domingo, 30 de noviembre de 2025

Dos historias de juventud

 Por René Rodríguez Rivera

Corría el mes de Octubre, si mal no recuerdo de 1955; eran más o menos las  9pm y me encontraba  sentado en un banco del Parque Céspedes, en Santiago. Me acompañaban Francisco Rodríguez Madariaga (Tato), Francisco Santacruz Pacheco (Bilin) y Rufino Fernández, y reíamos escuchando las historias inventadas por un cómico anciano que todos conocian por Caticulta, el que, sentado en otro banco, estaba rodeado por un grupo que tambien gozaba de sus historias. 

Pasado un tiempo, se acercó a nosotros Jose Tey (Pepito), combatiente que caería el 30 de Noviembre de 1956, en Santiago, y amigo de la niñez.

 

"Parece mentira que uds. pierdan así su tiempo, en vez invertirlo en algo util", dijo con una amplia sonrisa. "¿Por que no le damos candela a ese letrero de Maximino?" —se refería   a un enorme letrero del alcalde batistiano Maximino Torres, donde daba cuenta de su gestion. El letrero ocupaba todo un gran espacio en la esquina  de Santo Tomás y Heredia, donde hoy hay un banco.

 

Tato dijo enseguida: "Compramos gasolina y con botellas le damos candela". 

 

Montamos en el viejo Chevrolet de Tato, compramos la gasolina y preparamos unos cocteles Molotov. Subimos por la calle Heredia y parqueamos el auto en la esquina de Heredia y Corona. Nos acercamos al letrero por detrás, sin que pudieran vernos los que estaban en el parque. Rufino se quedó cuidando el carro y el resto, incluyendo a Pepito, lanzamos los cocteles.

 

La llamarada fué inmensa y corrimos para el auto.Tato nos llevó a nuestras casas uno a uno. Me acosté rapidamente y no me habia dormido aun cuando escuché a mi hermano mayor, Luis, que ya era médico en La Habana y se encontraba por esos días en casa, decirle a mi madre: “Mamá, le dieron candela al cartel del Alcalde y llegó la policía y nos mandó a dormir". 

 

Mi hermano se enteró de los detalles de esta historia después del triunfo. Caticulta siguió haciendo cuentos hasta 1960, en que fallecio'.

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Una tarde me encontraba sentado en uno de los bancos de La Placita de Crombet, en la interseccion de las calles Santo Tomas y Trinidad, cercana a mi casa y lugar de reunion de jovenes y viejos del barrio, cuando se me acercó Jose Tey Saint Blancard (Pepito), el que, sentándose a mi lado, me preguntó si quería participar en una accion que se iba aefectuar esa misma tarde. Comprendí que me estaba probando; inmediatamente le dije que sí. El asunto era llevarnos un mimeógrafo del Instituto de Seguna Enseñanza, para confeccionar propaganda para el M-26-7. Un rato mas tarde comenzaron a llegar los participantes: Frank País, Cesar Perdomo y Carlos Iglesias Fonseca, quien despues llegaría a ser el Comandante Nicaragua. Tambien llegó un joven cuyo nombre no recuerdo y que era hijo de un Profesor del Instituto.

 

Josué País tenía preparada su entrada al local, para cargar con el mimeógrafo. Todos montamos en el auto de César, que iba al timón. Parqueamos cerca y Frank fué a ver a Josué en el Instituto. Unos minutos después regresaron con malas noticias: había dos bedeles que iban a dormir en el edificio. Se decidió suspender la operacion. En ese momento Frank dijo que no debíamos irnos sin hacer nada y Carlos, que vivia en Vista Alegre, dijo que a su reparto iban soldados a ver a muchachas que trabajaban como empleadas en las casas de los ricos y que quizás podríamos quitarle el arma a alguno de ellos.

 

Todos estuvimos de acuerdo menos el hijo del profesor, que se marchó. Con César al timón, llegamos al reparto cuando ya comenzaba a oscurecer.

 

No habiamos avanzado mucho cuando vimos a un policia, que avanzaba por la acera de la derecha, de espaldas a nosotros. Frank, que llevaba una pistola me dijo: "Tu vienes conmigo". César me dió una cabilla que llevaba debajo del timón. El auto frenó lentamente y Frank y yo descendimos y avanzamos hacia el policía, que caminaba de espaldas a nosotros, pero cuando escuchó nuestros pasos se detuvo y se volvió hacia nosotros. 

 

Inmediatamente le dije: "Parate ahi" y el llevó la mano al arma, pero Frank, que venia a mi lado, levantó la pistola y el policia se quedó livido y dijo: "No me maten".

 

Sin hablar, le quitamos la faja con un revolver calibre 38. Entonces Frank le dijo: "Camina y no mires atrás". En eso ya venía el auto, que había continuado su camino, corrimos hacia él y montamos rápidamente. El arma estaba niquelada. En minutos salimos del reparto y Carlos dijo: "Ese policia hace guardia en el Vista Alegre Yatchclub, de los ricos".

 

No volvi a ver al hijo del Profesor hasta que años despues me encontré con él en el Hospital Naval y recordamos aquella historia de juventud.

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Nota del autor: Estas pequeñas historias se las envié a un compañero que las va a incluir en un libro que terminará mas adelante. Pero como Segunda Cita siempre ha sido mi casa te la envío, por si merece aparecer en ella. Se me ocurrió escribirla leyendo nuevamente “Bertillon 166”, de Soler Puig. Un abrazo.

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