Por Adolfo Urbina Pérez
El cantautor ha perdido pelo y ha ganado peso y arrugas con los años, a pesar de lo cual conserva un aspecto aniñado, frágil.
Muchos amigos cubanos nos previnieron "ojo con él, es difícil, cuidado con lo que preguntas", precauciones que resultaron innecesarias. Silvio se mostró sencillo, comunicativo, cálido, e incluso crítico en algunos aspectos de la Revolución cubana.
En Cuba se le conoce como Silvio, sin apellido, un honor que solo comparten Fidel y pocos cubanos más. Silvio compositor, cantante, poeta, político (recordemos que es parlamentario en su país), un hombre unido siempre a una guitarra, un cubano universal.
ADOLFO URBINA PÉREZ - Tu madre creo que ha sido, Silvio, una gran influencia para ti. Has comentado, "mi madre me dormía con canciones de la trova, se bañaba con danzones, barría con boleros, cocinaba con sones". De estas palabras tuyas se deduce, se desprende, que fue una gran influencia musical en tu infancia. ¿No es así?
SILVIO RODRIGUEZ DOMÍNGUEZ- Sí, es un poco habitual eso, porque en general el pueblo cubano es muy musical. Y el más grande consumidor de la música que hace, que es mucha y muy diversa y muy hermosa, es el propio pueblo cubano. Y bueno, mi madre, sí. Todo eso que estoy describiendo ahí es algo habitual en cualquier casa de Cuba, que las madres o los padres o los hermanos o los tíos o los abuelos hagan las labores domésticas o las labores habituales cotidianas cantando, silbando, tocando en las esquinas de las mesas, es parte de nuestra cultura, de nuestra manera de ser.
ADOLFO - Me gustaría que me hablaras un poco de tu infancia en San Antonio de los Baños. ¿Cómo se desarrolló? ¿Qué recuerdos tienes de esta localidad?
SILVIO - Bueno, mira, yo salí de San Antonio de los Baños a los 3 años de edad. En realidad, de esa etapa recuerdo muy poco, aunque recuerdo algunas cosas. Bueno, ahora mismo no recuerdo si salí a los 3 o a los 5, pero da lo mismo.
Yo después siempre mantuve los vínculos con San Antonio, porque es un pueblo que está muy cerca de La Habana. Prácticamente toda la familia materna mía se quedó viviendo allí y todos los fines de semana íbamos para allá. Luego, un poquito ya más mayor, como a los 10 años, pasé un periodo de año y medio allá, en San Antonio, donde estudié, donde hice nuevos amigos, donde ya hice una vida en la calle, normal, común, como cualquier muchacho de allí del pueblo y donde también me relacioné mucho con la naturaleza, que eso fue muy importante para mí.
Sobre todo, con las zonas boscosas que rodean el pueblo, que tiene bastante monte y un río. Un río que lo atraviesa y que nace en la Laguna de Ariguanabo y que muere allí, en el mismo pueblo. En ese río aprendí a nadar con otros amigos, con otros compañeros, navegué por primera vez, pesqué por primera vez. En aquellos bosques acampé y vi la flora y la fauna de cerca por primera vez. En fin, ese año y medio y en general aquellas visitas de mi niñez...
Todos los fines de semana fueron muy importantes para mí, para mi niñez, y creo que después también para mí como hombre, porque es de donde conservo un cariño, algo muy entrañable con la naturaleza.
ADOLFO - ¿De qué modo influyó la radio en tu infancia? Creo que fue una influencia muy importante.
SILVIO - Bueno, la radio... en Cuba se hace mucha radio. Siempre se ha hecho mucha radio de una manera muy diversa. Es habitual que en los pueblos, en todas partes, donde quiera que tú llegues a una casa, esté la radio encendida. Eso es el pan nuestro de cada día. Muchísimo más en aquella época de mi infancia, cuando la televisión todavía era una cosa muy joven.
La televisión llegó a Cuba en el año 50. Tengo entendido que fue uno de los primeros países donde hubo televisión. O sea, llegó inmediatamente; después que en Estados Unidos, vino a Cuba. Pero, lógicamente, los primeros equipos eran muy caros.
La programación de televisión, para que se desarrollara, tuvo que hacerse toda una infraestructura, tuvieron que hacerse estudios. Se tuvo que montar todo un tinglado televisivo, propiamente, ¿no? para que eso funcionara.
Por entonces lo habitual era escuchar la radio. Escuchar episodios por la radio, escuchar radionovelas, la música por la radio. Y entonces, ya te digo, lo más común del mundo era, entrar y salir de casa y estar escuchando la radio, cualquier tipo de cosa, a cualquier hora del día. A mí, particularmente, me llamaba mucho la atención, y en esto siempre tenía algún tipo de roce con mis mayores, la música clásica.
En Cuba existía, ya desde que yo era un niño y todavía existe, una emisora que se llama CMBF, y que es una emisora que transmite música llamada culta, o música de cámara, o música de conciertos. Entonces, a mí me gustaba escuchar esa emisora. Probablemente fuera porque me sedaba, porque era una música tranquila, porque era una música apacible muchas veces. Y yo me acuerdo de que, cuando yo era chiquito, me decían que eso era música de muertos, que por qué oía música de muertos.
Pero, en fin, mi relación... Mi relación con la radio es entrañable, porque fue una de las cosas cotidianas, una de las cosas habituales de mi niñez, y pienso que de la niñez de todos los cubanos.
ADOLFO - Usted incluso cantaba... bueno, le voy a tutear si le parece bien.
SILVIO - Sí, adelante, adelante.
ADOLFO - En España es muy habitual.
SILVIO - Claro que sí.
ADOLFO - Tú cantabas los anuncios de la radio, aquello del jabón Candado, la quinina Bayol.
SILVIO - Esas son cosas que cuenta mi madre. Parece que esas cosas sucedieron en mi primer año de vida, ¿no? Mi primero o mi segundo año de vida. Entonces, lógicamente, imagínate tú cuánta radio yo no estaría escuchando, cuando se me pegaban los anuncios de la brillantina y de las pastas dentales y de los jabones.
Ya eso habla por sí solo de la cantidad de radio que se escuchaba en mi casa y en general en las casas de mi pueblo.
ADOLFO - Incluso tu padre te presentó a un concurso radiofónico, Buscando Estrellas. ¿Lo recuerdas?
SILVIO - Eso sí lo recuerdo. Eso fue cuando tenía tres años. Bueno, lo recuerdo un poco así como entre sueños, ¿no? Pero tengo memoria clara, bastante clara de aquello. Me recuerdo allí en el estudio; me recuerdo cuando me presentaron. Recuerdo cuando ensayé con el pianista; recuerdo cuando canté.
Y es curioso, porque en ese mismo estudio, muchos, muchos años después, bueno, te voy a decir: 17 años después, yo hice mi primera grabación como profesional. O sea, como aficionado que salía del ejército y comenzaba la vida profesional. Y es el estudio 2 del Instituto Cubano de Radio y Televisión.
ADOLFO - Curioso. En 1959, cuando triunfó la Revolución, tenías 12 años, si no me equivoco.
SILVIO - 12 años, sí. Acabados de cumplir.
ADOLFO - Sí. ¿Cómo era la Cuba de entonces? ¿Cómo la recuerdas? ¿Cómo recuerdas el triunfo de la Revolución en la casa, en las calles?
SILVIO - Bueno, yo recuerdo... nosotros estábamos en San Antonio, fuimos a pasar el fin de año, el fin del año 58, a casa de mis abuelos maternos. Nos fuimos dos o tres días antes. Si mal no recuerdo, era un fin de semana o algo así. Entonces, bueno, en esa época siempre hay vacaciones. En las escuelas hay unas cortas vacaciones de fin de año, ¿no? Y recuerdo que no pudimos movernos hacia La Habana, justamente por la caída de Batista, ¿no?, por el triunfo de la Revolución. Y nos quedamos dos o tres días más allí. Mis padres pensaron que era más seguro, que no se sabía qué era lo que iba a pasar. Había una huelga general. El pueblo estaba lanzado para las calles. Todavía estaba el ejército de la tiranía perfectamente articulado. Estaba el ejército rebelde entrando a las ciudades y podían suceder, como sucedieron, incidentes armados y ese tipo de cosas, que fueron pocos. En realidad, después de que se fue Batista, la situación se controló con bastante velocidad.
Y entonces, yo recuerdo que el primero de enero... ese fue un día muy luminoso. Yo no sé por qué una de las cosas que más recuerdo es el azul del cielo y las nubes. Era un día espléndido, un día de esos con un sol radiante y la gente también estaba radiante. Quizás esa mezcla de naturaleza humana con la otra naturaleza es la que me impresionó tanto y hace que lo recuerde así, tan vívidamente, ¿no?, ese día.
ADOLFO - La naturaleza como bienvenida, ¿no? El azul del cielo como bienvenida.
SILVIO - Sí, había algo simbólico, porque pudo haber tocado un día lluvioso, ¿te das cuenta?, pero no, no fue así, fue un día espléndido, de gran luminosidad.
ADOLFO - ¿Recuerdas las voces de Fidel, de Camilo Cienfuegos, del Che a través de Radio Rebelde?
SILVIO - Yo recuerdo las voces de ellos incluso desde antes del triunfo de la Revolución, porque las escuché en mi casa y en casa de otros familiares, a través de la Radio Rebelde.
Eso era, se escuchaba, ¿no? Y a los niños se nos advertía que no habláramos de eso porque estaba prohibido, lógicamente, escuchar la Radio Rebelde. Pero entraba, entraba con mucha dificultad, en en ciertas bandas que se buscaban; siempre los radios se llevaban para el fondo de la casa y se escuchaba muy bajito, todo el mundo muy pegado a la radio para no subirla mucho de volumen. Y sí, recuerdo la voz de Fidel, recuerdo la voz de Camilo, recuerdo la voz del Che y recuerdo la voz de Violeta Casals, que era una presentadora que tenían ellos, que ya murió. Recuerdo esas cosas.
ADOLFO - Tenías, dijimos, 12 años. Pero ¿cómo recuerdas aquella sociedad bajo la dictadura de Batista?
SILVIO - Bueno, yo no tenía mucha lucidez, mucha conciencia, pero sí me percataba de algunas cosas, ¿no? De lo abusiva que era la policía. Por ejemplo, una vez vi a un policía pegarle a un mendigo, sin ninguna razón aparente, con un palo, con un tolete y abrirle la cabeza. Recuerdo también el 13 de marzo que me sacaron corriendo de mi escuela, porque los estudiantes estaban asaltando el Palacio Presidencial, y el tiroteo se oía en toda La Habana. Había tiros en casi todas las esquinas... Recuerdo esas cosas así, ¿no?
Recuerdo discusiones políticas de los mayores. Siempre me advertían que no repitiera lo que estaba escuchando en la calle, porque, bueno, los niños a veces son imprudentes y repiten lo que dicen los mayores; pero, en este caso, tenía una implicación política, que podía tener consecuencias en los mayores, de represión, ¿no?
Y entonces nos habituamos desde niños también a ser muy discretos. En frente de mi casa, cuando yo vivía en la calle San Miguel, por ejemplo, existía una panadería donde se vendían bonos, bonos clandestinos, para buscar contribuciones para el ejército rebelde, ¿no? Y para la lucha clandestina contra la tiranía. Entonces todos los niños del barrio sabíamos que ahí se vendían bonos. Y sin embargo, la policía nunca supo que ahí se vendían bonos. O sea, había una complicidad social muy grande con ese tipo de actividades.
ADOLFO - Al inicio de tu carrera, un productor te dijo: muchacho, con el ángel que tú tienes serías una estrella en un par de meses, si no cantaras canciones tan raras. ¿Recuerda ese comentario?
SILVIO - Yo recuerdo el comentario, ¿cómo no? Yo comprendo que mis canciones tuvieron que parecer un poco raras en un principio, porque realmente yo no tenía ninguna referencia con músicos, ningún contacto con músicos profesionales, cuando yo empecé a componer.
Yo empecé a componer porque me cayó una guitarra en las manos y, para matar el aburrimiento en las unidades militares, empecé a darle a la guitarra y me empezaron a salir cosas y empecé a hacer canciones. Después le puse mucho interés, porque yo tenía cierto hábito ya de escribir, había trabajado en la prensa. De hecho, en las Fuerzas Armadas, también me ubicaron en algunos periódicos, trabajé en alguna prensa militar. Y esto me posibilitaba seguir en contacto con la cultura, con la información, con la poesía, con la literatura, con la pintura. Y entonces, cuando empecé a componer, que empecé por pura distracción, indudablemente influyó en mí, en mis lecturas, influyó en mis intereses, mis gustos, que ya estaban en camino. Ya yo tenía una trayectoria en cuanto al gusto: leía, leía poesía. Era muy jovencito, pero tenía esos intereses. Mis lecturas por entonces eran lecturas adolescentes. Estaba leyéndome las cosas que uno se lee a los 17 años. Me estaba leyendo a Edgar Allan Poe, a Joseph Conrad, a Herman Melville, a José Martí, en fin, me estaba abriendo a la literatura universal, adentrándome más bien. Y entonces, aquellas influencias empezaron a aparecer en los textos que yo escribía. Y lógicamente no existía un hábito de enfocar la canción, en aquel momento, de esa manera. La canción había seguido una trayectoria, una línea, una secuencia con la que yo no tenía que ver.
Tampoco estaba informado de qué era lo último que se estaba haciendo, cuál era la trayectoria de la canción cubana. Yo tenía una idea de lo que era la canción, a partir de lo que escuchaba por la radio, de lo que cantaban en mi casa, de esos gustos, de escuchar a Benny Moré, de escuchar a Sindo Garay, de escuchar las canciones antiguas que cantaba mi abuela, mi madre, mi familia. Pero yo no tenía, digamos, formado un criterio en cuanto a la cancionística, ni nada de eso. O sea, que empecé en un estado virginal completamente, a partir exclusivamente de mis referencias, sin contacto con músicos, con tendencias, con nada.
Por eso, cuando llego al medio de la canción profesional, mis canciones pueden sonar un poco raras. Y aun así, bueno, a mí me gustaban las canciones que yo hacía porque pensaba que estaba diciendo mis propias cosas, ¿no? Para mí eso era importante. Eso sí lo tuve claro, que cada compositor tenía que decir sus propias cosas. No tratar de ser como otros, de decir las cosas que decían otros. Incluso una de las razones que a mí me motivó a hacer canciones, a dedicarme a hacer canciones, a convertir aquello en un hábito, fue porque yo sentía que había canciones que no estaban hechas y que me hubiera gustado escuchar. Entonces me propuse hacerlas yo mismo.
ADOLFO - Interesante. La guitarra es casi una prolongación de Silvio Rodríguez; instrumento al que has dedicado varias canciones. ¿Qué es la guitarra para ti?
SILVIO - Bueno, imagínate. La guitarra a estas alturas para mí simboliza muchas cosas. Y a nivel íntimo, personal, es demasiado. Es muy abarcador lo que yo pienso, lo que siento respecto a la guitarra. Date cuenta de que es un instrumento que llegó a mí y que empezó entreteniéndome, sirviéndome. Y de que ha sido tan poderosa su personalidad que yo he terminado sirviéndole a ella. Es algo tremendo esto con la guitarra, porque si bien empecé para no aburrirme, he terminado prácticamente ya con un deber. Con el devenir, con el paso del tiempo, aquello que comenzó siendo un juego prácticamente, se ha convertido en un deber, casi en un principio. Yo pienso que, en gran medida, la guitarra tiene responsabilidad en eso… Por supuesto que yo también... no me excluyo. Mis propias ideas, las circunstancias en que me ha tocado vivir, las conclusiones a las que he llegado, cómo me ha resultado la vida también. Todas esas cosas combinadas. Pero el detonante de todo eso fue mi encuentro con la guitarra. Me cambió la vida por completo.
ADOLFO - La guitarra también es un arma, además de un instrumento musical, ¿no, Silvio?
SILVIO - La guitarra es un arma... en cuanto a que está al servicio de algo, ¿no?, en ese sentido. Es un instrumento y en realidad cualquier instrumento es un arma, depende en qué dirección tú lo utilices. En ese sentido sí creo que puede ser un arma, también, la guitarra.
ADOLFO - ¿Qué características definen y diferencian la nueva trova, con respecto a la tradicional? Uno de ellos, una de las características diferenciadoras puede ser que se abordan temas sociales, históricos, filosóficos. Y otro quizá el tratamiento de la mujer. Que la mujer pasa de ser un objeto de culto por su belleza... a ser otra cosa.
SILVIO - Bueno, eso tiene que ver con la situación que tenía la canción, cuando aparece nuestra generación, nuestra promoción de trovadores. En general se le cantaba así, de una manera muy idílica a la mujer, y nosotros que éramos jóvenes formados por un proceso social que proponía otras cosas, que incluso sacaba a la mujer de aquel estado de dependencia y le daba la oportunidad de convertirse a sí misma en un ser social, en un ser que aporta, en un ser que tiene voz y voto, ya no en un ser dependiente. Entonces, toda esta filosofía nueva que inaugura la Revolución socialmente nos impregna. Y, lógicamente, comenzamos a cantar también con esa perspectiva, con esa visión.
Nosotros mismos, como personas, tratábamos también no solamente de cantar, sino de ser mejores en ese sentido, de tener otro tipo de relación con la mujer, no humillante, sino una relación de igualdad.
Por ahí se meten costumbres, por ahí se mete la cultura de este pueblo, que es muy larga y que tiene mucho peso, donde funcionan cosas que a veces ni te das cuenta que las tienes dentro y se te salen. Y es parte de tu historia, es parte de lo que te enseñaron tus padres, es parte de lo que aprendes en la calle, viendo a la gente cómo se comporta. Es parte, en fin, de la cultura y de la historia de tu entorno, de tu país, de tu pueblo. Y entonces, a veces eso significa una lucha con uno mismo. Y también hacer canciones en esa dirección en que estás transgrediendo, digamos, hábitos, maneras de conducirse, significa, no sé... crear conflicto y convertirte también en una entidad conflictiva. Y todo eso, al mismo tiempo que era muy hermoso en nuestra generación, también era complicado. Porque también nos traía problemas. No con instancias oficiales solamente, sino a veces con cualquier vecino que decía, oye, tú estás cantando esto y esto, que la mujer es así. Pues mira, yo a mi mujer no la trato de esa manera... A veces, muchas veces, era chocar con costumbres, con cosas que estaban arraigadas. Y que la historia ha demostrado que es muy difícil de desarraigar de dentro de un pueblo, ¿no? Entonces, bueno, ese era uno de los tantos temas, y una de las tantas maneras diferentes que nosotros teníamos de abordar la canción.
ADOLFO - En muchas de tus canciones ensalzas un tipo de guerra. La lucha por la libertad, la independencia, la liberación de un yugo. ¿Alguna vez has denunciado en tus canciones lo que la guerra tiene de sucio, de alienante, cuando el soldado no es más... no es una persona, sino un instrumento de intereses ajenos, por ejemplo?
SILVIO - Bueno, he hecho tantas canciones, que ahora no sé si en alguna he tocado eso. Probablemente sí. Pero mira, me salta a la memoria una de hace algunos años que es una canción obviamente anti guerrerista, ¿no?... que es Sueño de una noche de verano. Aquella que dice "yo soñé con aviones, que nublaban el día" etcétera, etcétera. Pero por ahí hay otras canciones; también que eso depende de las circunstancias que uno esté viviendo, de las cosas que estén en juego en el momento en que uno está cantando. Porque también tuve momentos de hacer canciones de exaltación a la lucha armada en América Latina. Por ejemplo, cuando cayó el Che, yo creía mucho en la tesis del foco guerrillero.
El Che fue uno de mis símbolos predilectos en mi juventud. Y le canté con mucha pasión, incluso a veces hasta dije que cantaba porque no podía empuñar las armas e irme a América Latina como él. O sea, que los momentos históricos también Influyen mucho en lo que se canta, ¿no?
ADOLFO - Tú, Silvio, en 1976 participaste en la guerra de Angola. ¿Qué hiciste allí y qué significó en tu vida esa experiencia?
SILVIO - (enciende un cigarrillo) Bueno, ¿puedo recesar un momentito?
... La guerra de Angola... comenzó en el año... 1975. Esto... Te dije anteriormente que a veces lamentaba no poder hacer en la vida lo que cantaba, ¿no? Y entonces... una de las cosas que me llevó a inscribirme con tanta decisión en aquellos contingentes que estaban marchando a Angola fue precisamente eso, ¿no? O sea, por fin realizar ese sueño de ser internacionalista. Y que era un poco y un mucho el ejemplo del Che. Yo pienso que el pueblo, la juventud cubana respondió a ese momento con aquella decisión tan grande, justamente por eso, porque teníamos el ejemplo ese del Che. Porque... Bueno, porque éramos un pueblo hostigado, como todavía lo somos. Y porque la vida nos había enseñado que la lucha por la liberación era necesaria.
Esa es una de las cosas hermosas que nos ha enseñado la Revolución. O sea, ese altruismo, esa cosa de poder desprenderse de todo e ir a otro país a dar el trabajo, a dar lo que uno sabe, a dar la ciencia, a dar la cultura. Y a veces a dar la vida también. Entonces... Pues ahí, dentro de ese montón de decenas de miles de cubanos, partí yo. Partieron otros artistas también.
Nosotros nos inscribimos con el propósito de ir como combatientes, pero el hecho de que había varios artistas en el mismo caso... inspiró a las fuerzas armadas a crear una brigada artística. Y nos pusieron a recorrer las unidades militares angolanas y cubanas, los distintos frentes durante todo ese tiempo, que fueron en total como siete meses. Primero cinco, después regresamos acá un tiempo y volvimos otros dos meses.
Yo pienso que experiencias como esa, no quiero decir la guerra, pero que experiencias épicas le hacen falta por lo menos una vez en la vida a todo ser humano; yo creo que eso te ayuda a calibrarte, afina tu carácter, te ayuda a conocer el mundo y a conocerte a ti mismo, que es algo muy importante. Y en todas esas direcciones me sirvió a mí aquella experiencia angolana, aparte de conocer un país extraordinariamente hermoso, diverso, tanto geográfica como culturalmente, con pueblos muy diferentes, con historias diferentes, con lenguajes diferentes, con costumbres diferentes, con hábitos diferentes.
Te encuentras allí desde pueblos que son nómadas del desierto hasta pueblos que viven prácticamente en los árboles y... con el contraste de ciudades enormes, bellísimas, construidas por los portugueses... súper carreteras, ríos inmensos con presas fabulosas, zonas donde prácticamente el ser humano no puede entrar de tal densidad de la vegetación.
Allí en el norte de Angola, en lo que es Cabinda, está la segunda selva en el mundo en densidad, que es la selva de Mayombe.
Y luego conocer ese país tan fabuloso, ya de por sí en condiciones tan especiales. Cómo es invadido por una potencia fuertísima, agresiva, como era Sudáfrica en ese momento. Y conocerlo de esa forma, ir allí y ver y compartir con los angolanos, con tantos cubanos que fueron y cayeron. A veces estabas con un compañero hoy y al día siguiente te enterabas de que había muerto en un enfrentamiento, en una mina, en una emboscada. En fin, todas esas experiencias, conocer a esa gente, ver que esos héroes eran de carne y hueso, que a veces lloraban recordando a sus hijos, y al día siguiente se enfrentaban con una pistola a un tanque; que tenían la valentía de capturar ellos solos a un grupo de enemigos y luego, en sus ratos libres, escoger un grupo de niños de una aldea y ponerse a cantar, aprenderse las canciones de ellos, enseñarles las canciones de los pioneros cubanos... Todas esas experiencias tan diversas, realmente fueron muy, pero muy importantes para mí. Por eso creo que regresé cambiado de Angola, o no cambiado; yo diría más bien que terminado.
ADOLFO - Silvio, la muerte aparece de un modo u otro en muchas de tus canciones. ¿Qué es para ti la muerte? ¿Sólo la antítesis de la vida? ¿Y la religión? ¿Qué significado tiene? ¿Es siempre alienante, sin más?
SILVIO -Bueno, mira, la muerte es algo inevitable, hay que partir de eso, cuando menos por ahora. Yo pienso que lo que hay es que hacer, en este pedacito de tiempo que tenemos, la mayor cantidad de cosas buenas que podamos, para no perder este tiempo precioso que la suerte nos regala y que se llama vida. Eso es lo que pienso.
ADOLFO - ¿Y con respecto a la religión?
SILVIO - Con respecto a la religión, no sé, la... Las religiones son un poco como que... la burocracia de la espiritualidad, ¿no? Y no creo mucho en las religiones. Eso no quiere decir que no tenga espiritualidad, que no sienta, que no piense cosas, que no me sienta inspirado por cosas, que prefiero no nombrar porque... no sé, porque caen dentro de un ámbito de mí mismo muy personal Y me parece que es parte de mi manera de ser humano, de la más íntima manera de ser humano.
ADOLFO - Bueno, y a propósito del tema de la religión, quería preguntarte tu opinión sobre un fenómeno muy cubano, que es el de la santería. Que va incluso más allá de la propia religión, ¿no?
SILVIO - . Ni más ni menos más allá que la propia religión. Es cultura, ¿no? Es parte de nuestra cultura. Y las religiones son... parte de la cultura universal, en definitiva. Eso es parte del acervo cultural, algo cotidiano aquí, para nosotros. Ahora, últimamente, hay un resurgir de todo eso, ¿no? Pero se publica, se investiga. Está muy bien que se investigue y se publique. Sin embargo, a nivel cotidiano uno está tan relacionado con eso desde que nace... que es un poco como... no sé, como ponerle nombre al ombligo, a la nariz, a los ojos, a lo que uno está habituado de toda la vida.
Es común, es normal nacer aquí en cualquier casa y que el vecino de al lado, o la vecina de enfrente tire las barajas, o sea santera, o que en tu propia casa haya quien cree en los espíritus. Todo eso es parte de la cultura de este pueblo de toda la vida, por lo menos desde que yo nací, y para mí no es nada extraordinario. Para mí eso no es ningún descubrimiento. O sea, lo he vivido cotidianamente como cubano Y creo que es parte de nuestro sabor, de nuestra enjundia, de nuestro espíritu.
ADOLFO - Me gustaría hablar del papel del español ahora mismo en Cuba. Me han hablado de empresarios españoles que explotan al trabajador cubano para incrementar su capital, de turistas sin escrúpulos que se aprovechan de la difícil situación económica para comprar sexo, que eso es muy habitual. Y también la parte positiva, ¿no? quizá los grupos de solidaridad, que en España también son muy activos. Ahora mismo ¿cuál crees que es el concepto que se tiene del español en Cuba?
SILVIO - Bueno, mira... eso depende. En primer lugar, los empresarios españoles que están en Cuba no han impuesto su presencia. O sea, están aquí porque el gobierno cubano les ha dado esa posibilidad. Y el gobierno cubano les ha dado la posibilidad de que inviertan por la situación económica en que estamos. Porque llegamos a la conclusión en determinado momento de que sin inversión extranjera no podíamos avanzar más. Entonces, yo creo que es un poco duro ver a los empresarios de esa manera. Aunque no dudo que también en la masa de empresarios haya quien sea más aprovechado; eso no se excluye, pero no creo que sea una manera de calificar el fenómeno. Me parece injusto.
Por otra parte, el turista que compra sexo aprovechándose de la situación... Bueno, el turista compra sexo porque también hay quien se lo vende. Indudablemente en nuestra propia sociedad existen las deficiencias y los problemas que determinan eso, además del turismo. O sea que yo creo que también hay que ser crítico en este caso con nosotros mismos. No solamente echarles culpas a los turistas y al turismo.
ADOLFO - ¿Pero no crees que es más despreciable la actitud del turista que se aprovecha de la coyuntura económica difícil para...
SILVIO - El turista es turista en todas partes, y va y coge lo que se le ofrece, y a veces no es culpa del turista. Por otra parte, tampoco dudo que haya turistas que traten de meter drogas, o que traten de meterse en comercios ilícitos. Bueno, ya eso es otro tipo de cosa, ¿no? Ese es un turista que está contribuyendo a nuestras desgracias, que las está incrementando. Pero yo pienso que hay que tener claras las cosas. Y ser objetivos.
Por otra parte, no puedo comparar las dos situaciones, la del empresario y el turista con la de los grupos de solidaridad. Son cosas completamente diferentes. O sea, en los grupos de solidaridad uno ve una hermandad, una identificación, una solidaridad humana.
Yo pienso que estas cosas hay que verlas con objetividad, porque hay cosas que son producto de nuestras deficiencias, de nuestros propios problemas, que nos han llevado a abrirnos al turismo, que nos han llevado a la inversión extranjera, y que indudablemente esas cosas nos crean nuevas situaciones.
Pero tenemos que enfrentarnos a esos problemas, si queremos sobrevivir. Y si queremos desarrollarnos, tenemos que enfrentarlo... Lo que no podemos es dejar de coger por un camino por ver que en ese camino nos vamos a encontrar 3 o 4 piedras, porque si es el único camino que hay, hay que enfrentarse a esas 3 o 4 piedras, quitarlas, ponerles dinamita, volarlas y seguir adelante. Entonces yo pienso que eso es parte de lo que hemos asumido y de lo que no nos queda más remedio que asumir.
ADOLFO - De todas formas, la autocrítica siempre es saludable
SILVIO - Absolutamente, yo te diría que imprescindible
ADOLFO - Yo empezaría por mi país diciendo que durante los 80 el culto al dinero ha fomentado la especulación y el egoísmo, el nivel de protección social es más bajo, y la diferencia entre ricos y pobres es más alta. Sobre Cuba, ¿qué dirías?
SILVIO - Bueno, Cuba está cambiando...
ADOLFO - Puntos críticos que pueda haber.
SILVIO - Bueno, ya te mencioné algunos. Cuba está cambiando; Cuba fue un proyecto socialista, una especie de esquema, un modelo, y que lógicamente ha tenido que revisar todo eso, producto... bueno, del derrumbe del campo socialista, de que todas las importaciones se nos cayeron, prácticamente un 80%. Las exportaciones también; de pronto no teníamos a quien venderle, y no hay desarrollo posible sin comercio, eso lo enseña la historia de la humanidad. ¿Por qué los fenicios fueron un pueblo floreciente en el Mediterráneo? Porque tenían la flota comercial más grande, porque se preocuparon más de eso que de la guerra. Entonces nosotros tenemos que comerciar, el comercio es inevitable para el desarrollo, es imprescindible para el desarrollo. Pero de pronto un día, de la noche a la mañana, nos quedamos sin comercio, nos quedamos sin aliados, nos quedamos sin amigos, nos quedamos sin créditos, nos quedamos agarrados de la brocha como decimos nosotros (el pintor que está pintando el techo y le quitan la escalera, se tiene que quedar agarrado de la brocha). Entonces eso nos lleva a todas estas situaciones nuevas, a todos estos cambios, a todos estos ajustes, porque estos son ajustes, y también dentro de estos ajustes, indudablemente que también hay transformación, porque la oferta y la demanda es un elemento que tiene que empezar a jugar un papel dentro de nuestra sociedad, tanto en nuestras relaciones con el exterior como en el seno mismo de nuestra sociedad y... así se está haciendo.
Se están liberando una serie de fuerzas productivas que estaban muy atadas, yo pienso que por un esquema absurdo del socialismo, yo pienso que por un error que se cometió hace muchos años, que fue intervenir todos los pequeños comercios, las pequeñas propiedades de gente que prestaban servicio a la población y que el mantenerlos activos yo no creo que atentara para nada contra los principios del socialismo. Y hay mucha gente en Cuba que piensa igual.
Y pienso que estamos pagando ese error terrible que se cometió en el año 68. Y ahora hay que abrir todo eso de nuevo, sin experiencia, con un hueco, con un bache enorme en todo eso, haciéndole frente a todos los problemas de especulación que abrir eso de nuevo contrae, a todas las deformaciones que esta nueva realidad en la que estamos también contribuye.
En fin, estamos en una etapa de tránsito, de franco tránsito. Estamos en una transición completa. ¿Hacia dónde?... Yo espero que sea siempre hacia nuestra independencia hacia nuestra dignidad nacional, hacia nuestra soberanía y también a la dignidad del hombre y la mujer cubana.
¿Que nos vamos a encontrar, y nos estamos encontrando muchas dificultades?, no tengo la más mínima duda, pero este es el camino. Hay que jugar a esto, no hay otro remedio. Lo otro es desertar, lo otro es irse o ponerse a llorar, y ya se sabe que solo los lamentos no traen nada bueno.
ADOLFO - Bueno, entramos ya en la última parte de la entrevista para no restarte más tiempo.
¿Cómo analizas la llamada crisis de los balseros? ¿Son simples gusanos? ¿Personas cegadas por un paraíso irreal? ¿Instrumentos de la política? ¿Qué son?
SILVIO - Bueno, en realidad en Cuba desde hace muchos años existen balseros, vamos a empezar por ahí. No es un fenómeno del verano pasado. En el verano pasado se dio la coyuntura para que esto se convirtiera en un éxodo masivo, cuando producto de la política de los Estados Unidos, de todas las emisoras aquellas que invitaban a la gente constantemente a escapar a la libertad, entre comillas, y que los recibían como héroes. Y luego aquí no les daban visas, lo que estimulaba aquella cosa de la deserción. Todo aquello... tenía un propósito político de pintar a Cuba como un lugar donde no se podía vivir, donde la gente estaba asfixiada. Entonces se determinó, como tú sabes, no cuidarles más la frontera, que fueron las palabras de Fidel. Y entonces eso fue prácticamente una patente de corso para que todo el que tuviera un cachivache se montara en él y se fuera.
Yo pienso que entre esos balseros hay mucha gente honesta, hay mucha gente honrada, hay mucho pueblo desesperado, es cierto. Y también hay delincuentes, también hay gente que quiere vivir fácil, gente atraída por los cantos de sirenas de los Estados Unidos, de que es la sociedad donde uno llega, donde a la semana ya tiene un coche, ya tiene una chica dentro del coche, ya tiene un yate... En fin, hay mucha gente que piensa que eso es muy fácil allá, y pienso que es producto de una coyuntura, de una coyuntura que afortunadamente se resolvió de la mejor manera, y que se nota, yo te diría, un cambio ostensible en la parte subjetiva del país, del pueblo, de la ciudad, de las calles. El ambiente que había hace unos 3 o 4 meses atrás, al ambiente que hay hoy día...
Claro, indudablemente esa mejora subjetiva no se debe solamente a que se resolvió la crisis de los balseros, a que se llegó a un acuerdo con los Estados Unidos, a un compromiso de que van a dar 20.000 visas al año y todo eso... También se debe a que inmediatamente después de aquello, se tomaron aquí internamente una serie de medidas que hacía mucho rato que debían haberse tomado, medidas en el sentido del mercado, del mercado campesino. Se está siendo más tolerante en cuanto a la posibilidad de la gente de buscarse la vida, de que todo no tenga que ser a través de un aparato y de un organismo estatal que además no funcionaba, y que eso creaba una irritación tremenda.
O sea que se están dando pasos que son acertados, pienso yo, y que hay que seguir avanzando y profundizando en esos pasos. Hay que dar más pasos en esa dirección, y espero que nunca más se nos ocurra detener esto que al fin ha empezado.
ADOLFO - Cambiemos de tema. Has vivido muchísimos años en Ciudad de La Habana.
¿Qué sientes por ella? ¿Cuáles son tus rincones favoritos? Quizá La Habana ahora mismo es una bella dama en decadencia ¿no?
SILVIO -Bueno yo no la llamaría en decadencia, o sea, un poco mal vestida quizá, pero no creo que sea una Habana decadente. La Habana es una ciudad heroica, chico. La Habana es una ciudad que ha resistido los embates del odio, de todo tipo de contingencias. Es una ciudad heroica. Se acusa mucho a La Habana de ser la ciudad más débil ideológicamente del país, la que tiene más prostitución, la que tiene más mercado negro, la que tiene más delincuencia, pero también es la ciudad más grande. Y como todas las ciudades grandes, como todas las capitales, concentra todos los defectos, y, creo yo, también todas las virtudes. Pero a veces se ven poco las virtudes de La Habana.
La Habana también es una ciudad muy solidaria. A La Habana llega cualquier viajero y tiene puertas abiertas donde quiera. Y eso lo constatan todos los que nos visitan, sean del exterior de Cuba como del interior de Cuba. Es verdad que en La Habana también te fastidian y te timan con más facilidad, pero eso también pasa con más facilidad en Madrid que en Vitoria.
ADOLFO - Sí, sin duda.
SILVIO -O sea, pasa en todas partes del mundo. Eso es común a todos los países y a todas las capitales. Y es una ciudad muy luchadora y es una ciudad muy hermosa. Yo vivo enamorado de La Habana, porque yo he visitado muchos lugares del mundo. Bueno, no tantos, pero sí algunos. Y pocas veces me he sentido tan impactado por la belleza física de una ciudad como por la belleza de La Habana, siendo mi propia ciudad. Creo que García Márquez lo dijo hace tiempo, y una vez más tenía razón. Creo que él había visitado La Habana en el año 50 y algo. Y que cuando triunfó la Revolución y empezaron las leyendas de que los revolucionarios destruían las ciudades y todo aquello; creo que cuando vino a Cuba por segunda vez fue en el año 62 y pensó encontrarse una ciudad devastada. Y sí, era una ciudad ya con escaseces, con problemas, con líos, pero constató, según dijo, que seguía siendo... la ciudad más bella del mundo. Un poco exagerado esto último, pero realmente es una de las ciudades más bellas del mundo.
ADOLFO - Sin duda que sí, que lo es. Me gustaría que me hablases...
SILVIO - Mal vestida y todo (ríe)
ADOLFO - Me gustaría que me hablases de las circunstancias que rodearon, la composición de varios temas musicales. Si recuerdas el momento en que se compusieron, las circunstancias, anécdotas. Ojalá...
SILVIO - Ojalá la compuse en un barco de pesca, haciendo la travesía de La Habana a África. Ahí compuse un grupo de canciones. Por cierto, que hace poco las reuní, eran 62 canciones. Les hice un prólogo y es un libro que va a salir.
ADOLFO – Unicornio.
SILVIO - Unicornio es una canción que compuse creo que en el año 80, 81. Fue una canción que me costó mucho trabajo terminar porque comencé haciendo la música. Hice toda la música en la guitarra, como si fuera una piececita para guitarra. Pero me pedía letra aquella música y no se la encontraba. Y tardé meses en hallar el unicornio perdido.
ADOLFO - ¿La guitarra del joven soldado?
SILVIO - La guitarra del joven soldado es una canción muy autobiográfica. Habla de aquella primera guitarra que yo tuve. Y ahí en el disco decía que era un buen remedio contra la soledad y contra el aburrimiento. Es una canción que yo creo que le puede servir a cualquiera que esté haciendo la mili, en cualquier lugar del mundo. Cuando estés con mucho aburrimiento, agarra una guitarra y vas a ver que te entretiene.
ADOLFO - Emilia, por último.
SILVIO - Emilia es una canción del año 69. La hice poco antes de aquel viaje en el Playa Girón, en aquellos meses. Se debe a la misma persona que me inspiró Ojalá. La misma persona que me inspiró muchas canciones de esa época. Y es una novia que yo había tenido cuando estaba en el ejército. Y que se llama Emilia. Emilia Sánchez. Es profesora de literatura actualmente en Camagüey. Y es una amiga... ya de toda la vida se podría decir. Y, bueno, eso es Emilia.
ADOLFO - Qué lindo ser protagonista de canciones como esas, ¿no? Y estará encantada, supongo, de serlo.
SILVIO - Bueno, ella y yo nos queremos mucho. Y me imagino que sí, que debe ser agradable.
ADOLFO - Por último, me gustaría que hicieras, si es posible, una referencia a nuestro comité de Miranda de Ebro. Es un comité que trabaja en favor de Cuba. Unas palabras de apoyo o algo así. (Este comité envió una gran remesa con jeringuillas, desinfectantes y preservativos, al llamado Sidatorio de La Habana)
SILVIO - Bueno, pues imagínate tú, es la gratitud quien habla por mí. Yo pienso que sin esta solidaridad que nos dan ustedes, nosotros no estaríamos completos. O sea, esto nos fortalece mucho y, sobre todo, nos compromete mucho a ser eficaces. A dar en el clavo, a no andar por las ramas. Porque el hecho de que haya personas, gente en el mundo, preocupados por nosotros y entregándonos su trabajo, su tiempo, sus posibilidades, sus recursos, eso nos compromete mucho. Eso nos compromete a ir por donde debemos ir y como debemos ir y a ser como debemos ser. O sea, en este sentido, yo pienso que es una gran ayuda toda la solidaridad con Cuba.
El disco.
ADOLFO - Ah, sí, por supuesto. Quiero que me hables de la grabación de tu último disco, Recientísima. Si no me equivoco, ha terminado estos días la grabación. Estará en fase de mezclas, ¿no?
SILVIO - He terminado en estos días la grabación y estoy terminando en estos momentos el acople del disco. Debe salir en España en noviembre. Perdón a todo el mundo, debió haber salido en septiembre, pero... Por problemas más técnicos que de otra índole, no ha podido ser. Hemos tenido que pelear mucho con problemas técnicos. También tenemos mucha dependencia porque en Cuba, en este momento hay un solo estudio de grabación con calidad suficiente como para grabar. Y ahí graban todos los músicos cubanos y toda la música cubana se graba ahí. Entonces es una cola infinita. Y no es fácil, ¿no? No es fácil. Hay que aprovechar muy bien el tiempo. Hay que trabajar mucho contra el tiempo. En este caso, no por razones económicas, sino por razones de escasez. Y entonces todo eso lo hace todo más difícil, ¿no? Aun así, bueno, ya estamos terminando prácticamente. Se llama Rodríguez.
Los editores en España están un poco preocupados porque no me veo en la foto de la portada. Lo que se ve es una sombra que puede ser cualquiera, pero bueno, yo supongo que como tiene un diseño muy parecido al Silvio la gente lo identifique inmediatamente. Esto es una preocupación de la casa de discos que es tremenda, que prácticamente ha querido que cambie la portada y todo, pero no, a mí me gusta la foto esa de Roberto Coggiola, es un poco misteriosa pero es bonita.
El diso tiene 11 temas. Curiosamente tiene varios temas compuestos para distintos eventos. Tiene uno llamado Escaramujo, que está hecho para un disco de UNICEF, sobre los derechos del niño, que esa versión de UNICEF va a salir antes del fin de año, supongo, y en ella participan Eduardo Aute, Anabel López, Vicente Feliú, Carmen Prieto de Chile y una cantidad de niños... Amaury Pérez... en fin yo también por supuesto. En Rodríguez hay una versión mía a guitarra de esa canción, que se llama Escaramujo, y que es una especie de adivinanza, es un juego infantil más o menos.
Existe otra canción que compuse para un documental sobre Roberto Favelo, un pintor cubano amigo. Esta se llama Del sueño a la poesía. Existe una canción que compuse para una película de un joven argentino que se llama Diego Musiak y que es una película interesante, no se ha terminado todavía pero me leí el guion y es sobre un caso de SIDA. Esta canción se llama Debo. Está mi versión de una de las canciones que me cantó Feliciano en su último disco, Canción de Navidad, que yo le prometí a él no sacarla hasta que él no hiciera su versión. El año pasado él la hizo en un disco y ahora yo puedo hacer la mía. Y en fin hay otras muchas canciones. Hay una canción que me... que me contó un extraterrestre, que se llama Casiopea. Hay, en fin, yo pienso que hay quien lo oye y dice que es mejor que “Silvio”. Yo no sé, yo tengo que distanciarme un poco para... para tener objetividad. En cualquier caso, me ha dado trabajo hasta decir...
ADOLFO - basta
SILVIO - Sí, y he sufrido como nunca terminando un disco, con este...
ADOLFO - Instrumentalmente ¿qué características tiene?
SILVIO - Es un poco una secuencia de Silvio: voces, guitarras, y todo hecho por mí, o sea soy yo solo ahí metido en el estudio inventando, divirtiéndome, pasando trabajo también.
ADOLFO - A mí particularmente es el Silvio que más me gusta; la simplicidad de las guitarras y la voz.
SILVIO - A mucha gente le gustó ese disco, vamos a ver si este corre la misma suerte.
ADOLFO - Esperemos que tenga el éxito esperado, seguro que sí. Una última cosa, definitiva. Me gustaría si es posible que me leyeras una estrofita de una de tus canciones para introducir la entrevista. Si es posible...
SILVIO - ¿Qué estrofa, tú la escogiste?
ADOLFO - Es de Te doy una canción, la primera estrofa. No sé si la recordarás sin cantar...
SILVIO - Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio,
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo.
Y como pasa el tiempo que, de pronto, son años
sin pasar tú por mí, detenida.
ADOLFO - A mí me resulta difícil retener la letra si no la canto a la vez...
SILVIO - También a mí, incluso hasta cuando las canto, por eso las tengo que leer. Lo que pasa es que esta canción me es muy entrañable y siempre la recuerdo.
ADOLFO - Pues nada más Silvio, gracias
SILVIO - Encantado
ADOLFO - Yo también. Gracias por tu amabilidad, y por haber perdido tantísimo tiempo con esta entrevista.
SILVIO - No, no es tiempo perdido, un placer, gracias.
Existe otra canción que compuse para un documental sobre Roberto Favelo, un pintor cubano amigo. Esta se llama Del sueño a la poesía. Existe una canción que compuse para una película de un joven argentino que se llama Diego Musiak y que es una película interesante, no se ha terminado todavía pero me leí el guion y es sobre un caso de SIDA. Esta canción se llama Debo. Está mi versión de una de las canciones que me cantó Feliciano en su último disco, Canción de Navidad, que yo le prometí a él no sacarla hasta que él no hiciera su versión. El año pasado él la hizo en un disco y ahora yo puedo hacer la mía. Y en fin hay otras muchas canciones. Hay una canción que me... que me contó un extraterrestre, que se llama Casiopea. Hay, en fin, yo pienso que hay quien lo oye y dice que es mejor que “Silvio”. Yo no sé, yo tengo que distanciarme un poco para... para tener objetividad. En cualquier caso, me ha dado trabajo hasta decir...
ADOLFO - basta
SILVIO - Sí, y he sufrido como nunca terminando un disco, con este...
ADOLFO - Instrumentalmente ¿qué características tiene?
SILVIO - Es un poco una secuencia de Silvio: voces, guitarras, y todo hecho por mí, o sea soy yo solo ahí metido en el estudio inventando, divirtiéndome, pasando trabajo también.
ADOLFO - A mí particularmente es el Silvio que más me gusta; la simplicidad de las guitarras y la voz.
SILVIO - A mucha gente le gustó ese disco, vamos a ver si este corre la misma suerte.
ADOLFO - Esperemos que tenga el éxito esperado, seguro que sí. Una última cosa, definitiva. Me gustaría si es posible que me leyeras una estrofita de una de tus canciones para introducir la entrevista. Si es posible...
SILVIO - ¿Qué estrofa, tú la escogiste?
ADOLFO - Es de Te doy una canción, la primera estrofa. No sé si la recordarás sin cantar...
SILVIO - Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio,
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo.
Y como pasa el tiempo que, de pronto, son años
sin pasar tú por mí, detenida.
ADOLFO - A mí me resulta difícil retener la letra si no la canto a la vez...
SILVIO - También a mí, incluso hasta cuando las canto, por eso las tengo que leer. Lo que pasa es que esta canción me es muy entrañable y siempre la recuerdo.
ADOLFO - Pues nada más Silvio, gracias
SILVIO - Encantado
ADOLFO - Yo también. Gracias por tu amabilidad, y por haber perdido tantísimo tiempo con esta entrevista.
SILVIO - No, no es tiempo perdido, un placer, gracias.
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* Esta entrevistase emitió a fines de 1994 en Vitoria, cadena SER, España.
2 comentarios:
Un día como hoy --13 de junio-- hace 59 años, era martes y aparecí en un programa de televisión llamado Música y Estrellas, que dirigía Manolo Rifat, escribía Orlando Quiroga y conducía mi coterránea Eva Rodríguez. El director musical era el extraordinario pianista Mario Romeu, quien ademas dirigía la orquesta de la televisión. Mario fue quien orquestó dos de mis primeras canciones y me sentó ante las cámaras. El día anterior me habían dado la baja de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, después de tres años y tres meses de servicio militar.
Cincuenta y nueve años. Casi nada.
El mejor día de mi vida
Por Yailén Delgado Calvo
El mejor día de su vida empezó a oscuras. Hace rato que nuestros días empiezan a oscuras. No más abrir los ojos pensé en cuántas horas más podía aguantar la comida que teníamos en el refrigerador. Aún sin despegar los labios llegué a la conclusión de que no mucho.
Mientras me cepillaba los dientes, mi esposo me alertó de que no quedaba apenas efectivo para el pan, y nos miramos desolados. «Hace falta comprar plátano», le dije. Pero revisamos los teléfonos y ninguno de los dos tenía cobertura: cancelada la opción de transferencia.
Primero se levantó su hermana y luego él, directo a la mesa del desayuno. Después de terminado el pan, pidió otro. Mi esposo y yo nos miramos, y al unísono contestamos: "claro, pipo". Todavía con el pan en la mano se fue a jugar.
Yo botaba los chícharos del día anterior porque ya olían mal, cuando me preguntó si podía ver una película de muñes en la laptop, y despidiéndome de la posibilidad de adelantar algo de trabajo, les puse Coco, el dragón.
Después de mil peripecias para autenticarnos y una discusión con el dependiente del agro negado a aceptar transferencias, logramos abastecernos. Cuando mi hijo vio las tajadas de mango en la fuente se le abrieron los ojos como monedas de tres pesos: ¡qué ricooooo!
Por la tarde, luego de que terminaran las poquitas horas de corriente eléctrica volví a sentir el dolorcito en el pecho que a cada rato me da. Es angustia, yo lo sé, y estrés. A mi esposo también le han zumbado los oídos y tuvo que irse a medir la presión. Estaba bien. “Trate de tomarse las cosas con calma”, le aconsejó la doctora. Es un asunto muy serio, pero nos dio mucha gracia el consejo.
Quise sentarme a escribir, pero no me salían las ideas. La incertidumbre es medio paralizante. Decidí dejar el trabajo pendiente para el lunes y me senté a colorear con ellos. Después dibujamos. Mis dibujos los hacen reír porque soy “buenísima” dibujante.
Casi los iba a bañar cuando empezó el diluvio. Y mi esposo tuvo la idea de que se bañaran en el aguacero. Yo oía sus carcajadas desde el patio y me dije "por qué no". Cuando me vieron debajo del agua como ellos redoblaron la gritería y la locura.
Más tarde comimos en la penumbra, todavía con la sonrisa de la lluvia y los pelos mojados. Antes de irnos a acostar, los grandes quedamos en que si en la madrugada venía la "luz" nos levantaríamos a poner la lavadora y a planchar. A esa hora me acordé de las progenitoras de Trump y de Marco Rubio, no sé por qué si yo entiendo que sus mamacitas no tienen culpa de nada; pero bueno, es un insulto muy socorrido.
Abrimos puerta y ventana, y aunque el agua había dejado el aire fresco no corría ni una brisa platanera. “Tengo calor”, me dijo él. Yo le pedí que se quedara quietecito. Les leí Cenicienta y luego un capítulo de El principito.
Cuando los vi dormidos, cerré el libro. Me levanté a acomodarlos y a darles un besito. Y fue entonces cuando mi hijo me susurró, sin abrir los ojos: "mami, hoy fue el mejor día de mi vida".
Yo no pude contestarle, la garganta se me cerró. Pero me fui a dormir un poquito más aliviada.
https://cubahora.cu/blogs/matrioska-de-isla/el-mejor-dia-de-mi-vida
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