Por Charles Romeo
La gentil
compañera que era hasta recientemente Ministra de la Industria de la
Alimentación… y de la Pesca (¿a quién se le pudo ocurrir la idea surrealista de
que las actividades pesqueras son similares a las de la industrialización
de la producción agropecuaria?), fue
destituida de su cargo, supongo yo, que por el impacto que tuvieron las
noticias publicadas por Cubadebate y por el Granma, de las 1700 toneladas de
frutas mal conservadas y perdidas en La Conchita y por los miles de litros de
leche que usualmente pierde el Combinado Lácteo en Villa Clara. Si las cosas
siguen igual como hasta ahora, se puede pronosticar que su misma suerte correrá la nueva Ministra que la
sustituyó. Porque ¿qué tiene que ver según una lógica organizativa racional,
una fábrica determinada con un Ministro? Es como si se considerara directamente
responsable al general a cargo de un ejército compuesto por decenas de miles de
soldados por los errores que ha cometido uno de sus numerosos batallones
conformado por algunos centenares. En buena lógica militar, en ese caso el
responsable seria el jefe del batallón al que muy posiblemente habría que
sustituir POR NO DOMINAR LOS PRINCIPIOS Y NORMAS PROPIOS DEL MANDO DE UN
BATALLON.
Desde este punto
de vista lo sucedido en las dos empresas señaladas es responsabilidad
indiscutible de los respectivos administradores que se supone concentran todo
el poder necesarios para dirigirlas. Por consiguiente ya hemos determinado quienes
han sido los verdaderos responsables de las barbaridades que se cometieron con
esos recursos propiedad de todos los cubanos.
La siguiente
cuestión a despejar es por qué tuvo que
llegarse a ese nivel de comportamiento irracional desde el punto de vista de la
finalidad de esas empresas, para que se detectara la incompetencia de sus
administradores. Ello plantea dos
preguntas:
-
Ante
quienes respondían esos administradores por la actividad de las empresas que
dirigían
-
y como
eran controlados durante su gestión por quienes los habían nombrado por su
condición de representantes de los
propietarios de esas empresas, el pueblo de Cuba.
Con relación a la
primera pregunta, por encima de los administradores jerárquicamente hay dos
niveles, uno provincial y otro nacional. Con relación a la segunda se supone
que la administración de cada empresa debe informar periódicamente de su marcha mediante un informe objetivo de lo
sucedido. Esa información es doble. Por una parte, debe informar sobre el
cumplimiento de su plan y por otra parte, sobre el resultado económico de la
gestión empresarial, que hasta donde se sepa, solo puede ser expresada mediante
un informe contable que se llama balance de activo y de pasivo, y balance de
ingresos y gastos, cuyo resultado debe ser que los ingresos superen a los
gastos. Según el contenido de ese doble conjunto de informaciones, las
instancias superiores a nivel de provincia y nacional deben enjuiciar la marcha
de las empresas y actuar en consecuencia, obviamente mucho antes de que se
llegue a un nivel de crisis como sucedió en los dos casos señalados.
De la manera como
los Ministros encargados de actividades económicas suelen informar ante la
Asamblea Nacional del Poder Popular, según se puede observar en la prensa
escrita y en la televisión, la expresión fundamental de la calificación de lo
logrado se mide por el porcentaje de cumplimiento del plan de producción de
empresas y sectores de la economía. Nada se dice de sí fue rentable o no, y raras veces de la eficiencia con que se logró la producción y en esos casos se reduce
al nivel de conversión de insumos productivos fundamentales en los productos
obtenidos, tradición que como sabemos viene desde los tiempos remotos, años
sesenta del pasado siglo, cuando se puso en duda la existencia del valor como
medida de la actividad económica.
Si así son las
cosas, de las informaciones que periódicamente las empresas elevan a los
niveles superiores de dirección las que se toman en cuenta son las que se
refieren al cumplimiento del plan, porque por ese criterio se juzga el
cumplimento de las funciones administrativas de los encargados de las empresas.
Por tanto, en el caso de la Conchita, mientras lograba justificar el nivel de
cumplimiento alcanzado de su plan de producción, podían estar pasando cualquier
tipo de irracionalidades en su actividad de acopio y de conservación de las
frutas que adquiría para su elaboración, y lo mismo en el caso de la leche en
el Combinado Lácteo. Sobre el resultado económico de sus gestiones, de enviar
estados contables fidedignos, calificación que puede ponerse en duda, su
análisis e interpretación al parecer no ocasionaban ninguna preocupación en los
mandos superiores, conclusión lógica que desgraciadamente es confirmada por el
desastroso manejo de lo que acopiaban que ocasionó, al parecer, la remoción del
Ministro correspondiente.
Todo ello, lo que
sucede a nivel de las empresas como de los mandos superiores, es expresión
concreta de lo que se puede denominar como la cultura económica imperante en el
sector estatal de la economía. De la misma manera que un escritor debe conocer
las reglas del idioma en que escribe o un pintor la técnica necesaria para
expresarse en esa modalidad artística, así también un administrador de empresa
debe conocer las reglas y principios que rigen esa actividad y ante todo el
método de acopiar informaciones imprescindibles para ello, que solamente se
logra mediante una técnica que se llama contabilidad. Sin esas informaciones el
administrador es como un piloto que vuela sin instrumentos, vuela a ciegas, a
pesar de que la observación de las nubes y eventualmente del terreno que
sobrevuela pareciera que le permiten saber
dónde está y hacia donde va. Y como los hombres solo saben reproducir
día a día su manera de vivir, de pensar y de actuar, esos administradores y
jefes superiores solo saben reproducir la manera como han sido formados en esa
práctica para hacer su trabajo.
Cuando se inició
esta Revolución, para nombrar a un cuadro dirigente se anteponía la fidelidad
política al conocimiento técnico para desempeñar esa labor. Pero era la época
en que se llevaba a cabo la batalla política entre clases sociales que condujo
Cuba al socialismo. Ahora y desde hace ya buen rato el socialismo está
consolidado en Cuba. ¿Cuántos administradores de empresa se han graduado en una
escuela de estudios empresariales? ¿Cuántos administradores de empresa saben
contabilidad y exigen balances mensuales del estado de su empresa para poder
dirigir? Eso mismo se puede preguntar con respecto a los cuadros de niveles
superiores que los controlan y supuestamente dirigen. La fidelidad política ya
no es una condición necesaria y suficiente para dirigir.
No es por decreto
que se resuelve esta problemática diciendo que se ha separado la administración
de las empresas estatales concediéndoles independencia operativa con respecto
al órgano ministerial del cual dependen. Eso no es más que cambiar la fachada
de la realidad subyacente.
Y que me perdonen los administradores y
dirigentes de la economía nacional por decir lo que estoy diciendo. No es nada
personal, es solo economía política revolucionaria.