sábado, 19 de abril de 2014

No recuerdo...

No recuerdo dónde lo conocí.  Puede haber sido gracias a Haydee Santamaría. Acaso coincidimos en alguna comida en casa de la amiga común, quizá en aquella en que fui embromado con una tortilla de plátanos maduros. Lo que sí tengo claro es que en septiembre de 1969, entre la treintena de libros que embarqué en el Playa Girón, había un Cien años de soledad que ya había leído un par veces.

Lo veo a flashazos, en distintos momentos. Un 31 de diciembre me invitó a una fiesta en la que estaban su amigo Fidel Castro y el actor norteamericano Gregory Peck. Hubo un momento, cercano a las 12 de la noche, en que me vi conversando con aquellos gigantes y me sentí desubicado.

La primera vez que estuve en su casa de México fui con Raúl Roa Kourí y mi hermana María, casados por entonces. Estaban de tránsito, camino a New York, donde estarían 6 años sirviendo a Cuba ante las Naciones Unidas. Fuimos por la mañana y pasamos algunas horas en el despacho del escritor, donde estaban algunos de sus libros, su máquina de escribir. Allí constaté que, tal y como se decía, sobre su mesa de trabajo había un un florero con una rosa amarilla. Creo que fue la primera vez que vi una rosa que parecía un sol. O la primera que reparaba en ella, iluminada por la mitología en torno al genio literario.

Hablamos de música. Uno de sus hijos estudiaba flauta. En algún lugar yo había leído que él escribía escuchando a Bach; pero aquella mañana nos dijo que entre sus partituras preferidas estaba el concierto para violín y orquesta de Sibelius. Revisó sus discos (con la ayuda de Mercedes) y me regaló una versión, que tenía repetida, dirigida por Von Karajan e interpretada por Christian Ferras. Antes de dármelo rotuló su nombre en la carátula, con plumón azul Prusia. Después me obsequió su novela más famosa, que yo casi me sabía de memoria. Hablamos también de cumbias y vallenatos, tema del que era experto. Concluyó la clase magistral con ejemplos en los que su nombre era mentado y, con cierta ternura, nos hizo escuchar una cumbia que lo increpaba por algo que no recuerdo. Finalmente me obsequió dos casetes, con selecciones personales. Aquellas cintas no me duraron mucho, porque le comenté a una periodista que las tenía y se las llevó, jurando muchas veces que sólo las quería para copiarlas y que enseguida me las devolvería. Ojos que te vieron. O más bien: oídos que te escucharon…

No recuerdo por qué un día me tocó llevarlo al centro campestre de Río Cristal, donde se iba a celebrar un almuerzo relacionado con el premio literario Casa de las Américas. Por el camino traté de hablar lo menos posible, para no meter la pata, pero acabamos comentando la separación de un matrimonio. Yo, sagitario imprudente, sentencié que era una desavenencia pasajera. Él me miró de una forma en la que pude reconocer, en el breve vistazo que le dirigí puesto que iba manejando, que sentía más congoja por mi optimismo que por la pareja distanciada. Puede que en el fondo yo pensara como él, y que sólo siguiera la costumbre totémica de expresar mis deseos y no lo que realmente sucedía. A veces me he equivocado, de diente para afuera, aunque de diente para adentro sepa que ejecuto un ritual que significa lo contrario. En aquel caso, en pocos días comprobé que su mirada de piedad tenía más peso que todas mis palabras. Y, además, comprendí que él no era adicto a mis ceremonias primitivas y que conocía mucho mejor que yo a personas que yo veía más a menudo.

Hace poco conté, a propósito de una canción de mi ultimo disco, la especial circunstancia de haber tomado un vuelo en el que sólo iba otro pasajero.  Era hasta México, con escala en Cancún. Aquella tarde los cielos estaban cargados de oscuridades y nuestra soledad compartida, entre tantos asientos vacíos, propició el acercamiento. En aquel avión, que daba tumbos y bajones, el escritor me iba explicando –con una serenidad inconcebible– que a veces se le ocurrían ideas que no daban para novelas o cuentos, y que posiblemente eran canciones. En todo momento fui consciente de la fatalidad de que aquel encuentro ocurriera en circunstancias tan adversas, porque los incesantes sobresaltos no me permitían estar todo lo atento que deseaba. Luego, en Cancún, se llenó el avión, los cielos se aplacaron y el viaje dejó el misterio atrás, siendo menos propicio, aunque yo me despedí diciendo que iba a tratar de darle taller a algunas de las ideas –a veces relampagueantes– que tuve la suerte de escuchar. En un terrible hotel de Panamá hice un primer acercamiento que se perdió en la bruma, y sólo hace muy poco logré organizar algo cantable.

Cierta vez estuve una noche en su casa del DF y, a la hora de irnos, comprobamos que faltaba el carro en que habíamos llegado. Buena parte de aquella madrugada la pasó con nosotros en la comisaría, prestando declaraciones y tratando de ayudarnos. Otra noche, hace no mucho, fuimos al bar de una señora llamada Margarita, lleno de caricaturas, donde Sabina hacía gala de los tantos corridos y rancheras que se sabe. La última vez que fuimos a su casa cargó a Malva en la puerta de despedida.

Dejo constancia que la única vez que visité la hermosa Cartagena de Indias fue gracias a él, que me recomendó al Festival de Cine como jurado. Ni antes ni después he vuelto a entrar a un Casino. Aquel era propiedad de un amigo, señor que amablemente nos regaló unas fichas para que probáramos suerte en la ruleta. Yo le seguía las manos al dealer, a ver si las ocultaba bajo la mesa para apretar algún botón. Pero el hombre, quizá leyéndome la mente, daba un respetuoso paso atrás cada vez que la rueda de la fortuna empezaba a detenerse. Viendo lo rápido que dilapidé mi capital, el escritor, de un blanco impecable, se partía de la risa.

Voy a conservarlo así, sonriente, gozando de la vida, a lo mejor en la voluta de una idea que la insondable alquimia de su talento dejará en una ínfima reseña, algo que ni siquiera llegará a ser canción: acaso un insecto posado en un mantel, la pintura vahída de un bote surcando el río Magdalena, la nota disonante de un triste amolador de tijeras. Seguro así me sentiré alguito menos huérfano.


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              Gabo, el amigo

Por Raúl Roa Kourí

Amistad inolvidable fue la que anudé, en los años 80, con el fabuloso escritor, periodista y caribeño rellollo, Gabriel García Márquez, oriundo de Aracataca, Colombia, quien por suerte no nació “en una tarde de signos borrosos” como su coterráneo, el bardo estrafalario Ricardo Arenales, más conocido como Porfirio Barba-Jacob.

 Nos conocimos en su casa de México, la Calle Fuego del Pedregal de San Ángel: parte de un antiguo monasterio o convento reconstruido, donde había instalado su estudio en la vieja cochera, al fondo de un jardincillo bien cuidado, con piedras y flores, que lo separaba de la casa principal.

 Fuimos, mi esposa de entonces y yo, con su hermano Silvio Rodríguez y “el chino” Joa, consejero político de nuestra embajada en México, una tarde de verano, después de haber recorrido algunas de las maravillas de la cultura olmeca en Teotihuacan, subido a la pirámide del Sol, fotografiado la de la Luna, conversado con serpientes emplumadas y almorzado tacos, quesadillas y otros antojitos.

 Con el acogedor Gabo --y Mercedes, claro está--, se hallaban la amiga Berta Zuno (quien se había desempeñado en Cuba como consejera cultural de México) y el médico de Allende, Danilo Bartulín. Me asombró la gran colección de música cubana –amén de la “clásica”-- que tenía Gabriel (era un amante del bolero, pero también de la guaracha y otros géneros) en el estudio, donde además de escribir en su flamante word processor (me recomendó hacerme de uno enseguida) recibía a sus amigos. Había adquirido los discos en Nueva York, en una tienda subterránea cerca de Times Square, cuyas señas me dio, porque yo iba precisamente a esa ciudad, como embajador ante la ONU.

 Fue una tarde de plática animada, que continuó en la noche, en casa de Josefina Cabrera,[1] al otro lado del Pedregal, con Alonso Aguilar, Pablo González Casanova y otros amigos mexicanos, a la que se sumó Gabo con entusiasmo. Nos dieron las primeras horas de la madrugada sin percatarnos.

 Convertimos en hábito hacer escala en México, y no en Montreal, durante los viajes de ida y vuelta a Nueva York, donde siempre visitábamos a los García Márquez. Recuerdo una vez en que, sin que fuera para nada su cumpleaños, Berta Zuno organizó una fiesta con mariachis de la Plaza Garibaldi para festejarlo en casa de Gabo. Aparte de Joa, nos acompañó Conchita Dumois. No obstante la altura, que cansa bastante a quienes no somos del altiplano, bailamos todos al son de la “Serenata huasteca” y otras tonadas.

 Me tocó viajar junto a Gabo de La Habana a México en los días dramáticos de la “causa número Uno”.[2] Él confiaba en que no se aplicaría la pena capital, pese a la reconocida gravedad de los hechos. Basado en mi lectura diaria de la prensa nacional, era más escéptico. La sentencia final causó un trauma profundo en la vida de muchos de nosotros.

 Después seguimos viendo a Gabo y a Mercedes en París, cuando me desempeñaba como embajador en la UNESCO y luego en Francia. Mi esposa era ya Lili, nieta de Carlos Lechuga e hija de Lillian, muy amiga de los García Márquez; con ésta les visitamos en su casa habanera y nos vimos en el antiguo apartamento de Lillian, en la calle Paseo. A veces, junto a Conchita Dumois, gran cuate del matrimonio colombiano desde su estancia en México.

 Por vía de Gabrielo conocí a la embajadora de Colombia ante la UNESCO y después, como yo, en Francia, Gloria Pachón de Galán, viuda del dirigente político liberal, candidato a la presidencia de la república asesinado, como Eliezer Gaitán, por la reacción colombiana. Una mujer culta e inteligente, con quien anudamos una inolvidable amistad, a veces en torno a un suculento ajiaco bogotano.

Asimismo, fue Gabo quien me habló de Guillermo León, mi colega en el Vaticano, teólogo formado en Colombia y Alemania (creo que con el propio cardenal Ratzinger, antes de serlo y devenir papa,) que tenía una voz de tenor muy bien temperada, lo cual, junto a su físico repleto y calvicie acentuada, le hacían tan parecido a Luciano Pavarotti que el propio Juan Pablo II, en chanza y sin mucho público delante, le llamaba así. Hombre de cultura, muy apreciado por Gabo, quien ganó mi estimación, más allá de nuestras diversas ideas político filosóficas.

Antes, tuve ocasión de conversar con García Márquez en Nueva Delhi, a donde acudió, invitado por Fidel, para asistir a la Séptima Cumbre de los Países no alineados. Como me habían birlado mi ejemplar de El general en su laberinto, pedí otro a Gabriel, quien me lo dedicó firmando, festivamente, “de su amigote, Gabo”.

 Ya durante nuestro último encuentro en La Habana, Gabriel no estaba bien de salud. Sometido a un largo tratamiento, pudo derrotar el cáncer, pero amigos comunes me dijeron entonces que no estaba como antes. Siempre es terrible saber que un amigo está mal, máxime cuando es alguien del talento, la bonhomía y la simpatía de Gabriel García Márquez.

 La noticia de su deceso nos conmovió profundamente. Dio a luz una visión de América que no podrá borrarse de nuestros corazones: todos somos –de una u otra manera-- hijos de ese Macondo insólito y mágico, pero vital y presente, que vivió para contarnoslo.

La Habana, 20.04.14 



[1] Excelente médica y amiga,, viuda del eminente cardiólogo,  Enrique Cabrera.
[2] Causa seguida contra el general Arnaldo Ochoa, el coronel Antonio Laguardia y otros miembros del Ministerio del Interior que pusieron en peligro la seguridad de la nación involucrándose en negocios con narcotraficantes, para “obtener fondos que ayudaran al país en la difícil coyuntura económica que atravesaba”.


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Cita con “Cien Años De Soledad”

Por Hamlet Hermann

Topé por primera vez con la novela “Cien Años de Soledad” cuando estaba prisionero en 1973 luego de la extinción de nuestra lucha guerrillera. Reponía en esos días los rigores de las torturas y malos tratos con que me habían “tranquilizado” en la base aérea de San Isidro. La opinión pública reclamaba con energía que apareciera el sobreviviente guerrillero capturado en Villa Altagracia semanas atrás. Pero el estado en que habían dejado mi cuerpo los militares luego del “tratamiento” a que fui sometido impedía que alguna fotografía fuera publicada o alguien pudiera visitar la solitaria celda que ocupaba. Los militares se dedicaron entonces a alimentarme al tiempo que suspendieron el “tratamiento” de manera que recuperara la apariencia física normal.

No recuerdo ahora quién llevó esa novela hasta la prisión. Eran los tiempos en que someramente me enteré de que existía un periodista llamado Gabriel García Márquez que había escrito esa obra. Aunque fue publicada por primera vez seis años atrás, en 1967, mis actividades revolucionarias y luego el entrenamiento militar en Cuba no habían dejado espacio para leer esa obra. Pero en aquel momento no era más que un prisionero en celda solitaria que, además de los malos tratos recibidos, había perdido cerca de setenta libras del peso normal. El tiempo sobraba, así que me dediqué a la lectura con voracidad. Ninguna otra cosa tenía que hacer allí. Ayudaba a mi lectura el que mis captores mantuvieran permanentemente encendidos varios bombillos. Veinticuatro horas continuas de luz buscaban desequilibrarme e impedir el sueño pero. Paradójicamente, facilitaban el disfrute de esa obra.

La leí de un tirón la primera vez. Sólo interrumpían los chillidos de los goznes de la única puerta de la celda cuando los Sargentos verificaban qué hacía a cada momento o llevaban la comida. Esas interrupciones sobresaltaban porque hacían recordar cuando me buscaban a medianoche para las sesiones de interrogatorio y pésimos tratos que dispensó la oficialidad seleccionada para el “tratamiento”.

Aunque un preso no tiene libertad cuenta con mucho tiempo libre. Apenas quitaba la vista del libro para acomodar mis nalgas aplastadas por el tibio piso de mosaicos. Llamó mucho mi atención la descripción del circo que llegó a Macondo y la forma en que atraía la atención de todos. Inconscientemente asociaba la lectura con el origen de mi rama familiar paterna. Los Hermann Consonni viajaban cada año a República Dominicana desde Cuba con un grupo de bufos, una especie de vodevil. La compañía se llamaba Hermann-Morita. Viajarían regularmente hasta el año 1927 cuando la compañía se desbarató merced a que la principal estrella casó con un empresario licorero de Santiago de los Caballeros. En la lectura imaginaba entonces a aquellos que llegaban a Macondo con las caras de mi padre, mis tíos y otros que sólo conocí años después cuando ya peinaban canas y exponían calvas.

Como no tenía capacidad para valorar literariamente lo que estaba leyendo, llegué hasta la última página sintiendo un vacío. Traté entonces de recordar lo que había leído “en primera vuelta”. En la memoria sólo habían quedado detalles escasos y rasgos del relato con muchas confusiones sobre los personajes. Tantos Buendía saliendo y entrando en el relato me habían hecho perder el rastro del hilo conductor de la obra. Decidí entonces empezar a leer de nuevo. Nadie esperaba por mí como no fuera para hacer daño y el tiempo seguía teniendo poco significado. En esa segunda lectura no lograba evadir el prejuicio de que estaba viendo de nuevo la misma película. Sin embargo, empecé en esta ronda a darme cuenta y a entender cosas que en la primera lectura habían pasado inadvertidas. Gradualmente fui ajustando las imágenes que creaba García Márquez y las cosas fueron saliendo de la neblina para mostrarse más en la forma que el autor quería que nosotros las viéramos.

Cuando sin aburrimiento volví a llegar a la última página me convencí de que el rebulú familiar de los Buendía todavía no lo entendía bien. Y fue entonces cuando en aquella iluminada celda decidí leerla por tercera vez. Pedí entonces a uno de mis carceleros, un Coronel de la Fuerza Aérea, que consiguiera un lápiz y una hoja de papel. Obsesionado estuve con la idea de que la única forma de entender aquello a fondo era si me dedicaba a construir el árbol genealógico de la familia Buendía.

Y así fue como empecé a estudiar en esta tercera vez, no ya a leer, “Cien Años de Soledad”. Leyendo hacia delante y buscando hacia atrás, fui haciendo mi arbolito genealógico poniendo a Aureliano aquí a Rosario la bella por allá y así sucesivamente a todos hasta que la hoja de papel fue ocupada por mis trazos y garabatos, de lado y lado. Cada rama que añadía llevaba a tratar de apropiarme de la obra. Tanta era la compenetración con ella que la sentía mía y de nadie más. Ya no era la novela del periodista colombiano-caribeño sino una obra propia porque en aquella solitaria celda hasta las cucarachas eran de mi propiedad.

Mi siguiente labor fue hojear y ojear, de hoja y de ojo, aquellas páginas que empezaron a lucir antiguas de tanto manoseo en un ambiente carcelario del cuarto mundo. Comprobé entonces que ya estaba en condiciones de volver a leer la novela por una cuarta vez. Creía haber descifrado los vericuetos del narrador y suponía que eso me acreditaba como lector calificado. Y así fue. Sólo faltó aprendérmela de memoria.

Lo lamentable de esta historia es que, cuando finalmente fui excarcelado y deportado de República Dominicana, por una reacción protectora de mi organismo, el cerebro borró los recuerdos de mi estancia en aquella prisión. Parece que la selectiva memoria no quería que recordara el “tratamiento” al que había sido sometido durante meses en aquel lugar. Y fue así como todo lo que había leído y entendido de “Cien Años de Soledad” lo olvidé totalmente.

Tiempo después, cuando alguien preguntaba si había leído esa novela respondía: “Sí, cuatro veces.” Pero cuando al creerme experto en la materia  trataba de profundizar en el contenido y en las formas, siempre yo cambiaba el tema para que el otro no perdiera el tiempo con un desmemoriado.

Es por eso que cuando pueda adquirir la más reciente edición de “Cien Años de Soledad” de inmediato empezaré a leerla de nuevo. Y quizás en ese trayecto de una quinta lectura, que será también primera, logre toparme con algunos de los recuerdos que 34 años atrás la memoria borró para preservar mi salud mental y, quizás, mi vida.

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                                                  El arte de la espera
 Por Álvaro Castillo Granada
                                                                                                          para García, por supuesto

   Había un libro que estaba aguardando. Siempre hay un libro que cargo en mi deseo para que no me sorprenda cuando me encuentre. En este caso, sabía que había salido porque la noticia estaba en todos los periódicos de esa fecha: Gabo Periodista (Fundación Gabriel García Márquez Para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, Colombia, Noviembre de 2012). Una antología de textos periodísticos. Edición no venal. O tal vez supe de él por Ariel Castillo (quien es pariente por el lado más importante: el del corazón).
  Lo primero que hice fue escribir un mensaje a Cartagena solicitándoles información para conseguir el libro. Jamás me respondieron. Tenía en mis ojos su carátula. La guardé como una de esas fotos que nos acompañan y que, de vez en cuando, reaparecen trayéndonos un rostro amado y lejano. La primera vez que lo tuve en mis manos fue cuando fui a llevarle El ingenio, de Manuel Moreno Fraginals, a su casa al director de una revista bogotana que por esos días andaba con una lesión en un pie. Mirando su inmensa biblioteca de repente lo vi.
   -De manera que así es… -fue lo que me dije. Y pregunté: ¿Puedo mirarlo?
   -Claro, me respondió.
   Era una edición de pasta dura todavía envuelta en su empaque transparente. Sin abrir. Lo miré por los dos lados. “Ahora sí sé cómo es realmente”, me comenté mientras lo volvía a poner en el estante.
   -Creo que tengo otro ejemplar en alguna parte. Voy a ver si lo encuentro –añadió mientras se encaminaba a una pila de libros.
   -No lo busque, no se preocupe. Tenga cuidado. Mejor después. Se lo agradezco de todas maneras, dije rápidamente antes de emprender el no tan largo camino de regreso a la librería.
   Nunca me volvió a hablar del asunto.
   No voy a leer lo que ya escribí alguna vez. Ni voy a contar lo que ya hice en otro momento. Esto lo escribo hoy, abril 17 de 2014, a las pocas horas de saber que ya no estás respirando en medio de nosotros. Porque es imposible de decir que ya no estás con nosotros. Nunca será posible.
   Pacho me llamó y me preguntó:
   -¿Me imagino que ya sabes la noticia?
   -No, ni idea. No sé qué pasó, respondí adormiladamente.
   -Gabriel García Márquez se murió.
   Me quedé helado.
   Balbuceé algo y me fui a mirar la prensa. Abrí El Espectador y ahí estaba la noticia.
   Sí, era cierto, habías muerto.
   Lloré. No pude dejar de hacerlo. Recibí varias llamadas, consternadas, dándome el pésame por la noticia. Hice otras para lo mismo. Todos estábamos orfanados.
   No fui amigo de Gabriel García Márquez. No. Pero sí existí para él. Fui “el librovejero”. Así me llamó y así me llamaba cuando nos encontramos o cuando hablamos por teléfono. Es, hasta donde sé, el único apodo que me han puesto. Bueno… hasta donde quiero saber…
   Tuve el inmenso placer de servirle con mi oficio: vendedor de libros usados. Gracias a los libros existí para él. Qué manera más hermosa de hacer parte de una historia… Jamás, ni en mis más disparatados ensueños, se me ocurrió pensar que esto fuera posible. Además, no me da vergüenza confesarlo, soy un lector tardío de Cien años de soledad. Cuando niño lo leí dos veces (mi papá me regaló el libro como quien entrega la llave de un cofre) y no me gustó. No lo entendí. O las dos cosas al mismo tiempo. Sólo fue hasta 1996 cuando al leerlo, en medio del calor cartagenero, pude por fin entenderlo y sentirme huésped permanente de sus páginas. También fue en ese año la primera que lo vi personalmente.   
   Nunca pude decirle Gabo o Gabito. Ese nombre estaba reservado, al menos para mí, para sus más entrañables y cercanos. Yo me limité a decirle como escuché que lo nombraban en Cuba: “García”. Porque nuestros encuentros (fuera de dos bogotanos) siempre fueron en Cuba. Y tengo, entre otras cosas, el inmenso orgullo de saber que fue a visitarme a la casa de Corrales, donde vivo cuando estoy en La Habana. Y que saludó a Betania y a Miguelito como si se conocieran de toda la vida antes de sentarse en la sala y permanecer gran parte de la tarde hablando de la vaina, que es hablarlo de todo y lo demás. Al ritmo de un sillón que viene y va como la marea y el viento, trayendo recuerdos, llevándose momentos, construyendo instantes que se graban para siempre. Y se guardan allí, cerca al corazón, donde está lo que siempre nos acompaña y no podemos ignorar.
   Por eso recibí el pésame: porque algunos sabían lo que había significado para mí el haber existido para él con un nombre.
   Un mensaje de una amiga me hizo salir de mi consternación y tomar un bus que iba por toda la carrera séptima. La cita era a las cinco al frente de La Hacienda Santa Bárbara. Llegué cuatro minutos antes. Miré hacía todos lados para ver si Catalina Valencia estaba por ahí. No. Aún no. Para quemar tiempo me fui a mirar libros a la calle peatonal donde está el mercado de las pulgas.
   Es una buena manera de quemar el tiempo de la espera el mirar libros. Los ojos viajan por sobre las carátulas como si recorrieran un mapa sin puntos cardinales donde, de repente, aparece una X señalando el lugar donde se encuentra el tesoro. Y en medio de muchos libros, conocidos y desconocidos, reconocí uno que había visto una sola vez: Gabo periodista. Desde su carátula me mirabas tú, García, diciéndome: “Ajá… librovejero… Acá estoy…”.
   Lo tomé, temblando de alegría. Miré hacia los otros, tratando de disimular lo indisimulable, y otro libro me sonrió: El arte de la espera, del historiador y ensayista cubano Rafael Rojas. En su carátula la foto de una cubana con rolos me sonreía diciéndome: “Viste… Esto es lo que hay… Lo que te tocó por la libreta…”.
   Los tomé sabiendo lo que eran: su apretón de manos de despedida.
   Después de una negociada larga y tediosa se fueron conmigo en una jaba blanca.
   Y en mi corazón una alegríatriste. Porque tú, García, estabas cerrando, sonriendo, una búsqueda que se inició hace tiempo, con muchos protagonistas, que estaba esperando el momento justo para darse: hoy, abril de 17 de 2014, cuando ya respiras en la eternidad.
  La vida te alcanzó para todo, hasta para darme un nombre…

111 comentarios:

Silvio dijo...

Mañana voy a contar un poco sobre Sonia Silvestre...
"...son tantas, que se atropellan..."

Ricardo Seir dijo...

Yo tambien me siento huerfano. Apenas me entere, senti la necesidad de escribirle a mi magnifica profesora de literatura de 4to año de bachillerato del Liceo Moral y Luces en Caracas. Le agradeci el habermelo presentado y recorde, con un nudo en la garganta, como nos pasamos un trimestre completo tratando de analizar a a las estirpes condenadas a cien años de soledad y como respondi aquella unica pregunta del examen final en mas de 20 paginas escritas. Luego, de mas grande, Florentino Ariza se hizo mi amigo intimo.
Sigo con un nudo en la garganta...se que todo lo escrito alli sera irrepetible desde siempre y para siempre.

Alida dijo...

Sabía que no ibas a estar con tiempo o disponibilidad para conectarte. Esperaba tus palabras sobre la despedida de Gabo.

Muchas despedidas y tristezas que se agolpan en estos meses.

Que se acabe ya, no?

Te pensé cantando San Petesburgo tan digna del mentor!

Beso grande, Silvio!

Ali

limarí dijo...

Saludos, Silvio.

Traigo unas palabras de Rubén Blades ante esas "tantas, que se atropellan" (él estuvo hoy en Puerto Rico para despedir a nuestro Cheo Feliciano).


"Que día mas jodido.

Hoy se marcharon dos titanes, preclaros baluartes del argumento cultural urbano, honestos exponentes de la posibilidad popular: Cheo, de Puerto Rico y Gabo, de Colombia. Así los conocimos y así los despediremos. Cheo y Gabo. Para identificarlos nunca fue necesario recitar sus nombres completos. Basto decir, hoy como entonces, Cheo y Gabo, Gabo o Cheo, para que todos, o casi todos, supiésemos de quien se hablaba. Eso es haberle llegado al pueblo. Que mejor reconocimiento a su trayectoria que ese, el de ser reconocidos por sus apodos, estas reales leyendas urbanas considerados como una parte de todos, a pesar de lo inmortal que resulten sus legados?

...

Hoy se mudaron al otro barrio pero nos dejaron su arte, sus memorias, su recorrido, una ruta que nos puede orientar hacia mejores y mas amplios resultados, individual y colectivamente. Tuve la dicha de conocerlos y las consecuencias de nuestros encuentros y charlas aun me nutren y alimentan. Una vez les dije, por separado: "están condenados a mi amistad". Hoy, la muerte nos impone su condena, la de sus ausencias físicas, pero no podrá jamás obligarnos a olvidarlos, o a dejar de celebrarlos, y es allí donde la Parca pierde. La calidad de las obras de Cheo y de Gabo, la continuidad de sus argumentos de vida, todo termina venciendo al reclamo mortal del olvido y al escéptico acoso de la indiferencia..."


http://www.rubenblades.com/


Continuemos "venciendo al reclamo mortal del olvido" y conservándolos así, "sonrientes, gozando de la vida".

yusetgd dijo...

Hola: hace poco tiempo comentaba con una amiga , la perdida de tantos seres que han formado parte de mi imaginario , mis suenos... parece que estoy envejeciendo muy rápido. Y solo tengo 34...

Guadalupe dijo...

Silvio querido muy querido:

Entrañable entrada, recordando al Gabo!
Por cierto, apenas conocí una foto donde estás con Haydee Santamaría y el Gabo.
También rememoramos en mi familia al querido escritor, sus obras y su congruencia política. También su Amor por México, su otra patria, aquí tenía 50 años de habitar.
En mi caso, lo conocí por La Hojarasca, fue mi regalo de cumpleaños cuando tenía 14 años. A partir de ahí, se convirtió en uno de mis autores favoritos junto a Carlos Fuentes.

Al leer en la entrada sobre la tortilla de plátano verde, recién la conocí, gracias a una nueva integrante de la familia de origen colombiano. Por cierto me dijeron que la podía comer como un sope( tortilla gruesa de maíz frita con una cama de frijoles machacados, encima le puedes poner los ingredientes que quieras: pollo, cerdo, hongos, etc) nada que ver, los sabores son bien distintos, pero no es desagradable, imáginate le puse guacamole con camarones y jitomate, estaba buena!

Gracias Silvio por compartirnos tu memoria.

Te quiere siempre

Guadalupe

Silvia Villar dijo...

Esperaba tus palabras,xq pa nuestra generacion los escritores eran nuestros amigos/compañeros,los llamamos por el nombre o el apellido a secas: el Gabo, Julio, Nicolas,el poeta, Vargas(como cambio este), Neruda,etc,q marcaron nuestra/mi adolescencia nos dieron ficciones/poesias marvillosas pero tambien ideales , sueños compartidos, nos estimularon a ir por mas! y q la palabra Revolucion es una de las mas bellas!
Tuve la suerte de ir a Aracataca y cuando llegue entendi aun mas al Gabo, esa tierra y su gente es Macondo, q con magia solo podia contarse realidad tan dura,el realismo magico,genial herramienta de relato y de denuncia,Gracias Gabo,Gracias Silvio,por la necedad de seguir magicamente reales.
El Gano,como Julio no se van ,se reproducen en cada nuevo pibe q lo lee por primera vez xq estos tipos te hipnotizan.

SERGIO MORA dijo...

Silvio, Colombia como el mundo de las letras esta de luto. Recién nos enteramos de la muerte de Gabo recordamos su grandeza y lo bien que dejo el nombre de un país sudamericano mencionado muchas veces por su violencia y esas cosas que ya nos saben amargo. Lastimosamente, en el caso personal, su muerte evoco su importancia, no solo para Colombia si no para el mundo de las letras en general. No se si tenemos la mala costumbre en Colombia de no reconocer nuestros exponentes, o simplemente los olvidamos y tenemos que desempolvarlos en la muerte. Como adolescente me duele no haber conocido en toda su dimensión lo que representa un nobel de literatura para un país, un país que se desangra, pero que tiene letras de aliento como las de Gabo, que vio el "realismo mágico" de Colombia.
Cuando conocimos de su partida, inmediatamente se me vino a la mente "San Petersburgo" y la curiosa historia detrás de ella. Pienso ahora que Gabo no encontró mejor persona para contarle acerca de sus historias aptas para canciones.
Me conmovió la carta y sentí un no se qué, orgullo tal vez, al leer a Silvio hablando así de un colombiano. El más ilustre de los colombianos, así lo llama la prensa de mi país y creo que no se equivocan.
Abrazo enorme maestro y gracias por tu amor indirecto, por medio de Gabo, a Colombia, porque quien leyó su obra es transportado a este paraíso terrenal.

Richard dijo...

Los eventos que narras con Gabo son cronológicamente sucesivos ?

Tulipán Amarillo dijo...

Me duele Gabo.... Lo que escribió me hizo romper en llanto.

¿Algún día vendrá a Colombia? Necesitamos tanto de usted, de su presencia, de sus canciones.

Ada luz dijo...

Sobre algún puente bordado de histoiras,abandonada,lloraba la novia su blanca noche sin gloria...

Juan Carlos Balderas dijo...

Ayer estuve viendo en Youtube el concierto del año pasado (15 de abril de 2013) en Bolivia. San Petersburgo es la segunda canción y antes de interpretarla explicas aquel asunto del encuentro en el avión, eso aviva ese sentimiento de orfandad del que hablas.

Hurgando por internet me encontré una foto que seguramente es de la ocasión de la fonda de Doña Margarita, con Sabina y Don Gabriel García.

Aquí la foto

Manuel V dijo...

¡Ay Silvio!

Este 2014 es un despiadado, ya fue demasiado lejos.

natty dijo...

"Nunca dejes de sonreir, ni siquiera cuando estes triste, porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa."

Gracias por compartir tus sentimientos, Silvio....grande, gran amigo de los grandes...de los que siempre recordamos sonriendo

Un besazo!!!
Feliz Pascua para los creyentes y para los no creyentes también!!!

Anónimo dijo...

Si te dijera querido Silvio que cuando leí la noticia de la partida de mi escritor preferido, pensé en usted (mi compositor y cantante preferido) y lo mucho que lloraría. Hay personas que merecen ser inmortales para bien de la humanidad. como alguna vez dijo Gabo: "El cuerpo humano no esta hecho para los anos que uno podría vivir". Un abrazo.

Silvio dijo...

Jennifer Raff: Queridos padres: os están mintiendo con las vacunas

Silvio dijo...

Stella Calloni: Evocan la pluma independiente de García Márquez

Marcos Roitman Rosenmann: García Márquez: "cuando era feliz e indocumentado"

La orquesta filarmónica de Bogotá toca por Gabo

Silvio dijo...

Miles de puertorriqueños despiden a Cheo Feliciano

Ricardo Seir dijo...

Cheo Feliciano cantando "Hacerte venir" de Amaury Perez

Victoria dijo...

Tengo la impresión de que muchos quedamos "alguito huérfanos" como dices. Los libros de García Marquez nos acompañaron durante nuestra adolescencia, y nos hicieron soñar con situaciones que nos alejaban de una dura realidad, y con una América en la cual se repetían tradiciones y vivencias parecidas. Ahora en los colegios les piden a los niños que lean sus libros, y me emociona recordar fragmentos de alguno de ellos. Siempre pensé en tener una amor tan puro como el de los "tiempos del cólera" y hasta el día de hoy siento que voy a escapar de mis circunstancias, como lo hace Eréndira sin parar de correr por las playas.

silvano dijo...

tenia mas o menos veinte años cuando lei cien años de soledad. tuve que construir un mapa con todos los nombres de las familias para orientarme en aquel mundo. aunque yo soy hijo de gente de pueblo, nada sabia de lo ''real maravilloso" y no fue nada facil. ahora mi lejania es mas cercana y un poquito mas he entendido.
San Pietroburgo
gioca all'assurdo
con chiara falsità.
E a chi non dorme
gli si dissolve
fragile la realtà.

E su quel ponte Elèna sognava,
e nel profondo quell'acqua tremava
e una cicogna volava.

me parece haber leido que gabriel garcia marquez fue uno entre los primeros que usaba nueva tecnologias para escribir, o sea escribia con la voz dictando a un ordenador sus historia. recuerdo que pensé que tanta libertad en sus textos llegaba tambien de su tecnica escritoria. os sigo admirando mucho. sigo siendo un hombre de pueblo aunque viva en roma y trato a diari de no olvidarme de lo real maravilloso. y vosotros los segunaciteros me ayudan mucho en este tipo de sobreviviencia. gracias,

Luis Gómez dijo...

Saludos y todos. Abrazo al trovador

...Hubiese sido muy bueno conocer la opinión de García Márquez sobre la obra de Silvio.

"Un bolero, lo más difícil de escribir"
...Cuando escribía El otoño del patriarca escuchaba solo a Béla Bartók”, comentó el escritor.

“Y qué sorpresa cuando se me presentaron dos desconocidos que querían hacerme una entrevista y me dijeron: ‘nosotros hemos estudiado bien El otoño del patriarca, y hemos llegado a la conclusión que la estructura de su novela es la del Concierto No. 3 para piano de Bartók’. Y yo me asusté. Creía que sólo había tomado de Béla Bartók una serie de soluciones estéticas y de pronto, esos señores me hablan y termino yo pensando que ellos tienen razón”.



Luis Gómez dijo...

¿Por qué García Márquez tuvo que asilarse en México?

silvano dijo...

Su qualche ponte bordato di storie, abbandonata, piangeva la sposa: bianca la notte riposa.

Gracias Gabo. Gracias Silvio.

Victoria dijo...


Querido Silvio y amig@s:
Existe un tema muy complicado en Chile respecto al bullying en los colegios, que refleja el poco respeto que nos tenemos como sociedad.
Ya sabemos que los niños imitan el ejemplo de sus padres, y en Chile es dramático el efecto en niños discriminados, golpeados, angustiados, depresivos, generado por otros compañeros de curso.
En base a este tema apareció esta semana un comic de Antonia que refleja este maltrato en los colegios. Aquí va el enlace, espero que les guste.

DARK SKULL

Victoria dijo...


Y respecto a muchas cosas que nos marcaron esta semana, hemos visto con espanto la realidad que viven nuestros compatriotas en los cerros mas pobres de Valparaíso. Esto se refleja exacto en el análisis de este artículo, llamado neoliberalismo, o lo que vivimos a diario en Chile.

LO QUE PASO EN VALPARAISO

Luis Gómez dijo...

Descargar 53 Obras de García Márquez

Descarga desde otro sitio

"La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido" GGM

Amaury Pérez dijo...

Silvito: Puede no tener, a la luz ¿o la oscuridad? de estos días terribles alguna importancia pero quería, necesitaba, al calor de tu entrada, hablar sobre el Gabo.
Lo conocí a principios de los setentas en La Casa de las Américas después de una breve presentación nuestra en el gran salón. Al Gabo le encantaron mis cancioncitas de entonces y nos fuimos Junto a Benedetti al hogar de Marilú Pérez ¿la recuerdas? que por entonces era la asistente de Argeliers León en el departamento de Música de La Casa.; cantamos y bebimos como cosacos. Nos encontramos en circunstancias parecidas muchas veces. Luego en el 78 me acompañó en mi primera actuación en El Palacio de los Deportes del DF prestándome una camisa porque yo transitaba un desamparo textil que daba miedo y luego, y muchas veces en La Habana y su casa mexicana cantamos y reímos.
Viene a mi memoria, en una llegada a México conjunta una anécdota curiosa que lo define. Una joven le solicitó un autógrafo y le extendió, delante nuestro, hablo también de mi esposa que lo adoraba y estaba allí, un papelito en blanco y él, con una ternura impresionante, le dijo: “Yo no firmo autógrafos mi niña en papeles vacíos si quieres te firmo un libro aunque no sea mío” la muchacha un poco confundida me preguntó ¿qué hago? y le respondí como un rayo “cómprate un libro de Faulkner en aquel estanquillo y tráeselo “ ella así lo hizo y él se lo dedicó escribiendo: “ Para fulana que leerá a Faulkner como yo pero, Cien Años…después.
Quería compartirte esto y te abrazo y leo como siempre hoy con soledad.

Victoria dijo...


El domingo pasado en Chile se pudo realizar un emotivo funeral de Carlos Berger, director de la radio El Loa en Calama, asesinado por la "caravana de la muerte". En el sitio de su muerte, los militares "limpiaron" la escena, arrojando los cuerpos al mar.
Muchos años después, en ese mismo lugar, en pleno desierto, los familiares encuentran restos o fracciones de sus huesos, los cuales fueron enterrados el pasado 13 de abril.

DESPEDIDA A CARLOS BERGER

Mimí dijo...

..."Nunca, en ninguna circunstancia he olvidado que en la verdad de mi alma, no soy nadie más, ni seré nadie más que uno de los dieciséis hijos del telegrafista de Aracata."

Gabriel García Márquez.

adrimar321 dijo...

Querido Silvio....Ya me faltan pocas horas para iniciar mi viaje. A las 15 hs partimos a Bs.As , a Ezeiza..

Y no resiste hoy, algo mas serena, despues de haber preparado todo, pero casi sin dormir por los nervios, y miedos varios, venir por aqui, y me encuentro con este relato, esta entrada, que una vez mas me hace pensar tu vida es una maravillosa novela, podria , deberia filmarse tambien...Cuantos seres de luz has conocido, siendo vos mismo uno de ellos!!! Cuantas anecdotas, cuantas vivencias....y tambien cuantas pérdidas...Se lo que significan...Las he sufrido y las sufro...

Pronto , como me dice Gabriela, conocere las nubes cubanas, el cielo, el mar...y su gente...

Les transcribo lo que me escribio esta periodista, poeta, psicologa y filosofa a la que admiro tanto, y que tambien te envia sus saludos :

"Querida Adriana. Saludos a Silvio. Saludos a ese hermoso mar. Saludos a ese sufrido pueblo. Saludos a los trovadores, poetas y salseros que hacen que la vida tenga Azuquita. Saludos a las nubes que veras desde tu avión. Saludos a tus médicos por quienes rezo para que te curen. Saludos a tus piernas huesos caderas y articulaciones. Deciles que los amamos, que los queremos así como estan pero que si quieren alegrarnos especialmente a vos sean buenos y amables con el tratamiento. Y a tu corazón le envío un saludo especial decile de parte mía que le admiro su coraje, fidelidad y nobleza. Decíselo por favor para que se ponga contento. ......Haaaa también contale que en la última batalla entre vida y muerte ,una vez muerto es que es la vida........¡TRIUNFANTE SE LAVANTA!!!!!Buen viaje."

Te abrazo fuerte Silvio...
Y a todos!!!

Intentare comunicarme de alguna manera...
Abrazos y Besos
Hasta Siempre!!!

Lola dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jorge Raf dijo...

Amado Silvio, te pido disculpas por volver a publicar el texto que subiré a continuación en esta entrada, pero no puedo evitar hacerlo. Por otra parte, he leído tu entrada y me da mucha rabia ser tan ingenuo, tan torpe, tan ignorante... Te leo y puedo sentir esos lugares, esas sensaciones tuyas, esos encuentros, me parece fascinante descubrirte en esas situaciones en que admiras en vez de ser admirado y se me hace muy doloroso haber pensado alguna vez que no entiendas ni podamos explicarte esta forma de amarte que tenemos... La otra noche pensando en esa magia en la que coinciden tú y Gabo estaba tocando "En estos días" y pensaba en la estrofa "Cuantos disparos esperan divertidos al borde de las brumas, reino de criaturas de corbata y vestido, cuanto rubor letrado pide a la araña Teja un abogado" No se por qué pero me invadió una gran soledad, por una parte pensé que es la estrofa más bonita de la canción y por otro me sentí desolado por no saber ¿por qué motivo se ha quitado de la canción? Y luego la pena de no saber si es tuya. Entonces la sentí tuya al igual que en tu relato de Gabo y supe lo que estaba sucediendo y entendí que las respuestas pueden no importar y las preguntas ser bastas.

Nunca se ha necesitado en la tierra ¡tanto! un abogado como en estos días y a pesar de todo, ni tú, ni Gabo faltaréis jamás.

Te quiero y te admiro, te respeto y te encuentro a pesar de todo lo contrario.

Un gran abrazo y una gran disculpa si en algo o en todo fui humano y lerdo entre otras cosas.

Jorge Raf dijo...

Un lugar llamado Macondo

Una parte de todo lo que soy nació en Macondo, eso dice mi memoria, el mundo que me ha sido regalado, los sentimientos que tan gratuitamente me transmitió un hombre que supo volar tan lejos que ahora mismo aletea por sobre todas las cosas que merecen ser contadas.
No hay lamento alguno que de sentido a la muerte, la vida por su parte no es más que un juego que en ocasiones no tiene sentido alguno. Ustedes me leerán compungidos al decir esto, pero seamos realistas, el TIEMPO va a pasar y en determinado momento ya nada se sabrá del hombre, de la tierra, del universo… Llegará un día en que no se guarde en lugar alguno el más mísero recuerdo de nadie, de nada. Pero el ser humano se ha empecinado en trascender, otra de las grandes mentiras que nos han impuesto, supongo que de ese modo la vida parece tener sentido. Tal vez esa sea la razón por la cual hay guerras, banderas, diferencias… Todo parece tener más sentido cuanto mayor es el sufrimiento y mayores son las “revoluciones” que pretenden un cambio…
En este breve lapso de tiempo que me ha sido regalado he podido disfrutar de toda clase de seres de luz, humanos que les llaman algunos, genios otros, pero tal vez no haya disfrutado tanto de un ser como de Gabriel García Márquez, respiro el aroma que me legó el creador de un mundo que aprendí a amar desde niño mientras recorro su maravillosa obra y encuentro un sentido que desafía esa razón que no tiene la vida (su entropía inquietante).
Yo soy parte de su obra, soy ese balsero perdido en el mar luchando con tiburones por su alimento, soy ese enamorado eterno y empedernido que viaja toda su vida en el interminable ir y venir de su amor que no varía, soy la soledad de los años y el destino indisoluble, soy el perseguidor de sombras y razones, soy la tierra húmeda del realismo mágico…
Huelo el aroma de aquellos lugares donde descubrí la obra de ese hombre, veo el rostro de los amores con los que compartí la magia de sus libros, recuerdo lugares que nunca visité, pero que conozco porque allí habita la eternidad de lo que es y no podrá dejar de ser (Tao Te King). Mientras el resto del mundo pretende lo que no es.
No hay mayor revolucionario que aquel inmerso en la utopía eterna de lo imposible, la rosa por caricia, el amor por alimento, la justicia en los labios, la bondad en los versos, la verdad en cada palabra…
Yo soy Macondo y no soy nada, pero aún así, yo soy Macondo y siento que la vida me atrapa y me lleva hacia donde todas las posibilidades concretan un lugar infinito que desafiando la terrible solemnidad de un perpetuo futuro en la nada, hacen que la vida y mi vida sean infinitamente eternas.
Gabriel descansa ya, un jueves santo vino a proponerle, que por favor habitara el lugar que él había creado, un lugar llamando Macondo.

danieladrian Ceballos dijo...

Fraternal abrazo en días como estos.

Zule dijo...

Buenos días amigos segundaciteros y Silvio de mi corazón....
Desde que sucedió la terrible perdida esperaba con ansiedad una entrada así que se refiriera al gigante creador de Macondo, de Aureliano, de amores contrariados y condenados, de muertes y naufragios, de autoritarismos gobernantes, en fin de quien mágicamente se dedicó a escribir sobre nosotros.
Gabo es para nosotros un pasaje a un viaje sin fin, a un vuelo que como el que te tocó a vos pasar en su compañía, muchas veces turbulento, a la vez que desafiante y ameno.
Poseo muchas novelas de él, de hecho en los ultimos años me he dedicado a comprar cada una de ellas. Aun me faltan varias. Recuerdo claramente que la primera que leí no fue la aclamada Cien Años de Soledad, sino Crónica de una Muerte Anunciada, y desde ese instante quedé embrujada (como dijeran en un documental que rescata su vida y obra).
El embrujo del Gabo nos durará para siempre y nacerá constantemente en quienes descubran cualquier obra suya, me atrevo a decir como una canción lo proclama "es un muerto que no para de nacer".
Gracias Silvio por tus recuerdos del brujo Caribeño...
Los abrazo fuertemente.

Zule dijo...

Adriana, estoy con vos, te tengo en mi corazón y desde él deseo que todo vaya lo bien que te lo mereces.

Amaury hermosas anécdotas, gracias a voz también, es cierto que necesitábamos de estas palabras vaya que sí.

Cida, un abrazo grande frente a lo sucedido con tu mamá.

Y ahora si ya vuelvo al vuelo.

Besos panal dulce.
Besitos en la frente trovador...

María (Puerto Rico) dijo...

Silvio, gracias por esta entrada, la estaba esperando.
Gracias también por el enlace sobre el funeral de Cheo. El accidente ocurrió muy cerca de mi casa y aún no me animo a pasar por allí...

Adrimar, desde que me levanté estoy contando las horas. Si te es posible, relájate y fluye, se está acercando un día feliz....

Saludos a tod@s los segundaciter@s

Carlos Eduardo Rojas Arciniegas dijo...

Silvio, hace rato no visitaba tu casa y hoy lo hago porque sabía que en algún momento escribirías algo sobre Gabo. Te lo agradecemos la mayoría de colombianos; y digo la mayoría porque, aunque no lo creas, una flamante congresista colombiana envió un Twitter, una vez se supo la muerte del nobel, en el que puso una foto de Gabo y Fidel con la siguiente frase: "Pronto se encontrarán los dos en el infierno". Por supuesto las reacciones no se hicieron esperar, aunque, te repiro, esa clase de gente tiene quien la apoye; por eso esta país anda patas arriba. Comparto mi humilde homenaje al más grande. Un abrazo macondiano para todos.

Macondo, amor a primera vista

robert cabral dijo...

Sonia Silvestre, no perecera, es una semilla, sembrada en nuestros corazones. Su voz permanece como una bandera enhiesta, iluminando las desdichas, las penurias, las esperanzas, y el optimismo de este pais.

Guadalupe dijo...

Silvio trovador de nuestras vidas:

Es curioso como recordamos a los que se nos han adelantado, de hecho un escritor como Benito Taibo nos trae al Gabo como al amigo que nos comparte su pueblo con historias mágicas pese a tener las mismas durezas de los pueblos latinoamericanos.

Benito Taibo nos comparte:

"Hay algunos que se preguntan, pomposamente y casi ofendidos, con qué derecho tuteamos a García Márquez, ¿por qué lo tratamos como sí fuera de la familia? ¿por qué lo lloramos como lo lloramos?
Y la respuesta es muy sencilla.
Gabo decía que él escribía para hacer amigos, tal vez parafraseando a García Lorca, que afirmaba que lo hacía "para que lo quisieran".
La literatura contiene (en muchos casos, no siempre), un don maravilloso que se llama otredad; la posibilidad de mirar alrededor, e incluso a nosotros mismos, a través del reflejo de la mirada del otro.
Además de furibundo lector (ese aparentemente solitario acto), yo como muchos de los que aquí están y lloran la partida del maestro, hemos estado, gracias a sus palabras, en Macondo, y visto con nuestros propios ojos cómo el cielo se llena de mariposas amarillas. Hemos tocado el hielo, asombrados y estupefactos, cuando lo trajeron por primera vez los gitanos. Nos hemos quedado atónitos con la risa de Pilar Ternera, que asustaba a las palomas. Hemos sentido un escalofrío sutil mientras Remedios la Bella se eleva sin ser consciente de su propia, arrebatadora belleza. Olido la fragancia de la guayaba, el perfume del ajiaco de gallina haciéndose en la cocina, la pólvora en el aire en las interminables batallas entre liberales y conservadores.
Cuando alguien logra lo que parece imposible, que es escribir de esa manera tan fácil que pareciera que las palabras que desgrana te hablan al oído, está logrando crear un vínculo indestructible, permanente, sólido como una roca con el que lee.
Está haciendo un pacto firmado con tinta (mucho más certera y poderosa que la sangre) donde queda implícito para siempre, que entre los dos, el que escribe y el que lee hay una relación poderosa y tenaz que los cambiará a los dos definitivamente. Y el vínculo se llama libro.
Hablar de usted implica respeto (dicen). Hablar de tú, implica cordialidad, amistad, cariño.
También le hablo de tú a Julio Cortázar, a José Emilio Pacheco, A Dostoievski, a César Vallejo, a Pablo Neruda, a Franz Kafka, a Juan Gelman, y a tantos otros sin los cuales no sería quien soy.
Y también he llorado desconsoladamente sus partidas.
Son grandes, sin duda, pero sobre todo, son mis amigos.
Y lo son porque están tan cerca de mí, que incluso saben bien a qué ritmo late mi pobre y desolado corazón.
Y a los que preguntan, por supuesto, y con todo respeto, les hablo de usted..."

Lo escrito por Benito, me parece que es el reflejo fiel de lo que sentimos y pensamos al leer a estos escritores maravillosos.

Buena caza hermanito Gabo!!!

Te quiere siempre

Guadalupe

Jorge Raf dijo...

“Para fulana que leerá a Faulkner como yo pero, Cien Años…después"

Me he quedado alucinando con esa dedicatoria, la sigo leyendo con risa tonta en el rostro y en shock. Gracias por compartir...


La palabra

Hace algún tiempo la palabra tuvo valor,
esa necesidad solemne ha muerto
en su lugar han quedado los gritos
la mentira y un funeral sin invitados

Tal vez me hable ciega en la vida
la lúgubre tiranía de unos pocos
que vienen a arrebatarme más
como si la palabra no bastara

¡Hay! si les encuentra el día
con sus inmensos pasos
de existencia
y les aplasta
y les muerde los colmillos…

¡Hay! si me lleno de aire
en los pulmones guardados
de la palabra
como antes otros
se llenaron

Cida Meira dijo...

Querido Silvio!

Nesse teu texto em homenagem a Gabo, vejo umas borboletas amarelas celebrando, tão lindo!

Guadalupe dijo...

Silvio y segundaciter@s:

Releyendo los quehaceres del añorado Gabo, fue la realización de guiones cinematográficos, me recordé de esta película de 1969, hecha en México:
Patsy, Mi Amor
Otra película de 1979, sobre una historia del Gabo:
María de mi Corazón
En 1999 hicieron esta película mexicana en un pueblito de Veracruz, basada en:
El coronel no tiene quien le escriba

Los quiere siempre


Guadalupe

Cheguevarita dijo...

Silvio,

me encontraba viendo películas de Semana Santa con unas amistades, cuando el programa fue interrumpido para anunciar el vuelo de Gabo. Uno de los presentes charlataneó: "Mírenlo, allá va, subiendo a los cielos como Remedios". Para todo dio aquella salida; a mí me sirvió para montarme en la ilusión. Mientras tanto, el cielo se fue poniendo denso, denso, con piares de amarillo yema. Eran las mariposas de Mauricio Babilonia, volando, entonando, liberadas, como él.

¡Gabriel García Márquez descansa en Paz!

Cheguevarita.
San José-CR-AC

Yohualli Korda dijo...

Gabo se quedará conmigo/con nosotros en sus páginas de realismo mágico.

Silvia Inés dijo...

Muchas gracias, Silvio, por compartirte una vez más. Lo han dicho ya en los comentarios: esperábamos estas palabras para, por, con tu.Gabo.
"Alguito menos huérfano(s)" nos sentimos ahora. Pero ¿qué te ofrecemos para ayudar a aumentar ese "alguito"? No intento decir nada más.

¡Sí que se atropellan! Es que a la muerte, le creo a Vicente, le está fallando la puntería o apunta al mismo lado... el de los imprescindibles, irreemplazables.

Y nada más. ¿A qué más?

Sí, esto: las "borboletas amarelas" de Cida parecen revolotear mejor que las mariposas amarillas. Qué sé yo, las vi subir más alto, más alboradas, más intensas en su fragilidad.

Anónimo dijo...

Querido Silvio, mi trovador, Muchas gracias por compartir tus anécdotas confirmas lo buena persona que es y será El Gabo..." La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Mariposas amarillas acompañan en su viaje al Gabo. Abrazos para todos en este pasaje. Atte. Rocío J. J.

Raúl Ybarnegaray dijo...

El jueves 17 justamente, me había despertado recordando la canción gigante de Segunda Cita y pensando, claro, en el Gabo.

Esos días previos, me rondaba la espeluznante y evidente impresión de que se nos iría pronto. Esa madrugada publiqué un texto en el que simplemente intentaba soltar la penosa y pesada idea. Sin sospechar nada, era muy temprano en la mañana y la noticia no había llegado aún. Me enteré luego, por un mensaje de texto de una compañera cuya soledad, lo sabía yo, infinitas veces había sido aplacada por las lecturas de la Obra del gran escritor. Me mandó un mensaje en el que me preguntaba desesperada si era cierto que el Gabo nos había dejado... yo, inocentemente le contesté que si era por lo que leyó que escribí, se trataba simplemente de mi ánimo bajo ante tal posibilidad (que jamás la imaginé tan cercana).

Su respuesta fué: "No, Raúl, ¡¡es cierto!! el Gabo nos ha dejado...". Y el resto del día cambió de color inevitablemente.

Me quedé pensando en el gusto refinado que ha demostrado tener la Muerte en este último tiempo. Y debo reconocer que la he admirado. Qué irreparables zarpazos (todavía duele Febrero) que nos ha dado en este pedazo de DosMilCatorce a quienes también creemos firmemente que "no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a 100 años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra."

Te abrazo, Silvio.

Mercedes dijo...

Muy sentidos en Puerto Rico con la muerte de gente tan amada como Gabo, Cheo y la favorita dominicana Sonia Silvestre.
Gracias Silvio por ayudarnos a sobrellevarlo.
Pasamos por el coliseo Roberto Clemente a rendir nuestro respeto a Cheo y allí se ha desbordado el pueblo.

Nair E Paolone dijo...

Pensé en vos cuando me enteré que Gabo se había ido y estuve mirando el blog a ver si aparecías sabiendo que tus palabras iban a ser hermosas y profundas.
Te abrazo. Te quiero mucho.

Anónimo dijo...

Solo soy una leedora de libros , entre ellos casi todos los de GABO. Ahora buscaré por mar y tierra los que me faltan. También te amo Silvio.

Eduardo, el viejo escaramujo dijo...

Víctor Casaus me invitó a finales de 2010 a presentar el libro "Silvio aprendiz de brujo", que me publicó el Centro Pablo de la Torriente Brau. Estaba en la cola de Cubana cuando a lo lejos vi a un par de viejitos sentados en sillas de ruedas. La expresión de él me dio mucha ternura, y hasta después de un rato lo reconocí: eran Gabriel García Márquez y Mercedes, su esposa. En cuanto terminé el trámite de documentar mi vuelo a La Habana, me dirigí a ellos, sin pensarlo, irreverente, audaz, atrevido. Con toda la desfachatez del mundo les saludé y le di a cada uno un beso; a ella en la mejilla y a él en la mano. Solo alcancé a darle las gracias por todo lo que nos ha regalado. ¿Qué más podía decirle? Lo mismo le dije a Silvio la primera vez que lo vi, en casa de Pepe, cuando Lupita me lo presentó.

Unos minutos después, en la sala de espera, los volví a ver, sentaditos, solos, sin que nadie les molestara. Supe entonces que iban en el mismo vuelo, así que corrí a una de las librerías del aeropuerto. Busqué su más reciente libro, "Yo no vengo a decir un discurso", pero el único libro que encontré fue su inmortal "Cien años de soledad". No lo pensé dos veces y lo compré. Intenté llevárselo para que me lo autografiara en lo que anunciaban el ascenso al avión, pero un muchacho estaba con ellos platicando y no tuve oportunidad de acercarme. De pronto, por el sonido local anunciaron que podíamos abordar el avión y hacia allá los llevaron en sus sillas...

Abordé la aeronave y camino a mi lugar pude ver que en la sección de primera clase se habían sentado. Tomé asiento y paciencia; alzamos vuelo, y después de un rato que consideré prudente (¡ja!), me levanté con un par de libros en la mano: "Cien años de soledad" y "Silvio aprendiz de brujo".

Me acerqué a ellos y los saludé de nuevo. Les mostré mi libro y les dije que iba a presentarlo en La Habana. Los dos se mostraron muy amables y cálidos. Me preguntaron de qué trataba el libro. Después de un ratito, le pedi al Gabo si podía dedicarme su libro. Aceptó con el gusto del niño que le piden hacer una travesura divertida. Le pidió una pluma a su esposa y comenzó a escribir, mientras Mercedes me preguntaba sobre los separadores que llevo en el libro sobre una exposición del cuerpo humano plastinado. El Gabo me preguntó mi nombre y a qué altura estábamos; le pregunté a un sobrecargo y me dijo: "A 38 mil pies". Se lo dije al Gabo, pero entendió que a 38 mil metros, así que su dedicatoria nos puso en la estratósfera. Me despedí de esa pareja maravillosa, que bien hubieran podido ser mis abuelitos (qué más hubiera querido yo).

Regresé a mi asiento emocionado por este gran encuentro que el destino, la fortuna y mi osadía me regalaron. Cuando bajamos del avión ya no los volví a ver para regalarle dedicado un ejemplar de mi libro. Habría sido lo que se dice "Caballo a machetazo de espadas" ¡NO! "Machetazo a caballo de espaldas" ¡TAMPOCO! Como se diga. Mejor "ya me llevo mi boca", a tristear por la ausencia de Gabo, de ese gran amigo que nos regaló tanto con su don de la palabra...

Dedicatoria del Gabo

Mariluz Morgan dijo...

Queridas y queridos, al borde del fin del domingo, me sumo a la emoción y el agradecimiento de tant@s por esta entrada, Silvio, realmente entrañable.

Alguien compartió hoy en facebook este otro texto, que también me pareció muy conmovedor:

La entrevista que nunca publiqué

Adriana, querida melli, mi corazón viajará contigo esta noche (¿o ya estarás viajando?)

Se me viene semana intensa... trataré de seguirles todo lo que pueda.

CONSUELO dijo...

No llores por lo que termino...sonrie por lo que sucedio

Patricia Moda dijo...

Gracias por tus palabras, Silvio, por tus recuerdos, me hacen más cercano al Gabo.

Tenía 16 años cuando leí por 1° vez Cien años de soledad, y luego no sé cuantos la 2° y cuantos la 3°. E iré ahora por otra más.
A los 16 me fasciné con su relato pero sé bien que no entendí nada, así vinieron otras lecturas que ya más grande disfruté totalmente.

Y Amor en los tiempos de cólera... fascinación total, enamoramiento inmediato.

También agradezco recuerdos de Raul Roa y los de Amaury , es como seguir acercándose más al hombre.

Tenía una sonrisa hermosa!

maca_sarroca dijo...

Silvio, hace mucho que no logro acercarme por acá (volví a conseguir trabajo, por suerte), pero ayer, cuando supe la noticia, enseguida pensé en ti y tu relato del viaje en avión con él. Hace poco leí una de sus biografías y aprendí de su amor por la revolución Cubana y su amistad con Fidel, por eso también pensé en ti. Pensé que seguramente le habías dedicado una entrada en Segunda Cita. Vine a darte un beso y abrazarte.

maca

juan miguel dijo...

precioso manejo de recuerdos, silvio.... lo has acercado todavía más a los que no tuvimos la suerte de compartir momentos de intimidad con el indispensable maestro.
otro que venció a la muerte (esa mentira insostenible que creemos la antítesis de esa ilusión fugaz que llamamos vida)

Carmina dijo...

Ese sentimiento de orfandad, aunque uno no pase de ser un lector, cuando más los que lo habéis conocido. Gracias Silvio por tu compañía. Estar cerca para intentar protegernos de la intemperie.

Me pareció que tu recuerdo estaba a veces impregnado de la atmósfera de Gabo, como en este fragmento:

"...que sentía más congoja por mi optimismo que por la pareja distanciada. Puede que en el fondo yo pensara como él, y que sólo siguiera la costumbre totémica de expresar mis deseos y no lo que realmente sucedía. A veces me he equivocado, de diente para afuera, aunque de diente para adentro sepa que ejecuto un ritual que significa lo contrario. En aquel caso, en pocos días comprobé que su mirada de piedad tenía más peso que todas mis palabras. Y, además, comprendí que él no era adicto a mis ceremonias primitivas y que conocía mucho mejor que yo a personas que yo veía más a menudo."

Algo parecido me pareció notar en la evocación de Fidel de su primer encuentro con García Márquez, encuentro que ocurre en la palabra y la imaginación configuradora o, cuando menos, descifradora del mundos, con todo y su valor emblemático para el siglo XX latinoamericano:

"Mientras permanecía perplejo y detenido, el pueblo arrastraba al asesino por las calles, una multitud incendiaba comercios, oficinas, cines y edificios de inquilinato. Algunos llevaban de uno a otro lado pianos y armarios en andas. Alguien rompía espejos. Otros la emprendían contra los pasquines y las marquesinas. Los de más allá vociferaban su frustración y su dolor desde las bocacalles, las terrazas floridas o las paredes humeantes. Un hombre se desahogaba dándole golpes a una máquina de escribir, y para ahorrarle el esfuerzo descomunal e insólito, la lancé hacia arriba y voló en pedazos al caer contra el piso de cemento. Mientras hablaba, Gabo escuchaba y probablemente confirmaba aquella certeza suya de que en América Latina y el Caribe, los escritores han tenido que inventar muy poco, porque la realidad supera cualquier historia imaginada, y tal vez su problema ha sido el de hacer creíble su realidad. El caso es que, casi concluido el relato, supe que Gabo también estaba allí y percibí reveladora la coincidencia, quizás habíamos recorrido las mismas calles y vivido los sobresaltos, asombros e ímpetus que me llevaron a ser uno más en aquel río súbitamente desbordado de los cerros. Disparé la pregunta con la curiosidad empedernida de siempre. "Y tú, ¿qué hacías durante el Bogotazo?", y él, imperturbable, atrincherado en su imaginación sorprendente, vivaz, díscola y excepcional, respondió rotundo, sonriente, e ingenioso desde la naturalidad de sus metáforas: "Fidel, yo era aquel hombre de la máquina de escribir"." (La novela de sus recuerdos)

Creo que es un grandísimo homenaje que Fidel y tu, autores tan ilustres, con vuestro propio estilo bien definido, os dejéis impregnar, que es un verbo que habla de penetrar, de empapar y de afinidades.

Carmina dijo...

Cida querida, te envío un abrazo muy fuerte desde nuestro refugio de Segunda Cita

Están siendo "días terribles".

...y Cheo Feliciano y Sonia Silvestre

Julián dijo...

Querido Silvio y red. Gracias por compartir tus encuentros con esta gente entrañable, como fue (como es ) García Márquez. Alguna vez Borges dijo. "He cometido el peor de los pecados: no he sido feliz". Yo digo: "He cometido por ahora un gran pecado, no he leído Cien años de soledad". Sí leí La hojarasca y Relato de un náufrago. Me encantó en especial, éste último.
Con respecto a cuándo lo conociste a Gabo, te pregunto, ¿habrá sido en este momento?: https://www.facebook.com/230777176962417/photos/a.755039704536159.1073741956.230777176962417/755040354536094/?type=1&theater
Un abrazo.

tucuviajera camino a Cuba dijo...

Silvio: lloré cuando supe que se había ido, y anoche leyéndote....

por Aureliano, Mauricio Babilonia, por Florentino Ariza y Fermina, por Sierva María y tantos otros....

porque aunque vos en tu entrañable vivencia, puedas sentirlo en una voluta de una idea, que no llega a ser canción....y está para vos; hay ciertamente una orfandad .....

se multiplicó su imagen estos días, y lo único que me queda como certeza es que vivió tan intensamente que en alguna de esas vueltas, o instantes frente a su máquina, encontró el sentido de la vida...el ancla que al menos a mí me retiene por estos pagos.

Cine Finlay dijo...

Silvio ,las veces que lo tuve Cerca ,era tata la Admiracion que simplemente ..no me salian palabras .....Se fue un Enorme

Lorena dijo...

Aún no lo supero...
He preferido no ver noticias (y menos con ese sensacionalismo tan desgastante), no leer, he preferido no creer que está muerto...para mí, Gabo está felíz en algún lugar de México, y ahí seguirá...
Lo quiero tanto, le debo tanto!!!
Y este pueblo mío indolente lo maltrata tanto, lo mancilla tanto, que prefiero mirar para otro lado...esos reclamos a él por "no hacer nada por su pueblo" me duelen, se me hacen injustos y absurdos...
Un amigo poeta publicó en el facebook que le harán un sepelio simbólico hoy en Aracataca, y aunque veo con buenas intenciones la iniciativa, me niego a participar...
Gabo no está muerto...
Yo lo conocí en su última visita a Aracataca, en el "tren amarillo de Macondo", pasando por el corazón de Macondo...en la estación de Sevilla, un pueblito bananero con sus calles polvorientas y el atraso vergonzoso...él pasó saludando, yo no me fijé en su rostro, sino en sus manos, esas manos que escribieron tanta belleza, tanta realidad, tanta complejidad...Me enamoré de sus manos...
No puedo llorar...sólo quiero leerlo una y otra vez para no dejar que muera

Abrazos segundaciteros
Silvio, te quiero!

Lorena dijo...

Adri querida, que tengas un muy buen viaje!!!!
Qué emoción y que felicidad que se te haya dado...que ángeles hermosos te rodean...pero eso pasa porque eres luz, luz radiante,
Un abrazo!

Viejo dijo...

Gracias....
De algún modo, todos estábamos esperando esta entrada.,
dado que antes habíamos visto varias fotos tuyas junto a Gabo y otros personajes., y sabíamos de esa cercanía.

el "Gabo"., con que familiaridad uno lo dice!!!...
Me entere de esa partida con un mensaje de mi Hija, quien sabe del apego que le tengo., Supe que no era broma por la gravedad del caso, se me hizo un agujero en el pecho y de pronto se me vinieron de golpe todas esas ganas de abrazar a los que quiero.,

Uno hace recuentos., de cuando llego la primer novela, de las casas, de la fruta y esos aromas que uno podía distinguir al ir leyendo, de los personajes entrañables, de la rabia y por supuesto de los amores... No he leído varias de sus novelas, pero me he regocijado con buena parte de ellas., Cuando estaba por salir su libro de memorias y de infancias... estaba como hoy mismo -pero un poco mas viejo- estoy esperando ese trabajo tuyo., Recuerdo que cuando adquirí "Vivir para Contarla" la tome de un tirón y me atragante de olores y café... Es una delicia leer a Gabo... Me quedo con eso....y con esta familiaridad con que uno llama a alguien Querido

Para los que tuvieron la suerte de tener un pedacito de tiempo con El... Bienaventurados...
(como el Esca....)




Alex R. T'ang dijo...

Querido Silvio y a la bien querida Red Abeja:

Pesar sintiò mi corazòn latino al saber la partida de Gabo. Solo sè que se ensombreciò mi dìa, como recordando que aquel escritor fue maestro de un maestro mìo, en una maestrìa de Literatura en Colombia, y que gracias a Gabo, cuando alguna vez incursionè en el bello oficio del periodista, su libro CRONICAS Y REPORTAJES marcaron mi forma de hacer narrativa.
Recordaba la anècdota tuya sobre el viaje a Mèxico con el Nòbel en un aviòn...
Y todo el dìa escuchaba San Petersburgo...
Y evocaba sobre què sentirìa tu corazòn latino, de mùsico y poeta, por la pèrdida del amigo...
Y tambièn que la partida de Gabo coincidìa con el dìa en que llegaste a Perù por ùltima vez (17 de abril) y la vez que un puñado de admiradores te abordamos a las afueras del hotel Westin por el solo hecho de querer conocerte y expresarte nuestro cariño, aunque como niños que confundidos por sus emociones, nos dejamos llevar por las circunstancias...
Y que ello solo es un episodio fugaz cuando el alma del poeta lleva encima suyo la despedida mental al amigo, y me explicaba si aquel viaje a Mèxico en el ùltimo mes de marzo tuviese relaciòn con una eventual despedida a Gabo... "solo el viento la puede saber..."
Un fuerte abrazo, querido Silvio, con todo el cariño del mundo de parte mìa, mi familia y mis amigos, porque màs allà de la pena que pueda albergar a toda Latinoamèrica, està el sentimiento de que el hombre trasciende màs allà de esta vida por lo bueno que dejò en la tierra.
Desde la tierra del sol, con poesìa y trova, para toda la Red Abeja, y màs allà...

Alex
Desde Lima-Peru

arturo dijo...

De un tiempo a esta parte muchos imprescindibles nos han dejado. No me gusta hablar de muerte si que prefiero creer que sus espíritus transmigran hacia un lugar donde ellos merecen estar, quizás un Parnaso o quizás entre nosotros, pero en otro plano espiritual.

Cuando me entere de la transmigración de Gabriel García Márquez se me vino a la memoria tu canción San Petersburgo y la historia que nos contaste de aquel encuentro en el avión. Otra cosa que también aparecio en mi cabeza, y que nos entrega otra visión de la muerte, fue un dialogo de la película Troya donde Aquiles comenta lo siguiente:
"Te contaré un secreto, algo que no se enseña en tu templo: los dioses nos envidian. Nos envidian porque somos mortales, porque cada instante nuestro podría ser el último, todo es más hermoso porque hay un final. Nunca serás mas hermosa de lo que eres ahora, nunca volveremos a estar aquí...".

Cuando ya nos hayan abandonado todos los imprescindibles ¿Que haremos?.

Silvio dijo...

Julián, no había visto esa foto. Creo que es del día de Río Cristal. Ya hacía algún tiempo que nos conocíamos.

Silvio dijo...

Aquella muchachita no parecía ser dueña de semejante voz. Uno se preguntaba de donde salía tanta fuerza, tanta belleza poderosa… Pero no sólo cantando imponía respeto. También era admirable escucharle sus argumentos de granito.

El compromiso con su pueblo era su estrella. No se apartaba de esa esencia. La historia de la República Dominicana, las invasiones que sufrió, sus mártires, sus poetas preclaros articularon su equilibrio, como persona y como artista.

Decía que su corazón latía dividido: una mitad en su Quisqueya entrañable y la otra en su Cuba querida. Desde su primera visita se integró a mi generación de trovadores y siempre la sentimos como nuestra. Aquí la vi rendir teatros con su talento, que era aplaudido hasta el delirio. Al día siguiente llevaba el mismo arte a los obreros de una fábrica o a los macheteros, en los campos de caña.

En todas partes los que la conocieron la recuerdan por su alegría, por su compañerismo. Nunca podré olvidar que cuando llegué a Santo Domingo me brindó su casa. Tampoco que ella fue mi primer enlace con Pedro Mir. La recuerdo la noche memorable de aquel recital con Noel Nicola, en Casa de Teatro. Por ella conocí al guerrillero Hamlet Hermann y a los cantores Víctor-Víctor y Luís Díaz, que desde entonces están entre mis amigos. En “7 días con el pueblo” la recuerdo valiente, cantando convicciones y desafiando la represión. Así se quedó impresa en mi memoria.

Un abrazo inmenso a sus familiares, porque son mis familiares;
a sus amigos, porque son mis amigos;
y a su pueblo dominicano, que también considero mi pueblo.

Gloria eterna a Sonia Silvestre.

La Habana, 20 de abril, 2014.

Silvio dijo...

Así cambian los lobos el curso de un río

Gabita dijo...

Queridos Silvio y red, paso en un momento de la tarde en que tengo un ratito para dejar de hacer lo urgente y pensar en lo necesario, que no siempre es lo mismo.
Yo nunca conocí a GGM en persona, pero sin embargo, siento que he estado en contacto con una parte de Gabriel, la que él quiso compartir más allá de su círculo íntimo: su alma de poeta, de escritor, su visión del mundo como hombre de letras, y como animal político. Y lo disfruté, cuando en mi adolescencia se abría para mí el mágico mundo de la literatura latinoamericana. Por este poder que tiene el hombre de poder conectarse con otros, uno siente que, desde el llano, es capaz de conectarse con las alturas que alcanzan algunos hombres, y que esa capacidad nos ayuda a crecer, a ser mejores, más buenos, más humanos. Por eso, uno, que no conoció al hombre sino a la extensión de su humanidad que es su obra, siente que Gabo está vivo, como lo está nuestro flaco Spinetta, o Gelman, o Violeta Parra o Pablo Neruda, o Alejandra Pizarnick. Que nos podemos volver a encontrar, que puede seguir hablando dentro de mi cabeza, y de mi corazón, ahí donde habita nuestra esencia en común. Después de todo..."la vida que brota de un muerto, la vida que no se murió, la de los desiertos, la de un libro abierto... la vida me ha hecho cual yo" ¿no Silvio?
Egoístamente, uno siente que estos muertos están vivos. Pero sus amigos, su familia, sus seres amados, sienten la ausencia con otro dolor, y a ellos les hago llegar mis respetos. Porque a alguien se le murió el amigo, el padre, el hermano, el maestro, el vecino. Por eso agradezco tu testimonio Silvio, y el de Amaury, tan cálidos en la nostalgia del hombre que no está.

Que Aracataca sea, como el pueblo de Esteban que imaginó el poeta:
"Mientras se disputaban el privilegio de llevarlo en hombros por la pendiente escarpada de los acantilados, hombres y mujeres tuvieron conciencia por primera vez de la desolación de sus calles, la aridez de sus patios, la estrechez de sus sueños, frente al esplendor y la hermosura de su ahogado. Lo soltaron sin ancla, para que volviera si quería, y cuando lo quisiera, y todos retuvieron el aliento durante la fracción de siglos que demoró la caída del cuerpo hasta el abismo. No tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás. Pero también sabían que todo sería diferente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar con los travesaños, y que nadie se atreviera a susurrar en el futuro ya murió el bobo grande, qué lástima, ya murió el tonto hermoso, porque ellos iban a pintar las fachadas de colores alegres para eternizar la memoria de Esteban, y se iban a romper el espinazo excavando manantiales en las piedras y sembrando flores en los acantilados, para que en los amaneceres de los años venturosos los pasajeros de los grandes barcos despertaran sofocados por un olor de jardines en altamar, y el capitán tuviera que bajar de su alcázar con su uniforme de gala, con su astrolabio, su estrella polar y su ristra de medallas de guerra, y señalando el promontorio de rosas en el horizonte del Caribe dijera en catorce idiomas, miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas, allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia dónde girar los girasoles, sí, allá, es el pueblo de Esteban."
EL AHOGADO MÁS HERMOSO DEL MUNDO Gabriel García Márquez

Silvio dijo...

Rodolfo Alonso: El imposible adiós a Georges Brassens

SERGIO MORA dijo...

Silvio, en estos momentos Gabo es homenajeado en el "Bellas Artes" de México, creo que su presencia maestro hará falta. En Colombia hace falta. ¿Cuándo por acá?

natty dijo...

¿¿¿¿¿Qué has hecho querido Silvio proponiendo leer el último artículo?????????
Ya no puedo dejar de cantar....!!!!!!!!

Esta y otras....uffff! Brassens

Un besazo, feliz semana!!Aquí ya un día menos...bona nit!

Julio Mittelman dijo...

Hola compañeros, quería saludarlos, tanto tiempo. Sigo mi quimioterapia, luchando con la cabeza e ideas grises, pero sigo.
Silvio, avísame si llego ese envió que hice a Ojala, con el cortometraje de mi padre.
Un abrazo fuerte, los quiero.

Silvio dijo...

Te aviso, Julio, en cuanto llegue. Que estés bien.

Sergio dijo...

Silvio:

Muy bonito y humano el relato que hace Hamlet sobre la lectura de "Cien años de soledad" y las condiciones en que lo hizo y cuanto le ayudió a sobrellevar esos momentos terribles que vivió en prisión.

Y también de República Dominicana esa entrañable y solidaria amiga de Cuba que es Sonia Silvestre siempre la recordaremos .

Saludos
Sergio

Anónimo dijo...

Silvio, has escrito el mejor texto sobre Gabo en estas fechas. Muchas gracias por transmitirnos esa melomanía suya, de la que casi nada se ha dicho y de la que hay tanto por decir. Un abrazo

Norma dijo...

Es una entrada asombrosa. Muy interesante.
Yo también me he sentido un tanto huérfana desde que lo supe. Qué idea tan precisa para describir mi tristeza por su partida!
“Lo malo de la muerte es que es para siempre”, dijo él, y sí, definitivamente, eso es lo terrible de la muerte.

Silvio dijo...

Algo tardío en fecha (por mi culpa) pero interesante:

Jorge Gómez Barata: Capital y soberanía

tucuviajera camino a Cuba dijo...

Silvio, todos: este es uno de los textos incluídos en el último libro "yo no vengo a decir un discurso" , como no estoy en mi compu no puedo traerlo en azulitas, pero no se lo pierdan

http://www.ciudadseva.com/textos/otros/botella_al_mar_para_el_dios_de_las_palabras.htm

leerlo por estos días...es mi manera de sentir menos su partida

Hans Aranda dijo...

Recuerdo que a mi hermano le habían regalado una maravillosa versión de Cien Años de Soledad que finalmente extravió hace mucho tiempo. Era una versión con anotaciones y referencias, principalmente de "El Olor de la Guayaba", un libro de conversaciones de Gabo con Plinio Apuleyo Mendoza. Recuerdo que una de las cosas que más me conmovió al leer esa versión fue el comentario sobre la muerte del Coronel Aureliano Buendía:

-Mercedes me contó que sufriste mucho cuando se murió.
-Sí, yo sabía que en un momento dado tenía que matarlo, y no me
atrevía. El coronel estaba viejo ya, haciendo sus pescaditos de oro. Y
una tarde pensé: «¡Ahora sí se jodió!» Tenía que matarlo. Cuando ter-
miné el capítulo, subí temblando al segundo piso de la casa donde es-
taba Mercedes. Supo lo que había ocurrido cuando me vio la cara. «Ya
se murió el coronel», dijo. Me acosté en la cama y duré llorando dos
horas.

Aquí dejo un enlace con el texto que acabo de descargar para encontrar la cita:
EL OLOR DE LA GüAYABA - GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza)

¡Un abrazo!

David Alvarez dijo...

Ahora que leo a Hamlet Hermann, fui a verificar si todavía en mi libro de "Cien Años de Soledad" edición 1969, tengo todavía la hojita donde pinté yo también el árbol genealógico de Arcadio Buendía. Sin embargo recuerdo que antes de seguir con la lectura, fui por una hoja para hacer anotaciones y comencé el libro desde cero.

Sonia dijo...

Que hermoso relato, no pude dejar de pensar que quizás G.G.M. también te trataría de gigante , Silvio Rodriguez. Y después me causó gracia, como Gabo hablaba "...con una serenidad inconcebible..."y par vos eran "... circunstancias tan adversas...", gracias a tu relato casi se los puede ver a los dos y la imagen no te favorece:) jeje.
Abrazón

David Alvarez dijo...

A los que tengan Twitter, ayúdenos con el hashtag "#EPNvsInternet". El gobierno en México quiere bloquear internet y con ello la libertad de expresión.
#EPNvsInternet se vuelve TT Mundial

silvano dijo...

quizas tony guerrero.... con todas las memorias y cuentos seria preciso abrir un blog dedicado

silvano dijo...

''sólo se oía el rumor del agua, que es la voz natural de Roma''

gracias a Luis Gómez pude bajarme las 53 de GabrielGarcia Marquez.
quizas pensando es santa barbara, decidi leerme primero La Santa, sin saber nada de la novela. y con mucha sorpresa vì que hablaba de roma. vaya casualidad.
hacia tiempo que no leia en español, mejor dicho algo que no fuese periodicos, articulos, poemas, canciones: alguna sugerencias para continuar entre las 53? gracias.

Gustavo modarelli dijo...

Hoy conocí a Sonia Silvestre. Valió la pena ...

Sonia Silvestre-Compañero

También a Hamlet Hermann. Me maravilló su forma de leer un libro. Claro, se va acercando cada vez más al escritor. Yo nunca aprendí a leer así. Hablo de las ficciones. Yo voy resbalando sin control sobre las palabras, me voy distrayendo con la lectura, y en algún momento, mi pensamiento se impone a lo que debería estar leyendo. La consecuencia es que, de repente caigo en cuenta de que no tengo la menor idea de lo que estoy leyendo. Tengo que volver atrás, y suelo sorprenderme al leer párrafos enteros, a veces, de media página, y que nunca registré en lo más mínimo. La reconstrucción es problemática, y sé que no hay muchas probabilidades de haber entendido cabalmente lo que dijo el autor. Siempre dejo pasar mucho tiempo antes de releer algo. Es sorprendente lo mucho que tenía malentendido acerca de ello. Me consuelo pensando que no sería muy duramente juzgado por los escritores. Creo que no tienen mucho apego por las "verdades".
No recuerdo cuál es el escritor a quién pertenece esta anécdota. (Creo que era Henry Miller) Resulta que un joven escritor lo acapara, y no deja de contarle historias que habría vivido, y que considera que lo convierten en "muy interesante". Realmente, se había puesto pesado. Entonces, el escritor famoso le pregunta, sorprendido "¿Pero, joven, todas estas cosas que me cuenta, son ciertas?" "Si, señor. Totalmente ciertas ..." "¡¿ Entonces, para qué me las cuenta ...?!"

No nos asustemos de los puentes que caigan al mar. Es la Ley de la Vida, diría Jack London.

silvano dijo...

tengo que hacer autocritica: tomado de ecured.

"Diferencias entre lo Real maravilloso y el Realismo mágico

Muchos otros críticos e intelectuales del mundo opinan que el concepto de lo Real Maravilloso acabó convirtiéndose en el famoso Realismo Mágico, pero ciertamente el Realismo Mágico es una tendencia internacional que surge en el año 1918 y que se da tanto en la pintura como en la literatura, donde se ofrece un mundo totalmente realista en el cual de repente sucede algo inverosímil. En cambio, lo Real Maravilloso no es una tendencia internacional ni tiene límites cronológicos, proviene de las raíces culturales de ciertas zonas de la América Latina."

Sergio dijo...

Silvio:

Un buen amigo Aroldo Roberto Wall, extraordinario periodista brasileño/cubano , para quien “El mejor oficio del mundo”, era también el periodismo, me contaba los momentos de conspiración junto con García Márquez en Prensa Latina y como este inclusive le hacía llegar borradores de cosas que escribía para que le diera su opinión. Eso ocurrió temprano en los años 60.

Aroldo se adelantó en el camino a García Márquez, pero seguro en cualquier lugar se volverán a encontrar para seguir en sus conspiraciones intelectuales.

A García Márquez lo conocí, yo a él, él no a mi desde luego, una noche por el año 1974 o 1975, durante un encuentro, en el patio de la UPEC en 23 y J , de jóvenes periodistas de América Latina que participaban en uno de los Seminarios Latinoamericanos que se organizaban en aquellos tiempos.

Rodeamos a García Márquez, nadie hablaba, solamente lo hacia el Gabo, risueño contaba anécdotas y experiencias y en especial expresaba lo que debe ser un periodista.

Todos los allí presentes estábamos como hipnotizados diríamos que embobecidos por tan elocuente interlocutor.

Guardo de ese encuentro, casi como un trofeo una foto junto a ese grande de todos los tiempos de la literatura universal.

Saludos
Sergio


Patricia Moda dijo...

Para recordarlo sin dos puntos

Silvio dijo...

La familia García Barcha agradece la infinidad de expresiones de amor a Gabo

Silvio dijo...

Sergio Ramírez: El círculo de tiza

José Steinsleger: Coronel Aureliano Buendía... ¡presente!

silvano dijo...

@José Steinsleger: Coronel Aureliano Buendía... ¡presente!

ILLUMINANTE. GRAZIE.

(critico no, de segunda si, ma lottando per migliorare).

respetuosamente.

esperanza dijo...

una pregunta tonta

raul roa kouri era tu cuñado y el hijo de raul roa garcia (a ambos los nombramos aqui)

besos

Mariluz Morgan dijo...

Recién me doy cuenta de los nuevos artículos de la entrada... ¡Gracias Silvio, por tanta belleza! Gabo sigue y seguirá con nosotr@s.

Luxia dijo...

"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados."

así comienza El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez y esas rebuscadas palabras me prendieron para leer lo que se convertiría en mi libro favorito. Hoy mi corazón sigue apachurrado y mi cara llovida, por su partida, pero se también que vivirá para siempre en sus letras, aunque el mundo no se siente igual sin él, hasta siempre Gabo...

Te amo Silvio!!

Silvio dijo...

Gabriel García Márquez: Cómo se asfixia a un pueblo sin tirar un cañonazo

Silvio dijo...

Edmundo García: Desenmascarando a Carlos Alberto Montaner y al arzobispo de Miami Thomas Wenski

Julio S dijo...

Estos relatos me evocan lo que sentí cuando leí la primera y última frases de "Cien Años de Soledad". Me quedo como alelado. Hay una fragancia mágica en GGM. Gracias por compartir textos y comentarios tan valiosos. Gracias también a Raúl y a ti por el texto sobre Alfredo Guevara. Mas allá del merecido homenaje a ese cubano insigne, vale para que no se nos pierda de vista la Estrella Polar

silvano dijo...

@esperanza
si. raul ex cuñado e hijo

esperanza dijo...

he buscado a raul roa kouri y aqui está una entrevista que le hizo amaury en ese magnifico programa llamado "con dos que se quieran"

http://www.cubadebate.cu/noticias/2011/03/03/raul-roa-kouri-tener-un-padre-ilustre-es-dificil/#.U1ku3Pl_uHM

besos

La Polilla Cubana dijo...

Sólo me leo tu texto... gracias por devolverme al García Márquez que me dejo también huérfana por segunda vez... saturada de tanto leer a tantos... mi Cien años también se fue n las manos de alguien y nunca regresó... Dicen en TeleSur que editaran en Vzla sus obras, quizá un pana gentil me regale alguno para recontra releerlo... mientras, tu texto y el de Josefina De Diego me lo devuelven con otras figuras de añadido... y no tengo a mano como citar vinculos aca así que ahí va...
http://poesiapiedraycamino.blogspot.com/2014/04/cuando-pienso-en-cien-anos-de-soledad.html

Sergio dijo...

Silvio:



Recuerdos de Gabo


Por: Angel Guerra Cabrera .

Cubadebate,24 de abril.

Saludos
Sergio

Anónimo dijo...

Ojalá que el escrito tan humano que haces de tus acercamientos a García Marquéz q.e.p.d. te dé una idea de lo que tu significas para millones de personas...y cómo la impotencia de estar tan cerca y a la vez tan lejos de personas inmensas con talento irrepetible..los elegidos...nos dejan. Te admiro mucho y cuando veo fotos de personas sonriendo junto a ti, fans sin duda,afortunadas increíblemente, siento una envidia terrible...un vacío casi de muerte...con ganas de tomar un avion y estar en tus conciertos de barrio otra vez...tuuu no te mueras nunca..promételo. Martha Elena Zapata Bautista

Silvio dijo...

Vilma Fuentes: El viejo barrio latino

siilvano dijo...

bandas distintas

http://www.repubblica.it/tecnologia/2014/04/24/news/neutralit_internet_due_velocit-84354826/

Homero dijo...

50 frases de Gabriel García Márquez:

Sobre el amor

"El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno".
"El amor es tan importante como la comida. Pero no alimenta".
"El amor se hace más grande y noble en la calamidad".
"Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos sensata".
"Sólo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser".
"En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces".
"El amor es un sentimiento contranatural que une a dos desconocidos en una relación mezquina e insalubre, cuanto más intensa, tanto más efímera".
"El corazón tiene más cuartos que un hotel de putas".
"La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener".

Sobre la escritura

"El deber revolucionario de un escritor es escribir bien".
"Escribo porque quiero que me quieran".
"Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde dice lágrima ni confundirá revolver con revólver".
"Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros".
"El deber de los escritores no es conservar el lenguaje sino abrirle camino en la historia. Los gramáticos revientan de ira con nuestros desatinos, pero los del siglo siguiente los recogen como genialidades de la lengua. De modo que tranquilos todos: no hay pleito. Nos vemos en el tercer milenio".
"El escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar".
"Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir".
"Nunca releo mis libros, porque me da miedo".
"'Cien años de soledad' no es más que un ballenato de 350 páginas".

Sobre el periodismo

"El periodismo es el mejor oficio del mundo".
"El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad".
"Los periodistas se han extraviado en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro".
"La prisa y la restricción del espacio ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella".
"Actualmente las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores".
"La grabadora es la culpable de la magnificación viciosa de la entrevista".
"La ética debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al moscardón".
"Las escuelas de periodismo enseñan todo lo que tiene que ver con el periodismo, menos el oficio".
"A veces se olvida que la mejor noticia no es la que se da primero, sino la que se da mejor".
"El mayor problema de escribir es saber cuándo uno se miente a sí mismo. Porque cuando te mientes a ti mismo le mientes al lector, y la mentira es algo que el lector nunca perdona".

Homero dijo...

Lecciones vitales

"El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad".
"Ninguna persona merece tus lágrimas, y quien las merezca no te hará llorar".
"El éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno lo que a los alpinistas, que se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan, ¿qué hacen? Bajar, o tratar de bajar discretamente, con la mayor dignidad posible".
"En realidad, el único momento de la vida en que me siento ser yo mismo es cuando estoy con mis amigos".
"Hay que ser infiel, pero nunca desleal".
"Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no".
"Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez".
"Siempre habrá gente que te lastime, así que lo que tienes que hacer es seguir confiando, y sólo ser más cuidadoso en quién confías dos veces".
"La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado".
"Lo único que me duele de morir es que no sea de amor".
"El primer síntoma de la vejez es que uno empieza a parecerse a su padre".

Las más escépticas

"Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía".
"La ingratitud humana no tiene límites".
"La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir".
"La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada".
"Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra".
"El mundo habrá acabado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga".
"La incredulidad resiste más que la fe, porque se sustenta de los sentidos".
"Las ideas no son de nadie".
"Me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como que no existe".
"A los demonios no hay que creerles ni cuando dicen la verdad".
"Y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra" (Final de 'Cien Años de Soledad').

Anónimo dijo...

Hola

Y aquí llenándome de Silvio... y teniendo que leer todo lo de educación...

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