Por Giordan Rodríguez Milanés
¨¿Dónde se metió Paloma?¨
¨Paloma voló¨.
Eran las dos frases que más nos soltaban por teléfono nuestros oyentes un día de noviembre del 2008. Al mediodía, luego de terminar de dirigir el noticiero radial Granma en la Noticia, con el actual Premio Nacional de la Radio Ernesto Martínez Robles y la locutora Argelia Verdecia, nos encerramos en el estudio número dos a realizar los mensajes más tétricos y espeluznantes, probablemente, de toda la historia de la radiodifusión cubana. Así nos lo había pedido el entonces primer secretario del PCC, Luis Rafael Virelles Barreda.
Y no era para menos, ¨Paloma¨ era un huracán categoría 4, que se acercaba al golfo del Guacanayabo. Los modelos de pronóstico daban que entraría por un lugar entre la costa de Manzanillo y la desembocadura del rio Cauto. ¨Tírenle fotos a la ciudad, porque después de hoy no va a ser la misma. Habrá que reconstruirla después de hoy¨, decía Virelles por los micrófonos de Radio Granma alrededor de la dos de la tarde.
Había terminado de editar los mensajes propagandísticos y, ante la duda de Pedro Espronceda, director general de Radio Granma en aquellos momentos, de que podían ser muy fuertes y crear pánico, se los pusimos al dirigente partidista. Éste nos dijo: ¨Esa es la cosa. Hay que meterle miedo a la gente porque la gente no cree. Por Manzanillo hace un montón de años no pasa un huracán, y aquí nadie sabe bien lo que es eso. Hay muchos resistiéndose a la evacuación en un municipio con más del sesenta por ciento del fondo habitacional en regular o mal estado. Y Paloma viene con vientos de más de 200 km/h sostenidos¨. Lo había dicho el Doctor Rubiera en el noticiero de la una de la tarde. ¨Y Rubiera no suele equivocarse en cuestiones de huracanes¨.
Había otras dos razones para que los manzanilleros se portaran incrédulos. Una de orden antropológico: los babbalaos y espiritistas más afamados de la zona –pródiga en tales sacerdocios- aseguraban que nada iba a pasar. Muchos ancianos sostenían que nuestra ciudad estaría protegida por La Campana de La Demajagua y los espíritus de los negros liberados por Céspedes el 10 de octubre de 1868, caídos en el primer combate mambí contra los españoles.
La segunda razón: un garrafal error profesional de este servidor, cometido tres años antes, en el 2005. Era el 18 de julio y se acercaba el huracán Denis. El doctor José Rubiera había dicho en un parte matutino que era poco probable afectara el sur de Granma, aunque una posible trayectoria del cono daba cierta posibilidad. Estábamos en fase de alerta decretada por la Defensa Civil, pero la prioridad editorial era darle cobertura a una asamblea en la que participaba Machado Ventura en la Facultad de Ciencias Médicas. El periodista Pedro Vera Portales dudaba de la apreciación de los especialistas. Llamó por teléfono al operador del Radar de Pilón, y grabó su respuesta: ¨ ¿¡Qué no viene para arriba de nosotros!? Si estoy viendo a ese animal que nos va a dar un…¨ Hubo que editar, claro. Fuimos nosotros desde Radio Granma quienes dimos la alarma a los municipios costeros, a pesar del inmediato regaño de las autoridades del ICRT provincial de entonces y de la esfera ideológica del Partido. En Niquero había un apagón para la zona de su emisora, y la verdad es que no había ninguna percepción del peligro. Tampoco en Pilón. Es sabido que el huracán Denis sorprendió a esos municipios cuando tocó tierra cerca de Cabo Cruz y siguió hacia el oeste. Dejó 14 muertos en Granma por lo que, como resultado de un informe de la jefatura del Ejército Oriental sobre las causas, se procedió a actualizar los planes de defensa civil ante huracanes. Mi error garrafal no fue por lo que nos regañaron a Vera Portales y a mí. Dar a conocer lo que nos había dicho el operador del radar de Pilón, sin pedirle permiso a nadie, estuvo bien y lo volvería a hacer en circunstancias similares. (Por cierto, en un siguiente parte extraordinario el Doctor Rubiera rectificó)
Mi error fue, precisamente, por lo que no nos regañaron.
Sobre las nueve de la noche en Manzanillo sólo llueve y hay viento de tormenta. Dirijo la cobertura especial desde la cabina de Radio Granma. Georgina Mendoza, entonces subdirectora de programación de la emisora, hace la locución y apoya con la coordinación y el manejo de la retroalimentación por los teléfonos. No tenemos redes sociales. Comenzamos a recibir llamadas desde el reparto La Pesquera: ¨El mar se está retirando¨, ¨el mar se está retirando¨. Alguien dice: ¨Eso fue lo mismo que pasó cuando el ciclón de Santa Cruz¨. Georgina llama al Consejo de Defensa Municipal y nos orientan avisarles a todos los vecinos de las zonas cercanas al litoral. Van a ser evacuados con urgencia. Llamo a Vera Portales a su casa, y le paso la información para que la diera de último minuto. Vera Portales da la noticia pero, como los manzanilleros somos tan descreídos con los ciclones, considero que el periodista no ha sido convincente. Al rato lo vuelvo a llamar y le pido que reitere y suba la parada, que tengo reportes de que la gente está metida en la zona que habitualmente ocupa el mar sacando crustáceos del fango. Ahí metí la pata. Vera Portales, una leyenda viva del periodismo radial manzanillero, un maestro de la oralidad, subió el tono, se puso dramático, hasta inclusive se refirió al tsunami ocurrido en Asia en diciembre del 2004, lo cual estaba muy fresco en la mente de las personas.
¡Lo que se forma en Manzanillo esa noche! Miles de manzanilleros abandonan sus casas y, sin esperar los ómnibus que enviaría el Consejo de Defensa, salen a pasodoble para las alturas de la ciudad. Cargan las pertenencias que podían en lo que podían. A esa hora el realizador Eduardo Bertó Vieto va camino a la emisora, a relevarme. Cuenta que se apura una familia calle Maceo arriba, cargada de cosas, y en una carretilla llevan el televisor y un cerdo cuando, de momento, una de las mujeres grita: ¨ ¡Mamá, fulano!… ¡Hay que virar que se nos quedó mamá!¨. No sé si sería una broma de Eduardo. Llega al estudio empapado y muerto de la risa.
Al cabo de unos minutos nos llama el radialista Héctor Reina Matos, que es licenciado en Geografía, y nos explica que el mar volverá poco a poco, y que no tiene nada que ver con posibles penetraciones del mar por surgencia, ni mucho menos con tsunamis. También Hilario Iglesias, padre de la realizadora Yasmina Iglesias, me saca del disparate. Me explica que ese fenómeno se da cuando el viento sopla muy fuerte en zonas costeras de poca profundidad, en dirección contraria al sentido de las olas. Y que el nivel del mar volvería a donde siempre gradualmente pues el huracán se iba a alejar de la costa. Luego el Doctor Rubiera también lo aclara.
Al amanecer la gente la emprendió con nosotros ¨los mentirosos esos de la emisora que viven asustando a uno¨, entre choteos y reconvenciones. Cuando en la Mesa Redonda de esa tarde, Fidel le preguntó a Lázaro Expósito por Manzanillo, éste respondió que ¨hubo un poco de pánico¨, y el Comandante replicó: ¨No Lazarito, yo conozco a esa gente de Manzanillo, no son gente de pánicos. Ninguna medida preventiva estuvo demás¨. Supongo que eso me salvó de que me botaran de la radio, once años antes.
Pero no nos salva de la falta de credibilidad entre los manzanilleros en asuntos de tormenta. Por eso, tres años después, ante la apreciación de los meteorólogos de que el huracán Paloma llegaría con fuerza 4 al Golfo de Guacanayabo, y la opinión de las autoridades de que arrasaría con la ciudad; realizo la propaganda más espeluznante de mi vida. Pero a las dos y media de la tarde en Manzanillo no hay ni una brisita platanera, y el sol campea por su respeto. Y Pedro Espronceda llamándome a la cordura, a pesar de ir en contra de lo orientado por el Primer Secretario. ¨Vamos a poner primero los mensajes menos fuertes¨. Y le hago caso. Y menos mal que le hago caso porque al rato me llama Hilario, igual que tres años antes, que es geógrafo y había sido Primer Oficial de la Flota Atunera, y me dice:
¨No te lances, que esa Paloma se le perdió a todos los colombófilos¨. ¨Compay, pero Rubiera y el Observatorio de la Florida dicen que viene con fuerza cuatro para arriba de Manzanillo¨
¨Que yo te digo que se le perdió a todo el mundo, muchacho. Si ese bicho viniera por el Golfo, con la posición que dieron en el parte del mediodía, ya aquí estuviera lloviendo y hubiera vientos. No te lances¨.
Y no me lancé aquel día de noviembre. Menos mal porque Paloma voló, y apareció como a las dos horas por Santa Cruz del Sur con fuerza 3 y debilitándose debido a la cizalladura del viento por una vaguada superior. Lo recordé la noche en que Laura salió al mar por Manzanillo, y en casa ni nos despeinamos. Y en la mañana muchos manzanilleros, otra vez, que si ¨por aquí no pasan ciclones¨, que si ¨La Campana de La Demajagua nos protege¨.
Hasta el día menos pensado.










