Entrevista a Amaury Pérez Vidal
Por Alejandro Pérez
1. Amaury, ¿cómo te sentiste al recibir el Premio Nacional de la Música y el Premio Maestro de Juventudes?
La verdad es que nunca he vivido esperando premios ni reconocimientos. Siempre hice mi trabajo de manera muy espontánea, casi como un juego que comenzó hace muchos años gracias al impulso de personas fundamentales en mi vida artística, como Sara González, que grabó mis dos primeras canciones. Por eso, cuando Indira Fajardo, Presidenta del Instituto Cubano de la Música, me llamó para decirme que había recibido el Premio Nacional de la Música, pensé incluso que era una broma por el Día de los Inocentes.
Tanto el Premio Nacional de la Música como el Premio Maestro de Juventudes que otorga la AHS los recibo con muchísimo agradecimiento, sobre todo porque vienen del reconocimiento de colegas, músicos y jovenes a los que admiro profundamente. Saber que personas como los maestros, Digna Guerra, José María Vitier, Beatriz Corona, Cesar López y la musicóloga, Martha Bonet consideran que merezco esos honores fue lo que realmente me emocionó. He recibido reconocimientos fuera de Cuba, incluso distinciones académicas importantes como Doctorados Honoris Causa de Universidades foráneas, pero estos premios nacionales tuvieron un significado especial porque nacen del respeto y el cariño de mi propia comunidad artística.
2. ¿Cómo llegaste a la trova y qué fue lo que inicialmente te atrajo de ese mundo?
Mi entrada en la nueva trova tiene algo de ventura y desventura. Yo venía de otro mundo completamente distinto: el de la música que escuchaban mis padres, donde había mucha presencia de artistas como Orlando de la Rosa, Julio Gutiérrez, Meme Solís, Elena Burke, además de influencias como Michel Legrand, y el jazz y la rumba que mi padre escuchaba con entusiasmo y frecuencia.
En mi casa también convivía con un universo más visual ligado al espectáculo, al maquillaje, la lentejuela, un ambiente marcado por el oficio artístico de mis padres.
La Nueva Trova en ese momento no tenía todavía una presencia discográfica, radial y televisiva fuerte, yo la descubrí por casualidad a través de algunos discos de Casa de las Américas que encontré en el hogar de la profesora Alicia Perea. Ahí empecé a interesarme por lo que hacían Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola.
En ese proceso también fue fundamental la Secundaria Básica Carlos J. Finlay y las personas que conocí allí. Recuerdo especialmente a Isabel Fernández, una muchacha muy joven, brillante, con una sensibilidad enorme, ella me acercó de una forma muy directa a la poesía y a los escritores que empezaban a circular en nuestro entorno, incluso sin conocerlos personalmente. Por su casa pasaban muchos de ellos, y eso nos fue formando casi en silencio. Isabel fue una guía espiritual en ese momento de mi vida. Cantaba, tocaba la guitarra, escribía; todavía conservo cartas suyas. Su temprana muerte, el 27 de abril de 1972, fue un momento que marcó profundamente a todo nuestro grupo de amigos.
En los años 70 me acerco aún más al ambiente musical, y con la canción “Vuela pena” que escribí en 1973, algo empieza a cambiar. Esa canción llega a Martín Rojas, quien se la muestra a Omara Portuondo, a ella le gusta y la incorpora a su repertorio habitual. Cuando mi padre se entera de que la canción era mía, también cambia su percepción sobre mí.
Ya en 1971 entro en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, primero como utilero, después como microfonista, y finalmente, en 1976, como cantante. Fue un proceso gradual, casi como una escalera dentro del propio grupo. Aunque el proyecto termina en 1977, ese período fue fundamental para mi formación.
Participo en la gira del 76 con Pablo Milanés, Sara González y el Grupo por Polonia, Bulgaria y España. En diciembre de ese año me envían a competir a un Festival a la ciudad alemana de Dresden donde obtengo varios premios, incluido el de la popularidad. A partir de ahí comienzan las giras por Europa y luego por países como Santo Domingo, México y otros, y todo empieza a crecer como una bola de estambre.
3. Después del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, ¿cómo fue tu transición hacia una nueva etapa artística?
Cuando terminó esa etapa me incorporé a la Dirección Nacional de Música, ahí coincidí con varios músicos como Pedro Luis Ferrer, Mike Porcel, Jesús del Valle “Tatica” y el cuarteto Tema 4.
En 1976 grabé mi primer disco, Acuérdate de Abril, en 1978, mi segundo disco, Martí en Amaury, y en 1979 mi tercer disco, Aguas, se convierte en un punto muy importante de mi carrera. Es un álbum de pop, rock y jazz que considero mi trabajo discográfico más relevante, mi “Thriller”, por decirlo de alguna manera. Aunque en aquellos momentos no fue valorado en su justa medida por la crítica, tuvo un fuerte impacto en los oyentes. Es un disco que todavía canto completo en los conciertos: Hacerte venir, Dame el otoño, Cuando no estés con él, No lo van a impedir, entre otras. Y sigue muy presente en mí. “Aguas” fue un parte aguas en mi incipiente carrera, celebrado por músicos de la talla de Chucho Valdés, por mencionar uno.
4. ¿Cómo fue tu salida de la Nueva Trova?
Sobre mi salida de la Nueva Trova, ha habido mucha mitología, pero en realidad no tuvo que ver con conflictos personales. No hubo problemas con Silvio Rodríguez ni con Pablo Milanés, ni con otros compañeros del movimiento. El asunto era más bien estético: veníamos de mundos distintos y simplemente no coincidíamos en la misma visión artística.
En esos años también cambió mi imagen y mi manera de proyectarla, otra estética, otra forma de vestir y de presentarme, lo que me abrió a un público masivo y me alejó de otro, no fue una ruptura, sino una evolución coherente. Estuve aproximadamente ocho años dentro del Movimiento de la Nueva Trova, desde 1972 hasta 1980, y mi entrada y salida ocurrió de manera orgánica.
5. Durante años toda Cuba disfrutó de tu presencia en televisión con el programa "Con 2 que se quieran". ¿Cómo surge este programa y qué significó para ti el mismo?
En realidad, yo no quería hacer ese programa. En 1996, bajo la dirección de Joel Valdés, un gran amigo mío, se realizó el proyecto “Muy Personal”. Fueron solo ocho programas pensados para el verano, con un formato bastante complejo donde participaba mucha gente: televisión, asesores, periodistas jóvenes… era una estructura muy grande. Fue una etapa interesante, pero no estaba en mis planes seguir en esa dirección. Sin embargo, me permitió tener un primer acercamiento real al mundo de la entrevista televisiva. Ahí entrevisté por primera vez a figuras como Alicia Alonso, Eusebio Leal, Alfredo Guevara y Consuelito Vidal, entre otros.
Años después surge otro hecho definitorio cuando el cineasta Giuseppe Tornatore visita Cuba. En ese contexto, el ICAIC estaba desarrollando el proyecto “La Biblioteca Contracorriente”, y yo le propongo a Abel Prieto hacerle yo la entrevista a Tornatore. La hicimos en el ICAIC, fue una experiencia muy valiosa, aunque no pudo transmitirse por problemas técnicos, se transcribió y finalmente se publicó en la revista Cine Cubano y Cubadebate.
A partir de ahí nace Con 2 que se quieran. Hicimos dos pilotos con el actor Pichi Perugorría y el bailarín Carlos Acosta, en condiciones muy artesanales.
El programa tuvo varias temporadas: 60 emisiones en la primera, 90 en la segunda y 70 en la tercera, para un total de 220 entrevistas. Fue un proceso de aprendizaje constante para mí, no fui a enseñar nada, sino a descubrir el camino en la propia práctica.
El último programa salió al aire el 10 de marzo de 2020, con Ana Fidelia Quirot. Después se habló de falta de presupuesto y luego llegó la pandemia, lo que impidió continuar. No hubo una decisión dramática, simplemente dejaron de existir las condiciones.
Hoy considero ese material como un archivo esencial, casi una memoria cultural de una etapa del país. Conservo todos los programas en discos duros.
Poniendo todo en perspectiva, siento que nada fue planificado, no diseñé una carrera como entrevistador. Los proyectos, y las oportunidades han llegado de manera inesperada.
6. ¿Durante 2024 y 2025 sacaste cuatro trabajos musicales. ¿En qué estás trabajando actualmente y cómo estás desarrollando estos nuevos proyectos?
Estoy haciendo dos discos en paralelo. Uno de ellos es prácticamente un concierto en vivo que grabamos en Santo Domingo. Ahí estuve acompañado por Abelito Acosta en la guitarra. Ese material ya está casi listo.
El otro proyecto, Después de 50 años, es un disco en el que vuelvo a grabar canciones de mi primer disco, pero con la voz de hoy y con la tecnología de estos tiempos. No se trata exactamente de modernizar las canciones, sino de actualizarlas, de darles otra mirada sonora.
La idea es revisitar ese repertorio sin destruirlo, sino reimaginarlo. Es un trabajo donde pueden aparecer dúos, nuevas combinaciones y formas distintas de escuchar canciones que ya existen en mi historia.
En esta etapa estoy trabajando con el productor Juan Manuel Ceruto, con quien colaboro desde el año 2001. Nos entendemos muy bien. Yo le mando las canciones y él sabe exactamente cómo tratarlas. Ya no hace falta explicar demasiado, porque existe un lenguaje común entre nosotros.
Trabajar tanto tiempo con un mismo productor ha sido un proceso de mucho aprendizaje. Ceruto me ha enseñado mucho, pero también he tenido otros maestros fundamentales en mi vida artística, Frank Fernández, José María Vitier, Silvio Rodríguez y Alberto Cortez, quienes me mostraron caminos distintos dentro de la música y el escenario.
En el caso de Alberto Cortez, su influencia fue determinante, él me enseñó prácticamente todo en el escenario, grabó mis canciones Olvídame muchacha y Encuentros y me dedicó una que se llama Amaury, siempre estuvo muy cerca en lo artístico y lo humano. Su muerte la sentí de manera muy profunda.
Y si miro todo este recorrido, lo que me queda claro es que uno no camina solo. Siempre hay personas que te acompañan y te marcan para siempre: maestros, amigos, pérdidas, encuentros… y todo eso termina formando lo que uno es.
7. Esta pregunta es algo que siempre se han preguntado todos los cubanos y cubanas. ¿Por qué te alejaste de los grandes conciertos y de la actuación en vivo?
Fue en parte un error mío. Yo mismo acostumbré al público a grandes escenarios, con escenografías muy complejas, espectáculos muy elaborados, casi teatrales. El último gran concierto fue en diciembre de 1997: una puesta en escena enorme, con caballos, carreta, luces, músicos… todo muy visual, casi una locura escénica.
Después de algo así, cualquier intento de repetir ese nivel se volvía difícil. Cuando al año siguiente intenté retomar, ya el contexto había cambiado. Además, se fueron personas clave del equipo: técnicos, colaboradores, gente de producción. Ese engranaje que hacía posible ese tipo de conciertos dejó de existir. Entonces decidí esperar… pero ese “esperar” terminó siendo mucho más largo de lo que imaginé.
En paralelo, la crítica hacia mí fue bastante dura durante muchos años. En distintos momentos se intentó construir una imagen mía que no correspondía con lo que yo era realmente. Eso fue generando desánimo y también miedo a cantar en mi propio país. Se fueron creando ideas alrededor de mi figura que confundieron al público, y yo mismo llegué a pensar que lo había perdido. Eso me fue alejando poco a poco de los escenarios nacionales.
Sin embargo, en una entrevista con el promotor cultural villaclareño, Ramón Silverio, le aseguré que si volvía a ofrecer conciertos en Cuba, el primero sería en El Mejunje, y así fue. Ese concierto fue muy especial, fue un reencuentro emocional muy fuerte con algo que había estado dormido durante años.
Después de eso se intenté organizar una gira por el país, pero existen dificultades logísticas: apagones, problemas de combustible, situaciones generales del momento, y el proyecto no pudo continuar como se había diseñado.
A pesar de todo el deseo de seguir haciendo música no ha desaparecido. Me he ido acercando a músicos jóvenes, gente nueva que me ha devuelto energías sin proponérselo. Ellos, de alguna manera, me han ayudado a reencontrarme conmigo mismo y con la música.
Hoy mi relación con el público es distinta. La vivo con más cercanía, con más calma. He vuelto a sentir cariño real, una conexión directa. Muchas veces el público me recuerda canciones que incluso yo no tenía tan presentes, y eso es muy alentador emocionalmente.
8. Hablando de tiempos. ¿Has estado al tanto de los nuevos trovadores de estos tiempos y qué opinión te merecen?
Sí, estoy bastante al tanto. Hay mucha gente haciendo cosas buenas ahora, y en general me parece maravilloso lo que está pasando con la trova en estos momentos. Es un movimiento que sigue vivo, aunque en contextos muy distintos a los de antes.
Lo único que creo que a veces falta es algo de modestia, y te aclaro que no hablo de ausencia de ambición, un artista debe querer llegar lejos, crecer, aspirar a que lo escuchen más personas, pero otra cosa es estar constantemente diciendo “yo soy el mejor”. Eso no lo decide uno, lo decide el público, el tiempo y la historia personal de cada quien.
Yo escucho a los trovadores jóvenes, a todos. La gente puede pensar que uno se queda escuchando a los de su generación, pero no es así. Escucho a muchos jóvenes, incluso a los que tienen una sola canción en redes.
La realidad es que la trova sigue siendo una carrera difícil, el camino del trovador sigue siendo complejo.
Al final, la modestia y el trabajo diario son claves. La música no es un instante, es una forma de vida que se construye todos los días.
9. ¿Qué consejo le darías a los jóvenes trovadores para lograr perdurar en el tiempo?
A mí no me gusta dar consejos, pero si tuviera que decir algo, sería esto: trabajar siempre.
Trabajar siempre significa tratar de ser mejor cada día, no pensar en la popularidad como el objetivo principal, sino en hacer canciones honestas, bien hechas. Si una canción se vuelve popular que sea una consecuencia natural no una meta forzada.
También creo que es importante leer mucho, estar atento a lo que ocurre alrededor y no desestimar a los demás. Uno siempre puede aprender de otro, incluso de alguien que empieza. La música no es un trabajo solitario.
Escuchar a otros músicos es fundamental. Cuando escuchas a otros cantautores, tu música se transforma, se mezcla, se enriquece. De esa mezcla puede salir algo nuevo, distinto. Si no escuchas, corres el riesgo de repetir siempre lo mismo.
Esa diversidad de escucha te llena de ideas. Te da distintas formas de pensar la música, y cuando te sientas a componer, todo aparece de manera normal. No se trata de copiar, sino de absorber influencias, de dejarlas entrar.
Al final, uno no crea desde la nada, crea a partir de lo que ha escuchado, vivido y aprendido. Las influencia son parte esencial del proceso creativo.
Y si tuviera que resumirlo en una sola idea, sería: escuchar, porque si escuchas, aprendes, y si aprendes, puedes crear algo novedoso.
10. Amaury, después de tantos años de música, escenarios y canciones, ¿sientes que has logrado lo que soñaste? ¿Eres feliz? ¿Qué te queda por alcanzar?
Soy muy feliz. Tengo mucho más de lo que merecía. Tengo grandes amigos y amigas, un matrimonio extraordinario, hijos con los que logré algo muy importante: que fueran también mis amigos.Tengo nietos a los que veo poco porque viven lejos.
Amo profundamente a mi nación. Amo a Martí. Soy un martiano irrevocable. Y aunque no soy un hombre de símbolos, creo que no existe una bandera más hermosa que la nuestra. Fíjate qué bonito poder llegar al final del camino y sentir paz con lo vivido.
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