martes, 14 de abril de 2026

Una Cuba americana y otras distopías

 Rafael Hernández

Imaginemos un solo instante que Cuba se hubiera convertido en el sueño americano. 

Esa Cuba se habría reencontrado, finalmente, consigo misma, después de haberse desviado de su curso normal por una especie de gran falta de ortografía en la escritura de su historia llamada “la Revolución”.      

La Habana volvería a ser, como antes, una ciudad rutilante, colmada de bares, night clubs, casinos, donde negros, mulatos y blancos, vestidos de lino y jipijapas, exhibían su elegancia ante los deslumbrados visitantes del Norte, como se puede ver en tantas películas de los años 40 y 50.  Un sitio encantado donde una joven empleadita (Weekened in Havana, 1941) o una misionera religiosa (Guys and Dolls, 1955) viven un romance en medio de noches de luna, vistas del malecón, música pegajosa y gente sensual que baila sin cesar. 

Renacería esa capital bulliciosa y picante, especie de Casablanca del Caribe, que compite en candilejas con Las Vegas, colmada de artistas del showbiz, donde estrellas de Hollywood como George Raft en el Hotel Capri y hombres de negocios visionarios como Meyer Lansky en el Havana Riviera les abrían las puertas de sus casinos a quienes quisieran vivir la emoción del juego, no importa su origen, clase o color de la piel; ni si eran ricos o no, pues había sitio para todos.  

De manera que, en vez de un millón de visitantes del Norte, como en 2016, descenderían varios millones sobre la isla, aprovechando la cercanía que nos reúne prácticamente como regiones de un mismo país. Podría ser por apenas un fin de semana, un viernes o un sábado, a disfrutar de ese lujo tropical, y a darle vacaciones a la conciencia, con ciertos placeres no bien vistos allá; y retornar el domingo a sus iglesias evangélicas, vidas familiares, vecindarios suburbanos de clase media, donde todo el mundo se sonríe, respeta la ley y se comporta de manera decorosa.

A esta Cuba habrían retornado, en primer lugar, todos aquellos negocios de EE.UU. que se habían tenido que ir, arrastrados por un conflicto en espiral que había rebasado el punto de no retorno en el camino de la guerra, con la aprobación del plan de invasión por Bahía de Cochinos, seis meses antes de las nacionalizaciones masivas. 

Estas propiedades abarcaban dos tercios de la economía cubana, consistente en 90 % de la electricidad, toda la telefonía, la mayoría de la industria minera, refinerías de petróleo, embotelladoras, almacenes, junto a 809 500 hectáreas de tierra, que incluían 80 % de las mejores plantaciones de caña de azúcar. Además de hoteles, propiedades comerciales, residencias privadas, cuentas de banco, barcos. 

La indemnización por las propiedades nacionalizadas en 1959-60, según preveían las leyes cubanas de entonces, alcanzaba los 956 millones de dólares, valorización calculada por Cuba con base en el valor de la declaración fiscal de las corporaciones y reconocida por el Departamento de Comercio de EE.UU. 

Sin embargo, el gobierno de EE.UU. habría pactado con el nuevo gobierno de la isla un trato muchísimo más ventajoso, en los términos de la Cuban Liberty and Democratic Solidarity (Libertad), más conocida como Ley Helms-Burton: su devolución íntegra a las más de 8 mil empresas nacionalizadas, equivalentes a 9 mil millones, según cálculo de EE.UU. en 2024, incluyendo intereses por los daños y perjuicios causados, las ganancias dejadas de obtener, así como por la demora en hacerlo. 

En esta nueva Cuba, el principal organismo económico asesor del gobierno sería el Consejo Supremo del Exilio Patriótico Cubano-Americano, SUCOCAPAX (por sus siglas en inglés, Supreme Council of Cuban-American Patriotic Exile), formado por una representación de 25 empresarios, banqueros, comerciantes de bienes raíces, brokers de la NY Stock Exchange, listados por la revista Forbes entre los principales multimillonarios de origen cubano, residentes en EE.UU. y en Cuba. 

Los golden boys de la SUCOCAPAX, como los llamaría jocosamente el pueblo, se encargarían de orientar la primera etapa de la transición (2026-2050), así como de depurar del Estado cubano todos los vestigios del sistema comunista.        

En efecto, la transición cubana tendría como premisa, según la letra de la Helms-Burton en su título 2, la disolución de los aparatos de seguridad del MININT, equivalentes al FBI y la CIA; de los CDR y demás “organizaciones de masas” del régimen; además del reintegro de todas las propiedades nacionalizadas a los cubanos, sus residencias particulares, clínicas, colegios, edificios de apartamentos, medios de prensa, estaciones de TV y radio, clubes y playas privadas, fincas, fábricas… 

Aparte de los cubanos afectados por las nacionalizaciones desde la Reforma Agraria (mayo 1959), recuperarían sus propiedades perdidas todos los perjudicados por el Estado totalitario desde enero de 1959, según dicta la propia Ley. 

Es decir, todos aquellos cuyos bienes fueron confiscados por aquel Estado, con el argumento de haber sido malversados, incluyendo los de las familias del presidente Fulgencio Batista y sus colaboradores más cercanos, entre ellos algunos tan ilustres como los Díaz-Balart. 

Las agencias que combaten el narcotráfico en EE.UU. les enseñarían a los nuevos aparatos de seguridad cubanos cómo combatir los cárteles de la droga; y el gobierno de EE.UU. enviaría a Cuba a los Cuerpos de Paz (Peace Corps) para ayudar a recuperarse a las comunidades campesinas y a los que sufren pobreza, analfabetismo, atraso, enfermedades. 

Un paso primordial en la transición hacia esa nueva Cuba sería la constitución de un sistema multipartidista. Este no discriminaría a ningún partido por razones ideológicas, bajo la regla de oro de la competencia electoral, especialmente los surgidos al calor de la lucha por la libertad, pero también los viejos, que en los años de la República mantuvieron una vocación democrática, lo mismo liberales que conservadores, auténticos que demócratas-cristianos. 

Los que sí estarían definitivamente excluidos de este sistema pluralista serían los castrocomunistas, así como todos los que avalaron con su respaldo al antiguo régimen, aunque no militaran en sus filas. Ninguno de ellos merecería contarse entre las filas del “con todos y para el bien de todos” que decía el Apóstol. 

Un caso aparte sería el de aquellos que tuvieron responsabilidades en aquellas organizaciones criminales, como el PCC, o los militares que controlaban la economía cubana, pues el peso de la justicia caería sobre ellos. Ninguno quedaría impune. Como lección para que ninguna ideología izquierdista pudiera entronizarse de nuevo en nuestra patria.  

Los que sí merecerían reconocimiento, por sus extraordinarios méritos a la causa de la democracia y la libertad, serían los anticastristas que se mantuvieron activos en la lucha contra el régimen, no importa cuál haya sido su peso real y convocatoria. Ese reconocimiento y la autoridad que se deriva de su ejemplo cívico y político serían inseparables de su lugar en la nueva Cuba. 

Acorde con los postulados de la Cuban Liberty and Democratic Solidarity, de lasbanderas de la oposición anticastrista y, en particular, de los juristas pioneros que anticiparon una próxima Cuba democrática y liberal, resultaría imprescindible una nueva Constitución, en consonancia con todos estos cambios de fondo. 

Para prevenir que ese nuevo orden se apartara de su curso normal, y volviera a caer, aprovechando el pluralismo democrático, en la seducción populista que caracteriza a las izquierdas, esta Constitución blindaría los resguardos constitucionales que mantendrían a Cuba en un régimen republicano liberal. 

Entre esos resguardos estaría la articulación especial que la ligaría con los EE. UU. Según el artículo 5, que algunos llaman la “Enmienda Rubio”, en honor a uno de los mentores de esta nueva Cuba americana, la nueva república estaría estructuralmente ligada a su Big Brother del Norte. 

No a la manera de la tan vilipendiada Enmienda Platt, ni al modo de un estado libre asociado, como Puerto Rico. Aunque ambos paradigmas pueden reunir muchas más virtudes que defectos. 

No olvidar que los cubanos del primer tercio del siglo XX vivieron el periodo de mayor expansión económica que se recuerda desde el boom azucarero-esclavista de 1790-1830, precisamente a la sombra de la Enmienda Platt y el Tratado de Reciprocidad (1903); y que esa feliz etapa de vacas gordas naufragó en el caos de la revolución comunista de 1930. Tampoco olvidar que Puerto Rico ha sido el estado más próspero del Caribe, gracias a su vínculo especial con EE. UU., adonde todos los boricuas pueden viajar sin necesidad de visa.

La nueva Cuba americana no estaría asociada o anexada a la Unión, sino más bien a la inversa: EE.UU. volvería a ser parte de la economía, la civilización tecnológica, la modernidad y los adelantos sociales, culturales y urbanísticos que una vez caracterizaron a la isla. Los que la convirtieron en una nación cosmopolita y un modelo de progreso en las Américas.

Cuba no perdería un ápice de su independencia y soberanía, sino seguiría siendo un faro de desarrollo autónomo, en alianza con el capital de EE.UU., y con una clase política fuerte y democrática, como la brotada del retoño cubano en el exilio e injertada en el tronco de la gran nación americana.      

A cambio de este arraigo en suelo cubano, Cuba le aportaría a EE.UU. el carácter de un aliado excepcional, como parte de esta renovada special relationship

Como botón de muestra, se renegociaría el Tratado de 1934 sobre Guantánamo, de manera que la base aeronaval se extendiera al conjunto de la bahía y algunos terrenos adyacentes, para crear el enclave estratégico militar más potente y el polígono de pruebas de las tecnologías de última generación más avanzado. Donde las flotas de superportaviones nucleares llamados “bases flotantes”, las divisiones de aviones tripulados por IA llamados “Skywalker robots” y los sistemas de armas aeroespaciales y de guerras cibernéticas tendrían su cuartel general. 

Desde esa base de Guantánamo corregida y aumentada, EE. UU. desplegaría la reconquista de las Américas, con el concurso de Cuba.

Para el final queda el tema de la revolución cultural. 

Toda la historia de Cuba, no solo la de los últimos 67 años, tendría que expurgarse y reescribirse, para corregir la gigantesca tergiversación de nuestro legado cultural, puesto en función de la ideología del régimen. 

El olvido de nuestros músicos que no se sometieron a esos dictados y partieron al exilio, desde Ernesto Lecuona hasta Bebo Valdés. La censura de artistas plásticos, desde Cundo Bermúdez hasta Tomás Sánchez; de narradores como Enrique Serpa o Uva de Aragón; de poetas como Agustín Acosta o Gastón Baquero. Ninguno de esos grandes artistas ha estado al alcance de las diez últimas generaciones de cubanos. 

Esa ingente tarea empezaría desde abajo, en las escuelas primarias, donde los nuevos libros de texto recuperarían los valores culturales esenciales de esa Cuba americana que regresaría, junto con todo lo demás.    

Nota bibliográfica: 

Aunque este artículo cultive el género de política-ficción, en su mayor parte se basa en fuentes realmente existentes. 

Las principales son la Ley Helms-Burton (1996), los informes de la Commission for Assistance to a Free Cuba (2003, 2004), las declaraciones del presidente Trump y el secretario de Estado Rubio, así como el “Acuerdo de Liberación” firmado por organizaciones del exilio (2 de marzo, 2026). 

El papel de la élite cubanoamericana en la nueva Cuba se basa en reportes de TV acerca de encuentros recientes de “multimillonarios para definir su papel en la Cuba postcomunista”así como en entrevistas a algunos de sus principales líderes

En cuanto a la imagen de la Cuba anterior a 1959, modelo ideal al que se proyecta regresar, resumo imágenes de numerosos reels, minidocumentales, clips que circulan ahora mismo en redes sociales. 

Como dicen por ahí: “Hay para comer y para llevar”.

https://oncubanews.com/opinion/columnas/con-todas-sus-letras/una-cuba-americana-y-otras-distopias/

3 comentarios:

silvio dijo...

Propuesta de reorganización del Consejo de Ministros de Cuba
Por Fidel Vascos González

Recientemente se publicó el Decreto 127 de las instituciones presupuestadas y varias Resoluciones ministeriales al respecto, lo cual considero muy atinado en los momentos actuales. Dentro de las unidades presupuestas se incluyen los organismos de la Administración Central del Estado que componen el Consejo de Ministros. A su vez, el Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez se ha referido en varias ocasiones a la necesidad de realizar una reestructuración del Gobierno.

Teniendo en cuenta estas circunstancias, he elaborado una propuesta de reorganización del Consejo de Ministros que expongo a continuación. Actualmente el Consejo de Ministros tiene un total de 34 cargos (1 Primer Ministro; 5 Vice Primeros Ministros; 1 Secretario; 23 ministerios; y 4 institutos nacionales). El Primer Ministro, los 5 Vice Primeros Ministros y el Secretario forman el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros.

Los actuales ministerios e institutos nacionales son los siguientes:

1. Construcción
2. Comercio Exterior e Inversión Extranjera
3. Salud Pública
4. Educación
5. Economía y Planificación
6. Industrias
7. Cultura
8. Informática y telecomunicaciones
9. Fuerzas Armadas Revolucionarias
10. Energía y Minas
11. Instituto Nacional de Información y Comunicación Social
12. Trabajo y Seguridad Social
13. Comercio Interior
14. Turismo
15. Finanzas y Precios
16. Transporte
17. Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente
18. Interior
19. Banco Central de Cuba
20. Industria Alimentaria
21. Agricultura
22. Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos
23. Relaciones Exteriores
24. Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación
25. Justicia
26. Educación Superior
27. Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo

También existen más de 100 Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial (OSDEs), que sumadas a los ministerios e institutos nacionales se acercan a 150 aparatos administrativos que dirigen a las empresas, que son las que producen. Al respecto, mi propuesta consiste en suprimir todas las OSDEs y convertir en empresas las que tienen condiciones para ello.

En base a mi opinión acerca de que la economía cubana debe abandonar el sistema hoy vigente de planificación centralizada de asignación de recursos materiales y financieros a las empresas y establecer el mercado como regulador de la gestión empresarial, así como que el Estado no debe administrar la economía a través de los ministerios ramales sino regular la economía en su conjunto mediante normas e instituciones, delineando la estrategia económica y social y protegiendo a las personas vulnerables, propongo que el Consejo de Ministros se reduzca a 16 cargos (1 Primer Ministro; 1 Vice Primer Ministro que simultáneamente sería uno de los ministros con cartera; un Secretario; y 14 ministerios). En consecuencia, desaparecería el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros y los institutos nacionales.

Los 14 ministerios que propongo serían los siguientes:

1. Relaciones Internacionales y de Comercio Exterior e Inversión Extranjera
2. Educación, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente
3. Economía y Finanzas
4. Cultura y Comunicación Social
5. Agricultura, Industria Alimentaria y Comercio Interior
6. Industria, Energía y Minas
7. Construcción, Recursos Hidráulicos, Ordenamiento Territorial y Urbanismo
8. Turismo, Deportes y Recreación
9. Transporte y Comunicaciones
10. Justicia, Trabajo y Seguridad Social
11. Salud Pública
12. Fuerzas Armadas Revolucionarias
13. Interior
14. Banco Central de Cuba

Las denominaciones de los ministerios aquí expresadas reflejan las de los actuales ministerios e institutos nacionales que se fusionan. Habría que decidir los nombres más apropiados para ellos. Además, propongo que cada ministerio tenga un máximo de 3 Viceministros, una plantilla con un máximo de 150 trabajadores y no tendría Delegaciones Territoriales.

La Habana, 10 de abril de 2026

silvio dijo...

Papa León XIV: no temo a Trump; mi mensaje de paz es claro
Ap, Afp, The Independent y Sputnik

Argelia. El papa León XIV respondió ayer al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien arremetió contra él por la guerra con Irán, al señalar a reporteros que no teme al gobierno del magnate, al tiempo que subrayó que sus llamados a la paz y la reconciliación están arraigados en el Evangelio. Insistió en que continuará denunciando la violencia sin dirigir ataques personales y resaltó que no tiene la intención de entrar en debate con mandatario.

Horas después, el republicano se negó a disculparse y redobló sus críticas, aunque retiró de sus redes la ilustración que publicó anteanoche en su red Truth Social, elaborada con inteligencia artificial, en la que aparecía representando a un santo o a Jesucristo, lo que generó una cascada de críticas, tanto de jefes de gobierno como de la premier italiana, Giorgia Meloni, o el presidente español, Pedro Sánchez, al igual que de la Iglesia católica estadunidense e italiana, además de cientos de memes en las redes.

“Poner mi mensaje en el mismo plano que lo que el presidente ha intentado hacer aquí, creo que es no entender cuál es el mensaje del Evangelio”, explicó León XIV a The Associated Press.

El primer Papa de la historia nacido en Estados Unidos destacó que no es político y que no teme a la administración del republicano, tras las críticas del mandatario estadunidense, quien lo calificó de “débil en materia de crimen, y terrible para la política exterior”.

“No tengo miedo, ni de la administración Trump ni de proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio”, sentenció el pontífice nacido en Estados Unidos a periodistas en el avión que lo llevó a Argelia.

Aunque se negó a debatir, el líder católico, que cuenta con más de mil 400 millones de fieles en el mundo, defendió: “creo que la Iglesia tiene el deber moral de pronunciarse con toda claridad contra la guerra y a favor de la paz y la reconciliación”, en respuesta a Trump, quien aseguró que “no es un gran admirador del Papa”.

Por lo pronto, el mandatario se negó a disculparse con el líder católico y redobló sus críticas luego de que León XIV volvió a pedir el fin la guerra.

“Él estaba muy en contra de lo que estoy haciendo con respecto a Irán, y no se puede tener un Irán nuclear. El papa León no estaría contento con el resultado final”, dijo Trump a la prensa en la Casa Blanca.

Respecto a disculparse, Trump repitió: “creo que es muy débil con el crimen y otras cosas, así que no”.

Lluvia de condenas

Las críticas a León XIV provocaron reacciones en mandatarios. La primera ministra de Italia, la conservadora Giorgia Meloni, condenó las declaraciones de Trump.

“Considero inaceptables las palabras del presidente Trump respecto al Santo Padre. El Papa es la cabeza de la Iglesia católica, y es justo y normal que abogue por la paz y condene toda forma de guerra”, aseveró Meloni.

Por su parte, el presidente del gobierno de España, el socialista Pedro Sánchez, también respaldó al pontífice, quien en próximas semanas visitará el país ibérico.

“Quien siembra vientos, recoge tempestades. Mientras algunos siembran el mundo de guerras, León XIV siembra la paz, con valentía y coraje”, indicó Sánchez en redes sociales.

El portavoz de la cancillería de Irán, Esmaeil Baghaei, afirmó que las palabras de Trump al Papa constituyen un “ataque flagrante” contra la defensa de la paz.

Trump retiró la imagen publicada antenoche en Truth Social, en la que aparecía representado como Jesucristo o a un santo, misma que desató críticas de figuras cristianas de derecha, que lo acusaron de blasfemo.

silvio dijo...

Papa León XIV: ... (2 y fin)

Calificó de “noticias falsas” la comparación de la imagen con Jesucristo y justificó la publicación al resaltar que la imagen pretendía mostrarlo como un médico (https://www.instagram.com/reel/DXFPPZnCr0_/?igsh=bWJ0MGJpazZzOWdm).

“Sí, la publiqué. Pensé que era yo como médico y que tenía que ver con la Cruz Roja”. Afirmó que el se veía como un sanador: “se supone que soy yo como médico, curando a la gente. Y sí, curo a la gente, y mucho”.

Después de años, Trump consiguió el respaldo del movimiento nacionalista cristiano, convirtiéndolo en una pieza clave de su coalición Make America Great Again.

En este contexto, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, quien es católico, declaró a Fox News: “sin duda creo que, en algunos casos, lo mejor para el Vaticano sería limitarse a cuestiones morales... y dejar que el presidente de Estados Unidos se ocupe de dictar la política pública estadunidense”.

Entre tanto, León XIV inició ayer una visita de 11 días por varios países de África, que empezó en Argelia, el primer viaje de un pontífice a este país de mayoría musulmana.

Más información sobre las recientes declaraciones del Papa y del mandatario en @lajornadaonline https://bit.ly/4cpB8ft

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/14/mundo/papa-leon-xiv-no-temo-a-trump-mi-mensaje-de-paz-es-claro