sábado, 2 de enero de 2021

Protección Animal en Cuba: de lege ferenda

CONSIDERACIONES SOBRE EL FUTURO DECRETO-LEY DE BIENESTAR ANIMAL

 

“Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa.”

Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu

 

      “¿Qué vale que la ley tenga un espíritu, si tienen otro los encargados de realizarla?”

José Martí

 

 “La capacidad sensitiva, unida al derecho de todo ser vivo a que sean considerados sus propios intereses, son condiciones que justifican la necesidad de fundar una ética verdaderamente universal e igualitaria capaz de crear unas nuevas bases para la convivencia de todos los seres vivos que habitamos en el planeta.”

Ana D. Verdú y José Tomás García

La ética animalista y su contribución al desarrollo social

 

Lic. Alan A. González Consuegra

I

1.  Quise titular este segundo artículo con la voz jurídica latina de lege ferenda, que significa o puede entenderse como futura reforma o propuesta de ley. En el caso que nos ocupa hablamos de la propuesta de Decreto-Ley de Bienestar Animal que deberá ser aprobada el próximo mes de febrero según ajuste en el cronograma legislativo de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP).  

2.  Antes de hacer cualquier referencia sobre los temas que debería disponer la futura normativa cubana de bienestar animal, me detendré en su cuestión espiritual. Tan o más importante que las normas que contendrá el Decreto-Ley es, a mi juicio, el espíritu que hay detrás de todas ellas y que habitará ese cuerpo legislativo como expresión y testimonio de la voluntad de sus redactores. 

3.  En De l'esprit des lois, una obra que tardó veinte años en ser redactada y es fuente primaria de estudio del Derecho contemporáneo, Montesquieu nos habla del espíritu que a su juicio tenían los diferentes tipos de leyes que rigen las relaciones de los hombres. Llamó espíritu a la intención, las aspiraciones y los objetivos diversos que motivan la creación de las leyes, eso que hoy podemos identificar también como parte de una voluntad política determinada o de un interés económico o social, y que en la doctrina contemporánea constituyen, entre otras, fuentes del Derecho.     

4.  Aunque a la luz actual denominar espíritu de la ley a todos estos factores que convergen como parte de una realidad que necesita ser regulada jurídicamente pudiese resultar innecesariamente metafórico, a inicios del siglo XVIII francés, en aquel mundo, era algo realmente revolucionario, como lo fue la Revolución que dio fin al Ancien Régime. No obstante, y hablo también metafóricamente, las leyes cuando son bien concebidas tienen un espíritu que debe ser manifiesto, que no es más este que la intención del legislador.

5.  El anteproyecto de Decreto-Ley de Bienestar Animal que actualmente elabora un grupo multisectorial bajo la conducción de la Dirección de Sanidad Animal del Ministerio de la Agricultura (MINAG) para ser sometido a la aprobación del Consejo de Estado, no escapa de esta lógica. Quienes tienen la misión de redactarlo pretenden de esta forma llenar una vasta laguna normativa existente en nuestro ordenamiento jurídico, al tiempo que es atendido un amplio reclamo in crescendo en nuestra sociedad a favor de la protección animal, siendo la primera vez que la nación pueda disponer de una extensa, armónica y sistematizada legislación protectora de los animales.    

II

6.  El Código Sanitario para los Animales Terrestres de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), en su capítulo 7.1, artículo 7.1.1, define al Bienestar Animal como “el estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en las que vive y muere.”, luego ahonda en este particular a través de la ejemplificación de esta definición, relaciona “las cinco libertades”, reconocidas en la Declaración Universal del Bienestar Animal (DUBA),  y posteriormente aborda los principios básicos o generales que rigen las recomendaciones específicas para el manejo de los animales en este sentido.

7.  La OIE, una organización intergubernamental con 96 años de existencia y creada para controlar y prevenir internacionalmente las enfermedades de origen animal, ha devenido la máxima autoridad mundial en cuestiones de bienestar animal. Las preocupaciones comerciales sobre el tráfico de animales y las enfermedades que se podían trasladar de un país a otro, estuvieron entre las principales razones de su surgimiento. Ha moldeado la seguridad sanitaria del comercio internacional a través de reglas sanitarias sobre los intercambios de animales o productos de origen animal entre los países.

8.  En el Corpus Iuris Civilis del emperador Justiniano, 529 D.C, ya se infiere una particular consideración hacia los animales cuando dice: “El derecho natural es aquello que es dado a cada ser vivo y que no es propio al ser humano”. O sea, se considera al animal no humano como poseedor también de un derecho natural. Cuestión no exenta de polémica y de suma importancia puesto que el derecho natural es una doctrina jurídica y filosófica base del derecho contemporáneo. Quizás el espíritu de esa norma, elaborada en la entonces Bizancio, luego Constantinopla y actualmente Estambul, haya perdurado hasta nuestros días en la idiosincrasia de las gentes que habitan la urbe turca, conocidos por ser históricos protectores de los felinos y canes citadinos.

9.  Y es que, salvando las limitaciones de cada época, siempre han existido personas con una conciencia ética superior que les ha permitido ver a los animales como los seres vivientes y sintientes que son. Han sido estos hombres y mujeres los que han sentado los precedentes de la corriente proteccionista de los animales que llega consolidada hasta nuestros días. Pienso en Pitágoras y su postura filosófica ante los animales; pienso en la ética cristiana base de la civilización occidental cuando se nos dice en Proverbios 12:10: “El justo está cuidando del animal doméstico, pero las misericordias de los inicuos son crueles”; pienso en San Francisco de Asís y su paradigmático poema Laudato Si; pienso en la bula Salutis gregis dominic del Papa Pío V, con la cual se prohibían las corridas de toros bajo pena de excomunión en fecha tan temprana como 1567; pienso en John Locke advirtiendo sobre el efecto perjudicial de la crueldad hacia los animales en el desarrollo ético de los menores y su posterior interacción con los seres humanos, en su obra Some Thoughts concerning education de 1693; pienso en Jeanette Ryder fundando el Bando de Piedad en La Habana de inicios del siglo XX ante la incomprensión y las burlas de aquellos que no podían ver con el corazón el auxilio que la estadounidense le brindaba a los pobres niños desamparados y a los animales vagabundos; pienso también en el sentido panegírico que hizo José Martí sobre Henry Bergh, precursor de la protección animal en los Estados Unidos de América, en carta al diario argentino La Nación en 1888Martí era y es hombre de tiempos futuros, perenne inspiración y anhelo de perfección del pueblo cubano.  

10.         Fueron ingleses los primeros en establecer leyes que protegían a los animales en la modernidad. Fue en la Inglaterra victoriana donde el movimiento de protección animal alcanzó mayores grados de desarrollo, permeando estas ideas las culturas y las legislaciones europeas y norteamericanas, a contrario sensu de la realidad española. Al histórico atraso cultural y tecnológico que tenía el imperio español con relación a otras naciones occidentales, súmesele un siglo XIX caracterizado por crisis internas de gobernabilidad y la independencia de sus colonias americanas, dejando poco o ningún espacio para que prosperara un movimiento proteccionista animal en España como sucedió entonces en el Reino Unido de Gran Bretaña o en los Estados Unidos de América. Atraso cultural y legal en estas cuestiones que se extendió hasta la “siempre fidelísima Isla de Cuba” a pesar de la resistencia que hicieron los criollos a no pocas de las crueles prácticas de los españoles hacia los animales, y que llegan a nuestros días. 

11.         El Decreto-Ley que se apruebe deberá recoger explícita o implícitamente la postura a la que se afilie Cuba con relación a la conceptualización de la categoría jurídica de animales no humanos, para lo cual existen tres posiciones doctrinales predominantes: a) reconocerlos como sujetos de derecho, similares a las personas naturales o jurídicas; b) seguir reconociéndolos como objetos de derecho, o sea, como cosas o bienes corpóreos no diferentes a las maquinas; o c) reconocerlos como seres sensibles que no son cosas y que necesitan amparo legal y particular consideración. La futura norma debiese estar marcada por la tercera posición, lo cual sería coherente con la voluntad expresa de darles protección con la promulgación del Decreto-Ley y estaría a tono con la basta información científica al respecto.     

12.         El bienestar animal se ha consolidado como doctrina y práctica más extendida en todo el mundo con la aplicación de novedosos adelantos científicos-técnicos; ha significado un avance notable e importantísimo frente a la histórica concepción utilitarista y antropocéntrica del hombre en su relación con las demás especies, “humanizando” el trato que se les da, pero sin dejar de hacerlo desde una perspectiva igualmente utilitarista y antropocéntrica. Por sí solo no es suficiente ni da protección a los animales en las diferentes relaciones sociales, económicas, culturales, o de otra índole, de las que son objeto. Por otro lado, la elaboración, el alcance y la aplicación de las normas de bienestar animal dependen de la voluntad política, los intereses económicos y la conciencia social imperantes, dado que las normativas internacionales vinculantes en la materia solamente establecen pautas generales mínimas a seguir que son ajustables en cada Estado. Normas cuyo contenido parte fundamentalmente de conocimientos de las ciencias médicas veterinarias y la biología como: la zoonosis, la zootecnia y la etología, y se centran principalmente en el manejo, tenencia y cuidado de los animales domesticados por el hombre para sus diferentes usos.

13.         Asuntos como la bioética ante los derechos de los animales y su tratamiento normativo; la regulación de tradiciones históricas causantes de maltrato animal que subsisten en nuestras sociedades y demandan de consideraciones sociológicas, morales, políticas, entre otras; la caza y su impacto en el medio ambiente; la formación educativa en materia de protección y bienestar animal desde edades tempranas; las lides de animales; la debida y disímil protección jurídica que debe garantizárseles desde las diferentes ramas del derecho, etcétera, superan por mucho el ámbito del “estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en las que vive y muere” y sus interpretaciones utilitaristas. Por eso hay que entender el concepto de protección animal como complementario del de bienestar animal, con igual relevancia, lo cual importa tanto para el título como para el contenido de la norma, pues la protección debería signar el espíritu de cualquier normativa al respecto. El bienestar animal como concepto es consecuencia de la lucha histórica por la protección de los animales y de la voluntad de protegerlos en aspectos específicos de su vida.   

III

14.         No es factible pretender por esta vía comentar in extenso los asuntos que debería normar el anteproyecto. En declaraciones a la Agencia Cubana de Noticias (ACN) el director de Sanidad Animal del MINAG explicó grosso modo algunas de las cuestiones que estarán reguladas en la normativa que per seconstituyen un paso de avance importante en relación con la situación actual. Sin embargo, consideramos que existen varias cuestiones que no pueden quedarse fuera del Decreto-Ley, y la forma en que se aborden definirá su espíritu y alcance, son, a saber: la caza, las lidias de gallos, y el confinamiento de los animales en zoológicos y centros recreativos.  

15.         En el año 2019 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se hizo eco del Informe de Evaluación Global sobre Biodiversidad y Servicio del Ecosistema, de la Plataforma Intergubernamental Científico-Política en Biodiversidad y Servicio del Ecosistema (IPBES) donde se reconoce que el planeta está atravesando por la sexta extinción masiva de especies, con la particularidad de que esta es la primera resultante de la actividad del hombre. 

16.         Al gobernador interventor estadounidense en Cuba Charles Magoon se le debe, entre otras, la promulgación de la Ley de Caza de 1909 que fue parte del conjunto de normativas que implementó en la isla para su modernización con estándares estadounidenses. Resulta curioso e inesperado encontrar en la presentación que hizo a la Ley la comisión redactora -integrada por prominentes cubanos- una intención constante de proteger a la fauna silvestre con avanzados conocimientos conservacionistas, llegando a lamentarse incluso de no tener la disposición jurídica mayores restricciones a la actividad como la tenían la de “otros países más adelantados”. 

17.         Si en 1909, antes de que el cocodrilo cubano estuviese al borde de la extinción como resultado de su caza indiscriminada; de que los tiburones de arrecife de nuestras costas sufrieran similar suerte; y de que en África las poblaciones de leones y elefantes -por solo mencionar dos ejemplos- se vieran reducidas considerablemente en cuestión de tres décadas, los redactores de aquella Ley se preocupaban por el impacto de la caza en las poblaciones de las especies y las formas para reducirla a partir de un análisis bastante revolucionario, en el 2020, frente a la alarmante cifra de extinción diaria de unas cien especies aproximadamente a nivel global, en un planeta sometido a una crisis ambiental sin parangón y resultante de los desequilibrios ecológicos generados por el hombre en el último siglo; conociendo todo esto y siendo poseedores de un desarrollo científico-técnico que nos coloca en mejores condiciones para contrarrestar el daño realizado, ¿es moralmente correcto practicar la caza de animales como actividad “deportiva” o comercial? ¿Se puede calificar de sostenible o de conservacionista una actividad letal como la cinegética movida por el ego y la vanidad del hombre? ¿Por qué debemos seguir hipotecando el futuro de la nación por una actividad recreativa practicada por no más del 0,5 por ciento de su población? Un coto de caza en Cuba no es mejor que una granja sudafricana donde se realicen indignantes montajes de cacerías.

18.         Más polémica y evidente que la caza es la lidia de gallos, actividad que en los últimos ciento cincuenta años ha tenido alzas y bajas, amparo y desamparo legal, y menor o mayor rechazo. La práctica cruel y violenta de las lidias de gallos es un rezago del colonialismo español en Cuba como bien lo entendieron también en su tiempo el general Máximo Gómez y el coronel Manuel Sanguily; práctica que subsistió como único medio de entretenimiento en algunos poblados intrincados y aislados del país y que durante la República tuvo mayor auge por el apoyo que encontró en no pocos políticos oportunistas. Hablo de práctica y no de tradición pues su presencia social no es representativa de nuestra cultura ni de la idiosincrasia del cubano, y mucho menos tiene que ver con la identidad nacional, y si fuera el caso, ¿vale la pena apostar por la permanencia de una práctica sangrienta, que llama al delito y que fomenta la violencia en nuestra sociedad? ¿Acaso es coherente esta práctica con la sociedad virtuosa que aspiramos construir? ¿Son estos los valores que queremos perpetuar como cubanos? ¿Qué impide combatir y prohibir legalmente una práctica minoritaria que encuentra el rechazo en la mayor parte de la población, sobre todo de los más jóvenes?     

19.         Si bien la caza y las lidias de gallos constituyen un maltrato visible, los animales confinados en los zoológicos y en algunas instalaciones turísticas son víctimas de múltiples formas de maltrato que pasan desapercibidas para muchos; maltratos que van desde un mal manejo o cuidado del animal hasta el confinamiento en sí mismo, lo cual les provoca daños neuronales y psíquicos que se manifiestan a través de estereotipias, pues muchos de estos animales necesitan socializar con otros miembros de su especie y disponer de amplios espacios para su normal movilidad. Súmesele a esto el hecho de que los zoológicos en Cuba son vistos como centros recreativos donde no pueden faltar una “variada oferta gastronómica” y de esparcimiento. 

20.         Ante esta realidad abogamos por un nuevo tipo de zoológico, concebido como santuario de animales, en espacios abiertos, donde con visitas guiadas se promueva el conocimiento de las especies y se elimine todo aquello que nada tenga que ver con la educación y la conservación; instalaciones zoológicas que no sean administradas como unidades empresariales básicas y sí como centros científicos, educativos, ambientales. Es partir del modelo de parque zoológico introducido por Celia Sánchez y enriquecerlo, y dejar atrás el modelo de zoológico de jaulas y fosos como el de Nuevo Vedado que responde a otros tiempos.      

IV

21.         El desafío ambiental del mundo de hoy es mayor y pasa por el entendimiento de que el futuro de nuestra especie está indisolublemente vinculado al del resto de las especies del planeta. El bienestar es uno solo para animales humanos y no humanos; una sola salud es el concepto que toma fuerza por estos días de pandemia mundial. Esto implica un cambio de paradigma en nuestra relación con la naturaleza y, como es lógico, en las formas en que nos relacionamos con su fauna. Este nuevo enfoque que ya existe, debe extenderse y manifestarse en el espíritu de las políticas y normativas de nuestras sociedades. La corriente proteccionista de los animales ha estado siempre un paso adelante en la comprensión de este tema puesto que se inserta dentro del pensamiento vanguardista universal que, desde hace décadas y desde diferentes disciplinas, propone alternativas sustentables al status quo vigente. 

22.         El espíritu del anteproyecto de Decreto-Ley que se presente al Consejo de Estado debería ser esencialmente proteccionista, donde el legislador no sólo tenga en cuenta lo aplicable a la realidad nacional de los postulados defendidos por el movimiento por los Derechos de los Animales y lo más avanzado en cuestión de bienestar animal, sino que también debería redactar la normativa con un espíritu biocéntrico y antrozoológico; un Decreto-Ley que sea precedente normativo inspirador para el hombre del mañana, que para poder subsistir en esta isla o fuera de ella, deberá hacerlo a partir de modelos de desarrollo y de producción totalmente diferentes a los actuales y en un contexto donde la salud humana y la animal se imbrican cada vez más como consecuencia de nuestra intervención en la vida del planeta. La protección del medio ambiente, el enfrentamiento al cambio climático, la protección animal y el desarrollo sostenible, responden a intereses comunes que necesitan soluciones holísticas y transversales, no verlo así es un craso error que le pasará factura a las generaciones venideras.

23.         Cuba no ha logrado salir del proceso de “deterioro de valores morales y cívicos" exhaustivamente reseñado por el presidente de los consejos de Estado y de Ministros hace 7 años en la clausura del primer período ordinario de sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional. Vivimos en una sociedad estresada, donde se ha hecho común la presencia de la violencia no solo física, sino también del lenguaje y psicológica. La persistente crisis económica agudiza más este proceso involutivo social a pesar de los esfuerzos que se realizan desde varios sectores para enfrentarlo. Por tal motivo, cualquier modelo de desarrollo futuro en nuestro país debe tener presente como eje central una construcción ética y moral; el rescate de la cubanidad y la cubanía.

24.         El ejercicio de la caridad y la misericordia, ya sea hacia animales humanos o no humanos, es sanador y liberador, quizás sea la mejor terapia que pueda existir para el alma de las personas. Nuestra sociedad precisa de este tipo de terapias para que el alma de la nación sane y se fortalezca. Creo fervientemente en la capacidad sanadora que tiene fomentar el respeto y el cuidado de los animales, sobre todo en las nuevas generaciones, herederas naturales de la nación y del futuro que construimos. Pocas causas son tan nobles como la de proteger y evitar el maltrato animal; no por gusto atendía por igual el Bando de Piedad de La Habana el socorro de niños y animales.  

25.         Para poder tener Patria y un pueblo virtuoso hay que desterrar todo aquello que promueva la impiedad, ese es el camino, no otro. No podemos dar espacio en nuestra sociedad a prácticas violentas como las lidias de gallos, como tampoco se lo podemos dar a las peleas de perros. La violencia es una sola; no podemos seguir tolerando la caza y caer en el error de reproducir una mentalidad ajena al mundo que merecen vivir las futuras generaciones, un mundo que se comienza a edificar hoy, no mañana. Y si para construir esa mejor sociedad, ese mejor país, ese mejor planeta, hay que enfrentar también poderosas fuerzas dominantes dentro de nuestro ámbito social y nacional, entonces hay que hacerlo con la convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la de la verdad y las ideas, máxime cuando estas son justas y nobles. 

26.         El Decreto-Ley sobre protección y bienestar animal que apruebe el Consejo de Estado en febrero tiene el mérito de ser la primera disposición normativa cubana abarcadora sobre esta cuestión. Su alcance y trascendencia dependerá de lo visionarios que lleguen a ser sus redactores y de la voluntad política del Estado en este tema. Tienen nuestros legisladores, además, la ocasión de promulgar una norma que sea trascendente por los conceptos que utilice, las instituciones que cree o incorpore, y las malas prácticas que erradique. Es esta una oportunidad más para ejercitar la vocación que han tenido históricamente los hijos de esta tierra para hacer grandes cosas por su Patria y por la humanidad, ojalá sepan sacarle provecho.

jueves, 31 de diciembre de 2020

No es posible esperar a que los prejuicios se conviertan en consignas

No siempre resulta correctamente entendida la condición del intelectual y su tarea y responsabilidades en la sociedad. Esto suele provocar incomprensiones y aislamientos, agrios juicios y fáciles conclusiones. Para algunos se trata de un representante tardío de la burguesía o de sus concepciones y costumbres, para otros el prototipo de la amoralidad, y no faltan los que le consideran tácitamente un mal necesario, personaje siempre propenso al liberalismo en el orden ideológico, a la excentricidad en el de las relaciones sociales, y sospechoso por todas estas razones.

Las relaciones entre el intelectual y sus contemporáneos no pueden basarse en la sospecha. Solo hay un modo adecuado de abordar los problemas que le conciernen, y de resolverlos, no desde fuera, sino en el marco del respeto que todo ciudadano merece. Ese “modo” no es ni nuevo, ni inaccesible. Es muy simple y puede ser muy fácilmente resumido: hay que tratar de comprender. Y es evidente que esto no es imposible. Pero puede serlo también. Todo depende de la actitud que adoptemos y de la autenticidad de nuestro espíritu revolucionario. No es extraño encontrar compañeros que saben usar grandes palabras, repetir fórmulas y remitirse en última instancia a los intereses de la clase obrera y sus objetivos históricos. En algunas ocasiones las grandes frases y fórmulas encubren la más completa indigencia ideológica, y no deben faltar los casos —y no han faltado—, en que semejante oropel oculta el oportunismo, las actitudes amplificadoras o sectarias, o cuando menos una gran falta de humildad. Y son precisamente estas posiciones y actitudes, y la conducta y fraseología que de ellos se desprende, elementos que inciden para crear o sostener el clima menos propicio a la comprensión.

El revolucionario verdadero, o que siéndolo ha alcanzado un cierto nivel de desarrollo ideológico, se planteará los problemas que conciernen al trabajo creador, o debe aprender a hacerlo de muy diversa manera. Sería muy cómodo y tranquilizador abrir alguno de esos diccionarios de lugares comunes de la filosofía o la cultura —y ni la filosofía ni la cultura en su conjunto resultan del lugar común—, buscar en una página cualesquiera definiciones y recomendaciones, y aprobar de una vez por todas caminos que nos resultarían un tanto áridos abordados de otro modo. Pero el comodismo y los tranquilizadores no son propios de los revolucionarios, y mucho menos de su vanguardia. Por eso se hace necesario estudiar y conocer, discutir y profundizar, rechazar la sospecha como método y evitar las descripciones facilistas y caricaturescas, las excomuniones y en general una inútil batalla sin principios, que ya bastante daño ha hecho —y la historia contemporánea se encarga de probarlo— al desarrollo de la cultura y, particularmente, de sus manifestaciones artísticas en los países socialistas.

No debemos olvidar tampoco el grotesco y triste espectáculo que ofreció la filosofía marxista —centro de nuestra ideología—, exudada por la repetición durante los años del stalinismo cultural.

La primera cruzada, en el terreno de la ideología, debe librarse contra los papagayos y hay dos modos de hacerlo: denunciando el papagayismo, y desterrándolo de nosotros mismos. La experiencia viva, inmediata, de la revolución cubana, y nuestra condición de protagonistas nos arma excepcionalmente para ello. Nuestra revolución es en esencia, y por su presencia, una lección de antipapagayismo. Pero su objetivo no se define por ser anti. Se define por ser creativa, por buscar y desarrollar nuevas iniciativas incesantemente, y por hacerlo en estrecha conexión con el mundo real y transformándolo. También la revolución ha resultado para algunos demasiado excéntrica al salirse de ciertos cánones “clásicos”; no han faltado quienes confunden el valor y la audacia, consecuencias de una justa valoración de las circunstancias internacionales, con el aventurerismo hasta se da el caso de quienes dejan entrever sospechas de una floración liberal.

La creación es siempre una fuente de riesgos y exige un valor y una audacia especiales, y ese valor y esa audacia son parte de la condición misma de sus personeros, no importa que se trate de un investigador científico o de un explorador, de un militante revolucionario, o simplemente de un artista. La voluntad de enriquecer el mundo ampliando y haciendo más compleja su realidad, descubriendo internas conexiones y rompiéndolas y recreándolas, está presente en todos los casos. Y en todos la aceptación del riesgo es denominador común. Nada hay más parecido que un revolucionario y un intelectual, o lo que sería más exacto, el revolucionario es, según mi modo de ver, la más alta floración de la condición intelectual.

¿Por qué entonces este divorcio práctico, tanta ceguera y tan poca comprensión, y hasta hoy, voluntad de entender? ¿Por qué la sospecha se hace fácilmente ley en algunos ambientes y sectores, y es adoptada sin mayor reflexión, y se convierte en fuente de nuevas confusiones y prejuicios, de distancia, agresividad e incomunicación?

Los procesos revolucionarios no son cuentos de hadas, novelas rosa o fórmulas matemáticas. Ni la magia ni el folletín o el cálculo exacto y cronometrado tienen nada que hacer en ellos. La revolución derrumba altares, deja que otros se desplomen, y levanta los que puede y sabe construir, pero debe aprender nuevas técnicas, vivir convulsos períodos, quemar sus manos en la experiencia y crecer y alcanzar la dimensión y la profundidad que exigen sus búsquedas. No se trata sin embargo de sentarse a esperar, o de contribuir silenciosamente con el ejemplo y el tacto, en tanto los prejuicios crecen, los preconceptos campean por sus respetos. Es necesario abordar los problemas cuando estos se plantean como tales y hacer un esfuerzo y una contribución que se traduzca en lucidez. No es posible esperar a que los prejuicios se conviertan en consignas. Hay que saber decir no a tiempo, y hay que decirlo.

Una larga y nefasta tradición de simplificaciones teóricas está en la base de prejuicios y malentendidos. Y una penosa historia de abusos burocráticos justificados mediante elaborados sofismas y francos disparates, exigió explicaciones publicitarias, comentarios y acusaciones, trabajos críticos más o menos deshonestos y añadió en definitiva confusión y oscuridad a problemas ya de por si complejos, paralizando el pensamiento crítico o aplastándolo en la gazmoñería apologética. Esta tupida selva de ignorancia y mentira, de falsas teorías pseudorevolucionarias, palabrería y demagogia, se interpone entre muchos honestos militantes revolucionarios y los intelectuales dedicados a la creación artística. Estos no pueden satisfacer la demanda de los militantes que pretenden, obtener peras del olmo y quedan de este modo defraudados. El intelectual pasa a ser considerado a partir de entonces, indiferente o apático, marginal e inaccesible, y por lo tanto inútil socialmente.

Si alguien se sienta al final de una cadena ensambladora de refrigeradores con la esperanza de recibir como culminación del proceso mecánico un par de zapatos, seguramente no obtendrá su objetivo por apremiante que este le resulte y, o marchará discretamente o armará una protesta que le conducirá sin duda al más cercano manicomio. Esto no invalida su necesidad de zapatos, pero hay un juicio claro y coherente sobre el producto que una ensambladora de refrigeradores debe rendir. En cambio, cuando un militante revolucionario, o una organización de masas, o zonas de la opinión pública marcados por los aparatos de publicidad o divulgación, reclaman del escritor del artista plástico, del compositor musical o del director cinematográfico, la apología al minuto de los sucesos de la actualidad nacional o internacional, las puertas del manicomio se entreabren como una amenaza, no para los que esperan convertir a los artistas en “traganickeles-ideológico-agitativos”, sino para los creadores que estupefactos se inhiben o rebelan. Tampoco en este caso resulta artificial la necesidad del comentario apologético o crítico y seguramente incluso muchos creadores pueden dar en ese sentido una cierta contribución por virtud de su disposición militante y dominio del oficio. Pero esta no es la regla de oro, y falso sería pretender aplicarla sin antes detenerse a valorar la situación y disponibilidad de cada artista, el sentido y orientación de su trabajo, su formación y la dirección de sus búsquedas, la significación que estas tienen para el movimiento cultural y no solo inmediata sino también mediatamente.

Si somos capaces de un grado mínimo de curiosidad y estarán prestos a penetrar ese mundo en el que lentamente surgen nuevas dimensiones de la realidad o se revelan sentidos hasta entonces ocultos, podremos también tender un puente de comprensión, desarrollar el grado de confianza y colaboración que acerca el artista al militante, y permite razonable y serenamente el aprovechamiento mutuo de igualmente valiosas experiencias vitales. Descubriremos cuánta falsedad y daño encierran los manoseados manuales sobre el arte y la literatura, sus retóricas y abstractas clasificaciones, el juego de las categorías y nomenclaturas que sustituyen el pensamiento crítico, la exaltación de las corrientes populistas y los casi reglamentos y “esbozos de decretos” sobre los deberes y función social del artista, elaborados burocrática y a veces inquisitorialmente, y propagados como modernas biblias. El arte y el trabajo artístico no pueden ser manejados con decretos y palabras de orden a según preceptivas. Su vitalidad y significación, el grado de complejidad que suponen, escapa a los manuales y catecismos, incluyendo a los que repiten citas de Marx o Engels cada veinticinco líneas. El estudio, la exploración, y las provisionales conclusiones que van sacándose alrededor del trabajo artístico solo tienen real validez cuando resultan producto de una in­vestigación estética y sociológica serena y seria, fundamentada en hechos y análisis, y sujeta a las variantes que el desarrollo social, y el aporte de los creadores suponen. La verdad revelada es tema de las religiones, no del espíritu científico. Seguramente por eso Louis de Aragón señala con gran agudeza al referirse a los que esgrimieron impunemente el análisis de Engels sobre la obra de Balzac, convir­tiéndolo en dogma, que “no comprendían que en este caso el ejemplo de Engels no está en el texto, en la frase sobre Balzac, sino en la conducta de Engels ante Balzac, y que seguir ese ejemplo no consiste en recitar una oración, sino en ser capaz, frente a otro hecho, de abordarlo con la inteligencia de Engels o de Marx”.

De todo esto puede inferirse, aun cuando andemos tras la verdad de “perogrullo”, que el trabajo artístico comporta un alto grado de elaboración y la capacidad, imaginación, sensibilidad y formación necesarios para producirlo. O lo que es lo mismo socialmente hablando, que los artistas y su trabajo merecen el respeto y la consideración de sus conciudadanosy la atención de la sociedad, y de la revolución de que son parte. Es una pena que no pueda ahorrarme enunciar esta otra verdad perogrullesca. Y que deba empeñarme en subrayarla. No debe entenderse, sin embargo, que calculamos al artista intocable y marginal, o a todos los creadores en la misma posición y actitud o dueños del mismo nivel ideológico. Esto sería simplificar la situación y redu­cir a su absurdo un esbozo que pretende sobre todo fijar el grado de la complejidad que precisa reconocer a los problemas de la cultura artística y su tratamiento. Es en ese sentido en el que consideramos necesario establecer, y hasta promover, un respeto activo que supone la polémica y la crítica, y evita al mismo tiempo, la presión y el insulto.

No se trata pues de reclamar un silencio y serenidad beatíficos. Se trata de abrir y aun de ahondar el debate ideológico sin temores y sin límites, de hacerlo coherente y seriamente, buscando en extensión y profundidad las líneas más justas y los análisis más completos. Y de armarse para este proceso con una adecuada formación, que ha de comenzar por una información igualmente adecuada. De otro modo la tentación de la fuerza puede hacerse inevitable y causar incalcula­bles daños, temporal silencio e irrecuperable empobrecimiento espiritual. En el terreno de la cultura no cabe expresarse por consignas, o hacer el juego a la provisional ignorancia de las masas, desencadenando reacciones de las que tarde o temprano ellas mismas pedirían cuentas. El riesgo es inevitable. Bastaría fijar algunos puntos con extrema claridad: 1) el arte y el trabajo artístico constituyen una especialidad; 2) la crítica de esa manifestación del trabajo humano, de su valor estético e importancia social, no debe ser abordada sino desde posiciones calificadas, y en consecuencia exigirá de sí misma un elevado nivel de información y densidad ideológica.

Es curioso que debamos detenernos en estas reflexiones y proposiciones. En general no aparecen espontáneas vocaciones críticas respecto de la ciencia y de sus manifestaciones, o del trabajo de investigación técnica en general. El arte debe afrontarlas, en cambio, independientemente del desarrollo cultural e inclusive de la instrucción de sus apologistas o detractores, y en la mayor parte de las discusiones de orden teórico alrededor de su naturaleza y supuestos deberes aparecen siempre ingredientes de ignorancia y confusión. Esto se explica por dos razones. Las manifestaciones artísticas se dirigen generalmente a todos los posibles espectadores, o en el caso de la literatura a cuantos saben leer y pueden adquirir un libro. La gente de cine sabe que cada espectador es un crítico potencial. Los tratados de matemáticas, los experimentos de física o las búsquedas que se ayudan en las calculadoras electrónicas pueden igualmente afectar la vida de todos los hombres, pero lo hacen indirecta y medianamente a través de objetos y productos, de nuevas condiciones de vida, y posibilidades de muerte. El consumidor puede rechazar la calidad del producto o lamentar la escasez de otro, y el ciudadano enterado y activo conoce de la importancia del átomo, de los peligros que comporta de las posibilidades que abre. Pero en general no se juzga a los científicos desde la ignorancia sobre su especialidad. A un lego no se le ocurrirá jamás opinar sobre la física cuántica. En cambio, la literatura y el cine, la música y la arquitectura y escultura, la danza o el teatro llegan en forma más directa y provocadora. No solo expresan enriquecen el mundo de imágenes e ideas, desencadenan, cuando resultan logradas, nuevas reflexiones o experiencias, y resultan, de hecho, un choque con la propia imagen o el descubrimiento de lo desconocido. Estas características fijan la ilusión de que la cultura artística puede y debe ser discutida exhaustiva y productivamente a todos los niveles, sin necesidad de tomar en cuenta, previamente, la especificidad de su elaboración o la complejidad del producto terminado, no solo como motivo de satisfacción inmediata, sino, sobre todo, como aporte, o simplemente como testimonio. Esa es también la clave de prejuicios que, en no pocas ocasiones, se confunda el gusto propio y a veces prejuicios y conformaciones ideológicas primarias con leyes de la es­tética marxista. El sociologismo hace su aparición: y a falta de un análisis en profundidad se cubre el vacío teórico con las fórmulas manidas que ofrecen manuales y supuestos divulgadores. Reader’s Digest tiene sus representantes en el socialismo. La obra de arte debe reflejar la realidad inmediata y su problemática, aportar soluciones colectivamente elaboradas y discutidas; quedar estructurada clara y orgánicamente con un criterio definidamente pedagógico, de modo tal que pueda ser asimilada sin mayor esfuerzo; exaltar “el héroe po­sitivo”, evitar toda valoración de su contrapartida, y de ser posible explorarla; y reservar un capítulo, varias escenas, o el mejor ángulo del lienzo para alguna consigna de agitación y actualidad. Es así, en una mayor o menor medida, como llega a entenderse la significación social del arte: el artista debe ser reportero de prensa y pedagogo, orientador de la juventud y agitador político. El artista y su obra que­dan de este modo comprometidos con la actualidad. Y si no la abordan de inmediato y sistemáticamente no parecen revolucionarios y pue­den ser rechazados como extraños a nuestra época.

En realidad, el artista y su obra están comprometidos con su época, y en nuestro caso muy concretamente con la revolución. No pueden ser indiferentes a ella, y no solo porque no deban. La neutralidad es ajena a los períodos revolucionarios, y ni siquiera es posible en otros momentos. Pero el trabajo artístico supone una larga, paciente y compleja elaboración, y un proceso de asimilación y sedimentación que puede ser inclusive el único resultado del esfuerzo de toda una corriente o tendencia y hasta de una generación. El experimento y las búsquedas, inclusive formales —la esencia de una búsqueda es siempre expresar clara, o más profunda y penetrantemente—, la confrontación y el sistemático trabajo crítico, no le son ajenos. Es necesario comprender esto. No para llenarnos de benevolencia sino para partir, en el análisis crítico, de posiciones justas y sobre todo reales. La crítica podrá entonces encontrar sus canales y promover discusiones constructivas. Y por este camino contribuir a superar situaciones, y muy puntualmente la ausencia de diálogo.

Ese diálogo y las condiciones en que debe producirse debe ser motivo de cuidadosa y sistemática atención. Estas notas pretenden de algún modo destacar su importancia y los riesgos y perjuicios que se desprenden de su ausencia, o los que traería una torcida concep­ción del método de trabajo en un terreno tan complejo como el que supone la preocupación por el desarrollo de un movimiento cultural digno de nuestra época y de las hazañas de nuestro pueblo.

¿Debe entenderse entonces que solo el prejuicio y la falta de in­formación, o falsificaciones teóricas largamente divulgadas, resultan la causa de que un diálogo necesario y deseado permanezca como proyecto, o de que ni siquiera se plantee?

No son pocos ni leves los errores cometidos por las organizaciones profesionales, ni creo también poco que podamos o debamos “idealizar” o “barnizar” la situación del movimiento cultural cubano contemporáneo. Esto no sería una bue­na y ni siquiera una honesta contribución a la apertura del diálogo, a asegurar su valor y utilidad práctica. Pero no es posible tampoco analizar una muy concreta situación a base de generalizaciones, o borrando la historia y las características de un proceso cultural que ha dado y ofrece importantes aportes a la formación de nuestra nacio­nalidad, y que con sus armas específicas, y en la medida de su significación, fue capaz también de movilizarse y alinearse en la lucha por el triunfo de la revolución. Y esto es lo que considero urgente subrayar. Porque no son limitados comprimidos ideológico-caricaturesco al estilo comics los vehículos adecuados para analizar críticamente los problemas de la cultura o las realizaciones de los creadores. Y mucho menos para iniciar procesos de intención. La utilización de estos métodos supone penosas subestimaciones. Y prueba una vez más que el diálogo es necesario, y que necesario es abrir la posibilidad de que este se produzca en un clima adecuado.

(Tomado de Alfredo Guevara, Revolución es lucidez, Ediciones ICAIC, La Habana, 1998, pp.167-174.)

Fuente: http://habanafilmfestival.com/no-es-posible-esperar-a-que-los-prejuicios-se-conviertan-en-consignas/

martes, 29 de diciembre de 2020

Te cuento como pasó

Por Laidi Fernández de Juan

Además de que envejecemos a la par del crecimiento de nuestros hijos, otras muchas cosas suceden con el paso del tiempo. Los padres debemos mostrar la madurez que no alcanzamos, la paciencia que hemos perdido, la sabiduría que nunca tuvimos y, sobre todo, la tolerancia que jamás recibimos. Fuimos criados bajo una rigidez tan grande, nos educaron con tan alto sentido del altruismo y del cumplimiento del deber, que cuando empezamos a tener hijos pactamos con ellos una forma radicalmente opuesta de crianza. Desde que los vimos por primera vez en la pantalla del ultrasonido que nos hizo la genetista del área de salud, les prometimos que la vida iba a ser una fiesta permanente. 

Tal vez porque nuestras madres no tuvieron la oportunidad de vernos dentro de ellas, fetoides aún, chupándonos el dedo gordo en medio de un líquido viscoso y sobrenadando en un saco, fueron tan exigentes. Quién sabe. Hay que reconocerles a nuestros progenitores (al menos) que nos hicieron más fuertes que el bronce, listos para cualquier adversidad. Ellos, con sus entregas a causas nobles casi sobrehumanas,  y el momento histórico de entonces, contribuyeron a que una generación entera se comportara como un imbatible ejército de ninjas. El resultado es bien interesante: quienes ahora rondamos o pasamos la media rueda, participamos en tal cantidad de campañas, nos entregamos tanto a todo, y pasamos tan largos períodos fuera del hogar, que nos acostumbramos a cosas que ahora a nuestros hijos les resultan no solo exageradas, sino inverosímiles. Cuando pienso que mi hijo mayor se acerca a la edad que yo tenía cuando partí de Cuba para trabajar  en otro continente, me estremezco de pies a cabeza, lo confieso. Acuden a mi memoria los bellos momentos que viví, todo lo que aprendí fuera de nuestras fronteras, y también las amarguras, las incomprensiones y las sorprendentes traiciones. Y me prometo que ni él ni mis otros hijos sufrirán lo mismo, aun a costa de perderse la parte linda del sacrificio.  

Quienes estuvimos becados nos creemos una especie en extinción, y tal vez lo seamos. Eso de tener doce años, y ser despertado al amanecer con himnos; marchar con botas rudimentarias, sembrar tomates y pepinos en un campo árido; estudiar y hacer tareas a las diez de la noche, bañarse con una mínima, infecta  y congelada agua; y ser feliz al mismo tiempo, hoy resulta imposible de creer. Nuestros padres, también consagrados a lo que había que construir, nos veían de sábado en sábado. Deben haberse sorprendido un día con nuestros pechos, con los bigotes de los varones, con el cambio de nuestras voces y con el repentino envejecimiento que les vino encima. De pronto eran ancianos, y nosotros no estábamos. 

Entonces las paredes se agrietaron, los suelos perdieron firmeza, los techos dejaron pasar la lluvia, las luces se apagaron y de nuevo volvimos al cuarto donde había estado nuestra cuna. Allí depositamos uno a uno los bebés que nos iban naciendo, a quienes les hicimos creer que la vida sería una fiesta nombrable a pesar del estropicio reinante. Los acomodamos con algodones, les dimos miel, y les susurramos cachito, cachito mío mientras pasábamos más hambre que un ratón en una ferretería, y más trabajo que forro de catre. Ahora son hombres y mujeres que nos miran con misericordia, incapaces de entendernos. ¡Déjame vivir! reclaman, y nosotros, claro está, no les decimos nada. Pobrecitos, pensamos. Son los hijos de la crisis, y nos toca mostrar la madurez que no tenemos, la paciencia que hemos perdido, la sabiduría que nunca tuvimos y, sobre todo, la tolerancia que jamás recibimos.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Libertad de expresión en Cuba, en los 60 y siguientes años: El Caimán Barbudo y Pensamiento Crítico*

Si cierras todas las ventanas no podrán entrar los insectos y otras alimañas, 

pero tampoco entrará el sol sin el cual no se puede vivir. 

Combatamos insectos y alimañas pero dejando entrar los rayos del astro rey.

 Frase atribuida a Armando Hart Dávalos .

Por Ricardo J. Machado

Los últimos acontecimientos han colocado en el centro del debate el tema de la libertad de expresión en el país. Alguien sugirió revisar el pasado y describir como se manifestó el asunto en momentos anteriores del proceso revolucionario. Segunda Cita ha convocado a volver sobre la historia pasada. Cada uno por su lado: lo que le tocó vivir. A mi lo que me corresponde es revivir las experiencias de dos publicaciones que en los primeros años de la Revolución fueron conflictivas y objeto de limitaciones en la libertad de expresión. Trataré de explicar, impulsado por esta divisa; no estoy seguro de ser objetivo, pero sí garantizo ser sincero. Me toca, porque fui fundador de ambas y mi memoria me alcanza aún para reconstruir acontecimientos claves que se produjeron antes y después de los hechos que aquí narraré. Hubo procesos comunes a las dos, pero también diferencias. Han pasado mas de 50 años. Trataré de reconstruir la cadena de acontecimientos vinculados al surgimiento de ambas que en alguna medida fue común. Un origen similar pero un desenlace diferente. El Caimán sobrevivió pero Pensamiento Crítico no. Explicaré los porqués y las diferencias.

Me apoyo en una tesis familiar a casi todos los investigadores de las ciencias del comportamiento; toda diferencia implica un conflicto. A mayor diferencia mas intenso el conflicto. La naturaleza humana es conflictiva y contradictoria. Hay que arrancar de ahí.

Muchos años mas tarde encontré en la ciencia los instrumentos para interpretar mejor algunos aspectos –no todos– de los acontecimientos de aquella –y también de esta– época. Los que selecciono se encuentran en las fronteras entre la sicología clínica y la sociología del grupo humano. Ante la base conceptual para comprender mejor el tema es necesario mencionar primero el papel del modelo mental con el que cada persona interpreta lo que pasa. Este modelo siempre tiene defectos que en ocasiones no permiten ver con claridad las causas de los problemas. Estas deficiencias son conocidas por la psicología como trastornos cognitivos, los que se definen de esta manera: son distorsiones exageradas e inadecuadas que se realizan sobre hechos o situaciones que derivan en alteraciones emocionales o pensamientos incongruentes. Errores de razonamiento causados por operaciones cognitivas deficientes, cuando se intenta resolver un problema, sea individual o colectivo. Las personas que los sufren –prácticamente todo el mundo– pueden recibir daños emocionales o infligirlos a otras de manera desproporcionada y a menudo de forma inconsciente e involuntaria. Eso fue lo que pasó entonces y puede pasar ahora. 

En mi opinión, por ejemplo, la resolución 349 del MINCULT es resultado de algunos de estos errores de razonamiento, así como también las medidas que han emitido otros ministerios. Los sicólogos han identificado 22 tipos diferentes de este tipo de trastornos.

Tengo una investigación, que he presentado en eventos donde expongo los resultados de un proyecto, donde analicé a mas de 200 personas, todas ellas dirigentes. Mujeres y hombres. Cada una de ellas sufría de uno o mas trastornos. De los 22 tipos de trastornos identifiqué 7 como los mas comunes. Todos tienen un efecto sobre la forma de relacionarse con los demás, sobre el estilo de dirección que ejercen y sobre su propia vida. Son claves para entender el asunto y alcanzar una explicación basada en la ciencia sobre los problemas de la libertad de expresión, sea en la familia, la organización o la sociedad misma. Disculpen el espacio que dedico a detenerme en ellas, pero esto hay que explicarlo bien. Menciono a continuación los 7 trastornos típicamente cubanos, entre los que encontré dos que aparecen con mayor intensidad y otros de menos frecuencia. Los de menos frecuencia son los 5 siguientes (añado muy breve definición):

1-EJECUCIÓN: observable en personas muy centradas en el trabajo, sensibles a situaciones que consideran fracasos, subestimando otros aspectos de la vida como la familia y la amistad. Incapaces de realizar un balance entre vida laboral y personal.

2- FILTRAJE: Se selecciona un solo aspecto de una situación, con lo que se forma una “visión de túnel” que tiñe toda la interpretación de la fracción de la realidad examinada. Otros aspectos se subestiman, aunque la contradigan. Se filtra solo lo negativo o también lo positivo. A menudo funciona sobra la actuación de un directivo o el comportamiento de una organización o gobierno.  Se vincula frecuentemente con la cultura de vigilar para castigar. 

3-LOS “DEBERÍA”: consiste en mantener reglas rígidas e inflexibles sobre como tienen que suceder las cosas. Las desviaciones de estas reglas se consideran intolerables. No pocos expertos han comprobado que esta distorsión está en la base de la mayoría de los trastornos emocionales. Cuando los padece un cuadro de dirección producen frustración y daños sico-ideológicos en los subordinados. Dirigen apoyándose solo en reglamentos y textos burocráticos. Generan crisis de confianza de forma continua en los colectivos laborales. 

5-FALACIA DE LA RECOMPENSA “DIVINA”: Atribuye o espera la solución de cualquier problema a la influencia externa de factores extraterrenales o mágicos. Es frecuente en personas inseguras o temerosas sea por problemas de salud o prácticas ilegales en su actividad laboral. Aparece en cualquier tipo de religión, aunque es muy frecuente en los cultos sincréticos de origen africano. Opera como una especie de talismán o “resguardo”. En el sector de la gastronomía, por ejemplo, se hizo evidente el aumento de del número de personas que decidió “hacerse santo”, impulsados por la ingenua creencia de que Changó podría protegerlos contra alguna auditoria sorpresiva.   

Pero las dos distorsiones que aparecieron con mayor frecuencia fueron: DERECHO SOBRE OTROS y OMNIPOTENCIA. 

En la primera de ellas se manifiesta una conducta egocéntrica: algunos se creen con derechos sobre otros a los que los demás deben atenerse e ignoran los del resto de las personas. Se consideran los mas capacitados para tomar las decisiones que les conviene a todos. 

La segunda es muy afín a la anterior, al considerarse responsables de las conductas y sentimientos de otros, como si aquellos no tuvieran capacidad para tomar decisiones por sí mismos. Los que son así, cuando pueden, anulan las capacidades de decisión ajenas. Al ocupar cargos de dirección centralizan todas las actividades e impiden que otros las hagan; generan errores continuos y cuellos de botella en los procesos de trabajo. 

Pienso que un sistema social fuertemente centralizado, de rígida estructura vertical, crea una cultura que tiende a promover el ascenso social de los que padecen estas características. Considero esencial tomar en cuenta estas formas de comportamiento humano –que prácticamente todos padecemos en alguna medida– si queremos explicarnos a cabalidad el fenómeno de las restricciones y obstáculos a la libre expresión del pensamiento, tanto entonces como ahora. 

Alguien podría señalarme, con razón, que intento ofrecer una interpretación  demasiado sicologizante, restringiéndome al plano individual. 

Reconozco que esta es solo una parte de la verdad, es decir, los microprocesos que se producen a escala individual. Quedan otros procesos mas amplios –como los relativos a las organizaciones donde se integran las personas– que son algo mas amplios. Finalmente, los llamados macroprocesos, que se producen a escala de toda la sociedad y que se derivan principalmente de las formas de actuación de los gobiernos y los de alcance internacional, que no pueden dejar de mencionarse hoy, en un mundo tan interconectado. Los tendré en cuenta mas adelante, cuando explique la historia y desenlace de las dos publicaciones de las que voy a hablar.

 Entrando en el tema del Caimán y Pensamiento Crítico

Ambos se fundaron con muy pocos años de diferencia, pero en los que se produjeron cambios muy rápidos en el clima sociopolítico del país. Ambos tienen un origen común que los vinculan al departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y los contactos del comandante Fidel Castro con este. Se inicia así una cadena de acontecimientos que crearon las condiciones para la aparición de las dos publicaciones. Un evento clave fue que Jesús Díaz ganara el premio de cuento de Casa de las Américas. Fidel lo supo en una de sus visitas al departamento y un poco mas tarde se apareció con la propuesta de que Jesús asumiera la dirección de lo que después se llamaría el Instituto del Libro. Cuando Jesús no acepta, se crea una situación difícil para el colectivo del departamento, que se resuelve cuando el compañero Rolando Rodríguez –hoy destacado historiador– decide asumir la responsabilidad.

Hasta ese momento el departamento era visto con buenos ojos, incluso por el Comité Nacional de la UJC que dirigía el inolvidable compañero Jaime Crombet. El caso es que la sección de cultura de la organización contacta a Jesús para asumir la dirección de un mensuario cultural que intentaba patrocinar la UJC, a través de su periódico Juventud Rebelde. Como Jesús era estudiante de la facultad de letras, reunió a algunos de sus amigos como Luis Rogelio Nogueras y Guillermo Rodríguez Rivera –y creo que también Víctor Casaus–, para integrar el consejo de dirección. Me llamó a mí para los temas de filosofía y sociología. El diseñador fue “el gallego” José Luis Posada. 

Recuerdo la discusión para ponerle nombre, que terminó siendo Caimán Barbudo gracias a una sólida fundamentación de Posada. Creo que cuando el grupo de poetas publicó el manifiesto Nos Pronunciamos fue cuando los dirigentes de la juventud y del partido –principalmente los procedentes del viejo partido comunista– comenzaron a fijarse en nosotros. 

Los poetas fueron los que hicieron el primer disparo, que hizo mucho ruido. Después se produjeron otros eventos que mencionaré mas adelante. 

Hasta aquí por hoy. 

Continuará.

* Si la ciencia pudiera explicarlo.

jueves, 24 de diciembre de 2020

Una buena noche (y día) para tod@s

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domingo, 20 de diciembre de 2020

El orgullo de María

Por Diego Sztulwark


El testimonio de María Santucho en el juicio contra el mayor Españadero


“Con orgullo debo decir que mi padre nos había preparado para la clandestinidad”, declara la “Negra” María Santucho, sobrina de Mario Roberto, ante el Tribunal Oral Federal N° 6 en el juicio Españadero Puente 12 II.


A sus sesenta años, María es abuela, y su vida transcurre entre Buenos Aires y La Habana, ciudad en la que reside hace décadas y donde desempeña una intensa actividad como productora cultural en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. En su testimonio, realizado el día 11 de diciembre de 2020 de manera virtual, retornan los días de horror vividos por parte de su familia y por ella misma hace exactamente 45 años.


A comienzos de diciembre del ’75 un allanamiento a cargo de un grupo de tareas secuestró a María, que entonces tenía 15 años, junto a su madre, Ofelia, a sus hermanas menores Susana (14), Silvia (13) y Emilia (10) y a sus tres primas Ana (14), Marcela (13) y Gabriela (11), también menores —hijas de Mario Roberto y Ana María Villarreal—, a Mario Antonio Santucho, bebé de 9 meses (hijo de Mario Roberto y de Liliana Delfino) y a Esteban Abdón, de 4 años (hijo de Esteban Abdón y Elba Balestri). Todos ellos llevaban nombres falsos y se encontraban en una casa de seguridad del PRT-ERP.

María recuerda perfectamente el momento en que escuchó decir a uno de los secuestradores: “Estos son Santucho”. Luego vinieron los golpes, los insultos y los traslados. Primero al Centro de Detención Clandestino llamado Protobanco, Cuatrerismo, hoy reconocido como Puente 12, donde fueron sometidxs a golpes, toqueteos e interrogatorios. Luego a una comisaría de Quilmes (Pozo de Quilmes), y a un hotel de la zona de Flores antes de ir a parar a la Embajada de Cuba, para salir, un año después, del país.

Entre sus recuerdos de aquella tenebrosa madrugada en Puente 12, hay un hombre que le baja la bombacha [1]. Otro que le dice con voz serena: “Yo la atendí personalmente a tu prima Graciela Santucho y ahora te voy a atender a vos”. Luego otra voz le grita: “Vos sos hija de Santucho”, y de inmediato recibe una patada en la boca del estómago. Su mente piensa aceleradamente, “esto hasta ahora es soportable”. Pero de inmediato alguien la toquetea y le advierte “te van a coger todos los soldados”. Recuerda la capucha, la venda, el pavor.

Pero sobre todo recuerda el trayecto que debió recorrer hasta entrar al despacho de alguien que se presentó como el mayor Peirano, quien luego de un breve interrogatorio, quedó a cargo de la supervisión de todos los traslados del grupo hasta la salida del país. Años después María se enteraría de que el mayor Peña o Peirano era en realidad uno de los jefes del Batallón de Inteligencia 601, llamado Carlos Antonio Españadero, a cargo de varias infiltraciones en las organizaciones guerrilleras de la época.

Hace unos pocos años, a instancias de amigxs y familiares, María obtuvo el domicilio de Españadero. ¿Qué hacer? Había sido formada en la idea de que con el enemigo no se habla, pero creía que saber le haría bien, quería la verdad y necesitaba sanar. Dejó en manos de los jueces lo relativo a la determinación de responsabilidades y penas y redactó una carta que dejó en la casa del represor. A los pocos días recibió una respuesta del agente de inteligencia, lo que dio lugar a un intercambio de correos electrónicos. María quería averiguar qué había pasado con tantos militantes y combatientes, quería información concreta. Al relatar este intercambio le dice al tribunal: “No alcanza con lo que se ha hecho, me voy a morir sin saber dónde están los restos de mi padre y de tantos seres queridos”.

Pero el intercambio no sólo no la sanó, sino que la hundió en una angustia aún mayor, puesto que Españadero negó haberla interrogado en Puente 12, y se dedicó a manipularla todo lo que puedo (“qué pensarán los tuyo de este intercambio”). En su notable libro Bombo el reaparecido, Mario Antonio Santucho, aquel primo de María secuestrado con sólo nueve meses, relata una entrevista con Españadero, a quien llama “El Embustero”. Españadero se negó a romper el pacto de silencio, no dio muestra alguna de arrepentimiento, ni ofreció pista alguna sobre los restos de sus familiares. En una entrevista reciente, a propósito de su libro, Mario reflexiona sobre esta actitud de Españadero con las siguientes palabras: “Mi impresión es que no pueden asumir realmente sus actos. No pueden hacer justicia con sus actos, no pueden sincerarse con lo que hicieron, compartirlo. Porque no estaban a la altura ética, y un poco mi experiencia fue esa, intentar hacerle unas preguntas a este personaje y claramente lo que encontré fue un modo de esquivarlas, no responder. Decir que no saben nada, un pacto de silencio que permanece. Esto me parece muy importante, porque hay un elemento fundamental en toda esta historia reciente y en toda esta discusión, que sigue viva, que sigue abierta, que es que no somos lo mismo, que hay una asimetría entre los que dieron su vida, que lucharon por cambiar la sociedad y los que entregaron su mano de obra y su ferocidad para defender un orden injusto y para servir y hacer servilismo al poder constituido”.

Pocos contactos con las palabras transmiten el poder de la verdad como los testimonios que quieren hacer algo con un pasado ominoso, del que es imposible escapar. De allí la pregunta que María no deja de formular a Españadero, al Tribunal, a la sociedad argentina: “¿Qué pasó con los que dejamos atrás?”. Hay un desgarro del sobreviviente, un dolor que no es culpa, pero sí es una lucha interminable por contar lo que pasó sin poder responder a la pregunta imposible sobre por qué se sobrevivió.

En 2016 María visitó a Ofelia, su madre —a quien tuve la suerte de conocer en el barrio de Alamar, en La Habana—, en un geriátrico de Buenos Aires. Su memoria había dejado escapar el pasado, sólo retenía aquel horror: “Mirá Negrita, me volvieron a atar las manos”, le dijo. Es que el “horror vuelve”, reflexiona María. Vuelve con el miedo de que le pueda ocurrir algo semejante a lxs hijxs, a lxs nietxs. Sanar, en cambio, hacer algo con el desgarramiento, dice María al tribunal con su pañuelo verde en la muñeca, es una forma de la dignidad que no alcanzan los perpetradores del terrorismo de Estado, a quien María dirige una última pregunta: “¿Dónde están nuestras muertitas y nuestros muertitos? Son nuestros”.

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/el-orgullo-de-maria/

viernes, 18 de diciembre de 2020

Escuela cubana de piano multipremiada en certámenes onlines

Por Daiana García

La escuela cubana de piano se viste de gala por estos días. Diez estudiantes de los diferentes niveles de nuestra enseñanza artística resultaron laureados en tres certámenes de modalidad online que tuvieron lugar los primeros días de diciembre.

En el Primer Concurso Latinoamericano de Piano América Para Todos, que organiza la Sociedad de Pianistas y Profesores de Latinoamérica y el Caribe, se alzaron con el Primer y Segundo Premio, en la Categoría Pequeño Pianista, las hermanas Adriana y Andrea López-Gavilán, quienes también compartieron el Premio Especial de la Interpretación de la Música Latinoamericana, así como Daniela Santiesteban fue acreedora de la Mención Honorífica que otorga el Jurado. En las Categorías Joven Pianista y Joven Virtuoso del mismo certamen se otorgaron los Segundos Premios a Malva Rodríguez y  Maikol Pérez, respectivamente.

Por otra parte, en el Concurso Latinoamericano Vivace-Finale 2020, patrocinado por Vivace Studio de México junto al prestigioso software de música Finale, resultaron premiados en la Categoría A hasta 12 años Andrea López-Gavilán con el Primer Premio, Patricia Dot con el Segundo y Adriana López-Gavilán con el Tercero, en tanto Emanuel Leiva obtuvo la Mención Honorífica. En cuanto a la Categoría B hasta 16 años el Tercer Premio recayó sobre Laura Victoria Areán, y en la Categoría C hasta 21 años fueron galardonados Aaron Pérez con el Primer Lugar, Sofía Iraola con el Segundo y Maikol Pérez con el Tercer Premio.

Por último, en el Concurso Internacional de Piano Villahermosa 2020, que auspicia la Fundación Irina Samodaeva en México y donde participaron pianistas de todas las latitudes, obtuvieron Tercer Premio Laura Victoria Arean en la Categoría de 15 a 17 años, Maikol Pérez en la de 18 a 21, y en la Categoría de 22 a 26 años Rodrigo García Ameneiro.

Digno es también enaltecer el trabajo de los maestros de nuestros concursantes, sin los cuales hoy no serían posibles estos lauros. Tal es el caso de Hortensia Upmann, María Teresa Pita, Rosalía Capote, Miriam Cruz, Danae Ulacia, Caridad Laferté, Liana Fernández y Aldo López-Gavilán.

Llegue a participantes, laureados y profesores de las cátedras de piano nuestra felicitación, con el reconocimiento por su continua e incansable labor, aún más en estos tiempos en que los hogares han devenido aulas y escenarios. A todos ellos el merecido aplauso.