viernes, 14 de agosto de 2026

'Hegseth: imperialismo agresivo'

Editorial de La Jornada / viernes 14 de agosto

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó que su país planea atacar en tierra a narcotraficantes en Latinoamérica, como lo hace en aguas internacionales contra las tripulaciones de lanchas supuestamente dedicadas al contrabando de drogas. Los planes de ataques terrestres se enmarcan en los esfuerzos de una alianza hemisférica de 19 países liderada por Trump, pero podrán ampliarse a “donde quiera” que operen grupos del narcotráfico. Hegseth subrayó que su advertencia a los cárteles va “en serio”, “desde Colombia, en el tráfico de cocaína, hasta el fentanilo en las plazas de México”, e insistió en la distorsión estadunidense de clasificar a esos grupos criminales como organizaciones terroristas. Además, amagó con una intervención militar en Cuba y previno a La Habana acerca de atender “a la disposición del presidente Trump para hacer valer las prerrogativas estratégicas de Estados Unidos”.

Las insolentes amenazas de violentar la soberanía de todo país donde Washington decida decir que opera el narcotráfico se producen en un contexto en que el trumpismo ha dejado de lado todas las máscaras detrás de las que sus antecesores escondían al imperialismo estadunidense. Apenas el martes, el Departamento de Estado publicó un video en el que reivindica la Doctrina Monroe como “un esquema para la dominación regional que permanece como la piedra angular de la estrategia estadunidense en el hemisferio hoy día”. La secuencia también retoma con orgullo las declaraciones de Donald Trump tras el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro: “bajo nuestra nueva doctrina de seguridad nacional, la dominación estadunidense del hemisferio occidental jamás será cuestionada otra vez”.

Las amenazas bélicas del jefe del Pentágono resultan inadmisibles por su completa falta de justificación y su abierto propósito imperialista. En el caso de Cuba, ni siquiera echan mano del pretexto del narcotráfico: al igual que Trump y el secretario de Estado Rubio, Hegseth habla de la tiranía estadunidense como un derecho que surge y se hace valer por la fuerza. Sin embargo, este discurso de omnipotencia choca con la humillante derrota que el trumpismo padece cada día en Irán, donde no sólo no ha logrado ninguno de los objetivos declarados al inicio de sus ataques ilegales hace ya cinco meses, sino que se muestra incapaz de devolver el estrecho de Ormuz a sus condiciones previas a la guerra.

Está claro que América Latina no dispone de los medios militares para impedir que Washington haga estropicios en toda la región si la Casa Blanca decide escalar y extender sus agresiones. Pero a estas alturas la administración republicana debería ser consciente de que emprender una guerra y ganarla son cosas muy distintas y de que no podrá erradicar a los cárteles ni con el apoyo de todos los regímenes títeres que se ufana de haber instalado en el subcontinente. Así lo enseña el medio siglo de fracasos de la mal llamada “guerra contra las drogas” y también la futilidad de las violaciones masivas a los derechos humanos que su gobierno ha perpetrado en nombre de esta cruzada. Funcionarios del Pentágono y la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) admitieron que el asesinato de al menos 221 personas que supuestamente tripulaban embarcaciones cargadas de estupefacientes no redujo el flujo de cocaína hacia Estados Unidos, en contradicción con los alegatos de Trump. Y aun más grotesco resulta el pretexto de combatir el narcotráfico si se consideran los abundantes vínculos entre éste y diversas instancias del poder público de Washington.

En vez de lanzarse a nuevas aventuras bélicas de final incierto, la clase política estadunidense haría bien en tomar nota del fiasco en Irán como señal para redimensionar su insostenible despliegue global, en reconocimiento de que su hegemonía ya no es la que disfrutó tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y luego del colapso de la Unión Soviética. Mal que le pese, el multilateralismo y el déficit fiscal son realidades con las que debe lidiar: hay nuevos poderes dispuestos a plantarle cara, y su negativa a reconocerlo lo ha puesto en una senda de sobrendeudamiento que ya tiene enormes costos y podría descarrilar su economía de continuar la tendencia actual. Si algo queda de sensatez en ese régimen, debe moderar su imprudencia verbal y abstenerse de cometer disparates trágicos.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/08/14/editorial/hegseth-imperialismo-agresivo

2 comentarios:

silvio dijo...

Fidel en su centenario
Felipe Ávila

Fidel Castro fue el último de los grandes líderes revolucionarios que cambiaron el mundo en el siglo XX. Fue el cerebro, el organizador y el arquitecto de la revolución cubana, la revolución más importante e influyente del siglo XX en América Latina y una de las más importantes en el mundo. Bajo su liderazgo, la pequeña isla de Cuba se convirtió en un referente mundial, en una voz fuerte y digna que se escuchaba con respeto y admiración, o con recelo y rechazo, según se estuviera a favor o en contra de ella.

La revolución cubana es la más longeva de la historia. Fidel fue también el dirigente con más años en el ejercicio del poder en el siglo XX y en los primeros años del siglo XXI. Estuvo al frente de los destinos de Cuba por 47 años y falleció de muerte natural en su querida isla.

La pregunta que debemos hacernos es precisamente ésta: ¿Cómo una pequeña isla de poco más de 104 mil kilómetros cuadrados, que en 1960 tenía poco más de 7 millones de habitantes, a 90 millas del país más poderoso del mundo, que ha sido objeto de un brutal bloqueo económico, de un aislamiento político de todos los países de la OEA, con excepción de México, que sufrió un asalto militar en Playa Girón en 1961, que tuvo que sortear múltiples intentos de asesinato contra Fidel Castro, que ha soportado por décadas una feroz guerra política, ideológica, cultural y narrativa de Estados Unidos y sus aliados occidentales para desacreditar a su revolución, y que ha enfrentado una embestida sin descanso, desde el primer día, de una comunidad de exiliados cubanos que se han convertido en un poder fáctico económico y político muy influyente en Estados Unidos, cómo, pues, una revolución así, ha podido sostenerse por tanto tiempo?

Debemos preguntarnos también ¿cómo ha podido resistir el pueblo cubano con una economía tan débil, que no tiene petróleo ni industria desarrollada, que es monoproductora y monoexportadora de azúcar, que no genera prácticamente tecnología propia y que no puede abastecerse de insumos, maquinaria y equipo, salvo muy raras excepciones, debido al bloqueo y a las represalias de Estados Unidos contra las empresas y países que se atrevan a comerciar con Cuba?

¿Cómo ha podido sostenerse esa revolución después del derrumbe de la Unión Soviética y del colapso del bloque socialista, cuya ayuda económica y militar había sido fundamental para sobrevivir al bloqueo estadunidense y que contribuyó a su crecimiento económico y a su desarrollo social?

¿Y cómo ha sobrevivido la revolución cubana a la intervención estadunidense de enero de este año contra su otro gran aliado, la Venezuela bolivariana, que fue su proveedora de combustible y ayuda económica durante el gobierno del comandante Hugo Chávez y hasta que Estados Unidos secuestró y apresó al presidente Nicolás Maduro?

La respuesta a estas preguntas es compleja. Parcialmente, creo que deben considerarse, entre otros, los siguientes factores: en primer lugar, el respaldo popular a la revolución, apoyo que se manifestó desde la campaña guerrillera encabezada por Fidel Castro y el Che Guevara en la Sierra Maestra, que derrotó militar y políticamente al dictador Fulgencio Batista. Los guerrilleros y Fidel, en primer lugar, supieron entender las necesidades y aspiraciones del pueblo cubano por justicia, libertad, independencia, soberanía y equidad; supieron organizar al pueblo, interiorizar en él el proyecto revolucionario y convertirlos no sólo en beneficiarios o simpatizantes, sino en verdaderos soldados de defensa de la revolución, inculcándoles una mística de identidad, de valentía, de solidaridad y sacrificio, no sólo con el proceso revolucionario que comenzó muy pronto en la isla, sino de solidaridad y respaldo a la luchas de liberación de otros pueblos en América Latina, el Caribe, Asia y África.

silvio dijo...

Fidel en su ... (2 y fin)

La revolución cubana ha sido una revolución socialista, inspirada en los principios del marxismo leninismo y en la experiencia de la Unión Soviética y de los países que siguieron el ejemplo soviético. Es decir, el gobierno cubano, desde muy temprano, una vez que tomó el poder, expropió la tierra, las industrias, comercios y servicios; estableció una economía planificada conducida por el gobierno, repartió la tierra entre las familias campesinas, mejoró las condiciones laborales de las y los trabajadores, llevó a cabo una gran cruzada alfabetizadora y educativa y creó uno de los más eficientes y equitativos estados de bienestar en el mundo, con logros impresionantes en educación, salud, cultura y deporte.

Uno de los mayores méritos del proceso revolucionario cubano fue haber confiado y promovido el poder popular, haber alentado la organización de la gente en los barrios, escuelas, comunidades rurales, centros de trabajo, creando una cultura política desde abajo, horizontal, promoviendo la participación de la gente en la discusión de sus problemas, en la búsqueda de soluciones y en la toma de decisiones. Ese poder popular, esa politización y organización desde las comunidades han sido una de las columnas centrales que explican la fortaleza y la longevidad de la revolución cubana.

El papel de Fidel Castro fue el del protagonista central de ese proceso. Con su visión de estadista, con su enorme carisma, con su capacidad oratoria fuera de lo común, con su energía y con el ejemplo de trabajo y compromiso incansable del que siempre dio muestras, se convirtió en el gran educador, en el formador de la consciencia política del pueblo cubano, en su principal organizador y en el líder que supo interiorizar los valores, principios y conductas de la revolución en el pueblo cubano. Esa pedagogía revolucionaria realizada por Fidel, con su palabra y sus acciones, está en la base de la construcción de una gran experiencia revolucionaria, de sus logros, pero también es lo que explica la resistencia y la resiliencia del pueblo cubano en defensa de su revolución hasta el día de hoy.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/08/14/opinion/fidel-en-su-centenario