jueves, 16 de julio de 2026

Desafíos y memoria, 60 años después

Rebeca Chávez

¿No van a hablar de la película? Pregunta Fidel; tiene 35 años; intuye, sabe que ha iniciado un dialogo muy difícil. Lo será todo el tiempo. La sociedad cubana está inmersa en una profunda transformación estructural que sigue todavía. Se dan debates y confrontaciones diversas. Y los viernes 16, 23 y 30 de junio de 1961, en la Biblioteca Nacional, nacen Palabras a los Intelectuales. Se inician debates y confrontaciones diversas. Fidel, con su excepcional instinto político, sitúa claramente a la libertad de expresión como zona de conflicto, contradicción y preocupación esencial de los creadores y de todos los intelectuales… Y sí: todavía hoy hay que hablar de cine.

“No hay organismo del Estado que pueda crear una cinematografía, pero sí puede ayudar a su surgimiento un clima espiritual adecuado, una atmósfera de creación y respeto que la propicie”. No hay ambigüedades ni neutralidades en este universo que imaginó y se propuso alcanzar Alfredo Guevara el día que nació el ICAIC en 1959, y ahora vuelve en esta hora del siglo XXI.

Cada día el grupo de fundadores va entretejiendo una acción múltiple y descolonizadora en el proyecto ICAIC. Nace un discurso nuevo y renovador desde películas de ficción, noticieros y documentales. En ese empeño tienen que nacionalizar una importante red de 519 salas de cines que sumaban 396,138 lunetas. Sólo en La Habana 134 de 35 mm y un Cinerama. En 1958 Cuba tiene —según censo— 5 millones 832 mil 029 habitantes. No iba a ser fácil desarticular la hegemonía del gusto por el cine norteamericano, crear un nuevo público y una institución —el ICAIC— que nace proclamando que el cine unía Arte e Industria.

Obras nacidas en la dinámica revolucionaria ilustran la complejidad y los enfrentamientos de esos años. Muerte al Invasor, Historia de una batalla, Asamblea General, La vivienda, PM, El negro… testimonian ese instante; una épica entrañable que sigue en el recuerdo, evocación íntima y memoria colectiva. Pero es sobre todo en 1961 el documental PM el que va a encarnar el debate político que enseguida se revela como lo que es: síntoma, pretexto, argumento tangible para las más visibles tendencias y posiciones ideológicas del momento. Cada grupo interpreta, defiende y acomoda el significado que las imágenes-situaciones que PM le sugiere. Ortodoxia o riesgos o herejía ... PM es convertido —a través de una estrategia de manipulación que no encara abiertamente el debate porque “la hegemonía es —nos alerta Gramsci— un concepto clave para el control social mediante la cultura” todavía hoy... Así “hechos que vemos todos los días… dos hombres discuten en un bar, la soledad del Chori, un hombre y una mujer tomando, trasnochadores que cruzan la bahía en la madrugada, de barra en barra con una guitarra, una tumbadora”. Realidad viva convierte PM en el documental más mitificado que se pueda imaginar. Realidad vívida y vista, eso era y sigue siendo PM, pero el corto queda atrapado en la política y la ideología de un debate cultural cada vez más polarizado que va avanzando hasta alcanzar su climax en 1961: un antes y un después de las reuniones de la Biblioteca Nacional.

Si uno revisa el cine cubano, lo que sobresale o resalta es su propuesta, es ser un cine muy de cara a la realidad, un cine polémico, un cine artísticamente ambicioso y en el que, evidentemente, los artistas se expresaron con libertad. Siempre se realizó a través de un presupuesto del estado, totalmente del estado, que no interfirió de modo significativo en la libertad de creación; un cine muy abierto a zonas de conflicto. Aciertos y errores por ser crítico, cuestionador, y por eso ha tenido que lidiar con una zona esquemática, dogmática, amante de los controles, más pegada a la propaganda que al arte o a la complejidad de ideas y contra lo cual siempre hemos luchado los artistas. Una confrontación compleja.

El documental PM ¿es el centro del diferendo? Si, pero solo en apariencia... Todos advertían y comprendían que se debatía algo de más calado, pero aquellos intentos de intercambios no alcanzaron la profundidad que demandaba el asunto. Nunca. Muchos pendientes que no se pueden obviar.

Recibimos una herencia que fijaba y precisaba la continuidad de prejuicios y descalificaciones y sigue sobre la mesa la ausencia de discusión ante lo diverso y el análisis crítico de la realidad a través del arte y nació un calificativo: “la tendencia”, expresión o etiqueta que pretende resumir la pluralidad del cine cubano, su mirada para tratar con una marcada voluntad de pertenencia problemas sociales que la Revolución traía cada día a sus vidas

Los cineastas argumentan una y otra vez que el arte (y el cine lo es) se alimenta de los conflictos y no de la complacencia y, de hecho, el arte producido en Cuba es uno de los más críticos con su realidad de los que se producen en América Latina. “Siempre hemos supuesto que en la Revolución, en el socialismo, es donde el arte y los artistas debían encontrar toda la libertad y posibilidades del mundo, donde la imaginación encontraría un cauce sin fronteras de ningún tipo para expresarse, y que esto, además, sería válido para todos, estaría al alcance de todos sin más límites que el talento y la voluntad y disciplina para el trabajo. Y esa es la relación que creo debe haber entre el arte y la Revolución. La libertad es también un ejercicio de responsabilidad. Y creo que se puede decir que nuestras ideas han predominado como representación del ideario o la utopía de la revolución”, explica Senel Paz. Era el 34 aniversario del ICAIC.

II

Realmente, nosotros en el ICAIC siempre habíamos funcionado como un grupo de creación”, dice Julio García Espinosa y da un punto de giro al organizar formalmente los grupos creativos. Se busca descentralizar, favorecer una presencia mayor de los artistas, garantizar su participación en las decisiones fundamentales, no solo en las artísticas; creía que esta idea “formaba parte de todo lo que fuera la política cultural del ICAIC… no significó una novedad, no la considero algo nuevo en el ICAIC, sino una continuidad.” Pienso que en aquel momento Julio estaba intentando re-actualizar y reforzar una concepción que ya ha probado su eficacia, treinta años respaldada por una significativa producción. Una vez más se coloca en el centro del ICAIC la idea del equipo creador como máxima jerarquía, compartiendo todas las responsabilidades: cineastas comprometidos con su tiempo, con su obra, con sus actos. En l963 se escenifica el cruce de ideas, entre Blas Roca y Alfredo Guevara, sobre los filmes que se exhiben. Un intercambio intenso y esclarecedor de ideas y tendencias ideológicas y estéticas y otra vez diversidad versus dogmatismo y el rol del cine como formador de opiniones, zona de influencia cultural.

Treinta años después, otro marzo (de 1991) Julio escribe (a Fidel) “Curiosamente, mientras más discutíamos, mientras más proliferaban la divergencias, más se veía al ICAIC como un bloque monolítico (…) era el debate como lo normal en nuestras vidas, lo que hacía posible la unidad entre nosotros. Hay que decir que los años en que el debate declinó, fueron los años en que el ICAIC más se debilitó.”

III

¿Qué pasa ahora? Las conquistas de ese pasado no serán relegadas a un hecho histórico; el desafío es asumirlo, traerlo al presente con toda su diversidad, hacerlo real de una manera participativa a través del debate y la discusión y, entre todos, buscar un camino, lograr una unidad que siga apostado por un cine que arriesga, busca la calidad estética y es heredera de un público que dejó de ser pasivo, un público que, ante la avalancha de ideas y de imágenes que circulan en las redes, quiere lo que otros antes quisieron. Las conquistas de ese pasado no serán relegadas a un hecho histórico; el desafío es asumirlo, traerlo al presente con toda su diversidad en esta especial hora cubana.

El ICAIC ¿se ha dado cuenta de los tiempos que vivimos? ¿Se puede trabajar de una manera similar al equipo de 1959? ¿Se puede lograr un diseño conjunto de la producción y hacer del “clima espiritual adecuado, una atmósfera de creación y respeto… y que sobreviva (…) la reflexión y el debate de ideas… el respeto hacia todas las tendencias artísticas (…) La médula del asunto era el principio de la responsabilidad compartida (…)

Los cambios del escenario político-social que todos estamos viviendo precisan más que nunca el papel activo de los cineastas y creadores para —desde el dialogo— construir un consenso, una reformulación desde el interior de cuál cine, cuál ICAIC, cuál política de exhibición, dónde invertir.

Los que no habían nacido o sólo conocían la imagen del cine cubano como una manzana de la discordia y a los cineastas como artistas discrepantes, reciban sus obras como una sucesión de secuencias reveladoras de lo que hace una Revolución que vive en su gente.

Escrito en marzo 15 de 2026 / Recordando la Protesta de Baraguá.

1 comentario:

silvio dijo...

Ayer Rebeca Chávez cumplió años.
Querida amiga, felicidades por tu cine, por tus ideas.