sábado, 7 de octubre de 2017

Una entrevista a Orlando Borrego, asistente y confidente del Che Guevara

Por Miguel Bonasso

El guerrillero argentino ayer hubiera cumplido 75 años. Página/12 habló con el autor de dos libros sobre sus ideas y vida, que combatió con él en la Sierra, fue su viceministro, su compañero de seminario sobre “El Capital” –con Fidel también de alumno– y nunca pudo cumplir el encargo de crearle “una fuercita aérea” en Bolivia. Un diálogo que aclara algunos mitos y malentendidos y describe al hombre y al comandante.

Cuando Orlando Borrego recibió los materiales para un futuro libro que le enviaba su jefe, el Che Guevara, desde Praga, estaba muy lejos de imaginar que contenían una terrible profecía: la implosión hacia el capitalismo de la Unión Soviética. El Che, a quien Borrego había secundado en la creación y desarrollo del famoso Ministerio de Industrias, colocaba la lente sobre el famoso Manual de Economía Política ordenado por Stalin y llegaba a conclusiones sorprendentes para la época (1965): "El estudio sereno de la teoría marxista y de los hechos recientes nos colocan en críticos de la URSS (...) Creemos importante la tarea (del libro) porque la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin, ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es más trágico, esto no se refiere solamente a un campo de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas pero cuyos resultados finales son incalculables. (...) La superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura: se está regresando al capitalismo".

El documento guevarista, de gran valor teórico e histórico, está contenido en el libro Che: el camino de fuego (Ediciones Hombre Nuevo, Buenos Aires, 2001) del cubano Orlando Borrego, junto con otros aportes fundamentales sobre la reflexión teórica que iba procesando el Che mientras trabajaba en la construcción práctica del socialismo cubano. El próximo martes, 17 de junio, Borrego presentará en Buenos Aires su nuevo libro Che, recuerdos en ráfaga que complementa, desde el terreno anecdótico, el nuevo abordaje sobre la rica personalidad del Comandante Guevara iniciado con El camino del fuego.

En vísperas de la presentación, Borrego dialogó con Página/12 y el cineasta Tristán Bauer -un especialista en el tema guevarista- acerca de esos años decisivos (1959 a 1965), en que vivió día a día junto a su famoso jefe las etapas fundacionales de la Revolución Cubana. Desde aquel día lejano en que el joven estudiante y militante del 26 de Julio se integró a la columna 8 "Ciro Redondo", al mando de un argentino irónico, aparentemente despectivo, que en un almuerzo inaugural le dijo para pincharlo: "Los estudianticos no sirven para combatientes". Y luego, de postre, le cuestionó su afición "burguesita" por los Lucky Strike, hasta que el "estudiantico" reaccionó y el Che se disculpó con una carcajada: "Bueno, no te pongas bravo" y, en relación a los cigarrillos, "los americanos también producen buenas cosas".

Vendrían después los entrenamientos y combates, hasta la histórica toma de Santa Clara, en la que Orlando Borrego participó "modestamente", según sus palabras. Sin embargo, para su frustración, no pudo marchar con el Che a La Habana y permaneció en Santa Clara como ayudante de regimiento. Hasta que Guevara, establecido ya en La Cabaña, debió reemplazar a un general de Fulgencio Batista que comandaba la junta económico-militar de la fortaleza. Suárez Gayol, uno de los colaboradores del Che, le sugirió que designara a Borrego, que era contador. Entonces, el joven primer teniente de la revolución pasó a sustituir a un general de intendencia en aquel cuartel maestre de gran complejidad en el que la dictadura de Batista había metido hasta cines y tiendas de lujo para los oficiales superiores. Paralelamente a sus tareas administrativas, Borrego fue nombrado jefe de los tribunales que sentenciaron a los torturadores batistianos.

En agosto de 1959, en una reunión informal, el comandante Guevara le preguntó si quería trabajar con él en "la aventura de la industrialización" y no lo pensó dos veces. Cuando al Che lo nombraron presidente del Banco Nacional de Cuba, Borrego quedó como jefe del Departamento de Industrialización, "aunque para nada entendía de aquello". A partir de ese momento se convertiría en el segundo de Guevara y en el hombre que habría de reemplazarlo en los viajes, hasta quedar a cargo de la decisiva industria azucarera y no poder acompañar al jefe en la lucha del Congo y en la encrucijada final de Bolivia.

Entre el '59 y el '63 vivieron una odisea muy bien relatada en los dos libros de Borrego: "Los nuevos administradores no sabían nada. Una vez nombramos a un muchacho de las FAR que todavía no había cumplido los veinte años. Cuando armamos el Ministerio de Industrias ya había cientos de fábricas y la cosa se volvía inmanejable: trabajábamos desde las nueve de la mañana hasta las tres o cuatro de la madrugada. Yo despachaba todas las noches con el Comandante, hasta que en una de esas desveladas me dijo: 'Oye, nos estamos agotando demasiado, hagamos un pacto, no nos quedemos más allá de la una de la madrugada'".

-¿Cómo era el Che en la jefatura? ¿Tan duro como algunos lo pintan? 

-Esa es una parte que yo quiero desmitificar, porque se lo ha pintado como el jefe guerrillero superduro. Si bien un jefe militar no puede ser nunca muy blando, supo ser con todos nosotros afectuoso y bromista. Como cualquier ser humano tenía contradicciones, era superorganizado en la dirección del trabajo en el ministerio y desorganizado para sus documentos personales. Lo veo frente a su escritorio, con un lío de papeles, donde sin embargo sabía dónde estaba cada cosa. ¿Tal carpeta? Para allá, le decía al secretario.

-¿Quién era el secretario? 

-Es interesante, porque de ese hombre no se ha hablado nunca, José Manuel Manresa, que murió hace poco tiempo. Había sido soldado de Batista y el Che, que calaba a la gente, se olvidó que ese hombre había sido soldado de Batista y lo mantuvo a su lado, primero como mecanógrafo y luego como el hombre total de confianza que incluso lo inyectaba cuando le daban los ataques de asma. Manresa se manejaba muy bien en el desorden del escritorio y sabía dónde estaba cada cosa. Había tal empatía con el Che que ya se entendían por señas. A veces bastaba un gruñido, un sonido ininteligible y Manresa sabía que debía buscar la carpeta azul.

-¿Cómo hablaba el Che? ¿Con un acento híbrido entre argentino y cubano? 

-No, no, otra mentira, otra leyenda. El Che asimiló el lenguaje cubano. Ya cuando fue a la Sierra Maestra, hablaba como cubano. Ahora sí, es verdad que cuando se irritaba por algo le salía el acento argentino, las palabras argentinas.

-¿Cómo lo definiría, dejando las hipérboles, en aquella etapa de construcción? 

-Jamás se me ocurren elogios desmesurados en relación al Che. Pero sí considero que es un clásico de la ciencia de la dirección. Que se apegó a estudiar como un salvaje, no sólo la experiencia socialista sino también la capitalista, con autores de las escuelas más conocidas de aquella época. La organización del ministerio, que estuvo a cargo de Enrique Oltuski, es un precedente muy importante en Cuba...

-Según diversas biografías, Oltuski sería uno de los hombres claves del Che.

-Sí. Un personaje: polaco, judío, formado en Estados Unidos. Durante la lucha guerrillera, Oltuski (que era el jefe de Las Villas) tuvo broncas horribles con el Che, pero el comandante lo nombró jefe del proyecto de organización del Ministerio de Industrias. Y Oltuski hizo una gran tarea apoyado en especialistas, incluso algunos que habían sido asesores de organización de grandes empresas norteamericanas. Trabajó en ese proyecto durante meses. Mientras seguíamos en el Departamento de Industrialización que funcionaba en la Plaza de la Revolución, en el edificio donde ahora está el Ministerio de las Fuerzas Armadas. Hasta que nos asignaron el edificio donde ahora está el Ministerio del Interior. El Che iba revisandoel proyecto cada tanto tiempo. Cuando Oltuski terminó fuimos al ministerio y el Che comenzó su inspección por el comedor, preparado ya para recibir a toda la gente, con el menú semanal incluido. En las oficinas estaban todos los detalles cuidados: los documentos, los papeles, las lapiceras, los lapicitos afilados, todo eso. Nunca se ha hecho en Cuba después una organización con semejante detalle, en la que bastaba con trasladarse y ponerse a trabajar. Ayudamos todos pero el que dirigió ese proyecto fue Oltuski, el polaco, un tipo riguroso, que había trabajado en la Shell y sabía de organización. O sea que la selección del Che fue excelente. Cuando llegamos al despacho del ministro, el Comandante dijo al abrirse la puerta, "esto sí que no lo acepto". Porque se habían puesto unos muebles que no eran lujosos, pero él consideró lujosos porque tenían mucho color.

-Era muy duro en la ideología de las costumbres, ¿no? Muy austero.

-Superaustero. En todo, en la comida, en todo, de no aceptar nada que el pueblo no tuviera también, de no tener ninguna distinción porque era jefe. Por eso, cambió los muebles que le parecían para señoritos y hoy el despacho se conserva tal cual, como museo. Bien, cuando pasamos al nuevo edificio se armó el equipo de viceministros, y él me nombró viceministro de Industrias Básicas y luego su segundo (viceministro primero) para coordinar todo el trabajo de los viceministros, despachar con él y aliviarle la carga, porque era además jefe de una región militar y atendía la Junta Central de Planificación.

-¿En qué etapa? 

-Desde el '61 hasta el '64. Hasta que se fue al Congo. Durante ese tiempo estuve yo como viceministro primero y después, cuando le dio la gana, me nombró ministro del Azúcar. ¿Eso tú sabes cómo fue? Yo estaba en la casa, me había acostado a las 3 o 4 de mañana y llamó como a las 6 y pico. El era muy afónico cuando llamaba por teléfono, tenía una voz muy especial, y me dice: "Bueno, estate acá dentro de unos minutos, en la casa". Y salí para su casa. Y me abrió la puerta y me dice con esa cara de ironía: "Buenos días, señor ministro". Y nada más. Y yo dije: "Bueno, se va de viaje otra vez". Porque yo me quedaba de ministro. Y me dice: "No, no me voy de viaje, pasa para acá". Y nos sentamos. Y me dice: "Anoche te designamos ministro de la Industria Azucarera". Y dije: "¿Cómo?". Se había decidido la famosa zafra de los diez millones. Esto fue muy duro porque yo había soñado con que cuando el Che se fuera de Cuba, yo sabía que se iba a ir, y entonces yo iría con él.

-¿Usted ya sabía que se iba a ir a otro lado? 

-Sí, ya sabía. Lo sabíamos desde México, porque en México le dijo a Fidel que cuando se encaminara la Revolución Cubana quería irse a luchar a América latina, por supuesto a Argentina, y que no quería ningún tipo de limitación y eso fue un compromiso personal de Fidel. Sobre este tema se han escrito muchas mentiras y toda esta infamia de que el Che se fue de Cuba disgustado con Fidel. Así que volviendo a lo del ministerio, me dijo: "Sí, se te designó anoche". Y yo: "Es una broma, ¿no?". "No, broma no, se te designó anoche". "Oye, ven p'acá, ¿yo soy una mesa o una silla?" "No, ¿por qué dices eso?" "¿Es que a mí se me puede mover como un objeto? ¿Y si no estoy de acuerdo con ser ministro?" "Vamos, vamos... que un carguito de ministro le gusta a cualquiera". Yo tenía 26 años entonces y no sabía nada del sector azucarero.

(En ese punto del diálogo interviene Tristán Bauer para recordarle a su amigo Borrego que no nos ha contado todavía cómo funcionaba el grupo de jefes revolucionarios que se puso a estudiar El Capital de Carlos Marx.) 

-Al tercer año del triunfo de la revolución, se decide en el Consejo de Ministros crear un seminario sobre marxismo, y empezar a estudiar El Capital. En el grupo estaban Fidel, el Che y otros compañeros. Entonces les piden a los soviéticos que manden alguien especializado en El Capital y los soviéticos designan a un compañero que se llama Anastasio Mansilla, que era uno de aquellos muchachos españoles que cuando la guerra de España sus madres los mandaron para la Unión Soviética porque tenían miedo que los mataran. Mansilla llegó a la URSS a los nueve o diez años, creció y estudió allí, se hizo economista y después doctor especialista en El Capital. Ese era el profesor enviado por Moscú para darle clases al Consejo de Ministros de Cuba. Dicen que el seminario era tremendo, Mansilla cuenta las discusiones. Allí en el libro yo cuento que Fidel y el Che eran los alumnos más difíciles. Me lo contó Mansilla, con quien nos hicimos amigos. El me ayudó con el profesorado que hice en la Unión Soviética, murió ya. Me contaba que las discusiones eran tremendas, aunque con mucho respeto por el profesor que trataba a los comandantes como simples alumnos. Un día discutían el capítulo sobre las formas de reproducción ampliada del capital. Y Fidel Castro le dijo al profesor, con todo respeto: "Quiero que usted revise, porque yo me he encontrado con un error de traducción en ese capítulo". Trabajaban sobre la edición clásica del Fondo de Cultura de México. Y el profesor replicaba: "Comandante, yo soy profesor especialista en El Capital, y allí no hay ningún error". Al otro día vuelve Fidel y le dice: "Mire, profesor, yo le ruego revise, tómese el tiempo, si usted quiere se pasa a un despacho el tiempo que quiera, porque hay un error". Y Mansilla se pone a estudiar y efectivamente había un error. Cuando terminó el seminario, el Che le dice a Mansilla, que había ido a Cuba contratado por un año: "Yo quiero trasladar el seminario éste al Ministerio de Industria, para continuar más a fondo con el estudio de El Capital, con el equipo mío de dirección". Y Mansilla dice: "Bueno, Comandante, yo vine por un cierto tiempo a Cuba, eso hay que hablarlo con la Unión Soviética, con el partido". Hablan con el partido, y Mansilla regresa a Cuba, por otros dos años, para el seminario en el Ministerio de Industrias. Donde participó el Che y todos los viceministros. Empezábamos a las nueve de la noche y a veces uno amanecía con el profesor estudiando. Con mucho rigor y mucha polémica. Porque había mucha polémica entre el Che y el profesor, por como pensaba el Che y como pensaban los soviéticos. Aunque el Che discutía de manera diplomática. No así Oltuski. Una noche se produjo una discusión, Oltuski no pudo más y dijo: "Mire Mansilla, ya no joda más que éstas son mariconadas de Nikita (Kruschov)". Mansilla se enojó y le dijo: "Altuski -no le salía decirle Oltuski- yo no jodo más y no le permito que diga eso". El Che lo regañó a Oltuski y cuando se fue Mansilla le dijo: "Eres una mierda tú, es una falta de respeto... pero es verdad que Nikita es maricón". (Risas.) 

-Lo cual nos lleva a ese documento clave en su libro El camino del fuego, que es el análisis que le envía desde Praga en 1964.

-Con el Che teníamos una correspondencia clandestina cuando él estaba en Praga. El estudiaba aquel Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética y me manda algunos manuscritos con Aleida (March, la mujer de Guevara). El me sugería en aquella correspondencia que trabajáramos en un libro sobre ese tema, del cual me mandó el prólogo. Entonces qué hizo: tomó el manual que había encargado Stalin, le hizo algunas marquitas y notas al margen y empezó a escribir la crítica a cada parte. La idea era que yo lo trabajara con un par de compañeros para hacer un libro.

-Ese texto le otorga un valor trascendente a su libro, porque allí se profetiza la implosión de la Unión Soviética un cuarto de siglo antes de que ocurra.

-Una herejía... tan herejía, que cuando yo recibo los cuadernos de Praga y me los empiezo a leer no lo podía creer. Imaginate tú, yo que estaba intoxicado de materialismo histórico, dialéctico, decir que aquello se derrumba, imaginate tú... (Interviene Tristán: "En 1965. ¿Quién decía eso en la izquierda en aquel momento?") 

-Nadie. Una herejía. Los que habíamos estudiado, materialismo histórico sobre todo, no concebíamos que un régimen social pueda regresar atrás, que el socialismo retorne al capitalismo. Es una herejía... y es la verdad. Fidel dijo hace poco en relación con eso: "El Che era el único adivino que había entre nosotros".

-O sea que el Che no tenía una visión dogmática del marxismo.

-Para nada, el marxismo para él es una guía para la acción. Como lo es para marxistas lúcidos como Mariátegui o Gramsci. Distinto en cada país, Perú, Cuba. El Che caracterizó a Cuba como un país subdesarrollado pero con ciertos niveles de desarrollo, con su sector industrial azucarero, carretera central, teléfonos, radio hasta en la Sierra Maestra, diarios y revistas, una producción cultural.

-¿Cómo fue la despedida? ¿Usted supo lo del Congo y luego lo de Bolivia? 

-Yo sabía que se iba a algún lugar, pero no me dijo me voy para Africa tal día ni nada de eso. Pero hubo un encuentro con él que a mí me llamó mucho la atención, porque unos días antes de marcharse, yo estaba en el Ministerio del Azúcar y me llama, y me da una serie de consejos: "Estamos en tiempos difíciles, tienes que trabajar con mucho cuidado, siempre tienes que alertar a Fidel de cualquier cosa que pienses, siempre dile la verdad", porque el plan era muy difícil, el de la zafra de los diez millones. Yo pensé: "¿Por qué me dirá todo esto?" Y me sigue diciendo, "me voy a cortar caña unos días a Camagüey. Me voy a pasar un mes cortando caña". Le dije, "déjeme saber adónde va a estar" y me contestó "déjame eso. Eso lo organizo yo, no te preocupes por nada". Del Congo no me dijo absolutamente nada. Esa es la verdad histórica. El se va al Congo, termina el Congo, viene Praga, allí empezamos los carteos, yo no tenía idea de que iba a volver a ver al Che y le ofrecí irme con él. Le hago una carta diciéndole que me mande a buscar y me envía una carta que reproduzco parcialmente en el libro, porque hay otra parte muy personal que no quiero publicar por el momento. Pero yo sabía que se acercaba la ida del Che por un hecho muy concreto que es la guerrilla de Salta, viene (Jorge Ricardo) Masetti, para acá, para la guerrilla de Salta. Y con él salen para acá, para Argentina, dos entrañables hermanos míos que eran dos escoltas del Che. Eso al Che lo golpea tremendamente. Yo sé que el Che está al irse.

-Su objetivo estratégico era Argentina, Bolivia era un paso...

-El objetivo estratégico de la guerrilla de Bolivia era la Argentina. Esa es la historia. Después de lo Praga yo decía, dónde estará este argentino ahora, y soñaba acompañarlo, ya en la carta me dice: "Para la segunda etapa harán falta hombres. Esa etapa va a ser muy difícil. Cuando haya la oportunidad, tú serás bienvenido. Todo depende de ti y de nuestro jefe". Pero Fidel no me autoriza y por eso yo no caigo en Bolivia. Me quedé allí trabajando en el ministerio y estuve un año muy mal después de la muerte del Che. No podía aceptar que el Che estuviera muerto. Tuve problemas psicológicos. Soñaba con el Che haciendo un discurso.

-Hay una foto muy elocuente en el libro: están ustedes dos sentados, sonrientes, distendidos. Sin embargo, el epígrafe dice: "En San Andrés, Pinar del Río, semanas antes de su partida a Bolivia. La foto fue tomada por el propio Che con una cámara automática (agosto 1966)". Lo que primero salta a la vista es que el Che ya no tiene barba. Ha comenzado su transformación. Pero todavía no se ha afeitado el pelo, ni se ha caracterizado de viejo. ¿Cómo fue la despedida? 

-Un buen día llega Ariel Carretero, quien me traía las cartas del Che cuando lo de Praga, y se me aparece y me dice que viene con una noticia importante para darme: "¿Tu jefe está aquí?" "¿Qué jefe?" "El Che. Y te acaba de mandar a buscar y que vayas a verlo enseguida." Entonces Celia Sánchez arregló las cosas y salimos enseguida. En una operación supersecreta, imaginate, la vida de él. Allí yo insisto en que me voy a Bolivia. El me dice "que tú estás en el ministerio" y luego concede: "Bueno, sí habla con Fidel, si Fidel acepta, descuéntalo" y "me vas a ayudar a organizar una fuercita aérea en Bolivia". Lo decía porque él y yo nos hicimos pilotos de aviación juntos. También dijo: "Y te vas a ir con tu cuñadito", Enriquito Acevedo, que era uno que él quería mucho, que siempre estaban fajados. "Si Fidel aprueba lo de Enriquito sí, si no no". Entonces yo voy y hablo con Fidel y por supuesto le meto un discurso, y me dice "Borrego, Borrego, si el Che fue el que insistió que fueras ministro de Azúcar. Ahora vas a dejar ese ministerio embarcado". "Mira, cuando esté eso más consolidado yo voy a estar de acuerdo". Y acepta que yo me vaya cuando el Che esté consolidado en Bolivia. Luego fue a mi casa y le dijo a mi mujer, Martica, con quien se llevaba muy bien: "Martica, para que sepas que en algún momento éste se va a ir para afuera, porque éste es un ave migratoria", entonces, Marta le dice "yo ya me imaginaba". Quedamos en ese acuerdo. Se va el Che para Bolivia y yo ya le cuento a Enrique de esa posibilidad. Saltaba como un niño chiquito, saltaba frente a un espejo, contento con irse con el Che para Bolivia.


Fuente: https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-21445-2003-06-15.html 

Cuba frente a los que odian y destruyen

Por Rolando López del Amo

José Martí decía que los hombres iban en dos bandos opuestos. Uno era el de los que odian y destruyen. El otro el de los que aman y fundan. El señor Donald Trump pertenece al primero. El pueblo de Cuba, al segundo. Martí también advertía que una persona ignorante en el poder sería la víctima de quienes conocían y alababan sus defectos. Esto último también puede aplicársele al señor Trump. Pero, por encima de sus características personales, él es el representante de los intereses imperialistas quienes, como nos enseñó el Che, son los que convierten a los hombres en fieras sedientas de sangre.

El Che nos enseñó que no se debía  confiar en el imperialismo. Nada, dijo rotundamente aquella noche en acto en el que tuve el privilegio de estar presente.

Derrotar a la revolución cubana victoriosa el primero de enero de 1959 ha sido la obsesión de todas las administraciones estadounidenses desde entonces. Cada administración con su estilo.

Las más inteligentes, a mi modo de ver, fueron las de Jimmy Carter, cuando se crearon oficinas de intereses en ambos países, y la de Barack Obama que restableció las relaciones diplomáticas e inició un diálogo respetuoso. La peor fue, aparte de la de Clinton cuando se aprobó la ley Helms Burton, la de George W. Bush, que llevó a extremos abusivos las restricciones a los ciudadanos de origen cubano residentes en los EEUU. Ahora la administración de Donald Trump parece querer desmontar todo lo alcanzado durante la administración de su predecesor y retrotraerla a los peores tiempos.

Las reales posiciones de Trump hacia Cuba comenzaron a mostrarse desde la muerte de Fidel, cuando escribió un comentario irrespetuoso y sucio sobre muestro máximo dirigente. Después comenzó la manipulación del “incidente acústico” con la expulsión de dos  funcionarios de nuestra embajada en Washington el pasado mes de Mayo. Más tarde, en junio, el show montado en Miami con los derrotados mercenarios de Playa Girón, donde anunció un paquete de medidas anticubanas. En septiembre se dieron a conocer nuevas medidas para desalentar los intercambios bilaterales, especialmente la visita de norteamericanos a Cuba y los intercambios económicos. Más tarde, el ataque a Cuba en la sesión inicial del actual período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Posteriormente, después de haber sufrido el paso del ciclón más destructivo de nuestra historia que afectó a la casi totalidad de las provincias cubanas, el “incidente acústico” se convierte en “ataque acústico” contra funcionarios de la embajada de los EEUU en Cuba y la administración Trump decidió retirar de Cuba el sesenta por ciento de sus empleados y anunció que suspendía la entrega de visas para que viajen a su país los ciudadanos cubanos, incorporándonos, de facto, a la lista de países anunciada días antes que incluía, no sólo países islámicos, sino a Venezuela y la RPD de Corea. Ademá se recomendó a los norteamericanos que no viajaran a Cuba porque, según Trump, en ella “pasan cosas muy malas”. Como si no fuera suficiente, se produce la expulsión de quince diplomáticos de nuestra embajada en Washington, con la excusa de equiparar el número de funcionarios yanquis en Cuba, como si fuera una acción de reciprocidad, cuando todo ha sido una actuación unilateral del gobierno de los EEUU, pues Cuba no expulsó a nadie. Cuba no reciprocó cuando expulsaron a los dos primeros cubanos en mayo.

El sentido de estas acciones se parece mucho a ciertas acciones realizadas en el pasado para justificar acciones militares. En 1898 hundieron el acorazado Maine en el puerto de La Habana para justificar su intervención en la guerra por la independencia de Cuba. También, en el siglo XX, fabricaron el incidente del Golfo de Tonkín para hacerle la guerra a Vietnam. De igual forma inventaron la posesión de armas de destrucción masiva por el régimen de Sadam Hussein para invadir Iraq. Después vino lo de la torres Gemelas en New York para invadir a Afganistán en el siglo XXI.

Que el presidente Trump está aplicando hacia Cuba la política deseada por la mafia congresional de Marco Rubio, Díaz Balart e Ileana Ross, es inobjetable. Por lo pronto tratan de impedir el contacto pueblo a pueblo porque este le ha permitido a decenas de miles de ciudadanos estadounidenses ponerse en contacto con nuestra realidad y a no pocos hombres de negocios y políticos de ese país comprender los beneficios de la normalización de las relaciones bilaterales, no sólo en ese orden, sino también en el orden internacional.

Ahora la administración Trump parece haber optado por el “gran garrote”, la política de exterior de inicios del siglo XX.

El restablecimiento de las relaciones entre Cuba y los EEUU se produjo en un momento de avance de las fuerzas progresistas en nuestro continente. Ahora es otra la situación, como sabemos. La OEA está administrada por un asalariado yanqui, dos grandes países de la América del Sur perdieron sus gobiernos progresistas y Venezuela es objeto de un ataque en todos los frentes para liquidar la revolución bolivariana y aparece un nuevo ambiente de fractura interna en Ecuador. El gobierno de Bolivia resiste con Evo al frente y se convierte en el nuevo blanco del secretario general de la OEA. Contra Nicaragua se manifiestan las abiertas intenciones imperialistas de tratar de desestabilizar al gobierno sandinista de unidad nacional. En este nuevo contexto el gobierno de los EEUU ha apostado por el enfrentamiento con el gobierno de Cuba. Creen que ha llegado su hora.

Cometen un grave error, uno más en el conjunto de errores de esta administración en menos de un año de gobierno.

El pueblo cubano tiene un profundo sentido patriótico y los cambios que trajo la revolución cubana, sobre todo en materia de dignidad nacional, ya no podrán ser derrotados.

Llevamos muchos años de lucha por la independencia y la justicia social y por la solidaridad internacional. Ni siquiera en medio de las difíciles circunstancias actuales después del paso de Irma, hemos dejado de prestar colaboración a pueblos hermanos damnificados en el Caribe, Dominica y Antigua y Barbuda, o al querido México, como no hace mucho lo hicimos con el Perú, y se mantiene la oferta de ayuda a Puerto Rico, la isla hermana.

El magnate Trump, quien ha mostrado ser hábil en amasar fortuna individual y ser un comunicador de la mediocridad de los peores programas de la televisión estadounidense, los llamados “reality show”, ha puesto en evidencia sus peores defectos, a saber, su incultura, su racismo y xenofobia, su machismo ridículo, su arrogancia, su inconsistencia, su veleidad, su gusto por la mentira. El interior de su círculo de gobierno es de una inestabilidad  reconocida. Los cambios de personas en tan breve tiempo demuestran la lucha interna entre quienes lo rodean. Sí ha sido constante en servir al complejo militar-industrial y al lobby judeo-israelita.

En poco tiempo se ha ganado Trump ser un presidente con bajo nivel de aceptación por las minorías negra, latinoamericana, musulmana, más grandes figuras del arte, el deporte, la ciencia. Ha creado problemas con sus aliados de Norteamérica, europeos y asiáticos y con la comunidad internacional en su conjunto. Es una calamidad nacional e internacional. Sólo que, desgraciadamente, su vice representa también las peores posiciones políticas de ese país.

América Latina y el Caribe ya le aguantaron el brazo cuando habló de agresión militar contra Venezuela. Nuestra región que se declaró zona de paz sabe bien lo que es la ausencia de ella y los esfuerzos que se han hecho y se hacen para que prevalezca la proclama adoptada por la CELAC en La Habana.

En cuanto a Cuba, hemos vivido momentos muy difíciles a los largo de estos años, el mayor de ellos la crisis de octubre, año y meses después de haber derrotado la invasión mercenaria de Bahía de Cochinos.

Seguiremos adelante perfeccionando nuestro trabajo, inspirados en el ejemplo del Che y las enseñanzas y espíritu de lucha y victoria que nos inculcó Fidel, para construir el socialismo próspero y sostenible propuesto por los Congresos del Partido Comunista de Cuba bajo la dirección del compañero Raúl. 

viernes, 6 de octubre de 2017

Hoy es la víspera de siempre (transcripción)

Hace un año, el 26 de octubre de 2016, con motivo de mi cercano cumpleaños 70, tuvo lugar esta entrevista en Ojalá, para un trabajo audiovisual de Raquel González, que tituló Hoy es la víspera de siempre. Mis amigos Lidya y Camilo, partiendo de la transcripción literal, la han perfilado con total respeto a la integridad de las ideas expresadas. Como muchos no han podido verla por Youtube, aquí se las dejo (no sin volverles a advertir que hablar no es una de mis virtudes).
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—Es muy difícil vivir sin enajenarse, yo creo que es un peligro que corremos los seres conscientes que vivimos en sociedades “habituales”, que crean hábitos –hábitos de conducta, hábitos de consumo, hábitos de todo tipo–, y es un peligro constante y es una traba enorme para la más profunda, para la más plena libertad humana.

—La vida dentro de cada cual es una secuencia, o sea, no es una película, no es un corte, no es una serie que tú cortas aquí y apareces en otro lado. No, no... Desde que abres los ojos al mundo es una secuencia constante lo que tú tienes en la cabeza, de ti mismo, de lo que recuerdas, de lo que te rodea, de tu historia, de la historia de los demás. Es una secuencia. Y eso cuando se une con los orígenes casuísticos de cada niño, de cada familia, de cada sector social, etcétera, etcétera, se convierte cada vez en una cosa más compleja, más diversa. Pero en general la educación tiene que ser más abierta, tiene que contar más con la capacidad que trae el niño para ser pleno. Mi hija más chiquita, hace unos años nos decía con angustia, le decía a su mamá: “Mamá, ¡yo estoy olvidando cosas!”, y lo decía con carita de angustia: “Yo me acuerdo que cuando era más niña yo sabía más cosas, pero ahora me doy cuenta de que las estoy olvidando”.

—Yo creo que va a haber en los próximos años una revolución en la educación, de hecho ya está ocurriendo en algunos países. Desde hace años hay mucha intranquilidad en sectores de la educación, en pensadores, porque es insuficiente. Las escuelas tienen que ser mejores de lo que son, tienen que serlo porque no todos los niños tienen la misma predisposición a ciertas cosas. Y ya desde que metes a todos, teniendo cada cual su propia característica, en lo mismo, en ese aro, ya ahí estás cometiendo un “genocidio”.

—La canción en realidad es un fenómeno muy circunstancial. Lo ideológico puede influir, o sea, tener una idea, tener un concepto de la canción. Pero la canción siempre atrapa al que la hace en un momento, en un estado de ánimo, en un día, en una circunstancia y por eso también siempre es diferente.

—Todas las canciones de “Amoríos” eran canciones a las que yo les debía publicarlas, publicación, exponerlas. Eran canciones que se me habían ido quedando, no son las únicas, hay otras, pero esas, sobre todo. Siempre quise hacer un disco de canciones de amor, siempre quise hacerlo nada más que de canciones de amor. Siempre que uno hace una cosa de esas enseguida hay un suspicaz que dice: “Bueno, ven acá, y ¿por qué Silvio ahora ya no está haciendo canciones políticas?”; porque te ponen cartelitos ¿no?, la gente te pone cartelitos, ellos solos, uno no dice nada, ellos te ponen un cartelito de tal cosa y luego siguen actuando de acuerdo al cartelito que te pusieron, uno calla'o como el tipo del cuento. ¿Por qué uno no va a hacer un disco de canciones de amor si es uno de los sentimientos más comunes?

—¿Para qué voy a seguir haciendo canciones si en definitiva lo que tengo ganas de decir es lo mismo que dije hace 30, 40 años? Afortunadamente una de las cosas que uno va adquiriendo son las nuevas maneras, y entonces un día sin darse cuenta encuentra una nueva forma de decir algo que ya dijo, pero lo dice de otra manera o lo enfoca de otra forma.

—Yo estuve musicalizando a Rubén porque hubo una época en que todos los trovadores de mi generación musicalizaban a Martí, empezando por Pablo, que hizo una maravilla primero con Martí y después con Guillén; y después vino Amaury, que hizo un disco precioso de versos de Martí; y después apareció Sara, que también hizo otro disco. Y era la Casa de las Américas la que impulsaba esa idea de musicalizar a Martí. Un día me llama Roberto Fernández Retamar y me dice: “Silvio, bueno, ¿y cuándo tú vas a hacer el disco tuyo de Martí? Y le dije: “Coño, Roberto, pero vaya… después de los discos que han hecho esta gente tú me vas a poner a mí a hacer un disco de Martí, vaya… voy a hacer el ridículo, yo no hago eso, no, yo para fracasar yo no me meto en un proyecto donde ya yo sé que me van a ripiar desde que empecé.” Y entonces fue que me dijo: “¿Y por qué no haces algo de Rubén?” Él fue el que me recomendó eso. Yo lo hice así, preferí hacerlo así.

Tiempo después, en el 2010, en lugar de sacar las mías convocamos para el Premio de Creación Ojalá un concurso dedicado a musicalizar la obra de Rubén. Todas esas que yo había musicado fueron musicadas mucho mejor. Realmente nosotros convocamos un solo premio, pero vimos tanta calidad, tanta calidad, que hicimos…, terminamos haciendo una colección de seis CD. Hicimos un primer premio compartido, dimos dos menciones e hicimos dos discos más. No, son siete, porque uno es doble. Y este disco que se llama “Toma mi lira” es uno que hicimos con una compilación de todo lo mejor de lo que no fue premiado. Ninguno de los concursantes prácticamente conocía la poesía de Rubén Martínez Villena, que fue un hombre que escribió poesía nada más hasta los 21 o 22 años porque después se dedicó a las luchas políticas. Dijo una cosa de lo más curiosa: “Yo regalo, yo tiro mis versos, me importan tanto como a la mayoría de los escritores les importa la justicia social.” Así que ya, ya está hecho, ya cumplí.

—Todavía me arrastran por el piso por esa canción [Canción en harapos]. Antes, porque era típico de la mentalidad pequeño burguesa ser tan radical…, sobre todo a gente desde detrás de sus burós les encanta decir eso: “Esto es típico de la mentalidad pequeño burguesa, ser tan radical”. Y después que ya consigues algo en la vida dicen: “Bueno, ¿cómo, con qué moral este tipo canta esta canción?” En fin, es una canción complicada en todas las épocas. Pero nada…, la hice y ahí está, y no renuncio a ella, ahí está, para bien y para mal ahí está.

Aquella canción que no me acuerdo como se llama –se me olvidan los nombres de mis canciones–, aquella que dice: “Yo soñé con aviones que…”, Sueño de una noche de verano. Sí, es una canción contra la guerra, es una canción a favor de la paz. Y ¿qué fue lo que hicieron?: la graficaron con gente tirando tiros y, claro, la justificación es que era el pueblo defendiendo a su patria y todo eso. “Caballeros, pero si el contenido de la canción es otro.” Así han manipulado montones de cosas, y nada: qué tú le vas a hacer, no contaron conmigo, yo hice la canción. Pero así hay mucha gente que me rectifica, constantemente hay gente que me rectifica, a veces yo digo una cosa y tú ves a alguien así como que me perdona la vida, me dice: “No, porque lo que él quiso decir fue tal cosa.” Y yo me río. No, yo no quise decir lo que él dice que yo quise decir, yo quise decir lo que él no quiere que yo diga.

—Ni antes tuve miedo, cuando era…, cuando tú me conociste… No tenía miedo, o sea, yo no he tenido miedo nunca de decir lo que pienso porque además me parece… En primer lugar, porque creía en Fidel, si yo no hubiera creído en Fidel o si yo hubiera creído en Fidel nada más para lo que me convenía, yo sí hubiera tenido miedo, pero yo creía en Fidel, yo creía en el corazón de Fidel y creía en el corazón del Che, y creía en el corazón de todos los grandes que se inmolaron en este país, y todos se inmolaron por la verdad, por la justicia, por el respeto al ser humano, y el que crea en eso no puede tener miedo.

—Lo de las giras por las prisiones surge cuando yo fui diputado a la Asamblea Nacional durante tres períodos, o sea, quince años. Y cuando me iba a despedir, porque me parecía que tres períodos era bastante, yo propuse en la Asamblea que se auspiciara una gira por las prisiones. Siempre he sido del criterio de que eso hay que sistematizarlo, de que eso no puede ser una cosa que ocurra un día. Y de hecho en las prisiones hay un plan constante, no solo a través de Cultura, sino a través del INDER, a través de vínculos con los familiares de algunos presos, que se vinculan mucho con las prisiones y que hacen actividades, a través también de actividades que se hacen dentro de las prisiones, gente que está allí, o sea, reclusos, que tienen habilidades, que tienen vocaciones de pintura, de poesía, de recitar, de baile, de música, hacen canciones. De hecho, todos los conciertos que nosotros hemos hecho en prisiones siempre comienzan con una parte de los reclusos, generalmente. Y a veces al final se nos unían y cantábamos juntos. Eso fue así… No era la primera gira que hacíamos por prisiones, habíamos hecho otras, lo que pasa es que como en ese momento la planteé en el seno de la Asamblea y tuvo cierta resonancia porque había cámaras, se decidió divulgar esa idea. Fue una idea que fue seguida. Estuvimos en 16 prisiones ese año, en unos tres o cuatro meses hicimos ese viaje desde Guantánamo hasta Pinar del Río, y el territorio especial la Isla de la Juventud también. En 16 prisiones estuvimos y tocamos para cerca de 60 mil reclusos. Se trataba de llevarles un momento de frescura, un momento de variedad, de entretenimiento, algo que fuera constructivo. Sobre todo para que ellos sientan que no están solos. Todo eso nos hace bien, les hace bien, nos hace bien como personas, a ellos, a nosotros, y le hace bien al país también. Ya ellos están cumpliendo con la sociedad, ya la sociedad les impuso un castigo y lo están cumpliendo, pero eso no quiere decir que queden excluidos. Muchos con los años van sintiéndose, si no tienen asistencia, que han sido excluidos y ese sentimiento es muy amargo. Hay presos a los que, incluso las familias, por vergüenza o por lo que sea, excluyen. Entonces imagínate una persona que está condenada, que ya está pagando ante la sociedad, y que ni tu familia te va a ver, ¿qué es lo que está pasando por esa cabeza?

—El problema es que todos esos años del principio de la Revolución fueron años donde era imposible ocultar las contradicciones. De hecho, existía prensa que no era revolucionaria, que había elementos revolucionarios en esa prensa porque todo el mundo amaba…, había una…, toda la conciencia nacional prácticamente estaba a favor de la Revolución, pero bueno… los había más y los había menos. Y la prensa… –no había un partido hecho que después se metió en todo–, la prensa no estaba unificada, no había organizaciones así de periodistas, ni había organizaciones de escritores. Todo el mundo estaba cada cual según pensara. Entonces fueron años muy interesantes, donde la gente se despachaba y decía lo que le daba la gana, y muchos, incluso dentro de la Revolución. Eran años en que uno veía a revolucionarios ejemplares discutiendo públicamente en la prensa sus puntos de vista. Uno pensaba una cosa y otro pensaba otra cosa, parecida o diferente, o matizada. Yo me formé en esos años. De hecho, los organismos culturales no eran homogéneos, la dirección, la concepción, la práctica no era una cosa homogénea, como se fue homogeneizando después. Estaba el ICAIC, estaba la Casa de las Américas y luego estaba el Consejo Nacional de Cultura –el Ministerio de Cultura no se había creado todavía–, el ICRT, y cualquier otra instancia. Coexistían dos maneras muy diferentes de enfocar los problemas, una era más oficialista, más cuadrada, más sin buscarse problemas, más yendo como con el librito, lo que decía el librito; y otra era más audaz, más abierta, más inclusiva, más dada a mostrar las contradicciones de la sociedad. No es raro que las sociedades sean contradictorias. No hay que avergonzarse de eso. De lo que hay es que avergonzarse de que todo sea plano porque nadie se lo cree, de eso sí hay que avergonzarse. Por eso la verdad…, no la verdad, la sinceridad. No digo la verdad porque todo el mundo cree tener su verdad, hasta yo me creo tener mi verdad, pero yo me doy cuenta de que yo no tengo toda la verdad, lo que pasa es que lo reconozco. Yo a veces descubro parte de mi verdad en otros, incluso la descubro en gente…, parte de mi verdad yo la descubro en gente que no piensan como yo.

—Es una pena que todavía no seamos capaces a estas alturas de ser más sinceros. Debiéramos ser más sinceros. Si fuéramos más sinceros estaríamos siendo más como pensamos al principio que íbamos a ser. Mientras menos sinceros seamos más nos alejamos del ideal que tuvimos de esta Revolución. Yo lo pienso así. Es parte del debate nacional ahora, de un debate que, lamentablemente, está más recogido en la Internet, que la tienen pocos, que en nuestra prensa. Hay mucho pueblo que le hubiera gustado participar en ese debate, que no ha llegado a ese debate porque no se lo ponen. Es una pena que no… Es la famosa falta de confianza. Decir tantas veces “el pueblo”, “nuestro pueblo”, “nuestro pueblo”, “nuestro pueblo”, pero al “nuestro pueblo” ese hay que respetarlo un poquito más… Es agrio, pero es nuestro vino. Nuestro pueblo es como nosotros, con virtudes y con defectos.

—Realmente debiéramos tener la capacidad de ser autocríticos inmediatamente que nos damos cuenta de que algo que hacemos no está bien. Es lo más inteligente, es lo más homo sapiens, es lo más científico, es lo más marxista –si le quieres poner un nombrecito de los que le gusta usar a la gente–, pero no, nos atrincheramos porque tenemos consideraciones tácticas-estratégicas, blablablá y nos complicamos la vida. Hasta las buenas causas, si uno no las revisa constantemente, crean vicios, nos vamos viciando y nos vamos enajenando con esos vicios. Y todo tipo de enajenación es repudiable, es lo que yo creo.

—En esta situación nueva que tiene Cuba, donde no tenemos ya “enemigos”, donde “el enemigo” es otra cosa, es un vecino que fue nuestro enemigo y con el que ahora estamos dialogando, aunque tengan las mismas intenciones ellos y además lo confiesan, lo dicen a las claras, no se ocultan para decirlo. Entonces algunos aquí se rajan las vestiduras porque ellos son sinceros –peor era en la época de Kennedy y Eisenhower, en que todas esas cosas las fraguaban por debajo de la mesa y no las decían, y lo que hacían era mandar gente a matar o a meter bombas, o a que se alzaran, o a tirar armas aquí para que las usaran. Entonces es un momento que desconcierta mucho a muchos, y hay miedo y es lógico: es una situación nueva. Llevamos más de medio siglo de confrontación constante y directa. Todos nos hemos formado…, yo me acuerdo… normalmente yo no hubiera cogido un arma en la mano en mi vida, y la primera vez que cogí un arma en la mano en mi vida fue para entrenarme para caerle a tiros a los americanos cuando desembarcaran aquí. Y resulta que los americanos han desembarcado y lo que hacen es comer en nuestras casas y viajar en nuestros carros. Entonces aquí la gente está como loca, es decir, algunos ideólogos se han vuelto como locos, están nerviosos. Y eso es lo que está pasando, se está recurriendo a ideas obsoletas de confrontación. Y la confrontación es otra. Hay que tener confianza en lo que hemos creado, en lo que es este pueblo. Y si no tenemos confianza en lo que es este pueblo hoy día y en lo que se ha creado, entonces oye… ¡apaga y vamos!, porque para qué ha servido todo esto. Y si no tenemos confianza en que muchachos que nacen en Cuba y que se educan y se forman en Cuba, por ir tres semanas a una beca a Estados Unidos les van a cambiar la cabeza, hay que estar loco para pensar así, hay que tener muy poca confianza en lo que somos, en la fortaleza de nuestra sociedad, y armar todo ese lío que se ha armado por eso. ¿Qué es lo que le enseñamos nosotros a los latinoamericanos cuando vienen aquí? ¿Que el imperialismo es bueno? ¿Qué enseñan nuestras escuelas internacionales? Nuestra verdad. ¿Qué enseñan las escuelas internacionales, no solo en Estados Unidos, sino en cualquier país del mundo? Su verdad, lo que los sostiene, lo que los hace nación, lo que los hace pueblo, con todos los matices que tú le quieras agregar a eso, sean imperiales o sean lo que sean. Es normal.

—Caballeros, vamos a vivir y vamos a respirar. Llevamos sesenta años con una bala en el directo. ¿Qué pasa? Hay gente que piensa que ese concentrado de jarabe ideológico es lo que les hace falta a los jóvenes. Y a los jóvenes les repugna eso. Ese concentrado de jarabe ideológico no lo necesitamos tampoco los viejos porque es lo que hemos mamado desde que empezó esta Revolución, con razones muy verdaderas y muy ciertas, y muy reales. Pero yo no necesito que me metan esas “muelas” todos los días, ¿qué cosa es eso? Ya sabemos que ellos son así y ya sabemos que no renuncian a lo que siempre han querido. Ahora, ¡vamos a ver a cómo tocamos! Ya estamos en el diálogo de pueblo a pueblo, ¡vamos a ver a cómo tocamos! Yo pienso que este pueblo, así, sencillo, contradictorio, variado, diverso como es, le va a dar una gran lección a ese pueblo, es lo que yo estoy seguro y es lo que no ven estos compañeros que los veo alterados todo el tiempo.

Sin lugar a dudas el bloqueo tiene mucho que ver con eso, con nuestras carencias, pero más que el bloqueo tienen que ver nuestras insuficiencias, y más que el bloqueo tiene que ver la falta de continuidad de una idea, de ponerle el pie al acelerador y no levantárselo. Porque tú crees que todos estos héroes de la Revolución, todos los compañeros de ochenta y pico de años, tú los ves ahí en el Granma cada 2 o 3 meses: “Fulano está viendo…, revisando los planes de tal provincia y tal más cuál cosa”, oye, todos tienen nietos, tienen ochenta y pico de años, se han pasado la vida trabajando, primero jugándose el pellejo, después trabajando como unos locos... ¿Tú no crees que esa gente tiene ganas de descansar ya hace rato?

—Es complejo lo que está pasando, no solo en Cuba, en el mundo. Hay una corriente de ingobernabilidad muy profunda en el mundo entero. Está ocurriendo… mira lo que está pasando en las elecciones de los Estados Unidos, mira lo que ha pasado en España, mira la derecha la fuerza que está cogiendo en Europa, la fuerza que quiere coger en América Latina. Es un fenómeno universal, no un fenómeno nuestro sólo. Y es que ya no estamos aislados, ya somos parte del mundo y es normal que seamos parte del mundo. Somos una isla, pero es imposible…, ya no estamos aislados, ya la información viaja a una velocidad enorme, y por más trapitos y deditos y cosas que tú pongas, mentira, eso ya entra por todas las partes habidas y por haber. Y ya la información la tenemos a segundos de que todo ocurra. Y de eso es de lo que no nos hemos dado cuenta, de que hace rato el mundo cambió. Se decía antes que los que tenían la información eran los que tenían el poder: bueno, ya el poder es de todo el mundo. Si la información es quien da el poder, ya el poder está más repartido de lo que se imaginan los que tienen el poder.

—Mucha gente de lo que no se da cuenta es de que el mundo cambió. El mundo cambió. El mundo cambió por muchas razones: el mundo cambió por razones políticas y cambió por razones tecnológicas también: es otro mundo. Cuando cayó el campo socialista, en realidad hacía años que eso se estaba cayendo. Eso no cayó en el '90 ni en el '89. Eso empezó a caer desde que el socialismo tenía muchas cosas que ocultar. Yo siempre me acuerdo de una canción que me parece tan aleccionadora de John Lennon, es una canción que dice, y que lo único que dice es eso todo el tiempo: Everybody has something to hide, except me and my monkey. Todo el mundo tiene algo que esconder excepto yo y mi mono. Y eso quiere decir muchas cosas. Mientras más cosas tú tienes que esconder, mientras más cosas tú tienes que justificar, más jodido estás.

—Pienso que ya lo que ha sembrado la Revolución, el proceso revolucionario, es muy difícil de quitar. Tendrían que pasar generaciones de un bombardeo de una cosa y eso es imposible. Yo lo único que veo peligroso es que, en las esferas gubernamentales, entre los que dirigen el país, se cuele alguien, un plattista. Pero la cultura… ¿qué rock & roll va a hacer que nosotros no hagamos sones y no hagamos rumbas?; dime ¿de quién va a ser el rock & roll ese?, ¡no sea bobo! Nosotros vamos a hacer rumbas y vamos a hacer sones y vamos a seguir haciendo… y bailando con chancletas, y tocando la clave cubana. Eso vamos a seguirlo haciendo nosotros. La cultura no tiene el menor peligro. Si en tiempos en que no teníamos tantos próceres de la ideología, antes del triunfo de la Revolución, la cultura cubana fue una cultura de resistencia, ¿cómo ahora no lo va a ser? ¡Muchísimo más! No es la cultura la que corre peligro, es la política.

—El artista es una víctima del hombre. El artista es la vocación, que siempre surge después. Es el hombre el que está detrás del artista, es el ser humano.

—Puede que no la intensidad de la mirada, no sé, de esa mirada infantil, porque hay cosas que aunque a uno le parezca que no se olvidan uno sabe que las olvida cuando vuelve a encontrarse con ellas… y de pronto a veces te encuentras con cosas que creías que tenías y que de pronto te das cuenta de que te has reencontrado con ellas, felizmente.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Carta a Violeta Parra

Mi siempre bien amada Violeta Parra:
supe por una nube tu dirección.
Te escribe una guitarra
que te recuerda con devoción,
sólo para cantarte, sí,
cómo va la cuestión.

Por aquí abajo huelgan las maravillas,
la costumbre deserta de la piedad.
Reina la pesadilla
como suprema divinidad.
Ego, fama y dinero, sí,
bendita trinidad.

El afortunado
hace vista gorda
y el vilipendiado
carne de la horda.

Beso a Carmen Luisa,
novia de un arcángel.
Quiero a la Chabela
y saludo al Ángel.

Las redes tejen sueños para subastas;
la sangre ajena es un efecto especial.
La dignidad se gasta
como la piedra filosofal.
El lucro y la codicia, sí,
forman la patronal.

Mi querida Violeta, mándame aéreos,
voces de tu Universo en evolución,
para usar tu misterio
contra las plagas del faraón,
para que me den fuerzas, sí,
y una buena canción.

El afortunado
hace vista gorda
y el vilipendiado
carne de la horda.

Beso a Carmen Luisa,
novia de un arcángel.
Quiero a la Chabela
y saludo al Ángel.