martes, 17 de junio de 2014

Irak: Las consecuencias del oportunismo político

Por Guillermo Rodríguez Rivera

Al empezar a comprobar – no se ilusione Tony Blair, porque las cosas apenas comienzan – las consecuencias de la acción aventurera de George W. Bush y suya (apenas como “agresor consorte”) en Irak, no puedo menos que recordar el estrepitoso fracaso de los dirigentes estadounidenses (Eisenhower y Nixon, con la CIA incluida, pero también los liberales Kennedy) en ese episodio que tiene dos nombres: en Estados Unidos lo llaman la “derrota de Bahía de Cochinos, los cubanos lo conocemos como la  “victoria de Playa Girón”.

Los extremistas yihadistas tomaron Mosul, avanzan sobre Bagdad y amenazan con subvertir el “orden” dejado allí por la invasión y la guerra angloamericana. Habría que añadir a España, pero si la Inglaterra de Blair era la invasora consorte, la España de Aznar fue apenas una suerte de mucama bélica.

Invadieron Irak mintiendo de cara al mundo: desautorizaron a los serios y calificados inspectores de la ONU y proclamaron que el gobierno iraquí disponía de armas de destrucción masiva que luego los mismos invasores no fueron capaces de encontrar por ninguna parte.

Los Estados Unidos habían usado a Saddam Hussein en su batalla contra la revolución iraní, del mismo modo que usaron a Bin Laden y a los talibanes como instrumento contra la presencia soviética en Afganistán.

El gobierno de Saddam Hussein nada tuvo que ver con los ataques del 11 de setiembre y Bush lo sabía: el asalto militar a Irak fue para dar brutales ganancias al complejo militar industrial (incluidas las que correspondieron a Donald Rumsfeld y Dick Cheney) y apoderarse del petróleo iraquí. A Hussein lo juzgaron unilateralmente y lo ahorcaron, como años después lincharon a Muamar el Gadafi. En ambos casos lo que tuvieron en cuenta fue la superioridad militar: todo otro análisis sobraba, como ocurrió en la Cuba de 1961.

Obama heredó el asunto pero, como a toda cosa que vino podrida desde su nacimiento, no ha conseguido encauzarle un derrotero. Blair sí sabe de su complicidad en la agresión a Irak, en la mentira que Bush y él lanzaron sin pudor al mundo, pasando por encima del Consejo de Seguridad de la ONU, y  ahora ha buscado una barata justificación de pistolero para el asunto.

BBC Mundo, que está muy lejos de ser objetiva en el tema, ahora presenta así las cosas:

       Muchos analistas consideran que la génesis de la crisis que atraviesa
       Irak, desgarrado por conflictos sectarios y con la amenaza de terminar
       desintegrado, se encuentra en la invasión de 2003 y el derrocamiento
       de su entonces presidente Sadam Hussein por parte de una fuerza
        encabezada por Estados Unidos y Reino Unido que no contó con la
        aprobación de Naciones Unidas.

        Otros aseguran que esa situación se agravó a partir de 2011, cuando
        el inicio del retiro de tropas estadounidenses dejó desprovisto un
        gobierno iraquí débil.

Las dos opiniones, lejos de oponerse, se complementan. Bush y Blair derrocaron a un gobierno que mantenía la estabilidad en un país partido entre sumnitas, chiitas y kurdos. Ello, además, en una región desestabilizada por la continua expansión israelí y su agresividad contra los palestinos y, en general, contra los pueblos árabes que rodean el estado judío.

Blair se niega de plano a reconocer la responsabilidad de los invasores de 2003 en la actual situación iraquí, y pretende atribuirla a la guerra en Siria, que los Estados Unidos y sus aliaos occidentales propiciaron a partir de 2011. La solución para Blair es atacar también a Siria e imagino que si allí no le salen tampoco bien las cosas, pretenderá aniquilar a Irán y acabar de establecer el pleno dominio de Israel en el Medio Oriente y, claro, el de sus socios de la OTAN. Blair quiere curar con más de lo mismo.  Eso, imagino, hasta donde pueda dominar abusando.

Me temo que las cosas se van a complicar para el laborista que se ha colocado a la derecha de Margaret Thatcher, pero me parece que con mucha menos sinceridad que la Dama de Hierro. Europa tendrá que entender que no será feliz hasta que se deshaga de esa izquierda que, sin pudor, hace el más sucio trabajo de la derecha. Esos políticos que, de una manera u otra, la van a desangrar.

La agresión norteamericana no tuvo como objetivo combatir el terrorismo: Bush y Blair sabían mejor que nadie que el gobierno de Saddam Hussein no tuvo ninguna implicación en los atentados del 11 de setiembre. Allí se fue a aumentar las riquezas del complejo militar industrial con una guerra más y a encontrar no armas de destrucción masiva que B y B sabían muy bien que no las había, sino a ocupar los ricos campos petroleros de la nación asiática.

No fue una guerra: desde que los vietnamitas los echaron a patadas del sudeste asiático, los jefes de la gran potencia se cuidan de mandar la infantería a combatir: Bagdad fue un gran blanco para aviones y cohetes angloamericanos, que masacraron una ciudad que no podía defenderse.

Recuerdo una tristísima canción que Silvio Rodríguez compuso por esos días y que incluyó en Cita con ángeles:

                              Tomando en cuenta la santa inocencia
                              voy a cantarle a la vieja Bagdad,
                              donde mis sueños bebieron esencias
                              y donde en noches de luminiscencia
                              de niño zarpaba siguiendo a Simbad.

Luego del encantado recuerdo de Las mil y una noches, venía el estupor, la impotencia no ya del hombre revolucionario o progresista, sino de la simple persona decente que se sobrecoge al asistir a la contemplación de la masacre que organizan los poderosos de una población que no puede defenderse, que no tiene con qué defenderse:

                                   Alguien debiera hechizar portaviones,
                                   alguien debiera apretar un botón
                                   que reciclara metralla en razones
                                   y poderío en conmiseración.

La voz que canta siente que, de algún modo, se está sacrificando un momento querido de su vida, que es también la vida de todos:

                                     Bajo las sombras vagan inquilinos
                                     de las leyendas que fueron maná:
                                      pasa la sombra infeliz de Aladino
                                      sin una lámpara para el camino
                                      y sin el secreto de Alí Babá.

El reclamo final de la canción se vuelve terminante:

                                        Algo debiera embrujar los misiles,
                                        alguien debiera hacer estallar
                                        el hongo de los derechos civiles
                                        de los fantasmas que pueblan Bagdad.

Como un lamento, un estribillo recorría la canción:

                                       ¡Qué solo está Sinhué,
                                       de amor, y de fe!

El genocidio cometido por Bush y Blair está reclamando la retribución que puede llegar por complicados caminos. Esos yihadistas no parecen ser hombres del gobierno sirio, sino parte de esa canalla mercenaria que occidente ha sembrado en el Oriente medio y que muchas veces no puede controlar. Es curioso que sea el gobierno iraní, amigo de Siria, quien este ofreciendo ayuda a los iraquíes para enfrentar al extremismo.

Todavía cosas peores cosas va a encontrar Tony Blair en los días que vienen.

domingo, 15 de junio de 2014

Otras instantáneas












Duo Cofradía


Fernando Cabreja

Fin de concierto en Moa

Caminante, no hay camino...




viernes, 13 de junio de 2014

Cantar en / por Nicaro

Por Víctor Casaus

“Vamos a hacer tres piezas, si ustedes aguantan”, amenazó Frank Fernández, cuando invitó a Niurka González, “la mejor músico joven de nuestro país” según sus palabras, a acompañarlo en el escenario de ese nuevo concierto de La gira interminable.

Y la gente de Nicaro, reunidos en la plaza René Ramos Latour, con el fondo impresionante de la fábrica de níquel detenida en el tiempo pero no en el corazón de los nicarenses, no sólo “aguantaron”, sino disfrutaron esa convivencia pacífica, creadora de la música culta y la música popular. Así vendrían, de Frank y Niurka, el primer movimiento de la Sonata de Mozart, la Siciliana de Juan Sebastián Bach y la letra, cantada por la toda la gente desde la plaza, de ese monumento a la canción que es “Quiéreme mucho”.

Antes Frank ya había sido presentado por Silvio y había tocado la versión del “Ave María” de Schubert, en versión para piano, mientras compartía recuerdos y confesiones de mayarisero ausente-presente:

Muchos de ustedes no lo saben pero el primer coro que se hizo en este lugar –años 60, 61– lo fundé con los trabajadores de los altos hornos. Veníamos de Mayarí y llegamos hacer conciertos importantes, uniendo el coro de Mayarí : llegamos a Santiago de Cuba y tuvimos mucho éxito. Todo eso ahora no está, pero también está. De alguna manera las cosas permanecen, sobre todo las cosas buenas hechas de corazón.

Después las tres obras “aguantadas/disfrutadas” con Niurka, Frank invitó a Silvio con estas palabras:

Antes de que se queden con el trovador y sus magníficos músicos, quiero recordar cuando hace muchos años atrás tocábamos juntos, cantábamos juntos. Entonces empezó nuestra amistad, que dura hasta hoy y espero que sea eterna. Por eso tambn, invito a Silvio a que haga dos canciones conmigo: “Requiem” Rabo de nube.

Este segundo concierto de la gira oriental me permitió re-conocer los escenarios de esta zona rica y compleja de la geografía, la economía y la historia del país. Y, para presentar a Silvio, hice llegar a los nicarenses estas palabras que tomo ahora de mis apuntes del día con las que continúo esta crónica urgente.

Querida gente de Nicaro:

Es una alegría compartir con ustedes este trabajo maravilloso de esos imprescindibles de que Silvio hablaba, con la presencia de Frank Fernández, esa gloria de la cultura cubana.

Silvio ha tenido la idea formidable de traer las manifestaciones artísticas hasta estos lugares, yhemos comprobado juntos para nuestra alegría– que la cultura ya está aquí, de muchas formas. Aquí en Nicaro –como en Moa, a donde iremos el viernes– ha estado a través del trabajo del níquel, durante décadas: eso es parte esencial  de la cultura popular de la gente y de la vida de la gente.

Desde las instituciones del níquel se han organizado eventos artísticos, concursos de literatura, en los que se ha expresado la riqueza cultural a partir de esa riqueza material, de la naturaleza, que marca estos paisajes impresionantes.

Además de hacer en este momento la donación de libros que esta Gira… siempre trae a las comunidades, provenientes del sello Ojalá, del Instituto Cubano del Libro y del Centro CulturalPablo de la Torriente Brau, vamos a tener aquí la entrega del Premio Lengua de pájaro a Silvio y a Frank. Ya hemos hecho llegar los libros, esa biblioteca que invita a leer y a pensar, a la Escuela Primaria Tania la guerrillera, de Nicaro. Y ahora quiero invitar aquí a la promotora entusiasta y sostenida de ese Premio durante más de dos décadas: Sara Remedios.

Sara nos habló a todos, después de escuchar, una vez más emocionada, las estrofas del poema “Nicaro”, con el que Jesús Padua ganó la primera convocatoria al Premio Lengua de pájaro en el año 1992:

Mi pueblo es un barco grande
encallado en la bahía, su mole
de hierro y polvo se ha robado
el alma mía.

En nombre del pueblo de Nicaro queremos entregar el Premio Lengua de pájaro a Silvio y Frank por habernos dado el placer de disfrutar de su arte. Explico que este es un premio único –cuyo original fue creado por el escultor nicarense Noel Peña– que solamente lo han recibidoantes los ganadores del Concurso del mismo nombre que lleva 22 años celebrándose. Este es entonces un Premio Especial para Silvio y para Frank, a nombre del pueblo de Nicaro.

La Gira interminable sigue. Por eso, porque es interminable, y el viernes estaremos en Moa, donde Silvio hará esa última etapa de esta jornada oriental, esta invasión de Occidente a Oriente. Esta también es una guerra, como aquellas, por la libertad y la independencia, trayendo la belleza y el amor.

Allí en Moa está invitado el dúo Cofradíaintegrado por Pachi y Líaque trabajan actualmenteen Trinidad, y estará también el trovador de estas tierras Fernando Cabreja, quien organizó por más de una década el Festival de la Trova en Moa, y nos acompañó en Nicaro, desde elpúblico junto a Edelis Loyola, su compañera y trovadora nacida en Punta Gorda.

Para concluir la noche, silviófilos y silviófilas de la región se acercaron para felicitar y saludar al trovador. Entre ellos, algunos periodistas aventuraron las preguntas finales de la jornada, que Silvio respondió:


Periodista:
¿Qué importancia tienen la música y la canción traída por usted a estos lugares?

Silvio:
Eso es parte de lo que hace el hombre para su goce, para su bienestar, y que tiene sobre todo esa utilidad: una utilidad espiritual, una función que desencadena sentimientos, emociones. Me parece bastante eso. Y por eso nos alegra mucho hacerlo.

Periodista:
El público cubano sigue viendo a Silvio como aquel jovencito, muy delgadito, y sigue soñando con esas canciones. ¿Entraña eso algún compromiso?

Silvio:
Ya me dijiste viejo y gordo en una sola pregunta. Es verdad. Pero para hacer música, para querer a la gente y para que la gente despierte emociones en uno, y para uno intentar la viceversa, no hay edad, ni hay peso: solamente hay ganas.

Periodista:
¿Cuáles son los sueños de Silvio hoy?

Silvio:
Terminar las entrevistas, para irnos a descansar después de un día maravilloso como el de hoy.Muchas gracias.

Prueba de sonido

La fábrica que no se puede retratar

Imprescindibles al acecho

Gente de Nicaro...
















viernes, 6 de junio de 2014

Expedición barriholguinera

Salimos de La Habana a las 8 y media am, paramos en Sta Clara y en Florida (baños con agua y presentables). Tras esquivar algunos caballos y vacas sueltos por el camino, llegamos a Holguín a las 5. Parece que los conciertos de Mayarí y Nicaro están muy bien organizados. Decidimos hacer el de Moa, pese a algunas descordinaciones de las que el pueblo no tiene la culpa.

Frank Fernández está celebrando sus 70, que cumplió el 16 de marzo, y estará con nosotros en los dos primeros. El día del concierto de Moa le hacen un homenaje en Holguín.  Ese día tendremos como invitados al dúo Cofradía.
Ensayo en Holguín

Oteando Mayarí

Monumento a Altagracia Tamayo, madre de Frank Fernández, precursora del arte musical en Mayarí.

Nicaro irrumpe en la prueba de sonido




domingo, 1 de junio de 2014

Carlos Rafael en sus 101

Flaco: Te envío las palabras que dije en el XI coloquio sobre Carlos Rafael, en Cienfuegos, el 23 de mayo pasado, día de su 101 aniversario. Un abrazo,
Raúl

Raúl Roa Kourí, Carlos Rafael Rodríguez, "El Flaco" y Vicente Feliú,
década del 70

Hoy 23 de mayo Carlos Rafael Rodríguez habría cumplido 101 años. En esa fecha de 1913 nació en Cienfuegos, la bella “Perla del Sur” que todavía muestra la impronta de sus fundadores franceses venidos de la Nueva Orleans.  Cursó sus estudios primarios en el Colegio Monserrat “de los jesuitas”, quienes, según él me dijera, fueron responsables de  su rigor intelectual; y los secundarios en el colegio Academia Champagnat de los Hermanos Maristas de esa ciudad.

Desde muy joven Carlos Rafael inició sus lecturas de José Martí, amén de otros clásicos de la lengua, y, por supuesto, de escritores de la antigua Grecia y la Roma eterna.  Inicio su vida política en 1929, cuando  cobraron auge las luchas estudiantiles contra la prórroga de poderes de Gerardo Machado, que cuajaron en aquella tremenda tángana del 30 de septiembre de 1930, en que corrieron juntas sangre estudiantil y sangre obrera.  Allí cayó Rafael Trejo y fueron heridos Pablo de la Torriente Brau e Isidro Figueroa.  Por esos días, Carlos  ingresó en el Directorio Estudiantil, creado en Cienfuegos tras la muerte de Trejo.  Fue dirigente del DEU durante toda la lucha antimachadista, sufriendo prisión en 1931.

Depuestos Machado y el gobierno provisional de Carlos M. de Céspedes, que le sustituyó tras la “mediación” de Sumner Welles, por el movimiento estudiantil y los sargentos y soldados sublevados el 4 de septiembre de 1933, Carlos Rafael fue designado parte de un triunvirato que ocupó la Alcaldía de Cienfuegos.  Carlos, como mi padre antes, se desligó del DEU por hallar que sus fronteras ideológicas no traspasaban las de la República semicolonial, supeditada al imperialismo yanqui, y se enroló en el Ala Izquierda Estudiantil, orientada por el Partido Comunista de Cuba, al cual adhirió en 1936.

Había fundado, durante aquellos años de lucha, con otros compañeros de estudios e inquietudes, entre los cuales figuraban Juan David, Raúl Aparicio y Edith García Buchaca, el Grupo Ariel, de decidida postura martiana y antimperialista.  A éste se debió una importante actividad patriótica e intelectual, que trascendió las fronteras de Cienfuegos, para ser reconocida en todo el país.

Si, como ya dije, debió su rigor intelectual al colegio jesuita, fueron también las vastas lecturas de los clásicos del pensamiento marxista y la literatura universal, su permanente curiosidad intelectual, las que le permitieron conocer a fondo la literatura rusa, soviética y estadounidense e incursionar más tarde en los contemporáneos japoneses, austriacos, nórdicos y latinoamericanos. Ello  dio fundamento a su condición de intelectual orgánico en el sentido gramsciano.
 
Cursaba yo, en 1955, los primeros años de la carrera de Ciencias sociales y derecho público en la universidad habanera -nuestro exilio en México me había impedido matricular antes- cuando Luis de la Cuesta, entonces director de cultura de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y, desde hace años, tránsfuga avecindado en Miami, me convidó a una reunión de Juan Nuiry, presidente de nuestra Asociación de estudiantes, y dirigente de la FEU, con Carlos Rafael Rodríguez.

Se trataba de conversar con éste sobre la situación nacional y revolucionaria, la política que venía desarrollando José Antonio Echevarría a la cabeza de la FEU, las  acciones progresistas y antibatistianas de su dirección de cultura, para conocer de primera mano la visión que de todo ello tenía entonces el Partido Socialista Popular (PSP) a cuyo Comité Nacional pertenecía nuestro interlocutor.

No había disfrazado en modo alguno su conocida estampa: tenía el cabello libre de las canas que luego le vimos, y por supuesto, más poblado; usaba espejuelos de aros redondos y bigote cuidado.  “A ti te conocí recién nacido” –me dijo “aunque luego nos encontramos con tu padre en alguna librería de la Habana Vieja”.

Efectivamente, yo recordaba a Carlos también de mi adolescencia, pues a los 14 o 15  años lo saludamos Javier Pazos y yo en la editorial Páginas, que él dirigía, en cuya librería  procurábamos hacernos de literatura marxista.  En 1936, al regresar mi padre de un breve destierro en los Estados Unidos, tras la huelga de marzo de 1935, ahogada en sangre por Fulgencio Batista y José Eleuterio Pedraza, Carlos Rafael le había visitado en nuestra casa para instarlo a ocupar en el Partido Comunista (PC) el lugar que había dejado al morir Rubén Martínez Villena.

Por supuesto, la modestia característica de Roa le inhibía de imaginar siquiera poder llenar el gran vacío que se produjo en el movimiento revolucionario y obrero con la desaparición del que fuera no solo digno sucesor de Mella, sino brillante agitador, pensador, organizador y dirigente de la lucha contra Machado. Pero además, Roa junto a Pablo de la Torriente, Gustavo Aldereguía, Manuel Guillot, Ramiro Valdés Daussá, Leonardo Fernández Sánchez y otros compañeros discrepaban ya de algunas posiciones de la Internacional Comunista dictadas por Stalin, que adoptó el PC cubano, como los demás miembros de la Internacional.

Aquella discrepancia no implicaba, en modo alguno, que ambos no continuaran  -Roa como “francotirador” y Carlos Rafael como militante del PC-  su brega revolucionaria: entendieron desde muy temprano, que los campos en Cuba estaban claramente deslindados; los que combatían por la liberación nacional y el socialismo frente a los que respaldaban la brutalidad imperialista, la neocolonia, el racismo, la discriminación racial, y la opresión social.  Ninguno creyó jamás en la llamada “neutralidad” de la cultura.

Carlos Rafael ha dicho que, alguna vez, quiso ser escritor. Los deberes de la lucha le convirtieron en un escritor al servicio de la causa en que creía.  Confirmó así que “el combatiente que siempre quiso ser se sobreponía en él al escritor que no cuajó enteramente”.  A mí me confió que era tanto su afán por hacer las cosas bien, que cuando se dio cuenta que no escribiría jamás como los clásicos, optó por desistir de aquel empeño.  En realidad sus ensayos, artículos, discursos y notas tienen un estilo sobrio y afilado, de ahí que al recogerlos hace algunos años, en los tres tomos publicados por la editorial de Ciencias Sociales, los titulara Letra con Filo.

En su manera de ver nuestra historia y el proceso de la cultura y el pensamiento cubanos está (cito) “implícito el esfuerzo, que no creemos del todo fallido, de evadir el encuadre dogmático –tan frecuente hace 40 años y de recuperar el método creativo que Marx y Engels usaran en el Dieciocho Brumario y en las Guerras Campesinas, y que aparece diseñado creemos que por primera vez en la teoría de habla española  en el ensayo (1943) en que proponemos una escritura de la historia de Cuba que utilice no las supuestas categorías estériles de un marxismo esclerosado, sino la forma vivaz, rica y bullente de los propios clásicos”.

En diversos trabajos del libro al que nos referimos, no solo se encuentran sesudos análisis de la estructura económica de la Cuba prerrevolucionaria, sino polémicas esclarecedoras -como la sostenida con el Dr. Raimundo Lazo, viejo liberal, profesor y miembro del Partido Ortodoxo- sobre el verdadero contenido de los conceptos marxistas de la libertad, el individuo, la democracia, el Estado y la revolución.  Hoy vale la pena releerlos, porque tras la crisis y el derrumbe de la Unión Soviética y el llamado “socialismo real”, el combate por un verdadero socialismo democrático y representativo está a la orden del día. 

En 1971 fungía yo como director de relaciones internacionales en el ministerio de la industria alimentaria (MINAL), bajo la dirección de José A. (Pepín) Naranjo y había asistido, en esa capacidad, a una reunión de la comisión respectiva del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) que tuvo lugar en Checoslovaquia.  El director de esta rama en el Consejo,  me invitó a visitarle en la sede del CAME en Moscú, donde obtuve valiosas informaciones para nuestra industria.  De aquella conversación nació mi interés por impulsar la colaboración del MINAL con los países miembros. 

Al conocer que el Departamento CAME del MINCEX sería atendido, en lo adelante, por la Comisión de Colaboración Económica y Científico Técnica (CNCECT), que presidía Carlos Rafael, aproveché un encuentro fortuito, en el velorio del viejo revolucionario, amigo de Mella y médico de Rubén Martínez Villena, doctor Gustavo Aldereguía, para preguntarle si podría serle de utilidad en ese ámbito. Repuso que podría ser su Director, pero que yo mismo debía obtener la anuencia de Pepín Naranjo, pues no se dedicaba “a piratear cuadros”.

Obtenida la autorización, que Carlos confirmó telefónicamente, pasé a formar parte del “pequeño ejército loco”, como lo denominaba –burlas veras su vicepresidente, Francisco (Pancho) García Valls, lamentablemente fallecido hace pocos años, con quien anudé entrañable amistad. Carlos me citó a su despacho y me advirtió, de inicio: “Los verdaderos revolucionarios, como tu padre, como yo, tenemos enemigos; algún compañero de la dirección –pero no de las más alta dirección manifestó su inconformidad con tu traslado a mis oficinas. Siempre que tengas razón, puedes contar con mi apoyo, pero si fallas, pedirán tu cabeza. Te lo digo ahora, que ya formas parte de la Comisión.” Agradecí siempre su franqueza y, como pueden ver, mantengo todavía la testa sobre mis hombros.

La idea de Carlos Rafael no era que Cuba ingresara de inmediato como miembro pleno a la organización integracionista del campo socialista.  De hecho, al iniciar mis estudios sobre como mejor colaborar con el CAME me dijo: “no debemos aspirar a una relación tan intensa como la de Polonia, ni tan tenue como la de Yugoslavia, que era miembro asociado; podría ser como la de Mongolia, pero teniendo en cuenta nuestro mayor nivel de desarrollo relativo”.

Al ser invitados en 1972 a la sesión del CAME en Moscú, esa fue la posición aprobada por nuestro gobierno. Sin embargo, tras el brillante discurso de Carlos Rafael, en que asentaba nuestra colaboración con ellos en la triple condición de país latinoamericano, socialista y no alineado que podría servir de puente en el futuro para la integración con nuestro continente y de este con el CAME, el primer ministro de la URSS, Alexei Kosiguin, propuso nuestro ingreso como miembro pleno, lo que fue adoptado por aclamación.

Los años de Cuba en el CAME son harto conocidos; a esta colaboración, pero sobre todo a la sostenida con la URSS, debe en gran parte nuestro país el desarrollo de varias ramas industriales nuevas (máquinas herramientas, implementos agrícolas, combinadas cañeras, alzadoras de caña, nueva planta de níquel, termoeléctricas, fábricas de cemento y otras más), el crecimiento de nuestras exportaciones e importaciones a precios justos, la coordinación de planes y la cooperación en la producción y en los planes de especialización de la producción, a escala del campo socialista.

Durante cinco años trabajé con Carlos Rafael como secretario permanente para los asuntos del CAME y no puedo ahora –no es la ocasión referirles cuánto aprendí de él y del trabajo conjunto con los compañeros que dirigían otros sectores de la CNCECT. Como jefe, Carlos Rafael era exigente, pero dejaba “volar” a sus subordinados.  Prefería aquellos que pensaban con cabeza propia, aunque discutía sus ideas rigurosamente.  A la hora de hacer valoraciones era más bien parco.  Un día se lo dije y me dio la razón: “antes de la revolución mi jefe (Blas Roca) fue siempre poco dado al elogio; tampoco lo es Fidel.  Por eso, tal vez, mis evaluaciones sean como son”.  Repuse que de todos modos una palmadita en el hombro de vez en cuando no vendría mal, y estuvo conteste, pero siguió siendo austero en el uso de adjetivos.

Estaba previsto que yo remplazara a García Valls –nombrado Ministro Presidente del Comité Estatal de Finanzas (CEF) como Vice representante en el CAME; en una ocasión, volando hacia Moscú a una reunión de su comité ejecutivo, indiqué a Carlos que no obstante hallarme preparado para asumir esas funciones, preferiría quedarme trabajando con él en sus nuevas tareas como Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros.  Se alegró, pero me puso como condición buscar un sustituto adecuado.

Resuelta la sustitución de García Valls, me estrené en 1977 en el cargo de asesor de política internacional del también jefe del sector de Relaciones Exteriores de nuestro gobierno, desde el cual colaboré en las múltiples tareas de Carlos Rafael durante dos años, al cabo de los cuales fui designado nuevamente embajador, representante permanente ante las Naciones Unidas.  Resulta ocioso decir que el “asesor” sacó más provecho de aquella relación que su jefe, aunque tampoco fue inútil mi “contribución”.

En el período de 1978 a 1984, mis relaciones con Carlos no fueron menos intensas, tanto por las reuniones preparatorias de la 6ta cumbre de los países no alineados, celebrada en La Habana en septiembre de 1979, que él presidía, como en las siguientes cumbres, a las cuales asistí, sostenidas en la India y Zimbabwe, así como las reuniones extraordinarias de la Asamblea General de la ONU sobre Desarme, a las que encabezó nuestra delegación.
En años anteriores, Carlos Rafael, quien desde 1974  supervisaba el sector de Relaciones Internacionales como Vicepresidente del Consejo de Ministros, realizó importantes gestiones en la ONU, sobre todo en materia económica.  Así, dirigió la elección de Cuba a la Junta de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) y luego al Consejo de Administración del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), lo que constituyó una gran victoria política,  subrayando las modificaciones que tenían lugar en la ONU tras el advenimiento de nuevas repúblicas o estados independientes en Africa, Asia y el Caribe.  Ya no tenían los Estados Unidos aquella mayoría mecánica que en los años 50 les permitía hacer y deshacer en la arena internacional.  Surgía entonces, como asevera Oscar Oramas en su trabajo titulado Carlos Rafael Rodríguez el Diplomático, una nueva mayoría que nos acompañó desde las primeras votaciones contra el bloqueo hasta garantizar el apoyo casi universal con que contamos hoy.

Carlos Rafael defendió entonces la tesis de que los países desarrollados, en particular las potencias coloniales, eran responsables del subdesarrollo; el concepto de desarrollo frente al del crecimiento económico, que muchos confundían; y la necesidad de que el desarrollo tuviese un contenido social imprescindible, así como la necesidad de crear un nuevo orden económico internacional, justo y equitativo.

Fueron los tiempos en que Cuba había sido excluida arbitrariamente del Grupo Latinoamericano (GRULA), en los organismos internacionales del sistema de Naciones Unidas y, por ende, no pudo integrar el Grupo de los 77, creado durante la Primera UNCTAD, en Ginebra.  No fue hasta 1972, tras una “complicada negociación que incluyó etapas en Ginebra y Nueva York y un forcejeo a distancia con Brasil”, que Cuba fue reconocida como miembro de los 77, pero no del GRULA, cosa que sucedió años más tarde, una vez que el aislamiento de Cuba en el subcontinente comenzó su “progresivo y rápido desmoronamiento”.

Cuba ingresó al Movimiento de los Países No Alineado en 1961 durante su primera cumbre efectuada en Belgrado, Yugoslavia.  El Canciller Roa había sugerido dicha participación, como  medio para romper el aislamiento que el imperialismo quería imponernos no sólo en nuestra América, sino en el resto del mundo.  El Presidente Osvaldo Dorticós -cienfueguero ilustre también y hombre de gran talento- iba al frente de nuestra delegación.  La Patria de Martí fue la única de América Latina en participar con pleno derecho; Bolivia y Brasil asistieron como observadores y México como invitado.

Allí se reconocía , por primera vez en un Foro Internacional a nivel de Jefes de Estado y Gobierno, el derecho de Cuba a recuperar el territorio ilegalmente ocupado en Caimaneras por la Base Naval de Guantánamo, impuesta a la república mediatizada en virtud de la   Enmienda Platt; se anudaron vínculos con los nuevos estados emergentes de Africa y Asia; y colaboramos con los revolucionarios del African National Congress (ANC) de Sudáfrica, el Movimento pela Libertaçao de Angola (MPLA),  el Frente de Libertaçao de Mozambique (FRELIMO) y el Front National de Libération Algérien (FNLA). Todos ellos conquistaron, pocos años después, la independencia de sus países respectivos.

El MNOAL, cuyos guías originales fueron Josip Broz Tito, de Yugoslavia; Jawaharlal Nehru, de la India; Gamal Abdel Nasser, de Egipto; Kwame N’Kruma, de Ghana; y  Ahmed Sukarno, de Indonesia, tuvo un antecedente en la Cumbre de Países Afroasiáticos sostenida en Bandung en 1955. Pero había una diferencia notable: a la de Bandung no asistió Yugoslavia, pero sí la República Popular China, mientras que a la de Belgrado ésta no asistió.  En 1955, antes de aflorar las divergencias chino-soviéticas, la RPCH formaba parte del campo socialista; en 1959, Yugoslavia hacía años que nada, o casi nada, tenía que ver con éste, sin embargo, ambas reuniones se pronunciaron por   la paz,  el desarme general y completo, la coexistencia pacífica, contra el racismo, la discriminación racial, el colonialismo, el neocolonialismo y el imperialismo. Dichos principios guían la acción  del Movimiento hasta nuestros días, a pesar de los cambios trascendentales que han tenido lugar en el mundo.

Carlos Rafael desempeñó un papel importante en ese período en el que tuvieron lugar cumbres no alineadas fundamentales, como la 4ta en Argel, a la que asistió Fidel, presidiendo nuestra delegación, que dio un giro antiimperialista decidido al movimiento, a pesar del ingreso de países cercanos a los imperialistas franceses, británicos y norteamericanos, y a la 5ta Cumbre, celebrada en Sri Lanka que propuso a Cuba como sede de la 6ta.  Carlos Rafael encabezó nuestra delegación a Colombo.

Desde su posición como dirigente del Partido y el gobierno, Carlos Rafael mantuvo una fecunda actividad. Si en sus años mozos, como todos los militantes del PC, no dejó a veces de ser dogmático y sectario, su calidad humana, sólida cultura e inconmovible adhesión a la revolución encabezada por Fidel, hizo que no fuera remiso a revisar viejos criterios y a incorporar nuevos, forjados en la lucha por la defensa de la independencia y la soberanía nacionales. Partícipe indispensable en las relaciones con los partidos comunistas y obreros de los países socialistas, así como con sus gobiernos, sostuvo los criterios de nuestro Partido (PCC) y de Fidel en discusiones, muchas veces escabrosas, con estos.

Salvaguardó los intereses de Cuba en todas las negociaciones y discutió con pasión en el seno del CAME y en  conversaciones bilaterales con aquellos gobiernos que se resistían a aceptar nuestra concepción de la colaboración socialista, del internacionalismo socialista, más bien.

Al producirse el desmoronamiento del “campo socialista” y siendo yo viceministro de relaciones exteriores, le llamé en vano. Días después, nos encontramos en la graduación del Instituto superior de Relaciones Internacionales (ISRI) y reconoció haber recibido mi recado. “No te he llamado –dijo porque sé que deseabas verme para comentar los terribles acontecimientos de Europa oriental y yo no estaba en condiciones de hacerlo. Ha sido un golpe sumamente duro. Llámame mañana y nos pondremos de acuerdo para vernos.”

Así fue. Para un combatiente de toda la vida, como Carlos, pero no sólo para él, lo acontecido en Checoslovaquia, Hungría y Polonia, pero sobre todo en la RDA, cuyo Partido Socialista Obrero (PSOA) consideraba el más sólido de las democracias populares, fue un batacazo inesperado, de consecuencias históricas sumamente graves. Más tarde lo serían el fin del régimen socialista en Rumanía y el “desmerengamiento” de la URSS en tiempos de Gorbachov, que golpeó a millones de comunistas y luchadores antiimperialistas en todo el mundo.

Carlos Rafael, como otros comunistas, había afirmado más de una vez, contradiciendo a los cronistas burgueses que tildaban de “experimento” al régimen establecido por Lenin sobre los escombros de la Rusia zarista en 1917, que el sistema socialista era irreversible, que Lenin y Stalin habían demostrado que sí podía construirse el socialismo en un solo país, no obstante el cerco imperialista.

Sin embargo, Fidel había avizorado esa posibilidad en los años ochenta, cuando afirmó que si un día amanecíamos con la noticia de la desaparición del socialismo en la URSS, Cuba seguiría defendiendo las banderas del socialismo aunque fuéramos los únicos en hacerlo.

No podemos hoy intentar un análisis, ni quiera somero, de lo acaecido entonces.  Baste señalar que la experiencia socialista iniciada por Lenin tuvo, luego de su muerte, quiebras profundas; que el debate libre en el seno del partido y la sociedad fue yugulado, como la democracia socialista; que se agostó la libertad de creación, se diezmaron los espíritus independientes, aquellos que pensaban con cabeza propia y  proclamaban sus discrepancias leal y abiertamente; se sometió la voluntad de los partidos comunistas y obreros a los intereses de Estado de la URSS; se impuso el socialismo manu militari a los países de Europa Oriental, convirtiéndolos en satélites; y se reprimió todo intento de independencia de estos, tronchándose así los sueños de incontables hombres y mujeres que lucharon y murieron empeñados en construir una sociedad de nuevo tipo.

Al mismo tiempo, debemos afirmar que aquello no fue el fin de la historia como proclamaron los epígonos del capital, y que aquella lucha titánica no fue estéril, porque hoy somos millones los que seguimos convencidos de que la única alternativa al fracaso evidente del capitalismo como solución de los problemas que enfrenta la humanidad y al del llamado “socialismo real” es el socialismo democrático y participativo que proclama nuestro pueblo bajo la guía de Fidel y de Raúl y del pensamiento bolivariano y martiano que compartimos con otros países de nuestra América, así como en varias naciones asiáticas que defienden esta opción.

Durante los últimos años de su vida, visité a Carlos Rafael un par de veces, dado que mi trabajo como embajador en la UNESCO primero, y en Francia después,  me permitían venir de vacaciones sólo una vez al año.  En esas ocasiones sufrí la profunda conmoción de hablar con alguien que mantenía viva su poderosa inteligencia, animada la vista, firme sus ideas, pero se hallaba impedido de comunicarlas a viva voz.  A pesar de la dificultad para entenderle, le entendí; no obstante el tono bajo de la voz, su pensamiento diáfano hizo posible que comentáramos mis tareas en Francia, la situación internacional y otros temas que nunca le fueron ajenos.

Supe de su deceso en Paris. Sentí que había perdido al maestro a quien más admiré después de mi padre, porque Fidel es cosa aparte.  En realidad, como podemos constatar, no lo hemos perdido. Con nosotros continúa la batalla desde su aleccionadora, empero polémica Letra con filo, su fructífera herencia como gobernante y su claro pensamiento revolucionario, siempre actual.  Porque Carlos Rafael –según el dictum de Mella– es de esos hombres que aún después de muertos siguen siendo útiles.

Raúl Roa Kourí
La Habana 20 de mayo 2014