martes, 9 de junio de 2020

¿Sindicatos?*

Por Juan M Ferran Oliva            
En más de una ocasión escuché al Comandante Ernesto Guevara –Che– afirmar que en el socialismo no eran necesarios los sindicatos. ¿Para qué hace falta esta organización en una sociedad de proletarios?, se preguntaba. Recuerdo una Reunión Bimestral con la participación de todos los administradores de empresas del Ministerio de Industrias, en la que se produjo un suculento debate al respecto. Sus únicos protagonistas fueron el propio Che y alguien de los asistentes que defendía hábilmente la idea contraria. Sería allá por el año 1964.
El período 1959-1965 fue rico en muestras de infantilismo político[1]. En 1963 se concretó una estrategia de desarrollo económico basada en el apoyo recibido de la URSS. Tenía como piedra angular a la producción de azúcar[2].
Che marchó definitivamente de Cuba en abril de 1965. Dos años antes había diseñado el Sistema de Financiamiento Presupuestario, que rompía los moldes de la época y dio origen a una singular polémica[3]. Su mérito no consistió en su viabilidad, quizás discutible, sino en la percepción de que algo andaba mal en el modelo vigente en la URSS. Lo estábamos clonando.
Entre 1965 y 1970 hizo eclosión un aquelarre ideológico. La predisposición hacia las relaciones mercantiles, el idealismo desbordado y la pretensión de quemar etapas, engendraron un esperpéntico[4]modelo de dirección. Durante dicho período se llevaron a cabo obras faraónicas como la Ofensiva Revolucionaria, que nacionalizó de un golpe a 60.000 establecimientos minoristas. El Cordón de La Habana, iniciado en abril de 1967, abarcaba unas 30.000ha y ya en 1971 no se hablaba de él; pretendió, entre otras buenas intenciones, abastecer de leche fresca a los habaneros[5].  La Brigada Invasora de Maquinarias inició oficialmente sus actividades en noviembre de 1967, con el propósito de desbrozar las infestaciones de marabú; constituyó, mundialmente, la más grande unidad de esa índole[6]y no resolvió el problema. El acontecimiento más sonado fue la Zafra de los Diez Millones devenida en obsesión y degenerada en histeria. Distorsionó la débil economía cubana con sabor de objetivo olímpico. Se incumplió. El valor de cada tonelada de aquel azúcar no se conoce. Mucho menos se sabrá el costo de oportunidad que tuvo la economía del país en su ingente intento por materializar tal ilusión productiva. La movilización general de hombres y recursos, como en una guerra, paralizó y desarticuló la economía[7]
Ha pasado mucha agua bajo el puente. La Revolución terminó en 1970. Los cinco años siguientes se dedicaron a desfacer entuertos y diseñar el modelo oficial. El soviético fue el único disponible y se estrenó en 1975. Cesó la Revolución y se inició la evolución. Cuba, ratificada como vitrina, recibió una excepcional ayuda de la URSS.
El crecimiento acelerado de los desbalances comerciales externos, acentuado a partir de 1984, fue el primer síntoma de la crisis que se avecinaba. El Período Especial fue bautizado como tal en agosto de 1990. Obligó a la adopción de modificaciones impensables y de mecanismos ajenos a la centralización, debidamente descafeinados. Para algunos constituyó un retroceso teórico, para otros una oportunidad de superar el dogmatismo. Se iban perfilando los dos grandes grupos de ideas que nutren el debate actual. No es nada nuevo. La propia Unión Soviética vivió la pugna interna entre conservadores y renovadores.
Algunos se rasgaron las vestiduras ante la expansión de las relaciones de mercado y la inversión extranjera. Se intentaba zurcir el maltrecho modelo económico. Los hechos indican que un remiendo no es suficiente. 
Las disposiciones adoptadas a partir de 1993 comenzaron a cosechar modestos frutos. En el año 2004 se arriaron velas, con el retorno a las mañas centralizadoras[8]. Al estallar la crisis mundial en 2008, Cuba aún no superaba sus deficiencias. Padecía un déficit fiscal elevado y un desorbitado desequilibrio externo. Su capacidad para crear ahorro propio era insuficiente. A ello se sumaba el arreciado bloqueo de Estados Unidos. 
Cuando se creía que la clase proletaria había tomado el poder fue justa la apreciación de Che, al poner en duda la necesidad del sindicato. La actual situación es totalmente diferente. El Gobierno adopta formas mercantiles. Crece la participación de la empresa capitalista nacional y extranjera. Ambas utilizan fuerza de trabajo asalariada. Igual sucede en la empresa estatal calificada como socialista. La correlación de fuerzas es otra. Hay empleadores y empleados cuyos beneficios no siempre coinciden. Surge la necesidad de una entidad que defienda los intereses obreros. La actual es vertical. Continúa jugando el papel de maquinaria movida por las correas de transmisión del Partido. El sindicato debe ser un ente negociador. Se requiere una organización preocupada y ocupada por los obreros. La hora del teque ya pasó.

[1] El lógico despiste inicial provocó la demolición de 9 pequeños ingenios al calor del rechazo a la tradicional mono producción azucarera.
[2] Durante los primeros 15 años de la Revolución se consideró a la agricultura el sector principal, pivote del desarrollo. Esta rama y sus industrias vinculadas recibieron el 50% de las inversiones. Figueras, Miguel Alejandro. Aspectos Estructurales de la Economía Cubana. Editora de Ciencias Sociales de Cuba. 1984. Pág. 52.
[3] La polémica puede seguirse a través de las desaparecidas revistas Nuestra Industria y Comercio Exterior, que, en los años 1963 y 1964, recogieron todos los artículos publicados al respecto.
[4] Así lo hubiera llamado Valle Inclán. A fines de 1965 fue disuelto el Ministerio de Hacienda y se redujeron las funciones del Banco. El presupuesto de 1967, que fue el último, no llegó a aplicarse: a mediados de ese año se habían eliminado los pagos y cobros entre empresas estatales. En su lugar se establecieron asignaciones monetarias para salarios y las relaciones con el sector privado. Informe Central del Primer Congreso del PCC. Diciembre de 1975. Además, un nuevo sistema contable sustituyó la tradicional partida doble originada en el siglo XV. Se le añadió el apagón estadístico. La euforia desató una política insostenible de gratuidades. En muchos lugares se eliminó el control de entrada y salida de los trabajadores. Salarios y normas se desvincularon, se hipertrofió el pago de horas extra y se suprimieron los impuestos a los campesinos y los intereses a los préstamos bancarios. Fue la apoteosis de los estímulos morales y la reprobación de los incentivos materiales. Se intentaba llegar al comunismo a marchas forzadas. Algunos soñaban con eliminar el dinero.
[5] …la Ciudad de La Habana la vamos a abastecer plenamente de leche, y no solo de leche sino incluso de queso y en buena parte de mantequilla, con unas 80 000 hectáreas de tierra, ¡con ochenta mil! (APLAUSOS), y a un nivel de abastecimiento que sería el doble de lo que se abastecería con ese nivel de productividad de los campesinos en un millón de hectáreas de tierra. Castro Ruz, Fidel. Discurso pronunciado el 6 de enero de 1968 en ocasión de inaugurar un pueblo de 120 casas en el Cordón de La Habana.
[6] Disponía de 500 máquinas de estera y los equipos complementarios. Se hablaba de 1.500 camiones de 10 tm y unos 300 bulldozers. Castro, Fidel. Discurso de inicio de las actividades de la Brigada Invasora de Maquinarias en La Concepción, Bayamo. Oct. 30 de 1967
[7] En fin de cuentas quizás fuera conveniente no alcanzar aquella meta olímpica, pues la URSS y otros países del campo socialista no hubieran asimilado el total. En tal caso, el remanente hubiera abatido los precios del mercado mundial.
[8] Pérez Villanueva, Omar E. Cincuenta Años de la Economía Cubana. Editora Ciencias Sociales. 2010. Pág. 19 y 20.
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*Sine die nº 127


sábado, 6 de junio de 2020

La epidemia del mal gusto

Por Ernesto Padrón
Definir qué es de mal gusto no siempre es fácil. Porque lo bello, lo original, lo artístico, son categorías subjetivas, y en cada época, país, y cultura, los cánones de lo estético o lo vulgar, cursi, kitsch…, varían por la confluencia de muchos factores, entre ellos los de la política y la economía. 
Pero hay contextos donde la definición se torna súper evidente. Por eso no puedo evitar escribir sobre la epidemia de mal gusto que se ha expandido junto a la  pandemia de la Covid 19. 
Para la gente que está protegida en sus casas, los teléfonos móviles, Internet y las redes sociales han sido, sin dudas, una bendición. Se comunican con sus familiares, intercambian fotos y videos, y los más creativos encuentran nuevas formas de encauzar la energía y la preparación de sus hijos, de aprender un oficio,  descubrir un talento, y expresar por otras vías sus sentimientos.
Y muchos proyectos de arte colectivo de los profesionales han sido aportes genuinos a la cultura y la recreación del pueblo, y homenaje a fechas importantes o eventos suspendidos.
Todos esos actos son hermosos, de buen gusto, porque son voces de lo mejor de la condición humana. Pero es de mal gusto hacer esos actos por puro ego, o para imitar una cultura ajena,  o por el deseo de aparentar lo que no se es y lo que no se tiene, o para darse publicidad, con creaciones mediocres, aprovechando la crisis. 
La televisión tiene la mayor responsabilidad por dejar florecer muchas de esas manifestaciones de mal gusto. Por ella hemos sufrido, masivamente, malas composiciones musicales dedicadas al coronavirus, ver una persona llevando un nasobuco con la bandera cubana, y darle bombo y platillo a artistas muy conocidos en su casa, y a obras que dejan mucho que desear. Amén de otras kitscherías que los lectores seguramente podrán aportar.
Es como si la Covid19 le diera patente de corso al mal gusto y a la estupidez. Porque, aparte de lo cultural, la lluvia de seudo recetas de medicamentos para curar la enfermedad es otra expresión del oportunismo y la mediocridad acompañantes, las cuales son también una epidemia letal.
Las crisis sacan lo mejor y lo peor del ser humano. Sin dudas lo mejor, en este caso, se lleva las palmas con creces. Pero este fenómeno del mal gusto, enemigo de la cultura, cierto es que prospera con fuerza en una crisis, pero sobre todo lo hace donde hay una mala política cultural, y una mala selección de quien selecciona. 
La lucha contra esta cultura de la banalidad es parte sustancial de la lucha contra el mercado controlador del arte, y contra la formación de un espectador pasivo que intentan sea cada vez más emocional y menos racional. No podemos olvidarlo.
José Martí expresa de maravilla el conceptoen este fragmento de una carta a María Mantilla. Nada mejor para terminar:
 “…y quien conoce la belleza la respeta y ama en los demás y en sí. Pero no pondrá en un jarrón de china un jazmín: pondrá el jazmín, solo y ligero, en un cristal de agua clara. Esa es la elegancia verdadera: que el vaso no sea más que la flor.”  

viernes, 5 de junio de 2020

El día Mundial del Medio Ambiente y la diversidad biológica

Por Giraldo Alayón García

(Fundación Ariguanabo)

Cada 5 de Junio, desde 1973, se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente; este día fue establecido por la asamblea general de la ONU en su resolución 2994 (XXVII) del 15 de diciembre de 1972, con la que se inició la conferencia de Estocolmo, Suecia, cuyo tema central fue el Medio Humano. Este año, muy oportunamente, se ha dedicado esta fecha a la diversidad biológica. Es por ello que quisiera reflexionar un poco al respecto.

Afirman algunos botánicos que al arribo de Colón (1492) el 70 % de nuestro territorio era boscoso. Actualmente se considera que el 31 % de nuestro territorio tiene áreas boscosas, donde se incluyen las de repoblación forestal. Como cifra elocuente del ritmo de tala, se conoce que entre 1900 y 1959 se talaron cerca de 5 millones de hectáreas de bosques, principalmente por el incremento de tierras para sembrar caña de azúcar y para la ganadería.

Según los botánicos, en el archipiélago cubano hay más de 7000 especies de plantas, de las cuales el 53 % son endémicas. De éstas, 3470 están amenazadas y 25 extintas.

El caso de la fauna es más difícil de documentar porque son muchas más especies (20 mil descritas) y el nivel de conocimiento es menor. Se sabe de algunas especies de la macrofauna (se han publicado dos libros rojos de vertebrados e invertebrados y una documentada lista sobre la fauna amenazada) en tiempos modernos: el Guacamayo Cubano (1864); el Carpintero Jabado de Cayo Largo (mediados de los 60’s); las poblaciones de Cateyes, y la subespecie de Ruiseñor de la Isla de la Juventud (Isla de Pinos). Y se consideran casi extintas al Carpintero Real, el Gavilán Caguarero; las Jutías de los Cayos de San Felipe; la Jutía Enana de Ciénaga de Zapata y la Jutía Garridoi, del Archipiélago de los Canarreos. Se encuentran muy amenazadas las poblaciones del Sinsonte Prieto, el Vireo de Bahamas y el Cabrerito de la Ciénaga, a lo largo de la costa norte de las provincias de Ciego de Avila y Camagüey.

Resumiendo: aproximadamente el 45 % de los vertebrados cubanos tienen algún grado de amenaza. Pero ¿qué sabemos de las más de 12 mil especies de invertebrados que constituyen la mesofauna cubana de las cuales casi el 50 % es endémico? No mucho.

Las extinciones son un fenómeno natural, un factor en la evolución. Se han producido, a lo largo de la historia de nuestro Planeta, cinco grandes extinciones masivas; la última hace 66 millones de años, en la cual se extinguieron los Dinosaurios, entre otros muchos grupos de la biota terrestre. En estas grandes y masivas extinciones el 65 % de todas las especies se borraron de la faz de la Tierra.

Algunos expertos afirman que estamos inmersos en una 6ta extinción, provocada fundamentalmente por los humanos, y se ha catalogado a nuestra época como el Antropoceno, ya que nos hemos convertido en un potente factor de modificación y destrucción.

Los archipiélagos y las islas son particularmente vulnerables por:

1) Tener poblaciones pequeñas en la mayoría de las especies.

2) Muchas especies raras y exclusivas (endemismo en poblaciones relictas).

3) En el caso de los que se encuentran en los trópicos, estructura en mosaico del paisaje, con una variedad de ambientes con áreas reducidas (en comparación con áreas similares continentales).

Por ejemplo, en los últimos 300 años se han extinguido 171 especies y subespecies de aves. 155 eran formas insulares.

A mi modo de ver, las principales causas de la pérdida de la biodiversidad en Cuba son:

1) Reducción y modificación de hábitats (tala con la consiguiente reducción de las áreas    boscosas, lo que conlleva a la sabanización (graminización del paisaje original).

2) Caza furtiva o ilegal de especies cinegéticas y silvestres (uso ilegal de especies  silvestres como mascotas: cotorras, cateyes, negritos, tomeguines, jutías, cabreros y algunas especies migratorias: azulejos, mariposas, azulejones, degollados, entre otros).

3) Introducción de especies exóticas (invasoras): mangostas, clarias, caracol africano, etc..

4) Manejo inadecuado de ecosistemas frágiles: cuabales, charrascales, bordes entre pinares endémicos y pluvisilva montana, manglares.

5) Desarrollo acelerado de la agricultura intensiva sin criterios claros de sostenibilidad.

6) Índices no satisfactorios de educación ambiental entre la población, a pesar de los esfuerzos dedicados al efecto.

Como efectos mitigantes y favorables para abordar esta problemática, en el caso de Cuba, están la creación del sistema nacional de áreas protegidas (más de 200 hasta el presente) y la voluntad política de parte de las autoridades locales, provinciales y de la nación de enfrentar este reto tan acuciante en nuestro presente siglo XXI.
Zorzal

miércoles, 3 de junio de 2020

A los hermanos de Ecuador

Estimados Andrea Reinoso y Juan Carlos Guerra, del Colectivo Desde el Margen, de Quito-Ecuador:

En primer lugar mis disculpas por responder hoy a vuestro mensaje de ayer. No me fue posible antes.

Con mucho interés leí vuestra invitación a participar el próximo domingo en un concierto por Internet, por lo que me siento honrado. Pero debo decirles que la calidad de la conexión de que dispongo no me permite ese tipo de participación en redes. En estos días hemos estado lanzando un disco virtual y nos ha sido muy difícil. Subir una canción, que son unos pocos megas, a veces nos lleva horas de fracasos y repetidos intentos.

Sepan que me solidarizo con vuestra causa y que si alguien canta una canción mía me voy a sentir agradecido y representado.

Abajo el neoliberalismo.
Viva el pueblo ecuatoriano.
Hasta la victoria siempre.

Silvio Rodríguez.

lunes, 1 de junio de 2020

La altura de la época

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

En los tiempos que corren, cada mañana uno se entera en las redes sociales de la última barbaridad hecha o dicha por los políticos. Es como si se hubiesen difuminado los límites entre lo que antes era la prensa amarillista y la política real. Llega el momento en que uno se acostumbra, a las locuras y sandeces de Trump y Bolsonaro, a los dimes y diretes, también a los desmanes de la prensa cubana y de sus ideólogos. Pero lo peor es que uno ve cómo ese desbordante espectáculo de estupidez humana que desfila por las social media no augura el fin de los viejos problemas humanos: hambre, guerra, deshumanización, opresión. Por el contrario, el abuso del poder parece convertirse en norma.

Donald Trump aparece como el héroe indisputado de la nueva época. Con él ha llegado al poder el espectáculo carnavalesco, el desparpajo, la mentira constante que sin embargo es honesta. Trump le dice a sus seguidores: te estoy engañando y lo sabes, y además te gusta. La inmensa masa de votantes conservadores norteamericanos va y vota por él, como para hacer gala de su falta de autenticidad; en el fondo, están disfrutando una de las formas de sentirse superior, aquella en la que renuncias a aparentar valores superiores, y declaras firmemente que no los necesitas, porque ya eres superior a los mexicanos, los negros, los liberales, y los comunistas.

No es casual, por tanto, que promulgue por estos días un decreto que pretende limitar la libertad de expresión en las redes sociales. Con su gran saco lleno de fake news y post-verdades, el clown imperial ha reeditado una vieja dinámica de los movimientos fascistas, sacarle el máximo provecho a la libertad de expresión de las repúblicas burguesas en crisis para luego, una vez consolidada la fanaticada, aplastar los derechos de las minorías. Una importante diferencia estaría, sin embargo, en que los viejos fascismos al menos pretendían de boca para afuera preservar una apariencia de seriedad, algo que ha quedado desechado en la versión post-moderna.

Es cierto que también en Cuba el extremismo partidista ha parido algo como el Decreto 370. Pero uno esperaría que el líder del mundo libre no le siga los pasos a la “dictadura” y proclame un Decreto 370 para EEUU. En realidad, más allá de sus diferencias, se trata de dos decretos farsescos. El de Trump, es defendido por alguien que dice querer proteger la libertad de expresión, y acto seguido plantea que cerraría Twitter si pudiera. El cubano, tiene dos incisos que niegan cualquier sentido revolucionario, pero tampoco se atreve a ser verdaderamente estalinista y dictatorial: amenaza con una multa a los que violen las buenas costumbres.

¿Qué significa que tanto en Washington como en La Habana los redactores de decretos estén desbancando de sus papeles a los humoristas? ¿Y qué significa que las bromas vengan acompañadas, o más bien, sean hoy los heraldos del horror? Entre otras cosas, que como civilización estamos en decadencia, y que los ideólogos estrellas en el gobierno cubano tristemente han aprendido a estar a la altura de los tiempos. Vaya, punto para Hegel.

No soy yo el primero en decirlo, pero lo repetiré: la política cubana desciende por ambas partes al nivel de una disputa entre reguetoneros. En lugar de argumentos, tenemos la desfachatez radical de un Otaola, o el cretinismo de los artículos de Lagarde, que reparte la etiqueta de mercenario como si fuera el pan de la libreta.
Esta realidad pone contra las tablas a todos los que tenemos una comprensión de la política que parte de ideales superiores. Porque chocamos con una pregunta que hoy atormenta a muchos en el mundo. ¿Cómo ser efectivos contra alguien como Trump? ¿Cómo se lucha contra la mediocridad y el desparpajo cuando estos están institucionalizados? ¿Qué se hace cuando las personas prefieren la bajeza? ¿Cómo reaccionar cuando los discursos de alto vuelo intelectual o moral les parecen falsos, aburguesados, ajenos?

Lo peor de estos discursos decadentes que se entronizan hoy es que conectan con una parte de la cultura que sigue muy presente a nivel de folklore y sentido común en la gente. No estamos tan lejos todavía como quisiéramos del aldeano medieval, que disfrutaba con las ejecuciones públicas y le arrojaba frutas podridas al prisionero que estaba en el potro. Somos eso aun en gran medida. Las redes sociales no han hecho peores a las personas, en realidad solo han sacado a flote la mediocridad que ya estaba allí.

Sin embargo, es un grave error adoptar la posición del escandalizado, del que cree que los viejos tiempos eran mejores, y quiere restablecer el discurso político a sus viejos y respetables cauces. Esta es la posición de muchos conservadores, liberales y también socialistas, que hoy resultan impotentes cuando tratan de enfrentar los fenómenos de la era Trump. Mi recomendación: lo primero es darse cuenta de que los viejos modelos discursivos siempre fueron bastante ilusorios, siempre fueron funcionales solo a una capa ilustrada de la sociedad, mientras dejaban fuera a la mayoría.

La gente es mediocre en gran medida porque son un resultado de un sistema. El mismo sistema que le daba el usufructo de la palabra y la cultura a una parte de la sociedad. Entonces, esa vieja política republicana, ilustrada, liberal en el sueño de algunos, no puede ser la solución al problema porque es parte del problema. Aquel viejo mundo generó este. Expulsar a los idiotas de nuevo hacia el margen, dejarlos sin voz, es una ilusión antidemocrática, que además se ha vuelto imposible de llevar a la práctica. Lo que se necesita es educación popular, un proceso que permita a la gente por sí misma superar sus vicios y sus tendencias hacia lo peor.

Cuando intentan ridiculizar a Trump, sacarlo del juego, solo quedan mal parados ellos mismos y ni entienden bien por qué. Puede ser que Trump pierda las elecciones en noviembre, pero lo que él representa como fenómeno solo está comenzando y se repetirá. El viejo mundo republicano y liberal, por el que algunos suspiran como si se tratara de una Arcadia, va para abajo por sus propias contradicciones. La principal, porque fue edificado sobre la base del capitalismo, y en la medida en que esa base se corroe se hace imposible mantener lo que sobre ella fue construido.

Esta crisis del liberalismo también tiene un impacto sobre el problema cubano. En primer lugar, deja descolocado el discurso según el cual el sistema cubano es un “régimen” primitivo, en el que los liberales tienen la misión histórica de ser sus enterradores. Sería absurdo pensar que, en un momento en que el mundo no va en esa dirección, triunfe en Cuba una democracia liberal de libro. Hay gente, pobre, que sueña con transiciones a la española o a la chilena, y uno se pregunta de qué lado de la cama están durmiendo.

El problema que tenemos en Cuba no es el mismo que tienen en EEUU, por supuesto. En nuestra isla el orden liberal que Batista puso en crisis, no solo no fue restituido sino que fue barrido. En ese sentido, fuimos unos adelantados a nuestra época. El problema es que en el ansia de ir demasiado rápido, y por las malas influencias, desechamos demasiadas cosas del viejo mundo y dimos forma a nuestras propias clases de horror. Hoy estamos en el doloroso proceso de darnos cuenta de que algunas realidades e ideas del viejo mundo no eran tan negativas ni tan superables de manera sencilla: como por ejemplo el mercado, la democracia y la libertad de expresión.

Lo malo es que en medio de este nuestro proceso, cuando debíamos estar refundando los principios de nuestro sistema socialista, buscando la forma socialista de gestionar el mercado, la democracia y la libertad de expresión, la decadencia general de la civilización nos arrastra a la deriva y nos empuja también hacia la mediocridad. En tiempos de revolución se cometieron muchos errores, y hoy esos errores viven y se agitan como cultura dentro de cada canción del peor reguetón. El peligro es que en este declive universal de los ideales liberales, también sean arrastrados los ideales socialistas, que ya no seamos capaces de reconocer la revolución en nosotros mismos y que quedemos a merced de lo más reaccionario de nuestra sociedad.

El Trump cubano está en las defensas obtusas de Cubasí a Etecsa, en los ajusticiamientos públicos del NTV para diversión de la aldea, en el comportamiento pandillero de los cibercombatientes de más baja calaña, en PostCuba, en las barrabasadas de Granma hablando del problema de la carne en EEUU. Enfrentarlo es tan complejo como enfrentar al otro Trump. Resulta fácil quedar como un utópico, un “intelectual”, alguien alejado de la práctica.

Pero hay que enfrentar a Trump y sus avatares dondequiera que estén. No se puede hacer desde una moralidad escandalizada, ni desde un romanticismo platónico. No se vencen así la payasada y la bajeza. Se le vencen con la práctica decidida de la autenticidad. Nadie se ríe del que es auténtico, del que no pretende ser lo que no es. Es difícil, pero es el único camino.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net
Fuente: https://jovencuba.com/2020/06/01/epoca/

viernes, 29 de mayo de 2020

Estamos comunicados

Bueno... me informan que la entrada que puse la había puesto en 2013, así que me pongo a hablar aquí sin saber muy bien para donde voy... Pido disculpas, por supuesto. Y de paso pienso que aún cuando esta es una mínima responsabilidad, de la que se enteran pocos, es conmocionarte cometer un error de este tipo, un resbalón. Me imagino lo que será para personas que tienen responsabilidades infinitamente mayores que llevar un blogsito. Por ejemplo, supongo que ahora mismo el presidente del país más rico, poderoso e influyente del planeta debe estar abrumado por haber amenazado con cerrar redes sociales (porque le bloquearon un mensaje que incitaba a la violencia), o por haber cortado relaciones con la Organización Mundial de la Salud (justo en medio de una pandemia donde su país encabeza las víctimas).

Pensando como los locos, ayer-hoy salió el tercer single del disco virtual Para la espera. Viene la cosa. Hace unos días una periodista me preguntaba qué era la cosa y respondí lo primero que se me ocurrió, que la cosa era algo que había en todas partes, que la canción era una alerta, cosas así. No me gusta explicar las canciones. Prefiero que cada cual saque sus propias conclusiones y que sean, además de música y literatura, un provocación para incitar la imaginación, los reflejos, las analogías, la saliva del perrito de Pavlov, lo que sea... Y pensando en lo que le debí haber dicho a la periodista, creo que hubiera sido mejor la historia que me contaron de aquel barbero, creo que de La Habana vieja, que puso un cartelito que decía: "Prohibido hablar de la cosa".

La semana que viene aparece el cuarto y último single, con la canción de la que extraje el título del disco: Danzón para la espera. Por cierto que, oyéndala en casa hace unos días, me di cuenta de que estaba con un poquito de más volumen que las otras. Error que no es tan grave mientras la escucha sea virtual pero que si alguna vez hago el CD tendré que corregir. En cualquier caso estas grabaciones no iban a ser publicadas, al menos así. Como expliqué a otro periodista estaban en una carpeta que se llama Siglo XXI, de ahí estaba sacando temas para un disco bastante adelantado pero que necesita algo de trabajo todavía. Por esto preferí sacar algunas canciones tal y como vinieron al mundo, que es lo que están escuchando en Para la espera. Cuando empecé este párrafo iba a decir que Danzón para la espera va a tener un video muy especial, que no voy a explicar para no matar el efecto. En fin, ya lo verán.

Miro hacia arriba y veo que estoy empezando un cuarto párrafo. No tengo nada más que decir. Niurka toca la flauta, cosa nada rara. Malva el piano (Mendelsshon, "canciones sin palabras"). Dentro de unos minutos tenemos que llevar a Barbarita. Vuelvo a mirar. No he logrado engordar mucho la cosa (hela aquí, de otra forma). ¿Suficiente para una nueva entrada?... Seguramente no pero, bueno, esto es lo que tengo. Así que allá va... (les voy a poner un dibujito)...

miércoles, 27 de mayo de 2020

Oda a mi generación

A los 27 días de mayo del año 70,
un hombre se sube sobre sus derrotas,
pide la palabra 
momentos antes de volverse loco.
No es un hombre, 
es un malabarista de una generación.
No es un hombre, 
es quizás un objeto de la diversión:
un juguete común de la historia
con un monograma que dice bufón.
Ese hombre soy yo.

Pero debo decir que me tocó nacer 
en el pasado y que no volveré.
Es por eso que un día me vi en el presente,
con un pie allá donde vive la muerte
y otro pie suspendido en el aire, 
buscando lugar,
reclamando tierra del futuro para descansar.
Así estamos yo y mis hermanos,
con un precipicio en el equilibrio
y con ojos de vidrio.

Ahora quiero hablar de poetas,
de poetas muertos y poetas vivos,
de tantos muchachos hijos de esta fiesta
y de la tortura de ser ellos mismos,
porque hay que decir que hay quien muere 
sobre su papel,
pues vivirle a la vida su talla tiene que doler.
Nuestra vida es tan alta, tan alta
que para tocarla casi hay que morir,
para luego vivir.

Yo no reniego de lo que me toca,
yo no me arrepiento pues no tengo culpa,
pero hubiera querido poderme jugar
toda la muerte allá, en el pasado,
o toda la vida en el porvenir que no puedo alcanzar.
Y con esto no quiero decir que me pongo a llorar.
Sé que hay que seguir navegando,
sigan exigiéndome cada vez más,
hasta poder seguir
o reventar.

lunes, 25 de mayo de 2020

XXX. El rayo surca sangriento*

El rayo surca, sangriento,
El lóbrego nubarrón:
Echa el barco, ciento a ciento,
Los negros por el portón.
El viento, fiero, quebraba
Los almácigos copudos;
Andaba la hilera, andaba,
De los esclavos desnudos.
El temporal sacudía
Los barracones henchidos:
Una madre con su cría
Pasaba, dando alaridos.
Rojo, como en el desierto,
Salió el sol al horizonte:
Y alumbró a un esclavo muerto,
Colgado a un seibo del monte.
Un niño lo vio: tembló
De pasión por los que gimen:
Y, al pie del muerto, juró
Lavar con su vida el crimen!
                                        José Martí Pérez
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*De "Versos sencillos"

jueves, 21 de mayo de 2020

XLVI. Vierte, corazón, tu pena *


Vierte, corazón, tu pena
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.

Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.

Tú me sufres, tú aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi amor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.

Tú, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
Con cuanto me agobia el alma.

Tú, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, pálido y duro,
Mi amoroso compañero.

Mi vida así se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y tú me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.

Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti te desvía
De tu dichosa armonía
Y natural mansedumbre;

Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y acá lívido, allá rojo,

Blanco allá como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor más que tú fuerte,

¿Habré, como me aconseja
Un corazón mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca me deja?

¡Verso, nos hablan de un Dios
Adonde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!

                              José Martí Pérez
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*de "Versos Sencillos"

miércoles, 20 de mayo de 2020

A Dos Ríos: Larga crónica

Por Giordan Rodríguez Milanés

El crucero "La Mambisa" siempre me impresiona. Meses después de aquel terrible accidente del tránsito, fui a la zona a buscar testimonios para un reportaje. Entonces escuché de los vecinos acerca de la persistencia de los alaridos de las personas que eran arrastradas y trituradas por el tren tras el impacto con el "camello". Y aunque uno no crea en dioses ni fantasmas, el miedo no sabe de convicciones y, a las cinco y media de la mañana, envuelto en neblina, después de haber despertado tres horas antes por una pesadilla, tengo que decirme: "Coño, Giordan, no seas tan pendejo", para seguir pedaleando hasta el cruce. Veo una sombra. Como un espectro. Es un militar que, tranquilamente, seguramente espera un transporte que le recoja.

A las 4 y 21 minutos salí de casa. Tenía previsto dormir 10 horas pero me dominó una extraña ansiedad que, creo, no sentía desde el día antes de la competencia cuando, de niño, jugaba ajedrez de alto rendimiento. La Caro que, según ella, filmaría mi partida, solo abre un ojo al besarla y me dice medio dormida: "Dale, pa, y no te vayas a rajar". El Viejo me pregunta si he cogido la cartera. Ninguno de los dos, revisamos la mochila ni comprobamos el agua.

La linterna de la bici se porta a la altura. En Cayo Redondo, a 10 km de Manzanillo, comienzan a rebasarme rastras y camiones de modo que paso mas o menos acompañado por la zona donde, dicen, sale la Luz de Yara emitida por el alma de Hatuey. Desde Yara hasta Los Cayos (a 35 km de Manzanillo) solo me cruzo con un auto moderno que se sale de su senda al tomar el codo de una curva cerrada. Viene "mandado" y me lanzo para la cuneta aunque enseguida me doy cuenta de que es innecesario. El muy hijo de puta tiene que haberse reído del susto que me doy.
 
Promedio 22.5 km/h hasta el Entronque de Bueycito, a 42 km de mi casa. Me siento muy bien. Tomo agua. Y sigo mi camino. Aquí comienza el sube y baja hasta Bayamo. Alcanzo a dos muchachos y una muchacha que pedalean al compás de un reguetón puesto en una bocina portatil. Los rebaso. Voy a mi paso. La música no se aleja. Miro por el rabillo y noto que quieren regatear. Primero me adelanta la muchacha. Luego los varones. Me veo a mi mismo 30 años antes. No soportaba que un "puro" me adelantara en la ruta. Pero aun me queda la mitad del recorrido hasta Dos Rios. La aplicación del teléfono me dice que voy a 28 km/h. Puedo. Decido dejarlos ir.

En Bayamo comienzan los problemas ("tenía que ser, quién me manda a ser manzanillero", pienso divertido) Tuerzo por un atajo en busca de la circunvalación para ahorrarme un kilómetro, y resulta ser un pedregal. Temo poncharme. Como llevo unos 10 minutos de adelanto, decido detenerme para beber agua. Entonces descubro que he dejado en casa uno de los pomos al salir. Intento cambiar hasta el piñón 18 pues el último tramo hasta Bayamo es en bajada y lo había hecho con el 14 y ahora hay que subir. Pero está trabado el mecanismo. Otras veces lo he resuelto cambiando varias veces para atrás y para alante. Al hacerlo, se me queda trabado en el 12. "Ahora sí le cayó comején al piano", me digo. Cambio para el plato mediano y me fajo con la pequeña pendiente hasta el Entronque de Guisa. Llegó con dolor de espaldas y ¡lo que más he temido! Aparece el sueño. Todavía llego buen paso y 4 minutos de adelanto. La aplicación me da 22 km/h de promedio. Dejo atrás el tramo entre el entonces IPUEC Turcios Limas y el preuniversitario de Ciencias Exactas donde estudié. Recuerdo lo fácil que lo corría todos los miércoles durante loa turnos de Deporte Opcional.

Fajarme con el piñón 12 hace que no pueda mantener el pedaleo. A la larga pierdo velocidad y me agoto mas. ¡Y el sueño! "Yo sabía que el sueño iba a joder", me digo. Decido arreglar en Cautillo el problema del cambio. Pero no tengo la llave Alen que necesito. Indago si hay un técnico de bicicletaS con una muchacha que vende refrescos en un kioscos. "Ni idea", dice sin mirarme. Es evidente que no va teniendo un buen dìa. Un hombre que llega a comprar me pregunta qué problema tengo. Le digo. Y enseguida se crea un pequeño tumulto, todos con nasobuco, intentando ayudarme.Uno de ellos me ofrece un trago de aguardiente. Obviamente no acepto. Alguien menciona a "Pelao", ese si debe tener llave Alen.Me dan sus coordenadas y voy a buscarlo.
 
"Qué va, papito, si "Pelao" cogió tremenda 'fuega' anoche y ahí está, matao" Le cuento mi problema a la muchacha con un niño en brazos. Otro niño, como de ocho años, que me ha escuchado, dice: "Yo sé, yo sé" Y sale para un cuarto: "¡No estés desordenando las cosas de tu padre que después te suenan". Y regresa con la llavecita. Me siento un poco culpable por si después "suenan" al niño. Safo el mecanismo del selector de velocidades. Una presillita de aluminio se había salido de su lugar. La ajusto y le pongo un calcito con un trocito de lata. El niño me ayuda dando pedales con la mano mientras pruebo los cambios. "Perfecto". En una casa, enfrente, he visto chicles y caramelos. Voy y le compro al pequeño: "Pero yo lo que quiero es que me dejes dar una vuelta en tu bicicleta". Y se la dejo dar. 

Me he atrasado 33 minutos y, lo peor, no logro recuperar el paso. No entiendo como uno puede ir a tan buen paso y, durante un reposo de media hora, desajustarse de ese modo. Los expertos tendrán una respuesta. Quizás sea el sueño. El sueño vuelve a joder. 

Paso por Santa Rita a 27 km/h tratando de recuperar tiempo, temeroso de que aparezca otro enemigo peor que el sueño: el sol. Pero sigo sin poder sostener un paso inferior a los 2':50". Al subir un puente que hay como a 5 km de Jiguaní, intento cambiar y se parte la culebra. "Una culebra que compré no hace una semana c..." pero queda en el piñón 16 y puedo avanzar hasta Jiguaní. Comienzo a preguntar por alguien que venda piezas de bicicletas y me dicen de uno "por los edificios". Voy hasta allá. Y el hombre me vende una culebra a 60 pesos. Él mismo me la pone, y me rectifica el remiendo que yo le había hecho al mecanismo del cambio. 

Ya que he tenido que volver a parar, y convencido de que, por mucho que me esfuerce, no voy a llegar a la hora prevista, decido comer algo. Traigo una barra de pan cortada en tres porciones con croquetas.

Entonces leo los comentarios de mi muro de Facebook y Segunda Cita. Y a Silvio que se recrimina por no alertarme sobre el agua, como mismo seguramente lo estará haciendo El Viejo, también Rodríguez de apellido. Siento que no voy solo. Que un montón de gente pedalea conmigo. Se confirma cuánto se puede estar físicamente aislado e íntimamente acompañado.

En eso se acerca un policía que ayuda a caminar a un señor muy anciano. Se fijan en la bicicleta con la banderita cubana. El anciano extiende el puño tembloroso para saludarme. "¡VIVA CUBA, CARAJO!", exclama. Pienso en este policía en rol tan distinto a la imagen que tengo del jefe de mi sector.
 
"¿Puedo tirarles una foto, por favor? Es que no siempre encuentro una imagen como esa". Me lo permiten. 

La carretera a Dos Rios está bastante buena. Casi siempre voy en bajada. Comienzo a pensar en lo que me va a tocar para regresar sin haber llegado aun. A 15 km de Dos Rios el sol arrecia, el ultimo sorbo de agua lo tomé en Jiguaní y no quise perder tiempo procurando mas. iCraso error! Me detengo a descansar a la entrada de una empresa pecuaria. A la sombra de un árbol hay dos campesinos con los que converso. 

"¿Pero tú vienes por el INDER o algo? ¿Atrás vienen otros?" Los noto incrédulos y extrañados. 

"Ponte el nasobuco, que al terminar esa loma hay un 'caballito' que ha estado toda la mañana espantando las vacas, para cuando pasen los carros de los que van para el acto", me advierte el otro. 

Sigo pedaleando. Me cruzo con el policía de la motorizada y con todo tipo de vehículos que regresan del acto. Me llama la atención que todos van a exceso de velocidad, incluso, los "Gely" de los "big boss" de la provincia, y un jeep que dice "Prensa" y creo leer "CNC", la televisora de Granma: "Y después los ves haciendo llamados a respetar las leyes del tránsito".

Al fin el poblado de Dos Ríos. Bien pintadito. Cuidado. Aunque la carretera se llena de baches abruptamente con 4 km antes. La frontera con San Germán, municipio de Holguín, está cerrada y hay un puesto sanitario. Hay una pronunciada pendiente hasta un puente por el cual se cruza el río Contramaestre, turbio, "porque ha llovido para la Sierra", me diría luego una campesina. Para subir, tengo que coger la bicicleta de manos.

Llego al monumento a las 11:10 de la mañana. Una hora y diez minutos despues que lo que habia previsto. Hago un promedio de velocidad sin las paradas de 18.7 km/h, inferior a los entrenamientos. 

El monumento está desierto y su entrada franqueda por una reja. Llamo. No responde nadie. Luego sabré que la custodio y el jardinero andan por el otro extremo y organizan luego del acto oficial.
 
Estoy rodeado por la música de los pájaros y la caricia de la luz. La vegetación es profusa. Con grandes arboledas, y dos palmas reales escoltan el enorme obelisco que parece perderse en el sol. 

Bebo un agua turbia. Fría. Me sabe a vida. Un hombre me regala un vaso con helado de mantecado. Se me quita el sueño de dormir, comienzo a soñar un despertar de La Demajagua a San Lorenzo…

martes, 19 de mayo de 2020

El ahora y el después


Por Graziella Pogolotti

Tenemos que subir una empinada cuesta. Hacerlo, decía José Martí en su Diario de Campaña, hermana hombres. Favorece, por tanto, el brote y la expansión de valores solidarios, uno de los legados que habrá que preservar en el después de esta pandemia. Comprendió también Martí que en el presente coexisten los remanentes del pasado en lo más valioso de la tradición y en el arrastre oscuro de vicios adquiridos, mientras germina el porvenir. Por eso aspiraba a edificar la República futura en medio de los combates de la manigua.

Sorpresiva y arrasadora, la pandemia ha invadido el mundo estrechamente interconectado. En el breve tiempo transcurrido nos ha dejado lecciones que estamos obligados a asimilar, porque por primera vez la Humanidad toda ha bordeado el colapso. Hemos contemplado la rebelión de la naturaleza agredida. Los animales recuperan espacios perdidos y el aire se torna más transparente. El cambio climático, acelerado por el predominio de la noción del progreso material en beneficio de unos pocos, puede detenerse y quizá revertirse en algún grado si la voluntad política de los Estados jerarquiza la salvación de la especie por encima del afán de lucro.

Por otra parte, la euforia neoliberal ha mostrado su verdadero rostro. En la inmediata posguerra, etapa de auge de las ideas de izquierda, las políticas públicas favorecieron el fortalecimiento de los sistemas de sanidad. En algunos casos, como en la Gran Bretaña, los laboristas nacionalizaron la medicina. Con el andar del tiempo, se impusieron criterios de rentabilidad y los servicios se precarizaron. La doctrina neoliberal asestó un golpe demoledor y la privatización de los servicios se amplió. Ante la pandemia, los hospitales colapsaron. En Estados Unidos y en gran parte de la América Latina la situación adquirió visos aún más dramáticos. Todos sabemos hoy que las estadísticas oficiales nunca reflejarán el número real de los desaparecidos. El mundo afronta una disyuntiva decisiva. La crisis humanitaria acelera una crisis económica de magnitud y consecuencias imprevisibles. Las fuerzas represivas están preparando un después ominoso.

En Estados Unidos y Brasil emergen grupos de franca catadura fascista, que se refleja en imágenes de cabezas rapadas, vestuario simbólico y agresividad contra los poderes del Estado.

En países de América Latina, donde antes del estallido de la pandemia se había manifestado una verdadera sublevación antineoliberal, el distanciamiento social ha interrumpido las marchas reivindicativas y los Gobiernos vuelven las espaldas a los acuerdos contraídos. Base de operaciones contra Venezuela, en Colombia prosiguen los asesinatos de líderes sociales y de antiguos guerrilleros. En el después de la pandemia, los pueblos se encontrarán ante nuevos desafíos. Desde ya, con el desempleo y la parálisis de la economía informal, los niveles de pobreza se han acrecentado.

Nuestra perspectiva es otra. Nos aguarda un panorama económico difícil, acentuado por el recrudecimiento del bloqueo y por las repercusiones de la crisis internacional. Sin embargo, hemos extraído enseñanzas provechosas de la lucha contra la pandemia. La información ha circulado de manera rápida, transparente y eficaz. La austeridad de las altas instancias gubernamentales se ha afianzado en el concreto hacer cotidiano. Se confirmó el acierto de una estrategia política dirigida a garantizar un sistema sanitario universal, gratuito, estructurado desde la base, y a impulsar el desarrollo de la ciencia cuando apenas salíamos del analfabetismo.

La investigación científica había demostrado logros en la creación de productos farmacéuticos con significativo valor agregado. En esta oportunidad, el saber y la experiencia acumulados ganó notoriedad al contribuir a la búsqueda de soluciones en la esfera pública. Se evidenció para todos la necesidad de una acción interdisciplinaria a la que se incorporaron las ciencias sociales. En el tránsito del ahora al después, la participación de estas últimas tendrá que incentivarse para el abordaje, a largo y mediano plazos, de problemas subsistentes en nuestra realidad, tales como las denominadas indisciplinas sociales de diversa naturaleza. En la actual circunstancia se percibió la falta de conciencia del riesgo, lo cual plantea numerosas interrogantes que no encontrarán respuestas en una visión impresionista.

El concepto genérico de «indisciplina social» incluye un amplio abanico de conductas, algunas colindantes con el delito, con la vulneración de normas de convivencia y con falsas nociones de autoestima mediante el desafío al riesgo. Otras tienen sus raíces en hábitos contraídos por generaciones a partir de la influencia del hábitat, no superadas de inmediato con el cambio de vivienda. La disciplina no puede imponerse tan solo mediante el ejercicio de la autoridad. Crece de adentro hacia afuera con la siembra temprana de convicciones articuladas a la formación ciudadana. El hogar es la célula básica de la sociedad. Dejando a un lado la tendencia a la excesiva protección, los niños tienen que asumir en la práctica y a escala de sus posibilidades, junto con sus derechos, el correlato necesario de sus deberes. Algo similar ha de ocurrir en la escuela. Por otra parte, en la dura lucha por la supervivencia, hemos tenido que postergar la solución de problemas acuciantes. Uno de ellos se deriva de las condiciones de vivienda. Por la interdependencia entre factores objetivos y subjetivos, el enfrentamiento a esa pesada carga requerirá la participación conjunta de urbanistas, arquitectos, sociólogos y sicólogos. En todos los terrenos hay que romper rutinas en el hábito del pensar, y derribar los muros que separan a los actores de las distintas ramas de la ciencia.

Para encaminar el después, el país dispone de una considerable suma de expertos en las distintas ramas del saber. Es un bien acumulado que merece aprovecharse al máximo de sus potencialidades. Es probable que existan resultados investigativos por rescatar. Recuerdo en particular los trabajos del Instituto Cubano de Investigaciones de los Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA) sobre derivados de la caña con alto valor agregado.

Para subir la empinada cuesta, urge entender la magnitud del desafío para juntar esfuerzos y voluntades y comprometer a las nuevas generaciones en la tarea común.

Fuente: http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2020-05-16/el-ahora-y-el-despues

sábado, 16 de mayo de 2020

Para conjurar el estado

En mitad del camino de la vida,
errante me encontré por selva oscura…
Perdón. Leía al Alighieri, recorría los círculos,
la historia y lo sentía vivo, desastroso,
como una sombra junto a mí.

A mí, tantas veces más libre;
que olvidé bien atrás tantas desgracias;
pero que todavía no he de ser ajeno
al descamino y al dolor.

Porque aquí estoy entre gentes que hacen signos,
extraños signos que son, seguramente, órdenes;
aquí estoy yo, con un fusil entre las manos;
yo, que no puedo evitar una mirada hostil
para el que evade su deber por hacer lo que quiere;
en medio de estos años que se endurecen sin remedio
para atender el vuelco de la historia;
ahora que los hombres aprenden que “la orden del jefe
encarna la voluntad de la patria”;
ahora que el mismo estado crece, parece que se desmesura 
y, sin embargo, tenemos la esperanza
de verlo derrumbarse para siempre como la buena mierda que es,
quiero aclarar la situación, hacer, quitar
mi grano de arena de las fuertes columnas
donde están enredados desde siempre, muertos,
podridos desde siempre, mi sangre y mis deseos.
¿Desde cuándo ha crecido?
¿Bustos, fortunas desde cuándo?

                      NACION O GRUPO DE NACIONES
                      SOMETIDAS A UN SOLO GOBIERNO:
                      útil al estado.

¿Por qué esa extraña gente que ocupa tu lugar
en libros y periódicos?
¿Por qué esos hombres que se sientan por ti,
que toda la historia han venido sentándose por ti
en escaños y mesas, tronos y tribunas?
                      
                        FORMA DE GOBIERNO, ORDEN, JERARQUIA,
                        ADMINISTRACION, PODER.

¡Si sólo fuera eso! Si la inocencia, el inerte candor 
del diccionario pudieran enseñarnos la verdad
como una piedra.
Si detrás de esas líneas ruborizadas
no estuvieran la sangre de los hombres,
los más puros deseos de los hombres.
Si las palabras fueran rosas, estrellas, peces de colores
y no una hilera de
patriarcas
esclavistas
administradores
fiscales
generales
profetas
capitales
caudillos
tribunos
césares
reyes
emperadores
jueces
secretarios
ministros
propietarios
directores
presidentes
y todo los demás.

                           -Pero no todos son iguales.
                           -No. Los hay de todos los colores: constructores
                    de pueblos y parásitos, héroes y criminales. Pero
                    los verdaderos héroes mandan a su pesar: dan las
                    órdenes que extinguirán el crimen, para que un
                    día no haya crimen, ni nada que ordenar.

Por que no basta, nunca podrá bastar
que el más humilde de los hombres pueda gritar en cada calle
el estado soy yo; no basta el fuego deshaciendo palacios,
privilegios, ni los cabellos del Rey Sol manchando el aire
como una estrella ciega.
Ordenar, ordenar es perverso.
Unos hombres enormes, los otros tan humildes, es perverso.
Hace falta que nadie sea enorme, que nadie sea humilde
y todos los estados una columna de humo
y un montón de recuerdos intolerables.

Así será mañana, así será un buen día
en que la tierra será luz, alegría, desorden;
en que las armas y las leyes se pudrirán al sol
como un gran crimen.
Mientras tanto, levanta tu conjuro.
Tú, que comienzas apenas a saltar el muro enorme
que entre tú y tú puso la historia; buen hombre, hermano,
compañero,
no le leas así, no dudes, no sospeches;
la muerte del estado pasa por el estado.
Coge en tus manos tu fusil y defiende con todas tus cadenas,
con tus gritos de bestia,
de feliz bestia que se escapa,
nuestro estado.

Permítele crecer como si fuera casto, puro.
Y no olvides
(no se puede olvidar)
el día en que, también gritando,
lo derrumbaremos.

                                       Guillermo Rodríguez Rivera