Jorge Fuentes
El 13 de abril de 1961, un incendio de grandes proporciones destruyó totalmente El Encanto, la tienda por departamentos más grande del país, situada en Galiano y San Rafael. El gordo Rubén Placeres y yo tuvimos que hacer un rodeo para llegar. Los carros de bomberos, pipas de agua, perseguidoras y ambulancias, cerraban todas las calles aledañas, pero no sé de qué manera, sin darnos cuenta, nos vimos los dos, que andábamos como muchos vestidos de milicianos (porque las cosas se veían venir muy malas), aferrados a una manguera que nos dieron los bomberos. Estábamos casi frente al Ten Cent, hoy la tienda Trasval. Desde allí vimos cuando llegó Osvaldo Dorticós, presidente de la república y pronto a un miliciano que se acercaba corriendo -"dice el presidente que no se arriesguen más que ya no tiene salvación". Todos estábamos enardecidos, los pedazos de pared caían, las vigas de metal se doblaban, el calor era insoportable y el presidente con las manos en alto gritando que lo dejáramos todo y salieramos de ahí.
Dos días después, bombardearon varios aeropuertos de La Habana y Santiago de Cuba. La noche del día 15, un grupo de compañeros nos reunimos en la escalinata del Instituto de La Habana y salimos hacia la Universidad donde se estaba velando a los muertos de la agresión sucedida en el día. Ya la Asociación de Jóvenes Rebeldes, a la que todos pertenecíamos, había ganado en organización y estaban allí algunos miembros de los seccionales creados. Recuerdo a Pedro Pablo Limas, de Marte y Arsenal, Antolín, Villena, Diego, Moisés, Cabrera, Angelito, Binerfa y mucha gente del Instituto como Belkis Castillo, Marcela, Sarah Montoto, Paquita, Eulalia, Gladys, Filo, Prendes, Betty, Marcelino, Evelio Vilariño, Vinograd, Calviac, Montano, Maseda. Michel Vásquez, Benito Varela, los Nasser y tantos otros. En la Universidad, luego de hacer guardia de honor en el Aula magna, nos sentamos en la escalinata y pasamos la noche imaginando qué iba a suceder en lo adelante. Faltaba el gordo Placeres, mi hermano y compañero de todas las batallas, porque desde el día anterior se había integrado a un batallón de milicias, con el que ya habia participado en la movilización del 60. Lo mismo sucedía con mis compañeros de la Secundaria Básica José Martí: Vergara, Arditti, Roig y Manolín, todos miembros del ejecutivo de la Asociación de Estudiantes que presidí, de la AJR y de nuestra milicia, convertidos en aquellos niños héroes que vencieron a los mercenarios, después de pasar unos meses en la Escuela de Artillería. Todavía no habíamos terminado el noveno grado, pero organizamos uno de los mejores batallones estudiantiles de la ciudad, inspirado en el batallón del Instituto de La Habana que tenía 500 miembros, en el que yo comencé y con el que compartíamos las prácticas en el polígono de La Cabaña.
En la mañana del día 16, algunos de los que estábamos sentados la noche anterior en la escalinata, imaginando lo que iba a pasar, teníamos que cumplir la misión de organizar y acompañar una caravana de guaguas que debía conducir a Varadero, los primeros alfabetizadores, brigadistas Conrado Benítez. A partir de ese momento, la famosa playa iba a ser el lugar donde se les entrenara en los métodos pedagógicos a utilizar (resumidos en dos cartillas), se les dieran los uniformes y un farol muy luminoso, como la definitiva misión que debian cumplir, y que al final se quedaría en las casas de los campesinos. Entramos al polígono de Ciudad Libertad muy temprano, sin dormir y fuimos hablando con los choferes. El ambiente era de luto y de mucha emoción todavía. Los estudiantes venían con sus mochilas, acompañados por sus padres. Entre los que debíamos cumplir con aquello estaban: Arturo Pollo, Jorge Pollo, Reynaldo Calviac, Antolín y otros que se me olvidan. Serían las 9 o 10 de la mañana, cuando ya íbamos a comenzar a montar a los estudiantes en las guaguas. De pronto apareció un avión y la respuesta antiaérea fue inmediata y con todo. El ruido era ensordecedor y no se distinguía en modo alguno, si era el avión o nuestra respuesta. Todos corríamos, pero nadie sabía para dónde. Muchos se refugiaron debajo de las guaguas. Así estuvimos por un tiempo, no sé que tiempo. Hasta que sentí una voz que venia del portal de lo que fue la casa de Batista, al lado del polígono. Ya los tiros de las antiaéreas amainaban, pero todos estábamos clavados a la tierra. Entonces fue la voz de una mujer la que nos devolvió el valor. Era nuestra compañera Eloísa Miranda, presidenta del Instituto de Guanabacoa y ahora de la AJR. Se había subido en un buró que estaba allí por no sé qué razón y nos llamaba a la lucha. Ella nos calmó los nervios a todos. A su propuesta se cantó el himno, recuperamos a los choferes y comenzamos a montar a los muchachos. Todos querían ir, pero muchos padres se negaban. Los jovenes se impusieron, montaron en las guaguas y salió la caravana.Durante todo el camino estuvimos pensando en que apareciera un avión, pero llegamos sin contratiempo.
Las casas donde iban a estar los estudiantes estaban preparadas. En el horizonte se veían los barcos yanquis. Con el grupo de la AJR al que me he referido, fuimos a la jefatura del campamento y allí nos encontramos con Mario Diaz que era el jefe de la campaña de alfabetización, Hugo Moreno, López Muiño y otros dirigentes del Ministerio de Educación. Tenían nuestra misma preocupación: los barcos enemigos estaban claramente a la vista y no había tropas nuestras cuidando la playa. Les dijimos que íbamos a solucionar ese problema que ya nos tenía angustiados y decidimos irnos a las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas), con un carro que ellos nos prestaron. En Matanzas nos recibieron Severo Aguirre que era el delegado de la Dirección Nacional y Calderío a quien se conocía por El Abuelo, Secretario General de la provincia, hermano de Blás Roca. Después de informarles de la indefensión de los brigadistas y la cantidad que habíamos traído, nos dijeron que regresáramos tranquilos y que rápidamente iría un batallón de milicias para la playa. Al regresar, en la carretera que va a Varadero, empezamos a ver los camiones de milicianos que iban hacia el combate. Nos saludaban levantando las armas y gritando Patria o Muerte. Ahí tuvimos la gran discusión con Jorge Pollo, porque quería parar los camiones y montarse en uno de ellos y en medio de esa discusión, que duró todo el tiempo del viaje, apareció el batallón que nos habían prometido Severo y El abuelo. No había terminado de caer la tarde cuando entró un carro con Miguelito Rodríguez, Eduardo Castañeda y Bernardo Callejas, todos de la Comisión Nacional Estudiantil de la AJR. Lo primero que les preguntamos fue: si en el entierro de los milicianos, Fidel había dicho que la revolución era socialista, porque algunos en Matanzas lo estaban comentando. Nos dijeron que si. En la despedida de duelo lo había dicho. La noticia fue un abrazo. Nos apretamos todos en un abrazo, porque aunque había entre nosotros gente de diferentes procedencias y de ninguna, todos éramos socialistas y estábamos en espera de ese momento. El batallón de milicianos, comenzó a abrir tricheras y nidos de ametralladora. Dejamos allí a varios de nuestro grupo, entre ellos a Jorge que, al ver al batallón y tanto armamento, se quedó de buena gana. Ahora los barcos se veían más cerca, pero había con qué dispararles en el caso de intentar un desembarco.
Arturo Pollo, Reynaldo Calviac y yo, regresamos con los compañeros de la Dirección Nacional. En el camino, Miguelito nos fue explicando que no se sabía por los lugares que iban a atacar y que la misión encargada por la revolución a la AJR, era la de neutralizar al enemigo interno junto al MININT y que íbamos a buscar unas armas a Carlos III, donde estaban las oficinas de la Dirección Nacional. Nos repartimos varias armas entre los que integramos aquella patrulla. Recuerdo que en discusión con Callejas y con la intervención favorable de Miguelito, me tocó una ametralladora Thompson con 4 cargadores. Nuestro amigo Pedro Cancio del Seccional Vedado, nos llevó un auto Oldsmobile que habían ocupado en un registro junto con un arsenal de armas. Nuestra patrulla quedó constituida por Eduardo Castañeda, Reynaldo Calviac, Bernardo Callejas, Arturo Pollo y yo, con Miguelito Rodríguez de jefe. El ambiente en la calle era de combate, por todos lados pasaban camiones con milicianos y miembros del ejercito, en todas partes se tomaban posiciones, incuidas las azoteas donde se emplazaban ametralladoras de grueso calibre. Había euforia y cuando pasaban camiones con combatientes se aplaudía y se gritaban consignas. "Patria o muerte", "Viva Cuba" y "Viva la revolución socialista" fueron las consignas del pueblo en ese momento, siempre seguidas por una palabrota de las nuestras.
Entre nuestras tareas estuvo coordinar la salida de las Brigadas pilotos de la alfabetización que, en pequeña escala, ya estaban en el campo como experimento y fueron sorprendidas por la guerra. Se puso como punto de llegada de los brigadistas, el Instituto del Vedado donde teníamos compañeros movilizados. En una de las ocasiones que allí estuvimos vi llegar a dos grandes amigos procedentes de esas brigadas: Normita Moreno y Antonio Conte. Andábamos por la zona de Gúines el día 19, cuando nos enteramos que los mercenarios habían sido vencidos. Una mezcla de alegría y frustración, porque queríamos combatir. Tenía 15 años y ni la menor idea de todo lo que faltaba. Miguelito dio permiso para que fuéramos a bañarnos a la casa, porque desde el día 15 no nos bañábamos. Estando allí llegó Humberto González, un amigo movilizado en un grupo antiaéreo que ocupaba la azotea del Focsa y a quien también le habían dado pase. Se enamoró de mi ametralladora Thompson, me dejó su fusil FAL con todos los cargadores y ese fue el fusil, del cual conservo todavía un cargador, con el que terminé los días de Girón.
3 comentarios:
https://www.youtube.com/watch?v=NVrJ-msoVB4
En ese enlace está la declaracion íntegra de la presidenta de México, Claudia Sheinbaun, a su llegada a Barcelona para la Cumbre en Defensa de la Democracia. Por favor, no se la pierdan.
Un avión del gobierno de EE.UU. aterrizó en Cuba por primera vez en una década
Redacción OnCuba
El pasado viernes 11 de abril, funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos se reunieron en La Habana con representantes del gobierno cubano. La visita, cuya existencia confirmó este viernes la agencia Axios en un reporte exclusivo, supone un hito diplomático inusitado: fue la primera vez que un avión del gobierno estadounidense tocó tierra en Cuba desde que el presidente Obama visitara la isla hace una década, en su apuesta por el deshielo.
Lo que se dijo en las reuniones
Según el reporte de Axios, la delegación estadounidense instó a Cuba a adoptar libertades democráticas y económicas, y advirtió sobre los riesgos de ignorar sus recomendaciones. Los funcionarios le dijeron al régimen que “la economía cubana está en caída libre” y que la élite gobernante tiene “una breve oportunidad para implementar reformas clave antes de que las circunstancias empeoren de forma irreversible”.
Además de exigir cambios en el modelo económico y de gobierno, la delegación planteó la posibilidad de ofrecer acceso a Starlink para restablecer servicios de Internet, y reiteró las condiciones históricas de Washington para avanzar en un eventual levantamiento del embargo: compensación a ciudadanos y corporaciones estadounidenses por propiedades confiscadas tras 1959, liberación de presos políticos y la garantía de mayores libertades políticas, incluyendo elecciones libres.
Los funcionarios también expresaron “preocupación por la presencia de grupos de inteligencia extranjera, militares y terroristas que operan con el permiso del gobierno cubano a menos de 100 millas del territorio estadounidense”.
El interlocutor
Un alto funcionario del Departamento de Estado confirmó a Axios que se realizaron múltiples reuniones, pero solo identificó a un participante cubano: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro, la figura que Washington eligió como interlocutor en este proceso de contactos en la sombra, pasando por encima del presidente Miguel Díaz-Canel.
Rodríguez Castro es teniente coronel del MININT y jefe de la seguridad personal de su abuelo, y Washington lo percibe como la voz de facto del líder histórico, cuya influencia real sobre el gobierno cubano se mantiene intacta a pesar de no ocupar cargo oficial alguno.
“Un nuevo amanecer”
La visita ocurrió en un momento de máxima tensión retórica. El mismo viernes en que trascendió la noticia, Trump declaraba ante la audiencia de Turning Point USA en Phoenix: “Muy pronto esta gran fuerza hará realidad un día que llevamos setenta años esperando. Se llama un nuevo amanecer para Cuba”.
Esa misma semana, el presidente Díaz-Canel había dicho en NBC que el sistema político cubano no está sujeto a negociación y que nadie le ha exigido elecciones libres ni la liberación de presos políticos. Sin embargo, el Departamento de Estado puso exactamente esas condiciones sobre la mesa en La Habana, según lo revelado ahora.
La brecha entre la narrativa pública de ambos gobiernos y lo que ocurre en los canales reservados vuelve a quedar expuesta.
Lo que Axios reveló este viernes no es el inicio de un acuerdo, sino la confirmación de que el juego de presión y negociación está más avanzado —y es más complejo— de lo que cualquiera de las dos partes admite oficialmente.
https://oncubanews.com/cuba-ee-uu/un-avion-del-gobierno-de-ee-uu-aterrizo-en-cuba-por-primera-vez-en-una-decada/
Mientras más tiempo pasa, ocultar realidades hace cada vez más difícil fortalecernos como nación. Hace 10 años que vengo cantándolo en "Viene la cosa".
Viene la cosa,
viene la cosa fea.
Viene la cosa,
como mano de brea.
Su inquietante nariz
parece un caracol
y su talante gris
le pone rabo al sol.
Viene, viene la cosa
y la canción de amor
solloza.
Viene la cosa,
aunque no te lo creas.
Viene la cosa,
como viento y marea.
Viene, más que la luz;
viene para acabar;
por eso el avestruz
no tiene ya lugar.
Porque la cosa viene
y la mentira no es
quien la detiene.
Viene la cosa, por más
que sea injusta y ofenda.
Viene la cosa a exhibir
desparpajo total.
Viene la cosa, invocando
lo que le convenga,
porque ha pasado
de moda la noble moral.
Viene la cosa,
viene por todos lados.
Viene la cosa,
rescribiendo el pasado.
Pero, a falta de dios,
doy pecho al huracán
y saco bien la voz
y al pan le digo pan.
Porque viene una cosa
que sólo la sinceridad
destroza.
julio 2016
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