Hace un año, el 26 de octubre de 2016, con
motivo de mi cercano cumpleaños 70, tuvo lugar esta entrevista en Ojalá, para
un trabajo audiovisual de Raquel González, que tituló Hoy es la víspera de
siempre. Mis amigos Lidya y Camilo, partiendo de la transcripción literal, la han
perfilado con total respeto a la integridad de las ideas
expresadas. Como muchos no han podido verla por Youtube,
aquí se las dejo (no sin volverles a advertir que hablar
no es una de mis virtudes).
srd
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—Es muy difícil vivir sin enajenarse, yo
creo que es un peligro que corremos los seres conscientes que vivimos en
sociedades “habituales”, que crean hábitos –hábitos de conducta, hábitos de
consumo, hábitos de todo tipo–, y es un peligro constante y es una traba enorme
para la más profunda, para la más plena libertad humana.
—La vida dentro de cada cual es una
secuencia, o sea, no es una película, no es un corte, no es una serie que tú
cortas aquí y apareces en otro lado. No, no... Desde que abres los ojos al
mundo es una secuencia constante lo que tú tienes en la cabeza, de ti mismo, de
lo que recuerdas, de lo que te rodea, de tu historia, de la historia de los
demás. Es una secuencia. Y eso cuando se une con los orígenes casuísticos de
cada niño, de cada familia, de cada sector social, etcétera, etcétera, se
convierte cada vez en una cosa más compleja, más diversa. Pero en general la
educación tiene que ser más abierta, tiene que contar más con la capacidad que
trae el niño para ser pleno. Mi hija más chiquita, hace unos años nos decía con
angustia, le decía a su mamá: “Mamá, ¡yo estoy olvidando cosas!”, y lo decía
con carita de angustia: “Yo me acuerdo que cuando era más niña yo sabía más
cosas, pero ahora me doy cuenta de que las estoy olvidando”.
—Yo creo que va a haber en los próximos
años una revolución en la educación, de hecho ya está ocurriendo en algunos
países. Desde hace años hay mucha intranquilidad en sectores de la educación,
en pensadores, porque es insuficiente. Las escuelas tienen que ser mejores de
lo que son, tienen que serlo porque no todos los niños tienen la misma
predisposición a ciertas cosas. Y ya desde que metes a todos, teniendo cada
cual su propia característica, en lo mismo, en ese aro, ya ahí estás cometiendo
un “genocidio”.
—La canción en realidad es un fenómeno muy
circunstancial. Lo ideológico puede influir, o sea, tener una idea, tener un
concepto de la canción. Pero la canción siempre atrapa al que la hace en un
momento, en un estado de ánimo, en un día, en una circunstancia y por eso
también siempre es diferente.
—Todas las canciones de “Amoríos” eran
canciones a las que yo les debía publicarlas, publicación, exponerlas. Eran
canciones que se me habían ido quedando, no son las únicas, hay otras, pero
esas, sobre todo. Siempre quise hacer un disco de canciones de amor, siempre
quise hacerlo nada más que de canciones de amor. Siempre que uno hace una cosa
de esas enseguida hay un suspicaz que dice: “Bueno, ven acá, y ¿por qué Silvio
ahora ya no está haciendo canciones políticas?”; porque te ponen cartelitos
¿no?, la gente te pone cartelitos, ellos solos, uno no dice nada, ellos te
ponen un cartelito de tal cosa y luego siguen actuando de acuerdo al cartelito
que te pusieron, uno calla'o como el tipo del cuento. ¿Por qué uno no va a
hacer un disco de canciones de amor si es uno de los sentimientos más comunes?
—¿Para qué voy a seguir haciendo canciones
si en definitiva lo que tengo ganas de decir es lo mismo que dije hace 30, 40
años? Afortunadamente una de las cosas que uno va adquiriendo son las nuevas
maneras, y entonces un día sin darse cuenta encuentra una nueva forma de decir
algo que ya dijo, pero lo dice de otra manera o lo enfoca de otra forma.
—Yo estuve musicalizando a Rubén porque
hubo una época en que todos los trovadores de mi generación musicalizaban a
Martí, empezando por Pablo, que hizo una maravilla primero con Martí y después
con Guillén; y después vino Amaury, que hizo un disco precioso de versos de
Martí; y después apareció Sara, que también hizo otro disco. Y era la Casa de
las Américas la que impulsaba esa idea de musicalizar a Martí. Un día me llama
Roberto Fernández Retamar y me dice: “Silvio, bueno, ¿y cuándo tú vas a hacer el
disco tuyo de Martí? Y le dije: “Coño, Roberto, pero vaya… después de los
discos que han hecho esta gente tú me vas a poner a mí a hacer un disco de
Martí, vaya… voy a hacer el ridículo, yo no hago eso, no, yo para fracasar yo
no me meto en un proyecto donde ya yo sé que me van a ripiar desde que empecé.”
Y entonces fue que me dijo: “¿Y por qué no haces algo de Rubén?” Él fue el que
me recomendó eso. Yo lo hice así, preferí hacerlo así.
Tiempo después, en el 2010, en lugar de
sacar las mías convocamos para el Premio de Creación Ojalá un concurso dedicado
a musicalizar la obra de Rubén. Todas esas que yo había musicado fueron
musicadas mucho mejor. Realmente nosotros convocamos un solo premio, pero vimos
tanta calidad, tanta calidad, que hicimos…, terminamos haciendo una colección
de seis CD. Hicimos un primer premio compartido, dimos dos menciones e hicimos
dos discos más. No, son siete, porque uno es doble. Y este disco que se llama
“Toma mi lira” es uno que hicimos con una compilación de todo lo mejor de lo
que no fue premiado. Ninguno de los concursantes prácticamente conocía la
poesía de Rubén Martínez Villena, que fue un hombre que escribió poesía nada
más hasta los 21 o 22 años porque después se dedicó a las luchas políticas.
Dijo una cosa de lo más curiosa: “Yo regalo, yo tiro mis versos, me importan
tanto como a la mayoría de los escritores les importa la justicia social.” Así
que ya, ya está hecho, ya cumplí.
—Todavía me arrastran por el piso por esa
canción [Canción en harapos]. Antes, porque era típico de la mentalidad pequeño
burguesa ser tan radical…, sobre todo a gente desde detrás de sus burós les
encanta decir eso: “Esto es típico de la mentalidad pequeño burguesa, ser tan
radical”. Y después que ya consigues algo en la vida dicen: “Bueno, ¿cómo, con
qué moral este tipo canta esta canción?” En fin, es una canción complicada en
todas las épocas. Pero nada…, la hice y ahí está, y no renuncio a ella, ahí
está, para bien y para mal ahí está.
Aquella canción que no me acuerdo como se
llama –se me olvidan los nombres de mis canciones–, aquella que dice: “Yo soñé
con aviones que…”, Sueño de una noche de verano. Sí, es una canción contra la
guerra, es una canción a favor de la paz. Y ¿qué fue lo que hicieron?: la
graficaron con gente tirando tiros y, claro, la justificación es que era el
pueblo defendiendo a su patria y todo eso. “Caballeros, pero si el contenido de
la canción es otro.” Así han manipulado montones de cosas, y nada: qué tú le
vas a hacer, no contaron conmigo, yo hice la canción. Pero así hay mucha gente
que me rectifica, constantemente hay gente que me rectifica, a veces yo digo
una cosa y tú ves a alguien así como que me perdona la vida, me dice: “No,
porque lo que él quiso decir fue tal cosa.” Y yo me río. No, yo no quise decir
lo que él dice que yo quise decir, yo quise decir lo que él no quiere que yo
diga.
—Ni antes tuve miedo, cuando era…, cuando
tú me conociste… No tenía miedo, o sea, yo no he tenido miedo nunca de decir lo
que pienso porque además me parece… En primer lugar, porque creía en Fidel, si
yo no hubiera creído en Fidel o si yo hubiera creído en Fidel nada más para lo
que me convenía, yo sí hubiera tenido miedo, pero yo creía en Fidel, yo creía
en el corazón de Fidel y creía en el corazón del Che, y creía en el corazón de
todos los grandes que se inmolaron en este país, y todos se inmolaron por la
verdad, por la justicia, por el respeto al ser humano, y el que crea en eso no
puede tener miedo.
—Lo de las giras por las prisiones surge
cuando yo fui diputado a la Asamblea Nacional durante tres períodos, o sea,
quince años. Y cuando me iba a despedir, porque me parecía que tres períodos
era bastante, yo propuse en la Asamblea que se auspiciara una gira por las
prisiones. Siempre he sido del criterio de que eso hay que sistematizarlo, de
que eso no puede ser una cosa que ocurra un día. Y de hecho en las prisiones
hay un plan constante, no solo a través de Cultura, sino a través del INDER, a
través de vínculos con los familiares de algunos presos, que se vinculan mucho
con las prisiones y que hacen actividades, a través también de actividades que
se hacen dentro de las prisiones, gente que está allí, o sea, reclusos, que
tienen habilidades, que tienen vocaciones de pintura, de poesía, de recitar, de
baile, de música, hacen canciones. De hecho, todos los conciertos que nosotros
hemos hecho en prisiones siempre comienzan con una parte de los reclusos,
generalmente. Y a veces al final se nos unían y cantábamos juntos. Eso fue así…
No era la primera gira que hacíamos por prisiones, habíamos hecho otras, lo que
pasa es que como en ese momento la planteé en el seno de la Asamblea y tuvo
cierta resonancia porque había cámaras, se decidió divulgar esa idea. Fue una
idea que fue seguida. Estuvimos en 16 prisiones ese año, en unos tres o cuatro
meses hicimos ese viaje desde Guantánamo hasta Pinar del Río, y el territorio
especial la Isla de la Juventud también. En 16 prisiones estuvimos y tocamos
para cerca de 60 mil reclusos. Se trataba de llevarles un momento de frescura,
un momento de variedad, de entretenimiento, algo que fuera constructivo. Sobre
todo para que ellos sientan que no están solos. Todo eso nos hace bien, les
hace bien, nos hace bien como personas, a ellos, a nosotros, y le hace bien al
país también. Ya ellos están cumpliendo con la sociedad, ya la sociedad les
impuso un castigo y lo están cumpliendo, pero eso no quiere decir que queden
excluidos. Muchos con los años van sintiéndose, si no tienen asistencia, que
han sido excluidos y ese sentimiento es muy amargo. Hay presos a los que,
incluso las familias, por vergüenza o por lo que sea, excluyen. Entonces
imagínate una persona que está condenada, que ya está pagando ante la sociedad,
y que ni tu familia te va a ver, ¿qué es lo que está pasando por esa cabeza?
—El problema es que todos esos años del
principio de la Revolución fueron años donde era imposible ocultar las
contradicciones. De hecho, existía prensa que no era revolucionaria, que había
elementos revolucionarios en esa prensa porque todo el mundo amaba…, había
una…, toda la conciencia nacional prácticamente estaba a favor de la
Revolución, pero bueno… los había más y los había menos. Y la prensa… –no había
un partido hecho que después se metió en todo–, la prensa no estaba unificada,
no había organizaciones así de periodistas, ni había organizaciones de
escritores. Todo el mundo estaba cada cual según pensara. Entonces fueron años
muy interesantes, donde la gente se despachaba y decía lo que le daba la gana,
y muchos, incluso dentro de la Revolución. Eran años en que uno veía a
revolucionarios ejemplares discutiendo públicamente en la prensa sus puntos de
vista. Uno pensaba una cosa y otro pensaba otra cosa, parecida o diferente, o
matizada. Yo me formé en esos años. De hecho, los organismos culturales no eran
homogéneos, la dirección, la concepción, la práctica no era una cosa homogénea,
como se fue homogeneizando después. Estaba el ICAIC, estaba la Casa de las
Américas y luego estaba el Consejo Nacional de Cultura –el Ministerio de
Cultura no se había creado todavía–, el ICRT, y cualquier otra instancia.
Coexistían dos maneras muy diferentes de enfocar los problemas, una era más
oficialista, más cuadrada, más sin buscarse problemas, más yendo como con el
librito, lo que decía el librito; y otra era más audaz, más abierta, más
inclusiva, más dada a mostrar las contradicciones de la sociedad. No es raro
que las sociedades sean contradictorias. No hay que avergonzarse de eso. De lo
que hay es que avergonzarse de que todo sea plano porque nadie se lo cree, de
eso sí hay que avergonzarse. Por eso la verdad…, no la verdad, la sinceridad.
No digo la verdad porque todo el mundo cree tener su verdad, hasta yo me creo
tener mi verdad, pero yo me doy cuenta de que yo no tengo toda la verdad, lo
que pasa es que lo reconozco. Yo a veces descubro parte de mi verdad en otros,
incluso la descubro en gente…, parte de mi verdad yo la descubro en gente que
no piensan como yo.
—Es una pena que todavía no seamos capaces
a estas alturas de ser más sinceros. Debiéramos ser más sinceros. Si fuéramos
más sinceros estaríamos siendo más como pensamos al principio que íbamos a ser.
Mientras menos sinceros seamos más nos alejamos del ideal que tuvimos de esta
Revolución. Yo lo pienso así. Es parte del debate nacional ahora, de un debate
que, lamentablemente, está más recogido en la Internet, que la tienen pocos,
que en nuestra prensa. Hay mucho pueblo que le hubiera gustado participar en
ese debate, que no ha llegado a ese debate porque no se lo ponen. Es una pena
que no… Es la famosa falta de confianza. Decir tantas veces “el pueblo”,
“nuestro pueblo”, “nuestro pueblo”, “nuestro pueblo”, pero al “nuestro pueblo”
ese hay que respetarlo un poquito más… Es agrio, pero es nuestro vino. Nuestro
pueblo es como nosotros, con virtudes y con defectos.
—Realmente debiéramos tener la capacidad de
ser autocríticos inmediatamente que nos damos cuenta de que algo que hacemos no
está bien. Es lo más inteligente, es lo más homo sapiens, es lo más científico,
es lo más marxista –si le quieres poner un nombrecito de los que le gusta usar
a la gente–, pero no, nos atrincheramos porque tenemos consideraciones
tácticas-estratégicas, blablablá y nos complicamos la vida. Hasta las buenas
causas, si uno no las revisa constantemente, crean vicios, nos vamos viciando y
nos vamos enajenando con esos vicios. Y todo tipo de enajenación es repudiable,
es lo que yo creo.
—En esta situación nueva que tiene Cuba,
donde no tenemos ya “enemigos”, donde “el enemigo” es otra cosa, es un vecino
que fue nuestro enemigo y con el que ahora estamos dialogando, aunque tengan
las mismas intenciones ellos y además lo confiesan, lo dicen a las claras, no
se ocultan para decirlo. Entonces algunos aquí se rajan las vestiduras porque
ellos son sinceros –peor era en la época de Kennedy y Eisenhower, en que todas
esas cosas las fraguaban por debajo de la mesa y no las decían, y lo que hacían
era mandar gente a matar o a meter bombas, o a que se alzaran, o a tirar armas
aquí para que las usaran. Entonces es un momento que desconcierta mucho a
muchos, y hay miedo y es lógico: es una situación nueva. Llevamos más de medio
siglo de confrontación constante y directa. Todos nos hemos formado…, yo me
acuerdo… normalmente yo no hubiera cogido un arma en la mano en mi vida, y la
primera vez que cogí un arma en la mano en mi vida fue para entrenarme para
caerle a tiros a los americanos cuando desembarcaran aquí. Y resulta que los
americanos han desembarcado y lo que hacen es comer en nuestras casas y viajar
en nuestros carros. Entonces aquí la gente está como loca, es decir, algunos
ideólogos se han vuelto como locos, están nerviosos. Y eso es lo que está
pasando, se está recurriendo a ideas obsoletas de confrontación. Y la
confrontación es otra. Hay que tener confianza en lo que hemos creado, en lo
que es este pueblo. Y si no tenemos confianza en lo que es este pueblo hoy día
y en lo que se ha creado, entonces oye… ¡apaga y vamos!, porque para qué ha
servido todo esto. Y si no tenemos confianza en que muchachos que nacen en Cuba
y que se educan y se forman en Cuba, por ir tres semanas a una beca a Estados
Unidos les van a cambiar la cabeza, hay que estar loco para pensar así, hay que
tener muy poca confianza en lo que somos, en la fortaleza de nuestra sociedad,
y armar todo ese lío que se ha armado por eso. ¿Qué es lo que le enseñamos
nosotros a los latinoamericanos cuando vienen aquí? ¿Que el imperialismo es
bueno? ¿Qué enseñan nuestras escuelas internacionales? Nuestra verdad. ¿Qué
enseñan las escuelas internacionales, no solo en Estados Unidos, sino en
cualquier país del mundo? Su verdad, lo que los sostiene, lo que los hace
nación, lo que los hace pueblo, con todos los matices que tú le quieras agregar
a eso, sean imperiales o sean lo que sean. Es normal.
—Caballeros, vamos a vivir y vamos a
respirar. Llevamos sesenta años con una bala en el directo. ¿Qué pasa? Hay
gente que piensa que ese concentrado de jarabe ideológico es lo que les hace
falta a los jóvenes. Y a los jóvenes les repugna eso. Ese concentrado de jarabe
ideológico no lo necesitamos tampoco los viejos porque es lo que hemos mamado
desde que empezó esta Revolución, con razones muy verdaderas y muy ciertas, y
muy reales. Pero yo no necesito que me metan esas “muelas” todos los días, ¿qué
cosa es eso? Ya sabemos que ellos son así y ya sabemos que no renuncian a lo
que siempre han querido. Ahora, ¡vamos a ver a cómo tocamos! Ya estamos en el
diálogo de pueblo a pueblo, ¡vamos a ver a cómo tocamos! Yo pienso que este
pueblo, así, sencillo, contradictorio, variado, diverso como es, le va a dar
una gran lección a ese pueblo, es lo que yo estoy seguro y es lo que no ven
estos compañeros que los veo alterados todo el tiempo.
Sin lugar a dudas el bloqueo tiene mucho
que ver con eso, con nuestras carencias, pero más que el bloqueo tienen que ver
nuestras insuficiencias, y más que el bloqueo tiene que ver la falta de
continuidad de una idea, de ponerle el pie al acelerador y no levantárselo.
Porque tú crees que todos estos héroes de la Revolución, todos los compañeros de
ochenta y pico de años, tú los ves ahí en el Granma cada 2 o 3 meses: “Fulano
está viendo…, revisando los planes de tal provincia y tal más cuál cosa”, oye,
todos tienen nietos, tienen ochenta y pico de años, se han pasado la vida
trabajando, primero jugándose el pellejo, después trabajando como unos locos...
¿Tú no crees que esa gente tiene ganas de descansar ya hace rato?
—Es complejo lo que está pasando, no solo
en Cuba, en el mundo. Hay una corriente de ingobernabilidad muy profunda en el
mundo entero. Está ocurriendo… mira lo que está pasando en las elecciones de
los Estados Unidos, mira lo que ha pasado en España, mira la derecha la fuerza
que está cogiendo en Europa, la fuerza que quiere coger en América Latina. Es
un fenómeno universal, no un fenómeno nuestro sólo. Y es que ya no estamos
aislados, ya somos parte del mundo y es normal que seamos parte del mundo.
Somos una isla, pero es imposible…, ya no estamos aislados, ya la información
viaja a una velocidad enorme, y por más trapitos y deditos y cosas que tú
pongas, mentira, eso ya entra por todas las partes habidas y por haber. Y ya la
información la tenemos a segundos de que todo ocurra. Y de eso es de lo que no
nos hemos dado cuenta, de que hace rato el mundo cambió. Se decía antes que los
que tenían la información eran los que tenían el poder: bueno, ya el poder es
de todo el mundo. Si la información es quien da el poder, ya el poder está más
repartido de lo que se imaginan los que tienen el poder.
—Mucha gente de lo que no se da cuenta es
de que el mundo cambió. El mundo cambió. El mundo cambió por muchas razones: el
mundo cambió por razones políticas y cambió por razones tecnológicas también:
es otro mundo. Cuando cayó el campo socialista, en realidad hacía años que eso
se estaba cayendo. Eso no cayó en el '90 ni en el '89. Eso empezó a caer desde
que el socialismo tenía muchas cosas que ocultar. Yo siempre me acuerdo de una
canción que me parece tan aleccionadora de John Lennon, es una canción que
dice, y que lo único que dice es eso todo el tiempo: Everybody has something to
hide, except me and my monkey. Todo el mundo tiene algo que esconder excepto yo
y mi mono. Y eso quiere decir muchas cosas. Mientras más cosas tú tienes que
esconder, mientras más cosas tú tienes que justificar, más jodido estás.
—Pienso que ya lo que ha sembrado la
Revolución, el proceso revolucionario, es muy difícil de quitar. Tendrían que
pasar generaciones de un bombardeo de una cosa y eso es imposible. Yo lo único
que veo peligroso es que, en las esferas gubernamentales, entre los que dirigen
el país, se cuele alguien, un plattista. Pero la cultura… ¿qué rock & roll
va a hacer que nosotros no hagamos sones y no hagamos rumbas?; dime ¿de quién
va a ser el rock & roll ese?, ¡no sea bobo! Nosotros vamos a hacer rumbas y
vamos a hacer sones y vamos a seguir haciendo… y bailando con chancletas, y
tocando la clave cubana. Eso vamos a seguirlo haciendo nosotros. La cultura no
tiene el menor peligro. Si en tiempos en que no teníamos tantos próceres de la
ideología, antes del triunfo de la Revolución, la cultura cubana fue una
cultura de resistencia, ¿cómo ahora no lo va a ser? ¡Muchísimo más! No es la
cultura la que corre peligro, es la política.
—El artista es una víctima del hombre. El
artista es la vocación, que siempre surge después. Es el hombre el que está
detrás del artista, es el ser humano.
—Puede que no la intensidad de la mirada, no sé, de esa mirada infantil, porque hay cosas que aunque a uno le parezca que no se olvidan uno sabe que las olvida cuando vuelve a encontrarse con ellas… y de pronto a veces te encuentras con cosas que creías que tenías y que de pronto te das cuenta de que te has reencontrado con ellas, felizmente.
—Puede que no la intensidad de la mirada, no sé, de esa mirada infantil, porque hay cosas que aunque a uno le parezca que no se olvidan uno sabe que las olvida cuando vuelve a encontrarse con ellas… y de pronto a veces te encuentras con cosas que creías que tenías y que de pronto te das cuenta de que te has reencontrado con ellas, felizmente.