domingo, 15 de marzo de 2026

Mensaje de AMLO en X

Estoy en retiro, pero me hiere que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía, al hermano pueblo de Cuba. A quienes piensan que se trata de un pleito ajeno, les recuerdo lo que dijo el general Cárdenas cuando fue la invasión de Playa Girón: «No es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra». En consecuencia, invito a que todos depositemos en la cuenta de Banorte 1358451779 de la asociación civil Humanidad con América Latina, abierta por ciudadanos, escritores y periodistas para comprar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina, y ayudar al pueblo cubano. ¡Que cada quien aporte lo que pueda!

https://x.com/lopezobrador_/status/2033020241391788187?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E2033020241391788187%7Ctwgr%5E19c16514312ab0fc67168f39fe40562ea8a22b0f%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.jornada.com.mx%2Fnoticia%2F2026%2F03%2F14%2Fpolitica%2Famlo-me-hiere-que-busquen-exterminar-al-hermano-pueblo-de-cuba-llama-a-donaciones-para-la-isla

4 comentarios:

silvio dijo...

Del fb de René:

Comienzo recordando que, si la negociación que consiguió la liberación de mis tres compañeros, y el restablecimiento de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, se hubiera hecho pública de antemano, muy probablemente el objeto de tales negociaciones se hubiera frustrado.

No siempre se puede informar de lo que se está haciendo, so pena de que el propósito de lo que se está haciendo se frustre. Creo que esta regla aplica al caso.
Lo cual, aclaro, no quiere decir que haya que pasar juicio contra quienes hayan demandado información. Es un derecho, es el papel del comunicador y es legítimo. Toca al gobierno la responsabilidad de determinar, en muchos casos, qué llega a la prensa. Aquí y en todos lados, ahora y siempre.
Que Trump se haya dedicado a farolear no le da credibilidad alguna por sobre la discreción del estado cubano respecto al tema. Para comenzar, ese es su estilo. Si todo lo que ha dicho estuviera algo cercano a la verdad ya estaría aplicándose en Cuba la Ley Helms Burton, con Marco Rubio designado para certificar nuestra adherencia a las imposiciones que nos receta.
Más cercanas estuvieron las palabras de Cossio, cuando dijo que “no hay una mesa formal de diálogo con el gobierno de Estados Unidos”. Hay veces en que la parte más fuerte es la que no se dice, o se dice, así que como inFORMALmente, en una sola palabra.
El caso es que esa mesa, al parecer, ahora se está sirviendo. Confiemos en la larga experiencia acumulada por la Revolución, cuando de negociaciones de este tipo se trata. En quien nunca se podrá confiar es en el gobierno de los Estados Unidos, cuya historia de pisotear tratados y negociaciones es de larga data. Bástennos en lo inmediato los casos de Venezuela e Irán, agredidos arteramente en medio de negociaciones.
Así que, si se da el caso. Pues a negociar, pero sin bajar la guardia ni renunciar a los principios. Cuba lleva 65 años reiterando su disposición a negociar, sin temas prohibidos, sobre la base de igualdad y respeto mutuo. Que algunos hayan descubierto esa disposición justo ahora habla más sí mismos que de las posiciones del gobierno cubano, antes y ahora.
Va y hasta un tipo como Trump se da cuenta de que una relación mutuamente respetuosa, de la que sin dudas Estados Unidos -y él en particular- tienen mucho que ganar, es preferible a buscarse otra guerra, cuyos resultados en la política interna norteamericana nadie puede vaticinar.

René González Sehwerert
13 de marzo

silvio dijo...

Recibido por correo:

El anuncio del presidente Miguel Díaz-Canel sobre la existencia de conversaciones entre funcionarios cubanos y el gobierno de Estados Unidos no es solo una noticia diplomática; es un acontecimiento político, social y comunicacional de primera magnitud que desnuda las contradicciones históricas del proyecto revolucionario y las tensiones de su relación con la sociedad que dice representar.

Políticamente, el gobierno cubano se enfrenta a un dilema existencial. Su legitimidad histórica se ha construido, en gran medida, sobre el pilar de la resistencia antimperialista. El relato fundacional descansa en la máxima de Fidel: "No negociamos nuestra soberanía". Sin embargo, la realidad material —tres meses sin un barco de petróleo— ha impuesto una lógica de supervivencia que fuerza una cuadratura del círculo ideológico.

El hecho de que estas conversaciones estén "dirigidas por el General de Ejército Raúl Castro" no es un detalle menor. Es una operación de blindaje político. Al colocar al "líder histórico" al frente del proceso, se intenta transferir su capital simbólico a una acción que, en esencia, rompe con la ortodoxia del enfrentamiento. Es el reconocimiento tácito de que el modelo de confrontación permanente ha llegado a un límite estructural. La pregunta que emerge en la sociedad política es: ¿estamos ante una táctica de supervivencia o ante un cambio de paradigma en la relación con el imperio?

La discreción extrema, el secretismo que rodeó las conversaciones, responde a esa fragilidad política. No se podía comunicar un proceso que internamente podía ser leído como una claudicación. El gobierno actuó con la lógica del Estado profundo: primero, se asegura la viabilidad del contacto; después, se gestiona el impacto político. El problema es que esa lógica choca frontalmente con la necesidad de legitimación social.

Socialmente, la brecha entre la institución y la ciudadanía se ensancha. El anuncio llega en un contexto de agotamiento extremo. La población no solo sufre la asfixia del bloqueo, sino la erosión de los servicios básicos y la incertidumbre cotidiana. En ese escenario, la demanda de información no es un capricho liberal, sino una necesidad vital.

"Tenemos derecho a saber quiénes nos representan", clama la voz popular. Esta exigencia de transparencia es, en esencia, una demanda de participación. Cuando el ciudadano desconoce si quien negocia es un diplomático de carrera o un "guardia de seguridad personal", se instala la sospecha de que los asuntos públicos se dirimen en círculos endogámicos, ajenos al control social. La opacidad en la nomenclatura de los funcionarios no es un tecnicismo; es un acto político que desempodera al pueblo y lo convierte en espectador de su propio destino.

El cuestionamiento popular lo resume de manera brutal: "Entonces lo que decían los medios apátridas pagados por el imperio era verdad y lo que decía el noticiero era mentira". Esta frase que leo de un amigo y se repite en otros y otros encapsula la crisis de confianza. Cuando el emisor oficial (el gobierno) calla, el emisor hostil (el lobby de Miami) ocupa el espacio. Y lo hace con una eficacia que el oficialismo no puede ignorar. La consecuencia es la perplejidad y la duda, el caldo de cultivo perfecto para la desmovilización y el desencanto.

silvio dijo...

Recibido por correo … (2 y fin)

Comunicacionalmente, el gobierno cubano comete un error estratégico recurrente: confunde la necesaria reserva diplomática con el secretismo político. El presidente afirma que "no ha sido ni es práctica del liderazgo responder a campañas especulativas". Pero esa postura, lejos de fortalecer, debilita. En la era de la inmediatez informativa, el silencio no es una coraza, es una invitación a que otros construyan tu relato.

La comparecencia de Díaz-Canel, si bien necesaria, llegó tarde y con cuentagotas. Se anunció a través de canales oficiales pero la información se dosificó de manera fragmentada, como si aún se temiera el impacto de la propia noticia. Mientras tanto, en los barrios sin electricidad, la gente no seguía la transmisión en vivo; recibía fragmentos, titulares descontextualizados y, sobre todo, la versión del enemigo.

La comunicación defensiva es una muestra de debilidad. Cuando la reacción oficial es siempre a posteriori, se asume una postura reactiva que entrega la iniciativa narrativa al adversario. La pregunta que flota en muchos perfiles de personas cívicas y serias es tan simple como demoledora: "No sé por qué mienten tanto todo el tiempo, es una necesidad incontrolable e impulsiva". Aunque la acusación de "mentira" pueda ser una hipérbole del descontento, refleja una percepción real: la falta de proactividad informativa se interpreta como ocultamiento, y el ocultamiento, como culpa.

Las conversaciones con Estados Unidos son, probablemente, una necesidad realista. El bloqueo es un crimen y la búsqueda de espacios de entendimiento es un derecho. Sin embargo, el proceso está lastrado por una gestión política y comunicacional que reproduce las peores prácticas del pasado.

Si el gobierno negocia con quien ha machacado la soberanía del pueblo, debe hacerlo con la fortaleza que da la transparencia. No se trata de airear cada secreto de Estado, sino de comunicar con claridad los principios, los objetivos y, sobre todo, los actores de esa negociación. La credibilidad del sistema político cubano depende, hoy más que nunca, de su capacidad para entender que, en la relación con su pueblo, el diálogo no puede ser un monólogo aplazado.

Mientras la verdad oficial siga llegando después de la versión del imperio, la soberanía no se defenderá solo en las mesas de negociación, sino también en la mente y el corazón de un pueblo que exige, legítimamente, saber.

silvio dijo...

Viene la cosa

Viene la cosa,
viene la cosa fea.
Viene la cosa,
como mano de brea.
Su inquietante nariz
parece un caracol
y su talante gris
le pone rabo al sol.
Viene, viene la cosa
y la canción de amor
solloza.

Viene la cosa,
aunque no te lo creas.
Viene la cosa,
como viento y marea.
Viene, más que la luz;
viene para acabar;
por eso el avestruz
no tiene ya lugar.
Porque la cosa viene
y la mentira no es
quien la detiene.

Viene la cosa, por más
que sea injusta y ofenda.
Viene la cosa a exhibir
desparpajo total.
Viene la cosa, invocando
lo que le convenga,
porque ha pasado
de moda la noble moral.

Viene la cosa,
viene por todos lados.
Viene la cosa,
rescribiendo el pasado.
Pero, a falta de dios,
doy pecho al huracán
y saco bien la voz
y al pan le digo pan.
Porque viene una cosa
que sólo la sinceridad
destroza.

(julio 2016)