martes, 25 de agosto de 2020

Ciclónicos errores

Por Giordan Rodríguez Milanés

¨¿Dónde se metió Paloma?¨

¨Paloma voló¨.

Eran las dos frases que más nos soltaban por teléfono nuestros oyentes un día de noviembre del 2008. Al mediodía, luego de terminar de dirigir el noticiero radial Granma en la Noticia, con el actual Premio Nacional de la Radio Ernesto Martínez Robles y la locutora Argelia Verdecia, nos encerramos en el estudio número dos a realizar los mensajes más tétricos y espeluznantes, probablemente, de toda la historia de la radiodifusión cubana. Así nos lo había pedido el entonces primer secretario del PCC, Luis Rafael Virelles Barreda.

Y no era para menos, ¨Paloma¨ era un huracán categoría 4, que se acercaba al golfo del Guacanayabo. Los modelos de pronóstico daban que entraría por un lugar entre la costa de Manzanillo y la desembocadura del rio Cauto. ¨Tírenle fotos a la ciudad, porque después de hoy no va a ser la misma. Habrá que reconstruirla después de hoy¨, decía Virelles por los micrófonos de Radio Granma alrededor de la dos de la tarde.

Había terminado de editar los mensajes propagandísticos y, ante la duda de Pedro Espronceda, director general de Radio Granma en aquellos momentos, de que podían ser muy fuertes y crear pánico, se los pusimos al dirigente partidista. Éste nos dijo: ¨Esa es la cosa. Hay que meterle miedo a la gente porque la gente no cree. Por Manzanillo hace un montón de años no pasa un huracán, y aquí nadie sabe bien lo que es eso. Hay muchos resistiéndose a la evacuación en un municipio con más del sesenta por ciento del fondo habitacional en regular o mal estado. Y Paloma viene con vientos de más de 200 km/h sostenidos¨. Lo había dicho el Doctor Rubiera en el noticiero de la una de la tarde. ¨Y Rubiera no suele equivocarse en cuestiones de huracanes¨.

Había otras dos razones para que los manzanilleros se portaran incrédulos. Una de orden antropológico: los babbalaos y espiritistas más afamados de la zona –pródiga en tales sacerdocios- aseguraban que nada iba a pasar. Muchos ancianos sostenían que nuestra ciudad estaría protegida por La Campana de La Demajagua y los espíritus de los negros liberados por Céspedes el 10 de octubre de 1868, caídos en el primer combate mambí contra los españoles.

La segunda razón: un garrafal error profesional de este servidor, cometido tres años antes, en el 2005. Era el 18 de julio y se acercaba el huracán Denis. El doctor José Rubiera había dicho en un parte matutino que era poco probable afectara el sur de Granma, aunque una posible trayectoria del cono daba cierta posibilidad. Estábamos en fase de alerta decretada por la Defensa Civil, pero la prioridad editorial era darle cobertura a una asamblea en la que participaba Machado Ventura en la Facultad de Ciencias Médicas. El periodista Pedro Vera Portales dudaba de la apreciación de los especialistas. Llamó por teléfono al operador del Radar de Pilón, y grabó su respuesta: ¨ ¿¡Qué no viene para arriba de nosotros!? Si estoy viendo a ese animal que nos va a dar un…¨ Hubo que editar, claro. Fuimos nosotros desde Radio Granma quienes dimos la alarma a los municipios costeros, a pesar del inmediato regaño de las autoridades del ICRT provincial de entonces y de la esfera ideológica del Partido. En Niquero había un apagón para la zona de su emisora, y la verdad es que no había ninguna percepción del peligro. Tampoco en Pilón. Es sabido que el huracán Denis sorprendió a esos municipios cuando tocó tierra cerca de Cabo Cruz y siguió hacia el oeste. Dejó 14 muertos en Granma por lo que, como resultado de un informe de la jefatura del Ejército Oriental sobre las causas, se procedió a actualizar los planes de defensa civil ante huracanes. Mi error garrafal no fue por lo que nos regañaron a Vera Portales y a mí. Dar a conocer lo que nos había dicho el operador del radar de Pilón, sin pedirle permiso a nadie, estuvo bien y lo volvería a hacer en circunstancias similares. (Por cierto, en un siguiente parte extraordinario el Doctor Rubiera rectificó)

Mi error fue, precisamente, por lo que no nos regañaron.

Sobre las nueve de la noche en Manzanillo sólo llueve y hay viento de tormenta. Dirijo la cobertura especial desde la cabina de Radio Granma. Georgina Mendoza, entonces subdirectora de programación de la emisora, hace la locución y apoya con la coordinación y el manejo de la retroalimentación por los teléfonos. No tenemos redes sociales. Comenzamos a recibir llamadas desde el reparto La Pesquera: ¨El mar se está retirando¨, ¨el mar se está retirando¨. Alguien dice: ¨Eso fue lo mismo que pasó cuando el ciclón de Santa Cruz¨. Georgina llama al Consejo de Defensa Municipal y nos orientan avisarles a todos los vecinos de las zonas cercanas al litoral. Van a ser evacuados con urgencia. Llamo a Vera Portales a su casa, y le paso la información para que la diera de último minuto. Vera Portales da la noticia pero, como los manzanilleros somos tan descreídos con los ciclones, considero que el periodista no ha sido convincente. Al rato lo vuelvo a llamar y le pido que reitere y suba la parada, que tengo reportes de que la gente está metida en la zona que habitualmente ocupa el mar sacando crustáceos del fango. Ahí metí la pata. Vera Portales, una leyenda viva del periodismo radial manzanillero, un maestro de la oralidad, subió el tono, se puso dramático, hasta inclusive se refirió al tsunami ocurrido en Asia en diciembre del 2004, lo cual estaba muy fresco en la mente de las personas.

¡Lo que se forma en Manzanillo esa noche! Miles de manzanilleros abandonan sus casas y, sin esperar los ómnibus que enviaría el Consejo de Defensa, salen a pasodoble para las alturas de la ciudad. Cargan las pertenencias que podían en lo que podían. A esa hora el realizador Eduardo Bertó Vieto va camino a la emisora, a relevarme. Cuenta que se apura una familia calle Maceo arriba, cargada de cosas, y en una carretilla llevan el televisor y un cerdo cuando, de momento, una de las mujeres grita: ¨ ¡Mamá, fulano!… ¡Hay que virar que se nos quedó mamá!¨. No sé si sería una broma de Eduardo. Llega al estudio empapado y muerto de la risa.

Al cabo de unos minutos nos llama el radialista Héctor Reina Matos, que es licenciado en Geografía, y nos explica que el mar volverá poco a poco, y que no tiene nada que ver con posibles penetraciones del mar por surgencia, ni mucho menos con tsunamis. También Hilario Iglesias, padre de la realizadora Yasmina Iglesias, me saca del disparate. Me explica que ese fenómeno se da cuando el viento sopla muy fuerte en zonas costeras de poca profundidad, en dirección contraria al sentido de las olas. Y que el nivel del mar volvería a donde siempre gradualmente pues el huracán se iba a alejar de la costa. Luego el Doctor Rubiera también lo aclara.

Al amanecer la gente la emprendió con nosotros ¨los mentirosos esos de la emisora que viven asustando a uno¨, entre choteos y reconvenciones. Cuando en la Mesa Redonda de esa tarde, Fidel le preguntó a Lázaro Expósito por Manzanillo, éste respondió que ¨hubo un poco de pánico¨, y el Comandante replicó: ¨No Lazarito, yo conozco a esa gente de Manzanillo, no son gente de pánicos. Ninguna medida preventiva estuvo demás¨. Supongo que eso me salvó de que me botaran de la radio, once años antes.

Pero no nos salva de la falta de credibilidad entre los manzanilleros en asuntos de tormenta. Por eso, tres años después, ante la apreciación de los meteorólogos de que el huracán Paloma llegaría con fuerza 4 al Golfo de Guacanayabo, y la opinión de las autoridades de que arrasaría con la ciudad; realizo la propaganda más espeluznante de mi vida. Pero a las dos y media de la tarde en Manzanillo no hay ni una brisita platanera, y el sol campea por su respeto. Y Pedro Espronceda llamándome a la cordura, a pesar de ir en contra de lo orientado por el Primer Secretario. ¨Vamos a poner primero los mensajes menos fuertes¨. Y le hago caso. Y menos mal que le hago caso porque al rato me llama Hilario, igual que tres años antes, que es geógrafo y había sido Primer Oficial de la Flota Atunera, y me dice:

¨No te lances, que esa Paloma se le perdió a todos los colombófilos¨. ¨Compay, pero Rubiera y el Observatorio de la Florida dicen que viene con fuerza cuatro para arriba de Manzanillo¨

¨Que yo te digo que se le perdió a todo el mundo, muchacho. Si ese bicho viniera por el Golfo, con la posición que dieron en el parte del mediodía, ya aquí estuviera lloviendo y hubiera vientos. No te lances¨.

Y no me lancé aquel día de noviembre. Menos mal porque Paloma voló, y apareció como a las dos horas por Santa Cruz del Sur con fuerza 3 y debilitándose debido a la cizalladura del viento por una vaguada superior. Lo recordé la noche en que Laura salió al mar por Manzanillo, y en casa ni nos despeinamos. Y en la mañana muchos manzanilleros, otra vez, que si ¨por aquí no pasan ciclones¨, que si ¨La Campana de La Demajagua nos protege¨.

Hasta el día menos pensado.

domingo, 23 de agosto de 2020

Creer o no creer

Por Ernesto Padrón
Resulta que los médicos cubanos de la Brigada Henry Reeve son “espías”, “esclavos”, “falsos médicos” y “la principal fuente de ingresos del régimen cubano”. No sé cómo se las arreglan los miembros de la brigada para hacer espionaje, organizar actos subversivos y al mismo tiempo curar a los heridos por terremotos o huracanes, o a los enfermos de Ébola, Cólera o Covid19. Yo me rompo la cabeza y no acabo de entenderlo.
Si a esa diversidad de funciones le suman que lo hacen obligados —recuerden se trata de trabajo esclavo—; y que no poseen toda la preparación médica necesaria, entonces el asombro me obliga a preguntar: ¿Cómo se las arreglan para tener esa cifra tan enorme de consultas, operaciones, vidas salvadas y acciones de prevención de salud? 
Por otro lado, en las fotos no se les ve cara de esclavos aterrorizados.  Recuerdo incluso al médico de la brigada que enfermó de ébola en África, el cual al curarse regresó a continuar combatiendo la enfermedad… ¿Alguien me puede explicar eso? ¿Y qué me dicen de sus familiares? Se les ve muy orgullosos, en vez de atormentados por la violación de los derechos humanos de sus padres, hijos, esposas o esposos. Esas actitudes me desconciertan. 
Pero sigamos con el razonamiento: si Cuba les cobra tanto dinero a esas naciones que ayuda —recuerden que es su mayor fuente de ingresos— ¿cómo es posible entonces que sean más de sesenta países, la mayoría pobres, los que soliciten esa colaboración médica? Y para colmo, ahora con la pandemia de la Covid19 hasta países desarrollados han cometido ese sacrilegio. 
¿Será que las acusaciones de Trump, Pompeo, Bolsonaro, Lenín Moreno, la Áñez y la prensa replicadora son una colosal MENTIRA? No, no puede ser. Se trata de gobernantes, electos o golpistas, que defienden la democracia, los derechos humanos, la justicia social, y son paladines de la salud púbica. Más bien devotos de la salud pública. Nada más observar lo bien que combaten la pandemia. Y la prensa de esos países no publica nada que no tenga una base. Sus periodistas siempre buscan pruebas y jamás fabrican mentiras por el puro placer de complacer a los ricos dueños de esos medios.  
Hasta vi un dibujo en uno de esos periódicos donde un campesino pobre intentaba pagarle a uno de los médicos cubanos; y este, aterrorizado le hace señas, pues detrás de él tiene a una especie de comisario político que lo está vigilando. Esa caricatura hizo que se me enredaran más los razonamientos: ¿Los campesinos pobres tienen dinero para pagarse un médico? ¿La plantilla de la brigada también tiene un personal para vigilar a los médicos? Eso quiere decir que cuando envían ciento cincuenta galenos, la mitad son comisarios políticos? ¿O hacen multioficio? 
Pero aquí me acecha otra interrogante: si se trata de una campaña de difamación contra los médicos cubanos ¿a qué se debe? ¿Cuál es la causa? ¿Les duele el ejemplo de este pequeño país? ¿Será que esa bondad y solidaridad hieren profundamente las bases del capitalismo? ¿Por qué esos gobiernos tan defensores de los derechos humanos no preparan unas brigadas médicas —con las condiciones que tanto pregonan— y las envían a los países más necesitados por la pandemia? ¿No pueden? 
Pero finalmente mi desconcierto mayor ha sido cuando me enteré de que la Brigada Henry Reeve está propuesta para recibir el Premio Novel de la Paz. ¡Y la cantidad enorme de personalidades, organizaciones sociales y personas de todo el mundo que están apoyando esa iniciativa! ¿Es que el mundo se ha vueto loco? 
Sinceramente, no lo creo.

jueves, 20 de agosto de 2020

Guillermo por las otras islas: Mallorca e Ibiza[1] (1998-2009)

Según su documento nacional de identidad Guillermo Rodríguez Rivera nació en Santiago de Cuba el 1 de agosto de 1943. Él siempre dudó de la veracidad del día: “Mi mamá me dijo que fue el 21; y ella estaba allá”. 
Por Gonçal López Nadal 

Ivan de la Nuez,  Carlos Barbáchano,  Reinaldo Gonzalez,
Olga Cabrera, Julio Carranza y Anabel Rodríguez, Sept 1998
En la primavera de 1998 recibí de la Dirección de la Cátedra Iberoamericana de nuestra universidad balear el grato encargo de organizar el evento: “Cuba, 100 años después”.   De inmediato me puse en ello y acudí a mis amigos cubanos -el geógrafo Ramón Estévez Pazó y la historiadora Gloria León- y mi primo el diplomático español Rafael Dezcallar, para recabar asesoramiento. Fue Ramón quien me habló por primera vez de Guillermo Rodríguez Rivera.   Pasados casi veinte años, en la tarde del 17 de mayo de 2017, un mensaje telefónico de Ramón me notificaba su fallecimiento.
Conocí a Guillermo a principios de julio del 98. Nos citó Gloria en su bonita atalaya del Malecón, un lugar muy adecuado pues propiciaba lo que meses después comprobaría embelesado por la declamación que el maestro nos regaló en Palma. A ella regresaré tras una introducción sobre aquella cita. De tal foro, que yo sepa, nada se ha escrito sino solo con carácter estrictamente privado[2]. Mucha más repercusión tuvo una actividad previa similar celebrada en Madrid en a finales de noviembre de 1994: Esta, bajo el cartel de “La Isla Entera”, reunió a unas dos docenas de poetas cubanos -entre ellos, Guillermo Rodríguez Rivera- residentes dentro (13) y fuera (11) de la isla. Su coordinador fue Carlos Barbáchano, Agregado Cultural en la embajada española en La Habana; sus sedes fueron la Universidad Complutense y la Casa de América[3]. Dicha tribuna sería el germen de la revista Encuentro de la cultura cubana cuya andadura (54 números) discurrió entre el año 1996 y el 2009.  
Sin otras intenciones que las meramente reivindicativas -aquella fue mi primera actividad con Cuba como motivo y telón de fondo- creo debo señalar la identidad de los contribuyentes para constatar el alto nivel del coloquio. Acompañaron a Guillermo y a Gloria: el politicólogo Roberto González, los historiadores Jordi  Maluquer de Motes, Olga Cabrera  y Eusebio Leal; el economista Julio Carranza, los escritores Abilio Estévez, Carlos Barbáchano,  Reinaldo González e  Iván de la Nuez, el periodista Román Orozco, la antropóloga Natalia Bolívar, el sociólogo Juli Busquets, el experto en cooperación José Manuel Iglesias Caruncho, el diplomático Rafael Dezcallar y el exembajador de Cuba en España y por entonces Rector del ISRI[4], Oscar García. De Madrid llegó para escucharlos y participar activamente Anabel Rodríguez. Estuvieron muy cercanos -aceptaron asistir sin poder llegar a hacerlo-: Alfredo Guevara, Ion de la Riva y Mauricio Vicent. Agradecieron la invitación, pero desistieron por razón de agenda Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, Jesús Díaz y Eliseo Alberto "Lichi". Hubo un veto no reemplazado: Alejandro Durán. 

Como no podía ser de otra manera, las ponencias suscitaron vivos debates; Los moderadores nos las veíamos apenados para poner freno a tanta apreciación mayormente apasionada. Las sesiones proseguían en el almuerzo en la misma sede y acababan cuando el portero del Centre Cultural “Sa Nostra” amenazaba con encerrarnos con lo que se echaba a perder la cena en el hotel Saratoga que acogía a los expedicionarios. De lo allí sucedido, que, repito, fue mucho y muy bueno, yo destacaría especialmente tres momentos: el tiempo extra solicitado por buena parte de los presentes para alargar sin límite la exposición del proyecto económico de una Cuba forzosamente independiente: todos fueron oídos ante la precisa oratoria de Juli Carranza[5]. El intercambio de pareceres entre voces tan brillantes, dos primeras espadas, como la de Eusebio Leal e Iván de la Nuez; el silencio se podía rasgar con una navaja. Y la lectura, en tono grave, tierno, cálido y directo, del comienzo del ensayo En el camino de la mar que posteriormente sería rebautizado, Nosotros, los cubanos por su autor, Guillermo Rodríguez Rivera. Su voz, con sus compases y silencios muy bien medidos, dejó a la audiencia del todo engatusada. Muchos conferenciantes sabían de sus dotes seductoras; los otros las percibimos aquella tarde de una Palma ya casi otoñal.
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Guillermo, Sussita y yo, Son Comparet 2007 
En algo más de una década, entre finales del 1998 y octubre del 2009, Guillermo anduvo por las islas Baleares en otras cuatro ocasiones.  En realidad, le faltó asentar sus reales en Menorca y Formentera.  Tras su primer desembarco en el encuentro citado, en el otoño del 2001Guillermo aterrizó en Palma para impartir un curso en calidad de profesor visitante en el departamento de filología española, latín y lenguas modernas de nuestra universidad. Sus clases versaron sobre la poesía contemporánea en América Latina. La universidad se encuentra en la carretera de Valldemossa, a 7,5 quilómetros del centro de Palma, A diario se trasladaba en autobús tomándose un largo tiempo por la consabida lentitud de su caminar. Nunca emitió la más mínima queja; antes lo contrario, supo desenvolverse a la perfección. Y eso que, para llegar a su residencia, una pensión demasiado convencional regida hábilmente por una andaluza muy dadivosa y de grandes alegrías, debía subir un número considerable de escalones. Fueron sucesivas las ocasiones que me deleitó haciéndome el cuento de la vida cotidiana en la casa. Sus descripciones eran muy vivas y, sobre todo, verdaderamente ocurrentes; desternillantes, incluso. A buen seguro, la jodedera debía ser el menú diario ya que con su sorna y satería habitual lograría extraer los misterios más divertidos de quienes componían aquel habitáculo de la calle Jardín Botánico, junto a la Misericordia, frente al mismísimo Cristo de la Sangre. Durante sus días en Mallorca, más de un fin de semana lo pasó en nuestra casa de Son Servera, "Son Comparet"; ahí fue testigo de aquellos restos del naufragio que generó un huracán absolutamente imprevisible que nos golpeó de lleno acabando con casi todos los árboles -cipreses en la casa, pinos fuera- y tejados, setos, postes eléctricos y telefónicos. El panorama era impropio de un lugar tan celosamente protegido por la mano de Dios, como lo es la isla de Mallorca. Él, que conocía sobradamente las caricias de tales fenómenos en un Caribe que no puede sustraerse a ellos, quedó asombrado ante la magnitud del daño. Solo las conversaciones, imperecederas, y el buen humor lograron disfrutar del mejor ambiente para resistir tanto estropicio.
No fue por ello, sin embargo, que Guillermo tardó en volver a aterrizar en Palma. Pudo haberlo hecho antes, concretamente en el verano del 2006 pero el proyecto para el que venía como gran experto y maestro de ceremonias -el curso que él mismo  bautizaría  “De Cuba traigo un cantar” se vio lamentablemente abortado por mor de la logística aérea: pese a haberlo negociado previamente, la compañía Air Europa no ofreció los precios pactados de ida y vuelta en una semana y el regreso del trío residente en Cuba (Guillermo y  Leonardo Padura en La Habana  y Miguel Ángel Castro Machado en Baracoa) iba a demorar cuatro semanas[6]. principios de julio, me encontraba en La Habana y tras consultas al maestro en “La quimera del Oro”[7], debimos ceder a los imperativos de la realidad, teniendo que dar por suspendido aquel simpático curso de verano[8]. La espinilla musical, sin embargo, reverdeció antes de que acabara el año y de nuevo nuestras presiones al (así llamaba Guillermo a Toni Bennassar, Director de la Cátedra Iberoamericana de la Universitat de les Illes Balears) dieron sus frutos. Se repetiría la idea inicial, pero en formato más constreñido: dos maestros lidiarían durante tres sesiones matinales, un total de 12 horas sin apenas intermedios.
Un nuevo seminario de título conveniente por razones meramente académicas -“El Ajiaco cubano en la música y en la literatura”- convocaría para la primera semana de mayo a dos maestros cubanos, uno anclado en la Habana, Guillermo. Otro, Abilio Estévez, ya por entonces residente en Barcelona. Los epígrafes de sus respectivas disertaciones evocan, cada uno a su manera, por dónde iban a ir los tiros. Guillermo y Abilio estructuraron su exposición en tres frentes. Comenzaba el primero abriendo el abanico de la polifónica variante que circunscriben el cantar en la isla: 1.  La cultura cubana: los hijos de España y África en el Caribe. La contradanza y el danzón. Las hijas casi negras: la rumba y la conga.  2. Los hijos casi blancos: la canción trovadoresca y el bolero. Y 3. El hijo mulato: el son y sus derivaciones y fusiones.  Abilio concluía la faena poniendo sus miras en el bolero. (La primera idea en la génesis de ambos cursos había sido abordar estrictamente este tipo de canción): 1. Trasfondo histórico 2. Evolución y repercusión social y 3. Presencia en la literatura y en el cine cubano. No hace falta, creo, entre en matices sobre el éxito del curso. Los dos maestros cumplieron con creces tanto en sus formas, precisión frente a diletantismo, sobriedad ante frivolidad -eso sí, nunca faltó el glamour imprescindible-, vibrantes uno y otro, como también en unos contenidos que rayaron, sino la superaron, la perfección. Sus sermones eran sabiamente interrumpidos por la emisión de las voces que inmortalizaron aquellas letras. Orejas, rabos, paseíllos a hombros en la jerga de la fiesta española.
No se cierran aquí los pasos dados por Guillermo en su tercera visita a Mallorca. Un viernes por la tarde se le invitó a asistir -y a participar- a un evento social en el que habría abundante presencia cubana. Orquestaba la activista cultural Ivis Acosta, afincada en la isla y anfitriona de ilustres huéspedes como, entre otros, Pedro Luis Ferrer. Enterada Ivis de sus andares por la isla y de sus pinitos como guitarrista, le ofreció el escenario para agasajar a propios y extraños. Que Guillermo nos deleitase con sus acordes no sería noticia si no fuera que el marco que acogió a este cubano de pro era la casa natal del mismísimo Valeriano Weyler y Nicolau, entonces y ahora Centro de Conservación del Patrimonio (ARCA).  Quien conociera al maestro podrá imaginar su rostro de alarma aparentemente amagado bajo esa sonrisa tan penetrante y sutil que sólo él lograba esbozar. Dudo que su primer y único recital mallorquín fuera divulgado entre sus compadres y compatriotas; apenas lo comentamos en mis visitas posteriores ya en su morada en Calzada.   Queda ahí como una de las pequeñas bromas que le deparó su travesía por la isla en la que naciera aquel verdugo de tantos y tantos mambises, de tantas y tantos cubanos[9]
Pep Servera, Dariem POPzo, Guillermo,
Xisco Maturan, Gonçal
Al igual que en su viaje anterior en el último de los que realizaría a Mallorca Guillermo quiso abreviar horas de vuelo e hilvanarlo y hacer escala previa, que no técnica, en Granada.  La estancia de Milena su hija en la ciudad de Lorca le aconsejaba proceder a tal triangulación. Entraba por el entonces aeropuerto de Barajas; de ahí enlazaba hacia Andalucía para cruzar el mar y aterrizar en Son Sant Joan. Así sucedió cuando posibles tareas en Madrid nos permitieron extenderle un brazo y traerlo a Mallorca. Así pasó durante la primera semana de diciembre del mismo año 2007.   De nuevo fue el Mariscal Bernaza quien atendió nuestras voces, convirtiéndose Guillermo en uno de los bastiones más firmes de la Cátedra Iberoamericana. Su estancia en Palma fue muy breve pues entró y salió en menos de tres días. En esta ocasión la excusa académica vino de la mano de la colaboración de nuestra universidad con centros de difusión cultural entre los cuales figuraba la librería, y foro de debate: <Ágora>. Fue ahí donde se organizó la prédica de Guillermo. Bajo la batuta de su factotum, la infatigable Ramona Pérez, el profesor fue contador de historias, declamó, recitó, narró e hizo las delicias de un auditorio ya incondicional en el que sobresalía un buen hombre de Santander cuyo nombre, Prudencio, hacía honor a su condición de extremada prudencia. Don Pru, como ya le llamaba Guillermo, había conocido al maestro en primavera del 2003 cuando se apuntó a mi enésimo viaje a La Habana. Desde entonces, Don Prudencio Ontavilla devino el principal acompañante de Guillermo en sus deambulares, acompasados, por Palma. Ya había disfrutado oyéndolo disertar sobre la musicología caribeña en la facultad de humanidades y, por supuesto, no quiso perderse ningún momento a su idolatrado maestro. Y lograría mantener esa tenacidad, desplazándose a Ibiza año y medio después. De Guillermo y de Marlen fueron los últimos de quienes se despidió en abril del 2013 (?) al salir de La Habana para nunca más volver. Poco después, contraería una leucemia –amagada por un molesto herpes que le impediría regresar a su Baracoa y pasar por la Habana para estar con Guillermo. De aquel fugaz paso, el último que diera Guillermo por Mallorca, queda el cartel que la entrañable Ramona hiciera diseñar, pasquín que figura entre las ilustraciones colgadas en la red y por tanto fácilmente visible cuando uno rastrea por internet las huellas del maestro. Así lo pude comprobar hace nada yo mismo restando un tanto absorto cuando por un desliz semántico, el Gonçal de mi nombre fue cambiado por el de Guillem, Guillermo en catalán. ¿Bromas o gajes? A elegir. 
No pasaron dos años y Guillermo de nuevo acudía a la llamada de las Baleares y a primero de septiembre del 2009 entraba por vez primera en la Pitiusa mayor: Ibiza. Ahora lo hacía en su calidad de co-coordinador de un nuevo curso de verano. Por la efeméride no costará demasiado adivinar que de nuevo Cuba iba a constituir el epicentro del cónclave:  50 años de Revolución. Él se encargaría de abrirlo y de cerrarlo. Y bien que lo hizo. Sin la dimensión estelar ni el equipo de expertos del primero de los eventos reseñados, el congreso ibicenco también iba a conocer de una buena pléyade de especialistas y estudiosos, así como de un auditorio entusiasmado en el que volvía a destacar el bueno de Don Pru. Su disponibilidad y apoyo permitió volver a contar con Abilio - que disertó sobre el teatro- y con Carlos Barbáchano que lo hizo sobre el cine. Otros nombres se incorporaban a esta suerte de encuentros académicos, esta vez con menos cubanos -Milena Rodríguez que habló de poesía, Pio Emilio Serrano, que lo hizo  de “la otra Cuba” y el profesor Jesús Alpízar, quien trató sobre aspectos científicos y tecnológicos- que españoles -José Manuel Martín Medem y yo mismo nos  encargamos  de estructurar su historia; el profesor David Ginard  habló de las relaciones históricas entre Fidel Castro y Francisco Franco; el diplomático Gabriel Alou sobre la revolución en el contexto internacional; el profesor Xisco Maturana expuso los ciclos ideológicos-pragmáticos en los programas económicos,  el profesor Alfons  González ofreció un muestrario de la imaginería a  través de carteles y vallas propagandistas y   la socióloga  Margalida Mulet hablo sobre la vida en la calle. El documental: “Antes de la Revolución” de la serie "Los caminos de la Revolución" y esa gran película que fue, es y seguirá siendo “Memorias del subdesarrollo”, ayudaron a hacer más atractivas aquellas sesiones de tarde en las que se hizo un repaso sobre las rosas y las espinas de la Revolución. Como no podía ser de otra manera, Guillermo cerró la fiesta con unas palabras muy sentidas en torno a lo que yo le había encargado: el legado de la Revolución. Su lucidez le valió un aplauso, un reconocimiento unánime. 
Si las sesiones fueron especialmente densas, con ricos debates en los que la voz de maestro se hizo especialmente palpable, los pequeños conciliábulos que les seguían se prestaban al intercambio de buenas y divertidas maneras en las que Guillermo volvió a mostrar su jovialidad, entereza y amenidad. Xisco Maturana, presente en algunos de los ágapes de visitas previas le solicitó recitar el soneto, “anónimo” dedicado al plan alimentario, sin duda uno de los poemas más celebrado por el cubano de a pie (“El mango dulce, fruto de Cracovia …Hay comida en la tele y en la prensa”). Las mañanas se antojaban de obligado descanso, tras un desayuno señor en un confortable hotel que daba a la playa de las Figueretes.  Charlas de lujo con José Manuel Martín Medem, con Pio Serrano, con Don Pru y el amigo Joan Mir, -compañero de armas y puñetazos en varios de mis desplazamientos a Cuba-, y con un Guillermo radiante por haber llegado al centro neurálgico de aquella contracultura que había irrumpido en los felices sesenta, aunque apenas había dejado huella en Cuba. 
Guillermo y Milena, Ibiza, septiembre 2009
Así discurrieron sus cinco aterrizajes en las Baleares, cuatro en la mayor de las islas, uno en las Pitiusas y cartaginesa. Sin duda, estas islas del Mediterráneo absorbieron la mayor parte (sino todos) de sus destinos europeos y, por supuesto, españoles. Que yo sepa a partir del 2010, Guillermo redujo sus salidas del país.  En septiembre dio un salto a México formando parte de la delegación académica que acompañaba a Silvio Rodríguez en la ceremonia de su investidura de Doctor Honoris Causa por la universidad de Veracruz. En dicho acto también se impuso el doctorado honorífico a Eusebio Leal, representado por el Vicerrector del Colegio de San Jerónimo, Félix Julio Alfonso. Guillermo a menudo me hacía el cuento de éste y otros viajes anteriores por América Latina, especialmente del que había realizado en septiembre de 2005 a Mar del Plata, en ocasión de la “Contra Cumbre” frente a la de las Américas en el que coincidió, entre otros, con Abel Prieto y Sergio Guerra. Seguramente haría un tanto igual, con el ineludible tabaco no prendido entre los dedos, sobre sus días en Baleares a los contertulios que acudían a sus distintas moradas habaneras, transmitiéndoles como sólo él sabía hacer todas las sensaciones y todas aquellas cosas buenas que él había vivido, disfrutado y compartido. 
Son Comparet 15 de agosto de 2020

[1] El presento texto recoge y amplia el publicado, en verano del 2017, bajo el mismo título, en la revista de Artemisa La Diana. Al no disponer de copia alguna no sé ni número ni páginas. Agradezco a Marlén López León su ayuda en la publicación de este recuerdo personal de Guillermo.
[2]Hace escasamente unas semanas, Julio Carranza recordaba en las redes sociales su paseo con Eusebio Leal en ocasión del simposio: “Un encuentro lindo, lleno de anécdotas, por ahí están las fotos. Una tarde le dije, Eusebio, vamos a andar Palma, fue una caminata de más de dos horas, solo salimos él y yo, conversamos mucho ese día. En cualquier momento oportuno te cuento más detalles. Por cierto, fue en esa ocasión que él visitó la plaza en Palma de Mallorca donde se encuentra una estatua de (Fray)  Junípero Serra con un niño indígena (la misma que fue vandalizada hace unas semanas) y por alguna razón a Eusebio le interesó mucho, tanto que autoridades de allí acordaron encargar una reproducción y enviársela a La Habana (la operación fue financiada por Iberostar), es la que está hoy en la Plaza de San Francisco al costado de la Basílica Menor.” (4 agosto 2020). Agradezco a Juli Carranza sus fotos del evento de Palma  
[3]El evento fue organizado por la Secretaría de Estado de Cooperación para Iberoamérica. Debo a  Carlos Barbáchano esta información. https://elpais.com/diario/1994/11/21/cultura/785372401_850215.html
[4] Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa. 
[5] De hecho, la ponencia se convirtió en la presentación del libro reciente publicado en Caracas (Editorial Nueva Sociedad) Cuba: la reestructuración de la economía. Una propuesta para el debate. De Julio Carranza Valdés, Luis Gutiérrez Urdaneta y Pedro Monreal González.  
[6] El curso, programado para los días 17 y 23 de julio, era sobre el bolero. Junto al trío citado, iban a participar otros dos cubanos residentes en España:  Teresa Delgado y Abilio Estévez, así como el diplomático español- exconsejero de Cultura y Cooperación en la embajada en la Habana- Josep María Rodríguez Coso. 
[7] Así llamaba yo a su casa de 19 y 30 del Vedado. La explicación es sencilla: cada vez que iba a visitarle me entraba pánico imaginar que la morada podría precipitarse hacia el Fanguito. Su asociación con la cabaña, siempre balanceante, en la que Charlot habitaba en la película The gold rush, (1925) traducida en España como “La Quimera del Oro”.  era inevitable. Desde 1999 y durante varios años, en mis sucesivas visitas a La Habana, “la quimera del oro” se convirtió en centro de tertulias inolvidables. Eran habituales los malogrados Roberto González y Gloria León, así como Amparo López y Juli Carranza; alguna vez vino Carlos Alzugaray. Posteriormente, alternamos sede con la que Roberto y Amparo tenían en Línea- Malecón.   
[8]  El mismo Guillermo lo deja por escrito: “Después estuvimos implicados Padura y yo en un proyecto que no llegó a materializarse: hacer una suerte de curso sobre la música popular cubana, que se llevaría a cabo en Palma de Mallorca, con el auspicio de la Universidad de las Islas Baleares y la gestión del común amigo Gonçal López Nadal. Alguna vez estuvimos Gonçal y yo, en el ámbito de Padura en Mantilla”. En “Padura, la literatura y el compromiso. (10 de mayo de 2014)” Las Crónicas de Segunda Cita. Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. La Habana, 2016. Pág. 221.
[9] En octubre del 2018 se estrenó en Palma el documental de la productora mallorquina QuindropLa cadira i el general (La silla y el general). Dirigido por Peter Echave, la película aborda las figuras del Titán de Bronce, Antonio Maceo Grajales, y del Marqués de Tenerife, Valeriano y Nicolau. La presentación de la cinta coincidió -¡!!por pura casualidad!!!- con el traslado a la Habana de la silla del héroe mambí. Desde entonces se exhibe en el Palacio de los Capitanes Generales. Su presentación en La Habana, junto a la del documental de la misma productora Bayo y el Che, se están viendo retrasados por la evolución del covid 19. Quien firma este texto quiso aprovechar la ocasión para solicitar a los representantes de las instituciones mallorquines presentes en el estreno que el general Weyler, a quien tildó de asesino, dejara de ser considerado como una persona ilustre de la isla. La réplica vino de un coronel quien defendió los valores patrios del Capitán General de Cuba, tachando de indecente la propuesta. Hoy, casi dos años después, el retrato del verdugo de Maceo y de dos decenas de miles de cubanos permanece colgado en las paredes del Consell Insular de Mallorca. 

domingo, 16 de agosto de 2020

Sobre Eusebio, la vida y la muerte

Por Manuel Herrera Reyes*

Comenzaban los sesenta y fantaseaba con dirigir, intentando hacerlo en la Enciclopedia Popular, un espacio creado como fuente de divulgación y para dar oportunidad a jóvenes asistentes de dirección de probarse en los caminos de la realización cinematográfica con pequeños cortos de tres a cinco minutos, que llamábamos “notas”.

Una de las ideas que tuve fue realizar una nota sobre la toma de La Habana por los ingleses. Me dirigí a la oficina del historiador Emilio Roig de Leuschering, quien me recibió y escuchó con gran amabilidad mi perorata, más llena de sueños que de realidades, y me puso en contacto con alguien tan joven como yo, y como yo mas lleno de sueños que de realidades, para que me entregara una magnífica colección de libros sobe el tema.

En mis recuerdos, vestía un uniforme gris, tipo ropa de trabajo, en cuyo bolsillo se leía, en letras bordadas Jucei, nombre con que se identificaba en la época a la administración municipal de las ciudades, cuyas oficinas radicaban en el Palacio de los Capitanes Generales.

Eusebio Leal, no solo me entregó aquellos libros, sino que me habló del hecho con tal conocimiento de causa que tuvimos que desbordarnos hacia el malecón para que me mostrara, con su enorme poder de descripción en ciernes, como era el Morro, la loma de la cabaña, cuando no existía aún la fortaleza y demás lugares, y como allí se desarrollaron los hechos. Salí de allí anonadado, apabullado, rompiéndome la cabeza para poder reducir aquella fascinante historia a los escasos tres o cinco minutos que demandaba el formato de Enciclopedia Popular

Pero aún así, estimulado por la conversación, me bebí aquellos libros hermosamente escritos por Emilio Roig donde destacaba una monografía de Pepe Antonio, el singular héroe guanabacoense que de por sí era lo suficientemente fascinante como para un largo de ficción.  No obstante, logré el guion, pero lo que no logré fue interesar a quienes debían aprobarlo, por lo que durmió el sueño eterno del olvido en el fondo de una gaveta.

Sin embargo, todo aquello me dejó como ganancia el recuerdo de haberme encontrado personalmente con dos hombres singulares. Poco tiempo después murió Emilio Roig.

Un día, mientras paseaba con mi compañera, por la Habana Vieja, nos encontramos con Eusebio, quien nos invitó a conocer por dentro el Palacio de los Capitanes Generales, donde luchaba por instalar el Museo de la Ciudad. La magnitud de la obra era tal que nos pareció que Eusebio cargaba sobre sus hombros, en solitario, toda la estructura de piedra y argamasa de aquel palacio. Asistíamos a un sueño que con el correr del tiempo se haría realidad. Y, en medio del placer con el que le brotaban las palabras, se sentía un conocimiento y respeto por el cine cubano. Conoceríamos después que estaba vinculado a él desde su misma génesis.

Volvimos allí varias veces y aquellas visitas me sirvieron de estímulo, sobre todo cuando hice “El Llamado de la Hora”, especie de documental-ficción que establece un paralelo entre las vidas de Antonio Maceo y el Che, donde tuve la posibilidad de que Eusebio me asesorara en lo referente a la muerte de Maceo, aspecto históricamente conflictivo. 

Revisando los materiales de archivo, descubrí un largo plano del presidente de Bolivia, General René Barrientos, que comenzaba cuando este bajaba de su auto, subía las escaleras del palacio presidencial boliviano hasta su oficina, donde brindaba una conferencia de prensa sobre la muerte del Che. Los muros y escaleras del Palacio Quemado me recordaban a los del Palacio de los Capitanes Generales.
Recreé entonces la entrada de Valeriano Weyler, interpretado por el actor Omar Valdés, y la coloqué en montaje alterno con la de Barrientos, lográndose un simbólico efecto de continuidad.

El palacio era aún un caserón destartalado por el paso de diversas oficinas de antes y después de la Revolución, que Eusebio fue rescatando con paciencia y no pocos obstáculos. 

Para filmar, tuvimos que arreglar algunas zonas. De acuerdo con nuestras necesidades, pintamos dos puertas de la planta alta, por lo que quedó un conjunto de puertas iguales que se veían ahora unas pintadas y otras no. 

Nuestro jefe de construcciones, Lolo Carrillo, personaje legendario al que el cine cubano debe muchísimo, merecedor de sobra del premio Nacional de Cine para el que nunca fue nominado y por supuesto no obtuvo, me dio a entender la necesidad de pintar las demás puertas, cosa que, según él, Eusebio ponía como condición. Nuestra película tenía poco presupuesto, pero entendí la necesidad. Luego conocí que Eusebio no había pedido nada, fue Lolo quien, con su firme amistad, quiso ayudar a su antiguo compañero. Fue de paso nuestra contribución al museo junto con la réplica del uniforme de Valeriano Weyler que Omar Valdés usó en la película, traje que se exhibió durante mucho tiempo y no sé si es el que aún se exhibe. 

Ignoraba esta amistad de Lolo con Eusebio; la conocí mas a fondo cuando las cenizas de Julio García Espinosa fueron depositadas en el cementerio que está en el jardín dedicado a la Madre Teresa de Calcuta, anexo a la Basílica menor de San Francisco de Asís, que guarda los restos de notables figuras cubanas.  En la Basílica menor del convento, Eusebio hizo un discurso de despedida donde desplegó su singular oratoria. Fui a filmarlo con el ánimo de incluirlo en mi documental sobre Julio ¨Retrato de un artista siempre adolescente” pero el mal estado de la cámara del ICAIC hizo que las imágenes fueran inservibles. Transcribo aquí el texto por estimar que encierran datos de su propia vida que no deben perderse. Por razones de espacio extracto sus palabras: 

“Hace 64 años, exactamente, yo tenía un poquito más de 11 años cuando, buscando poder ganar algún sustento, descubrí que cerca de mi casa, en San Francisco 458, casi esquina a Valle, existía un taller de tapicería con el nombre inmortal de Aspasia, …compañera y consejera de Pericles. 
Y, bueno, fui allí y me encontré con Humbertico.  Humbertico fue el primero, con el que tuve una discusión muy grande, sobre temas de ideas. Yo cristiano, él comunista, parecía entonces aquello incompatible y él, para vencer mi ignorancia, me entregó un bello libro, que se titula y se titulaba en aquel momento, “De cómo el hombre se hizo gigante”.  Me dijo: Léete esto. Me lo leí… Ahí nació la amistad. 
... Y resultó que entré al taller, con el más regañadientes de todos los tapiceros y el maestro más adusto y simpático: Teodoro Carrillo, al que todo el mundo le llamaba Lolo.  
Y entonces, como hablaba mucho, como en la escuela, me dijeron que Lolo tenía que ser mi maestro, para aprender la tapicería de los sofás-camas, que era la invención, la patente familiar.  Uno tocaba el sofá y se abría mágicamente, se convertía en una cama espléndida. Lamentablemente, han desaparecido. 
Resultó entonces que, como hablaba, Lolo me dijo: Un momento, para trabajar conmigo, no puedes hablar. Mira: ‘Toma’.  Y me dio un puñado de puntillas con una punta, como si fuera la cola del demonio. ‘Te llenas antes la boca de saliva y después que te llenas la boca de saliva, te las tienes que tirar así (hace el gesto de tirársela a la boca). Fíjate, no se puede caer fuera ninguna’.  Una cosa tremenda. Amasé aquello, si era posible; metí, creo que cayeron una o dos y del lado de acá. Dice: ‘Y ahora, toma el martillo. El martillo tiene un imán, a partir de ahora, yo voy trazando la línea, y tú vas marcando las puntillas’.  Y así nació la amistad y el trabajo. Y nació la aproximación a esta familia.   
De Julio hablábamos como una leyenda, porque Julio estaba lejos y volvería y como Nené (Pedro García Espinosahabía inclinado toda su vocación al arte, uno en el cine, el otro en el diseño y en todas las cualidades que a lo largo de los años se desarrollaron como actores, como hombres del mundo de cine, en cada uno de ellos. 
Por eso, cuando desaparecieron sus padres, cuando desapareció el taller y empezó el torrente de la Revolución, todos estábamos en ella. Ellos, en primer término, por un derecho alcanzado por creer en cosas en las que nadie creía, o casi nadie, excepto una vanguardia selecta y aguerrida que no admitía otra compañía que no fueran los que se entregaban enteramente a las ideas… 
El tiempo pasó, y un pájaro sobre la mar. Nació el ICAIC, vendrían los grandes sucesos de los cuales todos ustedes han sido partícipes, y esos nombres han estado ligados para siempre a mi propia vida. 
Me alegro en el día de hoy de que, en este pequeño espacio, donde están tantos amigos reunidos, esté Julio.  Pero él no está ahí.  Hemos asistido solamente a cumplir con esa categoría que de vez en cuando se repite en la prensa, al anunciar un difunto: los restos mortales. 
¿Qué quiere decir?  Ahí solamente está lo que Lola depositó: las cenizas. Pero el inmenso amor que le prodigó en la vida, el acompañamiento a su obra intelectual, la convirtió en su primer admirador.  Y junto a su familia, arroparon a Julio, hasta el último día de su vida. 
Hombre de principios, de carácter fuerte, se encaró a dificultades y a problemas que supo vencer…
Es por eso, que un cementerio no es más que un lugar donde se coloca semilla, de ahí viene la palabra latina, semen, que tiene su realización perenne, en el momento en que uno crea, en compañía de otro, a una nueva criatura.  Julio ha creado esa criatura. Más allá de lo que engendró de su sangre y de su carne, ha engendrado también una obra y compartió ese tiempo maravilloso del cual no nos podemos desprender. 
Un día, conocí a un anciano, General del Ejército Libertador, era el último, casi…Y me dijo estas palabras:  Cuando se ha vivido una gran época, uno vive para siempre prisionero de ella.    Y es verdad, somos prisioneros de la época grande que nos tocó vivir.  
Julio no admitiría flaquezas, ni desconsuelo, ni tristeza.  Él fue de la fe inconmovible en que la única forma de perpetuars era a través de una obra...
Gracias a todos, por venir a este acto. Es un acto festivo, no triste. Porque se cumplió lo que el poeta Jorge Manrique, gran poeta de la lengua española, señaló como un privilegio de los artistas. 
Y es que él consideraba que había tres vidas: La vida humana, es esta. La vida infinita y la vida de la fama. Decía: La primera, es una realidad; la segunda, una certeza, y la tercera sólo le pertenece a los creadores.  Dondequiera que esté, su obra será inmortal. Gracias, Julio, por haber contribuido a una obra grande y extraordinaria. 
¿Cuál es esa obra?  Cuba. Nuestra madre amantísima, la mayor, la que va delante; la que envuelve con sus alas y los aprieta, a todos los que sienten la cubanía, no la cubanidad, que es algo un poco más frágil y endeble.  La cubanía, que es nacer, crecer y amar a Cuba, estando aquí o estando lejos. 
Muchas Gracias.”  

Después coincidimos en varios proyectos de filmes, sobre todo en “Una pelea cubana contra los demonios, donde le hablé de mi admiración por el mundo de los piratas, del que conversábamos a menudo y, recuerdo un día, mucho después, que coincidimos en la heladería de malecón, y me propuso hacer una película sobre el ataque a la Habana de Jacques de Sores, del cual se cumplía un aniversario cerrado. Busqué el memorial que relataba el hecho y preparé el proyecto, que no avanzó porque el ICAIC había terminado de enfrascarse en la batalla de “Cecilia”, y no andaba de ánimos para mezclarse en otro proyecto de época que conllevara recursos escenográficos.

Hoy se nos fue, mientras preparaba el dosier que le enviaría de mi proyecto sobre Céspedes, “Hermanos del silencio”, basado en “el Diario perdido de Céspedes”, esa importantísima obra que el rescató y que seguramente le hubiera dado gran alegría por la veneración que sintió siempre por el Padre de la Patria. Partió, pero en él se aplica la enseñanza de Jorge Manrique de la que nos habló: “Donde quiera que esté su obra, será inmortal.”
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*Manuel Herrera Reyes: Director de cine, guionista y narrador cubano.

viernes, 14 de agosto de 2020

De cómo conocí a mi hermano Juan Padrón

Por Ernesto Padrón

En realidad él me conoció primero, porque nació un año y tres meses antes que yo. Me lo imagino mirándome en la cuna y pensando qué hermano le había tocado. Por eso mi primer recuerdo de él lo cuento como el día en que lo conocí. Fue en una caída mía desde la base de un asta de bandera. Tendríamos cuatro y cinco años, y vivíamos en el central azucarero Carolina, en Matanzas. Curiosamente, frente a nuestra casa había un parque cuyo diseño simulaba el escudo de la República, y en el mismo centro tenía el asta que les cuento. La foto es de esos años y de ese lugar. 
Sucedió que dándole vueltas desenfrenadas a esa base de concreto, resbalé y paré la caída con las rodillas y las manos. Mi hermano, que me seguía en el juego de las volteretas, ni se rió —con lo burlón que era—, ni salió corriendo a contárselo a nuestra mamá. Rápidamente se quitó el pulóver, me secó las lágrimas, que saltaban a borbotones, y luego secó la sangre de mis rodillas y mis manos. No se me olvida ese acto tan tierno suyo, y tan inteligente, de usar mis lágrimas de diluente. Mucho nos reímos, ya de grandes, al recordar ese método curativo.
Anécdotas de nuestra infancia hay miles —porque fuimos de armas tomar—, y para mi hermano siempre resultaron fuentes de conversación en los encuentros familiares o con los amigos. Escucharlo narrar nuestras travesuras y peleas era súper divertido, aun para mí que casi siempre salía mal parado en sus cuentos.
Luego la vida nos llevó por caminos diferentes en las escuelas, en el servicio militar, en las primeras instituciones donde trabajamos; y nos unió en el Frente de Divulgación de los Pioneros, en la revista Zunzún y en los Estudios de Animación del ICAIC. Colaborar en sus películas fue siempre una inmensa satisfacción para mí. Y cuando lo hacía él en una obra mía, me inflaba de orgullo.
Mi hermano fue un genio de las ideas, la narración y el humor, expresados en sus caricaturas, historietas y el cine de animación. Además era un actor natural e imitaba voces a las mil maravillas.  Generaba ese tipo de ideas que uno dice asombrado “eso solo se le puede ocurrir a él”. La creación y desarrollo posterior de Elpidio Valdés es expresión de su inmenso talento, el cual supo unir al oficio de los diferentes medios donde incursionó, y lo impregnó de una cubanía nunca antes vista. 
Las historias de Elpidio Valdés son tan originales como bien contadas. En todo, en los dibujos, los diálogos, los diseños de cada escena, los detalles de los uniformes, las armas; la caracterización de los personajes. Los chistes son su especialidad: anticipados, sorpresivos, en suspenso o en cadena, sacados del argot popular, y de apoyo a mensajes puntuales, como diferenciar al soldado español de sus oficiales, o para criticar la actuación de los empresarios y funcionarios norteamericanos en nuestras guerras de independencia.
Decía Cesar Vallejo que “todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él” Y mi hermano es ese genio apropiado por el pueblo, el cual repitió sus chistes adaptados a la vida cotidiana; y creador de un personaje que muchos niños piensan fue un patriota real de la guerra ¿Qué premio puede ser mayor?

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En casa de Cayamba - Baracoa, feb de 1989

miércoles, 12 de agosto de 2020

S.O.S. Natura


El río había muerto y mi pueblo se desmoronaba, las casas se venían abajo y la campana de la iglesia, tirada en una de las calles, nos sorprendía con su aterrador silencio. Todos corrían despavoridos e iban cayendo uno tras otro como paralizados por un rayo invisible.

Bajo el puente, una masa verde y pestilente acechaba cada movimiento y, al mirarla, nos invadía el dolor mientras el calor castigaba la carne. El miedo esperaba en cada recodo y todos gritaban a una voz: —¿Dónde está?, es imposible vivir sin él.

De repente todo quedó inmóvil; hasta la pestilente sustituta detuvo su andar cuando una voz que provenía de lo alto, quizás del principio de la vida, contestó: —Aquí, en la cima del mundo; fui olvidado por ustedes; ¿qué desean de mí?

Y entonces todos lloraron, las cabezas pegadas a la tierra y los brazos extendidos hacia la eternidad. Supieron el significado de su amor hacia esa agua que, más que eso, era la causa de la existencia del pueblo y llevaba en ella el polvo de sus muertos y la historia de sus vidas.

De vergüenza se llenaron las calles y el arrepentimiento desbordaba las aceras. Cayeron muchas lágrimas, fueron años de llorar sin consuelo, vivir sin alegría ni energía que los guiara. Y las lágrimas se fueron acumulando, colmando el verde amasijo que, poco a poco, iba desapareciendo ante tanto dolor concentrado en el sufrido líquido.

Una noche, un murmullo casi imperceptible comenzó a escucharse. A medida que trascurrían los minutos se iba tornando en una suave melodía que hizo a los hombres abandonar sus casas y correr hacia el puente.

Al mirar hacia abajo contemplaron la hermosa Luna reflejada en las aguas del río, de nuevo allí. Todos rieron y se abrazaron felices y juntos prometieron guardar el primer mandamiento: Amarás al río como a ti mismo. Y así los niños volverían a correr alegres por las calles y renacería la esperanza en todos los corazones. Ahora podíamos estar seguros que se haría de nuevo la luz y todos viajaríamos en las límpidas aguas hacia la eternidad.

Por eso cada día al regresar de mi viaje, detenida en uno de los puentes, miro las aguas que no dejan de acariciar el fondo. El fuerte olor a tierra húmeda lo envuelve todo y me ratifica que ya estoy en casa. Los árboles se inclinan ante la presencia del milenario sin que él desvíe su curso a pesar del gris que lo rodea, cual si todo fuera pequeño a su alrededor.

—¿Qué enorme fuerza lo guía?

La fuerza de la vida, esa que nos trasmite al contemplarlo, la energía que nos vuelve gigantes, pero convierte en niños a los ancianos y sana las dolencias del cuerpo y el alma. Esta fuerza es un cúmulo de detalles que conforman el total y cuando fluye por nuestro interior olvidamos a las personas con los rostros vacíos y el corazón anhelante, pues nos obliga a caminar hacia la aurora que nos reclama desde el nuevo día, con sus colores diversos y el Sol pugnando por salir. Y así, nos va trasportando hacia atrás en el tiempo, al inicio del amor, donde podemos sentir el infinito placer de estar vivos y camino de la luz

Aimé Posada García
San Antonio de los Baños
20 de Octubre 1993