martes, 11 de mayo de 2010

dos

Me ha sorprendido que, a día y medio de inaugurado, Segunda cita tenga más de 650 entradas y más de 200 mensajes --que acabo de leer. No haré votos de tolerancia. No suscribiré una palabra que me parece como a regañadientes. A cambio garantizo respeto, que es mejor.


Descubro que administrar un blog es como jugar a Dios. Todo queda en nuestras propias manos: la imagen que subes (está bueno eso de "subir"), lo que dices, a quien das voz. Creo que voy a resultar un diosito ecuménico; un diosito que no se las cree todas consigo sino que se cree entre todos; un diosito que precisa aprender cómo es el mundo que hace dos días era nada y de pronto convoca lo divino y lo humano. Así que bienvenidas bondades, dolores, convergencias, divergencias, enfoques, desenfoques, autismos, egotismos, despistes y otras hierbas. Ustedes han decidido hacer un punto de encuentro de esta ilusión. Me encanta que honremos la coincidencia y que, si alguna vez nos falta, nos quede la honradez.


Cuando al viejo Dagoberto le preguntaban cómo le iba, solía decir primero: "Yo, bien", y después, como explicándose, agregaba: "la vida es bella y en colores". Siempre me pareció una definición bien digna de la vida, fuera real o imaginada. Mucho más ahora, cuando me consta que aquel hombre tuvo razones para decir lo opuesto. Semejante gratitud debe haberle llegado un día en que la existencia le brillaba completa. Quizá en la calle Real de San Antonio, abordando optimista a dos hermanas, en el instante mismo en que puso los ojos en cierta rubia que parecía escapada de una película en technicolor.


Damas y caballeros, blogueros, visitantes, compañeros, amigos y curiosos: si el domingo no pude menos que sentirme inaugurado, el martes comparto con ustedes la expresión favorita de mi padre: "La vida es bella y en colores".


Hagan buen uso de ella.

domingo, 9 de mayo de 2010

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Puede que me arrepienta de no haber meditado lo que pongo esta primera vez del blog, pero el entusiasmo de escribir y verlo puesto aventaja a la cautela, al menos hoy. No sé ni para qué lo hago. Cecilia Todd me mandó un link que decía "varias versiones de Pequeña Serenata Diurna", con el comentario de que era "todo amor". Así entré a "La Taguara", donde aparece un muñequito parecido a mí pero con más pelo (mis gracias a su autor). Darvin Romero se llama este periodista-trovador-bloguero que cita a Alí Primera (hombre rebosante de amor incendiario del que guardo un cuatro que tuve que soltar, porque quemaba). Después de ver que entre las preferidas de Darvin está Ódiame, que escucho desde mi infancia, me fijo en que ha compuesto una canción con Hugo Chávez y me digo: Ojalá esto no sea una usurpación de funciones, porque recuerdo que el propio Chávez cierta vez anunció que él y yo formábamos el dúo Silvio y Hugo (Hugo y Silvio para mi). Pero enseguida me doy cuenta de que hace años que no voy por Venezuela y lógicamente Hugo ha tenido que buscarse un compañero más estable. Así que no hay otro reclamo que aquello que decía el Principito: "para siempre eres responsable de lo que siembras". Pensando en eso miro arriba y descubro en luces de neón: Crear un blog. Y me digo: bueno, tampoco será teclear y cantar, e incrédulo me pongo a seguir los dos, tres pasitos y heme aquí, de pronto con blog propio, madre mía (segundo domingo de mayo, día de las madres en toda Cuba), el que además se llama como séptimo se me ocurrió: Segunda cita. Hola, pues, todo el mundo. Me siento inaugurado.