martes, 21 de junio de 2016

Inti Illimani clandestino en Cuba

                                                     Por Iroel Sánchez

Inti Illimani, la legendaria banda musical chilena con casi cincuenta años de historia, una de las agrupaciones míticas de la música latinoamericana, vinculada a las luchas sociales y antiimperialistas del continente, y conocida en el mundo entero, vino a Cuba este mes de junio, grabó un disco en los Estudios Abdala y dio un concierto junto a Pancho Amat en la Fábrica de Arte Cubano pero no ocupó un solo titular en la prensa de esta Isla. Igual suerte que Inti Illimani han corrido antes entre nosotros conciertos de Lila Downs e Ismael Serrano.

El cambio en la política estadounidense hacia Cuba ha convertido lo que era herejía en moda y la visita a la Isla ha pasado de estar prohibida a ser un buen negocio para la gran industria cultural. Las instituciones cubanas se implican pero a juzgar por lo publicado no parecen llevar la ofensiva en una relación en la que ya han aflorado contradicciones entre el discurso y los hechos como las ocurridas con una pasarela de Chanel en el Paseo del Prado de La Habana, o la filmación de la octava parte de la saga de Fast and  furious en el malecón habanero. 

Si a la escasez de recursos para generar acciones de relación cultural con la producción artística de alta calidad no favorecida por la maquinaria hegemónica se suma el no promover las oportunidades que genera la presencia en el país de grandes artistas con estéticas alternativas al canon dominante, la hiper oferta de lo que viene del Norte -siempre favorecida con todo el respaldo mediático global-  terminará deglutiendo lo que precisamente nos hace diferentes y, por ende, atractivos.

Basta ver las secciones “desde internet” de nuestros espacios informativos y culturales para percatarse de que en vez de buscar en la red de redes los contenidos excluidos de los grandes circuitos mediáticos, estos son la fuente para presentar acríticamente a las audiencias nacionales eventos como la exposición de autos utilizados por el Agente 007 en sus películas o un sinfín de “noticias” procedentes de las mismas fuentes que hegemonizan las informaciones fuera de la web.

Paradójicamante, en los mismos espacios, no se cansan de denunciar la “seudocultura” y reseñar reuniones donde se habla del tema y de las intenciones de la política norteamericana que “mantiene sus objetivos cambiando de métodos…” pero una vez más la clave está en lo que hagamos nosotros y, sobre todo, en lo que dejamos de hacer.  

miércoles, 15 de junio de 2016

El sitio de América Latina

Por Guillermo Rodríguez Rivera

América Latina parece sitiada por sus enemigos de siempre:  el sitio más evidente es al chavismo venezolano: el señor  Almagro al frente de la benemérita OEA, la que promovió el derrocamiento del demócrata Árbenz, la que estuvo en los orígenes de los treinta años de tiranías militares en Guatemala, la que expulsó a Cuba por orden de los Estados Unidos; la que nunca le hizo siquiera un gesto de disgusto a Somoza, a Pinochet, a Pérez Jiménez, a Videla, a Batista, la cómplice descarada de todos los tiranos del continente, pretende enjuiciar al presidente Maduro.

Existe además un reportero al servicio de BBC Mundo que afirma que Raúl Castro ha declarado que no regresará a la OEA por solidaridad con Venezuela. La Cuba antimperialista, que hace más de medio siglo fue expulsada de lo que el canciller Raúl Roa bautizó como el “Ministerio de Colonias Yanqui”, no tiene el menor interés en regresar a tal organización. Nunca volverá a la OEA. La OEA no tiene la menor posibilidad de tener a la Cuba revolucionaria entre sus socios.

Los argentinos casi habían perdido su país por la gestión de aquel administrador neoliberal que se llamó Menem y los que le sucedieron, hasta que llegaron los gobiernos de Kirchner y Cristina Fernández; creo que por la inmadurez de los votantes, por su ingenuidad, eligieron a un típico ejemplar de gerente capitalista que llegó prometiendo programas de beneficio popular para desconocerlos una vez en el poder, y hacer todo lo contrario.

En Brasil están llevando adelante el golpe parlamentario contra la presidenta Dilma Roussef, electa por el voto popular. Lo lideran los corruptos Cunha y Temer.

Un dirigente de la cámara de representantes yanqui, mr. Paul Ryan, impugna el restablecimiento de relaciones con Cuba y, para proseguirlos, le exige a Cuba, nada menos que el cumplimiento de las exigencias de la ley Helms-Burton, todavía más imperial que la enmienda de mr. Orville Platt.

La noticia es que América Latina ha cambiado y ha reencontrado su propia fuerza: doscientos años la han gobernado los servidores del capital norteamericano para sumirla en la dependencia y en la pobreza. La obra de Fidel, de Chávez, de Lula, de Kirchner, de Correa y de Evo, no se puede olvidar. El avance no será lineal y sin obstáculos, pero la época cambió: será peor para quienes no sean capaces de advertirlo.

jueves, 9 de junio de 2016

La necesaria apertura a un debate inteligente, comprometido, desprejuiciado y sin temores

Entrevista a Aurelio Alonso

En las circunstancias actuales de Cuba y del mundo, el interés por buscar y encontrar formas renovadas de hacer posibles los anhelos históricos y contemporáneos del país constituye un empeño de diferentes actores, colectivos y personas con vocación por pensar la nación sin desconocer sus diversidades. Esa voluntad plantea desafíos de diferente orden; quizás uno de los más grandes es el de repensar las necesidades de debate que, desde diferentes espacios, tributen a un mayor y mejor entendimiento de los presentes y los futuros plausibles y deseados. Con el propósito de contribuir con ello, Cuba Posible ha invitado a intelectuales cubanos a reflexionar sobre la necesidad de debate, y sus mejores caminos, en el actual contexto nacional. Estas son solo algunas voces de las muchas que pueden encontrarse en Cuba, que acompañan y construyen ideas y propuestas para nuestro país.

En esta entrega, compartimos los criterios del sociólogo y pensador Aurelio Alonso, Premio Nacional de Ciencias Sociales.

1. ¿En qué medida la política cubana actual identifica la necesidad del debate sistemático y público de nuestros problemas? ¿Escucha propuestas para solucionarlos?

Como sucede ante casi todos los problemas que confrontamos, la respuesta afirmativa o negativa en términos absolutos se haría simplista, y las dos se alejarían por igual de la realidad. Los espacios de debate para intercambiar criterios sobre los problemas de nuestra sociedad, y sobre temas teóricos que la trascienden, si bien resultan decisivos en la definición de caminos y opciones, se muestran todavía insuficientes, cargados de trabas e incomprensiones que debieran estar superadas. Aunque –hago un paréntesis— sería erróneo pensar que alguna vez desaparecerán las dificultades, y que la óptica política podría dejar de ser restrictiva del todo hacia el disenso teórico, ya que incluso en el seno mismo de la esfera de toma de decisiones creo sano que se reflejen mejor las diferencias y la discusión cuando se confrontan puntos de vista, como se supone que suceda. La unidad es señal de salud política, pero la uniformidad no puede serlo.
 
A pesar de lo dicho, se hace evidente también que esos espacios son hoy mayores que hace diez o veinte años. No hay que verlo como un incremento lineal, pero hoy se cuenta con mayor libertad, en los medios intelectuales y más allá de ellos, para disentir de posturas oficiales, o impropiamente oficializadas, que obstaculicen el debate. En general, mejoran las actitudes para reclamar el respeto del otro, reciprocándolo, cuando  afloran las diferencias. Tampoco afirmaría que hayamos llegado a un punto en que el pensamiento crítico pueda ejercerse y difundirse exento de presiones, políticas o sociales, cuando discrepa del discurso político reconocido. En unos casos por celo oficioso, pero en otros por simple superficialidad. Aclaro una distinción que hice: considero presiones políticas la sanción o la condenación explícita, una limitación abierta, el cierre de una revista, una acusación injusta o parcial, por ejemplo. Además, el rechazo a ser publicado, la proscripción para disertar en el aula, para participar en debates, la exclusión profesional, las restricciones para ejercer con espontaneidad una iniciativa de asociación dentro de las proyecciones mismas de la transición socialista, y las campañas contra el prestigio del oponente, se den al amparo de una autoridad o se produzcan entre simples polemistas, prefiero calificarlas de presiones de carácter social y creo que ponen de manifiesto la dimensión cultural de deformaciones autoritarias que no han quedado atrás. 
 
Considero que los cubanos hemos vivido décadas de tensión entre la lealtad al proceso de construcción socialista y la aceptación obligada de posturas canonizadas indebidamente. Nos sometimos a prolegómenos extraídos, como matriz, de lecturas fundacionales y de una metabolización ajena, como si fuesen verdades universales.  El debate mismo sobre los espacios de debate –que es lo que intentamos hacer aquí en minúscula contribución– todavía es un camino con mucho trecho a seguir. A veces quisiera creer que hemos superado más, pero me sorprendo a cada rato con muestras palpables de intolerancia, veo más descalificación que polémica, y desechar argumentos sobre asuntos puntuales por invectivas contra el contendiente, incapacidad para razonar sobre lo expuesto por el otro y, por supuesto, de admitir que el otro pudiera tener razón. Esto último parecería descartado de entrada. Esa incomunicación se hace más sensible cuando se analiza desde la perspectiva generacional, asunto que no ha sido estudiado o, al menos, debatido a profundidad. La escala vigente de aceptación de propuestas está sometida a una regimentación estricta en tanto se despliega básicamente sobre postulados salidos de la autoridad institucional. En mi experiencia personal los espacios para reconocer méritos y posibilidades de asimilación a la espontaneidad del pensamiento, son muy limitados o, al menos, poco visibles hasta ahora.

2. ¿Cuáles son los temas que más se debaten? ¿Cómo evalúa la calidad de esos debates? ¿Su diversidad o representatividad?

Es obvio que el centro del debate lo componen hoy en Cuba los temas vinculados con el socialismo, con las reformas necesarias, con la necesidad de transformar la economía sin que crecimiento y desarrollo impliquen que se pierdan los objetivos de justicia y equidad que han regido, desde sus inicios, un proyecto cubano de nación, que  reconocimos socialista en 1961. Y de realizar, al mismo tiempo y en sintonía con los cambios en la economía, las transformaciones institucionales capaces de proporcionar un sistema de participación democrática efectivo, sin el cual la transición al socialismo se haría incierta, aun si los indicadores económicos nos mostraran los resultados más satisfactorios. También se hace vital debatir cómo nos toca el desafío de la adopción de políticas orientadas a la restitución del medio ambiente de manera coherente. Una cosa es aprenderse un discurso ambientalista y otra ponerlo en práctica mediante políticas específicas, acompañadas de un obligado espíritu de discusión permanente, pues sobre esta cuestión descansa el dilema de la alimentación presente y futura. Universo discursivo que queda atravesado todo, desde diciembre de 2014, por la intensificación del tema de las relaciones con Estados Unidos, que de ningún modo puede mirarse con independencia de lo anterior, pero que lo complica de manera extraordinaria. La apreciable cantidad de artículos y comentarios digitales generados tras la controvertida visita a Cuba de Barack Obama es demostrativa de la lucidez y la diversidad de la reflexión, de la espontaneidad libérrima y de la valentía política de los cubanos para manifestarse, desde la intelectualidad hasta la ciudadanía de a pie (de la cual la intelectualidad también es parte, claro está). 

Creo que sería imposible negar que, en la actualidad, el espíritu de debate se abre paso, y que debe consolidarse en nuestra cultura revolucionaria. Del debate en todas las esferas, las institucionales, las académicas, y las del pueblo en general. Y, por supuesto, de todas estas esferas entre ellas. Todo lo otro que podamos precisar temáticamente de manera más específica podría considerarse o no legítimo, pero también secundario en tanto no se vincule con lo que popularmente llamamos “la cosa”. Sabemos que el debate sobre cada juego de pelota se produce cotidianamente con opiniones encontradas, y debiera ser ese dato motivo suficiente para saber que así ha de ser de desprejuiciado en cualquier terreno. Probablemente lo que acabo de expresar sea interpretado desde posiciones muy distintas, y me alegraría mucho porque ese simple detalle formaría parte ya de la continuidad del debate.

3. ¿Cuáles son los principales foros donde se discuten los problemas actuales del país? ¿Qué características tienen? ¿Sus cualidades y limitaciones?

Sin la seguridad de hallarme en condiciones de aportar un criterio definitivo al respecto, quisiera comenzar con una apreciación que tal vez hubiera cabido mejor al principio. La coyuntura histórica que marca nuestra actualidad, y lo hace de manera contradictoria, es el derrumbe del sistema soviético, que reveló que la “irreversibilidad del socialismo”, aceptada como ley económica, de ley no tenía nada, ya que el socialismo había fracasado. O, visto desde otra perspectiva, que el centro del que habíamos reconocido como sistema socialista mundial no lo era, aun siendo la cuna de la revolución pionera de la época, la cual logró, entre acoso exterior y deformaciones internas, crear un poder mundial paralelo al de Occidente. Es decir, osó retar al poder del capital. Considerable avance pero, por alguna razón, no era el socialismo (y la famosa irreversibilidad quedó engavetada para cuando el sistema socialista se consolide como tal en la historia). 

Semejante derrumbe nos tocó en profundidad, aunque resistiéramos a ser arrastrados en el torrente. Como se sabe, en el experimento cubano algunas de las primeras muestras de intolerancia y limitación de espacios se produjeron en torno a posiciones que se distanciaban de líneas, políticas, doctrinas económicas, sociales, filosóficas y hasta estéticas, de aquel centro moscovita que debíamos respetar como pionero en la descomunal empresa de eliminación del dominio del capital. ¡Qué trabajo cuesta todavía reconocer la medida del costo de cuánto nos equivocamos con ellos! Es cierto que otros se equivocaron más (y todos ellos, casi sin excepción, vivieron el mismo retroceso hacia la selva del capital que revolvió a Moscú), que nosotros fuimos más autónomos como proyecto de nación (y sin duda esa identidad nos apuntaló para resistir los efectos de aquella caída que nos dejó atrapados “entre dos bloqueos”). Pero asimilamos más lastre que el que hemos sido capaces de soltar. 

De manera paradójica, la tragedia del derrumbe favoreció la activación de la crítica y el debate en todos los planos, que se ha dado desde entonces entre avances y retrocesos, debido en gran medida a los lastres. Pero se generaron foros culturales de debate que han funcionado con suerte diversa, unos por cortos períodos y otros que logran mantenerse. La disposición a expresarse con cabeza propia y defender criterios “a contracorriente” es ya una ganancia cultural; quiero pensarlo así. No obstante, mi primera observación sería que los foros de debate tienen que ser de debate, no de complacencias, como a veces sucede.

Un factor esencial al hablar de los foros es el tecnológico, el de la digitalización de las comunicaciones, que entre otros beneficios ha contribuido a levantar una barrera a la intolerancia. También sabemos que, en sentido adverso, abre espacio a la banalidad informativa, portadora de tantos riesgos, pero se trata de costos que hay que afrontar. Del reto, además, de hallar antídotos que contribuyan a despejar caminos sin devolvernos a esquemas superados. Algunos intelectuales prestigiosos contribuyen a llevar a la prensa aires de apertura y también se han producido iniciativas para que la población haga uso de ella para elevar sus críticas, descontentos, y reclamos. Pero la diversidad de criterio y la capacidad de respuesta me parecen insuficientes en sentido general. En todo caso, son espacios valiosos que no deben perderse sino revisarse y perfeccionarse. Para completar esta respuesta, celebro el incremento de la iniciativa espontánea que ha mejorado cuantitativa y cualitativamente el panorama de las publicaciones culturales y de pensamiento, las que promueven a veces importantes actividades colaterales. Tanto en las que ya existían, que un buen manejo ayuda a activar, como en las creadas en el nuevo escenario. Las revistas impresas, las digitales, los eventos con contenidos puntuales, nacionales e internacionales, fuera y dentro del país, son foros que se multiplican y de los que la creatividad revolucionaria, el análisis, la crítica, la proyección social y el pensamiento todo tienen que aprender a valerse. 

4. ¿Cree que esos foros son aprovechados por la política? ¿Por la sociedad? ¿Qué propondría para hacerlos más útiles? 

¿Ser aprovechados por la política significa por las instancias de dirección del país? Presumo que la respuesta a mi pregunta sea afirmativa y entonces me planteo otra  cuestión, que sería: cómo son aprovechados, cómo pueden mejorarse. Para responder en estos términos, la política los aprovecha mal hasta ahora, porque no le concede espacio suficiente a la diversidad. No lo hace en el plano de las ideas, ni tampoco en el plano de las acciones. Prevalece, a mi juicio, una comprensión errónea de la relación entre la unidad y la diversidad, que la mira como subordinación de antípodas, una mirada digna de la lógica aristotélica. No como un condicionamiento mutuo impuesto por el sentido dialéctico mismo de la historia: creo que si pensáramos la unidad como síntesis, imposible en profundidad si no se parte del reconocimiento de la diversidad real, se avanzaría con menos prejuicios.

Quiero subrayar aquí mi opinión de que las estructuras de gobierno, en particular las instancias del Poder Popular desde la base a la nación, debieran aportar los foros de debate más activos y constantes, que llegarían a proveer, de lograrse, los debates más audaces y más provechosos. Y harían del Poder Popular un poder más real.

No querría terminar estas reflexiones sin decir que estoy convencido de que Cuba, su socialismo, va a hallarse en mejores condiciones para hacer frente a sus nuevos desafíos, en la medida en que seamos capaces de incorporar la necesaria apertura a un debate inteligente, comprometido, desprejuiciado y sin temores. Una apertura que en ocasiones se ha esperado y ha terminado por frustrarse con bemoles y retrocesos, y que se muestra ya inaplazable.


Fuente:  http://www.cubaposible.net/articulos/la-necesaria-apertura-a-un-debate-inteligente-comprometido-desprejuiciado-y-sin-temores-2016-06-08-03-06-00

martes, 7 de junio de 2016

Adios al maestro Zumbado

Por Laidi Fernández de Juan

En la tarde de hoy, 6 de junio de 2016, ha fallecido el maestro del humorismo literario cubano, el insuperable cronista durante más de veinte años de la realidad compleja de Cuba, inspirador de varias generaciones de escritores, Héctor Zumbado. Con profunda consternación recibimos la noticia.

Nacido en 1932, pasó gran parte de su vida dedicado a la publicidad y al periodismo, laborando en disímiles tareas en las cuales desarrolló su increíble talento para la sátira, la crónica, la literatura humorística. Sus compañeros de trabajo, sus amigos de correrías, sus colegas lo recuerdan como el ser maravilloso y solidario que siempre fue. Luego de transitar por agencias donde era el encargado de redactar textos publicitarios, pasa al periodismo. Colaboró en Prensa Latina, en la revista Cuba, en Cubaexport, y creó secciones de crítica en Juventud Rebelde, como las memorables columnas “Limonada” y “Riflexiones”, cuya popularidad no ha sido nunca superada.

En la década prodigiosa para el Humor, los ochentas, tuvo a su cargo la creación y dirección de la sección “La Bobería”, en la revista Bohemia, con el emblema del personaje El Bobo, de Abela. Gracias a la generosidad de Zumbado, en dicha publicación se dieron a conocer nombres hasta entonces poco conocidos en el corpus literario cubano, y que hoy gozan de justo reconocimiento dentro del humorismo literario (Jorge Fernández Era, Eduardo del Llano, entre otros). Cerca de diez volúmenes recogen las crónicas salidas del ingenio insuperable de quien obtuviera en el año 2000 el Premio Nacional del Humor, otorgado por el Centro Promotor del Humor, entonces bajo la égida del gran amigo de Zumbado, Osvaldo Doimeadiós.

Cabe mencionar la lista (aun sabiendo que un frio listado no puede ofrecer la intensidad, la llamarada de lo que significa este originalísimo artista) de sus libros: “Amor a primer añejo” (1980); “Riflexiones” (1980); “Limonada” (1981); “!Esto le zumba!” (1981); “El american way” (1981); “Prosas en ajiaco” (1984); “Nuevas riflexiones” (1985); “Kitsch, kitsch, ¡bang bang!” (1988) y “Una de cal..” (1991).

Varios investigadores, amigos, admiradores de la obra zumbadiana han recopilado textos de y sobre Zumbado, entre los que sobresalen Ana Maria Muñoz Bachs, que publicó en el año 2012 la excelente antología “!Aquí está Zumbado!” y Antonio Berazaín, quien en ese mismo año dio a conocer “Un zoom a Zumbado”. Actualmente, jóvenes periodistas, filólogos, sociólogos estudian la obra de este extraordinario escritor, y sabemos que en el venidero evento teórico del Aquelarre será analizado el uso del lenguaje en la obra de Zumbado. Asimismo, en el año 2014 se llevó a cabo un ciclo de análisis del humor en Cuba, convocado por la Fundación Alejo Carpentier, bajo la dirección de Graziella Pogoloti, llamado precisamente “Los ochenta que zumbaron”. Todo ello da fe de la impronta que deja Héctor Zumbado entre nosotros.

Considerado un maestro imprescindible del humorismo literario, Zumbado queda para siempre como el iniciador de un nuevo período dentro del costumbrismo cubano. Sus textos, admirables, combinan con especial sutileza el lenguaje más refinado con lo más popular del habla coloquial. Heredero de una gran tradición (recordemos a Emilio Roig, a Jorge Mañach, a Eladio Secades, a Enrique Núñez Rodríguez), Zumbado marca una nueva etapa: la sátira dentro del proceso de cambios sociales que vivió Cuba a partir de 1959, con particular énfasis a partir de los años setenta. Los logros y los desaciertos, las hazañas y los errores, todo está a flor de piel en su obra. Fue osado, culto y encantador a la vez. Su legado, afianzado en varias generaciones de narradores que defendemos el humor como expresión artística de inteligencia, resulta inmensurable.

Adiós, maestro. Aquí está Usted, en el panteón de los inmortales.

lunes, 6 de junio de 2016

Llega este lunes 6 de junio...

Llega este lunes 6 de junio, están pasaditos los 200 comentarios con que  blogspot cambia automáticamente la página de sus bitácoras, me tengo que ir a trabajar y no encuentro qué poner como entrada. 

Las elecciones en Perú y en México recorren caminos trillados; el golpe en Brasil sigue su curso; Argentina continúa el proceso que escogió la mayoría de sus votantes; Podemos vuelve a cambiar el escenario político de España, ahora con la esperada alianza de Izquierda Unida; en Cuba seguimos “sin prisa pero sin pausa”, salvo que se nos acaba de formar una depresión tropical casi en la cola del caimán. 

Por eso estos últimos días han sido de intensas lluvias en la tarde. Y también por eso ayer nos fuimos bajo un denso aguacero hacia el teatro Martí, a ver a una bielorusa y a un chinito de 17 años interpretar, respectivamente, el impresionante concierto Emperador de Beethoven y las ingeniosas Variaciones para un tema de Paganini, de Serguéi Rajmáninov. Les acompañaba la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro Enrique Pérez Mesa. Un programa de lujo. 

Sólo las Variaciones hubieran bastado para hacer trascender a un músico aunque, afortunadamente, en el caso de Rajmáninov, fue una obra sumada a su inspirada producción. Siempre he pensado que mucha música orquestal de los Estados Unidos, sobre todo para cine, es deudora de aquel ruso genial.

Bueno, me voy a trabajar.

miércoles, 1 de junio de 2016

Intercambio con el poeta Waldo Leyva

El 31 may 2016:

Poeta, ayer entré en F… y vi tu comentario sobre la amistad y seguí tus recomendaciones después de leerlo íntegramente no sé si lo hice como corresponde pero lo intenté. Creo que te comenté en ese momento que hace algún tiempo escribí varios poemas donde reflexionaba sobre ese asunto de la amistad y ciertos “amigos”. Fue un tema que siempre me preocupó. En uno de esos textos, breve por cierto,  decía: 

Hoy me senté a la puerta de mi casa
A ver pasar la gente.
De cada tres, dos eran conocidos.
De cada dos me saludaba uno.

A veces no resulta fácil saber cuándo estás en presencia de alguien que es, por encima de cualquier circunstancia, un amigo, ese que no aplaude tus errores y te critica si lo considera necesario, pero que tú sabes que será capaz de morir contigo. En la nota de ayer hice referencia a un soneto que quise montar en F.. pero creo que lo hice pésimo. Al final de esta nota te lo dejo. Antes quería comentarte que durante los días 8 , 9  y 10 de Junio juntaré en la Casa del Alba cuatro poetas mexicanos, entre los que estará Eduardo Langagne. El motivo es propiciar una jornada poética Cuba-México. Tenemos pendiente tu lectura de poesía en La Casa del Alba. ¿Te gustaría compartirla con Eduardo y yo los acompañaría solo para facilitarles la palabra?  Si no te parece bien seguimos con la idea de, cuando te parezca oportuno, hacer tu recital de poesía. 
Y ahora sí el soneto prometido:

NADIE PUEDE SABERLO

Es difícil saber qué es un amigo
descubrir en sus ojos la lealtad,
saber cuándo te ofrece su amistad
sin otra condición que estar contigo.

Nadie puede saberlo, eso lo digo
con el pecho partido a la mitad;
estoy pagando aún la ingenuidad
de confundir abrazo con amigo.

Yo nací para dar sin condiciones,
y me duele saber que nada es cierto
que si te busca alguien, sus razones

sólo conducen a su propio puerto.
Me cansé de bregar con falsos dones
para cierta “amistad” estoy ya muerto.

Otro abrazo, poeta, y disculpa lo extenso del mensaje.
Waldo Leyva

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Waldo, el poema, el soneto tuyo me ha removido por su desnudez. Algo se me atragantó, leyéndolo. Si tú me lo permites voy a publicarlo en Facebook a tu nombre, pero también me gustaría que sirviera como entrada a mi blog. Incluso con este intercambio nuestro sobre la amistad. Pero esperaré a que me autorices.

Te anticipo que para mi será un honor compartir esa tarde a la que me invitas con Eduardo y contigo en la Casa del Alba.

Lo que publiqué en Face fue siguiendo instrucciones de una vieja amiga que vive en Orlando, llamada Dania, a la que quiero mucho, a ella y a su marido Pancho. Para tratar de evitar que se pensara que el escrito era mío, al final puse unas palabritas que al parecer no dieron resultado.

Yo le he cantado a la amistad. Recuerdo la canción Amigo mayor, compuesta al servicio del engranaje rítmico del grupo Afrocuba. Pero unos años antes había hecho otra sobre el mismo tema que siempre me gustó más y que después dediqué a mi amigo puertorriqueño Roy Brown:

Si tengo un hermano


Si tengo un hermano
hermano de suerte
hermano de vida
de historia y de muerte
no mido sus años
su poca fortuna
no mido su facha
ni mido su altura

si tengo un hermano

Si tengo un hermano
hermano que arde
hermano mestizo
hermano de hambre
empapo mis himnos
con luz de su aire
tiño mi bandera
también de su sangre

si tengo un hermano

Si tengo un hermano
hermano de sueños
hermano de bala
hermano de empeños
le entrego mis libros
le entrego mis manos
sin un humillante 
recibo de pagos

si tengo un hermano

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Silvio, puedes hacer lo que consideres más apropiado con el poema.  Yo también cuando lo escribí algo se me había atravesado en el pecho y no me quedó otra que sacármelo. Se escribió en una época en que cada palabra dolía, como ahora, aunque ahora duele de otra manera, más hondo o se le siente más hondo. Recuerdo que un día, de esos en que no parecía que hubiera salida ni respuesta que calmara ciertas angustias escribí:

No sé si un tigre loco
O un escorpión cercado por el fuego
Es lo que llevo hoy dentro del pecho.
A dónde ir, contra que muro romper mi sangre.
Me mata ese aguijón encarcelado
Ese rugido que no logro sacarme por la boca.

Ahora, tal vez sea por la edad, o por lo ya vivido intensamente, me mueve más la reflexión.

Pasando al tema de la lectura con Eduardo Langagne. Te cuento sobre la jornada en general y en particular sobre tu lectura: Será un encuentro Cuba-México de poesía. Sesionará en la Casa del Alba los días 8,9 y 10 de junio.

El 8 a las seis de la tarde se inaugurará una exposición de fotografía de un poeta, ensayista y Diplomático Mexicano, Andrés Ordoñez. A las 6:30 se hará un recital de apertura con poetas cubanos y Mexicanos.

El día 9 a las diez de la mañana comenzará una mesa de reflexión sobre la poesía con ponentes de los dos países. Eso durará hasta las doce del día.

A las cinco de la tarde de ese día 9 podríamos hacer la lectura tuya con Eduardo Langagne. Dispondríamos de una hora para esa lectura y yo los acompañaría.

A las 6:30  haríamos otra mesa de lectura con otros poetas de ambos países.

El día 10, a las seis de la tarde un encuentro de trovadores y poetas, cerraría el evento. En ese programa Augusto Blanca, con Pepe Ordás , Rochy y Corina Mestre harían un pequeño recital con canciones compuesta por Augusto sobre Carlos Pellicer, Poeta Mexicano y Nicolás Guillén. Participarían otros trovadores y varios poetas.
Te doy toda la información para que sepas pero solo tendrías que llegar el nueve.

Otro abrazo

Waldo

domingo, 29 de mayo de 2016

Derechos humanos para Venezuela… ¿y los demás?

Por Agustín Zarco Silvestre

25 de Mayo de 2016

En los dos últimos años, en España el tema Venezuela lo tenemos hasta en la sopa. Casualmente, coincide con la fundación de Podemos. Antes de que surgiera la formación morada, era José Bono (PSOE) el que vendía buques de guerra a Venezuela,  y el ministro Morenés (PP) no dudaba en venderle armas y munición, sin olvidar a los presidentes Aznar y Zapatero; todos firmaron negocios con Hugo Chávez. 

Tanto a los medios como  periodistas y políticos de corte neoliberal y voluntad de perro pastoril se les ha despertado un gran interés por el tema de la vulneración de derechos humanos en Venezuela,  como si el chavismo  existiera desde hace dos años. Debo recordar que desde que en 1999  llegó Chávez al poder, hasta su muerte, nadie se preocupaba por los venezolanos y su bienestar.  Y ni hablar de la época previa al chavismo, donde Venezuela no era ningún paraíso democrático ni social. 

Últimamente, he visto cómo la UE ha condenado al Gobierno venezolano; de hecho, Esteban González Pons sale pidiendo libertad y derechos humanos para los venezolanos. Un partido político, el PP,  organiza desde en un pueblo de Madrid una charla coloquio para hablar de Venezuela. Muchas horas de tertulia dedicadas a Venezuela, decenas de portadas para Nicolás Maduro, evitando así poner en portadas cosas como los Papeles de Panamá o El fraude del TTIP. 
  
Lo cierto es que Venezuela  importa un carajo a todos  estos “defensores”  de derechos humanos. Porque si les importara, sería igual para Colombia, Honduras, Arabia Saudí, Catar, China,… Lo que importa es sacar un rédito político a todo esto, y “jugar” a la democracia.

Me gustaría que esa defensa por los derechos humanos, y por la democracia, se hiciera con ese mismo ímpetu por Colombia, donde la defensa de los derechos humanos brilla por su ausencia. ¿Os suenan los nombres de William Castillo, Marisela Tombé o Daniel Abril? No, no os suenan, porque los medios no se hicieron eco de ello y ningún político salió a poner el grito en el cielo por el asesinato de estos líderes campesinos colombianos. En 2015 fueron más de 300 asesinatos de líderes  indígenas y líderes campesinos los que se registraron en Colombia. ¿Os imagináis que estos fueran venezolanos? Cuántas horas de tertulia y cuántas veces se hubiera divulgado en los mítines.  Pero como en Colombia gobierna el neoliberalismo, y “entre bomberos no se pisan la manguera”, entonces no machaquemos a su presidente que es de los nuestros.

En Colombia se han pasado los DDHH por las partes íntimas, sobre todo el ángel exterminador. Seguramente muchos no sepáis de quién hablo. Yo tampoco conocía a este personaje hasta que llegué a Colombia, donde pude ver un pueblo desplazado forzosamente;  donde los terratenientes se aprovechaban quedándose  con las tierras de esos campesinos obligados a irse de su tierra por el acoso y amenaza paramilitar: o los falsos positivos, nada de esto ni de otras atrocidades nos han contado los medios conservadores de España; mucho menos los políticos condenaron al “Paraquito”, conocido por la CIA como el narcotraficante  N° 82.

Curioso que siendo países vecinos se sienta una profunda indignación por la libertad y el bienestar de los venezolanos y no por Colombia. González Pons hablaba desde la UE  de la falta de medicamentos y personal médico  en Venezuela; en Colombia  muere gente a diario por falencias del sistema sanitario; muere gente en la sala de espera  o por los “paseos de la muerte”. Para que se entienda, es un paseo de hospital en hospital hasta que encuentras uno que te quiere atender y muchas veces  es tarde. Así le pasó a una niña de la etnia wayúu  que, después de recorrer  más de trescientos kilómetros y pasar por los hospitales de tres grandes ciudades, fue atendida cuando ya su cuerpo no daba más y terminó muriendo. ¿Vieron alguna noticia sobre esto?  ¿A que no? ¿Por qué?, pues porque esto no da votos, y porque a estos “pollos” los DDHH les importan poco. 

¿Cuántas noticias vemos en España sobre Honduras?  Pocas, muy pocas; ¿cuántos reclamos de Esperanza Aguirre o Cospedal a los líderes de este país centroamericano?  Sorprendente que el país más violento y corrupto de América no ocupe como mínimo el mismo espacio en tiempo, portadas, tertulias y reclamos políticos que ocupa Venezuela.  Pero otra vez nos topamos con un país gobernado por la derecha; qué casualidad. Y gobierna la derecha después de un golpe de Estado militar de los que gustan a la derechona, y unas elecciones que a diferencia de Venezuela no tuvieron observadores internacionales y el régimen militar puedo hacer y deshacer a su antojo.  Pero la falta de democracia es en Venezuela donde, curiosamente, las últimas elecciones las ganó la oposición, pero ni pío de Honduras, un país donde el 60% de su población vive con un dólar diario; donde activistas y sindicalistas son asesinados. Y ni hablar de la falta de libre prensa que tanto molesta en Venezuela, pero que de Honduras hacen caso omiso. Ningún político del PP va a defender a la asesinada Berta Cáceres, como sí lo hacen con Leopoldo.  

Hablemos de la cloaca de los derechos humanos: Arabia Saudí. Este país encarceló a un joven de diecisiete años por discrepar, en un blog, del régimen. Fue condenado a diez años de prisión y mil latigazos. Imagino que Felipe  González no irá a defenderlo como hizo con Leopoldo López. En este país existe la pena de muerte, decapitación, y como eso no es suficiente, después de cortarle la cabeza al condenado, crucifican su cuerpo y hacen escarnio público  para amedrentar a la población. ¿Han escuchado hablar en los medios de  las decapitaciones?, ¿o sobre la condena del PP, PSOE, o C´s? Creo saber la respuesta: NO. En ese país dictatorial condenaron a una mujer a seis meses de cárcel y doscientos latigazos por ser violada. Me temo que los defensores de los derechos humanos de España no salieron a exigir cuentas  sobre esta vulneración de derechos. 

Marruecos, nuestro vecino, viola los derechos de libertad de expresión, asociación y reunión en el Sahara Occidental, la policía golpea y tortura a los manifestantes, se ha perseguido a defensores de derechos humanos, periodistas presos y medios de comunicación sancionados económicamente, y democracia poquita, muy poquita, pero nada de esto lo verás en las portadas de La Razón o ABC. Porque en España, el primer socio comercial de Marruecos, por ende no escucharas a Hernando o Floriano hablar de la falta de democracia y la vulneración de derechos humanos.

¿Qué pensará la gente que va a un quiosco a comprar un diario y ve que los principales periódicos del país llevan en su portada a Maduro o Venezuela? ¿No tenemos suficientes problemas en España para ocupar esas portadas? ¿De verdad creen los medios afines al PP y a Ciudadanos que a los españoles nos interesa más Maduro que Rajoy?

Para el Partido Popular es mejor hablar de Venezuela para no tener que hacerlo de España y sus problemas que son muchos. Critican las colas interminables  para comprar en los supermercados venezolanos, pero no hablan de las colas de españoles en Cáritas, Cruz Roja o INEM. Aquí hay una notable diferencia: las colas en Venezuela son de gente que tiene con qué comprar y no compra por desabastecimiento; las de España son colas de caridad por no tener con qué comprar alimentos o por no encontrar empleo. Miran la falta de medicamentos de Venezuela,  mientras  en España muere gente por los recortes en sanidad, como es el caso de los enfermos de hepatitis C que han muerto por falta de su medicamento.  O el hombre que murió recientemente en el desahucio de su vivienda. Murió de tristeza, de indignación e impotencia porque nuestros políticos están más pendientes de los ciudadanos de Venezuela que de los españoles.

Los medios de comunicación como ABC, El País, La Razón, El Mundo, Antena 3 y los políticos (PP y C’s) muestran su indignación por las condiciones de los venezolanos, y para ello tienen que recurrir a la mentira, mostrando imágenes que no corresponden con la verdad, he visto imágenes de supermercados desabastecidos que resultaron ser de EE.UU., o a un supuesto venezolano buscando comida en la basura, foto que correspondía a un colombiano en Colombia. ¿Por qué recurren a esto si tan mal está Venezuela? Deberían tener material suficiente para mostrar la situación de Venezuela sin recurrir a la realidad de Colombia. Por cierto, podrían haber aprovechado esa foto para defender los derechos humanos en Colombia. 

El PP es tan defensor de los derechos humanos que le da la nacionalidad española a Leopoldo López y a su familia, pero en 2015 negó asilo a una mujer perseguida en Camerún por ser lesbiana, negó el asilo político a este activista condenado a cadena perpetua en Marruecos por defender al pueblo saharaui. Aquí vemos cómo los intereses económicos están por encima de los derechos civiles, de pronto el “gobierno” marroquí se ofende y nos prohíbe pescar en sus aguas. ¿Por qué Leopoldo y su familia tienen derecho al asilo y el pueblo sirio no? ¿Acaso los sirios no viven un tormento, mucho peor que la situación del venezolano? Pero los sirios no dan votos, mientras el postureo con Leopoldo, sí. Muy injusto que solo porque le conviene el PP se les otorgue  la nacionalidad a unos y a otros no, creo que estos defensores de derechos son realmente defensores de derechas, ya que la dignidad es para todo ser humano y no para los colegas de ideología y prácticas políticas.

Ahora todos quieren ir a Venezuela a darse el pantallazo, Albert Rivera  viaja a Caracas a defender a la oposición, ¿Quién se cree Rivera para dar lecciones de buen gobierno? ¿Por qué no viaja a Brasil a defender la democracia y a su gobierno legítimo? Fácil, porque el golpe de Estado perpetrado en Brasil lo dan políticos muy parecidos ideológicamente al PP azul y PP naranja, por lo mismo que no pusieron el grito en el cielo con el golpe de Estado en Honduras (2009) o Paraguay (2012). Solo defiende la democracia cuando le conviene a la derecha. A este ritmo el cierre de campaña por parte de PP y C’s será en Caracas, como la derecha española incluyendo a PSOE sigan así, no sería de extrañar que Venezuela volviera a la época colonial del Virreinato, o pase a ser la comunidad autónoma número 18 de España.

La defensa de Venezuela, como dije al inicio, surge con la aparición de Podemos en el panorama político español. Por eso no me la creo. No les interesa ni Venezuela ni los venezolanos; solo les interesa destrozar políticamente a Podemos y eso no es democracia, la que irónicamente defienden para Venezuela y no para otros países de regímenes autoritarios  que además son sus socios o colegas de ideología política. Cuando se defienden los DDHH se hace en todo el mundo, no donde conviene políticamente. Si  duele  la falta de dignidad para un venezolano, te debe doler para un hondureño, para un colombiano, para un chino o para cualquier ser humano. Ya lo decía Nelson Mandela: “Negar a las personas sus derechos humanos es cuestionar su propia humanidad”.

Fuente: http://ctxt.es/es/20160525/Firmas/6243/

lunes, 16 de mayo de 2016

La cultura en los tiempos que corren

por Guillermo Rodríguez Rivera


Las funciones de la obra artística se dan simultáneamente en ella. Como dijo siglos atrás el poeta latino Horacio, toda obra es dulce et utile, porque ejerce a la vez la función estética y la función social pero, en cada obra específica, el énfasis en cada una de esas funciones puede ser muy alto o mínimo. Hay momentos de la historia  –de una nación, de un continente o del mundo—en que se reclama intensamente la acción del hombre en la transformación social, y el arte puede encargarse también de ayudar a ese reclamo.  Son momentos en que las obras literarias pueden pretender esa función de movilizadora social. Ello no es frecuente, pero ha ocurrido.

Se dice que la publicación y difusión en 1851 de La cabaña del Tío Tom, de Harriet Beecher Stowe, fueron decisivas para afirmar la voluntad abolicionista en los Estados Unidos, en los años que precedieron a la guerra civil. Cuando el presidente Lincoln conoció a la autora en 1862, le dijo: “Tú eres la mujercita que empezó esta gran guerra”. Lo de “mujercita” aludía ala estatura de la novelista, que apenas medía 1,50 metros. En Cuba, pocas cosas hicieron tanto contra la homofobia como el filme Fresa y chocolate.

En la obra literaria, las funciones constituyen un sistema: si se jerarquiza la misión ideológica que la obra podría tener, es probable que esa priorización adelgace la función estética que ella cumple. Y viceversa:  las  grandes obras artísticas experimentales en los planos de lenguaje y estructura, consiguen una más difícil comunicación con su receptor y, en consecuencia, su capacidad movilizadora es más reducida.

Como siempre, está siendo difícil ser joven y pretender transformar el mundo que encontramos. Los poemas que escribíamos algunos poetas en los años sesenta se relacionaban como por encanto con esa manera de decir de los trovadores, que expresaba la perspectiva de unos jóvenes que queríamos ser, a la vez, fieles y críticos. Silvio Rodríguez dijo en algún momento, que éramos muchachos a los que la vida obligó a hacer tareas de hombres. Éramos muchachos de una Revolución.

La música siempre tiene la mejor suerte entre nosotros: es el arte por excelencia para los cubanos. El “hada” de los jóvenes trovadores fue Haydee Santamaría. En medio de unas circunstancias que se endurecían, en un ámbito cultural donde no abundaba la comprensión, la presidenta de Casa de las Américas esgrimió su intuición, su sensibilidad y su prestigio: acudió al presidente del organismo cultural que podía escucharla y le pidió que le buscara a “esos muchachos trovadores”, un lugar en el que pudieran trabajar sin mayores problemas.

Ese organismo era el Instituto de Arte e Industria Cinematográficos y, su presidente, Alfredo Guevara.

En el ICAIC trabajaba, colaboraba estrechamente, uno de los más importantes músicos cultos de Cuba, el más joven,  y hondamente interesado en los caminos de la música popular. Leo Brouwer fue el encargado de fundar y dirigir, en 1969, el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, que daría cabida a esos jóvenes y a otros músicos que también trabajarían con ellos.

Entre esos músicos jóvenes y otros intelectuales cercanos a ellos, se manejaba ya el concepto de nueva trova. Y manejarlo, era también inscribirlo en una tradición que remontaba a los orígenes mismos de la canción cubana:  a “La bayamesa”, que en 1851 compusieran Francisco Castillo y José Fornaris, , con el apoyo de Carlos Manuel de Céspedes, para llevarla a la ventana de Luz Vázquez. Allí nació, en efecto, la canción cubana, pero nació también una tradición intelectual vinculada a la patria, a su independencia y a los avatares que viviría desde entonces.

La aparición del GES coincide con los años del Quinquenio Gris, pero el ICAIC, se mantuvo en esos años si no directamente enfrentado, al menos ajeno a la política de vigilancia dogmática que regía en otras zonas de la cultura cubana, como eran la literatura y el teatro. Cuando unos años después se organice el Movimento de la Nueva Trova, no se hará más que crear una entidad que apoye y difunda un fenómeno cultural que ha aparecido previamente en la actividad artística de los trovadores, y luego se ha consolidado en el trabajo del GES.

Como muchos de los mejores poetas jóvenes y no tan jóvenes del país estaban excluidos por la política vigente de editar sus textos en libros y revistas, la canción empezó a ocupar unos espacios que esa exclusión había dejado vacíos.

Precisamente, creo que uno de los aportes que hacen esos jóvenes trovadores como Pablo, Silvio, Noel, Vicente Feliú, Amaury, Sara, es trabajar el texto de la canción rehuyendo los facilismos de la canción comercial y vincularla a la tradición de la gran poesía de la modernidad que se manifiesta en la lengua española, tanto en la península como en  Hispanoamérica, a partir de Rubén Darío y nuestro modernismo.

No resultó casual que apareciera un peculiar interés por la obra de José Martí. Los Versos sencillos, que Martí recoge en un cuaderno en 1891, son un homenaje a lo popular pero desde una perspectiva poética culta, que tiende a reciclarlo en un muy peculiar neopopularismo. La obra de Martí había establecido un claro nexo con la  música desde los acercamientos que a ella intenta Ernesto Lecuona.[1] Teresita Fernández que emerge a la difusión musical en esos años sesenta, trabaja textos de Martí, como lo harán después jóvenes trovadores como Pablo Milanés, Sara González y Amaury Pérez.

Sin aludir al sustrato del asunto, Roberto Fernández Retamar alude a la aparición –necesita crear el neologismo– de una “guitárrica”, émula contemporánea de la antigua “lírica”. No se trata de otra cosa más que de la continuidad trovadoresca cubana, tal vez ahora con una más clara conciencia de sus implicaciones poéticas. Es la obra del músico en buena medida silvestre, generalmente portador de un saber musical empírico, que ha elegido un instrumento con el que puede deambular, a diferencia del pianista, portador de un saber musical académico. La Nueva Trova  tiene el claro antecedente del trabajo de los compositores del feeling, pero son los trovadores de los años sesenta quienes retoman el término trova, acaso por la voluntad de reencontrar a la nación que acompañaba a la Revolución.

La aparición de esa “poesía cantada” viene a compensar los desastrosos efectos que el Quinquenio Gris había producido en la poesía escrita.

Un número importante de poetas está vetado para publicar en esos años: Miguel Barnet, Nancy Morejón, Pablo Armando Fernández, Luis Rogelio Nogueras y, el mayor de todos, José Lezama Lima, son apenas una muestra  de ello.

Casaus, Fayad Jamís y yo obtuvimos menciones en el Premio Casa de 1970 con los poemarios De una isla a otra isla, Abrí la verja de hierro y El libro rojo: selecciones de los tres se incluyeron en el libro Seis poetas, que Casa de las Américas editó ese mismo año. Al comenzar el Quinquenio Gris, la presidencia del Instituto Cubano del Libro ordenó retirar ese libro de la venta en las librerías. Uno de los poetas más jóvenes y talentosos de mi generación, pero de su zona más intimista, Raúl Hernández Novás (1947—1993), tiene escrito su primer poemario hacia 1972, cuando concluye sus estudios universitarios, en los mismos inicios del Quinquenio Gris; pero para los jerarcas culturales del momento, la suya es una poesía que no tiene cabida en la política cultural del Quinquenio, que ha estrechado sensiblemente las normas de las Palabras a los intelectuales. No es sino en 1982, bajo la égida del Ministerio de Cultura, cuando Hernández Novás consigue que aparezca Da capo, su primer libro.

Entre el 17 y el 22 de diciembre de 1975 se celebró en la ciudad de La Habana, el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, diez años después de constituido oficialmente.
Una estudiada tesis sobre la cultura literaria y artística, aprobada en el evento como resolución, tenía un tono bien diferente al de la declaración final del Congreso de Educación y Cultura llevado a cabo apenas cinco años antes: no se enfrentaban todos y cada uno de los problemas que no resolvió y a veces creó o reforzó el evento de 1971, pero parecía que se avanzaba en la recuperación del carácter inclusivo de la orientación cultural de 1961. Personalidades de la cultura y de la ideología que muchas veces habían asumido posiciones encontradas o, al menos, no coincidentes –pienso en Juan Marinello, Alfredo Guevara, Haydée Santamaría, Mirta Aguirre, Cintio Vitier– ahora acercaban sus puntos de vista al parecer para enfrentar lo que había sido el fundamento ideológico del Quinquenio Gris. Un agudo crítico literario comentó la aproximación de esas voces muchas veces divergentes remitiéndose, irónicamente, a la historia de la antigua Roma: “Los viejos senadores pueden tener posiciones discrepantes, perose unen cuando los bárbaros invaden.” Confío en que el término “bárbaros” se entienda en su acepción metafórica.

La más importante consecuencia cultural del Congreso del PCC, fue la fundación del Ministerio de Cultura que, además de reunir las áreas que cubría el viejo Consejo Nacional de Cultura, se incorporaba las funciones del Instituto Cubano del Libro y del Instituto de Arte e Industria Cinematográficos. Todas estas áreas quedaron como viceministerios del organismo.

Fue importante, asimismo que, por vez primera, la dirigencia del mundo cultural la ejercería una figura histórica de la Revolución, e integrante del Buró Político del Partido, el doctor Armando Hart Dávalos. Es bajo la dirección de Hart que se inicia el fin del Quinquenio Gris, pero el proceso fue lento. Tanto, que no consiguió “desfacer” el mayor de los entuertos que había generado el “caso Padilla”.

Después de observar una bastante larga hospitalización, el 9 de agosto de 1976 falleció en La Habana José Lezama Lima, y el ministro de cultura se hizo presente en la funeraria de Calzada y K. Era un gesto tardío. José Lezama Lima nunca debió ser reprimido por nuestro aparato estatal, pero lo fue, y en los últimos años de su vida: nuestros funcionarios dieron por buenas las acusaciones hechas por Padilla contra Lezama,  y le hicieron una marca indeleble a nuestra cultura que la dirección revolucionaria debe asumir y lamentar: creo que ocurrió porque, al margen de lo que dijera Heberto Padilla, Lezama reunía una serie de atributos que lo convertían en un poeta rechazado por la zona más dogmática e intolerante de nuestro funcionariado, la que estaba gobernando en la cultura cubana desde 1971.

Lezama era católico, cultivador de una poesía culterana y hermética, autor de una novela que presentaba crudamente la homosexualidad y homosexual él mismo. Era una figura indispensable de la literatura cubana del siglo XX, pero esa  era una valoración que no aceptaban los funcionarios más incultos y que estaba en duda para algunos de nuestros intelectuales militantes.

Lezama había sido acusado en la célebre autocrítica de Heberto Padilla, simplemente para sumar a un escritor de sus dimensiones a las ideas que representaba el autor de Fuera del juego, y porque sabía que ese criterio, que dañaba hondamente a la cultura revolucionaria cubana, sería aceptado por la perspectiva dogmática que empezaba a dirigirla.  

Pero Lezama no había escrito una sola línea que atacara a la Revolución Cubana sino que fue el primero de los poetas de Orígenes en apoyar la revolución socialista, antes que Cintio Vitier y Eliseo Diego. Desoyó siempre los reclamos de su hermana Eloísa, que lo incitaban e invitaban a abandonar Cuba, cuando ya disponía de los cuantiosos recursos que proveían los derechos de autor que le trajo el éxito mundial de su novela Paradiso. Además del daño que implicó su propia autocrítica, Padilla separó a la Revolución de uno de sus intelectuales mayores y los funcionarios de la Revolución le respaldaron. No me cabe duda de que en ello incidió el clima de desconfianza ideológica y de persecución que había generado el Congreso de Educación y Cultura.

Mejor que la dirección de Armando Hart resultó la siguiente de Abel Prieto, un joven egresado de la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana, narrador y ensayista dedicado al estudio de la obra de Lezama, que trabajó como profesor universitario y seguidamente fue director de la Editorial Letras Cubanas, aunque hay que decir que el suyo fue posible por el previo trabajo de Hart.

Promovido a presidente de la Unión de Escritores y Artistas, aunaba varios factores que fueron decisivos en su trabajo al frente de la cultura: su formación intelectual, su conocimiento del trabajo del creador,  de la comunidad intelectual cubana y su  condición de militante. Abel pudo llevar adelante, con su valor personal –que no amainó ante algunas circunstancias difíciles–, un engarce entre la intelectualidad cubana y la dirigencia de la nación. Consiguió lo que en un momento se esperó de la gestión de Lisandro Otero, que no fue capaz de conseguirlo. Acaso ambos factores no estaban entonces todavía en condiciones de avanzar hacia ese encuentro. La también injusta proscripción de Virgilio Piñera (1912-1979), queda zanjada con el ministerio de Abel.

Varios sucesos relativamente recientes exhibieron fallas que solo han podido ser motivadas por la incomprensión y la falta del trabajo necesarios para actuar como instrumento promotor y regulador de la cultura, que son las funciones que pueden y deben desempeñar nuestros organismos culturales y, marcadamente, nuestro Ministerio de Cultura.

El año pasado fue programada en el Festival de Cine Latinoamericano la cinta Regreso a Ítaca, del realizador francés Laurent Cantet, con guión del novelista cubano Leonardo Padura. De pronto, el filme fue retirado de la exhibición sin explicación alguna. He visto la película, que a uno puede gustarle más o menos, pero no veo razón alguna para la obvia censura que sufrió y que todo el mundo advirtió.

En el concierto reclamando la liberación de los Cinco en el que tomaron parte casi todos nuestros músicos y cantantes populares –realmente, más de los debidos– se dio el incidente de la intervención de Robertico Carcassés con una suerte de alocución fuera de lugar, pero que el músico acostumbraba a hacer en sus actuaciones habituales. ¿No lo sabía quien selecciónó el elenco para el espectáculo? Aprecio mucho a Juana Bacallao pero ¿qué hacía en ese concierto?

La airada y obviamente excesiva respuesta de los funcionarios de la cultura fue prohibirle a Carcassés actuar en cualquier sitio, lo que implicaba anularlo como músico. Ante esa desproporcionada sanción, Silvio Rodríguez respondió invitándolo a su próximo concierto en los barrios pobres de La Habana y casi retando al Ministerio. La intervención de Abel Prieto motivó que la excesiva prohibición fuera anulada: únicamente la intervención de dos hombres de talento y conocedores a fondo de nuestra cultura impidió que el asunto se complicara malamente. Creo que el problema comenzó desde la elección de los músicos que tomarían parte en el concierto, en la que no hubo una selección pertinente.

No alcancé a ver alguna de las pocas presentaciones de “El rey se muere”, de Ionesco, que dirigiera Juan Carlos Cremata, antes de que el Consejo de las Artes escénicas prohibiera las presentaciones y desencadenara el conflicto con el teatrista que ha terminado con rescindir el contrato al grupo “El Ingenio” y el inaceptable exilio de JCC[2]. Pregunto: ¿no se vio esta obra antes de estrenarse? Las editoriales tienen lectores que avalan una obra antes de ser editadas: ¿no tiene el mismísimo Consejo de las Artes Escénicas un personal calificado que avale las obras antes de presentarse? Siempre hay un ensayo general en el que se pone la obra tal como va a subir a escena. Aquí hay una falla en el trabajo organizativo del MINCULT que motivan las represiones que realmente hacen daño al ambiente cultural del país. Creo que, una vez que se apruebe una obra para subir a escena, un libro para ser editado, un filme para ser proyectado, esa decisión debe mantenerse y únicamente una situación de excepción debe motivar su censura. Cuando algo aprobado por las instancias correspondientes debe ser censurado, la censura es en verdad para quienes lo aprobaron. ¿Era correcto, además, rescindirle el contrato al director, negándole la posibilidad de ejercer su oficio? Pareció un claro acto de represalia por su inconformidad.

Me parece ver claros signos de inseguridad, de temor, en ese proceder de los dirigentes culturales, que pueden provocar peores incidentes que los que ya lamentablemente han ocurrido.

La solución de los asuntos culturales, que tantas veces generan opiniones discordantes, no puede ser la de la superprevención que muchas veces adoptan por temor los funcionarios, con la única intención de protegerse ellos mismos.  Esos problemas solo pueden obviarlo la formación cultural artística y política del funcionario encargado de aprobar el hecho cultural.
A partir de la década de los años ochenta han aparecido las fundaciones en el ámbito de la cultura cubana. No todas tienen marcadamente esa especificidad, pero aun las pocas que no las tienen, comunican también con la cultura ampliamente entendida. Es el caso de “La naturaleza y el hombre”, fundada en 1994 por Antonio Núñez Jiménez.

Las fundaciones son instituciones no gubernamentales, sin fines de lucro. No tienen un presupuesto asignado por el estado, pero deben disponer de fondos para llevar adelante sus programas.  Esos fondos pueden proceder de un capital acumulado y ampliado por intereses, o bien de donaciones nacionales o extranjeras. El estado cubano tiene aún una experiencia insuficiente para desempeñarse con las fundaciones, y muchas veces los funcionarios ponen los clásicos obstáculos burocráticos que son su día a día, a las donaciones provenientes del extranjero, que son vitales para algunas de nuestras fundaciones.

Nuestro socialismo va adquiriendo los rasgos de una economía mixta. Si se hacen posibles las inversiones extranjeras y ciertas formas de propiedad privada cubana, me parece necesario que se legisle para hacer posibles que las donaciones se viabilicen hacia las fundaciones que las obtengan y las precisen.

Quisiera subrayar la importancia que adquiere la cultura artística y literaria en una sociedad como la nuestra.

Desde hace tiempo, pero con mucha fuerza en los últimos años, se discute en torno al papel que debe desempeñar muestro sistema informativo. Evidentemente, tenemos una prensa insuficiente: ello ha hecho que las redes informáticas adquieran una importancia mayor, pero también que mucho caudal de información y, sobre todo de opinión, se desplace hacia las obras artísticas y literarias que a veces quieren decir lo que podría decirse en un artículo de fondo que los directores de los órganos de prensa no publican.

Los funcionarios que atienden la cultura tienen que tener la suficiente preparación para lidiar con problemas de ese tipo: esto es, que necesitamos un funcionariado cultural cada vez más preparado. No es una tarea que pueda asumir cualquiera. Las direcciones de cultura, en un momento, se convirtieron en receptáculo de funcionarios fracasados en otras tareas y no calificados para la  que debían emprender. Apareció un chiste significativo. Ante el funcionario incapaz, la pregunta por su destino era: “¿para la basura?” Y la respuesta: “No, para cultura”.

Se escoge siempre a alguien políticamente capacitado para ocupar un cargo, pero ello no basta: la política tiene sus especificidades a la hora de aplicarse en la cultura y si el político no es a la vez un hombre culto, conocedor y respetuoso de la naturaleza del trabajo del intelectual y el artista, es extremadamente difícil que su trabajo político consiga los resultados que se propone. El político que se proponga dirigir el trabajo cultural tiene que ser un hombre culto  porque si no, ni siquiera tendrá éxito político.




[1] El vínculo es muy anterior. En el reciente CD “Con olor a manigua”, en el que la disquera Colibrí diera una muestra de las canciones relacionadas con nuestro proceso independentista, a aparece un bolero para el que Martí escribiera especialmente el texto, durante una estancia en Tampa.
[2]Nada, sin embargo, me parece justificar esa actitud de Juan Carlos Cremata: no es el primer artista cubano que sufre una prohibición injusta. La única respuesta correcta es enfrentarla, nunca abandonar el país.