Rafael Mena Brito
Justo tras presentar el tomo 30 de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí, en la sala Nicolás Guillén de la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana, el investigador y editor Pedro Pablo Rodríguez López recibió el Premio Nacional de Edición 2025.
Este galardón constituye el más alto reconocimiento otorgado en el país a la obra de connotados editores que han contribuido, con su talento y desempeño profesional, a enriquecer el catálogo de las editoriales cubanas.
En la presente edición, el jurado estuvo integrado por Olga Marta Pérez –quien recibió el premio en 2015– en calidad de presidenta, y por figuras como Osmany Echevarría, Enrique Ubieta, Mercy Ruiz y Norberto Codina; estos dos últimos también premios nacionales de Edición 2020 y 2021, respectivamente.
Sobre Pedro Pablo Rodríguez, la presidenta del Comité de selección comentó que «su mayor aporte lo ha hecho desde la condición de líder, durante más de un cuarto de siglo, de lo que ha sido calificado como uno de los principales proyectos editoriales cubanos actuales: la edición crítica de las obras completas de José Martí».
Asimismo, añadió que ha sido partícipe de otros proyectos editoriales del país y colaborador imprescindible de un buen número de publicaciones seriadas, convirtiéndose, indiscutiblemente, en uno de los intelectuales más importantes de Cuba.
En sus palabras de elogio, Enrique Ubieta destacó que el investigador quedará asociado, por siempre, a esa «obra mayor» que constituye la edición crítica de las obras completas del Apóstol, en la que se pueden hallar las bases del pensamiento de la Revolución.
Para agradecer el lauro, el también Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas (2009) y de Historia (2010) evocó a las figuras de Cintio Vitier y Fina García Marruz, quienes lo invitaron a formar parte del proyecto. De ellos, refirió, pudo aprender el valor de las obras martianas.
Luego valoró la figura de Martí como una de las más importantes entre las diversas culturas, sin dejar de evocar el empeño de Fidel Castro Ruz para que esta edición crítica pudiera salir a la luz.
Presidieron la ceremonia Alpidio Alonso Grau, ministro de Cultura; Lizette Martínez Luzardo, viceministra de Cultura; Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro; Yasel Toledo Garnache, presidente de la Asociación Hermanos Saíz; y Dazna Novak, presidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
2 comentarios:
Fidel, tu nombre es Revolución
Emir Sader
Hasta la Revolución Cubana, la revolución y el socialismo eran conceptos lejanos para nosotros en Brasil y en toda Latinoamérica. Se asociaban con Lenin y Mao, un fenómeno asiático distante.
La Revolución Cubana nos tomó a todos por sorpresa. Estaba aquella foto de unos hombres barbudos posando como un equipo de fútbol, que habían derrotado a un dictador en Centroamérica (el Caribe aún no existía como tal para los medios).
Primero, hubo una euforia generalizada. Una de las mezquitas, de Estadão, estuvo en uno de los primeros grupos que viajaron a la isla para celebrar la victoria de la democracia sobre la dictadura. Pronto el proceso comenzó a tomar forma, volviéndose primero antiimperialista, luego socialista, y la izquierda revolucionaria aquí se identificó cada vez más con ese proceso.
El debate entre reforma y revolución, liderado aquí por el PCB (Partido Comunista Brasileño) por un lado y por grupos revolucionarios por el otro (Polop, PC do B, AP, en orden de aparición, a partir de 1961), encontró su respuesta en el triunfo de Fidel, Che y sus compañeros. Mientras que los proyectos reformistas se agotaron aquí —y los nuestros se agotarían poco después, cinco años después de la victoria cubana—, el camino revolucionario se abrió a través de la guerra de guerrillas.
Los problemas que no se resolvieron aquí, o que solo se abordaron parcialmente, fueron resueltos de la manera más radical y profunda por la Cuba revolucionaria. La primera medida revolucionaria que nos impactó profundamente fue la consulta con los estudiantes sobre si querían suspender el año escolar e ir a enseñar a leer y escribir a la población cubana, concentrada principalmente en el campo. Y así, Cuba resolvió el problema del analfabetismo de la manera más radical y popular.
Al mismo tiempo, en el primer año de la revolución, se fundó la Casa de las Américas, que comenzó a reunir a intelectuales latinoamericanos. Más tarde, Antonio Cándido diría que solo conoció la literatura latinoamericana a través de Cuba, a través de la Casa de las Américas. Antes de eso, a lo sumo conocía la literatura argentina, (a lo sumo Borges). Se fundó el ICAIC, que impulsaría el cine revolucionario cubano.
Y, en el plano estructural de la sociedad cubana, se implementaron una reforma agraria, una reforma urbana y la nacionalización de las empresas azucareras. A partir de ahí, la confrontación con Estados Unidos se aceleró, y Cuba, marcando el camino revolucionario, pasó de su fase nacional y democrática a su fase antiimperialista y socialista. “Revolución socialista o caricatura de revolución”, en palabras del Che.
En Brasil y Latinoamérica, fue el momento decisivo para la izquierda. Los partidos comunistas se sentían incómodos con el triunfo revolucionario en Cuba y la capacidad de captación de jóvenes que les brindaba la imagen de Fidel y el Che. Los movimientos de izquierda radical proliferaron y adoptaron la lucha armada a medida que se desarrollaba el golpe de Estado en Brasil, poniendo fin al poder hegemónico del PCB dentro de la izquierda brasileña.
Los discursos de Fidel se difundieron ampliamente a través de la edición internacional de Granma y otros canales, como los publicados en Uruguay o Argentina, que luego se transmitían en Cuba. En ocasiones, se veían imágenes de la Plaza de la Revolución repleta de millones de personas escuchando los discursos de Fidel, que duraban horas. “¡Patria o muerte, venceremos!” se hizo conocido por todos.
Fidel, tu nombre ... (2 y fin)
Fidel se convirtió en el líder de izquierda más importante del mundo en el siglo XX, proyectando la imagen de la Revolución Cubana a nivel mundial. Sus viajes, desde Estados Unidos hasta países de África, como Argelia, y Asia, como Vietnam, llevaron su discurso internacionalista por todo el mundo.
Tuvo que afrontar difíciles dilemas. Cuando el primer ciclo de movimientos guerrilleros —Venezuela, Perú, Guatemala— fue derrotado, Cuba quedó condenada al aislamiento, aún más porque los partidos comunistas tampoco eran un aliado importante. La muerte del Che consolidó este aislamiento en el continente. Fidel, una vez más, tuvo la audacia de establecer una alianza estratégica con la URSS, dado que China había cerrado las puertas a esta posibilidad.
Con esto, Fidel aseguró el futuro de la revolución en un pequeño país caribeño, exportador de azúcar, rodeado por la mayor potencia imperialista de la historia. Pero tuvo que someter a la isla a la división del trabajo del bloque socialista, que no preveía la industrialización de Cuba, el sueño del Che cuando era ministro de Economía al inicio de la revolución. Sin embargo, Cuba garantizaba el suministro de petróleo, el armamento necesario y la seguridad de un mercado con buenos precios para su producción azucarera. Fue el período de mayor desarrollo económico en Cuba y de mayor mejora en las condiciones de vida de su población.
Fidel tuvo la oportunidad de ejercer su audacia revolucionaria de diversas maneras, por ejemplo, cuando envió tropas cubanas de élite para detener el avance de las tropas sudafricanas en Angola, hazaña que se logró con éxito. O cuando apoyó abiertamente a las fuerzas sandinistas, creyendo que la victoria era posible con Estados Unidos neutralizado.
https://www.pagina12.com.ar/2026/08/12/fidel-tu-nombre-es-revolucion/
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