jueves, 4 de octubre de 2018

Mundos paralelos

Por Alina B. López Hernández

La televisión cubana, desde el 24 de octubre de 1950, fue pionera de las transmisiones en el área de Latinoamérica. Además de como vehículo de entretenimiento y promoción comercial, ella fue asumida desde su origen como un poderoso medio de difusión ideológica.
A mediados de la década del cincuenta surgió un programa que, bajo la denominación indistinta de mesas redondas o paneles, invitaba a personalidades de la intelectualidad cubana a exponer sus consideraciones sobre la realidad nacional. Juan Marinello, notable intelectual y a su vez presidente de los comunistas, criticaba que fueran exceptuados de tales presentaciones los intelectuales procedentes de su partido, ya que, según argumentaba, debían ser escuchados representantes de todas las “zonas de ideología” que existían en Cuba.
Tras tantos años, y en un contexto diferente, se mantiene esa exclusión. A pesar de que el proyecto constitucional que se discute afirma en su primer artículo que uno de los objetivos de la república es la libertad política, y de que el artículo 59 expresa que “El Estado reco­noce, respeta y garantiza la liber­tad de pensamiento, conciencia y expresión”; la televisión nacional da la espalda a esa libertad en momento tan crucial como el del debate ciudadano sobre el referido Proyecto.
Admitamos que ha sido amplia la cobertura televisiva a las discusiones relativas al documento en barrios, centros de trabajo o estudio. Es cierto igualmente que varios canales han establecido espacios de intercambio entre especialistas y la ciudadanía a través de correos electrónicos. ¿Qué reprochamos entonces a este medio con presencia protagónica en los hogares cubanos? Lo mismo que Marinello en su tiempo: la visión restringida y excluyente que mantiene, la cual le impide abrirse a todas las zonas de ideología y a todas las valiosas opiniones que sobre el tema se están generando en el país.
Sus invitados son casi siempre personas involucradas directamente en la autoría y/o revisión del proyecto, es decir, miembros de la comisión de los 33. Algunos de ellos muy bien preparados teóricamente, aunque su perspectiva es solo una entre las muchas posibles; otros, sin embargo, han dejado una impresión de desnudez teórica e indefensión científica que apena.
Este tempo televisivo, sesgado y unidireccional, contrasta con lo que ocurre en los medios digitales. En estos últimos se ha hecho realidad el llamado a un debate profundo, a una construcción colectiva, a un verdadero ejercicio de democracia ciudadana. Allí confluyen valiosos miembros de la intelligentsia nacional cuyos análisis se realizan desde perspectivas tan diversas como la jurídica, la económica, la histórica, la filosófica, la sociológica y la filológica, entre otras. No hay acuerdos previos, pero la seriedad de los enfoques y las aristas diversas que han asomado enriquecen de modo excepcional el documento que deberá convertirse en nuestra Ley de leyes.
Las Ciencias Sociales en Cuba han estado mucho tiempo de espalda unas a otras. Hijas de un siglo que, como el XIX, definió rígidos objetos de estudio y metodologías particulares, ellas se encerraron en compartimentos estancos y reclamaron para sí una parte de la realidad social. Ocurre, sin embargo, que la sociedad es una, y compleja, y mientras más se fraccione para su estudio menos será entendida. Ante fenómenos sociales, siempre multicausales, se requieren enfoques multidisciplinarios. Y es precisamente esta la mayor contribución de los análisis que pueden hallarse en los medios digitales, ellos son más completos, complejos y comprometidos con las necesidades de cambio que la discusión del anteproyecto abre ante la ciudadanía.
Según una de las muchas definiciones, intelectual es quien se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad, y comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando cierto estatus de autoridad ante la opinión pública. Interviene en el mundo de la política al defender propuestas o denunciar injusticias concretas, además de producir o extender ideologías y defender unos u otros valores. El intelectual, al abrirse a las interpretaciones alternativas de la realidad, amplía la perspectiva de los ciudadanos. Eso hacemos hoy los intelectuales cubanos, y en el proceso aprendemos unos de otros, polemizamos, intercambiamos. El resultado final es que la perspectiva que adquirimos de la realidad nacional se hace más clara.
La Joven Cuba, La Cosa, La Tiza, La Trinchera, Segunda Cita, Cuba Posible, OnCuba, Elestadocomotal, son algunos de los blogs y publicaciones que logro consultar, directa o indirectamente, y que me parece han dedicado con profundidad su espacio al tema que hoy ocupa a los cubanos. Mientras, la televisión decide qué es lo que quiere transmitir a los espectadores, ¿lo decide verdaderamente? Pero sean sus directivos o alguna fuerza dirigente superior los que determinen el acceso de los intelectuales cubanos a ese espacio, lo cierto es que ponen en tela de juicio su propio reclamo a ser una sociedad más democrática. Y, además, no evitan que la esfera mediática digital funcione como una alternativa real a las aspiraciones colectivas de la ciudadanía.
Hace poco escribí en otro post: “Es cierto que nunca fue tan retador y desafiante el panorama mediático, pero más cierto es que ese panorama no va a cambiar. Las reglas del juego son diferentes a las de décadas anteriores”. En tiempos de Marinello no existía internet.
En geometría se denominan rectas paralelas a aquellos pares de líneas que nunca se unen o cruzan. El que ambos universos en Cuba, el televisivo y el digital, se muevan sin acercarse, los convierte en mundos paralelos. El presidente de los consejos de Estado y de ministros de Cuba expresó hace pocos días en Nueva York que era necesario derrumbar muros y tender puentes. Es una excelente propuesta, pero ella es puesta en solfa ante la clausura de los medios oficiales en Cuba a su propia intelectualidad.
¿Cómo vamos a tender puentes al exterior si dentro de la isla vivimos separados por barreras? El mundo de la televisión y el de la blogosfera son un buen ejemplo, mayor que ese solo la muralla china.

lunes, 1 de octubre de 2018

Algunas definiciones faltantes en el Proyecto de Constitución de la República de Cuba

Por Charles Romeo

Los conceptos son las unidades más básicas de toda forma de conocimiento humano; construcciones o auto proyecciones mentales, por medio de las cuales comprendemos las experiencias que emergen de la interacción con nuestro entorno.” (Wikipedia)

No quiero aparecer pedante al opinar sobre un tema tan serio como el Proyecto de Constitución Nacional. Además, me doy cuenta que para algunos voy a cometer lo que en religión se denominanblasfemias. Pero en verdad solo quiero llamar la atención sobre el empleo de palabras que definen conceptos trascendentales para la correcta interpretación del referido Proyecto que debe y está siendo discutido por la población para su redacción definitiva y su posterior aprobación.

En el Proyecto de Constitución Nacional para Cuba no puede haber ni incoherencia ni términos conceptuales sin una muy clara definición de su significación y es con ese criterio que se examina el texto publicado para su crítica por el pueblo cubano. No se pueden dejar indefinidos conceptos esenciales para ser interpretados en el futuro por quienes se sientan con el derecho y la capacidad de hacerlo en ocasión de cualquiera coyuntura que exija su definición.

En el artículo 1 del referido proyecto se dice “Cuba es un Estado socialista de derecho, democrático, independiente y soberano, organizado por todos y para el bien de todos, como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad y la ética de sus ciudadanos, que tiene como objetivos esenciales el disfrute de la libertad política, la equidad, la justicia e igualdad social, la solidaridad, el humanismo, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva”.

Socialista, primer término no definido, porque ¿qué significa socialista? ¿Qué significa el socialismo? ¿Lo que entienden por ello  los socialistas europeos, lo que establecieron los rusos en la ex Unión Soviética o Pol Pot en Camboya, o Tito en Yugoeslavia, o actualmente los chinos en la República Popular China o los cubanos en Cuba? Ya paso a la historia como un objetivo finalmente incumplido el significado de socialismo definido por la Academia de Ciencias de la URSS en su Manual de Economía Política que se suponía era en tiempos pasados la única concepción valida y de aceptación general.

A nuestro entender la única concepción CORRECTA de socialismo para Cuba es la realidad que los cubanos se han dado para organizar su sociedad,que por lo demás quieren modificar y para lo cual están redactando una nueva Constitución que junto con sus leyes, conformaran la definición concreta de socialismo… para los CUBANOS.
Por consiguiente, una redacción a nuestro entender más precisa del artículo 1 sería la siguiente: 
“Cuba es un Estado socialista de derecho, democrático, independiente y soberano, organizados por todos y para el bien de todos, como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad y la ética de sus ciudadanos, que tiene como objetivos esenciales el disfrute de la libertad política, la equidad, la justicia e igualdad social, la solidaridad, el humanismo, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva. Su Constitución y sus leyes definen al régimen socialista vigente en Cuba.

El articulo 1 también señala que uno de los  objetivos del Estado socialista es “el humanismo”. Cabe preguntar ¿en qué consiste el humanismo para los cubanos? ¿El humanismo vigente en Roma cuandohabía esclavos y sus propietarios? ¿O el de la Europa feudal con sus señores de la tierra y sus siervos, o el de la sociedad capitalista en donde la inmensa mayoría debe vender su fuerza de trabajo a una empresa privada para poder vivir con su familia? ¿Cómo se define el humanismo concebido y practicado por los cubanos?

Nuevamente la única definición posible de humanismo es la manera particular como los cubanos se han organizado y se relacionan entre ellos para desenvolver su vida. Y eso hay que dejarlo muy en claro para hacer referencia al humanismo que se practique…en Cuba. Sugiero al respecto inspirarse en como Marx define el concepto de humano en una de sus Tesis “¨Pero la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales.” Por consiguiente, el articulo 1 debería incluir la definición de humanismo cubano como…el humanismo resultante de la vigencia de  esta Constitución,…
A nuestro juicio ya en el artículo 1 del Proyecto de Constitución Nacional hay dos conceptos de referencia necesarios para  definir la naturaleza del Estado que se quiere establecer en Cuba, y que no han sido previamente definidos. Porque de lo que se trata es de  establecer en Cuba un determinado socialismo para lograr un determinado humanismo mediante la creación de un Estado también a ser determinado para lograr esos propósitos.

Sigamos.

Artículo 3, párrafo 34:

”El socialismo y el sistema político y social revolucionario, establecidos por esta Constitución, son  irrevocables.”
Nuevamente aparece ese concepto de socialismo que no ha sido anteriormente definido y además considerado irrevocable, que significa que no se puede revocar, vale decir “dejar sin efecto” y en este caso se trata de algo que se menciona pero que no ha sido definido. ¿Y si dentro de quien sabe cuántos años los cubanos redefinen lo que entenderán entonces por socialismo, no habrán cambiado una expresión de socialismo por otra, lo que significa que habrán efectivamente revocado el anterior concepto, aunque lo hayan definido años atrás como irrevocable? ¿O es que los actuales legisladores son capaces de visualizar un futuro inmutable? Porque esas expresiones de irrevocabilidad, de eternidad, de para siempre, de imperecedero, son solamente expresiones que denotan exaltación emocional y nada más. Ya lo descubrimos quienes años atrás leímos manuales soviéticos. Vieja tradición registrada por la historia el concebir soluciones inmutables de una  formación económica-social y que por lo demás en este caso se contradice con la concepción cubana de revolución  que nos dejó Fidel, según la cual debe cambiarse todo lo que debe ser cambiado.
Se sugiere entonces cambiar la utilización del adjetivo irrevocable por otra expresión, por lo cual el párrafo 34 quedaría como sigue: “El socialismo y el sistema político y social revolucionario, establecidos por esta Constitución, tendrán la vigencia que les confiera el pueblo cubano”.
El artículo 5 del Proyecto de Constitución expresa:
“El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado. Organiza y orienta  los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo. Trabaja por preservar y fortalecer la unidad patriótica de los cubanos y por desarrollar valores éticos, morales y cívicos.”
El Partido, esa organización política determinada y conformada por determinados ciudadanos cubanos, pero según sus propias reglas, postula y afirma  ser  “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Históricamente, esta declaración fue cierta desde el día en que se constituyó en octubre de 1965 y Fidel presento a su Comité Central. Lo recuerdo muy bien. Era una mancha verde olivo, salpicada de algunos puntos de colores diferentes , el color del uniforme del Ejército Rebelde creado a partir de unos civiles cubanos  por el propio Fidel y que dirigido por él había derrotado a las fuerzas armadas que sostenían al dictador Batista y asumido el poder político en Cuba para realizar el Programa del Moncada.
Ignorar que el Partido Comunista de Cuba se identificaba como el partido creado por Fidel y dirigido por él, es transmutar la verdad histórica y tratar de sustituirla  por otra, cuestión de fondo a partir del momento en que ya no está Fidel y que deje de estarlo el continuador de su mandato Raúl, el más fiel e identificado con él de sus seguidores. Dicho de otra manera, el Partido Comunista de Cuba se llamó así e hizo suyas las concepciones de José Martí, de Marx, de Engels, y de Lenin, porque así lo concibió Fidel, y no fue el resultado de la inevitabilidad de la vigencia de las ideas de esos hombres, como si fueran la expresión de un “demiurgo” que intervino en el desarrollo de la historia de Cuba, genio ordenador impersonal que actúa para realizar sus ideas.(1) Si se quiere utilizar el concepto de demiurgo, entonces habría que reconocer algo que caracterizaba a Fidel, precisamente sus ideas, originales, propias de un iconoclasta que logro hacer posible más de una vez lo que se consideraba imposible, empezando por cambiar la división geo-política del mundo entre capitalismo y socialismo decidida por las potencias vencedoras en la Segunda Guerra Mundial, haciendo pasar la frontera entre ambos sistemas por el estrecho de la Florida y nuevamente la que existía en el Sur de África, acciones inconcebibles contando únicamente con la fuerza de unos pocos millones de habitantes de una pequeña isla del Caribe, lo que no se puede hacer impunemente y que conlleva tener que enfrentar las consecuencias.(2)
Para dirigir democráticamente a la sociedad cubana y a su Estado por un partido político único, ante todo este debe generar  ideas claras de lo que se pretende realizar y, tan importante como ello, que los dirigidos estén de acuerdo con ellas. ¿Cuál es la situación concreta al respecto hoy en día?
Los 311 Lineamientos del año 2011, el denominado nuevo modelo económico y social a instrumentar en Cuba y el actual Proyecto de Constitución Nacional, los tres documentos que encierran nuevas ideas para enfrentar el futuro de Cuba, siguen siendo ideas generadas bajo la dirección política de Raúl Castro, en tanto que continuación de las de Fidel. El problema que empieza a manifestarse es la ausencia de ideas adicionales provenientes de dirigentes del partido quienes no soni Fidel ni Raúl.
Es comprensible, al menos para mí, que la cuestión del liderazgo político no se discutiera  cuandoestaba Fidel y aún está Raúl, pero preocupe ahora abiertamente a muchos cubanos por la nueva situación que inevitablemente se va a crear en el futuro. Concretamente, se cuestiona el contenido propuesto en el artículo 5 del Proyecto de Nueva Constitución. Pero entiéndase bien lo que aquí se quiere expresar. No se discute la necesidad de mantener la unidad política del pueblo cubanomediante un partido político único, sino el cómo lograrla. ¿Cómo el pueblo soberano de Cuba delega esas funciones de liderazgo en el partido político único? Porque, con perdón de los autores del artículo 5 del Proyecto de Constitución, el problema no está satisfactoriamente resuelto como en él lo han propuesto, y en particular tampoco en el artículo 8 en el cual se excluye al Partido Comunista de Cuba de entre quienes “tienen la obligación de observar estrictamente la legalidad socialista y velar por su respeto en la vida de toda la sociedad”.
En resumidas cuentas, se da por sentado el conocimiento de lo que es el Partido Comunista de Cuba y por tanto no se lo explica, y sin embargo se le atribuye ser “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado
La Revolución Cubana está entrando en una nueva etapa. ¿Y el Partido Comunista de Cuba, no?
(1) Ver la definición de demiurgo en Wikipedia.
(2) Regino Boti, quien fue Ministro de Economía en el Gobierno Revolucionario, caracterizaba a Fidel como “una fuerza telúrica”.

martes, 25 de septiembre de 2018

El triste caso de la manzana de Blancanieves


Por el Dr.C Juan Triana Cordoví

La manzana es una noble fruta con mala suerte. Eva la usó con Adán y toda la humanidad pagó la culpa. La malvada reina se la dio a comer a Blancanieves y la puso a dormir por años (cierto que luego apareció el Príncipe); y para colmo una le cayó en la cabeza a alguien que dormía debajo de un árbol y apareció la gravedad, en virtud de la cual todos, aunque flotemos un rato, nos caemos. Cierto también que hay quien se vuelve a parar, pero otros ni con una grúa vuelven a ponerse en la vertical. También están los que flotan perenemente. En resumen, que la pobre fruta ha tenido mala suerte.


Vi con asombro la noticia de las 15 000 manzanas (de la discordia)[1]. Mi primera reacción fue pensar como mi abuelo, que era bodeguero en el Güiro --un pueblo allá entre Quivicán y el Gabriel--, y fue así mi reacción desde ese “gen de comerciante”: magnifica operación, me dije. Sí, y sólo si no se ha producido ningún acto de corrupción (precios más bajos, cantidades no facturadas, etc.), entonces los que vendieron las manzanas han logrado vender quizás todo el inventario de una sola vez; con ello, de una parte, aumenta la rotación del capital comprometido, lo cual, según creo, debe influir positivamente en la masa de ganancias --entonces es bueno para la empresa, digo yo--; segundo, La Puntilla se ha quitado de arriba posibles pérdidas por deterioro de la calidad, lo cual también es bueno para la empresa; tercero, la empresa puede rápidamente y a partir de esos ingresos ¡volver a comprar manzanas!, ese fruto no tropical que gusta tanto, y de esa forma rápidamente ¡vender más en menos tiempo! También bueno para la empresa. Reconozco, sin embargo, que esta es una forma de pensar muy sesgada y que deja de lado la realidad del ¿mercado? cubano. De hecho, existe una resolución de las tiendas de CIMEX que prohíbe vender más de un determinado % de sus inventarios a un solo comprador, para evitar el acaparamiento, resolución que se debe a la forma “peculiar” en que funciona el ¿mercado? en Cuba.

Desde la perspectiva del “consumidor de manzanas”, hay dos situaciones: la de aquellos que fueron a la Puntilla (tienda situada en un lugar de no muy fácil acceso en Miramar) y de pronto no pueden satisfacer la ilusión de comerse una manzana; pero también hay otros consumidores, a los cuales les cuesta relativamente caro (en tiempo o en dinero, que a veces es lo mismo) alcanzar esa tienda, pero que también gustan de las manzanas y son capaces de pagarlas un poco más caro, siempre y cuando la tengan más cerca. No sé cuál de los dos grupos de consumidores es más importante. Existe, además, otro tipo de consumidor de manzanas: aquel que tiene, por ejemplo, una pastelería o dulcería y necesita manzanas en grandes cantidades, pero no existe ningún mercado mayorista donde comprarlas.

Pero después de esa reflexión tan fría de nieto de comerciante, volví a mi condición de profesor de economía. El hecho en sí mismo me pareció fantástico para un estudio de caso desde dos perspectivas distintas: la de la microeconomía y la de la Economía Política.

Desde la perspectiva microeconómica no hay nada que decir, excepto que quizás el precio al que se venden las manzanas en la Puntilla tampoco es un precio determinado por las condiciones del mercado (no sólo la oferta y la demanda, que no hay que ser tan simplistas) en tanto existen condiciones monopólicas conferidas a una empresa estatal para la importación de las manzanas. No obstante ese precio, hay “mercado” para las manzanas, al extremo de que hay quien toma el riesgo de comprar 15 000 de una sola vez. Por lo tanto, no hay problemas. 

Ahora bien, fíjense en una cosa interesante: quien compra las manzanas a un precio que generalmente está multiplicado por un coeficiente mayor de 1.80, tiene dinero suficiente para ¡importarlas! a un precio menor o para comprarlas en un mercado que practique la modalidad de venta al por mayor. Si así fuera, entonces quizás las manzanas se venderían en esos puntos de distribución probablemente a un precio menor que el de La Puntilla, con beneficios para los consumidores y también para el país, pues no habría que arriesgar dinero del país (o sea, del pueblo) en un producto perecedero, para nada decisivo en la estructura de los bienes de consumo fundamentales del cubano promedio. De poder existir esa posibilidad, tanto los consumidores, como el vendedor, como el propio Estado (que así no tiene que gastar en lo que no es decisivo) estaría maximizando la utilidad de sus recursos. Este también es un razonamiento frío, calculador, hecho desde la microeconomía, que es demasiado impersonal y está alejada de las relaciones sociales de producción.

Entonces mirémoslo desde la economía política. Ese acto de intercambio no es más que una manera en que diversos actores de la sociedad se relacionan en unas condiciones determinadas en un momento determinado. La empresa del Estado, como representante del dueño --que es el pueblo--, y el comprador al por mayor de manzanas, que después se las vende al mismo dueño (no al Estado sino al pueblo que las consume) a un precio mayor (sí, parece raro pero es así), vela por los intereses del dueño y hace que sus tiendas funcionen bajo determinadas reglas que garantizan la existencia de las manzanas, y parte de la utilidad que producen las manzanas revierte al dueño en algún tipo de producto o servicio subvencionado, o de programa de desarrollo a partir de esos ingresos producidos por las manzanas.

 Del otro, el comprador de manzanas, que ha descubierto una oportunidad en la distribución al detalle y territorial de la fruta, su interés es venderla y hacer una ganancia para apropiársela de forma privada. Sin embargo, al comprar todas las manzanas de una vez a la empresa estatal le ha facilitado a la misma poder volver a comprar manzanas y seguir cumpliendo con su propósito social, producir mas beneficios para el dueño, que es el pueblo. Es cierto que ese comprador se apropia de una utilidad, pero si y solo si logra vender las manzanas con lo cual permite la realización del producto en el cual una empresa estatal invirtió dinero (del pueblo).

El vendedor, como ya se dijo, se apropia de un ingreso, una parte del cual sirve para pagar a sus vendedores detallistas, con lo cual genera algún tipo de empleo y provee de un salario a personas generalmente de la tercera edad y/o mujeres, o a otros negocios privados, así que si bien es cierto que los “consumidores de La Puntilla” se quedan sin sus manzanas, también es cierto que el propósito por el cual las manzanas se importan y se venden ¡se cumple! Si la empresa que provee las manzanas o La Puntilla pudiera inmediatamente reponer el inventario, sería un gran círculo virtuoso. Pero no es así y, en este caso, no es por causa del Bloqueo (se pueden comprar manzanas no sólo en Estados Unidos, sino también en México o en Canadá).

También es cierto que a la manzana le tiene sin cuidado si es vendida en un lote masivo o si es vendida de forma individual. Ella, siempre que no se pudra, cumplirá con su papel de convertirse en alimento natural directo, en jugo, en parte de algún tipo de postre (¡recuerdan aquel pasaje famoso del oso Yogui ¡Pastel de manzanas, Bubú!) o en una buena y refrescante bebida, como la sidra. Ella es, en definitiva, una manzana, y está consciente de su papel --y si no lo está pues peor para ella--.

Lo de la manera de solucionar el problema --esto es la propuesta del MINCIN de racionar la venta de cuarenta y ocho productos “sensibles” en las tiendas que venden a precios diferenciados y altos (antes conocidas como TRD, pero que desde que no venden en dólares de forma directa solo recaudan CUC, que a pesar de todo lo que pensamos no es una divisa y de hecho hoy está sobrevaluado en su relación con el dólar)-- es otro asunto. Hay que recurrir a la historia económica de Cuba y de otros países que en algún momento practicaron el racionamiento (en el caso de Cuba pues le hemos sido fiel y no lo hemos abandonado), para entenderlo.

En Cuba la historia del racionamiento está asociada a tres factores: el bloqueo y, antes de él, a las medidas de reducción de comercio que tomó el gobierno norteamericano desde el inicio de la Revolución; la decisión del gobierno revolucionario de “garantizar” determinados bienes a toda la población en aquella dura época y, además, de derrotar los planes de los gobiernos norteamericanos de rendirnos por hambre y luego, cuando ya teníamos bastante segura la “ayuda fraternal y solidaria del URSS”, entonces esa medida de guerra se convirtió en un instrumento de igualdad, donde la libreta de abastecimientos es su expresión icónica.

Luego, nuestras fallas productivas, tanto o más que el bloqueo, hicieron que la oferta de productos en Cuba, a pesar de contar con energía barata, créditos a muy bajo costo y mercados y precios seguros para nuestros productos de exportación, nunca pudiera ser suficientemente flexible y responder rápidamente a las variaciones de la demanda. Hoy esa expresión de igualdad deviene sustento de injusticias distributivas pues a pesar de las diferencias de ingresos todos los ciudadanos cubanos recibimos productos y servicios subvencionados, desde los mas ricos (el comprador de manzanas, por ejemplo) hasta los mas pobres, como los jubilados con su pensión como único ingreso. Ojo que el comprador de manzanas no es culpable de ello, ni tampoco de que la Puntilla no pueda volver a comprar manzanas rápidamente.

En general las experiencias de racionamiento físico de productos sólo cumplen un rol muy temporal y corto como forma de regular el mercado. Su permanencia en el tiempo genera distorsiones que a la larga afectan al sistema en su conjunto y lo hacen poco productivo y poco eficiente, además de tener un problema intrínseco de asignación deficiente de recursos (el Plan, nuestro viejo y querido Plan, que no se cumplió nunca, ni aun en aquella época de “vacas gordas”, qué decir de ahora). Recurrir a ellas nuevamente es como comerse la mata de yuca y botar la raíz o, como decimos los economistas marxistas, es conformarse con solucionar momentáneamente el efecto y no la causa. Recuerdo que en el Proyecto de Reforma Constitucional que discutimos todos ahora mismo dice su artículo 20: “En la Republica de Cuba rige el sistema de economía basado en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como forma de dirección principal, y la dirección planificada de la economía, que considera y regula el mercado en función de los intereses de la sociedad”. Vaya esta “solución” que se ha propuesto como una forma “sui generis” de considerar al mercado, muy parecida a las de los años sesenta, que después fuera reconocida en la Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba como un error.

La historia última reciente (o sea, de los últimos cincuenta años ) de nuestro comercio interior es un gran libro para aprender que es lo que no se debe hacer (no me extiendo aquí, pues da para un par de tomos). Si la medida de racionar productos al final se toma nuevamente, ¿que va a pasar?. Lo primero es que creará mas incertidumbre hacia el proyecto actual de modernización / actualización de nuestra economía, y ese es un mal efecto político; la segunda es que generará también incertidumbre en los consumidores, que se protegerán comprando esos productos aun cuando no los necesiten (“por si acaso”) y obligará a gastos adicionales aun cuando no sean necesarios, o sea, habrá una asignación no eficiente de recursos escasos;  y la tercera --y esta puede que no sea tan mala para algunas personas--, creará un nuevo tipo de empleo, el del COMPRADOR PERMANENTE, que estará afuera en las tiendas presto a “ayudar” a aquellos que necesitan / quieran  comprar un poco más del producto normado: otro empleo improductivo que, probablemente, tenga como correlato alguna “relación especial” dentro de las tiendas, y eso no es ciencia ficción, ya ha pasado y aun pasa y volverá a pasar mientras las causas sigan sin ser resueltas. Creo que primero habría que preguntarse cómo es posible que se importen manzanas cuando otros productos mucho más importantes padecen de la enfermedad de la intermitencia. ¿Alguien se ha hecho esa pregunta?

Desde la perspectiva de la política económica, resulta evidente que falta hoy --y ha faltado desde hace mucho-- esa modalidad de mercado que es la venta mayorista, algo que se ha reconocido por todos como una necesidad de estos tiempos pero que ha sido demorado una y otra vez, a veces con razones que no se sostienen ni desde la economía ni desde la economía política, mucho menos desde la política económica --y aun menos desde la realidad de tener recursos limitados--. Vender al por mayor no requiere ni de un edificio siquiera, es una decisión, y para hacerle funcionar  se pueden utilizar los propios almacenes estatales. Sólo haría falta una cuenta de cliente para los que necesitan o están legalmente autorizados (por su condición de trabajadores por cuenta propia o cooperativistas) hacer ese tipo de operación. 

Mientras nos debatimos en este pastel de manzana, temas muy sensibles y decisivos para el bienestar, para la percepción de prosperidad, para la justicia social y para la equidad, así como para el desarrollo, permanecen sin solución, a pesar del esfuerzo realizado y de las horas que muchas personas le han dedicado.  Asuntos que han sido públicamente tratados por nuestros diputados más de una vez o que han aparecido también más de una vez en las asambleas de rendición de cuentas de los barrios.  

Algunos ejemplos: la débil dinámica de la inversión extranjera, la baja participación de la inversión en ciencia y tecnología en el volumen total de inversiones, el éxodo de profesionales, salarios tan deprimidos que ya están casi  psiquiátricos, el uso para beneficio personal de servicios públicos, el deficiente sistema de atención a las personas de la tercera edad, la falta de insumos básicos en hospitales --como sábanas, toallas, jeringuillas y agujas (que por cierto, estas últimas se venden en las farmacias en CUC)--,  las medicinas por la izquierda, la falta de médicos, las deficiencias casi seculares de transporte público, la basura en las esquinas y la falta de higiene de la ciudad, el déficit de vivienda. 

Todas están ahí, han sido  tratadas una y otra vez. Algunas tienen causas objetivas, otras dependen en un grado elevado de subjetividades de uno y otro tipo. Sin embargo, varias de ellas no logran alcanzar la alharaca que se ha armado por culpa de esta pobre fruta mal comprendida. Y no sé por qué, siendo asuntos tan candentes y decisivos, y estando todos a la vista pública, no han tenido la suerte de ser tratados de igual manera que la manzana de Blancanieves.

Les confieso que a mí me gustan las manzanas, todas, la de Eva y todas las otras también. Cierro con una versión libre del título de esa famosa canción de Silvio: ¿QUIÉN SE COMPRÓ MI MANZANA?



[1] Lo que sigue a continuación parte de de un hecho real y un supuesto: el hecho reales que las manzanas no son un bien de primera necesidad ni en Cuba ni en otro ningún lugar; el supuesto es que la compra “masiva” de manzanas en Cuba no es un acto dirigido a provocar  algún tipo de inestabilidad política vía acaparamiento.