martes, 7 de mayo de 2019

Los humildes y los soberbios

Por: Mario Valdés Navia

La soberbia es considerada como el pecado capital primario. Su expresión más peligrosa es cuando se presenta en aquellos que pertenecen al grupo de poder hegemónico en un momento determinado. En esos casos, la alucinación que provoca en la visión de los poderosos respecto a los demás afectará sus modos de gobernar a las grandes masas.

Si la soberbia se entroniza en un grupo de poder de origen militar tiende a crecer en progresión geométrica debido a los tradicionales hábitos de ordeno y mando de ese sector. Si a eso se añade el lastre acumulado tras largos períodos de ejercicio de un poder omnímodo, los niveles de soberbia pueden llegar a destrozar la escala de cualquier soberbímetro. Por eso Martí no dudó en advertirle a tiempo a su querido y respetado M. Gómez: “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento”.[1]

En la Cuba de hoy la soberbia ha proliferado en los predios de la burocracia y suele crecer según aumenta su nivel. Para los burócratas el mundo está organizado a su manera y lo que se sale de ella nunca es su culpa ni puede ser admitido. Cuando los males no son imputables al imperialismo, los atribuyen a indisciplinas o deslealtades, dos vicios humanos que les son intolerables.

Hace pocos días se divulgó en la televisión un intercambio en la ANPP donde se volvió sobre el tema de las indisciplinas sociales. Allí nos enteramos con sorpresa de que, para algunos de nuestros gobernantes, la culpa de que se venda combustible y carne de res en el mercado negro es de los compradores/receptadores.

De paso, se llamó al pueblo/población a cumplir con el deber de denunciar a cualquiera que le propusiera comprar algo por la izquierda pues su dinero deben gastarlo solo en las TRD estatales y demás comercios autorizados.

Muy tarde y fuera de contexto llega ese reclamo y por eso su destino obligado es caer en saco roto. Desde hace cincuenta años los cubanos aprendieron de Marx que si la ley del valor es expulsada por la puerta, entrará por la ventana. Así, ante las prohibiciones, limitaciones y absurdos del racionamiento oficial, apareció el vendedor furtivo de cuanto producto alimenticio, industrial, o superfluo pudiera imaginarse.

Lejos de disminuir con el tiempo, esa modalidad económica ─conocida popularmente por muchos nombres: ilegal, informal, ilícita, sumergida, bolsa negra, subterránea, resolvedera, por fuera, por la izquierda, o mercado negro─ devino en poderoso sector económico. Es muy grave que en Cuba sea aún desconocida y poco estudiada cuando, en casi todo el mundo, es objeto de investigaciones académicas.

No obstante, es sabido que se extiende por las esferas del comercio, agricultura, industria, transporte y los servicios, y representa un mercado no solo suplementario, sino alternativo al oficial. Más allá de los controles, restricciones y escaseces de la economía estatizada, la informal ha suplido muchas de las insuficiencias del monopolio estatal aunque, paradójicamente, sus fuentes de suministro principales sean los propios almacenes y recursos ─técnicos y humanos─ del Estado.

La difusión de la resolvedera ha traído consigo una tensión moral en las familias cubanas que, sin embargo, ha sido superada mayoritariamente por varias generaciones. Estos millones de hombres y mujeres, aun cuando permanecen fieles políticamente al ideal de la Revolución, asumen  hacia el mercado ilegal un criterio similar al defendido por los productores libres de la colonia al ejercer el comercio prohibido ─¡su derecho al rescate!─, sin dejar de ser, al mismo tiempo, súbditos fieles de la corona.

El criterio altanero que escuché sobre la indisciplinada población –recibido sin chistar por los diputados− suena aún más vacío cuando los cubanos y cubanas sabemos que los que nos exigen comprar solo en los sobrevalorados comercios oficiales no acuden a esos establecimientos para abastecerse. Ellos gozan de dietas especiales y posibilidades de adquirir directamente bienes y servicios sin costo alguno, por lo que la cuestión de equilibrar el precario salario real para llegar a fin de mes es algo que no les afecta en lo más mínimo.

No es con miradas soberbias e irrespetuosas sobre los modos de subsistir del pueblo/población que se resolverán los problemas económicos de Cuba. Cada vez más se requieren políticas económicas inteligentes, medidas que destierren lo mal hecho y estimulen las buenas prácticas. Pero hoy, no cuando existan las condiciones ideales –internas y externas- que se han puesto como condición para mejorar.

Más que nada, hay que elevar la participación de los colectivos obreros y el valioso grupo de economistas revolucionarios críticos en la conducción económica. Oír y convocar más a los humildes y no a los soberbios. Que los dirigentes aprendan de M. Gómez cuando, refiriéndose a unos obreros agrícolas a la vista, dijera a Martí: “Para estos trabajo yo”.[2]

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com
[1]Carta a M. Gómez, New York, octubre 20, 1884. OC, T1, p.280.
[2]“El General Gómez”, Patria, 26 de agosto de 1893. OC, T4, p.450.

Fuente:

jueves, 2 de mayo de 2019

Cuba 2018-2019: Coyuntura y Perspectiva

Por Carlos Alzugaray
“Y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir.”
Silvio Rodríguez
El tránsito entre 2018 y 2019 en Cuba tuvo dos peculiaridades. Por un lado, sirvió para rememorar el 60 Aniversario del inicio de un proceso que se propuso transformar el país en cuatro direcciones:independencia nacional, justicia social, buen gobierno y una economía próspera y sustentable. Ese proceso, que ha implicado 60 años de resistencias y sacrificios populares, tomó rápidamente el título que mantiene hasta hoy: la Revolución Cubana.
Si hubiera que hacer un balance sintético, se podría decir que en esos 60 años el país alcanzó por primera vez el ejercicio pleno de su soberanía y se transformó en un actor a nivel global por sus políticas anti-hegemónicas y de solidaridad internacional; avanzó sustancialmente en salud pública y educación, aunque quedaron lagunas en sectores como la vivienda y el transporte público; eliminó los grandes casos de corrupción y creó un sistema político nuevo, más ajustado a la voluntad popular, aunque mediado por la figura y genio de un líder como Fidel Castro, lo que unido al clima de plaza sitiada en el que tuvo que sobrevivir, condujo a un régimen democrático imperfecto con una institucionalidad vertical y autoritaria, en el cual la burocracia estatal y partidista adquirió una excesiva discrecionalidad; no pudoconstruir un modelo económico próspero y sustentable, independiente del sostén externo, mientras que las fuerzas productivas estuvieron restringidas por un sistema de administración altamente centralizado y poco creativo.
Al analizar las falencias de este proceso siempre habrá que recordar que el gobierno cubano estuvo y está bajo la constante presión de una política persistentemente hostil de un poderosísimo enemigo, otrora socio privilegiado: los Estados Unidos.
En segundo lugar y paradójicamente, 2018-2019 también marcó la primera gran transformación política postrevolucionaria: la transferencia de poder de la generación histórica que dirigió la Revolución a otra más joven compuesta por mujeres y hombres nacidos por lo general después de 1959. Esa transferencia necesitó de una nueva constitución en la cual el sistema político cubano se reconoce por primera vez como un estado socialista de derecho, con todo lo que ello implica. El proceso de redacción, discusión, aprobación y proclamación de esta nueva Magna Carta, que no estuvo exento de las tendencias verticalistas de la cultura política cubana, ocupó la atención primaria de la ciudadanía entre julio del 2018 y abril del 2019, incluyendo una consulta popular que fue un gran ejercicio de deliberación democrática. La última fecha sirvió también para hacer un balance del primer año de gobierno del presidente electo en abril del 2018, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
Ese balance, pues, desbordó los marcos del calendario formal. Díaz-Canel, ingeniero de formación, pero cuadro político con una amplia trayectoria partidista y gubernamental, recibió como herencia un proceso de reforma económica y política en marcha, diseñado en lo fundamental durante los 12 años de gobierno de su predecesor, el general Raúl Castro. El objetivo central de esa estrategia es crear lo que la propaganda oficial ha designado como un “socialismo próspero y sustentable” a partir de una “actualización del modelo económico y social” cubano. Ello no es una ruptura con los logros alcanzados bajo el liderazgo de Fidel Castro, más sin embargo, como afirmara el propio Raúl Castro el 27 de julio del 2007: “Para lograr este objetivo habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios.”
Durante su mandato el ex Presidente y actual Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba insistió más de una vez que el principal enemigo que enfrentaba esta transición era “la vieja mentalidad”, con lo cual quedó evidente lo que muchos analistas, incluyendo el que suscribe, han señalado: bajo el signo de la unidad existe una aguda lucha entre dos tendencias, la que privilegia el cambio y la innovación y la que insiste enel continuismo y la inmovilidad.
Como lo han demostrado los 12 años precedentes, no puede haber continuidad sin transformación y sin adaptación a las cambiantes circunstancias domésticas y externas. Desde el poderoso centro ideológico del Partido se insiste en la consigna de “somos continuidad”, lo que puede socavar en la conciencia y las esperanzas ciudadanas sobre la necesidad del cambio. En un sistema de partido único siempre hay el peligro de confundir realidad con propaganda; después de todo cualquier constructo ideológico-propagandístico no es más que una interpretación de la realidad y la realidad puede ser muy terca. No hay que olvidar un precepto fundamental del marxismo: la práctica es el criterio de la verdad.
Aunque tanto Raúl Castro como Díaz Canel, han enfatizado que la batalla principal que enfrenta Cuba es la de la economía, el año que pasó será recordado, sobre todo, por los cambios políticos impulsados por las propias autoridades cubanas, entre los cuales se encuentra una importantísima ampliación del espacio público con el impulso oficial al uso de internet, a la presencia de las autoridades en las redes sociales y al énfasis en el gobierno electrónico. 
En este balance del 2018, sigue siendo deficitario el proceso de transformación económica. Tanto desde el gobierno como en los círculos académicos se reconoceque no se alcanzan las metas propuestas y que quedan muchas políticas aprobadas por implementar.
Hay dos elementos claros: toda la política del Presidente Díaz Canel tiene por objetivo actualizar el modelo socio económico con vistas a crear ese tan ansiado socialismo próspero y sustentable; y el Presidente personalmente realiza un enorme esfuerzo de trabajo y comunicativo para lograrlo. 
Pero el 2018 terminó en medio de graves escaseces.
Los desafíos que enfrenta el gobierno cubano en materia internacional son enormes debido a la creciente hostilidad de la Administración Trump y los graves acontecimientos en Venezuela. También hay aspectos positivos en que sustentarse pero no siempre se aprovechan todas las reservas con la premura necesaria.
Sin embargo, no se debe olvidar, hoy más que nunca,que economía y política se encuentren indisolublemente imbricadas. En el futuro no podrá hablarse de un balance político positivo de este período, no importa cuánto se logre en ese terreno, si el devenir económico del país no se encamina firme e irrevocablemente hacia las metas trazadas en los documentos principales conocidos abreviadamente como Lineamientos, Conceptualización y Visión 2030.
Y ahí es donde está el gran déficit de los últimos años, incluido el 2018, y el gran desafío del 2019 y los futuros. Se sabe y está definido lo que hay que hacer,pero no se acaba de lograr que el gobierno en su totalidad implemente con audacia y vigor lo acordado. Y el tiempo se nos está acabando.

sábado, 27 de abril de 2019

Jesús Díaz: Sueños de cristal y otros recuerdos de la época

Con motivo de una inesperada "Pupila Asombrada".
                                           
La literatura nunca coincide con la vida. Es una realidad en sí misma. J.D.

Por Ricardo Jorge Machado 

Un familiar cercano me avisó de un muy singular programa de la Pupila Asombrada, trasmitido el jueves 14 de marzo. Esperé la retrasmisión del sábado. En efecto, fue algo insólito: el programa se dedicó casi por entero a un escritor "maldito": Jesús Díaz, calificado como traidor en una carta del entonces ministro de cultura Armando Hart, y expulsado de la UNEAC hace casi 30 años. Consecuentemente, sus textos y su nombre fueron sepultados en el olvido.

La edición fue muy cuidadosa. Los presentadores manejaron con tacto y discreción contenidos espinosos. Dijeron lo que tenían que decir claro y directo. Transmitieron amplios segmentos del documental realzado por el autor en 1978 titulado "55 HERMANOS". Trata del primer viaje a Cuba de un grupo de jóvenes cubano-americanos (entre ellos la artista Ana Mendieta, y el dirigente de la revista Areíto Andrés Gómez) sacados del país 20 años antes por sus padres en la llamada OPERACIÓN PETER PAN. 

Tiene escenas estremecedoras: como los encuentros con sus familiares, amigos y vecinos después de décadas de separación. Y termina con una conversación entre los jóvenes y el comandante Fidel Castro, quien mostró en ella su reconocida agudeza y su talento para la comunicación interpersonal.

La visión del filme despertó mis recuerdos de casi 40 años, los bellos y los amargos. Para hablar de Jesús debo mencionar a un grupo de sus amigos o conocidos de entonces, a fin de dar una idea más completa del personaje. "El hombre y su circunstancia" diría Ortega. Me apena tener que hablar de mí mismo, pero no pude evadirlo .

Los bellos recuerdos

Uso el conocido lema de la Kodak con que define su negocio para describir  momentos del pasado, que surgen de mi memoria como viejas fotos en blanco y negro guardadas en el álbum de una familia.

No pocas de ellas  tienen como protagonista a Jesús. Fuimos muy cercanos hasta su sorpresiva deserción a finales de los 90. Lo conocí en 1959 junto con un grupo de estudiantes universitarios que frecuentábamos las bibliotecas del Capitolio denominadas Máximo Gomez y Antonio Maceo.

Todos teníamos vínculos políticos, principalmente con la Juventud socialista unos (JS era la agrupación del partido comunista cubano) y otros con el 26 de julio. De los del 26 de julio, Jesús era el de mayor participación insurreccional. Realizó numerosas actividades en la sección de acción y sabotaje en La Habana. Trabajaba como viajante de farmacia y vestía casi siempre un traje azul desteñido que le quedaba corto y que mostraba las medias. A veces usaba una corbata medio raída  de un color difuso. Así lo recuerdo de esos años.

Por iniciativa de los comunistas se creó en el Capitolio una especie de club de debates -llamado por ellos con el rimbombante nombre de Asociación de Proyecciones Intelectuales. El administrador revolucionario del Capitolio era Manolo Suzarte -muy temprano desaparecido- que tan alocado como nosotros nos dió un local fijo para nuestras reuniones: el de la mayoría del senado. Salones y muebles como aquellos se veían en las películas dedicadas a los palacios de la aristocracia europea. Sentados en aquellos amplios butacones con ribetes dorados, nos sentíamos importantes.

Jesús y yo entablamos enredadas disputas con nuestros amigos del Partido Comunista. Yo, católico entonces, había estado muy relacionado con los jesuitas porque atendía una catequesis en Mantilla, en las afueras de La Habana. En los sábados por la mañana le daba clases a los pobres del barrio, pero ya me había leído el manifiesto de Marx y Engels y otras revistas soviéticas antes de la revolución, gracias a unos vecinos comunistas de mi cuadra. Me   gustaban todas aquellas ideas.

Discutíamos apasionadamente sobre cosas que ninguno de nosotros entendía a derechas. Aquello tenía algo de surrealista: una muchachada mal vestida, sentados junto a una larga mesa como si fuéramos senadores de la república. Siempre tuve tendencia a discutir, y llevarme bien con personas de concepciones diferentes.

Jesús y yo con frecuencia coincidíamos en nuestras posiciones. Más tarde, él transformó su actitud de tolerancia a las ideas diferentes a las suyas.

Poco tiempo después, y por diferentes caminos nos encontramos de nuevo en el departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. Coincidimos en el mismo batallón de milicias, fuimos movilizados varias veces y cavamos trincheras en diferentes lugares de las costas de Pinar del Rio y La Habana, en espera de un desembarco de marines que nunca llegó.

Caminamos los 62 kilómetros de 8 de la noche a 7 de la mañana, como parte del proceso de formación en la milicia, y cortamos caña juntos durante varias zafras. Recuerdo también en esas peripecias entre otros a Rolando Rodríguez, hoy destacado historiador y a Aurelio Alonso, después diplomático y prolífico escritor. Esas vivencias nos unieron.

Recuerdo también nuestros seminarios de historia de la filosofía que nos tomábamos muy en serio. A Jesús le tocó discutir la obra casi completa de Kant, a mí la de Hegel. (después, me quedaría con Sócrates y Platón). Cuando terminó  las sesiones dedicadas a Kant expresó: “Ésto hay que ponérmelo en mi epitafio”.

Durante los años 65 y 66, Fidel visitaba con frecuencia el departamento de Filosofía, siempre por la noche. Hacíamos guardia y cuando llegaba, telefoneamos al resto de los compañeros que llegaban en poco tiempo. ( todavía no aparecían las crisis cíclicas de transporte público de la capital). Fidel casi siempre hablaba de libros que estaba leyendo, pero tocaba cualquier tema.

Una noche casi junto con Fidel, recibimos la noticia que Jesús había ganado el premio de cuento de Casa de las Américas. Fidel se enteró y a los pocos días o quizás más tarde, le propuso a Jesús la dirección de la Imprenta Nacional y un poderoso grupo de editoriales. Así enfrentó un difícil dilema: proseguir su carrera como escritor o convertirse en directivo de cultura. No aceptó y  afortunadamente Rolando asumió la tarea.

Se acercaron al departamento otros dirigentes interesados en buscar cuadros, como Llanusa y también el ocurrente y simpático comandante Piñeiro, a la sazón jefe de la Contrainteligencia cubana. Algunos grupos fueron enviados a países de América Latina para realizar análisis sociopolíticos, que después eran discutidos con él. En estas lides, algunos participaron en eventos especializados, haciéndose pasar por ejemplo como expertos en nutrición infantil. 

Creo que fue Llanusa, a la sazón ministro de deportes, quien invitó a Jesús a los Juegos Panamericanos de Puerto Rico, y se integró a la delegación que fue enviada en el barco Cerro Pelado que fondeó en a costa de la isla. El gobierno estadounidense no autorizó la entrada de los cubanos por avión. Fidel fue a recibir el barco en alta mar y Jesús salió retratado en primera plana de los periódicos junto al comandante.

Cuando lo nombraron director de El Caimán Barbudo, órgano cultural de la Juventud Comunista, me invitó a formar parte de su Consejo de dirección para que me ocupara de los temas filosóficos y sociológicos. A Wichy Nogueras, a Guillermo Rodríguez Rivera y creo que también a Victor Casaus le solicitó que se dedicaran al tema de la poesía. Nos reuníamos en el mezzanine del entonces diario Juventud Rebelde (antiguo Diario de la Marina), que dirigía Miguelito Rodriguez, que nos abandonó muy pronto. Un día teníamos una reunión del Caimán con él, y habíamos invitado al poeta Fayad Jamis, que no apareció. Miguelito sentenció: ”Fayad falló”.

Entre otras inmadureces izquierdistas, el CAIMAN declaró la guerra a la editorial El Puente (Wichy publicó  una nota criticando las corbatas de los miembros de ese grupo, entre otras cosas). Jesús también atacó al Indio Naborí ( que publicaba un “poema” todos los días en el periódico HOY del PSP, lo mismo sobre albañilería que sobre el corte de caña) y Naborí le ripostó en Bohemia: “Oh Jesús desde tus azules años me desprecias”. Después criticaría a Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba, calificándolo como  “un arte de la aristocracia decadente”.

Cuando Jesús estrenó su  primera obra de teatro: “Unos Hombres y Otros”, (sobre la lucha contra-bandidos),  Alicia Alonso apareció en el teatro El Sótano muerta de risa; Jesús no supo dónde meterse. Lo recuerdo saludando a la bailarina en la escalerita del teatro, un poco apenado, casi “apencado”. Ella era aún muy joven  y atractiva, y una mujer de armas tomar.

Toda esa guerrita contra personas e instituciones la hacía Jesús por su cuenta, sin consultar al consejo de dirección. Nunca participé en ellas, porque en realidad  me parecían inconvenientes.

Algunos, nos reuníamos casi todas las noches en la recién inaugurada heladería Coppelia. Hasta altas horas discutíamos de poesía, política y filosofía, Nazim  Hihmet, Ortega y Gasset, Sartre, la poesía conversacional chilena, Maiakovski: todo mezclado con los 64 sabores que se ofrecían. En la medida que la economía se complicaba, el tamaño de las bolas disminuyó. Wichy y Guillermo fueron los primeros en darse cuenta, y le echaban la culpa a las limitaciones culturales de los proletarios en el poder. 

Esa cercanía entre poetas y filósofos fue muy provechosa para todos. Guillermo me confesó un día que la mayoría de los poetas cubanos solo sabían de poesía, los plásticos de plástica y los novelistas solo de novelas. Mencionó también algunos nombres,  incluyendo los de nuestra generación y de la anterior. No entendían de Ciencias Sociales, no se interesaban por la política, la filosofía y la historia. Es el subdesarrollo- concluía Guillermo.

Jesús no participaba en las reuniones de Coppelia y nos criticaba porque “perdíamos el tiempo en esa conversadera”. Ninguno del grupo le hizo caso. Nos divertíamos mucho y creamos vivencias inolvidables entre los Parfait de almendras y las canoas de mantecado- tenían dos platanitos- que al igual que Miguelito- no están ya con nosotros.

Wichy y Guillermo eran los más ocurrentes. Un día, Guillermo trajo unos versos que tituló El poeta y el Ministro. El ministro era José Llanusa, un dirigente que jugaba basket con Fidel y la gente lo quería. Guillermo descubrió que le decían “Pepe cabecita” y nos cantó una canción con ese estribillo. El poema lo publicaría en El Libro Rojo, donde nos hizo dedicatorias a todos. Ese poema hizo mucho ruido. Más allá de la obvia sátira al libro de Mao. 

Dejo un espacio aquí para Guillermo y Wichy; los recuerdo con mucho cariño. Cuando Guillermo se divorció de su primera mujer, me lo encontré en la calle con su nueva pareja y me dijo riéndose “Machado, me separé de fulana y tuve que acudir a mi reserva de cuadros“. Otro día, al doblar una esquina en la Habana Vieja, me encontré a Wichy saliendo de un almacén: empujaba una carretilla. Hacía un tiempo que no lo veía, me dijo que estaba sancionado por algo que había dicho o hecho. A muchos de nosotros nos sancionaron por algo que hicimos o criticamos, casi siempre con razón.

Tras el cierre de Pensamiento Crítico, en 1971, fuì a parar a Pinar del Rio donde dirigí un plan de café de 42 caballerías al mismo tiempo siendo secretario del comité de base la Juventud. Le hice unos cuentos de esa experiencia a Guillermo, que luego reflejó en un poema: Caimanes, en un verso donde decía “Machado anda desorganizando la agricultura”.

En aquellos años, cuando un revolucionario cometía “un error” no era como ahora que te meten “una cautelar” como si uno fuera un delincuente, aunque no haya robado nada. Entonces te llamaban y te decían “¿para dónde quieres ir”? No es que uno pudiera escoger mucho, pero se sabía lo que había que decir. Te daban la oportunidad de hablar, había respeto por el cuadro. Eso ha cambiado…y para mal.

Cuando a uno le daban un “tarrayazo” –así se denominaba en argot popular—alguna gente dejaba de saludarte. Si se encontraban contigo en una guagua, hacían como que no te veían. Jesús siempre me llamaba por teléfono y preguntaba por mi familia. Fue el único que yo recuerde. Guillermo me dijo una vez “Un tarrayazo no le viene mal a nadie“. Él también pasó sus malos ratos en la universidad, por poco lo dan los dichosos “tarrayazos”. 

A algunos, las sanciones no nos importaban demasiado. Circulaban por la ciudad anécdotas de las formas de sancionar a los oficiales del Ejército Rebelde. Una de ellas narraba la historia de un conocido comandante de la sierra llamado “Pilón”. Fidel había criticado públicamente a un grupo que integrado por Pilón hacían una vida intensa de cabaret detrás de las coristas. En su discurso televisado, los acusó públicamente de llevar “una dulce vida junto a prostitutas de medias de seda”.

El mencionado “Pilón” se apareció una noche en el cabaret del Habana Libre, donde un grupo de capitanes bebía y comía junto a las muchachas del coro y les gritó: “Todos ustedes están presos”. Ellos se echaron a reir “que con que moral los iba a meter presos“. Pilón les respondió “Yo también estoy preso” y le enseñó las llaves del calabozo. “Raúl me dió permiso pare venirlos a buscar” sentenció cabizbajo. Junto a Pilón, ellos mismos entraron al calabozo, “hasta que el comandante se acordara”. Hechos como este reflejaban el ambiente de la época.   

Por su manera de caminar, yo le decía a Guillermo “la gacela Rivera”, Jesús también. Años después cuando estuvo ingresado en el hospital Julito Díaz -por su problema de los huesos- fui a verlo varias veces. Un día llegué y no estaba: una enfermera me dijo que se había escapado sin permiso. Lo llamé para criticarlo y me dijo irritado, que se “trataba de una calumnia” y que no le hiciera caso.
Nunca supe la verdad. 

Cuando salió el primer número del Caimán, en la portada se publicó un manifiesto de los poetas del grupo cuyo título era Nos Pronunciamos. Creo que lo redactaron Wichy, Guillermo y Víctor, contenía ideas provocadoras. Jesús me pidió que escribiera algo sobre Pablo de la Torriente Brau, me oía con frecuencia hablar de él. La idea de Pablo de irse a España, y morir combatiendo allí  me había impresionado mucho. Hizo lo mismo con Fernando Martinez Heredia, quien escribió sobre Mella, y Guillermo sobre Rubén Martínez Villena. Conocíamos muy bien a los tres  revolucionarios de la década del treinta. Fue un ejemplo de lo que ahora llaman continuidad. El manifiesto de los poetas y nuestros artículos creo que fue idea de Jesús.

En El Caimán publiqué mi primer ensayo: Generaciones y Juventud.  Para mi sorpresa, Jesús le dijo a la cajera que me dieran cincuenta pesos, en aquella época era un suma a respetar. En ensayo provocó variadas resonancias. El comandante Piñeiro –hombre culto-lo leyó y me hizo varios comentarios. Hace poco, en un lanzamiento de la Revista TEMAS, un conocido cineasta cubano me habló de ese texto, que fue publicado en el extranjero. Retamar y José Antonio Portuondo lo mencionaron en algunos de sus libros. Es la fuerza de la letra impresa. Después Guillermo me repetiría: “Machado, ese es tu clásico”. Lo leo ahora y parece escrito para hoy. Pero si explico por qué me voy a meter en camisa de once varas. Mejor me callo.

Los amargos recuerdos

 Conversando en su departamento de Miramar, a mediados del noventa Jesús me dijo que se iba para Alemania a una beca. Allí lo visité varias veces, con mi mujer que lo quería y criticaba por sus cosas, y le recordaba el traje azul desteñido de los 60. Me informó de la enfermedad de Wichy. Él lo trasladaba al Hospital a hacerse los tratamientos, y meconfesó que al “Rojo” le dolía todo cuando lo llevaba al Oncológico. Lo visitamos juntos en su casa de la Víbora,  su mujer nos hizo una tortilla con arroz.

La  última conversación en Cuba con Jesús fue premonitoria. Nos dijo adolorido que el gobierno cubano no promovía a sus escritores, y mencionò un importante premio que había recibido el escritor mejicano Carlos Fuentes, en parte se debía al apoyo de su gobierno. 
Se necesitaba publicidad, viajes al extranjero, reediciones y el gobierno cubano no lo hacía. Él pensaba que ya su obra merecía un premio grande. Tenía muchas pretensiones por encima del nivel, solo que no veía su situación real. Me dió la impresión que se veía como el Victor Hugo de la Revolución francesa, o el Maiakovski de la rusa. Mi mujer, excelente observadora, me dijo que tenía el ego desbordado. Vivía ensoñaciones en varios planos.

Entre mis malos recuerdos debo mencionar la muerte de Wichy. Debía viajar a México, y pasé por el hospital para una posible despedida final. Era entonces un hospital penumbroso y desvencijado, no el cinco estrellas de ahora. Cuando regresé, el “Rojo” había muerto. Tenía 42 años, y no pude estar en su entierro.

Cuando iban a editar su primer libro Cabeza de Zanahoria (Premio David 1967), una noche – en la cafetería del Capri- nos enseñó la versión mecanografiada. Llevaba una dedicatoria extravagante en la que incluía el nombre de sus amigos del Caimán. Afortunadamente, el editor la eliminó.

No puedo obviar esa amargura de los últimos encuentros con el “Rojo”. Conservo todos sus libros, como los de Guillermo. Ahora Granma publica artículos de Wichy y me alegra mucho cuando los leo. En ese periódico hay alguna gente con sensibilidad. 

La noticia de la deserción de Jesús y la publicación de su conferencia Los Anillos de La Serpiente nos amargó la vida. Estaba dirigido contra nosotros y comenzó su militancia activa contra su patria. Fue cuando Hart  hizo la carta, y creo recordar que Fernando Martínez le contestò.

Jesús había comenzado a vivir dentro de sueños múltiples. Como narrador escribió su libro de cuentos Los Años Duros, premiado por Casa de las Américas. Como teatrista, estrenó la obra de teatro que mencioné. Como pensador escribió un largo ensayo sobre Lenin,  como cineasta realizó filmes como Polvo Rojo, y Lejanía, ambos más que aceptables, y el mencionado documental. Pero lo que mejor se le daba era la novela, como demostró en la poderosa e inolvidable Las Iniciales de la Tierra. 

Es conocido que hay buenos escritores que son malos novelistas. Él fue bueno en ambos frentes, al menos durante algún tiempo. Tenía instinto para la novela, era su sueño principal. Ese sueño sobrevivió en La Piel y las Máscaras y estalló en ese libro frío, sin sangre que tituló Dime algo sobre Cuba (le puso el nombre en inglés). Ese texto era ya como un vidrio que mostraba sus primeras fisuras: el sueño se desvanecía. 

Cuando un buen ingeniero o científico abandona su país, puede en tierra extraña mantener altos niveles de eficiencia. Pero un novelista no. La buena novela se nutre de la savia de la propia cultura, de su gente y las cosas que le suceden en su vida diaria.
  
Fui el primero del grupo en encontrarme con él. En el avión de Cubana que me llevaba a un evento en los países nórdicos, descubrí en el asiento contiguo un amigo común que me ofreció su teléfono en Madrid. Sentí la necesidad de hacerle saber lo que pensábamos. Lo llamé desde el aeropuerto y le dije que regresaba dentro de quince días.

A mi regreso por Barajas, me lo encontré al apearme del avión. Conversamos durante tres días. Era un hombre triste y sombrío. Trabajaba como profesor en una universidad de pacotilla explicando literatura hispanoamericana.

Comprobé que se había aficionado a la bebida. Entre él y un amigo escritor que me presentó, habían hecho una lista de los grandes escritores aficionados a la bebida, comenzando por Juan Rulfo. El español decía un nombre y Jesús decía “alcohólico también” y a la inversa. Me confirmó que su mujer estaba en eso. Vivía en un pequeño apartamento en el tercer piso de un edificio antiguo, al que había que subir en un elevador que parecía de películas de principio de siglo. 

Me dijo que cuando llegó a España se leyó todas las novelas de los autores de su propia generación: “cada uno tiene 7 u 8 novelas mejores que las mías y yo solo tengo una” (aún no había publicado La Piel y las Máscaras). Había tomado conciencia de su tamaño como escritor. Como decimos en Cuba: “tuvo tamaño de bola”. Pensé que era la causa de su estado de ánimo y la afición a la bebida (claro que esto no es tan simple). Nuestra última conversación transcurrió una noche, en un banco junto a una estación del metro cerca de la Puerta del Sol.

Le expuse una selección de los calificativos que sus antiguos compañeros habíamos utilizado con relación a su actitud, incluso los mío. Todos eran duros, y no omití ninguno. Fue una conversación desagradable. Lo vino a buscar un amigo argentino que había ganado un premio en Casa de las Américas. La despedida fue gélida. Echó  a caminar junto al argentino por Calle Mayor hacia arriba. Fue la última vez que lo ví.

Poco tiempo después, Granma dió la noticia en un artículo de Pedro de la Hoz titulado Un copiloto Inesperado. Jesús se había subido en una avioneta de la organización contrarrevolucionaria Hermanos al rescate junto a un Basulto, conocido agente de la CIA. Tiempo después, Valdés Paz y Aurelio Alonso lo encontraron en un evento en Miami. Le hablaron fuerte y claro. Mostró aires de triunfador-me dice Valdés Paz. Ya dirigía un libelo contra Cuba que se llamaba Encuentros  de la Cultura Cubana.

La verdad estaba –sin embargo- en la conversación de aquella noche en Madrid, junto a la estación del metro de Atocha. Me reconoció implícitamente que se había convertido en un novelista del montón y un borrachín. El periodista que le hace la entrevista en Cambio 16 menciona que vivía en un buen apartamento con mucha luz, en el centro de Madrid. 

En ese apartamento murió solo, una mañana en que debía viajar a Barcelona. Lo encontraron al día siguiente cuando la persona que lo esperaba en el aeropuerto llamó a sus conocidos porque no había llegado. Le falló el corazón. Hoy los médicos saben que la tristeza disimulada y la frustación sostenida también matan. 

Parece que estaba avisado, le advirtió a su hijo que si le pasaba algo lo cremaran y echaran sus cenizas detrás del hotel Neptuno –Tritón, donde se bañaba con su familia en los veranos de La Habana.

No fue el Victor Hugo de la Revolución cubana. Quizás pudo serlo. Tampoco recibió el epitafio que había leído a Kant. Como persona, Jesús fue un sueño roto, un cristal que se va rajando poco a poco hasta que se rompe. Pero los  libros que escribió cuando estaba comprometido con la revolución son otra cosa, enviaron un mensaje que aún vive y nos pertenece. Ojalá los reediten. Gracias a La Pupilas Asombrada por esa muestra de madurez y sabiduría.

Aclaro que puedo haber escrito aquí cosas algo inexactas. Ha pasado mucho tiempo, a veces me falla la memoria. Pero en esencia he sido fiel a la verdad.

jueves, 25 de abril de 2019

Dos sabios del Ariguanabo

Texto: Giraldo Alayón García

Dibujos : Ángel Boligán

La villa de San Antonio de los Baños ha sido afortunada por la presencia, en sus predios, de personas ilustres en el campo de la cultura. En particular las ciencias se han visto favorecidas por toda una suerte de profesionales y aficionados de las más disímiles ramas. Además, se ha contado, casi desde la fundación de la villa, con la visita de los más ilustres viajeros: Humboldt, Bonpland, Arango y Parreño, Poey, Gundlach, Carlos de la Torre, Thomas Barbour, el Hermano León, etc. Muchos de sus hijos naturales y adoptivos brillaron por su sapiencia y dedicación a las ciencias: Noda, Pazos, Hernández, Cueto. Hoy quisiera escribir algunas apreciaciones sobre dos de sus hijos adoptivos, el primero y el último de la relación anterior.


Tranquilino Sandalio de Noda nació el 3 de septiembre de 1808 en una finca cercana a Puerto de la Güira en la antigua provincia de Pinar del Río (hoy ese lugar pertenece a la provincia de Artemisa). No muy lejos de la recién inaugurada (1794) villa de San Antonio de los Baños. Desde niño demostró un inusitado interés por aprender, fue su mamá quien le enseñó a leer y pronto buscaron un maestro-preceptor para que iniciara su aprendizaje, José María Dau, médico de profesión pero con una amplia cultura.

El Dr. Dau pronto comprendió la facilidad con que aprendía el niño y en pocos años, asimiló todo lo que aquel maestro podía enseñarle. A partir de ahí comienza su preparación autodidacta, pues Tranquilino nunca asistió a escuela alguna.


Noda es uno de los casos de versatilidad y maestría en disciplinas tan disímiles, que sin dudas pudiera ser reconocido como un verdadero enciclopedista; incursionó en la pintura, escultura, ebanistería, lingüística, arqueología, paleontología, espeleología, geografía, estadísticas, economía, agrimensura, periodismo, poesía, literatura, historia. Fue tal su sapiencia y excelencia en todos estos temas que nuestro apóstol José Martí lo llamó “el pasmoso Noda” en uno de los escritos que a él dedicó.

Lamentablemente, gran parte de la extensa obra de Tranquilino Sandalio se ha perdido o extraviado. Sus más recientes biógrafos –Hernández, Ortega y Ramírez (2009)– afirman que pudieron rastrear 200 títulos y que la Biblioteca Nacional de Cuba posee seis manuscritos, el Archivo Nacional 16 expedientes originales y la Colección José Augusto Escoto de la Biblioteca Houghton de la Universidad de Harvard en Estados Unidos 16 legajos. Peor aún fue que algunos de sus trabajos lingüísticos parece ser que han sido plagiados.


En 1839 Noda se mudó a nuestra villa de San Antonio de los Baños, quizás buscando cercanía de la Capital o por el creciente desarrollo agrícola de esa región; el hecho es que a partir de esa fecha fijó su residencia principal acá, y aunque viajó por todo el país y siempre volvía a su terruño pinareño, sus principales acciones y escritos fueron ejecutados desde este lugar. Tal es así que, ya enfermo y casi inválido por el asma y la gota, fallece en esta villa un 27 de mayo de 1866.


Es sumamente difícil analizar la obra de este polígrafo, pero quisiera comentar dos aspectos de su amplia ejecutoria: sus aportes en la agricultura y –digámoslo de esta forma– en la “hidráulica”. 


Tranquilino se interesó mucho y escribió extensamente sobre el cultivo del café y del trigo; además, por el control integral de las plagas más notorias (como la Bibijagua, Atta insularis). Sus conceptos agrícolas apuntan a que fue uno de los precursores de la denominada Agricultura Ecológica o Sostenible (la palabra Ecología fue introducida en el vocabulario científico por el biólogo alemán Ernst Haeckel en su obra “Morfología general de los organismos” en 1869), ya que sus planteamientos y análisis buscaban aumentar la productividad y la eficiencia sobre la base de acciones naturales de compensación y equilibrio. El concepto de “sostenibilidad” (satisfacer las necesidades de la actual generación sin comprometer las de las generaciones futuras) fue esbozado, por primera vez, en el Informe Brundtland en 1987. Por lo que Noda fue un precursor de conceptos hoy vigentes y que se desarrollaron mucho después de su fallecimiento.


En los años 1844 y 1846 dos grandes huracanes azotaron las inmediaciones de San Antonio de los Baños provocando copiosas lluvias que propiciaron severas inundaciones en el poblado de Ceiba del Agua por la crecida del caudal de las aguas de la laguna del Ariguanabo. Tranquilino, ya residente por algunos años en la región, se interesó en conocer las causas de aquel fenómeno e inició un estudio del subsuelo, manantiales, río y laguna Ariguanabo, escribiendo el primer estudio que se conozca de la hoy denominada cuenca del Ariguanabo (“Un estudio sobre el subsuelo del Hato del Ariguanabo”) –trabajo extraviado o perdido, cuya fecha de terminación es entre 1848-50–.



César Ismael David Hugo Cueto Robaina nació en Arroyo Naranjo, Ciudad de La Habana, el 9 de abril de 1919*. Su padre (Ismael Cueto Rozas) era hijo del excéntrico millonario Indalecio Cueto Alonso, radicado en San Antonio de los Baños. Según Pérez (2006) y Delgado (2010), desde muy pequeño sus padres vinieron a San Antonio de los Baños e “Ismaelín”, (así le llamaban sus allegados), cursó los estudios primarios en una escuelita rural ubicada al NW de la villa y cercana a la Laguna Ariguanabo; su tía, Aurora Robaina, era la maestra de esa escuela. Aquel ambiente bucólico y próximo a cultivos y fincas influyó en su futura formación. Más tarde se trasladó al poblado y terminó sus estudios primarios en la Escuela Pública Nº 2. Al enfermarse su mamá, se muda a La Habana y cursa la enseñanza secundaria en el Colegio Hermanos Maristas. A los 18 años se presenta a exámenes para el ingreso en la carrera de ingeniería agronómica y obtiene, gracias a sus resultados, la matrícula gratis, estudios que culminan en 1941.

Siendo aún estudiante universitario comenzó a visitar la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, fundada en 1903 (en la actualidad es el Instituto de Investigaciones Fundamentales en la Agricultura Tropical “Alejandro de Humboldt”, INIFAT), interesándose por el mejoramiento de las plantas cultivables mediante combinaciones genéticas. Después de su graduación como ingeniero agrónomo, comienza a trabajar en esa institución y sus primeras investigaciones se relacionaron con la variedad de maíz Francisco, reconocido como “Francisco Mejorado”, y con el mejoramiento del tomate placero, que incluía el llamado tomate cimarrón.


Durante sus más de 50 años de investigaciones genéticas, Ismaelín realizó notables aportes y resultados significativos en muchos cultivos, variedades híbridas de tomate, maíz, frijol, calabaza, plátano, tabaco, arroz, sorgo de grano, sorgo de escoba, millo perla, soya, girasol y trigo. Entre 1947 y 1981 registró 18 patentes e invenciones, entre éstas el control fitosanitario de la plaga Moho Azul. Participó en congresos y eventos científicos como ponente, realizó actividades docentes, conferencias, y publicó en varias revistas de temas agrícolas.


El Ing. Rafael Martínez afirma en el libro: “Cien años de historia al servicio de la agricultura cubana (1904-2004)” que se refiere a las actividades del INIFAT: “El Ing. Cueto se encuentra entre las figuras más importantes de la institución desde su fundación. La etapa más productiva de su larga carrera de 55 años corresponde al período revolucionario”.

Ismaelín falleció , en su casa, el 7 de Diciembre del 2000, producto de complicaciones post-operatorias. 


Estas dos figuras de la ciencia y la investigación las he tratado juntas, en este artículo, por estar ligadas a dos serios problemas ambientales: el estado precario de nuestro Río Ariguanabo y las investigaciones agrícolas.


El Río Ariguanabo, es la expresión superficial de la llamada cuenca Ariguanabo, que hasta hace 25 años, aproximadamente, contaba, además, con la Laguna Ariguanabo –hoy desaparecida por diversas causas–. Esto ha traído como resultado la desaparición de un cuerpo de agua natural, refugio y fuente de alimentación para muchas especies de aves migratorias, más las consecuencias sociales de su propia desaparición, ya que fue un lugar de pesca, caza y recreación muy popular.

La otra cuestión ambiental es el debatido tema del uso de organismos transgénicos, con vistas a mejorar rendimientos agrícolas y pecuarios, con el riesgo de introducir sistemas genéticos alienígenas en los ambientes naturales, cuyas consecuencias no se conocen del todo. Cuando disponemos del acervo de este brillante genetista que, con métodos menos agresivos y más convencionales, logró resultados extraordinarios.

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*Este año es el centenario de Ismaelín Cueto
Textos citados:
Delgado, José Miguel. (2010). Taller de la UNHIC. Decimo aniversario del fallecimiento de Cesar Ismael Cueto Robaina.

Hernández, Pedro L.; Gerardo Ortega y Jorge E. Ramírez. (2009). Tranquilino Sandalio de Noda. El sabio vueltabajero. Editorial cient’ifico t’ecnica. 230 pp.

 Perez, Parmenia (2006). Un hombre excepcional.