sábado, 31 de enero de 2026

A quien pueda interesar*

 Por Israel  Rojas

No lucharé ni daré mi sangre por un presidente, ni por un secretario general de ningún partido político. No lucharé por un venerable anciano, ni por su hijo o nieto, ni por su familia. No he luchado por un ser humano en particular. No.

Yo luché, lucho y lucharé hasta el último aliento por Cuba soberana. Lucharé contra el fascismo y el imperialismo. Para evitar que desaparezca el sueño de Martí y de Fidel: el de una nación donde la ley primera sea el culto a la dignidad plena del hombre, y para que el futuro del país esté en manos de hombres y mujeres de ciencia. Para seguir echando mi suerte con los pobres de la tierra, hasta que desaparezca toda inequidad. Lucharé para que el tráfico de drogas no sea el destino de nuestro territorio. Lucharé por mis hijos, por mis sobrinos y por los hijos de mis hijos. Lucharé porque “Longina”, “Yolanda” y “Marilú”, “Créeme” y “Ojalá”, no sean obras de un período perdido en la utopía de unos románticos, sino la obra viva de un arte vivo. Lucharé por lo que soy y por lo que no llegué a ser, pero quise.

Y cuando la sombra del desaliento intente filtrarse, cuando el peso de la lucha amenace con doblegar las espaldas, recordaré que en cada palma hay un susurro de independencia, que en cada ola que golpea la costa retumba el juramento de Baraguá. Y espero que no aparezca la pantomima cobarde de "negociar" para parecer "inteligentes y modernos". Para esos "sabios" todo mi desprecio de antemano.

Cuba lleva en la sangre el fuego sagrado de los que soñaron una nación de pie. No hay fuerza opresora que pueda con la roca moral de un pueblo decidido a prevalecer o morir en el intento. Seguiremos en pie, hasta que la victoria final corone nuestros esfuerzos.

Como escribió el Apóstol: “Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

¡Que viva Cuba libre!

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* De su fb

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