jueves, 8 de noviembre de 2018

¿Quién se atreve a redefinir el socialismo cubano?

Por Charles Romeo

No teniendo nada que hacer en mi forzoso retiro, recibo con agrado la visita de amigos extranjeros, algunos residentes en el país, y siempre la conversación versa sobre el momento político en Cuba.

Para ser franco, hay que decir que el intercambio se origina por el desconcierto que producen determinadas  acciones del Gobierno y de sus agencias, que a juicio de esas personas son difícilmente comprensibles y a veces hasta contradictorias con la política oficial definida en documentos programáticos. Como parten del supuesto de que los personeros del Gobierno Cubano son inteligentes, la “real politique” es inexplicable para quienes no son cubanos, a diferencia del pueblo que la acepta como algo inevitable a lo que hay que adaptarse

Un agricultor independiente ha logrado, cumpliendo con la política oficial de desarrollar la agricultura nacional, ingresos anuales que alcanzan la dimensión de millones de pesos cup y, dada la magnitud de sus resultados, se han presumido acciones por su parte que atentan contra la legalidad, y el hombre ha sido detenido. Es verdad que un millón de cup equivale a 40.000 CUC, que al parecer es mucho dinero (hasta que se compara con el precio de 30 cups por una libra de tomates o de cebollas, y de 40 cups por una libra de brócoli en el agromercado de 19 y A, Vedado). Por lo demás, esa cantidad apenas permite adquirir un pequeño automóvil usado, de procedencia coreana, en el mercado nacional, en donde la importación de automóviles por personas está totalmente prohibida.

Otro agricultor, especializado en la producción y comercialización de frutas congeladas, con mucho éxito, para lo cual ha tenido que construir un almacén refrigerado, al parecer ha despertado las sospechas de los aparatos judiciales o policiales y, al solicitar un pasaporte para viajar fuera de Cuba, fue informado de que no podía salir del país, sin que por ello se le diera una explicación. Simplemente Inmigración del MININT no le concede el derecho de cualquier cubano a adquirir un pasaporte para viajar al exterior.

Un empresario extranjero al cual el Estado le debe unos 3 millones de dólares que no puede pagar, ha solicitado que parte de esa deuda le sea pagada en CUC, que el utilizará como lo estime conveniente. Su solicitud, que conlleva nada menos que concederle al CUC el carácter de moneda al menos parcialmente convertible y que presupone su utilización final en Cuba --toda vez que no tiene valor alguno fuera de este país-- e incrementar su capacidad de pagos internacionales, ha sido rechazada. Al parecer la existencia de extranjeros en Cuba con grandes cantidades de CUC es inconcebible y supongo que también perniciosa. Conclusión que, de  ser cierta, difícilmente resulta compatible con lo que dice la Ley para las Inversiones Extranjeras en Cuba.

Confieso que ante estos casos debí batirme en retirada, ganando tiempo para encontrar una explicación racional para estos y otras manifestaciones similares de la política real del Gobierno Cubano. Desde mi profunda retaguardia intelectual trate de buscar explicaciones compatibles con el respeto que merecen los miembros del Gobierno de Cuba, y acudiendo a mis recuerdos de cómo y en qué condiciones establecimos el socialismo en Cuba --allá, hace tiempo--, al inicio de los años sesenta del pasado siglo, he llegado a la conclusión de que en el presente seguimos siendo prisioneros de un pasado que ya olvidamos.

Tal como si fuera el encuentro con una civilización desconocida, hay que remontarse en su historia para encontrar la explicación de cómo se mantienen aún ideas y comportamientos que tuvieron su origen necesario en pasadas coyunturas que ya fueron superadas y cuya razón de ser no se recuerda.
                                                    
Para entender la actitud conservadora de miembros de nuestro Gobierno y también de muchos cubanos, hay que hacerlo desde el punto de vista de la antropología.(1) Se trata de lograr entender el porqué del comportamiento de los hombres organizados de una cierta manera y de cómo y porqué piensan y actúan como lo hacen, es decir: la  racionalidad implícita subyacente que suele tener su origen en las condiciones existentes en un pasado ya remoto. Aunque la Revolución Cubana tiene no más de 60 años, el tiempo durante el que transcurren profundas transformaciones en la sociedad equivale a un tiempo cronológico mucho mayor cuando estas no suceden. En este caso se trata de encontrar la verdadera explicación de ciertas reglas que se aplican en una sociedad, aparentemente porque sí, toda vez que, interrogados quienes las deben hacer cumplir, su respuesta no pasa de decir que es lo que está establecido, y punto. Equivale a expresar que esa es la norma a cumplir únicamente porque ella existe y se presume que expresa una razón --ya no conocida--, aunque resulte contradictoria y hasta antagónica con otras que también existen. Se ha perdido el conocimiento de su vinculación con las condiciones que la originaron.

Veamos casos concretos de este fenómeno.

Finalmente, después de casi 10 años de existencia, se reconoce legalmente en Cuba la vigencia de actividades económicas productivas privadas e inclusive la compra de fuerza de trabajo para ello. La razón inicial y determinante fue que había que despedir trabajadores excedentes en el sector estatal de la economía y que, por tanto, se debía permitir que trabajaran por su cuenta para sobrevivir. Corolario de ello fue que lo que lograran producir sería considerado bienvenido para satisfacer necesidades insatisfechas de los cubanos y no cubanos,  lo que estos ratificarían mediante su compra voluntaria. Pero es bien sabido que para desenvolver cualquiera actividad productiva hacen falta recursos materiales y que desgraciadamente en muchos casos no se encuentran en el mercado nacional, por lo cual la solución lógica posible es importarlos, adquiriéndolos en el exterior. También es verdad que para ello quien los quiera adquirir requiere de divisas para su pago. Pero resulta que, en virtud de la espontaneidad propia de la economía de mercado, se ha conformado un mercado cambiario nacional libre ”a nivel de calle” donde se pueden adquirir divisas con moneda cubana a un tipo de cambio determinado por ese mercado. El tipo de cambio vigente premia a la moneda cubana, toda vez que fluctúa entre 0,92 y 0,96 centavos de CUC por un dólar norteamericano. Por consiguiente, todo se conjuga a los efectos de que los empresarios privados cubanos puedan adquirir con sus propios recursos las divisas necesarias para importar lo que les haga falta. No obstante, no lo pueden hacer porque  la Aduana General de la Republica aplica la norma de que ningún particular puede importar algo “con fines comerciales”. Semejante contradicción solamente puede ser comprendida si gracias a un enfoque antropológico se descubre que la regla que aplica la Aduana se retrotrae al lejano pasado del socialismo cubano, cuando toda actividad económica privada estaba totalmente prohibida, con excepción de la de los pequeños campesinos que, por lo demás, debían venderle sus productos únicamente al Estado, que también los abastecía de medios de trabajo. Pareciera entonces que la vigencia de ese orden de cosas, en la mente de cubanos de hoy, sea la razón implícita de que toda actividad privada considerada demasiado exitosa despierte la sospecha de que dicho éxito se debe a acciones ilegales o al menos moralmente censurables. Pero como ya decían los romanos, cuando alguien vende y otro le compra, ambos ganan con ese hecho. De no ser así, no hay compra-venta.

No hablemos de la prohibición que, de la misma manera, un ciudadano cubano importe un automóvil o cualquier medio de transporte para cargas, porque deberíamos también buscar su origen en la historia del socialismo cubano, cuando imperaba la igualdad en el consumo de los ciudadanos mediante libretas de racionamiento, procedimiento derivado del hecho de que en esa época era poco lo que había, y se estableció un principio de justicia social para su reparto igualitario. Los relativamente pocos automóviles que se importaban de los países socialistas, existentes en aquellos tiempos, eran repartidos por el Estado a un precio asequible, y  según los méritos reconocidos de los eventuales compradores por su contribución a las actividades de la sociedad. Hoy en día, de autorizarse la importación de automóviles, lo harían quienes tienen el dinero necesario, al margen de una clara y definida autoridad moral para ello debidamente aceptada por todos los ciudadanos, como lo fue en el pasado. Pero, ironía del destino, limitado hoy en día el mercado de los automóviles a los que existen en Cuba --almendrones, viejos Ladas, Polaquitos  y  vehículos vendidos por las empresas estatales que los alquilan y se deshacen de ellos a los dos años de uso--, han alcanzado precios al menos 10 veces más altos que sus equivalentes fuera del país, por lo cual solamente los cubanos muy, pero muy ricos, pueden adquirirlos. Esa sí que es una contradicción flagrante con “el horror nacional a la desigualdad en el nivel de vida”, que se expresa mediante la exclamación de: “¿Por qué ellos sí y yo no?”

Otros casos vigentes de estos fenómenos antropológicos son del tipo de una vigencia “para unas cosas si y para otras no”.

Durante décadas, tanto la arquitectura como la construcción cubana quedaron determinadas y limitadas a las posibilidades que brindaba el sistema de fabricación de piezas prefabricadas de hormigón. Así, secundarias básicas, hospitales, hoteles, eran estructuralmente semejantes. Pero además, y por razones que desconozco, edificar un hotel con esos elementos demoraba años, en adición al hecho de que sus diseñadores no tuvieran ninguna experiencia en materia de gestión hotelera. Ahí están esos ejemplares que hoy por hoy no pasan de lograr, a lo más, una categoría internacional de tres estrellas, de cinco posibles. 

Inteligentemente, a raíz de desarrollar una política turística para captar turismo internacional, se contrató a una importante empresa constructora francesa para que, asociada con entidades cubanas, edificaran hoteles de categoría cuatro, cinco y cinco estrellas “Plus”, y además lo hicieran en una fracción del tiempo que solían emplear las empresas constructoras cubanas. Se logró una virtual revolución exitosa en la actividad constructora de hoteles de calidad en Cuba y lo comprueba el hecho de que este año se reciban unos 4,7 millones de turistas. Es cierto que no es agradable también comprobar que, en determinadas actividades, se está lejos de los estándares correspondientes en otras regiones del mundo --en un país que recuerda la frase de José Martí ”Nuestro vino es amargo, pero es nuestro vino”--, pero la primera condición para ser inteligente es reconocer nuestra ignorancia y la segunda es aprender de los que saben, que es lo que se ha hecho en materia de construcción de hoteles para el turismo internacional y para su eficiente administración.

¿Por qué no generalizar esa práctica inteligente a otras actividades en que subsisten procedimientos ineficientes, particularmente en empresas estatales en que se ha perpetuado una gestión empírica cada vez más errada? Es el caso de Cubana de Aviación, que ha llegado a un estado en el que ya ni puede satisfacer las necesidades de transporte nacional y ha debido destinar sus oficinas comerciales a la venta de pasajes en autobús. Sus aviones no están en condiciones de operar y no ha dejado de existir como empresa gracias al subsidio gubernamental. ¿Por qué no hacer en este caso lo mismo que se hizo para la construcción hotelera? Porque, y en virtud del principio de la reciprocidad, por cada vuelo que llega a Cuba proveniente de otro país, le corresponde también a Cuba poder hacer un vuelo con sus aviones a esos  destinos, y estamos hablando de casi cinco millones de pasajeros que llegan anualmente a Cuba por vía aérea, además del mercado potencial interno. Y si bien el bloqueo norteamericano prácticamente impide la adquisición de aviones modernos, no restringe su alquiler, ni asociarse con una línea aérea de prestigio.(2)

Hay escases de automóviles de alquiler en Cuba, actividad de empresas estatales que no dan abasto a la demanda. El más pequeño automóvil para alquilar cuesta unos 70 dólares diarios y produce por tanto 490 dólares en una semana. Para tener una idea “cubana” concreta de qué representa esa suma, basta decir que una tonelada de arroz cuesta unos 450 dólares en el mercado internacional, o sea que por cada semana de alquiler de un pequeño automóvil que no se logre, el país deja de poder comprar una tonelada de arroz. Pero un pequeño automóvil compacto cuesta unos 9000 dólares y por tanto importar 1000 automóviles conlleva pagar 9 millones de dólares, e importar unos 2000 unos 18 millones y 3000 no menos de 27 millones. Habiendo una ley que autoriza las inversiones extranjeras en Cuba, ¿por qué no se invita a quien esté dispuesto a ello a establecer una empresa con ese fin en el país, que puede ser mixta o totalmente  extranjera? Puede que se invoque el hecho de que ese es un mercado cautivo de los cubanos, lo cual es cierto, pero también es cierto que hay que importar arroz.

Para construir buenos hoteles y administrarlos, sí. Para desarrollar la aeronáutica nacional, no. Como tampoco para dotarnos de más autos de alquiler.

Francamente, existe una realidad únicamente comprensible mediante una investigación antropológica sobre el origen de las ideas, costumbres y maneras de pensar, no solo de  quienes toman las decisiones en el Gobierno de Cuba sino también de muchos cubanos. El Secretario del Consejo de Estado dijo, al presentar el proyecto de Constitución Nacional ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, que la nueva Constitución obligará a cambiar unas cincuenta leyes. Pero también habrá necesariamente que cambiar ideas vigentes, que surgieron en el pasado y que ya no tienen razón de ser, en vista de los cambios que se dice querer realizar.
                                                        
Regresemos al pasado y recordemos los fundamentos a partir de los cuales se estableció el socialismo en Cuba.

La investigación “antropológica” que se ha planteado conlleva retrotraerse a los tiempos del inicio de la construcción del socialismo en Cuba y conocer cuáles fueron los principios fundamentales de la organización de la economía socialista de quienes, en 1961 y 1962, debieron crear ese orden social en Cuba y que nada sabían de socialismo, salvo algún viaje a alguno de esos países y la lectura del Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, el modelo a seguir, más las indicaciones de asesores venidos de la Unión Soviética y de Checoslovaquia para ayudarnos en esa tarea. Lo digo porque yo fui uno de esos “aprendices de constructor del socialismo”.

El primer y fundamental principio aplicado fue la apropiación por el Estado Cubano, a nombre y como representante del pueblo, de los principales medios de producción y de todos los recursos naturales del país, con la excepción --en el caso de la tierra-- de la perteneciente a los pequeños campesinos.(3) Y si bien quedaron en manos privadas algunos comercios, servicios artesanales, talleres y pequeñas actividades industriales, en 1968 fueron total y absolutamente estatizados. A partir de entonces únicamente el Estado y los pequeños campesinos estaban autorizados a producir y a comercializar, y estos últimos únicamente a venderles al Estado.

Corolario de ese principio fundamental, fue el que solamente el Estado podía importar y exportar a través de empresas comerciales creadas con ese propósito, con lo cual todas las demás, también las estatales, no podían hacerlo directamente.

Se discutió públicamente si en el socialismo cubano regia la producción mercantil y el resultado fue ecléctico: se creó el método presupuestario de financiamiento para la industria sobre la base de que no había intercambio mercantil entre empresas de un mismo propietario, el Estado, y se aceptó el principio de que tanto en la agricultura como en la venta a las personas sí regía el intercambio mercantil, así como en el comercio exterior. Pero a finales de los años 60 se eliminaron los registros contables de las transacciones comerciales y se procedió a cuantificar y controlar los intercambios de productos únicamente en los términos físicos --toneladas, quintales, arrobas, libras, unidades-- en los que se expresaban los planes de producción, abastecimiento, inversión y entregas de productos terminados, siendo la planificación el instrumentos de dirección de la economía. La contabilidad pasó a ser un registro sin utilidad práctica.(4)

Desapareció la utilización del sistema de mercado para asignar los recursos de la sociedad y lo precios eran calculados y establecidos por el Estado.

Si bien se conservaron los precios a pagar en dinero, para los productos que adquirían las personas, su venta a precios constantes y muy reducidos estaba regulada por cuotas personales iguales, que se registraban en las libretas de abastecimiento. Ya no se iba a la bodega del barrio a comprar sino a ver “qué estaban dando”. Únicamente hoteles, cafeterías, restaurantes, cines, bares, cabarets  y el transporte público, todos estatales, podían vender directamente a los clientes, solamente a cambio de dinero. Inclusive los teléfonos públicos eran gratuitos, así como los espectáculos deportivos.

Habiéndose reducido la utilización del dinero, se determinó consolidar todos los bancos en uno solo, eliminar la utilización de cuentas corrientes por las personas y los cheques, autorizándose únicamente cuentas de ahorro a las personas naturales.

Siendo prácticamente estatal toda la economía,  los impuestos ya no tenían razón de ser y  se eliminaron, y con ello el Ministerio de Hacienda.

Los viajes de las personas al exterior por razones personales quedaron sujetos a una exhaustiva investigación, para poder lograr la autorización correspondiente, y prácticamente fueron eliminadas las ventas de divisas para ello, salvo con autorización oficial expresa. Posteriormente, la tenencia por personas naturales de divisas extranjeras fue penalizada.

Aparentemente se había simplificado el sistema económico nacional --eliminando todas las manifestaciones propias de una economía mercantil capitalista-- y ganado en cuanto a un mayor control y un mejor funcionamiento. Aparentemente el Estado tenía el poder y los instrumentos para que se hiciera lo que decidía hacer. Pero, a decir verdad, no en todos los casos coincidía la realización con la decisión de hacer(5)

En esos tiempos, ya en los años 80, por decisión gubernamental  solo visitaban anualmente Cuba, como turistas, 200.000 canadienses y algunos miles de mexicanos, y no  más de 60.000 comunitarios procedentes desde los EE.UU., toda vez que el turismo internacional podía “corromper” a la sociedad revolucionaria. Hoy lo hacen 4,7 millones.(6) No había cuentapropistas de ningún tipo, al menos con una licencia  para ello. No existía el CUC, ni siquiera circulaban dólares, hasta que se abrieron las primera tiendas para turistas en donde, de una u otra manera, cubanos lograban adquirir algún artículo importado, pese a la prohibición de la tenencia de divisas. En 1984 se aprobó  el Decreto No 40 que autorizaba las inversiones extranjeras en Cuba, pero fue engavetado. Posteriormente a la desintegración de la URSS se constituyó un Ministerio para la Inversión Extranjera, pero que más bien parecía un Ministerio Contra la Inversión Extranjera. Por esa época también se autorizó la apertura de un mercado privado de productos del agro, pero la medida fue rápidamente suspendida.

Leyes, decretos con fuerza de ley y resoluciones ministeriales, cuyos efectos abarcaban a todo el país y a todos, fueron redactados y puestos en vigor para hacer operativo el sistema económico y por tanto la modalidad de vida de los cubanos, según el diseño e implementación correspondiente del socialismo, tal como fue establecido en la práctica en aquella época ya lejana y diferente de la actual.

Ya han vivido en el socialismo no menos de tres generaciones de cubanos, y las condiciones de existencia de Cuba han cambiado, y se ha decidido que cambien mucho más, en un mundo también muy diferente del que existía en aquel entonces. No obstante, muchas de aquellas regulaciones que pertenecen al pasado siguen vigentes y han entrado en franca contradicción con lo que hoy se hace en Cuba y sobre todo con lo que se piensa hacer. Más aún, hay aparentemente la tendencia a creer que la organización económica socialista del pasado es el verdadero socialismo, avalado por su práctica durante varios decenios, y que los cambios que se apartan visiblemente de  aquella  experiencia parecen desviaciones de lo que de verdad debe ser el socialismo, inclusive ahora en que el mundo cambió sustancialmente. Porque de hecho, lo que inquieta a muchos, gobernantes y pueblo en general, es que se está planteando alterar principios fundamentales sobre cuya base se estableció el socialismo en Cuba hace ya casi sesenta años, y que bien o mal funcionó hasta el día de hoy.  Si bien ya no hay un socialismo “verdadero” de referencia, en su defecto se acude para ello al socialismo cubano ya vivido. Es el temor a pasar de lo ya conocido a lo desconocido y por conocer, y el instinto dice: “En la duda abstente”.  La existencia de una sustancial diferencia en el nivel de vida entre una minoría de campesinos, artesanos y empresarios privados y una mayoría de trabajadores asalariados, es chocante y parece un atentado en contra del socialismo, al menos del socialismo vivido por los cubanos durante varias décadas.(7)

Si se ha comprobado que el Estado no es capaz de satisfacer todas las necesidades de los cubanos, más allá de asegurarles a todos educación, cuidado de la salud, un techo bajo el cual vivir, una alimentación segura por mínima que sea, los artículos esenciales del hogar, el derecho al trabajo y su participación en la política del país, lo que no es poca cosa, es hora de que se permita a los propios cubanos resolver todas las demás, según sus propios deseos y voluntades, así como a empresas extranjeras que quieran hacerse cargo de los déficit productivos, y que para ello opere el mercado conjuntamente con la planificación nacional. ¿Cómo lograrlo? Habrá que inventarlo.

El principio revolucionario que nos dejó Fidel, el cambiar todo lo que debe ser cambiado, presupone la capacidad de hacerlo por parte de los revolucionarios, lo que no es otra cosa que tener el poder político para ello, que existe y se mantiene desde que triunfó la Revolución. Por consiguiente, ¿cuál es el temor? Si se comete un error en el proceso del “salto a lo desconocido, a lo ignoto” como caracterizara Raúl la construcción de una economía socialista eficiente, pues simplemente se revocará lo que resulte inconveniente.

La Habana,  octubre 29 del 2018

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(1) “La antropología cultural es la rama de la antropología que centra su estudio en el conocimiento del ser humano por medio de su cultura, es decir costumbresmitoscreenciasnormasvalores que guían y estandarizan su comportamiento como miembro de un grupo social”. (Wikipedia)

(2) En 1979 pude contratar a Cubana de Aviación desde los EE.UU., cuando desde Cimex y Havanatur montamos la más grande operación “charter” individual de ese país para el turismo comunitario, y los IL 62 hicieron el trayecto Habana-Miami-Habana cuando no existían relaciones diplomáticas con ese país. Entonces fuimos capaces de hacerlo, pero ahora no.

(3) Hay que decir al respecto que sí conocíamos la conclusión de Marx en el capítulo XXIV del Primer Tomo de El Capital que dice “Los expropiadores son expropiados”. Y extendimos esa condición del socialismo a todos los recursos naturales. Recuerdo que ya en octubre de 1959 me toco redactar a pedido del Che dos  leyes, una que estatizaba todos los recursos minerales y otra que estatizaba los yacimientos de hidrocarburos, y ambas se aprobaron ese mismo año.

(4) Contadores y abogados fueron enviados a talleres para la confección de artesanías para que hicieran un trabajo “útil”.

(5) En su discurso inaugural del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, en diciembre de 1975, la autocrítica que hizo Fidel de la gestión del Gobierno durante los primeros años de socialismo fue implacable y lapidaria.

(6) Cuando las circunstancias obligaron a desarrollar el turismo internacional para poder sobrevivir después de la desaparición del campo socialista, los nuevos hoteles se construyeron en cayos apartados y hasta con sus propios aeropuertos internacionales, de hecho virtuales “campos de concentración” de turistas, para, a mi juicio, no contaminar a la sociedad cubana. En el puente, a la entrada de Varadero, se estableció “una frontera” controlada por la policía,  para que no pasaran cubanos que nada tenían que hacer en la Península de Hicacos. También se prohibió que cubanos entraran en hoteles para el turismo internacional. Pero fueron los propios turistas los que descubrieron la mayor atracción de Cuba: los cubanos y  su cultura, y han logrado que el desarrollo de la infraestructura turística se dirija precisamente hacia las ciudades y a sus habitantes. La Habana es ahora el mayor destino turístico cubano. Sol y playa hay en todo el Caribe, pero cubanos y cultura cubana solamente en Cuba.

(7) No quiero pensar en que la razón pueda ser para algunos: “En lo personal, ¿me convienen o no los cambios?”

lunes, 5 de noviembre de 2018

La amenaza de Bolsonaro 

   Se ha señalado en días recientes que el gobierno que en breve encabezará en Brasil el ultraderechista Jair Bolsonaro plantea graves amenazas para la democracia, la economía y la sociedad brasileñas. Los propósitos autoritarios, el fundamentalismo neoliberal y las expresiones misóginas, homofóbicas y racistas del presidente electo hacen temer severas regresiones del mayor país de Latinoamérica. Por añadidura, en los medios brasileños cunde la justificada preocupación por los recientes amagos de intolerancia y favoritismo del ex capitán, quien en días pasados anunció su propósito de excluir del reparto de los fondos de publicidad oficial –500 milones de dólares– a las instancias de información que lo han criticado, como el diario Folha de Sao Paulo, al que prometió acabar, en lo que constituye un amago dictatorial e inadmisible. A ello se suman las cerca de 75 amenazas que partidarios de Bolsonaro han formulado en contra de informadores y que derivaron en violencia física.
Así pues, a sus elogios de la represión y la exclusión, el próximo mandatario brasileño ha sumado el elogio de la censura, y es imposible desvincular semejante ofensiva en contra de medios y comunicadores –que hace palidecer los virulentos ataques de Donald Trump a periodistas, diarios y cadenas de televisión estadunidenses–, de una arremetida en contra de la democracia, la civilidad y la convivencia, de por sí difíciles en el polarizado contexto político y social del Brasil contemporáneo. Es claro que varios de los designios gubernamentales de Bolsonaro son de imposible o muy difícil materialización en presencia de una información diversa y crítica y que para su cumplimiento requieren del silencio de las dictaduras. Por ello, la situación comentada debiera ser tomada como un mensaje de alerta por el conjunto de la sociedad brasileña, la cual padeció en el pasado los horrores de un régimen totalitario.
Por lo demás, el peligro de Bolsonaro no se restringe al territorio brasileño, sino que se extiende a la proyección internacional del próximo gobierno. En una entrevista publicada el viernes de la semana pasada por el Correio Braziliense, el político glicerense manifestó su determinación de romper las relaciones diplomáticas entre su país y Cuba –porque, según dijo, no tiene sentido mantenerlas–, una medida que ningún gobierno latinoamericano, por derechista que haya sido, se ha atrevido a tomar desde el fin del ciclo de dictaduras militares que asolaron a la región. Por su parte, el general retirado Hamilton Mourao, vicepresidente electo de Brasil, amenazó con intensificar la presión diplomática hacia Venezuela con el propósito de deponer al régimen chavista, en lo que constituye una actitud injerencista que violenta la legalidad internacional e introduce tensiones adicionales en un entorno sudamericano que hasta hace dos años avanzaba hacia la armonía, la cooperación y la integración bajo gobiernos de signo progresista y que hoy está dominado por las derechas regresivas.
Como signo de estos tiempos, el mandatario chileno, el derechista Sebastián Piñera, acaso envalentonado por la reciente victoria electoral de Bolsonaro en Brasil, abandonó la mesura verbal que lo había caracterizado y arremetió en contra de las autoridades de Cuba y Venezuela; de las ex presidentas de Argentina y Brasil, Cristina Fernández y Dilma Rousseff, respectivamente; de los ex mandatarios brasileño y ecuatoriano, Luiz Inácio Lula da Silva y Rafael Correa, y del actual jefe de Estado boliviano, Evo Morales.
En suma, el fenómeno de Bolsonaro no sólo amenaza con destruir la democracia brasileña sino también con convertirse en un factor tóxico y desestabilizador para toda América Latina.
Fuente: https://www.jornada.com.mx/2018/11/05/opinion/002a1edi

miércoles, 31 de octubre de 2018

El futuro de los cincuentones de hoy

Por Lourdes de Armas

Los nacidos en la década del sesenta ya pasamos los cincuenta años y dentro de poco entraremos en la clasificación de la “tercera edad”. No niego que me crispa los nervios tal denominación. Sobre todo cuando se trata de mi misma. No tengo la idea de cuántos quedamos en la isla, entre los que han emigrado y los que perdieron la vida en África, se redujo notoriamente el número de la explosión generacional sucedida en esta década con relación al nacimiento y también al envejecimiento.

No soy un genio en las estadísticas, los números no son mi fuerte. Lo supe porque trabajé en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, precisamente en el área de jubilación y tuvimos que lidiar con la explosión de envejecimiento de los ochenta, etapa en que se jubilaban los nacidos en la década del veinte, al notar que el número de jubilados ascendió vertiginosamente, se realizaron algunas estrategias, entre las que se previó que en el año 2020 sucedería algo similar.

En aquel entonces, sacábamos cálculos y nos reíamos de la distancia en años que faltaba para llegar a ese día. En aquella época los cincuentones de hoy no pasábamos de los treinta años. Aún no teníamos canas y nuestros cuerpos se mantenían firmes, y casi todos éramos delgados. Tendríamos entre 6 o 7 años de graduados. O quizás estudiábamos y trabajamos a la vez, motivados por la superación profesional, el cumplimiento del deber y ofrecer nuestros servicios a la sociedad que estábamos construyendo. Pensar de manera colectiva, jamás individual.

Hacernos profesionales sería alcanzar una meta que sería compensada con el futuro que estábamos creando para nuestros hijos. Ellos tendrían el resultado de nuestro esfuerzo. Me encantaba esa idea. No voy a negarlo.

Algunos ostentábamos la condición de Jóvenes Comunistas, conquistada a golpe de trabajo, inhibiciones religiosas y sexuales. Hacíamos 120 horas de trabajo voluntario al mes, largas jornadas en la agricultura, recogimos papa, tomate, hojas de tabaco, dimos pico y pala abriendo túneles para estar preparados cuando viniera el enemigo y más tarde tuvimos que palear más duro para cerrarlos.

Recuerdo que a pesar de tantos inconvenientes, nos alegraba, formar parte de algo saber que entre todos construíamos algo bueno que repercutiría en la sociedad y la sociedad involucraba a nuestra familia. Creo que de ahí viene ese sentido de colectividad que todavía nos corre por la sangre a muchos de nuestra generación. Estos encauces ideológicos formaban parte del discurso cotidiano. Dándonos la dimensión de la importancia de nuestra posición en el momento histórico en que vivíamos. Y por ello dedicábamos gustosamente una gran parte de nuestro tiempo al arreglo de los murales, la Emulación Individual y Colectiva, la asistencia a las Asambleas de Servicios, y un buen número de actividades que nos mantenía muy ocupados y contentos. Y de las que nunca recibimos retribución monetaria, sin embargo, sí reconocimiento moral que era en realidad lo que más nos importaba. Como los diplomas de Vanguardias y otras distinciones, medallas otorgadas por las Milicias de Tropas Territoriales por cumplir con la Defensa de la Patria. Y otros premios y condecoraciones que avalaban la conducta ejemplar de los jóvenes comunistas. Dieron a nuestro día a día una intensa jornada de labor, pero también una motivación, una esperanza y en medio de esta vorágine nos casamos, tuvimos hijos. Que intentamos educar dentro de estos mismos principios.

Sin embargo, la ruta de nuestros destinos dio un giro de ciento ochenta grados con la caída del campo socialista y como resultante, el eufemísticamente denominado Periodo Especial. Exhaustos pero entusiasmados aún, vimos cómo el “Período Especial” parecía declinar con la novedad de las empresas mixtas. Las nuevas corporaciones con capital extranjero.

Y muchos de nosotros encontramos en esta asociación un respiro. Calificados la mayoría, gracias a nuestra preparación en las universidades, y por supuesto, lo más importante, incluso más que la calificación, la trayectoria política. Algo que, a ninguno nos faltó, ni aunque hubiéramos querido. La estructura nos mantenía a raya, y era imposible un buen empleo sin participación en Comité de Defensa, Trabajos Voluntarios, Jornadas a la Agricultura. Por solo mencionar algunas, y con todos esos adornos pudimos formar parte no solo como empleados también de la dirección de estas corporaciones.  

Se optó por un pago en divisa paralelo al salario. No contado dentro del Snc1-25, documento que acredita los salarios para el momento de la jubilación. Por lo que queda fuera del cálculo y como consiguiente, será un pago ignorado que no implica nada para el futuro jubilado.

El tiempo ha transcurrido a prisa, como casi siempre suele suceder cuando no queremos envejecer. La crisis económica de los noventa parece lejana. Nuestros destinos  iníciales cambiaron su ruta y jamás volvieron a reanudarla.  

Ahora cansados no solo del arduo trabajo que no condujo a nada. También de pensar en el futuro próximo. Sin encontrar vía rentable. Abrumados de tanto  buscar un camino hacia un poco del confort bien merecido en la vejez que se aproxima. Estamos en ascuas. Atorados en la incertidumbre cuando pensamos en lo que sucederá en los próximos cinco años si se mantienen los salarios actuales y la legislación vigente.  Los galardones y premios obtenidos, tampoco significan nada en la vida del futuro jubilado. Aquellas medallas, los diplomas y cuanto reconcomiendo obtuvimos por nuestra conducta ejemplar no llegará a convertirse en un acicate práctico cuando llegue el momento más vulnerable de nuestras existencias.

Pongamos el caso de un médico, uno de los profesionales, ante los cuales hay que quitarse el sombrero, ya que han tenido y aún tienen, una larga trayectoria de sacrificio.

Teniendo en cuenta que se les incrementó el salario. Reciben un salario mensual aproximado de 1000 pesos cubanos, si se jubila con 25 años de servicios, tendría una jubilación de 600 pesos cubanos más o menos.  No voy a hablar de los profesionales, aunque tengan doctorados y maestrías, perciben 500 cup. Esos tendrían un retiro de 250 o 300 cup. Y aquellos que hoy trabajan en las empresas mixtas y reciben un salario 800 mensuales. Su jubilación ascenderá a 400.00 aproximadamente. Jamás recibirán el pago en divisa por concepto de almuerzo o por el cumplimiento del plan. Estos incrementos salariales no son tenidos en cuenta para los cálculos de la jubilación.

Así que si no sucede un milagro y nuestra sociedad da un giro favorable, nos quedaremos con los deseos de disfrutar de aquello que en su momento llamamos aporte a la sociedad. Quedándonos con el desconsuelo de que nuestra participación en cada una de las tareas mencionadas, o convocadas, como se solía decir, se extravió por algún sitio y no tuvo repercusión alguna ni en nuestras familias ni en cada uno de nosotros (fíjense que aun hablo desde una voz colectiva).

Y aun con mayor desánimo al pensar en el pasado. Imbuida como estaba en mi rol de madre trabajadora, militante de conducta ejemplar no podía vislumbrar que me perdía algo jamás recuperaría.

Recuerdo con tristeza el impacto provocado por mi hija una tarde, ya casi de noche, hora habitual en que la recogía en el círculo infantil, cuando llegué coincidí con un padre que cortésmente me dejó pasar antes que él. Se me saltaron las lágrimas al verla saltando de alegría y cantando: fui la penúltima, fui la penúltima.

Siempre era la última en irse y la primera en llegar al círculo. No tenía alternativa, debía  desplazarme de Alamar al Vedado.

Cuando pienso en la infancia de mis hijos, no puedo evitar ese sentimiento de culpa que brota no solo por mis largas ausencias, por no haber disfrutado a plenitud su crecimiento, su compañía. También por la promesa incumplida por no haberles ofrecido ese futuro mejor que siempre les ofrecí.

Si ahora me preocupa el futuro de los cincuentones de hoy, no es solo por la terrible imagen de los ancianos que vemos a diario vendiendo jabas en los Agromercado, caramelitos o caldos de pollos.  Hay también  desconsuelo, temor al futuro, vergüenza de no haber sido una madre mejor.

domingo, 28 de octubre de 2018

Desde Avellaneda NO AL BLOQUEO





Jorge Reyes, Niurka González, yo, Rachid López, Maykel Elizalde, Jorge Aragón, Emilio Vega, Oliver Valdés (todas las fotos son de Daniel Mordzinski)

martes, 23 de octubre de 2018

Noventa años de los 7 ensayos de Mariátegui

En los días 18 y 19 de octubre, con motivo de cumplirse ese mes noventa años de la aparición inicial del libro 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, de José Carlos Mariátegui, tuvo lugar en Lima, Perú, el Simposio Internacional sobre Mariátegui auspiciado por la Universidad de Valparaíso, el Centro de Estudios del Pensamiento Iberoamericano, el Instituto de Ciencia Alejandro Lipschutz y la Cátedra Mariátegui. Los organizadores le solicitaron a Roberto Fernández Retamar una carta para ser leída al inicio del Simposio, y la Directora de la Cátedra Mariátegui, tras concluir dicho Simposio, le envió otra. A continuación publicamos ambas cartas.

La Habana, 1 de octubre de 2018
Año 60 de la Revolución

Compañera Sara Beatriz Guardia
Directora de la Cátedra Mariátegui

Estimada compañera:

En atención a su honrosa solicitud, le envío esta carta para ser leída al inicio del Simposio Internacional en Conmemoración del 90º Aniversario de 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, de José Carlos Mariátegui.

Aunque el hecho es infrecuente, voy a dedicar esta carta a la memoria del compañero Antonio Melis, quien de estar vivo hubiera participado brillantemente en este Simposio. Él era muy joven, y yo no lo conocía aún personalmente, cuando leí su excelente ensayo «Mariátegui, primer marxista de América», que incluí en el número 48 (mayo-junio de 1968) de la revista Casa de las Américas: un número destacado también porque en él apareció el primer texto literario que, después de publicada la trepidante novela Cien años de soledad, su autor, Gabriel García Márquez escribiera y me enviara, siendo su colaboración inicial en la revista. Melis, uno de los mejores estudiosos de Mariátegui, llegó, como se sabe, a dirigir el notable Anuario Mariateguiano. Además integró el jurado del Premio Literario Casa de las Américas y, hecho ya un amigo fraterno, prologó un libro mío aparecido en Italia que fue traducido por su compañera.

He dicho en otras ocasiones, y me complace reiterar, que creo firmemente que la Revolución Cubana no solo es, como se proclama, martiana, marxista, leninista yfidelista, sino también mariateguiana. Asimismo he dicho, y repito, que nuestro socialismo ha sido y es, como Mariátegui quiso que fuera en nuestra América, creación heroica, aunque en raros momentos, infelices, incurriera en calco y copia.

No puedo imaginar siquiera que lectores tan voraces y omnívoros como Fidel y el Che no hayan leído a Mariátegui, al menos sus imperecederos 7 ensayos, que por cierto la Casa de las Américas publicó, como segundo título de su Colección Literatura Latinoamericana, en 1963, es decir, cuando el Che se encontraba aún en Cuba, y reeditó después en varias ocasiones. Luego publicó, en la Colección Pensamiento de nuestra América (que se inició con una vasta antología de textos del Che que compilé), una selección en dos tomos de Obras (1982) de Mariátegui, escogidas por Francisco Baeza y prologadas por Enrique de la Osa. Mariátegui es presencia constante en la Casa de las Américas, como lo ratifican no pocos textos relativos a él que ha editado. Y en la conmemoración de su centenario, la Casa realizó el Coloquio Internacional Mariátegui en el pensamiento actual de nuestra América, que tuvo lugar en la sala Che Guevara de la institución, del 18 al 21 de julio de 1994. En él participó el doctor Javier Mariátegui Chiappe, el más joven de los hijos del Amauta, quien ya había estado antes en Cuba, ocasión en que, a solitud suya, nos reunimos en vísperas de su muerte con el destacado intelectual cubano Juan Marinello, quien se había carteado con su padre. Dicho Coloquio se realizó cuando Cuba vivía la durísima experiencia del llamado Periodo Especial en Tiempo de Paz, lo que implicaba una gran escasez material. Por ello no pudimos costear la publicación de los materiales presentados en el Coloquio, y la Empresa Editora Amauta S.A. lo hizo en Lima, indicando que era una coedición con la Casa de las Américas; ni pudimos costear el pasaje de los invitados, a lo que el doctor Javier Mariátegui aludió con delicadeza pero con claridad en sus palabras de clausura al decir, refiriéndose a nuestra institución, que «[c]on escasos recursos, tuvo su invitación tal fuerza de convocatoria que fue generosamente acatada por los participantes, principalmente por los venidos de fuera». En aquel Coloquio intervinieron, entre otros, Antonio Melis, Antonio Cornejo Polar, Mabel Moraña, Jorge Ruffinelli, Edgar Montiel, Roberto Armijo, Guillermo Mariaca Iturri, Tomás. Escajadillo, Neil Larsen, Harry E. Vanden, Javier Bernal Vence y un grupo de pensadores cubanos, jóvenes la mayoría.

Es imprescindible que mencione lo mucho que mi modesta tarea intelectual debe a Mariátegui: no solo a sus 7 ensayos, sino también a otras de sus obras. Lo proclaman mi texto más conocido, «Caliban», y al menos dos de mis libros: Para una teoría de la literatura hispanoamericana y Algunos usos de civilización y barbarie, que han conocido varias ediciones.

El notable estudioso Michael Löwy, en su valiosa antología del marxismo en la América Latina (1980), señaló en él tres períodos durante el siglo XX. Al primero lo llamó «período revolucionario», y lo consideró desde los años veinte hasta mediados de los años treinta. Cuba estuvo presente, en la ocasión, gracias a figuras como Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena. Pero sin duda la criatura solar de ese momento fue José Carlos Mariátegui, de pensamiento pasmosamente amplio y audaz, acompañado de una praxis formidable. Para Löwy, el segundo período del marxismo latinoamericano del siglo XX, comprendido entre mediados de los años treinta y 1959, fue el «período estalinista». Significativamente, se discutió entonces el valor de los extraordinarios aportes de Mariátegui, como se vio en artículos aparecidos en varios números de la revista cubana Dialéctica. Y un tercer y «nuevo período revolucionario» del marxismo latinoamericano, según Löwy, se abrió con la victoria en 1959 de la Revolución cubana. De manera significativa, Mariátegui volvió a ser figura estelar. Melis, entrados los años sesenta del siglo pasado, lo comentó así: «El pensamiento de Mariátegui ha conocido en los últimos años una fortuna renovada, sobre todo a raíz del despertar político de la América Latina. Es significativo que la Cuba socialista haya promovido una edición popular de los Siete ensayos, y que el debate sobre la experiencia de Mariátegui se desenvuelva con más intensidad donde más viva es la lucha política.»

Pero la Revolución cubana está a punto de cumplir sesenta años, y es explicable que Marco Álvarez, en reciente entrevista a Löwy, le preguntara cómo denominaría él la etapa del marxismo en la América Latina durante los últimos veinticinco años, y cuáles serían sus principales características. Löwy le respondió sin sugerir nombre para la etapa y aduciendo distintas conjeturas. Por otra parte, se trata de una interrogación ante la cual no es posible la violenta derechización actual del mundo, con un capitalismo particularmente depredador, renacidas guerras coloniales, brutal xenofobia e incluso amagos fascistas. Al frente del imperio se halla quien he llamado Calígula atómico, mientras el politólogo John Saxe-Fernández se ha referido al nacionaltrumpismo. Y en estas condiciones, indudablemente, el pensamiento y la acción de Mariátegui son tan necesarios como siempre: y quizá mucho más aún. De ahí que tengan tanta importancia reuniones como el Simposio presente. No se trata de salvar a Mariátegui, sino de que sus lecciones y sus batallas contribuyan a salvar la humanidad. Se sabe bien que la gran Rosa Luxemburgo consideró que si el capitalismo no era sucedido por el socialismo, podía serlo por la barbarie. Tal es la dramática opción en todo el planeta.

Así como inicié esta carta de modo no convencional, voy a concluirla de manera similar, que creo que no hubiera disgustado a quien, como el peruano universal, evocó tan conmovedoramente su amor con Ana Chiappe, la preciosa muchacha que conoció en Italia cuando ella tenía diecisiete años. Terminaré citando versos del último poema que escribí a mi inolvidable compañera, Adelaida de Juan, desaparecida hace pocos meses tras más de sesenta y cinco años de unión que solo la muerte, como preví en otros poemas, pudo romper:

Casi imposible recordar algo
​​Sin recordarte a ti también.
​​​Al principio, tenías diecisiete años,
​​​Un traje sastre color arena,
​Un foulard verde,
​​​La sonrisa, los ojos tristes.
​​​Luego, un pañuelo en la cabeza,
​​​Sandalias,
​​​Caminando por la carretera bajo el sol. […]

Han pasado los años como olas​
​​​Del mar sobre la orilla,
​​​Tranquilas o encrespadas. 

Ya lo dijo Mariátegui:
La vida
Que te falta
Es la vida
Que me diste.​​​.​​​​


Fraternalmente,
Roberto Fernández Retamar

++++

[Lima], 20 de octubre de 2018​​

Estimado compañero Roberto Fernández Retamar:

Ayer concluyó el Simposio Internacional 7 ensayos noventa años. Treinta ponencias estudiadas, analizadas, bien documentadas. Dos intensos días de análisis, propuestas, ideas, voluntad de luchar y pensar. Todo lo cual empezó con la lectura de su carta, escuchada con atención y respeto. Pero no sé qué ocurrió. Cuando llegué al final se me quebró la voz:

​​​Han pasado los años como olas
Del mar sobre la orilla,
Tranquilas o encrespadas
​​Ya lo dijo Mariátegui:
​​​ La vida
​​ Que te falta
​​ ​Es la vida
​​ ​Que me diste.

Apenas musité: Fraternalmente, Roberto Fernández Retamar.
Y un estruendoso aplauso expresó nuestro inmenso afecto por usted.

Fraternalmente,
Sara Beatriz.

viernes, 19 de octubre de 2018

El papel de los jóvenes

Por: Miguel Alejandro Hayes

No se puede negar el papel de los jóvenes en la historia. Hemos estado activamente en cada revolución de la sociedad y el pensamiento. Parece esto, un misión histórica innegable.

El Manifiesto Comunista es un texto casi sagrado para el revolucionario desde hace más de 150 años. Su lectura ha inspirado generaciones. Los autores fueron dos jóvenes -de apenas 30 años el mayor de ellos- que soñaban con una revolución. El texto, representaba una ruptura con las prácticas y el ideario tradicional, impuesto por la longevidad de la dirección de la Liga de los Justos.

La Ciencia de la Lógica es el texto supremo de la dialéctica, y el tratado de lógica más complejo jamás escrito. Su entrada al mundo del pensamiento, marcó la historia de la ciencia, incluso a aquel joven que escribió el Manifiesto. Su autor, un Hegel que apenas superaba los 30 años, desafiaba las antinomias del sabio Kant, y las lecciones de su maestro Schelling.

La física no hubiese sido la sólida ciencia que es hoy sin las leyes de la mecánica. Estas fueron enunciadas por un joven Isaac Newton que no llegaba a los 24 años. Con ello, rompía la idea del caos del universo y otros mitos que más de una autoridad científica defendía en la época.

La revolución cubana, en su triunfo, la lideraba un Fidel que no cumplía los 33 años. Seguido de un ejercito de casi niños, los mismos que defendieron la playa y comenzaron a dirigir empresas. Todos, habían preferido hacer su propio camino, que continuar -a pesar de la salida reglamentaria de Batista de la presidencia por elecciones-, al de la viciada República existente hasta entonces.

Mucho antes, la revolución del 30 decidió poner fin a la camada de presidentes corruptos, sin importar que fueran una generación legitimada por la historia independentista, muchos de ellos provenientes de la manigua. Y tales cosas, las perpetraron jóvenes conocidos por todos.

También hubo un joven José Martí, que señaló con el dedo los planes militarizados de liberar la Isla y con mucho respeto, supo cortar y trazar su plano para la Revolución.

Sin ser necesarios más ejemplos, parece ser que la historia muestra nuestro rol protagónico. No como conservadores del orden existente, sino como agentes revolucionarios que apuestan por transformar sustancialmente la realidad. Hecho que lleva implícito una acción de cambio y de supeditación al tiempo propio, no al de los antecesores. No es regla obligatoria o principio metafísico del cambio por el cambio. Sino que cuando se entiende que debe haber cambios, se lucha por su implementación, sin compromiso ciego y abstracto con lo anterior, sin importar la opinión de quien impone su mando en la sociedad.

Ese es nuestro papel y nuestra misión. No se nos intente convencer de algo diferente. Basta ya de paternalismos, de decir “es joven todavía“, que lejos de ser una limitación, es nuestra mejor arma.

Si cada uno de los jóvenes mencionados no hubiese pensado así, el mundo y Cuba, hoy estarían rezagados. Después de todo, lo revolucionario es cambiar lo que se tenga- incluyendo a quien se tenga- que cambiar en aras de mejorar. Ese es nuestro papel y nuestra misión, y no precisamente porque yo lo diga. Pero no se nos intente convencer de algo diferente.

Fuente: https://jovencuba.com/2018/10/19/el-papel-de-los-jovenes/

miércoles, 17 de octubre de 2018

Un debate surrealista

Por Jorge Gómez Barata

Cuba es un espacio caribeño donde lo real maravilloso, al mezclarse con la política y la acción social, hace que todo sea posible.

Es el único país occidental donde el enriquecimiento lícito es imposible. No existe lotería, los salarios y las pensiones son de lágrimas, nadie puede tener más de una casa ni más de dos carros, las tierras ociosas se distribuyen en micro-parcelas, y hay ex generales, ex ministros y ex embajadores jubilados o cesados que alquilan cuartos para sobrevivir.

A ello se suman el bloqueo de Estados Unidos y las insólitas restricciones aduaneras que afectan a los nacionales en la isla cuando viajan al exterior, y a los que residen en el extranjero cuando visitan el país.

En un entorno económico, donde a pesar de los extraordinarios avances y épicos esfuerzos de la Revolución, la pobreza gana espacios, aunque atenuada porque no se expresa en materia de salud y educación, los líderes políticos, parlamentarios y parte de la ciudadanía se empeñan en encontrar fórmulas para evitar que la gente se enriquezca. De hecho, al impedir que la riqueza se concentre, se impide que sea creada y que circule.

Las alarmas se dispararon cuando, ante la convicción de que el modelo económico vigente desde los años sesenta no era funcional, se autorizó el ejercicio de más de 150 oficios y labores del denominado trabajo por cuenta propia.

Entre las ocupaciones originalmente nominalizadas estuvieron algunas tan exóticas y poco lucrativas como aguador, arriero, parqueador, amolador, payaso, mago, conductor de coche infantil tirado por animales, boyero, desmochador de palmas, forrador de botones, reparador de paraguas, llenador de fosforeras, cartomántica, y transporte de pasajeros en vehículos de tracción animal y humana.

Creer que alguien pueda enriquecerse alquilando cuartos o su única vivienda, así como ejerciendo como albañil, barbero, chofer de alquiler, dueño de pequeños restaurantes y cafeterías, reta la imaginación. Si hubiera alguno que lo lograra y se probara que lo hizo dentro de las reglas, debería ser exaltado como antes se hizo con los stajanovistas.

Los mismos que reflexionan acerca de cómo impedir que los trabajadores no estatales acumulen lucros, creen poder desarrollar la economía a partir de conceptos superados por la práctica, cosa probada por el desastre de esa orientación en la Unión Soviética y Europa Oriental.

Según Marx, el valor de las mercancías se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. La riqueza es pues, tiempo y trabajo acumulado, pero no es sólo eso, sino también el resultado de proyectos económicos viables en cuya ejecución están presentes, además de las energías físicas y mentales de los trabajadores, la iniciativa, la capacidad gerencial y las ambiciones legítimas de quienes los concibieron, y asumiendo riesgos los fomentaron y los administraron.

Los empresarios, un estamento social sin los cuales los proletarios no pudieran existir, son también trabajadores. Según la experiencia vigente donde quiera que se les ha suprimido, a la larga, la economía se ha estancado. Ningún ejemplo más válido que el de la Unión Soviética, donde el heroísmo laboral masivo y el ejemplar sacrificio del consumo y el bienestar de cientos de millones de personas durante setenta años, no pudieron contrarrestar la ineficacia de un modelo económico fallido.

Las reformas económicas en Cuba son lentas y son limitadas. Audaz sería entregar algún central azucarero a una cooperativa formada por obreros y directivos avanzados del sector, encargar una gran obra a una cooperativa de constructores, y poner algunas de las fábricas quebradas como las de conservas agrícolas y lácteos recién visitadas por el Presidente, en manos de sus trabajadores, y realizar otros muchos proyectos con apoyo, aunque sin tutela estatal.

Para distribuir con equidad, el socialismo necesita producir con eficiencia. Nadie puede repartir ni disfrutar la riqueza que no ha sido creada.

jueves, 11 de octubre de 2018

Sima Funk

Por Luis Alberto García

Realmente no tenía pensado comentar nada de lo que viene a continuación, pero viendo en el Noticiero Nacional de Televisión la noticia sobre el último gran accidente de tránsito en el cual un autobús se volcó, dejando un saldo de 20 personas heridas y escuchando las vivencias de los implicados en el mismo, comenzando por las del propio chofer que dijo en cámara que evadió dos baches infernales y cuando se decidía a sortear un tercero perdió el control del vehículo, decidí compartir mi historia acerca del accidente que tuve el pasado viernes 5 de Octubre. Con suerte, puedo contarlo.

7:30 pm. A esa hora más nocturna que diurna porque ya se acerca el cambio de horario, salí con mi novia Deymi (estamos casados pero odia las palabras esposa y cónyuge y “señora” le provoca arqueadas), nuestras dos niñas Vida y Viola, de 6 y 7 años y hasta nuestra perrita Pelusa, hacia San Antonio de los Baños, pueblito en el que reside mi suegra y lugar de nacimiento del Ayatollah Rodríguez, en mi “poderoso” Peugeot de 1990, al que mimo con el sobrenombre de Compay Tercero, porque siempre está roto y lleno de achaques. Padece de la presión, del corazón, tiene problemas digestivos y ortopédicos, leucemia, Alzheimer (se le olvida que los autos deben arrancar) y lidia con una polineuritis crónica. La obsolecencia tecnológica tiene en él un ejemplo de culto. No es un auto. Es un hijo de la gran puta. Un amoroso regalo que me han hecho por mis inestimables servicios a la cultura nacional. ¿Por qué tengo un auto así ? Bueno… porque esto es bonito, lo que hay es que entenderlo. Necesitaría páginas y páginas de amarguras y desaires y ninguneos y no estoy pa´eso. Además de que, en comparación con la gran mayoría de los ciudadanos de a pie, puedo darme con un canto en el pecho por tener en qué moverme. 

El camino a la que un día fue Villa del Humor (me encanta ese pueblo y su gente) lo conozco de sobra porque lo recorro con asiduidad. O eso creía yo hasta la semana pasada. Siempre ha sido oscuro. Tenebrosamente oscuro. Negro como teléfono Kellog. No hay un puto poste con una farola que valga la pena desde que uno atraviesa el puente del antiguo Autocine Novia del Mediodía hasta la entrada a San Antonio de los Baños. Y las señales en el asfalto, que no son retrorreflectantes y si lo fueran no tendrían luces que reflejar, se desdibujan en muchos trechos. El único sitio con algo de iluminación es el Punto de Control de la Policía cercano al pueblo. 

Tiene esa vía los peores baches que haya visto jamás. Tres años atrás haciendo el viaje a la inversa, del Ariguanabo a La Habana en una tarde de lluvia, pasando por delante del Hotel La Mariposa se reventaron los dos neumáticos izquierdos de Compay al caer en un pozo que parecía un inofensivo charco en medio de la carretera, justo dónde comienza el puente sobre la autopista a Pinar del Río. Sí. Leyó bien. UN POZO. También escapé de la muerte ese día. Y me tocó confraternizar y echar pestes de todo lo humano y lo divino y hasta del gobierno con otros tres choferes con sus autos tan averiados como el mío. Todo un drama dentro de una tragedia mayor, porque aquella tarde llevaba a mi suegro al Hospital Oncológico para la que sería su última consulta antes de “convertirse en estrella” y  para añadir más estrés teníamos que buscar a las niñas en su escuela y no llegamos a tiempo.

Sigo. Salimos de casa por toda la calle 25, anocheció y comenzó la tensión y mi atención. Pasamos por delante de la UCI (Universidad de las Ciencias Informáticas) relativamente despacio (70 km por hora) porque no se ve un burro a tres pasos y tienes que tener en cuenta varias cosas:

- Viajas con las personas que amas y quieres cuidarlas.

- Ya dije que a Compay no puede exigírsele mucho. No es coche de dirigente ni nada que se le parezca. Es un carro “matungo” de un artista que no está considerado entre los de La Gran Escena y el pobre, hace como que va rápido.

- Muy pocos choferes de los autos, camiones y autobuses que se te vienen de frente hacen los cambios de luces pertinentes porque ellos tampoco ven bien, sumergidos en tanta negrura.

- Los hay que no te quitan la luz larga, cegándote literalmente, porque no les da la gana o porque le han cogido el gusto a ese jueguito tenebroso, infantil, estúpido, absurdo, delincuencial y “reguetoneril”, de poner a competir sus poderosos faros con los tuyos. A ver quién tiene la larga más larga. Quién es el Rocco Sifredi de los bombillos. Porque sus halógenos o sus “led” son el último grito de la moda y ellos se gastaron “un melón” en comprarlos la semana pasada y por tanto hay que cegar al imbécil que viene por ahí. Lo más grande. La estulticia con guadaña.

- Ocasionalmente descubres en medio de la penumbra peatones que van por el borde de la carretera o esperan, alzando una mano con un billete en medio de la noche, a un alma caritativa que los recoja o personas que van en bicicleta sin un solo plastiquito que refleje las luces de los autos y no está bien arrollarlos.  

- Transitan jinetes y las famosas “arañitas”o hay ganado suelto pastando cerca o atravesando la vía. Entrarle a una vaca de frente es de lo más peligroso que hay (vale lo de peligroso para todas las variantes de “entrarle”) y Compay NO ESTÁ NI ESTARÁ ASEGURADO. Soy enemigo jurado de la ESEN (estuve pagándoles durante más de 25 años la más alta de las pólizas y un buen día me dijeron alegremente que mi auto estaba en tan mal estado que ya no les interesaba seguir asegurándolo. En todos ese tiempo nunca tuve accidentes, por lo cual jamás tuvieron que sacar ni un centavo de sus arcas. Luego supe que la única manera de conseguir que “el Seguro” te cambie tu vehículo es que quede destrozado en un accidente y tú, milagrosamente vivo, luego de un largo proceso en el que serás un culpable que debe demostrar su inocencia y no al revés. Para mí, son ladrones de cuello blanco).

- Y por último que, huyéndole a los baches, no se respetan las sendas y tienes que estar muy atento para jugar “a las trencitas”. El que viene de frente o marcha delante de ti esquivándolos, pasa a la derecha, tú a la izquierda, él a la izquierda y entonces tú a la derecha. Un vacilón.

En fin, que justo en un momento en que no había ningún otro vehículo por todo aquello, yendo por mi senda izquierda, un poco más allá de la UCI, Compay se encajó en una furnia por el costado opuesto al mío, se escuchó un estruendo indescriptible, un trueno que vino desde abajo, vi cómo dejaba tras de mi una estela de chispas y sentí que el timón era una burla. En segundos, todo el horror del reino de este mundo, el esfínter a punto de abrirse y un subidón de adrenalina incontrolable. El cerebro humano es la hostia. Y los reflejos una cosa esplendorosa. Que no le pasara nada a mis niñas y a Deymi fue lo único que tuve en mente. Conseguí a duras penas, no me pregunten cómo porque nunca he sido Fangio ni Vin Diesel, mantener el control de Compay y con él cojeando ya, me arrimé a la derecha sin frenarlo a sabiendas de que el pobre estaba fuera de combate y tenía que alejarme del Superbache para evitar que otro vehículo tratando de evadirlo me embistiera. Cuando finalmente mi viejito paró y yo atiné a abrir mi puerta y salir a la calle y supe que todos estábamos bien me entraron unos deseos imperiosos de escupir, estornudar, toser, vomitar, orinar y defecar al unísono. Todo a la vez. Hasta los pensamientos se me salían por los oídos. Fue una sensación que no se la deseo ni a mi peor enemigo.

Miren: si desde un auto en marcha esa carretera o autopista parece negra, cuando estás en ella parado en tus piernas todavía temblorosas y sobreviene el silencio, es la orfandad total. Sientes que eres José Tejedor. Viene otro pánico: que no te vean a tiempo los que vienen a toda leche (rastras enormes con luces como carrozas o sin ellas, camiones de toda clase, almendrones, motocicletas de las buenas y de las malas) y hagan de ti y de los tuyos polvo enamorado. Un desastre peor aún. No sabía si mantener a salvo a las niñas dentro de Compay o sacarlas al negro andén con unos mosquitos de la NBA que ya estaban dándose banquete de sangre citadina. Cualquiera de las opciones era tan peligrosa como la otra. Desde que me dispuse a cambiar el neumático intuí que Compay no caminaría. Vi hierros fuera de su lugar o torcidos. Aún así logré poner el de repuesto, encendí el carro y no avanzaba ni retrocedía. Trancado. Tetrapléjico. Llamé enloquecido a Benny mi mecánico y a mi suegra, que en 30 minutos ya estaba en el lugar de los “desechos” con un buen amigo ariguanabense, le contesté a Violeta Rodríguez que me preguntaba en un mensaje a qué hora y en qué canal pasaban “Diecisiete Instantes De Una Primavera” y de paso le eché el cuento, a Dania Fleites que andaba por Güira, a medio San Antonio de los Baños, a Frank Delgado y Mildrey Ruíz, a mis más que hermanos David Y Dina que solidariamente acudieron desde La Habana para llevar a mi familia a buen recaudo, a dos “grueros” y a una cooperativa que tiene una “escandolina” (gracias Juan Carlos) de las que tienen güinche para levantar autos por delante y hasta a Arasay la gerente de El Sauce. Me tosté. Por poco llamo a Radio Reloj y a Marino Luzardo. Uno se comporta muy raro cuando de milagro no se muere. Sobreviene una euforia diarreica aguda.

Me quedé solo en medio de la nada, esperando la grúa durante tres mosquiteras horas, encendiendo a ratos el motor de Compay para no quedarme sin la ayuda vital de los intermitentes. Y de pronto pensé que debía ver al causante de toda aquella “cagástrofe”. Al BACHE. Y fui con la luz de mi móvil desandando mi recorrido. Hasta que apareció el hijoeputa. En esa carretera se abren unos baches rarísimos. Parecen hechos por extraterrestres porque son divinamente redondos. Círculos rotundos. Y no son hondos, son abismales. El que me tocó tiene fácilmente 40 o 50 centímetros de la sima a la cima. Un asesino. El Luca Brassi de los baches. Tan profundo y perfecto que estoy pensando en volver allá, “azulejearlo” y usarlo de “minijacuzzi”. El que caiga en sus fauces a más de 100 kilómetros por hora (esa es una vía rápida) puede y debe matarse. Acaba de contarme un amigo, que allí mismo su primo cayó manejando una moto y en el encontronazo perdió un riñón y el bazo.

AT LAST: afortunadamente vivos todos, Pelusa incluida. Pero Compay Tercero perdió para siempre un neumático que me “costó un huevo” y cuatro meses de espera para importarlo, una llanta de Peugeot (que supondrán están regaladas en el mercado negro), la parrilla, el muñón que asegura la rueda y el amortiguador derecho. Casi nada para un auto que no se fabrica desde el pasado siglo en un país que deja importar de todo y en cantidades. Lleno “hasta la cocorotina” de tiendas de repuestos automotrices y a precios más que módicos. ¿Verdad que sí? Un carnal, cómplice de mil batallas, me dijo dos días después del “bachericidio” que debería pedirle al gobierno que me indemnizara por los daños, que le pasara la FACTURA. No lo escuché porque me entra una sordera terrible en momentos en que me dicen esas ingenuidades. Lo miré con la misma cara que un buey mira a un piano. Cuando me lo repitió ayudándose de lenguaje de señas y caí en la cuenta de su propuesta, pensé más bien, en FRACTURAS.

Y ahora voy al pollo del arroz con pollo. 

¿Por qué? ¿Por qué los ciudadanos de este país, peatones, pasajeros y choferes tenemos que estar expuestos a semejantes peligros en carreteras y calles que están en paupérrimo estado sin mínimas condiciones de seguridad para nuestras vidas? Por todo aquel monte no había un cartel de alerta, un mechón, una vela. ¿Por qué la familia cubana tiene que sufrir con más frecuencia de lo normal la pérdida o la mutilación de sus seres queridos en accidentes de tránsito? Un país que tiene una salud pública gratuita, en el que cualquier hijo de cubanos comunes puede operarse a corazón abierto o tener un implante cloquear, hacerse una tomografía axial computarizada o consumir medicamentos costosísimos sorteando miles de impedimentos para acceder a ellos, no debería permitirse eso. No quisiera creer que la gratuidad de los servicios médicos trae aparejada cierto grado de indolencia en el cuidado de las vidas humanas. ¿No es la vida humana lo más preciado, según escuchamos y leemos a diario? ¿Cuántos recursos costosísimos y escasos emplea el sistema de salud cada vez que ocurre un accidente múltiple o individual provocado por el estado deplorable de la red vial? ¿Cuánto le cuesta al erario público movilizar dirigentes, militares, representantes de organizaciones de masas y familiares de los damnificados cada vez que acontece uno de esos grandes accidentes? ¿Alguien o alguna entidad ha investigado seriamente cuánto invierte Cuba en piezas de repuesto para el parque automotriz nacional o cuánto en tener que sustituir gran parte de ese parque porque no hay vehículo que soporte el mal estado de nuestras calles? Cuando se sucedían uno tras otro los accidentes de ferrocaril, se tomaron las medidas pertinentes y se solucionó el problemas de las líneas férreas. Luego de la lamentable caída del avión de Cubana con destino a Holguín, dicen que el gobierno tomó y sigue tomando medidas de todo tipo para que no vuelva a ocurrir algo parecido. ¿Y las calles y carreteras para cuándo?

No siempre y no todos los choferes manejan en estado de ebriedad. La culpa no es solo del alcoholismo. ¿Me dirán que el gran culpable es el “bloqueo imperialista”? ¿Otra vez? Arránquenme la cabeza si quieren, pero opino humildemente que bien podrían dejar de edificarse unos cuántos hoteles y campos de golf y otras chucherías por el estilo y darnos calles y caminos más decentes ahora, no en el 2030. Nos los merecemos. Seguimos aquí. Debe ser una decisión gubernamental.

San Antonio de los Baños se habría salvado si Michelle Obama o uno de los tres Papas  hubiese insistido en visitar la EICTV. ¿Hay que esperar visitas de altos dignatarios para pavimentar bien y de forma duradera las calles que éstos incluyen en sus recorridos? ¿Todo el pavimento se lo llevan las obras que con carácter estratégico se levantan hoy? ¿Vale más la impresión que se lleva un turista que la mala impresión de un nativo que ve durante años el mismo bache frente a la puerta de su casa con heces y orinas dándole al panorama un toque de color y aroma? ¿Saben el costo político de ver la calle en que vives, desbaratada, sin que pase algo renovador? ¿Que un joven de veintitantos años le diga a su novia; “mira, ese bache es de cuando yo estaba en cuarto grado”? Lo peor que le puede suceder a una utopía es que cada vez más parezca una utopía. Nunca nos dijeron que el Socialismo tenía que ser feo, descascarado, fétido. Tenemos baches por nuestros campos y ciudades que duran decenios, que nunca cierran, inmortales, inamovibles. Y muchos de los que reparan deben estar rellenados con leche en polvo y saliva o con migajón de pan de flauta porque a la semana de darlos por tapados resurgen como aves fénix. Tiene que existir en el mundo algún tipo de chapapote o resina que sea duradero. ¿Los chinos? ¿Los vietnamitas?

¿Hay materiales para las bellas carreteras que conducen a los turistas hasta sus lugares de estadía temporal y no para nosotros? La prensa extranjera agudiza más sus críticas contra Cuba cuando el muerto lo pone un foráneo. ¡Cuidado! Hay una escuela internacional de cine, televisión y video en San Antonio de los Baños llena “hasta el gollete” de extranjeros. Alumnos y profesores de tres continentes que a diario hacen el mismo camino que yo hice el viernes pasado y también de noche cuando regresan de festivales, estrenos, conciertos, etc. ¿Qué pasaría si…? ¿Tiene que esperar una provincia a ganar la sede del acto nacional de alguna efemérides histórica importante para que sus calles sean entonces remozadas o reconstruídas? ¿No puede adquirir el país suficientes fábricas de materiales para pavimentar todo el año y en muchos sitios a la vez? Si el Estado no puede asumir toda la red vial del archipiélago no pudiera pensarse en licitar el arreglo de buena parte de la misma con cooperativas o cuentapropistas? ¿Por barrios, por municipios? 

Si la noche del 5 de Octubre pasaba lo que no quiero pensar ni escribir y hubiera quedado vivo, hoy estaría loco de remate, pensando en suicidarme por la culpa o caminando de un lado a otro de la Plaza de la Revolución con una dura pancarta en las manos. O las tres cosas a la vez.

Quien dude de lo que digo, lléguese cerca de la UCI y busque el foso que intentó cobrármela. Háblele, explíquele, retrátelo, fílmelo, deposítele un ramito de flores. Luego póngase en mi lugar. Sustituya a su familia por la mía. Haga entonces la película en su cabeza con esos protagonistas. Y verá que difícil se le hará venir a decirme que aireo estas cosas porque estoy añorando que “el árbol se caiga” para hacer leña de él, porque quiero “darle armas al enemigo”, hacerme a la carrera de un pedigrí de contestatario o alguna mierda de ésas. Soy un cubano que ama a Cuba y a mis cubanos. Mis hijas están primero que TODO. Y estuve a un punto de perderlo TODO. Es la verdad pura. Monda y lironda. Sufrió el padre de ellas el “padre” de todos los sustos. Tengo testigos. Y eso sí, que no se los perdono, pues si se los perdono, seguro que lo olvido.