viernes, 22 de junio de 2018

Alipio Rodríguez Rivera, profesor y amigo.

Por el Dr. Julio Manuel Suárez

De derecha a izquierda: Alipio, René, yo
(detrás de Alipio asoman los ojazos de Zoe Álvarez)
Querido Ramón. Con placer comparto contigo y con los colegas del Servicio de Psiquiatría del Hospital Calixto García, mi servicio y mi hospital, algunos recuerdos que guardo con mucho cariño del Profesor Alipio Rodríguez Rivera. Espero que mi memoria, ya en parte ocupada por el implacable “alemán”, no me traicione mucho.

Me vinculé al servicio de psiquiatría del Calixto en 1976, inicialmente como interno y posteriormente como residente hasta 1983 cuando obtuve el título de especialista en psiquiatría. Entre 1978 y 1981 pasé un período en Angola cumpliendo misión internacionalista, por lo que estuve temporalmente separado del servicio, aunque nunca “alejado”. En esos años el claustro de profesores era de lujo. Tuve el privilegio de aprender con José Ángel Bustamante, José Galigarcía, Miguel Valdés Mier, Carlos Acosta Nodal, Hiram Castro-López y Alipio Rodríguez Rivera, sin mencionar a los excelentes compañeros de residencia y labor, algunos presentes aún en el servicio trabajando y enseñando entre ustedes. Pero esta vez debo hablar de Alipio y a él dedicaré los próximos párrafos, sin pretender ser exhaustivo ni agotarles la paciencia.

El Dr. Alipio Rodríguez Rivera fue un excelente psiquiatra. Se destacó por el dominio de la clínica y la neurología como parte del abordaje integral de la mente humana y sus desvaríos, algo que nunca debemos subestimar. Pero al mismo tiempo, su lado artístico le permitía entender los problemas de la mente de forma integral, con la subjetividad atada íntimamente al cuerpo.

De derecha a izquierda: Luis, Alipio (con guitarra), Guillermo, René
y el guitarrista Joel San Martín.
Junto a su habilidades en la clínica general, Alipio era un maestro en la conducción de la entrevista psiquiátrica, la exploración de la dimensión psicológica del paciente y su entorno familiar y social, para elaborar la hipótesis diagnóstica y consecuentemente proponer una línea terapéutica siempre sometida a escrutinio y modificaciones según la evolución. En esencia, eso es buena psiquiatría. Algo que lo distinguía es el manejo del electroencefalograma y su uso en el diagnostico psiquiátrico para detectar o descartar trastornos orgánicos que expliquen el trastorno mental o sean parte de su “back ground”.

Sin embargo, el mayor aporte que llevo de Alipio fue su comprensión de la relación entre la mente y el arte, entre la música y la salud mental o la locura. ¿Será  que es siempre tan loca la locura, o una cierta dosis de locura es parte de lo mejor de nuestras vidas?. Alipio no lo decía así, pero así interpreto sus ideas mezcladas en clases y tertulias.

Alipio integraba el “contingente” de los Rodríguez Rivera, cuatro hermanos santiagueros de pura cepa reasentados en La Habana por los cauces de la Revolución, tres de ellos médicos: Luis el mayor, un extraordinario clínico quien seguramente contaminó a Alipio de su buena clínica, después Alipio el segundo, René el tercero, médico militar quien actualmente trabaja en el policlínico de su barrio Alamar, el único que sobrevive, y Guillermo, el menor, quien falleció hace sólo un año y fue un brillante poeta, escritor y profesor de literatura. Los cuatro unos locos-cuerdos de los que siempre necesitaremos para que la vida sea linda y en colores. Como buenos santiagueros, los cuatro soneros de raíz y cultores de la trova tradicional cubana.

Cuando Alipio supo de mi gusto por la música, de mi lado trovadoresco, de mi alter ego farandulero, nació un vinculo que superó rápidamente la relación maestro discípulo hasta consolidarse en amistad, que es un estadio superior de la sociedad. A partir de entonces crecieron las complicidades y “descargas” conjuntas.

Muchas veces participé en “saraos” en la casa de Guillermo, al final de la calle 19 al borde del precipicio que desde allí cae al Parque Almendares. Eran las fiestas de trova viva más impresionantes que viví, y eso que caminé muchos caminos de ese tipo. Allí aparecían viejos cultores del género como Cotán y el Albino, junto a los entonces jóvenes Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, por solo mencionar los mas conocidos.  Alipio tocaba la guitarra con excelencia y de tu a tú con aquellos monstruos de la trova, y cantaba con voz queda pero afinada. Recuerdo que le pedía a Silvio que cantara “La Gaviota”, una de sus preferidas. La imagen del soldado que regresa intacto de la guerra y se derrumba ante la belleza de una gaviota en su vuelo sereno, le parecía de una fuerza poética telúrica y sublime a la vez.

Alipio Rodríguez Rivera me enseñó que el alma humana es hermosa pero confusa, liviana pero esquiva, y que no cabe en fríos diagnósticos académicos ni en frascos de antipsicóticos, que la mente es mucho mas que neuronas y sinapsis aunque sepamos que ellas son su soporte físico, y que la salud mental es algo bien diferente a la ausencia de enfermedad, aunque sea esta última quien nos agobia. En resumen, que cultura y arte son compañeros imprescindibles de la psicología humana y del quehacer de la psiquiatría.

Para terminar, les dejo una curiosidad que atesoro desde mis tiempos de residente en el Calixto García.  Se trata de una letra para canción original de “Ramón”, obrero agrícola, cortador de caña, con apenas enseñanza primaria, quien fue mi paciente en el Hospital de Día alrededor de 1982, a mi regreso de Angola. Cada vez que iba a un sarao de los Rodríguez Rivera, mas tarde o mas temprano Alipio y Guillermo me pedían que cantara “El Bacalao Yaguaplano”. Mis amigos de aquellos tiempos recuerdan muy bien la canción que dice así:

“Oyó decir Don Pilar
que muchísimos cristianos
volaban en aeroplano
y él también quiso volar.
Fue y se buscó en un palmar
dos yaguas, las amoldó
a una guásima subió
a buscar unos palitos
y dijo: los necesito
para mi aparato yo.

De un cajón de bacalao
su armamento el formó
y de cola le pegó
la mansera de un arado
dos yaguas a cada lado
iban formando las alas
el asiento era un pala
la hélice penca de coco
y le había puesto por foco
la lámpara de una casa.

De una falda de montar
se hizo un paracaídas
y se dispuso enseguida
un gran vuelo realizar.
Sobre una palma real
su armamento el subió
y se dispuso a volar
cuando lo empujara el viento,
pero a los pocos momentos
le hizo un viento regular
y ha lanzado a Don Pilar
y su armamento de arriba
derechito al suelo iba
y dijo: “voy a aterrizar”.

Y, en efecto, aterrizó:
el avión se hizo pedazos,
Don Pilar se ha dao un pedrazo
que casi se reventó.
La gente le preguntó
que qué tal era volar
y contestó Don Pilar
muriéndose de dolor:
¡Ay, volar es lo mejor!
¡Malo es el aterrizar!”

Alipio moría de la risa imaginando a Don Pilar tratando de aterrizar su armatoste hasta clavarse en la tierra campesina cubana ganándose un buen chichón.
Esos son algunos de mis recuerdos de Alipio, gran psiquiatra, gran amigo, gran maestro, gran cubano.

Brasilia, 14 de mayo de 2018

jueves, 14 de junio de 2018

Era un tiempo

Por Rolando López del Amo                                          

                                                                                 A Che

Era un tiempo de lluvias y  ciclones,
aunque en el Sur, quizás, de primavera.
Era un tiempo de sueños y traiciones,
de acción postrera y , a la vez, primera.
Era un tiempo de graves decisiones
y de hacer, de una vida, una bandera.
Era un tiempo de alzar los corazones
para que la esperanza no muriera.


martes, 12 de junio de 2018

Horror! Perdemos a Ravsberg!!

Laidi:
fernando: qué manera de gustarme no solo tu texto sobre la mierda acústica, sino tu forma de ripostar, de defender criterios sin perder la cordura. De verdad, de verdad, te admiro mucho. Un abrazo, Laidi
hace 11 horas ·
Fernando Ravsberg 
Me honra que aprecies mi trabajo sobre todo hoy, cuando le acaban de dar el tiro de gracia a Cartas.
Me han retirado la credencial de prensa y por ende pierdo mi residencia.
El jueves cuento todo con detalle.
Ganaron pero como dijo Unamuno a los fascistas
 "vencereis pero no convencereis". Un besote


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Esta entrada se llama como el encabezamiento del correo que me mandó esta mañana Laidi Fernández de Juan. El intercambio de mensajes con que comienza ocurrió en las últimas horas entre ella y Fernando Ravsberg... Pues parece que al fin los Cazabrujas de Dores se sienten lo suficientemente fuertes y desatados; tanto, que parecen capaces de hacer lo que no hicieron Fidel ni Raúl... Si esto se concreta, si se le retira la credencial de prensa en Cuba y empujan a Ravsberg a emigrar con su familia cubana de 30 años, puede significar un parteaguas en esta Revolución que tantos hemos amado, defendido y construido. ¿A quién se le ocurrió hacer esto ahora, con tantos riesgos en el mundo, en América Latina, en Nicaragua y Venezuela?

Yo no estoy de acuerdo con cada cosa que haya escrito Ravsberg; no tengo que estarlo para respetar su periodismo, que en buena medida ha sido el que necesitamos, por inteligente, desafiante y revolucionario. Consumar la amenaza que desde hace años vienen construyendo, expresada en múltiples ataques de izquierdismo infantil, es la peor propaganda que en estos momentos pudiéramos hacer a nuestro Gobierno.

De ser cierta esta lamentable noticia, sólo me queda invitar a Fernando a publicar en Segunda cita... Es decir, mientras existamos.

lunes, 4 de junio de 2018

Honestidad de la censura

Por: Alina B. López Hernández



He disfrutado siempre la lectura de los epistolarios; cartas cruzadas por personas que seguramente no imaginaban que, siglos más tarde, su intimidad sería develada ante otros que no eran los destinatarios originales. Las cartas tienden a develar ese sentido de época que suele desaparecer con rapidez: ambientes, conflictos, aspiraciones individuales y de grupo. Cuánto me apenan los historiadores del futuro, pues la costumbre de escribirlas se ha perdido en tiempos de Internet.

¿Y a qué vienen estos comentarios, pensarán con razón los lectores de LJC? Es que no puedo dejar de compartir con ustedes las opiniones que me ha suscitado una excelente selección de cartas –cuya edición realizo– que fueran enviadas y recibidas por el poeta, ensayista y dramaturgo matancero José Jacinto Milanés (1814-1863)

Sus interlocutores eran Domingo del Monte, José Antonio Echeverría, Ramón de Palma, Anselmo Suárez y Romero, los hermanos José Zacarías y Manuel González del Valle, Cirilo Villaverde… en fin, una generación intelectual que, en el siglo XIX, gestó la literatura y la historiografía que pueden ser denominadas genuinamente cubanas. Pero lo que llamó mi atención es el modo en que se referían al mecanismo de censura habitual en la etapa.

La censura era obligatoria, y se ejercía tanto para representaciones teatrales como para obras literarias, la denominada censura de imprenta. Una vez censurados los textos, sus autores debían eliminar de aquellos todo lo que el censor considerara “subterfugios políticos” o “supuestas amoralidades”. En época de Milanés, ejercían como tales en La Habana, Ramón Medina –preferido por su mayor flexibilidad– y el implacable José Antonio Olañeta. Además, las capitales de provincia tenían sus propios censores para las representaciones teatrales, los cuales muchas veces eran más recalcitrantes que los habaneros.

Se quejaban los intelectuales, pero ello no los amilanaba. Aun en aquellas condiciones seguían creando. En carta a José Antonio Echeverría de septiembre 3 de 1838, dice Milanés: “he visto las cercenaduras que hizo la pluma censoril en el acto segundo y tercero de mi conde Alarcos. (…) Paciencia y barajar: quiero decir que no desmayemos por tan poca cosa y adelante con la idea”.

La censura de imprenta, sin embargo, fue menos estricta con el mencionado drama El Conde Alarcos. Así confirmaba Domingo del Monte: “el suave Medina Rodrigo, no le ha quitado más que aquellos dos versos «Maldiga Dios a los reyes»” (4 de septiembre de 1838).

Se referían a ella como la Señora Censura. Pero de manera práctica consideraban, como lo hacía Milanés: “conformémonos con lo que da el tiempo y no queramos estirar tanto la libertad que reviente”. (Carta de Milanés a del Monte, agosto 30 de 1838)

Luchando con los inconvenientes de la censura, batallando con tachaduras y mutilaciones, esa generación intelectual le mostró a la monarquía española que entre la península y la Isla existía una barrera cultural que, a su debido tiempo, se tornaría una barrera política y generaría el inicio de un proceso independentista. Lo que le permitió hacerlo fue, además de sus convicciones y valores, el propio proceso que aparentemente existía para impedirlo. Al saber exactamente qué era lo censurado, lo prohibido, se podían llegar a decir muchas cosas, quizás con rodeos, es cierto, pero al final esos intelectuales cumplieron con su rol como conciencia crítica de su época.

No deberían existir límites a la creación y la expresión. Pero en el caso de que existan es lo correcto saber, con honestidad, cuáles son. Cuando se conoce qué es lo que no puede decirse es lógico asumir que todo lo demás es permitido. Las indefiniciones suelen conllevar a la cómoda postura de: ante la duda, abstente. Esa actitud acrítica, tan propia en nuestro medio, es absolutamente impropia de un sector que, por su preparación, debe servir de alerta a los políticos y a toda la sociedad.

La falta de transparencia que existe entre nosotros respecto a qué temas pueden ser abordados, dónde, quiénes, en qué momento; provoca en mí cierta nostalgia y hasta una sana envidia hacia aquellos creadores. Ante la  falta de la honesta censura, pero cercados por todo tipo de prohibiciones, obstáculos y barreras indefinidas, hemos asumido la peor forma de censura, la que ejercemos contra nosotros mismos, la que conduce a la mutilación de nuestra capacidad para reaccionar.

Corremos el riesgo de convertirnos en personas que deshonran su formación e inteligencia y de llegar a una condición que pocos como Juan Marinello describieran con tanto realismo, cuando en 1930 escribe su ensayo Sobre la inquietud cubana. Ante la gestación estalinista, a este intelectual le preocupaba el problema de la libertad de creación bajo el socialismo; ese tema, tan caro a la intelectualidad, fue el que generó las siguientes interrogantes:

“Y, llegados a ese falansterio de nuevas proporciones y de nuevo tipo, ¿tendremos la libertad esencial, la que nos movió desde su encierro a echar abajo las dominaciones dolorosas? ¿No habremos entrado, queriendo salir de ella, en una cárcel de hierros invencibles porque todos seremos hierros en nosotros mismos?”.

Quizás con una censura honesta, o en su defecto con una ley de medios, logremos evitar ser hierros en nosotros mismos y podamos romper, de una vez por todas, esa cárcel de hierros invencibles que es la autocensura.

Fuente: https://jovencuba.com/2018/06/04/la-honestidad-de-la-censura/

martes, 29 de mayo de 2018

Silencio

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo: 
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo, tu perfecta espada. 

No llames si la puerta está cerrada,
no llores si el dolor es más agudo, 
no cantes si el camino es menos rudo, 
no interrogues sino con la mirada.

Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundará tu pecho de este modo 

sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
te irá diciendo todo, todo, todo. 

Francisco Luis Bernárdez

lunes, 21 de mayo de 2018

Los “puristas” de la propiedad y la “conceptualización” del modelo cubano

Por Pedro Monreal

Cuando la discusión sobre la propiedad se aleja de la realidad, casi siempre el dogma se pone al timón. Eso puede ser algo muy complicado porque lo que se necesita en Cuba son soluciones realistas para que los ciudadanos mejoren sus vidas, cuanto antes mejor.

Cada quien es libre de aferrarse a los dogmas que desee profesar, pero los dogmas no deberían atravesarse en el plato de los demás.

Por supuesto que la propiedad es un tema crucial. No es algo desconocido para los académicos. Los vecinos de cualquier barrio también lo saben y no hace falta recordárselo a quienes dirigen el país. Lo tuvieron en cuenta, lo plasmaron en propuestas, lo sometieron a consulta popular, y ha quedado reflejado en los documentos guías de la reforma del modelo.

Queda claro que la propiedad es un asunto muy importante, pero insistir, a estas alturas, que la propiedad es “el tema de los temas” pudiera contribuir a “trabar” la transformación del modelo.

La apuesta de los “puristas” parece ser clara: primero se absolutiza la centralidad de la propiedad, relegando otros problemas concretos y urgentes, como la reforma de la empresa estatal, el desarrollo y la reducción de la pobreza; en un segundo paso se ofrece una “parametración” interesada de la propiedad, con un alto nivel de abstracción; y finalmente, se postula que la transformación solamente debe moverse dentro de los límites estrechos de tales parámetros. Para todo aquello que se salga de esos límites, los “puristas” tienen reservada una colección de epítetos, donde “neoliberal” es el más suave.

Lo interesante del caso es que los “puristas” de la propiedad definen esos parámetros de manera negativa, es decir, la preocupación central es desbarrar contra la actividad del sector privado. En lo que se insiste es en mantener la inercia, no en propiciar una transformación del modelo.

El profesor Gerardo Gómez Moreno ha comentado recientemente que es una actitud anti-socialista hacerse la pregunta –que me he hecho yo- sobre si “¿Necesita el Estado cubano controlar el 80% de los medios de producción fundamentales para alcanzar un desarrollo nacional que fuese compatible con el socialismo? ¿Acaso bastaría con el 60%? o, ¿Sería suficiente el 40%?”.

Dice que con eso he dado “un paso más hacia el abismo”. (1)

No sé si los siguientes datos van a ser suficientes para que el profesor Moreno se asome a su propio abismo: (2)
  • En Cuba, el 78,7% de la superficie agrícola es propiedad de todo el pueblo, representada por el Estado, pero el sector estatal solamente produce el 15,1% de las viandas y hortalizas, mientras que el sector privado produce el 75,5%.
  • La producción nacional de algo tan importante como la comida la controla, desde hace rato, la actividad privada, y una buena parte de ello ocurre en 1 millón 200 mil hectáreas de tierras “estatales” entregadas en usufructo al sector privado.
  • Como se sabe, la tierra es un medio de producción fundamental, pero actualmente el 25% de las tierras “estatales” han sido entregadas a 151 mil productores privados que controlan la producción de esa tierra, en condiciones de usufructo.
  • La superficie cultivada en las empresas estatales es apenas el 19% de la superficie cultivada del país.
Lo repito para que no haya dudas. Si en Cuba existe hoy producción agrícola es porque el sector privado se ocupa de ello. Si los “puristas” desearan refutar ese punto, entonces deberían aportar alguna evidencia.

Tres preguntas para los “puristas” de la propiedad:
  • ¿Qué es más importante, el hecho de que esa tierra sea “estatal” o que quien controla su producción es el sector privado?
  • ¿Consideran los “puristas” que el gobierno cubano está dando “pasos hacia el abismo” cuando entrega más de un millón de hectáreas de tierras “estatales” en usufructo a los privados?
  • Cuando se toma nota de que las empresas estatales solamente controlan el 19% de la superficie cultivada del país, ¿tiene sentido, o no lo tiene, preguntarse sobre el porciento de los medios de producción que necesita controlar el Estado cubano en otros sectores?
Les recuerdo a los “puristas” que el documento de la “conceptualización” incluye constituir “empresas privadas de mediana, pequeña y micro escalas según el volumen de la actividad, cantidad de trabajadores y objeto social, que son reconocidas como personas jurídicas”.

También admite “la apropiación por los titulares de las  formas  de  propiedad  y  gestión  no estatales de parte del excedente de los resultados del trabajo de las personas contratadas”.

Incorpora, igualmente, “la autorización  para  que  determinados  medios  de  producción ‒incluso  los fundamentales   que   se   decidan‒,   pertenezcan   o   sean   gestionados   por personas  naturales  o  jurídicas  no  estatales,  nacionales  o  extranjeras”.

Asumo que los “puristas” pudieran pensar que esto “es más de lo mismo”, lo cual me parecería muy bien porque quizás la repetición ayude a entender que lo que está oficialmente planteado para enmarcar la política económica y social del país difiere notablemente de los tiesos parámetros de los “puristas” de la propiedad.

Lo que los”puristas” denominan “el socialismo ahora posible” no puede ser presentado como una monserga abstracta sobre las relaciones de producción. O se mejora la vida del ciudadano, mediante soluciones prácticas y con una mentalidad flexible, o no va a ser posible el socialismo ahora.

Antes de seguir sermoneando en abstracto sobre el sector privado, los “puristas” de la propiedad deberían tener más consideración con quien pone las calorías y las proteínas en la mesa.

Notas
1 Gerardo Gómez Moreno. “El tema de los temas, el llamado programa y la duda razonable”. 14 de mayo 2014, https://cubaeconomista.blogspot.fr/2018/05/el-tema-de-los-temas-el-llamado.html
2 ONEI. Panorama. Uso de la tierra 2016. Edición Junio 2017, http://www.one.cu/publicaciones/05agropecuario/balanceusoytenencia/Panorama%20Uso%20de%20la%20Tierra%202016.pdf y ONEI. Sector Agropecuario. Indicadores seleccionados. Enero- Septiembre 2017. Edición Diciembre de 2017 http://www.one.cu/publicaciones/05agropecuario/ppalesindsectoragrop/ppales_indsep17.pdf

martes, 15 de mayo de 2018

Plegaria hacia el adentro

Quiero cantar pero me sale escombro,
terrosa sequedad, grumo de pena.
Qué apenas dulce se volvió el asombro
luego de tanta realidad de arena.

Quiero cantar mi tiempo de algún modo
con mi vieja guitarra desgastada.
Siento que nunca lo habré dicho todo,
siento que haber cantado ha sido nada.

Patria dolor, tirana refulgente,
martirio de tu Apóstol encendido,
quién pudiera abrazar tu continente
y de un beso sanar tu contenido.

Intimas lontananzas de tragedia,
humanos que naufragan en las rocas,
zurda de insuficiente enciclopedia,
diestras odiando por su abierta boca,

multitud de pavores la alacena,
hambres cebando la platea del centro,
crispadas maldiciones a la escena
extraen mi plegaria hacia el adentro.

Patria dolor, tirana refulgente,
martirio de tu Apóstol encendido,
quién pudiera abrazar tu continente
y de un beso sanar tu contenido.

Ultima amante de mis aguas, dime
a cuál de tus paisajes hoy recurres,
qué mar prefieres, qué sol te redime,
qué luz reveladora no te aburre,

qué mal día de historia el que te engaña,
qué placer inmediato dicta moda,
cuánto desgarra el sol en tus entrañas,
cuánto la fácil sombra que acomoda.

Patria dolor, tirana refulgente,
martirio de tu Apóstol encendido,
quién pudiera abrazar tu continente
y de un beso sanar tu contenido.

  

Siboney, 11-12 de septiembre de 1994.