sábado, 25 de abril de 2026

¿Cómo vive Cuba el bloqueo energético?

Pascual Serrano

La Habana. Todo el mundo parece indignado por Trump, sus interpretaciones geopolíticas, sus medidas políticas y sus guerras. Sin embargo, tanto políticos como grandes medios luego coinciden con él en que la situación en Cuba es de desesperación y colapso inminente. El escenario que promueven es el de un Estado fallido para que una intervención militar pueda interpretarse, más que como una agresión, como una salvación o, en el menor de los casos, algo que no puede agravar más la situación. El objetivo, como dice Belén Gopegui, es implantar la idea de que “ya no hay nada que hacer”, solo esperar la llegada del imperialismo. 

Hemos estado en Cuba, hemos visto, observado, preguntado y tomado nota. Hemos descubierto un pueblo golpeado y sufriendo por el bloqueo energético, pero con un gobierno que está gestionando la situación y unos ciudadanos que están saliendo adelante. 

El primer dato a tener en cuenta es que a Cuba se le ha impuesto un bloqueo energético por el cual ha estado cuatro meses sin entrar ni una gota de petróleo en la isla. Petroleo que antes recibía de México o Venezuela. Como consencuencia se han quedado las plantas termoeléctricas de la isla sin materia prima para operar. Sorprende cómo el mundo se indignó por el bloqueo en la ayuda alimentaria que Israel impuso a Gaza, pero bloquear el acceso a la energía es igual de asfixiante para una economía y de criminal para un país. ¿Se imaginan qué pasaría a España se le impidiese que llegase una gota de petróleo o gas? ¿O a una isla como Dominicana, al lado de Cuba? Imaginen, bloquear el acceso de República Dominicana a los 50 o 60 millones de barriles anuales que le llegan, o los 2,8 millones de barriles diarios que importa Japón. Y cuando esos países no puedan desarrollarse por la falta de esa energía, decir que el capitalismo no funciona. 

La primera paradoja es que el gobierno de Trump dice que Cuba es un Estado fallido pero, precisamente porque hay un Estado presente en la organización de la sociedad, se está logrando gestionar el déficit energético. El Estado cubano ha clasificado las zonas según prioridades energéticas, que llaman circuitos con niveles de importancia, dando el principal rango a las áreas donde hay un hospital o instalaciones sanitarias, escuelas, bomberos, industrias de alimentos… En esas zonas protegidas casi nunca se va la electricidad. 

Del mismo modo, el Estado cubano está dando prioridad a centros sanitarios, educativos o de servicios sociales para la instalación de paneles solares. En una carrera contra reloj, y con la ayuda de China, cada día se están inaugurando sistemas solares que suministran energía a centros sanitarios y hospitales. 

En cuanto a la distribución de la gasolina, el criterio también es social, los servicios públicos tienen un suministro garantizado, igual que la producción agrícola o las empresas estratégicas, mientras que el uso privado es el que dispone de menos combustible y a un precio muy caro. 

Igualmente, el Estado planifica conexiones y desconexiones territoriales en sus centrales termoeléctricas para asegurar el reparto del suministro y evitar que el sistema colapse por una demanda por encima de la electricidad disponible. 

Ha sido la planificación del Estado la que ha permitido que los 730.000 barriles de crudo (“tercera parte de lo que necesitamos en un mes”, en palabras del presidente Díaz-Canel) que llegaron en el barco ruso Anatoly Kolodkin el pasado 31 de marzo puedan ser estirados y optimizados al máximo hasta generar 800 o 1.000 mw, la tercera parte de todo lo que se necesita en el horario pico. 

A diferencia de nuestros países, donde una subida de la energía se convierte instantáneamente en inflación y subida de precios, en Cuba no se observa un aumento de los precios de los productos de primera necesidad. El motivo es que para su producción el Estado mantiene la energía al mismo precio y no existen distribuidores que puedan especular o acumular. Por otro lado, los productos importados no tienen por qué aumentar su precio porque no les afecta ningún bloqueo energético. 

El gobierno de Estados Unidos precisamente plantea permitir la importación de combustible pero solo para el sector privado, es decir, para ricos y empresas privadas independientemente de su importancia. O sea, quiere eliminar los criterios sociales y estratégicos del Estado cubano. Si no hubiese un Estado que priorizase las necesidades y coordinase la conexiones y desconexiones, las demandas particulares provocarían el colapso constante del sistema.

Dice que es un Estado fallido pero precisamente lo que quiere es desactivarlo porque sabe que no tiene nada de fallido. 

La iniciativa de los cubanos de a pie también es de destacar. Las calles de La Habana están llenas de motos eléctricas chinas, e incluso triciclos que transportan hasta seis personas y que ya han sustituido a la mayoría de los coches de gasolina y, sobre todo, a los taxis. Esas motos, que están resolviendo el transporte en La Habana, están costando en torno a 600 o 700 dólares, una cantidad importante para un cubano, pero recordemos que ellos llevan toda la vida pagando una cantidad mínima por la energía eléctrica, menos de un dólar al mes. Recargar ahora la batería de sus motos en sus casas es prácticamente gratuito. 

Por otro lado, muchas viviendas ya cuentan con paneles solares para garantizar su autosuficiencia energética. Es curioso que esa transición energética los españoles la estamos haciendo a la fuerza para poder encajar las sanciones que nosotros mismos hemos puesto a Rusia y el encarecimiento del gas que han provocado esas sanciones. En Cuba se está haciendo pero por el bloqueo estadounidense.

La afectación en el transporte provoca que muchos trabajadores se queden en casas de amigos y familiares para no tener que desplazarse cada día a su puesto de trabajo, o que lleven la comida o la ropa a la nevera o la lavadora del familiar que dispone de electricidad. Es decir, el país ni se para ni se colapsa. De hecho, aunque hemos visto menos vehículos de gasolina por las calles de La Habana y una brusca caída del turismo, moverse por la ciudad no es complicado, la gente va a trabajar y el fin de semana los locales de ocio no se pueden quejar de público cubano. Nada parecido al periodo especial de los años noventa. 

La transparencia del gobierno cubano hacia la situación energética es absoluta. Los cubanos siguen un canal de wasap de la Unión Eléctrica de Cuba donde todos los días difunden un gráfico de “Actualización del Sistema Energético Nacional”. Allí pueden comprobar que lo habitual en el horario pico es disponer de unos 2.000 mw (hace veinte días no se llegaba a los 1.500) y una demanda de 3.000 mw. Los mil de déficit deben repartirse según prioridades y escalonarse para que el sistema no colapse.

La situación actual es que China en doce meses lleva ya construidos 75 de los 92 parques solares que se comprometió a poner en marcha para 2028, lo que hizo que su generación total haya pasado del 5,8% al 20%. Cada parque solar cuesta aproximadamente 16 millones de dólares, y los 75 ya construidos representan una inversión superior a 1.200 millones de dólares en infraestructura energética instalada a velocidad récord. Cada megavatio de capacidad solar instalada representa ceca de 18.000 toneladas de combustible que ya la isla no necesita importar.

Hoy ya la energía solar en Cuba produce 1.000 mw, el 20 o 25% de la energía que necesita el país. Hay que tener en cuenta que la energía solar actual ayuda a cubrir el pico diurno, pero no resuelve los apagones nocturnos sin sistemas de almacenamiento masivo, no olvidemos que los cubanos por la noche usan mucha electricidad para sus aires acondicionados. 

La velocidad del despliegue sorprende incluso a los estándares chinos: algunos parques entraron en operación en apenas 35 días tras la llegada de los equipos. Además del aporte masivo a la red eléctrica, el acuerdo con China incluye la donación de 70 toneladas de piezas para generadores y planes para instalar 10.000 sistemas fotovoltaicos en hogares, maternidades y clínicas. 

Es evidente que el objetivo del bloqueo energético es provocar un levantamiento popular contra el gobierno, algo que parece cada vez más lejos y absurdo. Es difícil saber con precisión cuál es porcentaje de apoyo u oposición al gobierno cubano, pero es indiscutible que el apoyo es mayor del 36% que tiene Trump. Yo diría que incluso es mayor que el que tenía hace unos años. La soberbia y torpeza de Trump afirmando que quería “tomar Cuba”, ha despertado el rechazo incluso entre los cubanos que, ingenuamente, podían pensar que la Administración estadounidense alguna vez estuviera interesada en democracia o derechos humanos para Cuba. 

En conclusión, un Estado socialista que planifica y prioriza, una solidaridad de China y una inventiva cubana están consiguiendo que, una vez más, Cuba avance y los planes de derrocamiento de Estados Unidos sigan fracasando como en los últimos sesenta años.

https://globalter.com/como-vive-cuba-el-bloqueo-energetico/

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