marxista sobre el impacto de los medios en el imaginario de las masas, afirmó en uno de sus libros que si alguien visitaba un país y quería saber cómo andaba social y políticamente tenía que dedicar varias horas a ver televisión. Los libros de Marcuse debían estar en las mesas de noche de los directivos de la TV y todos los días darles un vistazo. Pero parece que estudian poco. 

Como muchos ciudadanos yo pensaba que la TV cubana no era buena. Pero tuve la oportunidad de poner en práctica el consejo de Marcuse y comprobé que era una las mejores, o si se quiere de las menos malas.

No se trata de que no tenga manchas pero aseguro que comparándola con la de muchos países la nuestra sale ganando. La TV a escala global se ha convertido para la mayoría de los países en un instrumento poderoso para ocultar la verdad y estupidizar de forma masiva a grandes sectores de la población. Por algo le dicen la “caja tonta”. El capitalismo crudo y duro que predomina en la mayoría de los países es ya un barco al que le está entrando agua por todas partes. Necesita mucha gente bruta para que sea más fácil engañarlos. 

Lo cierto es que han desarrollado habilidades excepcionales en cuanto a darle una base científica a la mentira. Su instrumento favorito es la TV y la tienen infestada de propaganda comercial que interrumpe videos y filmes en sus momentos claves produciendo un dañino efecto en la mente del televidente semejante al “coitus interruptus”. En el caso nuestro, la propaganda comercial es sustituida por mensajes políticos, a veces excesivos y de poca creatividad.

Por otra parte, los cubanos no nos damos cuenta de que estamos viendo las mejores series del mundo que cuestan una millonada. Pero muchos no lo valoran. Es cierto que ahí está el “síndrome del paquete semanal” que es una suerte de mesa buffet donde junto a productos excelentes muestra golosinas envenenadas. No podemos subestimar la influencia del paquete sobre los hábitos de consumo audiovisual del pueblo cubano. 

Por otra parte nadie puede negar que la Tv estatal promueve a figuras jóvenes de talento tanto comentaristas –Lázaro Manuel Alonso- y actores de ambos sexos. También está De la Gran Escena, la mayoría de los programas de Taladrid, el noticiero cultural y una buena telenovela hecha en casa como la que están poniendo ahora. Lamentablemente esto no es frecuente. Hay otros programas que sin ser destacados hacen el peso para subirse al ring de la pequeña pantalla. No toda es un desastre como aseveran algunos. 

Hegemonía, Gramsci y el deterioro selectivo de imagen

En realidad no veo con frecuencia Vivir del cuento. No pocas veces es reiterativo pero sé que hay una mayoría que los disfruta (alguna vez escuché que la teleaudiencia alcanza más de dos millones.) Pero nunca defendería una medida como esa. Tales concepciones basadas en la intolerancia y la incapacidad para el dialogo, no permiten construir sostenibilidad ni la hegemonía que necesita nuestro socialismo. 

Se pierde el equilibrio entre legitimidad y coerción. La balanza se inclina más hacia ésta. Como muestran algunas experiencias recientes (separación de la docencia a profesores de ideología socialista –caso René Fidel y Julio Fernández Bulté–, directivos ministeriales que exigen a los docentes sometimiento ciego a cualquier posible error del gobierno, castigo sobre un periodista por un simple comentario con el que casi todo el mundo coincide) se confunde sistema político con actividad gubernamental, lo que significa que carecen de formación en teoría marxista cuyas ideas claves son la contradicción y el cambio.

Esta débil concepción teórica tiende a romper la balanza a favor de la intolerancia injustificada. Debilita la sostenibilidad ideológica y hegemónica de nuestro sistema. Deben recibir algún cursito de actualización filosófica y profundizar en Gramsci que probablemente muchos no conocen. 

Por otra parte esa tendencia de programas de TV orientada a deteriorar la imagen de los directivos tiene otros antecedentes como Deja que yo te cuente, con ese personaje con síntomas de retraso mental que fue Lindoro Incapaz. Desde mi experiencia de décadas trabajando en la formación de directivos confirmo que un sector importante de la juventud rechaza asumir cargos de dirección y esto es grave para la calidad y continuidad de nuestro sistema de administración. Y algunos organismos tienen incompleta la plantilla de dirigentes hasta un 20%.

Muchos jóvenes, casi desde niños han visto estos programas que en alguna medida contribuyen a generar prejuicios hacia las funciones directivas. No digo que es la única causa. Los que tomaron esa medida contra Andy se alinean a la tradición de métodos verticales de “dirección” de ordeno y mando, ajenos a un enfoque más profesional. Fueron métodos que llevaron al precipicio al socialismo soviético. 

Probablemente, sin saberlo asumen el principio de Maquiavelo que el príncipe debe ser más temido que amado. Ideológicamente medidas como esta tienden a meter miedo porque dejan sin trabajo a las personas, colocan un estigma sobre ellas o los reubican en otras tareas empujándolos a la frustración. 

No es preciso señalar que cualquier subsistema –sea el de la TV u otro– cuyos dirigentes fundamenten su gestión sobre el que llaman “el sentimiento negro” no podrá lograr bienestar sicológico, consenso y confianza entre los subordinados. Estos componentes actúan como lubricantes que facilitan las relaciones entre las personas y si en ellas faltan estos nutrientes inevitablemente habrá pérdida de credibilidad y gobernabilidad en el sistema. 

En el caso de un medio tan importante como la TV puede hacernos mucho daño tanto adentro como afuera porque expande a nivel de país percepciones negativas, y en mi opinión también añade obstáculos a la gestión del presidente: amplía la superficie de agresión para los medios del enemigo y disminuye los niveles de confianza en algunos sectores de la población hacia la alta dirección 

Todo el mundo sabe que no pudo hacerse sin el apoyo de funcionarios de mayor nivel y es injusto echarle toda la responsabilidad al ICRT. Este caso daña la imagen del país y nos aleja de la consigna del presidente que todos conocemos. 

Ojalá el partido encuentre una solución inteligente ante este lamentable hecho y no guarde silencio. Eso esperamos muchos revolucionarios de compromiso profundo con el socialismo cubano. 

Dado el punto a que ha llegado el asunto, hace falta coraje.

Hacia el diálogo

Por Albert Camus*

Sí, habría que alzar la voz. Hasta ahora he evitado apelar a las fuerzas del sentimiento. Lo que nos destroza hoy es una lógica histórica que hemos creado íntegramente, y cuyos nudos terminarán por ahogarnos. El sentimiento no puede cortar los nudos de una lógica que desvaría; sólo puede hacerlo una razón que razone dentro de los límites que ella conoce. Pero no quisiera, en fin, que nadie creyese que el futuro del mundo puede prescindir de nuestras fuerzas de indignación y de amor. Sé bien que el hombre necesita grandes motivaciones para ponerse en marcha y que le es difícil comenzar a moverse para una lucha cuyos objetivos son tan limitados y donde la esperanza apenas participa. Pero no se trata de arrastrar a los hombres. Lo esencial, por el contrario, es que no sean arrastrados y que sepan bien lo que hacen. 

Salvar lo que aún puede ser salvado, para que el futuro sea únicamente posible, he aquí el gran móvil, la pasión y el sacrificio que se piden. Eso solamente exige reflexionar sobre ello, y decidir con claridad si hay que aumentar aún más el dolor humano con fines siempre indiscernibles, si hay que aceptar que el mundo se llene de armas y que el hermano mate de nuevo al hermano, o si es preciso, por el contrario, evitar tanto como sea posible la sangre y el dolor para, únicamente, ofrecer su oportunidad a otras generaciones que estarán mejor preparadas que nosotros.

Por mi parte, creo estar casi seguro de haber elegido, y habiéndolo hecho, me pareció que debía hablar, decir que ya no seré jamás de aquellos, cualesquiera que sean, que aceptan el crimen, y sacar de ello las consecuencias que convengan. La cosa está ya hecha, y he terminado por hoy. Pero antes, quisiera que se apreciase bien el espíritu que me ha animado a hablar así hasta ahora. Se nos pide amar o detestar a tal o cual país, a tal o cual pueblo. Pero somos de los que se dan muy bien cuenta de nuestra semejanza con todos los hombres como para aceptar esa opción. La forma correcta de amar al pueblo ruso, en agradecimiento por lo que jamás dejó de ser, es decir la levadura del mundo como dicen Tolstoi y Gorki, no es desearle aventuras de poder, sino terrible sangría. Lo mismo puede decirse respecto del pueblo estadounidense y de la desdichada Europa. Es éste el tipo de verdades elementales que se olvidan en medio de las pasiones actuales.

Sí, lo que hay que combatir hoy son el miedo y el silencio, y con ellos la separación de los espíritus y de las almas que ese miedo y ese silencio producen. Lo que hay que defender es el diálogo y la comunicación universal entre los hombres. La servidumbre, la injusticia, la mentira son las plagas que rompen esa comunicación e impiden el diálogo. Por eso, debemos rechazarlos. Pero esas plagas son hoy la materia misma de la historia, y, por consiguiente, muchos hombres las consideran males necesarios. Es verdad también que no podemos escapar a la historia puesto que estamos totalmente inmersos en ella. Pero se puede pretender luchar en la historia para preservar esa parte del hombre que nos pertenece. Esto es todo lo que he querido decir. Y en todo caso, definiré mejor aún esta actitud y el espíritu de estos artículos con un razonamiento que quisiera, antes de terminar, que se meditase con lealtad.

Una gran experiencia pone en marcha hoy a todas las naciones del mundo, según las leyes del poder y de la dominación. No diré que hay que impedir ni favorecer esta experiencia. No necesita que la ayudemos y, por el momento, se burla de que pretendamos contrariarla. Por tanto, la experiencia continuará. Formularé simplemente esta pregunta: ¿Qué sucederá si la experiencia fracasa, si la lógica de la historia, sobre la que tantos se apoyan, se contradice? ¿Qué sucederá si a pesar de dos o tres guerras, a pesar del sacrificio de varias generaciones y de ciertos valores, nuestros nietos -suponiendo que lleguen a existir- no se encuentran más cerca de la sociedad universal? Sucederá que los sobrevivientes de esta experiencia no tendrán si quiera la fuerza de ser los testigos de su propia agonía. Entonces, puesto que la experiencia prosigue inevitablemente, no está mal que unos hombres se asignen la tarea de preservar, a lo largo de la historia apocalíptica que nos espera, la reflexión modesta que, sin pretender resolverlo todo, servirá en algún momento para dar un sentido a la vida cotidiana. Lo esencial es que esos hombres sopesen bien, y de una vez por todas, el precio que tendrán que pagar.

Ahora puedo terminar. Lo que deseo, en este momento, es que en medio de un mundo asesino, nos decidamos a reflexionar sobre el asesinato y a elegir. Si esto pudiera hacerse, nos dividiríamos entonces entre los que aceptan en rigor ser asesinos y los que se niegan con todas sus fuerzas. Ya que esta terrible división existe, será un progreso, al menos, clasificarla. A través de los cinco continentes, y en los próximos años, va a continuar una lucha interminable entre la violencia y el diálogo, y la verdad es que las posibilidades de la primera son mil veces superiores a las de este último. Pero siempre he creído que si bien el hombre que espera en la condición humana es un loco, el que se desespera por causa de los acontecimientos es un cobarde. Y de ahora en adelante, el único honor será el de mantener obstinadamente esta formidable apuesta que decidirá, al fin, si las palabras son más fuertes que las balas.
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*Publicado el 13 de junio de 1954 por Albert Camus: https://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Camus

viernes, 3 de enero de 2020

El Gigante*

Y qué hago yo aquí donde no hay nada
grande que hacer? ¿Nací tan sólo para
esperar, esperar los días,
los meses y los años?
¿Para esperar quién sabe
qué cosa que no llega, que no puede
llegar jamás, que ni siquiera existe?
¿Qué es lo que aguardo? ¡Dios! ¿Qué es lo que aguardo?
Hay una fuerza
concentrada, colérica, expectante
en el fondo sereno
de mi organismo; hay algo,
hay algo que reclama
una función oscura y formidable.
Es un anhelo
impreciso de árbol; un impulso
de ascender y ascender hasta que pueda
¡rendir montañas y amasar estrellas!
¡Crecer, crecer hasta lo inmensurable!

No por el suave
placer de la ascensión, no por la fútil
vanidad de ser grande…
sino para medirme, cara a cara
con el Señor de los Dominios Negros,
con alguien que desprecia
mi pequeñez rastrera de gusano,
áptero, inepto, débil, no creado
para luchar con él, y que no obstante,
a mí y a todos los nacidos hombres,
goza en hostilizar con sus preguntas
y su befa, y escupe y nos envuelve
con su apretada red de interrogantes.
¡Oh Misterio! ¡Misterio! Te presiento
como adversario digno del gigante
que duerme sueño torpe bajo el cráneo;
bajo este cráneo inmóvil que protege
y obstaculiza en dos paredes cóncavas
los gestos inseguros y las furias
sonámbulas e ingenuas del gigante.
¡Despiértese el durmiente agazapado,
que parece acechar tus cautelosos
pasos en las tinieblas! ¡Adelante!

Y nadie me responde, ni es posible
sacudir la modorra de los siglos
acrecida en narcóticos modernos
de duda y de ignorancia; ¡oh, el esfuerzo
inútil! ¡Y el marasmo crece y crece
tras la fatiga del sacudimiento!
¡Y pasas tú, quizás si lo que espero,
lo único, lo grande, que mereces
la ofrenda arrebatada del cerebro
y el holocausto pobre de la vida
para romper un nudo, sólo un viejo
nudo interrogativo sin respuesta!

¡Y pasas tú el eterno, el inmutable,
el único y total, el infinito!,
¡Misterio! Y me sujeto
con ambas manos trémulas, convulsas,
el cráneo que se parte, y me pregunto:
¿qué hago yo aquí, donde no hay nada, nada
grande que hacer? Y en la tiniebla nadie
oye mi grito desolado. ¡Y sigo
sacudiendo al gigante!

Rubén Martínez Villena
1923

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* Puesto por primera vez el SÁBADO, 3 DE JULIO DE 2010

martes, 31 de diciembre de 2019

Alfredo Guevara: paradigma de la libertad en la lealtad

Intervención del Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, en el espacio Dialogar, dialogarde la Asociación Hermanos Saíz, el 23 de diciembre de 2015. Tema: La impronta de Alfredo Guevara*

Voy a confesar que yo nunca me preparo para las cosas porque creo que el que no esté preparado siempre, que no vaya. Esa es una doctrina muy “alfrediana”.

Este lugar, lógicamente, me trae muchos recuerdos, y por eso protesto contra su decadencia, porque fue aquí donde los conocí a todos allá por la década del sesenta, en el Salón de Mayo. Era yo un joven deseoso de conocer mi destino, que no estaba revelado todavía, y fue aquí, en el jardín del Pabellón Cuba, en medio de aquellas noches alucinantes, donde tuve a la mano a los intelectuales cardinales, algunos de los cuales nos acompañan todavía. Y apareció ahí de pronto, con su imagen tan especial, Alfredo, invariable en el estilo que él impuso como suyo y que jamás cedió ni cambió ni modificó. Era él.

Y es muy importante el sentido de la identidad y el sentido de la huella. Por tanto, si al menos fuera como él dice, es una realidad: somos muchos, pero afortunadamente todos tenemos una huella digital diferente, y cuando esto fue descubierto, se reveló uno de los grandes misterios de la naturaleza humana. Alfredo era una huella en sí mismo.

Me acerqué a saludarlo, y me dio un raspe gigantesco, porque Alfredo era como Nicolás [Guillén] dijo del Che: llano y difícil. Como me lo habían presentado antes, me acerqué de nuevo, ávido de conocerlo más, y me dijo con una sonrisa: “Ya yo lo saludé”. (RISAS) Entonces me quedé como quien busca un autógrafo y se lo niegan. Pero el destino me deparó otra fortuna.

A partir de ese momento comenzaron años de creación, y la agitación que vivía el pensamiento cubano tras las palabras de Fidel a los intelectuales, aquella gran definición, aquel parteaguas que a veces se interpreta dogmáticamente en cuanto a lo escrito y no en su espíritu.

Fue el rechazo absoluto, desde el primer momento, a aquella equivocación conceptual que era el realismo socialista, que trataban algunos de imponer, incluso algunos artistas, y él volaba más lejos, estaba fuera de todo eso. El Salón de Mayo había sido la expresión de esa libertad del pensar y de ese deambular por el país de una cantidad de intelectuales del mundo, hombres de letras cuyo afecto hacia Cuba a veces varió de acuerdo con las influencias fatales que se cernieron luego sobre la Revolución Cubana, que era una fuerza de la naturaleza desencadenada.

Alfredo es el paradigma de la lucha contra la decadencia y también el paradigma de la libertad en la lealtad; es un hombre que se sabe y se cree libre, y que actúa siempre dentro de un código de conducta que se revela en lo que tú has leído. ¿Pero dónde estabas leyendo eso? En el Centro Félix Varela, lo cual demuestra, primero, su libertad, que él se la creía y la tenía, porque además muy pocas personas se atreverían como él a decir: yo dentro de la Revolución actuó con libertad, que es la libertad que vio allí en la Universidad, en el gran debate de aquellos años previos al triunfo de la Revolución, años en que nacían, florecían y se definían las ideas en la Universidad. Un Fidel que se enfrenta a piñazo limpio con uno que va a ser luego su entrañable compañero hasta el final, un Fidel que tiene necesidad de recibir un arma para defenderse cuando lo amenazan y, al mismo tiempo, el hombre que es capaz, como él lo revela ahí, de enamorarse de las muchachas, de encendérsele los ojos, como lo vi años después, hablando de La Bombonera –esa famosa casa de huéspedes donde las mujeres más lindas de La Habana y de Cuba se reunían para estudiar. Quiere decir, esa naturalidad en el modus actuante de Alfredo es muy importante, él fue fiel a eso hasta el final.

Alfredo no fue un hombre perfecto, ni tenemos que estar de acuerdo con todo lo que pudo decir, y él habría concordado conmigo al realizar esta afirmación categórica. Alfredo hizo lo que le dio la gana con su vida, e hizo bien, porque asentó un capítulo de la libertad humana desde el compromiso.

Alfredo puso en mis manos, por ejemplo, cuando era imposible conseguirlo, lo encargó para mí, el libro de Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano, donde aparece el diálogo entre Adriano y Antínoo, que era su propio diálogo entre la búsqueda de la verdad, la angustia del poder y la angustia existencial. Alfredo, por ejemplo, leía apasionadamente a San Agustín, y ese es un detalle muy importante, porque Alfredo era un intelectual marxista. Y digo marxista porque él rechazaba después todas las demás cosas. Él decía: “Otras revoluciones han muerto, la nuestra no, vive”; pero eso nace de su convicción marxista de que nada era estático, que todo se movía, que había que respetar el destino de los hombres. Por ejemplo, entre los cubanos, él le dio mucha importancia a Pablo Lafargue, cuando descubrió su historia durante su estancia en París, como representante de Cuba ante la UNESCO; París, una ciudad que él amaba tanto, como Juan Marinello quien repetía: “Y pobre del que no ame a París”.

Marinello me dijo a mí: “Ay, compañero –con aquella voz preciosa que tenía–, cuando triunfe el socialismo en el mundo, que nadie toque a París”. (RISAS) Eso se lo oí decir, además, en un momento muy difícil, porque estaba contestando las cartas de las personas que le daban el pésame por la muerte de su amada esposa, Pepilla, que fue un trance para él muy tremendo. Yo fui muy amigo, devoto, de la personalidad de Juan.

Entonces Alfredo amaba a París. De hecho, ahí lo tienes con su traje azul y con su Legión puesta. No era el amante frívolo de la ciudad bella, que también le encantaba y la disfrutaba y la enseñaba como pocos, sino lo que le interesaba era lo que había pasado allí; no le interesaba tanto la crisálida como la mariposa. A él le interesaba el París de la Revolución, el París de la plantación del Árbol de la razón pura, el París del cambio revolucionario de los nombres de los días de la semana y de los meses del año. En medio de esa confusión gigantesca, de pronto refería los más importantes eventos: la Comuna de París, la olvidada Revolución de 1848, el mundo de los intelectuales, el Salón de Mayo, el mayo de París de 1968; todo eso nos lo contaba Alfredo con una gran pasión.

En mi casa, en la calle Compostela, que era para mí como el paraíso perdido, ahí llegaba todas las noches con Humberto [Solás], porque se estaba discutiendo el guion y lo que sobrevino después, el Armagedón con la película Cecilia. Recuerdo a ese Alfredo muy joven todavía, y nos íbamos a comer en la época en que todavía La bodeguita del Medio no era un centro turístico, sino que era un lugar recuperado en aquel momento, después de la hecatombe de la nacionalización, en que se pusieron a vender pescado allí, pescado frito, y entonces, cuando viene el incidente de Nicolás con Salvador Allende, que se abre La bodeguita, íbamos a La bodeguita, conversando con Martínez, con Armenia, con Varillas el cajero, que siempre buscaba lugar para nosotros, llegaba Alfredo y entraba. Alfredo era solvente, nosotros no; entonces éramos pobres de verdad. Y entonces comíamos allí y disfrutábamos de la conversación de Alfredo, que era como escuchar a un filósofo de la antigüedad.

Él se mostraba fascinado con Pablo Lafargue, al que nadie le había dado en Cuba el lugar que le correspondía por una cuestión: por la sanción moral que hasta hoy tiene todo el que se quita la vida. Alfredo me dijo a mí que él no había tenido el valor de hacerlo, sobre todo cuando había entrado en ese período de la vida en que, como le dice Jesús a san Pedro: “Cuando seas viejo, te llevarán adonde no quieras”. Ese es el sentido de su final.

También me abrió la puerta de su casa en el FOCSA –allí vivían su madre y su hermano [Juan], al que él apreciaba tanto–, conversábamos mucho en aquel lugar, y después me llevó a su casa del Malecón, que está en ruinas, y me prometo colocar allí lo que se merece, para que las generaciones futuras lo crean. Alfredo dijo eso [Luis] Morlote, es verdad, que vendría un silencio después. Yo también lo creo. Pero lo creyó Martí; dijo: “Durante un tiempo, mis ideas se eclipsarán y luego volverán a nacer”.

Entonces Alfredo se daba cuenta de los momentos que vivía. Y ya, atravesando el tiempo, Alfredo, por ejemplo, en medio de unas discrepancias colosales, creó especialmente el Grupo para el Desarrollo de La Habana Vieja, con el solo objeto de resolver una querella muy grande, que [Armando] Hart solucionó en esa época, cuando llegó al Ministerio de Cultura y apareció Armando, con Yeyé [Haydée Santamaría] del brazo, con las hermanas [Ruíz] Bravo... Aquello significó un cambio absoluto, total, grande. Era un momento de gran creatividad, de gran ilusión.

Esa ilusión que tú señalas, nunca apartó a Alfredo del conocimiento de la realidad. Él se anticipaba a lo que después serían leyes o disposiciones de la Revolución, porque las creía inexorables. En los momentos de mayor peligro, siempre consideraba la importante necesidad de hacer un traje a la medida para Cuba. La vida le ha dado la razón: Cuba está sola frente al muro rajado; creo solamente en el poder de Cuba porque Roma, cuando lograba vencer a un reyezuelo de cualquier parte, o destruir un reino, o traer a un príncipe bárbaro, lo traían encadenado y en una jaula y lo paseaban por las calles. A Cuba no ha sido posible llevarla en una jaula de hierro.

Quiere decir, los acontecimientos que ya no vivió Alfredo y que hemos vivido nosotros fueron el símbolo del valor de un pueblo, que fue capaz de hacer una proeza inimaginable, que fue atravesarse en el camino de las Termópilas y luchar padeciendo enormes dificultades.

En la casa donde lo visité tantas veces al final, pues era su mensajero para muchas cosas y a veces él el mío. Sus conversaciones eran provechosas como eran habituales con Fidel, con Raúl y con Vilma, que era su amiga queridísima, y la consideraba su compañera de lucha. Era la forma de Alfredo de trasladar también un espacio de la realidad, sobre todo del mundo intelectual, que todavía tiene que enfrentar, en muchos aspectos grandes prejuicios. Todavía hay algún personaje, algún burócrata, que se atreve a hablar de “los intelectuales”.

Bueno, eso no es nuevo. Alfredo se reía mucho cuando yo le decía que, en una ocasión el general presidente Bartolomé Masó llegó con una comitiva formada además por grupos de intelectuales que lo rodeaban, y al ver esto el general Modesto Díaz se puso verde. Y el presidente le dijo: “¿A usted qué le pasa, general”. Y respondió: “Que lo veo a usted rodeado de esos bandidos”. Y dice: “¿Pero cómo van a ser unos bandidos? Estos son jóvenes libertarios”. Y Modesto Díaz responde: “No, no, a mí me han dicho que son unos poetas”. (RISAS) Quiere decir que eso viene de atrás.

Lo que pasa es que la Revolución la hizo el pueblo, desencadenado por intelectuales. Céspedes fue un intelectual, Agramonte fue un intelectual, todo lo que rodeó Guáimaro eran brillantes intelectuales que, como dice Martí en el opúsculo a Los poetas de la guerra, firmaron sus versos con su sangre. Lo fue Rubén Martínez Villena, lo fue Martí en grado sumo, y eso es lo que Alfredo consideraba que era la herencia legítima.

Había otras herencias legitimadas, pero que no eran legítimas; la herencia verdadera venía de allí, de tales hombres, de tales ideas. Y sobre todo venía de la necesidad que él siempre planteaba de que no quería élites; él consideraba siempre la necesidad de hacer vanguardias, y que los revolucionarios no tenían por qué ser cosacos con una bomba encendida en cada mano y que hacía falta un refinamiento de la sociedad. Le espantaba la vulgaridad, le espantaban las cosas que, para ser populares, tenían que ser feas, aborrecía eso; lo aborrezco yo también. Creo que el pueblo merece, y todos merecemos, la belleza, que es tan importante en las cosas y en las formas. Aborrecía los discursos absurdos, las palabras huecas, los comunicados leídos; todo eso le producía náuseas.

Era, además, un hombre muy valiente. Alguna vez presencié a la entrada del ICAIC que apareció uno con un poder enorme en aquel momento, porque las revoluciones son así. Entonces Alfredo le dijo: “Estoy en una república literaria”. Y, por tanto, que nadie se ofenda, porque Alfredo todos sabemos cómo pensaba, cómo era, y lo que voy a referir era un atributo intelectual más que una opción que, además, él tenía con la mayor dignidad. Le dijo: “Déjate de mariconerías conmigo porque yo sí es verdad que te mato”. Y eso era verdad, eso era verdad porque muchas veces vi sus propias armas y estaba dispuesto a eso.

Y cuando llegaron las horas de las penumbras, que solamente ocurren en las revoluciones verdaderas… No olvidemos cuando va a subir Dantón, y le dice a Robespierre: “Te precedo en la muerte”. Quiere decir, las revoluciones, cuando son verdaderas, implican este riesgo, sobre todo para los que desde la lealtad están dispuestos a decir siempre la verdad.

El momento crítico fue cuando llegó la UMAP, cosa que ya se ha analizado, y que Fidel se echó él la culpa, y que Raúl asumió la responsabilidad de un momento histórico crítico. Y como íbamos para allá casi todos –yo había ido a buscar el amparo de Haydée y fue ella la que me sacó–, y entonces vivía una mujer extraordinaria, que nunca aparece en la historia, pero que era la gemela de Haydée, con una manera diferente; era una mujer parca, de una voz grave, con su pelo blanco maravilloso, con su rostro cincelado, pálido, elegantemente vestida, y a cuyo despacho llegamos todos hambrientos, desbaratados, y entonces allí fue donde nos encontramos con Silvio, Pablo, Noel Nicola, Rebeca Chávez, Fernando Rey. Íbamos a almorzar con Aida [Santamaría]. Y Aida era como el espejo de aquello que estaba pasando, y era amiga queridísima de Alfredo; para ella, Alfredo era una personalidad extraordinaria. Cuesta mucho trabajo porque, cuando llegamos a un determinado momento, las mismas presunciones de Alfredo nos amenazan.

Claro, la vida de un joven se puede extinguir en nada de pronto, la vida es frágil; pero cuando se han sobrepasado todas esas etapas: la enfermedad, las complejidades, las preguntas tremendas, como aquella que delante de mí le hizo Fidel, en la Casa de las Américas, a Miguelito [Barnet]. Le dice Fidel: “¿Miguel, cómo fue? ¿Cómo fue que tú te quedaste?” Y Miguelito le dijo lo que yo habría podido decirle también en ese momento: “No, Comandante –le dijo en un momento de extraordinaria honradez–, yo no me quedé; yo me fui quedando”. Es decir, vamos a dejarlo para mañana y para pasado; lo mismo me pasó a mí porque, además, el riesgo de la singularidad es muy grave; es decir, Alfredo se vestía como le daba la gana, y yo también. No es que no me guste, a mí me encanta, comparto con Alfredo, como Maceo, cuando le escribe a un norteamericano que le hablaba de Cuba, y Maceo le responde diciéndole: “Más que nunca creo en la causa”. Pondera la lucha, y le dice: “Y no olvide los pañuelos blancos y el agua de colonia que me tiene prometidos”.

Entonces yo los tengo también, y el agua de colonia. Y Alfredo se meaba de risa cuando me daba de comer chocolates blancos, o cuando en su apartamento bello en París me dio marron glacé. Entonces él se reía de eso. Quiere decir: debemos aspirar para todos al marron glacé, a los pañuelos blancos y al agua de colonia, que no sea el privilegio de los que los pudimos tener una vez. Para eso hay que luchar y hay que tener valores, porque el momento es difícil.

Ya Alfredo se fue, pero su idea está ahí, su pensamiento está ahí. Y él creyó que ese pensamiento prevalecería, por eso se apuró en publicar sus libros.

Tuvo querellas gigantescas, y las ventiló con un gran valor. En sus libros están los documentos probados y su enfrentamiento con farsantes u hombres extraviados que en un determinado momento tenían en sus manos, al parecer, los resortes del poder.

Alfredo tenía una gran angustia existencial. Su amistad con monseñor Carlos Manuel de Céspedes fue determinante. Yo me enteré el último de la enfermedad final, y el padre Céspedes se quejaba con amargura: “Yo debía haber estado junto a él”, porque eran muy amigos. Quizás para que le dijera, como le dijo Juan Marinello al padre [Ángel] Gaztelu, al sacerdote, poeta e intelectual, cuando llegó junto a él al momento crítico, y Marinello, dándose cuenta de lo que significaba la visita del poeta, pero también del sacerdote, le dijo: “Déjame morir tranquilo”. Quiere decir: déjame morir con mis ideas.

Por eso Alfredo habla ahí de su iglesia y de la otra iglesia, con todas las connotaciones que eso tiene; las connotaciones dogmáticas, las connotaciones escolásticas, que las comprende y las vive y las padece, y por eso aspira a que la juventud sea iconoclasta, que sea culta; quiere una juventud intranquila, pero no quiere jacobinos a destiempo; quiere que sea una interpretación siempre actual de la historia, porque lo que hasta ayer se vio a la luz de la razón cuando otros medios existían para entender las cosas, hoy las podemos ver desde un ángulo distinto. Aunque Hart me dijo una vez unas palabras que iluminaron mi análisis: “Toda modernidad está necesariamente precedida por otra”. Así que no me digan que son modernos porque yo también lo fui. (RISAS) Pero la modernidad, como la juventud, es una enfermedad que se cura con el tiempo. Vamos a tratar de asumir el concepto de la juventud como un tema, como un manifiesto de ideas, más allá de la piel cansada y la senectud.

Alfredo amaba intensamente, quería las cosas, batalló a muerte por lo de Servando [Cabrera], no por los cuadros, sino por el ser humano, cuando nadie entendía nada; porque los que mientan, los que nieguen la certeza erótica de la sociedad cubana no viven en ella, o son unos hipócritas. Y entonces Alfredo defendió apasionadamente al artista, víctima de unas incomprensiones mortales. Gracias a él llegué yo a Servando, que era una persona encantadora. Murió tan joven, a los cincuenta y tantos. Había preparado todo lo que le rodeaba para hacer de aquello el lugar más maravilloso del mundo. Pero, muerto Servando, empezó el desastre, como suele pasar siempre con los falsos herederos. Lo eran jurídicamente, pero no se dieron cuenta de que la herencia tenía otra magnitud. Y es lo que le pasó a Alfredo, de ahí la afirmación final: “Muero solo”. “Fue lo que tú escogiste”, respondió el interlocutor. Y ese es el gran problema: el misterio de la soledad y también el misterio del acompañamiento.

Él siempre quiso estar rodeado de gente joven. Se veía en ellos como en un espejo. Fue quien me llevó a García Márquez con un escritor joven cubano que él protegía en ese momento extraordinariamente. Y entonces nos encontramos en la Plaza de Armas. Y a mí me causó una impresión extraordinaria la conversación con él y con Mercedes [Barcha]. Hicimos un recorrido por La Habana Vieja. Y Gabo, hasta el final, siempre volvió.

Alfredo y Fidel: la relación era una relación nacida de una comunión de ideas y de una verdad que siempre dijo Alfredo. No se atrevió jamás a decir: desde que lo vi creí que era él… No, no; cuando lo vio, él dijo: este puede ser esto o esto, las dos cosas. Porque, ¿quién es el que llega? Este joven elegante, buen tipo, vestido con su traje espléndido, con su leontina con un ancla de diamantes, no podía imaginar que ese sería el demoledor de todo, empezando por lo suyo propio. Por eso, los que tuvimos la posibilidad de estar cerca del uno y del otro, nos dimos cuenta del sentido verdadero de esa relación.

A Alfredo no le interesaba un Fidel que trataba desesperadamente de remediar los problemas de una administración ineficiente en la sociedad; le interesaba el pensador, creía en el pensador, y creía en algo más: creía en la utilidad del sueño. Hoy, desde la roca del pensar, porque está el filósofo prisionero de su propia naturaleza, pero con la libertad en su imaginación, puede, como el personaje fascinante, recorrer su jardín y ver las extrañas plantas y las flores, y pensar en política, en lo que se hizo y que el tiempo no podrá demoler.

Cuando generalmente se simplifica la obra de la Revolución en la educación, en la medicina, en el deporte... se olvida que la obra principal que se propuso la Revolución fue una obra moral, regeneradora, cuyas consecuencias económicas serían el acceso de todos a una vida mejor.

Por eso, ante esta coyuntura y antes de su muerte, Alfredo creía en la necesidad de una refundación del socialismo; creía que era necesario, desde la soberanía de Cuba, pensar en algo que no era un entretenimiento teórico, sino plasmarlo en la realidad. Él creía en las transformaciones que la Revolución en esta etapa protagonizaba. Aborrecía la idea de que el Estado era el controlador de todo, y defendía en el pensamiento lo que defendió para él mismo, y trataba de infundirle eso a la joven gente. Por eso se fascinó, por ejemplo, con la Universidad de Santiago de Cuba. Llegó a Santiago y se quedó maravillado con lo que escuchó de los jóvenes que le hablaron, se quedaba maravillado cuando venía aquí y conversaba con ustedes.

Llegué aquel último día del Congreso en el Palacio de Bellas Artes, y vi los ojos de los jóvenes que estaban allí, y me di cuenta de que en la Asociación [Hermanos Saíz] había una gran esperanza para volver a encontrar a una vigorosa generación de pensadores, de artistas, de gente que aporte inquietudes, que persuada, que convenza, que nadie crea que tiene el monopolio absoluto de la verdad, que hay hoy más que nunca que escuchar, poner la mano en el corazón de las personas, hablar con la gente. Ese es el legado que creo más importante del pensamiento de Alfredo.

¿Aristocrático decían que era? Es verdad. Pero pertenecía a una aristo que no es la del poder material, sino a una aristo del pensamiento. Hablaba de los clásicos griegos como quien habla del aula primorosa de la Universidad donde le tocó estudiar Filosofía, Letras, pensamiento. No fue abogado como otros. Siempre quiso ser y fue un humanista.

El cine fue un vehículo para él. Si tú vas a ver cuántas películas hizo Alfredo: ninguna. Es sencillamente aquella gestión inicial con los artistas tutelares de la gran generación del cine cubano que le acompañaron entonces: Julio [García Espinosa], Tomás Gutiérrez-Alea [Titón]...

Me acuerdo que un día, en una biblioteca decomisada, encontré algo asombroso: un libro de versos de Tomás Gutiérrez-Alea. Entonces corrí con el libro y fui a ver a Titón, que era mi amigo. Le llevé el libro. Y lo cogió y me dijo: “Qué favor me has hecho”. Era una edición de muy pocos ejemplares. Cogió el libro y se lo llevó, porque se avergonzaba de haber escrito versos (RISAS), y me agradeció como nadie que le entregara el libro.

Me buscaban para hacer las películas del ICAIC. Siempre tuvieron en la Oficina del Historiador y en aquel barrio que iba como renaciendo y en el cual invariablemente Alfredo creyó, un escenario para todas las filmaciones. De ahí Lucía y todo lo que se hizo allí.

Un día Alfredo me llama y me dice que Titón necesitaba mi apoyo como un asesor eclesiástico, porque iban a hacer Una pelea cubana contra los demonios. Bueno, entonces fue la entrevista mía con Titón, y él me pidió lo insólito: “Necesito unos piratas”. Digo: “¿Cómo que piratas?” Y dice: “Sí, necesito unos piratas como extras para llevarlos a Trinidad para la película, y Alfredo me ha dicho que tú eres el único que puede”.

Entonces busqué. La Habana Vieja todavía era un lugar mucho más misterioso que lo que es ahora. Y me metí por la kasbah y busqué a Gabriel Tian, un gordo grande que era tuerto, amigo mío y le dije: “Tian, necesito piratas”. A las 24 horas ya había una gavilla. (RISAS) Necesitaba también ropas de iglesias. Figúrense, me volví loco buscando curas amigos y me prestaron ropas. Entonces salimos para Trinidad. Allí me dijo Titón: “Hay un solo problema: la situación aquí es muy difícil, y entonces hemos conseguido, hemos traído una lechona asada que no se puede tocar, porque no he querido que sea una lechona de atrezo, sino que sea de verdad pero que esté ahí; para cuando lleguen los piratas en el asalto”. Entonces le dije a Tian: “Fíjate, Tian, aquí todo está permitido, menos tocar la lechona”. Y me aseguró: “No, no te preocupes, en eso no hay problemas”.

Entonces, en el momento que está José Antonio [Rodríguez] en el papel del cura, en la bendición del ingenio, irrumpen los piratas, la gente corriendo, y aquello fue de un realismo impresionante. Uno de los señores era Armando Bianchi, que era un hombre de una simpatía extraordinaria. Entraron los piratas y a lo primero que le fueron arriba fue a la lechona. Se la comieron antes de la violación de las mujeres, se comieron todo aquello. Y entonces Titón se halaba no el pelo, se halaba la ropa. Al rato me llama Alfredo, y me pregunta: “Óyeme, Eusebio –como hablaba él–, ¿qué es lo que ha pasado, hijo, con una lechona que se comieron?”

Alfredo usó de su poder político para echar adelante obras maravillosas y extraordinarias. El ICAIC estaba en ese momento en una ruina decadente con aquel edificio que a su regreso transformó completamente.

Cuando lo llamaron, le dije: “Alfredo, ¿quieres que te haga una anécdota?” Alguien escuchó a Máximo Gómez decir que cuánto le gustaría ir a Camagüey a luchar con Agramonte. Y fueron a ver a Céspedes y le dijeron: este quiere ir para allá. Y entonces Céspedes lo mandó a buscar y le dijo: “Escoja unos pocos hombres y váyase a la sierra”, algo así como “hasta que yo me acuerde”. Se fue con lo que Gómez llamó los doce apóstoles. Y cuando murió Agramonte, lo manda a buscar y Gómez le dice: “Mi general presidente, aquí tiene a su viejo soldado”. Y él le dice: “Lo nombro jefe para Camagüey, salga para allá”.

Y entonces a Alfredo le pasó lo mismo: cuando fracasa la película y viene el tiempo en París, fue un tiempo muy fecundo para Cuba, de gran apoyo para Cuba porque él se rodeó rápidamente de lo mejor de la intelectualidad en esa nación y la comprometió.

A su regreso, inmediatamente transforma todo el piso que ocupaba, lo llena todo con los cuadros que tenía, y trajo a un perrito maravilloso. Uno entraba a verlo y el perrito estaba sobre el buró, y él decía: “A ver, ¿cómo tú me quieres?” Y el perro empezaba a hacer gracias. Porque tenía esas cosas también del muchacho que nunca dejó de ser.

Por eso, más allá de la vida, cuando faltan unos días para que él cumpliera 90 años, me alegro de celebrarlo. “Y espero, Alfredo, que sé que estás cerca, que sepas comprender que he tratado de dar un testimonio lo más próximo posible a lo que tú fuiste, cosa que es imposible”.

Gracias.
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Algunas respuestas a preguntas que le formularon desde el público:

Hay que tener en cuenta que el origen no determina, el origen es un punto de partida. Fidel, Raúl, Céspedes, no tuvieron esa posibilidad. Es el desarrollo de las ideas el que lleva a los seres humanos a asumir un camino, una conducta.

Uno necesita desear el conocimiento, tiene que desear el conocimiento. Hay un nido, hay tres pájaros, y hay uno que pide y pide, pero no alcanza; y hay otro que pide y pide, y lo logra. Hay pichones que no vuelan a tiempo y, cuando se van los padres, están condenados a morir. Entonces hay que saber volar a tiempo. Hay un momento en la vida y hay épocas…

Se los digo porque ayer, por ejemplo, se graduaban decenas de jóvenes que han estudiado en una escuela de oficios, y yo les hablaba de la importancia de la conciliación entre la mano y la cabeza. Y ya comprendí hace mucho tiempo, como una vez me dijeron, que la mano ejecuta lo que el corazón manda. Quiere decir, no hay antagonismo entre lo uno y lo otro, pero uno tiene que desearlo.

Aquí, antes de la Revolución, se formaron grupos de personas. Por eso creo que no se puede olvidar que la Sociedad Pro-Arte Musical realizó aquí una obra extraordinaria; una señora, que era una aristócrata de verdad, que era María Muñoz de Quevedo, consumó una obra extraordinaria, y por ahí pasan Alicia Alonso, María Teresa Linares, Argeliers León, Marta Arjona, gente que escuchó el llamado y buscó la oportunidad; uno tiene que buscar la oportunidad.

A algunos contemporáneos míos, por falta de interés mío o porque lo dejé para mañana, no los conocí; pero cuando tuve una noción de lo efímera que era la vida de algunos hombres, como sería la mía, pues acudí nada más y nada menos que para estrechar la mano de Fernando Ortiz y de José María Chacón y Calvo, de aquellos grandes hombres; de los pintores, de [René] Portocarrero, de Mariano [Rodríguez], de Víctor Manuel [García]; los recuerdo a todos. Pero fue la avidez; cuando no podía, alguien me los presentaba.

Recuerdo cuando llegué a ver a Luis Martínez Pedro, que quería conocerlo, porque quería relacionarme con la gran generación de los pintores. Me recibió como era él, con una chaqueta americana preciosa, con un pañuelo atado aquí al cuello, con un trago en la mano, y me dijo: “Joven, le advierto que yo no regalo cuadros; (RISAS) ese es Portocarrero, yo no”. Y entonces le dije: “No, maestro, yo no vengo a pedirle nada”. Inmediatamente se dio cuenta de que me había descolocado, y me dijo: “Pero, mire, yo le voy a dejar para el Museo eso que usted ve en la pared, que es un mascarón de proa de una nave perdida, que compré en Baracoa, eso se lo voy a dejar”. Murió Martínez Pedro, y me llamó la esposa y me dijo: “Hay una cosa para usted”. Quiere decir, él me zarandeó, pero después cumplió su palabra.

Así me pasó con otras personas: Enrique Labrador Ruíz, por ejemplo, o con Cintio Vitier, mi amigo querido. Yo le decía el patriarca de Aquilea. Le gustaba muchísimo, porque era un título antiguo. Habíamos acudido a los intelectuales, Leo [Brouwer], que es un santo, habíamos acudido todos juntos a Venecia, a una acción cultural sin precedentes; Alfredo también. Y entonces Fina [García Marruz], salió y le robaron la cartera. Estaba, figúrate, en una situación desesperada. Pero no fue eso solo: salió caminando con Cintio, y de pronto venía, como en la película, una manifestación contestataria, con bandera roja y todo, y ellos iban delante, y no sabían nada de aquello.

Bueno, pero conocí a esas personas. Y solamente el poder acariciar la mano de esas personas, poder saludar a los contemporáneos y a los que sean de otras generaciones me transmitió algo.

Uno debe tener la avidez por la cultura. Comprar un libro es una cosa gigantesca. Por eso digo que agradezco a Alfredo que me trajo Marguerite Yourcenar, me trajo el Opus Nigrum y varias obras más; estaba entonces deseando conseguir la obra de Marcel Proust, figúrate, que costaba un ojo de la cara.

Pero el tema es la avidez por saber. Hay quienes esperan que les lleven el conocimiento a la puerta. No puede ser así, yo pienso que una de las grandes obras de la Revolución fue desencadenar todos esos sueños postergados por generaciones. Por ejemplo, cuando se creó la Cinemateca de Cuba, tan animada por Alfredo, nosotros inmediatamente sacamos el carnet. Íbamos a ver la Cinemateca, que era una pasión, aquí en La Rampa y en el Rialto, que era un cine muy singular. Allí vimos todo el realismo italiano, los fratelli Taviani, apreciamos las distintas etapas de la historia del cine, pero teníamos esa avidez.

Algo parecido sucedía con la biblioteca. Yo no tenía libros; solo contaba con la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País. Ir allí y con la credibilidad, el carnet, qué honor tan grande, y después llevar el libro intacto luego del disfrute para devolverlo. Quiere decir, el problema no es solo el tema de que existan las oportunidades; uno tiene que buscarlas y arrebatárselas al destino también.

Siempre he relatado que mi encuentro con Emilio Roig [de Leuchsenring] fue una cosa tremenda. ¿Por qué? Porque yo había dado una conferencia, a partir de mi formación tan escolástica y cuando comprendí la magnitud de mi error, fui a ver a un ilustre sacerdote jesuita y me dijo: “No, no, pero eso no es decir que vienes aquí a arrepentirte; tienes que ir allí a hacerle una restitución, que es como se llama eso”.

Llegué y me presenté a aquella muchacha, María Benítez, diciéndole que quería ver al Dr. Roig. Y me pregunta: “¿Con qué fin?” Le expliqué que era un asunto muy privado. No le quedó más remedio que dejarme subir. Cuando entré hallé a Roig sentado, vestido de blanco, impecable y comencé: “Maestro, vengo a restituirle, por esto y esto y esto”. ¿Qué hizo? Me hizo así con la mano, queriendo decir: esto ha terminado.

En ese momento no podía imaginarme siquiera lo que iba a depararme el destino. Volví luego muchas veces a verlo y a aprender y a conseguir los libros y a asistir a las conferencias, deslumbrado por su capacidad de trasmisión. Y allí conocí a todos esos grandes hombres, muchos de los cuales hicieron y hacen historia.

El subdesarrollo genera una falta de memoria. Hay que empezar siempre lo que ya está empezado, volver a honrar a los que una vez fueron honorables y están olvidados; hay que retornar siempre. Aquí, para el olvido, nada más que hay que morirse, por eso este acto tiene un gran valor; por ahí van del brazo, además, dos malos sentimientos: la ingratitud y la envidia, que constituyen una serpiente bicéfala. Por eso es tan importante insertar la memoria, construir el legado y darnos cuenta de que no nos hacen falta seguidores, nos hacen falta discípulos.
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*Cortesía de Camilo Pérez Casal