Por Mónica Rivero
“El que no
vive de noche se pierde la verdad”. Lo sentencia José Luis Cortés, que se convirtió
en El Tosco porque siempre ha sido un payaso. “Sí, payaso en el sentido de que
nada me amilana”. En su ya lejana adolescencia José Luis estaba durmiendo
mientras repartían en la escuela la ropa de trabajo, y finalmente solo quedaban
unas botas número 12 cuando él usaba el 7. Y así se las puso. Empezó siendo “el
hombre de las botas toscas”, pero “en Cuba todo se va poniendo chiquito por el
camino”.
Estudió
música sólo porque no llegó antes la planilla para que se hiciera pescador. “El
lío era salir del Condado [en Santa Clara]. Si me quedaba ahí, iba a ser un
buen delincuente, un buen borracho o un buen guapo”. Cuando lo aceptaron en la
Escuela Nacional de Arte, se vio ya con frac tocando un concierto de Mozart,
“pero no en una sinfónica; porque nunca me gustó ser gente de atril, sino
solista”.
Tiene
trece flautas, pero la preferida se la perdieron en una gira. “[Ryü] Murakami
decía que yo tenía que tener la mejor flauta del mundo, y me compró esa, de
plata completa”.
La
primera fue de caña brava, y con esa, un cubo y una guitarra con cuerdas de
menos, armó su primer grupo en El Condado, donde nació el 5 de octubre de 1951
en medio de un ambiente “totalmente artístico desde el punto de vista musical”.
“Aquello
estaba lleno de rumba, de toques de santos, de religión yoruba… muchísimas
cosas que tienen que ver al final con la música popular bailable”. Un vecino
que se llamaba Antonio Ríos “tocaba guitarra más o menos”, y lo enseñó a
solfear un poco. “Ahí empezó mi vínculo con la música”.
Su
padre, Rafael Cortés, tocaba los timbales en una orquesta de circo y su madre,
Aida González, quería ser cantante. Pero el abuelo “la arrastró por los moños,
por los conceptos que había en aquel tiempo de que trabajar en cabarets era ser
prostituta. Y tú sabes cómo se ponían los viejos esos antes, eran viejos
intensos”, cuenta.
Igual
su madre cantó… en la casa, mientras lavaba, por ejemplo. “¡Y lo hacía muy
bien! Me sé todas las canciones esas que ella cantaba”.
***
Lo
primero que quiso estudiar José Luis Cortés fue violín, pero no tenía
condiciones. “Me dejaron con el rabo entre las patas porque yo no quería otra
cosa”. Hasta que Antonio Pedroso, que estaba estudiando flauta en nivel
avanzado, le sugirió que lo intentara con ese instrumento.
“Tú
sabes que uno obstruye la forma de pensar cuando el medio castiga, y entonces
estaba negado. Pero me metió una muelita ahí, que la flauta es el instrumento
de los dioses…, y yo accedí”. Le hicieron el examen, y aprobó.
“En
la escuela nos movimos mucho en el ámbito de la música popular, que era un tabú
cuando aquello en las escuelas de arte. Querían que todo el mundo tocara
Beethoven, Mozart, Haydn. Pero nadie quería tocar a Antonio María Romeu, ¡ni
siquiera a Caturla! Era ‘Atrás fariseo’ con el que cogieran tocando esa música.
Te reportaban, te quitaban el pase… Amén de eso, lo hicimos y teníamos un
movimiento. Hasta que me apretó el zapato y me botaron de la escuela. Y tuve
que salir a chancletear.”
¿Qué pasó?
Me
sacaron por un año por una maldad del ex director de la escuela, que ya
falleció. Porque le di un knock out técnico en una pelea de boxeo delante
de toda la escuela. Y eso él no lo aguantó.
La
tenía cogida conmigo. El problema es que yo era la candela; yo era el director
del Festival de los Niños, Los vikingos les decía. También tocaba en la
Orquesta Típica de la escuela, que la dirigía Adalberto [Álvarez], y además
cantaba en el coro. Todo eso era una forma de escaparme del campo. De no
cogerla. Pero no solo por eso; es que me gustaba, yo era polifacético.
Y
cada vez que el director miraba, decía “Este tipo no trabaja y aparece en todos
lados” y entonces un día estábamos Chocolate el pintor, Premio Nacional de
Artes Plásticas, y yo practicando boxeo.
La
flauta no tiene nada que ver con el boxeo, te dan un golpe en la boca y ya tú
sabes que no puedes tocar, y las manos… Pero nada, yo estaba practicando y pasa
el director y dice: “¡¿También eres boxeador?! ¡Dame acá los guantes!”, y le
quita los guantes a Chocolate y se pone en su lugar.
Ya
tú sabes, se enteraron todas las barracas esas: “¡Se va a fajar el Tosco con el
director de la escuela!” Mil y pico de alumnos para el centro a ver aquella
pelea, y él se la creyó de verdad y empezó a darme golpes.
Yo
no quería darle porque, como quiera que sea, era una vara, un flaco. Pero
entonces me dio duro y me partió el labio. Yo nada más sentí el sabor a sangre…
y le di un hook izquierdo
que cayó aquella vara de pescar en el piso. Y la gente, que le tenían un odio
tremendo, me cargó en hombros.
Aquello
fue terrible. Él no lo aguantó nunca.
¿Y te expulsaron por eso?
No.
Me sacó por una discusión. Yo tenía que ensayar para el festival de los niños,
y unos monitores se habían llevado los instrumentos. Me botaron por discutir
con los profesores. Yo era fuerte, agresivo, que es mi forma de ser. Yo no
tengo otra. Y máxime con toda la pila de pencos esos que eran monitores, que lo
eran porque llevaban tiempo ahí, porque ninguno a la larga ha hecho nada
significativo. Han tenido que dedicarse a la muela y a la otra cosa, porque de
la música no ha vivido ninguno.
Entonces
me mandaron para donde está el ISA ahora, al Country Club. Los albergues
estaban cerrados y me pusieron a vivir en una suite de esas del Country Club, y
a comer. Tenían unos elevadores y me subían la comida en elevador. Viviendo la
dulce vida. Era un chamaco como de 15 o 16 años.
Y
un día estaba en la puerta del ISA tocando la flauta y se aparece el director y
me la quita. Y me botó de ahí, indiscriminadamente. Esa es la historia de por
qué yo soy un músico popular: porque no me dio tiempo a ser nada más.
Después
me llamaron y me hicieron una cantidad de propuestas y cosas, y yo no acepté
ninguna. Arturo Sandoval también fue expulsado, y por ahí para allá hay una
lista de expulsados que fuimos los que sacamos la cara por la famosa Escuela
Nacional de Arte. Después trataron de acercarse, “Coño, que el título
honorario”. No, yo ya pasé eso y no fui a recoger nada.
Ahí
empezaste con Van Van…
Tuve
que salir para la calle, quería cantar con la orquesta Aliamén de Santa Clara,
pero se apareció la Ritmo Oriental y me dijeron: “Vamos para La Habana”. Y
vine. Ya me habían llevado a los ensayos de los Van Van, pero mi papá no quería
que yo tocara música popular, quería que fuera clásico. Igual empecé a tocar
con los Van Van… hasta que vino el compañero Servicio Militar Obligatorio.
Yo
estaba tocando en el Echevarría y llegó un jeepy: “¿Tú eres José Luis Cortés?
Arriba”. Estaban buscando alguien con escolaridad para que manejara el equipo
R824 que era en el área de comunicación.
Me
mandaron para la 2424 en Limonar. Ya tú sabes, a pie y sin plantillas. Me
pelaron, me quitaron mi espendrún,
me robaron la ropa, acabaron conmigo. El jefe de la unidad no me decía soldado
Cortés, como a todo el mundo. Me gritaba “¡Músico!”
Pero
me fue a buscar el señor de la banda de Matanzas. “Mira gallo, aquí vas a tener
tu cama, aquí se come en plato, mira las jevitas pasando…”.
Hice un
grupo de música bailable con toda la música de los Van Van, y éramos los Van
Van de Matanzas. Cubríamos todas las fiestas de los cherembocos y las
delegaciones que venían. Nos pusieron a vivir en una casa de protocolo de Varadero.
¡Mira qué clase servicio ese! Ahí llegaba el ejército checo, todos los
ejércitos esos, se metían cuatro buches, y dejaban la botella por la mitad. Ahí
íbamos nosotros y metíamos la botella dentro del bombo de la batería, y después
fiesta. Ahí estuvimos tremendo tiempo.
La
pasé bastante bien. Hasta que una vez cogí el aparato ese para sintonizar las
emisoras americanas y escuchar la música que estaba de moda; y me sacaron de
ahí.
Pero
estoy vivo y me estoy riendo de todo eso, lo que yo pasé te hace falta para
poder triunfar en la vida. Por eso siempre agradezco el Servicio Militar
Obligatorio. Porque ahí tienes que bajar la cabeza, tienes que fruncir el ceño
y relajarlo poco a poco. Viene un bárbaro de esos, que es un hombre igual que
tú, y te dice: “Cállate la boca, fresco, descarado, párate en atención”. Y te
sientes como un monigote, pero aprendes a bajar la cabeza. Y en muchos casos,
sin cobardía, a veces hay que bajar la cabeza para poder ganar una batalla. Y
el jefe es jefe, aunque lea el periódico al revés. Eso es un concepto de Pello
el Afrokán.
Después
cogí otra etapa de Van Van, y luego Irakere. Y después NG la Banda que cumplió
ahora 30 años, que amén de todos los traspiés, de las cofradías, de la mancillación, de todas las palabras esas que son
palabras súper negativas… cuidado: tiene más valor porque se ha sabido mantener
ahí. Pero yo no guardo ni chisme ni dinero.
El
grupo nació un 4 de abril no porque yo quise, sino por casualidad. Me dijeron
que me donaban los instrumentos si yo tocaba en una fiesta y yo toqué. No fue
nada de “Vamos a hacerlo porque es el día de la juventud y los pioneros”.
¿Qué
pasó después con “La bruja”?
Llegó
un momento en que a mí me quitaron de la radio nacional. Borraron todas las
cintas, estando en el hit parade, en el number 1, por una canción y por una bobería de
esas de politiquería. Porque en definitiva, aquí vienen los yumas y se las
llevan por saco. Es la verdad. Este es un país donde la prostitución de la
mujer es mucha, pero no se puede decir porque los periodistas tienen la pluma
prohibida.
El
turismo busca sexo barato, ¿y esto tiene que ver con la música? Yo no tengo la
culpa, yo soy un cronista con las canciones que yo hago para que la gente
baile.
Mira,
le hice una canción al picadillo de soya. Yo estuve en Suiza por tres meses y
cuando regresé estaba en todas partes ese alimento suculento. Voy a casa de la
madre de un amigo, y la vieja me pregunta: “¿Ya almorzaste?” Y me dice que
tiene arroz blanco, frijoles negros, plátano maduro frito y picadillo de soya.
Y yo: “¡¿Cómo que de soya?!” Yo no sabía nada, y me enseña lo que es. Me saca
una cosa de color verde del refrigerador, rarísimo…
Me
pongo a averiguar y hago la canción. ¡Ay! Ahí yo estaba conspirando contra los
alimentos del pueblo. ¿Pero tú has visto más picadillo de soya por aquí? La
razón la tenía yo. ¡Eso no hay quien se lo coma!
Con “La
Bruja” no puedes imaginarte lo que me busqué. Por gusto, una canción que está
incluso respaldada por la prensa internacional, porque la revista Interviú hizo un artículo sobre las jineteras
en Cuba que decía: “4 de agosto, Palacio de la Salsa, tocando una de las
mejores orquestas de Cuba, donde su director José Luis Cortés, el Tosco,
cantaba a que las mujeres no jinetearan: ‘El precio del espíritu no se
subasta’…” y tacataca tocotoco. Pero la cogieron conmigo.
Empieza
el chisme. Empiezan los anónimos y los detractores y los infames que no te dan
la cara. Que si regalé dinero en el Palacio de la Salsa… Se acababa de
despenalizar el dólar, y tiraron una pila de pesos a la plataforma. Se lo
tiraban a la chiquita que estaba bailando. Recogí como 700 dólares y se los di
a ella. Y salió un hilo conductor directo para el Partido.
Pero
no hicieron el cuento bien. Tú sabes que hay una picardía cuando tú incitas a
la gente, pero no eres tú el que está provocando las cosas, eso es parte de la
experiencia que tienes que tener a la hora de trabajar con público. Yo ni mandé
a venir a los extranjeros esos, lo mío es tocar música. No voy a ponerme a
controlar lo que pasa en un concierto. Cada cual que haga de su culo un tambor.
Pero
nada, caí en boca de los envidiosos, de los detractores, y es muy fácil sacarte
del juego con mentiras. Dice Obara-rete que una mentira repetida mil veces se
convierte en verdad. Ese es el signo que saqué yo. La gente siempre está: “Qué
pesa’o el tipo este”, “Qué mal me cae”, “Y mira las botas que tiene puestas”.
¡Oye, me las compré, son mías! Ahora estoy viejo ya, no estoy para litigio de
nada.
¿No extrañas eso?
Yo
no sé, yo lo que soy es Shakespeare. Fui tildado de todo lo más malo del mundo,
incluso una palabra que yo creo que no está en la Real Academia, que es
“populachero”. Dijeron: “Este es populachero, grotesco”, todas las palabras
malas. “Las letras de las canciones no son felices”. Hay millones de canciones,
“kimbombó que resbala pa’ la yuca seca”, “échale salsita…”. Lo que hice fue
hacer una canción con los alimentos del momento. Estaba la McDonald’s y había
una cosa que hacían aquí que le decían McCastro. No puedo explicarte lo que se
formó. ¡El público le dice McCastro! ¿Qué le voy a hacer? También es que yo soy
fresco…
Tengo
una canción nueva ahora, que estoy pensando si la pongo o no la pongo porque ya
yo estoy tranquilo. Es mejor que me hayan olvidado.
¿Sobre
qué es?
De
la gallina y los pollos. Viste que se acabaron los huevos en Cuba. Irma se los
llevó todos y María vino a rematar. Ya se recuperó más o menos esto, pero está
cómico eso. ¿Cómo se van a acabar los huevos? ¿La gente de las granjas no
pudieron guardar las gallinas esas?
Nada,
yo siempre he tirado eso, y lo voy a seguir tirando, nadie me va a cambiar mi
forma de componer. Yo no soy Silvio Rodríguez ni Pablito Milanés. Allá ellos
con su trova, que yo sigo con la mía. La trova mía es la trova de la calle y la
trova de lo que pasa de verdad. O ellos la tiran más duro, pero con palabras
rebuscadas, con imágenes y con metáforas. No, lo mío es al crudo. Lo mío no
está revestido, está el alambre pela’o, sin el nailito por fuera.
¿Te
consideras el fundador de la timba?
Mira,
yo no sé, que se fajen ellos. Eso lo dicen Juan Formell, Chucho Valdés… aunque
Chucho dice: “Ya él hacía timba cuando estaba en Irakere”.
Hay
un concepto ahí para discutirlo, pero yo no voy a discutir con los grandes.
Ellos son los que saben. “El Tosco sí armó la timba, pero ya la timba se tocaba
en Irakere”. Formell dice: “Pero él fue el que agrupó a todo el mundo e hizo la
timba cubana”. Adalberto dice lo mismo. Todo el mundo dice lo mismo. Ellos lo
dicen, yo no digo nada. Yo lo que hice fue hacer música. Más nada que eso.
Y
tuve la oportunidad de haber tocado con Irakere y haber tocado con los Van Van
y digo que la música es un híbrido. La naranja cortada por la mitad donde se
coge de un estilo y de otro.
Dicen
“NG la Banda es lo que puso a bailar a todo el mundo en la década del 90 y
principios de los 2000”. Yo no me creo nada; ellos son los que dicen eso. Allá
ellos.
¿Qué hace un timbero cuando el bailador dejó
la timba por el reguetón?
Hay
una cosa que pasa aquí. La mujer en Cuba siempre fue recatada a la hora de
bailar. Cuando más te podías acercar era con un danzón, que pedías permiso a la
chaperona, y entonces bailabas. Y ahora no, ahora tú sabes que la chiquita
empieza a meter una cintura terrible y después viene un tipo cualquiera, y si
le cuadra, ahí se queda toda la noche. El baile de pareja está casi extinguido,
por muchas escuelas que hayan hecho, por muchos académicos que vengan de Suiza,
de Francia, hasta de Rusia, ¡hasta de China!, que vienen con el lío del casino.
El baile en Cuba lo ves que está en un rumbo flojo. Es un despelote total. Y
como lo más grave que hay en el mundo es no educar a las personas. Bueno, Cuba
es un país de cien años de lucha. Aquí nosotros somos guerreros. Tú tienes que
explicar bien las cosas porque si no la gente te va a contrariar.
En
general antes se mostraba la sensualidad, no la sexualidad, que son cosas
diferentes. El bailador se ha ido por la esquina de Tejas, haciendo lo que le
da la gana. Y ahora el trap ese. ¡Oye, eso está peligroso! Pero
bueno…
A
los muchachos del reguetón hubieran podido orientarlos. Hacen cosas que se ven
feas. No sé si han visto el video de ese muchacho, Chocolate, diciéndole
cosas a David Calzado… ¡Eso está fuerte!
Hasta
ahora entre los salseros eso no ha pasado, entre la gente que toca la famosa
timba cubana. Cuando el Médico [de la Salsa] y Paulito [FG] se fajaban era “yo
no canto pero cómo lleno”, “tú cantas pero no llenas…”. Boberías de esas. Pero
esto está terrible. Y eso que han cambiado para bachata, haciendo canciones de
amor, dicen ellos. “De amor”.
Se metió el
género, se metió el baile, y se metió la cofradía de los videos. Porque no es
lo mismo oír que mirar. Ya todo el mundo quiere vivir al modo americano, todos
los carros son imitando los carros de los reguetoneros de Puerto Rico y
Dominicana. La gente, la juventud, se va por ahí. Dejan las cosas y todo el
mundo aspira a tener lo bueno. La gente me decía: “¡Ah!, pero tú tienes un
Mercedes Benz”. Y yo les decía: “Ven acá, si Fidel tiene Mercedes Benz, ¿por
qué no voy a tenerlo yo? Ese debe ser el mejor carro, porque si el bárbaro lo
usa…”. Y lo compré yo con mi dinero. Trabajen, luchen, hagan economía y
cómprense lo que les dé la gana. Igual al final tuve que venderlo…
Otra
cosa son los videos, que por cierto no hay uno que no tenga vestigios de racismo
y vestigios de homosexualismo desde el punto de vista de la mujer. Eso no
existía antes.
¡Búscame
una negra en los videos esos! Todas son blanquitas lindas de esas qué sé yo qué
sé cuándo, con unos cuerpos del carajo y de la alfombra roja todas. Búscame un
video donde haya una negra prieta. Como si las negras no fueran bellas. Dos
veces que vi el Paquete distintas semanas ya me di cuenta de lo que estaba
pasando.
No
es que yo sea Malcolm X ni Angela Davis ni ninguna de esa gente, pero yo esos
pensamientos los tengo arraigados porque soy de esa época, de la época de la
segregación. Veo lo que está pasando: la raza púrpura no aparece por ningún
lado. Si acaso un reguetonero, y ahora los reguetoneros son blancos también.
Blancos y bonitos. Menos Chocolate.
Chocolate
es un caso. Ese negro es un chamaco que tuvo que convertirse en eso para poder
hacer algo. Tuvo que changanear con la gente, fajarse con la gente para que la
gente le hiciera caso. Yo me acuerdo de un día que toqué en el Combinado y lo
mandé a buscar. Le dolía la cabeza, pero yo lo puse a cantar conmigo ahí.
Él
me considera un poco por eso. Pero a mí no me importa que él me considere. Yo
no tengo nada que ver con eso. Ni con el género, ni voy a meterme nunca con
nadie, porque esas son inmoralidades sociales. En mi época pasaba eso y te digo
que te metían un tiro. ¡Porque eso lo ve todo el mundo!
¿Te has hecho conservador con la edad?
No,
la gente tiene la mente perdida pero yo estoy abierto a la inteligencia.
Aparte, tengo información de aquí y de allá, porque si tú quieres ver las cosas
como son, tienes que saber del amigo y del enemigo. Porque no es lo mismo
Cotorro que catarro.
Mira
con el Premio Nacional de Música vinieron a decirme que había muchos
comentarios a favor y muchos en contra. A mí no me importa, lo mío es una
galleta sin mano. ¡Sufre con lo que yo gozo! Más nada que eso.
Ya
a mí no hay más nada que darme. Ya soy doctor honoris causa,
tengo todos los premios que se pueden dar en Cuba, todos los machetes. ¡Cogí
dos llaves de la ciudad en Santa Clara! Parece que una para entrar y otra para
salir. Entro por Villa Clara y salgo por Sancti Spíritus. No sabían que me la
habían dado y me la repitieron.
En
Miami dijeron que el premio fue por el homenaje a Fidel. En el programa de
Carlos [Otero], uno pide una flauta y toca el himno americano y dice: “Porque
si el Tosco fue a tocarle a la piedra, yo le voy a tocar a Washington”. Pero no
le toqué a Fidel solo, fue a Almeida también. Y me falta Vilma.
Son
cosas que me da la gana a mí de hacer. Yo le toco a quien me dé la gana. La
flauta es mía y la música también. Yo eso lo tenía en la cabeza: “Le voy a
tocar a la piedra” y fui y le toqué. A mí nadie me propuso nada. Si me lo
proponen no voy y le toco. Yo soy al revés.
Yo
tenía un compromiso con Fidel, porque me salvó una vez. Si no fuera por Fidel
yo estaría preso. La cogieron conmigo de una manera espantosa. Yo era la peste
de los artistas, y Fidel tuvo una manifestación y ahí se acabó toda la
jodienda.
¿Y
Vilma?
Vilma
fue la que me mandó a matar con “La Bruja”. Después se dio cuenta de que no,
porque se dio una reunión y yo gané. Era una lápida lo que me estaban haciendo,
lo que pasa es que el que tiene amigos tiene un central y ya Interviú sabía que se estaba tejiendo que me
iban a partir las patas y llevé un ejemplar de la revista.
Entonces
cuando las asesoras esas famosas, que es muela nada más lo que meten, me
cayeron arriba con que no sé qué no sé cuándo… y “su música no ha sido la más
feliz”. Le digo yo: “¿Cómo cuál?” Dice ella: “La cachimba”. Y yo: “Ah, espérate
un momentico”. Casete. Y ahí empieza: “tiqui tiqui cuncu la mujer cubana es la
mujer más estelar del mundo. Ataca Chicha”. “¿Esa es la que tú dices?”
Y
ahí se formó la bronca. Que si el dinero en el Palacio de la Salsa. ¡Mételos
presos, a los que tiraron el dinero! Y que en tal lugar tal cosa que usted
hizo. El primero que se levantó fue Armando Hart y se fue. Estaba Abel Prieto,
que era de la UNEAC cuando aquello, se levantó y se piró. Se piró Carlos Lage,
se piró malanga y dejaron nada más a todos los tracatanes ahí, y Alicia Perea
cuando vio todo eso dijo: “Espérense un momentico, a veces nos equivocamos,
porque a este yo le di clases en la escuela y es un excelente flautista y es un
cubano. A veces los videos son los que desvirtúan”.
Y
ahí la cogieron con los videos. Entonces la cogieron con Adalberto y “Chichita
no quiere que monte la guagua por atrás”, el profesor de 10mo grado, la
cogieron con todo eso y cuando sale el tema de “La bruja”. Yo dije: “¿Puedo
hablar? Parece mentira que hasta una revista capitalista 100 por ciento, que
hace 1 millón de dólares de tiradas mensuales se dé cuenta de que yo tenía
razón. El Tosco dice que el precio del espíritu no se subasta”. Y Esteban Lazo,
que también estaba ahí, dijo: “Mire Vilma, esto no procede”. Y se paró.
Después
Vilma me llamó: “No, que es verdad que a veces son los videos y se confunden,
pero usted es un revolucionario, si no, no lo hubiéramos llamado aquí”.
Mentira, iban a partirme las patas, lo que pasa es que yo les di una galleta
sin mano porque para todas las cosas que hacía la Federación [de Mujeres
Cubanas] contaban conmigo. Yo le hice a Vilma una pila de proyectos, ya después
amiga mía. Le hice todo el dinero para la revista Mujeres, todos los festivales de
mujeres, y también le hice una canción con la camerata de flauta. Y le voy a
tocar la flauta también ¡porque me da la gana! En las redes sociales que hagan
lo que quieran, yo vivo en Cuba.
Mira,
el problema es que Marco Rubio no comió picadillo de soya y ya no tiene familia
en Cuba y el otro verraco tampoco y Diaz-Balart tampoco. Toda esa gente está
viviendo del exilio de la tez clara. En el teatro ese cuando hacían una tirada,
no hay un negro. ¿Cuál es? Conmigo hay que jugarla, de verdad que sí, porque
estoy enterado y alimentado de todo lo que pasa aquí y allá.
¿Cómo?
Con
las redes sociales.
Y
Donald Trump es un comemierda, que no sabe que el daño se lo está haciendo al
pueblo de Cuba, porque Raúl sigue comiendo su dieta especial y todos los
dirigentes siguen comiendo bistec y el que está jodido es el pueblo. ¿Tú sabes
cuántos cubanos trabajan en los hoteles de Gaviota? El dinero va a ir para el
lugar que va de todas maneras, ciérrenlo o no. Si no vienen los americanos,
vienen los canadienses o si no los chinos o los belgas.
Eso
no es forma de tumbar un gobierno. Los gobiernos se caen solos, por cosas que
pasan. No porque tú hagas una campaña proselitista desde afuera para tumbar
esto aquí. Esto lo tumba la gente de aquí si lo va a tumbar. Aparte el invicto
se fue invicto. Le dejó el trono al hermano. Y ahora el hermano no sé a quién
se lo va a dejar, hay que esperar ahora porque él sigue siendo el jefe del
Partido, y el Partido es inmortal. Es verdad también que hay que darle sangre
nueva a la política, no se puede ser tan ortodoxo porque es demasiado.
¿Cortés
o el Tosco?
Se
ha quedado “el Tosco”, pero yo no tengo nada que ver con eso. ¡Mi apellido es
Cortés! Yo soy la antítesis: del Tosco a Cortés va muchísimo.
No
me gustan las tosquedades, menos el boxeo que sí me gustaba. Todo lo demás, no
estoy pa’ eso, aunque tampoco tengo nada que ver con las flores ni los pájaros.
Hay una confusión muy grande con eso, porque dicen que el de signo Libra es muy
afín a esas cosas. Fíjate en los Libra famosos para que veas que ninguno tiene
nada que ver conmigo.
¿Qué ha sido la flauta estos 47 años?
Parte
de mi alma, es mi corazón, es con lo que yo puedo expresar de verdad la música
que yo hago. Yo toco un poco de piano, un poco de bajo, pero la flauta es la
que yo llevo de verdad y me hace transmitir lo que tengo aquí adentro. La
flauta sin mí… digo, yo sin la flauta no soy nada.
¿Qué música oyes?
A
mí la música que me gusta es la música brasilera. Me mata. Y estoy escuchando
sobre todo Ella Fitzgerald, que no es brasilera pero cantó muchas cosas de
Brasil. Toda la samba esa la cantó. Elis Regina, Milton Nascimento, Djavan,
el caballo de la música brasilera que es el que inventó el bossa nova: Jobim. Esos son los temas más lindos
que hay en el mundo.
Yo
escucho eso, y a cada rato música clásica. Tchaickovski me encanta, me gusta
Brahms, que a la gente no, pero la orquestación de Brahms, ¡cuidado! Métete
adentro de la música. Hay que sentir los contrapuntos que tiene, la cuerda… es
un animal. Chopin, Schubert, que es otro caballo. Liszt, otro caballo. El neo
romanticismo, el impresionismo… es lo que más me gusta escuchar. Porque ya tú
sabes que los barrocos son para los estudios y eso, los barrocos son para otra
cosa.
Fuente: https://oncubamagazine.com/cultura/tosco-y-cortes/