lunes, 8 de octubre de 2018

A raíz de la destitución de un Ministro

Por Charles Romeo

La gentil compañera que era hasta recientemente Ministra de la Industria de la Alimentación… y de la Pesca (¿a quién se le pudo ocurrir la idea surrealista de que las actividades pesqueras son similares a las de la industrialización de  la producción agropecuaria?), fue destituida de su cargo, supongo yo, que por el impacto que tuvieron las noticias publicadas por Cubadebate y por el Granma, de las 1700 toneladas de frutas mal conservadas y perdidas en La Conchita y por los miles de litros de leche que usualmente pierde el Combinado Lácteo en Villa Clara. Si las cosas siguen igual como hasta ahora, se puede pronosticar que su misma  suerte correrá la nueva Ministra que la sustituyó. Porque ¿qué tiene que ver según una lógica organizativa racional, una fábrica determinada con un Ministro? Es como si se considerara directamente responsable al general a cargo de un ejército compuesto por decenas de miles de soldados por los errores que ha cometido uno de sus numerosos batallones conformado por algunos centenares. En buena lógica militar, en ese caso el responsable seria el jefe del batallón al que muy posiblemente habría que sustituir POR NO DOMINAR LOS PRINCIPIOS Y NORMAS PROPIOS DEL MANDO DE UN BATALLON.

Desde este punto de vista lo sucedido en las dos empresas señaladas es responsabilidad indiscutible de los respectivos administradores que se supone concentran todo el poder necesarios para dirigirlas. Por consiguiente ya hemos determinado quienes han sido los verdaderos responsables de las barbaridades que se cometieron con esos recursos propiedad de todos los cubanos.

La siguiente cuestión a despejar es por qué  tuvo que llegarse a ese nivel de comportamiento irracional desde el punto de vista de la finalidad de esas empresas, para que se detectara la incompetencia de sus administradores. Ello plantea dos preguntas:

-       Ante quienes respondían esos administradores por la actividad de las empresas que dirigían
-       y como eran controlados durante su gestión por quienes los habían nombrado por su condición de  representantes de los propietarios de esas empresas, el pueblo de Cuba.

Con relación a la primera pregunta, por encima de los administradores jerárquicamente hay dos niveles, uno provincial y otro nacional. Con relación a la segunda se supone que la administración de cada empresa debe informar periódicamente de su marcha mediante un informe objetivo de lo sucedido. Esa información es doble. Por una parte, debe informar sobre el cumplimiento de su plan y por otra parte, sobre el resultado económico de la gestión empresarial, que hasta donde se sepa, solo puede ser expresada mediante un informe contable que se llama balance de activo y de pasivo, y balance de ingresos y gastos, cuyo resultado debe ser que los ingresos superen a los gastos. Según el contenido de ese doble conjunto de informaciones, las instancias superiores a nivel de provincia y nacional deben enjuiciar la marcha de las empresas y actuar en consecuencia, obviamente mucho antes de que se llegue a un nivel de crisis como sucedió en los dos casos señalados.

De la manera como los Ministros encargados de actividades económicas suelen informar ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, según se puede observar en la prensa escrita y en la televisión, la expresión fundamental de la calificación de lo logrado se mide por el porcentaje de cumplimiento del plan de producción de empresas y sectores de la economía. Nada se dice de sí fue  rentable o no, y raras veces  de la eficiencia con que se  logró la producción y en esos casos se reduce al nivel de conversión de insumos productivos fundamentales en los productos obtenidos, tradición que como sabemos viene desde los tiempos remotos, años sesenta del pasado siglo, cuando se puso en duda la existencia del valor como medida de la actividad económica.

Si así son las cosas, de las informaciones que periódicamente las empresas elevan a los niveles superiores de dirección las que se toman en cuenta son las que se refieren al cumplimiento del plan, porque por ese criterio se juzga el cumplimento de las funciones administrativas de los encargados de las empresas. Por tanto, en el caso de la Conchita, mientras lograba justificar el nivel de cumplimiento alcanzado de su plan de producción, podían estar pasando cualquier tipo de irracionalidades en su actividad de acopio y de conservación de las frutas que adquiría para su elaboración, y lo mismo en el caso de la leche en el Combinado Lácteo. Sobre el resultado económico de sus gestiones, de enviar estados contables fidedignos, calificación que puede ponerse en duda, su análisis e interpretación al parecer no ocasionaban ninguna preocupación en los mandos superiores, conclusión lógica que desgraciadamente es confirmada por el desastroso manejo de lo que acopiaban que ocasionó, al parecer, la remoción del Ministro correspondiente.

Todo ello, lo que sucede a nivel de las empresas como de los mandos superiores, es expresión concreta de lo que se puede denominar como la cultura económica imperante en el sector estatal de la economía. De la misma manera que un escritor debe conocer las reglas del idioma en que escribe o un pintor la técnica necesaria para expresarse en esa modalidad artística, así también un administrador de empresa debe conocer las reglas y principios que rigen esa actividad y ante todo el método de acopiar informaciones imprescindibles para ello, que solamente se logra mediante una técnica que se llama contabilidad. Sin esas informaciones el administrador es como un piloto que vuela sin instrumentos, vuela a ciegas, a pesar de que la observación de las nubes y eventualmente del terreno que sobrevuela pareciera que le permiten saber  dónde está y hacia donde va. Y como los hombres solo saben reproducir día a día su manera de vivir, de pensar y de actuar, esos administradores y jefes superiores solo saben reproducir la manera como han sido formados en esa práctica para hacer su trabajo.

Cuando se inició esta Revolución, para nombrar a un cuadro dirigente se anteponía la fidelidad política al conocimiento técnico para desempeñar esa labor. Pero era la época en que se llevaba a cabo la batalla política entre clases sociales que condujo Cuba al socialismo. Ahora y desde hace ya buen rato el socialismo está consolidado en Cuba. ¿Cuántos administradores de empresa se han graduado en una escuela de estudios empresariales? ¿Cuántos administradores de empresa saben contabilidad y exigen balances mensuales del estado de su empresa para poder dirigir? Eso mismo se puede preguntar con respecto a los cuadros de niveles superiores que los controlan y supuestamente dirigen. La fidelidad política ya no es una condición necesaria y suficiente para dirigir.

No es por decreto que se resuelve esta problemática diciendo que se ha separado la administración de las empresas estatales concediéndoles independencia operativa con respecto al órgano ministerial del cual dependen. Eso no es más que cambiar la fachada de la realidad subyacente.


 Y que me perdonen los administradores y dirigentes de la economía nacional por decir lo que estoy diciendo. No es nada personal, es solo economía política revolucionaria.

jueves, 4 de octubre de 2018

Mundos paralelos

Por Alina B. López Hernández

La televisión cubana, desde el 24 de octubre de 1950, fue pionera de las transmisiones en el área de Latinoamérica. Además de como vehículo de entretenimiento y promoción comercial, ella fue asumida desde su origen como un poderoso medio de difusión ideológica.
A mediados de la década del cincuenta surgió un programa que, bajo la denominación indistinta de mesas redondas o paneles, invitaba a personalidades de la intelectualidad cubana a exponer sus consideraciones sobre la realidad nacional. Juan Marinello, notable intelectual y a su vez presidente de los comunistas, criticaba que fueran exceptuados de tales presentaciones los intelectuales procedentes de su partido, ya que, según argumentaba, debían ser escuchados representantes de todas las “zonas de ideología” que existían en Cuba.
Tras tantos años, y en un contexto diferente, se mantiene esa exclusión. A pesar de que el proyecto constitucional que se discute afirma en su primer artículo que uno de los objetivos de la república es la libertad política, y de que el artículo 59 expresa que “El Estado reco­noce, respeta y garantiza la liber­tad de pensamiento, conciencia y expresión”; la televisión nacional da la espalda a esa libertad en momento tan crucial como el del debate ciudadano sobre el referido Proyecto.
Admitamos que ha sido amplia la cobertura televisiva a las discusiones relativas al documento en barrios, centros de trabajo o estudio. Es cierto igualmente que varios canales han establecido espacios de intercambio entre especialistas y la ciudadanía a través de correos electrónicos. ¿Qué reprochamos entonces a este medio con presencia protagónica en los hogares cubanos? Lo mismo que Marinello en su tiempo: la visión restringida y excluyente que mantiene, la cual le impide abrirse a todas las zonas de ideología y a todas las valiosas opiniones que sobre el tema se están generando en el país.
Sus invitados son casi siempre personas involucradas directamente en la autoría y/o revisión del proyecto, es decir, miembros de la comisión de los 33. Algunos de ellos muy bien preparados teóricamente, aunque su perspectiva es solo una entre las muchas posibles; otros, sin embargo, han dejado una impresión de desnudez teórica e indefensión científica que apena.
Este tempo televisivo, sesgado y unidireccional, contrasta con lo que ocurre en los medios digitales. En estos últimos se ha hecho realidad el llamado a un debate profundo, a una construcción colectiva, a un verdadero ejercicio de democracia ciudadana. Allí confluyen valiosos miembros de la intelligentsia nacional cuyos análisis se realizan desde perspectivas tan diversas como la jurídica, la económica, la histórica, la filosófica, la sociológica y la filológica, entre otras. No hay acuerdos previos, pero la seriedad de los enfoques y las aristas diversas que han asomado enriquecen de modo excepcional el documento que deberá convertirse en nuestra Ley de leyes.
Las Ciencias Sociales en Cuba han estado mucho tiempo de espalda unas a otras. Hijas de un siglo que, como el XIX, definió rígidos objetos de estudio y metodologías particulares, ellas se encerraron en compartimentos estancos y reclamaron para sí una parte de la realidad social. Ocurre, sin embargo, que la sociedad es una, y compleja, y mientras más se fraccione para su estudio menos será entendida. Ante fenómenos sociales, siempre multicausales, se requieren enfoques multidisciplinarios. Y es precisamente esta la mayor contribución de los análisis que pueden hallarse en los medios digitales, ellos son más completos, complejos y comprometidos con las necesidades de cambio que la discusión del anteproyecto abre ante la ciudadanía.
Según una de las muchas definiciones, intelectual es quien se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad, y comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando cierto estatus de autoridad ante la opinión pública. Interviene en el mundo de la política al defender propuestas o denunciar injusticias concretas, además de producir o extender ideologías y defender unos u otros valores. El intelectual, al abrirse a las interpretaciones alternativas de la realidad, amplía la perspectiva de los ciudadanos. Eso hacemos hoy los intelectuales cubanos, y en el proceso aprendemos unos de otros, polemizamos, intercambiamos. El resultado final es que la perspectiva que adquirimos de la realidad nacional se hace más clara.
La Joven Cuba, La Cosa, La Tiza, La Trinchera, Segunda Cita, Cuba Posible, OnCuba, Elestadocomotal, son algunos de los blogs y publicaciones que logro consultar, directa o indirectamente, y que me parece han dedicado con profundidad su espacio al tema que hoy ocupa a los cubanos. Mientras, la televisión decide qué es lo que quiere transmitir a los espectadores, ¿lo decide verdaderamente? Pero sean sus directivos o alguna fuerza dirigente superior los que determinen el acceso de los intelectuales cubanos a ese espacio, lo cierto es que ponen en tela de juicio su propio reclamo a ser una sociedad más democrática. Y, además, no evitan que la esfera mediática digital funcione como una alternativa real a las aspiraciones colectivas de la ciudadanía.
Hace poco escribí en otro post: “Es cierto que nunca fue tan retador y desafiante el panorama mediático, pero más cierto es que ese panorama no va a cambiar. Las reglas del juego son diferentes a las de décadas anteriores”. En tiempos de Marinello no existía internet.
En geometría se denominan rectas paralelas a aquellos pares de líneas que nunca se unen o cruzan. El que ambos universos en Cuba, el televisivo y el digital, se muevan sin acercarse, los convierte en mundos paralelos. El presidente de los consejos de Estado y de ministros de Cuba expresó hace pocos días en Nueva York que era necesario derrumbar muros y tender puentes. Es una excelente propuesta, pero ella es puesta en solfa ante la clausura de los medios oficiales en Cuba a su propia intelectualidad.
¿Cómo vamos a tender puentes al exterior si dentro de la isla vivimos separados por barreras? El mundo de la televisión y el de la blogosfera son un buen ejemplo, mayor que ese solo la muralla china.

lunes, 1 de octubre de 2018

Algunas definiciones faltantes en el Proyecto de Constitución de la República de Cuba

Por Charles Romeo

Los conceptos son las unidades más básicas de toda forma de conocimiento humano; construcciones o auto proyecciones mentales, por medio de las cuales comprendemos las experiencias que emergen de la interacción con nuestro entorno.” (Wikipedia)

No quiero aparecer pedante al opinar sobre un tema tan serio como el Proyecto de Constitución Nacional. Además, me doy cuenta que para algunos voy a cometer lo que en religión se denominanblasfemias. Pero en verdad solo quiero llamar la atención sobre el empleo de palabras que definen conceptos trascendentales para la correcta interpretación del referido Proyecto que debe y está siendo discutido por la población para su redacción definitiva y su posterior aprobación.

En el Proyecto de Constitución Nacional para Cuba no puede haber ni incoherencia ni términos conceptuales sin una muy clara definición de su significación y es con ese criterio que se examina el texto publicado para su crítica por el pueblo cubano. No se pueden dejar indefinidos conceptos esenciales para ser interpretados en el futuro por quienes se sientan con el derecho y la capacidad de hacerlo en ocasión de cualquiera coyuntura que exija su definición.

En el artículo 1 del referido proyecto se dice “Cuba es un Estado socialista de derecho, democrático, independiente y soberano, organizado por todos y para el bien de todos, como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad y la ética de sus ciudadanos, que tiene como objetivos esenciales el disfrute de la libertad política, la equidad, la justicia e igualdad social, la solidaridad, el humanismo, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva”.

Socialista, primer término no definido, porque ¿qué significa socialista? ¿Qué significa el socialismo? ¿Lo que entienden por ello  los socialistas europeos, lo que establecieron los rusos en la ex Unión Soviética o Pol Pot en Camboya, o Tito en Yugoeslavia, o actualmente los chinos en la República Popular China o los cubanos en Cuba? Ya paso a la historia como un objetivo finalmente incumplido el significado de socialismo definido por la Academia de Ciencias de la URSS en su Manual de Economía Política que se suponía era en tiempos pasados la única concepción valida y de aceptación general.

A nuestro entender la única concepción CORRECTA de socialismo para Cuba es la realidad que los cubanos se han dado para organizar su sociedad,que por lo demás quieren modificar y para lo cual están redactando una nueva Constitución que junto con sus leyes, conformaran la definición concreta de socialismo… para los CUBANOS.
Por consiguiente, una redacción a nuestro entender más precisa del artículo 1 sería la siguiente: 
“Cuba es un Estado socialista de derecho, democrático, independiente y soberano, organizados por todos y para el bien de todos, como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad y la ética de sus ciudadanos, que tiene como objetivos esenciales el disfrute de la libertad política, la equidad, la justicia e igualdad social, la solidaridad, el humanismo, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva. Su Constitución y sus leyes definen al régimen socialista vigente en Cuba.

El articulo 1 también señala que uno de los  objetivos del Estado socialista es “el humanismo”. Cabe preguntar ¿en qué consiste el humanismo para los cubanos? ¿El humanismo vigente en Roma cuandohabía esclavos y sus propietarios? ¿O el de la Europa feudal con sus señores de la tierra y sus siervos, o el de la sociedad capitalista en donde la inmensa mayoría debe vender su fuerza de trabajo a una empresa privada para poder vivir con su familia? ¿Cómo se define el humanismo concebido y practicado por los cubanos?

Nuevamente la única definición posible de humanismo es la manera particular como los cubanos se han organizado y se relacionan entre ellos para desenvolver su vida. Y eso hay que dejarlo muy en claro para hacer referencia al humanismo que se practique…en Cuba. Sugiero al respecto inspirarse en como Marx define el concepto de humano en una de sus Tesis “¨Pero la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales.” Por consiguiente, el articulo 1 debería incluir la definición de humanismo cubano como…el humanismo resultante de la vigencia de  esta Constitución,…
A nuestro juicio ya en el artículo 1 del Proyecto de Constitución Nacional hay dos conceptos de referencia necesarios para  definir la naturaleza del Estado que se quiere establecer en Cuba, y que no han sido previamente definidos. Porque de lo que se trata es de  establecer en Cuba un determinado socialismo para lograr un determinado humanismo mediante la creación de un Estado también a ser determinado para lograr esos propósitos.

Sigamos.

Artículo 3, párrafo 34:

”El socialismo y el sistema político y social revolucionario, establecidos por esta Constitución, son  irrevocables.”
Nuevamente aparece ese concepto de socialismo que no ha sido anteriormente definido y además considerado irrevocable, que significa que no se puede revocar, vale decir “dejar sin efecto” y en este caso se trata de algo que se menciona pero que no ha sido definido. ¿Y si dentro de quien sabe cuántos años los cubanos redefinen lo que entenderán entonces por socialismo, no habrán cambiado una expresión de socialismo por otra, lo que significa que habrán efectivamente revocado el anterior concepto, aunque lo hayan definido años atrás como irrevocable? ¿O es que los actuales legisladores son capaces de visualizar un futuro inmutable? Porque esas expresiones de irrevocabilidad, de eternidad, de para siempre, de imperecedero, son solamente expresiones que denotan exaltación emocional y nada más. Ya lo descubrimos quienes años atrás leímos manuales soviéticos. Vieja tradición registrada por la historia el concebir soluciones inmutables de una  formación económica-social y que por lo demás en este caso se contradice con la concepción cubana de revolución  que nos dejó Fidel, según la cual debe cambiarse todo lo que debe ser cambiado.
Se sugiere entonces cambiar la utilización del adjetivo irrevocable por otra expresión, por lo cual el párrafo 34 quedaría como sigue: “El socialismo y el sistema político y social revolucionario, establecidos por esta Constitución, tendrán la vigencia que les confiera el pueblo cubano”.
El artículo 5 del Proyecto de Constitución expresa:
“El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado. Organiza y orienta  los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo. Trabaja por preservar y fortalecer la unidad patriótica de los cubanos y por desarrollar valores éticos, morales y cívicos.”
El Partido, esa organización política determinada y conformada por determinados ciudadanos cubanos, pero según sus propias reglas, postula y afirma  ser  “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Históricamente, esta declaración fue cierta desde el día en que se constituyó en octubre de 1965 y Fidel presento a su Comité Central. Lo recuerdo muy bien. Era una mancha verde olivo, salpicada de algunos puntos de colores diferentes , el color del uniforme del Ejército Rebelde creado a partir de unos civiles cubanos  por el propio Fidel y que dirigido por él había derrotado a las fuerzas armadas que sostenían al dictador Batista y asumido el poder político en Cuba para realizar el Programa del Moncada.
Ignorar que el Partido Comunista de Cuba se identificaba como el partido creado por Fidel y dirigido por él, es transmutar la verdad histórica y tratar de sustituirla  por otra, cuestión de fondo a partir del momento en que ya no está Fidel y que deje de estarlo el continuador de su mandato Raúl, el más fiel e identificado con él de sus seguidores. Dicho de otra manera, el Partido Comunista de Cuba se llamó así e hizo suyas las concepciones de José Martí, de Marx, de Engels, y de Lenin, porque así lo concibió Fidel, y no fue el resultado de la inevitabilidad de la vigencia de las ideas de esos hombres, como si fueran la expresión de un “demiurgo” que intervino en el desarrollo de la historia de Cuba, genio ordenador impersonal que actúa para realizar sus ideas.(1) Si se quiere utilizar el concepto de demiurgo, entonces habría que reconocer algo que caracterizaba a Fidel, precisamente sus ideas, originales, propias de un iconoclasta que logro hacer posible más de una vez lo que se consideraba imposible, empezando por cambiar la división geo-política del mundo entre capitalismo y socialismo decidida por las potencias vencedoras en la Segunda Guerra Mundial, haciendo pasar la frontera entre ambos sistemas por el estrecho de la Florida y nuevamente la que existía en el Sur de África, acciones inconcebibles contando únicamente con la fuerza de unos pocos millones de habitantes de una pequeña isla del Caribe, lo que no se puede hacer impunemente y que conlleva tener que enfrentar las consecuencias.(2)
Para dirigir democráticamente a la sociedad cubana y a su Estado por un partido político único, ante todo este debe generar  ideas claras de lo que se pretende realizar y, tan importante como ello, que los dirigidos estén de acuerdo con ellas. ¿Cuál es la situación concreta al respecto hoy en día?
Los 311 Lineamientos del año 2011, el denominado nuevo modelo económico y social a instrumentar en Cuba y el actual Proyecto de Constitución Nacional, los tres documentos que encierran nuevas ideas para enfrentar el futuro de Cuba, siguen siendo ideas generadas bajo la dirección política de Raúl Castro, en tanto que continuación de las de Fidel. El problema que empieza a manifestarse es la ausencia de ideas adicionales provenientes de dirigentes del partido quienes no soni Fidel ni Raúl.
Es comprensible, al menos para mí, que la cuestión del liderazgo político no se discutiera  cuandoestaba Fidel y aún está Raúl, pero preocupe ahora abiertamente a muchos cubanos por la nueva situación que inevitablemente se va a crear en el futuro. Concretamente, se cuestiona el contenido propuesto en el artículo 5 del Proyecto de Nueva Constitución. Pero entiéndase bien lo que aquí se quiere expresar. No se discute la necesidad de mantener la unidad política del pueblo cubanomediante un partido político único, sino el cómo lograrla. ¿Cómo el pueblo soberano de Cuba delega esas funciones de liderazgo en el partido político único? Porque, con perdón de los autores del artículo 5 del Proyecto de Constitución, el problema no está satisfactoriamente resuelto como en él lo han propuesto, y en particular tampoco en el artículo 8 en el cual se excluye al Partido Comunista de Cuba de entre quienes “tienen la obligación de observar estrictamente la legalidad socialista y velar por su respeto en la vida de toda la sociedad”.
En resumidas cuentas, se da por sentado el conocimiento de lo que es el Partido Comunista de Cuba y por tanto no se lo explica, y sin embargo se le atribuye ser “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado
La Revolución Cubana está entrando en una nueva etapa. ¿Y el Partido Comunista de Cuba, no?
(1) Ver la definición de demiurgo en Wikipedia.
(2) Regino Boti, quien fue Ministro de Economía en el Gobierno Revolucionario, caracterizaba a Fidel como “una fuerza telúrica”.