miércoles, 11 de febrero de 2026

Bloqueo trumpista contra Cuba reduce esperanza de vida de los niños con cáncer

Luis Hernández Navarro 

Oncopediatría

La Habana. Tristeza sobre tristeza: si el cáncer es una enfermedad que devora o maltrata vidas de un día para otro, la aparición de ese mal en niños es todavía más doloroso. Robarle el futuro a un menor es una doble tragedia: la es para quien la sufre y para sus familiares. 

Pero, a pesar de ello, el área destinada al tratamiento infantil del padecimiento en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología de La Habana exorciza visualmente esa dolencia. En su salón de juegos hay un mural en el que un niño cabalga un alazán y, esbozando una enorme sonrisa, blande su espada y enfila el animal rumbo al final de un arcoíris, como si el combate de su dolencia estuviera inevitablemente destinado a ganar su batalla.

En el centro del cuarto, cerca de las ventanas llenas de luz, una guagua de madera roja lleva en su techo un tesoro en forma de cargamento de globos y pelotas. Escritorios y pupitres están llenos de dibujos iluminados por los niños enfermos con los más intensos y variados colores. No hay en las hojas de papel pintadas con acuarela ilustraciones en blanco y negro. La explosión de color en esas obras de arte es una especie de conjuro contra la desesperanza.

Una fiesta para la vista

Todas las paredes de esa área del hospital son una fiesta para la vista. No hay en ellas nada que recuerde el sufrimiento y el dolor de los pequeños y sus familiares. Se asemejan al más alegre salón escolar. Se diferencian del amarillo pálido de otras paredes del sanatorio.

Esta “decoración” pareciera un contrasentido para las dificultades que médicos y pacientes enfrentan en el tratamiento, pero no lo es. La doctora Mariuska Forteza Saéz, responsable de oncopediatría, explica por qué: “El niño que tiene cáncer no es ya”, dice, “un niño que va a jugar o a ir a la escuela. Su vida social va a cambiar completamente. Y se necesita un extra para enfrentar eso. Se requiere acompañar a ese niño y a su familia con todo el apoyo sicosocial necesario, para que se reubique en su nueva realidad y acepte los tratamientos, que siempre son dolorosos y muy complejos. Se necesita que acepten que en su nueva vida va a haber aislamiento social”.

El instituto es el centro rector para el tratamiento, investigación y cura del cáncer en Cuba, uno de los nueve centros oncológicos y más de 46 unidades donde se trata el mal. Su sala pediátrica cuenta con 20 camas disponibles. En la actualidad atiende a 12 niños. Muchos de ellos no son de La Habana, sino de provincia. El servicio médico y las medicinas son totalmente gratuitas.

Una situación lacerante

El estrangulamiento energético de Donald Trump contra la más grande de las Antillas ha provocado grandes carencias. El doctor Luis Curbelo Alonso, director del instituto, lo explica así: “El oncólogo es un profesional que se va formando en el optimismo. No se da por perdido. Cuando ve una sobrevida de tres o seis meses lo ve como algo grande, porque le prolongó la vida a ese paciente con calidad adecuada”.

Pero la asfixia trumpista atenta contra ese optimismo. “En unas condiciones como la de hoy”, explica, “uno tiene el conocimiento, la experticia, el equipo de trabajo para enfrentar algo que puede ser curable o puede ser controlable y, sin embargo, no tener el medicamento. Es algo muy lacerante como profesional, muy cruel. No nos podemos sentar con un paciente y de frente decirle: tiene esta enfermedad y no puedo hacerte nada. Eso no está en nuestra conciencia”.

La frialdad de las cifras habla por sí sola. Según el doctor Carlos Alberto Martínez, jefe de la sección de Control del Cáncer en el Ministerio de Salud, Cuba logró tener sobrevida de 80 por ciento en niños con cáncer. Una hazaña. Los países desarrollados logran una sobrevida de entre 80 y 90. Pero con el bloqueo se han ido recrudeciendo las restricciones y eso ha hecho más difícil hacer sostenible esos resultados. De manera que, a partir de la limitación de recursos, han tenido que modificar los protocolos del tratamiento y, en vez de medicamentos de primera línea, utilizar medicinas de segunda línea. Y eso ha hecho que esa sobrevida haya disminuido a 65 por ciento. Una cifra por encima de los propósitos que hoy piden organismos internacionales.

Según la doctora Forteza Saéz, “la situación es muy grave en estos momentos. Ya lo era en cuanto a la adquisición de insumos y medicamentos. Pero ahora se recrudece y se complica con otros aspectos. Para los pacientes (como para nuestros trabajadores), el transporte y la alimentación son un problema. La falta de combustible los ha agravado. Los pacientes oncopediátricos –y los oncológicos en general– llevan una dieta diferente al resto de la población. Tienes necesidades diferentes. Ahora es más difícil acceder a esa comida. Algunos tienen familiares en el extranjero y a lo mejor recibían una ayuda, que hacía que su vida fuera un poco más llevadera dentro del ámbito hospitalario. Pero ahora esto tampoco está presente. Donde quiera que se ponga la mirada, hay una complicación extra a la que ya teníamos”.

Solidaridad es humanidad

En momentos críticos para Estados Unidos, durante el paso del huracán Katrina, Cuba formó la Brigada Henry Reeve, recuerda Fernando González, que está al frente del Instituto Cubano de Amistad de los Pueblos. “Nuestros médicos estuvieron dispuestos a participar en las labores de recuperación en Luisiana, pero Estados Unidos no aceptó su presencia.”

El espíritu solidario de Cuba ha estado presente, incluso hacia países con muchos más recursos. Durante la pandemida de covid, la isla envió brigadas médicas a países como Italia o Andorra. Y cuando los científicos cubanos han desarrollado vacunas, las han compartido. Es parte de su espíritu de solidaridad, de sentirse parte de la humanidad y compartir lo que tienen, no lo que les sobra. José Martí lo recogió en la frase “Patria es humanidad”.

Es legítimo preguntarse cuánto más pudiera haber hecho Cuba por el mundo de no estar sometida a la asfixia. Cuántas personas en el mundo no pudieron haberse beneficiado de los servicios médicos cubanos.

En Cuba, explica, se han desarrollado productos que podrían salvar vidas en Estados Unidos. Por ejemplo, el Heberprot-P, medicamento desarrollado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología que permite tener elevados índices de sobrevivencia para las extremidades en pacientes con diabetes, que tienden a desarrollar úlceras. Con este producto se evita un número elevado de amputaciones de miembros. ¿Cuántos enfermos se podrían haber salvado si ese producto pudiera ser utilizado en Estados Unidos?

Amor y salud

La medicina cubana es un faro de solidaridad en medio de la oscura noche del mercantilismo y la privatización de los sistemas de salud. “Vamos a seguir resistiendo. Vamos a seguir buscando alternativas que permitan la sustentabilidad de lo logrado”, asegura el doctor Martínez.

Cada día, médicos como Mariuska Forteza, Carlos Alberto Martínez y Luis Curbelo luchan en Cuba para sanar o incrementar las esperanzas de vida de pacientes con cáncer, niños y adultos. Lo hacen al lado de un excepcional equipo de profesionales sanitarios y trabajadores. En su embate contra el mal, enfrentan todo tipo de carencias y limitaciones materiales provocadas por el capricho del trumpismo de pretender derrotar a un pueblo insumiso.

Padecen un asfixiante cerco que estrecha cada vez más las posibilidades de cumplir con el juramento socrático e inflige dolores adicionales a enfermos y familiares. Pero no se rinden, no languidecen. Su enorme amor a la humanidad, a la vida y a su profesión los hace inclaudicables.

Gracias a ellos, a muchos otros más como ellos y a un sistema sanitario que pone por delante la salud de las personas y no la ganancia, al final de ese arcoíris pintado en la pared de la sala de oncopediatría del instituto se encuentra la puerta para entrar a otro mundo.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/11/politica/bloqueo-trumpista-reduce-esperanza-de-vida-de-los-ninos-con-cancer

2 comentarios:

silvio dijo...

Yenima Díaz: Si se apaga la vida

silvio dijo...

Ante el acoso imperial, solidaridad entre cubanos
Por Freddy Pérez Cabrera

SANTA CLARA. – En tiempos difíciles, como los que vive nuestro país, se agradecen gestos como el protagonizado por los tabacaleros villaclareños, quienes acaban de donar 48 módulos capaces de garantizar la energía eléctrica que necesitan, en caso de emergencia, centros vitales de la provincia, como policlínicos, hogares maternos y de ancianos, funerarias y hospitales, entre otros lugares.

Se trata de una donación, compuesta por paneles fotovoltaicos y estaciones de energía, que han salido del esfuerzo y el compromiso personal de un grupo de productores que, haciendo gala de la sensibilidad humana, han puesto sus ahorros en función de causas tan nobles.

Esta ayuda se suma a otras realizadas con anterioridad, que han incluido la impermeabilización de cubiertas de hospitales, la compra de equipos de aire acondicionado y ventiladores, la restauración y sustitución de carpintería y mobiliarios, así como la pintura de salas y espacios comunes, entre otras acciones que ya benefician a cientos de niños, jóvenes y ancianos.

El recurso de la solidaridad, uno de los más eficaces para resistir y salir adelante en tan complejo contexto, pone de relieve esa característica que distingue a los cubanos, de compartir todo lo que tenemos, en especial con aquellos que están en una posición de mayor vulnerabilidad.

Otros actores económicos del territorio, estatales y privados, también se han sumado a esta iniciativa y ya preparan sus donativos en alimentos, equipos, ropas y utensilios para entregar a quienes más lo necesitan.

https://www.granma.cu/cuba/2026-02-10/ante-el-acoso-imperial-solidaridad-entre-cubanos-10-02-2026-09-02-24