domingo, 7 de noviembre de 2021

Modelación de procesos sociales: arma principal del enemigo

Por Ricardo J Machado

El tema está situado en el campo de la Simulación Social (llamada SIM-SOC.) Una disciplina que hace algunos años se enseña en muchas universidades de países del norte y del sur. Se trata de un híbrido entre las matemáticas, las técnicas de computación y las ciencias del comportamiento –principalmente Sociología y Psicología, entre otras–. Su objetivo es modelar y someter, mediante regulación, los procesos sociales, seleccionando previamente un conjunto de variables. Lo aplican tanto a la previsión de las crisis financieras como a las epidemias y otros procesos sociales. Si Ud. entra en Google, va a encontrar no pocas fuentes bibliográficas en inglés, alemán y algo en español.
 
La asignatura SIM-SOC comienza a impartirse en las universidades españolas en 2012. Incluso pueden encontrarse videos en You Tube sobre Ingeniería Social, que es otra denominación para lo mismo. Fue lo que aplicaron el 11 de julio y les salió bien. Hay que estar ciego para no verlo. Lo hicieron también con el presidente, en la CELAC. Algún tiempo antes, los operadores orientaron a Lacalle Pou que se aprendiera las estrofas de Patria y Vida. Unos días antes de la CELAC, Claver Carone, presidente del BID, puesto por Trump, se reunió con los presidentes de Uruguay y Paraguay, y otorgó créditos millonarios a ambos jefes de estado. Ya circulan por YouTube videos que denuncian, con los datos correspondientes, sobre el evidente soborno (ver la emisión del Youtuber argentino o mejicano del canal denominado El Chapucero).
 
Todo programado y bien pensado, y nosotros detrás del madero. La subestimación de la sociología y la psicología la heredamos de la politología soviética, según la cual eran ciencias burguesas, igual que la cibernética, y que por lo tanto no había que estudiarlas ni priorizar su desarrollo. Sin embargo, son ciencias decisivas para lograr un nivel satisfactorio en los niveles de gobernabilidad y la eficiencia del buen gobierno. El enemigo preparó un paro (fallido) el 12 de octubre (era un pilotaje para probar fuerzas, recoger datos y modelar lo del 15 de noviembre). Expertos de alto nivel en ciencias sociales están monitoreando todo esto. Dejan muy poco a la casualidad.
 
Algunos recordarán cuando, en etapa previa a la administración de Obama, la oficina de intereses de USA repartió planillas entre los estudiantes de la universidad para pasar cursos en universidades norteamericanas. Fueron unos cuantos autorizados y otros que no. Al regreso hablé con algunos de ellos. Pregunté sobre el contenido. Nada de Marketing, ni de las ventajas del capitalismo. Los alojaron en casas de familias norteamericanas media alta. A los hijos de los médicos en casa de médicos, para que vieran el nivel de vida de un galeno yanqui. El entrenamiento fue sobre liderazgo. También un proceso bien modelado; aprenden las técnicas para influír en el comportamiento de otros, el debate y el intercambio de ideas.

Son muchos los países que tienen centros de desarrollo para líderes. Nosotros no le hacemos mucho caso a eso; son “técnicas capitalistas que dañan la mente de las personas”. Pero eso mismo le enseñaron los jesuitas a Fidel cuando lo incorporaron al entrenamiento en el club de oratoria y debates del colegio de Belén, desde tercer año de bachillerato. Dentro de Cuba hay unos cuantos preparados allá con esas técnicas. Me pregunto cuántas de estas semillas tóxicas tienen sembradas en la sociedad cubana y cuantos participaron en la preparación del 11 de julio. No intento explicar el 11j a partir de que todos los participantes estaban manipulados. Probablemente estos eran una minoría y muchos fueron espontáneos. Sería una simplificación de mi parte.

Si analizamos el evento con este enfoque, se pueden Identificar 14 variables (*). Cuatro de ellas del entorno. Como ya algunos han señalado, la presión mediática del enemigo por las redes de una parte y de otra la desidia, ineptitud e indiferencia de no pocos directivos territoriales, que es también una variable que ellos monitorean. Hay que añadir, en nuestro caso, el stress sostenido por la pandemia, las colas y los apagones. Todo ello funcionó como una caja de resonancia para los disturbios. Una tormenta perfecta.

En la sección de Granma Cartas a la dirección, cada 6 meses publican una lista de las entidades que no se dignan a contestar las quejas de los ciudadanos. Son unas 25 cada semestre, de las cuales más de la mitad son los gobiernos territoriales. Así durante años. Hubo un efecto acumulativo de indiferencia gubernamental. Recuerdo ahora una conocida historia plena de sabiduría china. Cuenta que el emperador designó un ministro para que atendiera las quejas de los ciudadanos. A los pocos días fue el ministro el que se quejó al emperador: “No tiene sentido mi trabajo”, le dijo, “no podemos resolverles sus problemas”. A lo que el emperador contestó: ¨No te puse para que resolvieras sus problemas; ellos necesitan ser escuchados y eso ya es bastante”.

A todo esto, hay que sumar nuestro macro error: la demora por lo que teníamos que haber comenzado hace 10 años. Si lo hubiéramos terminado, nuestra situación sería otra. Pero no tiene sentido seguirlo mencionando; hay que pasar página y concentranos en los desafíos que tenemos por delante.

Hace años, navegando por Internet, encontré inesperadamente unas declaraciones de la actriz francesa Catherine Deneuve contra Cuba. Al rato otra del Harvey Keitel, un protagonista del padrino, repitiendo lo mismo. Poco después encontré el dato que explicaba el hecho. Resulta que los extremistas de Miami habían recibido apoyo financiero para contratar una importante empresa publicitaria neoyorkina, para que armara una campaña de descrédito contra Cuba (lo que debiera investigarse al detalle). Es decir, personal científico especializado. El redactor de la nota acotaba que era un hecho sin precedentes. Nunca antes se había contratado una agencia publicitaria para desprestigiar un país. Cambiaron la promoción de jabones y perfumes por el envenenamiento de la opinión publica contra Cuba. Pues en eso llevan décadas y lo han seguido haciendo. Todo se basa en el uso intensivo de las ciencias del comportamiento, las que tienen que ver con las complicadas interacciones entre las ideas y los sentimientos humanos. Cambridge Analitical y el Big Data. 

Esta vez tienen una modelación bien estructurada para regular el desarrollo de la marcha con el enfoque de jaque doble. Si el gobierno dice que no –que es lo que ellos esperan y desean– ya está preparada cuidadosamente la macro-campaña mundial, para aprovecharla al máximo.  Probablemente tienen ya los titulares y los artículos de opinión de decenas de periódicos de varios países. Si el gobierno dice que sí, también tienen otra campaña igualmente elaborada, con las imágenes que necesitan, incluso con gente con mochilas llenas de piedras para ejercer violencia y provocar la intervención de la policía. Es una emboscada. 

Recuerdo que Fidel señaló en una ocasión, con mucho tacto, como una de las limitaciones del Che, que no valorara la importancia del papel de la astucia en la confrontación con el enemigo. El rigor de su ética espartana se lo impedía. Sin embargo, la astucia es un decisivo componente táctico en la guerra. Y en eso estamos: en una guerra con todas las de la ley, y hay que utilizar todos los resortes.

Si me pidieran una breve definición de la astucia, diría que es engañar sin mentir. Es lo que hacía Máximo Gómez por las noches, rodeado por un pequeño grupo de soldados, cuando mandaba a encender decenas de fogatas para que el enemigo creyera que eran cientos. También hacía como que iba para un lado e iba para otro, siempre haciendo lo que no se esperaba. Fidel lo hizo muchas veces. El enemigo, repito, tiende una emboscada para la marcha de noviembre. No se trata de que nuestro gobierno no intentara regular la situación en julio. Lo hizo cuando dio la orden de no disparar, e incluso recogió las armas. Pocos países harían esto de dejar indefensos a los custodios de la seguridad pública. Sin embargo, algo falló. Un agente policial perdió el control y disparó sobre la manifestación. Lograron lo que querían: un cadáver. Ya lo tienen, y unos cuantos heridos. No obedeció la orden y su actitud nos ha ocasionado no poco daño. La posterior declaración de la Unión Europea lo aprovechó al máximo.

Necesitamos aprender a modelar de manera integral; no basta hacerlo solo con variables restringidas. El dilema para la dirección cubana no es sencillo sino muy complicado. Aquí la tozudez, la arrogancia y el temor a parecer débiles no son buenos consejeros. Es un asunto del poder inteligente: no hacer lo que ellos esperan. Un tema de creatividad y astucia: romper las reglas, hacer algo distinto, inesperado. 

La zona escogida para la manifestación, el Prado y El Capitolio, es zona aledaña a sectores vulnerables, con personas irritadas. Muchos se incorporarían para seguir una agenda propia. Eso lo tienen pensado los manifestantes. Lo programan con seis semanas, vista para preparar la opinión internacional. El mundo nos estará mirando ese lunes 15 de noviembre. El enemigo está apurado e intenta forzar el desenlace. Sabe que la vacunación avanza y dará resultados. Se abrirá el turismo y venderemos millones de vacunas cubanas. Y de nuevo nos escaparemos. Estamos contra reloj y el tiempo huye.

Seguro podemos esperar que la dirección del país disponga de un laboratorio de pensamiento –con las personas adecuadas– para enfrentar este nuevo reto, para encontrar una variante que descoloque al enemigo.
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(*) Con motivo de los sucesos del 11 de julio redacté una memoria técnica, que es un texto no exactamente de opinión sino una densa y cargada síntesis sobre la modelación social, con enfoque científico, no apropiado para el perfil de Segunda Cita, que se publicará en las redes la semana próxima.  Si a alguien le interesa, envío el link.

jueves, 4 de noviembre de 2021

El príncipe

Por Raúl Roa Kourí

   Nos conocimos en Nueva York, en algún momento de 1958. Yo cursaba estudios de Psicología Social en Columbia University y Pablo, quien me precedió en esa institución, se hallaba en la ciudad con Maruja y su primogénita recién nacida, María Angélica, conocida hoy por todos como Geca. Los miércoles solía ir yo al Hotel París,  donde residía mi cuate Andrés Iduarte, (autor de la extraordinaria obra “Martí escritor” y de “Un niño en la Revolución Mexicana” —entre muchas  otras— y gran amigo, con su esposa Graciela, de mis padres desde su encuentro en 1945,)  para juntos  cenar en el Jai Alai, restaurant vasco sito en las calles de Bank y Bleeker, cercanas al Greenwich Village.

   Ese día, llegué alrededor de las 7 pm y me abrió la puerta un joven de abundante pelo castaño, bigote y barbilla. Andrés tomaba su baño y no podía recibirme de inmediato. Nos presentamos. Raúl, me dijo, soy Pablo Armando Fernández y sé mucho de tí por Iduarte. Ah, repuse, tu eres el poeta cubano de quien me ha hablado también Andrés. Gusto en conocerte.

   Como a las 7 y media, ya Iduarte eleganteado, fuimos los tres en el subway hasta la estación próxima al restaurant, donde cenamos opíparamente, escanciando un agradable vino blanco de las Bodegas Bilbaínas, predilecto del profesor. Charlamos mucho y Andrés narró anécdotas de su encuentro con mis padres y conmigo en el año cuarenta y cinco, cuando Roa era becario de la Fundación Guggengheim en Columbia, donde debía investigar sobre el Nuevo Trato del presidente Frankin D. Roosevelt y escribir un libro al respecto. Ada Kourí, mi madre, haría una especialidad en diabetología en Cornell y yo cursaría el cuarto grado en el Horace Mann School, colegio donde aplicaban métodos de enseñanza watsonianos.

   Roa e Iduarte asistían todos los jueves al seminario que dirigía Frank Tannembaum sobre América Latina, en compañía de Germán Arciniegas, Francisco García Lorca (hermano de Federico y yerno de don Fernando de los Ríos), Karl Bronner  y varios alumnos que hacían su posgrado en la materia. Era de origen austriaco y furibundo antimarxista y antisoviético, que no era el caso de mi padre —marxista convencido— ni de Iduarte que, empero, sí eran  antiestalinistas, al igual que García Lorca. Arciniegas, como Bronner, era, más cercano a Tannembaum.  

   Terminado el seminario, Andrés, Roa y Raúl Gutiérrez Serrano —santiaguero simpático y buen sonador de tumbadora, que me enseñó a tocarla— iban a tomar  un roncito a un bar sito en Broadway, casi llegando a la Calle 110, al que nombraron Taberna del Greco. En casa de Iduarte disfrutamos copiosos manjares mexicanos preparados por Graciela: pastel azteca, panuchos, tacos de cochinita pibil, mole poblano y otros más, aparte de tequila reposado y siempre algún buen vino español.

   Pablo Armando y yo reíamos las anécdotas de Iduarte, incluida aquella del caballero matón, como se llamaba él mismo por haber sostenido un duelo en Tabasco, en defensa del honor familiar, donde el ofensor había resultado muerto; y con la de aquel profesor de primaria que le ponía el índice en el pecho y le decía: Andresito, eres un niño conspicuo y circunspecto, y  lanzaba un sonoro cuesco. 

   Recuerdo, asimismo, que coincidí con Pablo Armando, Maruja y Geca, de unos meses y a quien llevaban en un zurrón, en casa de un amigo español de Iduarte. Andrés dialogaba con una pareja francesa, los señores Coulomb, cuando se acercó Pablo. El profesor tabasqueño —a quien le molestaban los aires de superioridad del franchute— los presentó, con toda picardía, como el Sr. Coulomb… ¡y la Sra. Culona! Menuda carcajada se nos escapó a quienes lo escuchamos. No sé si el matrimonio, que no dominaba nuestra lengua, se percató de la terrible broma del ilustre escritor.

    Continué mi amistad con Pablo Armando en Cuba, después del triunfo de la Revolución, aunque mi estancia en el servicio exterior espació nuestros encuentros. Le visité en su casa de la Calle 20, donde celebramos incontables cumpleaños con sus hijas e hijo, y la insustituible Maruja, siempre atenta, risueña y amable. Varias veces, en París, le tuve como huésped en nuestra casa de Vaucresson. Recuerdo una noche en que, tras abundante cena, nos sentamos en el suelo a beber Armagnac y a escuchar a Pablo decir sus poemas, o hablar de su más reciente novela, publicada hacía poco en La Habana. Me pidió leer alguno mío, pero como siempre he sido “poeta vergonzante”, me limité a decir uno que recordaba de memoria. Príncipe, me dijo cariñosamente, tú no lo crees, pero eres poeta. Ni me lo creí entonces ni me lo creo ahora. (Eliseo Diego me alertó, tras leer un “librito” mío de supuestos poemas, que  me veía poeta en los discursos ante la ONU y en la Comisión de Derechos Humanos, a la que asistió en una ocasión con Lisandro Otero. Tomé debida nota.)

   Todos conocen a Pablo Armando Fernández a través de sus libros y publicaciones, al intelectual destacado que representó brillantemente nuestras letras en todo el mundo, al Consejero Cultural en Londres, al dirigente empeñoso de la UNEAC y director de la revista Unión, al hombre comprometido con los valores más altos de la Patria, con la Revolución y con Fidel, de quien celebró el aniversario en su casa de Cero, en ausencia de éste muchos 13 de agosto, hasta que una noche llegó el Comandante y la fiesta fue más grata aún.

   No ignoro ni desestimo todo esto, pero quiero recorder aquí al amigo entrañable, al padre ejemplar, al compañero amoroso de Maruja, al viajero incansable, al coleccionista de almas, piedrecitas que iba recogiendo en los distintos países que visitaba. Lili y yo le trajimos sendas piedras rescatadas al pie de las tumbas de sus amados Pablo Neruda y Vicente Huidobro, en Chile, en el año 2013. Pero mucho antes, en un pequeño pueblecito cercano a Civitavecchia,  mientras Pablo buscaba “almas,” una paloma dejó caer un huevo en la solapa de mi traje, que los amigos italianos consideraron de buen augurio y el poeta, muerto de risa, pensó que era algo menos decoroso. Nunca olvidamos la ocurrencia, que recogí en mi libro Memoria de mundos varios.

   Ya no tendremos la dicha de encontrarnos en su casa o la nuestra, de reirnos con sus comentarios intencionados y aprender de su enorme sabiduría. El Príncipe nos dejó, silencioso y humilde, pero con su voz mágica resonando en nuestros corazones, hace apenas unas horas. Sus amigos, familiares, admiradores, nuestro pueblo, en fin, le tendrá siempre el cariño y respeto que merecen los hijos grandes de la patria.

4 de noviembre de 2021

4 poemas de Pablo Armando Fernández

Parábola

Mi madre quiere que yo sea feliz, quiere

que yo sea joven y alegre;

un hombre que no tema al paso de los años,

ni tema a la ternura y al candor

del niño que debiera ser

cuando voy de su mano y la oigo repetirme

–para que no lo olvide– éstas y otras nociones.

Mi madre no quisiera avergonzarse de mí.

Mi madre quiere que no mienta, quiere

que sea libre y sencillo.

No quisiera verme sufrir,

porque el miedo y la duda

son males que padecen los adultos,

y ella quiere que yo sea su niño.

Cualquiera que nos viese

no la comprendería: en edad coincidimos

–no quiere que lo diga–,

aunque ella me dio vida

cuando tenía los años que tengo hoy.

Podríamos ser hermanos, ella un poco mayor.

Podríamos ser amigos: su memoria y la mía

corresponden a un tiempo en que ambos fuimos jóvenes.

(Yo era menor, pero recuerdo verla cantar feliz

entre sus hijos, compartir nuestra infancia).

Mi madre quiere verme luchar a toda hora

contra el dolor y el miedo.

Sufriría si supiera que a mi edad,

la de ella entonces cuando me dio a la vida,

yo soy su viejo padre y ella mi dulce niña.

 

Aprendiendo a morir 

Mientras duermen mi mujer y mis hijos

y la casa descansa del ajetreo familiar,

me levanto y reanimo los espacios tranquilos.

Hago como si ellos –mis hijos, mi mujer–

estuvieran despiertos, activos

en la propia gestión que les ocupa el día.

Voy insomne (o sonámbulo) llamándoles,

hablándoles;

pero nadie responde, nadie me ve.

Llego hasta donde está la menor de mis niñas:

ella habla a sus muñecas, no repara en mi voz.

El varón entra, suelta su cartapacio de escolar,

de los bolsillos saca su botín:

las artimañas de un prestidigitador.

Quisiera compartir su arte y su tesoro,

quisiera ser con él. Sigue de largo:

no repara en mi gesto ni en mi voz.

¿A quién acudo? Mis otras hijas ¿dónde están?

Ando por casa jugando a que me encuentren:

¡Aquí estoy!

Pero nadie responde, nadie me ve.

Mis hijas en sus mundos siguen otro compás.

¿Dónde se habrá metido mi mujer?

En la cocina la oigo; el agua corre,

huele a hojas de cilantro y de laurel.

Está de espaldas. Miro su melena,

su cuello joven: ella vivirá…

Quiero acercármele pero no me atrevo

―huele a guiso, a pastel recién horneado―:

¿y si al volver los ojos no me ve?

Como un actor que olvida de repente

su papel en la escena,

desesperado grito:

¡Aquí estoy!

Pero nadie responde, nadie me ve.

Hasta que llegue el día y con su luz

termine mi ejercicio de aprender a morir.

 

Suite para Maruja

I

La primavera, dices, y escojo madreselvas,

geranios y begonias.

A casa vuelves con los pies mojados,

la falda llena de guisasos ásperos.

Verbenas sin olor en los cabellos

y, entre las manos, romerillo y malvas.

Dices, el aire, y cierro las ventanas,

busco el sillón más próximo a la esquina

donde libro y lámpara me esperan.

Y el aire es la mañana del sol, blanca,

la loca expedición de las hormigas,

pájaros y caguayos de astuta, fina lengua.

Tu canto por el patio saliendo del brocal,

los baldes y las piedras.

El sol, dices tranquila, y presuroso escalo

los templos más antiguos. Arenales recorro.

Duermo a la sombra ámbar de un dátil.

Y el sol es la ventana limpia donde te acodas,

sueltos la blusa y el cabello,

y es el camino al mar los viernes de la Pascua;

recoger gajos santos que ahuyenten los ciclones;

café que huele a cuaba ardiendo y sabe a madrugar

de plátanos, anones y ciruelas.

Son mis brazos ciñendo tu cintura

sin que lo sepa yo.

Y cuando dices es la noche, sueño

con países que anduve,

a los que vuelven mis pisadas

lentas y oscuras, para recobrarte.

Pero la noche no es lo que me pone

el corazón a repartirse en tiempos

que fueron míos. Pues la noche es tu voz

conversadora, tu voz que quiere ser

una palabra sola.

II

Cuando anochece espero

confiarte de una vez todo el espanto

que hay de día en mi pecho.

No es obsesivo gusto por la vida

plena del dios sin tiempo;

ni es el miedo a perder

el poder y la magia del poeta:

miedo a la muerte y al olvido.

Lo que me pone el corazón pequeño

cuando anochece y estoy contigo, a solas,

es oírme las dóciles palabras

que te ocultan que miento

cuando te digo que aún no tengo miedo.

III

Casi siempre y solos,

en el portal hablamos, claro, los dos,

(o en la cocina, que es igual)

de los amigos; sus nombres son palabras

que yo elijo como quien gusta

de una flor o de un fruto: una joya remota

que tú guardas, amor.

Tú, misterio inacabable

que juntas, hora a hora, mi ser

disperso entre recuerdos que no hemos compartido.

Nombres inalcanzables que el niño rememora

en una adolescencia fugaz.

Me desconcierta haberlos olvidado.

Nombres presentes, míos de hoy, huyendo,

ruidosos, en silencio,

a nuestra soledad.

Nuestra.

Yo me duelo. ¿Sabes?: los días nos corroen.

¿A quién hablar? ¿A quién el corazón

darle de par en par?

Sufro, hasta que tu remansas mis sospechas

contándome una historia

de niños malos que resultan buenos

y niños buenos que la historia infama.

IV

En voz baja decir, amor, tu nombre,

junto a ti, a tus oídos, a tu boca.

Y ser ese animal

feliz que junta sus mitades.

En voz baja o sin ella, muda

la boca revertida a su unidad:

silencio inaugural que a verbo y carne

otorga nueva vida.

Los ojos, ciegos, de regreso al todo:

luz revelando mundos

como fueron o son, como serán.

Vueltos a ser alegría del otro,

uno consigo mismo en compañía.

Una vida otra: la tuya; tan amada.

Volver a ser origen sin tristeza

o dolor, sin miedo, sin nostalgia o con ellos;

tú y yo, nuestros recuerdos y cenizas.

 

Lo que sé

Yo que he hablado en lenguas

Conozco la piedad que mora en las palabras:

Llovizna, asilo, hospital, penumbra.

Conozco la aflicción

que estas palabras ponen en el ánimo.

El fervor de conocer al triste.

Yo que lo sé,

Que he sido pobre, extranjero, sombrío.

Sé también que hay que humillarse

más allá del ruego,

hacia la sangre hasta dejarla limpia,

hasta sentir su transparencia

cuajada en la mirada,

hasta poder mirarle el rostro a la inocencia

Pablo Armando el 13 de febrero de 2006 (13:30)
 

 Fuente: https://www.isliada.org/poetas/pablo-armando-fernandez/