domingo, 20 de marzo de 2016

Mi familia y Obama

En estos días han llovido estampas, interpretaciones y hasta augurios sobre la visita que empezará hoy el presidente de los Estados Unidos a Cuba. Entre ellas estuvo el mensaje de Pánfilo y sus amigos que, por cierto, puse en Segunda cita, dedicándoselo a los que deseaban desentrañar el carácter cubano. Pues resulta que ayer me dijeron que el Sr. Obama había respondido varias preguntas del célebre humorista. Aclaro que no creo que los asesores presidenciales lean nuestro blog, pero es obvio que están bien informados.

Se ha dicho mucho que el cubano es un pueblo hospitalario y generoso. Esto es porque la mayoría somos más dados a confraternizar que a lo contrario. Yo creo que es algo genético, que nuestra historia nos fue inoculando desde su exterminio inicial, y luego con sus migraciones forzadas y/o voluntarias, con sus luchas privadas y colectivas por la supervivencia, y con esa sustancia moral que solemos llamar soberanía y que es, ni más ni menos, tener en cada momento el mayor libre albedrío que nuestras capacidades nos permitan, sin dejar de pujar siempre por más.

Algunas reflexiones de especialistas se basan en interrogantes sobre las calidades de las conversaciones entre dos gobiernos que han sido arquetipo de enfrentamiento durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va de este. A pesar de posturas opuestas, se suele coincidir en que el futuro será según lo hablado. Yo, por supuesto, comparto la curiosidad por ciertos detalles, aunque supongo los matices. Pero si de algo estoy seguro es de que una cosa es lo que se dice, incluso lo que se cree honestamente, y otra es lo que resulta. Sobran ejemplos en la historia, lo mismo en el sentido de la seriedad que en el del desparpajo. Por eso tiendo a decantarme por lo que me ha movido siempre, por lo que sueño para mi país, que es dignidad, aún con las variantes que presuntamente incorporarán la dialéctica y los astros o, dicho de otra forma, las causas y los azares.

He notado que se suele olvidar que este litigio terrible empezó porque nuestros vecinos no soportaron que decidiéramos qué hacer en nuestra propia casa. Estaban acostumbrados a que aquí se hiciera lo que ellos querían. Y haciendo bien patente su disconformidad, no sólo nos negaron el habla sino que nos hicieron la guerra.

Aquella causa nos apartó violentamente de lo que hubiera sido nuestra vida de pueblo aguerrido pero pacífico, mitad trabajador, mitad tarambana. Aquella causa nos obligó a tomarlo todo con más drama que choteo, nos mostró y nos acercó como nunca a las razones de la hormiga. Aunque debajo seguía bullendo aquella cosa juguetona nuestra que a principios de los 80 llevó a un amigo a confesar lo mucho que le gustaba nuestro “socialismo con pachanga”.

Quién sabe si ha llegado el momento de intentar empatarnos con lo que no nos dejaron ser, con lo que fuéramos de haber tenido un vecino más respetuoso y amable. Y digo quién sabe porque obviamente no todo el futuro depende de nosotros y porque, además, por más que fuera deseable ya no somos los mismos.

En momentos así –sólo en momentos así– es concebible el deseo de prolongar la existencia, digamos otro medio siglo, a ver qué pasa. Pero como esto no es posible, pregunté a mi familia –a todos, sobre todo a los que no vivieron las causas originarias del conflicto– qué le dirían o qué les inspiraba el ilustre visitante de hoy. Y por eso concluyo este momentáneo soliloquio con lo dicho por los que me respondieron, en el orden estricto que me fueron llegando y con sus propias palabras.

Para no irme a la cola, me tomo la licencia de empezar con mis propias palabras para recibir a Barak Obama, las que termino con dos frases que siempre decía mi padre, Dagoberto Rodríguez:

Bienvenidos Ud. y su familia a Cuba, Sr. Presidente.
Nunca es tarde si la dicha es buena.
A mi que me quiten lo bailao.


Mi hijo Silvio Liam

Buenos días papa, sobre lo q me preguntas yo realmente no opino mucho sobre eso por q no creo en las buenas intenciones ni de Obama ni de ninguno d estos señores, pero si su interés en Cuba fuera ayudar al pueblo le diría q pasara por los barrios más calientes d Oriente como por ejemplo algunas partes de Alcides Pino en Holguín y viera las condiciones en que viven las personas y también q preguntara por los salarios en Cuba, q escuche todo lo que quiere decirle la gente incluyendo la oposición, q fuera a una marcha de las damas de blanco a ver si ese día no le caen a golpes delante d el, pero sobre todo le diría que no creyera en un gobierno q coje a los niños pa hacer actos de repudio afuera d las casas de opositores y otras barbaridades que son demasiadas, pero realmente papa yo no creo ni siquiera q Obama tenga q ver con las deciciones políticas y el futuro de las relaciones entre Cuba y usa, dentro d poco ya no será presidente y quién sabe quién venga detrás y lo que tiene en mente, para mí esto es una pantalla para algo, quizás me equivoco como t digo yo ni opinó sobre esto, un beso grande 

Mi esposa Niurka:

Tengo sentimientos encontrados respecto a la visita de Obama.
Por una parte deseo que las cosas mejoren porque deseo que la vida sea mejor para la mayoría de los Cubanos y que en Cuba la mayoría viva mejor, y si la visita trae consigo mejoras para la gente, pues bienvenida sea.
Pero entonces aterrizo y no lo creo, entonces prefiero que ya pasen estos tres días de visita de Obama y que vengan los Rollings.

Mi nieto Diego:

Yo le diría a Obama que tengo muchas ganas de ver a mi papá y por lo tanto que me otorgue un visado que me permita ir a verlo cada vez que yo pueda. Y que nos quite el bloqueo porque yo soy nadador y si Cuba pudiera tener un mayor intercambio comercial con el resto del mundo, tuviéramos, los deportistas cubanos, mejor acceso a implementos deportivos y otros materiales que ayudarían a que estuvieran en mejor estado las instalaciones deportivas.

Mi hija Violeta:

Si yo tuviera la oportunidad de hablar con el presidente Obama le contaría que he sido víctima de la incomunicación entre Cuba y Estados Unidos.  Que he padecido en carne propia la hostilidad de los gobiernos de su país contra Cuba. La separación de mi mamá cuando se fue por el Mariel en el año 80 me ha marcado para toda la vida y, aunque esta fuera su decisión,  considero que en gran medida ha sido responsable ambos gobiernos de las tantas familias separadas.  De haber habido una relación armoniosa entre ambos países se hubiera impedido tanta distancia y tantos años  sin verse los cubanos de aquí y de allá. Y sobre todo hubiera evitado tantos muertos en el estrecho de la Florida y en la frontera mexicana. Le pediría a Obama que invalide la ley de pie seco-pie mojado que, aunque favorece a  algunos cubanos para que alcancen su “sueño americano”, en la misma media los lleva a perder la vida en el intento de alcanzar suelo norteamericano. Además de que es muy injusta con el resto de latinoamericanos que sin embargo, teniendo más necesidad de mejorar sus vidas que nosotros,  no tienen el derecho de acogerse a esta ley. En cambio mueren masacrados, desaparecidos, de sed y de hambre,  mujeres, hombres y niños  que en vez de alcanzar “una vida mejor” logran una muerte certera.  La verdad es que a mí como cubana me da  vergüenza: nosotros sí, y ellos no. ¿Por qué? Obviamente esta ley no tiene  otro motivo que el de incitar a los cubanos, dándoles un aparente “privilegio” a que se jueguen la vida tratando de llegar a Estados Unidos, para luego desacreditar con falsa estadística a nuestro país.  Yo le diría a Obama que nos quite el bloqueo, que termine su mandato dejando al mundo convencido de que ese Nobel de  la Paz que le han otorgado lo tiene bien merecido. Porque como dijera José Martí: “ El mal es accidental, solo el bien es eterno”


Mi sobrina Mariela:

Tío, a priori, yo estoy a favor de las buenas relaciones de toda índole entre todos los seres, naciones, etc., pero en este caso en particular lo que me pasa es que de ellos desconfío, hasta que no se demuestre lo contrario. No lo puedo evitar.
 Cuando yo vea cambios, como por ejemplo, que levanten el bloqueo, o que quiten la Base Naval de Guantánamo, entonces podré seguramente empezar a verlos de otra forma.


Mi hijo Omar:

Señor Obama: sé que a veces se le identifica a usted con El Poder sólo por el cargo que representa. No sólo esa idea es falsa (El Poder, usted lo sabe bien, tiene muchas raíces, y muchas están en la sombra), sino que usted mismo se ha visto limitado e impedido en su propio país para emprender algunas políticas. Además, se acerca el final de su mandato, y tendrá que pasar el relevo. Teniendo en cuenta todo esto, y dado que su poder real es limitado pero aun así real y efectivo, lo que le quiero decir respecto a Cuba son dos cosas.

No soy ingenuo, sé que existen intereses dentro de Estados Unidos para reabrir las relaciones con Cuba, y por lo tanto usted no ha estado solo, pero aun así le reconozco la valentía política para haber dado el paso. Al fin y al cabo, sí hay sectores en su país que siguen resistiéndose a cualquier cambio en la política respecto a Cuba, y ha hecho usted una apuesta decidida y valiente. Las posiciones maniqueístas, el “estás conmigo o estás contra mí” y otras falsas dicotomías sólo han fomentado el desconocimiento mutuo. Ya basta de culpar al otro y no asumir los propios errores. La mayoría de la gente, aquí y allá, queremos acceso a la sanidad y a la educación de calidad, a internet y poder ganarnos la vida.

Lo otro que le quiero decir es que, aun conociendo sus límites, este camino no se puede quedar a medias. Lo que espero de usted es que consiga que el retorno a esa vieja política propia de la Guerra Fría tenga un alto coste político, económico y social para los futuros representantes de su país. Que esto no tenga marcha atrás. Que a los que vengan les cueste más regresar que seguir para adelante. Eso me parece que es lo mejor para los dos pueblos, y lo mejor que usted puede hacer. El simbolismo de unas fotos y unos titulares es importante, pero lo es más que se ayude a mejorar la calidad de vida de la gente.

Mi hija Malva:

Opino y reconozco que la visita del presidente Omaba es un acontecimiento histórico; pero sinceramente si su visita no hace mejorar la situación en Cuba, beneficiar a los ciudadanos o no hace nada importante como levantar el bloqueo o quitar la base de Guantánamo, no le veo sentido. Simplemente es un acontecimiento simbólico que en mi caso me dará un receso en la escuela por dos días, pero solo eso y nada más, así que honestamente me es indiferente.

Mi suegra Mirta:

Hoy  llega Obama a Cuba, estoy plenamente convencida de que es un día que quedará marcado en la historia de Cuba pero no tengo la certeza de cuál será la repercusión final de este viaje. Obama ha dicho claramente que la visita servirá para promover cambios polí­ticos en la isla.

Pienso y recuerdo. Los que como yo hemos tenido el privilegio de haber vivido y poder rememorar todo lo sucedido desde aquel día en que nos despertamos en la mañana con el grito de ¡Batista se fue! este día tiene sin dudas un significado especial.

Pero las sensaciones son encontradas, ¿siento que ha ganado Cuba? No puedo afirmar ni lo uno ni lo otro, es cierto que muchas cosas han cambiado, algunas para bien y otras para mal, es cierto que mucho hemos dejado a lo largo de estos años. Recuerdo muchos momentos, las carencias, la beca, las incertidumbres, los miedos desde adentro y desde afuera, las amenazas, años en estado permanente de guerra psicológica, el encierro en la isla “rodeada de aguas por todas partes”, los entrenamientos militares, el cordón de La Habana, la Crisis de Octubre y el U-2 con el piloto yanki sobrevolando mi Instituto Pre-universitario, la homofobia, las concentraciones en la Plaza de la Revolución, lo tranquila que es La Habana si la comparamos con otras ciudades del continente, el privilegio de tener una atención de salud adecuada, las posibilidades de estudios, la libreta de abastecimiento, el pan nuestro de cada día, los apagones, la mochila preparada durante muchos por si la familia tenía que evacuar la capital porque nos atacaban, la pasta perla, la falta de desodorante, los kikos plásticos, la bicicleta… ¿se pueden borrar todos estos años con una visita de 2 días de Obama?

Definitivamente mi sensación es ambivalente, siento júbilo y tristeza, certeza e incertidumbre, siento seguridad y miedo.

Mi hijo José Ernesto (el lunes 21)

Wonderfull!!!
Que estas relaciones estén marcadas por el equinoccio de primavera y el día de la poesía.
Q’ este poema bilingüe florezca en una fructífera primavera para que 2 culturas ansiosas de estrechar sus manos cansadas de tanto mirarse a través de los lentes envenenados de la política.
Whitman y Martí los ayuden a encontrar las vías participantes para q’ esta primavera sea y q' así sea.

Mi hermana Mary (el martes 22):

Silvio, la visita de Obama para mi representa la entrada al Paraíso o al Infierno. Al Paraíso si esta visita es la puerta para finalizar con el bloqueo que trunca el desarrollo, y si se eliminar ese apéndice humillante que es la Base de Guantánamo. Eliminando esos dos lastres que nos han sido impuestos, ya podemos quedar por nuestra cuenta.
La visita de Obama representaría la entrada al Infierno si en lugar de logros obtuviéramos la pérdida de lo logrado  durante los últimos 50 años.
Si logramos un asomo al Paraíso, que sea sobre la base del respeto mutuo más exquisito.
Mary


Mi hijo Mauricio (el miércoles 23)

Estimado Sr. Presidente

De todas las situaciones en las que me he imaginado en mi vida – y de cómo sucederían en mi cabeza – debo confesar que dirigirme a usted no estaba entre aquellas que pensé que sucederían, así que tomaré la experiencia como una lección de vida sobre lo inesperado. Le agradezco por eso.

Ha llegado a la tierra que me vio decir mi primera palabra y dar mi primer paso. Una tierra que amo apasionadamente y a la cual añoro regresar siempre que me encuentro fuera de ella. Le doy la bienvenida a esa tierra, y con eso, le doy la bienvenida  la totalidad del pueblo norteamericano , porque Cuba es una tierra que vale la pena ver con sus propios ojos; llena de belleza, energía y música. No he conocido a nadie a quien no haya invitado a visitarla, ni he conocido a ningún visitante que no se haya enamorado de ella, así que de todo corazón, espero que disfrute su estadía.

En mi corta vida, he llegado a la conclusión de que no hay grandes hombres, sino hombres comunes capaces de grandes cosas, y las grandes cosas deben ser apreciadas. Quizás si no hubiese sido usted, hubiera sido el siguiente, o el siguiente a ese, pero fue usted quien decidió que cincuenta años fue más que suficiente. Nadie realmente se beneficia de la separación; solo aquellos que guardan odio en sus corazones, pero aún así ¿Qué beneficio real ha traído el odio? Por eso, quiero agradecerle, y asegurarle que solo cosas buenas pueden venir de nuestras tierras trabajando juntas. No podemos saber con seguridad qué traerá el futuro, pero pase lo que pase, usted ha dado inicio a algo grandioso y por eso, siempre estaré agradecido.

No tengo mucho más que decir, excepto invitarlo una vez más a disfrutar de su estadía en Cuba, y alentarle a que vea por sí mismo lo que ha hecho que tantos se enamoren de ella. Vea sus películas, escuche su música, tómese un helado de Coppelia, que resulta ser mi favorito, y quizás a su regreso, como yo, invitará a todo el que conozca a descubrir qué hace a mi tierra tan maravillosa.

Gracias una última vez, Sr. Presidente, de un joven cubano común, viviendo en su gran tierra.

Saludos Cordiales.

Mauricio Rodríguez Valdés

sábado, 12 de marzo de 2016

Latinoamérica: Los avatares de la izquierda y los pueblos

                                         por Guillermo Rodríguez Rivera

No recuerdo, con exactitud, el momento en el que Rafael Correa dijo que en América Latina no estábamos viviendo una época de cambio  sino un cambio de época.

Se trata del nuevo tiempo en que los pueblos de la región que había sido considerada el patio trasero de los Estados Unidos, comenzaban a transformar en serio su historia y su destino: si en el siglo XIX habíamos vencido el colonialismo español, en el XX comenzaban las victorias frente al neocolonialismo.  América Latina advertía que no hay verdadera  democracia sin independencia económica.

Sucesivamente aparecían líderes como Hugo Chávez, Evo Morales, Néstor Kirchner, Lula Da Silva, Fernando Lugo, Mel Zelaya o el propio Correa que, con diversos énfasis e intensidades, se desmarcaban de la política norteamericana e iniciaban un camino destinado a resolver los ancestrales  problemas de sus pueblos, que los regímenes de nuestras oligarquías jamás habían intentado solucionar, porque ellos eran los beneficiarios de esos problemas.

La lista de esos males comprendía el analfabetismo de amplias zonas de la región, el desempleo, la falta de viviendas, la extrema pobreza en países cuyos recursos naturales estaban plenamente en manos extranjeras y de grupos oligárquicos que se enriquecían con los males de sus pueblos.

De pronto, esos líderes populares ganaban las elecciones en las que antes solo triunfaban los burgueses, los servidores de los intereses estadounidenses.

El tácito punto de partida de esos cambios había sido Cuba, cuya revolución el imperio había intentado aniquilar primero por las armas y luego con el quincuagenario bloqueo que dura hasta hoy contra la voluntad del mundo.

Par impedir los cambios que Cuba inspiró, Lyndon  Johnson ordenó la invasión de la República Dominicana; Henry Kissinger alentó el golpe de estado que derrocó al presidente Allende en Chile y, enseguida, el plan Cóndor que pobló de criminales tiranías Bolivia, Argentina y Uruguay; Ronald Reagan armó a la Contra nicaragüense e invadió Granada.

Pero el cambio de época que veía Correa no implica que todo se desarrolle linealmente, sin circunstanciales retrocesos en países en los que todavía casi todo el ámbito mediático está en manos de los adversarios.

El desprestigio que en Venezuela vivían los partidos que se alternaban en el poder para hacer lo mismo --Acción Democrática y COPEI-- hizo que fueran reemplazados por El Nacional,  Venevisión y O Globo, que diariamente tenían la libertad de decirle a Venezuela y al mundo, que en Venezuela no había libertad.

A veces los pueblos se desesperan y quieren quitarse de encima los males que sus opresores vencidos aún pueden imponerles. Reagan le impuso a Nicaragua una guerra sucia que tenía sus bases en Honduras y el pueblo trató de librarse de ella dándole el gobierno a la moderada derecha que representó Violeta Chamorro, pero la rápida decepción determinó que en otras elecciones regresaran al poder los sandinistas.


Esperemos a ver qué ocurre en Argentina con el régimen de Mauricio Macri y en Venezuela con la Asamblea Nacional que debiera sacarlos de la impuesta crisis económica. La época ha cambiado, pero todavía los pueblos tienen que aprender,  como deben aprender el imperio y sus servidores.          

miércoles, 9 de marzo de 2016

George Martin

Sir George Martin y familia;
Amigos presentes de la Gran Bretaña;
hermanos, compañeros, colegas,
seres que nos escuchan:

Lo primero que me nace decir es la razón que tenemos cuando sentimos gratitud por los que hacen la música. Todavía más por los que logran hacer un aporte a lo que se pudiera llamar la Gran Música, aquella no sólo capaz de hacernos silbar sino que logra convertirse en arquetipo, en el sonido que caracteriza a una época. Por esa razón nos hemos reunido aquí a dar gracias a un hombre que durante casi toda su vida ha estado respondiendo ―de distintas formas y en disímiles circunstancias―, al llamado del arte y de la música; un hombre que un buen día tuvo no sólo el privilegio sino además la valentía de formar parte de una vanguardia musical que después ganó el reconocimiento no sólo de la historia de un país, sino de esa gran Historia que compromete al mundo entero. Mencioné la palabra valentía porque hay que reconocer que George Martin entró en nuestra Historia en el instante en que creyó en cuatro jovencitos que entonces no significaban nada de lo que hoy significan; cuando aquellos muchachos sólo eran sueños por realizar y ansiedad porque alguien les diera la oportunidad de demostrar lo que valían.

Ahora, al llegar hasta aquí, me doy cuenta de que debo modificar lo primero que me nació decir. Porque en la misma medida en que es natural la gratitud por quienes hacen la música, lo es por quienes creen en los jóvenes. Por lo tanto también estamos dando gracias a George Martin por demostrar lo que sucede cuando se cree y se le da una mano al talento bisoño. Por cierto, quede incluido en esa dimensión de gratitud el Instituto Superior de Arte, a quien hoy toca el buen papel de honrar.

De pronto me viene a la memoria que en los primeros días de 1968, estrenando 21 años, perdí mi empleo de conductor de un programa de televisión por elogiar precisamente la música que en ese entonces ayudaba a elaborar el Sr. Martin. Es una coincidencia. A pesar del tiempo transcurrido, recuerdo con bastante nitidez lo que aquella noche comenté ante las cámaras: “los Beatles son admirables porque han borrado la frontera entre la música popular y la música sinfónica”. A mi no me habían gustado mucho las primeras grabaciones de The Beatles, pero me empezaron a interesar a partir de Rubber Soul y sobre todo de Revolver. Yo dije aquello porque acababa de escuchar Sargent Pepper, hoy día un disco de culto, un paradigma sonoro de aquellos chicos de Liverpool y, sin dudas, de su productor musical, el Sr. George Martin. Entonces no podía imaginar que, 34 años más tarde, iba a tener la oportunidad de dar gracias, personalmente, a uno de los autores materiales de aquella proeza que todavía se celebra.

George Martin nació en Holloway, al norte de Londres, en una humilde familia. Cuentan que aprendió a tocar el piano solo y que desde muy joven organizó grupos musicales. A él y a su generación le tocaron durezas ejemplares: siendo un adolescente prestó servicios de observador para la Fuerza Aérea británica, durante la Segunda Guerra. Ya entonces el joven George era un amante de las iniciativas y soñaba con inventar algo digno de presentar al mundo, quizá un avión aún más rápido que el Spitfire frente a los nazis. Sin embargo me parece que cuando continuó escuchando el llamado de la música, después de la guerra, estaba fundando verdaderas maravillas, ya que así pudo convertirse en uno de los seres humanos que puso al mundo de acuerdo respecto a lo que es la calidad musical.

Es de suponer que todos somos capaces de disfrutar de una buena grabación, y por supuesto de la música, pero se conocen pocos detalles de lo compleja que puede ser una buena producción discográfica. Se trata de un trayecto que empieza por saber escuchar, analizar y escoger el material sonoro. Después a veces hay que construir sobre lo virgen, pero es un pecado desvirtuarlo. Siempre he escuchado decir a grandes músicos que ellos no son arregladores sino orquestadores, que la materia prima original contiene implícitas las ideas para su desarrollo. Puede ser que la maestría en este sentido consista en saber distinguir los contracantos y otras sonoridades que son inherentes a un tema, elementos que permiten proyectar una orquestación. Creo que en el caso del productor integral que es George Martín, o sea que no sólo aporta ideas sino que además orquesta y compone, la palabra Maestro está muy bien empleada. También pienso que hay que ser sabio y lúcido para introducirse en la esencia de una música ajena, incorporar riquezas y salir limpiamente, sin que esa incursión parezca intromisión. No hay dudas de que Yesterday es una de las canciones más bellas que se recuerdan, pero la eficacia del cuarteto de cuerdas sugerido por el Sr. Martin está también viajando la eternidad. Lo mismo sucede con la atmósfera, entre evocativa y misteriosa, lograda en Strawberry Fields, también con la Inauguración (con mayúscula) que significa A Day in a Life y gran parte del trabajo que realizó con The Beatles. Aún sin conocer las interioridades de ese trabajo de tantos años y de tantas canciones, cabe conjeturar que una de las funciones del Sr. Martin consistió en favorecer la caracterización que seguramente ya traía consigo cada tema compuesto por aquellos talentos. Esto sin dudas contribuyó a diferenciar tanto los discos como las canciones entre sí. Por eso resulta verdaderamente ejemplar como la formación de este músico fue puesta al servicio de una trayectoria musical que es un arquetipo de diversidad y al mismo tiempo de coherencia.

Luego de su servicio militar, Martín estudió composición y orquestación de música clásica en la Escuela de Música Guildhall, de Londres. Su primer trabajo, después de graduarse, fue en la biblioteca de música de la BBC, donde es de suponer que continuó engordando su aprendizaje. Entró en la industria musical como asistente en 1950, en EMI Parlophone Records, y pronto lo hicieron responsable de las grabaciones de la producción clásica. Trabajó con artistas como Stan Getz y Judy Garland, estableciéndose, además, como productor de música de  jazz y ligera. Siempre inquieto buscaba hacer aportes, en un esfuerzo por mejorar lo que entonces se conocía como el sello junk, de la EMI, y  entonces logró producir una triunfante línea de grabaciones de comedias, con actores de primera línea, que fue conocida como The Goon Show. George Martin ha realizado con mucho éxito música para cine, ha fundado estudios de grabaciones y ha trabajado con los cantantes, actores, directores y músicos más célebres y prestigiosos del mundo occidental. Ha producido 700 grabaciones de las que al menos 30 temas resultaron número 1 en Gran Bretaña. La última de ellas, cuando anunciara su retiro, resulto ser el sencillo más vendido de toda la historia discográfica, dedicado a Lady Di.

Un disco es un viaje emocional donde podrá haber todo tipo de paisajes, pero donde la dramaturgia siempre nos debiera invitar a seguir escuchando. Por eso un buen disco es semejante a un argumento, a una exposición, a una tesis, a una historia bien contada. Haciendo esta labor para su propio goce y para el disfrute de todos, siendo ejemplar en ella, el joven George Martin, que deseaba inventar algo digno del mundo, se transfiguró en revelador de maravillas, en mago, en sabio, en alquimista, en duende del traspatio que sabe los nombres secretos, desarma cerrojos y nos presenta a ese susto encantado que solemos llamar belleza.

Estamos ante un hacedor, ese es el signo de esta vida, y esa causa sabemos que merece alabanza, sobre todo cuando existen fuerzas muy poderosas empeñadas en deshacerlo todo. Por eso el Sr. Martin ha recibido premios y distinciones, por eso lo aman en todas partes, por eso lo queremos nosotros, los cubanos.

Entonces ahora, con respeto ―pero sin almidón―, como tributo a la gloria de una dimensión humana dedicada a crear el bienestar de la belleza y a regocijarse y a regocijarnos con ello, quiero que todos los presentes me ayuden a improvisar una canción para nuestro querido amigo. La orquestación debe ser la de nuestras voces. Sólo es necesario que coronen estos nombramientos con una palabra.



George Martin, señor de los sonidos,
                                                             alabanza.
George Martin, encendedor de estrellas,
                                                             alabanza.
George Martin, abridor de caminos,
                                                             alabanza.
George Martin, curador de soledades,
                                                             alabanza.
George Martin, cómplice de enamorados,
                                                             alabanza.
George Martin, sembrador de recuerdos,
                                                             alabanza.
George Martin, compañero del canto,
                                                             alabanza.
George Martin, amigo de la audacia,
                                                              alabanza.
George Martin, hijo de los humildes,
                                                             alabanza.
George Martin, barredor de fronteras,
                                                             alabanza,
                                                             alabanza,
                                                             alabanza.

                                                              
Muchas gracias.


Silvio Rodríguez Domínguez

La Habana, Cuba, 1º de noviembre, 2002.

viernes, 4 de marzo de 2016

Berta inmensa

Berta Cáceres en el Memorial Martin Luther King
Joel Suárez Rodés*

Me levantó con sobresalto una llamada a las cuatro de la madrugada. Desde Nicaragua un amigo español-nica-salvadoreño, internacionalista de vieja data, amigo de todos y todas, en gritos de rabia y llanto, me atravesaba con la terrible noticia. Ella fue de nuestra familia, encontró en nosotros un hogar y solidaridad, no sólo en el Centro. Las redes que animanos, la de educadores y educadoras populares y la ecuménica Fe por Cuba, desde muy temprano en la mañana comenzaron, en sus correos y llamadas, a desatar los hilos de afectos y del testimonio de sus encuentros con el COPINH, con ella y sus hijos. Marilyn desde El Salvador patea de rabia. Pareciera que ahoritica mismo, Ricardo, el santiaguero y Cadir, el camagüeyano, nos remitieran desde Honduras las fotos de su encuentro con COPINH y Berta allá en tierra hondureña. Y también acostumbrados a ver el mundo desde la pacificación de la existencia que han signficado todos estos años aquí en la isla, junto a la épica del encuentro, nos alcanzaron su preocupación por ella, por ellos, por sus vidas. Apenas fue en noviembre.

No recuerdo ya dónde la vi por primera vez, creo que fue en los intentos de reconstruir la solidaridad Norte-Sur, con la gente de EPICA y el parto luego de la Convergencia de los Pueblos de las Américas (COMPA); luego vinieron los días de la Campaña contra el ALCA, y desde ella y la energía y movilización que desató, la campaña contra la militarización de las Américas, el evento allá en la Utopía de lodo y tortillas con frijoles, en La Esperanza, Intibucá, la movilización frente a la base gringa en Palmerola; las movidas a los foros sociales, los Talleres Internacionales de Paradigmas Emancipatorios, y otros empeños solidarios y de resistencia. Alba Movimientos, la articulación, contó con su aliento. Vocera del grupo de trabajo sobre militarización, presentó nuestras conclusiones al Papa Francisco en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares en el Vaticano. Procurándole resguardo y bendición de primera mano ya la habíamos encomendado para el grupo de bienvenida. De nada le valió. La prensa oligárquica de su país, a tono con su familia transnacionalizada, ignoró la foto. Chocaba con amenazas y planes contra ella. Ni siquiera ante la santidad de una hija de Dios, que tenía como encomienda del sumo pastor rezar por él y cuidar la casa común, se detienen los sicarios al servicio de proyectos del capital transnacional.

Fue amazando, con su cultura de pueblo lenca y las exigencias ancestrales de defensa de la soberanía del territorio y el cuidado de la Madre Tierra, para sumar a sus resistencias y la de su gente, la lucha contra el patriarcado y la opresión de las mujeres. Tuvo costos que enfrentó con dignidad. Fue una convicta y confesa creyente en la solidaridad de los pueblos, por abajo y a la izquierda, de gestos y actuaciones bien lo saben los cubanos, colombianos y de antaño, los salvadoreños. Puso en alto la voz de la resistencia en el púlpito de nuestra Iglesia Bautista Ebenezer, aquí en Marianao, en La Habana. La recuerdo hormiguita durante las jornadas de movilización contra el golpe en Honduras, tuvo todo nuestro apoyo en todos los órdenes. Y la única medida de seguridad que tomó, bajó tanta amenaza, fue que sus hijos Salvador, Laura, Camilo y Bertica, de a poco, viajaran al exterior a estudiar. Claudia Korol y Buenos Aires recibieron a Laura y Salvador. Sancti Spíritus acogió a Bertica. Ella los alimentó cuanto pudo con ternura de madre y de compañera de retoños crecidos, les estimulo permanentemente al compromiso militante con la justicia y con su pueblo lenca. Doña Berta, su mamá, con quien hablé hace un rato, curada de tanto dolor desde los duros años ochenta en su Honduras y Centroamérica, terminó de crecer a Berta en el cuidado solidario de refugiadas salvadoreñas. Inquebrantable mujer de fe y catocilismo popular, en sus días de hospitales y cuidados en La Habana, encontró aquí, desde una humilde ecumenía que se robustece aún con golpes, años y achaques, las bendiciones de un pastor bautista y de un sacerdote argentino, sobreviviente de secuestros y dictaduras.

La última vez que nos juntamos a comer en nuestro hogar, su sonrisa era cómplice del retozo de Luna y los primeros pasos de Alba. Sobre la mesa, la alegría revoloteba dispuntándole a “los potros de bárbaros Atilas; o (a) los heraldos negros que nos manda la Muerte”.

La última vez que nos encontramos en La Habana, amigos y amigas hablamos con ella de esa posilidad, la alegría resentía por los golpes de bárbaros Atilas a su gente y a sus ríos, pero nos dijo “esta duro compita, puchica madre, toca enfrentar esos malditos".

Ella fue inmensa en su compromiso, inmensa en su humildad y sencillez, tremenda en su solidaridad, no siempre los revolucionarios alcanzan esa estatura. Parece que le es más dado a las revolucionarias. Por eso hoy ha sido unánime el sobrecogimiento, la rabia e indignación, los trabajadores y trabajadoras de la cocina de nuestro Centro sintieron que faltaba una comensal en la mesa, todos sabían a quién habían asesinado, bastó una simple mención y entre nosotros, nosotras cruzaba una mirada húmeda, una palmada en el hombro. Allí se iniciaba el camino de la resurección.

*Joel Suárez Rodés. Activista, es Coordinador General del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr.