miércoles, 18 de febrero de 2026

El fracaso ético y moral de la humanidad

El pequeño gazatí Mohamed Motawaq Efe

Por Leonardo Boff 

Nuestros orígenes están en África. Por eso todos somos africanos. El Valle del Rift, visible desde la luna, que se extiende 3.000 kilómetros desde el norte de Siria hasta el centro de Mozambique, es una zona privilegiada. En este valle se produjo una gran división: a un lado, al norte, permanecieron los bosques donde vivieron nuestros ancestros antropoides y, posteriormente, simios superiores como gorilas y orangutanes, que disponían de abundante alimento. No necesitaron evolucionar para sobrevivir.

Algunos permanecieron en la parte baja del Valle del Rift, que se convirtió en una especie de sabana. Nuestros ancestros en esta "zona árida" desarrollaron sus cuerpos, comenzaron a caminar erguidos, y sus cerebros, con más sinapsis que neuronas, fomentaron un proceso de pensamiento inicial, ansiosos por buscar lo necesario para la supervivencia. Ecológicamente, la vida en la sabana no es tan abundante en recursos como en otras biorregiones. En 1974, se descubrió un fósil bastante completo de 3,18 millones de años en el desierto de Afar, en Etiopía. Parecía pertenecer a una mujer. Por esta razón, se le llamó "Lucy", nombre tomado de la canción de los Beatles "Lucy in the Sky with Diamonds".

En conclusión, la bioantropología ha aclarado que los humanos descendemos de un ancestro común. Este no fue un simio, como se suele pensar, sino un primate primitivo que se ramificó: por un lado, dio origen a los grandes simios mencionados anteriormente, y por otro, a las diversas etapas de la evolución humana, como el Homo habilis, luego el Homo erectus y, finalmente, el Homo sapiens, del que procedemos.

El gran cambio comenzó con el Homo habilis, hace más de 2 millones de años. Ya utilizaba herramientas como piedras puntiagudas, palos afilados y huesos gruesos para manipular la naturaleza y facilitar la caza de animales. Pero esta manipulación aún no era destructiva.

Cientos de años después, surgió el Homo erectus, ya bípedo y equipado con herramientas más poderosas, capaz de cazar ganado e incluso elefantes en grupos coordinados. Utilizó el fuego por primera vez, marcando el comienzo de una verdadera revolución cultural, pasando de la comida cruda a la cocinada, como estudió el antropólogo Claude Lévi-Strauss. Su manipulación de la naturaleza aumentó, llegando a animales de mayor tamaño, como los grandes perezosos.

Tras milenios en África, migrando de un lugar a otro, pero siempre dentro del continente africano, comenzó la gran migración del Homo erectus. Emigró a Eurasia, Asia Central, llegando a India, China e incluso Australia. Posteriormente, sus descendientes, el Homo sapiens, llegaron a América hace unos 20.000 años, ocupando así todo el planeta.

Del emigrante Homo erectus, llegamos al Homo sapiens de hace 100.000 años. Hace diez mil años, el Homo sapiens marcó el comienzo de la que quizás sea la mayor revolución de la historia, la única que se universalizó, cuyas consecuencias han perdurado y se han profundizado hasta nuestros días. Se trata de la revolución neolítica. Los humanos se volvieron sedentarios: crearon aldeas y ciudades. La gran invención fue la agricultura y el riego, especialmente a lo largo de los grandes ríos: el Tigris, el Éufrates, el Nilo y el Indo.

Con la agricultura, se creó un excedente de medios de subsistencia. En ese momento, comenzó su proceso de violencia y agresión, no solo contra la naturaleza, como había ocurrido cada vez más hasta entonces, sino también contra otros seres humanos. La producción agrícola produjo un excedente significativo. Esto posibilitó la guerra, ya que existían reservas para alimentar a los soldados. Fue en ese momento que el historiador Arnold Toynbee, en su extensa obra "Un estudio de la historia", presenció el surgimiento de un fenómeno que nunca ha desaparecido de la faz de la Tierra: la guerra. Comenzó la verdadera "abominación de la desolación", como se describe bíblicamente el nivel de destructividad humana.

Pero la violencia sistemática contra otros seres humanos y la naturaleza alcanzó proporciones sin precedentes con la colonización y esclavización de África, América Latina y otras regiones, empezando por Europa. Millones de personas fueron sacrificadas. Solo en América, 61 millones, a lo largo de un siglo y medio. Fue el mayor holocausto de la historia. Hubo verdaderos genocidios, que aún perduran, como el de la Franja de Gaza contra los palestinos. El advenimiento de la industrialización moderna, con sus formas más sofisticadas de dominación sobre las personas y la depredación de prácticamente todos los ecosistemas mediante inteligencia artificial, ha llevado al auge de la violencia. Esto ha llevado a la creación del principio de autodestrucción con todo tipo de armas letales.

Debemos reconocer que, gracias a la ciencia y la tecnología modernas, el bienestar de la humanidad ha crecido prodigiosamente. Ha logrado que la vida sea más cómoda y larga, aunque gran parte de la humanidad está condenada a la exclusión de estos beneficios. Sin duda, ha habido avances en todos los ámbitos: en salud, educación, movilidad y mil inventos más. Pero no deberíamos presumir demasiado, ya que, como observó el genetista francés André Langaney (*1942), las algas y las mariposas han desarrollado su ADN más que nosotros. En términos de masa, las lombrices de tierra poseen más que toda la humanidad.

A pesar de este desarrollo cultural, en términos morales (formas de organizar la vida) y éticos (los principios que la guían), aún nos encontramos en la prehistoria. La maldad, la crueldad, las mentiras intencionadas y la falta de empatía siempre nos han acompañado, como lo presenciamos hoy. Los escándalos de pederastia y el atroz abuso infantil, atestiguados en los archivos de Epstein, que involucran al presidente Trump y a otros, dan testimonio del nivel de degradación moral y ética.

Somos los últimos seres dotados de inteligencia reflexiva en entrar en el proceso evolutivo. Estamos en el último minuto antes de la medianoche, si reducimos la edad del universo (13.700 millones de años) a un año solar. ¿Podría ser que aún tengamos la oportunidad de que la bondad prevalezca sobre la brutalidad, la preocupación sobre la destructividad, en nuestra forma de vida? Un hombre mentalmente demente como el presidente Donald Trump amenaza con usar su poder militar para subyugar a todos los países, arriesgando la eliminación de la vida humana mediante una guerra nuclear. ¿O, mediante su desenfrenado afán destructivo, él, el enemigo de la vida, el representante del Anticristo, pondría fin a la saga humana? La Tierra seguirá girando alrededor del sol durante milenios, pero sin nosotros, o solo con los billones y billones de microorganismos subterráneos que sobrevivirán. El destino está en nuestras decisiones, en nuestras manos. ¿Cómo podemos salvarnos a nosotros mismos y a la vida haciendo del amor, el cuidado y la empatía las piedras angulares de un nuevo tipo de civilización? Sin esto, no tendremos futuro.

https://www.religiondigital.org/leonardo_boff-_la_fuerza_de_los_pequenos/fracaso-etico-moral-humanidad_132_1442827.html

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Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor. Escribe para la revista LIBERTA del Instituto Conhecimento Liberta (ICL: https://www.revistaliberta.com.br) y en su sitio web: http://www.leonardoboff.org

Recientemente publicó el libro: "Una nueva visión del universo: ¿De dónde vivimos?", Animus-Anima, Petrópolis 2025.

lunes, 16 de febrero de 2026

Solidaridad con el pueblo de Cuba

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano

El expresar plena solidaridad con el pueblo de Cuba, un pueblo generoso y de paz, unido al nuestro por profundos lazos históricos y por un compromiso común con las mejores causas de la humanidad, debe expresarse una firme condena a las medidas de coerción unilaterales que el gobierno de Estados Unidos ha adoptado contra esa nación hermana.

El bloqueo económico impuesto hace más de seis décadas, condenado reiteradamente por una abrumadora mayoría en la Asamblea General de Naciones Unidas, así como la reciente disposición del gobierno de Estados Unidos, que amenaza con imponer aranceles a aquellas naciones que suministren combustibles a Cuba, son medidas ilegales, inhumanas e injustificadas que afectan gravemente a su pueblo y violan los principios de igualdad soberana, no intervención y autodeterminación, pilares del orden democrático internacional. 

Ningún objetivo político o económico justifica medidas que violan derechos básicos de las personas.

La última escalada contra Cuba pone en riesgo el acceso a bienes y servicios esenciales para sus habitantes, incluidos agua, alimentos, medicamentos, electricidad. Al mismo tiempo, coarta la libertad de otros países para decidir sobre sus relaciones comerciales, de cooperación e intercambio con esa nación.

Las reglas básicas del orden internacional rechazan y prohíben el uso de la fuerza y de las sanciones económicas unilaterales –en sus distintas variantes– contra cualquier país, precisamente por el daño indiscriminado que causan a la población.

Las decisiones sobre Cuba, su presente y su futuro, corresponden exclusivamente a su pueblo.

En solidaridad con el pueblo cubano corresponde llamar a poner fin al unilateralismo soberbio y agresivo, así como respaldar todas aquellas acciones que los distintos pueblos y gobiernos emprendan con el fin de proteger el bienestar, la integridad y la dignidad humana en Cuba.

El respeto a la soberanía de los países –que reside originalmente y siempre en los pueblos– debe continuar siendo la piedra angular de la convivencia entre naciones y de las aspiraciones a lograr un mundo más justo y en paz.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/16/opinion/solidaridad-con-el-pueblo-de-cuba

sábado, 14 de febrero de 2026

CARTA ABIERTA AL MUNDO:

 DESDE CUBA UNA MUJER DE A PIE DENUNCIA EL CRIMEN QUE NO QUIEREN VER


A la humanidad entera, a las madres del mundo, a los médicos sin fronteras, a los periodistas con dignidad, a los gobiernos que aún creen en la justicia:

Me llamo como millones. No tengo apellidos conocidos ni cargos importantes. Soy una cubana de a pie. Una hija, una hermana, una patriota. Y escribo esto con el alma desgarrada y las manos temblando, porque lo que hoy vive mi pueblo no es una crisis. Es un asesinato lento, calculado, fríamente ejecutado desde Washington.

Y el mundo mira hacia otro lado.

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👵 DENUNCIA POR MIS ABUELOS:

Denuncio que en Cuba hay ancianos que mueren antes de tiempo porque el bloqueo impide que lleguen medicamentos para el corazón, la presión, la diabetes. No es falta de recursos. Es prohibición deliberada. Empresas que quieren venderle a Cuba son multadas, perseguidas, amenazadas. Sus gobiernos callan. Y mientras tanto, un abuelo cubano aprieta el pecho y espera. La muerte no avisa. El bloqueo sí.

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👶 DENUNCIA POR MIS NIÑOS:

Denuncio que hay incubadoras en Cuba que han debido apagarse por falta de combustible. Que hay recién nacidos luchando por su vida mientras el gobierno de Estados Unidos decide qué países pueden vendernos petróleo y cuáles no. Que hay madres cubanas que han visto peligrar la vida de sus hijos porque una orden firmada en una oficina de Washington vale más que el llanto de un bebé a 90 millas de sus costas.

¿Dónde está la comunidad internacional? ¿Dónde están las organizaciones que tanto defienden la infancia? ¿O es que los niños cubanos no merecen vivir?

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🍽️ DENUNCIA POR EL HAMBRE INTENCIONAL:

Denuncio que el bloqueo es hambre programada. No es que falte comida porque sí. Es que nos impiden comprarla. Es que los barcos con alimentos son perseguidos. Es que las transacciones bancarias son bloqueadas. Es que las empresas que nos venden granos, pollo, leche, son sancionadas.

El hambre en Cuba no es un accidente. Es una política de Estado del gobierno de Estados Unidos, refinada durante 60 años, actualizada por cada administración, recrudecida por Donald Trump y ejecutada con saña por Marco Rubio.

Ellos llaman a esto "presión económica". Yo lo llamo terrorismo con hambre.

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⚕️ DENUNCIA POR MIS MÉDICOS:

Denuncio que nuestros médicos, los mismos que salvaron vidas en la pandemia mientras el mundo entero colapsaba, hoy no tienen jeringas, ni anestesia, ni equipos de rayos X. No porque no sepamos producirlos. No porque no tengamos talento. Sino porque el bloqueo nos impide acceder a los insumos, a los repuestos, a la tecnología.

Nuestros científicos crearon cinco vacunas contra la COVID-19. Cinco. Sin ayuda de nadie. Contra viento y marea. Contra bloqueo y mentiras. Y aún así, el imperio nos castiga por haberlo logrado.

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🌍 AL MUNDO LE DIGO:

Cuba no les pide limosna.

Cuba no les pide soldados.

Cuba no les pide que nos quieran.

Cuba les pide justicia. Nada más. Nada menos.

Les pido que dejen de normalizar el sufrimiento de mi pueblo.

Les pido que llamen al bloqueo por su nombre:CRIMEN DE LESA HUMANIDAD.

Les pido que no se dejen engañar por el cuento del"diálogo" y la "democracia" mientras nos aprietan el cuello.

No queremos caridad. Queremos que nos DEJEN VIVIR.

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A los gobiernos cómplices que callan:

La historia les pasará factura.

A los medios que mienten:

La verdad siempre encuentra grietas.

A los verdugos que firman sanciones:

El pueblo cubano no olvida y no perdona.

A los que aún tienen humanidad en el pecho:

Miren a Cuba.Miren lo que le hacen. Y pregúntense: ¿De qué lado de la historia quiero estar?

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Desde esta isla pequeña, con un pueblo gigante,

Una cubana de a pie que se niega a rendirse.


ESTE TEXTO TE MOVIÓ POR DENTRO, COMPÁRTELO.

No me importa si tienes 10 amigos o 10 mil seguidores.

No me importa si tu muro es público o privado.

No me importa si nunca compartes nada.

Pero esto es diferente.

Esto no es una foto de un atardecer.

Esto no es una noticia de farándula.

Esto no es una opinión más.

Esto es un GRITO. Y los gritos no se guardan. Se ESCUCHAN. Se REPLICAN. Se VUELVEN MULTITUD.

Hoy no te pido un "me gusta".

Te pido que uses tus pulgares para algo más grande que desplazar la pantalla.

COMPARTE.

Para que el mundo sepa que en Cuba no hay una crisis.

Hay un CRIMEN.

Para que las madres de otros países sepan que aquí hay bebés luchando en incubadoras apagadas por el bloqueo.

Para que los abuelos de otras tierras sepan que aquí hay ancianos que mueren esperando medicamentos que Washington no deja entrar.

Para que los gobiernos cómplices sientan vergüenza.

Para que los medios mentirosos no tengan escapatoria.

Para que los verdugos sepan que NO NOS CALLAMOS.

Una sola persona compartiendo esto no cambia el mundo.

Miles, millones, SÍ.

No te quedes con este texto guardado.

No seas cómplice del silencio.

HAZ QUE ESTA DENUNCIA LLEGUE MÁS LEJOS QUE EL BLOQUEO.

COMPARTE. AHORA.


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#Venceremos


Ikay Romay 

✊🇨🇺💔

viernes, 13 de febrero de 2026

Una nueva flotilla internacional se organiza para llevar ayuda humanitaria a Cuba

Por Verónica M. Garrido 

Un grupo de activistas, partidos, sindicatos y colectivos humanitarios prepara una misión para llevar por mar ayuda humanitaria a Cuba. La llamada Flotilla Nuestra América, organizada por la Internacional Progresista, zarpará desde distintos países con alimentos, medicinas y suministros para el pueblo cubano, en un momento crítico en la isla, luego de que Estados Unidos recrudeciera sus políticas de bloqueo al cerrar el grifo del petróleo que recibía desde Venezuela y al amenazar al resto de países con sanciones si le suministraban combustible. La iniciativa de la flotilla aspira a convertirse en “un llamado político a los gobiernos de la región”, según explica a EL PAÍS David Adler, coordinador general de la Internacional Progresista.

La convocatoria llama a organizaciones de todo el mundo a sumarse a la misión. Adler detalla que la flotilla busca establecer una amplia red de apoyos internacionales que, hasta ahora, ya cuentan con activistas que van “desde Canadá, Estados Unidos y México hasta Chile, Brasil y Colombia”. “La idea es activar distintos países, fuerzas políticas y sociedad civil para navegar por el mar Caribe y aterrizar en La Habana con ayuda humanitaria crítica”, comparte. Este domingo se celebrará la primera asamblea de organización para definir los puertos de salida.


La crisis en la isla ha empeorado la última semana. El Gobierno cubano anunció que más del 64% del territorio se quedaría sin suministro eléctrico ante la falta de combustible, y varias aerolíneas han cancelado sus rutas hacia La Habana, golpeando el turismo, que es la principal actividad económica y sustento para sus habitantes. “El gobierno de Estados Unidos está ahogando al pueblo cubano. Se queda sin luz, sin comida, sin medicina, sin energía. Eso genera una crisis humanitaria”, afirma Adler. El activista además equipara la situación de Cuba con lo ocurrido en Palestina. “No exagero cuando digo que estamos viendo en Cuba el mismo playbook que Israel aplicó al pueblo de Gaza: un cerco, un acto de castigo colectivo que viola cada aspecto del derecho internacional”, asegura.


Al referirse a México, Adler destaca la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha condenado abiertamente los bloqueos y ha enviado a la isla 800 toneladas de alimentos e insumos que llegaron esta mañana. “La presidenta ha mostrado al mundo una valentía increíble al enfrentar las amenazas de Estados Unidos y demostrar que sí es posible, incluso en condiciones muy difíciles, estar con el pueblo cubano”. “Esperamos que México inspire a otros países con Gobiernos progresistas como Chile, Colombia, Uruguay, Brasil, a sumarse a este esfuerzo de enviar ayuda humanitaria y la energía que necesita y merece el pueblo cubano”.


Esa es precisamente la misión de la flotilla. “Esperamos que sea un mecanismo de presión popular a los gobiernos del mundo que tienen la responsabilidad, ante el derecho internacional, de proteger los derechos fundamentales del pueblo cubano y exportar la energía que requiere la isla”, sostiene Adler. “No hay nada ilegal en lo que estamos haciendo. Estamos llegando a un país soberano y entregando ayuda humanitaria. Estamos dispuestos a asumir riesgos en nombre de la humanidad y del derecho fundamental del pueblo cubano”, zanja. 

También confirma que la organización de la flotilla mantiene comunicación con activistas en la isla para coordinar la recepción y distribución de los suministros. “Si un solo barco puede navegar y aterrizar ahí, ya es un logro para romper este cerco y restablecer la solidaridad internacional. Pero queremos que sea algo más masivo”, señala Adler.

https://elpais.com/mexico/2026-02-12/una-nueva-flotilla-internacional-se-organiza-para-llevar-ayuda-humanitaria-a-cuba.html

miércoles, 11 de febrero de 2026

Bloqueo trumpista contra Cuba reduce esperanza de vida de los niños con cáncer

Luis Hernández Navarro 

Oncopediatría

La Habana. Tristeza sobre tristeza: si el cáncer es una enfermedad que devora o maltrata vidas de un día para otro, la aparición de ese mal en niños es todavía más doloroso. Robarle el futuro a un menor es una doble tragedia: la es para quien la sufre y para sus familiares. 

Pero, a pesar de ello, el área destinada al tratamiento infantil del padecimiento en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología de La Habana exorciza visualmente esa dolencia. En su salón de juegos hay un mural en el que un niño cabalga un alazán y, esbozando una enorme sonrisa, blande su espada y enfila el animal rumbo al final de un arcoíris, como si el combate de su dolencia estuviera inevitablemente destinado a ganar su batalla.

En el centro del cuarto, cerca de las ventanas llenas de luz, una guagua de madera roja lleva en su techo un tesoro en forma de cargamento de globos y pelotas. Escritorios y pupitres están llenos de dibujos iluminados por los niños enfermos con los más intensos y variados colores. No hay en las hojas de papel pintadas con acuarela ilustraciones en blanco y negro. La explosión de color en esas obras de arte es una especie de conjuro contra la desesperanza.

Una fiesta para la vista

Todas las paredes de esa área del hospital son una fiesta para la vista. No hay en ellas nada que recuerde el sufrimiento y el dolor de los pequeños y sus familiares. Se asemejan al más alegre salón escolar. Se diferencian del amarillo pálido de otras paredes del sanatorio.

Esta “decoración” pareciera un contrasentido para las dificultades que médicos y pacientes enfrentan en el tratamiento, pero no lo es. La doctora Mariuska Forteza Saéz, responsable de oncopediatría, explica por qué: “El niño que tiene cáncer no es ya”, dice, “un niño que va a jugar o a ir a la escuela. Su vida social va a cambiar completamente. Y se necesita un extra para enfrentar eso. Se requiere acompañar a ese niño y a su familia con todo el apoyo sicosocial necesario, para que se reubique en su nueva realidad y acepte los tratamientos, que siempre son dolorosos y muy complejos. Se necesita que acepten que en su nueva vida va a haber aislamiento social”.

El instituto es el centro rector para el tratamiento, investigación y cura del cáncer en Cuba, uno de los nueve centros oncológicos y más de 46 unidades donde se trata el mal. Su sala pediátrica cuenta con 20 camas disponibles. En la actualidad atiende a 12 niños. Muchos de ellos no son de La Habana, sino de provincia. El servicio médico y las medicinas son totalmente gratuitas.

Una situación lacerante

El estrangulamiento energético de Donald Trump contra la más grande de las Antillas ha provocado grandes carencias. El doctor Luis Curbelo Alonso, director del instituto, lo explica así: “El oncólogo es un profesional que se va formando en el optimismo. No se da por perdido. Cuando ve una sobrevida de tres o seis meses lo ve como algo grande, porque le prolongó la vida a ese paciente con calidad adecuada”.

Pero la asfixia trumpista atenta contra ese optimismo. “En unas condiciones como la de hoy”, explica, “uno tiene el conocimiento, la experticia, el equipo de trabajo para enfrentar algo que puede ser curable o puede ser controlable y, sin embargo, no tener el medicamento. Es algo muy lacerante como profesional, muy cruel. No nos podemos sentar con un paciente y de frente decirle: tiene esta enfermedad y no puedo hacerte nada. Eso no está en nuestra conciencia”.

La frialdad de las cifras habla por sí sola. Según el doctor Carlos Alberto Martínez, jefe de la sección de Control del Cáncer en el Ministerio de Salud, Cuba logró tener sobrevida de 80 por ciento en niños con cáncer. Una hazaña. Los países desarrollados logran una sobrevida de entre 80 y 90. Pero con el bloqueo se han ido recrudeciendo las restricciones y eso ha hecho más difícil hacer sostenible esos resultados. De manera que, a partir de la limitación de recursos, han tenido que modificar los protocolos del tratamiento y, en vez de medicamentos de primera línea, utilizar medicinas de segunda línea. Y eso ha hecho que esa sobrevida haya disminuido a 65 por ciento. Una cifra por encima de los propósitos que hoy piden organismos internacionales.

Según la doctora Forteza Saéz, “la situación es muy grave en estos momentos. Ya lo era en cuanto a la adquisición de insumos y medicamentos. Pero ahora se recrudece y se complica con otros aspectos. Para los pacientes (como para nuestros trabajadores), el transporte y la alimentación son un problema. La falta de combustible los ha agravado. Los pacientes oncopediátricos –y los oncológicos en general– llevan una dieta diferente al resto de la población. Tienes necesidades diferentes. Ahora es más difícil acceder a esa comida. Algunos tienen familiares en el extranjero y a lo mejor recibían una ayuda, que hacía que su vida fuera un poco más llevadera dentro del ámbito hospitalario. Pero ahora esto tampoco está presente. Donde quiera que se ponga la mirada, hay una complicación extra a la que ya teníamos”.

Solidaridad es humanidad

En momentos críticos para Estados Unidos, durante el paso del huracán Katrina, Cuba formó la Brigada Henry Reeve, recuerda Fernando González, que está al frente del Instituto Cubano de Amistad de los Pueblos. “Nuestros médicos estuvieron dispuestos a participar en las labores de recuperación en Luisiana, pero Estados Unidos no aceptó su presencia.”

El espíritu solidario de Cuba ha estado presente, incluso hacia países con muchos más recursos. Durante la pandemida de covid, la isla envió brigadas médicas a países como Italia o Andorra. Y cuando los científicos cubanos han desarrollado vacunas, las han compartido. Es parte de su espíritu de solidaridad, de sentirse parte de la humanidad y compartir lo que tienen, no lo que les sobra. José Martí lo recogió en la frase “Patria es humanidad”.

Es legítimo preguntarse cuánto más pudiera haber hecho Cuba por el mundo de no estar sometida a la asfixia. Cuántas personas en el mundo no pudieron haberse beneficiado de los servicios médicos cubanos.

En Cuba, explica, se han desarrollado productos que podrían salvar vidas en Estados Unidos. Por ejemplo, el Heberprot-P, medicamento desarrollado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología que permite tener elevados índices de sobrevivencia para las extremidades en pacientes con diabetes, que tienden a desarrollar úlceras. Con este producto se evita un número elevado de amputaciones de miembros. ¿Cuántos enfermos se podrían haber salvado si ese producto pudiera ser utilizado en Estados Unidos?

Amor y salud

La medicina cubana es un faro de solidaridad en medio de la oscura noche del mercantilismo y la privatización de los sistemas de salud. “Vamos a seguir resistiendo. Vamos a seguir buscando alternativas que permitan la sustentabilidad de lo logrado”, asegura el doctor Martínez.

Cada día, médicos como Mariuska Forteza, Carlos Alberto Martínez y Luis Curbelo luchan en Cuba para sanar o incrementar las esperanzas de vida de pacientes con cáncer, niños y adultos. Lo hacen al lado de un excepcional equipo de profesionales sanitarios y trabajadores. En su embate contra el mal, enfrentan todo tipo de carencias y limitaciones materiales provocadas por el capricho del trumpismo de pretender derrotar a un pueblo insumiso.

Padecen un asfixiante cerco que estrecha cada vez más las posibilidades de cumplir con el juramento socrático e inflige dolores adicionales a enfermos y familiares. Pero no se rinden, no languidecen. Su enorme amor a la humanidad, a la vida y a su profesión los hace inclaudicables.

Gracias a ellos, a muchos otros más como ellos y a un sistema sanitario que pone por delante la salud de las personas y no la ganancia, al final de ese arcoíris pintado en la pared de la sala de oncopediatría del instituto se encuentra la puerta para entrar a otro mundo.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/11/politica/bloqueo-trumpista-reduce-esperanza-de-vida-de-los-ninos-con-cancer

martes, 10 de febrero de 2026

Carta abierta de ciudadanos norteamericanos

¡Que Cuba viva!
Un llamado a la consciencia

¡ALTO AL CRUEL ATAQUE DE DONALD TRUMP CONTRA EL PUEBLO CUBANO!

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intenta provocar una hambruna en Cuba. La hambruna masiva y el sufrimiento humano en Cuba son el objetivo de la última Orden Ejecutiva de "emergencia" de Trump, que impide a Cuba, una nación insular, importar petróleo o cualquier fuente de energía necesaria para su supervivencia. Se trata de una estratagema cínica y burda para distraer a la opinión pública de los problemas internos que suscitan una disidencia pública masiva y, como hemos visto con Venezuela, un precursor de un ataque militar ilegal.

Nosotros, junto con millones de personas en Estados Unidos y en todo el mundo, rechazamos este acto inhumano contra el pueblo cubano. No se trata de una política de seguridad nacional; es un acto deliberado de guerra económica destinado a estran
gular a toda una población.

El presidente Barack Obama inició un importante esfuerzo para normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Ambos países reabrieron sus embajadas tras 50 años de cierre. La gente de Estados Unidos, Cuba y todo el hemisferio occidental recibió esto como un final bienvenido a las anacrónicas políticas de la Guerra Fría que habían dominado la relación.

Pero Trump ha revertido el camino iniciado por la administración Obama. Su Orden Ejecutiva del 29 de enero califica a Cuba de "amenaza inusual y extraordinaria" para Estados Unidos. Esto es obviamente falso, pero proporciona un pretexto para imponer severas sanciones económicas a cualquier país que intente suministrar petróleo o comerciar con Cuba.

Las consecuencias de la nueva Orden Ejecutiva se medirán en sufrimiento humano:

- Familias se quedarán sin luz, refrigeración ni cocina.
- Los hospitales se enfrentarán a decisiones imposibles, con el riesgo de cerrar salas y suspender tratamientos críticos.
- La distribución de alimentos y medicamentos se paralizará.
- Los más vulnerables —niños, ancianos y enfermos— sufrirán las consecuencias de esta crueldad.

Esta política es inadmisible. Agrava una crisis humanitaria que nosotros mismos hemos creado. Cuba no representa ninguna amenaza para Estados Unidos. Someter a una población por hambre no es diplomacia; es una forma de terrorismo.

Hacemos un llamamiento a todas las personas de conciencia para que rechacen esta crueldad y exijan el fin inmediato del bloqueo. Durante más de 30 años, la Asamblea General de la ONU ha votado anualmente, por abrumadora mayoría, para condenar el embargo estadounidense a Cuba. Trump debe aplicar su política exterior respetando la voluntad del pueblo estadounidense y de conformidad con el derecho internacional.

Nosotros, el pueblo estadounidense, queremos tener relaciones normales con Cuba, tratarla con igualdad y respeto, y, lo más importante, ver a Cuba y al pueblo cubano como nuestros vecinos y no como nuestros enemigos.

¡Que Cuba viva! ¡Cuba no es una amenaza!

Primeros firmantes:

Mark Ruffalo (Actor)
Boots Riley (Director)
Kal Penn (Actor y ex miembro del personal de la Casa Blanca)
Alexa Avilés (Miembro del Consejo de la ciudad de Nueva York)
Susan Sarandon (Actriz)
Alice Walker (Novelista)
Julia Salazar (Senadora por el Estado de Nueva York)
Claire Valdez (Miembro de la Asamblea del Estado de Nueva York)
Roger Waters (Músico)

lunes, 9 de febrero de 2026

Donald Trump no es el (único) problema

 Juan Torres López

A la hora de analizar lo que está ocurriendo en el mundo no se debería caer en lo que a mí me parece una peligrosa simplificación: considerar que estamos en una simple anomalía producida por la personalidad singular del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. 

Este es, sin duda, lo suficientemente excéntrico, autoritario y disruptivo como para poner en peligro por sí solo el ya frágil entramado de derechos, libertades e instituciones democráticas, no sólo en su país sino en todo el mundo. Su narcisismo enfermizo y el desprecio por las normas están abriendo las puertas a un auténtico vendaval neofascista de consecuencias funestas.

Sin embargo, me temo que el autoritarismo y la crisis de la democracia se extienden por razones que van mucho más allá de las características personales de Trump. Y analizar como algo personal lo que en realidad es estructural puede hacer ingenuamente que el problema se resuelve reemplazando a un líder por otro.

A mi juicio, nada brota si no existen condiciones que le permitan crecer y desarrollarse, sin un medio ambiente favorable, y por eso creo que Trump no es exactamente la causa principal de la crisis democrática de Estados Unidos y del mundo entero. Es, en realidad, el efecto emergente de una serie de grandes fracturas económicas, institucionales, mediáticas, culturales, tecnológicas y geopolíticas que afectan al planeta.

Dicho de otra manera: la aparición de líderes autoritarios y neofascistas como Trump no es la causa de la crisis de la democracia y las libertades; es esa crisis la que da lugar y explica la aparición y la funcionalidad de Trump. Por eso su llegada al poder no puede considerarse como un accidente pasajero, sino como auténtico punto de inflexión en la historia del capitalismo contemporáneo y me atrevería a decir que de la humanidad.

Un sistema incompatible con la democracia y la libertad

Lo que está ocurriendo en Estados Unidos y va a ocurrir también en los demás países avanzados es la consecuencia de una mutación del capitalismo que lo ha hecho cada vez más incompatible con la democracia. 

Esa incompatibilidad se produce por tres razones principales. 

– La gran desigualdad de nuestro tiempo ha deteriorado las economías y ha obligado a limitar cada día más los derechos y libertades de desposeídos a cuya costa se genera la concentración de la riqueza y el poder que la producen.

– Cuando esa desposesión se hace indisimulable hay que recurrir a la mentira y al falseamiento del debate social para poder justificarla, para hacer creer que es la inmigración, el feminismo o la política democrática lo que amenaza el empleo, los salarios, la provisión de los servicios públicos, la seguridad o la soberanía.

– El nuevo capitalismo tecnológico que se ha hecho dominante necesita plena libertad para utilizar en su favor todos los recursos del Estado.

Estos procesos están produciendo las grandes fracturas económicas, institucionales, mediáticas, culturales, tecnológicas y geopolíticas que están convirtiendo al capitalismo de nuestros días en un sistema incompatible con la democracia, y este es el medio ambiente en el que líderes políticos como Trump, Milei, Le Pen, Orbán... no aparecen como sorpresas o incidencias casuales, sino como las respuestas necesarias para intentar consolidarlo.

Fracturas económicas y sociales profundas 

En las últimas cuatro décadas, la economía estadounidense viene experimentando transformaciones que han erosionado los cimientos sociales que pueden sostener a la democracia, por débil que esta sea:

– Concentración extrema de la riqueza y el poder económico que ha producido una desconexión creciente entre el crecimiento de la economía y el bienestar de la mayoría de la población. Hoy, el 1 % más rico posee el 31,7 % de la riqueza total del país, mientras que la mitad inferior de la población apenas supera el 2 %.

– Profunda desindustrialización debida a la externalización productiva, es decir a la marcha de las grandes empresas al exterior, al amparo de la globalización, para buscar costes más bajos, que ha producido desempleo generalizado en muchas áreas, precarización salarial y estancamiento salarial. Desde 1980 se han perdido más de 7,5 millones de empleos industriales, y en amplias zonas la renta per cápita real es hoy inferior a la de hace tres décadas.

– Endeudamiento masivo de los hogares en educación, salud y vivienda, que convierte derechos básicos en riesgos financieros permanentes. Sólo en deuda estudiantil 42,8 millones de personas mantienen deuda estudiantil por valor superior a los 1,7 billones de dólares, una cifra superior al PIB de países como España.

– Desigualdad territorial extrema, con grandes espacios y regiones enteras sumidos en un gran declive económico y social.

– Debilitamiento del poder sindical y del trabajo organizado, que reduce la capacidad de acción colectiva.

Además de desigualdad y deterioro económico, estas dinámicas han generado una inseguridad vital que se ha hecho crónica en amplios sectores sociales que viven con la sensación de pérdida de estatus, de futuro bloqueado y de ruptura del contrato social. Eso ha hecho que la política se haya convertido para ellos en un campo de continua amenaza y la demanda social ha dejado de ser la de redistribución o reforma para buscar, simplemente, la protección que supuestamente proporcionan los líderes autoritarios.

Democracia vaciada

La segunda base en que se ha sustentado el avance del trumpismo es el diseño y funcionamiento degradado de las instituciones políticas estadounidenses.

– El sistema electoral se ha ido distorsionando cada vez más, se han generalizado los casos de manipulación de distritos para favorecer a uno u otro partido o mecanismos encaminados a suprimir el voto de algunos grupos sociales, quebrándose así el principio de igualdad política. En 2016, Donald Trump perdió el voto popular por casi tres millones de votos y aun así ganó la presidencia.

– La financiación privada masiva de la política ha otorgado a grandes fortunas y corporaciones una influencia decisiva sobre el proceso legislativo y el gobierno ha sido materialmente capturado por grupos de presión, especialmente financieros, energéticos, tecnológicos y militares. En las elecciones de 2020 se gastaron más de 14.000 millones de dólares, aportados de forma desproporcionada por un porcentaje ínfimo de grandes donantes.

– Las puertas giratorias que disuelven la frontera entre interés público e interés privado se han hecho una constante.

– Los contrapesos institucionales (tribunales, agencias reguladoras y administración profesional) se han ido debilitando, cuando no desapareciendo, en los últimos años, permitiendo que, aunque los ciudadanos voten, no sean realmente los que decidan cómo se gobierna.

Todo ello ha producido una brecha entre participación formal y poder real que genera frustración, cinismo y deslegitimación del sistema (sólo un 17 % de los estadounidenses confía en el Congreso). Y eso es lo que permite que personajes estrambóticos como Trump aparezcan aquí como ajenos a un sistema que se percibe como corrupto, aunque en la práctica se hayan enriquecido con él, lo utilicen y lo profundicen. El atractivo social de personas como Trump no nace a pesar de esas disfunciones institucionales, sino gracias a ellas.

Degradación mediática del espacio público

El sistema mediático estadounidense (como en la inmensa mayoría de otros países) también ha mutado:

– El periodismo ha pasado de ser un medio de control del poder a una industria de la atención.

– La información ha dejado de ser contextualizada para convertirse en espectáculo permanente.

– En lugar de promover y ayudar a generar un espacio público común y compartido se dedica a crear burbujas ideológicas rentables.

Y todo ello ha sido intensificado por las plataformas digitales y los algoritmos que, buscando aumentar la interacción que los hace más rentables, amplifican el extremismo y la polarización, fragmentan la realidad en relatos incompatibles, y anteponen la emoción sobre el análisis. Numerosos estudios muestran que los contenidos falsos y extremos se difunden más rápido y alcanzan mayor audiencia que la información verificada. Basta recordar la difusión masiva de la narrativa del fraude electoral en 2020, sostenida durante semanas, pese a la inexistencia de pruebas y al rechazo sistemático de los tribunales.

El funcionamiento actual de los medios de comunicación busca y hace que desaparezcan los hechos compartidos que son condición básica para que la democracia no se degrade.

En este entorno, las personas y líderes que encarnan la lógica del sistema son los que, como Trump o Milei, basan su comportamiento en la mentira, el conflicto, el simplismo y la provocación.

Vulnerabilidad cognitiva, generacional y simbólica

El deterioro de la educación y de la cultura cívica que se viene produciendo en las últimas décadas debido a causas diversas agrava todas las dinámicas anteriores.

El retroceso en competencias básicas y pensamiento crítico, la mercantilización de la educación superior, la segregación educativa creciente por renta y territorio, la reducción de la educación cívica y de la comprensión institucional, la politización e incluso la censura expresa de contenidos históricos y científicos han creado una ciudadanía con menos herramientas cognitivas, más vulnerable a la manipulación, a la simplificación del populismo y a la guerra cultural.

Eso ha hecho posible que la política haya dejado de ser un debate transparente sobre intereses y proyectos colectivos para convertirse en una lucha de identidades que enfrenta y paraliza.

La consecuencia ha sido también una crisis subjetiva profunda que provoca miedo existencial y al declive nacional, frustración generacional y colapso de expectativas, crisis de estatus y masculinidad en sectores tradicionales; soledad, ansiedad y fatiga cognitiva y ausencia de un proyecto colectivo de futuro en una gran parte de la población.

Personalidades como la de Trump o Milei ofrecen relatos simples, culpables claros y promesas de restauración simbólica. No resuelven los problemas, pero alivian emocionalmente a quienes se sienten perdidos y desplazados.

Un poder real que mueve los hilos

Ninguno de esos procesos podría haberse producido sin el impulso y la financiación del mundo de los negocios, de las grandes corporaciones y el capital financiero. Han logrado que la democracia se vacíe de contenido redistributivo, desplazar el conflicto del eje económico al cultural, generar una constante sensación de amenaza, condicionar así la política exterior y presupuestaria y limitar el espacio de la diplomacia y la deliberación democrática.

Trump no gobierna contra el poder económico. Gobierna para una parte significativa de él. No es casual que grandes fortunas, corporaciones y sectores tecnológicos hayan financiado, tolerado o normalizado su figura.

No es Trump, es el sistema

En definitiva, Donald Trump no puede entenderse como una aparición inesperada ni como un cuerpo extraño al sistema de poder económico, político y mediático que domina Estados Unidos. Al contrario, ese tipo de figura se convierte en el instrumento político que requiere una fase del nuevo capitalismo en la que amplios sectores del poder real –financiero, tecnológico, energético, industrial y mediático– necesitan aplicar políticas profundamente regresivas sin aparecer como sus responsables directos.

Y para que esa estrategia de captura sea factible y tenga éxito social y electoral, resulta clave que sean encarnadas por figuras que se presenten como ajenas al sistema, como outsiders que “dicen lo que otros no se atreven a decir” y que aparentan enfrentarse a las élites, aunque en la práctica gobiernen para una parte significativa de ellas. Trump cumple perfectamente ese papel: su estilo estridente, su retórica antisistema y su provocación constante funcionan como una cortina de humo que oculta la continuidad de fondo de las políticas que se aplican.

Es una lógica que no es nueva ni exclusiva de Estados Unidos. En contextos de creciente desigualdad, debilitamiento democrático y frustración social, el sistema tiende a necesitar líderes que parezcan venir de fuera para poder profundizar transformaciones que, de otro modo, encontrarían mayor resistencia. Por eso, las condiciones que han hecho posible el trumpismo en Estados Unidos se reproducen (y se van a reproducir cada vez en mayor medida si no se pone freno a los procesos que hemos visto), con más o menos variaciones en buena parte de las otras democracias occidentales y periféricas. Allí donde ya han empezado a emerger partidos y figuras similares que combinan discurso antisistema, liderazgo personalista y políticas funcionales a los intereses dominantes.

Ausencia de elementos de freno y corrección 

La ausencia de un freno o corrección internos y externos efectivos ha permitido que estas dinámicas se profundicen. El tipo de relación que el resto del mundo mantiene con Estados Unidos también forma parte del problema por el vasallaje imperial.

La dependencia militar y monetaria, la legitimación acrítica de su liderazgo incluso cuando viola normas internacionales y el aceptar que Estados Unidos asuma la función de gran policía global reduce los costes externos de su deriva autoritaria y que las disfunciones que eso provoca internamente se acumulen sin ajuste.

El silencio –o, al menos, la falta de una respuesta suficientemente efectiva– tanto a nivel externo como interno ante la quiebra democrática e institucional que se viene produciendo no es casual. Es el resultado, por un lado, de un auténtico cálculo racional de los actores sociales más poderosos que necesitan y a quienes beneficia la desregulación extrema de los mercados, el dejar de gravar la riqueza, la liquidación de los derechos laborales o que se dé libertad a los monopolios. Y, por otro, de la inoperancia, debilidad y fracaso de las izquierdas de nuestro tiempo.

No es anomalía: hay manual de instrucciones

Trump no es un verso suelto que aparece en la vida política con partitura propia y en contra del ecosistema de poder en el que nace. Viene, por decirlo metafóricamente, con manual de instrucciones y –por muy relevante que sean su personalidad y singularidad– es, en realidad, el ejecutor de un proyecto estructurado. Basta leer el llamado Proyecto 2025 para comprobarlo.

Con ese documento, elaborado por cientos de especialistas y financiado por grandes empresas y bancos, se demuestra que vaciar la democracia desde dentro, convertir el Estado en instrumento de facción y hacer irreversible la concentración de poder no es una tarea improvisada que Trump haya emprendido por su cuenta, sino una estrategia consciente, premeditada y muy bien diseñada. Alrededor del 61 % de las más de 320 medidas propuestas ya se han puesto en marcha o están en proceso de ejecución. Eso significa que, si no estuviese Trump en el poder, otra persona podría ser quien hiciera su mismo trabajo de desmantelamiento de la democracia, liberalización extrema de los mercados y de apoyo y privilegio a los grandes grupos de poder.

Donald Trump no es el origen de la quiebra democrática que vivimos, sino su manifestación más visible y, hasta ahora, más extrema. Su figura concentra la atención porque encarna de forma grotesca y provocadora procesos mucho más profundos que llevan décadas gestándose. Por eso, centrar el debate exclusivamente en él resulta engañoso y puede ser que inútil.

Lo verdaderamente inquietante no es que Trump haya llegado al poder, sino que el entramado económico, institucional, mediático y geopolítico de nuestro tiempo no sólo lo tolere, sino que lo necesite. El llamado Proyecto 2025demuestra que no estamos ante una deriva improvisada ni ante el capricho de un líder excéntrico, sino ante una estrategia consciente para vaciar la democracia desde dentro y hacer irreversible la concentración de poder.

La pregunta decisiva, por tanto, no es cómo impedir la presencia personal de Trump o de otras figuras similares, sino qué transformaciones profundas son necesarias para desactivar las condiciones que las hacen posibles. Porque mientras esas condiciones permanezcan intactas –desigualdad extrema, democracia formal vaciada, captura del poder económico, degradación del espacio público y silencio cómplice a escala interna e internacional– Trump no será una anomalía histórica. Será un precedente. 

Y los precedentes, cuando no se corrigen, se convierten en norma.

https://ctxt.es/es/20260201/Firmas/52027/Juan-Torres-Lopez-agenda-trumpista-eeuu-democracia-bancos-instituciones-desigualdad.htm

domingo, 8 de febrero de 2026

Leer a los clásicos

 Maciek Wisniewski

Esto siempre es un bueno, pero el mandamiento de “leer a los clásicos” en tiempos de la filtración de los archivos de Epstein y el colapso del “orden basado en reglas” ocasionado por la voracidad imperial estadunidense y los afanes de Donald Trump de llevar su presidencia como un proyecto personal de negocios y desarrollo inmobiliario: riviera en Gaza, petróleo de Venezuela, inversiones en Groenlandia, etcétera; acontecimientos para nada desconectados, ya que ambos apuntan a lo ficticio de todas las “reglas” que no aplican a los ricos, los fuertes y los poderosos –y con el “imperio Epstein” funcionando, en práctica, como una franquicia del control global estadunidense−, puede ser una de las pocas cosas capaces de salvarnos de una locura total.  

No es un llamado al escapismo. Cada vez que leo más los mails de Epstein y sus acólitos simpatizo más y más con los llamados a “que habría que ejecutar públicamente a todos los que aparecen allí” (bueno, salvo a Norman Finkelstein, lean su mail, es una joya), o los lamentos de que “se echan de menos los tiempos cuando los bolcheviques simplemente fusilaban a todos” (curiosamente hoy buena parte de los “nuevos bolcheviques”, como la anticomunista tardía Anne Applebaum tilda sesgadamente a los nuevos autoritarios, están, con el supuesto “leninista” Steve Bannon y el mismo Trump a la cabeza, en los Epstein files). Sólo digo que la lectura de los “clásicos” puede ayudar. 

Italo Calvino, en su celebre ensayo Por qué leer a los clásicos −que apareció originalmente en 1981 en L’Espresso, luego en otros lugares y, finalmente, en un tomo aparte acompañado de otros ensayos dedicados a los hombres de letras cuyas obras alcanzaron este estatus (¡Gracias a Dios no está Nabokov!), un tomo publicado ya póstumamente en 1991−, definía a los “clásicos” como libros “inagotables que nunca terminan de decir lo que tienen que decir” y unos “que uno siempre está releyendo y siempre ofrecen más”. 

Entre las razones finales (en total 14) que daba Calvino era que un “clásico” es también una obra “que tiende a relegar las preocupaciones del momento a la categoría de ruido de fondo” y una que, a la vez, “persiste como ruido de fondo cuando las preocupaciones momentáneas más incompatibles dominan la situación”. 

Así, el efecto calmante de los “clásicos” −esencialmente mi punto de partida− es que su lectura es capaz de moderar nuestra sensibilidad a cada noticia de la última hora, evitar el desasosiego (ya de plano a veces da miedo abrir el periódico o el navegador) y ofrecer un necesario contrapeso y la perspectiva histórica. 

Entonces, adelante. Pero para que quede otra vez claro que no se trata del escapismo, cambiemos de canal y/o de estante, pero sin necesariamente bajar el volumen. 

Allí está Marx, al que Calvino no menciona (ni siquiera aparece en el índice), pero que es un autor, espero que estemos de acuerdo, de al menos un par de “clásicos” de todos los tiempos: El Manifiesto Comunista y El Capital, cuya prosa, y en el caso del segundo, también la riqueza de las referencias literarias (Shakespeare, Dante, et al.), hacen que se defienda bien en esta calidad y que parecía estar escribiendo como si hubiera leído los mails de y hacia la infamosa isla de Epstein. 

Cuando en La lucha de clases en Francia fustigaba la aristocracia financiera de sus tiempos, su riqueza malhabida, corrupción moral, política y violencia en las cumbres de la sociedad burguesa donde “se propagó el desenfreno por la satisfacción de los apetitos más malsanos y desordenados, que a cada paso chocaban con las mismas leyes de la burguesía; desenfreno en el que, por ley natural, va a buscar su satisfacción la riqueza procedente del juego; desenfreno por el que el placer se convierte en crápula y en el que confluyen el dinero, el lodo y la sangre”. 

O −regresando ya al estante de literatura− Conrad (Józef Teodor Konrad Korzeniowski para ser más precisos, por qué no), que sí aparece en la selección de Calvino en un homenaje a Lord Jim, el “clásico” en cuestión, que en Nostromo, su otra obra maestra y un “clásico” no reconocido, incluye la crítica táctica al joven imperialismo estadunidense y su capital financiero, mencionando de paso el papel de la Doctrina Monroe en la explotación de la ficticia república de Costaguana, modelada en parte en Colombia y en parte en Paraguay de finales del siglo XIX (léanla o reléanla, por favor). 

O que en otro lugar, en una obra menor y olvidada (coescrita por Conrad con Ford Madox Ford): Los herederos, hablando de una trama del imperialismo británico y un grupo de “conspiradores del futuro” para… anexar a Groenlandia, predijo la obsesión actual de los billonarios estadunidenses en convertir la isla en un “tecno-Estado soberano” (de allí los afanes de Trump de comprársela a Dinamarca, o, de plano, invadirla). 

Y he aquí también la parte del “chiste que se cuenta solo” y una necesaria perspectiva histórica: Little St. James, la isla privada de Epstein, está, ni más ni menos, sino ubicada en las Islas Vírgenes estadunidenses, antes… Indias Occidentales Danesas, compradas por Estados Unidos del país escandinavo en 1917. 

Entre otras razones de Calvino era también, paradójicamente, que una obra es un “clásico” porque “no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos”. Hoy, ni Marx ni Conrad, leídos incluso de modo más amplio como “autores de los clásicos”, tampoco nos dicen nada nuevo. Confirman más bien, a la luz de los acontecimientos del presente, lo que, sobre todo los que no hemos vivido las últimas tres décadas en el reino del “fin de la historia”, ya sabíamos antes (que Estados Unidos es una potencia imperial y que las élites dominan el mundo pasándose las normas, de todo tipo, por el forro). Y por eso, su lectura ayuda.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/07/opinion/leer-a-los-clasicos